Mi secuestro III

Y, claro, luego me tuvo que tocar a mí. Ya conté en los relatos anteriores sobre el día que Marcela me había “secuestrado” y había hecho conmigo todo lo que quiso. Ahora había llegado el momento de mi venganza. Para no perder el efecto sorpresa, yo decidiría sin decirle cuando sería ella la víctima.

Por eso, dejé pasar más de dos semanas. Tuvimos sexo con la misma pasión de siempre, pero sin ningún tipo de dominación. Cada noche, ella esperaba el momento en que yo sacaría las cuerdas para atarla, pero yo le decía que eso pasaría en el momento más inesperado. Y así fue.

Un viernes habíamos salido a comer afuera con varias compañeras de la facultad.. Ninguna de ellas sospechaba de nuestra relación. Por eso, Marcela me miraba con una pequeña sonrisa mientras yo me quitaba el zapato y pasaba mi pie a lo largo de sus piernas y lo subía por debajo de su vestido casi hasta su entrepierna.

Estuvimos en un restaurant hasta cerca de la medianoche, cuando nos despedimos de nuestras amigas y nos dirigimos al estacionamiento. Marcela había dejado el auto en el subsuelo y al llegar era el único que estaba en el lugar. Era el momento de actuar. Ella se acercó para abrir el auto, y se sorprendió cuando le dije:

-Mmmm, me parece que no vas a poder manejar vos…

Me miró sin comprender, y luego puso una sonrisa enorme cuando vió en mis manos las cuerdas y un rollo de cinta para embalaje que yo había sacado de la cartera.

-Esto si que no me lo esperaba… ¡qué perversa que sos, bebé!

Resignada, se dió vuelta y cruzó sus manos tras la espalda, donde yo las amarré dando varias vueltas de cuerda hasta dejarla indefensa. Mientras ella, muy curiosa sobre su futuro, preguntaba cómo llegaríamos a casa, cómo haría yo para que nadie la viera en esa posición, apagué sus palabras con un largo beso en los labios

-No te preocupes, amor… nadie te va a ver.

Entregada, abrió la boca para que yo pudiera colocarle dentro un pequeño pañuelo, que aseguré con buen trozo de cinta. Abrí la puerta trasera del auto y la hice recostar sobre el asiento. Allí, amarré sus tobillos muy juntos dando varias vueltas alrededor, y la miré un momento. Se la veía tan dulce. Tan indefensa. Tan sexy con su elegante y corto vestido negro, al igual que sus medias y zapatos. Una mujer de 29 años con mucha clase, en manos de una chica de apenas 19. La cubrí con una sábana que había guardado en el baúl, y emprendimos la vuelta a casa.

El viaje fue muy divertido, al menos para mí. En cada semáforo que me detenía, pasaba la mano hacia atrás bajo la sábana, acariciándole los muslos y luego dándole alguna suave palmada, que ella respondía con algún MMMPPPHHH.

Finalmente llegamos al estacionamiento de casa. Le desaté los tobillos, le quité la mordaza y cubriéndola con mi saco para que no se vieran las ataduras que aseguraban sus manos, la llevé hasta el departamento. Toda la situación nos había puesto muy cachondas, y ni bien entramos a la habitación, la puse de frente a mi, le apoyé las manos sobre el culo y nos besamos como bestias.

Le desaté las manos por un momento, y le ordené que se desnudara completamente, cosa que ella hizo sin dudar, mirándome desafiante ante cada movimiento.

-Listo… ahora qué pensás hacer conmigo…

La hice acostar boca arriba sobre el colchón. Amarré sus muñecas tan fuerte como pude, y con otra cuerda las aseguré sobre su cabeza al respaldo de la cama. Quitándome los zapatos y las medias, me paré sobre la cama, y continué desnudándome lentamente sobre ella, mientras dibujaba con mi pie su cuerpo rozando apenas cada parte en un movimiento que la volvía loca de excitación. Sabiendo que ella tenía una particular debilidad por mis pies, lo acerqué a su boca Casi con desesperación comenzó a lamerlo y a succionar cada dedo. Yo sentía que estaba hirviendo por dentro, pero no quería apresurar el momento. Como para aumentar todavía más la excitación de ambas, bajé de la cama y abriendo sus piernas amarré cada tobillo a cada uno de los postes. Luego me acosté sobre mi cautiva y comencé a mover mi cuerpo, penetrando su boca con mi lengua y evitando tocar su sexo por más de dos segundos. Su desesperación aumentaba tanto como sus gemidos. En el momento en que no aguanté mas, me arrodillé ubicando mi pubis sobre su rostro, y tomándola del pelo la obligué a hacerme acabar. Su lengua se movía como una víbora dentro mío y no pasó más de un minuto hasta que sentí un fuerte escalofrío por todo mi cuerpo.

Con la respiración entrecortada, Marcela me suplicaba que la hiciera suya… que apagara ese incendio que tenía entre las piernas. Como respuesta, me limité a amordazarla, vendarle los ojos y disfrutar sádicamente de su sufrimiento. Nunca la había visto en ese estado… creo que realmente trataba con todas sus fuerzas de desatarse contorsionando todo su cuerpo, elevando las rodillas, moviendo los pies tanto como podía, retorciendo las muñecas bajo las fuertes cuerdas, gimiendo bajo su mordaza. Como para mantener su fuego, yo magreaba sus muslos, mordisqueaba sus pezones, pasaba mis manos, mis pies y mi lengua por todo su cuerpo, evitando sólo un lugar:

El lugar que ella tanto deseaba. Sólo cuando me apiadé de su sufrimiento, busqué vibrador ya habíamos utilizado y un juguete nuevo que yo había guardado para esta ocasión: un consolador doble ajustable a la cintura, de manera que ambas seríamos penetradas. Yo nuevamente me sentía al límite de mi excitación. Encendí el vibrador y lo hundí sólo un segundo dentro de su sexo totalmente húmedo. Como la venda de los ojos le evitaba conocer mis movimientos, cuando saqué el vibrador volvió a contorsionarse esperando más.

Por eso, muy lentamente como para no lastimarla (aunque en verdad no era demasiado grande) lo hundí dentro del agujero del culo, mientras ella gemía indefensa moviendo la cabeza de un lado a otro. Me coloqué el consolador doble, introduciendo una parte dentro de mi sexo y lo ajusté a mi cintura para dejar el otro falo de goma listo para penetrar a Marcela. El vibrador continuaba haciendo su trabajo dentro de su agujero negro, y los gemidos eran cada vez más fuertes, al igual que el movimiento de ascenso y descenso de sus caderas. Ella sin dudas no esperaba lo que venía. Por eso la mordaza apenas pudo controlar su grito cuando en sólo un movimiento me hundí dentro de ella, y comencé a moverme salvajemente de adelante hacia atrás, amasando sus pechos, sacando fuera toda la calentura que yo misma sentía al ser penetrada en cada movimiento por el falo que tenía dentro de mi propio sexo.

Fue un momento…. un momento inolvidable. Cada estocada sacaba a Marcela de quicio, la movía frenéticamente como una descarga eléctrica sobre su cuerpo.

Todo su cuerpo tensionado subía y bajaba. Sobre las últimas embestidas, recuerdo haber mirado sus muñecas atadas y puños totalmente cerrados, y en un segundo descubrir cómo se abrían, desvaneciéndose junto con ella.

