Hablando de guarradas con una amiga

Me llamo Lucía, tengo 27 años y desde hace un año soy asidua de esta página, me gusta mucho leer los relatos y me sorprendió mucho los relatos que había de lesbianas, la verdad me gustaba la idea de estar con una mujer, siempre me ha atraído pero sólo en mis fantasías, pero al leer los relatos pasó de ser una fantasía a algo casi obsesivo, pero no encontraba la ocasión y esta ocurrió el verano pasado.

Soy morena, no muy alta, 1,68, y algo rellenita, no tengo un cuerpo escultural, pero tengo unas tetas grandes y hermosas y mi culo también es hermoso, tengo novio, se llama Juan, desde hace 6 años, con el que mantengo relaciones sexuales satisfactorias, pero como les dije antes siempre he fantaseado con tener una relación con una chica, mi novio no lo sabe, y por el momento no se lo voy a contar.

Todo pasó el verano pasado, después de leer varios relatos de lesbianas me entraban ganas de hacer realidad mi fantasía, pero no estaba segura de con quién hacerla realidad.

Mi novio y yo alquilamos un chalet en el campo con otra pareja, Lola y David, Lola es una chica muy guapa, es más alta que yo, rubia, sus tetas no son tan grandes como las mías, pero las tiene muy bien puestas, y su culo es impresionante, después de estar allí unos días se me ocurrió la idea de intentar hacer realidad mi fantasía con Lola.

Un domingo por la mañana Juan y David se fueron de cacería temprano, les gusta mucho este deporte, y Lola y yo nos quedamos en el chalet, nos levantamos sobre las 12 de la mañana, preparamos el desayuno y después de desayunar nos dimos un baño en la piscina, un rato después estábamos las dos tendidas en el césped tomando el sol.

Empezamos a hablar de cosas sin importancia, hasta que poco a poco fui metiendo el tema de la homosexualidad, muy de moda por entonces, pues había noticias de que se iban a legalizar los matrimonios entre homosexuales, tanto de hombres como de mujeres, ella me dijo que le parecía bien, que cada persona es libre de hacer lo que quiera con su vida, yo cada vez le preguntaba cosas más directas, como si ella admitiría una relación con otra chica, se quedó callada y pensé que había ido demasiado lejos pero su respuesta fue afirmativa, me contestó que si a ella le gustara una chica no se lo pensaría dos veces y que le daría igual lo que pensaran los demás.

Yo no sabía cómo reaccionar, mi fantasía se podía hacer realidad y con una chica guapa como Lola, ella me miró y me dijo que por qué le preguntaba eso, que si a mí me gustaban las chicas, me puse colorada y ella empezó a reírse, yo le contesté que tenía una fantasía pero que no estaba muy segura de querer hacerlo.

Lola entonces se incorporó y mirándome a los ojos me dijo: si quieres podemos probar, este comentario me dejó perpleja, no esperaba esa reacción de mi amiga, no sabía qué contestar, pero antes de poder reaccionar Lola se había acercado a mi cara y me estaba besando en la boca, no supe qué hacer, pero al sentir sus labios cálidos tocar los míos me dejé llevar y abrí mi boca para recibir su lengua, experimenté algo nuevo al sentir esa lengua explorar mi boca, juntarse con mi lengua y jugar, entonces Lola se separó de mi un poco y me dijo al oído: estaba esperando este momento desde hace tiempo.

El comentario me dejó aún más indecisa, pero ya había jugado mis cartas y no podía echarme hacia atrás, así que decidí seguir con el juego.

Lola empezó a besarme el cuello, esto me enloquecía, pasaba sus manos por mis pechos, los acariciaba por encima del bikini, mientras su lengua exploraba mi cuello y orejas, yo estaba experimentando algo totalmente nuevo y me dejaba hacer.

Me quitó con mucho cuidado la parte de arriba del bikini y aparecieron mis grandes tetas coronadas por unos grandes pezones oscuros, totalmente excitados por las caricias, su lengua se deslizó hasta ellos y empezó a succionarlos con rapidez, yo me estremecía de placer con esas caricias y Lola se daba cuenta que me gustaba, por lo que no paraba de besar y morder mis pezones, mientras apretaba mis tetas con sus manos, yo no quise quedarme atrás y empecé a acariciar su espalda y bajar mis manos hasta su hermoso culo, lo acaricié por encima de su bikini haciendo que Lola se estremeciera con mis caricias.

Al rato estaba yo totalmente desnuda, mi bikini estaba a un lado y Lola pasaba su lengua de un pezón a otro y sus manos bajaban hasta mi entrepierna buscando mi coño, cuando sentí su mano en mi coño experimenté un calor impresionante que me recorrió todo mi cuerpo, estaba excitadísima y Lola se dio cuenta al ver que mi coño estaba totalmente mojado, empezó a lamer mi cuerpo hasta llegar a mi coño, me separó las piernas y buscó mi preciado trofeo, no lo pensó dos veces y metió su cabeza entre mis piernas, lamiendo por todos lados, yo no podía más, el placer era irresistible, estaba a punto de explotar y tener mi primer orgasmo, pero ella sabía qué hacer, me separó el vello y empezó a lamer mi coño con delicadeza, buscando mi clítoris y jugando con él, dándole pequeños mordiscos e introduciendo su lengua dentro de mi coño, yo no podía más y entre grandes gemidos tuve mi primer orgasmo, mi cuerpo se tensó y Lola siguió lamiendo mientras su boca se llenaba de mis jugos, era lo mejor que me había pasado en mi vida, era fantástico, pero Lola no paró y siguió lamiendo, metía su lengua dentro de mi coño, me besaba el clítoris y mi ano, esto me puso otra vez casi al borde del orgasmo, su lengua recorría todo mi coño hasta llegar a mi ano, se introducía en él y otra vez a mi coño, yo no paraba de gemir y mover mis caderas al ritmo de la lamida que me estaba proporcionando Lola, me apretaba mis tetas con las manos y pellizcaba mis pezones, el placer era inmenso y no quería que acabara nunca, entonces Lola me introdujo un dedo en mi coño y empezó a follarme con él, entraba con facilidad gracias a la humedad producida por mi orgasmo, pronto tenía dos dedos dentro de mi coño, luego tres, me follaba con tres dedos y mis movimientos y gemidos iban en aumento, entonces me saca los dedos del coño y mojados por mis flujos empezó a meterlos en mi ano, sentía un calor increíble por mi cuerpo al introducirme el primer dedo en mi culo, lo movía de forma circular y mi ano se acomodaba a su dedo, entonces metió otro y empezó un movimiento de mete y saca que hizo que llegara mi segundo orgasmo, más intenso que el anterior, entre gemidos de placer y movimientos de pelvis, tensé mi cuerpo y quedé casi exhausta por el placer recibido, pero con ganas de darle el mismo placer a ella.

Me levanté, la tendí en el césped y le quité el bikini, tus tetas aparecieron ante mí, deliciosas, con unos pezones duros por la excitación que tenía, no me lo pensé dos veces y me lancé a devorarlos, los besé, los lamí, los chupé, se estremecía de placer con lo que le estaba haciendo, mis manos apretaban sus pechos y sus pezones, pero quería experimentar lo que se sentía al lamer un coño, abrí sus piernas e introduje mi cabeza entre ellas, el sabor era delicioso, lamí su coño con desesperación, haciendo que Lola gimiera y casi chillara de placer, esto me excitaba aún más y hacía que mi ritmo aumentara, mi lengua se introducía en su coño, en su culo, jugaba con su clítoris e introducía un dedo en su lubricado coño, Lola gemía cada vez mas, estaba a punto del orgasmo así que aumenté el ritmo de mi dedo, lo introducía cada vez más deprisa y ella me acompañaba con movimientos de su cuerpo.

Lola entre gemidos me dijo que le lamiera el culo, y le metiera un dedo, yo no lo dudé y empecé a lamer ese agujero desconocido para mí, pues nunca había lamido uno, pero su sabor me gustaba y sentía los gemidos de placer que le estaba propinando a Lola, esto y mi excitación hizo que lamiera cada vez más y más hasta que su culo se relajó y pude introducirle dos dedos, Lola al sentirlos dentro empezó a gritas: mássss….méteme maaasssssss…..quiero que me rompas el culo….maaaaaasssss…..maaaaaaaasssss, yo al oír esto me excité mucho más y no lo dudé e introduje tres dedos, ella se movía como una loca y no paraba de gritar que le metiera más, le introduje el cuarto dedo e intensifiqué el ritmo de los movimientos de mete y saca de mis dedos en su culo, pronto Lola llegó al orgasmo, dando grandes gritos y tensando su cuerpo.

Yo empecé a lamer su coño bebiendo sus jugos, nunca había probado una cosa tan buena, limpié el coño de Lola y luego la besé para que pudiera deleitar sus jugos tal y como yo lo hacía, quedamos tendidas en el césped durante un rato y luego Lola me dijo que había sido la mejor experiencia de su vida.

Me confesó que no era la primera vez que lo había hecho con una mujer, pero que sí había sido la mejor.

Como comprenderán ese fue el mejor verano de mi vida, y esta experiencia me ha cambiado bastante, ahora disfruto mucho más de las relaciones sexuales, todavía sigo con mi novio, y disfruto mucho con las relaciones sexuales con él, pero me gustan más las que practico con Lola y algunas amigas que tenemos ahora.

Pero esto se los contaré en otro momento, ahora mismo me pongo a escribir la siguiente experiencia que hemos tenido las dos, para mi fue muy fuerte, pero muy placentera al mismo tiempo.

Un anciano adinerado ofrece a dos bellezas dinero para que se enrollen

El sol hace horas que se asoma sobre el azul horizonte que enfrenta a la inmensidad del cielo y el mar con los edificios descuidados y descoloridos que sin duda han conocido tiempos mejores.

Eva y Pamela tomaban el sol en la interminable playa de arena blanca, de arena de mármol molido, las dos solas como tantas veces, esperando despreocupadas y desocupadas la llegada del resto de los chicos de su pandilla. Es domingo, eso les ha permitido bajar antes a la playa. No diré que tienen una especial obsesión por ponerse morenas, pues no tienen el problema de mal color en la piel: Eva es mulata, y Pamela es morena.

Eva y Pamela se conocen desde siempre. Viven en el mismo barrio ruinoso desde toda la vida y han jugado juntas desde siempre, Son sus respectivas mejor amiga. Lo saben todo la una de la otra, pues todo se lo cuentan. Son como hermanas, y de hecho, se llaman la una a la otra “prima”.

Eva, la más morena, tiene ahora veintiún años, es de corpulencia mediana, pelo rizadísimo y largo, huelga decir que tiene unos ojos negros, y los labios carnosos y sensuales. La dulzura de su cara le hace tener muchos pretendientes en el barrio, pero ella se saber guardar para el hombre que le de una vida buena. Sus pechos son grandes y sus muslos en consonancia. Huelga decir que sus piernas son largas y su culo hermoso, bien hecho, de carne maciza. Pamela tiene la piel más clara, y sus dieciocho años están muy bien aprovechados. Es básicamente muy parecida a Eva, salvo que es más bajita, sus rasgos están menos desarrollados, ni el pecho es tan grande, ni los muslos tan gordos, ni su culo tan hermoso. Tiene en cambio un porte más elegante que Eva, que le gana en cambio en exquisita sensualidad.

Llevan las dos los bikinis de hace unos años, ya descoloridos, pero la economía no da para comprar trapos todos los años. Trabajan pero la escasez es mucha. Su sueño es que algún día un extranjero se enamore de alguna de ellas y se la lleve a Europa, o a Norteamérica. Mientras tanto, no les avergüenza decir que a cambio de bastante dinero, para ellas, han cumplido su sueño, y el de algún turista cincuentón, al menos por una noche. Son cosas de la vida y de la economía.

Charlan las dos divertidas, cuando Eva le hace caer en la cuenta de una figura elegante, de traje color vainilla y sombrero blanco que avanza por la orilla del mar. Usa un bastón, parece, en el que no se apoya. Se va acercando y va tomando forma y llega un momento en que la ilusión por el galán se convierte en una decepción al adivinar las arrugas sobre la cara que delatan la avanzada edad del figurín. ¿Sesenta? ¿Setenta?, especulan las doncellas.

El viejo saluda a las chicas con una simpatía y caballerosidad y se las queda mirando, observándolas como una obra de arte, observándolas de manera insistente, provocadora. Eva y Pamela se sorprenden y se incomodan, Pamela salta por fin y le pregunta al viejo qué carajo quiere y el viejo le responde que mirarlas por el momento .

Y qué carajo quiere mirar. Pues a dos bellas señoritas que toman el sol en la playa, que lucen más que el sol y cien mil galanterías más que salieron por la boca de aquel experimentado seductor que finalmente provocó la hilaridad de las chicas que empezaron a coquetear con el viejo galán.

El viejo era de palabra fácil y eso les gustaba a las chicas, que se sorprendían por las salidas ingeniosas del admirador y por su sentido delicado y poético. Pero el galán daba dos pasos hacia delante y otro hacia detrás y empezó a hacerle proposiciones.

Que si nos tomamos un café, que si les invito a comer, que si alquilamos un carro y nos damos una vueltecita por la ciudad, que si se vienen, que si se lo pago todo, que si luego les doy más. Las chicas sabían que eso equivalía a un ofrecimiento para prostituirse y aunque el galán en este caso era peor de lo que otras veces se les había insinuado, ganaba en elegancia, en modales y en cien mil cosas más que al último turista italiano, que encima pretendía sodomizar a Eva, y que al final, ni mojó ni pagó.

Bueno, se dijeron, bueno, le dijeron al viejo. Se fueron las dos. Era una costumbre que habían tomado en su corta experiencia, pues hay que insistir que las chicas sólo accedían a complacer a los caballeros de vez en cuando, para evitar problemas, pues así una sabía en que hotel se metía la otra y se ayudaban a calar al sujeto y más de una vez le había dejado colgado en un bar mientras ellas se escapaban tras salir del servicio donde ambas habían mantenido una charla decisiva.

Las chicas se vistieron ante la atenta mirada de su conquistador, que observaba cómo el pantalón corto vaquero engullía los cuerpos. Y así salieron de la playa, con el viejo en medio, agarrándolas de la cintura y preguntándoles el nombre. Tú, Eva y tú Pamela. Veréis qué bien nos lo vamos a pasar.

Cumplía el longevo Don Juan sus promesas y pasearon en un carro enorme que el señor llamó con un gesto elegante que fue entendido a la perfección por el conductor. Los tres se sentaron detrás. Las chicas en las ventanas y el viejo en el medio, acariciando los muslos calientes de las chicas que miraban por la ventana y hacían comentarios como si estuvieran en París.

Comieron delicias, manjares deliciosos, frutas que no conocían, mariscos de los que no habían oído hablar, manjares que hacía lustros que habían desaparecido de los mercados de abastos. Tomaron un cóctel en el mejor café de la ciudad, ante la mirada ávida del resto de los hombres, de los que pasaban a pie, de los que paraban sus coches, de los que miraban desde el otro lado de la calle. Al primer cóctel siguió otro, y luego otro.

Pamela era la más indiscreta y le preguntó al anciano que para cuándo pensaba dejarlo, pues ellas eran dos niñitas, le dijo en plan sarcástico y no podían llegar a la casa más tarde de las ocho. -Bueno, yo creo que de aquí a las ocho habré acabado con las dos-¿Con las dos? – Pamela y Eva se echaron a reír- Sí, con las dos,.- Bueno, entonces tendrás que darnos el doble…- Introdujo Pamela esta coletilla para sacar un tema tan escabroso.

-El doble–¿De cuanto?.- De veinte dólares.- ¡Carajo! ¡Sí que os cotizáis caro! Os daré el doble… de cuarenta dólares.- ¡Hecho!.- Las chicas siguieron riendo sorprendidas por la generosidad del viejo y por su ambición.

-¡Vaya!, parece que al señor las fuerzas no le van con la edad.- El viejo sonrió maliciosamente.

Se dirigieron hacia el hotel de los sueños, el hotel donde se hospedaban las personas con las que ellas soñaban con emparentar, de la mano de un viejo, que dijo ser su tío, tras dejar diez dólares en la mano del recepcionista que extrañado preguntaba quiénes eran las guapas señoritas

Subieron a la habitación por unas escaleras alfombradas, como las de aquella película, Lo que el viento se llevó, pasaron por un pasillo inmenso e interminable y llegaron a la habitación. Una habitación palaciega, de cama más ancha que larga de lámparas de araña, de armarios tallados, de suelos de mármol, de cuarto de baño de sueño, con grifería dorada, con cortinas en las ventanas, transparentes, como el velo de una novia.

– Duchaos mientras pido unas botellas de champagne muy frío, mientras me acicalo. Duchaos las dos a la vez , que si no vamos a perder mucho tiempo.- Las chicas obedecieron sonrientes. Se desnudaron en el baño pero no se atrevían a quitarse los bikinis hasta que no se lo pidió el viejo. Allí estaban Eva y Pamela, las dos, desnudas y las dos mirándose por primera vez, sorprendidas la una de la otra. Las dos se metieron en la ducha y las dos recibieron el agua templada, y utilizaron aquel jabón oloroso, delicioso, que hacía espuma,

-Dale en la espalda Eva, que ahí no llega ella sola… Dále tú ahora, Pamela. – El viejo ordenaba con voz alegre. Se ducharon rápido. Se aclararon el jabón del cuerpo, de la cabeza , y las dos desprendían un olor que las hacía sentirse más hermosas.

El viejo se sentó en un sillón comodísimo, y dijo -¡Hale, ahora a joderos la una a la otra! Las chicas no esperaban aquello. Cómo se iban a joder la una a la otra. Qué era aquello. Se negaron en rotundo. Fue Pamela la primera que habló para llamarle al viejo pendejo y otras maravillas que en nada se correspondían con las maneras con que el viejo las había tratado.

El viejo sonrió y ni se inmutó. Sólo dijo. El doble de sesenta dólares… Carajo, había que pensárselo. Era el sueldo de varias semanas. Dudaron. El doble de ochenta dólares.-

Bueno, aceptaron. No podían rechazar esa oferta. El viejo las dirigió al principio. -venga, bésense…con más ganas.- Ninguna de las dos había probado nunca los labios dulces de una mujer. Sus labios se sellaron. Se besaron como si ambas estuvieran besando a un chico. Se miraron tras el primer beso para descubrir confusas la cara de su amiga de siempre. Sus cuerpos se arrimaron y se abrazaron y las toallas cayeron al suelo por la fuerza de la gravedad y unos estironcillos que pegaba el viejo con la fuerza de la edad.

Sus senos se fundieron y ambas sintieron la suavidad de la piel de la otra, el calor de sus senos, la dulzura de la carne tierna, los pezones erizados que sobresalían como un grano de café en un baso de cacao. Unos pezones negros.

El viejo les pedía acción y Eva decidió coger el pecho de Pamela tiernamente. -¡Más ganas!…¡Carajo!…¡Más ganas!. Eva bajó su boca de labios rosas hasta los senos de Pamela, que se los ofrecía sin moverse, sin inmutarse aparentemente, pero sin oponer resistencia. A Pamela le excitaba la suavidad con que Eva le lamía los pezones, como si fuera un gatito que lamía leche. Le excitaba el áspero contacto de su lengua, le excitaba la visión de aquella mano, de piel más negra que la suya. Eva, por su parte lo hacía sólo por el dinero, pues ella se consideraba pasiva y lo era.

En efecto, Eva dejaba que los chicos fueran los que llevaran la voz cantante, los que la ordenaban que les hiciera una felación, los que le bajaban las bragas y los que se ponían encima para descargar sobre ella todo su semen.

El champagne llegó de la mano de un mozo que no pudo pasar del pasillo. El viejo cogió la botella, el depósito de hielo y las tres copas y las llenó, interrumpiendo a las chicas, para las que aquello fue un respiro. Bebieron desnudas, dos copas de champán. Fumaron un cigarrillo que el viejo les ofreció, aunque él no fumaba, por el pecho, toc toc… y se tocaba el lado del corazón.

Cogieron las dos chicas un puntillo y volvieron a lo que habían dejado. Las manos de Eva acariciaron de nuevo los pecho de Pamela y sus bocas se fundieron. La lengua de Eva penetró la boca de la mulata.

