Dios…

Yo le había contado de aquella vez primera que había sentido ese líquido caliente y pegajoso en mis manos. Uno se queda desconcertado porque de repente un día ocurre así, y hacía tanto que uno venía practicando ese arte que no sabe qué ha pasado que así como así se produce una ruptura…
Te entiendo, me dijo, te recontra entiendo con lo de tu masturbación. Somos de la misma época. No se hablaba de eso, ¿tas mal?… Qué impresión debe de haber sido… Me pasó casi así a mí con la menstruación. Pensé que me había lastimado, que me iba a morir… Me asusté cuando vi un hilo de sangre bajar por mis piernas. Me puse a gritar. Mamá entró al baño y me dijo: «¡Callate pamentera!, no es nada, te desarrollaste, ahora sos mujer»…, ¿y antes qué carajo era entonces?…
Con lo de la masturbación…, un día entra al baño y me ve justito tocándome y mirándome…
«¡Nooooooo!…, ¿qué estás haciendo chancha?…, ¡eso no se hace! ¡Suciaaaaaa! ¡No hay que tocarse! ¡Dios te está mirando!»…
¡Imaginate, otra que culpa!…, ahora lo pienso y me muero de risa. ¡Si Dios me hubiera estado mirando se habría hecho terrible paja!…

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