Literalmente violé a Marcela y acabé desplomándome sobre ella, que yacía prácticamente desmayada.

Minutos después, quité los pañuelos que cubrían su boca y sus ojos, y la desaté. La ayudé a recuperarse a fuerza de mimos, masajes y besos. Ella me confesó que, pese a que en un momento me odió por todo lo que le hice, había disfrutado mucho en el papel de secuestrada. Tanto que, cuando yo me disponía a apagar la luz para dormir, me preguntó como lo más normal del mundo:

-¿Qué hacés?

-Voy a apagar la luz… ¿por?

Mostrando las cuerdas que aún estaban en la cama, respondió:

-Y… yo podría escaparme durante la noche.

Reímos juntas, y mientras ella, totalmente entregada, se acostaba boca abajo cruzando sus muñecas tras la espalda, yo amarré sus pies juntos, para luego hacer lo mismo con sus manos. Ahora sí, apagué la luz me recosté abrazándola, y nos entregamos ambas a un profundo y merecido descanso.

Mi secuestro II

Pasó cerca de una hora hasta que Marcela volvió. Yo seguía en la cama como ella me había dejado: atada de pies y manos, amordazada y con los ojos vendados. “Por fin” pensé, cuando escuché sus pasos en la habitación. Se acercó y me ayudó a sentarme en la cama, e hizo lo mismo a mi lado.

-¿Como la pasó mi chiquita… me extrañó? preguntó sarcásticamente, mientras me acariciaba las piernas.

-MMMMPPPPHHHH… – baulbucee bajo mi mordaza.

Ella me acarició un poquito más, y me quitó la venda de los ojos y la cinta que tapaba mi boca. Me besó muy dulcemente, mientras yo la miraba y no podía creer cuanto me calentaba toda esta situación. Pese a los 19 años con que contaba en aquel momento, yo siempre había sido una chica de personalidad fuerte. Ahora me sentía totalmente entregada a lo que Marcela quisiera hacer conmigo. Y, lo que era peor, me gustaba muchísimo estar en sus manos como lo estaba en aquel momento. Y eso mismo es lo que le dije a ella, cuando me preguntó cómo me había sentido al tener una relación así. Ella contestó:

-Bueno, me alegro que a vos también te haya gustado, porque a mi me gustan mucho esta clase de juegos… siempre y cuando no incluyan dolor intenso, tortura, ni nada que la otra parte no quiera.

Eso me tranquilizó, porque era un límite claro, que yo prefería no cruzar. Marcela me besó dulcemente en los labios, y con una sonrisa me dijo:

-Bueno mi amor, ahora voy a preparar algo de comer… vení… vamos a la mesa…

-Vas a desatarme?

-Mmmm… solamente los pies, chiquita… acordate que vos seguís siendo mi secuestrada. Yo me reí… este juego me gustaba cada vez más. Marcela me desató los tobillos, y con las manos atrás como la prisionera que yo era, fuí llevada de su mano hasta sentarme en la mesa del living. Al lado del living, había una bolsa enorme, que yo nunca había visto. Cuando le pregunté que era, ella sólo respondió:

-Ah, esa bolsa… ya vas a ver, es una sorpresa… son algunas cosas que salí a comprar esta mañana cuando salí.

Yo, por supuesto, me moría de ganas por saber qué había en esa bolsa.

El almuerzo fue divertido. Ella preparó todo, y me dió de comer en la boca, mientras yo seguía desnuda y con las manos atadas en la espalda. Entre cada bocado, metía sus dedos dentro de la boca, y yo me ocupaba de absorberlos y lamerlos. Y después de cada sorbo de agua, me besaba, explorando con su lengua cada parte de mi boca. Yo nuevamente estaba a punto de explotar, y esto era potenciado por la imposibilidad de mover mis manos.

Cuando terminamos, Marcela se puso de pie, y echó mi silla hacia atrás, alejándola de la mesa hasta dejarla casi en medio del living. Puso música lenta, y comenzó a desnudarse con movimientos muy lentos. Mientras esto sucedía, yo quise saber algo más sobre mi futuro:

-Y, mi amor, qué vas a hacer ahora conmigo.

No contestó, y siguió quitándose la ropa. Cuando por fin quedó solo con la ropa interior, -que sin dudas había comprado cuando me dejó sola-, casi se me corta la respiración. Llevaba un conjunto muy erótico, de dos piezas en negro con encajes, y medias negras. No era nada original, pero cuando cubrían ese cuerpo impactante (ella era mucho más alta que yo), yo ya comenzaba a sentir un cosquilleo en todo el cuerpo. Y me sentía más expuesta y caliente que nunca.

Marcela se acercó hacia mí, apoyó un pie sobre la silla donde me encontraba, y se quitó lentamente primero una media, y luego la otra.

Luego, se arrodilló ante mí, y comenzó a pasarme sus dedos por todo el cuerpo… haciendo círculos sobre mis pezones, rozando levemente mis labios… dibujando sobre mis entrepiernas… y pasando su palma suavemente sobre la pequeña cabellera de mi pubis… Pero siempre evitando el lugar de mi cuerpo que más necesitaba de sus caricias. Yo eché la cabeza hacia atrás, y ya comencé a gemir, retorciendo apenas mis manos bajo las ataduras. Ella se rió de mi situación, y dijo Uauu… chiquita, como estamos hoy… no te hagas muchas ilusiones de acabar rápido, mi vida… porque esto va a ser muy lento… y voy a hacer con vos todo lo que quiera…

Yo estaba con los ojos cerrados, y no podía contestar. Marcela se sentó de frente sobre mis piernas, y tomándome fuertemente del pelo, me estampó un largo y profundo beso, al tiempo que con su otra mano seguía acariciando suavemente mi cuerpo. Luego tomó las medias que se había quitado, y las hizo un bollo entre sus manos.

-Bueno, mi amor… ya sabés lo que tenés que hacer, ¿no?

Claro que lo sabía. Abrí mi boca, y ella insertó ambas medias dentro hasta llenarla por completo.

Marcela se incorporó, y fue hasta la bolsa que a mí tanto me inquietaba. Sacó de ella varios metros de cuerda y algunos pañuelos oscuros. Con uno de ellos terminó de amordazarme. Me ayudó a incorporarme, y me llevó hasta la otra punta del living, donde teníamos un enorme sillón, y una alfombra tipo persa a los pies.

