Embarazada pervertida y que no deja el tabaco

Paré en de la esquina, aparcando la moto sobre la acera para dejarla junto a la misma puerta, como solía hacer de costumbre. Salía del gym y era viernes, el día en que varios compañeros de éste y otros conocidos y amigos quedan para jugar un partido de fútbol en el campo que les presta el IES del barrio para ello. Al terminar tienen por costumbre pasarse por el bar de Pedro, que queda tan sólo a un par de manzanas de allí. Suelo pasar por él en esas reuniones para verlos y charlar un rato echándonos unas risas. Sobre todo cuando vienen acompañados de féminas de buen ver. Se trata de un grupo heterogéneo, compuesto por varones de distintas edades de los cuales continuamente entran unos y salen otros, y las parejas de algunos de ellos, salvo un núcleo irreductible formado por siete u ocho asiduos desde hace años, con lo cual de vez en cuando ves alguna tía nueva acompañándolos.

Decidí entrar a saludarlos y pasar un rato con ellos. Nada más entrar en la carpa que cubre la terraza el invierno vino a saludarme una nube de tabaco ciertamente densa para lo que se supone es un espacio abierto en el que se puede fumar. Es lo que más me fastidia de estos lugares, pero es el precio a pagar por estas reuniones que suelen ser bastante divertidas. Pasé ante las mesas luciendo palmito y dejándome ver. Es la recompensa que tiene castigarse en el gimnasio y con la dieta. Resulta realmente reconfortante y te sube la autoestima enormemente ver cómo te siguen y aprecian las miradas de ellas. Saludé y seguí hasta el local propiamente dicho para acercarme a la barra y tras hacer lo propio con Pedro, el conocido que lo regenta, pedirme una cerveza.

-¿Cómo se presenta el finde, Maiquel? –me preguntó después de devolverme el saludo, mientras me servía.

-De pena. Nada a la vista.

-¡Buah! No sé de qué te vale castigarte tanto en el gimnasio, si luego follas menos que los Roper.

-¡Ey! Que follo más en un mes más que tú en un año y con mejores pibas.

-Ya. Y más caras.

-Anda, vete a la mierda.

Rió divertido. Todo era en plan coña.

Reparé en ella por primera vez entonces. Era una morenaza realmente impresionante. Muy guapa. Llevaba el pelo recogido en un moño y sus chispeantes ojos oscuros replicaban la alegría de su sonrisa. Sus tetas, que ya de por sí debían ser grandes y con el embarazo se veían ensalzadas hasta lo delirante, reclamaban tan imperiosamente la atención como una mascletá explotada a las cuatro de la madrugada de un día normal entre semana. Llevaba el escote expresamente más abierto de lo normal para lucirlas sin cortarse un pelo, ataviada con un vestido de fina tela negra, bastante ajustado a pesar de su estado, con algunos botones desabrochados por arriba y otros tantos por abajo. Sus muslos también se veían, hasta la altura que se mostraban, soberbios.

-Joder… cómo está la preñada, ¿no?

-Ya ves.

-¿Quién es?

-Es la chavala de Javi.

-¿De Javi?

Asintió con la cabeza Pedro mientras secaba unos vasos recién lavados con un paño.

-No sabía nada.

-Lleva con ella ya tiempo. Casi un año.

-Coño…

Javi era compañero de gym. Se me hacía extraño no haber sabido antes que andaba saliendo con un pibón semejante.

-¿Es suyo el paquete?

-Sí.

-Te cagas… A estas alturas.

No era tan mayor el chaval. No conocía su edad exacta, pero debía andar por los veintisiete o veintiocho años, seguro no llegaba a los treinta. Ella por su parte, se veía ya bien entrada en ésta, notablemente mayor que él.

-Creo que ha sido buscado.

-No jodas…

-¿Te parece que a esa leona se le puede hacer un bombo sin que ella quiera y o busque?

La verdad era que estaba tremendísima. Su ya bastante abultada barriga –no soy un experto en el tema, pero calculé que debía estar de cinco o seis meses- no le impedía resultar atractiva y excitante. En realidad, incluso podría decirse que aumentaba el morbo que despertaba.

Me sentó como una patada en el vientre verla encenderse un primer cigarrillo –que yo le viera-. Ese detalle puede hacer odiosa a la tía más buena. Javi se inclinó para darle fuego y ella, tras aspirar para encenderlo, se apoyó sobre el respaldo de su silla, sin perder la postura erguida de su torso, y expulsó larga y pausadamente una densa y nube de nicotínico humo. Sentí un acceso de rabia y odio en ese momento.

-Pues es bastante cerda la tía, ¿no? Fumando en su estado…

-Y bebiendo. Ya lleva dos gin-tónics.

No parecía causarle tanta indignación a Pedro.

-¿Y lo ves normal?

-Tío, que tengo un bar. Si me pongo exquisito me quedo sin clientes y a ver de qué como. Ella sabrá lo que hace.

-El problema es que está jodiendo al niño, no sólo a ella.

-Lo va a joder igual. No se puede hacer nada y si le dices algo lo único que puedes conseguir es que se moleste y crear mal rollo encima.

-Ya…

Al cabo de un rato estaba con el grupo en la mesa. En contra de mi voluntad -¿seguro?-, profundamente fascinado con aquella zorra. Esa fascinación que en nosotros ejercen algunas cosas que repudiamos con todas nuestras fuerzas, pero que no podemos dejar de mirar (escuchar, tocar… lo que proceda en cada caso, según la naturaleza del objeto de nuestra atracción). Amor y odio, me quema cuando lo miro, pero no puedo dejar de hacerlo… Supongo que sabréis de lo que hablo, todos hemos experimentado cosas así.

De allí nos fuimos a casa de Miguel, otro de los integrantes del grupo de futboleros de viernes. Algunos dijeron de salir a dar una vuelta, idea que fue secundada por varios. Sugirió aquél pasar antes por su piso para cambiarse y a la gente le pareció bien, pues así aprovechaban las chicas para retocarse y tal. Yo, por supuesto, estuve entre los que se apuntaron, siguiendo a aquella fascinante fémina cual roedor o infante a inefable flautista de Hamelín. Así, tras despedirnos del resto, salimos para allá, dejando yo la moto aparcada junto al bar.

Ya allí, otras personas se unieron al grupo, estás ya desconocidas para mí. Se sirvieron algunas copas de un par de botellas de whisky y ginebra que Miguel tenía en casa, retrasándose la salida entre risas y buen rollo. Al cabo de un rato, una muy densa nube de humo se había hecho dueña del salón de la vivienda, estancia en la que estábamos. Realmente llegué a sentirme agobiado por éste. Observaba a la morenaza. A ella parecía no afectarle. Seguía charlando, riendo y fumando con total naturalidad.

-¿No hay demasiado humo para una embarazada?

Se escucharon risas de algunos de los allí presentes, sin que yo por mi parte acabase de entender cuál era la gracia que encontraban en lo que había preguntado. Ella también encontró divertidas mis palabras.

-A Miryam le encanta el humo del tabaco–me respondió Javi-. Lleva fumando desde que era una lolita.

-Desde los trece años exactamente –apostilló ella con una sonrisa.

-Antes consigues que Satanás se constipe en el Infierno, que ella deje de fumar.

Como para sellar la afirmación de su novio, dio una profunda calada a su cigarrillo y, mirándome a los ojos, exhaló profundamente desde sus pulmones de fumadora empedernida lanzándome, cual dragón que escupe fuego por la boca, una lengua de humo a la cara que rodeó y sumergió ésta y mi cabeza entera en ella. Volvió a sonreír a continuación.

¡Aquella mujer era un demonio! Su gesto me enervó y puso a mil. Lo encontré supersexy y provocador. No obstante, conseguí –creo- que no se hiciera demasiado evidente mi excitación.

-Relájate, cariño. El humo del tabaco es bueno.

Se hicieron algunas rayas sobre la mesita baja que había en el salón. Me sorprendió ver que ella no se apuntaba a esnifar ninguna, pero evité hacer más preguntas. No quería llegar a resultar molesto. Y además las chicas entraban y salían constantemente del aseo entre sus retoques, con lo cual también existía la posibilidad de que se hubiera metido alguna en el aseo u otra habitación con alguien.

Ella le ponía ojitos a otro chico del grupo. Un rubiales de ojos claros muy guaperas, más joven incluso que Javi, como de veintidós o veintitrés primaveras, no más). En la comparación con la edad de ella contextualizo ese “incluso”. No parecía el tipo de hombre en que una mujer de la de ella pudiera fijarse normalmente, pero era evidente que ésta lo hacía. Es decir, para quien se encontrase en situación de observar la escena con claridad. Para aquellas alturas, los procedentes del bar de Pedro, en su mayoría, llevaban ya varias copas encima y se mostraban algo achispados. Javi entre ellos. No se enteraba de nada. Ella por su parte parecía sobria, pero por la mía estaba convencido de que era sólo en apariencia. Su poderosa personalidad sujetaba firme el timón incluso en tales circunstancias, no permitiéndose perder el control ni siquiera bajo los efectos del alcohol.

Javi se fue al poco. Tenía cosas que hacer por la mañana y había decido acompañar al grupo para tomarse la última, pero ante el retraso en salir de casa de Miguel acabó optando por irse a dormir ya. Miryam sin embargo decidió quedarse con nosotros, con notable alegría para los varones que él tampoco pareció notar, o al menos no ubicó en el verdadero contexto en que se ubicaba. También otros fueron saliendo para esperarnos en el pub al que habíamos decidido acercarnos.

Al poco de largarse y siendo ya bastantes personas menos en la casa, Miryan ya se retozaba en el sofá sin tapujos con el rubiales, que le metía la lengua hasta la garganta al tiempo que le sobaba las tetas con ansia a la vista de todos. Sentí un acceso de celos y envidia que amenazaban convertirse en puro odio.

Se tiraron así un rato largo, sin separar sus labios mientras los demás continuaban charlando y metiéndose rayas. Los separaron al cabo de éste y, sin desasirse de su abrazo, recostada sobre el pecho del chaval, alargó ella la mano para tomar el paquete de Marlboro y el mechero de la mesita, momento en el cual su picarona mirada volvió a encontrarse con la mía.

-Te has quedado conmigo, ¿eh? –comentó socarrona al tiempo que encendía otro cigarrillo.

Me sorprendió un tanto su desparpajo, dejándome sin respuesta instantánea. Le agarró entonces él una teta sobre la tela del vestido, mirándome también.

-Está buena, ¿eh? –me preguntó mientras ella expulsaba el humo de sus pulmones.

-Tremendísima –no me quedaron más cojones que admitir, provocando con ello la risa de ellos y la de algunos más de los presentes.

-Gracias, hombre. Me siento halagada.

“Seguro, mala puta” –pensé-. “Como si no lo escucharas continuamente decir”.

-Te ha puesto cachondo verla fumar y que te echara el humo a la cara, ¿eh?

Nuevas risas.

-Sí… bastante.

Se enderezó ella entonces para, inclinándose hacia mí, hacerlo de nuevo.

-¿Te pongo cachondo sólo por fumar o también por hacerlo estando embarazada? –preguntó con una perversa sonrisa.

Debió quedarme una cara de pasmo rayana en el gesto de estupidez, que provocó de nuevo su risa, echándose de nuevo hacia atrás en el sofá para partirse la caja. También los demás rieron.

-Relájate, hombre. Disfruta de la visión de mis tetas y viéndome fumar.

La otra chica que se sentaba a su lado en una silla, se inclinó hacia ella cuando dejó de reír para, tras dar una calada ella misma al su propio cigarrillo, lanzarle el humo a la cara, gesto ante el cual ella respondió aspirando profundamente para inhalar la mayor cantidad de éste posible. Claramente le encantaba provocar.

No acabaron de encontrar aquello divertido otros de los presentes, especialmente las chicas. Quizá hasta ese momento habían tomado la cosa como algún tipo de broma de mal gusto, pensando que más valía la pena seguirla que cortar el rollo. Total, como había entendido Pedro en el bar, nada se podía hacer ni se ganaba con hacerle sentir la indignación que inspiraba. No lo sé, el caso que hubo quien pareció no sentirse cómodo ya con aquello y varias personas más salieron de la casa para dirigirse ya al pub, quedando allí tan sólo seis de los que originalmente estábamos, las dos chicas (Miryam y la otra fumadora perversa) y cuatro varones, además de Miguel y su chica, que andaban por ahí cambiándose y haciendo cosas todavía.

Le echó varias veces más el humo a la cara, reaccionando ella de la misma manera riendo ambas en algunas de éstas. De vez en cuando me miraba mientras daba otra calada y expiraba ella misma. ¡Resultaba arrebatadora cuando lo hacía elevando la mirada hacia el techo, deleitándose en la sensación que el humo dejaba en su garganta al pasar por ella camino del exterior!

-Anda, pregúntame.

-Que te pregunte… ¿qué?

-Por mi vicio, ¿por qué va a ser?. Estás rumiándolo desde hace rato.

La miré pensativo por un momento.

-Está bien: ¿no te importa perjudicar al niño fumando?

-No.

Fue una respuesta directa, sincera. Sin más explicaciones. Buscaba la provocación, disfrutaba en ella como Lucifer entre las llamas del Averno.

-¿Has pensado alguna vez en dejarlo por él?

-Ni por un instante.

¡Aquella mujer me llevaba al límite de la excitación con su perversidad!

-En realidad fumo más ahora que antes. Siempre he fumado mucho, desde los trece años, como te dije, pero mucho más durante mis dos embarazos.

Quedé estupefacto. Y ella lo sabía. Era precisamente el efecto que pretendía. No dejaba de fumar mientras hablábamos, por supuesto. Ni tampoco la otra, que seguía expulsando una y otra vez el humo en dirección a su cara ante el evidente agrado de ella.

-¿Puedo preguntar por qué?

-Claro que puedes.

Hice un gesto quedando en espera.

-¿Por qué?

-Por varios motivos. Por ejemplo, porque ahora tengo que fumar por dos.

-El hijo de puta que lleva dentro se queda la mitad de la nicotina para él.

Provocó el comentario las risas de las dos mujeres además de la del comentarista. También los otros dos rieron. Quizá no tan divertidos, pero en cualquier caso no desagradados.

Había ya bastante alcohol en el organismo de todos los que allí estábamos, ahora también en el mío. Los efectos comenzaban a dejarse notar, el tema a írsenos de las manos –al menos eso hubiera pensado con mi criterio anterior a esa noche-.

-¿Permites que hablen así de tu hijo?

-¡Ey! –protestó el rubiales graciosamente-, que yo no he dicho nada malo del crío. He dicho que su madre es una puta, pero de él nada. Y además no he dicho ninguna mentira. Miryan es el mayor putón que vas a encontrar al oeste de Rumanía.

Ahora sí reímos todos con ganas, incluido yo.

-¿Qué pasa con el este? –entré en la guasa.

-¿Qué se yo? Cualquiera sabe al este del oeste.

Risas.

-Y también es verdad lo de que es un gorrón –añadió ella-. En parte es culpa suya que fume más, por quitarme parte de la nicotina que le meto al cuerpo.

-¡Ja, ja, ja! –reí ya más cómodo y desinhibido en el tema.

-Dicen que fumando durante el embarazo aumentas el riesgo de que tus hijos salgan fumadores también.

-Precisamente es lo que me gustaría. Quiero que mis hijos sean empedernidos fumadores como la zorra de su madre.

El alcohol… ¿Sería capaz de decir esas cosas si no fuera bebida? ¿Realmente lo estaba demasiado? ¿En verdad era el motivo por el cual las decía?… Ya me daba igual. Encontraba todo aquello terriblemente excitante. Creo que no había estado tan excitado en mi vida, y entraba ya en la perversión explayándome en ella.

-Dijiste que habían más motivos. Dime otro.

Entornó un tanto los ojos para mirarme con un brillo provocador.

-¿Te digo el principal? El que más me motiva para seguir fumando estando embarazada y aun aumentar el número de cigarrillos diarios…

-Estoy deseando saberlo.

-¡Para joder al bastardo!

De nuevo consiguió sorprenderme, aunque ya no escandalizarme, ni mucho menos indignarme.

-Me excita saber que al fumar estoy enviando nicotina a su organismo. Ser una mala madre, una auténtica hija de puta… ¡me pone supercachonda!

-Uff…

¿El alcohol?

-¿Tan zorra eres?

Sonrió. Luego dio una nueva calada antes de recostarse sobre el torso del rubiales y exhalar sin dejar de mirarme.

-Te está poniendo cachondo la conversación, ¿eh? –me preguntó él.

-¡Ya ves! –respondí yo superexcitado.

Rieron de nuevo.

-Si lo que quiere es nicotina el cabroncete –entró de nuevo en la conversación la otra chica-, habrá que dársela.

Dando una calada a su cigarrillo, se inclinó acto seguido sobre su amiga para lanzar el humo contra su barriga, riendo ambas muy divertidas la ocurrencia. Llegaron un momento después las risas de ellos.

-¿Te gusta?

Risas.

-¿Cómo se dice? Tienes que aprender a dar las gracias.

Se desabrochó entonces algunos botones centrales de su vestido para abrirlo y mostrar su bombo.

-Vamos, echadle más humo, que lo está deseando.

No se cortaron, poniéndose los cinco a reír mientras lo hacían. También rieron Miguel y su novia un par de veces que salieron al salón. Eran los únicos que conocía de los que quedábamos y muy por encima, de haber coincidido algunas veces con ellos en el bar. Desde luego, ni me habría podido imaginar hasta esa noche que llevaban tanta perversión dentro. Tampoco ellos creo que se hubieran atrevido a mostrármela de no ser, de nuevo, por los cubatas que llevaban en el cuerpo.

-¿Quieres ver que de verdad te va a poner cachondo? –me provocó enigmáticamente el chaval.

-Por supuesto –le respondí si contarme un pelo.

-Despatárrate –casi podría decirse que le ordenó a la diosa preñada, de la forma más directa, ordinaria y soez. Ella por su parte, obedeció sin rechistar ni cortarse un pelo, desabrochando los botones que le quedaban hacia abajo en la falda del vestido para a continuación abrir completamente las piernas con una sonrisa digna de la mayor de las putas de Babilonia. Evidentemente, no llevaba bragas, apareciendo su divino potorro totalmente expuesto a nuestras miradas.

-De todo esto ni una palabra a Javi, ¿eh?

Se llevó él entonces el cigarrillo a los labios para dar una profunda calada. Acto seguido, se inclinó sobre ella para colocar la boquilla contra el orificio de su coño y meterla allí.

-Vamos, pequeño bastardo… disfruta del tabaco.

