Fetichistas de grandes tacones

Era una hermosa y joven mujer,.vestida muy audazmente, que caminaba con pasos muy cortos y rápidos, era evidente que estaba apurada y la enorme altura de sus afilados tacones no le permitían correr, ya que esos tacones debían medir a lo menos unas 6″ o tal vez mas, siendo que su pie no era muy grande o al menos así se lo veía.

Como el fanático fetichista de los tacones altísimos que soy, no pude menos que seguirla, ya que era nada menos que la musa inspiradora que había esperado encontrar toda mi vida, y ahora no quería perderla de mi vista por ningún motivo, ella colmaba todos mis sueños por largos años., ella era la culminación de mi espera, y la mujer que yo siempre había buscado.

La pude alcanzar fácilmente y caminado a su lado le dije con toda franqueza, que por favor me perdonara, pero que me era absolutamente imposible no acercarme a conversar con ella, ya que era la única mujer tan perfectamente vestida y caminando con esos tacones tan preciosos que había logrado ver en toda mi vida y que con eso ella cumplía con todos mis sueños.

Ella me dijo con una leve sonrisa algo irónica:

Veo que eres un chico muy audaz y atrevido, pero quiero creer que a su vez eres muy sincero, y que si te has atrevido a abordarme de esta manera es que debes tener algunas buenas razones muy poderosas para ello, así es que me las vas a explicar ahora mismo, o no seguiremos con esta conversación.

Abrumado por su exigencia tan perentoria, le tuve que contar con todo detalle la verdad sobre mi fetichismo, y lo que me había sucedido al verla con esa maravilla de sus tacones, a lo que me contestó que había sospechado algo así desde un comienzo.

Me dijo que me comprendía perfectamente, ya que sabía muy bien todo sobre este tema, pues ella era también una fanática para usar sus tacones así y que lo hacía con un enorme placer a pesar de que no era nada de fácil.

Según su opinión valía la pena el sacrificio, a cambio del éxito y la admiración que causaba la exhibición de ese difícil y tan escaso arte, el que le había costado bastante llegar a dominarlo suficiente como para poder pasear así con esos tacones, los que según me confesó, eran los mas delgados que existían en sus 14 cm. de alto, (5 ½”)

Mientras seguíamos caminando y conversando, la tomé del brazo y la invité a un café que había allí cerca, donde entramos y nos sentamos en la barra, en sendos y altos taburetes metálicos, frente a una enorme ventana que daba hacia la vereda de la calle,

Ella trepó ágilmente en uno de estos taburetes y se puso pierna arriba, enganchando el fino y altísimo tacón del otro pie, en la barra inferior del artefacto metálico.

Con una seductora sonrisa ella me propuso que, ya era el momento de presentarnos y saber quienes éramos, y a continuación me contó que se llamaba Estefanía y que vivía sola en un departamento cercano, porque había quedado sola e independiente, ya que era la única hija de un matrimonio de fabricantes y comerciantes en calzado, que habían perecido en un accidente de aviación hacía cuatro años atrás cuando ella tenía solamente 29 años.

Por mi parte yo le conté que vivía solo igual que ella, que vivía de las rentas de las inversiones que había heredado de mis padres, que estaba en busca de algún trabajo que me ayudara a paliar mi soledad, y que ya había cumplido los 35 años.

Como mientras caminábamos, yo le había contado todos mis anhelos de fetichista de tacones, ahora ella me contó los suyos, que eran los de encontrar a alguien que tuviera gustos y costumbres parecidos a los de ella, para acompañarse mutuamente y platicar la amistad sin tener que esforzarse en solucionar problemas por diferencias de opinión sobre el modo de enfrentar la vida en común.

Estábamos tan enfrascados en nuestra conversación que no nos habíamos dado cuenta que mucha gente se había detenido frente a la ventana de la calle y nos miraba sin mucho disimulo, atraídos sin duda por la excepcional espectáculo de las maravillosas piernas de mi compañera rematadas en sus altísimos y afilados tacones.

Al hacérselo notar, ella sonriendo con picardía me dijo que ya estaba acostumbrada a ser motivo de la curiosidad y que como era bastante exhibicionista, le encantaba que la miraran mucho y que talvez por eso usaba su tacones tan altos, y me propuso que olvidáramos de preocuparnos por eso.

Pero la cosa no quedó así, ya que el propietario del café, en persona, salió de la caja y se nos acercó a conversar, diciéndonos que nos agradecía mucho el interés que estábamos provocando entre sus clientes, ya hasta los curiosos estaban ingresando y pidiendo cafés a raudales.

Nos dijo que estaba deseoso de contratarnos a cualquier precio, para que viniéramos todas las veces que pudiéramos a colocarnos allí, ya que gracias a nuestra presencia se había repletado su local como nunca antes.

Estefanía le agradeció sus propósitos y le ofreció hacerlo así, pero que lo haría solo a cambio del café gratis para los dos y a su grato saludo, ya que le fascinaba que la gente la pudiera admirarla con tranquilidad y sin molestarla, porque eso le encantaba.

Las chicas atendedoras del café que iban bien ligeras de ropa y con enormes plataformas para elevar sus tacones al máximo sin cansarse de tanto trajinar, se le acercaron también y le expresaron su admiración por su gran destreza para caminar con esos vertiginosos tacones y pasearse con ellos tan fácilmente.

Esa destreza les provocaba mucha envidia, porque ellas trataban de hacer lo mismo para atraer a mas clientes lo que les significaría mas generosas propinas, pero que sin la ayuda de sus plataformas les era imposible trajinar todo el día con ese sensual altura,

Ella les agradeció sus elogios y les explicó que podía hacerlo así porque sus padres le habían contratado clases de ballet desde los tres años y que como ellos eran propietarios de una fábrica especializada en calzados de esa clase, le había sido posible entrenarse perfectamente en usar esos tacones de gran altura, sin dificultad mayor.

Después, a mí me contó que a su madre le habían fascinado siempre las tacos altísimos, y que a su padre también, porque en eso el había sido muy parecido a mí, por eso desde tan niña la habían entrenado en ese verdadero arte que es el usar tacones de mucha altura sin gran problema.

Además como calzaba Nº 41, o sea Nº 11 de USA, era capaz de usarlos incluso de mucho mas altura todavía, pero que se bajaba a solo 14 cm. ( 5 ½”) para el trajinar de cada día, ya que con esa altura podía hacerlo sin cansarse mas allá de lo normal.

Yo quedé como loco con sus explicaciones, y juré a mi mismo tratar de a lo menos igualarla alguna vez, pero sabía que eso me sería imposible, ya que es el ballet desde muy pequeño el que permite esa verdadera hazaña de usar tacones tan extraordinariamente altos.

Yo ya estaba perdidamente enamorado de esa maravillosa mujer y sería capaz de cualquier cosa por conseguir que me correspondiera, ya que ella era exactamente la clase de mujer que yo siempre había estado buscando desde que tuve el conocimiento de que era un fetichista irremediablemente consumado por esos tacones de maravilla.

Sin pensarlo más le dije de un sopetón que estaba totalmente seguro de que ella era exactamente la mujer que siempre había estado buscando, para poder unirme a ella por toda mi vida, ya que ella comprendería claramente siempre mis deseos de fetichista empedernido.

Además que yo creía que ella iba a convertirse en una verdadera cómplice de mis anhelos fetichistas, lo que me haría, si ella aceptaba, el mas feliz de los hombres y por esa razón yo también sería capaz de hacerla mas que feliz, si ella seguía siendo como era.

Sonriendo con mucha picardía, me preguntó en tono bromista que como estaba tan seguro de su reacción ante mi proposición, pero de inmediato se puso muy seria, y me dijo que ella también estaba convencida de lo mismo,

y enseguida se me acercó y me besó suavemente en los labios, diciéndome que estaba segura que yo sería para ella el amante perfecto que ella había anhelado desde muy niña, su verdadero, y ahora real, príncipe azul.

Yo estaba tan emocionado con sus palabras de aceptación, que sin importarme la presencia de los demás clientes, la estreché entre mis brazos y la besé con intensa pasión.

Nos costó bastante salir del café, ya que los innumerables mirones estaban aplaudiendo a rabiar y nos pedían: bis, bis.

Pero lo hicimos lo mas rápido que pudimos, ya que sus tan altos tacones no le permitían correr , nos subimos a un taxi que pasaba por ahí indicándole que nos llevar a su departamento, cuya dirección le indicó mi tan amada compañera.

Al momento de llegar entramos y tomamos el ascensor, el que llevó directo su magnífico y único departamento en el 24º piso, el piso mas alto del edificio, allí bajamos, entrando directamente al hall de llegada de ese departamento que era de su exclusiva propiedad, ya que además de ser preciosa, la niña era muy rica, según supe después.

El departamento era enorme y muy lujoso, pero no alcancé a mirarlo con detalle esta vez, ya que ella me tomó de la mano y me llevó a su dormitorio donde me dijo que teníamos que desvestirnos para lo que ponía a mi disposición el baño vecino.

Ella de inmediato se sacó solo el vestido y la faja y se cambió de zapatos subiéndose a unos vertiginosos Oxfords de gamuza negra con delgados tacos de 7″ o sea de 18 cm, 4 cm. más altos aún que sus anteriores.

Nuevamente me tocó admirar su gran destreza en usar esas maravillas de zapatos cerrados, con un taco extremo de tal altura, pero ella los usaba sin ningún problema y caminaba con ellos con gran soltura.

Yo me había colocado otra vez unos tacos de 6,5″ o sea de 17 cm. pero con ellos me costaba bastante caminar y tenía que hacerlo con las rodillas a punto de doblarse, ya que no tuve tiempo de entrenarme lo suficiente, por no ser míos.

Yo no podría jamás caminar así con esa facilidad aunque me entrenara con sus nuevos tacos de 7″ que ella los manejaba tan bien.

Pero ella me desafió a ver si podría usarlos y me puse unas de sus medias y me subí a los famosos Oxfords con 7″ de taco, de los que ella se había sacado para facilitármelos a mi, en prueba.

Con ellos bien atados al pié me paré y lo pude hacer pero con las rodillas un poquito dobladas, al tratar de caminar, pude dar solo unos pocos pasos en dirección a ella, ya que al llegar tropecé, y caí en sus amorosos brazos, ella me consoló de mi humillante fracaso con muchos besos y caricias sin fin, los que terminaron en un apasionado encuentro que volvió a llenarnos de mucha felicidad.

Mas tarde ella me contó que fue su familia, mas que nada, la causa de su acendrado erotismo por los tacos altísimos, ya que sus padres se casaron llevados por la misma común afición a esa clase de tacos, y que por ello se dedicaron con gran entusiasmo a la fabricación de esa clase de calzado.

Con eso en común, tenían una vida muy feliz ya que el gran erotismo que les causaba su afición por esos zapatos, los llevaba a tener una intensísima e incansable vida sexual, lo que los mantuvo siempre muy unidos y felices. Al constatar ella esa armonía tan perfecta por largos años, no pudo menos que tratar de seguir su exitoso ejemplo.

Por lo anterior, ella sabía muy bien las consecuencias de mi fetichismo, por lo que pronto, me sugirió que yo tomara algunas cosas de sus closet y me vistiera como a mi excitaba mas, para que continuáramos mejor todavía con nuestras sesiones amorosas.

Para ello me llevó a la enorme pieza con sus tan bien surtidos closet y allí comparamos nuestras respectivas medidas.

En el busto, ella tenía 90 cm. el que con sus copas del tamaño DD le daban un contorno de 102 cm., Yo tengo de contorno 104 cm.

En la cintura, ella tenía 72 cm. y yo 92 cm. y

En las caderas su contorno era de 96 cm. y las mías eran de 90 cm.

En estatura, la suya eran 169 cm. y la mía era de 178 cm.

En calzado, ambos teníamos el mismo Nº 41

De este modo con la similitud de nuestros cuerpos, nos era posible intercambiar ropa y zapatos sin problema alguno, ya que a mi me bastaba apretarme a fondo la cintura y agregar rellenos en glúteos, caderas y senos, para que sus ropas me quedaran aceptablemente bien.

Abriendo el closet correspondiente, ella me escogió un sólido y firme corset de gamuza negra, con rellenos de silicona para los glúteos, las caderas y los abultados senos de textura casi natural, además tenía 8 tirantes para las medias.

De otro closet sacó un par de preciosas medias de nylon negras con anchas ligas bordadas y refuerzo de Lycra que le daban un intenso brillo.

Y al final escogió para mi, unas maravillosas sandalias negras de cabritilla, con una nube de tirillas muy finas que me las ataban firmemente a mis pies y que tenían un delgadísimo taco de metal plateado de 5 ½” de alto o sea de 14 cm.

Ella misma me ayudó a bañarme en la tina con sales perfumadas y luego a ceñirme el asfixiante corset, el que había que apretarlo a fondo para que me calzara bien en la cintura, y luego, a colocarme las finas medias y las preciosas sandalias.

Luego ella también se cambió, y yo estuve ayudándola en cada paso, se puso casi las mismas cosas que me puso a mí, pero todas de color rojo intenso y calzó unos increíbles zapatos cerrados con cordones modelo Oxford rojos con plataformas internas en forma de cuña tan especialmente hechas que nada se notaban externamente, las que le permitían usar y caminar bien con unos fabulosos y esbeltísimos tacones de metal dorado de 8″ o sea de 20,3 cm.

Se veía muy esbelta, tan altísima y magnífica como una verdadera Diosa del Olimpo, ya que subida en esos tacos su estatura llegaba a casi 1.90 mt., en cambio yo con los míos de 14 cm. apenas llegaba a 1,94 mt.

Cuando terminamos de vestirnos tan sensualmente, ambos estábamos mas que preparados para hacer el amor, ya que durante la sesión de vestirnos no habíamos cesado de darnos apasionados besos y hacernos caricias cada vez mas cálidas.

De modo que con un apasionamiento enorme, dimos feliz término a la sesión de vestirnos, con un entusiasmo tan sensacional, que nos hizo llegar mas fabuloso de los clímax asidos fuertemente como con desesperación, y luego cayendo rendidos y aun acoplados, hasta despertar estrechamente abrazados.

Esa tarde y esa noche hicimos el amor muchas veces, no llevábamos cuenta, pero no pueden haber sido menos de una 10 veces y sin sacarnos nada de esa ropa tan sexy, ni esos maravillosos zapatos tan incitadores para estimular el sexo.

En la mañana tomamos un desayuno muy abundante, ya que teníamos un hambre de lobo, y luego nos sacamos la ropa para poder ducharnos,en la misma ducha volvimos a hacerlo aprovechando la íntima proximidad de nuestros cuerpos, una y otra vez, hasta que ya exhaustos de tanto amor, salimos y nos secamos.

Como teníamos los medios mas que suficientes, planeamos hacer una gira por el mundo en calidad de luna de miel, dejando a nuestros abogados a cargo del negocio por ese momento.

Fueron unos meses maravillosos en los cuales paseamos e hicimos el amor interminablemente.