Sobre ella fui depositada boca arriba. Marcela se arrodilló sobre mi, y comenzó a besarme por todo el cuerpo. Pasó su lengua por mi cuello, mordisqueó suavemente ambos pezones, y lamió mi ombligo durante varios minutos, como si fuera mi vagina. Yo gemía bajo mi mordaza y retorcía mis muñecas bajo las ataduras. Pero ella seguía con su perverso juego, lamiendo cada pulgada de mi cuerpo, pero evitando siempre mi sexo, que estaba ardiendo a chorros. Con voz carraspeante, me decía “Mmmm… qué caliente que estás, bebé…” Tomó otra cuerda, cruzó mis pies y los amarró fuertemente uno con otro. De esta manera, cuando me hizo arrodillar, yo tenía mis piernas abiertas y mi sexo expuesto, aún con los tobillos amarrados. Se colocó detrás mío y comezó a lamerme el cuello… a rozarme los pezones con ambas manos… a pasarme las uñas por la panza en un cosquilleo casi insoportable… a pasar su mano muy levemente por los pelos de mi pubis… a ponerme cada vez más caliente, tanto que recuerdo haberme puesto a llorar retorciéndome, mientras de mi boca sólo salían ahogados MMMMPPPPHHH… mmmmppphh.. Acompañaba cada movimiento con frases como: “mmm… mirá cómo te ponés… como me gusta verte sufrir tanto… no te da vergüenza ser tan putita… estar tan entregada… voy a hacer con vos todo lo que se me de la gana… y vas a disfrutar cuando yo quiera, bebé.” Y no mentía. Durante un largo rato hizo conmigo cuanto quiso. Me llevaba al borde del orgasmo, y justo en el momento en que yo sentía que estaban por llegar los espasmos, dejaba de tocarme y se masturbaba con un vibrador recostada delante de mis narices, gimiendo y disfrutando todo lo que yo no podía. Temblando y sudando desesperada, le rogaba con la mirada que me hiciera acabar de una vez.

Ella, con su sonrisa perversa, rozaba con su pie desnudo mis senos, mi torso, mi pubis, y lo alejaba inmediatamente cuando yo intentaba moverme hacia adelante. Yo la odiaba, la deseaba, y con las pocas fuerzas que me quedaban retorcía mis muñecas atadas. Cuando ya se dió cuenta que no aguantaba más, se colocó delante mío, me quitó la mordaza y tomádome del pelo fuertemente me besó, metiéndome la lengua hasta la garganta, mientras comenzó a recorrer con el vibrador encendido mi cuerpo. Lo movió alrededor de mis pechos, lo bajó hasta mi ombligo, y mirándome fijamente a los ojos mientras me asía fuertemente del pelo, lo hundió violentamente en mi interior, arrancándome un grito de placer que retumbó en todo el departamento.

Mi sexo vibraba, y continuó vibrando haciéndome sentir cosas que no había sentido en mi vida. Marcela me besó, me soltó, y yo caí de espaldas en la alfombra, semidesmayada. Sentí que me desataba los tobillos y las muñecas. Me colocó boca abajo y masajeó mi espalda y las plantas de mis pies, besándolos y lamiéndo cada dedo. Se recostó a mi lado y yo me abracé a ella como si fuera su hija. Cuando nos recuperamos, hablamos de todo lo que habíamos sentido. Le hice prometer que ella también se iba a dejar “secuestrar” por mí. Y lo hice, pero esa es otra historia.

Se ubicó frente a mi y comenzó a mordizquear mis pezones y a acariciar

Cuando yo tenía 14 años, me fui de vacaciones con mi tía y mi prima a una casa que ella había alquilado en la costa. Mi tía tenía por aquel entonces 35. Era una mujer alta y muy deportista, por lo que mantenía una cola muy bien formada y un físico super llamativo. Mi prima un año menos que yo.

Los primeros días fueron a pleno sol. Nos pasábamos el día en la pileta, jugando en el parque de día y jugando a las cartas por la noche. Mi tía era (y es) una mujer muy vital, y siempre estaba con nosotros en cuanto juego hubiera. Al cuarto o quinto día, una lluvia torrencial que duró varios días, y nos obligó a quedarnos dentro de la casa. Mi tía se pasaba el día leyendo, y mi prima y yo inventamos mil juegos. Estábamos en plena adolescencia, y si bien no jugábamos al doctor, siempre había un muy liviano juego sensual en cada uno de ellos.

Un día, estábamos jugando a las cartas con mi tía, y como para no hacerlo muy aburrido, yo propuse que incluyéramos prendas. Ambas aceptaron y comenzamos el juego.

Mi secuestro I

Al tiempo de estar con Marcela, sentía por ella una cosa muy rara.

Era una chica muy cariñosa, todo el tiempo me llamaba bebé y me daba muchas caricias, que a cualquier otra mujer yo no le hubiera permitido. Pero, no sé… me gustaba. Aunque yo quería negarlo, ella me atraía mucho. Tenía 29 años, una figura hermosa… era muy alta, buen cuerpo… muy llamativa… Y yo, con mis 19 años a cuestas y un físico pequeño, sentía que ella ejercía una especie de dominio sobre mí.

Nos habíamos conocido hacía varios meses en la facultad. Como ambas habíamos llegado a la ciudad en plan de estudios, decidimos compartir los gastos y alquilar juntas un departamento.

Todo ocurrió una noche. Habíamos estado bebiendo en casa y ya estábamos las dos un poco borrachas, semidesnudas y sentadas en unos almohadones en el piso. Como siempre, ella fue la que tomó las riendas. Comenzó a acariciarme el pelo y luego tomó mi cara y me dió un beso de aquellos. Era la primera vez que me ocurría algo así con una mujer. Primero me alejé, pero luego yo misma volví a besarla apasionadamente. No lo podía creer…¡estaba besando a una chica! Marcela me quitó casi con violencia la camiseta que llevaba puesta y comenzó a besarme salvajemente los pezones. Yo sólo cerré los ojos y me dejé hacer, casi gritando de calentura. Me arrancó las bragas y comenzó a lamerme el coño, mientras me decía cosas como “por fin sos mía… hacía mucho que estaba esperando este momento… ahora vas a saber lo que es gozar de verdad.”

Entre el mareo, yo sentía una excitación inmensa… la tomaba del pelo, y ella seguía pasando su lengua por mi sexo, de la manera en que sólo una mujer sabe hacerlo. Siguiendo a su estilo, me ordenaba cómo ubicarme, y luego de una 69 terminamos ambas exhaustas sobre el piso, acariciándonos con ternura.

Esa y varias noches más dormimos abrazadas, haciendo el amor sin parar. Ella me enseñó como y donde besarla… cuando hacerla llegar al orgasmo…

A los pocos días, un domingo por la mañana, estábamos en la cama después de una nuestras “noches de lujuria” . Yo estaba por levantarme, porque como todos los domingos iba comer a lo de mi tía. Marcela se incorporó en la cama y se arrodilló a mi lado. “No quiero que te vayas, asi que voy a secuestrarte”. Nos reímos juntas. Yo le pasé un pie por los pechos acariciándole con mis dedos los pezones y mirándola desafiante le respondí: “No creo que te animes”. Me tomó el pie y comenzó a besarlo y lamerlo, mientras me decía “Vos de acá no salís”. Riendo traté de incorporarme, pero ella se abalanzó sobre mí y comenzamos a luchar, siempre como un juego. Como era más grande, enseguida yo estuve boca abajo con ella sobre mis espaldas y sujetándome las manos. Indudablemente esto lo venía preparando, porque sacó un montón de cuerdas de abajo de la cama y con una de ellas me ató fuertemente las manos a la espalda. Yo me resistí, pero sin poder parar de reír. Era indudable que ese juego gustaba. Cuando ya estuve indefensa, me dió vuelta y me estampo un beso, metiéndome la lengua hasta la garganta.

-Ahora vas a ser mía todo el tiempo que yo quiera ¿querés?” me dijo con una sonrisa sádica.

Yo luche con mis atadura, y cuando comprendí que era imposible soltarme, decidí entregarme para disfrutar de lo que venía.

