El taxista me folla a la fuerza

Se me había hecho muy tarde, si no me apresuraba no llegaría a tiempo a la escuela; bueno era mi culpa por querer dormir unos minutos más. Cuando desperté tan solo faltaba media hora para el inicio de clases así que me bañe y vestí lo más rápido que pude. Jamás me ha gustado usar uniforme pero admito que siempre me ha sentado bien llevarlo me da una pinta de niña buena pero al mismo tiempo me hace ver sumamente antojable: mi blusa blanca de botones que yo misma me encargo de subírmela hasta el ombligo, mi falda azul marino ajustada a mi cuerpo hace que resalten mucho mis nalgas y que mis muslos luzcan atractivos para cualquiera, mi suéter azul y por ultimo unas zapatillas con tacón bajo.

Mi mamá se había marchado ya y me había dejado el dinero justo para poder irme a la escuela.

Salí a la calle corriendo y estuve como desesperada intentado parar un taxi, pasaban y pasaban pero todos iban ocupados, estuve a punto de rendirme cuando por fin uno se paró, el conductor bajo su ventana y me dijo:

-¿Vas muy lejos?-.

-Pues si un poco, pero por favor se lo suplico ya voy súper tarde a mi escuela-.

Yo había notado que el taxista me había estado examinando con su mirada, había recorrido con sus ojos todo mi cuerpo y puedo atreverme a decir que hasta había sonreído pero no estaba segura.

-Bueno lindura, pues súbete, nos vamos a ir como locos-.

Abrí inmediatamente la puerta y me senté en el lado del copiloto, el señor no paraba de verme, cada movimiento que hacía en especial con mis piernas no apartaba su mirada de ellas.

-Bueno preciosa, me llamo Paco y hoy tengo el gusto de ser tu taxista-.

-¡Muchas gracias señor Paco! No sabe de verdad como se lo agradezco-.

Le di la dirección de mi escuela y nos pusimos en marcha, durante el camino él alternaba su vista entre el camino y mis muslos, eran miradas lascivas de deseo y excitación puras. No quise darle importancia y no le dije nada, además él era mucho más grande y robusto que yo así que no quería que se enojara y decidí dejar que me siguiera viendo.

-Y bueno dime nena ¿Cómo es que te llamas?-.

Esto era lo que me temía, que me hiciera la conversación pero no quise ser grosera así que le respondí.

-Me llamo Jessica-.

-Qué lindo nombre, tanto como tú mi amor-.

-Haha muchas gracias, que lindo eres-.

-Lo único lindo en este taxi eres tu preciosa, tienes una carita y un cuerpo de en sueño-.

-Basta, vas a hacer que me sonroje y será toda tú culpa-.

-¡Jajajajaja! Me encantaría verte rojita, apenada, te debes ver mucho más hermosa-.

El trayecto resulto sumamente incomodo, el señor no paraba de intentar hacerme conversación y sus miradas se volvían más intensas con cada segundo que pasaba hasta tuvo el descaro de sobarse su pene durante un alto mientras veía mis muslos y pensaba que no me daba cuenta.

Cuando por fin llegamos, el taxímetro marcaba una cantidad sumamente alta y yo no contaba con el dinero suficiente para poder pagarlo.

-Señor Paco, de verdad estoy super apenada pero no me alcanza el dinero para pagarle lo que le debo-.

-Mmmmm eso sí que es grave hermosa, veras, este es mi último pasaje antes de volver a mi departamento y en serio necesito ese dinero-.

-Lo sé y si me espera un poco, entrare a mi escuela para pedir prestado y saldré a pagarle-.

-Ummm lo lamento ricura, pero no puedo arriesgarme ¿Qué tal que ya no sales?-.

-No, de verdad regresare, es más le dejo aquí mi mochila para que me crea-.

-No la verdad no te creo nena, pero podriamos arreglarnos de otra manera ¿Qué te parece?-.