¡Realmente fue algo increíble, delirante, ver cómo aquella vagina se contraía y dilataba para hacer como que fumaba! No hubiera sabido decir si realmente estaba inhalando el humo por el coño, pero el efecto era como si así fuera, sin dejar ella de sonreír en ningún momento.

Estuve tentado de excusarme para ir al aseo a pajearme como un loco, pero hubiera resultado demasiado evidente que ese era el verdadero motivo para ir allí. Y además seguía ocupado por los anfitriones.

-Oye, nosotros ya casi estamos –informó al cabo de unos minutos Eva, la novia de Miguel, saliendo al salón-. Si tenéis que hacer algo antes de salir, que sea ya.

-Claro –aceptó el chaval. Obviamente, sabían ambos de qué hablaban-. Vamos, que nos hemos distraído con tanta guasa –conminó a la morenaza.

Se levantaron ambos entonces para, cogidos de la mano, dirigirse a unos de los dormitorios. Los siguientes quince minutos los pasamos excitándonos con los suspiros y gemidos que, acompañados del sonido de la cama al crujir y al chocar contra la pared, llegaban hasta nosotros perfectamente audibles.

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Una vez en el pub la cosa cambió un tercio. El rubiales, una vez desahogado su apetito sexual, se distanció un tanto de Miryam para centrarse en sus colegas y el ritmo de idas y venias al WC que mantenían. Al cabo de una media hora se evidenciaba ya bastante enzarpado y con claras muestras de continuar la noche por otros derroteros bien distintos a los que había seguido hasta entonces. Ella por su parte, delataba cierto fastidio en su mirada y actitud, especialmente en el momento en que los chavales comenzaron un acercamiento a unas chicas de su edad que andaban por allí también. Los celos hacían mella en ella ahora, pero se esforzaba en mantenerse tranquila y lo disimulaba bastante bien. Sin embargo, no debía haber quedado ella tan saciada como él tras su revolcón. Emitía claras señales de hembra en celo que busca aparearse y, no estando ya el macho elegido por la labor, su fastidio y frustración se hacían evidentes.

Poco a poco se le fue pasando, volviendo su interés a la conversación conmigo, único de los varones del grupo medianamente sobrio y que, a su vez, emitía señales por su parte en sintonía con aquellas. El instinto de la hembra supo captarlas perfectamente, llegando un momento en que charlábamos en la barra los dos solos ante sendos gin-tónics.

-Ha sido superexcitante lo que ha pasado en casa de Miguel.

Rió ligeramente.

-Te he puesto cachondo, ¿eh?

-¡Ni te imaginas!

Volvió a reír. Su risa resultaba muy agradable y sensual, como todo en ella.

-Me gusta jugar.

-Ya lo he visto.

Ahora sólo sonrió, desviando la mirada hacia abajo y a un lado.

-¿Está Javi al corriente de tus “aficiones”?

-Claro. Es decir… no sabe que le pongo los cuernos. Está al tanto de mis fetiches y perversiones, pero no sabe que me lo monto con otros tíos.

Asentí con la cabeza mientras me llevaba el vaso a los labios.

-Espero que siga siendo así –añadió en un tono más serio.

Me cogió por sorpresa aquello, aunque no hubiera debido. No se salía de los esperable una llamada de atención como aquella, pero después de lo compartido me había ubicado en un nivel al que ella evidenció no haber llegado todavía, en el cual la confianza se da por supuesta.

-No te preocupes. Por mí no sabrá nada.

Me miró ahora con un gesto de gracioso cinismo acusador.

-¡¿Qué?! Nos conocemos sólo del gimnasio. No somos amigos ni nada de eso.

Abrió la boca ella con fingida expresión de sorpresa. No pretendía dar a entender ésta, era sólo parte del juego.

-¿Ah, no? –jugó a mostrar cierta “indignación”. Y si lo fuerais, ¿qué? ¿Me delatarías?

Ahora fui yo el que rió ligeramente.

-No. Creo que tampoco.

Me miró con malicia.

-Chico malo… A un lado la fidelidad debida a un amigo, al otro un par de tetas. ¿Qué pesa más en la balanza?

Reí de nuevo, como quien juega al gato y el ratón intentando no dejarse arrinconar.

-Desde luego, tus tetas deben pesar mucho.

Provocó mi salida su hilaridad, acompañándola yo en sus carcajadas. Dicen que para conquistar a una mujer hay que hacerla reír. Marchaba bien la cosa.

-Sabes manejarte en la esgrima oral.

-No te creas. Me lo has puesto a huevo.

Nuevas risas. Después se hizo uno de esos momentos de silencio, en los cuales la conversación no sabe por dónde continuar.

-¿Por qué lo haces?

Me miró risueña, sin saber muy bien qué contestar.

-¿No cumple Javi en la cama? –bromeé.

-Oh, por favor… -mostró ella cierto divertido fastidio.

-¿Qué?

-Los hombres creéis que todo en la sexualidad femenina gira en torno a vosotros. Incluso cuando os ponemos los cuernos creéis ser los responsables. Lo entendéis como una especie de castigo al macho falto de la hombría necesaria para tener a su mujer satisfecha.

-¿Y no es así?

-No tiene nada que ver. ¿Tú necesitas que tu mujer no cumpla en la cama para tirarte a una tía buena que se te ponga a tiro?

-No –reconocí, pese a no estar en ese momento emparejado. Hablaba conceptualizando, se entendía.

Pues lo mismo ocurre con nosotras. Si aparece un tío que nos ponga lo suficiente y se presenta la ocasión, seréis cornudos por más que os esforcéis en cumplir como machos y tener satisfecha a vuestra chica (* saludos para una comentarista de la página de la cual leí una explicación muy similar. Me acordé inmediatamente al escucharla en boca de Miryam).

-Y eso es lo que ocurre contigo, ¿no?

-Sí –respondió con naturalidad al tiempo que llevaba el vaso de tubo hasta su boca para dar un sorbo.

-Javi está muy bueno, pero Sergio aun lo está más. Es más joven, rubio, tiene los ojos azules… a mí me basta. Y además me aporta cosas distintas en la cama.

La miré intrigado.

– ¿Qué cosas?

-Son distintos. Ni mejor ni peor el uno que el otro en ese sentido. Simplemente distintos. Javi es más dominante, enérgico… eso me pone. Sergio en cambio es más dulce y atento. Eso también me pone.

Debí mostrar cierta sorpresa en mi expresión.

-No te dejes engañar por esas formas de macarrilla de barrio. Es pura fachada. Javi sabe excitar a una mujer y hacerla correrse a través de la fuerza y potencia viril que irradia. Sergio lo consigue mostrándose pendiente de ti, esforzándose por encontrar la forma de satisfacerte más plenamente. Es un verdadero encanto. Seguramente sea debido a su edad. Dicen que los chavales sienten fascinación por las MILFs…

>>¡Odio esa palabra! –estalló graciosamente al apercibirse del gesto en mi cara-. La uso para que entiendas a qué me refiero, pero atrévete a hacerlo tú para definirme ¡y te saco los ojos!

-¡Vale, vale…! –acepté con comicidad.

-En fin, dicen que se sienten fascinados por nosotras y, cuando consiguen ligarse una, se desviven por satisfacerla, pues perciben como todo un reconocimiento a su hombría conseguirlo con una mujer hecha y derecha, no sólo con las crías de su edad.

-Joder, vaya tratado de psicología sexual me has soltado.

Reprendió con una enérgica palmada en mi pecho mi comentario.

-¡Eh, no te pases!

Reí y ella se mostró graciosamente enfurruñada. Luego nos miramos y sonreímos.

-¿Es suyo el paquete? –pregunté dirigiendo la mía a su bombo.

-Creo que sí –respondió con gracia y reímos de nuevo.

Era un sí. El niño era suyo.

-¿Y no le molesta a él que fumes y todo eso?

-No. Al menos, no lo parece. Aunque no creo que sigamos juntos para cuando haya nacido… ¡Ya has visto como soy! –me reprendió de nuevo sin enfado real al ver mi expresión de sorpresa-. ¿Crees que puede durar mucho más sin enterarse? Y además, tampoco le veo a él madera de padre ni de marido. Al menos no por ahora. Aún le queda que vivir, no está maduro para involucrarse en una relación como esa.

-¿Y qué vas a hacer entonces? ¿Criar al niño tú sola?

Se encogió de hombros mostrando indiferencia.

-Ya veremos. Igual lo doy en adopción, o se lo endoso a mis padres… ya lo pensaré.

Volví a mirarla extrañado.

-No has oído hablar de mí, ¿verdad?

Negué con la cabeza.

-Bueno, hay mucha gente que sí. Soy hija de …. ……… …….. ….., el constructor que construyó la Autovía … …………, y también el hotel …. y ……………. Es bastante conocido.

La miré apreciativamente.

-Sí, eso es. Mucho dinero. Tengo ya una hija y la crío sin problemas económicos. Soy la oveja negra de la familia. Mi padre constituyó un fondo invirtiendo en renta fija, y un usufructo sobre éste.

>>Usufructo es el derecho al uso y disfrute de una cosa –me aclaró al notar mi extrañeza ante la palabra-, cuya propiedad pertenece a otra persona. La posesión pertenece al usufructuario, al que no se le puede arrebatar mientras dure el usufructo. También le pertenecen los frutos y rentas que produzca la cosa, puede alquilarla… El dueño puede venderla, pero quien la compre reconoce el derecho del usufructuario, que no desaparece con la venta o donación.

-Entiendo.

-Mi padre lo pensó para arreglarme la vida evitando que pueda dilapidar lo que me deje. El capital del fondo pertenece a mi hija, yo no puedo disponer de él, pero ella tampoco podrá hacerlo hasta que yo muera, y hasta entonces seré usufructuaria. Es decir, las rentas (tres mil euros mensuales) serán mías hasta que fallezca, y tras ello pasarán a mi hija, junto a la plena disposición del capital. De esa forma mi padre me aseguró una pensión suficiente de por vida y la herencia de su nieta.

-Muy inteligente.

-Claro. Por eso se hizo rico. En fin, lo que quería decir es que ya tengo una hija y que también podría asumir sin problemas la crianza de otro hijo incluso sin pareja, pero no sé si me apetece demasiado. Quedarme preñada de Javi y dejar seguir el embarazo fue cosa de morbo, pero no creo que me haga demasiada gracia tener otro crío en casa.

Dio otro sorbo y nuevamente se hizo uno de esos silencios de transición.

-Bebes mucho para tu estado, ¿no?

Sonrió.

-¿Quieres volver a eso?

Yo también lo hice.

-¿Por qué no?

-Está bien. No soy una alcohólica, pero me gusta pillar mis ciegos de vez en cuando.

-Y es evidente que el embarazo tampoco te supone problema para eso.

-En absoluto.

Reímos.

-Hay veces que con pillar el puntillo va bien, pero en otras te apetece pillar una borrachera monumental, de esas en que, si no acabas en el wáter echando la pota.

Risas.

-Y esta noche es una de esas ocasiones.

-Por supuesto.

Más risas.

-¿Y qué opinan tus amantes de eso? –pregunté con malicia-.

-Una embarazada con un ciego como un piano también tiene su morbo –respondió ella con ésta también.

Sonrió enigmática.

-¿Por qué lo preguntas? –continuó desviando de nuevo la mirada a un lado y hacia abajo, sin perder esa sonrisa-. ¿Te dará asco morrearte conmigo cuando haya echado hasta la primera papilla?

Consiguió cogerme por sorpresa otra vez. Debió resultar cómica la expresión en mi cara.

-¡Oh, vamos!… Ambos sabemos que esta noche acabaremos en la cama.

Mayor sorpresa todavía. ¡Aquella mujer era increíble!

-Estás muy segura de ti misma, ¿no?

-Llevas toda la noche mirándome las tetas. Estás a cinco minutos de conversación de echarme los trastos, lo sabes.

-¿Y si no lo hiciera? –quise hacerme un tanto el difícil yo con una sonrisa. Mera pose, formaba parte del flirteo.

-Oh, bueno… entonces te los echaría yo a ti. O mejor, me echaría sobre ti para comerte la boca, y tú no me harías la cobra. También lo sabemos ambos perfectamente.

Risas.

-Creí que te gustaban los jovencitos.

-Me gustan los jovencitos.

-¿Y los tíos de tu edad?

-En absoluto.

Me sorprendió de nuevo. Había esperado otra respuesta.

-¿En qué edad pones el límite?

Se encogió de hombros.

-De vez en cuando me enrollo con alguno alrededor de los treinta, pero lo ideal es que no pasen de los veinticinco.

-Joder… ¿Entonces? Yo ya paso bien los cuarenta.

-Lo tuyo no tiene que ver con la atracción física, también lo sabes. Estás muy bueno y todo eso, pero no eres mi tipo. Para mí eres demasiado pureta.

-Vaya… -protesté y reímos de nuevo, intentando disimular yo que el comentario había tocado fibra sensible.

-No hagas preguntas cuya respuesta te pueda incomodar –se defendió ella con adorable desparpajo-. Yo suelo ser sincera. Sólo miento cuando tengo algo que ganar con ello.

-Ya veo… ¿Y qué es lo que has encontrado en este cuarentón pues para que desees acabar esta noche en la cama con él?

-Ya lo sabes. Me gusta provocar. Me excita hacerlo. Y esta noche me he pasado diez pueblos provocándote. Me he puesto a mil haciéndolo. Ahora mismo tengo el coño tan baboso y encharcado, que casi siento sus paredes deslizar entre ellas al caminar. Alguien tiene que poner solución a eso, y visto que ello no parece entrar en los planes de Sergio esta noche…

-Total, que soy el segundo plato.

-Algo así –reconoció con su irresistible sonrisa.

Debiera haberme sentido ofendido en mi amor propio con aquello, pero no fue así. Aquella mujer era demasiado excitante, demasiado fascinante.

Alargué el brazo para cogerle una teta con la mano. Sin tapujos ya, con esta ladeada para mejor apreciar el tacto de su pezón contra mi palma. Llevaba provocándome con éstos desde que salimos de casa de Miguel. Se había cambiado de ropa allí, poniéndose un vestidito de hilo con falda a media pierna y escotado, blanco y con estampado de flores coloradas. Algo más bien primaveral, pasaría frío con él en la calle, pero salió con un abrigo y ahora estábamos a cubierto y cálidos. Manías de mujeres. Son coquetas. Se lo había prestado Eva, la chica de Miguel. Al estar ésta algo rellenita y tener Miryam esos tetones, entraba bien en él a pesar de su barriga y le favorecía bastante.

Estaba duro como una piedra. Era como si se hubiera colocado un dedal de metal, de esos que se usan para coser, cubriéndolo. De tener punta, casi hubiera podido taladrar mi mano para asomar por el dorso.

-Me he cambiado de vestido por ti –afirmó mirándome con una sonrisa de complicidad.

-¿Sí?…

-Sí. La tela vaquera es más basta, no marca tan perfectamente los pezones. Quería provocarte, que vieras perfectamente cómo los tengo por tu “culpa”.

-¿Por qué no nos dejamos pues de rituales de cortejo y llamamos un taxi que nos lleve a mi casa para que me folles?

¡¡TOMA YAAAA!! ¡Mm-merengue, merengue!

-Me parece un plan de puta madre. Pero antes, otro gin-tónic. Quiero verte bien borracha, como has prometido acabarías hoy.

Rió adorablemente mis palabras.

*****************************************************************

Nos morreamos con vicio y ganas en el ascensor mientras éste nos llevaba hasta su planta, la séptima del edificio. Algo podríamos apasionado hasta lo que podríamos llamar ya directamente cerdo, con nuestras babas escando incontenibles de las bocas para derramarse por las barbillas y resbalar cuello abajo. Yo aprovechaba para sobarle con avaricia sus enormes tetas, llegando a liberar una de ellas de la prisión de su escote para devorarla como un león a punto de perecer de hambre pueda devorar una gacela. Ella se limitó a gemir de placer. Ni siquiera nos preocupamos por vigilar cuándo llegábamos al piso de destino y se abría la puerta. De haber habido alguien allí, nos hubiera pillado de lleno. Claro, que tampoco era muy probable que así sucediera a las 2:30 de la mañana.

Le sobé el culo y dedeé después levantándole la falda mientras abría la puerta, agarrándole las tetas a continuación abrazándola por la espalda. Me importaba una mierda el riesgo de que a alguien se le ocurriera asomarse a la mirilla. Ella simplemente reía.

Una vez accedimos a la vivienda y tras cerrar la puerta, nos dirigimos directamente al dormitorio entre ronroneos amorosos del tipo, llegando allá ya con las dos tetas fuera del vestido ella. Ya allí, se separó un momento para dejar el bolso y que yo pudiera hacer lo propio con su abrigo y resto de cosas que llevaba en mi brazo. Fue entonces cuando descubrí la foto en la mesita de noche, en la cual aparecían ambos posando abrazados y muy acaramelados. Me dio cierto bajón en ese momento, apercibiéndose ella perfectamente de la situación.

-¿Te corta la foto?

-Algo… -reconocí. Aunque no fuera un amigo propiamente dicho, cierta empatía masculina me llevaba a sentirme incómodo.

-¿Prefieres que la quitemos?

-Quizá estaría mejor.

-Pues te vas a quedar con las ganas –me sorprendió de nuevo.

Sonrió con un brillo diabólico en los ojos.

-Soy una chica mala, cariño. El morbo mueve mi alma.

¡Uff…! ¡¡Cómo me ponía aquella zorra del demonio!! Era pura provocación.

La derribé sobre la cama de un empujón. Nada suave. En realidad, algo bastante violento, sobre todo en su estado, suficiente para ser denunciado hoy día por violencia de género si hubiera sido su deseo hacerlo. Ella respondió con un grito divertido mientras caía de espaldas sobre aquélla.

Bajándome los pantalones ya con cierta urgencia, la penetré de una sola embestida, sin ningún tipo de flotituras ni preámbulos. Ella gimió de puro gusto. Era como había asegurado en el pub: estaba encharcada. Ya en el ascensor, al dedearla, había tenido oportunidad de comprobarlo, pero era ahora, cuando mi polla, mucho más gruesa que cualquier dedo, era la que invadía su gruta de placer y no aquél, cuando me apercibía de la real magnitud de su marea íntima.

El rabo entraba y salía de allí sin apenas rozar, más completamente rubricado que el eje del rotor de un helicóptero. La embestía con furia y ganas, explayándome en la contemplación de su expresión de éxtasis total y la de sus tetones agitándose violentamente al ritmo de aquéllas. También su barriga se movía, claro. Más de lo que debe resultar aconsejable para una embarazada con toda seguridad, pero ella no emitía queja ni petición de prudencia alguna al respecto.