El viejo no estaba satisfecho. -No, no, no…aquí hay que organizarse… os voy a explicar…Tú Eva serás la mujer hembra… ya sabes, bueno. Y tú, Pamela serás la mujer macho. Sí… Tú, Eva, la tienes que calentar y seducir…Y tú, Eva… cuando estés caliente…vas y te la follas…-

Ahora Eva tenía más claro lo que el viejo quería, pero comprendía que le tocaría la parte más de aguantar, la más pasiva. Pamela no estaba dispuesta a aguantar aquello, pero Eva le dijo que pensara en el dinero.- El viejo intervino: -El doble de cien dólares.-

Eva volvió a lamer los pezones de color cacao de Pamela y pasó su mano inexperta por el sexo cubierto de vello negro, de vello fuerte pero suave, más suave que el de los hombres, más suave que los suyos. Y tocó el sexo de su amiga, más suave que todo lo que nunca había tocado.

Llevó a la impasible Pamela hasta el borde de la cama, en la que la sentó y se inclinó de rodillas hacia ella, recorriendo con su lengua una distancia que le pareció inexistente, hasta las ingles de la mulata, que se abrió de piernas al ver la trayectoria de la cabeza de Eva.

Pamela no podía pensar que su amiga se atreviera a hacer aquello por el dinero. Ella que siempre había sido mucho más escrupulosa. Sentía sus labios sobre la cara interior de los muslos y los dientes clavarse ligeramente y la lengua, cálida, lamerle.

Y sentía la mano de la melana Eva, posarse sobre su sexo, tímidamente, pero cada vez más convencida, hurgando entre los entresijos de la cabellera rizada que cubría su sexo, buscando un resquicio por donde romper su tirantez, hasta encontrar el clítoris, orgulloso y desafiante como la propia Pamela.

Eva tomó el clítoris entre sus dedos y puso la palma de su mano sobre el sexo de Eva. El botón del sexo aparecía entre sus dedos, rosa, brillante. Lo lamió como si fuera un pirulí. Sintió a Pamela tensarse y notó que colocaba su mano sobre su cabeza. Pensó que Pamela empezaba a dejarla de tratar como una traidora.

Pamela comenzó a sentir la excitación de la situación y obsequiaba con su miel a Eva, que se embadurnaba la palma de la mano con su flujo. Eva agarró ambos muslos de Pamela y la tiró hacia detrás, abriéndole las piernas todo lo que podía y lamiendo el sexo de la mulata en toda su longitud, con su lengua extendida totalmente, lamiendo su miel, que se mezclaba con la sensación algo electrizante de los rizos del vello de Pamela.

Pamela comenzó a sentir el calor, la excitación, la sensación en el vientre de querer romperse, la sensación en su sexo de querer aplastarse contra la cara de Eva. Las piernas aflojadas, los pezones como encendidos con el fuego del deseo. Se corrió en silencio, pero no pudo, por más que quiso, reprimir sus movimientos y toda la furia reprimida por intentar ahogar sus gemidos se fue en apretar su sexo contra la cara de Eva, a la que obligaba a permanecer así porque ya no sólo depositaba su mano sobre su cabeza, sino que ahora le agarraba de un mechón de pelo y tiraba de su cabeza contra su sexo.

Eva recibió el orgasmo de Pamela con satisfacción y con alivio, pues como ya hemos dicho, ella era pasiva. Pero no pudo evitar cierta excitación por ver a su amiga disfrutar del orgasmo. Deseaba que Pamela cumpliera su parte de trato.

El viejo permanecía sentado en el sillón mirando sin pestañear, y sin abrir la boca hasta que les recordó a las chicas que aún había una parte del trato. Pero… ¿qué entendía el viejo por joder?. Pues eso, joder era que igual que los hombres poseían a las mujeres metiéndoles la pichita, ella le tendría que meter algo. Por ejemplo, el dedo.

Ahora le tocaba a Pamela. Eva se sentó sobre la cama y Pamela se puso de rodillas entre sus labios, La besó en la boca, para decirle que la quería, que no le haría daño, que la perdonara, que lo haría con cuidado.

Pamela puso sus manos sobre las piernas de Eva mientras le mordía el cuello, mientras le besaba la clavícula, mientras besaba su pecho por debajo de la axila, mientras recorría con su lengua las aureolas negras del pezón, mientras mamaba de su pecho como si fuera un bebé.

Las manos de Pamela comenzaron un recorrido de aproximación hacia el tesoro que se escondía al final de ellas, entre la espesa vegetación del vello fuerte de Eva.

Sintieron el calor del sexo de su amiga, la fortaleza de su vello, y al final, la suavidad y la humedad de la parte baja de su vientre, que aparecía rosa, como una fruta madura que enseña el interior de su fruto. Como un auténtico higo que se muestra rosado en su interior tras su exterior de color negro.

Pamela tanteó y le costó atreverse a introducir su dedo corazón, como una higa, levemente en el sexo de Eva. Pero el dedo aprendió pronto su camino, y una vez que entró, no podía estar sin visitarlo de nuevo, cumpliendo con todos los protocolos de la puerta que se estrechaba primero para dejarle el paso franco después, para intentarle cerrar el paso una vez en su interior. Pamela descubrió todo el poder de aquel su dedo en el cuerpo de su amiga.

El dedo de Pamela se combinaba con la boca ávida de leche imaginaria. Eva se sentía penetrada por su amiga y se abandonaba al placer que le producía la sensación maternal de darle su pecho por un lado y la posesión descarada de su sexo por el dedo de una mano femenina, inmensamente femenina y delicada.

Eva no tuvo reparos en soltar sus gemidos y agitarse en la cama mientras Pamela, orgullosa sin saber por qué, observaba y remataba su faena .

Las chicas quedaron así un rato y tras descansar unos segundos hicieron además de irse.-¿Cómo?¿Ya se van? .- El viejo aún quería más. – ¿De verdad crees que la has tomado como un hombre?.- . Se inició una discusión. Que sí, Que no. Que me pagues y me voy , que te pago pero no te vas. Que cuanto te doy , que qué más quieres.

El viejo miró la botella de champagne. Era una botella de 750 ml, de esas que tienen un cuello interminable, que se van ensanchando poco a poco..- ¡Tú estás chalado!- Dijo Pamela al fin. El viejo contraatacó.- ¡El doble de ciento cincuenta dólares!- Ni hablar – ¡Cuatrocientos dólares! ¡Como estos, míralos!-

El viejo se sacó una manojo de billetes y los puso sobre la cama. Sí allí había desde luego cuatrocientos dólares.- Eva llamó a Pamela y le pidió que la penetrara con aquello, mientras le acariciaba la cara. Pamela besó la mano de Eva.

Eva se puso a cuatro patas delante del viejo, puesta de lado pero un poco escorada. Esperaba que Pamela introdujera aquello de un momento a otro. Pamela ya estaba de rodillas con la botella puesta como un gran falo, a la altura de su sexo. Desde un espejo pudieron ver que el viejo se había sacado la verga, de un tamaño bastante apreciable, tersa y empinada, como si fuera un jovencito.

Pamela colocó la punta de la botella entre las piernas y no comenzó a presionar hacia dentro hasta que no vio como desde abajo y entre las piernas aparecía la mano de Eva dirigiendo la operación. Comenzó a presionar y a ver como aquello desaparecía dentro de Eva, mientras ella arqueaba la espalda.

Pamela introdujo bastante la botella, y entonces empezó a meterla y sacarla con lentitud, despacio. Despacito. El viejo las miraba desde el otro lado del espejo y Eva le apartaba la mirada, pero Pamela lo miraba como enojada.

El viejo expresó su último deseo.- Muévete… más deprisa… mueve las caderas.- y el mismo empezó a moverse espasmódicamente y a eyacular como si su pene fuera un volcán en erupción. Y Pamela cumplió con su capricho y comenzó a mover sus caderas ampliamente y a introducir la botella sin control, porque Pamela deseaba ahora causar el máximo placer a Eva, deseaba vaciarse en ella, llevarla a la extenuación.

Eva sentía aquello dentro, penetrarla como si fuera uno de esos chicos de la playa, uno de esos que sólo pensaban en poseerla, uno de esos machos sementales. Le pidió a Eva que se serenase, pero sin tener respuesta. Sentía que le llegaba, sentía que estaba próximo, que si seguía así se correría. Puso su mano sobre sus pezones. Puso su mano sobre su clítoris y al final le llegó.

Pamela sentía a Eva retorcerse de placer. Pensó qué era lo que le estaba haciendo a su amiga. Se arrepintió, se avergonzó. Dejó que se corriera con su miembro improvisado, siguió moviéndose hasta que Eva no dejó de moverse y gritar, hasta que sus codos no dieron en tierra y se volvió hacia Pamela para mirarla, pidiendo una explicación o al menos una caricia.

Pamela le sacó el cuello de la botella con cuidado y miró al viejo. Se había quedado como dormido, como lelo, tal vez muerto, tal vez sólo agilipollado. Se apremiaron en vestirse, Pamela agarró el dinero y salieron de la habitación, del pasillo, del hotel, de la avenida y no miraron atrás hasta que llegaron a un sitio apartado cerca del barrio. Contaron el dinero avergonzadas. Cuatrocientos treinta y dos dólares, doscientos dieciséis para cada una. Adiós. Adiós.

Pamela deseaba hablar con Eva, pero no se atrevía. Habían pasado varios días. Cómo iba a mirar a la cara a la chica en la que se había corrido en la cara, a la que le había masturbado y a la que se había follado salvajemente. Pues no tenia más remedio que verla.

Se acercó a la casa. Ahora estaría sola. Se la encontró llorando y se secó las lágrimas al verla. No quería que la viera así. Eva creía que se había enfadado con ella. Pamela pensó lo mismo. Nada de nada. Se abrazaron. Pamela sintió en su cuello el pelo rizado de Eva y el perfume de su cuello, y calor de su sangre. Le excitó

Luego siguieron hablando. Eva se desenvolvía por la cocina con un pantaloncito de deporte que mostraba sus muslos. Debajo de la camiseta blanca no llevaba nada, sus senos se movían libremente. Se dio la vuelta para agarrar un plato que había sobre la mesa y se encontró con la boca de Pamela, que la esperaba ansiosa de fundirse de nuevo con ella.

Dos doctoras de guardia en un hospital

Hoy quiero compartir con toda la red una experiencia que me ocurrió no hace mucho, durante una guardia en el Hospital Rosales, mientras hacía mi internado en Cirugía. La noche había sido terrible y la faena ardua. De tal modo que a la una de la mañana estaba tan cansada que ya no podía más y casi me derrumbaba por el sueño. Así que para despabilarme un poco, salí del pabellón donde estaba de turno y me dirigí a la cafetería del hospital por un café. El resto de la madrugada se veía que iba a estar tranquilo. La emergencia estaba casi vacía, salvo por un par de heridos que habían llegado recién y ya eran atendidos por algunos compañeros.

Llegué al cafetín, pedí un café y me senté a paladearlo con toda tranquilidad. Rato después, apareció por la puerta de la cafetería la doctora Osorio. Inconfundible por su alta estatura y porte elegante y majestuoso. Era una residente de primer año de medicina entonces y creo que ni se le cruzaba por la mente llegar a ser neumóloga. Entró a la cafetería y pidió también un café y fue a sentarse a la misma mesa que yo.

-Hola -dijo- ¿qué tal?

-Aquí, tomando un descanso -contesté.

-Sí, ¿verdad?. Estuvo algo pesado el turno.

-Mucho.

Y seguimos tomando café sin decir muchas palabras. La Dra. Osorio era una mujer en verdad soberbia. Era la más alta de todas las residentes, y más que su estatura, destacaba en ella una belleza envidiable. Era blanca, cabello castaño oscuro y ojos café claro. Tenía un cuerpo espléndido y esbelto y un rostro de ángel.

– Oye -dijo sacándome de mis reflexiones- ¿tú te llamas Ángela Margarita, verdad?.

– Sí, ¿por qué?

– Yo me encontré un Manual de Terapéutica con tu nombre y… anduve averiguando de quien se trataba para devolvérselo. Hasta ese momento, recordé que cuando cursaba la rotación de Medicina Interna, durante un seminario dejé olvidado el libro en un asiento del auditorium y que, cuando regresé por él ya no lo encontré. -¿En serio?, no sabe cómo he buscado ese libro. !gracias a Dios que lo encontró usted!

-¿Sabes? -dijo- por las señas que me dieron me imaginé que eras tú.

-¿Cuáles señas?

-Bueno, estatura media, guapa, trigueña, cabello lacio, y…

-¿SÍ?

– Bueno, nalgas grandes y… bonitas…

Se ruborizó al decir aquello, y a decir verdad, yo también. Yo salí con una frase para desenredar el embarazo del momento:

– ¡Qué gracioso!, bueno, pero si ocupa el libro me lo entrega después.

-No -dijo- ya compré uno. Así que hoy mismo te lo puedo entregar.

-¿Lo tiene aquí?

-Sí en la casa de residentes. Si quieres vamos y te lo entrego allá. Asentí. En ese momento yo ya había terminado mi café, pero ella aún tenía la mitad del suyo. Lo tomó en sus manos y nos dirigimos al ala destinada a los médicos residentes. Llegamos y entramos a un cuartito con lo más indispensable: una cama, una silla, un escritorio y un armario. Ella se quitó la gabacha blanca aludiendo demasiado calor y me instó a hacer lo mismo si gustaba. Yo le dije que no sentía calor. -Veamos -dijo hurgando entre las cosas del armario- por aquí tengo tu libro…

Estaba buscándolo a una mano, así que dejó el café sobre el armario y se dedicó a buscarlo con ambas. Revolvió y revolvió como loca el closet sin encontrar el dichoso libro. En un movimiento brusco, el café cayó desde donde lo había colocado por mala suerte, y se desparramó sobre la delgada blusa del traje celeste que llevaba para los turnos. -¡Demonios! -vociferó -permíteme un segundo -me dijo. E inmediatamente se sacó la blusa, dejando semidesnudo su plexo. El líquido había traspasado con facilidad la tela de algodón y había ensuciado su brassier de fino encaje. -¡Vaya! -dijo- ahora voy a tener que lavarlo antes que se le pegue la mancha y sea difícil sacarla después… ¡Y se lo quitó! Se lo sacó sin más ni más, como si en la habitación no hubiese nadie más que ella, como si mi presencia no le incomodase en lo más mínimo. Sus senos blancos quedaron al descubierto, trémulos, desafiantes, macizos, comandados por dos tetillas rosadas erguidas generosamente. En ese momento yo no sentí más que admiración porque la Osorio tenía unas tetas muy hermosas, tal como me gustarían que fueran las mías. Los senos se le veían un poco irritados pues el café aún seguía muy caliente. Para aliviar el ardor momentáneo, echó agua sobre ellos. Al refrescarse, sus pezones comenzaron a tomar una solidez exagerada, como punta de lanza y sus carnes se pusieron más firmes y tensas. Con delicadeza comenzó a lavar la prenda en el lavamanos, y dijo: -Espérame un momento, Margarita. Ya te voy a dar el libro… Al ratito salió con el brassier limpio, lo tendió de un clavo, sacó otra blusa celeste, pero no se la puso, y en lugar de ello se sentó a la par mía en la cama. Siempre he sido una mujer muy liberal pero aquella situación me incomodó poco. Ahí la tenía, con los senos al aire, hembra magnífica. Se acostó en la cama, cubriendo su desnudez echándose la blusa encima sin ponérsela, y dijo:

-¿Sabes?, me arde el pecho por lo caliente que estaba el café…

-Sí, me imagino.

-¡Ay!, si supieras como siento… -recalcó.

-Debe doler bastante.

-Sí…

Se quedó un buen rato así. Yo no decía nada y ella, al parecer estaba a punto de ser vencida por el sueño. Por fin dijo:

-Si quieres quítate tu blusa…

Yo sabía hacia donde nos estaba llevando con su actitud, ¿pero qué podía perder?. Además, acababa de descubrir que aquello no me desagradaba en absoluto y eso sólo significaba una cosa: me estaba gustando. Con poca prisa me saqué la blusa y el sostén y me recosté al par de ella. -¿Sabes una cosa? -dijo.

-¿Qué?

-Me gustan tus senos.

-A mí me gustan los suyos también -dije.

-¿Quieres tocarlos? -preguntó.

-Si me deja…

-Hazlo… Y tomó mis manos llevándolas a posarse sobre sus dos masas pectorales que se estremecieron bajo mis manos que empezaron a jugar con ellos con mucha naturalidad y a estimular sus pezones como si esa no fuera la primera vez que se lo hacía a otra mujer. Rosario tenía los pechos más suaves y dóciles que yo había tocado hasta entonces . Sus carnes se distribuían exquisitamente entre mis dedos causándonos a ambas un enorme placer. Rosario gemía y respiraba profunda y agitadamente, indicio que la excitación crecía cada vez más dentro de su magnífico cuerpo. Aquello me encendió sobremanera y entonces puse en juego mi otra mano también. -Vamos, Margarita -dijo- súbete encima mío.

Abriendo mis piernas, me senté a horcajadas abrazando con mis muslos su pelvis y continué el delicioso masaje pectoral al que la tenía sometida. Ella comenzó a acariciar mis pechos también con sus manos blancas y estilizadas. Fueron pocas fracciones de segundos las que ocupó para lograr que mis pezones se pusieran tan duros como los suyos. En verdad soy una mujer que necesita muy poco para excitarse. Sin embargo, en esa ocasión, con aquella hembra colosal me estaba probando una experiencia diferente.

Ella pasó sus manos delicadas detrás de mi cuello y me atrajo hacia sí y sus labios se fundieron con los míos en un beso apasionado y violento. Casi me ahogaba al deslizar su lengua dentro de mi boca, reconociendo con ella todos sus rincones. Con una de sus manos revolvía mis cabellos mientras con la otra acariciaba mi torso desnudo. Cuando soltó mis labios pude respirar por fin con un hondo y agitado suspiro. Empero, ella no permaneció quieta ni un instante, me volteó y quedé debajo de ella y su boca ávida siguió acosando de besos mi cuello, mis hombros y la parte superior de mi pecho. La excitación había hecho presa de mí desde hacía ratos, pero ahora parecía incontrolable, pues la doctora me encendía cada vez más y más y una sensación ardiente comenzó a socabar mi pecho y mi vientre. No era la primera vez que tenía sexo con una mujer. Por el contrario. Ya entonces había perdido la cuenta de cuantas chicas habían probado junto a mí los deleites del sexo puro y duro. Sin embargo, Consuelo tenía algo distinto, algo especial. Ella estaba casada y ya tenía un hijo, y quizás mi excitación consistía en que nunca lo había hecho con una mujer comprometida… y madre sobre todo. Los pensamientos se arremolinaban en mi cerebro en un torbellino desaforado sin orden, abruptos, locos, mucho más rápido que las sensaciones que experimentaba bajo el influjo y el peso del cuerpo de la mujer sensual que desparramaba sobre mi ardientes caricias y besos frenéticos. En la locura de estar bajo el influjo de aquella hembra formidable, no supe de mí, del momento en que ella nos desnudó por completo, sino hasta que ya tenía sus labios pegados a mi vulva, metiendo lenta y profundamente su lengua dentro de ella. La humedad y el roce me producía una mezcla de cosquillas, escalofríos y estremecimiento indescriptible con palabras. Éramos, como se diría, dos hembras fuera de lo común, haciendo de un lado la modestia. Ella, como ya la he descrito, alta, espigada, bien proporcionada; yo de estatura media, rellena, pero todo bien distribuido. En tanto su lengua literalmente trapeaba toda mi vagina, comenzó a encajar uno de sus dedos en mi ano. ¡Fatal! Yo no sé si ella estaba enterada, pero lo que más me enciende es eso: que me manipulen el culo. Es algo que en un santiamén me pone a mil. Es el máximo placer que puedo sentir de un hombre o de una mujer. Con eso logró llevarme al primer orgasmo “en un dos por tres”. Como entonces comencé a gemir alocadamente (como siempre que voy a “terminar”), ella me tapó la boca introduciendo en ella lo primero que cogió con la mano: la blusa que se había manchado con el café.