-De… ¿De qué otra manera habla usted?-.

-Bueno, te seré honesto durante el viaje me pusiste súper tiesa la verga ¡Jajaja! ¿Qué tal si me das una chupadita rápida?-.

-¡Esta estúpido! Ni loca hare eso-.

Lo siguiente que sentí fue una fuerte cachetada en mi rostro, me había desorientado y las lágrimas de dolor no se hicieron esperar.

-¡A mí no me vas a insultar estúpida! Tú eres aquí la que sale perdiendo más porque no tienes ni para pagar tu viaje, yo solo te di una opción.

-Pues puede irse muy lejos con sus opciones-.

Después de esas palabras solo sentí tres cachetadas más, el dolor era insoportable y no podía hacer que las lágrimas dejaran de salir, cuando por fin pude enfocar la visión otra vez, el señor Paco me tenía agarrada por el cabello y con mi cabeza pegada al vidrio del carro.

-Pues ahora ya no será una opción, ahora vas a pagarme con tu cuerpo entero y te daré una cojida que jamás olvidaras y si no cooperas ¿Qué crees que te pasara?-.

De la guantera de su auto había sacado una navaja y me empezó a pasear por mi cara.

-Si no cooperas, tu lindo rostro quedara irreconocible ¿Entiendes pendeja?-.

-Si…si está bien ya entendí-.

-Jajajaja perfecto mi amor así me gustas flojita y cooperando, ahora, te informo que ya no entraras hoy a tu escuela, iras conmigo a mi departamento y te daré verga hasta que me canse jajajajaja. Así que pongámonos en marcha para disfrutarte por un buen rato-.

Encendió el carro, le puso el seguro a todas las puertas y empezamos el trayecto a su departamento, no podía parar de llorar ¿En qué me había metido? ¿Cómo había terminado en manos de un taxista pervertido?

El señor Paco irradiaba de felicidad, se le veía en su rostro, tenía una sonrisa de oreja a oreja y no paraba de reirse. Mientras que con una mano iba conduciendo con la otra comenzó a acariciarse su miembro, podía notar claramente como este iba poniéndose duro y levantándose cada vez más y más.

-Creo que no resistiré hasta que lleguemos mamasota, como podrás ver mi verga esta que revienta y necesita ser atendida lo antes posible jejejeje ¿Qué tal si mientras conduzco me vas dando una mamada?

No podía creer como me estaba hablando, había pasado de ser un taxista atento y lindo a un monstruo pervertido y rabo verde. Tenía miedo, estaba paralizada, quería salir de algún modo de ahí pero sabía que no había escapatoria estaba bajo el dominio de este señor.

-Te estas tardando mucho pendeja ¿Acaso necesitas que te corte la cara para que empieces a chupar?-.

Lentamente, sin quererlo realmente, desabroche su pantalón y saque su miembro, era grande, sumamente gordo y con abundantes vellos, ya estaba muy rígido y con las venas salidas. Lo tome con ambas manos porque en una sola no me cabía y poco apoco con todo el asco del mundo empecé a chuparlo, le pasaba mi lengua por su cabeza y me la metía a la boca succionándola.

-¡Uff por dios mami! Pero que boquita tan suave y rica tienes, sigue chupando así perra, me encanta-.

Tome su verga con una mano por el tronco y la acariciaba mientras me metía hasta la mitad en mi boca, toda mi saliva escurría por esa inmensa tranca de carne, poco a poco empecé a tomarle el gusto, me gustaba su sabor, como se sentía su verga dentro de mi boca y empecé a de verdad disfrutar estarme comiendo esa verga tan grande y gorda.

-¡Aaaagh dios mío zorra! Pero que puta eres, no pares te llenare de leche toda tu boca pendeja jajajaja. Por dios mamasota pero que rico chupas, cómemela toda putota.