En un momento dado me pidió que parase. Pensé que sería para pedirme que fuera más suave, pero no.

-Cambiemos de postura. Tienes que metérmela por el culo ahora. La tienes más pequeña que Sergio y Javi, y además estoy encharcada. Apenas la siento.

>>Tranquilo, no te lo tomes muy a pecho –quiso consolarme al apercibirse de mi expresión-. No tienes un rabo pequeño. Está bastante bien, pero es que el de Javi es enorme, y el de Sergio no le queda muy atrás tampoco. Tengo el coño habituado a esos bates de béisbol. Cualquier cosa que no sea superdotación no me llena, y menos con este charco que tengo dentro.

Asentí comprensivo, levantándome para permitir que ella se colocara en posición. Aprovechó para hacerlo mirando hacia la cabecera (antes había estado transversal a ésta), permitiéndome así arrodillarme tras ella sobre la cama y estar más cómo que antes, inclinado sobre su cuerpo desde fuera. También se colocó el almohadón de bajo el vientre.

-Vamos… de un solo golpe. ¡Reviéntame el culo! Quiero que me lo dejes como un bebedero de patos, dolorido para una semana.

¡Me sacaba de quicio! Pura enervación. De un único empellón, le di lo que pedía metiéndosela hasta el fondo. Ella respondió con un alarido de dolor que seguro debió despertar a los vecinos, pero no pidió piedad. Al contrario, siguió incitándome y provocándome para que le diera más duro.

-¡¡¡MÁS!!!… ¡¡¡MÁS!!!… ¡¡¡MÁS!!!…

Estaba a punto de perder definitivamente el control. ¿Qué coño era lo que quería? ¿Realmente no tenía límite?

-¡Dame más fuerte, cabrón! ¿Es que no puedes más? Tú no eres un hombre, eres una mierda. ¡¡MARICÓN!!

Le daba cada vez más fuerte, provocando que de vez en cuando su cabeza se estampase contra la cabecera de mimbre, pero seguía sin ser suficiente para ella. Verdaderamente tenía miedo de llegar a provocarle un aborto de seguir arreciando en mis acometidas. En una de éstas, sus brazos vinieron a fallar haciéndole perder el control, y cayó de bruces dando con su cara en la cabecera y provocando que cayéramos sobre su vientre colocado sobre la almohada, soportando éste el peso de los dos.

-¡¿Estás bien?! –me alarmé.

-¡Calla y sigue! –me cortó haciendo fuerza con sus brazos hacia arriba para forzarme a recuperar la posición perdida con la caída.

-¡Vamos, vamos…!

¡¿Estaba loca?! ¿Era una demente con quien había ido a dar?

-¡¡Vamos!! –volvió a apremiarme.

No es tu hijo –intuía perfectamente mis dudas y temores-. No te importa lo que pueda ocurrirle.

No era solo eso. ¿Qué había de ella? Se supone que una mujer embarazada resulta muy vulnerable. También podría dañarla a ella, incluso matarla, ¿no?

-¡Vamos!

¡Definitivamente decidí mandarlo todo a la mierda! Que fuera lo que Dios quisiera.

Comencé a embestirla con empellones realmente brutales, mucho más violento que lo que había estado haciendo hasta ese momento. Se supone que una mujer en su estado sabe hasta dónde puede llegar. Quizá las creemos erróneamente más frágiles de lo que realmente resultan. Quise agarrarme a eso.

-¡¡¡SÍ!!!… ¡¡¡SÍ!!!… ¡¡¡ASÍ!!! ¡¡Sácame al bastardo por la boca!!

Ya era pura ira y rabia lo que me provocaba. Realmente la embestía con toda la fuerza de que era capaz y el deseo perverso de provocarle un aborto espontáneo.

-¡¡¡ASÍ!!!… ¡¡¡ASÍ!!!… ¡¡¡MÁS!!!… ¡¡¡MÁS!!!… Ya te he dicho que no sé qué hacer con este mierda que llevo en la barriga. ¡¡Dame con todas tus fuerzas!! Me importa una mierda perderlo.

Fue fantástico. Nunca en mi vida me había corrido con tantas ganas. Aquella zorra me proporcionó el mayor y más apoteósico orgasmo de que hubiera conocido. Después entendí que mis reflexiones debían resultar acertadas. No son tan vulnerables las preñadas como creemos. Ella lo sabía y jugaba con eso. Me provocaba insultándome y sacaba de quicio sabiendo que la sangre no llegaría al río. Era así. ¿No?…

-No has parado en toda la noche –observé, que no recriminé, cuando alargó la mano para tomar paquete y mechero y, recostada sobre mi pecho en el lecho, llevarse otro Marlboro a los labios. ¿Cuántos cigarros de has fumado?

-No sé –respondió sonriente-… el paquete que llevaba estaba casi entero. Lo que le quedase, lo que falta de éste y los que me han dado.

Reí entre dientes.

-Qué vicio.

Apoyó su cara sobre mi torso, mirando hacia los pies de la cama.

-¿Te molesta el humo?

-Sí.

No había necesidad de mentir para no molestar. Ya habíamos superado ese nivel. Supe que sonrió sin necesidad de verla.

-¿Por qué?

-No soy fumador.

-¿Nunca lo has sido?

-No.

Se irguió un tanto apoyándose con un codo sobre mi pecho. Tras dar una profunda calada, me lanzó largamente el humo contra la cara. ¡La adoraba cuando hacía eso! Conseguía hacerme hervir la sangre.

Rió divertida, acercando su mano a mi rostro para llevar el cigarrillo a mis labios.

-Vamos –me incitó al ver que no accedía a la invitación-. Lo estás deseando.

-En absoluto.

Nueva calada. Nuevamente el humo lanzado contra mi cara.

-El tabaco es bueno. Fumar es algo maravilloso. Lo adoro… Pronto tú también serás fumador empedernido.

-¿Por qué piensas esa chorrada? Soy un chico deportista. Odio el tabaco.

Rió deliciosamente.

-Lo odiabas –respondió acercándome de nuevo el cigarrillo a los labios-. Te fascino… te he cautivado total y absolutamente.

Sonrisa.

-No sólo me gusta fumar. También me excita y pone muy cachonda atraer a la gente al tabaco y hacerla caer en sus garras.

Humo contra mi cara. La boquilla del cigarrillo apoyada en mis labios.

-Te fascina verme fumar. No has visto nada más sexy, sensual… tan turbador en tu vida.

Sonrisa.

-Vamos… ¡fuma!

Entreabrí la boca para aceptar la invitación. Recordaba el humo deslizándose por mi garganta con una sensación desagradable, de mis tiempos en la edad del pavo, cuando todo se prueba y experimenta. No me gustó entonces. Había pasado mucho tiempo. Fue muy distinto. Me encantó. Una experiencia sensorial extraordinariamente placentera. Exhalé deleitándome en la sensación producida por el tabaco combustionado al salir de mi organismo.

Su risa era equiparable a la de una diosa. Pura música del agua cantarina del arrollo al discurrir por el bosque.

Acercó de nuevo el cigarrillo a mis labios. Sonrisa, brillo de triunfo en sus ojos…

-Bienvenido al mundo del vicio.

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A pesar de lo que pueda parecer, ésta es una historia real. Realmente no fui yo el protagonista de ella, sino tan sólo uno de los testigos, pero me excitó tantísimo y la he revivido en mi imaginación en primera persona tantas veces, que casi es como si así hubiera ocurrido, y así, como vive en mi mente, he decido compartirla. Está algo novelada ciertamente, como no puede ser de otra manera. Yo no asistí a todas las escenas ni estuve presente en todas las conversaciones (en la de dormitorio por ejemplo no estuve presente), e incluso aquellas en que sí estuve no fue de principio a fin (alguna vez me ausenté momentáneamente para esnifar ir al aseo o similar) y me distraje de ellas por momentos (para esnifar una raya, interactuar con otros asistentes…). He tenido por ello que tirar de creatividad pues para completarlas, pero en todo caso ha sido respetando lo más fielmente posible lo que el auténtico protagonista me contó, que no incluyó palabra por palabra todas sus conversaciones, claro está.

Esta historia me excitó muchísimo, llevándome al descubrimiento del denominado en inglés smoking fetish y la fascinación morbosa por las embarazadas putorras. Posiblemente continúe narración, pero las siguientes entregas ya serán relatos de fantasía.

Un saludo.

Lactancia muy morbosa

Hace un mes más o menos, acudí junto con una amiga de trabajo a ver a otra compañera nuestra que había sido madre y estaba de baja de maternidad. Habían pasado dos meses desde que diera a luz, y fuimos hacerle la visita de cortesía.

Cuando llegamos, era un viernes por la tarde, estaba sola, pues su marido trabajaba. Nos recibió muy contenta, y tras darle unos obsequios que le llevamos como ropita para el bebé, nos sentamos a charlar en el sofá del comedor.

– Cómo va la nueva vida de mami? – preguntaba Paqui, una mujer de unos 45 años, rubia con el pelo rizada y muy alegre, siempre optimista que era muy amigable y el alma de la fiesta. La verdad es que me llevaba muy bien con ella.

– Pues adaptándome… – comenzaba a explicar Sofía, la risueña madre. Debía tener unos 36 años, era morena con el pelo largo, que llevaba recogido en una cola, y estaba esplendida. Me llamó especialmente la atención su pecho, que había aumentado considerablemente de tamaño, y rápidamente deduje que sería debido a que le habría subido la leche para amamantar a su hijo.

– Y eso? – replicó Paqui señalando un artefacto que Sofía tenía en la mano

– Es un saca leche, procuro ir sacándome porque produzco bastante y así le puede dar mi marido si yo tengo que salir o si estoy muy cansada por la noche. Pero no sé qué pasa que no funciona, creo que se rompió ayer.

– A ver, déjame si yo puedo – dijo Paqui levantándose del sofá y sentándose la lado de Sofía. Comenzó a manipular el aparato saca-leche, intentando ver cómo funcionaba primero y dónde podía estar el fallo, hasta que lo acercó al pecho de Sofía y lo acopló por encima de la camisa – Vamos a probarlo – le dijo.

Entonces reparó en que yo estaba delante, y girandose hacia mí espetó:

– Será mejor que tú salgas un momento al balcón, que necesitamos algo de intimidad aquí – dijo medio riendo

– No hace falta – contestó Sofía, queriendo quitar importancia al asunto – llevo ya tantas semanas dando de mamar a mi hijo en todas partes, que ya me he acostumbrado a llevar los pechos al aire.

Y dicho eso, Sofía de desabrochó dos botones de la camisa, de la cuál brotó un precioso pecho, hinchado y con un pezón bien grande y rosado. Por un lado me supo mal que se pudieran sentir incómodas, pero al mismo tiempo un ligero sentimiento de excitación recorrió mi piel.

Entre las dos acoplaron el saca-leche al pecho de Sofía e intentaron manipularlo para que hiciera su trabajo y comenzara a salir la leche, pero tras varios intentos infructuosos no consiguieron nada. Al retirar el aparato, un pequeño rio de leche salió del pezón de Sofía y se escurrió hacia abajo.

– Cuidado que te manchas – dijo Paqui, mientras llevaba rápidamente un dedo horizontalmente al pecho de Sofía para detener la gota que resbalaba antes de que llegara a la falda y la manchase.

Sofía sacó un pequeño pañuelo y se secó el pecho, mientras que Paqui retiraba el dedo húmedo de su leche y lo miraba curiosa. Para sorpresa de todos, sacó la lengua y relamió su dedo llevandose a la boca los restos de leche de su amiga y saboreandola después.

– Hmmm, pues no sabe mal – se limitó a decir. Sofía y yo, tras un instante de perplejidad comenzamos a reír, conociendo el carácter desenfadado de Paqui. – Qué pasa? Una es curiosa jaja – se unió a nuestras risas.

Con los movimientos de la risa, a Sofía le brotó otro hilo de leche de su pecho.

– Fíjate, te vuelve a chorrear, si es que los tienes llenos – dijo Paqui mirando el hinchado pecho de su amiga – No te duelen?

– Un poco – dijo Sofía que se sorprendió al ver como Paqui tomaba su pecho y en su mano y lo apretaba ligeramente. Más leche brotó de su pecho, está vez con un chorro mucho más abundante. Inconscientemente, ante ese chorro de leche, Paqui se agachó y metió el pecho de su amiga en su boca, como queriendo detener toda la leche que había hecho salir al tocar y apretar el pecho de su amiga. Sofía se quedó inmóvil sin saber qué decir, al igual que yo.

Paqui dio un par de succiones y se separó.

– Hmmmm, quieres que te vaciemos nosotros los pechos un poco? – preguntó con voz traviesa

– Jajaja, estás loca – dijo Sofía

– Dar de mamar es algo natural, no me vengas con remilgos ahora – le contestó Paqui

– Como queráis, pero solo un poco, eh? – aceptó finalmente Sofía

– Ven, ayúdame – me indicó Paqui, mientras me hacia un gesto para que me acercara, al tiempo que Sofía se desabrochaba un poca más la camisa y descubría el otro pecho.

Mientras ella estaba sentada, nosotros nos pusimos de rodillas, uno a cada lado, uno en cada pecho. Lo primero que hice fue introducir aquel gran pezón en mi boca. Aunque había chupado muchos pechos a lo largo de mi vida, nunca había mamado uno, siendo adulto me refiero, con lo que no sabía muy bien qué tenía que hacer, aunque pensé que mi instinto me ayudaría, al fin y al cabo somos mamíferos por naturaleza.

Pero no tuve que esforzarme mucho, al chupar aquel pecho, un reguero de leche comenzó a invadir mi boca. Era una leche líquida, tibia, algo dulzona y no dudé en comenzar a tragármela toda. Empecé a mamar. Cada vez introducía más de aquel pecho en mi boca, mientras oia los chupeteos de Paqui a mi lado. En un momento dado, tomé su pecho con mi mano para apretarlo un poco y para tener algo más de apoyo en la postura que estaba. No sé exactamente cuantos minutos llevábamos, pero yo empezaba a perder el control por instantes y chupaba con bastante lascivia. En algunos momentos que mi boca se llenaba un hilo de leche se escurría por mis labios.

Paré un instante para recobrar el aliento y pude ver como Paqui también se detenía.

– Esta rica, eh? – dijo sonriendo

Miré a Sofía que tenía una cara de vicio impresionante, con los ojos medio cerrados y las mejillas sonrojadas. Al devolver la vista a Paqui, vi que ella también estaba mamando con vicio, relamiendo su pezón, retorciéndolo con la lengua, succionando fuerte le pecho e introduciéndose todo lo que le cabía en su boca. Restos de leche resbalaban por su barbilla. Sin pensármelo, volví al trabajo, y comencé de nuevo a mamar aquel regalo del cielo en forma de pecho.

Finalmente Sofía nos hizo salir de nuestro trance mamador, con unas convulsiones y gemidos que nos pillaron por sorpresa.

– Nena, te has corrido? – preguntó Paqui entre carcajadas y muy sorprendida

– Uf, es que aún no me he recuperado del parto, y no puedo tener relaciones todavía, por lo que estoy muy sensible. Así que si, me habéis hecho llegar – explicó entre sofocos.

– No te creas, yo también me he excitado, es la primera vez que hago esto, estoy mojada y todo – confeso Paqui – y tú, cómo estás? – me preguntó, y posando una mano en mi rodilla para abrirme de piernas

– Pues ya lo ves – dije agachando la mirada para comprobar como de abultado tenía el paquete, pues llevaba empalmado desde hacía rato

– Uf madre mía – dijo Paqui, mirando como se marcaba mi pene tieso en el pantalón – eso tiene que dolerte. Sácatela que vamos a probar ahora otro tipo de leche

Hipnotizado por su comentario, me puse de pie, pero fue la propia Paqui la que apresuradamente comenzó a desabrochar mi cinturón, luego pantalón, bajó la cremallera y bajó con un movimiento algo brusco mi pantalón y boxer a la vez, haciendo que mi polla saliese disparada y botase delante de sus caras. Paqui estaba todavía de rodillas delante de mi, y Sofía seguía sentada en el sofá. Mi polla entiesa quedaba a un par de palmos de sus caras, y ambas tenían su vista fijada en mi pene, examinando su forma y tamaño.

Vaya, menuda polla gastas, no? Desde luego engañas, con lo pasmadito que pareces en la oficina y me sales con este trozo de carne – dijo Paqui con un descaro que hizo reír a Sofía. Paqui, alzó su mano y cogió mi pene, y lo sacudió unas cuantas veces, notando su dureza y apretándolo un poco.

Dicho eso, acercó su boca a mi empalme y recorrió con su lengua toda su largura, para acto seguido, al llegar a la punta y lamerla un poco, introducirse todo mi pene en su boca. Noté la humedad de su boca empapando mi sexo y como quedaba prisionera entre su lengua y músculos bucales, fue una sensación muy agradable. Entonces comenzó una mamada muy placentera, introduciéndose más de la mitad en su boca. Tras unos instantes paró y se la sacó de la boca.

– Tienes una buena polla, durita y gordita, como a mí me gusta. Si hay algo que me fascina de una buena polla es que llene la boca. Ten prueba esto – dijo dirigiendo mi polla hacia Sofía

– No, no puedo, que estoy casada ya lo sabes – replicó

– Que casada, ni que tonterias, dale una chupadita, que esto de aquí no sale, y una oportunidad así no se tiene cada día – dijo muy convencida Paqui, de tal forma que Sofía, simplemente se inclinó un poco hacia mí, y haciendo caso de su amiga, con una mano agarró mi polla y se la introdujo en la boca. Sofía chupaba con más dificultad. Debía tener la boca más pequeña porque no llegaba introducirse la mitad de mi polla en su boca. Succionaba con más ansiedad o nerviosismo, supongo que porque sabía que lo que hacía no estaba bien, chupársela a un compañero de trabajo en el salón de su casa. Pero al mismo tiempo era tan morbosa y excitante la situación que en el fondo le apetecía y no había podido negarse más.

Mientras Sofía me la chupaba, Paqui manoseaba mis huevos con una sonrisa en la boca y alternaba su mirada viendo como su amiga me la mamaba. Tras unos instantes, Sofía se la sacó y le cedió de nuevo el turno a Paqui, que cogiéndome fuertemente por las caderas trató de metérsela entera, y casi lo consigue. Luego siguió chupando más suave y sacándosela ocasionalmente para relamerla con la lengua a lo largo.

Se alternaron un par de veces más, chupando cada una a su estilo hasta que comencé a gemir, pues mi orgasmo estaba próximo.