-Aunque no quiera, ya estoy en tus manos…¿qué vas a hacer conmigo?”

No me contestó. Tomó una de sus bragas que estaba en el suelo y me la metió en la boca, al tiempo que la aseguraba con un pañuelo, que también estaba bajo la cama. Luego se tomó un largo rato lamiendo y acariciando suavemente mis pies. Lentamente, amarró mis tobillos uno a cada uno de los parantes de la cama, dejándome las piernas totalmente abiertas y mi sexo expuesto a lo que ella quiera. Finalmente, me colocó una especie de correa en el cuello y la amarró con otra cuerda al respaldar de la cama. Ahora sí… yo no podía moverme y estaba a su entera disposición. Pero este juego me gustaba cada vez más, y sentía que mi coño chorreaba placer. Volvió a jugar con mis pies indefensos, primero besándomelos y luego haciéndome cosquillas en las plantas, mientras yo me movía desesperadamente de un lado a otro, ahogando mis gritos con la mordaza. Cuando tuve bastante, comenzó a besarme y morderme los pezones, pasó sus afiladas uñas por mi panza… por mis piernas. Y sólo después, se arrodillo entre mis piernas bien abiertas y comenzó a lamerme el coño…Daba con su lengua suaves golpes en mi clítoris, y con sus manos amasaba salvajemente mis tetas. Yo gemía y estaba a punto de tener el orgasmo más maravilloso de mi vida. Pero justo cuando estaba a punto de llegar…Marcela se detuvo. Se incorporó y se quedó observándome sádicamente, disfrutándome indefensa como estaba, tratando de gritar, llorando ahogadamente y retorciéndome de un lado a otro.

Cuando disfrutó de mi sufrimiento se arrodillo sobre mí y me quitó la mordaza. Le supliqué llorando que me hiciera acabar… le prometí que haría todo lo que ella quisiera, pero por favor… Me besó penetrando su lengua hasta mi garganta. “No vas a acabar vos sóla…vamos a acabar juntas”. Se colocó de espaldas a mí para hacer la 69, y puso su coño sobre mi boca. Desesperada como estaba, la lengua no me alcanzaba para lamerle todo el interior, que estaba inundado de jugos. Ella gritaba de placer, y comenzó a chuparme con violencia el coño, mientras me metía un dedo dentro del ano hasta hacerlo desaparecer por completo. Mis tobillos estaban doloridos, por la fuerza que hacía para zafarme de mis ataduras… pero era imposible. Ya sentía mis manos en la espalda totalmente entumecidas… pero no me importaba… Ambas gritábamos y lamíamos… yo casi llorando y ella como una guerrera. Hasta que acabamos juntas, entre espasmos desesperados.

Yo estaba casi desmayada… casi no podía abrir los ojos. Ella descansó un momento…y luego sin desatarme me besó en los labios y me acarició todo el cuerpo “¿Querés que te desate? Me sentía totalmente entregada.Casi sin voz, contesté “Hacé lo que vos quieras… me siento más tuya que nunca”.

Marcela se incorporó y comenzó a vestirse, mientras yo seguía atada e intentando recuperarme. Cuando estuvo vestida, volvió a la cama. Sin decir una palabra, me desató los tobillos. “Voy a salir un ratito…pero voy a dejarte atada, para que no te vayas” Me dijo con una sonrisa. “No me voy a ir… pero soy tuya…hacé lo que quieras.”

Sonrió y volvió a besarme acariciándome el pelo. “Como te quiero, mi bebé” me susurró al oído. Juntó mis pies, los besó y volvió a atarlos uno con otro fuertemente. Me quitó la correa que me unía al cabezal de la cama, me vendó los ojos, volvió a amordazarme, esta vez con una cinta autoadhesiva para embalajes, y escuché el sonido de sus tacos y la puerta del departamento que se cerraba. Así me quedé largo rato… atada e indefensa, esperando su regreso.

Cristina y su Amiga

NOTA: Los personajes y los hechos aquí relatados son purafantasía y en ningún caso son reales.

Cristina y Lucía se conocían desde que tenían 5 años.

Sus padres eran amigos y ellas, ahora a sus 19 añossalían juntas, estudiaban en la misma universidad y hacíanla misma carrera.

Iban al mismo gimnasio y en muchas ocasiones habíanestado desnudas en el vestuario duchándose juntas, tocándosey rozándose sin saber si eran casuales esos roces.

Ahora estaban de vacaciones, en casa de Cristina, aprovechando que noestaban sus padres, tumbadas en el sofá y a punto de ver en el vídeouna película porno que había traído Lucía.

No era la primera vez que veían una película porno, perosí la primera que la veían juntas.

Las dos eran ya mayorcitas,atractivas, y vestían mostrando sus cuerpos casi perfectos.

Lucíallevaba una minifalda realmente mini con zapatillas de deporte y un topque trasparentaba sus pezones, mientras que Cristinallevaba unos short ajustados con botas altas una camiseta y un sujetadorde esos nuevos que elevaban sus pechos.

Cuando Lucía puso en marcha el vídeo, la primera escenaque vio Cristina la dejo paralizada, allí estaba su mejor amigadesnuda con dos tíos en la cama y metiéndose en la boca unapolla que le parecio grandísima mientras el otro tíose la follaba por el culo.

Lucía la miro y al ver su carade asombro le dijo que no se preocupara que le iba a gustar la película.

Le explico que ella solía grabar muy a menudo sus folladas.

Y al parecer follaba bastante por la práctica que aparentaba enlasimágenes.

Conforme avanzaba la película Cristina se ponía cada vezmas caliente, las escenas eran realmente dignas de la mejor películaX, y su amiga era una experta actriz, por lo que no pudo evitar tocarsesus pechos y apretar sus piernas frotando sus muslos tratando de masturbarse.

Sus manos se introducían entre sus piernas y tocaban sus shortsque ya estaban mojados.

– Estás excitada, seguro que estas chorreando.

– dijo Lucía.

-?Tu que crees?, nunca había visto tu coño tande cerca.

– y te gusta, seguro que sí.

– Si realmente estás caliente,y creo que sí, yo podría ayudarte- respondio Lucía.

-?Como?- dijo Cristina con voz temblorosa.

Sin mediar palabra Lucía beso a Cristina.

Fue un besocon un ligero roce de labios, se miraron y Lucía volvio abesarla pero esta vez más fuerte.

Cristina se separo y ledijo que parara.

Era la primera vez que una chica la besaba, pero su excitacionera tal que le gusto y deseaba llegar a más, llevaba muchotiempo esperando ese momento, siempre había deseado a Lucíaen secreto y no iba a desperdiciar esta oportunidad:- Así no, si vas a besarme hazlo como debe ser.

Cristina acerco su boca a la de Lucía y le metiosu lengua dentro recorriendo con ella hasta el último rincon,mientras con la mano levantaba la minifalda y le acariciaba el coñoa través de las bragas.

Lucía le introdujo la mano por debajode la camiseta y desabrocho el sujetador dejando sus pechos libres,los agarro sobándolos para después levantando la camisetametérselos en la boca jugando su lengua con los pezones duros.

Cristinasuspiraba, que caliente se sentía, igual que cuando se masturbabapero mejor.