Sentía que el auto de a poco iba estacionándose pero no me importo y seguí concentrada en mi tarea no paraba de chupar, de saborear, lamer ese tronco de carne tan suculento, quería devorarlo por completo sentirlo todo dentro de mi boca. El señor Paco me alzo de a poco la falda y empezó a manosearme las nalgas, me las apretaba y me daba nalgadas, pasaba sus dedos por en medio de ellas y me acariciaba mi ano.

-Uff Jessica, que buena estas nena, desde que te vi ahí parada fuera de tu casa me imagine dándote verga por todos lados preciosa, me encanta este pinche culote que te cargas, se ve que le entrara toda mi verga sin problemas jejejeje-.

Gluuurp gluuuurp gluuurp eran los sonidos que hacia la verga del señor Paco dentro de mi boca, estaba como loca comiéndomela, no quería parar me encanta tener esa herramienta carnal en mi cavidad bucal, me encantaba su dureza invadiendo entera mi boca. Los manoseos del señor Paco eran constantes y me estaban poniendo súper caliente, mi vagina ya estaba empezando a encharcarse y mi ano empezaba a cosquillear.

-¡Aaaaaagh maldita perra sucia! ¡Me voy putota! Te voy a dar toda tu leche zorra barata y quiero que te tragues hasta la última gota, no desperdicies nada de tu alimento perra-.

Me tomo del cabello y me ensarto su verga entera hasta el fondo de mi garganta, no podía respirar y me estaba ahogando con su pedazo de carne dentro de mí, las lágrimas salieron por mis ojos sin control. Empezó a menear su verga dentro de mi boca como si me la estuviera violando y por cada ves que me la metía yo menos podía respirar.

-¡Me voy putita, ahí te van mis mecos, trágatelos todos pedazo de perra barata! Jajajaja que rica mamada me pegaste puta ahora aquí tienes tu recompensa-.

Sentí como su semen caliente invadía mi boca, chorro tras chorro me inundaron por completo y para poder respirar me los trague todos aunque algunos chorros lograron escapar por la comisura de mis labios. Estaba mareada y cansada, había sido la chupada de verga más larga que había hecho hasta ahora. Me tomo por la cara y me paso su verga por mi rostro limpiándose el semen restante en él.

-Aaaaagh que buena chupada me pegaste nena jejejeje tienes una boca de mamadora profesional-.

-Si…si…bueno me esforcé en hacerlo bien-.

-Jejejeje pues lo lograste perrita, hace mucho que no tiraba tanto semen jejeje y te lo tragaste todo como la puta que eres-.

No sabía en donde estábamos, estaba oscuro y yo estaba totalmente desorientada, solo pude apreciar que había unos cuantos carros más estacionados en ese lugar.

-Bueno putita, pues hemos llegado, estamos en el estacionamiento de donde vivo jejeje recordaras este lugar por siempre, como el lugar en donde te llene de mis mecos espesos tu linda boca de perra ¡Jajajaa! Pero ahorita que subamos a mi casa mi amor, empezara lo bueno en verdad…te gozare de pies a cabeza, cada agujero que tienes será mío en especial el de ese culote tan rico que te cargas pendeja caliente…-.

Joven abusada con el consentimiendo del padre

Hola, me llamo Sol, hace un mes que estoy conectada a Internet y una buena amiga me habló de ésta página de la que me he convertido en asidua visitante.

La historia que os voy a contar es absolutamente real, sólo he cambiado los nombres de las personas que aparecen en ella, y espero que surta efecto en los/las que la leáis, bien porque os excite o bien porque os pueda servir de ayuda si os veis en una experiencia similar.

Antes de nada os diré que ésto me ocurrió hace ya unos años. Ahora lo veo como un episodio de mi vida pero en aquél momento, en fin que queréis que os diga, fue duro, muy duro…

Acababa de salir de la escuela de Magisterio, había conseguido mi título de maestra y en el concurso me destinaron a un pueblecito de Jaén. No lo dudé, no lamentaba en absoluto dejar al sinvergüenza de mi padre.