– Te voy a vaciar los huevos, pero luego me toca a mí que estoy mojadísima, ok? – Dijo preguntándome

– Claro que si – atiné a decir con los ojos en blanco a punto de venirme

Paqui se introdujo de nuevo mi polla en su boca y mamó con fuerza, ritmo e intensidad, estaba claro que iba a por todas, a por el premio de mi orgasmo. Y vaya si lo consiguió. A ese ritmo no tardé en comenzar a eyacular. La avisé, pero ella no paró, y mi leche comenzó a llenar su boca. Chupó hasta que mi orgasmo hubo terminado, y entonces se separó.

– Se ha corrido en tu boca? – preguntó sorprendida Sofía.

Paqui abrió la boca como contestación, mostrándole que toda mi corrida estaba sobre su lengua y en general llenando su boca.

– Qué loca estas – dijo Sofía riendo, pero Paqui volvió a cerrar su boca y con un sonoro chasquido se tragó todo mi semen de una vez

– Hmmm… – dijo Paqui relamiéndose – ya puedo decir que me he tomando la leche de los dos en una sola merienda jajaja

– Te lo has tragado? Serás viciosa! – dijo Sofía entre exclamaciones

– Toda la leche es calcio, y a mí me hace falta reforzar los huesos! – contestó Paqui con sorna y aún tuvo tiempo de volver a relamerme la polla para dejarla limpia.

– Me toca! – dijo poniéndose de pie, subiendo su falda y deslizando sus bragas para finalizar sentándose en el sofá de nuevo. Abriéndome las piernas, mi miró y me invitó a lamerle el sexo con un tentador: enséñame que sabe hacer tu lengua!

Me situé entre sus piernas, y rodeándolas con mis brazos por debajo, comencé a besar la cara interna de sus muslos. Paqui ya jadeaba y se retorcía en el sofá, cuando mi lengua encontró su sexo. Primero lo recorrí de abajo hacia arriba, abriendo los labios exteriores con mi lengua. En una nueva pasada, mi lengua ya rozó los labios interiores y se mojó con su humedad, la cual saboreé. En la tercera pasada, saqué más la lengua y lo relamí completamente, llegando a su clítoris y empapando su sexo con mi saliva.

Tenía el sexo con el vello bastante recortado y arreglado. Era realmente apetitoso y jugoso. Mientras le comía su sexo con voracidad, ella jugaba con mi pelo, ya que sus manos acariciaban nerviosas mi cabeza.

En un momento dado, Sofía que nos miraba desde hacia un rato, debío calentarse bastante. Si realmente llevaba varios meses sin sexo, ver como yo lamía de aquella forma el coño de Paqui y como ella se retorcia de placer debió ponerla bastante caliente. El caso es que en un momento determinado se deslizó desde el sofá y se agachó buscando mi pene que comenzó a manosear. Como no hacia mucho que me había corrido estaba medio morcillón, pero no erecto.

Así estuvimos un rato. Paqui gemia muy excitada, contorsionandose en el sofá, mientras yo estaba disfrutando de aquel suculento sexo femenino cuyo sabor y aroma embriagaba mis sentidos. Trataba de sacar al máximo mi lengua para lograr introducirla en su vagina, como si quisiera penetrarla y luego movía allí dentro mi lengua de forma muy golosa. Alternaba esos movimientos con otros lamiendo todo su sexo y con succiones a su clitoris. Paqui no tardó mucho más en correrse, y con un gran gemido final, se quedó traspuesta en el sofá con una gran sonrisa de placer.

– Dios, que bien lo has hecho, me ha encantado! – me felicitó Paqui, al tiempo que me incorporaba. Realmente me había excitado hacerle sexo oral a Paqui, y entre eso y la paja que me había estado haciendo Sofía mi pene estaba medio erecto de nuevo.

Sofía, que seguía de rodillas a mi lado, miraba mi pene fijamente. De pronto me preguntó:

– Crees que podrías correrte de nuevo?

– Supongo que si, vuelvo a estar algo excitado – respondí

– Es que con mi marido no hacemos mucho sexo oral, porque a él no le gusta demasiado, y ahora que he visto a Paqui como se bebia tu leche me ha dado curiosidad la verdad.

– Pues adelante – le dije

Así fué como Sofía se entregó a una dulce mamada. Sujeto con sus manitas el grueso pene y comenzó a chuparlo y lamerlo, lo cuál era muy placentero. En un momento determinado, me masturbé unos instantes para acelerar el orgasmo, y cuando ya estaba por venir, le devolví el testigo de mi pene para que siguiera la mamada. No tardé en descargarme en su boca, y aunque con dificultades, algo de tos y un poco atragantada por que no esperaba recibir tanto semen en su boca, pudo tragar la mayoría.

– Uf, que raro es el sabor, pero me ha gustado, menudo morbo – comentaba Sofía bastante animada al haber descubierto algo nuevo en su vida sexual

– Claro niña – le decía Paqui – lo que no mata, engorda, y la leche es muy sana y tiene muchas vitaminas! – con lo que todos estallamos de risa ante el desparpajo de Paqui.

Lo bueno fué que Paqui y yo estuvimos tonteando en la oficina durante un tiempo. Especialmente los viernes en el descanso para comer, nos soliamos esconder en algún despacho y los primeros escarceos de sexo oral dieron paso a encuentros sexuales desenfrenados entre carpetas y grapadoras, con el siempre presente morbo de que nos pillara alguien. Y es que ya lo dicen, que los niños siempre traen un pan bajo el brazo. En este caso para mí el pan, fue puro sexo.

Fetichistas de grandes tacones

Era una hermosa y joven mujer,.vestida muy audazmente, que caminaba con pasos muy cortos y rápidos, era evidente que estaba apurada y la enorme altura de sus afilados tacones no le permitían correr, ya que esos tacones debían medir a lo menos unas 6″ o tal vez mas, siendo que su pie no era muy grande o al menos así se lo veía.

Como el fanático fetichista de los tacones altísimos que soy, no pude menos que seguirla, ya que era nada menos que la musa inspiradora que había esperado encontrar toda mi vida, y ahora no quería perderla de mi vista por ningún motivo, ella colmaba todos mis sueños por largos años., ella era la culminación de mi espera, y la mujer que yo siempre había buscado.

La pude alcanzar fácilmente y caminado a su lado le dije con toda franqueza, que por favor me perdonara, pero que me era absolutamente imposible no acercarme a conversar con ella, ya que era la única mujer tan perfectamente vestida y caminando con esos tacones tan preciosos que había logrado ver en toda mi vida y que con eso ella cumplía con todos mis sueños.

Ella me dijo con una leve sonrisa algo irónica:

Veo que eres un chico muy audaz y atrevido, pero quiero creer que a su vez eres muy sincero, y que si te has atrevido a abordarme de esta manera es que debes tener algunas buenas razones muy poderosas para ello, así es que me las vas a explicar ahora mismo, o no seguiremos con esta conversación.

Abrumado por su exigencia tan perentoria, le tuve que contar con todo detalle la verdad sobre mi fetichismo, y lo que me había sucedido al verla con esa maravilla de sus tacones, a lo que me contestó que había sospechado algo así desde un comienzo.

Me dijo que me comprendía perfectamente, ya que sabía muy bien todo sobre este tema, pues ella era también una fanática para usar sus tacones así y que lo hacía con un enorme placer a pesar de que no era nada de fácil.

Según su opinión valía la pena el sacrificio, a cambio del éxito y la admiración que causaba la exhibición de ese difícil y tan escaso arte, el que le había costado bastante llegar a dominarlo suficiente como para poder pasear así con esos tacones, los que según me confesó, eran los mas delgados que existían en sus 14 cm. de alto, (5 ½”)

Mientras seguíamos caminando y conversando, la tomé del brazo y la invité a un café que había allí cerca, donde entramos y nos sentamos en la barra, en sendos y altos taburetes metálicos, frente a una enorme ventana que daba hacia la vereda de la calle,

Ella trepó ágilmente en uno de estos taburetes y se puso pierna arriba, enganchando el fino y altísimo tacón del otro pie, en la barra inferior del artefacto metálico.

Con una seductora sonrisa ella me propuso que, ya era el momento de presentarnos y saber quienes éramos, y a continuación me contó que se llamaba Estefanía y que vivía sola en un departamento cercano, porque había quedado sola e independiente, ya que era la única hija de un matrimonio de fabricantes y comerciantes en calzado, que habían perecido en un accidente de aviación hacía cuatro años atrás cuando ella tenía solamente 29 años.

Por mi parte yo le conté que vivía solo igual que ella, que vivía de las rentas de las inversiones que había heredado de mis padres, que estaba en busca de algún trabajo que me ayudara a paliar mi soledad, y que ya había cumplido los 35 años.

Como mientras caminábamos, yo le había contado todos mis anhelos de fetichista de tacones, ahora ella me contó los suyos, que eran los de encontrar a alguien que tuviera gustos y costumbres parecidos a los de ella, para acompañarse mutuamente y platicar la amistad sin tener que esforzarse en solucionar problemas por diferencias de opinión sobre el modo de enfrentar la vida en común.

Estábamos tan enfrascados en nuestra conversación que no nos habíamos dado cuenta que mucha gente se había detenido frente a la ventana de la calle y nos miraba sin mucho disimulo, atraídos sin duda por la excepcional espectáculo de las maravillosas piernas de mi compañera rematadas en sus altísimos y afilados tacones.

Al hacérselo notar, ella sonriendo con picardía me dijo que ya estaba acostumbrada a ser motivo de la curiosidad y que como era bastante exhibicionista, le encantaba que la miraran mucho y que talvez por eso usaba su tacones tan altos, y me propuso que olvidáramos de preocuparnos por eso.

Pero la cosa no quedó así, ya que el propietario del café, en persona, salió de la caja y se nos acercó a conversar, diciéndonos que nos agradecía mucho el interés que estábamos provocando entre sus clientes, ya hasta los curiosos estaban ingresando y pidiendo cafés a raudales.

Nos dijo que estaba deseoso de contratarnos a cualquier precio, para que viniéramos todas las veces que pudiéramos a colocarnos allí, ya que gracias a nuestra presencia se había repletado su local como nunca antes.

Estefanía le agradeció sus propósitos y le ofreció hacerlo así, pero que lo haría solo a cambio del café gratis para los dos y a su grato saludo, ya que le fascinaba que la gente la pudiera admirarla con tranquilidad y sin molestarla, porque eso le encantaba.

Las chicas atendedoras del café que iban bien ligeras de ropa y con enormes plataformas para elevar sus tacones al máximo sin cansarse de tanto trajinar, se le acercaron también y le expresaron su admiración por su gran destreza para caminar con esos vertiginosos tacones y pasearse con ellos tan fácilmente.

Esa destreza les provocaba mucha envidia, porque ellas trataban de hacer lo mismo para atraer a mas clientes lo que les significaría mas generosas propinas, pero que sin la ayuda de sus plataformas les era imposible trajinar todo el día con ese sensual altura,

Ella les agradeció sus elogios y les explicó que podía hacerlo así porque sus padres le habían contratado clases de ballet desde los tres años y que como ellos eran propietarios de una fábrica especializada en calzados de esa clase, le había sido posible entrenarse perfectamente en usar esos tacones de gran altura, sin dificultad mayor.

Después, a mí me contó que a su madre le habían fascinado siempre las tacos altísimos, y que a su padre también, porque en eso el había sido muy parecido a mí, por eso desde tan niña la habían entrenado en ese verdadero arte que es el usar tacones de mucha altura sin gran problema.

Además como calzaba Nº 41, o sea Nº 11 de USA, era capaz de usarlos incluso de mucho mas altura todavía, pero que se bajaba a solo 14 cm. ( 5 ½”) para el trajinar de cada día, ya que con esa altura podía hacerlo sin cansarse mas allá de lo normal.

Yo quedé como loco con sus explicaciones, y juré a mi mismo tratar de a lo menos igualarla alguna vez, pero sabía que eso me sería imposible, ya que es el ballet desde muy pequeño el que permite esa verdadera hazaña de usar tacones tan extraordinariamente altos.

Yo ya estaba perdidamente enamorado de esa maravillosa mujer y sería capaz de cualquier cosa por conseguir que me correspondiera, ya que ella era exactamente la clase de mujer que yo siempre había estado buscando desde que tuve el conocimiento de que era un fetichista irremediablemente consumado por esos tacones de maravilla.

Sin pensarlo más le dije de un sopetón que estaba totalmente seguro de que ella era exactamente la mujer que siempre había estado buscando, para poder unirme a ella por toda mi vida, ya que ella comprendería claramente siempre mis deseos de fetichista empedernido.

Además que yo creía que ella iba a convertirse en una verdadera cómplice de mis anhelos fetichistas, lo que me haría, si ella aceptaba, el mas feliz de los hombres y por esa razón yo también sería capaz de hacerla mas que feliz, si ella seguía siendo como era.

Sonriendo con mucha picardía, me preguntó en tono bromista que como estaba tan seguro de su reacción ante mi proposición, pero de inmediato se puso muy seria, y me dijo que ella también estaba convencida de lo mismo,

y enseguida se me acercó y me besó suavemente en los labios, diciéndome que estaba segura que yo sería para ella el amante perfecto que ella había anhelado desde muy niña, su verdadero, y ahora real, príncipe azul.

Yo estaba tan emocionado con sus palabras de aceptación, que sin importarme la presencia de los demás clientes, la estreché entre mis brazos y la besé con intensa pasión.

Nos costó bastante salir del café, ya que los innumerables mirones estaban aplaudiendo a rabiar y nos pedían: bis, bis.

Pero lo hicimos lo mas rápido que pudimos, ya que sus tan altos tacones no le permitían correr , nos subimos a un taxi que pasaba por ahí indicándole que nos llevar a su departamento, cuya dirección le indicó mi tan amada compañera.

Al momento de llegar entramos y tomamos el ascensor, el que llevó directo su magnífico y único departamento en el 24º piso, el piso mas alto del edificio, allí bajamos, entrando directamente al hall de llegada de ese departamento que era de su exclusiva propiedad, ya que además de ser preciosa, la niña era muy rica, según supe después.

El departamento era enorme y muy lujoso, pero no alcancé a mirarlo con detalle esta vez, ya que ella me tomó de la mano y me llevó a su dormitorio donde me dijo que teníamos que desvestirnos para lo que ponía a mi disposición el baño vecino.

Ella de inmediato se sacó solo el vestido y la faja y se cambió de zapatos subiéndose a unos vertiginosos Oxfords de gamuza negra con delgados tacos de 7″ o sea de 18 cm, 4 cm. más altos aún que sus anteriores.

Nuevamente me tocó admirar su gran destreza en usar esas maravillas de zapatos cerrados, con un taco extremo de tal altura, pero ella los usaba sin ningún problema y caminaba con ellos con gran soltura.

Yo me había colocado otra vez unos tacos de 6,5″ o sea de 17 cm. pero con ellos me costaba bastante caminar y tenía que hacerlo con las rodillas a punto de doblarse, ya que no tuve tiempo de entrenarme lo suficiente, por no ser míos.

Yo no podría jamás caminar así con esa facilidad aunque me entrenara con sus nuevos tacos de 7″ que ella los manejaba tan bien.

Pero ella me desafió a ver si podría usarlos y me puse unas de sus medias y me subí a los famosos Oxfords con 7″ de taco, de los que ella se había sacado para facilitármelos a mi, en prueba.

Con ellos bien atados al pié me paré y lo pude hacer pero con las rodillas un poquito dobladas, al tratar de caminar, pude dar solo unos pocos pasos en dirección a ella, ya que al llegar tropecé, y caí en sus amorosos brazos, ella me consoló de mi humillante fracaso con muchos besos y caricias sin fin, los que terminaron en un apasionado encuentro que volvió a llenarnos de mucha felicidad.

Mas tarde ella me contó que fue su familia, mas que nada, la causa de su acendrado erotismo por los tacos altísimos, ya que sus padres se casaron llevados por la misma común afición a esa clase de tacos, y que por ello se dedicaron con gran entusiasmo a la fabricación de esa clase de calzado.

Con eso en común, tenían una vida muy feliz ya que el gran erotismo que les causaba su afición por esos zapatos, los llevaba a tener una intensísima e incansable vida sexual, lo que los mantuvo siempre muy unidos y felices. Al constatar ella esa armonía tan perfecta por largos años, no pudo menos que tratar de seguir su exitoso ejemplo.

Por lo anterior, ella sabía muy bien las consecuencias de mi fetichismo, por lo que pronto, me sugirió que yo tomara algunas cosas de sus closet y me vistiera como a mi excitaba mas, para que continuáramos mejor todavía con nuestras sesiones amorosas.

Para ello me llevó a la enorme pieza con sus tan bien surtidos closet y allí comparamos nuestras respectivas medidas.

En el busto, ella tenía 90 cm. el que con sus copas del tamaño DD le daban un contorno de 102 cm., Yo tengo de contorno 104 cm.

En la cintura, ella tenía 72 cm. y yo 92 cm. y

En las caderas su contorno era de 96 cm. y las mías eran de 90 cm.

En estatura, la suya eran 169 cm. y la mía era de 178 cm.

En calzado, ambos teníamos el mismo Nº 41

De este modo con la similitud de nuestros cuerpos, nos era posible intercambiar ropa y zapatos sin problema alguno, ya que a mi me bastaba apretarme a fondo la cintura y agregar rellenos en glúteos, caderas y senos, para que sus ropas me quedaran aceptablemente bien.

Abriendo el closet correspondiente, ella me escogió un sólido y firme corset de gamuza negra, con rellenos de silicona para los glúteos, las caderas y los abultados senos de textura casi natural, además tenía 8 tirantes para las medias.

De otro closet sacó un par de preciosas medias de nylon negras con anchas ligas bordadas y refuerzo de Lycra que le daban un intenso brillo.

Y al final escogió para mi, unas maravillosas sandalias negras de cabritilla, con una nube de tirillas muy finas que me las ataban firmemente a mis pies y que tenían un delgadísimo taco de metal plateado de 5 ½” de alto o sea de 14 cm.

Ella misma me ayudó a bañarme en la tina con sales perfumadas y luego a ceñirme el asfixiante corset, el que había que apretarlo a fondo para que me calzara bien en la cintura, y luego, a colocarme las finas medias y las preciosas sandalias.

Luego ella también se cambió, y yo estuve ayudándola en cada paso, se puso casi las mismas cosas que me puso a mí, pero todas de color rojo intenso y calzó unos increíbles zapatos cerrados con cordones modelo Oxford rojos con plataformas internas en forma de cuña tan especialmente hechas que nada se notaban externamente, las que le permitían usar y caminar bien con unos fabulosos y esbeltísimos tacones de metal dorado de 8″ o sea de 20,3 cm.