– ¡Desnúdame!, vamos date prisa.

– grito CristinaLucía le quito el short, no llevaba bragas, eso le gusto,el coño de su amiga aparecio ante ella en un primer plano,estaba rodeado de una ligera capa de pelo ahora mojado debido a su calenturay podía ver sus labios hinchados.

– Ahora te lo enseño – dijo CristinaCristina que seguía con sus botas puestas abrio sus piernaslevantándolas y Lucía pudo ver toda su raja mojada con suslabiosentreabiertos, los separo y pudo ver su clítoris excitado,metio su cabeza entre las piernas y la lengua en el coñotodo lo dentro que pudo, Cristina levanto sus caderas mientras empujabacon fuerza la cabeza de su amiga contra su sexo.

Lucía metioun dedo en el coño y comenzo a moverlo luego lo sacoy se lo dio a probar a Cristina que lo chupo con gusto.

-?Te gusta tu sabor eh?, zorra.

– Sí, pero ¡dámelo con tu boca!.

Y volvieron a besarse.

Esta vez con lujuria, saboreando Cristina elsabor de la boca de su amiga mezclado con sus flujos.

En la habitacionsolo se oían sus gemidos y suspiros mezclados con los quesalían de la película que seguía en la television.

Cristina debía corresponder a su amiga, así que levantandola mini falda tiro de sus bragas y se las arranco.

Le pidioque se diera la vuelta y separando con sus manos las nalgas de su amigadiviso el orificio del ano, lo único que le faltaba por ver.

– ¡Te voy a volver loca! – Dijo Cristina al mismo tiempo que metíasu lengua en el culo de su amiga que sentía como si la penetraran,y movía sus caderas al ritmo que marcaba la lengua de Cristina cadavez que entraba y salía.

– ?Te gusta mi culo, guarra?- preguntaba Lucía.

– Sí.

Sí.

ummmm gemía Cristina mientras lamíael orificio de su mejor amiga, tenía que darle placer, pensaba,era su amiga y debía entregarse a ella, la deseaba y queríaprobarlo todo.

Lucía pidio a su amiga que trajera de la cocina una botellade agua y un pepino lo más grande posible, le iba a enseñaralgo que le encantaría.

Lucía cogio el agua y bebioun sorbo.

Una vez que lo tuvo en la boca separo las piernas de Cristinay colocando su boca en el coño de su amiga escupio con fuerzael agua en su interior.

Cristina grito-¡¡¡Siiii.

!!! maldita zorra.

me matas eso es bestial¡¡¡sigue.

sigue.

mássss!!!.

– Te gusta, pues todavía no has probado por el culo.

-¡¡¡si hazlo!! por favor, me estoy corriendo, ¡hazlopor el culo!.

Volvieron a hacerlo por cada uno de sus agujeros.

– Y ahora te voy a follar- Dijo LucíaCogio el pepino que era bastante largo y se lo metio ensu coño, de forma que parecía un pene colgando, despuésse fue hacia Cristina que estaba tumbada con sus piernas abiertas y lointrodujo en su abertura, de forma que quedaron unidas, follando, movíansus caderas desesperadamente mientras se besaban, y se gritaban.

– ¡Zorra!, como follas, te voy a romper tu brecha.

-¡¡Calla sigue moviéndote.

y no me saques el dedodel culo!!- No lo haré, pero lo cambiaré para poder chuparlo.

-¡Que guarra eres Cristina! y yo sin saberlo.

– Pues anda que tu.

-si.

-te siento dentro voy

voy a explotar.

Se corrieron entre gritos de pasion junto con los gritos de latelevision.

Acabaron agotadas, sudando llenas de agua sobre el suelomojado y con sus piernas llenas de jugos mezclados con el agua que chorreaban.

ahora se conocían eran amigas de verdad, y volverían a repetirlo

Secreto lésbico III

Esta es la tercera parte de esta historia real y véridica. Una vez que Fabiola me mamó mis bien paradas tetas, y me transportó a los orgasmos mas profundos que jamás habia sentido, pensé que eso era todo lo que iba a experimentar esa inolvidable noche. pero que experiencias sexuales me esperaban mas adelante.

Nos tomamos unos tragos mas de vino, y como por arte de magia, todo el nerviosismo que sentía al principio, desapareció por completo. Me sentía una mujer sin inhibiciones, una mujer dispuesta a realizar todo lo que a mi mente viniera en ese momento. Ya para ese entonces la ropa que al principio usábamos estaba en el piso o regada por todos los muebles de la sala.

-Estaríamoos mas cómodos en tu propia cama-, me indicó Fabiola. -Como tu creas le contesté, vamos a mi recámara. Y tomándola de una mano, nos dirigimos directamente a mi recámara. Ese lugar donde mi esposo y yo, habíamos pasado momentos excitantes. Donde perdí la virginidad, tanto por delante, como por el ano. Ahí en ese mismo lugar y en esa misma cama iba a sentir mi chocha, ser mamada por otra boca, y mas que nada por una boca de mujer.

Tan pronto estuvimos ahí, Fabiola me recostó en la orilla de la cama, subiendo y abriendo mis piernas, poniendo éstas sobre sus hombros. Acercó sus carnosos labios cerca de mis abundantes pelos , y con solo sentir su aliento cerca de mi vagina, estuve a punto de venirme de nuevo.

Su lengua comenzó a juguetear al rededor de mi entrepierna, entreteniéndose en los largos y rizados pelos, que por esa zona abundan.

-Haaaaaaaa-, Alcanzé a decir, cuando sentí la punta de su lengua rozar los labios de mi vagina.

-Maaaas,maaas-, decía entre suspiros.

Y por fin sentí como su experta lengua comenzó a entrar y salir de mi rajita, que ya para esos momentos estaba completamente inundada de mis riquísimos jugos sexuales.

No sé con exactitud cuanto tiempo duro éste éxtasis en mí, pero de pronto, sentí algo que jamás había sentido con mi esposo. Sentí que algo me transportaba a otro mundo, sentí que explotaba sentí lo mas rico que una mujer puede sentir durante el acto sexual, y en ese momento sentí que mi rajita se abrío y dejo ecapar un río de líquidos calientes que inundaban la sensual boquita de mi querida Fabiola, la cual con mucho esfuerzo se tragaba, tratando de no dejar ni una gota de ése elixir divino.

Cansada y extenuada quedé en la cama, pero no estaba totalmente realizada, yo quería sentir una chocha de mujer entre mis labios, y tragarme esos jugos que momentos antes, Fabiola se había tragado.

-Ayúdame -, le dije.

_A que?- me contestó.

-Quiero devolverte el placer que me acabas de dar-, le contesté, -pero es mi primera vez y no se como, le dige.

-Ven-, me dijo.

Y poniéndose en la misma posición en la que yo estaba hacía apenas unos minutos, me dejó ver su bien rasurada rajita. Ni un solo pelo estorbaba esa magnífica vista que tenía delante de mi.

Al separar un poco los labios de su vagina pude ver su hinchado clítoris que se salía de su capuchón que lo cubría cuando no estaba exitado.