Aunque yo ya había alcanzado el orgasmo, Consuelo no paró de lamerme y chuparme la torta, era una hembra pertinaz, resistente en lo que hacía. Ya la mezcla de mis jugos y su saliva bañaban buena parte de sus mejillas y resbalaban entre mi ingle, empapando las sábanas, pero ella continuaba con la succión. Una, dos, tres, cuatro veces más me hizo explotar en oleadas orgásmicas, una tras de otra sin control, estremeciendo por completo mi cuerpo. Por fin se cansó de las chupaderas y distanció su boca de mi sexo. Sin embargo, aún su dedo seguía enterrado en mi culo y fue entonces cuando éste entró en verdadera acción. Originalmente lo había metido hasta la mitad, pero fue deslizándolo, rápida pero suavemente hacia adentro, profundo, por completo, una y otra, y otra vez hasta casi alcanzarme el fondo de mi pelvis. Aquí les confieso que muchas veces antes he hecho el sexo anal. No era la primera vez, es más, hasta perdí la cuenta de docenas de vergas que me han acometido por mi hoyito posterior. Sin embargo, no sé que tenía Consuelo que solamente con un dedo me estaba llevando mucho más allá del placer que me habían proporcionado antes. Lo atribuyo a la excitación del momento, quizás o talvez a la forma en que ella lo dirigía y que sabía exactamente qué puntos tocar dentro de mi recto para hacer que me desmoronara en un mar de deleites. En total me hizo alcanzar el orgasmo 8 veces en un lapso de cinco minutos. ¡Un nuevo récord para mí!. Ella sacó el dedo de mi ano, visiblemente agotada por el esfuerzo y se desplomó en la estrecha cama. Aunque sabía que debía dejarla descansarse unos minutos, la excitación que tenía en mis adentros era tanta que no quería desaprovecharla: después no sería lo mismo. Tiré el trapo que tapaba mi boca y sin decirle nada la volteé boca abajo, le alcé las caderas dejándola en cuatro puntos y me apropié de su vulva, embistiéndola por detrás. Desde el primer contacto, mis mejillas y mi barbilla quedaron llenas de sus secreciones, que en ese momento ya eran abundantes; mi lengua profanó aquella intimidad cavernosa hasta lo más profundo. Mi excitación se multiplicó al millón al darme cuenta que, como mujer que ya había tenido hijos, su vagina era más amplia, y me permitía introducir buena parte de mi rostro por lo menos hasta la entrada y con mi lengua podía explorar mucho más dentro que lo que había hecho con mujer alguna. A todo esto, Consuelo era una gran muñecota blanca poseída por demonios de placer que convulsionaban su esplendoroso cuerpo y lo hacían estremecerse, gemir, y revolver las caderas como una loca, como nunca había visto a nadie disfrutar. Era tanto el placer que su cabeza parecía un péndulo descoordinado, instantes enterrado en las almohadas e instantes alzado y revolviéndose como negándose a creer la inmensa satisfacción que estaba experimentando. – Mete tus dedos, mi amor, mételos! -dijo en un instante que sus gemidos se lo permitieron. – Yo introduje un par de dedos dentro de su vagina, teniendo que disminuir la presión que mi boca ejercía dentro de su vulva.

– No, ahí no. -dijo- ¡en mi culo, mételos en mi culo! A diferencia del mío, su ano era más estrecho, más firme, menos “usado”. Por eso me costó un poco hacer que mi dedo índice penetrara hasta el fondo. Pero el estímulo de algo dentro de su recto fue haciendo que el esfínter aflojara poco a poco hasta que pude con menos dificultad, meter otro simultáneamente. ¿para qué voy a explicar con palabras lo que decía o como gemía locamente? Solamente imagínense. Cuantas veces se vino, no sé. Solamente me di cuenta que su vagina manaba caudalosamente un jugo hialino y ralo que prácticamente bañaba sus muslos y mi rostro. Por fin, hasta el cuerpo joven y resistente de Consuelo tiene un límite y por fin cayó, impotente de mantenerse en cuatro, sudorosa y exhausta. Yo tenía un poco más de fuerzas, pero con lo que habíamos tenido bastaba para estar satisfecha. Caí recostada sobre aquella diosa blanca, colosal y ardiente. Mi “médico residente” hasta hace unos momentos y ahora, mi amiga, mi mujer, mi amante. – ¿Sabes una cosa, Margarita? -me dijo

– ¿Qué? -pregunté

– Es mi primera vez.

– ¿En serio? Pues lo hiciste muy bien.

– Sí, Hugo y yo vemos películas XXX con frecuencia y allí he aprendido lo que te hice.

-¿Y desde cuando te gustan las mujeres? -pregunté.

– Bueno… Fíjate que al principio me repugnaban las escenas de sólo mujeres, después me eran indiferentes porque ya me había acostumbrado a verlas, pero luego hasta me gustaron, y la verdad es que nunca había sentido tanto deseo por una hasta que te conocí. Ya me habían contado muchas cosas de ti y de lo que te gusta y por eso me atreví. Las palabras que me dijo me hicieron reflexionar un poco sobre mi “popularidad”, pero sin llegar a la trascendencia de “debo cambiar mi vida un poco, o tengo que moderarme, bla, bla”, porque las siguientes palabras me sacaron de mis pensamientos. – Y ¿sabes? No me arrepiento de haber hecho lo que hice hoy. He quedado completamente satisfecha, como nunca antes en mi vida, ni siquiera con mi esposo.

Eso era algo que he escuchado infinidad de veces y ni siquiera hice un comentario. Ella continuó.

– ¡Lástima que sea la última vez que lo hagamos!

– ¿Por qué? -pregunté sin encontrar alguna causa por lo que no debiéramos seguir esa relación.

– Entiéndeme, soy casada, tengo un hijo. Por el bien de mi matrimonio no debo seguir con esto.

– Está bien, como quieras. -hice una pausa-. Debo regresar a mi servicio. Ya deben extrañarme las enfermeras.

– Ok. Yo también. Nos vestimos, tomé mi libro y salimos a nuestros respectivos lugares. Al volver, me esperaba Diana, la enfermera de la Observación Mujeres evidentemente disgustada. – Por qué se tardó tanto, Dra. Trejos? -dijo en tono sarcástico, a pesar de ser buenas amigas.

– Porque tuve que hacer un “procedimiento de emergencia”, Srta. Alonso- contesté con la misma ironía. Y me dirigí a seguir mis tareas. Diana me cogió por el brazo y me hizo girar el cuerpo hacia ella, mientras me señalaba amenazadoramente con un dedo. – Mira, Margarita. Te conozco muy bien y sé que algo te traes entre manos. Tú me conoces también como soy y ten por seguro que si me estás engañando con un hombre les va a pesar a los dos. Para aplacarla la empujé hacia el cuartito de baño y dentro le besé en los labios unos instantes y le dije en susurro: – No seas tontita. Te juro que no te estoy engañando con ningún hombre.

– Más te vale. -dijo un poco furiosa todavía y se largó. No pude menos que sonreír ante aquel suceso, Ay, no sé porque a veces me gusta complicarme la vida…

Mi Hermana Me Volvio Lesbiana

Tengo 19 años y mi nombre es Jennifer, siempre me habían atraído un poco las mujeres pero jamás había hecho nada con otra mujer, simplemente admiraba su belleza, Me describiré un poco, no soy muy alta mido como 1.50, de tez blanca y ojos verdes, mi cabello es negro y lacio y no muy largo, apenas me llega a los hombros. Tengo grandes senos, al menos es lo que muchos de mis novios me han dicho, soy copa C; de complexión no soy muy delgada pero tampoco estoy llenita, digamos que estoy normal.

Todo ocurrió un día que estaban haciendo remodelaciones a nuestra casa, el cuarto de mi hermana estaba en obra así que la habían mandado a dormir a mi cuarto, le dije yo podría dormir en el suelo de mientras si le incomodaba dormir conmigo pero me digo que estaba bien, además que mi cama era amplia y no habría problema por el espacio. Mi hermana es muy parecida físicamente a mí, solo que ella es más delgada y el cuerpo un poco más fino, con menos senos que yo pero una gran cintura con forma bastante envidiable, el cabello de ella es ondulado y más largo, es decir muy linda mi hermana, se llama Ivette y tiene 23 años.

La primera noche todo pasó muy normal, ella durmió de su lado y yo el mío y, por razones que aun no comprendía, yo estaba nerviosa pero hice caso omiso de eso. En la mañana noté como mi hermana despertaba, yo ya estaba despierta y la miraba con un ojo abierto sin que ella lo notase, se levantó y se quitó la cobija, acto seguido se quitó el camisón para dormir rebelando sus pequeños pero hermosos senos, noté que usaba una pequeña tanga también bastante ajustada y sexy, tomó una toalla y salió de mi habitación.

Como si ella siguiera allí (aunque ya no lo estaba, solo me quede con esa sensación de que me vigilaban) deslicé lentamente mi mano metiéndola en mi tanga para tocar mi vagina la cual estaba muy mojada. No lo podía creer me había excitado mi propia hermana, me sentía en shock y mareada, no sabía que pensar. Tal vez me atraían algunas mujeres y se me hacían bellas, pero jamás me había excitado ninguna y mucho menos mi hermana, estaba empezando a dudar de mi orientación.

Mis dudas y confusiones pronto se transformaron en sueño y me volví a quedar dormida, cuando desperté mi hermana se había ido a trabajar al igual que mi padre y mi madre, como yo estaba de vacaciones en la escuela podía quedarme ahí todo el día, así que comencé a hacer mis quehaceres pero por más que me distraía mi mente regresaba a la delgada figura de Ivette en tanga frente a mi… Y mi tortura fue peor cuando recordé que esa noche dormiríamos juntas de nuevo.

Como pude paspe el resto del día distrayéndome con lo que pude y llegó la noche, mientras mis padres veían la televisión en su cuarto mientras lo leía en la sala, frente a mí en el comedor mi hermana en vestida de short y una pequeña blusa sin mangas cenaba un plato de cereal. Yo estaba que me volvía loca, mi mirada se desviaba a cada rato hacia ella, y automáticamente mi mente la desnudaba con la mirada incluso le perdí el hilo a mi lectura varias veces y tuve que retroceder incluso algunas hojas, ella lo notó y comentó.

-Estas bastante distraída ¿verdad? – dijo sonriendo dulcemente.

-Pues….pues no mucho – balbuceé – En realidad creo que solo tengo sueño.

-En ese caso vámonos a dormir – dijo terminando su cena, guardó todo rápidamente y se fue a las escaleras – Te veo en el cuarto.

No supe si era yo o su voz parecía provocadora, como incitándome o en realidad no sé, mi mente estaba muy confusa ya. Por un momento no supe que hacer, incluso pensé quedarme ahí en el sillón a dormir, pero recordé que, por la obra, había un agujero en la pared y entraba una gran corriente de aire, me daría mucho frio en la madrugada, así que me arme de valor y me levanté para dirigirme a las escaleras y luego a mi cuarto.

Al abrir la puerta estaba todo a oscuras, creí que mi hermana ya estaba dormida asi que no prendí la luz, me senté en la cama, ella estaba del lado de la pared, me quité mis tenis y me dispuse a acostarme, pero la voz de mi hermana me hizo detenerme en seco.

-¿No te cambiaras? – me dijo, yo aun estaba vestida de mezclilla y por pensar tantas cosas había olvidado ponerme mi pijama.

-Ah es que no quería molestarte con la luz – me excusé – Creí que ya te habías dormido.

-No, sigo despierta – me dijo – Vamos cámbiate que no te moleste que esté yo aquí.

-No no, para nada me molestas – dije, pero ya no supe que decir, asi que me levanté y tome mi el pantalón de pijama de uno de los cajones y dispuse a salir, cuando ella me detuvo de nuevo con su voz

-Cámbiate aquí – me dijo casi casi como una orden – Somos hermanas, no pasa nada.

-Ok – fue todo lo que pude decir, me quité mi pantalón de mezclilla y me puse el del pijama, ella me miraba con un ojo abierto (justo como yo la había espiado a ella) Y eso fue todo, no me atreví a quitarme mi blusa frente a ella, el pantalón no fue tanto porque me cubría con la misma blusa que me quedaba algo larga (normalmente uso esas blusas cuando no voy a la escuela o no salgo)

Apagué la luz y me acosté guardando la distancia más larga que pude, creía que pronto mi mente empezaría a dar vueltas y me obligaría a tocarla y a hacerle quien sabe que cosas más, pero no fue así el sueño me invadió de repente y me quedé dormida casi de inmediato. En contraste, toda mi energía sexual se descargó en el sueño que tuve, soñé, como era de esperarse, con Ivette, soñé que la despojaba de sus ropas salvajemente y comenzaba a lamer sus pequeños senos, chupando sus pezones lentamente y mordisqueándolos, luego me sentaba en su cara y ella lamía toda mi vagina y jugueteaba con mi clítoris mientras yo tenía un orgasmo tremendo….

Desperté…miré por la ventana y ya había luz, eran las 10 de la mañana, antes de poder reaccionar sentí mi tanga súper empapada en jugos vaginales, me levanté y corrí a no de mis cajones buscando otra, me despojé de la que tenía y me dispuse a ponerme la nueva cuando mi hermana apareció frente a mí en la puerta. Me miró de cara a pies y me sonrió.

-Así que tuviste sueños locos – me dijo – ¡No parabas de gemir!

-Estemm yo… – no sabía que decir, instintivamente me vestí, sentí claramente que su mirada se desviaba hacia abajo….

-No digas nada, hermanita – me dijo mientras se acercaba a mí, yo no sabía qué hacer ¿Acaso seguía soñando?

-¿No fuiste a trabajar? – pregunté reaccionando y retrocediendo un poco

-Es sábado – dijo ella un poco mas indiferente – Entro más tarde y salgo temprano

Yo solo asentí tomé una toalla y corrí al baño, cerré la puerta con seguro y me metí a la regadera, no me pude contener mas y comencé a masturbarme, con una mano masajeaba mi vagina y con la otra mis senos y mis pezones lo cuales estaban ya muy duros, mientras que mi mente estaba en el sueño que había tenido, en Ivette viéndome mientras me ponía mi tanga, mientras se acercaba y trataba de tocarme…

Y tuve un pequeño orgasmo mientras el agua caliente de la regadera recorría mi cuerpo.

Cuando salí, mi hermana ya se había ido, me vestí y fui a desayunar con mis papas, los cuales me comentaron que en unas horas se irían a un evento y no llegarían hasta tarde.

Así que unas horas después estaba sola en la casa, me distraje como pude pero esta vez me fue casi imposible, mi mente regresaba a mi sueño que tuve que cada vez le agregaba mas detalles y mas poses…

Acostada en mi cama me desnudé y comencé a masturbarme de nuevo pensando en lo maravilloso que sería tener la lengua de mi hermanita entre mis piernas, seguía tocándome con mis manos mis grandes senos y deseaba que los mordisqueara mi hermosa hermana y los lamiera…

No podía aguantar más, me levanté mi me dispuse a ir al baño, en realidad no sabía porque, pero cuando me levanté ahí estaba, como si mi deseo se hubiera cumplido mi hermana con una sexy falda y un top me miraba desde el marco de la puerta, una de sus manos tocaba su sexo por encima de su falda.

Yo no pude contener mis deseos y me acerqué y comencé a besarla salvajemente, como en mi sueño comencé a desprenderla de su ropa, primero su top y luego dejando su sexy brasier negro a un lado, ella me tocaba con euforia mi espalda luego bajo sus manos a mi trasero, luego me separé un poco y baje mis manos a su falda quitándosela de un tirón, dejándola en su diminuta tanga, ella bajó su rostro hacia mis senos y comenzó a lamerlos salvajemente justo como lo había deseado hace algunos minutos, me sentí en el cielo.

Ivette mordisqueaba y lamia mis senos y mis pezones, jugaba con ellos mientras lentamente nos dirigíamos a mi cama, me sentó empujándome levemente y se agachó mientras me abría las piernas, enseguida metió su lengua a mi vagina y yo empecé a gemir como loca, ella jugaba con mi clítoris con su lengua y luego lo chupaba todo, yo sentía una sensación indescriptible, electrizantes olas de placer recorrieron mi cuerpo mientras ella metía y sacaba su lengua.

-Me encantan tus gemidos – me dijo – Es justo como gemías anoche y yo me masturbaba a tu lado ¿Era acaso que soñabas conmigo?

-¡SI! –grité entre mis gemidos, que cada vez eran más intensos – SOÑE ESTO, TODO ESTO Y MUCHO MAS

-Ahora vez como tus sueños se quedan cortos, hermanita – dicho esto subió de nuevo a mi cara empujándome hacia atrás recostándome, comenzó a besarme con más pasión que nunca mientras entre su saliva probaba mis propios jugos vaginales, era un sabor delicioso, limpie su lengua y su boca completamente de mis jugos mientras ella con su mano me masturbaba y no la otra jugueteaba con mis senos. Yo estaba que no aguantaba, su mano apretaba cada vez mas fuerte contra mis senos y su otra mano entraba cada vez más en mi sexo. Cuando estuve segura que ya no había rastro de mis jugos en su boca me separé un poco y me volteé poniéndome en cuatro patas colocando mi trasero en su cara de ella.

-Tu boca ya no sabe a mis jugos ¿No quieres más?

-Me encantaría – me dijo mientras comenzó de nuevo a lamerme mi clítoris y a jugar con su lengua dentro de un vagina, yo con mi mano derecha me tocaba mis senos y mis pezones que no podían estar más duros, estaba cada vez más agitada y gimiendo más fuerte y más fuerte, pero cuando sentí dos de sus dedos (empapados en lo que serian mis jugos o los de ella, no lo sé) en mi ano un terrible orgasmo liberó más jugos vaginales sobre la boca de Ivette inundándola, ella los tragó con placer mientras lamiendo todo mi cuerpo llegó de nuevo a mi rostro y me besó de nuevo.

La besé con gusto y un poco más calmada, pero ella seguía agitada y con una actitud un tanto salvaje así que decidí calmarla un poco, comencé lamiendo su cuello, chupándolo salvajemente, succionando, creándole varios moretones, y con cada uno ella soltaba un leve gemido. Mientras tanto mis manos entretenían sus senos, más pequeños que los míos que pronto atrajeron mi lengua y comencé a lamer, sentí entre mis dientes como sus pezones de endurecían más y más, hasta que llegaron a un punto que no podían hacerse más duros fue cuando empecé a mordisquearlos y mientras mi mano bajó a su tanga (empapada en jugos) y comencé a frotar su sexo por fuera, mis dedos se mojaron también y los llevé a mi boca y saboreé sus jugos.

-Rico – dije mientras ella soltaba otro gemido un poco más fuerte, seguí comiéndome sus senos mientras mi manó volvía abajo a llenarse de sus jugos, luego volvía a mi boca a limpiar mi mano, no pude contenerme más a su sabor y decidí probarlos directamente así que fui bajando por su vientre mientras ella se recostaba y cuando llegué a su ombligo ella arqueó todo su cuerpo en una oleada de placer, una de mis manos seguía aferrada a sus senos y la otra a los míos, me di cuenta me mi vagina quería de nuevo una lengua ahí metida, pero debía esperar, mi hermanita tenía que gozar primero.

Bajé lamiendo todo su cuerpecito hasta llegar a su tanga, que mas mojada no podía estar (¿o tal vez si?) la lamí por afuera y ella gimió terriblemente, sus gemidos eran menos escandalosos que los míos pero aun así se oía que gozaba, la lamí con mas fuerza y cada vez mas rápido, sus jugos eran deliciosos mucho mejores que los míos, así que le quité la tanga para probarlos aún más directamente y ella gimió más fuerte, y aun mas fuerte cuando encontré su clítoris y comencé a devorarlo mientras su gemidos iban en aumento más jugo salía de esa hermosa cavidad. Cuando me di cuenta yo ya tenía una mano en mi vagina y me masturbaba mientras le comía su sexo a mi hermanita. Sentí curiosidad y saqué mi mano para metérsela a ella, mientras seguía lamiendo pude probar mis jugos combinados con los de ella, fue algo delicioso que me puso al cien otra vez aunque sin darme cuenta mi manó la penetró demasiado y ella gritó dejando fluir un orgasmo en mi boca, lo cual me prendió aun más, yo estaba excitadísima otra vez, pero pensaba que mi hermana no quería continuar. Obviamente me equivocaba

-Bésame – dijo y yo obedecí como una autómata

La besé salvajemente de nuevo mientras ella tocaba mi trasero y yo el de ella, nos fundimos ah las dos acostadas una sobre la otra (yo arriba) en un largo beso apasionado, cuando terminó me levanté un poco para poder verla, ella me dio a los ojos y me sonrió pícaramente, su sonrisa daba un claro mensaje “quiero más”

Acerqué mis senos a su boca para que los lamiera, una vez que jugó con ellos y los empapó en su saliva hice yo lo mismo con sus pequeños pero muy firmes senos, ya que estaban llenos de saliva los juntamos y los frotamos, mis senos y los de ella, mis pezones y los de ella tocándose y moviéndose arriba y abajo era una sensación que me invadió de placer, era algo que no se puede describir con palabras. Luego nuestros movimientos se hicieron más bruscos y sentí como sus piernas se abrían para atraparme con ellas, pronto sentí su cálido sexo pegado al mío y como empezaba a frotarlo contra el mío también, era otra sensación indescriptible, era delicioso.