Se veía muy esbelta, tan altísima y magnífica como una verdadera Diosa del Olimpo, ya que subida en esos tacos su estatura llegaba a casi 1.90 mt., en cambio yo con los míos de 14 cm. apenas llegaba a 1,94 mt.

Cuando terminamos de vestirnos tan sensualmente, ambos estábamos mas que preparados para hacer el amor, ya que durante la sesión de vestirnos no habíamos cesado de darnos apasionados besos y hacernos caricias cada vez mas cálidas.

De modo que con un apasionamiento enorme, dimos feliz término a la sesión de vestirnos, con un entusiasmo tan sensacional, que nos hizo llegar mas fabuloso de los clímax asidos fuertemente como con desesperación, y luego cayendo rendidos y aun acoplados, hasta despertar estrechamente abrazados.

Esa tarde y esa noche hicimos el amor muchas veces, no llevábamos cuenta, pero no pueden haber sido menos de una 10 veces y sin sacarnos nada de esa ropa tan sexy, ni esos maravillosos zapatos tan incitadores para estimular el sexo.

En la mañana tomamos un desayuno muy abundante, ya que teníamos un hambre de lobo, y luego nos sacamos la ropa para poder ducharnos,en la misma ducha volvimos a hacerlo aprovechando la íntima proximidad de nuestros cuerpos, una y otra vez, hasta que ya exhaustos de tanto amor, salimos y nos secamos.

Como teníamos los medios mas que suficientes, planeamos hacer una gira por el mundo en calidad de luna de miel, dejando a nuestros abogados a cargo del negocio por ese momento.

Fueron unos meses maravillosos en los cuales paseamos e hicimos el amor interminablemente.

En uno de estos viajes tomamos un crucero por mar, y en esa ocasión se nos ocurrió que para poder disfrutar de nuestro fetiche todo el tiempo, sin tener que afrontar la curiosidad de de los otros pasajeros, íbamos a simular que éramos dos íntimas amigas en viaje de placer.

Para eso fue imprescindible que yo me transformara en todo instante en una casi perfecta mujer muy imposible de descubrir, para lo cual teníamos que tomar las más cuidadosas precauciones.

Menos mal que tengo una barba débil, que es bien rala, por lo con que solo aplicándome una gruesa base de maquillaje después de un buen afeitado bien cuidadoso, sería suficiente para todo un día.

En el cabello no tendría problema, ya que lo usaba bien largo y tomado en una cola, siendo bastante liso, por lo que era suficiente teñírmelo de ese rubio tan de moda y hacerme un peinado bien apropiado para cada situación, para quedar perfectamente bien preparado.

La transformación tenía que ser lo más perfecta posible, ya que si alguien a bordo se percataba del cambio, no tendríamos sitio alguno donde poder estar o pasear, durante el resto de la travesía y solo podríamos quedarnos encerrados en nuestro camarote hasta el desembarco, so pena de sufrir miradas burlonas de los demás pasajeros y. su posible discriminación.

Ya que todavía había bastante tiempo antes de embarcarnos, pudimos perfeccionar más todavía nuestra preparación, así es que me sometí a un tratamiento radical para extirpar mi barba total y permanentemente.

Esto se hizo en base a quemar con electricidad pelo por pelo mi débil barba, el tratamiento fue muy lento y muy caro, pero valió la pena, ya que quedó perfecto, de tal modo que no me he tenido que afeitar nunca más.

El paso siguiente fue mandar a confeccionar en un sitio muy especial y privado que encontramos en la Web, un juego de calzones de una tela muy transparente pero muy firme, fina y delgada, lo mas diminutos posibles y del color de mi cuerpo.

Estos calzones me tenían que apretar muy ajustados, de tal modo que modelaran al máximo mi cintura y la dejaran lo mas estrecha posible, además tenían unos abultados rellenos de silicona fijos por su interior, que me remodelaban las caderas y los glúteos para darle unas formas mas femeninas.

En este mismo taller se hizo confeccionar un juego de petos de iguales materiales y características que los calzones, el que era posible de ser adherido casi invisiblemente por adelante a mi torso, con un pegamento especial que hacía posible de retirarlo en forma muy sencilla con una crema especial.

El peto tenía las formas de un par de senos de un tamaño bastante grande, pero no tanto como para hacerlo demasiado evidente, estas formas iban rellenas con silicona las que tenían un toque muy natural al tacto.

Con estas prendas tan especiales, podría incluso usar un traje de baño normal, pero no un bikini, y dentro de mis calzones tan ceñidos, era posible disimular muy bien mis testículos, ya que irían metidos en su cavidad natural dentro de mi cuerpo. existente desde la infancia.

En cuanto al pene mismo iría en el mismo lugar pero por fuera de mi cuerpo, por el interior del calzón, metido hacia atrás por el entrepiernas, de tan modo que me era posible orinar sentado en un inodoro, ya que habría en el calzón, un espacio para ello hacia su parte posterior.

Con toda esta parafernalia colocada, restaría hacer todas las preparaciones normales, previas a una salida en público, o sea, maquillarme completamente, y colocarme uñas adheridas y pintadas según la moda.

Posteriormente a esto solo sería necesario vestirme y calzarme los zapatos, según lo que correspondiera a cada ocasión.

Pero siempre que correspondiera y en cada caso particular, tendría que llevar zapatos de cualquier estilo, pero siempre tratando de usar los tacos mas altos que todas las demás mujeres, de tal modo de dar primacía, principalmente a mi fetichismo

Cuando ya todo lo anterior estuvo preparado, nos embarcamos en el crucero para un viaje de 85 días recorriendo el contorno de América del Sur , pasando por el estrecho de Magallanes, haciendo rumbo a Europa y posteriormente, bajando por África, dirigirnos al Oriente, visitando las islas del Ïndico,

llegando a las islas de la Especias, pasando al Japón y a China, para llegar a los EE.UU y retornar a este país.

Durante este largo periplo, pasamos grandes aventuras y disfrutamos de un ininterrumpido amor que se vio bastante complicado por el gran éxito que hubo entre todos los pasajeros gracias a nuestra tan atractiva presencia y a los ardientes deseos de muchos de ellos de conseguir nuestros favores sexuales, cosa que a veces nos fue muy difícil de parar sin provocar problemas.

En nuestra pasada por el Oriente, en Japón supimos de unos ingenieros que habían diseñado una máquina electrónica, una especie de Scanner, que tomaba con absoluta exactitud las formas de un pie humano en tres dimensiones, y las pasaba a una computadora.

La computadora a su vez manejaba otra máquina la cual fabricaba unas hormas para calzado, que eran una copia exacta de los pies de esa persona humana, así esto hacía posible la fabricación unos zapatos que calzaban absolutamente bien al cliente, sin problema ni dolor alguno.

Ambos estuvimos de acuerdo en comprar esa máquina y su patente a cualquier precio, ya que la máquina nos permitiría garantizar que cualquier persona con pies difíciles, tendría un calzado absolutamente cómodo y sin problemas de ninguna especie.

Eso nos crearía una clientela muy selecta que sería capaz de pagar grandes sumas por un calzado de esa clase y a

su vez nos permitiría crear una nueva clase de calzado que pudiera hacer posible llevar zapatos con un tacón bastante mas alto, y prácticamente sin problemas, para las clientes aficionadas a los tacones muy altos, lo que nos convertiría en los reyes de esta clase de calzado.

Compramos la máquina y su patente en una cifra bastante prudente e incluso contratamos a los ingenieros que la diseñaron, para que nos diseñaran nuevos programas apropiados para nuestros designios de calzado con tacones excepcionalmente altos.

Con estas novedades retornamos y procedimos ampliar la fabrica de nuestro antepasados, lo que nos dio gran fama en todo el orbe y nos comenzaron a llegar numerosos pedidos que cumplimos cabalmente, para la delicia de nuestros nuevos clientes lo que aumentó aún más, nuestra ya bien ganada fama.

Bebo la orina de mis compañeras de trabajo y me pillan

Todo comenzó un día en el que mi ex-novia y yo estábamos en plena faena, en un perfecto sesenta y nueve, ella arriba y yo abajo. En un momento dado, motivada por el frío o por lo que fuera, ella estornudó, escapándose le un poco de pis directamente en mi boca. Confundido y sorprendido por la situación yo me lo tragué mientras que ella se ponía roja como un tomate y se levantaba para pedir reiteradas disculpas. Ella estaba más que avergonzada, es una chica muy pudorosa y el hacer un sesenta y nueve ya era mucho para ella, cuánto más lo que acababa de pasar. Como comprenderéis, de lo avergonzada que estaba ya no hubo forma de reanudar lo que estábamos haciendo por más que hablé con ella; y acabó marchándose de mi casa, dejándome con una excitación física y mental tremenda.

Otro tema muy distinto era yo. Aquello había resultado ser una delicia en mis labios, un manjar para mi paladar, el mejor de los elixires para mis papilas gustativas. Nunca hubiese podido imaginar que aquello me pudiese gustar tanto. Cierto es que había oído hablar de la lluvia dorada, pero de ahí a poder saborearla directamente del cuerpo de una mujer había un abismo.

A partir de ese día aquella situación se convirtió en una obsesión para mí. Mi único objetivo era volver a repetir la experiencia, pero no un sorbo, como fue la vez pasada, sino todo el contenido de su vejiga. Día tras día se lo decía a Susana (así se llama mi ex-novia), pero ello en vez de acercarme a mi objetivo me apartaba cada día más. De hecho no volvimos a practicar el sesenta y nueve nunca más. Y nuestra relación se enfriaba al mismo ritmo que yo me calentaba pensando en poder repetir la experiencia. Hasta que llegó el día, dos semanas después, en el que me dijo aquello de: “discrepancias irreconciliables en cuestiones de sexo” y se marchó para no volver más, quedándome yo solo con mis pensamientos y fantasías.

En aquel entonces, al igual que hoy, vivía solo en un piso de alquiler, pequeño, pero suficiente para mí. Tengo un trabajo que me proporciona un sueldo que me permite pagar el alquiler y mantener mis gastos, sobre todo si casi cada día voy a comer a casa de mis padres que viven a quince minutos caminando de mi curro, con lo que no tengo que preocuparme ni de la comida ni de la cena, la cual mi madre me da en un bol de plástico cada día.

Hasta ese día no había tenido ni teléfono en casa, ya que con el móvil me bastaba, pero a las pocas semanas de dejarme Susana ya tenía ordenador y una conexión de fibra óptica de 300 megas instalada y funcionando a todo trapo. El repetir aquella experiencia líquida se había convertido en una obsesión para mí, quería saber más y empecé a navegar por internet con dos únicas palabras en mi mente “lluvia dorada”. Pude encontrar muchas páginas dedicadas al tema, pero pocas gratuitas. Ello no quitó que pasase varias horas al día pegado al ordenador viendo videos y leyendo relatos de mujeres meando sobre hombres. Lo que más me excitaba no era tanto el mear uno sobre el otro, sino el que el hombre pudiese saborearlo y bebérselo.

Eso me había obsesionado, yo quería volver a probarlo, volver a saborear ese elixir, ese líquido destilado saliendo del manantial de una mujer, saciar mi sed y mi lujuria con el “agüita amarilla” de una hermosa hembra.

En el trabajo somos diez personas, nueve mujeres (con edades comprendidas entre los veinte y los cuarenta años, incluida mi jefa) y yo. Es por eso que tenemos dos váteres, uno para ellas y otro para mi, aunque están juntos en el mismo lavabo, puerta con puerta, compartiendo la pica para lavarnos las manos. Como soy yo el único hombre en la empresa, en ocasiones, si está ocupado el de mujeres utilizan, el de hombres.

Mi puesto de trabajo está al lado de la puerta del lavabo, con lo que puedo ver quién entra y sale y el rato que pasa dentro. Mi fantasía ya era obsesión y sólo pensaba en lo que estaban haciendo dentro cada vez que entraban, imaginándome saboreando sus efluvios, incluso en alguna ocasión pensando que era yo el váter sobre el que meaban, pudiendo saciar mi sed, con lo que obtenía una tremenda erección.

El viernes de hace dos semanas, en un momento que estaba muy concentrado en mi trabajo no me fijé que habían entrado dos de mis compañeras en el lavabo, y cuando mi vejiga me reclamó ser vaciada me levanté de mi puesto y fui al lavabo para cambiar el agua al canario, pero al entrar descubrí que ambos estaban ocupados, así que decidí volver a mi puesto y esperar a que salieran para utilizar el mío. Pero en cuanto me dispuse a salir, se abrió la puerta del váter de hombres, saliendo de él una de mis compañeras, concretamente Silvia, la que se sienta en la mesa que está al lado de la mía, también muy cerca del lavabo. Así que sin pensarlo me metí dentro y mientras que con una mano levantaba la tapa del váter, con la otra iba a echar el pestillo de la puerta cuando: ¡Sorpresa! ¡No había tirado de la cadena del váter!

Estaba petrificado, tenía ante mí un váter lleno de líquido amarillo calentito que acababa de dejar mi compañera. Por mi mente pasaron miles de cosas, pero había una que no salía de ella: hincarme de rodillas en el suelo y beberme ese líquido. Como soy hombre sufrí un momentáneo atrofiamiento de mi cerebro, ya que toda mi sangre se acumuló en un único punto de mi cuerpo: mi erecto pene. Sin saber cómo me encontré de rodillas al lado del váter, metiendo la mano en el preciado líquido y bebiendo de ésta. Lo que pude saborear, a pesar de estar un poco aguado, era más de lo que yo podía resistir, era una delicia, un placer para mis sentidos, el mejor líquido que pudiese beber. Yo ya no pensaba más que en acabarme aquél líquido, así que metí las dos manos y haciendo un cuenco las llené y me las llevé a la boca para volver a saborear ese elixir. En esto estaba cuando escuché:

¿Pero qué haces cerdo?

Con la sorpresa no había terminado de cerrar la puerta y la había dejado entreabierta. Era otra compañera, Olga, la encargada de una de las dos secciones, que estaba en el váter de al lado y había terminado sin que me diese cuenta y al salir me había visto en tal posición, bebiendo el pis de Silvia. Con el grito apareció en escena Silvia acompañada de mi jefa: Carla.

(Carla) ¿Qué pasa aquí?

(Olga) Que he pillado a este cerdo bebiendo del váter.

(Silvia) Pues seguro que eso es mío, porque me acabo de dar cuenta de que no había tirado de la cadena.

(C) Vaya, así que tenemos un cerdo sediento entre nosotras. ¿Te gusta lo que estás bebiendo?

Yo no podía contestar, no sabía qué contestar, con el empalma miento que llevaba no tenía riego suficiente en el cerebro para pensar racionalmente y necesitaba un tiempo que no tenía para aclarar mis idear y emitir sonidos coherentes por mi boca, ya que hasta ese momento sólo había podido emitir un único monosílabo: Eeeeeh.

(C) Levántate y contesta.

(O) Viendo esa tienda de campaña en su pantalón, creo que no hace falta que conteste.

Yo me había puesto de pié y como no me había dado tiempo a que se me bajase el empalmamiento, se me marcaba un gran bulto en el pantalón, el cual respondió por mí a su pregunta.

(C) Ya veo que sí te gusta y por el bulto del pantalón parece que bastante.

En ese momento se les cambió la cara a todas, pasando de sorpresa-enfado, a rabia-venganza, y no sé cual de ambas expresiones me preocupaba más.

(C) Silvia, sal y haz un cartel que ponga: “Fuera de servicio” y lo cuelgas en la puerta del lavabo y si alguien te pregunta algo di que se ha roto una tubería y que no se puede utilizar en lo que resta de tarde y vuelves a entrar. ¡Rápido!

Silvia salió y volvió a entrar en menos de un minuto, el cual se me hizo eterno, de pié ante aquellas dos mujeres que me miraban de arriba abajo y compartían entre ellas sonrisas cómplices, mientras que yo me arrepentía cada vez más de haberme arrodillado ante el váter y haber probado de aquél néctar de mujer.

(C) Así que te gusta beber del váter. ¿hace mucho tiempo que lo haces?

(Yo) No, es la primera vez.

(O) ¿Seguro?

(Y) Sí, de verdad, es la primera vez que lo hago.

(C) Pero no es la primera vez que lo pruebas ¿Cierto?

(Y) No, la primera vez fue hace unos tres meses con mi novia.

(O) ¿Y lo has seguido haciendo hasta hoy?

(Y) No, no he vuelto a tener ocasión, ella me dejó dos semanas después.

(S) No me extraña, yo hubiese hecho lo mismo con un depravado como tú.

(O) Me parece que acabamos de encontrar una mina de oro con este chaval. (Ambas son mayores que yo)

(C) Pues sí Olga, y esto hay que explotarlo al máximo. Camilo, me parece que te has metido en un buen problema. En este momento tienes dos opciones. O pides la baja voluntaria sin protestar y no vuelves a aparecer por aquí en tu vida, aun que eso no te garantiza que te pongamos una demanda por acoso sexual, con lo que ello significaría: la cárcel, o aceptas lo que te propongamos sin rechistar.

(Y) ¿En qué consiste…?

(O) Eso da igual, ¿Aceptas o te marchas?

Hacía unos días había leído en el periódico que a un hombre por poner una cámara en el vestuario de mujeres le habían metido en la cárcel y lo mío no pintaba mejor que aquello. No quería ir a la cárcel pero tampoco sabía lo que ellas me propondrían. Lo que estaba claro es que eligiese lo que eligiese iba a tener consecuencias nefastas para mí.

(Y) Vale, acepto ¿De qué se trata?

(C) Sabia decisión.

(O) Para empezar toma este vaso, ya sabes lo que tienes que hacer con él.

(C) Y que no quede ni una gota.

Me estaban ordenando que continuase bebiendo del váter. No salía de mi asombro. Estaba totalmente paralizado con el vaso en la mano, mirándolas a las tres sin saber qué hacer. Estaba claro que Silvia estaba sólo como espectadora y que tanto Carla como Olga eran expertas en mandar y organizar, ya que en cuestión de minutos y sin decir una palabra entre ellas, habían urdido un plan para mí.

(O) ¿A qué esperas?

La voz de Olga me hizo despertar de mi letargo, haciendo que me dirigiese nuevamente al interior del váter para obedecer sus órdenes.

(S) Me parece que mis meados le gustan demasiado, vuelve a estar empalmado.

Silvia tenía razón en parte, no eran sus meados, eran los meados de cualquier mujer, pero en este caso eran los suyos los que provocaban en mí una erección de campeonato. Así que me incliné e introduciendo el vaso en el váter lo llené de ese líquido amarillo y me lo bebí, pudiendo saborear nuevamente el preciado líquido destilado por mi compañera.