Comenzé a besar tal y como me lo había echo ella , apenas unos segundos antes, y comenzé a escuchar poco a poco sus gemidos, a sentir como se estremecía cada vez que mi lengua la penetraba y cada vez que tocaba su clítoris, y de pronto, sucedío lo que tanto esperaba y tanto quería, sus jugos comenzaron a fluir como un río desbordado, y yo como una bebita recíen nacida, mamaba todo ese manjar de dioses que escapaba de esa rajita.

No sé cuanto tiempo tardó ese momento, pero desde ese día ya no puedo vivir sin mi Fabiola. Cuando mi marido sale de viaje, mi Fabby viene a acompañarme para que yo no sienta miedo, y les juro que es lo más lindo del mundo.

Espero que les haya gustado éste relato. Si les exitó y se masturbaron, me doy por bien servida.

Un beso donde más les guste. Leydi.

Idolatrando a mi hermana

Iniciamos este relato en Kenwood California.

La vida de la pequeña Jamie de tan solo 8 años de edad es como la de cualquier chica de su edad, fuera de que su hermana es una de las perosnas mas famosas a nivel mundial gracias a su musica era lo unico que hacia diferente el diario de esta infantil muñeca.

Las cosas cambiarion mucho cuando Britney llego despues de meses de gira a descansar en su casa, la pequeñita hermana, como su prima y alguno que otro miembro de la familia tenian a Britney en un lugar alto, se podria desir que la idolatraban, esto tal vez le ayudo a realizar el inicio de unas perversiones que algun tiempo atras cuando formaba parte de un grupo de chicos en la tv llegaron a ocurrir.

La pequeña Jamie se quedaria una noche sola cuidada por su hermana, pues sus papas tenian un reunion importante y llegarian muy tarde.

Apenas cerraron la puerta y Jamie empezo a juguetear con su hermana, ella inocentemente habia quedado en la merced de su hermana, pues a parte de estar solas,y de las perversas intensiones de Britney, el hecho de que Jamie la idolatraba le serviria para dominarla y someterla facilmente a sus deseos.

Jamie ya tenia lo que para ella era su pijamita, que constaba de un calzoncito con monos y una camisetita gris.

Britney empezo a jugar simulando ser la doctora y Jamie estaba haciendo todo lo que su hermana le decia.

“bien tendre que ponerle una inyeccion” le dijo “pongase aqui de espaldas y bajese los calzoncitos” la pequeña Jamie dudo un poco pero su confianza en Britney la hizo obedecer la orden.

“umm parece que no puedo inyectarle bien, abr un poquito las piernas” Jamie obedecia al instante, mientras britney estaba humeda y deseosa de saciar su apetito lesbiano.

De un movimiento Britney le introdujo dos dedos en la vagina de Jamie desde atras y le dijo: “eso es aqui si se puede poner la inyeccion” Jamie respondio con un pequeño gritito confundido entre placer y dolor, pero siguio en la misma posicion que su hermana le dijo.

“bueno señorita que le parecio la inyeccion se siente un poquito mejor” Jamie realmente habia disfrutado la sensacion de su herman jugando con su sexo, ella asistio con la cabeza y le dijo: “solamente que quede un poquito mojada” “no hay problema” dijo Britney, para eso tendra que darse vuelta, apenas se estaba dando vuelta la niña de 8 años cuando Britney ya estaba lamiendole la conchita desesperadamente, pues hacia mucho que no probaba una desde que su amiga Cristina le enseño la delicicosa experiencia en el club de chicos.

Jamie no podia hacer nada su hermana le estaba controlando, a ella el gustaba sentir ese placer que su hermana de 18 años le proporcionaba, fue entonces cuando Britney le dijo: “quitate la ropa, vamos a experimentar una cosa muy rica” Britney descubrio su cuerpo envidiado por muchos varones y que habai puesto en celos cuando dijo que era novia de Justin, pero ese fue solo un truco para ocultar su lesbianismo.

Se recosto boca arriba y ordeno a su hermanita a montarse en ella como caballo y saciar su sexualidad infantil frotando sus labios vaginales en el vientre de su hermana.

despues ordeno que le chupara los senos grandes y atractivos ella era su dueña totla y absoluta Jamie sabia que seria un cambio total pues desde entonces su hermana se converitira en su dueña.

Laorgia termino cuando Britney le ordeno a Jamie lamerle la puha, esta humeda ardiente y a mil , y jamie la chupo y lamio hasta que Britney le ordenara.

Terminada la accion se vistieron y Britney le dijo: “esto va a quedar en secreto, seras mi esclava y yo te cumplire muchos deseos, pideme lo que quieras”

Su hermanita solo le pidio que llevara a su casa a un chico llamado aaron que tambien cantaba y que a sus 13 años de edad seria objeto de orgias lesbicas e incestos pero eso es otra historia.

La ramera de catalina y su tía paulina

Soy Catalina Maya tengo 21 años de edad, mido 1,70 m soy de pelo rubio tengo ojos cafés pero a veces me pongo lentes de contacto azules, mi cuerpo es muy bonito, lo cuido mucho en el gimnasio y estoy pendiente de los tratamientos para la piel y cosas así, soy estudiante de administración de empresas en la universidad de la ciudad donde vivo, yo comence a descubrir que era lesbiana mas o menos cuando tenia 12 años y comence a sentir atracción por las mujeres, especialmente por las maduras(que para mi van de los 28 a los 40), yo descubrí esto porque mi madre es una mujer que siempre ha tenido muchas amigas, y en ese entonces ella y algunas de sus amigas se quedaban a dormir en casa y por la mañana cuando Se levantaban en aquellos camisones semi-transparentes yo me quedaba con la boca abierta por la belleza de aquellas mujeres, pero yo no le prestaba mucha atención a aquello y me sentía apenada por pensar en el cuerpo de aquellas mujeres. !

En esa época yo tenia una profesora de español que se llamaba Sandra, tenia un cuerpito muy bien cuidado que a todos los muchachos de mi curso les gustaba, a mí también me llamaba mucho la atención. Durante unos dos años tuve muchas dudas acerca de si me gustaban los hombres o las mujeres, pero algo me hizo comprender que lo mi eran las mujeres y precisamente aquello paso con mi tía:

Mi tía se llamaba paulina, era la hermanita menor de mi mamá la consentida de la casa, para esa época ella tenia 32 años y era una madurita muy bien cuidada, tenia un hermosa cabello rubio y un cuerpo de ataque de donde destacaba su culo que para mi era perfecto y paradito y sus senos redonditos y provocativos además su deliciosa piel de durazno me enloquecía, ella no era como las otras tías, ella era mas liberal y había una cierta amistad entre ella y yo, si contar con que su físico me atraía mucho, pero seguía negándome a mi misma la posibilidad de ser lesbiana, para ese entonces yo ya tenia 14 años y estaba ya muy desarrollada, mis senos habían brotado, y como yo siempre he hecho mucho deporte mi culito estaba paradito y delicioso, había heredado la misma piel de durazno de mi tía que me esforzaba por broncear cada que podía para lograr unos escotes mucho más atractivos.