En uno de estos viajes tomamos un crucero por mar, y en esa ocasión se nos ocurrió que para poder disfrutar de nuestro fetiche todo el tiempo, sin tener que afrontar la curiosidad de de los otros pasajeros, íbamos a simular que éramos dos íntimas amigas en viaje de placer.

Para eso fue imprescindible que yo me transformara en todo instante en una casi perfecta mujer muy imposible de descubrir, para lo cual teníamos que tomar las más cuidadosas precauciones.

Menos mal que tengo una barba débil, que es bien rala, por lo con que solo aplicándome una gruesa base de maquillaje después de un buen afeitado bien cuidadoso, sería suficiente para todo un día.

En el cabello no tendría problema, ya que lo usaba bien largo y tomado en una cola, siendo bastante liso, por lo que era suficiente teñírmelo de ese rubio tan de moda y hacerme un peinado bien apropiado para cada situación, para quedar perfectamente bien preparado.

La transformación tenía que ser lo más perfecta posible, ya que si alguien a bordo se percataba del cambio, no tendríamos sitio alguno donde poder estar o pasear, durante el resto de la travesía y solo podríamos quedarnos encerrados en nuestro camarote hasta el desembarco, so pena de sufrir miradas burlonas de los demás pasajeros y. su posible discriminación.

Ya que todavía había bastante tiempo antes de embarcarnos, pudimos perfeccionar más todavía nuestra preparación, así es que me sometí a un tratamiento radical para extirpar mi barba total y permanentemente.

Esto se hizo en base a quemar con electricidad pelo por pelo mi débil barba, el tratamiento fue muy lento y muy caro, pero valió la pena, ya que quedó perfecto, de tal modo que no me he tenido que afeitar nunca más.

El paso siguiente fue mandar a confeccionar en un sitio muy especial y privado que encontramos en la Web, un juego de calzones de una tela muy transparente pero muy firme, fina y delgada, lo mas diminutos posibles y del color de mi cuerpo.

Estos calzones me tenían que apretar muy ajustados, de tal modo que modelaran al máximo mi cintura y la dejaran lo mas estrecha posible, además tenían unos abultados rellenos de silicona fijos por su interior, que me remodelaban las caderas y los glúteos para darle unas formas mas femeninas.

En este mismo taller se hizo confeccionar un juego de petos de iguales materiales y características que los calzones, el que era posible de ser adherido casi invisiblemente por adelante a mi torso, con un pegamento especial que hacía posible de retirarlo en forma muy sencilla con una crema especial.

El peto tenía las formas de un par de senos de un tamaño bastante grande, pero no tanto como para hacerlo demasiado evidente, estas formas iban rellenas con silicona las que tenían un toque muy natural al tacto.

Con estas prendas tan especiales, podría incluso usar un traje de baño normal, pero no un bikini, y dentro de mis calzones tan ceñidos, era posible disimular muy bien mis testículos, ya que irían metidos en su cavidad natural dentro de mi cuerpo. existente desde la infancia.

En cuanto al pene mismo iría en el mismo lugar pero por fuera de mi cuerpo, por el interior del calzón, metido hacia atrás por el entrepiernas, de tan modo que me era posible orinar sentado en un inodoro, ya que habría en el calzón, un espacio para ello hacia su parte posterior.

Con toda esta parafernalia colocada, restaría hacer todas las preparaciones normales, previas a una salida en público, o sea, maquillarme completamente, y colocarme uñas adheridas y pintadas según la moda.

Posteriormente a esto solo sería necesario vestirme y calzarme los zapatos, según lo que correspondiera a cada ocasión.

Pero siempre que correspondiera y en cada caso particular, tendría que llevar zapatos de cualquier estilo, pero siempre tratando de usar los tacos mas altos que todas las demás mujeres, de tal modo de dar primacía, principalmente a mi fetichismo

Cuando ya todo lo anterior estuvo preparado, nos embarcamos en el crucero para un viaje de 85 días recorriendo el contorno de América del Sur , pasando por el estrecho de Magallanes, haciendo rumbo a Europa y posteriormente, bajando por África, dirigirnos al Oriente, visitando las islas del Ïndico,

llegando a las islas de la Especias, pasando al Japón y a China, para llegar a los EE.UU y retornar a este país.

Durante este largo periplo, pasamos grandes aventuras y disfrutamos de un ininterrumpido amor que se vio bastante complicado por el gran éxito que hubo entre todos los pasajeros gracias a nuestra tan atractiva presencia y a los ardientes deseos de muchos de ellos de conseguir nuestros favores sexuales, cosa que a veces nos fue muy difícil de parar sin provocar problemas.

En nuestra pasada por el Oriente, en Japón supimos de unos ingenieros que habían diseñado una máquina electrónica, una especie de Scanner, que tomaba con absoluta exactitud las formas de un pie humano en tres dimensiones, y las pasaba a una computadora.

La computadora a su vez manejaba otra máquina la cual fabricaba unas hormas para calzado, que eran una copia exacta de los pies de esa persona humana, así esto hacía posible la fabricación unos zapatos que calzaban absolutamente bien al cliente, sin problema ni dolor alguno.

Ambos estuvimos de acuerdo en comprar esa máquina y su patente a cualquier precio, ya que la máquina nos permitiría garantizar que cualquier persona con pies difíciles, tendría un calzado absolutamente cómodo y sin problemas de ninguna especie.

Eso nos crearía una clientela muy selecta que sería capaz de pagar grandes sumas por un calzado de esa clase y a

su vez nos permitiría crear una nueva clase de calzado que pudiera hacer posible llevar zapatos con un tacón bastante mas alto, y prácticamente sin problemas, para las clientes aficionadas a los tacones muy altos, lo que nos convertiría en los reyes de esta clase de calzado.

Compramos la máquina y su patente en una cifra bastante prudente e incluso contratamos a los ingenieros que la diseñaron, para que nos diseñaran nuevos programas apropiados para nuestros designios de calzado con tacones excepcionalmente altos.

Con estas novedades retornamos y procedimos ampliar la fabrica de nuestro antepasados, lo que nos dio gran fama en todo el orbe y nos comenzaron a llegar numerosos pedidos que cumplimos cabalmente, para la delicia de nuestros nuevos clientes lo que aumentó aún más, nuestra ya bien ganada fama.

Bebo la orina de mis compañeras de trabajo y me pillan

Todo comenzó un día en el que mi ex-novia y yo estábamos en plena faena, en un perfecto sesenta y nueve, ella arriba y yo abajo. En un momento dado, motivada por el frío o por lo que fuera, ella estornudó, escapándose le un poco de pis directamente en mi boca. Confundido y sorprendido por la situación yo me lo tragué mientras que ella se ponía roja como un tomate y se levantaba para pedir reiteradas disculpas. Ella estaba más que avergonzada, es una chica muy pudorosa y el hacer un sesenta y nueve ya era mucho para ella, cuánto más lo que acababa de pasar. Como comprenderéis, de lo avergonzada que estaba ya no hubo forma de reanudar lo que estábamos haciendo por más que hablé con ella; y acabó marchándose de mi casa, dejándome con una excitación física y mental tremenda.

Otro tema muy distinto era yo. Aquello había resultado ser una delicia en mis labios, un manjar para mi paladar, el mejor de los elixires para mis papilas gustativas. Nunca hubiese podido imaginar que aquello me pudiese gustar tanto. Cierto es que había oído hablar de la lluvia dorada, pero de ahí a poder saborearla directamente del cuerpo de una mujer había un abismo.

A partir de ese día aquella situación se convirtió en una obsesión para mí. Mi único objetivo era volver a repetir la experiencia, pero no un sorbo, como fue la vez pasada, sino todo el contenido de su vejiga. Día tras día se lo decía a Susana (así se llama mi ex-novia), pero ello en vez de acercarme a mi objetivo me apartaba cada día más. De hecho no volvimos a practicar el sesenta y nueve nunca más. Y nuestra relación se enfriaba al mismo ritmo que yo me calentaba pensando en poder repetir la experiencia. Hasta que llegó el día, dos semanas después, en el que me dijo aquello de: “discrepancias irreconciliables en cuestiones de sexo” y se marchó para no volver más, quedándome yo solo con mis pensamientos y fantasías.

En aquel entonces, al igual que hoy, vivía solo en un piso de alquiler, pequeño, pero suficiente para mí. Tengo un trabajo que me proporciona un sueldo que me permite pagar el alquiler y mantener mis gastos, sobre todo si casi cada día voy a comer a casa de mis padres que viven a quince minutos caminando de mi curro, con lo que no tengo que preocuparme ni de la comida ni de la cena, la cual mi madre me da en un bol de plástico cada día.

Hasta ese día no había tenido ni teléfono en casa, ya que con el móvil me bastaba, pero a las pocas semanas de dejarme Susana ya tenía ordenador y una conexión de fibra óptica de 300 megas instalada y funcionando a todo trapo. El repetir aquella experiencia líquida se había convertido en una obsesión para mí, quería saber más y empecé a navegar por internet con dos únicas palabras en mi mente “lluvia dorada”. Pude encontrar muchas páginas dedicadas al tema, pero pocas gratuitas. Ello no quitó que pasase varias horas al día pegado al ordenador viendo videos y leyendo relatos de mujeres meando sobre hombres. Lo que más me excitaba no era tanto el mear uno sobre el otro, sino el que el hombre pudiese saborearlo y bebérselo.

Eso me había obsesionado, yo quería volver a probarlo, volver a saborear ese elixir, ese líquido destilado saliendo del manantial de una mujer, saciar mi sed y mi lujuria con el “agüita amarilla” de una hermosa hembra.

En el trabajo somos diez personas, nueve mujeres (con edades comprendidas entre los veinte y los cuarenta años, incluida mi jefa) y yo. Es por eso que tenemos dos váteres, uno para ellas y otro para mi, aunque están juntos en el mismo lavabo, puerta con puerta, compartiendo la pica para lavarnos las manos. Como soy yo el único hombre en la empresa, en ocasiones, si está ocupado el de mujeres utilizan, el de hombres.

Mi puesto de trabajo está al lado de la puerta del lavabo, con lo que puedo ver quién entra y sale y el rato que pasa dentro. Mi fantasía ya era obsesión y sólo pensaba en lo que estaban haciendo dentro cada vez que entraban, imaginándome saboreando sus efluvios, incluso en alguna ocasión pensando que era yo el váter sobre el que meaban, pudiendo saciar mi sed, con lo que obtenía una tremenda erección.

El viernes de hace dos semanas, en un momento que estaba muy concentrado en mi trabajo no me fijé que habían entrado dos de mis compañeras en el lavabo, y cuando mi vejiga me reclamó ser vaciada me levanté de mi puesto y fui al lavabo para cambiar el agua al canario, pero al entrar descubrí que ambos estaban ocupados, así que decidí volver a mi puesto y esperar a que salieran para utilizar el mío. Pero en cuanto me dispuse a salir, se abrió la puerta del váter de hombres, saliendo de él una de mis compañeras, concretamente Silvia, la que se sienta en la mesa que está al lado de la mía, también muy cerca del lavabo. Así que sin pensarlo me metí dentro y mientras que con una mano levantaba la tapa del váter, con la otra iba a echar el pestillo de la puerta cuando: ¡Sorpresa! ¡No había tirado de la cadena del váter!

Estaba petrificado, tenía ante mí un váter lleno de líquido amarillo calentito que acababa de dejar mi compañera. Por mi mente pasaron miles de cosas, pero había una que no salía de ella: hincarme de rodillas en el suelo y beberme ese líquido. Como soy hombre sufrí un momentáneo atrofiamiento de mi cerebro, ya que toda mi sangre se acumuló en un único punto de mi cuerpo: mi erecto pene. Sin saber cómo me encontré de rodillas al lado del váter, metiendo la mano en el preciado líquido y bebiendo de ésta. Lo que pude saborear, a pesar de estar un poco aguado, era más de lo que yo podía resistir, era una delicia, un placer para mis sentidos, el mejor líquido que pudiese beber. Yo ya no pensaba más que en acabarme aquél líquido, así que metí las dos manos y haciendo un cuenco las llené y me las llevé a la boca para volver a saborear ese elixir. En esto estaba cuando escuché:

¿Pero qué haces cerdo?

Con la sorpresa no había terminado de cerrar la puerta y la había dejado entreabierta. Era otra compañera, Olga, la encargada de una de las dos secciones, que estaba en el váter de al lado y había terminado sin que me diese cuenta y al salir me había visto en tal posición, bebiendo el pis de Silvia. Con el grito apareció en escena Silvia acompañada de mi jefa: Carla.

(Carla) ¿Qué pasa aquí?

(Olga) Que he pillado a este cerdo bebiendo del váter.

(Silvia) Pues seguro que eso es mío, porque me acabo de dar cuenta de que no había tirado de la cadena.

(C) Vaya, así que tenemos un cerdo sediento entre nosotras. ¿Te gusta lo que estás bebiendo?

Yo no podía contestar, no sabía qué contestar, con el empalma miento que llevaba no tenía riego suficiente en el cerebro para pensar racionalmente y necesitaba un tiempo que no tenía para aclarar mis idear y emitir sonidos coherentes por mi boca, ya que hasta ese momento sólo había podido emitir un único monosílabo: Eeeeeh.

(C) Levántate y contesta.

(O) Viendo esa tienda de campaña en su pantalón, creo que no hace falta que conteste.

Yo me había puesto de pié y como no me había dado tiempo a que se me bajase el empalmamiento, se me marcaba un gran bulto en el pantalón, el cual respondió por mí a su pregunta.

(C) Ya veo que sí te gusta y por el bulto del pantalón parece que bastante.

En ese momento se les cambió la cara a todas, pasando de sorpresa-enfado, a rabia-venganza, y no sé cual de ambas expresiones me preocupaba más.

(C) Silvia, sal y haz un cartel que ponga: “Fuera de servicio” y lo cuelgas en la puerta del lavabo y si alguien te pregunta algo di que se ha roto una tubería y que no se puede utilizar en lo que resta de tarde y vuelves a entrar. ¡Rápido!

Silvia salió y volvió a entrar en menos de un minuto, el cual se me hizo eterno, de pié ante aquellas dos mujeres que me miraban de arriba abajo y compartían entre ellas sonrisas cómplices, mientras que yo me arrepentía cada vez más de haberme arrodillado ante el váter y haber probado de aquél néctar de mujer.

(C) Así que te gusta beber del váter. ¿hace mucho tiempo que lo haces?

(Yo) No, es la primera vez.

(O) ¿Seguro?

(Y) Sí, de verdad, es la primera vez que lo hago.

(C) Pero no es la primera vez que lo pruebas ¿Cierto?

(Y) No, la primera vez fue hace unos tres meses con mi novia.

(O) ¿Y lo has seguido haciendo hasta hoy?

(Y) No, no he vuelto a tener ocasión, ella me dejó dos semanas después.

(S) No me extraña, yo hubiese hecho lo mismo con un depravado como tú.