(C) Como veo que te encanta y estoy seguro que te has quedado con sed, vas a seguir bebiendo hasta que yo te diga. Silvia, ve a los chinos de aquí al lado, compra un embudo grande y vuelve a entrar, pero trae también una botella vacía de litro y medio que llevo todo el día sin mear.

No podía creer lo que estaba oyendo, mi jefa me iba a ofrecer toda su orina, sus meados, su pipí, su elixir destilado, su “agüita amarilla”… a mí. Aquello superaba todo lo que yo me había imaginado en estos tres meses. Justo cuando terminaba de vaciar el váter aparecía Silvia por la puerta con la botella y el embudo, dándoselos a Carla en cuanto entró. Mi jefa se quitó las braguitas quedándose con la falda puesta, puso el embudo dentro de la botella y se puso en cuclillas ante mí, levantándose levemente la falda para poder ver si se llenaba la botella, ya que al llevar todo el día sin mear podría tener más de litro y medio almacenado.

(C) ¡Espera! Son menos cuarto, Olga, sal y di a todas que ya se pueden marchar a casa, que como es viernes y el lavabo se ha estropeado que se marchen todas, y no hace falta que fichen, que ya lo haré yo por ellas a las seis. En cuanto se marchen cierras la puerta de la calle con llave y vuelves a entrar. Te espero.

Tal y como Olga salió y dio la noticia se oyó un poco de alboroto y los tacones de todas alejándose hacia la puerta de la calle. No habían pasado ni dos minutos y Olga había vuelto a entrar.

(O) Ya se han marchado todas, he cerrado la puerta con llave y he apagado las luces de la entrada.

(C) Muy bien Olga. Me parece que he cambiado de planes y la botella no me va a hacer falta. ¡Estírate en el suelo boca arriba! Y pobre de ti que me toques o que no te bebas todo lo que te voy a dar.

Yo me tumbé en el suelo esperando lo que intuía que iba a pasa: ¡Iba a mear directamente en mi boca! Y no me equivoqué demasiado, pero en vez de hacerlo directamente lo hizo ayudada por el embudo. Así que me puso el embudo en la boca, se volvió a levantar la falda, pudiendo contemplar esta vez un coño completamente depilado, se puso encima de mi boca mostrándome ese maravilloso coño y se agachó hasta quedar en posición.

(C) ¡Traga y que no se llene el embudo! No me gusta parar cuando estoy meando. Como me toque parar te prometo que tus pelotas sufrirán mi ira.

Aquellas palabras penetraron en mi mente como una orden, así que me dispuse a tragar con la mayor rapidez que pudiese. Y no tuve que esperar demasiado, ya que en unos segundos, enfrente de Olga y Silvia, se puso a mear en el embudo. En esa posición no podía ver cómo salía ese líquido destilado del coño de Carla, pero lo que estaba saboreando compensaba con creces cualquier ausencia de visión e incluso los insultos que recibía por parte de las tres.

(S) Cerdo, nunca hubiese podido creer que alguien fuera tan puerco como para beberse los meados de otro.

(O) Pero no ves el paquete que tiene en el pantalón, si encima está disfrutando ¿Pero se puede ser más puerco?

(C) Se está llenando el embudo, bebe más deprisa o se lían a darte de patadas en las pelotas hasta que se te baje el empalmamiento.

(O) Qué pena que no me quede nada, porque me estoy poniendo cachonda y me encantaría darle de beber.

(S) ¡Olga! ¿Tú también?

(O) Pues claro ¿Pensabas a caso que esta es la primera vez? No bonita, no. Esto es algo que de tanto en tanto hemos podido practicar con nuestras respectivas parejas. No olvides que Carla y yo somos amigas desde el instituto y tenemos muchas cosas en común fuera de la oficina, tanto que desde hace más de medio año compartimos piso.

(C) Me parece que este cerdo nos va a servir muy bien a partir de ahora.

Cuando Carla vació su vejiga completamente, hasta la última gota de su destilada esencia, en mi sedienta boca, se limpió con el papel que ya tenía preparado Olga para ella, se levantó poniéndose nuevamente las braguitas y, arreglándose la falda, continuó con sus planes para mí:

(C) Olga, llama ahora mismo a Juani y dile que quiero que vengan mañana por la mañana y que adapten el cuartito de limpieza para este cerdo.

(O) Esto va a ser mucho mejor que con el anterior.

¿Anterior? Por eso supo enseguida qué es lo que tenía que hacer y cómo, esa soltura y falta de vergüenza a la hora de descubrir sus intimidades y ponerse a mear frente a sus subordinados: no era la primera vez que lo hacía.

Mientras que mi mente asimilaba las palabras de Carla y Olga y los acontecimientos sucedidos, mis papilas gustativas se recreaban una y otra vez en saborear aquél manjar, elixir procedente del manantial de esa mujer. Todavía me quedaba el sabor de su “agüita amarilla” y lo estaba disfrutando. Nunca en mi vida me hubiese imaginado que podría hacer realidad de esta manera tan brutal mis fantasías de saborear el néctar destilado por mujer alguna, directamente del manantial.

(C) Levanta cerdo. Como habrás comprobado, no tengo ningún reparo en mearme en tu boca, más bien es algo que tanto a Olga como a mí nos fascina y siempre que hemos tenido oportunidad lo hemos hecho con nuestras respectivas parejas. Incluso llegamos a tener a un cerdo en casa para las dos por un mes, pero un buen día desapareció y no hemos vuelto a saber nada de él. Así que tú le vas a substituir. El lunes llegarás dos horas tarde al trabajo. En cuanto llegues vienes directamente a mi oficina, allí te estaremos esperando Olga, Silvia y yo y tendremos una chala en la que te explicaremos cuáles serán tus nuevas funciones y puesto de trabajo.

(O) Para que se te quite cualquier idea de no venir el lunes a trabajar, te voy a mostrar las fotos que te he estado tomando con el móvil sin que te dieras cuenta, en las que se te ve muy bien la cara y todo lo que has estado haciendo, pero en las que no se nos reconoce a ninguna de nosotras. Así que si no quieres que esto llegue a otras personas, como por ejemplo un juez, más te vale que aparezcas por esa puerta el lunes a las once en punto.

(C) ¿A quedado claro?

(Y) Sí, muy claro. El lunes a las once de la mañana en su despacho.

(O) Y tú Silvia ni una palabra de todo esto a nadie.

(S) La verdad es que después de ver a Carla mearle en la cara a Camilo y cómo le crecía el paquete me he calentado y yo también quisiera probar.

(C) No te preocupes, si aparece el lunes, que aparecerá, tendrás muchas ocasiones para hacerlo y disfrutar con ello tanto como lo hacemos nosotras. Y tú, cerdo, ya puedes largarte.

Cogí mis cosas y me fui para casa intentando asumir lo que había pasado y lo que podía pasar a partir del lunes. Tan sólo por un instante pasó por mi cabeza el hecho de no volver al trabajo, de dejarlo todo y buscarme otro curro, e incluso el gastarme parte de los ahorrillos en irme de vacaciones un mes a algún sitio muy lejano, para no hacer nada y olvidarme de todo, mientras que las cosas se enfriasen, especialmente mi cabeza, la cual estaba en ebullición con tantos acontecimientos seguidos. Pero enseguida comprendí que esa no era una opción, ya que estaba pillado y no tenía otra salida que enfrentarme a la realidad y hacer frente a mi nueva situación en el trabajo, al servicio personal de Carla, Olga y Silvia.

Cuando llegué a casa, con el calentón que llevaba, me hice una paja de campeonato recordando lo que hacía menos de media hora acababa de vivir, saboreando una y otra vez los restos de su orina que quedaban en mis papilas gustativas. Cuando ya me había desahogado y calmado de la excitación, me dediqué a limpiar un poco el piso, cenar, ducharme y ver un rato la tele, o más bien hacer zapping en la tele, porque ver no vi nada que mereciese la pena; tampoco encendí el ordenador, ya que ya había tenido bastante dosis de sexo atípico esa tarde. Así que me fui a dormir bastante temprano.

Esa noche tuve una y otra vez el mismo sueño, aun que como sueño que es no tiene demasiado sentido, pero resumiendo el sueño más o menos iba así: Yo estaba en una habitación muy grande sin ningún mueble salvo una cama, tamaño matrimonio, de esas estilo Luís XVI, con columnas de metal y techo de lona, con cortinas en los laterales, en la que estaba tumbado, desnudo y atado a las cuatro columnas, con las piernas y los brazos abiertos. De repente se abre la puerta que está a los pies de la cama, al lado izquierdo de la misma y aparece una mujer, la cual no reconozco al no distinguir su cara (es un sueño) y dirigiéndose a mí me dice:

Tienes sed, me parece que hoy no te hemos dado ni de comer ni de beber.

Y subiéndose a la cama, desnuda de cintura para abajo, plantó su rasurado coño sobre mi cara y se dispuso a mearme directamente en la boca, pudiendo yo saborear ese néctar de mujer.

Muy bien cariño, veo que tenías mucha sed, no has derramado ni una gota.

Y dicho esto se bajó de la cama y se marchó por donde vino. Inmediatamente salida ésta de la habitación entró otra mujer a la cual tampoco reconocí y siguiendo el mismo patrón que la anterior, se subió a la cama y me plantó su también depilado coño en mi boca, para darme de beber su preciado líquido, obteniendo yo una erección inmediata.

¡Vaya! Parece que el nene tiene hoy ganas de guerra. Pues espero que tengas mucha sed porque hoy he estado todo el día bebiendo mucha agua pensando en ti, así que hazme feliz y bébete todo lo que te dé.

Como comprenderéis me bebí todo, todo, todo. Creo que está de más decir que aquello a pesar de ser un sueño lo estaba disfrutando como si fuese real, como si realmente tuviese encima de mi boca ese peloncete coño dispuesto a darme de beber, ese manantial de “agüita amarilla” destilada especialmente para mí.

Muy bien, ahora que ya hemos saciado tu sed, es hora de saciar tu hambre.

Y con un ligero movimiento puso su culo donde antes tenía su coño, para darme de comer tal y como antes me había dado de beber: con lo destilado por su cuerpo, pero en esta ocasión en forma sólida. Yo abrí bien grande mi boca y me dispuse a alimentarme con lo que aquél cuerpo me ofrecía.

Este sueño se repetía una y otra vez, como si pudiese ver en él el futuro que me esperaba: perder mi libertad y ser alimentado por las deposiciones y orines de bellas mujeres.

Cuando me desperté tenía un empalmamiento tremendo, quizás motivado por todo el líquido que había bebido y acumulado durante la noche (Je, je, je)

Para no aburriros explicándoos mis horas de búsqueda en internet sobre los efectos de la ingesta en grandes cantidades de orina humana, os diré que acabé dándome de alta en un par de páginas de dominación femenina en el que incluían un montón de vídeos de lluvia dorada y scat, algo que duró todo el fin de semana, descansando lo justo para comer, dormir un poco e ir al lavabo.

El lunes llegó y con él el momento de la verdad, el momento de enfrentarme a Carla, a Olga y a Silvia. A las once en punto, dos horas más tarde de la hora habitual de entrada, abrí la puerta y sentí como si todas las miradas se dirigiesen hacia mí, como si todas supiesen lo que había pasado el viernes y lo que iba a pasar ahora. Así que con la mirada fija en el suelo, fui raudo hacia el despacho de mi jefa Carla. Allí me estaban esperando las tres, felices y alegres, como si les encantase la idea de verme aparecer. Y en verdad así era, ya que los planes que habían urdido para mí entre Carla y Olga durante el fin de semana, no era para menos.

(C) Pasa, cierra la puerta y siéntate… El que estés aquí hoy después de lo que ocurrió el viernes, nos da pie a pensar que te encanta que una o varias mujeres te dominen y especialmente que se meen sobre ti. Pues como jefa que soy tengo la obligación de atender a las necesidades de mis empleados y facilitarles en la medida de lo posible su trabajo, dándoles un escenario apto para el mismo, velando por su seguridad y salud.

Como bien sabes hoy entramos en campaña y vamos a estar trabajando a tope, tanto que en ocasiones no vamos a tener ni tiempo para ir al baño a mear, así que desde este momento pasas a ser nuestro nuevo “váter portátil”. A partir de hoy tu puesto de trabajo será la mesa que está al lado del cuarto de la limpieza. En cuanto recibas un mensaje por el ordenado de alguna de nosotras, dejarás lo que estés haciendo y te dirigirás inmediatamente al puesto que se te requiera y metiéndote bajo la mesa beberás lo que cada una de nosotras te ofrezcamos, utilizando un embudo y un tubo, como estos, que todas tenemos en nuestras mesas.

Tranquilo todas ya saben lo que pasó el viernes, a las nueve en punto hemos tenido una reunión las nueve y les hemos explicado todo. Ellas están encantadas y por eso todas tenemos una botella grande de agua sobre la mesa, para que todas podamos utilizarte esta misma mañana.

Algunas están un poco nerviosas por hacerlo en público, por eso hemos adaptado el cuarto de limpieza, instalando un váter muy original para que lo puedan hacer en la intimidad. ¿Queda claro? ¿Alguna pregunta?

(Y) Me parece que no tengo nada que decir, ya lo habéis pensado todo vosotras por mí.

(O) Cierto. Tus responsabilidades habituales seguirán siendo las mismas que hasta ahora, con este añadido de “váter portátil”, con lo que tu sueldo y jornada laboral no variará.

(C) Pues si no tienes ninguna pregunta, síguenos que te enseñaremos tus nuevos puestos de trabajo.

Salimos del despacho y fuimos hasta mi nueva mesa, por el camino pude darme cuenta de que casi todas vestían falda y que realmente todas tenían una botella grande de agua sobre sus mesas y algunas ya estaban casi vacías, con lo que no tardarían en requerir mis servicios. Eso hizo que antes de llegar a mi mesa ya tuviese una erección considerable pensando en estar metido debajo de sus mesas pudiendo absorber sus esencias.

Debo decir que ninguna de ellas fuma y que al ser bastante jóvenes todas ellas están bastante sanas, algo que me tranquilizaba. La mayoría son separadas o divorciadas, salvo dos que están casadas y una que tiene pareja estable, las únicas tres que venían con pantalón y que a demás sus botellas estaban por empezar, lo cual me hizo sospechar que ellas no requerirían de mis servicios.

(O) Este es tu nuevo puesto de trabajo, la mesa es distinta, pero el ordenador es el tuyo.

Y abriendo con llave la puerta del cuarto de limpieza…

(C) ¡Y éste es el nuevo váter! Especialmente hecho para ti y por ti. Para que lo puedas utilizar con aquellas que no quieran o puedan utilizarte debajo de su mesa. ¡Hoy va a ser el mejor lunes de trabajo en mucho tiempo!

El mencionado váter no era otra cosa que la estructura de una silla bastante alta de hierro, en la que se había instalado una tapa de váter transparente y debajo de esta se había instalado un recipiente de plástico transparente con forma de gran ensaladera de la que salía en el centro un tubo de goma también trasparente bastante ancho que llegaba hasta unos veinte o veinticinco centímetros del suelo. El artilugio estaba instalado contra una de las paredes, con lo que se suponía que al meterme debajo e introducirme el tubo en la boca, quedaba totalmente inmóvil, sobre todo si pensamos que en esa posición quedaba como el estrado de toda aquella que lo utilizase conmigo, para que pudiese descansar sus pies sobre mi pecho o barriga y no le quedasen colgando por los lados.

Para ellas iba a ser el mejor lunes en mucho tiempo, pero para mí iba a ser el mejor día de mi vida.

Con una prostituta fetichista

Increíble experiencia fetichista la que me pasó una vez que estuve por Barcelona por motivos de trabajo. Yo estoy casado y tengo un hijo, y desde hace años siempre he estado con la misma mujer y he sido fiel, pero en este viaje todo se desmadró un poco. Conocí a un chico que estaba también allí de trabajo y nos fuimos a tomar una copa, al principio todo normal, pero según iba pasando la noche el chico no paraba de hablar de sexo y de cosas relacionadas con el fetichismo, así que me empezó a entrar curiosidad y cuando tomé el último cubata ya estaba deseando probar una dominatriz de esas, una mujer que me hiciera alguna de aquellas cosas que tan cachondo me habían puesto.

Cuando salí del bar me puse inmediatamente a buscar prostitutas de lujo en mi móvil, necesitaba saciar mi sed de sexo y tenía que ser con una profesional que me diera mucha caña, tal y como me contaba el amigo durante las copas. Encontre una Scort que ofrecía servicios de masoquismo y la llamé en aquel mismo momento, me dijo que ella no iba a domicilio y que tenía que ir a su dirección, no lo dudé ni un segundo, me dirijo a aquella casa y llamo al timbre, estaba empalmado desde antes de llamarla, pero no sabía porqué justo en aquel momento se me había bajado todo, supongo que el alcohol había dejado de hacer efecto o estaba haciendo más, no se el caso que me puse muy nervioso.
En casa de la prostituta fetichista

Abrió la puerta una bella señora fetichista de unos 45 años, pero con muy buenas curvas, vestida con un corset de cuero negro y semi-desnuda, me invitó a pasar y no me salía ni la voz del cuerpo, que culo tenía tan increible y cómo podía estar tan nervioso con aquella situación. Me dijo que sus tasas eran 400 euros en efectivo y no había descuentos ni rebajas ni nada, que si no estaba de acuerdo que me largara ahora mismo, su voz era como muy imperativa, me ponía cachondo cada vez que me decía algo, estaba deseando que me diera caña y podría haber pagado hasta mil euros sin pensármelo siquiera.

Me llevó a una habitación totalmente llena de artilugio, me ordenó que me desnudara y me pusiera una especie de collar con una cadena y yo accedí sin ningún miedo, la tenía cada vez más dura, y estaba tan cachondo y deseoso que si me rozaba me correría en aquel momento…

La dominatriz empezó a tirar de la cadena que guiaba mi collar y me obligó a ponerme de rodillas, no sabía porqué pero quería hacer todo lo que ella me ordenara, me ponía cachondo y no podía dejar el juego. A continuación se sentó en una silla y abrió sus piernas, se desabrochó la ropa que cubría su coño y tiró de la cadena hacia ella, acercando fuertemente mi cabeza a su velludo coño, con sus manos agarró mi cabeza y apretó mi nariz contra su vagina durante un rato, no podía sostenerme, estaba a punto de correrme y todavía sólo había empezado aquella sesión casera de BDSM que me estaba haciendo olvidar a mi mujer y a mi hijo…me estaba volviendo un fetichista y no había vuelta atrás.