Nos seguimos besando mientras frotábamos nuestros exquisitos cuerpos uno contra el otro provocando mas gemidos en mi hermana sofocados por mis besos, pero pronto mi lujuria me exigía más, mi sexo demandaba una lengua ahí dentro y no había ninguna, así que me levante y justo como en mi sueño me senté en su cara y ella sin pensarlo comenzó a lamerme, mientras vi como sus manos iban a su sexo para masturbarse, como pude la detuve mi me lancé hacia su sexo y comencé a devorarlo, quedamos en posición de 69, las dos lamiamos nuestros sexos mutuamente probando nuestro sabor, gimiendo cada vez mas contantemente hasta que las dos dejamos salir otro orgasmo, justo al mismo tiempo. Fue relajador y al mismo tiempo pude descargar toda mi lujuria y mi energía sexual, me sentí aliviada. Bueno casi toda…ella comenzó a lamerme de nuevo pero solo para limpiar mis propios jugos, así que hice lo mismo, luego nos acostamos y nos fundimos en un gran beso.

-Te amo, hermanita – me dijo entre besos. Le respondí que yo también y nos seguimos besando desnudas con nuestros cuerpos entrelazados, nuestros besos fueron interrumpidos por el teléfono, mi hermana se apresuró t a ir a contestar, yo me quedé tendida en la cama, maravillada todavía.

Regreso unos minutos después, aun desnuda se quedó viéndome y sonriéndome desde la puerta.

-¿Qué? – le dije

-Nada, es que eres tan hermosa – me dijo

-Haha – me reí – Ya dime quién era.

-Era papá – dijo acercándome dándome otro largo beso en los labios, al término agregó – No podrán llegar hoy…así que tendremos toda la noche…

Mi Tia Loli, Yo y Popi nos fuimos a dormir

Despues de cenar y recoger la mesa, nos pusimos comodas en el salón y tomamos un cafetito, mientras recordabamos lo que habíamos hecho aquella tarde de sexo y lujuria.

Las dos solo llevabamos unas bragas limpias, a mi Tia Loli los pechos se le ladeaban por el peso, estabamos recostadas en los sillones y con las piernas abiertas y relajadas.

Lisa ¿estas muy cansada?

Un poco, pero muy satisfecha y relajada.

Pues yo me lo he pasado muy bien y me he corrido toda.

El que se ha corrido como un loco ha sido Popi, pobrecito le hemos sacado hasta la última gota.

No sufras cariño, el se repone muy rapido.

No me hubiera creido nunca, que hubiera podido llegar tan lejos en el sexo.

UY! hija si supieras lo que he llegado hacer yo a solas con el.

Yo con aquella coversación me estaba mojando de nuevo, y mi Tia Loli ponia una cara de cachonda sabiendo que si seguia contandome aquellas intimidades yo me iria calentando y volveriamos a empezar nuestra relación inconfesable.

¿ Has hecho cosas más guarras? Loli.

Por supuesto reina, pero yo las llamaria satisfactorias y deseadas.

O sea que te lo has follado a fondo.

Si, me ha llenado todos mis agujeros y me los chorreado de leche.

Mi Tia Loli sin parar de contarme como y por donde se la había follado, se ladeo las bragas y empezo a jugar con sus pelos negros y brillantes por el flujo que estaba soltando su coño, yo mientras la escuchaba le miraba la entrepierna con descaro y deseo de comerselo en profundidad.

Cariño, me parece que nos estamos poniendo en forma, ¿Porque no nos vamos a la cama?

Yo sin contestarle, me levante y cogiendole la mano mojada de flujo, la incite que me siguiera hasta la alcoba, Loli acepto seguirme mientras me tocaba el culo por encima de las bragas, hundiendo su mano entre mis nalgas.

Cuando llegamos a la cama, antes de tumabarnos nos miramos una a la otra con deseo, mientras nos bajamos las bragas una a la otra, cuando las tuve en mi manos las mire y despues olerlas profundamente, empece a lamer el flujo pegajoso.

Loli me sonrio he hizo lo propio con las mias, y con la otra mano busco mi chocho abierto y hambriento, yo me deje tocar y gemi al sentirme penetrada por sus dedos hasta el fondo, yo le meti el brazo entre sus piernas y mi mano buscó su culo.

Sin dejar de tocarnos, nos dejamos caer sobre la cama sin dejar de masturbarnos y urgar nuestras intimidades, tiramos las bragas al suelo y nuestros labios se buscarón, iniciando una morreada profunda y nuestras lenguas empezarón una danza lujuriosa y humeda por nuestras salivas, el sonido de la danza penetrante me volvio loca y cachonda a tope.

Loli dejo de besarme y levantando sus brazos, dejo a mi vista sus pezones erectos y oscuros, y me ofrecio sus axilas para que las lamiera con deleite, ya que era uno de sus puntos erogenos que lo noté por sus gemidos y sus movimientos.

De sus axilas pase a sus pezones y mi lengua empezo a darles vueltas mientras sus pezones se endurecian más y más y mis labios se los chupo como si fueran unos pequeños penes erectos.

De pronto Loli se quedo rigida, cuando le llego un orgasmo enorme soltando un chorro de flujo espeso y pegajoso que le bajo por sus opulentos muslos, mientras se apretaba su chocho con sus manos, cuando acabo de escurrirse se quedo quieta y traspuesta sobre la cama, yo me quede a su lado esperando que se recuperara de su extasis.

Lisa me has matado cariño, ufffff hacía mucho tiempo que no había tenido un orgasmo parecido ha sido fantastico.

¿Te hecho disfrutar de verdad? Loli.

La lamida ha sido profunda y maravillosa, date la vuelta cariño que voy hacer que te venga uno a ti.

Que guarra eres, como sabes mi punto debil.

Me coloque con los pechos sobre la cama con las piernas abiertas, quedando a su merced para que me diera el gusto que yo estaba deseando, me abrio las nalgas con suavidad y su dedo indice empezo a rozarme mi ano peludito y arrugadito, yo al sentirlo abri aún más mis piernas para ofrecerle mi culo totalmente, poco a poco su dedo me sodomizando hasta dentro del todo, mientras su lengua lo lamia mientras entraba y salia cada vez más rapido, mientras yo no paraba de gemir.

De pronto Loli cambio el dedo por la lengua la cual penetro totalmente, mientras yo me masturbaba con una mano entre mis pelos vagianles, la otra me excitaba mis pezones erectos y arrugados.

Lisa ¿te gusta?

Mucho no pares por favor sigue dandome.

Cariño estas muy dilatada ¿ quieres una sopresa?

Haz lo que te de la gana, pero dame gusto, quiero mearme sin parar.

POPI ven cariño, que Lisa te necesita.

Yo me quede pasmada pensando con lo que se avecinaba, estaba entre el miedo y el deseo, Popi salto encima de la cama y Loli le dejo sitio para que me oliera, el lo hacía con deseo y su lengua empezo a lamer sin parar, Loli aprovecho su deseo y empezo a pajearle hasta sacarsela fuera totalmente, dejo que sin parar de lamerme le follara su boca con aquella pija que chorreaba sus labios, de pronto su lengua rasposa revento mi culo, y ayudado por Loli busco la entrada de mi culo con su verga mojada, su capullo inflamado coronó mi esfinter y con la ayuda de mi engrase natural, me la metio hasta los huevos y empezo una monta desenfrenada, yo gemia y llegue a gritar pidiendo más y más, me gustaba ser su perra.

De pronto mi ano me ardido de dolor, cuando el me embolo y quedo pegado a mi, sus patas temblaban al estar casi en el aire al estar abotonado a mi culo, Loli le ayudo a pasar la pata y nuestros culos quedarón pegados, mientras gozabamos hasta el extasis, esto duro bastante rato, hasta que de pronto se aflojo y la saco de mi interior.

Yo salte de la cama como un resorte y corri al lavabo a soltar lo que tenia dentro, una vez satisfecha mi necesidad, me duche con Loli, una vez aseadas volvimos a la cama y paso lo que paso.

Gozos y sombras de Verena

Violada en su infancia, finalmente encuentra y mata al hombre, yendo a parar a una cárcel en la que se convierte en favorita de la patrona del pabellón

Verena se dirigía a la parada de omnibus para volver a su casa desde el colegio, cuando vio que en la misma dirección se detenía un automóvil y desde la ventanilla la saludaba la conocida cara de Claudio, el mejor amigo de sus padres desde antes que ella naciera.
Contenta, se dirigió al vehículo y saludó con un beso en la mejilla a ese amigo a quien le decía tío, recibiendo alborozada la invitación a subir para que la aproximara a su casa. La cordialidad y gentileza de Claudio, tratándola como a una señorita y no una nena, interesándose en sus estudios en ese ultimo grado y cuáles eran sus proyectos para la secundaria, la alegraron y contándole locuaz su intención de hacerlo en una escuela técnica para tener una salida laboral antes de la Universidad, no tomó en cuenta el desvió que él hacia del camino habitual y cuando se lo hizo notar, Claudio le dijo que quería mostrarle la nueva casa que había alquilado.

Efectivamente, minutos después se detenía ante un hermoso chalet a cuya cochera entró el auto y bajándose, la invitó a acompañarlo; a pesar de lo desolado del barrio, los amplios ambientes y la todavía dispersa distribución de los muebles le gustaron y alegre recorrió los diversos cuartos de la casa, para terminar en el living donde Claudio se derrumbó en un sillón para indicarle que lo hiciera junto a él.
A pesar de su doce años, Verena era precoz en todo, desde la inteligencia que le permitía cursar a esa edad el séptimo grado hasta en lo físico, ya que cerca del metro cincuenta, su cuerpo delgado había comenzado a mostrar redondeces adolescentes y, aunque minimamente, sus tetitas se hacían evidentes a través de la ropa, también sentía cosquilleos y picores que la desconcertaban en el bajo vientre y una sudoración tan exagerada que su madre había tenido que prestarle remeras y desodorante; ella no lo ignoraba y por los síntomas sabía que su menarca estaba próxima e inspeccionaba curiosa su entrepierna para buscar rastros de esa vellosidad que ya alguna de sus amigas mostraban jactanciosas en el baño de la escuela.
Orgullosa de esa apariencia, se preocupaba en acentuarla por su forma de peinarse, la elección de prendas ajustadas que resaltaran ese busto incipiente y la sólida redondez de sus ancas, así como destacaba la hondura de sus ojos verdes con leves sombras de maquillaje y un sutil labial destacando la naciente morbidez de los labios.

Todo aquello no había pasado inadvertido a Claudio quien la codiciaba de manera enfermiza desde sus primeros años y ahora estaba dispuesto a convertir en su esclava sexual a aquella criatura que ni siquiera era mujer; conociendo lo creída y pizpireta que era, él le pasó cariñosamente un brazo sobre los hombros para atraerla junto a sí, al tiempo que alababa su crecimiento e intencionadamente le preguntó cuantos pretendientes tenía en la escuela y aunque sí, era cierto, los chicos parecían empeñados en agasajarla, en un arranque de falsa modestia, le dijo que desgraciadamente nadie se fijaba en ella.
Claudio se dio cuenta de que ese coqueteo le venía de perilla a sus intenciones y ya sin ambages, dejó que la otra mano se asentara exigente sobre el bultito del pecho; súbitamente, como un golpe revelador, Verena supo.

Adolorida pero sobre todo asustada porque su inteligencia le hacía prever un triste futuro y tal como se lo exigiera Claudio, justificó esa media hora de retraso diciéndole a su madre que había pasado por lo de una compañera por una tarea; sin embargo, la inquietud por lo que pasara la atormentó durante toda la tarde y esa noche, mientras cenaban, atropelladamente, les constó confusamente como Claudio había abusado de ella.

Para su sorpresa, no solo sus padres y su hermano menor tomaron a risa su relato, sino que el padre le reprochó severamente por poner en duda la honestidad de un hombre como Claudio que la viera nacer y hasta la cuidara cuando ellos salían de noche; apabullada por esa mezcla de reto con burla de su familia, se encerró confundida en su cuarto y repasando en detalle lo sucedido, encontró que si bien era cierto que no existiera en Claudio deseo alguno de lastimarla y lo que le hiciera había estado impregnado de ternura, no era menos cierto que en el futuro ya no se conformaría con eso y que, para su desconcierto, en su cuerpo se manifestaran más agudamente aquellos picores, calores y cosquilleos y que había experimentado un placer desconocido para ella.

Pasaron los días y aunque Claudio concurrió a su casa, siguió tratándola con el mismo cariño acostumbrado y hasta escuchó a sus padres comentarle el relato suyo y juntos desestimaron jocosamente a acusación de la chiquilina justamente, como eso, las fantasías de una niña en su confusa conversión en mujer; convencida que no debía jamás volver a hablarlo con ellos, se encerró en un mutismo que a sus padres les pareció propio de la desorientación de su edad y de esa forma transcurrieron dos meses.

Y así, fue transcurriendo el tiempo en el que ella fue creciendo y desarrollándose como mujer; un poco más alta que el promedio, tenía una figura espigada en la cual resaltaba el volumen pleno de unas tetas macizas y unas nalgas contundentes, en parte naturales y en gran medida gracias al manoseo y traqueteo al que Claudio la sometía no menos de dos veces por semana.

Afortunadamente, cuando tenía diecisiete, regresó su hermano mayor, aquel que siete años atrás viajara a Buenos Aires, tanto para estudiar agronomía y veterinaria como para tomar distancia de esos padres que parecían resumir esa paternidad a darle casa y comida pero desentendiéndose de sus metas y ideales.
Encontrando que la situación no había cambiado en absoluto e indignado por la actitud asumida con respecto a Verena, quien volcara en él lo angustioso de esos años de sometimiento, decidió buscar dentro de la provincia donde instalar un proyecto de granja ictícola y junto a su mujer, llevó con ellos a la jovencita para que encontraría refugio a su dolor por tanta humillación.
Preocupado porque esas relaciones que, aun consentidas mansamente fueran obligadas y el maltrato pudieran haber afectado la psique de Verena, se preocupo en llevarla dos veces por semana a una psicóloga de la ciudad y de esa manera, la cerril muchachita comenzó a conocer un mundo distinto de relaciones.

De la mano de la mujer, unos diez o doce años mayor que ella, fue relajándose y por primera vez alguien escuchó con verídica crudeza todos y cada uno de los detalles de la vilezas que Claudio cometiera durante esos años; conscientemente, Verena ignoraba que el homosexualismo es tan frecuente en las mujeres como en los hombres y que, aunque la abstinencia se les hace más llevadera, por su sensibilidad y sed afectiva se ven inclinadas a tener relaciones fuertemente emotivas con otras, siendo muy natural que finalmente se desplacen al plano de lo sexual, especialmente en casos como el suyo, donde por tratarse de un abuso a tan temprana edad, se encuentran lastimadas y vulnerables emocionalmente, desarrollando una aversión con respecto a todo lo masculino.

Consecuentemente, en sus confesiones volcaba todo el resentimiento hacia Claudio y la amargura de su inocencia perdida, cosa que era aprovechada por Olivia para alimentar esos sentimientos y con sus modales afectuosos y su voz seductoramente educada, iba condicionándola para lograr su objetivo, cosa que consiguió porque la mente fértil de la muchacha que por primera vez tenía en quien volcar su necesidad de cariño y comprensión, respondió acumulando en su mente y cuerpo un secreto deseo tan hondo hacia la mujer que, cierta tarde, incapaz ya de refrenar sus impulsos, sentada junto a la psicóloga, extendió una mano para sujetarle la barbilla y dejar que sus labios buscaran con dulzura la mórbida boca.
Fue un instante mágico, nunca había imaginado que besar a otra mujer y particularmente a Olivia, le fuera tan placentero y dejando escapar el aire cálido de su pecho, continuó con los tenues roces de los labios a los que la psicóloga respondió gratamente sorprendida de la misma forma y así, sin siquiera tocarse ni pronunciar palabra, se sumieron en un ralentado intercambio de besos, mezclando sus alientos y dejando sólo a los labios prodigarse en exquisitos contactos de sutil levedad.

Olivia no iba a ser tan cruel de dejar tomar la iniciativa a la inexperta jovencita y revolviéndose en el sillón, la arrastró consigo para emprender una alucinante sesión de besos y caricias con las cuales iba despojándola con voluptuosidad intencionalidad de su poca ropa, ya que en la chacra, aquella solía vestir solo prácticos pantaloncitos, remeras cortas y borceguíes por las alimañas; en su afán, Verena colaboró ahora sí con vehemencia a la vez que se desvivía por sacarle a ella lo que llevaba y pronto, ambas lucían su esplendida desnudez con la excepción del calzado.
Aunque desfogaba su homosexualidad con pacientes femeninas y el lesbianismo era ya un hábito para ella, por primera vez en su vida, el vértigo mareaba a la psicóloga y en su vientre, en lenta maceración, bullía el ardor de un caldero. Con un hondo suspiro de angustia, se tendió junto a la muchacha para restregar su cuerpo joven contra el suyo; las dos se agitaban suavemente y manos y bocas se multiplicaron, tocando, acariciando, rasguñando, lamiendo y rozando con los labios las pieles pero sin concretar nada, sin ni siquiera llegar a aproximarse a los lugares secretos que derrumbarían, inevitablemente, las barreras del goce contenido.

Brazos y piernas se retorcían, enlazaban, anudaban y desanudaban, pero había un algo mágico entre ellas, un fluido cósmico que las atraía y rechazaba al mismo tiempo, que las unía y separaba magnéticamente; las pieles cobraban reflejos de barniz y las tetas bamboleaban pendulares en una suave levitación que sólo servía para demostrar lo excelso de su belleza. Olivia paladeaba con su lengua la piel, hundía los dedos entre los muslos vírgenes y rozaba el abismo de las canaletas pélvicas, fatales y palpitantes.

Los cuerpos manifestaban la expansión del deseo, convertido en el acezar de dos seres que se necesitan, que se mimetizan en el éxtasis del amor. El húmedo vello del pubis de Verena, fragante de ásperos e íntimos aromas permitía avizorar como el sexo palpitaba pulsante con un movimiento casi siniestro, buscando ávidamente llenar el vacío que lo habitaba.
Olivia descendió y a ese contacto, circularon por su sangre los humores del universo y correteó sobre la espalda de la joven dividida por el ondulante canal que se hacía más profundo y oscuro al llegar a los glúteos. Verena sentía que sus glándulas enviaban órdenes secretas al cuerpo y las mucosas del útero buscaban a través de la vagina los labios ardorosos de la vulva, rezumando en fragantes fluidos.

Las manos de Olivia habían subido hacia la nuca, acariciándola con dedos sabios mientras la boca besaba tiernamente la carne trémula y Verena tuvo que sofocar el grito histérico que inundaba su garganta, crispada por un loco deseo. El sufrimiento de la espera cambio de signo y se diluyó en placer, gozo y tortura simultáneos al tiempo que acariciaba el cuerpo incitante que ondulaba el frenesí. Exaltada, acompañaba cada movimiento fascinada, gemía de angustia y los copiaba, los repetía como una sombra sólida de ese deseo hecho carne y prolifera la abundancia de sus caricias, cubriéndola con su saliva, abrazada a sus muslos y trazando sobre la piel blanquecina las rojas estrías de las uñas.

Sollozando, las dos mujeres se retorcían y sus besos eran cada vez más ardientes hasta que, voluptuosamente, unidas en un bramido como síntesis trémula del goce y cuando creían estar alcanzando las más altas cumbres del placer y la satisfacción plena, el deseo y la pasión reaparecieron en la sangre con una intensidad formidable. Y volvieron reanudar todo hasta saciarse en el límite de sus fuerzas y los cuerpos ardían con mayor fogosidad, con una avidez que nada ni nadie podría colmar ni saciar.

Las pieles se fundían y accedían al otro cuerpo sin dejar de ser ellas mismas. Los cuerpos estaban unidos por una única y salvaje energía que los recorría en un proceso incesante que, a medida en que abría nuevas zonas desconocidas, se apresuraba a dejar atrás para acceder a la incertidumbre de otra nueva. El contacto de sus cuerpos las dejaba presas del vértigo, besaban las pieles cubiertas de sudor y sus carnes se convertían en una esponja ávida de goce. Locamente enronquecidas, de sus labios resecos por la fiebre pasional, surgían súplicas obscenas invocando cópulas admirables mientras los cuerpos brillantes y las lenguas morbosas se enredaban en una lucha estéril en la que cada una pretendía vencer y ser vencida simultáneamente.
Sin una decisión explícita, las mujeres decidieron dar fin a la impaciente y dulce espera; Olivia tomó entre sus manos el rostro abotagado por la conmoción de la jovencita y acariciando los cortos cabellos, depositó tenuemente sus labios sobre la frente de la joven. Apenas rozando con la piel interior de los labios entreabiertos, descendió hasta los ojos y allí enjugó las lágrimas que la joven no podía contener. Luego bajó por las mejillas y tocó, apenas, los labios jadeantes de la joven que, ante ese contacto se estremeció como si alguna arma terrible la hubiera hendido.