(O) Me parece que acabamos de encontrar una mina de oro con este chaval. (Ambas son mayores que yo)

(C) Pues sí Olga, y esto hay que explotarlo al máximo. Camilo, me parece que te has metido en un buen problema. En este momento tienes dos opciones. O pides la baja voluntaria sin protestar y no vuelves a aparecer por aquí en tu vida, aun que eso no te garantiza que te pongamos una demanda por acoso sexual, con lo que ello significaría: la cárcel, o aceptas lo que te propongamos sin rechistar.

(Y) ¿En qué consiste…?

(O) Eso da igual, ¿Aceptas o te marchas?

Hacía unos días había leído en el periódico que a un hombre por poner una cámara en el vestuario de mujeres le habían metido en la cárcel y lo mío no pintaba mejor que aquello. No quería ir a la cárcel pero tampoco sabía lo que ellas me propondrían. Lo que estaba claro es que eligiese lo que eligiese iba a tener consecuencias nefastas para mí.

(Y) Vale, acepto ¿De qué se trata?

(C) Sabia decisión.

(O) Para empezar toma este vaso, ya sabes lo que tienes que hacer con él.

(C) Y que no quede ni una gota.

Me estaban ordenando que continuase bebiendo del váter. No salía de mi asombro. Estaba totalmente paralizado con el vaso en la mano, mirándolas a las tres sin saber qué hacer. Estaba claro que Silvia estaba sólo como espectadora y que tanto Carla como Olga eran expertas en mandar y organizar, ya que en cuestión de minutos y sin decir una palabra entre ellas, habían urdido un plan para mí.

(O) ¿A qué esperas?

La voz de Olga me hizo despertar de mi letargo, haciendo que me dirigiese nuevamente al interior del váter para obedecer sus órdenes.

(S) Me parece que mis meados le gustan demasiado, vuelve a estar empalmado.

Silvia tenía razón en parte, no eran sus meados, eran los meados de cualquier mujer, pero en este caso eran los suyos los que provocaban en mí una erección de campeonato. Así que me incliné e introduciendo el vaso en el váter lo llené de ese líquido amarillo y me lo bebí, pudiendo saborear nuevamente el preciado líquido destilado por mi compañera.

(C) Como veo que te encanta y estoy seguro que te has quedado con sed, vas a seguir bebiendo hasta que yo te diga. Silvia, ve a los chinos de aquí al lado, compra un embudo grande y vuelve a entrar, pero trae también una botella vacía de litro y medio que llevo todo el día sin mear.

No podía creer lo que estaba oyendo, mi jefa me iba a ofrecer toda su orina, sus meados, su pipí, su elixir destilado, su “agüita amarilla”… a mí. Aquello superaba todo lo que yo me había imaginado en estos tres meses. Justo cuando terminaba de vaciar el váter aparecía Silvia por la puerta con la botella y el embudo, dándoselos a Carla en cuanto entró. Mi jefa se quitó las braguitas quedándose con la falda puesta, puso el embudo dentro de la botella y se puso en cuclillas ante mí, levantándose levemente la falda para poder ver si se llenaba la botella, ya que al llevar todo el día sin mear podría tener más de litro y medio almacenado.

(C) ¡Espera! Son menos cuarto, Olga, sal y di a todas que ya se pueden marchar a casa, que como es viernes y el lavabo se ha estropeado que se marchen todas, y no hace falta que fichen, que ya lo haré yo por ellas a las seis. En cuanto se marchen cierras la puerta de la calle con llave y vuelves a entrar. Te espero.

Tal y como Olga salió y dio la noticia se oyó un poco de alboroto y los tacones de todas alejándose hacia la puerta de la calle. No habían pasado ni dos minutos y Olga había vuelto a entrar.

(O) Ya se han marchado todas, he cerrado la puerta con llave y he apagado las luces de la entrada.

(C) Muy bien Olga. Me parece que he cambiado de planes y la botella no me va a hacer falta. ¡Estírate en el suelo boca arriba! Y pobre de ti que me toques o que no te bebas todo lo que te voy a dar.

Yo me tumbé en el suelo esperando lo que intuía que iba a pasa: ¡Iba a mear directamente en mi boca! Y no me equivoqué demasiado, pero en vez de hacerlo directamente lo hizo ayudada por el embudo. Así que me puso el embudo en la boca, se volvió a levantar la falda, pudiendo contemplar esta vez un coño completamente depilado, se puso encima de mi boca mostrándome ese maravilloso coño y se agachó hasta quedar en posición.

(C) ¡Traga y que no se llene el embudo! No me gusta parar cuando estoy meando. Como me toque parar te prometo que tus pelotas sufrirán mi ira.

Aquellas palabras penetraron en mi mente como una orden, así que me dispuse a tragar con la mayor rapidez que pudiese. Y no tuve que esperar demasiado, ya que en unos segundos, enfrente de Olga y Silvia, se puso a mear en el embudo. En esa posición no podía ver cómo salía ese líquido destilado del coño de Carla, pero lo que estaba saboreando compensaba con creces cualquier ausencia de visión e incluso los insultos que recibía por parte de las tres.

(S) Cerdo, nunca hubiese podido creer que alguien fuera tan puerco como para beberse los meados de otro.

(O) Pero no ves el paquete que tiene en el pantalón, si encima está disfrutando ¿Pero se puede ser más puerco?

(C) Se está llenando el embudo, bebe más deprisa o se lían a darte de patadas en las pelotas hasta que se te baje el empalmamiento.

(O) Qué pena que no me quede nada, porque me estoy poniendo cachonda y me encantaría darle de beber.

(S) ¡Olga! ¿Tú también?

(O) Pues claro ¿Pensabas a caso que esta es la primera vez? No bonita, no. Esto es algo que de tanto en tanto hemos podido practicar con nuestras respectivas parejas. No olvides que Carla y yo somos amigas desde el instituto y tenemos muchas cosas en común fuera de la oficina, tanto que desde hace más de medio año compartimos piso.

(C) Me parece que este cerdo nos va a servir muy bien a partir de ahora.

Cuando Carla vació su vejiga completamente, hasta la última gota de su destilada esencia, en mi sedienta boca, se limpió con el papel que ya tenía preparado Olga para ella, se levantó poniéndose nuevamente las braguitas y, arreglándose la falda, continuó con sus planes para mí:

(C) Olga, llama ahora mismo a Juani y dile que quiero que vengan mañana por la mañana y que adapten el cuartito de limpieza para este cerdo.

(O) Esto va a ser mucho mejor que con el anterior.

¿Anterior? Por eso supo enseguida qué es lo que tenía que hacer y cómo, esa soltura y falta de vergüenza a la hora de descubrir sus intimidades y ponerse a mear frente a sus subordinados: no era la primera vez que lo hacía.

Mientras que mi mente asimilaba las palabras de Carla y Olga y los acontecimientos sucedidos, mis papilas gustativas se recreaban una y otra vez en saborear aquél manjar, elixir procedente del manantial de esa mujer. Todavía me quedaba el sabor de su “agüita amarilla” y lo estaba disfrutando. Nunca en mi vida me hubiese imaginado que podría hacer realidad de esta manera tan brutal mis fantasías de saborear el néctar destilado por mujer alguna, directamente del manantial.

(C) Levanta cerdo. Como habrás comprobado, no tengo ningún reparo en mearme en tu boca, más bien es algo que tanto a Olga como a mí nos fascina y siempre que hemos tenido oportunidad lo hemos hecho con nuestras respectivas parejas. Incluso llegamos a tener a un cerdo en casa para las dos por un mes, pero un buen día desapareció y no hemos vuelto a saber nada de él. Así que tú le vas a substituir. El lunes llegarás dos horas tarde al trabajo. En cuanto llegues vienes directamente a mi oficina, allí te estaremos esperando Olga, Silvia y yo y tendremos una chala en la que te explicaremos cuáles serán tus nuevas funciones y puesto de trabajo.

(O) Para que se te quite cualquier idea de no venir el lunes a trabajar, te voy a mostrar las fotos que te he estado tomando con el móvil sin que te dieras cuenta, en las que se te ve muy bien la cara y todo lo que has estado haciendo, pero en las que no se nos reconoce a ninguna de nosotras. Así que si no quieres que esto llegue a otras personas, como por ejemplo un juez, más te vale que aparezcas por esa puerta el lunes a las once en punto.

(C) ¿A quedado claro?

(Y) Sí, muy claro. El lunes a las once de la mañana en su despacho.

(O) Y tú Silvia ni una palabra de todo esto a nadie.

(S) La verdad es que después de ver a Carla mearle en la cara a Camilo y cómo le crecía el paquete me he calentado y yo también quisiera probar.

(C) No te preocupes, si aparece el lunes, que aparecerá, tendrás muchas ocasiones para hacerlo y disfrutar con ello tanto como lo hacemos nosotras. Y tú, cerdo, ya puedes largarte.

Cogí mis cosas y me fui para casa intentando asumir lo que había pasado y lo que podía pasar a partir del lunes. Tan sólo por un instante pasó por mi cabeza el hecho de no volver al trabajo, de dejarlo todo y buscarme otro curro, e incluso el gastarme parte de los ahorrillos en irme de vacaciones un mes a algún sitio muy lejano, para no hacer nada y olvidarme de todo, mientras que las cosas se enfriasen, especialmente mi cabeza, la cual estaba en ebullición con tantos acontecimientos seguidos. Pero enseguida comprendí que esa no era una opción, ya que estaba pillado y no tenía otra salida que enfrentarme a la realidad y hacer frente a mi nueva situación en el trabajo, al servicio personal de Carla, Olga y Silvia.

Cuando llegué a casa, con el calentón que llevaba, me hice una paja de campeonato recordando lo que hacía menos de media hora acababa de vivir, saboreando una y otra vez los restos de su orina que quedaban en mis papilas gustativas. Cuando ya me había desahogado y calmado de la excitación, me dediqué a limpiar un poco el piso, cenar, ducharme y ver un rato la tele, o más bien hacer zapping en la tele, porque ver no vi nada que mereciese la pena; tampoco encendí el ordenador, ya que ya había tenido bastante dosis de sexo atípico esa tarde. Así que me fui a dormir bastante temprano.

Esa noche tuve una y otra vez el mismo sueño, aun que como sueño que es no tiene demasiado sentido, pero resumiendo el sueño más o menos iba así: Yo estaba en una habitación muy grande sin ningún mueble salvo una cama, tamaño matrimonio, de esas estilo Luís XVI, con columnas de metal y techo de lona, con cortinas en los laterales, en la que estaba tumbado, desnudo y atado a las cuatro columnas, con las piernas y los brazos abiertos. De repente se abre la puerta que está a los pies de la cama, al lado izquierdo de la misma y aparece una mujer, la cual no reconozco al no distinguir su cara (es un sueño) y dirigiéndose a mí me dice:

Tienes sed, me parece que hoy no te hemos dado ni de comer ni de beber.

Y subiéndose a la cama, desnuda de cintura para abajo, plantó su rasurado coño sobre mi cara y se dispuso a mearme directamente en la boca, pudiendo yo saborear ese néctar de mujer.

Muy bien cariño, veo que tenías mucha sed, no has derramado ni una gota.

Y dicho esto se bajó de la cama y se marchó por donde vino. Inmediatamente salida ésta de la habitación entró otra mujer a la cual tampoco reconocí y siguiendo el mismo patrón que la anterior, se subió a la cama y me plantó su también depilado coño en mi boca, para darme de beber su preciado líquido, obteniendo yo una erección inmediata.

¡Vaya! Parece que el nene tiene hoy ganas de guerra. Pues espero que tengas mucha sed porque hoy he estado todo el día bebiendo mucha agua pensando en ti, así que hazme feliz y bébete todo lo que te dé.

Como comprenderéis me bebí todo, todo, todo. Creo que está de más decir que aquello a pesar de ser un sueño lo estaba disfrutando como si fuese real, como si realmente tuviese encima de mi boca ese peloncete coño dispuesto a darme de beber, ese manantial de “agüita amarilla” destilada especialmente para mí.

Muy bien, ahora que ya hemos saciado tu sed, es hora de saciar tu hambre.

Y con un ligero movimiento puso su culo donde antes tenía su coño, para darme de comer tal y como antes me había dado de beber: con lo destilado por su cuerpo, pero en esta ocasión en forma sólida. Yo abrí bien grande mi boca y me dispuse a alimentarme con lo que aquél cuerpo me ofrecía.

Este sueño se repetía una y otra vez, como si pudiese ver en él el futuro que me esperaba: perder mi libertad y ser alimentado por las deposiciones y orines de bellas mujeres.

Cuando me desperté tenía un empalmamiento tremendo, quizás motivado por todo el líquido que había bebido y acumulado durante la noche (Je, je, je)

Para no aburriros explicándoos mis horas de búsqueda en internet sobre los efectos de la ingesta en grandes cantidades de orina humana, os diré que acabé dándome de alta en un par de páginas de dominación femenina en el que incluían un montón de vídeos de lluvia dorada y scat, algo que duró todo el fin de semana, descansando lo justo para comer, dormir un poco e ir al lavabo.

El lunes llegó y con él el momento de la verdad, el momento de enfrentarme a Carla, a Olga y a Silvia. A las once en punto, dos horas más tarde de la hora habitual de entrada, abrí la puerta y sentí como si todas las miradas se dirigiesen hacia mí, como si todas supiesen lo que había pasado el viernes y lo que iba a pasar ahora. Así que con la mirada fija en el suelo, fui raudo hacia el despacho de mi jefa Carla. Allí me estaban esperando las tres, felices y alegres, como si les encantase la idea de verme aparecer. Y en verdad así era, ya que los planes que habían urdido para mí entre Carla y Olga durante el fin de semana, no era para menos.

(C) Pasa, cierra la puerta y siéntate… El que estés aquí hoy después de lo que ocurrió el viernes, nos da pie a pensar que te encanta que una o varias mujeres te dominen y especialmente que se meen sobre ti. Pues como jefa que soy tengo la obligación de atender a las necesidades de mis empleados y facilitarles en la medida de lo posible su trabajo, dándoles un escenario apto para el mismo, velando por su seguridad y salud.

Como bien sabes hoy entramos en campaña y vamos a estar trabajando a tope, tanto que en ocasiones no vamos a tener ni tiempo para ir al baño a mear, así que desde este momento pasas a ser nuestro nuevo “váter portátil”. A partir de hoy tu puesto de trabajo será la mesa que está al lado del cuarto de la limpieza. En cuanto recibas un mensaje por el ordenado de alguna de nosotras, dejarás lo que estés haciendo y te dirigirás inmediatamente al puesto que se te requiera y metiéndote bajo la mesa beberás lo que cada una de nosotras te ofrezcamos, utilizando un embudo y un tubo, como estos, que todas tenemos en nuestras mesas.

Tranquilo todas ya saben lo que pasó el viernes, a las nueve en punto hemos tenido una reunión las nueve y les hemos explicado todo. Ellas están encantadas y por eso todas tenemos una botella grande de agua sobre la mesa, para que todas podamos utilizarte esta misma mañana.