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La maestra del jacuzzi

hola, me llamo karen m., tengo ahora 21 años y quiero relatarles algo que hasta hoy, cuando lo recuerdo, me estremece y me pone la piel de gallina.

todo sucedio cuando tenia 16 años, yo era una chica que recien despetaba a la vida, en el colegio lo chicos siempre me solicitaban pues no he sido ni soy fea ( ahora mido 1.75 soy rubia ojos cafes, y sobre todo buen trasero), pero nunca pasaba de algunos besitos y mimos.

cierto dia se mudaron al piso de arriba (yo vivia en un edificio de tres pisos) un matrimonio sin hijos, el era alguien en quien nadie repararia : unos 40 años, gordo, semi calvo, y sobre todo nada simpatico, ella si era interesante, unos 35 años, alta, blanca, cabellos castaños hasta el comienzo del culo, ojos azules y muy elegante.

pasaron tres semanas, y un dia salgo a mi puerta y la encontre a ella ( se llamaba eva ) limpiando el pasadizo, la salude, y ella me contesto :

– hola linda, como te llamas?

yo conteste :

– karen

ella dijo luego :

– hola soy eva, me acabo de mudar arriba tuyo, parece que seremos vecinas, espero que me visites, mi esposo trabaja hasta muy entrada la noche y me aburro sola.

respondi:

– la verdad señora seria un gusto visitarla, pero no quiero molestar.

dije esto pensando “esta tia debe ser una aburrida, de que voy a hablar con ella”. pero ella dijo mirando mi casaca de jean con un pin de rolling stones:

– tengo musica de los rolling y otras mas, no creas soy una vieja anticuada, te espero.

se volteo y se fue, yo sinceramente, no tenia interes por visitarla, pero algo quedo en mi mente.

como siempre tenia clases de ingles los sabados por la mañana, mi madre salia de compras, mi padre estaba en el trabajo y mis hermanos, todos mayores, salian a pasear o a perderse por alli, asi que la casa quedaba cerrada, ya que yo no regresaba hasta las 4 por lo menos y mi mama no me daba la llave aun, asi que si por equis motivo salia temprano me iba a casa de alguna amiga del barrio a conversar.

un sabado, no hubo clases asi que regrese a las 10 a mi casa, estaba todo cerrado, asi que ya me iba a ir a donde una amiguita que vivia mas alla cuando de pronto, mi vecina eva aparecio y me dice: – hola linda, que haces sola afuera? respondi : – hola señora, lo que pasa es que no tengo llave y no puedo entrar.

ella contesto: – pero ven a mi casa, almuerzas conmigo, y vemos tele, que vas a hacer sola aqui, ah y otra cosa no quiero que me digas señora, me haces vieja, dime eva o evi.

entramos a su departamento, era amplio, todo alfombrado, unos sofas de cuero negro lindos, y espejos en cantidad.

no sentamos en el estar y puso musica, y me dijo: – quedate aqui, yo voy a ponerme comoda, porque como es verano en la casa ando mas ligera, espero no te incomode.

luego regreso con una batita de algodon, y cuando se sento comprobe que no tenia ropa interior, algo en mi se sobresalto en ese momento, era una mezcla de temor y emocion, algo que no podria describir. tenia un bonito cuerpo, senos grandes y su mirada era penetrante.

me dijo entonces:

– porque no entras al baño a refrescarte, tengo un jacuzzi espectacular, y lo uso sola, porque mi marido odia estas cosas. ven que adentro tengo toallas y una bata, asi estaras mas comoda.

fuimos al cuarto de baño y me dejo sola para que me desnude, lo hice y entre al jacuzzi, era amplio en verdad, luego ella entro tambien, y ahora si sentia como que mi sangre hervia.

me pregunto varios temas, conversamos como viejas amigas, comenzamos a hablar de sexo, y ella me dijo:

– sabes, hay que saber besar, una tiene que tener estilo respondi: -si, pero soy nueva en esto eva dijo: – mira, te voy a mostrar, pero acecarte para jabonarte la espalda se puso a un costado mio y mientas pasaba su mano por mi espalda, me hacia gestos de como besar, pero eso no era suficiente asi que dijo: – hagamos la prueba karen, junta tus labios con los mios

y ahora si senti una explosion, algo que nunca habia sentido, me beso y yo correspondi, como no lo habia hecho con nadie, mientras su mano bajo a mi vagina y comenzo a frotar el clitoris, su otra mano acariciaba uno de mis senos.

mis pezones estaban durizimos, mi vagina estaba completamente caliente, latia, luego introdujo un dedo en mi ano.

grite de placer, mientras ella me enseñaba a jugar con sus tetas enormes, me hizo sentar al borde del jacuzzi y ocmenzo a lamer mi concha.

ella decia

– cariño, que rica conchita tienes, ahora quiero probar tu ano con mi lengua.

y comenzo a lamerme el culo, luego ella saco de una maletita un dildo de doble cabeza, y lo puso en su vagina y la otra punta en mi ano.

me estaba destrozando de dolor pero era un dolor delicioso, ella se movia freneticamente.

termine exausta, nos secamos y desnudas vimos la tele en su cama sin dejarnos de besar.

esto se repitio durante 3 hermozos años, pero luego ella viajo con su esposo, y mi familia tambien se mudo. sigo teniendo experiencias lesbicas pero como esa mujer ninguna. lo ultimo que supe de ella es que estaba en eeuu, la verdad la hecho de menos, pero ahora tengo una amiguita que me ayuda a olvidarla, ella es pamela y talvez la proxima les cuente como se la arrebate a su novio.

chao y hasta la proxima, suerte¡

Todo lo que se puede hacer en un bar

Llegamos al bar y es un bar de chicos y chicas, pero mantiene la luz a media candela, o sea baja, de repente fuimos a la pista de baile y estuvimos bailando en grupo, en esos momentos, Carolina, una chica preciosa, de pelo largo negro, pechos bellos y un cuerpo, amiga muy linda, se le cayó un arito y cuando se agachó me di cuenta que no andaba con bragas sino unas medias muy finas a la cadera y abertura en medio con ligas me quedé tonta, un clítoris muy lindo y excelente, me excité mucho amiga, y entonces cuando se para, seguimos bailando y me atreví, estabamos tomadas y le dije: “Carol, me gustan tus medias y lo mejor es que no llevas nada”.

Cuando le dije eso solo se sonrió y ella me dijo: “Atrévete, andas hermosa y me gustan tus pechos, lo hacemos al rato”. Yo quedé excitada y nos separamos del grupo y nos fuimos a un rincón de la pista entonces cada una se corrió el pelo de la cara y nos besamos fuerte muy fuerte, de repente sentí como sus manos me subían mi mini y su dedo entraba en mi clítoris, me lo metió hasta el fondo, y yo también, si supieras que excitante es estar en un bar, o sea discoteca básicamente es la gente bailando y tu ahí haciéndolo, fue maravilloso, después me recostó en un costado, en una metidita de la disco y me sentó abrió mis piernas me quitó mi braga y me mamó, de repente que pasa una chica y nos quedó viendo yo primero la quedé viendo sorprendida pero después nos miramos mientras mi amiga me comía y nos lanzamos besos y ella se tocó su clítoris y yo cerré mis piernas presionando a mi amiga, esa sensación hizo que ella me mamara mas fuerte y dentro terminando en su boca mis líquidos muy húmeda, y antes de salir la otra chica me dio su número de teléfono para que nos viéramos algún día, me sonríe y nos fuimos.

