CON MAMA EN LA CASA DE MI ABUELA

Hola a todos. Antes de todo, presentarme. Me llamo Javier, tengo 18 años y este relato se remonta a hace poco menos de un año, cuando tuvimos que ir a casa de mi abuela.

Bueno, la causa de ir a casa de mi abuela Nieves fue el fallecimiento de mi abuelo, Antonio, que si bien no por esperado fue menos doloroso, sobre todo para mi abuela, ya que mi madre y sus hermanos ya se lo esperaban. Mi madre se llama Beatriz, tiene 43 años. Se mantiene bastante bien, sin hacer alardes, ya que sobre todo cuida su alimentación, por lo que le sobre algún kilo, uno o dos, todo lo más. A ella le gusta arreglarse, ir a la peluquería, se tiñe, ya que aunque es rubia, no lo es de forma natural. Mide sobre 1,68m, con una bonita figura.

En casa vivimos ella y yo (soy hijo único, ya que después de nacer mi madre se hizo una ligadura), puesto que mi padre se fue de casa y luego se divorciaron, hace ya unos 7 años. La relación con él no puedo decir que sea mala, ni buena, es casi inexistente, limitándose a un par de llamadas telefónicas al año para felicitarme por mi cumpleaños y el año nuevo y poco más. Por mi parte soy más alto que mi madre, ya que llego a 1,80, y soy creo, que normal, sin nada extraordinario. Vivimos en Madrid, por cuestión de trabajo de mi madre, que trabaja para la administración pública, en concreto para la Comunidad de Madrid.

Cuando llamó mi tía, una de las hermanas de mi madre, para decir que el abuelo estaba peor y que no esperaban que pasara de esa noche o todo lo más un día, mi madre dijo que tenía que irse a Valladolid, ciudad de origen de su familia. Era viernes, y había terminado mi semana en la Facultad, y le dije a mi madre que iría con ella, lo que agradeció mucho. Mi madre estaba bastante nerviosa, y aunque hacía poco que tenía el carné de conducir dijo que debido a su estado de ansiedad, era mejor que condujese yo el coche, lo que me hacía mucha ilusión. Por el camino llamó un par de veces a su hermana Julia, para ver la evolución del abuelo, y le dijo que no había cambios, que se lo tomase con calma, y que su otro hermana, Carmen ya estaba igualmente de camino desde su casa en otra ciudad. Mi madre no paraba de fumar cigarrillo tras cigarrillo, debido a su nerviosismo, ya que es una mujer que apenas fuma 6 ó 7 pitillos al día.

Al llegar a casa de mi abuela ya estaba allí la otra tía y mi madre y yo dejamos nuestras cosas en una habitación, con una cama de 1,35, que decidimos sería suficiente, sobre todo si había que estar en vela. Por desgracia el abuelo murió esa misma tarde, por lo que se lo llevaron al tanatorio, donde lo velamos hasta altas horas de la madrugada, que volvimos a casa de la abuela para descansar un rato antes de ir por la mañana otra vez al velatorio y posteriormente al entierro. Esa noche cuando nos metimos en la cama pude ver alguna lágrima corriendo por su mejilla. Al día siguiente toda la parafernalia habitual, con toda la familia reunida y eso. Después de todo nos reunimos a cenar la familia directa, es decir, mi abuela y sus tres hijas, con nietos y un yerno, ya que mi madre y Carmen estaban divorciadas (y ésta última no tenía hijos). Después de cenar nos fuimos a casa de mi abuela y allí nos quedamos la abuela, mí tía Carmen, mamá y yo. Mi abuela estaba apenada, pero bien, ya que la enfermedad había sido larga y penosa, y al menos ya no iba a sufrir más.

Otra vez fui a la habitación con mi madre, que esta vez si que me abrazó con fuerza y me dio las gracias por estar con ella en un momento como ese. Yo le contesté que era la menos que podía hacer, a lo que ella respondió dándome un rápido beso en los labios y diciéndome…

Gracias, mi amor, al menos te tengo a ti.

Sabes que puedes contar conmigo siempre que lo necesites…

Ya lo se…

Me dio otro beso en los labios y se dio la vuelta. Yo la abracé desde atrás. Mi madre se quedó dormida enseguida, pero a mi me costó un poco más conciliar el sueño. Esos dos besos de mi madre me dejaron un poco turbado, pero lo achaqué a su estado sentimental…pero no me lo podía quitar de la cabeza, y más cuando al moverse mi madre le toqué una de sus tetas, que pude apreciar bien firme y con un pezón bastante duro.