Algunas están un poco nerviosas por hacerlo en público, por eso hemos adaptado el cuarto de limpieza, instalando un váter muy original para que lo puedan hacer en la intimidad. ¿Queda claro? ¿Alguna pregunta?

(Y) Me parece que no tengo nada que decir, ya lo habéis pensado todo vosotras por mí.

(O) Cierto. Tus responsabilidades habituales seguirán siendo las mismas que hasta ahora, con este añadido de “váter portátil”, con lo que tu sueldo y jornada laboral no variará.

(C) Pues si no tienes ninguna pregunta, síguenos que te enseñaremos tus nuevos puestos de trabajo.

Salimos del despacho y fuimos hasta mi nueva mesa, por el camino pude darme cuenta de que casi todas vestían falda y que realmente todas tenían una botella grande de agua sobre sus mesas y algunas ya estaban casi vacías, con lo que no tardarían en requerir mis servicios. Eso hizo que antes de llegar a mi mesa ya tuviese una erección considerable pensando en estar metido debajo de sus mesas pudiendo absorber sus esencias.

Debo decir que ninguna de ellas fuma y que al ser bastante jóvenes todas ellas están bastante sanas, algo que me tranquilizaba. La mayoría son separadas o divorciadas, salvo dos que están casadas y una que tiene pareja estable, las únicas tres que venían con pantalón y que a demás sus botellas estaban por empezar, lo cual me hizo sospechar que ellas no requerirían de mis servicios.

(O) Este es tu nuevo puesto de trabajo, la mesa es distinta, pero el ordenador es el tuyo.

Y abriendo con llave la puerta del cuarto de limpieza…

(C) ¡Y éste es el nuevo váter! Especialmente hecho para ti y por ti. Para que lo puedas utilizar con aquellas que no quieran o puedan utilizarte debajo de su mesa. ¡Hoy va a ser el mejor lunes de trabajo en mucho tiempo!

El mencionado váter no era otra cosa que la estructura de una silla bastante alta de hierro, en la que se había instalado una tapa de váter transparente y debajo de esta se había instalado un recipiente de plástico transparente con forma de gran ensaladera de la que salía en el centro un tubo de goma también trasparente bastante ancho que llegaba hasta unos veinte o veinticinco centímetros del suelo. El artilugio estaba instalado contra una de las paredes, con lo que se suponía que al meterme debajo e introducirme el tubo en la boca, quedaba totalmente inmóvil, sobre todo si pensamos que en esa posición quedaba como el estrado de toda aquella que lo utilizase conmigo, para que pudiese descansar sus pies sobre mi pecho o barriga y no le quedasen colgando por los lados.

Para ellas iba a ser el mejor lunes en mucho tiempo, pero para mí iba a ser el mejor día de mi vida.

Con una prostituta fetichista

Increíble experiencia fetichista la que me pasó una vez que estuve por Barcelona por motivos de trabajo. Yo estoy casado y tengo un hijo, y desde hace años siempre he estado con la misma mujer y he sido fiel, pero en este viaje todo se desmadró un poco. Conocí a un chico que estaba también allí de trabajo y nos fuimos a tomar una copa, al principio todo normal, pero según iba pasando la noche el chico no paraba de hablar de sexo y de cosas relacionadas con el fetichismo, así que me empezó a entrar curiosidad y cuando tomé el último cubata ya estaba deseando probar una dominatriz de esas, una mujer que me hiciera alguna de aquellas cosas que tan cachondo me habían puesto.

Cuando salí del bar me puse inmediatamente a buscar prostitutas de lujo en mi móvil, necesitaba saciar mi sed de sexo y tenía que ser con una profesional que me diera mucha caña, tal y como me contaba el amigo durante las copas. Encontre una Scort que ofrecía servicios de masoquismo y la llamé en aquel mismo momento, me dijo que ella no iba a domicilio y que tenía que ir a su dirección, no lo dudé ni un segundo, me dirijo a aquella casa y llamo al timbre, estaba empalmado desde antes de llamarla, pero no sabía porqué justo en aquel momento se me había bajado todo, supongo que el alcohol había dejado de hacer efecto o estaba haciendo más, no se el caso que me puse muy nervioso.
En casa de la prostituta fetichista

Abrió la puerta una bella señora fetichista de unos 45 años, pero con muy buenas curvas, vestida con un corset de cuero negro y semi-desnuda, me invitó a pasar y no me salía ni la voz del cuerpo, que culo tenía tan increible y cómo podía estar tan nervioso con aquella situación. Me dijo que sus tasas eran 400 euros en efectivo y no había descuentos ni rebajas ni nada, que si no estaba de acuerdo que me largara ahora mismo, su voz era como muy imperativa, me ponía cachondo cada vez que me decía algo, estaba deseando que me diera caña y podría haber pagado hasta mil euros sin pensármelo siquiera.

Me llevó a una habitación totalmente llena de artilugio, me ordenó que me desnudara y me pusiera una especie de collar con una cadena y yo accedí sin ningún miedo, la tenía cada vez más dura, y estaba tan cachondo y deseoso que si me rozaba me correría en aquel momento…

La dominatriz empezó a tirar de la cadena que guiaba mi collar y me obligó a ponerme de rodillas, no sabía porqué pero quería hacer todo lo que ella me ordenara, me ponía cachondo y no podía dejar el juego. A continuación se sentó en una silla y abrió sus piernas, se desabrochó la ropa que cubría su coño y tiró de la cadena hacia ella, acercando fuertemente mi cabeza a su velludo coño, con sus manos agarró mi cabeza y apretó mi nariz contra su vagina durante un rato, no podía sostenerme, estaba a punto de correrme y todavía sólo había empezado aquella sesión casera de BDSM que me estaba haciendo olvidar a mi mujer y a mi hijo…me estaba volviendo un fetichista y no había vuelta atrás.

A continuación me alejó de ella con su bota, reconozco que me dolió un poco pero quería seguir… me puso tumbado en el suelo y se sentó sobre mi espalda, comenzó a refregar su coño por todo mi cuerpo agarrándome del pelo como si fuera su caballo, luego empezó a azotar mi culo con una especie de porra policial con pinchos, dolía pero me gustaba todo aquello, cada vez más… me dió la vuelta y mientras rozaba su cálido coño sobre mi verga bien dura me dijo si quería seguir sufriendo o prefería la penetración ya, que aquello había que bajarlo y que yo, inesperadamente también la había puesto muy cachonda, no pude resistir, le dije que me apetecía penetrarla de una vez, me enfundó la polla con un condón y comenzó a follarme ella a mí, subía y bajaba sobre mí a gran velocidad, como nunca antes me habían hecho, creo que no tardé ni cinco minutos en correrme, y la verdad me quedé con muchas ganas de haber seguido aquel juego tan duro hasta el final, pero no me pude aguantar.

Algún día volveré a Barcelona y terminaré la experiencia fetichista estoy seguro…

Mi madre me pilla con sus zapatos

Mi familia esta compuesta por cinco miembros. Mi padre es médico cardiólogo y tiene 55 años. Mi madre, siete años menor, trabaja como abogado en un bufette en nuestra ciudad. Mi hermana de 20 y mi hermano de 23 completan el “nido”.

Todo comenzó en el puente del Pilar, el doce de octubre, que este año coincidió en jueves. Mis dos hermanos se largaron de acampada, aprovechando los último días buenos antes de la época de lluvias. Mi padre llevaba toda la semana en un congreso en Lyon y no regresaría hasta el domingo a la tarde. Yo estaba indeciso entre irme unos días con unos amigos a una casa rural o quedarme con mi madre, ya que no me gustaba la idea de dejarla sola todos esos días, aunque ella me insistió en que no le importaba lo más mínimo, que quería descansar. En fin, al final decidí quedarme ya que lo de la casa rural se fue al traste. No me importó mucho, pues el puente no se presentaba tan aburrido, con dos fiestas en sendos pisos el miércoles y el viernes. Así de paso acompañaría a mi madre para que no estuviese tan sola.

El miércoles había quedado a once de la noche para la fiesta. Mi madre también se estaba preparando para salir a cenar con unos amigos. A las diez me dijo que se iba. Me vino a dar un beso de despedida

-Estás guapísima mamá -le dije-.

La verdad es que mi madre se conserva bastante bien para la edad que tiene. Pero lo que le hace más atractiva es que se cuida mucho. Viste muy elegante, con faldas rectas hasta la rodilla, y botas o zapatos de tacón a la última moda. Ella es morena, con el pelo liso peinado al estilo de Ana Rosa Quintana, delgada y más bien alta.

-Gracias cielo. Pásalo bien en la fiesta y no bebas mucho.

-Vale. Chao.

Al cabo de unos minutos me di cuenta de lo silenciosa que estaba la casa. Esto me excitó y decidí masturbarme con una de la múltiples películas porno que tengo grabadas del plus, antes de salir de marcha.

Puse la película y comencé con el meneo. La película era americana. En una de las escena una chica le acariciaba con el tacón de su zapato el coño de otro chica. Me puse a cien. Paré la película. Se me había ocurrido algo muy sucio. Me fui a la habitación de mis padres. Abrí el armario empotrado y busqué unos de los zapatos de mi madre que tanto me gustaban. Eran unas sandalias de charol rosa fucsia desnudas en el talón y con un tacón negro recto bastante alto. Me las llevé al salón. Me desnudé por completo, puse la película otra vez. Me puse los zapatos. La sola visión de mis pies con los zapatos me hizo recuperar la erección que había perdido al parar la película. Me imaginaba poder follarme a una chica únicamente vestida con esos zapatos. Me saqué uno y me metí el tacón en la boca. Lo chupé. Estaba a punto de estallar. El olor a cuero me excitaba mucho. Abrí las piernas y empecé a acariciarme la entrada del ano con el tacón. Al cabo de un minuto no pude más y eyaculé como un bestia, salpicándome todo el torso y uno de los zapatos con mi semen. Era la primera vez que lo hacía y me dejó totalmente extasiado.

Me duché y me vestí para la fiesta.

La mañana siguiente estaba totalmente cabezón. Bebí bastante y fumé como un carretero. Me desperté a eso de las doce y media. Mi madre no estaba. Me duché, desayuné algo, me tomé dos aspirinas y un Almax y me puse a ver la tele tirado en el sillón, dispuesto a no mover ni un músculo hasta la hora de la comida.

A las dos llegó mi madre de hacer footing con una amiga. Me dijo que no había hecho nada de comer y que me vistiera que nos íbamos a almorzar a un restaurante que está cerca de casa. Me puse rápidamente unos vaqueros y una camisa, ya que sabía que mi madre se iba a poner toda elegante y no quería destacar demasiado con mi chándal de los domingos cosecha del 92.

En efecto, mi madre estaba radiante. Vestía un jersey sin mangas y con cuello de cisne de color violeta, que hacían destacar sus aún aceptables y no muy grandes pechos. Por abajo llevaba y falda recta de color violeta con pequeñas florecitas blancas. La fina tela de la falda dejaba entrever que llevaba un tanga por debajo. Completaba la vestimenta unas medias negras y unas babuchas negras de tacón alto. Estaba elegantísima y muy sexy.

Cuando llegamos al restaurante el camarero nos dijo que teníamos que esperar un poco, ya que tenían que prepararnos la mesa, y nos sugirió que lo hiciésemos tomando un aperitivo. Mi madre me miró con cara de interrogante y yo asentí. Nos pusimos en la barra, yo de pie y ella sentada en una banqueta. Los hombres que pasaban se quedaban mirando pasmados en la dirección de las piernas que mi madre mantenía cruzadas haciendo verdaderos equilibrios. Aprovechando que mi madre miraba hacia la calle yo también clavé mis ojos en sus piernas y zapatos. Me di cuenta de que me estaba empalmando. Me quedé totalmente pasmado mirando sus muslos cruzados, sus delgados tobillos y sus zapatos. Mi madre se dio cuenta y me dio un cachete en la nuca.

¿Qué haces? -me dijo mi madre-.

Na, na na nada… mamá -le contesté yo, aún con el susto en el cuerpo-.

Nos pusimos a comer y al cabo de unos minutos ya me había olvidado de lo sucedido en la barra.

La mujer de mi amigo me pide que le depile el coño

Mi mejor amigo se llama Juan Mateos, nos conocemos desde hace mucho tiempo y hemos llegado a tener una confianza casi absoluta. Se parece mucho a mí, hasta en lo cachondo, pues ambos nos hemos “enganchado” a las páginas de sexo de Internet y comentamos entre los dos lo más interesante, nos enviamos las fotos que más nos han gustado y cosas así.

Sin embargo, Mateos es muy estricto respecto a sus posesiones… con lo que también me refiero a su preciosa mujer Mª Victoria. Ella es una delicia, un poco chapada a la antigua, pero encantadora, algo rellenita pero perfectamente proporcionada. Respecto a su mujer, mi amigo no permite la más ligera insinuación o comentario, lo que, visto le que me ha ocurrido con ella, me puede acarrear más de un problema. Claro que eso sólo si se entera, por lo que los nombres son lógicamente supuestos, ante el peligro de que pueda leer esto que escribo, porque tengo la necesidad de contarlo.

Resulta, que en una de nuestras charlas comentamos Mateos y yo, después de ver una serie bastante amplia de fotos de tías buenas bajadas de Internet, todas ellas con el chochete perfectamente recortadito, que, donde se ponga una mujer con el coño depilado, que se quite lo demás.

Ciertamente esto lo dijimos plenos de convencimiento porque, no sé si a todos los tíos, pero a nosotros dos, nos vuelven locos. Las mujeres deberían ser conscientes de la diferencia que hay de cuando abren sus piernas y nos enseñan la raja envuelta en una mata de pelos, que ocultan lo más caliente de su anatomía, a la visión espléndida de un chochito carnoso, brillante, sin un solo pelo, que parece estar diciendo ¡CÓMEME!. De veras, he tenido la fortuna de probarlo y la diferencia es abismal, en un caso estaba deseando terminar para escupir los pelos de la individua que se me quedaron en la garganta y que en alguna ocasión me han hecho incluso vomitar (¡qué apropiado para un momento así!) y en el otro, la misma tía pero esta vez “afeitadita”, me tuvo que separar la cabeza de entre sus piernas después de media hora y tres orgasmos sin cansarme de su almeja, que pese a conocerla como la palma de mi mano, parecía aquel día una desconocida para mí.

Pues bien, retomando el hilo de la historia, de aquella conversación sobre los chochetes afeitados, surgió otra más pícara con la que pretendí hacerle un favor a mi amigo. Él me había dicho que su mujer era totalmente contraria a afeitarse los bajos fondos y que él nunca se lo propondría, pero yo pretendía darle una alegría, así que una noche que habíamos cenado y nos habíamos tomado algunas copas (no sé si de más), fui poco a poco subiendo el tono de la charla entre los cuatro -mis amigos, mi mujer y yo- hasta llevarla al lugar que yo pretendía. Mi mujer sin saberlo colaboró mejor de lo que yo esperaba ya que estaba totalmente sin avisar de mis intenciones.