Marla

Todo comenzó cuando tenia 17, y gracias a la fiesta de graduación de una gran amiga, mayor que yo, la conocí a “ella”. Yo bailaba con mi novio de aquel entonces, cuando ella se asomo en el salón. A pesar de la oscuridad, no pude evitar centrar mi vista en esa espectacular mujer, vestía de rojo, con un escote enorme que dejaba entrever sus perfectas tetas, y tan ajustado hacia las caderas, que creí que si se movía un poco, iba a estallar. No podía quitar los ojos de encima de esa mujer, y note que ella tampoco podía dejar de mirarme.

Sentí algo muy raro dentro de mi, como una tentación prohibida y pecaminosa, y poco a poco, empece a bailar muy sensualmente dirigiéndole certeras miradas a ella. Ella noto mis intenciones y sonrío. Luego me envío un beso cerrándome un ojo, y desapareció. pasaron dos horas mas en que no la vi, y por mas que aquel juego había quedado atrás, no podía evitar recordarla, y nada que mi novio hiciera, lograba que mi atención se centrara en el. Ya aburrida, y confusa ante lo que sentía, deje a mi novio solo por un momento, con la excusa de darme una retocada de maquillaje.

No pude evitar la tentación de buscar en el lugar a la mujer que me hacia sentir eso que me era tan novedoso, y cuando ya había perdido las esperanzas, sentí su delicada voz. “Hola” me dijo ” buscas a alguien?”. Yo no supe que contestar en ese momento, y ella notándolo, continuo. “me llamo Marla ” me dijo tomándome del hombro mientras me conducía a un lugar con menos bullicio. “Soy Romina” le conteste “mucho gusto en conocerte”, le dije tratando de que no notara mi nerviosismo.

Entablamos una conversación de poca importancia, lo que me hizo entrar en confianza, sin dejar de sentir esa atracción prohibida por ella. Cada vez que hablaba se movía delicadamente, y enjuagaba con su lengua sus labios rojos y carnosos, mientras movía su mano arreglando su cabello rubio. Casi sin darme cuenta, había comenzado a acariciar el mío, “eres muy hermosa, sabes?” me dijo directamente, a lo que yo no pude responder. “ese chico es tu novio, no es verdad?”, dijo a continuación, “se veía un poco inmaduro… eh lo siento, no debí decirlo”. Su mano no dejaba de acariciar mi pelo, y lo que me parecía tan raro al principio, ahora era muy agradable de sentir. “Si, es cierto” conteste luego de algunos segundos, “muchas veces es difícil de entender…”.

Ella me miro con sus profundos ojos, y sin dejar de sonreír, paso su mano por mi mejilla, que yo había comenzado a sentir ardiendo, aunque no sabia por que. “Que te parece si vamos a otra parte para estar mas tranquilas?” pregunto al tiempo que colocaba su mano ahora en mi rodilla , yo no conteste, y solo me limite a seguirla, intuyendo su intención, que cada vez mas, era lo que yo también sentía. Olvidando a mi novio, dejamos la fiesta en dirección a su departamento en el sector alto de la capital. El viaje fue un anticipo de lo que ocurriría, cada vez que pasaba un cambio al conducir el auto, su mano rozaba mi pierna, y ello, unido a su espléndida y ahora en extremo sensual sonrisa. Yo, aunque me costo en un principio aceptarlo, me excitaban esos toques “casuales”, y Marla se me hacia a cada momento mas deseada.

Una vez que llegamos a su departamento, me dejo sola, diciendo que se colocaría algo más cómodo. Mi corazón en ese momento palpitaba fuertemente, y la razón era la situación en que me encontraba. Luego, Marla llego a la sala vestida con una bata de seda, de color negro y semitransparente, con lo que note que no llevaba nada debajo, y pude ver sus perfectas tetas, adornadas de esos preciosos y grandes pezones que creí que iban a romper la tela de tan erectos que los tenia. Se sentó a mi lado, y esta vez sus impulsos fueron mas directos. “No te has puesto cómoda”, me dijo tocando mi cuello, “te podrías quitar ese vestido que a esta hora ya te debe molestar…”.

En ese momento, sentí como mi entrepierna se humedecía ante sus palabras y sus roces. Nunca hubiera adivinado lo que ella iba a hacer. Poco a poco siguió moviendo su mano por mi cuello, hasta que repentinamente la poso sobre mis tetas, sobándolas con pericia. “Que haces!” le dije sorprendida. “Nada, preciosa” dijo mirándome lascivamente ” esto te va a gustar…”.

De pronto metió sus dedos bajo mi vestido, luego bajo mi sostén, y lo comenzó a bajar suavemente hasta que mis tetas estuvieron al aire. “Tranquila” repetía inútilmente, porque en ese momento, yo solo quería que siguiera con el excitante juego. una vez que bajo mi vestido hasta la cintura, comenzó a abrir su bata para mostrarme sus tetas, que parecían ahora mas grandes que antes.” Te gustan?” me dijo lamiéndose los labios y acariciándolas. Luego tomo mi mano, y la coloco sobre sus enormes pechos, eran suaves, calientes, perfectos, y sus pezones parecían querer explotar, me sentí mas húmeda y con deseos irrefrenables de pasar mi lengua sobre ellos. Marla, que ya se sabia deseada, movió mi mano por su cuerpo, hasta hacerme tocar su pubis, y luego su sexo, que ardía tanto como el mío. Con un rápido movimiento me coloco de espaldas sobre el sofá, y termino de quitarme el vestido, y mis zapatos .Fue ella ahora la que acaricio mi concha. Yo estaba tan caliente, que creí que me corría en ese momento.

Sin previo aviso, se lanzo sobre mi entrepierna, y la comenzó a besar con pasión, luego fue usando su lengua sobre mi vello pubico, hasta llegar a mi clítoris que nunca había experimentado tanto placer. Yo gemía con cada uno de sus movimientos, pero ella no se detenía, haciendo una labor como nunca habría imaginado que fuera posible. Continuo lamiendo, chupando y mordiendo cada uno de los sectores de mi concha, mientras agarraba mi culo con sus manos, y metía su dedo en mi ano, que también ardía de deseo. “Que deliciosa eres” me dijo sin dejar su labor, “mmmmm, y que rico juguito te sale…” En ese momento, no pude aguantar mas, y junte mis piernas fuertemente sobre su cabeza, corriéndome, y gritando de placer como una perra en celo. Marla emergió de mi concha despeinada, y con los labios mojados por su propia saliva, y mis jugos. Al verla, no pude hacer otra cosa que abalanzarme sobre ella a chupar los pezones que ya me obsesionaban, con tanta fuerza, que quedaron rojos luego que termine con ellos.

Lamí todo su cuerpo, desde los pies a su cuello, sus piernas perfectas eran inacabables, y su concha me hacia estremecer. Mordi con pasión sus vellos actuando ya con instinto casi animal. Marla se corrió y sus liquidos mojaron mi boca. Luego caímos al suelo revolcándonos de placer, hicimos la 69, y volví a tener otro gran orgasmo como nunca lo había tenido. Esa noche no paramos de revolcarnos salvajemente, hasta que físicamente fue posible.

Al día siguiente, me llevo a mi casa, y nos despedimos con un gran beso en que nuestras lenguas se entremezclaron como la noche anterior.

Cada vez que me siento caliente, ya no recurro a un hombre para saciarme, solo busco a Marla para satisfacerme.