El domingo estuvimos todo el día en casa, con la abuela, que parecía estar bien, como digo se la veía aliviada, por no ver sufrir al abuelo. Mi madre decidió que nos quedaríamos hasta el lunes, ya que tiene derecho a 4 días por el fallecimiento de un familiar de primer grado.

Esa noche volvió a suceder lo mismo de la anterior, que mi madre me dio las gracias al tiempo que me daba un beso fugaz en los labios, mientras yo le repetía que no me las tenía que dar, que estaba con ella para lo que necesitase. La verdad es que después del beso tuve una erección importante, que mi madre tuvo que notar…pero no dijo nada. Se volvió como la noche anterior y la abracé de la misma forma, pero esta vez fue mi madre la que me pudo mis brazos alrededor de sus pechos…e inmediatamente mi polla tomaba otro impulso de vitalidad.

El lunes por la mañana cuando me desperté mi madre estaba terminado de vestirse, en ropa interior delante de mi, lo cual no era para nada habitual, ya que vamos a decir que en casa son de tinte conservador en ese sentido. Pero no pareció molestarle, ya que me sonrió

Buenos días, mi amor, ¿Qué tal has dormido?

Bien, mamá ¿y tú?

Muy bien. Hacía mucho que no dormía así.

Ahí quedó la cosa, y después de comer cogimos el coche para regresar a casa. Llegamos pronto y tras arreglar un poco la casa, poner lavadora y cenar, nos sentamos en la salita. Mi madre fumó un cigarrillo

De verdad, Javier, quiero darte las gracias por como te has portado…

Ya te he dicho que no me las tienes que dar por nada…

Si…te has portado como un autentico sol, la verdad es que eres un cielo, pero te has superado.

Creo que exageras un poco…

No, para nada. Desde que se fue tu padre has sido el hombre de la casa. Siempre responsable, pudiendo confiar en ti…y bueno, quiero decir que al no estar aquí, podías haber sido un…poco más problemático, pero no, siempre has estudiado y no te has metido en líos, que hoy en día no es poco.

La verdad no creo que haya hecho nada del otro mundo.

Para mi sí…

Bueno, ya tigo que no creo haber hecho nada. Además, para ti si que habrá sido más difícil.

¿Por qué lo dices?

Por estar sola. Desde que te has divorciado creo que salvo con tus amigas no has salido con ningún hombre…

He tenido un par de propuestas pero no estaba interesada, una porque el muy cerdo estaba casado y la otra, simplemente porque el fulano no me atraía lo más mínimo.

Pues eso tiene que ser difícil…

¿El qué?

El estar sin nadie a tu lado…

Pero yo si que tengo a alguien a mi lado…te tengo a ti…

Ya sabes a que me refiero…a una pareja, para hacer el…

…Si, ya lo se. Pero tampoco es para tanto.

¿Cómo que no es para tanto? La verdad es que no se como aguantas.

¿Cómo aguanto el qué?

Pues estar tanto tiempo sin…hacer el amor.

Pues como todo el mundo…

¿Cómo?

A ver…uhmmmm ¿tú has tenido relaciones ya?

La verdad es que no…

¿Y como aguantas?

Pueeeeees

Pueeeeees…igual que tu

¿Quéeeee?

¿Como que qué?…por dios Javier, parece que te has caído de un árbol.

Quieres decir que túuuu…

Que yo me masturbo, pues claro que si, hijo, como tú y muchísima otra gente…joder Javier, que no soy una monja.

Nunca habría pensado que tú…

¿Por qué? Tan fea soy, o qué…

No, que va, al contrario…solo es que no te imagino…

No me imaginas que…usando un consolador…

¡¡¡Mamá!!!

De verdad hijo parece que vienes de otro planeta…

No, no es eso, solo es que me cuesta imaginarte…pues de esa forma…

Pues que te imaginabas entonces…que tu madre no tiene deseo sexual…pues claro que lo tiene, y si no tengo a alguien con quien hacer el amor, pues me tengo que conformar con un juguete en lugar de un hombre de verdad…pero supongo que como tu…que si no tienes un mujer, pues te haces una paja pensando en…quien quieras. No es lo mismo que echar un buen polvo, pero “alivia tensiones”.

¡Mamá!

No creo que sea para tanto. Hemos hablado de la vida…en una parte de ella…

Bueno, eso si…

Bien, creo que va siendo hora de irse a la cama…

Si, que mañana tengo clase a primera hora…

Javier…

Dime mamá

¿Te puedo pedir un favor?

Claro, ya sabes que si…

¿Puedes venir a dormir conmigo, como en casa de la abuela?

Por supuesto.