El caso es que planteé la idea que ya he dicho de que las partes nobles tanto del hombre como de la mujer debían ser objeto de atentos cuidados, especialmente cuando se trata de mantener la pasión, a lo que mi mujer repuso, un tanto alegre por lo que había bebido, que tanto ella como yo nos afeitábamos periódicamente los genitales, pero que en ambos casos yo era el ejecutor de la depilación tanto de ella como la mía, además matizó casi entrando en detalles que yo tenía un pequeño cortapelos que era magnífico y no irritaba nada, dejando el pubis perfectamente delimitado y recortado, afeitando por completo el resto de los pelos hasta el final de la raja del culo. Ni que decir tiene que aquel día, entre la conversación y las copas todos nos pusimos tan cachondos que a punto estuve de enseñarles la polla entera, porque me obligaron ante la incredulidad de que yo estuviera afeitado a enseñarles algo y me quedé en el pubis y parte de un huevo por el lado de los calzoncillos. Cuando vieron el pubis rapado al 1,5 y perfectamente recortado, y el cuero de los cojones perfectamente afeitado, cambiaron la cara y lo que creían cachondeo, pasó a cachondez. La suerte estaba echada, quería sembrar en Victoria la idea de que aquello era una cosa normal y, conociéndola, no tardaría en llevarlo a cabo, con la consiguiente alegría para Mateos, sobre todo después de lo que había puesto yo en juego. Claro que aquella noche cayó un polvo de antología, con mi mujer, por supuesto.

Después de aquello suponía que pasaría algo, pero lo que no esperaba es que un día Victoria me llamara al móvil para que fuera a verla, con algo de urgencia. Por suerte o por desgracia yo estaba desocupado aquella mañana y sin intuir nada fui a verla en un salto. Tras entrar a su casa y saludarla con un par de besos en las mejillas, le pregunté sin ambages qué pasaba, a lo que, con mucho misterio, cerró la puerta y casi susurrando me dijo que necesitaba que le hiciera un favor.

– Lo que te haga falta, -le dije, no sin cierta preocupación por el tono de la petición.

– Sé que puedo confiar en ti y quiero darle una sorpresa a Mateos por su cumpleaños… -comenzó

Más tranquilo pensé que se trataba de buscarle o recomendarle algún regalo o prepararle una fiesta sorpresa, lo que justificaba en cierto modo el misterio. Pero…

– … así que quisiera que me ayudaras con cierta operación que no me atrevo a hacer, además como tú tienes más experiencia, querría que me ayudaras a depilarme.

Así de sopetón, se me tuvo que quedar una cara que no me atrevo a describir. Estúpidamente, dije:

– ¿Depilarte?, ¿¿¿el qué??? -como si a esas alturas no lo supiera, además el color de mi cara lo revelaba a las claras.

– Mira, Ramiro, sé que puedo confiar en ti y que, conociéndote como te conozco, no te aprovecharás de la situación. Me ha costado mucho decidirme, pero es que me gustaría darle una sorpresa a Mateos y tú sabes lo que le gusta, además me ha dicho Paula que tienes mucha habilidad, ya sabes a lo que me refiero, depilarme el Monte de Venus… ¿lo harás por mí?

Creo que el corazón se me salía por la boca en ese momento, ¿cómo iba a ser capaz de hacer eso con la mujer de mi mejor amigo?, además, con lo buena que estaba ¿cómo iba a mantener la sangre fría para no hacer algo que me costaría muy caro?, pero, con lo que me había dicho y tras el trabajo que le habría costado decidirse a pedírmelo, ¿cómo le iba a decir que no?

Esa fue mi respuesta: – ¿Cómo te voy a decir que no? -dije con voz temblorosa. – Pues vamos, no hay que perder el tiempo. Pero, una cosa: Nadie lo debe saber, ni tu mujer ni mi marido… ¿estamos? – Claro, claro…

Decidida se fue para el dormitorio y, haciendo caso a su indicación, la seguí. Lo tenía todo preparado, hasta se había comprado un pequeño cortapelos parecido al mío (supongo que le habría preguntado a mi mujer), una toalla encima de la cama, un barreño con agua caliente, espuma de afeitar, cuchillas nuevas, crema hidratante…

Mientras miraba todo aquello me di cuenta que ella estaba también muy nerviosa quieta delante mía sin saber qué decir o hacer…

– ¿Vamos?…

Haciendo un esfuerzo por dominar el temblor de mis manos, dije:

– Venga, lo primero es que te desnudes… (como si no lo supiera)

Hubiera bastado que se desnudara de cintura para abajo, pero me hizo caso literalmente y se quedó completamente desnuda, mostrándome un cuerpo precioso, pero prohibido. Me obligué a no mirarla con lujuria, pero era prácticamente imposible, tenía los pechos preciosos, con un tamaño grandote y rollizo, pero firmes y “desafiantes”, la exploración fue detenida por la cándida mirada de sus ojos color miel. No podía mirarla como lo estaba haciendo, se me encendió una luz en el cerebro. Después de haber doblado toda su ropa y dejarla delicadamente encima de una silla, volvía a quedarse mirándome con dulzura… Tenía que tomármelo como algo “profesional”.

– Vale, échate en la toalla…

Se tumbó suavemente y pude ver que había intentado cortarse el pelo ella misma antes de llamarme. Comprendí entonces por qué me llamó. Lo había hecho fatal, dejándose unas calvas que iban a ser difíciles de arreglar.

– Vaya, se ve que lo has intentado… -dije intentando dar un toque de serenidad al ambiente.

– Sí, pero ya ves lo mal que me ha quedado, lo que pasa es que me da más vergüenza ir a cualquier sitio de estética que decírtelo a ti, y no creas que no me da vergüenza estar así…

Esta frase la dijo acompañada de una apertura de las piernas que dejó al descubierto toda su intimidad. Tenía unos labios rosados y perfectos y a mí me iba a dar algo.

De pronto, me entró un arrebato de responsabilidad y le dije que aquello no podía ser, yo no podía estar allí de ese modo con la mujer de mi mejor amigo… todo había sido una equivocación. Pero no contaba con su talante. Era una mujer de las que cuando toma una decisión no hay en el mundo nadie que sea capaz de hacerla desistir y donde había llegado era una vía sin retorno. Así me lo hizo comprender.

– Mira, yo estoy tan nerviosa como tú, pero tómalo de esta forma. No estamos haciendo nada malo, aunque nunca deberán enterarse tu mujer ni mi marido. Además entre nosotros hay confianza, ¿no?, hay cosas más comprometedoras que hemos hecho y de las que hemos hablado y no ha pasado nada, así que manos a la obra que no tenemos todo el día.

Y tal como lo dijo me tomó la mano y la colocó en su vientre, dejándose caer hacia atrás, dándome a entender la única opción que tenía. Sin mediar más palabras, comencé a humedecerle toda la zona púbica y después separé sus piernas con mis manos para hacer lo mismo con el contorno de los labios y las ingles. Descubrí que tenía el sexo bellísimo, bastante hinchado, lo que revelaba la notoria excitación que le provocaba, igual que a mí, la situación, pero sobre todo, lo que consiguió enardecerme hasta un grado casi insostenible fue el aroma que emanaba y que llegó hasta mí nada más separarse mínimamente los labios de su coño.

Seguía sin creer que me estuviera pasando aquello, pero no cabían más discusiones. Así que me dispuse a hacerle un buen trabajo y, ¡qué coño!, disfrutar de él.

Me dediqué a seguir humedeciendo con agua templada toda la zona, por supuesto con la mano desnuda, lo que puede decirse que era acariciarle todo el vientre, con dulzura, y las ingles, rozando levemente los labios de su coño que para entonces estaba entreabierto por culpa un poco de la postura, las caricias, los nervios y sobre todo las dimensiones que estaba tomando su clítoris.

Recorté todo el contorno con el cortapelos para dejar el pelo con el tamaño deseado. Aquello empezaba a arreglarse, tomando forma y quedaba francamente bien. Después recorté con la cuchilla de afeitar, poniendo algo de espuma, rasurando lo que sobraba hasta quedar totalmente liso y definido el triángulo “redondeado” de pelillos que había pensado para ella.

Ahora venía lo difícil. Afeitar completamente los lados del coño, para lo que tenía que proteger las zonas más delicadas, así que con la mano entera tapé los labios del chochete, estirando la piel para poder afeitar la zona hasta la ingle.

Mientras lo hacía le miré a la cara. Todo este tiempo habíamos estado muy callados y tensos y hasta casi me asusté cuando la vi que me miraba con unos ojos de infinita comprensión, tranquilidad… el caso es que aquella mirada con la media sonrisa que la acompañó, me terminó de relajar y pude decirle

– “¿Todo bien?, ¿no te está molestando?”, a lo que ella contestó.

– No lo puedes hacer mejor, cualquiera diría que me estás acariciando y la cosa es que no me disgusta del todo, ¡voy a tener que contratarte!

– “Ni se te ocurra”, le dije y seguí afeitando. Con un lado había acabado y levanté la mano para ver cómo quedaba… Perfecto. No pude evitar contemplar el coño que mi mano había estado tapando y cuya fragancia se habría quedado allí. Mientras miraba el hilillo blanquecino que resbalaba hasta su ojete y que delataba su total excitación, me acerqué la mano a la cara simulando rascarme en la frente (porque ella, semi-incorporada, no dejaba de mirarme) y aspiré el aroma intenso del coño de Mª Victoria. Aquello era un pecado, pero había llegado casi a marearme y a esas alturas por mi cabeza ya pasaba de todo. – Terminé la obra, volviendo a tapar con la mano y rasurando la otra parte hasta que quedó verdaderamente perfecto y apetecible. Para terminar la hice ponerse en cuatro patas, con el culo muy abierto y le afeité todo el perímetro del ojete.

– Ahora, -le dije- te voy a dar con una crema hidratante para que no se te irrite -y, acto seguido, la empecé a acariciar con la mano pringada de crema (y con lujuria, debo reconocerlo) por todas las partes que le había afeitado, comprobando que la excitación de ella, lejos de extinguirse, había aumentado soltando líquido de su interior hasta formar un cerco en la toalla sobre la que se había efectuado toda la operación.

Al pasar poniéndole crema una de las veces por la ingle, con los sentidos ya trastornados, le rocé conscientemente el clítoris, notando un respingo y un audible aunque pequeño gemido de Mª Victoria (mentalmente la llamaba así para olvidar que era la mujer de mi mejor amigo).

Lo volví a pasar una y otra vez y al notar su “colaboración”, sabiendo lo que iba a pasar, le dije:

– Mira, después de esto los dos tenemos un calenturón tremendo. Yo me haré un pajote y tú otro, pero creo que me gustaría ayudarte con lo tuyo. Como, total, nadie se va a enterar, ¿verdad?, yo no puedo resistirme a probarlo…

Mientras le decía aquello y después de que se lo dije, no hacía falta que hablara, su mirada volvía a hacerlo por ella… así que me lancé y suavemente deposité la lengua en la entrada de su agujero, saboreando lentamente el líquido que emanaba. La excitación era tanta que tuve una pequeña eyaculación, un par de sacudidas, sólo lamiendo lentamente su chocho.

Ella se dejaba hacer y, suave pero firmemente, se abandonó a mis manos. Mientras, yo le levantaba las piernas y dejaba aún más al descubierto toda su parte íntima. Estaba completamente abierta y además exponiendo su depilado ojete, al que también comencé a prestar atención.

Las chupadas se hicieron más intensas penetrando con la lengua en sus dos orificios, hasta que cuando vi que comenzaba a estremecerse, me dirigí al clítoris, succionándolo frenéticamente, lo que la hizo terminar casi chillando. No había tardado mucho, pero la excitación del momento y el morbo, lo justificaba.

Al terminar, abrió los preciosos ojos que tanta confusión me causaban ese día y con ternura me dijo que me merecía un premio, por lo bien que lo había hecho todo (remarcando aquel “todo”)

Le dije que no quería penetrarla y que no hacía falta nada más, que me había gustado tanto como a ella y que podíamos dejarlo así, pero ella no quiso y me acarició por encima de los pantalones, soltando poco a poco la ropa hasta dejar mi nabo al descubierto.

Sin decir más nada, comenzó a chupármela muy despacio, tanto como yo lo había hecho con ella y sin dejar de mirarme a la cara. De vez en cuando la sacaba de su boca y la restregaba sobre su lengua, pasando a continuación la mano por todo el humedecido glande.

Al poco se introdujo todo lo que pudo en la boca y me agarró por los cachetes del culo, abriéndolos y cerrándolos al mismo compás que la metía y sacaba de su cavidad bucal. En una de las veces, con la misma suavidad me empezó a acariciar el ojo del culo con la yema de un dedo, y no sé si fue esa inesperada caricia, pero el caso es que noté que iba a explotar y se lo indiqué.

Ella me miró una vez más indicándome que no importaba, por lo que me dejé llevar y terminé soltando cinco chorros de leche blanca y espesa a su boca que seguía mamando con el mismo ritmo hasta que posando una mano en su mejilla le hice saber que debía parar.

Escupió en una servilleta de papel lo que tenía en la boca (no se lo había tragado, y eso me gustó, pues me indicó que lo dejó caer en su boca para que yo no parara de disfrutar la mamada, que ha sido una de las mejores que me han hecho en mi vida y así la recordaré).

Me vestí mientras ella miraba en el espejo cómo había quedado su depilado y precioso coño, mientras me decía que le quedaban ganas de que se la metiera.

– Pero esas ganas te las va a mitigar con creces Mateos cuando llegue después y prefiero que las cosas se queden así, porque esto no ha pasado…

– Sí que ha pasado, Ramiro, aunque nadie lo sepa nunca ni se repita jamás, quiero que sepas que recordaré lo que has hecho como si hubieras sido mi amor de juventud, como se recuerda a un novio de la adolescencia, eres un encanto.

Y me dio un suave beso en los labios.

Mi sobrina me inicio en el Mundo Lesbico y yo la inicie en el Fetichismo

Mi sobrina se había separado y estaba pasando un mal momento, me vino a visitar para hablar del tema, y me confeso que el
motivo de la separación había sido el que su marido, la había sorprendido con una amiga en la cama.

Mari mi sobrina ya había cumplido los treinta y yo estaba muy cerca de los cincuenta, sus inclinaciones las había llevado en secreto, hasta que se descubrio sus gustos.

Ella me confeso que no podia dejarlo porque era maravilloso, y yo le confese que no lo había probado nunca, pero que era un tema que me ponia caliente al pensar que algún día lo lo podía experimentar.

Loli (que así me llamo) no sabes lo que te pierdes, el sexo con una mujer es tan diferente que te vuelve loca.

Lo supongo pero no he tenido nunca una ocasión para experimentarlo.

Si quieres lo podemos probar y sino te gusta lo dejamos y en paz.