La imperiosa lengua tremolante de Olivia penetró el húmedo antro buscando con fiereza de combatiente a la replegada de Verena que, primero esquivó los embates de la invasora para luego reponerse y atacar con dura voracidad de ayuno; tomando a Olivia por la nuca, desunió las bocas chorreantes de saliva y empeñó la lengua en una batalla feroz en la que prescindieron de todo contacto de los labios.
Atacándose como dos serpientes, sostuvieron un singular combate que las sumió durante largos minutos en un vehemente goce en el que los sentimientos eran salvajes, primitivos y elementales. Las dos jadeaban temblando como azogadas, ahogándose en el intercambio de salivas y se afanaban en la tarea de lamer y chupar las lenguas como si fueran penes, obnubiladas por las inéditas sensaciones que eso les provocaba.

Finalmente, la lengua de Olivia se desprendió de esa mareante tarea y comenzó a recorrer el cuello de la muchacha mientras los labios chupaban tenuemente y los dientes mordisqueaban la tersa piel; descendió a las trémulas laderas de las tetas, ya cubiertas de un intenso rubor y aguda, la lengua se apoderó del agitado seno en círculos morosos que, finalmente, la llevaron a adueñarse del pezón, lamiéndolo primero con irritante lentitud y cuando la joven se arqueaba envarada por la angustia, lo envolvió entre los labios para chuparlo fieramente.
Estremecida por el deseo y sumida en roncos gemidos, Verena extendió sus manos parta asirse a las colgantes y turgentes tetas de Olivia, acariciando y estrujándolas con rudeza mientras sus piernas se agitaban convulsivamente como si buscaran alivio al ardiente fuego que sentía brotar del vértice. Devenida en una medusa golosa, la boca recorrió pertinaz cada uno de los pliegues del abdomen, lamiendo y sorbiendo como una ventosa la piel. Se detuvo por un momento en el ombligo y se paseó por la delicada comba del vientre hasta tomar contacto con el vellón del sexo, totalmente empapado.

Olivia se acomodó invertida para tomarla por los muslos, separando y encogiendo sus piernas, comenzando a besar suavemente las ingles, acercándose con cruel lentitud al ahora chorreante sexo de la muchacha que, arqueada y tensa, esperaba ansiosamente sentir en su cuerpo aquel contacto desconocido que ahora deseaba. Acezando fuertemente abrió los ojos y, como amplificados, vio a cada lado de su cabeza los fuertes muslos y las hermosas nalgas ejercieron tal atracción que comenzó a besarlas, lamerlas y chuparlas casi con devoción. Olivia separó con dos dedos los labios de la vulva y la lengua se apresuró a instalarse sobre las rosadas carnes para después envolverlas entre los tiránicos labios, estregándolas rudamente.
Verena se sacudía espasmódicamente hamacando su pelvis como apurando el momento de la penetración. La lengua de Olivia avanzó vibrante y penetró los pliegues internos, bajó hasta la entrada a la vagina, la excitó y alzándole las nalgas con las manos engarfiadas se deslizó por las cálidas mucosas sintiendo la febril temperatura y finalmente, se instalo en la fruncida apertura del culo.

Las entrañas de Verena parecían disolverse en estallidos de placer casi agónico y no pudiendo resistir por más tiempo el influjo, hundió su boca en la concha palpitante de la psicóloga, chupando y lamiendo con voracidad, sorbiendo con fruición los jugos íntimos de quien había vuelto a concentrarse en esa fuente de placer inagotable que el rosado manojito triangular de carnosa piel le proponía. Las manos de ambas se aferraban a las nalgas y los cuerpos formaban una ondulante masa que se agitaba acompasadamente al ritmo de su vehemencia.

La vehemencia de la posesión mutua les había hecho soslayar la potencia de sus eyaculaciones y seguían debatiéndose a la búsqueda de ese algo más, esa sensación inédita y presentida que las satisficiera. Sin dejar de chupar la concha de la jovencita, Olivia metió suavemente dos dedos en la vagina. Dedos que, expertos, entraban y salían, buscaban, hurgaban, rascaban y acariciaban en todas direcciones dentro de la sensibilizada cavidad hasta encontrar en la cara anterior y casi junto a la apertura de la entrada, esa callosidad áspera a la que estimuló, sintiendo como a ese contacto incrementaba su volumen. El goce era tan intenso que Verena, para sofocar los gritos que se agolpaban en su garganta, hundió con desesperación su boca en la concha de la mujer, restregando contra ella sus labios y lengua.

Esta parecía haber perdido el control y penetró profundamente esa vagina acostumbrada a los desmanes de la poderosa verga de Claudio y cuando los músculos se dilataron cediendo complacientes, con mucha suavidad inició un vaivén, adelante y atrás, atrás y adelante en una alucinante danza que llevó a Verena a emitir sonoros gritos de satisfacción reclamándole por más y la intensidad del placer la llevó a clavar, rugiendo como un animal, los dientes en la pierna de la mujer, sintiendo como dentro suyo crecían unas tremendas ganas de orinar y una mano gigante tiraba dolorosamente de todos sus músculos hasta que, de pronto, se desplomó exánime, como fulminada.

Luego de esa encantadora tarde en compañía de Olivia, Verena recuperó en parte su tranquilidad y recibió alborozada esa relación con la psicóloga que le era diametralmente opuesta a la que se viera obligada a sostener con Claudio, sin saber que el destino le tenía preparada una trampa que modificaría totalmente su futuro como mujer.

Paralela y rápidamente, se habituó a esa vida semi agreste a cuarenta y siete kilómetros de la ciudad en que instalaran los piletones donde criar surubies, pacús, dorados y sábalos que, al tener peso comercial, eran gratamente recibidos por los comerciantes a causa de la creciente escasez en los ríos; la selva que rodeaba el lugar, los obligaba a adoptar cambios en su vestimenta y costumbre, como las de utilizar borceguíes altos para evitar mordeduras de alimañas como arañas o serpientes y el uso imprescindible del cuchillo de monte a la cintura.
Casi tres años después y ya inmersa en esa maravillosa conjunción de sentimientos con satisfacción sexual que hallaba en Olivia, metida de lleno en aquel trabajo que estaba cambiando su vida, Verena había ido a la ciudad a comprar unas herramientas en el almacén de ramos generales, cuando al salir del mismo cargando una caja, tropezó con Claudio y sintiendo toda la descarga de su odio invadiéndola, sacó el cuchillo y como lo hiciera ya tantas veces con otras alimañas, lo hundió en la entrepierna del hombre.

Afortunadamente para este y por pocos centímetros, la cuchillada no interesó la femoral, pero de todas maneras, ella fue detenida y juzgada, con lo que seis meses después ingresaba al penal; cuando Verena hizo su entrada al pabellón, se sintió blanco de todas las miradas de las demás reclusas quienes parecían desvestirla con sus ojos y recordando el consejo de su abogada, sobre que el lesbianismo era una de las cargas que formaban parte de la pena y que para su bien, se aviniera a lo que le impusieran si quería un transcurrir tranquilo, sin hacer evidente su nerviosismo, eligió un camastro que creía desocupado pero fue rápidamente desalojada por una mujer que la condujo del brazo hacia otro al tiempo que le decía que ahí, quien mandaba y elegía donde dormir era ella. Y que ella era Lucy, la patrona del pabellón, por lo que a partir de ese momento Verena sería la elegida para ser su enamorada personal, atendiéndola en todo cuanto ella quisiera, con especial dedicación en lo sexual
Conduciéndola cariñosamente con una mano sobre el hombro, la llevó a la otra punta del pabellón donde funcionaba el comedor y haciéndola sentar a su lado, fue haciéndole conocer mientras comían las normas de convivencia establecidas entre las reclusas, tranquilizándola en cuanto al acoso de las demás que, al ser ella su favorita, la dejarían en paz.

Después de la cena y cuando descansaba tendida en su cama, se apagaron las luces salvo una pobre lamparita que oficiaba de luz nochera. Sorprendida por la súbita oscuridad, se desvistió para colocarse una larga remera que solía usar como camisón. Tendida en la penumbra pensaba en cuándo la mujer la haría suya y esta no la hizo esperar; corporizándose junto a la cama, le dijo que se corriera y acostándose de lado junto a ella, acercó su cara para darle un inesperado y suavísimo beso que apenas rozó sus labios.
Lucy era una mujer de cuerpo elegante, alto, con pechos no muy grandes y un culo espectacular; luego de ese prólogo y en tanto palpaba sus nalgas amorosamente, profundizó sin violencia el beso estremeciendo a Verena por la hondura del deseo que transmitía.
Todavía con el pecho conmovido, permitió sin resistirse que la mujer fuera subiéndole lentamente la remera para dejar sus tetas a la vista y, con extrema delicadeza, la acomodó boca arriba. Después de liberarla de la trusa, que no se limitó a quitarla sino que la llevo a su rostro para olerla hondamente e inclinándose entre sus piernas que ella abriera instintivamente, pasarle por la concha la prenda arrugada, no sólo para limpiarla sino también para excitarla y ante sus mimosas quejas, multiplicó el frotar para luego meter dos dedos envueltos en el rasposo genero del refuerzo.

Paralizada, Verena dejaba que los acontecimientos sucedieran sin oponerse, como siempre lo había hecho. Totalmente desnuda, se sentía tan inerme y expuesta que sólo podía aguardar la actitud que tomaría la mujer, la que, terminada esa “caricia” de comprobación de su entrega, con una hábil contorsión se desembarazó de la holgada camisa, mostrándose en toda su espectacular desnudez; la solidez de su cuerpo superaba lo imaginado por la muchacha y, si bien en proporción menor a las de ella, sus carnes se mostraban contundentes, no sólo por el tamaño sino por lo perfecto. Lo que la asombró fue la ausencia total de vello, otorgándole a su piel un aspecto limpio y pulido, casi de marmórea tersura.
Lucy, tal el nombre la patrona, estaba fascinada por el espectáculo sublime que la desnudez juvenil que Verena le proporcionaba. Con los ojos obsesivamente fijos en la masa de gelatinoso temblor que eran las tetas, sus dedos, finos y sensitivos, fueron deslizándose sobre la delicada piel, estableciendo una corriente estática que pasaba de la una a la otra, haciendo que la de Verena se erizara y estremeciera en tics espasmódicos imposibles de reprimir.

Mientras las yemas de los dedos recorrían obsesivamente cada rincón del cuerpo, Verena estallaba en explosivos raccontos de su relación con Olivia cuyo recuerdo asestó una dentellada de pasión a su vientre. Ahora era cuando la experiencia se hacía carne en su cuerpo y, aun sin ella proponérselo, este respondía con las sensaciones exacerbadas. La caricia de Lucy era exasperante, lenta y leve, como si varias mariposas curiosamente inquietas se deslizaran morosas por los mínimos intersticios y oquedades de la piel.
En la medida en que los dedos se escurrían hacia las piernas y jugueteaban con sus tobillos y empeines, un fuerte cosquilleo que se había instalado en los riñones arqueaba su columna y por ella subía picante hacia la nuca, instalando un cielo de luces multicolores en su mente y diminutas explosiones de placer fluían hacia el pecho para invadir finalmente al sexo de una angustiosa sensación de espera.

Como una sacerdotisa del vicio, la mujer convocaba con sus pases a los más oscuros demonios que yacían escondidos en lo profundo de sus entrañas. Las uñas cortas y afiladas, habían reemplazado a la suavidad de las yemas y como perversos cuchillos rascaban tenuemente la piel en espirales de hipnótico sometimiento. Subieron a lo largo de las piernas, contorneándolas en infinitos surcos de placer y cuando llegaron al vértice que las unía, estas se abrieron como dos alas para comenzar a agitarse en suave e insistente reclamo instintivo pero las uñas, eludiendo todo contacto con el sexo, subieron por las canaletas de las ingles, ya pletóricas de sudor y se entretuvieron en la oquedad profunda del ombligo.

Finalmente, escalaron empeñosas por las laderas de las tetas rascando sañudamente la superficie de las aureolas y se clavaron en los endurecidos pezones. Con los ojos dilatados por la ansiedad y con un ronco estertor surgiendo desde el pecho hacia los labios, súbitamente resecos y afiebrados, vio como Lucy se montaba ahorcajada sobre ella y hundiendo las manos entre los cortos mechones de su cabello humedecido por la transpiración, aferraba fuertemente su cabeza para aproximar la suya a recorrer en menudos y ardientes besos todo su rostro.
Los labios rozaron apenas los suyos que se abrían estremecidos y trémulos. La punta de la lengua, ávida y traviesa se agitó tremolante, mojando con su saliva el interior de los labios y finalmente la boca toda envolvió angurrienta a la suya, empeñándose en una succión desesperada que la hizo abrazar fuertemente por el cuello a la patrona, sumándose a la lid que la boca le estaba reclamando. Las lenguas se enzarzaron en un singular combate en el cual, chorreantes de espesa saliva confundían sus alientos y se mordían recíprocamente en medio de agudos gemidos histéricos.

Verena era consciente de que desde los otros camastros las demás reclusas estaban pendientes del accionar de la patrona con esa joven de carnes firmes y frescas; excitada por ese insólito auditorio, se dejó llevar por Lucy y comprometió el mejor esfuerzo por complacer y ser satisfecha. La mujer se dio cuenta como todo su cuerpo se relajaba y se le entregaba dócilmente. Su boca se despegó con renuencia de los grandes labios táctiles y recorrió en suaves chupones pequeños la gelatinosa textura de las grandes tetas, empeñándose en provocarle redondos hematomas sobre la superficie que coronaba a las aureolas en tanto que su mano sobaba concienzudamente al otro seno y tomando entre sus dedos al pezón, comenzó a apretarlo en dura fricción que paulatinamente aumento en intensidad, convirtiéndolo en verdadero retorcimiento.

Otra vez el dolor volvió a constituirse en fuente de placer para Verena, quien sintió en el mismo fondo de la matriz el reclamo atávico del puro goce y aferrando la cabeza entre sus manos, la apretó contra su pecho mientras le suplicaba que no cesara y que incrementara lo que hacía. Lucy parecía haber perdido el control y con un fervor digno de mejor causa, mientras clavaba fieramente las uñas sobre la mama, mordisqueó rudamente la que tenía entre los labios.
Con la cabeza clavada en las sábanas y el cuello tensado a punto de estallar, Verena sacudía con desesperación la pelvis en vana cogida mientras clavaba sus uñas en la espalda de la patrona y por la intensidad de sus broncos gemidos, aquella comprendió que estaba alcanzado el orgasmo. Abandonando sus tetas, hundió la cabeza en la entrepierna que se sacudía convulsivamente para acceder a los suculentos labios de la concha inflamada y pulposa. Los labios y la lengua penetraron entre los oscurecidos pliegues, esforzándose con denuedo en lamer y chupar al pequeño manojo de carne en su interior, mordisqueando enardecidamente al endurecido clítoris al tiempo que con su dedo pulgar lo estimulaba desde el Monte de Venus.
Verena sentía como sus jugos internos irrigaban la vagina desde el útero y los labios de la vulva segregaban los humores que la mojarían placenteramente; perdido todo recato, le exigía roncamente a la mujer que la llevara a la cúspide del goce, haciéndola acabar. Entonces, dos largos dedos se introdujeron en la encharcada vagina y se extendieron sobre el rugoso interior, rascando, hurgando en las espesas mucosas a la búsqueda del punto que ella, como mujer, sabía disparaba las sensaciones más espléndidas de goce.

Cuando la sensibilidad de sus yemas detectó la pequeña callosidad, la excitaron lentamente y comprobando que a su estímulo se inflamaba adquiriendo volumen, multiplicando los gemidos y las convulsiones ventrales en la joven, se dedicó con esmero a restregarla hasta sentir como ella se relajaba y entre sus dedos escurrían las mucosas que parecían haberse licuado en cálidos jugos; mientras con el dedo pulgar castigaba al clítoris, la boca bajó hacia la apertura dilatada de la vagina y hundió su lengua en el oscuro ámbito, sorbiendo con fruición la generosa marea que rezumaba. El pulgar de la otra mano, dispersando esos líquidos, masajeó suavemente la negra y fruncida entrada al culo. Dilatándola con ternura, fue introduciéndose con lentitud entre los esfínteres que fueron cediendo complacientes y comenzó un entrar y salir que fue incrementándose en la misma medida en que el calor intenso del orgasmo la iba cubriendo de transpiración.

Ante sus jadeos, ayer y retorcimientos desesperados, Lucy fue introduciendo dos dedos a la vagina encharcada, ejecutando un corto movimiento copulatorio y de a poco, fue añadiendo los otros al tiempo que los empujaba hacia dentro cada vez un poco más; aunque Olivia se lo hiciera antes, aun la asombraban dos cosas, la una era la elasticidad de sus músculos que se distendían sin dolor ante el ensanchamiento brutal y la otra, era que eso no sólo no le provocaba sufrimiento alguno sino que la introducía a un placer nuevo y distinto; advertida de su complacencia, Lucy fue plegando bajo la palma a meñique y pulgar y formando una cuña con los cinco dedos, logró que paulatinamente, superara el obstáculo de los nudillos que hicieron rechinar los dientes a Verena y cuando estuvo dentro, la mujer lo cerró en un puño que movió como un pequeño ariete socavando el canal vaginal y después de unos momentos en que ella expresaba su satisfacción en medio de rugidos, gemidos y fogosos corcoveos, abrió los dedos como un abanico para realizar un movimiento circular de la muñeca, lo que enardeció a Verena y en medio de sus gritos desesperados de que la condujera a la satisfacción total, alternó esos giros con la acción del puño.

La joven había alcanzado largamente su orgasmo y percibía que en las otras camas se producía una extraña migración de oscuras siluetas, seguramente en busca de sus amantes mientras desde la dulce relajación corporal, disfrutaba de la febril actividad de la mujer con una enorme sonrisa de satisfacción y acariciando su negra cabellera, la incitó a proseguir sometiéndola a tan excelso disfrute en medio de un torrente de involuntarias frases amorosas.
Jadeando violentamente por el esfuerzo, esta se había derrumbado sobre su concha, obnubilada por las últimas contracciones explosivas de su eyaculación en tanto que Verena volvía a sentir como desde el fondo de las entrañas se encendían los fogones del deseo y una lava ardiente la invadía. Enceguecida por el despertar de una salvaje necesidad sexual tras tantos meses de abstinencia total desde que fuera detenida, se incorporó y tomando a la desmadejada Lucy entre sus brazos, la acostó en el centro del camastro.

Poniéndose invertida sobre ella, comenzó a besarla con lujuria en la boca, introduciendo su lengua voraz cargada de saliva mientras sus manos sobaban y estrujaban a conciencia las hermosas tetas de la patrona, la que volviendo a recobrar la conciencia, la abrazó con desesperación y ambas se trabaron en una dulce contienda amorosa.
El tiempo se había detenido. Todo parecía suspendido; moviéndose en ralentti, los dedos acariciaban y estrujaban las carnes con insólita ternura y los labios famélicos se extasiaban en la succión del beso o de los pechos. Ambas semejaban estar contagiadas por idéntica inquietud apremiante, sus cuerpos tan disímiles vibraban al unísono y acoplándose con justeza se complementaban, se fusionaban buscando con denuedo la miscibilidad de sus jugos, sus salivas, sus sudores y sus pieles.
Arrullándose mutuamente en ronroneantes e indescifrables susurros, ondulaban y rodaban sobre el camastro, ora arriba, ora debajo. Como si un mandato silencioso las compeliera, se deslizaron simultáneamente a lo largo de los vientres y las bocas se extasiaron en el sometimiento de las soberbias e inflamadas, abultadas y mojadas conchas; Lucy, lamiendo y sorbiendo la vulva de Verena y esta, deslumbrada por la de la mujer, que se dilataba en una especie de latido siniestro, ansiando conocer el sabor de quien sería de ahora en más su ama.
Recorrió morosamente los labios casi ennegrecidos por la acumulación de sangre que les daba tumefacción, cubriéndolos de incontables besos y luego, la delicada punta aguzada de su lengua se deslizó entre ellos, humedeciéndolos aun más y solazándose en la succión de los rosados pliegues interiores que emergían entre ellos. El sabor y el aroma de los jugos femeninos parecían enajenarla y, separando los labios con los dedos, hundió su boca en el óvalo deslizando la lengua repetidamente sobre la tersa superficie.