La cama de mi madre era más grande que la que había en casa de mi abuela, así que en principio estaríamos más cómodos. Esa noche mi madre se puso un camisón de dormir bastante corto, tanto de escote, como por abajo. Sin embargo se repitió el ritual de las dos últimas noches y mi madre me dio un beso en los labios de buenas noches.

Buenas noches, mi amor. Eres el mejor hijo que una madre pudiera tener.

Esta vez le di una sorpresa, ya que le devolví el beso al tiempo que le decía que ella si que era la mejor madre del mundo. Sonrió y se dio la vuelta, como había hecho para que la abrazase. Puso mis manos alrededor de sus pechos. Pude notar como sus pezones se ponían duros al tiempo que seguro que mi madre notaba el aumento del tamaño de mi polla. Después de un rato mi madre echó su culo hacia atrás y yo mi cuerpo hacia delante, de forma que mi polla estaba justo entre sus nalgas. Mi madre suspiró al tiempo que llevó una de mis manos hacia su coño. A mi me temblaba todo. Era la primera vez que iba a tocar pelo…y era el de mi propia madre. Aparté las bragas y le pasé un dedo por su raja. Se notaba que ya estaba súper mojada, y emitía suaves gemidos de placer. Se giró hacia mi y nos besamos con pasión

Oh, Javier, mi amor…

¿Qué estamos haciendo, mamá?

No lo se, pero te quiero dentro

¡Mamá, te deseo!

¡Y yo, amor mío!

Mi madre se quitó el camisón y pude ver sus esplendidas tetas, blancas de no haberles dado nunca el sol y con un pezón grande, que ese momento estaba superduro.

Luego se quitó las bragas y pide ver el conejo de mi madre, perfectamente arreglado, ya que mi madre va a depilarse con bastante frecuencia, ya que es muy coqueta. Se puso debajo de mí y abrió las piernas, mostrándome su coño en toda su gloria…

Vamos, Javier,¡ fóllame…!

¡Mamá, te quiero tanto!

Y yo mi vida, y yo…pero ahora quiero tu polla dentro de mi coño.

Aquí la tienes

Oh, mi amor, que gusto pensar que voy a ser la primera mujer de tu vida…

Ya eres la primera mujer de mi vida…y ahora…vuelvo a tu coño

Mi madre me rodeaba con sus piernas mientras yo la montaba. Gemía con fuerza y me pedía más, que tenía muchas ganas. Yo intentaba aguantar todo lo que podía…

¡Mamá…me voy!

Y yo mi vida…me voy contigo…

¡Yaaaaa!

¡Siiiii, lléname el coño de leche…

¡Ahhhh!

La verdad es que fue apoteósico, ya que nunca me había corrido de aquella manera. Después de recuperar el aliento nos volvimos a besar. Mi madre sudaba y jadeaba, lo mismo que yo. La ventaja de ser joven es que en pocos minutos mi polla estaba otra vez preparada para la acción. Y así se lo hice saber a mi madre.

¿Qué mamá, quieres otra ración?

¡Ay hijo, que vitalidad! Estoy agotada, pero con ganas, así que…

Vamos a recuperar el tiempo perdido…

Yo más bien diría que vamos a recuperar los polvos perdidos

¡Ja, ja!

Me dio un beso.

¿Te puedo pedir una cosa mamá?

Dime, mi vida.

Me gustaría que…

Dime, sin miedo…

Digo que me gustaría que te pusieras a cuatro patas.

¿Y eso?

Digamos que es una fantasía.

Así que mi madre se puso a cuatro patas, abrió un poco sus piernas para dejar a la vista su chocho rezumante de mi anterior corrida. Me puse detrás de ella y apunté la punta de mi polla hacia su húmedo conejo. La fui penetrando poco a poco mientras que con mis manos agarraba sus tetas, que por la ley de la gravedad apuntaban había abajo. De forma casi inmediata mi madre empezó a gemir de nuevo.

¡Oh, mi amor, que bueno!

¿Te gusta?

¡Siii!

Y a mi, me encanta.

Cariño, pellízcame los pezones…con suavidad

¿Así?

¡Oh, si, que bueno! Me gusta…

¿Te gusta?

¡Siii! Nunca me había follado así.

No me lo creo.

Es…verdad…mi amor. ¿Por qué te gusta así?

Es una fantasía.

¿De qué?

De follarte como los animales, como…

¿Cómo quéeeee?

¡Como una perraaaa!

¡Siii! Como una perra, fóllate el coño de esta perra que está a punto de correrse.

Y yo…estoy a punto…

Siii, siii, dame tu leche, llénale el coño de leche a esta puta.

¡Tomaaaaa!

Nos besamos de nuevo y dormimos abrazados, sudorosos, cansados, pero contentos. Había nacido otra relación entre madre e hijo

ANONIMO

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