A continuación me alejó de ella con su bota, reconozco que me dolió un poco pero quería seguir… me puso tumbado en el suelo y se sentó sobre mi espalda, comenzó a refregar su coño por todo mi cuerpo agarrándome del pelo como si fuera su caballo, luego empezó a azotar mi culo con una especie de porra policial con pinchos, dolía pero me gustaba todo aquello, cada vez más… me dió la vuelta y mientras rozaba su cálido coño sobre mi verga bien dura me dijo si quería seguir sufriendo o prefería la penetración ya, que aquello había que bajarlo y que yo, inesperadamente también la había puesto muy cachonda, no pude resistir, le dije que me apetecía penetrarla de una vez, me enfundó la polla con un condón y comenzó a follarme ella a mí, subía y bajaba sobre mí a gran velocidad, como nunca antes me habían hecho, creo que no tardé ni cinco minutos en correrme, y la verdad me quedé con muchas ganas de haber seguido aquel juego tan duro hasta el final, pero no me pude aguantar.

Algún día volveré a Barcelona y terminaré la experiencia fetichista estoy seguro…

Mi madre me pilla con sus zapatos

Mi familia esta compuesta por cinco miembros. Mi padre es médico cardiólogo y tiene 55 años. Mi madre, siete años menor, trabaja como abogado en un bufette en nuestra ciudad. Mi hermana de 20 y mi hermano de 23 completan el “nido”.

Todo comenzó en el puente del Pilar, el doce de octubre, que este año coincidió en jueves. Mis dos hermanos se largaron de acampada, aprovechando los último días buenos antes de la época de lluvias. Mi padre llevaba toda la semana en un congreso en Lyon y no regresaría hasta el domingo a la tarde. Yo estaba indeciso entre irme unos días con unos amigos a una casa rural o quedarme con mi madre, ya que no me gustaba la idea de dejarla sola todos esos días, aunque ella me insistió en que no le importaba lo más mínimo, que quería descansar. En fin, al final decidí quedarme ya que lo de la casa rural se fue al traste. No me importó mucho, pues el puente no se presentaba tan aburrido, con dos fiestas en sendos pisos el miércoles y el viernes. Así de paso acompañaría a mi madre para que no estuviese tan sola.

El miércoles había quedado a once de la noche para la fiesta. Mi madre también se estaba preparando para salir a cenar con unos amigos. A las diez me dijo que se iba. Me vino a dar un beso de despedida

-Estás guapísima mamá -le dije-.

La verdad es que mi madre se conserva bastante bien para la edad que tiene. Pero lo que le hace más atractiva es que se cuida mucho. Viste muy elegante, con faldas rectas hasta la rodilla, y botas o zapatos de tacón a la última moda. Ella es morena, con el pelo liso peinado al estilo de Ana Rosa Quintana, delgada y más bien alta.

-Gracias cielo. Pásalo bien en la fiesta y no bebas mucho.

-Vale. Chao.

Al cabo de unos minutos me di cuenta de lo silenciosa que estaba la casa. Esto me excitó y decidí masturbarme con una de la múltiples películas porno que tengo grabadas del plus, antes de salir de marcha.

Puse la película y comencé con el meneo. La película era americana. En una de las escena una chica le acariciaba con el tacón de su zapato el coño de otro chica. Me puse a cien. Paré la película. Se me había ocurrido algo muy sucio. Me fui a la habitación de mis padres. Abrí el armario empotrado y busqué unos de los zapatos de mi madre que tanto me gustaban. Eran unas sandalias de charol rosa fucsia desnudas en el talón y con un tacón negro recto bastante alto. Me las llevé al salón. Me desnudé por completo, puse la película otra vez. Me puse los zapatos. La sola visión de mis pies con los zapatos me hizo recuperar la erección que había perdido al parar la película. Me imaginaba poder follarme a una chica únicamente vestida con esos zapatos. Me saqué uno y me metí el tacón en la boca. Lo chupé. Estaba a punto de estallar. El olor a cuero me excitaba mucho. Abrí las piernas y empecé a acariciarme la entrada del ano con el tacón. Al cabo de un minuto no pude más y eyaculé como un bestia, salpicándome todo el torso y uno de los zapatos con mi semen. Era la primera vez que lo hacía y me dejó totalmente extasiado.

Me duché y me vestí para la fiesta.

La mañana siguiente estaba totalmente cabezón. Bebí bastante y fumé como un carretero. Me desperté a eso de las doce y media. Mi madre no estaba. Me duché, desayuné algo, me tomé dos aspirinas y un Almax y me puse a ver la tele tirado en el sillón, dispuesto a no mover ni un músculo hasta la hora de la comida.

A las dos llegó mi madre de hacer footing con una amiga. Me dijo que no había hecho nada de comer y que me vistiera que nos íbamos a almorzar a un restaurante que está cerca de casa. Me puse rápidamente unos vaqueros y una camisa, ya que sabía que mi madre se iba a poner toda elegante y no quería destacar demasiado con mi chándal de los domingos cosecha del 92.

En efecto, mi madre estaba radiante. Vestía un jersey sin mangas y con cuello de cisne de color violeta, que hacían destacar sus aún aceptables y no muy grandes pechos. Por abajo llevaba y falda recta de color violeta con pequeñas florecitas blancas. La fina tela de la falda dejaba entrever que llevaba un tanga por debajo. Completaba la vestimenta unas medias negras y unas babuchas negras de tacón alto. Estaba elegantísima y muy sexy.

Cuando llegamos al restaurante el camarero nos dijo que teníamos que esperar un poco, ya que tenían que prepararnos la mesa, y nos sugirió que lo hiciésemos tomando un aperitivo. Mi madre me miró con cara de interrogante y yo asentí. Nos pusimos en la barra, yo de pie y ella sentada en una banqueta. Los hombres que pasaban se quedaban mirando pasmados en la dirección de las piernas que mi madre mantenía cruzadas haciendo verdaderos equilibrios. Aprovechando que mi madre miraba hacia la calle yo también clavé mis ojos en sus piernas y zapatos. Me di cuenta de que me estaba empalmando. Me quedé totalmente pasmado mirando sus muslos cruzados, sus delgados tobillos y sus zapatos. Mi madre se dio cuenta y me dio un cachete en la nuca.

¿Qué haces? -me dijo mi madre-.

Na, na na nada… mamá -le contesté yo, aún con el susto en el cuerpo-.

Nos pusimos a comer y al cabo de unos minutos ya me había olvidado de lo sucedido en la barra.

La mujer de mi amigo me pide que le depile el coño

Mi mejor amigo se llama Juan Mateos, nos conocemos desde hace mucho tiempo y hemos llegado a tener una confianza casi absoluta. Se parece mucho a mí, hasta en lo cachondo, pues ambos nos hemos “enganchado” a las páginas de sexo de Internet y comentamos entre los dos lo más interesante, nos enviamos las fotos que más nos han gustado y cosas así.

Sin embargo, Mateos es muy estricto respecto a sus posesiones… con lo que también me refiero a su preciosa mujer Mª Victoria. Ella es una delicia, un poco chapada a la antigua, pero encantadora, algo rellenita pero perfectamente proporcionada. Respecto a su mujer, mi amigo no permite la más ligera insinuación o comentario, lo que, visto le que me ha ocurrido con ella, me puede acarrear más de un problema. Claro que eso sólo si se entera, por lo que los nombres son lógicamente supuestos, ante el peligro de que pueda leer esto que escribo, porque tengo la necesidad de contarlo.

Resulta, que en una de nuestras charlas comentamos Mateos y yo, después de ver una serie bastante amplia de fotos de tías buenas bajadas de Internet, todas ellas con el chochete perfectamente recortadito, que, donde se ponga una mujer con el coño depilado, que se quite lo demás.

Ciertamente esto lo dijimos plenos de convencimiento porque, no sé si a todos los tíos, pero a nosotros dos, nos vuelven locos. Las mujeres deberían ser conscientes de la diferencia que hay de cuando abren sus piernas y nos enseñan la raja envuelta en una mata de pelos, que ocultan lo más caliente de su anatomía, a la visión espléndida de un chochito carnoso, brillante, sin un solo pelo, que parece estar diciendo ¡CÓMEME!. De veras, he tenido la fortuna de probarlo y la diferencia es abismal, en un caso estaba deseando terminar para escupir los pelos de la individua que se me quedaron en la garganta y que en alguna ocasión me han hecho incluso vomitar (¡qué apropiado para un momento así!) y en el otro, la misma tía pero esta vez “afeitadita”, me tuvo que separar la cabeza de entre sus piernas después de media hora y tres orgasmos sin cansarme de su almeja, que pese a conocerla como la palma de mi mano, parecía aquel día una desconocida para mí.

Pues bien, retomando el hilo de la historia, de aquella conversación sobre los chochetes afeitados, surgió otra más pícara con la que pretendí hacerle un favor a mi amigo. Él me había dicho que su mujer era totalmente contraria a afeitarse los bajos fondos y que él nunca se lo propondría, pero yo pretendía darle una alegría, así que una noche que habíamos cenado y nos habíamos tomado algunas copas (no sé si de más), fui poco a poco subiendo el tono de la charla entre los cuatro -mis amigos, mi mujer y yo- hasta llevarla al lugar que yo pretendía. Mi mujer sin saberlo colaboró mejor de lo que yo esperaba ya que estaba totalmente sin avisar de mis intenciones.

El caso es que planteé la idea que ya he dicho de que las partes nobles tanto del hombre como de la mujer debían ser objeto de atentos cuidados, especialmente cuando se trata de mantener la pasión, a lo que mi mujer repuso, un tanto alegre por lo que había bebido, que tanto ella como yo nos afeitábamos periódicamente los genitales, pero que en ambos casos yo era el ejecutor de la depilación tanto de ella como la mía, además matizó casi entrando en detalles que yo tenía un pequeño cortapelos que era magnífico y no irritaba nada, dejando el pubis perfectamente delimitado y recortado, afeitando por completo el resto de los pelos hasta el final de la raja del culo. Ni que decir tiene que aquel día, entre la conversación y las copas todos nos pusimos tan cachondos que a punto estuve de enseñarles la polla entera, porque me obligaron ante la incredulidad de que yo estuviera afeitado a enseñarles algo y me quedé en el pubis y parte de un huevo por el lado de los calzoncillos. Cuando vieron el pubis rapado al 1,5 y perfectamente recortado, y el cuero de los cojones perfectamente afeitado, cambiaron la cara y lo que creían cachondeo, pasó a cachondez. La suerte estaba echada, quería sembrar en Victoria la idea de que aquello era una cosa normal y, conociéndola, no tardaría en llevarlo a cabo, con la consiguiente alegría para Mateos, sobre todo después de lo que había puesto yo en juego. Claro que aquella noche cayó un polvo de antología, con mi mujer, por supuesto.

Después de aquello suponía que pasaría algo, pero lo que no esperaba es que un día Victoria me llamara al móvil para que fuera a verla, con algo de urgencia. Por suerte o por desgracia yo estaba desocupado aquella mañana y sin intuir nada fui a verla en un salto. Tras entrar a su casa y saludarla con un par de besos en las mejillas, le pregunté sin ambages qué pasaba, a lo que, con mucho misterio, cerró la puerta y casi susurrando me dijo que necesitaba que le hiciera un favor.

– Lo que te haga falta, -le dije, no sin cierta preocupación por el tono de la petición.

– Sé que puedo confiar en ti y quiero darle una sorpresa a Mateos por su cumpleaños… -comenzó

Más tranquilo pensé que se trataba de buscarle o recomendarle algún regalo o prepararle una fiesta sorpresa, lo que justificaba en cierto modo el misterio. Pero…

– … así que quisiera que me ayudaras con cierta operación que no me atrevo a hacer, además como tú tienes más experiencia, querría que me ayudaras a depilarme.

Así de sopetón, se me tuvo que quedar una cara que no me atrevo a describir. Estúpidamente, dije:

– ¿Depilarte?, ¿¿¿el qué??? -como si a esas alturas no lo supiera, además el color de mi cara lo revelaba a las claras.

– Mira, Ramiro, sé que puedo confiar en ti y que, conociéndote como te conozco, no te aprovecharás de la situación. Me ha costado mucho decidirme, pero es que me gustaría darle una sorpresa a Mateos y tú sabes lo que le gusta, además me ha dicho Paula que tienes mucha habilidad, ya sabes a lo que me refiero, depilarme el Monte de Venus… ¿lo harás por mí?

Creo que el corazón se me salía por la boca en ese momento, ¿cómo iba a ser capaz de hacer eso con la mujer de mi mejor amigo?, además, con lo buena que estaba ¿cómo iba a mantener la sangre fría para no hacer algo que me costaría muy caro?, pero, con lo que me había dicho y tras el trabajo que le habría costado decidirse a pedírmelo, ¿cómo le iba a decir que no?

Esa fue mi respuesta: – ¿Cómo te voy a decir que no? -dije con voz temblorosa. – Pues vamos, no hay que perder el tiempo. Pero, una cosa: Nadie lo debe saber, ni tu mujer ni mi marido… ¿estamos? – Claro, claro…

Decidida se fue para el dormitorio y, haciendo caso a su indicación, la seguí. Lo tenía todo preparado, hasta se había comprado un pequeño cortapelos parecido al mío (supongo que le habría preguntado a mi mujer), una toalla encima de la cama, un barreño con agua caliente, espuma de afeitar, cuchillas nuevas, crema hidratante…

Mientras miraba todo aquello me di cuenta que ella estaba también muy nerviosa quieta delante mía sin saber qué decir o hacer…

– ¿Vamos?…

Haciendo un esfuerzo por dominar el temblor de mis manos, dije:

– Venga, lo primero es que te desnudes… (como si no lo supiera)

Hubiera bastado que se desnudara de cintura para abajo, pero me hizo caso literalmente y se quedó completamente desnuda, mostrándome un cuerpo precioso, pero prohibido. Me obligué a no mirarla con lujuria, pero era prácticamente imposible, tenía los pechos preciosos, con un tamaño grandote y rollizo, pero firmes y “desafiantes”, la exploración fue detenida por la cándida mirada de sus ojos color miel. No podía mirarla como lo estaba haciendo, se me encendió una luz en el cerebro. Después de haber doblado toda su ropa y dejarla delicadamente encima de una silla, volvía a quedarse mirándome con dulzura… Tenía que tomármelo como algo “profesional”.

– Vale, échate en la toalla…

Se tumbó suavemente y pude ver que había intentado cortarse el pelo ella misma antes de llamarme. Comprendí entonces por qué me llamó. Lo había hecho fatal, dejándose unas calvas que iban a ser difíciles de arreglar.

– Vaya, se ve que lo has intentado… -dije intentando dar un toque de serenidad al ambiente.

– Sí, pero ya ves lo mal que me ha quedado, lo que pasa es que me da más vergüenza ir a cualquier sitio de estética que decírtelo a ti, y no creas que no me da vergüenza estar así…

Esta frase la dijo acompañada de una apertura de las piernas que dejó al descubierto toda su intimidad. Tenía unos labios rosados y perfectos y a mí me iba a dar algo.

De pronto, me entró un arrebato de responsabilidad y le dije que aquello no podía ser, yo no podía estar allí de ese modo con la mujer de mi mejor amigo… todo había sido una equivocación. Pero no contaba con su talante. Era una mujer de las que cuando toma una decisión no hay en el mundo nadie que sea capaz de hacerla desistir y donde había llegado era una vía sin retorno. Así me lo hizo comprender.

– Mira, yo estoy tan nerviosa como tú, pero tómalo de esta forma. No estamos haciendo nada malo, aunque nunca deberán enterarse tu mujer ni mi marido. Además entre nosotros hay confianza, ¿no?, hay cosas más comprometedoras que hemos hecho y de las que hemos hablado y no ha pasado nada, así que manos a la obra que no tenemos todo el día.

Y tal como lo dijo me tomó la mano y la colocó en su vientre, dejándose caer hacia atrás, dándome a entender la única opción que tenía. Sin mediar más palabras, comencé a humedecerle toda la zona púbica y después separé sus piernas con mis manos para hacer lo mismo con el contorno de los labios y las ingles. Descubrí que tenía el sexo bellísimo, bastante hinchado, lo que revelaba la notoria excitación que le provocaba, igual que a mí, la situación, pero sobre todo, lo que consiguió enardecerme hasta un grado casi insostenible fue el aroma que emanaba y que llegó hasta mí nada más separarse mínimamente los labios de su coño.

Seguía sin creer que me estuviera pasando aquello, pero no cabían más discusiones. Así que me dispuse a hacerle un buen trabajo y, ¡qué coño!, disfrutar de él.

Me dediqué a seguir humedeciendo con agua templada toda la zona, por supuesto con la mano desnuda, lo que puede decirse que era acariciarle todo el vientre, con dulzura, y las ingles, rozando levemente los labios de su coño que para entonces estaba entreabierto por culpa un poco de la postura, las caricias, los nervios y sobre todo las dimensiones que estaba tomando su clítoris.

Recorté todo el contorno con el cortapelos para dejar el pelo con el tamaño deseado. Aquello empezaba a arreglarse, tomando forma y quedaba francamente bien. Después recorté con la cuchilla de afeitar, poniendo algo de espuma, rasurando lo que sobraba hasta quedar totalmente liso y definido el triángulo “redondeado” de pelillos que había pensado para ella.

Ahora venía lo difícil. Afeitar completamente los lados del coño, para lo que tenía que proteger las zonas más delicadas, así que con la mano entera tapé los labios del chochete, estirando la piel para poder afeitar la zona hasta la ingle.

Mientras lo hacía le miré a la cara. Todo este tiempo habíamos estado muy callados y tensos y hasta casi me asusté cuando la vi que me miraba con unos ojos de infinita comprensión, tranquilidad… el caso es que aquella mirada con la media sonrisa que la acompañó, me terminó de relajar y pude decirle

– “¿Todo bien?, ¿no te está molestando?”, a lo que ella contestó.

– No lo puedes hacer mejor, cualquiera diría que me estás acariciando y la cosa es que no me disgusta del todo, ¡voy a tener que contratarte!

– “Ni se te ocurra”, le dije y seguí afeitando. Con un lado había acabado y levanté la mano para ver cómo quedaba… Perfecto. No pude evitar contemplar el coño que mi mano había estado tapando y cuya fragancia se habría quedado allí. Mientras miraba el hilillo blanquecino que resbalaba hasta su ojete y que delataba su total excitación, me acerqué la mano a la cara simulando rascarme en la frente (porque ella, semi-incorporada, no dejaba de mirarme) y aspiré el aroma intenso del coño de Mª Victoria. Aquello era un pecado, pero había llegado casi a marearme y a esas alturas por mi cabeza ya pasaba de todo. – Terminé la obra, volviendo a tapar con la mano y rasurando la otra parte hasta que quedó verdaderamente perfecto y apetecible. Para terminar la hice ponerse en cuatro patas, con el culo muy abierto y le afeité todo el perímetro del ojete.