Atrapando entre sus labios los arrepollados pliegues, fue macerándolos en lenta succión para concentrarse más tarde en el clítoris que se alzaba desafiante y que fue adquiriendo volumen en la medida que ella lo ceñía entre sus labios, mordisqueándolo con cierta saña hasta hacerle adquirir el tamaño de un dedo meñique.
Tomándolo entre los dedos, lo estrujó en fiera masturbación al tiempo que sus uñas se sumaban al suplicio de los dientes, provocando que su nueva amante, enloquecida de placer, hiciera lo propio con el suyo para iniciar una simultaneidad de crueldades recíprocas en las cuales se castigaban y torturaban mutuamente de manera aberrante, perversa, desenfrenada y brutal.
Rugiendo como posesas, se penetraban violentamente con los dedos y allí dentro, arañaban y herían a la otra en procura del placer propio. Los dientes mordisqueaban pliegues y clítoris al tiempo que las manos sumaron dedos a las penetraciones, conforme los músculos vaginales cedían mansamente para que, en forma ahusada, los cuatro se deslizaran dentro de sus vaginas.
Desenfrenadamente fuera de control y en demoníaca porfía, parecían querer devorarse una a la otra, chupándose vorazmente en medio de bramidos de placer y palabras cariñosas. Desorbitadas, introdujeron dos dedos en los culos y así, en medio de la infernal hordalía de una doble cópula, alcanzaron simultáneamente el orgasmo y se desplomaron exhaustas, trémulas y agotadas, sumidas en la roja inconsciencia de la satisfacción total.

Después de un largo rato, con los sentidos todavía embotados por la bruma casi corpórea que inundaba su mente y mientras en su cabeza se entremezclaban las imágenes recientes con las de Olivia, Verena presintió de una manera animal e instintiva la delicada caricia que la boca provocaba en la corva de sus piernas encogidas y como respondiendo a algún misterioso llamado, un colosal cosquilleo se instalaba en su bajo vientre. Los labios se escurrían ligeros por la tersa piel de los muslos interiores y otra vez recreaban la alquimia simbiótica que las había conducido a los más altos niveles del placer. Con los ojos aun cerrados y acezando quedamente, comprobó como desde el fondo de la vagina crecía una sublime y fascinante exaltación que generaba el fermento irrefrenable del deseo.

La boca de Lucy se posesionó del sexo entreabriendo los labios con sus dedos, dejando expuesto el manojo de pliegues que lentamente fue refrescando y excitando con la punta vibrátil de la carnosa lengua. Recuperada totalmente la consciencia, y con la lengua humedeciendo sus labios, Verena comenzó a sobar y estrujar entre los dedos sus propios pechos, rascando la superficie de las aureolas y clavando las uñas en los pezones mientras los retorcía sin piedad.
La mujer maceraba codiciosa entre sus labios y dientes al clítoris, estirándolo de una manera inusitada y provocando en ella roncos bramidos de satisfacción. Tremolante, la lengua transitó hacia abajo, se entretuvo por un momento en el pequeño pero altamente sensibilizado agujero del meato y luego fustigó las crestas que festoneaban como un umbral carnoso el ingreso a la ardiente caverna. Tal vez motivados por los generosos líquidos o los efluvios aromáticos del canal, los labios chuparon como una ventosa insaciable el agujero y la lengua frenética se introdujo en la umbría hondura recogiendo golosa los humores que manaban lentamente.

Con las manos aferrando el borde del lecho, Verena clavaba la cabeza en él mientras la sacudía a los lados, hundiendo el filo de los dientes en los labios resecos, sintiendo que los músculos del cuello estallarían por la fuerte tensión, dedicó esa entrega final de su sexualidad a la mujer como un homenaje al amor que sintiera por Olivia, de quien nunca pudiera despedirse.
De alguna manera ignorada por ella, Lucy se había hecho de un consolador y ahora, luego de deslizarlo a lo largo de la concha inflamada para humedecerlo, restregando rudamente al clítoris con la cabeza y en medio de su exaltada ondulación, lenta y morosamente, fue penetrándola. El tamaño no la disgustó y sus músculos vaginales se dilataron para recibir al invasor, ciñéndolo después como si fueran un apretado guante carneo sin importarle las laceraciones y excoriaciones que su ríspida superficie le ocasionaban.

Sin dejar de chuparle el clítoris, Lucy se ocupó porque la verga la penetrara hasta sentirla golpear contra el cuello uterino. Una vez allí y mientras le otorgaba un lento vaivén, la fue moviendo en forma circular, variando el ángulo de la penetración y rozando con la testa hasta el último rincón de la vagina. Finalmente, adquirió un ritmo que encegueció a Verena quien, a la par de mover sus piernas con aleteos espasmódicos, exhalaba quejumbrosos bramidos acariciando la cabeza de la patrona mientras le rogaba para que intensificara la profundidad de la penetración y le hiciera alcanzar un nuevo orgasmo.

Después de la increíble penetración de la mano, su cuerpo era un maremagnum de sensaciones encontradas. Por un lado la prepotencia y la crudeza de la penetración la contraían, crispándola y por el otro, el mismo dolor le provocaba tanto placer que superaba largamente el sufrimiento, sumergiéndola a un mar de dulces explosiones que escurrían entre sus carnes y con ganchudas garras parecían querer separar los músculos del esqueleto para entregarlos al volcán ígneo de sus entrañas.
Cuando sentía en su nuca, riñones y vejiga que estaba por llegar al clímax, Lucy retiró la gruesa verga de su concha y ya se erguía para recriminárselo indignada, cuando ella la apoyó sobre los esfínteres del culo y, lenta pero sin dudarlo, la introdujo tan suavemente que parecía no moverse. El dolor puso un estallido blanco en su cabeza junto al alarido espantoso de su pecho y, nuevamente, descubrió que junto al sufrimiento más terrible llegaba el más maravilloso de los placeres.
Superados los esfínteres, el falo provocaba escándalos de placer allí por donde inauguraba el camino. Alienada por el disfrute, Verena encogió las piernas y tomándolas entre sus manos llevó las rodillas casi hasta los hombros, facilitando la intrusión al culo y en medio de poderosos rugidos, alcanzó uno de los orgasmos más satisfactorios de su vida. Mientras su vientre se estremecía en convulsivos espasmos y contracciones vaginales, el fluir de sus humores inundó la boca sedienta de Lucy.

Cuando aun su llanto del dolor-placer la conmovía y el hipar de los sollozos la ahogaba, la mujer se colocó entre sus piernas, cruzándolas hábilmente con las suyas para establecer un íntimo contacto de los sexos; dilatando al sexo con los dedos, consiguieron un chasqueante restregar y así, debatiéndose estrechamente, empujaron sus cuerpos uno contra el otro hasta que volvieron a sumirse en el tiovivo del placer mientras miríadas de luces multicolores deslumbraban su entendimiento. Durante un largo rato y ya sin violentas penetraciones, sino entregando lo mejor que cada una tenía para dar, complementando el roce brutal de los inflamados pliegues con excelsas manipulaciones a clítoris y culos, se prodigaron en un goce que, lentamente las fue sumiendo en la irrealidad del agotamiento total.

Una gordita rica en el gym

Esa mujer me enseñó algo nuevo, sensaciones nuevas, placeres nuevos, me enseñó que el cuerpo de una mujer gordita es hermoso, muy rico, sabroso.

Mi novio me dejó por un esqueleto andante..!!

Una relación de más de 3 años, se terminó, sólo por unos kilos de más. Entonces era mentira que mi novio, Aarón de 30 años, me amaba con todas las fuerzas de su ser.

Siempre fuí llenita, no sé como conseguí novio, si la gran mayoría de los hombres se fija en las flaquitas, Aarón tenía como un año cortejandome, nos conocemos desde la secundaria, pero jamás nos habiamos dirigido la palabra hasta años después. Empezamos como amigos, él se me declaró tiempo después a lo cuál me negué, pensando que tal vez jugaba conmimgo, pero durante nuestra amistad fué súper atento y caballeroso, tierno, dedicado, entre muchisimas otras cualidades que toda mujer desea en un hombre; fué así como poco a poco empezó a conquistarme, hasta que por fin le dí el sí que desde meses atrás él esperaba,

Nuestra relación fué muy hermosa dentro de lo que cabe, saliamos a pasear cada fin de semana, a veces solos, otras veces con nuestro grupo de amigos, muchos decían que eramos la pareja perfecta. De hecho con él fué mi “primera vez” fué algo hermoso, con rosas y velas, muy muy romantico. Había muchisima confianza, él a veces salía solo con sus amigos, yo a veces sola con mis amigas, había respeto mutuo, confianza absoluta. Mi familia estaba encantada con él, supo ganarsela, a pesar que al principio mi padre estaba muy celoso de él y no le dirigia la palabra. Y yo a su mamá le caí muy bien, me decía que era como la hija que nunca tuvo y le hubiera gustado tener, a su papá no lo conocí, ya que él murió cuando Aaron tenía 2 años.

Nuestras familias se cayeron muy bien también, incluso este último año nuevo la pasamos todos juntos, su madre, mis padres, mis hermanos y sus hermanos.

Pero de un tiempo a la fecha empecé a notar a Aarón más distante, distraido, ya no era cariñoso como siempre lo habia sido, ya no queria que salieramos, no sabía el porqué, yo le preguntaba y él me decía que todo estaba bien.

Hasta que el día que llegó nuestro aniversario de novios, lo invité a nuestro antro favorito, Aaron me dijo que no fueramos, que lo dejaramos para otro día, porque tenía que aventajar trabajo que llevo de la oficina a su casa. Yo me molesté un poco, porque siempre tratamos de festejarlo el mero día, pero pues ya nada podía hacer. Aarón se fué a su casa y yo me encerré en mi cuarto, a facebookear un poco jejejeje.

Online me encontré a una amiga de la infancia, llamada Iris, me dijo que tenía ganas de salir, que fueramos a algún lado, yo no tenia muchas ganas, pero ella me insistió tanto, que ya no pude negarme,

Ella pasó por mí a las 2 horas, yo ya estaba lista, me subí al carro y me dijo.. ¿Vamos al Bar-rio? Tengo muchas ganas de ir.
Sii vamos ahi le respondí, me encanta ese lugar, y presisamente le dije a Aarón que fuéramos ahi, pero debe trabajar y no pudo.

Después de un rato llegamos, El ambiente estaba chidisimo, como casi siempre está. Pero para mi desgracia, en la primera mesa que vi, miré algo que pareció ser como una cubetada de agua helada en mi espalda. Era mi novio Aarón, con otra vieja!! El mundo se me vino encima al ver esa imagen que nunca podré olvidar, Aarón besando apasionadamente a una mujer delgadisima, con un lindo cuerpo lo admito, un cuerpo que sólo en imaginación he tenido, Le acariciaba las piernas, la cintura y la espalda, ella lo tenía abrazado del cuello.

Iris me tomó de la mano y me dijo que nos fueramos de ahí, yo estaba furiosa y triste a la vez, le dije que no me iría hasta decirle unas cuantas cosas a ese poco hombre.. Me dirigí a la mesa donde estaba, tomé un vaso que estaba ahi, le vacié el contenido (que ni me fijé que era) a Aarón en la cabeza, él se paró enojado, pero al ver que fuí yo, se quedo como estatua.

Aaa Ana Gaby ¿Qqq qué hacess aa quíi? Me preguntó tartamudeando el muy estúpido.

Sé me hizo un nudo en la garganta, las lágrimas inundaron más mi rostro, no pude responderle nada, sólo lo miré y le dí una bofetada lo más fuerte que pude, me dí la media vuelta y me salí corriendo, Iris salió tras de mí. Llegamos a su carro, ella me abrazó muy fuertemente y yo a ella y me solté aún más a llorar.

Un momento después llegó Aarón..

Aarón: Ana Gaby porfavor escuchame, no son las cosas como tú las piensas.
Yo: ¿Y cómo sabes que es lo que pienso? Una imagen dice más que mil palabras y yo ya vi lo suficiente como para darme cuenta que no me amas como me dijiste.
Aarón: Yo te amo corazón, enserio, vamos a hablar.
Yo: No quiero hablar más contigo, no quiero volver a verte jamás, lo nuestro aquí se termina.
Aarón: No mi amor por favor, no puedes terminarme así.
Yo: Si, claro que puedo y ya dije mi última palabra.

Aarón se hincó y se sujetaba de mis piernas, pidiendome no terminar, diciendome que ella sólo fué un pasatiempo, que no la quiere.

Yo: Que haces?? Parate, asi te quedes ahi no te voy a perdonar.
Aarón: Esque necesito que me perdones, tu eres mi vida, No quiero que terminemos.
Yo: Pues eso hubieras pensado antes de faltarme, ahora es muy tarde.

En eso sale esa mujer de entre 2 carros y le dijo a Aarón que se parara, que no tenía que hacer eso por cosas que él ha hecho. Aarón le dijo que se callara y se largara, yo le dije que no, que no se fuera, que la dejara hablar. Ella no tiene nada que hablar, dijo Aarón.

Ella me dijo lo siguente:
Hola Ana Gabriela, yo soy Soraya, tú no me conoces tal vez, o nunca me tomaste importacia, yo soy secretaria en la misma oficina donde trabaja Aarón, ahi nos conocimos él y yo, y algunas veces te ví cuando ibas a recogerloY lo nuestro, simplemente se díó, desde hace un año y algo de meses. Yo acepté andar con él porque me dijo que ya estaba por dejarte, nunca lo hizo, y yo me acostumbre a eso.
Para no hacerte el cuento largo, te diré que él me quiere a mi. ¿Vez este cuerpazo que tengo? (dijo dandose una vuelta completa) Aarón me dijo que esto si es de una verdadera mujer, no como la cerdita que tenía de novia. Tantas veces me hizo el amor tan rico, al terminar de hacerlo, chuleaba mi cuerpo y se burlaba del tuyo y yo me burlaba con él.

Aarón le decía que se callara, pero ella lo ignoraba.

Y ella siguió.. ¿Recuerdas el año pasado cuando te dijo que por asuntos de trabajo tenía que ir a Acapulco? Pues el asunto de trabajo fuí yo, y no fuimos a Acapulco, nos pasamos hasta Cancún, esos 4 días que fueron maravillosos, mientras tu lo hacias trabajando, él estaba divirtiendose conmigo. ¿Recuerdas el panda de peluche gigante que te regaló en su aniversario pasado? Pues yo lo elegí para que te regalara, fuimos a la tienda de regalos y él me pidió escogerlo, xq no tenia cabeza para hacerlo. También recuerdas el hermoso ramo de flores que llegó en tu cumpleaños? Pues yo fuí a la florería a elegirlo para tí y perdir que lo enviaran a tu casa, ya que él estaba en una junta y no podía hacerlo personalmente. “Para mi hermosa y amada Ana Gaby” decía la tarjeta ¿Recuerdas?

Vamonos Iris, ya no quiero escuchar más de este par. Hasta nunca Aarón. Le dije mientras me subí al carro junto con mi amiga.

Te llevaré a tu casa y me quedare contigo amiga, me dijo Iris, le dije que no, que no queria ir a casa, que me llevara a un bar a tomarme una copa por que en realidad la necesitaba, ella no queria hacerme caso, pero le dije que si no me llevaba ella, me bajaba del carro y me iria yo sola, ella no quizo dejarme sola, asi que me llevo y me cuidó. Pedi un caballito de tequila, que me lo pasé como agua, otro, otro, otro y otro, Perdí la cuenta. Iris me decia llorando que ya estaba muy mal, que no queria verme asi. Al cabo de unas horas, yo ya borracha, ella me llevo a la casa. Mi madre se asustó porque Iris me llevaba casi cargada, ya entre las 2 me ayudaron a ir a mi cuarto, me cambiaron la ropa por un pijama y me acomodaron en la cama. Mi mamá e Iris estaban sentadas junto a mi. Mi mamá preguntaba que porque había llegado asi, Iris no decía nada, y yo le dije a Iris que le contara a mi mamá lo patán que salió su yerno consentido, yo apenas y podia hablar un poco, minutos después me quedé dormida.

A la mañana desperté algo tarde, ya ni fui a trabajar, Tenía un asco terrible, un dolor de cabeza insoportable. Mi amiga Iris acostada en unos cobertores tirados en el piso, aún dormía, Recordé lo sucedido y me puse a llorar. Ella despertó por mis sollozos, me abrazaba, me acariciaba el cabello.

Duré varias semanas inundada en la más profunda depresión. Me la pasaba encerrada en casa, apenas y comia y bañaba. Me corrieron del trabajo por mi inasistencia. La vida no significaba mucho para mi. Iris, mi hermosa amiga, casi hermana, iba a visitarme cada 2 o 3 días, me trataba de dar ánimos, pero nada funcionaba.

Hasta que un día, llegó mi mamá, me habló duro. Me dijo que yo ahi, muriendome de tristeza, mientras que Aarón, paseaba feliz de la vida con otra mujer. Empecé a llorar más con ese comentario. Mi mamá me abrazo, me dijo que la vida es hermosa, que hay que vivirla, que no ganaria nada asi como estaba, que Aaron estaba feliz, que no estaba mal como yo, que entonces por que tenía que estar mal yo por él. Que no era nada justo. Que lo que viví no era fácil, pero que ya había pasado y tenía que superarlo, que tenía que reintegrarme a la vida, que seguramente no olvidaría lo que pasó, pero que tratara de enterrarlo en el pasado. Que me diera tiempo para mi sóla, que me olvidara de compromisos, que me divirtiera, que viviera nuevamente, y ya llegado el momento llegará el hombre indicado para mi.

Te amo mi amor, y me duele mucho que estés asi; dijo mi madre; me abrazó, me dió un beso en la frente y salió de mi cuarto.

Mi mamá tiene razón; pensé. Por mas que llore no solucionare nada. Por culpa de Aaron perdí hasta mi trabajo, pero no voy a perder la vida. Me dormí pensando en todo lo que mi mamá me dijo.

Me desperté algo temprano, apenas estaba amaneciendo, todos en casa aún dormían, me miré en el espejo, estaba muy ojerosa, mal peinada, muy muy descuidada. Y me dije a mi misma frente a ese espejo. Hoy empieza mi nueva vida.. Adiós pasado, adiós Aarón. Me dí un largo baño de agua tibia-fresca, hace mucho que no lo hacia así. Me puse un vestido pegadito al cuerpo, color rosa, no muy escotado, de largo hasta las rodillas, tela de algodón, muy fresquito y cómodo para estos días de calor. Unas sandalias rosas también. Planché mi cabello, que es largo, un poco más de media espalda, me maquillé y vualá!!! El espejo reflejaba a otra mujer.

Bajé al comedor, era la hora del desayuno para entonces. Iba en el descanso de los escalones y grité: BUENOS DÍAS FAMILIA!! LA NUEVA ANA GABY HA LLEGADO.. Y CON MUCHA HAMBRE. Mis hermanos y mis padres se quedaron con la boca abierta, sin decir una palabra, no lo podían creer. Rápidamente se pararon y me abrazaron y besaron, mi papá me tomó de la mano y me dijo que estaba muy contento de tener a su princesita en el comedor nuevamente y me pidió sentarme junto a él y así lo hice.

Era un sábado, lo recuerdo muy bien. Terminé de desayunar, y me dirigí a casa de Iris, quería que viera a la mujer nueva en la que me había convertido. Ella al igual que mi familia se emocionó mucho y me abrazaba a cada momento. Le comenté que ahora tenia que buscar un nuevo trabajo, para reanudar mi vida laboral también. Iris me dijo que presisamente sabía de un trabajo en un despacho contable, que el Lunes fueramos a ver que onda, que ella me acompañaba antes de irse a trabajar.