No te importaria hacertelo conmigo.

No, porque si te soy sincera, me he masturbado más de una vez pensado en ti.

No me mientas, si soy una vieja.

¿Y que? pero tu cuerpo es muy sexual y tu mirada destila lujuria al mirarme.

Si te digo la verdad, yo tambien tengo un secreto, que es el fetichismo con mi ropa intima.

O sea que cuando te masturbas usas tus bragas como afrodisiaco.

Si, y me gusta jugar con ellas mientras me excito.

Eso tiene mucho morbo, ¿ y no has probado nunca con prendas de otra mujer?

No, y no creas que no lo he pensado, pero no he tenido ocasión.

Si quieres yo te ayudo en tu fetichismo y tu pruebas el lesbico conmigo.

Bueno pero! tu tienes que ser mi maestra y yo te dire lo que me gusta.

Cerramos la puerta del piso con llave, y nos fuimos a mi suite, nos desnudamos lentamente mientras las manos de Mari me
acariciaban mi cuerpo con suavidad, cuando vi sus pechos tersos y sus pezones erectos y duros, me gusto y mi mano rozo
sus pezones, ella gimio al sentirse acariciada en su punto erógeno, y me metio una mano dentro de las bragas buscando
mi vagina peluda y mojada por el momento intimo.

¿Te gusta? Loli.

Mucho no paro de mojarme, no se lo que me pasa pero estoy muy caliente.

Es sexo solamente, sacate las bragas y damelas quiero olerlas y chupar el flujo que has soltado.

Toma, pero dame las tuyas, que lo estoy deseando.

Nos tumbamos en la cama una al lado de la otra, oliendo y lamiendo nuestras bragas sucias, sin dejar de chupar la prenda
Mari empezo a tocarme dentro de mi coño con dos dedos, yo hice lo propio con el de ella penetrandola hasta dentro.

Mari dejo de lamer mis bragas y busco lentamente mi boca con la suya he iniciamos un morreo profundo, nuestras lenguas
se encontrarón y empezarón una humeda danza. Restregabamos nuestras tetas y Mari me busco mis humedas axilas y
las acaricio esas caricias me hicierón llegar al extasis, soltando una meada de un flujo espeso y pegajoso.

Loli te has corrido mucho cariño.

Ufffff hacía tiempo que no me corria tanto es que me has tocado mi punto debil.

Espera y veras cuantos puntos debiles tienes, lo que pasa es que nadie te los ha buscado.

Mari dime uno tuyo, quiero darte gusto a fondo.

De verdad quieres saberlo.

Si me gusta estar contigo intimamente y sin tabues.

Me gusta mucho! que mi amante me lama mis pelitos anales, hasta que se dilate un poquito mi culito, ¿te da asco?

No, ahora ya no me molesta nada de nada, solo quiero que disfrutemos de nuestros puntos erógenos.

Mari se dió la vuelta y puso sus nalgas en pompa, yo se las separe y me amorre mi cara en su raja trasera, mi lengua urgo
en su culo mientras mi nariz aspiraba con deseo sus olores intimos, ella empezo a moverse restregando su coño sobre la
cama o sea iniciando una paja por fricción.

Yo meti mi mano en mi coño pajeandome sin miramientos, mientras le comia el culo hasta dentro, mi lengua le entraba
hasta dentro, y su arrugadito ano me volvio loca lamerselo.

Sigue Loli no pares, disfurta y hazme disfrutar soy tuya guarra.

Abre más el culo puta, que te voy a reventar de gusto.

Follame el culo, meteme dedos por favor.

Yo le meti dos dedos y empece a darle vuletas en su interior, ella se movia alocadamente mientras soltaba una corrida de flujo enorme, el olor a pescado invadio el ambiente de la habitación, nos estabamos corriendo como perras en celo.

Yo cuando saque los dedos de la enculada, se los ofrecí para que me los mamara como si se tratara de una buena polla, y ella los chupo con deseo.

Loli! ¿te imaginabas que pudieras llegar tan lejos con una mujer?

No por supuesto, y si te soy sincera me entusiasma lo que hacemos.

Ven que nos haremos una tortilla, abre las piernas y aprieta tu chocho contra el mio y muevete.

Nuestros labios vaginales se encontrarón y nuestros pelos se pegarón, mientras nos moviamos como posesas y gemiamos
como putas del gusto que nos estabamos dando meandonos nuestros coños con un flujo profuso.

La primera en llegar al orgasmo fué Mari y solto un chorro de una mezcla de toda clase de fluidos, yo me aguante un poco
pero al fin solte una alarido y me fuí toda.

Nos quedamos estenuadas sobre la cama, sudadas y llenas de flujo, nos abrazamos y la somnolencia nos invadio y así
estuvimos un buen rato.

Amantes de los culos sucios

Una pareja de esposos y su criada se entregan a exquisitas sesiones de sexo sucio

Salíamos de la fiesta un tanto ebrios y excitados. Mi mujer me susurraba al oído mientras caminábamos hacia la casa: “papito, esta noche me vas a culiar rico mientras yo le chupo el culo a Tencha que nos debe estar esperando haciéndose la dormida”. “Claro mamita”, respondí yo, “pero también tengo ansias de tu culo y de tu mierda”.

Tencha era nuestra criada, una mujer de 50 años con un culo enorme, unas tetas grandes y un clítoris descomunal, como una pequeña verga. Hacía rato formaba parte de nuestras inclinaciones sexuales, de nuestro vicio por el sexo, por los culos, por la mierda. Cuando llegamos nos fuimos directamente a la alcoba de Tencha. Aparentaba dormir bocaabajo, con una pierna recogida y muy abierta. Podíamos verle el ojo del culo con pequeños grumos de mierda. Mi mujer se abalanzó sobre Tencha y empezó a chuparle el culo. “Acaba de cagar y no se ha limpiado el culo”, dijo mi mujer excitada. “Dame esa lengua sucia”, le dije a mi mujer que me la ofreció con prontitud. Saboreé la lengua y me deleité con los pedacitos de mierda que se habían adherido a ella. Mi mujer siguió chupando a Tencha .

Yo le bajé los calzones a mi mujer y metí mí nariz en ese ojo del culo que tanto amaba. Un pedo con algo de mierda inundó mi nariz. Yo respiré profundo para embriagarme con ese olor que empezó a llenar la habitación. Tencha hizo como que se despertaba . Mi mujer le dijo “Tencha, eres una puerca, no te has limpiado el culo”, Tencha le respondió: “el señor me dijo que no lo hiciera porque esta noche ustedes venían a limpiármelo con la lengua”. Yo saqué la nariz del culo de mi mujer y la acerqué a la boca de Tencha. “Chupa mi nariz Tencha, saborea el culo de tu señora a través de mi nariz…”. Nuestra criada besaba mi nariz impregnada, mientras mi mujer ahora mordía el clítoris enorme de Tencha, cosa esta que excitaba mucho a la criada. “Señor, quiero su verga untada del culo de la señora”, dijo Tencha y yo, sin esperar otro pedido, hundí la verga en el culo de mi mujer y de inmediato me la engrasó con mierda dura y olorosa. “Ah, papito, calíbrame la mierda” dijo mi mujer levantando la cabeza. Yo bombeé fuerte por unos minutos y luego saqué mi verga con unos buenos pedazos de mierda sólida adherida a ella.

Tencha estaba muy excitada y decía obscenidades mientras mi mujer seguía mordiéndole el gallo y con tres dedos clavados en el culo de la criada. Metí mi verga untada en la garganta de Tencha que la recibió como si fuera un bombón de rico chocolate. La criada estaba ahora como poseída, me chupaba con ansia viciosa y metía dos dedos en las profundidades de mi culo. Sentí que me cagaba, saqué la verga de la garganta de Tencha y puse mi culo en su boca y cagué….Un bollo grueso y largo y marrón y oloroso entró en su boca…

De inmediato mi mujer mordió más fuerte el gallo de la criada y ésta, a pesar de tener en su boca el zurullo, lanzó un grito ronco y ahogado…Se había venido la muy sucia…Mi mujer se abalanzó a la boca de Tencha y le quito con la suya un pedazo del bollo de mierda. A su vez, mi mujer pasó a mi boca el pedazo que había tomado. Lo saboreé por unos segundos y volví a pasarlo a la boca de mi mujer que lo escupió también después de degustarlo. Tencha también había escupido el pedazo de zurullo que aún quedaba en su boca y nos decía que éramos los señores más sucios y puercos del mundo, pero los más placenteramente viciosos , los mejores culiadores, los mejores amantes de los culos sucios.

Mi mujer también se vino después que Tencha cagó en su boca y yo bombeaba su culo que tanto amaba y al que dejé lleno de leche espesa y caliente.

Los pies de mi empleada Miriam

Que yo sepa siempre me han gustado los pies de las chicas, yo soy una persona bien timida para conquistar chicas yo creo que es por eso, bueno no lo se, pero lo que si se es que me encantan los pies de las princesas. Desde que tengo uso de razon una vez me estaba comiendo las uñas. en la casa de mi abuelita. mi tia me observo lo que estaba haciendo y me dijo: para la proxima que te comas las uñas de las manos te voy a hacer que te comas las uñas de mis pies. Eso me lo dijo segun ella como un castigo, pero al ver sus pies en sandalias me gustaron tanto que asentaron las iniciaciones de mi fetichismo por esta hermosa parte del cuerpo de las mujeres.

Vino a vivir a mi casa una empleadita llamada Miriam, muy inocente por cierto ella hacia las labores domesticas y yo siempre la veia trabajando mientras veia tv. Un buen dia la vi en sandalias y me impresiono sus piesitos. eran tiernitos parecian suaves y cuando se empiñaba para alcanzar algo q no alcanzaba mi boca se llenaba se agua. Asi que empeze a rodar mi plan, lo primero q tenia q hacer era ganarme su confianza y asi lo hice, primero las conversaciones eran timidas luego ya con el correr de los dias empezabamos a reirnos de algunas bromas, de ahi ya la empezaba a molestar y empezamos el ansiado juego de manos.

Como era niña todavia, unos 12 a 13 años, agarro confianza rapido y siempre me molestaba, eso me convenia asi que habia llegado el dia esperado. Una mañana nadie estaba en casa todos se habian ido a hacer sus labores diarias y me quede solo yo son ella, era como un sueño pues empeze a masturbarme pensando en lo que iba a hacer con ella, y de repente toco la puerta de mi cuarto con la escoba pues estaba barriendo y se escucho un LEVANTATE OCIOSO jajajajaj .. se empezaba a reir asi que de un salto me levante y me cambie ella ya habia ido a la sala, asi que me fui directo a ella y le dije ¿porque me molestas ah? y ella al ver que la queria agarrar se me escapo de las manos y se fue a su cuarto y se encerro. Espere pacientemente a que salga disimulando que no le iba a hacer nada. Al poco rato que estaba viendo television le dije que venga rapido que estaban presentadose el grupo menudo (con Andy, Ashley, etc) y ella como era loquita por ese grupo vino pero temerosamente, le dije que no le iba a hacer nada a lo que fue mentira porque mis deseos de comerme sus pies hizo que en un movimiento agil la agarrara de los brazitos. Ella empezaba a reirse y decirme que la soltara a lo que la cargue y la eche en el muble, me dijo: por favor la ultima vez que te molesto si? dejame por favor …. pero lo que mas me exitaba era que eso me lo decia carcajeandose. El mundo se detenia cuando le dije que le iba a hacer cosquillas pero que estaba decidiendo donde hacerle, ella rapidamente me suplico que no le hiciera en sus pies… esas palabras hicieron que me emocionara mas y me avalance a sus zapatillitas y le saque una, confieso que me costo trabajo porque ella pataleba mucho, despues le agarre el otro piesito y le quite la segunda zapatillita asi que al no aguantarme mas como un leon le agarre sus piesitos con unas medias bien de niñas, floreaditas rosaditas, y le quite con tanta desesperacion que el impacto fue grandeeeee….. que pies para tan lindos, era un sueño ver esos piesitos tan bellos, eran rosaditos, su textura era suave y su olor bien ricooooo. Ella no paraba de reirse y me daba gritos y hacia fuerza por patalear. Mis manos empezaron su labor de torturadores, elle me suplicaba piedad piedad …. yo tenia verguenza de morder esas dulzuras asi que le dije en mi exitacion que no habia desayunado… ella me dijo MUERETE DE HAMBRE ENTONCES!”!!!!

Esas palabras eran las indicadas y fueron las que estaba esperando. Le dije asiiii noooooo ahora vas a ver me voy a desayunar tus pies!!!!! ella dijo: ke cosaaaaa has dicho ? no creo que lo hagas!!!! y ella creia que no lo iba a hacer, senti q el mundo se detuvo cuando esos deditos empezaron a entrar en mi boca llena de agua como la de un animal rabioso, ella movia sus deditos desesperadamente y empece a succionar cada dedito agarrandola con fuerza porq no dejaba de patalear, ella se reia con mas energia y no paraba de decir: PIEDAD PIEDAD POR FAVOR NOOOOOOOOOO, senti como mi pene llegaba al extasis y al orgasmo y cuando introduje sus ricuras bien adentro de mi boca tanto que su talon apenas se notaba se me vino todooooo . Despues senti deseos de descansar porque estaba exahusto por lo que se me habia venido, deje de agarrar sus piesitos y las saque de mi boca.

Ella me empezaba a golpearme con sus manitos y me decia: mira lo que me has hecho me has dejado marca oye loco, yo me reia y me fui a realmente a desayunar mi pancito con mantequillita que habia en la cocina. No fue la primera vez ya les contare otra historia!!!!.

Mi vecina, 13 años y su primera mamada

Este relato es 100% real y en él revelo hasta dónde una joven de 13 años se hizo adicta a mi semen y lo ha consagrado su “fetiche”

Mi nombre es Ignacio, tengo 32 años, abogado, y vivo con mi novia en Montevideo, Uruguay. La historia que voy a contar, y que aun continúa, es totalmente real. La protagonista de este relato es mi vecina Lucía, que al momento de comenzar con esta “hermosa locura sexual” contaba con tan sólo 13 años de edad.

Lucía es una joven que actualmente tiene 16 años, es de estatura mediana, cabello castaño claro, ojos color miel, delgada, tiene poco pecho pero tiene un culito paradito y respingón. Si bien no es una chica muy atractiva de cara, su culito hace que tenga un cierto atractivo, el cual hace lucir muy bien con unos jeans ajustados. Obviamente, a los 13 años no tenía su culo formado como ahora, supongo que con el correr de nuestras prácticas sexuales tal vez haya tomado esa hermosa forma que hoy tiene.

Lucía era una chica muy madura para tener 13 años. Solíamos tener charlas con ella sobre política, por ejemplo, donde nunca ocultó sino que mostró con orgullo su afinidad al socialismo. Charlas que incluso en varias ocasiones incluían a mi novia, ya que ella también solía salir conmigo (cuando no trabajaba) por las tardes al jardín de nuestra casa donde desde allí conversábamos con Lucía, quien se encontraba en el jardín de la suya. Mi novia trabaja hasta tarde, y a veces llega a casa entrada la noche, por lo cual era frecuente que tres o cuatro veces por semana charlara yo solamente con Lucía. Ella sí salía todos los días al jardín de su casa donde se encontraba con una amiga con quien también ella solía charlar sobre chicos, del liceo (o secundario como se le dice en algunos países), o de algunos programas de televisión. Esa amiga no era tan madura como ella, más bien era una chica que si bien creo que también tenía 13 años representaba dicha edad por el tipo de conversación semi infantil que mantenía.

Lucía tenía muchos roces con sus padres pues a la edad de 13 años estaba con ganas de salir a bailar, a discotecas, y los padres no la dejaban porque es una joven aun muy chica para eso. Y en verdad, a pesar de la madurez de Lucía, los padres tenían razón. Hoy día, y con 16 años, ya sale con sus amigos los sábados por las noches. Las charlas con ella eran tan frecuentes que a veces se tornaban en confesiones de su parte. Un día, por ejemplo, hablando sobre sus posibles candidatos me dijo que le gustaban los hombres afeitados, que usan traje, camisa, y corbata, y que se peinan con gel el pelo corto. Casualmente, ése es mi perfil ya que por mi profesión me veo obligado a utilizar ese vestuario, además de que uso lentes que de alguna forma me dan un aspecto intelectual que considero interesante. Ese comentario me hizo preguntarle enseguida (y medio en broma y medio en serio) si yo le gustaba, y me dijo entre sonrisas tímidas y cómplices que sí, aunque sabido es que nunca prosperaría una relación entre un chico de 29 años y una chica de 13, por lo tanto, esa confesión quedó en eso, pues nunca más se volvió a tocar el tema. Además, y con lo enamoradizas que son a veces las chicas de la edad de Lucía, era probable que el gusto que sentía por mí rápidamente se le esfumara al conocer a otro chico. Lucía se fijaba siempre en chicos mayores que ella, quizás producto de su propia madurez que hacía que descartara casi de plano los chicos de su misma edad o de algunos pocos años mayores. Además de no perder de vista que ya de por sí las mujeres maduran antes que los hombres y por lo común suelen enamorarse de chicos más grandes.

Lucía siempre decía que los chicos de su edad estaban para la estupidez, que no se podía charlar de cosas serias con ellos, que sólo piensan en los juegos electrónicos, en las computadoras, en fumar, o emborracharse, sin preocuparse por tener alguien al lado ni de cuidar a su novia.
Luego de toda esta introducción hecha a los efectos de que conozcan mejor a Lucía, paso ahora a relatarles cómo se fue dando esta locura que estamos viviendo.

Como aquí en Uruguay hasta hace tres o cuatro años no era muy frecuente que la gente contara con un acceso ilimitado a internet desde su casa, Lucía solía ir al cybercafé del barrio unas tres a cuatro veces por semana con una o dos amigas más, a divertirse. Las veía allí porque a veces tenía que ir al cybercafé a imprimir algún documento de mi profesión ya que de vez en cuando mi impresora se atascaba y no me lo permitía. También la escuchaba pedirle plata a su mamá para ir al cybercafé con las amigas, lo cual hacía que yo supiera que estaba por ir allí. Nunca supe qué es lo que buscaba en el cybercafé, es decir, a qué páginas web entraba a navegar. Ni tampoco me importaba. Además, es imposible ver si no te paras de frente al monitor qué es lo que está haciendo el usuario en ese momento porque las computadoras en ese cyber están (si bien una al lado de la otra) separadas en cabinas por unas tablas de madera que hace imposible que quien está al lado o en diagonal a la máquina sepa en qué página está navegando el usuario porque no se ve la pantalla. Las veces que la veía allí la saludaba con un beso en la mejilla (lógicamente, yo quedaba de frente a la pantalla) pero no miraba la pantalla. De hecho, no soy un tipo curioso. Un cierto día como tantos en los cuáles charlábamos un rato por las tardes, Lucía vino hacía mí y me dijo lo siguiente (trataré de reproducir el diálogo lo más fiel posible, aunque obviamente no recuerdo las palabras textuales):

Lucía: ¿viste ayer en el cyber qué era lo que estaba viendo?
Yo: No, nunca miro lo que hacen los demás.
Lucía: Ok. Menos mal.
Y Lucía se fue. Me quedé pensando, ¿qué estaría viendo esta chica por internet?. Al otro día la volví a ver, pero esta vez en la carnicería. Y no me pude contener preguntarle por qué me preguntó si yo había observado lo que ella estaba mirando en el monitor del cyber. El diálogo fue más o menos así:
Yo: ¿Por qué me preguntaste ayer si yo había visto lo que vos estabas viendo en el cyber?
Lucía: Porque … lo que estábamos mirando no está bueno que lo sepa todo el mundo. Y conste que entramos allí por decisión de Carolina (su amiga).
Yo: Ok, está bien.
Como les dije, no soy un tipo muy curioso ni ando encima de la gente para que me cuente qué hace. Pero, inesperadamente, ella me dijo.
Lucía: Está bien, a vos te voy a contar, pero no le digas a mis papás ni a nadie, ni siquiera a tu novia, tiene que quedar entre vos y yo porque si se entera alguien más me van a matar.
Yo: Ok, escucho.
Y me contó nomás. Estaban viendo fotos y videos cortos (de esos de 1 a 2 minutos) pornográficos. Y que desde hacía unos pocos meses iban al cyber con Carolina y otra amiga a ver eso. Por ello es que iban tan seguido al cyber a divertirse que, como les dije, debían ser unas tres a cuatro veces por semana. Lucía me contó que todo comenzó cuando Carolina revisó su correo y uno de los mails que le envió un amigo de ella (o compañero del secundario, no sé bien quién fue) le mandó una foto de una chica chupando una pija. Esa foto tenía en su parte inferior una dirección web. Cuando vieron eso quedaron petrificadas, aunque a Lucía no le causó sensación de asco, sino de curiosidad. Obviamente, a pesar de tener 13 años sabía bien que a los niños no los trae la cigüeña de París, y que la práctica de sexo oral existe y es real. De hecho, en los primeros años de liceo o secundario (en los comienzos de la adolescencia) existe una materia denominada Educación Sexual y Reproductiva que tiende a informar a los jóvenes sobre las prácticas sexuales y sus riesgos, y ni que hablar que el sexo oral tiene sus riesgos. Esa fue su primer foto porno que vio. Y decidieron entrar a esa dirección web que lucía debajo de la foto aprovechando la privacidad de la estructura del cyber. Y me contó que vieron de todo. Incluso videos caseros en youtube. La consecuencia de todo esto (pensaba yo para mis adentros) no podía ser otra que el llegar a su casa y aguardar el momento ideal para pegarse una flor de masturbada. A los 13 años ya muchas niñas empiezan a explorarse, y a veces antes aun. Y se lo pregunté. La conversación fue más o menos así:
Yo: ¿Te masturbás luego de ver las fotos?
Lucía: Sí, a veces, ¿está mal eso? Todas las chicas de mi edad lo hacen. ¿Vos no te masturbaste alguna vez?
Me dio esa respuesta intentando convencerse ella misma de que lo que hacía era lo más normal del mundo entre chicas como ella, e incluso me preguntó si alguna vez yo no me masturbé, como queriéndome decir que si no lo había hecho yo no era normal o era un extraterrestre.
Yo: Claro. Alguna vez lo hice. Todos los hombres lo hacemos.
La conversación terminó cuando ambos doblamos la esquina y cada uno fue a su casa con la compra de la carnicería.
Pasaron unos días donde estuvimos conversando nuevamente, inclusive con mi novia, aunque, lógicamente, nada de pornografía. Sólo conversación normal, incluyendo fútbol (somos hinchas del mismo equipo) y algo de política y de los vecinos ya que por aquél entonces se avecinaban unas elecciones de Concejal de Barrio. Hasta que unas semanas más tarde nos volvimos a ver, pero esta vez solos. Mi novia llegaría unas dos o tres horas después. Y en el medio de la charla, mientras yo aprovechaba la caída del sol para cortar el pasto, se aproxima hacia la reja perimetral de mi casa y me llama a que vaya a su lado pues quiere decirme algo confidencial. El diálogo fue algo así (insisto en intentar repetir lo mejor posible la conversación, a fin de que pueda traducir la fidelidad de lo sucedido):
Lucía – ¿Ése líquido blanco y medio espeso que les sale a ustedes de la pija, es el semen?
Yo: Sí –contesté, un tanto sorprendido por la pregunta- ¿Estuviste viendo porno de nuevo? ¡Je!
Lucía: Sí –entre sonrisas cómplices y tímidas- Me imaginé que era eso porque fue lo que aprendimos el año anterior en el liceo. ¿Y tu novia se lo bebe?
Yo: ¿Eh…? –contesté yo, ya más que sorprendido- ¿Por qué me preguntás eso?
Lucía: Porque la mayoría de las veces las chicas que veo se tragan el semen, o se lo ponen en la boca y lo escupen.
Yo: No te voy a contestar si mi novia hace eso –le contesté, un tanto enojado por el atrevimiento de su pregunta- Pero muchas mujeres sí lo hacen.
Lucia: entonces, si no me querés decir si tu novia hace eso, es porque se la bebe, sino no tendrías por qué ocultármelo.
Yo: ok, tú ganas, se lo bebe. Pero no le digas esto a nadie, ni menos a ella, porque me va a matar.
Lucía: ok, trato hecho, dime, ¿es rico el semen y por eso se lo tragan?
Yo: no sé. Yo nunca probé semen. Eso de que las chicas traguen semen es un morbo de los hombres. A algunas les gusta, otras lo hacen sólo por satisfacer a sus parejas. Yo nunca recibí quejas de que mi semen fuera feo, presumo que el semen de nadie es feo. ¿Ese tipo de fotos y videos es lo que más te gusta ver en el cyber?
Lucía: sí, y otros también, pero después te digo. Gracias, Nacho (así me llama ella a veces).

Y se despidió de mí con un beso. La verdad, estaba yendo un poco lejos este asunto de ver porno en el cyber.
Pasados unos días nos volvimos a ver, esta vez en el supermercado. A la salida del supermercado nos pusimos a conversar nuevamente sobre pornografía. Me contó que estaba muy curiosa por seguir investigando sobre sexo y pornografía, y que se masturbaba cada vez más seguido. Parecía evidente que se le estaba tornando una adicción. Le dije casi con voz paternal que lo mejor que podía hacer era ponerse de novia con algún chico que le gustara, y con el tiempo comenzar a probar ella misma por sus propios medios lo que se siente. Ella me dijo, inmediatamente y como algo que tenía muy asumido y no pensaba modificar, que quería llegar virgen al matrimonio. Lo cual, a mi criterio y por obvios motivos, es más que lógico. Le dije que eso hoy en día ya no es tan así, que la práctica del sexo es una actividad cada vez más liberal, que no está mal visto tener relaciones antes de casarse, todo ello en un tono no de imposición, sino de sano consejo. Me puse como ejemplo diciéndole que yo tuve varias novias antes de mi actual novia, que con todas ellas tuve relaciones y nuca me casé con ninguna, y que con mi novia había mantenido relaciones sexuales infinidad de veces antes de casarnos. Además, le dije como sugerencia que podía perfectamente mamársela a su novio, probar su semen si es que tanta curiosidad le daba, y llegar virgen al matrimonio pues no había necesidad alguna de invadir la vagina para hacer sexo oral.
Volvieron a pasar unas semanas, cuando comenzó la locura que hoy día seguimos viviendo. Lucia seguía yendo al cyber con la misma frecuencia que antes. Y uno de esos días la volví a ver ya que fui al mismo a imprimir una demanda que tenía que presentar al día siguiente en el juzgado, pues mi impresora había terminado de romperse. La ví y la saludé, cuando escuchó que la saludaba de lejos y me acercaba a darle un beso en su mejilla, me di cuenta que minimizó la ventana que tenía abierta. Me hice el desentendido, la saludé, y nada más. A los pocos días le pregunté (ya con más confianza) qué estaba viendo ese día que minimizó la ventana. Me dijo que eran una serie de fotos de una jovencita que se la metían por el ano y le daban en semen en la lengua. Y ahora viene lo que resulta interesante, y que fue puntapié inicial de toda la locura sexual que llevamos (como siempre, trataré de repetirlo lo más fiel posible):
Lucía – ¿puedo pedirte algo sin que te enojes? Pero es sólo entre vos y yo, por favor que no salga de acá.
Yo: ok, dale.
Lucia: estuve pensando eso que me dijiste de que puedo llegar virgen al matrimonio pero darme algunos gustos antes. ¿Me dejarías probar tu pija y tu semen?
Yo no sabía qué contestar. No esperaba esa pregunta. Quedé perplejo. No esperaba que se hubiera decidido a realizar lo que siempre acostumbraba ver por internet. Y menos que el afortunado sería yo.
Yo: dejame pensar, mañana te contesto. No es fácil para mí. Imaginate que estoy con mi novia, me conoce todo el barrio, y si alguien se enterase de esto no sólo me divorciaría, sino que además me mandarían a la cárcel, no olvides que sos menor. Y todo esto, además, implicaría que pierda mi trabajo en el buffet y que todo el ambiente de abogados y quizás escribanos se enterasen de esto.
Lucía: ok, te lo pido a vos porque te tengo confianza y sé que no hay riesgos. Estoy curiosa y tengo ganas de saber qué se siente. Ya no quiero verlo más en fotos o videos, quiero saber qué se siente. No se me ocurre a qué otra persona pedirle. ¡Porfi, no te enojes!
Yo: no me enojo, lo pienso y mañana te contesto, pero ¿por qué no te empeñás en conocer algún chico y hacerlo vos por las tuyas? No lo tomes a mal. No te estoy rechazando, pero no me parece bien lo que me pedís. Lo pienso bien y mañana te contesto.
Lucía: pero quiero probar ahora, me da mucha curiosidad. No quiero esperar a enamorarme de alguien para recién después probar. Las ganas las tengo ahora, mañana no sé qué pueda pasar. Además sé que vos no le dirías nada a nadie porque sos el primero en perjudicarse.
Y bien, al otro día, volví a ver a Lucía. Ese día mi novia llegaría tarde en la noche, y estuve charlando en Lucía un rato. También con su madre quien se asomó a conversar con nosotros. La madre es una excelente persona, y muy buena vecina, pero justo en ese momento estaba estorbando conversando de cosas que no nos importaban, como por ejemplo, que andaba un gato metido en el fondo de su casa y no lo podía sacar porque se le subía al limonero. Luego que la madre se fue (pasó como una media hora para que se fuera) Lucía me miraba y no me decía nada. Estaba esperando la respuesta. La noche anterior yo ya había pensado todo. Y se lo dije.
Yo: ok, Lucía. Te voy a dar a probar lo que me pedís. Pero por favor que esto sea un pacto de sangre. No digas nada a nadie porque me puede costar muy caro.
Lucía: ok, ¿y cómo hacemos?
Yo: Mañana mi novia llega más tarde, así que decile a tu madre que a la tardecita vas a ir al cyber. En realidad, nos vamos a encontrar en la esquina y vamos a ir al fondo de la casa que está deshabitada, a dos cuadras de acá. ¿Te parece bien?
Lucía: ok, ¿demoraremos mucho?
Yo: Presumo que una media hora, más o menos. Eso sí, yo entro primero, y vos después a los pocos minutos, porque si nos ve algún vecino entrando juntos a ese lugar va a pensar que es para hacer lo que realmente vamos a hacer, y eso es lo que no puede pasar.
Lucía: ok, buenísimo.