– Ahora, -le dije- te voy a dar con una crema hidratante para que no se te irrite -y, acto seguido, la empecé a acariciar con la mano pringada de crema (y con lujuria, debo reconocerlo) por todas las partes que le había afeitado, comprobando que la excitación de ella, lejos de extinguirse, había aumentado soltando líquido de su interior hasta formar un cerco en la toalla sobre la que se había efectuado toda la operación.

Al pasar poniéndole crema una de las veces por la ingle, con los sentidos ya trastornados, le rocé conscientemente el clítoris, notando un respingo y un audible aunque pequeño gemido de Mª Victoria (mentalmente la llamaba así para olvidar que era la mujer de mi mejor amigo).

Lo volví a pasar una y otra vez y al notar su “colaboración”, sabiendo lo que iba a pasar, le dije:

– Mira, después de esto los dos tenemos un calenturón tremendo. Yo me haré un pajote y tú otro, pero creo que me gustaría ayudarte con lo tuyo. Como, total, nadie se va a enterar, ¿verdad?, yo no puedo resistirme a probarlo…

Mientras le decía aquello y después de que se lo dije, no hacía falta que hablara, su mirada volvía a hacerlo por ella… así que me lancé y suavemente deposité la lengua en la entrada de su agujero, saboreando lentamente el líquido que emanaba. La excitación era tanta que tuve una pequeña eyaculación, un par de sacudidas, sólo lamiendo lentamente su chocho.

Ella se dejaba hacer y, suave pero firmemente, se abandonó a mis manos. Mientras, yo le levantaba las piernas y dejaba aún más al descubierto toda su parte íntima. Estaba completamente abierta y además exponiendo su depilado ojete, al que también comencé a prestar atención.

Las chupadas se hicieron más intensas penetrando con la lengua en sus dos orificios, hasta que cuando vi que comenzaba a estremecerse, me dirigí al clítoris, succionándolo frenéticamente, lo que la hizo terminar casi chillando. No había tardado mucho, pero la excitación del momento y el morbo, lo justificaba.

Al terminar, abrió los preciosos ojos que tanta confusión me causaban ese día y con ternura me dijo que me merecía un premio, por lo bien que lo había hecho todo (remarcando aquel “todo”)

Le dije que no quería penetrarla y que no hacía falta nada más, que me había gustado tanto como a ella y que podíamos dejarlo así, pero ella no quiso y me acarició por encima de los pantalones, soltando poco a poco la ropa hasta dejar mi nabo al descubierto.

Sin decir más nada, comenzó a chupármela muy despacio, tanto como yo lo había hecho con ella y sin dejar de mirarme a la cara. De vez en cuando la sacaba de su boca y la restregaba sobre su lengua, pasando a continuación la mano por todo el humedecido glande.

Al poco se introdujo todo lo que pudo en la boca y me agarró por los cachetes del culo, abriéndolos y cerrándolos al mismo compás que la metía y sacaba de su cavidad bucal. En una de las veces, con la misma suavidad me empezó a acariciar el ojo del culo con la yema de un dedo, y no sé si fue esa inesperada caricia, pero el caso es que noté que iba a explotar y se lo indiqué.

Ella me miró una vez más indicándome que no importaba, por lo que me dejé llevar y terminé soltando cinco chorros de leche blanca y espesa a su boca que seguía mamando con el mismo ritmo hasta que posando una mano en su mejilla le hice saber que debía parar.

Escupió en una servilleta de papel lo que tenía en la boca (no se lo había tragado, y eso me gustó, pues me indicó que lo dejó caer en su boca para que yo no parara de disfrutar la mamada, que ha sido una de las mejores que me han hecho en mi vida y así la recordaré).

Me vestí mientras ella miraba en el espejo cómo había quedado su depilado y precioso coño, mientras me decía que le quedaban ganas de que se la metiera.

– Pero esas ganas te las va a mitigar con creces Mateos cuando llegue después y prefiero que las cosas se queden así, porque esto no ha pasado…

– Sí que ha pasado, Ramiro, aunque nadie lo sepa nunca ni se repita jamás, quiero que sepas que recordaré lo que has hecho como si hubieras sido mi amor de juventud, como se recuerda a un novio de la adolescencia, eres un encanto.

Y me dio un suave beso en los labios.

Mi sobrina me inicio en el Mundo Lesbico y yo la inicie en el Fetichismo

Mi sobrina se había separado y estaba pasando un mal momento, me vino a visitar para hablar del tema, y me confeso que el
motivo de la separación había sido el que su marido, la había sorprendido con una amiga en la cama.

Mari mi sobrina ya había cumplido los treinta y yo estaba muy cerca de los cincuenta, sus inclinaciones las había llevado en secreto, hasta que se descubrio sus gustos.

Ella me confeso que no podia dejarlo porque era maravilloso, y yo le confese que no lo había probado nunca, pero que era un tema que me ponia caliente al pensar que algún día lo lo podía experimentar.

Loli (que así me llamo) no sabes lo que te pierdes, el sexo con una mujer es tan diferente que te vuelve loca.

Lo supongo pero no he tenido nunca una ocasión para experimentarlo.

Si quieres lo podemos probar y sino te gusta lo dejamos y en paz.

No te importaria hacertelo conmigo.

No, porque si te soy sincera, me he masturbado más de una vez pensado en ti.

No me mientas, si soy una vieja.

¿Y que? pero tu cuerpo es muy sexual y tu mirada destila lujuria al mirarme.

Si te digo la verdad, yo tambien tengo un secreto, que es el fetichismo con mi ropa intima.

O sea que cuando te masturbas usas tus bragas como afrodisiaco.

Si, y me gusta jugar con ellas mientras me excito.

Eso tiene mucho morbo, ¿ y no has probado nunca con prendas de otra mujer?

No, y no creas que no lo he pensado, pero no he tenido ocasión.

Si quieres yo te ayudo en tu fetichismo y tu pruebas el lesbico conmigo.

Bueno pero! tu tienes que ser mi maestra y yo te dire lo que me gusta.

Cerramos la puerta del piso con llave, y nos fuimos a mi suite, nos desnudamos lentamente mientras las manos de Mari me
acariciaban mi cuerpo con suavidad, cuando vi sus pechos tersos y sus pezones erectos y duros, me gusto y mi mano rozo
sus pezones, ella gimio al sentirse acariciada en su punto erógeno, y me metio una mano dentro de las bragas buscando
mi vagina peluda y mojada por el momento intimo.

¿Te gusta? Loli.

Mucho no paro de mojarme, no se lo que me pasa pero estoy muy caliente.

Es sexo solamente, sacate las bragas y damelas quiero olerlas y chupar el flujo que has soltado.

Toma, pero dame las tuyas, que lo estoy deseando.

Nos tumbamos en la cama una al lado de la otra, oliendo y lamiendo nuestras bragas sucias, sin dejar de chupar la prenda
Mari empezo a tocarme dentro de mi coño con dos dedos, yo hice lo propio con el de ella penetrandola hasta dentro.

Mari dejo de lamer mis bragas y busco lentamente mi boca con la suya he iniciamos un morreo profundo, nuestras lenguas
se encontrarón y empezarón una humeda danza. Restregabamos nuestras tetas y Mari me busco mis humedas axilas y
las acaricio esas caricias me hicierón llegar al extasis, soltando una meada de un flujo espeso y pegajoso.

Loli te has corrido mucho cariño.

Ufffff hacía tiempo que no me corria tanto es que me has tocado mi punto debil.

Espera y veras cuantos puntos debiles tienes, lo que pasa es que nadie te los ha buscado.

Mari dime uno tuyo, quiero darte gusto a fondo.

De verdad quieres saberlo.

Si me gusta estar contigo intimamente y sin tabues.

Me gusta mucho! que mi amante me lama mis pelitos anales, hasta que se dilate un poquito mi culito, ¿te da asco?

No, ahora ya no me molesta nada de nada, solo quiero que disfrutemos de nuestros puntos erógenos.

Mari se dió la vuelta y puso sus nalgas en pompa, yo se las separe y me amorre mi cara en su raja trasera, mi lengua urgo
en su culo mientras mi nariz aspiraba con deseo sus olores intimos, ella empezo a moverse restregando su coño sobre la
cama o sea iniciando una paja por fricción.

Yo meti mi mano en mi coño pajeandome sin miramientos, mientras le comia el culo hasta dentro, mi lengua le entraba
hasta dentro, y su arrugadito ano me volvio loca lamerselo.

Sigue Loli no pares, disfurta y hazme disfrutar soy tuya guarra.

Abre más el culo puta, que te voy a reventar de gusto.

Follame el culo, meteme dedos por favor.

Yo le meti dos dedos y empece a darle vuletas en su interior, ella se movia alocadamente mientras soltaba una corrida de flujo enorme, el olor a pescado invadio el ambiente de la habitación, nos estabamos corriendo como perras en celo.

Yo cuando saque los dedos de la enculada, se los ofrecí para que me los mamara como si se tratara de una buena polla, y ella los chupo con deseo.

Loli! ¿te imaginabas que pudieras llegar tan lejos con una mujer?

No por supuesto, y si te soy sincera me entusiasma lo que hacemos.

Ven que nos haremos una tortilla, abre las piernas y aprieta tu chocho contra el mio y muevete.

Nuestros labios vaginales se encontrarón y nuestros pelos se pegarón, mientras nos moviamos como posesas y gemiamos
como putas del gusto que nos estabamos dando meandonos nuestros coños con un flujo profuso.

La primera en llegar al orgasmo fué Mari y solto un chorro de una mezcla de toda clase de fluidos, yo me aguante un poco
pero al fin solte una alarido y me fuí toda.

Nos quedamos estenuadas sobre la cama, sudadas y llenas de flujo, nos abrazamos y la somnolencia nos invadio y así
estuvimos un buen rato.

Amantes de los culos sucios

Una pareja de esposos y su criada se entregan a exquisitas sesiones de sexo sucio

Salíamos de la fiesta un tanto ebrios y excitados. Mi mujer me susurraba al oído mientras caminábamos hacia la casa: “papito, esta noche me vas a culiar rico mientras yo le chupo el culo a Tencha que nos debe estar esperando haciéndose la dormida”. “Claro mamita”, respondí yo, “pero también tengo ansias de tu culo y de tu mierda”.

Tencha era nuestra criada, una mujer de 50 años con un culo enorme, unas tetas grandes y un clítoris descomunal, como una pequeña verga. Hacía rato formaba parte de nuestras inclinaciones sexuales, de nuestro vicio por el sexo, por los culos, por la mierda. Cuando llegamos nos fuimos directamente a la alcoba de Tencha. Aparentaba dormir bocaabajo, con una pierna recogida y muy abierta. Podíamos verle el ojo del culo con pequeños grumos de mierda. Mi mujer se abalanzó sobre Tencha y empezó a chuparle el culo. “Acaba de cagar y no se ha limpiado el culo”, dijo mi mujer excitada. “Dame esa lengua sucia”, le dije a mi mujer que me la ofreció con prontitud. Saboreé la lengua y me deleité con los pedacitos de mierda que se habían adherido a ella. Mi mujer siguió chupando a Tencha .

Yo le bajé los calzones a mi mujer y metí mí nariz en ese ojo del culo que tanto amaba. Un pedo con algo de mierda inundó mi nariz. Yo respiré profundo para embriagarme con ese olor que empezó a llenar la habitación. Tencha hizo como que se despertaba . Mi mujer le dijo “Tencha, eres una puerca, no te has limpiado el culo”, Tencha le respondió: “el señor me dijo que no lo hiciera porque esta noche ustedes venían a limpiármelo con la lengua”. Yo saqué la nariz del culo de mi mujer y la acerqué a la boca de Tencha. “Chupa mi nariz Tencha, saborea el culo de tu señora a través de mi nariz…”. Nuestra criada besaba mi nariz impregnada, mientras mi mujer ahora mordía el clítoris enorme de Tencha, cosa esta que excitaba mucho a la criada. “Señor, quiero su verga untada del culo de la señora”, dijo Tencha y yo, sin esperar otro pedido, hundí la verga en el culo de mi mujer y de inmediato me la engrasó con mierda dura y olorosa. “Ah, papito, calíbrame la mierda” dijo mi mujer levantando la cabeza. Yo bombeé fuerte por unos minutos y luego saqué mi verga con unos buenos pedazos de mierda sólida adherida a ella.

Tencha estaba muy excitada y decía obscenidades mientras mi mujer seguía mordiéndole el gallo y con tres dedos clavados en el culo de la criada. Metí mi verga untada en la garganta de Tencha que la recibió como si fuera un bombón de rico chocolate. La criada estaba ahora como poseída, me chupaba con ansia viciosa y metía dos dedos en las profundidades de mi culo. Sentí que me cagaba, saqué la verga de la garganta de Tencha y puse mi culo en su boca y cagué….Un bollo grueso y largo y marrón y oloroso entró en su boca…

De inmediato mi mujer mordió más fuerte el gallo de la criada y ésta, a pesar de tener en su boca el zurullo, lanzó un grito ronco y ahogado…Se había venido la muy sucia…Mi mujer se abalanzó a la boca de Tencha y le quito con la suya un pedazo del bollo de mierda. A su vez, mi mujer pasó a mi boca el pedazo que había tomado. Lo saboreé por unos segundos y volví a pasarlo a la boca de mi mujer que lo escupió también después de degustarlo. Tencha también había escupido el pedazo de zurullo que aún quedaba en su boca y nos decía que éramos los señores más sucios y puercos del mundo, pero los más placenteramente viciosos , los mejores culiadores, los mejores amantes de los culos sucios.

Mi mujer también se vino después que Tencha cagó en su boca y yo bombeaba su culo que tanto amaba y al que dejé lleno de leche espesa y caliente.

Los pies de mi empleada Miriam

Que yo sepa siempre me han gustado los pies de las chicas, yo soy una persona bien timida para conquistar chicas yo creo que es por eso, bueno no lo se, pero lo que si se es que me encantan los pies de las princesas. Desde que tengo uso de razon una vez me estaba comiendo las uñas. en la casa de mi abuelita. mi tia me observo lo que estaba haciendo y me dijo: para la proxima que te comas las uñas de las manos te voy a hacer que te comas las uñas de mis pies. Eso me lo dijo segun ella como un castigo, pero al ver sus pies en sandalias me gustaron tanto que asentaron las iniciaciones de mi fetichismo por esta hermosa parte del cuerpo de las mujeres.

Vino a vivir a mi casa una empleadita llamada Miriam, muy inocente por cierto ella hacia las labores domesticas y yo siempre la veia trabajando mientras veia tv. Un buen dia la vi en sandalias y me impresiono sus piesitos. eran tiernitos parecian suaves y cuando se empiñaba para alcanzar algo q no alcanzaba mi boca se llenaba se agua. Asi que empeze a rodar mi plan, lo primero q tenia q hacer era ganarme su confianza y asi lo hice, primero las conversaciones eran timidas luego ya con el correr de los dias empezabamos a reirnos de algunas bromas, de ahi ya la empezaba a molestar y empezamos el ansiado juego de manos.

Como era niña todavia, unos 12 a 13 años, agarro confianza rapido y siempre me molestaba, eso me convenia asi que habia llegado el dia esperado. Una mañana nadie estaba en casa todos se habian ido a hacer sus labores diarias y me quede solo yo son ella, era como un sueño pues empeze a masturbarme pensando en lo que iba a hacer con ella, y de repente toco la puerta de mi cuarto con la escoba pues estaba barriendo y se escucho un LEVANTATE OCIOSO jajajajaj .. se empezaba a reir asi que de un salto me levante y me cambie ella ya habia ido a la sala, asi que me fui directo a ella y le dije ¿porque me molestas ah? y ella al ver que la queria agarrar se me escapo de las manos y se fue a su cuarto y se encerro. Espere pacientemente a que salga disimulando que no le iba a hacer nada. Al poco rato que estaba viendo television le dije que venga rapido que estaban presentadose el grupo menudo (con Andy, Ashley, etc) y ella como era loquita por ese grupo vino pero temerosamente, le dije que no le iba a hacer nada a lo que fue mentira porque mis deseos de comerme sus pies hizo que en un movimiento agil la agarrara de los brazitos. Ella empezaba a reirse y decirme que la soltara a lo que la cargue y la eche en el muble, me dijo: por favor la ultima vez que te molesto si? dejame por favor …. pero lo que mas me exitaba era que eso me lo decia carcajeandose. El mundo se detenia cuando le dije que le iba a hacer cosquillas pero que estaba decidiendo donde hacerle, ella rapidamente me suplico que no le hiciera en sus pies… esas palabras hicieron que me emocionara mas y me avalance a sus zapatillitas y le saque una, confieso que me costo trabajo porque ella pataleba mucho, despues le agarre el otro piesito y le quite la segunda zapatillita asi que al no aguantarme mas como un leon le agarre sus piesitos con unas medias bien de niñas, floreaditas rosaditas, y le quite con tanta desesperacion que el impacto fue grandeeeee….. que pies para tan lindos, era un sueño ver esos piesitos tan bellos, eran rosaditos, su textura era suave y su olor bien ricooooo. Ella no paraba de reirse y me daba gritos y hacia fuerza por patalear. Mis manos empezaron su labor de torturadores, elle me suplicaba piedad piedad …. yo tenia verguenza de morder esas dulzuras asi que le dije en mi exitacion que no habia desayunado… ella me dijo MUERETE DE HAMBRE ENTONCES!”!!!!

Esas palabras eran las indicadas y fueron las que estaba esperando. Le dije asiiii noooooo ahora vas a ver me voy a desayunar tus pies!!!!! ella dijo: ke cosaaaaa has dicho ? no creo que lo hagas!!!! y ella creia que no lo iba a hacer, senti q el mundo se detuvo cuando esos deditos empezaron a entrar en mi boca llena de agua como la de un animal rabioso, ella movia sus deditos desesperadamente y empece a succionar cada dedito agarrandola con fuerza porq no dejaba de patalear, ella se reia con mas energia y no paraba de decir: PIEDAD PIEDAD POR FAVOR NOOOOOOOOOO, senti como mi pene llegaba al extasis y al orgasmo y cuando introduje sus ricuras bien adentro de mi boca tanto que su talon apenas se notaba se me vino todooooo . Despues senti deseos de descansar porque estaba exahusto por lo que se me habia venido, deje de agarrar sus piesitos y las saque de mi boca.

Ella me empezaba a golpearme con sus manitos y me decia: mira lo que me has hecho me has dejado marca oye loco, yo me reia y me fui a realmente a desayunar mi pancito con mantequillita que habia en la cocina. No fue la primera vez ya les contare otra historia!!!!.