Llegó el Lunes, y puntualmente pasó por mi temprano, llegamos al despacho a la hora de entrada. Ella me espero en la recepción mientras yo pasé a la entrevista, entre mi papeleria vieron mi curriculum, me dijeron que era excelente, que tenia un buen historial laboral y buena antigüedad en cada trabajo. Me dijo una de quienes me entrevistaron, que esperara un momento y salió. Regreso y me dijo que llamó a mis trabajos y le dieron excelentes referencias de mi, pero que en último trabajo, además de las excelentes referencias le dijeron que me despidieron por inasistencias. Ya le expliqué que fué porque me enferme de depresión, pero que ya estaba bien y eso no me afectaba más. Me dijeron lo que dicen en la mayoria de los trabajos “nosotros te llamamos” tomaremos en cuanta tu papelería. De ahí me fuí a casa, invite a desayunar a Iris, lo hicimos y ella se fué por que más tarde tenía que ir a su trabajo. Como a las 4pm llamaron por teléfono, contesté yo, preguntaron por mi, ya dije que era yo, me dijeron que había sido seleccionada para el empleo, que si podía presentarme a trabajar a partir de mañana a las 8am, les dijé que si, que puntualmente estaría ahi y colgué.

El primer día de trabajo estuvo excelente, todos fueron muy amables y pacientes conmigo. Me adapté muy rápido y sobre todo estaba muy agusto. Tenia una semana ya de haber iniciado a laborar. Me sentía agusto. Muy satisfecha.

Bueno, ya salí de mi depresión, ya estoy trabajando. Me estoy convirtiendo en otra mujer en todos los sentidos ¿qué más me faltará? Ahh ya sé, necesito adelgazar, voy a demostrarle a todos que si puedo hacerlo. Le planteé la idea a mi mamá, me dijo que no era necesario, que yo era una mujer hermosa tal como soy, pero le dije que queria hacer un cambio completo en mi, que ya adelgazando me cambiaaria mi look. Mi mami me dijo que si estaba convencida que ella me apoyaria, mi amiga Iris tan incondicional lo hizo también. Visité a una nutrióloga, me platicó muchisimas cosas, unas las sabia, otras no, me dió una dieta personalizada, con cosas que eran de mi agrado, pero me dijo que la combinara con ejercicio. Siempre he sido muy perezosa para eso, pero ni pex, tenía que continuar haciendo cosas buenas por mi vida. Me dijo que a unas cuadras de ahi estaba un gimnasio, por si me llegaba a interesar la idea, le dije que si, porque seguro en mi casa no haria ejercicio. Saliendo del consultorio me dirigi a ese gimnasio, pedí informes, los cuales la recepcionista me los dio amablemente. Me dijo que tenian aparatos y clases de zumba, que presisamente estaba una clase, que si gustaba podía mirarla para ver si me agradaba, acepté y me pasó.

Me senté a mirar la clase, la verdad que la maestra se mueve muy bien, las alumnas ni se diga, parecia más bien una coreografía. De repente miré a una mujer llenita, gordita asi como yo, woow que bien se movia, tenía mucha condición. A diferencia mía, ella tenia sus cositas muy bien acomodadas, su pants pegadito al cuerpo hacia notar sus lindas piernas y sus pompas muy paraditas, el busto paradito también, y el escote de su blusa no dejaba mucho a la imaginación. Con los pasos de la zumba pues ese par de tetas subía y bajaba, toingg toingg toingg. Mmmm que rico par, han de estar muy suavecitas, como para perderme ahi. pensé.. Que!!? Cómo puedo estar pensando eso?? A mi me gustan los hombres, no las mujeres.

Pero no podía dejar de mirarla, era una mujer alta, creo que la más alta de todas en esa clase. un pelo rojo (obvio por los tintes) y con su ropa pegadita y escotazo, se veía riquisima. Creo que no pude despistar bien que la miraba, ya que ella empezó a mirarme también. Estaba a mediación de salón, pero poco a poco se fué haciendo hacia enfrente, hasta quedar presisamente frente a mi, bailando, contoneandose, moviendose muy bien, movia las nalguitas, subia mucho las piernas, giraba, se agachaba, permitiendome ver a todo su explandor esas sabrosas nalgas, la tanga se le transparentaba desde su pants blanco y el sudor la hacia notar más. Estaba embobada con ella. Pero de repente me venía a la mente que yo era heterosexual y agachaba la mirada, luego pensaba en lo bien que estaba esa mujer y la miraba nuevamente, total, de mirarla no iba a pasar. Había unos pasos que tenían que agacharse y tocar el piso sin doblar las rodillas, asuuuu que rico se asomó ese par de tetas, el pronunciado escote de esa mujer, y la posición dejaban esa maravilla a mi completa vista, a un escaso metro de distancia.. Ayy Dios, que ideas tan locas me pasaban por la cabeza.

Me salí del salón de zumba, al cerrar la puerta, miré nuevamente hacia adentro, esa mujer me miraba también, me fuí de ahi directamente a la recepción, le dije a la chava que si me quedaria, pagué la inscripción y el mes, pero tenía que iniciar al día siguiente ya que esa clase era la última antes de cerrar. Me dijo que podía ir en cualquier horario, que la clase de zumba es cada 2 horas, que de todas formas ahi habia 2 instructores que me apoyarian.

Al día siguiente inicié la dieta, gracias a mi mami que me preparó lo que la nutriologa indicó, desayuné lo indicado, ahora como tenía que comer cosas distintas, le pedí a mi mamá que me pusiera lonche y así lo hizo. Antes de irme a trabajar, preparé ropa para el gimnasio, lo guardé en mi mochila y me fuí.

El día se me hizo algo largo, ya quería ir al gym para mirar a esa mujer nuevamente, si esque la veia, ya que yo llegaría más temprano que cuando me fuí a inscribir. Terminó mi día laboral y me dirigí al gym, llegué con la recepcionista, ella me presentó con los instructores y la maestra de zumba, me dijeron que podía entrar primero a la clase y si quería podia seguir después con los aparatos, a lo cual acepté, asi que entré al vestidor de mujeres a cambiarme porque la clase empezaría en 10 minutos más. Me cambié y me fuí al salón, miré para todos lados, pero no vi a esa mujer. Terminó la clase, me dirigí a los aparatos, el instructor me fué indicando que hacer y como hacerlo. Terminó la rutina, me dijo el instructor que si queria podía entrar al baño de vapor (o sauna) estar unos minutos ahí, asi lo hice. La verdad que rico me cayó, jamás había entrado a uno de esos. Terminando me dí un baño en las regaderas de ahi mismo, me cambié, me peiné, guardé mis cosas en la mochila y me digné a irme. Casi al llegar a la puerta de salida, me tope a esa mujer, pero ahora con un conjunto de pants negro, escotado y pegadito como ayer, que guapisima y antojable se veía. Ella me miró, también la miré, nos cruzamos, ella para entrar, yo para salir, nos seguimos con la mirada, pero ninguna dirigió la palabra. Así pasó una semana, sólo nos topabamos casi a mi salida y a la llegada de ella, cruzabamos miradas, y ya algunas sonrisas, hasta algunos roces de brazos, pero no nos dirigiamos aún la palabra.

Como dije, así pasó una semana, hasta que tuve la cita con la nutriologa, así que ese día llegaría más tarde que los demás días. La nutriologa me midió y pesó, me dijo que me felicitaba, que había bajado 4 kilos en esta primer semana 😀 que emoción me dió, me dijo que vamos muy bien, que siguiera asi. Terminó la consulta y me dirigí al gym. Ya era algo tarde, me fui rápido para alcanzar la siguiente clase de zumba. Llegué directo al vestidos y que voy viendo a esa mujer nuevamente, sólo en ropa interior, se estaba cambiando también, pero en el área de locker, sin ninguna pena. Ella vió que llegué, sólo sonrió, se volteó y continuó alistandose. No podia dejar de mirarla, pero había gente ahi dentro, tenía que tratar de disimular. Ella se agacho para ponerse el shorcito microscopico practicamente, pero se empino de una manera que sus nalguitas wwooow mmm que ricas se veian, se puso el short y de ahi se quitó el brasierre, asuu que descarada, sin pena alguna, pero eso me gustó, por fin pude conocer ese par que veía el día de la inscripción, rapidamente se puso un top, de ahi otra blusita, se sujetó el pelo con una pinza, cerró su locker y ya iba de salida, pero antes de salir, se paró junto a mi, me miró y se salió.

Me terminé de cambiar, guardé mis cosas y me dirigí al salón, ella ya estaba ahi, sentada aún, me fuí a acomodar casi hasta atrás, sólo la miraba, despistadamente según yo. Cuando la maestra indicó que empezariamos la clase, que todas se fueran acomodando, esta mujer se acomodó adelante de mi.. Me puse nerviosa, pero siendo sincera me gustaba la idea de tererla ahi, tan cerquita. Hicimos la rutina del zumba, yo aún torpemente ya que a pesar de la semana aún no me aprendia bien los pasos a seguir. Que rico se movia esa mujer, su movimiento de cadera mmm, era la primera vez que sentía algo asi provocado por una mujer. Había pasos en que teniamos que agacharnos, ella movia ese culito, yo la veia y me provocaba algo, algo que no habia sentido nunca, pero me gustaba.

Terminó la clase, algunas compañeras se fueron directamente a bañar, otras se fueron al sauna, y algunas otras pocas, entre ellas, esa mujer y yo, nos fuimos a los aparatos. Poco a poco el gym se estaba quedando solo, se acercaba la hora para que cerraran. Esa mujer y yo en los aparatos, cada quien en su rollo, pero cruzando las miradas, ella hacia el uso de los aparatos muy sensualmente, o seguramente era mi idea, paraba más las bubis, o levantaba la pompa, según lo que fuera. Terminé la rutina de los aparatos, me dirigí al baño-vestidor-sauna, para ahora para casi finalizar mi día meterme al vapor. Entrando yo, iba de salida la última compañera que quedaba..

Hasta mañana Ana Gaby. Me dijo.
Hasta mañana Julia. Le respondí.

Me quité la ropa, me envolví en la toalla y me metí al sauna. Estaba solita. No sabía si esa mujer entraría o no. Luego escuché unos pasos, seguramente era ella, ví como poco a poco se abrió la puerta del sauna y esa mujer fué entrando.Me vió y se quedó parada junto a la puerta, esperando a que por si sóla se cerrara. Ella me miró nuevamente, yo la miré, pero luego me sentí como intimidada y agaché un poco la mirada. Se acercó, me miró y se sentó junto a mi. Estuvimos unos minutos así, sentadas una junto a la otra, Yo leyendo una revista, esa mujer escuchando música con sus audifonos.

Pero de repente se paró, se puso frente de mí, volteé a mirarla, ella me miraba también, sonrió picaramente, tomó la toalla de arriba de sus tetas, la desanudó y la toalla cayó al piso, dejando su cuerpo enteramente desnudo frente a mi, yo me quedé boquiabierta, la miré de pies a cabeza, estaba impactada con ese bello cuerpo gordito. Quizé decir algo, pero apenas, nerviosamente, salió la letra E de mi boca (le iba a decir “eres hermosa”), ella con su dedo indice tapó mi boca para que yo no dijera nada; se agachó, se acercó poco a poco a mi cara, a mi boca, y me besó en los labios. Yo le respondí ese beso, nerviosa y torpemente ya que jamás había besado a una mujer. su boca era chiquita, sus labios delgados, suaves, era un beso muy rico, y muy diferente a lo que había probado antes.

Luego esa mujer tomó mis manos y las diriguió a sus sabrosas tetas, me daba pena primero y las quité, ella volvió a tomarlas y se acarició con ellas, como ilustrandome de como hacerlo. Empecé a sobarlas, despacito, sintiendo sus pezoncitos medianos y rosaditos en mis palmas,

Después me empezó a besar el cuello, sentí muchas cosquillitas, pero me gustaba, luego sus manos desanudaron mi toalla, quedaron mis tetas libres también. Esa mujer se hincó frente a mi, mientras yo seguía sentada, empezó a sobar mis tetas, las masajeaba, giraba rico los pezones, los estiraba, era algo rico, me gustaba mucho. Después empezó a lamer la teta izquierda, jugaba con la punta de su lengua y mi pezón mintras apretaba la otra, mmmm que rico es eso, cómo nunca antes lo había probado??

Ella jugaba con mis tetas, una y otra, otra y una. Luego dejó de chuparlas, me miró, se puso en pie nuevamente y acercó sus ricas tetas a mi cara. Yo las tomé con mis manos y empecé a hacerle lo mismo que ella hizo conmmigo, pasaba la punta por sus pezones, alternaba entre ellos, chupaba como bebé mmmmm, a pesar de nuestros cuerpos sudados por el ejercicio, el sabor de su piel era muy rico. Masajeaba y chupaba, ella gemía despacito.

Se alejó un poco de mi, hasta sacar ese par de mi boca. Luego se volvió a hincar, besó mi pecho, luego jugó un poquito con mis tetas, bajó por mi pancita (lo cual me dió mucha pena ya que mis llantitas no son nada atractivas) llegó hasta una de mis piernas, la acariciaba con sus dedos, subía y bajaba, era un masajito rico, luego empezó a pasarles la lengua, una pierna, otra pierna, regresaba a la primera, luego a la segunda mmmmm que rico. Luego abrió mis piernas, mi puchita estaba con 2 días de haberse depilado, y esa mujer, empezó a recorrer mi cuevita con su dedo medio, tocó un poco el clítoris, recorría mis labiecitos, de arriba abajo, luego intrudució si acaso la puntita del dedo por mi entrada vaginal, luego, me miró, puso el dedo con el que habia recorrido mi intimidad, a la altura de mi boca, ella se acercó poco a poco, y llegó un momento en que el dedo quedó entre nuestros labios, ella empezó a lamerlo y yo hice lo mismo; era algo rico sentir topar su lengua con la mia a pesar de ese dedito estorboso pero mojado de mi jejejeje, era rico lamer mis juguitos desde otro dedo, asi estuvimos un momento, hasta que mi juguito se secó, ella quitó el dedo y nos empezamos a besar muy rico, un beso de esos que dicen de “buzo”, me encantaba su boca chiquita, su lengua cálida juguetear con la mía mmmmm.

Luego dejó de besarme, se bajó nuevamente, me abrió las piernas y empezó a hacerme un sexo oral muy rico, succionaba mis labios vaginales, era una sensación deliciosa, pasaba la lengua suave y lentamente de mi entrada vaginal a mi clítoris, asuu que rico mmm, empezó a subir el ritmo de esa mamadita rica, yo gemía de placer, hace mucho que mi cuerpo no lo recibía, luego esta mujer me metió los dedos, no sé si serian 2 o 3, pero sentí apretado, me molestó un poco, pero casi enseguida la molestia se me olvidó por completo, me metió los dedos hasta yo sentir sus nudillos en mi piel, era algo rico, lo hacia despacito, suave, sentia como resbalaban de lo húmeda que yo estaba, a la vez que me introducia rico esos dedos, empezó a chupar mi clítoris, lo succionaba, le pasaba la lengua, lo apretaba con sus labios ahhh que rico, esa mezcla era sensacional mmmmm si si si, lo recuerdo como si fuera ahoritita mismo; yo no podía más, empezaba a “arquearme” de placer, esa mujer no paraba, seguía con el vaivén de sus dedos dentro de mí, con su lengua mamandome rico el clítoris, sentía que iba a explotar; mmmm ahh mmm mm ahhh uuhh eran los únicos sonidos que salían de mi boca, al escuchar esto, esa mujer empezó a acelerar el ritmo, empezó a mete y saca sus dedos, mete duro y dale saca mete saca ahhh si si que sabroso me estimulaba, la neta eh, también chupaba mas rápido, ya no pude más por el placer, sólo levanté un poco mis nalguitas y me vine bien cabrón, junto con un suspiro de alivio y exitación, le salpiqué bien rico la cara a esa mujer, y ella empezó a limpiarme pero ya suavecito, con su sabrosa lengua, yo no aguantaba mucho los roses ya que mi partecita rica estaba ultrasensible, terminó de limpiarme, se paró, me paré frente a ella, nos miramos fijamente, sólo se sonrió, se dió la media vuelta, ella ya se iba, pero yo no la dejé, la tomé del brazo, la jale hacia mi, la abracé, que rico era la sensación de sus tetas sudadas y suaves, con las mías, que rico es el contacto de 2 cuerpos femeninos totalmente desnudos y excitados, al tenerla asi conmigo, sólo la besé, nos besamos muy apasionadamente, hasta volver a avivar la llama de placer en nuestros cuerpos.

En esta ocación la giré y la senté en la banca del sauna, el vapor estaba fuerte, apenas y nos veiamos, la recosté en la banca, abrí sus piernas y wooow que cosita tan rica tenía ante mis ojos, era carnosita, su piel oscura, sin vellito alguno, era la primera vez que veía una panochita, y obvio, la primera vez que me iba a comer una, estaba nerviosa, pero mi excitación podía más, me acerqué poco a poco, y pasé la lengua nerviosamente desde su clítoris hasta la entrada de su conchita, y de la entrada regresé al clítoris, creo que a esa mujer le gustaba, porque gemía suavecito, empecé a tratar de comerle como ella lo hizo conmigo, novatamente, pero lo intentaba, sentía como se empezaba a humeder más ahi.
El cuerpo de una mujer es rico!!! ¿Porqué no lo habré probado antes?, pero bueno, ya lo estaba probando y me encantaba, concentré mi lengua en la entrada de esa pucha rica, como tratandola de penetrar con ella, y con mi dedo medio, empecé a dedearla, suavecito, mi dedo deslizaba muy rico debido a sus juguitos, empecé a mover mi dedo arriba a abajo, como frotando, esa mujer gemia, y se arqueba un poco, le gustaba lo que le hacía, luego empecé a hacer movimientos circulares, como el sentido de las manecillas del reloj, ella lo gozaba. Siendo sincera, me cansé con la lengua jejejeje, así que me dispuse a meterle 2 dedos, mientras que con la otra mano no dejaba de dedearla, empecé a estimularle más y más, sentir esa cueva húmeda me prendió más, asi que le dí más duro, más rico, esa mujer estaba disfrutando al máximo, mis 2 dedos entraban y salian mientras el otro no dejaba de tocarle rico el clítoris. Luego empecé entre mis movimientos, como hacer presión, no sé si me explico, pero sin dejar de dedear por dentro y por fuera, quize como “tocar el punto g y el clítoris a la vez, pero por dentro, algo enredoso de explicar, pero ella empezó a gemir y gemir, a moverse, sólo escuchaba el mmm ahh mmm sii, se movia mucho, pero luego empezó el ahh ahh ahhh AHH AHH más fuerte, y yo empecé a hacerselo fuerte también, así estuve hasta que sentí como que su cosita apretó mis dedos y luego muchisimo flujo… Ya había terminado, terminó muy rico, abundante y calientito. Al igual que ella lo hizo conmigo, yo empezé a beber sus jugos, a dejarla limpiecita, no había que desperdiciar ni una gota de ese tremendo manjar.

Esa mujer se levantó, tomó su toalla del piso, me envolvió con ella y la sujetó alrededor de mi pecho, yo hice lo mismo con mi toalla, se la enredé en el cuerpo y la sujeté para que no se le cayera. Se me acercó más, me miraba, me sonreía, yo le respondía de igual manera, por último me acarició el pelo 3 veces, me tomó la cara con ambas manos, se me acercó y me dió un último beso apasionado, de ahí, se dió la media vuelta y se fué. Yo me quedé ahí un momento más, pensando en lo que había pasado, estaba como en shock, pero la verdad, me había gustado muchisimo.

Al día siguiente, yo llegué en mi horario habitual, saliendo del trabajo, hice mis ejercicios, entré al sauna, de rato me fuí, pero volví a toparme a esa mujer en la entrada, sólo cruzamos mirada y sonrisa y cada quien siguió su camino. Asi siguieron los demás días.

Que rico fué eso, y ya quiero que pase de nuevo, espero ansiosa mañana mi cita con la nutríologa para llegar más tarde, para a ver si nos quedamos sólas como la semana pasada, en el sauna, y después de una sesión de sexo rico, envolverla ya en su propia toalla.

Esa mujer me enseñó algo nuevo, sensaciones nuevas, placeres nuevos, me enseñó que el cuerpo de una mujer gordita es hermoso, muy rico, sabroso. Esa mujer guapisima, esa mujer con la cual no eh cruzado palabra alguna, más que los gemidos de ese día en el sauna, esa mujer que, aún no sé ni su nombre, esa mujer que bauticé asi, “ESA MUJER”.

Así fue como la claridad del día llegó a mi vida

Había sido un verano largo y aburrido. Hacía mucho tiempo que mis contactos con la gente de mi edad habían sido reducidos a simples formalidades. Las vacaciones llegaban a su fin, pero a diferencia de la mayoría de la gente de mi edad, eso era motivo de alegría. Ese año empezaba el bachiller y comenzaba a vislumbrar mi futuro. Mi vida estaba tan vacía que eso era lo único que me emocionaba.