Quedarse con él hubiera sido un crimen. Desde que murió mi madre me trataba tiránicamente, incluso en algunas ocasiones había tratado de propasarse conmigo. Se ve que no le bastaba con las putas que constantemente visitaban su cama. Quizá por esa presión de mi padre siempre fui una chica bastante estrecha en lo que se refiere a las relaciones con los chicos. Él aprovechaba cualquier circunstancia para acosarme: si me metía en la ducha, allí aparecía él, si me estaba desnudando o vistiendo se las ingeniaba para entrar en mi dormitorio…, y si había bebido era aún peor, no controlaba sus actos y se volvía incluso violento.

Pero antes de relataros lo que me sucedió en aquél pequeño pueblo, dejadme que os cuente algunos episodios que marcaron igualmente mi vida. Recuerdo perfectamente el día que dejé de ser virgen. Ese día cumplía 17 años. Mis atributos de mujer ya eran totalmente patentes, mi pecho se había desarrollado y, la verdad, tenía un cuerpo bastante mono, si acaso con un poco de tripita, lo cual en aquél tiempo también me hacía más tímida. Era un caluroso sábado de primavera y como había estado estudiando para un examen parte de la noche y toda la mañana, me había echado en la cama quedándome profundamente dormida y desconociendo completamente que “había quedado” con los vecinos del bloque para tomar un chocolate con bizcocho por mi cumple. Lo de la invitación había sido idea de mi padre, que como veía que no me relacionaba con chicos y chicas de mi edad había invitado a tres chicos que vivía en el piso de abajo. Dos de ellos eran hermanos, de 17 y 19 años, Raúl y Lorenzo, y el tercero, Julián, era el hijo de la portera, aunque ya ejercía de portero, porque era mayor de edad y su padre estaba ya cansado de que se dedicara todo el día a vaguear. Los tres eran unos golfos pero el peor de todos era Julián, al que le encantaba decirme improperios y colocarse al pie de la escalera mientras yo subía, para contemplar el panorama.

A Julián, mi padre no le invitó porque sí, le invitó porque sabía que vendría con su novia, o mejor dicho con su chica, Lola, una jovencita preciosa con un cuerpo explosivo a la que Julián chuleaba, y que volvía loco a mi padre. A Raúl y Lorenzo los invitó de relleno.

Los chicos vinieron a mi casa y llamaron a la puerta. Mi padre que estaba, como es habitual, medio borracho, les dijo que estaba dormida pero que entraran. No solamente no se había acordado de decirme a mí lo de la fiesta, sino que tampoco se había acordado de preparar el chocolate y los bizcochos, lo que les dijo tratando de disculparse e indicando que quizás sería mejor dejar para otro día la invitación. Mis vecinos viendo la situación en que se encontraba mi padre, decidieron divertirse un poco a su costa:

– No se preocupe Don Matías, pero ya que estamos aquí, una cervecita si nos podía ofrecer ¿eh?

– – Cuando ya llevaban unas cuantas copas, Julián decidió entrar en acción:

– – – Y ¿Cómo es que su hija no sale nunca por las noches?

– Es que es muy tímida, ella necesitaría que unos chicos dispuestos como vosotros la dieran un empujoncito. – Hombre Don Matías, a mí es que ya me pilla con novia y además no creo que la merezca, pero estos dos chicos,…, podría elegir a uno de ellos.

– – Viendo que mi padre ya totalmente borracho, asentía, Julián fue un poco mas lejos, y haciéndole un guiño a Lola, empezó a hablar de las excelencias de Raúl y Lorenzo, que efectivamente eran unos golfos “excelentes”. Lola entendió el guiño a la perfección, y sentándose en el sofá al lado de mi padre, posó su mano justo encima de su miembro. – – – Lo que pasa Don Matías es que estos dos son muy tímidos, verá usted, no han estado en su vida con una mujer, ni siquiera han visto nunca una chica desnuda.-

– – