Infidelidad obligada

A veces pensar en colocar una tercera persona en la cama es una cuestión de madurez sexual, y no siempre es genial como se piensa.

Hola a todos. Mi relato parece repetido, pero tiene alguna otra parte que no tienen los demás, además es verdad lo que me sucede hoy día.

Mi nombre es Pamela (ficticio), de 29 años, seis de casada, con un hijo de cinco. Desde hace un año que mi marido me está insistiendo de tener sexo con otro hombre. Yo no concebía tal propuesta, por qué tener sexo con otro hombre? y yo vengo de una familia cristiana. Al menos no estaba necesitada de eso. Debo decir que no soy fea, es más, más de uno de mis compañeros de trabajo me ha insinuado acostarme con él, tengo bonitas bubis y mis piernas aún son bonitas al igual que mi colita que recibe piropos en la calle.

La insistencia de mi marido fue tremenda en los últimos meses, tal que nos enojamos varios días en varios momentos. Contra mi voluntad, con tal de complacerlo acepté hacerlo hace unos cinco meses atrás. Mi marido fue quien escogió al tipo, sería su jefe, un señor de unos cuarenta y tantos años, de nombre Ruben (ficticio). Sería en nuestra casa durante una cena. La única condición que puse es que debía estar presente mi marido, cosa que cumplió a medias.

Esa noche Leonardo mi esposo, me pidió que me pusiera una mini, la más corta posible, asi como una blusa con amplio escote y que no me pusiera sostén. Llegó don Ruben, el tipo me pareció sucio, tosco desde el principio, no fue recatado, sino me miraba los senos y la colita constantemente, me ofendía como lo hacía con tanto descaro. Al terminar de cenar, comimos muy poco todos, nos fuimos a la sala, mi marido me sentó a la par de su jefe y nos sirvió unos whiskys, el mío me lo tomé de un solo trago. Mientras platicábamos de política y del trabajo (yo también trabajo en una agencia de viajes), sentí como la mano de don Rubén se acomodaba en mi muslo. –Te ves adorable con esa mini!- me dijo. Yo solo di las gracias.

Mi marido para romper un poco el hielo, puso un poco de música y me dijo que sacara a bailar a su jefe, el rápido se puso de pie y me tomó de la mano para que me parara, la música era apacible, asi que bailamos pegaditos. Don Rubén comenzó a decirme al oído que mi marido era un afortunado con tenerme de esposa, y que me agradecía el gesto de haberlo aceptado para compartir la cama esa noche. Yo quise decirle que la idea de todo era de mi marido y no mia, pero lo dejé asi. La mano que don Rubén me ponía en la cadera la fue bajando más y más, en poco tiempo me la tenía casi tomándome una de mis nalgas, pero lo hacía de una forma sutil.

Mi marido al observar eso, se puso contento e hizo como que iba a traer hielo a la cocina con tal de dejarnos solos. Fue cuando don Rubén comenzó a besarme el cuello, su lengua y labios subieron hacia el lóbulo de la oreja, la mordió delicadamente y me la chupó, corrientes eléctricas subían y bajaban de mi cuerpo –como es posible que este tipo de seducción se haya perdido actualmente!, si tan rico que es sentir la lengua de un hombre recorriendo tu cuello y tus orejas-.

Don Ruben no necesitó besarme o tocarme mis partes íntimas para calentarme, lo logró solamente con besarme y lamerme suavemente el cuello por delante y por detrás, mis orejas y mis hombros. Yo cerraba los ojos, tenía mucho tiempo, desde que éramos novios con Leonardo, que no sentía esa sensación erótica. Mi rajita se comenzó a mojar sin remedio, además don Ruben ya no me pareció tan antipático. Luego don Ruben metió su mano debajo de mi mini por atrás y acarició mis nalgas, yo tenía puesta un braguita de media nalga que facilitó su deseo. Sus dedos tenían experiencia para acariciar, sentí como metía su mano por atrás y uno de sus dedos me tocaba los labios vaginales por atrás, seguramente notó que me estaba mojando mucho, porque al sentir mis juguitos mojando la yema de sus dedos me sonrió pícaramente.

Sus labios rozaron los mios, yo estaba tan caliente que lo jalé para que me besara por fin, nuestras lenguas se friccionaron una con otra, sus labios envolvieron mi lengua y me jalaron adentro de su boca volviéndose a enlazar, el hombre sabía lo que era besar a una mujer. Unos de sus dedos que jugaban por atrás con mi rajita me penetró, ufff que excitante!, mojé bastante ese dedo metido en mi parte íntima.

Luego la boca y los besos de don Ruben fueron bajando por mi garganta, beso con mucha pasión la parte de los senos que no me tapaba la blusa, pero una de sus manos bajó mi escote para que mis pezones salieron al descubierto, don Rubén buscó con sus labios mis pezones los mamó y los acarició con la punta de su mojada y tibia lengua, eso me hizo estremecer. Las manos de él no se quedaban quietas en ningún momento, encontró el cierre de mi mini y lo abrió, mi faldita se fue para abajo dejándome en bragas, mientras él aún se deleitaba con mis senos; mi marido tenía mucho tiempo que no me mamaba los senos de esa forma. Vi como el jefe de mi marido se deslizaba de mis senos hacia abajo, me lamió el estomago rico, luego el vientre y llegó a la orilla de mi braguita, con sus hábiles manos me la quitó, dejando mi rajita rasurada frente a su rostro.

Don Rubén se fue acomodando hincado en el suelo, entre mis piernas, me levantó una de mis piernas para abrir mi sexo, luego como un animal hambriento me comenzó a devorar el coño, su lengua parecía tener vida, se movía dentro de mis labios vaginales y frecuentemente me buscaba el clítoris para tomarlo con los labios, yo sentí que me faltaba el oxigeno para respirar, las fuerzas de mis piernas parecían ceder, no era más que un infernal orgasmo que me recorría el cuerpo, nunca mi esposo en los últimos cinco años me había hecho tener un orgasmo sin penetración y don Rubén me lo había logrado con honores.

A continuación don Ruben siguió comiéndome la raja y llevándome al cielo, además me metió dos dedos en mi interior, los sacaba y los metía dándome más placer. Yo creí que me desmayaría de tanto, volteé a ver si estaba mi marido alrededor, me daba cierta vergüenza estar gozando como una putita con otro hombre, pero no lo ví.

-Voltéate!- me pidió don Rubén, asi que me puse contra la pared, el aún hincado me separó las piernas y su lengua pasó sobre mis nalgas como si fuera un dulce rico, con sus manos fue abriendo mis nalgas, yo estaba nerviosa, mi marido me había chupado el ojete del culo, pero no era de su preferencia. El empezó a lamer alrededor de mi ano con la punta de su lengua varias veces, sentí unas cosquillas enormes, luego salía de mi rayita y mordía delicadamente mis nalgas, luego volvío a la carga lamiendo con mucha saliva alrededor de mi ano, yo me mordía los labios de gozo. En una de esas, sentí su lengua sobre mi ojete, le hizo varios círculos sobre mis pliegues arrugados del ano, ohh que bárbaro para comerse mi culo!, me hizo mojarme de nuevo en pocos segundos, sentía un placer exquisito, su lengua siguió con dirección hacia abajo y pasó encima de mis labios vaginales hacia mi clítoris, me agaché un poco más brindándole ayuda para llegar a donde él quería.

El jefe de mi marido, no era un adonis, pero sabía donde tocar, donde lamer y como usar la lengua masculina. Repitió la dosis varias veces, yo gemía y me quejaba de lo que él me hacía en mi colita. Metió de nuevo dos dedos en mi raja y con la punta de su lengua me comía el culito, era rico y placentero eso!. No podía yo creer que estaba a punto de correrme de nuevo (tercera vez) sin que el hubiera tenido necesidad de meterme su pene. Nunca hubiera pensado que eso era posible.

Logró don Ruben mi nueva corrida, cuando intercambió sus dedos en mis orificios, es decir, me penetró con un dedo el ano y su lengua lamía mi clítoris. –Ya no! Ya no!- le decía yo a él, estaba mareada y agotada. Por fin dejó mi colita y se puso de pie, tomándome de la mano, me preguntó dónde estaba mi recamara, le señalé, me llevó hacia allí, me acostó en cama con delicadeza. El fue a cerrar con cerrojo la puerta, no quería ser espiado me imaginé, luego se puso de frente a la cama y se fue quitando la ropa, camisa, pantalón, calcetines, por último su bóxer, ohh madre mía!, no sé si era el mareo que tenía, pero la riata del jefe de mi marido era enorme y gorda, con un cabezón exageradamente grueso, la tenía parada y él mismo se la masajeaba – te gusta-?, me dijo, -te la vas a comer toda!- me dijo con excitación.

Se subió a la cama de frente a mi, me quitó la poca ropa que aún tenía (blusa) y luego me fue zafando los zapatos, subió uno de mis pies y se lo llevó a la boca, lo besó y luego chupó cada dedito de mi pie, eso me puso la carne de gallina. Luego tomando el otro repitió la dosis haciéndome gemir, después los tomó juntos y los puso a cada lado de su verga y comenzó a masturbarse con ellos. Por el rostro y los gestos que hacía don Ruben le estaba fascinando pajearse con mis pies, su verga no podía estar más erecta y dura de lo que ya estaba.

Terminando de hacerlo, se metió entre mis piernas y sin miramientos, me penetró con fuerza y me la metió hasta el fondo, fue tanto tanto que pujé para recibir ese pedazo de carne dura. Luego echándose encima de mi comenzó a culiarme duro y fuerte, sus embestidas movían toda la cama, yo sentía que mi vagina se abría al máximo para recibir tal embestida y tal vergota, yo no suelo ser gritona en la cama, pero ese señor me sacaba los quejidos y gritos espontáneamente, a veces bajaba yo el volumen porque me daba vergüenza que mi marido estuviera afuera oyéndome como gozaba con otro hombre en la cama, pero era difícil.

Que cogida me estaba dando don Rubén!, Me daba duro, luego suave, después embestía como un animal, luego se detenía, era diferentes los ritmos que me daba, pero en todos me daba placer, en verdad yo sentía que me llevaba al cielo de nueva cuenta, al oír que estaba a punto de correrme, él aceleró su mete-saca, no sé si quería oírme llegar rápido o quería correrse conmigo, porque empecé a gemir fuerte cuando llegué al climax y unos segundos después lo oí a él vaciarse adentro de mi raja, sentí su semen caliente colarse bien adentro de mi vagina, luego los movimientos de don Ruben cesaron por completo, pero el bufaba como un toro cansado.

Sacó su verga de mi raja, estaba empapada, brillaba de lo mojada. Yo pensé ya no tendría fuerzas ni para ponerse de pie, pero estaba equivocada. Me pidió que me volteara y me pusiera en cuatro, yo de lo agotada, solo alcancé a ponerme sobre mis rodillas y con la cabeza sobre la cama, sentí como colocaba su gorda verga sobre mi raja, frotándola, luego sentí como su pedazo de carne entraba de nuevo en mi cuerpo, la metió hasta que sentí su vientre pegar contra mis nalgas, me la tenía de nuevo hasta el fondo. Luego me comenzó a follar, no con la fuerza con que me penetró inicialmente, sino fue despacio, como descansando, se aferraba de mis nalgas para introducírmela profundamente, mi vagina estaba muy dilatada y mojada, su verga a pesar de ser grande y gorda entraba fácilmente en mi.

Yo que estaba completamente agotada, descansaba mi rostro en una almohada, ya no me importaba gozar más, en ese momento le dije sin pensar – don Rubén góceme como quiera!-, eso fue un gran error!!.

El lo malentendió, primero me estuvo metiendo un dedo en mi culito, luego un segundo dedo peleaba con mi esfínter para meterlo junto al primero, hasta allí no me imaginaba sus intenciones finales, pero se lo merecía, yo creía que solo quería divertirse con mi colita, pero de pronto sentí que me la sacó de la raja y luego la puso en mi ojete del culo, empujó y yo gemi y pujé, antes de poder decir algo, el me tomó con una mano de una nalga y con la otra guió su verga al interior de mi ano, -don Rubén noo!!- fue tarde, su grande cabezón había abierto mi ano y se había metido en mi colita.

Luego él siguió empujando a pesar que yo le pedía que no, su miembro viril me penetro a la mitad de su largo, luego se puso a pistonearme su verga, cada vez que lo hacía me penetraba más y más profundo. No es que yo haya sido virgen de allí, pero realmente mi ano tenía poco uso y nunca había entrado algo tan grueso, como mis ruegos no encontraban respuesta, me callé y me concentré en la follada de culo que me daba, me causaba curiosidad ser penetrada por algo tan grande, me relajé y soporte las embestidas de don Ruben, al inicio me dio vergüenza, luego incomodidad, pero los últimos minutos de la culiada me parecieron increíblemente ricos, yo quería que no dejara de penetrarme el culo, pero no contaba con que él llegaría a su venida, me tomó de los hombros y se derramó bien profundo en mis intestinos.

Aun minutos después que terminamos de coger, su leche seguía saliéndome de mi ano, me levanté y fui al tocador tomé unos pañuelos desechables para limpiarme la raja y el culito. Que fajada te han puesto Pamela!, me decía yo misma frente al espejo viéndome agotada. Don Rubén se vistió y salimos juntos de la habitación, perdí la noción del tiempo, pero creo que estuvimos cogiendo alrededor de una hora y quince minutos, lo cual para mi era un record, cuando últimamente mi marido me coge en quince minutos en promedio.

Yo me puse colorada cuando vi de nuevo a mi marido que aguardaba en la sala, viendo tv. Aún tomamos una bebida todos juntos y luego él se despidió, yo miraba que mi marido estaba muy celoso, esa noche casi no preguntó nada, fue hasta el otro día, tuve que mentirle y decirle que él era mejor que su jefe en la cama y que fueron momentos muy incómodos. Pero la verdad es que don Rubén se había ganado la medalla de oro, ya no me acuerdo bien cuantas veces me hizo llegar al orgasmo, si cuatro o cinco veces. Pero la culpa la tenía mi marido, por obligarme a cumplir una de sus fantasías y el hombre que escogió para mi era un campeón en la cama.

Les comentó que después de esa noche todo fue infierno en nuestro hogar, mi marido se volvió más celoso que antes, al grado que nos peleábamos con frecuencia, nos fuimos distanciando más y más. Yo tenía, como él, necesidad de sexo y el creía que negándose me daría una lección, pero todo le salió mal, ya que donde trabajo había un chico joven, de unos 21 años, que de hecho trabajamos en la misma oficina, él siempre andaba invitándome a su apartamento o a comer, yo le gustaba mucho, pero yo siempre me negaba; el joven no está nada mal, es muy guapo y bien parecido, y un día que me vine peleando de mi casa con mi marido acepté su invitación, como se imaginaran, terminamos en su cama mamando nuestro sexos y cogiendo en varias posiciones, pero a pesar de su juventud y que me echó tres polvos, dos de ellos sin sacarmela, no puedo negar que la gocé más con don Rubén.

Cómo tres meses después de mi encuentro con don Rubén, lo encontré en un centro comercial y llegó a saludarme, yo iba con una amiga, me quedé hablando con él y me dejó su número del móvil, dos semanas más tarde, concertamos una cita y ya estaba en una cama con él repitiendo nuestro primer encuentro, me hizo correrme otro número igual de veces, me hizo el amor lentamente, yo ahora gemía y me quejaba sin tregua, ahora se la mamé y lo hice terminar con mi boca y tragarme su venida calientita.

Ahora tengo dos amantes. Nos encontramos con Don Rubén, una o dos veces al mes para follar, no lo hacemos más veces porque él es casado, ahora con mi chico del trabajo, cogemos dos o tres veces por semana, el chico quiere cogerme todo el tiempo, me dice que no deja de pensar en mi, lo hemos hecho hasta en el oficina. Todo culpa de mi pervertido y celoso esposo, creo que ni él ni yo estábamos preparados para una experiencia asi.

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