Y se despidió de mí con un beso en mi mejilla.
Llegó la hora pactada y ya estábamos en la esquina. Entonces, yo comencé a caminar hacia la casa deshabitada, que queda a una cuadra de esa esquina. Comencé a caminar adelantándome a ella para que no pareciera que íbamos juntos. Entré a la casa mirando a los cuatro lados que nadie me viera, y a los pocos minutos entró ella. Entramos por una ventana rota que está semi abierta. Nos fuimos para una de las habitaciones del fondo. Aun había luz solar a pesar de ser tarde (era verano, y aquí en Uruguay se adelanta el uso horario una hora en esa estación, lo cual hace que el día rinda más en cuanto a la luz solar). Ya estábamos allí, prontos para nuestra primera experiencia juntos. La conversación se fue desarrollando más o menos de la siguiente forma:
Yo: ¿estás pronta?
Lucía: Sí, estoy nerviosa, pero me gusta la idea de esconderme para esto.
Yo: ahora yo me quito el pantalón, el calzoncillo, y vas a ver mi verga. Vos ponete de rodillas, y te aconsejo que primero empieces por acariciarla, tocarla, y luego que sientas cómo es al tacto, seguí por darle unos besitos en la punta y en el costado, lamela un poco, así te vas acostumbrando al gusto. Y cuanto te sientas con suficiente coraje, abrí la boca lo más grande que puedas y metete la cabeza de la pija adentro, ¿ok? Jugá con tu lengua en la cabeza. Yo sé que son muchas cosas y capaz que no te acordás, pero a medida que vaya pasando todo yo te voy repitiendo. No tomes a mal que yo te diga cómo hacerlo, lo que pasa es que si vos lo hacés como a vos te parezca te puede dar arcadas, horcajadas, y tal vez te resulte todo desagradable. La idea es que te guste, ¿no es así?
Lucía: sí, gracias por explicarme, no creo que me acuerde de todo, pero vos guiame, yo después me manejo sola.
Y así empezó Lucía. Arrodillada frente a mí con su cara de colegiala (mitad niña, mitad adolescente) comenzó a acariciarme la pija, la tocaba, le dije que si quería podía tocarla con las dos manos. Ella estaba temerosa y hacía todo con una mano sola. Le dije que se relajara y que usara sus dos manos. Luego empezó a depositar suavemente sus jóvenes labios en la cabeza de mi pija, y en el costado de la misma. Me la besó unas cuantas veces. Le dije que sacara la lengua un poco y que la lamiera, para acostumbrarse al gusto. Lo hizo, y lamió mi pija desde el tronco hasta la cabeza, porque me dijo que así había visto hacerlo a una chica en un video en internet. Siguió unos segundos, hasta que en un momento se escondió la cabeza de mi pija en su boca. Abrió grande su boquita juvenil y se engulló un poco más allá de la cabeza de mi verga. Así, empezó a chupar. Empezó con un mete y saca suave, despacio, como tratando de conocer un territorio que por primera vez estaba explorando, con la temerosidad y respeto que se tiene a lo desconocido. Trató de ir más al fondo (seguramente ya empezando a enviciarse con la pija) pero se la sacó de la boca y empezó a toser. Había hecho una arcada por haberse atorado o atragantado. Le dije:
Yo: tranquila, no te apures. Lo estás haciendo muy bien. No tenías necesidad de engullirla toda. Dale más despacio.
Lucía: ok, disculpa, me perdí. ¡Je!
Era obvio que le estaba gustando. Ella misma estaba siendo la protagonista de aquellos videos tan excitantes que veía en el cyber. Me moría de ganas por decirle que me lamiera las bolas, pero no quería que hiciera demasiadas cosas ya que era su primera vez y tampoco quería que se estresara demasiado. Con lo que estaba haciendo era más que suficiente para su primera vez. Además, capaz que ella no quería hacer eso y tal vez me tratara como un pervertido, o pensara que me quería abusar de ella y su curiosidad. A medida que seguía chupando, se la metía cada vez un poco más adentro, y más rápido. También note cómo se la sacaba de la boca y la lamía, y la volvía a besar, seguramente imitando a alguna de las actrices porno que vio, o por qué no a alguna chica amateur. Así estuvimos unos 5 a 10 minutos, que para mí fueron súper excitantes. Entonces, le dije:
Yo: estoy por acabar, ¿cómo querés probar el semen?
Lucía: dámelo en la lengua, ¿te parece bien?
Yo: ok, pero sólo te voy a dar el primer chorro. La idea es que pruebes semen, no que te embarre la boca con él.
Lucía: no, embarrame, llename la lengua de semen.
Yo: mirá que te podés atragantar.
Lucía: no importa, lo quiero todo.
Yo: ok, pero no lo bebas hasta que yo no haya derramado hasta la última gota.

Yo estaba muy excitado y no me resistí a su pedido, aunque estando en mis cabales le hubiera derramado en su lengua nada más que el primer chorro porque lo que importaba era eso, que probara semen y no que la embarrara. Evidentemente, Lucía estaba poseída por la calentura extrema que debía tener debajo de sus jeans ajustados (que por otra parte me encantan cómo le quedan porque le marcan bien su culito paradito y respingón) y quería toda la leche, igual que lo que veía en los videos. Y así fue. Le avisé que estaba por acabar, sacó su boca de mi pija y sacó la lengua al máximo. Yo empecé a pajearme mi verga mojada por la saliva de la colegiala. Y el semen empezó a salir a borbotones. Cinco chorros de semen bien blanco, espeso, viscoso, y caliente fueron a dar directamente a la lengua de Lucía, el resto fue lo que caía desde mi pija hacia abajo, y que quedaba colgando de la cabeza; todo ello también fue a descansar a su lengua. Una vez que todo el semen cayó en su lengua, le dije que podía beberlo. Metió su lengua dentro de su boca y tragó la leche, aunque creo que antes de tragarla hizo un gesto como de haberla saboreado en la boca. Luego que tragó el semen, le pregunté:
Yo: ¿y? ¿qué te pareció?
Lucía: está riquísimo todo esto de chupar la verga y tragar el semen. Tengo una calentura que no aguanto más. Llego a casa y me hago una paja aunque esté mi madre adelante.
Yo: ¡Je! Vamos rápido, antes de que alguien nos vea. Primero salí vos, y esperame en la esquina, en unos minutos salgo yo.
Lucía: ok, dale. Te espero.

Y así salimos, ella antes que yo (mirando previamente que nadie nos viera) adelantándome ella en la caminata de dos cuadras hasta casa. Nos despedimos desde lejos con una leve levantada de brazo. Ella entró a su casa, y a los pocos segundos, yo en la mía. La historia había empezado. Y no terminaría allí porque no solamente hasta el día de hoy sigue chupándome la pija y tragándose mi leche, (y en algunas ocasiones lo hizo más de una vez en el día) sino que además mantenemos encuentros donde la ayudo a masturbarse metiéndole un dedo en el ano. Estas historias las contaré en otros relatos. Agradezco comentarios, tanto de chicos como de chicas.
Saludos a todos los lectores y, particularmente, a todos quienes formamos parte de esta comunidad.
Ignacio.

Mi tía Lucia

Les contare cuando mi tía Lucia me pillo masturbándome con sus bragas y tacones.

Quiero contarles con una buena cantidad de detalles este fetiche que he ido desarrollando a lo largo de los años porque espero que así como me caliento escribiendo esto, se calienten al leerlo.

Este fetiche de oler bragas usadas y tacones usados empezó cuando estaba en la casa de una amiga y tenia tirada una braga, mientras no se daba cuenta yo me la iba metiendo en el bolsillo y cuando llegue a casa la oli, tenia el aroma a ella, tenia el aroma a mujer que rodeaba toda su concha y cabe decir que me di unas buenas pajas con esas bragas. Ahora bien, con oler tacones usados es por el mismo fetiche que tengo, me encantan los pies, olerlos, acariciarlos, lamerlos, masajearlos uff es una sensacion incomparable y pues los tacones tienen el aroma que a mi tanto me gusta, igualmente, aroma a mujer.

Yo vivo en casa de mis padres y la casa adjunta es la de mis tías, se puede decir que es una misma casa pero vivimos cada quien por cuenta propia. Tengo 3 tias, Mónica que tiene 52 años, la mediana, Lucia de 49 años (de la que les voy a contar el relato) y la menor Andrea de 47 años. Monica es alta, pelo negro, buen cuerpo, delgada, atletica, tetona, buen culo, piernuda y lindos pies. Lucia es alta tambien, pelo castaño, muy buen cuerpo, mas culona que tetona, muy piernuda y bellos pies. Andrea tiene las tetas mas hermosas que he visto, es alta igual que sus hermanas, pelo castaño, culona no tan tetona y unos pies de infarto.

Una tarde en la que mis tres tias habian salido logicamente habian dejado la casa sola y por esa razon me habia pedido que le cuidara las plantas y que le diera de comer a un perico que ella tenia. No vi la razon por la que negarle el favor entonces llegue hice lo que me pidio y me quede curiosiando entre toda la casa nada mas porque estaba aburrido pero se me vino a la mente registrar la ropa de mis tias, la ropa interior precisamente y los tacones de aguja por supuesto.

Fui a cada cuarto y entre a un paraiso, habian tangas, bragas, bragas de encaje, de todo tipo y los tacones eran una maravilla, tacones abiertos, cerrados, de plataforma, de aguja, altos, bajos, yo me encontre con el paraiso. Primero fui al cuarto de Andre, tenia una tanga azul, roja y unas bragas negras usadas que olian a su aroma mmm, meti mi nariz hasta el fondo y no tuve mas remedio que masturbarme, se sentia olor a orin, a fluidos, a su concha y esa mezcla, es la mezcla que hace un especial aroma que a mi tanto me atrae. Pase a lamer el hilo del culo, lo chupe con todas las ganas y masajeaba con mi lengua la parte donde siempre estaba su conchita tan rica, no pude controlarme, me desenfrene oliendo tacones de aguja tambien, agarre unos negros con aguja muy fina y olian a sus lindos pies, olian a una noche de baile, olian a su uso constante donde sus pies imprimian el olor haciendo un aroma tan exitante que no se puede resistir.

Me pase oliendo y lamiendo durante unas dos horas talvez, y ese fue el problema, que no senti la nocion del tiempo y derrepente, me recuerdo que estaba echandome una paja deliciosa oliendo unos tacones de Lucia, unos tacones de aguja azules y unos parecidos solo que en color cafe, uff tenian el mejor olor del mundo, sin duda alguna la que mejor olor tenia era Lucia, mientras me pasaba una tanga muy usada por mi boca y con la otra mano me echaba la paja con una tanga de Monica, total, estaba apunto de correrme y entro Lucia, al cuarto, ella habia regresado temprano de donde habia ido y grito mi nombre al entrar sorprendida al entrar al cuarto y yo ya no tenia control para parar, segui masturbandome pese a que ella estaba ahi parada preguntandome que demonios hacia hasta que deje caer una increible cantidad de leche en el tacon derecho azul, ufff la mejor para de mi vida hasta ahorita.

Entre tantas sensaciones, de sorpresa, confusion, exitacion, miedo, solo le mire fijamente a los ojos a Lucia y ella me pregunto: ¿Que crees que estas haciendo con mi ropa y zapatos?

Quiero una explicacion inmediatamente aunque sea cual sea no te vas a salir ganando de este lio tremendo. No me dio tiempo de subirme el boxer ni el pantalon por lo que decidi explicarle el bolas, con mi polla llena de leche y todavia empalmada por la situacion que estaba sucediendo, mientras le explicaba mi aficion y mi descontrol al ver tan irresistibles tacones y tangas que decidi oler su aroma de mujer y mientras le explicaba solamente para endulzar su oido porque yo sabia que estaba muy enojada, pude notar que se metio dos dedos a la concha, mientras se masajeaba y hacia cara de seria, yo le contaba y sabia que estaba tocandose pero yo no le dije nada por miedo de que me respondiera todavía peor.

Me dijo: ponte el boxer y ven a la sala cuando limpies todo este desastre. Asi lo hice y me dirigi hacia la sala, ahi estaba ella muy pensativa acerca de la escena que acababa de ver, me dijo: no me opongo a la masturbacion, te tengo que ser honesta si te quiero corregir, yo tambien me masturbo pero hay que encontrar el placer en el sexo. Mientras me explicaba se me empalmo otra vez y 19cm no son faciles de esconder, por eso me dijo: Vaya que despues de una paja no se te duerme lo que tienes. Ya con un tono mas tranquilo. Perdon tia Lucia pero al hablar de esto pues esa es la reaccion. le dije y le solte una sonrisa como para romper el hielo. Me dijo: ¿Y porque te gusta oler los pies? ¿Que le encuentras de exitante? No solo los huelo, los lamo, los chupo, los beso, los acaricio, los masajeo, me encantan demasiado y le encuentro cada detalle exitante, le dije. Ven acercate, me dijo un poco mas seria. Huele mis pies. Al oir esas palabras lo primero que paso es que se me puso dura hasta el tope y a medida que los olia, que olia ese aroma directamente ya no del tacon, ahora era contacto directo no me resisti a darle unos besos y a meter mi boca en el dedo gordo, me los quito y me regaño diciendo: Bueno tampoco te dije que te pasaras de oler, solo te queria dar tu gustito porque se que no eres un chico con vicios y te portas bien y pues espero que este incidente no vuelva ocurrir porque no sere tan condesentiente la proxima vez, asi que espero que no haya proxima vez.

No tenga pena Tia Lucia, aunque no le puedo prometer que no lo seguire haciendo, es demasiado delicioso para mi, dije con autoridad aclarando las cosas. Bueno, es cierto, solo hazlo con discreción. Me despedi y me fui disculpandome una vez mas y asi fue como me respondio y me dio seguimiento a un sin fin de fantasias que pues puede que en otra ocasion cuente: No tengas pena, ahora ya se quien me va a dar un masaje de pies cuando este cansada.

Solto una risa que la encontre muy morbosa y solo le respondi, asi va a ser, cuando quiera tia. Me despedi y pues esa vez fue el principio de muchos goces con los pies de mi tia Lucia que al tanto pensar en ellos, me provoca una paja jeje. Espero que les haya gustado y bienvenidos sean los comentarios y votaciones.