Al llegar a clase, vi muchas caras nuevas, pero solo una persona me llamó la atención. Se llamaba Clara.

Por ese momento yo ni siquiera sabía que me atraian las mujeres, pero Clara tenía una especie de luz a su alrededor que me hacía confiar en ella. Pero no fui yo la que me acerqué a ella. Fue ella la que vino a mi, porque me veía muy sola.

Poco a poco, comenzamos a intimar. Yo le conté que desde la muerte de mi padre se había encerrado en mi misma y no tenía amigos, ella me contó que sus padres eran muy conservadores y que tenía que hacerlo a escondidas con su ex-novio.

Un día, sin querer, toqué uno de sus pechos y, tras descubrir que me había gustado, comencé a obsesionarme
con el ella. Me masturbaba pensando en ella, aunque siempre me reprimía y me decía a mi misma que eso no
estaba bien. Yo me ponía muy nerviosa cuando ella estaba delante y aprovechaba la mínima oportunidad para
estar cerca de ella y oler el dulce aroma de su cabello.

Una noche, nos quedamos a dormir en mi casa. Yo estaba muy triste, porque pensaba que jamás podría tener la más mínima oportunidad con ella. Ella se dio cuenta de mi estado de ánimo y me abrazó amistosamente.

De pronto, me sentí mucho mejor. El contacto de sus enormes pechos contra los míos, aunque llevaramos ropa, fue tan excitante que me mojé de una manera brutal. No pude soportarlo más y le dije que me gustaba mucho. Ella me miró largamente y sin mediar palabra, me besó en la boca.

Luego, empecé a besarla por todo el cuerpo. Comencé por el cuello, tras lo que le quité la camisa del pijama y le besé la parte de los pechos que no cubría su sujetador. Luego le quité su sostén de la talla 100 y empecé a mordisquearle los pezones, mientras ella se relamía de placer y emitía unos pequeños chillidos orgásmicos.

Poco a poco, empezamos a desnudarnos. Al principio, ella tocaba mi vagina tímidamente, pero luego me metío los dedos apasionadamente y más tarde aún, comenzó a besarme en los labios vaginales. Nos pusimos en forma de 69, pero nuestra pasión nos impidió acabar la postura y pasamos a la tijera. Al principio ambas teníamos poco práctica, pero tras un rato, se convirtió en un increible placer.

Al final, exausta, Clara se durmió abrazada a mi, pero yo no podía dormir. No quería perderme ni un instante en el que pudiera contemplar su inmensa belleza.

HERMOSO FIN DE SEMANA

ESTO ES REAL, PASO ASI, ASI COMO LES COMENTO

Habíamos planeado pasar un fin de semana en la playa para compartir un rato y contarnos tantas cosas vividas seis años solo de vivencias por internet sin saber como éramos de carne y hueso así que rentamos una cabaña en sucre a orilla de la playa una ves que llegamos allá ordenamos todo nuestro equipaje dentro de la habitaciones y nos cambiamos para estar mas cómodas.

El viaje había sido agotador así que nos sentamos en unas tumbonas y tomamos una botella de vino y dos copas mientras veíamos el sol bajar lentamente y esconderse en la inmensidad del mar, el cielo poco a poco comenzó a tornarse varipinto era un atardecer hermoso que invadía todo mi ser y a la ves iba entristeciendo mi ser haciendo correr unas lagrimas por mis mejillas tu me observabas silenciosamente comencé a decirte que me sentía un pájaro en una jaula que mis lagrimas eran por haber perdido tanto tiempo de las cosas hermosas de la vida como un simple atardecer, q la vida se me esta llendo de las manos sin haber hecho las cosas mas simple y no lograr alcanzar tantos sueños por siempre darle prioridad a las necesidades de los seres que quiero poniéndolos siempre de primer labor y prioridad a mi vida y mis necesidades y que el mundo entero se ha aprovechado comportándose de forma egoísta xq jamás se ha detenido en pensar en mi y que es lo que siento mis palabras cada ves se escuchaban entrecortada porque el llanto las ahogaba permitiendo a mala penas dejarlas salir hasta que solté el llanto como una niña con muchos temores necesidades de cariño afecto de ser querida valorada por lo que es mi llanto era un lamento lleno de profunda tristeza una soledad abrumadora y una inmensa necesidad de afecto.

Te acercaste sin decirme nada tomaste mi cara entre tus manos y con tus pulgares secaste mis lagrimas diciéndome no llores mas, aquí estoy yo para entenderte aunque a veces he sido egoísta pensando en satisfacerme a mi misma pasando por alto tus necesidades tus principio queriendo cambiarte y tienes razón no es así, mis lagrimas seguían corriendo por mis mejillas era un llanto silencioso de un corazón hecho mil pedazo y con muchísimas cicatrices aun sin sanar un corazón lleno de mucho sufrimiento, extendí mis brazo en tu cuello y llore en tu pecho como una niña me dijiste cálmate ya no llores mas vale y disfruta este momento disfrútalo como nunca lo haz hecho.

Me calme necesitaba llorar sacar ese dolor me aparte de ti y antes de hacerlo te di un beso en la mejilla y te dije gracias por estar me voltee y me dirigí a donde estaba el vino serví las dos copas y te lleve la tuya brindamos por nuestra amistad tome la botella y te dije vamos a sentarnos a orilla de la playa así nos fuimos el agua mojaba nuestros pies mientras entre un trago y otro nos contábamos todas nuestras vivencias.

El cielo estaba totalmente rojizo y lo poco que quedaba del sol parecía oro fundiéndose en el agua te me acercaste y me pusiste la mano sobre el hombro y comenzaste acariciarme al principio no me molesto xq me estaba relajando liberando tensión lo vi como un masaje, luego poco a poco comenzaste a bajarla por toda la espalda y te dije no sigas; sabes como pienso, pero no me hiciste el mínimo caso mas bien hiciste todo lo contrario te colocaste detrás de mi y ahora eran las dos manos me envolvían todo mi espalda y tu respiración la tenia en mi cuello. hice a levantarme pero lo impediste diciéndome disfruta el momento déjate llevar, sin mediar palabra besaste muy despacio mi cuello eran pequeños besos que me hacían temblar, estremecían mi ser erizaban mi piel, tus suaves manos apretaban delicadamente mis senos por encima del traje de baño no se xq pero no puse resistencia tal vez misma necesidad de ser querida me hizo reaccionar o sus palabras que me dejara llevar por el momento y así fue cerré mis ojos y me dispuse a disfrutar sentí como mis pezones traicioneros disfrutaban y respondían a esas manos como si las conocieran, ya estabas frente a mi y comenzaste a rozar mejillas con mejillas y a besar mi cara mi mente se desconecto no respondía, mi cuerpo a lo que ella decía tus labios rozaron los míos lentamente fuiste bajando mi cuerpo a la arena hasta estar completamente extendida sobre ella y tu encima de mi besando cada centímetro de mi cuerpo como para no olvidar mi silueta de tu mente.

Al momento de querer besar con pasión mi boca si puse mis manos, mas luego fui cediendo hasta que nuestras bocas se unieron hasta ser una sola, nuestras lenguas jugaban en un ir y venir entregándonos a una pasión desbordante.

El deseo, la lujuria y la pasión se apodero de nuestros cuerpos y nuestras manos comenzaron a explorar cada centímetro de nuestros cuerpos, entre caricias tiernas al punto de ser poseídas una por la otra.

Tus mano bajo a mi clítoris y comenzaste a hacer pequeños círculos sobre el y mis caderas respondían a ese son acelerando en mi la respiración y a emitir pequeños gemidos mis manos estaban en mis senos proporcionándole masajes y excitándome mas hasta que te dije por favor hazme tuya, anda no me tortures mas poséeme hazlo, así que abriste mis piernas bajaste a ella y con tu lengua comenzaste a lamer de afuera hacia dentro produciendo gran excitación en mi. metiste tu lengua en ella que estaba llena de mis fluidos, entraba y salía cada embestida me excitaba mas si asíiiiiiiiii dios no pares sigue me vuelves loca anda no pares hazme tuya dios así.

con una mano mía mientras tu metías y sacabas tu lengua excitaba mi clítoris con movimiento circulares suaves y envolvente si así dios mmmmmmm así no pares sigue anda sentía que mis piernas no respondía estaban como paralizada me vengo dios si siiiiiiii anda no te detengas todos mis músculos del abdomen estaban contraídos mi cuerpo temblaba completo no respondía sentí como un gran rio de mis fluidos bajaba regalándome una gran tranquilidad y paz tomaste todos mis fluidos sin desperdiciar nada y los compartiste conmigo en un gran beso te acostaste a mi lado luego nos terminamos de tomar el vino vimos el sol ocultarse completamente y llegar la noche hasta que nos levantamos y nos fuimos muy lentamente camino a la casa.

Preparamos de cenar comimos algo y luego tomamos una ducha y nos acostamos a dormir estábamos muy cansadas y nos quedamos profundamente dormidas.

Como mi costumbre me levante con los primeros rayos del sol me cepille hice café y lo tome en la terraza luego me fume un cigarro mientras veía las olas de la playa desaparecer en la orilla mientras la brisa marina acariciaba mi cara. luego entre nuevamente y me dirigí a la habitación estabas profundamente dormida tu cabello estaba todo alborotado sobre la almohada parecías un bebe mientras dormías, así q me coloque a tu lado, tu cabello olía bien, comencé a tocarlo pero tu inmóvil así q comencé a tocar tu cuello estabas acostada de lado en posición fetal, con mis dedos recorrí tu cuerpo y te empezaste a mover bese tus parpados muy suavemente no se si fingías estar dormida y seguí besándote no respondías a ellos pero se que te estaba gustando xq tu piel lo decía baje mi mano a tus entrepierna y como costumbre tuya dormir sin ropa interior me di cuenta que estabas lubricada. así que introduje mi dedo en tu cuca y comencé a dar masajes en tu clítoris. cambiaste de posición abriste tus pierna para permitir que mi mano se moviera con mas soltura y comenzaste a gemir muy sutilmente dándome cuenta que estabas despierta. así que introduje mi dedo en la vagina me dijiste si anda hazlo no te detengas. si me gusta anda así que lo metía y sacaba muy despacio y me dijiste mas rápido anda si por dios mas si dios méteme otro mas rápido así que sis darte tiempo lo hice y los movimiento de entrada y salida eran mas rápido tu cuerpo se contorsionaba del placer me pedias a gritos mas y mas presión que te hiciera daño y tus deseos eran ordenes para mi, así que introduje un tercero sin decir nada y sentía como hacías presión con tus manos en las sabanas te gustaba lo estabas disfrutando si ahhhhh si así dame duro hazme tuya por dios no te detengas tus fluidos los sentía entre mis dedos, así que baje a ella y con mi lengua en tu clítoris comencé a jugar con e,l mientras mis dedos entraban y salinas de ella chupe tu clítoris hasta dejarlo rojos casi sangrante pero nada de eso te molestaba te causaba mas y mas placer pedias agrito que te diera mas placer parecías una loca desesperada si ufffff ahhhhhhh si anda mas rápido me vengo ya no tenia casi fuerza te dije y me dijiste ni se te ocurra parar estoy por venirme anda hazlo mas rápido mas profundo hunde tus dedos dentro de mi y tu lengua que no deje de lamer mi clítoris si ahhhh así dios que riiiiicooooo si ahhhh ahhhh uffff siiiiiiii anda dios sentí en mi boca como tus fluidos llegaron como un volcán se esparcieron en toda mi cara mi lengua la pase por toda ella recorriéndola por entero luego subí hasta tu cara y aun seguías con los ojos cerrados tratando de recupera tus fuerzas te bese y te dije buenos días dormilona me dijiste gracias por despertarme de esta manera nos bañamos y salimos a preparar desayuno como unas desesperadas comimos teníamos muchísima hambre luego nos preparamos y salimos a dar una vuelta a orilla de la playa y hablar de todo un poco

Regresamos de nuestro paseo y nos dispusimos a preparar algo de comer algo rápido xq el paseo nos había dado mucha hambre.
Mientras preparábamos la cena nos sentamos a ver algo de televisión abrimos una botella de vino y comenzamos a tomar lo que menos hicimos fue ver o prestar atención a lo que estaban transmitiendo xq nos dedicamos fue a conversar de todo un poco y así acabamos una botella mientras la cena estaba lista y nos dirigimos a la cocina a comer abrimos otra botella y servimos las copas para acompañar nuestra cena.

Comimos y comenzamos a recoger todo para dejar impecable la cocina ya que la mañana siguiente temprano teníamos que regresar a nuestras casas. una ves lista la cocina nos fuimos a sentar en el sofá llevando nuestras copas y la botella.

había algo de tristeza en el ambiente xq ese fin estaba por llegar a termino y cada quien tomaría d nuevo sus rutinas diarias, me acosté en el sofá con mi cabeza apoyada en tus piernas cosa que tu no dejaste pasar por alto comenzaste a acariciar mi rostro con tus dedos luego metiste los dedos en la copa de vino y mojaste mis labios yo chupe tu dedo sin dejar perder una gota de esa bebida embriagadora.

Luego bajaste a mis senos y los bañaste de este y comentase a lamerlos y morderlo muy despacio y eso me comenzaba a excitar, los masajeabas con extrema dulzura y luego hiciste algo que me enloqueció los comenzaste a chupar poniendo mis pezones tan erecto de producir dolor pero mas era el placer que te dije sigue anda hazlo.

Mientras yo baje mi mano a mi entrepierna y por encima de mi traje de baño comencé a estimular mi clítoris, eso me causaba estremecimiento en todo mi cuerpo, mi vulva estaba totalmente húmeda deseando ser poseída, así que te dije hazme tuya, penétrame con tu lengua, sin mas ni mas bajaste a ella quitaste sutilmente mi traje de baño y luego te acostaste en el sofá con tu cara en mis entre piernas colocaste una de mis piernas en el espaldar del sofá para tener mas facilidad para darme placer comenzaste a lamer de arriba abajo mi clítoris y hacías movimientos circulares con ellas te decía siiiiiiiii así anda sigue no pares ahhhhhhhh dios que ricooooooooo dios comenzaste a mamarlo ufffffffff dios así mmmmmmm no te detengas sigues y sin decirme nada metiste tus dedos en mi cuca du un solo golpe y eso produjo un corrientazo en mi que me sentía en el cielo mmmmmmm siiiiii asii ahhhhhh dios no pares y tus movimiento de entrada y salida de mi acompañado del ritmo cadencioso de mis caderas pedían mas así que empujaba tu cabeza contra mi haciendo presión en mi cuca aumentando mi deseos mi excitación me preguntabas te gusta y entre diente te decía me encanta siga así ahhhhh si por dios no pares ahhhhh dios anda mas rápido me vengo si asiiiiii mmmmm no pares sentías unos grandes espasmos sentía mi cuerpo casi paralizado si ahhh ufffff mi cuerpo quedo estáticos mis fluidos calientes los sentía bajar por mi y tu lengua recorrer mi cuca me quede por un rato sin hacer ningún movimiento subiste lentamente besando mi cuerpo y terminaste en mi boca con un gran beso lleno de mucha pasión. y lujuria.

Tomamos un sorbo de vino y te sentaste a mi lado me levante y me senté encima de ti y comencé a besarte el cuello tu rostro tu boca y tu respondía a cada uno de mis caricias mis manos recorrían tu hermosa silueta, lentamente fui bajando de ti y me dispuse en el piso frente a tu cuca, te colocaste de manera que ella quedara frente a mi, coloque mis brazos por tus piernas mientras que con mi lengua recorría toda tu cuca y comencé a introducirla muy despacio dentro de ella luego sentí como con tus manos ejercías presión para tenerla toda dentro de ti uffff me tienes loca anda sigue no pares anda dios siiiiiiii ahhhhhh mmmmmmssssss si siiiiiii anda baje una de mis manos de tus muslo y te metí dos dedos en tu cuca, mientras que con mi boca chupaba tu clítoris eso te tenia caliente y pidiendo mas, me lo decía tu expresión, tus ojos brillosos y tus gemidos que eran mas y mas alto siiiiiiiiiiii ahhhhhhhh no pare anda hazlo sigue mas rápido no te detengas,,,,,,,,,, dios me vuelves loca sigue siiiiiiiiiii mmmmmmm dios,

así que mientras hacia presión con mi boca en tu clítoris mis dedos entraban y salían produciendo una embestida bestial sentía que te volvías locas la contracción de tus entre piernas me indicaban que estabas por llegar al clímax y acelere mas los movimientos y llegarte a un orgasmo como nunca, fue una explosión barbará xq tus fluidos salieron acompañados de tu orina bañando toda mi cara y tu gemido fue tan grande que termino con unahhhhhhhhhh que lentamente fue apagándose quedando extenuada son fuerza en el sofá te quedaste inmóvil me levante te bese dulcemente.

me dirigí a la mesa serví dos copas y me prendí un cigarrillo te lleve tu copa y brindamos por tan maravilloso momento seguimos largo rato sentadas la una al lado de la otra degustando el vino y viéndonos con gran picardía y sonriendo. así estuvimos por un rato hasta terminar el vino nos fuimos a la ducha nos bañamos y nos acostamos la una al lado de la otra nos quedamos dormidas abrazadas hasta la mañana siguiente.

Como de costumbre me levante temprano y me asome a la puerta sentía tristeza y alegría por haber compartido con mi amiga y tristeza xq volvía a mi realidad le lleve el café a la cama la levante con un beso comenzamos a preparar el equipaje lo colocamos en la maleta del carro nos despedimos con un gran beso un abrazo que parecía interminable y cerramos la puerta de la cabaña nuestra cómplice de nuestro fin de semana nos alejamos muy despacio dejando atrás esa casita ese hermoso paisaje y nuestra historia vivida en nuestros rostros corrían dos lagrimas pero nos vimos a la cara y nuestros labios dibujaban una gran sonrisa y al unisonó dijimos gracias por todo .así emprendimos nuestro regreso a nuestro mundo a nuestra realidad

FIN

la mejor siesta del mundo

Tengo 20 años, soy rubia con ojos verdes, alta. Con una talla 90, 60, 90.Y esta es mi historia lesbica:

Era un domingo por la tarde, verano muy caluroso. Compartia el piso con una compañera de la universidad muy guapa y con un cuerpo alucinante.Estabamos acostumbradas a estar desnudar por la casa, pues eramos amigas y no teniamos que esconder nuestro cuerpo.
Yo le dije que me iba a dormir una siesta que estaba cansada. Ella no dijo nada, me miro y sonrio.

Estaba en mi cama, completamente desnuda a causa del calor cuando de repente, escuche abrirse la puerta. Era mi compañera de piso, y yo para ver lo que hacia me hice la dormida, y abri las piernas. Hubo silencio por un momento, y la escuche gemir. No se porque pero me puso super cachonda.Note que se sentaba en mi cama, pero no sabia hacia donde se dirigia.
Senti su respiracion en mi vagina, y tambien senti como me iva corriendo poco a poco. Me beso la vagina y me miro. No pude mas y abri los ojos, ella me sonrio y me dijo:
-No puedes creer cuanto tiempo llevo esperando este momento, verte aqui desnuda y toda corridita, y tan cerca de tu coño para poder chuparlo. No sabes cuantas veces me he masturbado viendote por la casa desnuda con tus perfectas tetas. Ven aqui, que te voy a enseñar como se hace un buen sexo oral.
No sabia que decir, me empeze a poner cachonda con todo lo que me decia, y ella me abrio las piernas y empezo a chupar gustosamente. Yo gemia cada vez mas fuerte y gritaba:
-!Si preciosa, chupamelo todo! Uff sigue asi que despues me toca a mi. ¡¡Venga sigue!!

Ella gemia y me empezo a acariciar con sus manos mi sexo y me empezo a meter un dedo lentamente hasta que fue aumentando mientras me corria entera.
Despues me dijo que hiciesemos un 69, y me levante y la acoste a ella,puse mi coño en su boca mientras yo le lamia el suyo que sabia tan rico. Despues de estar minutos comiendonos nuestros coñitos mojados. Me sente encima suya y me empeze a mover sensualemente, ella me cogio mis tetas y empezo a tocarme los pezones.Las dos gemiamos y gritabamos. Ella me levanto y me llevo a la cocina, me puso a cuatro patas en la encimera y me empezo a chupar todo. Como disfrute…Despues yo se lo hize a ella, y acabamos haciendo una tijera que duro 10 minutos, despues de eso dormimos una siesta las dos juntas, super calientes.

A partir de ese dia, siempre dormimos siesta, desnudas y repitiendo la historia de ese dia.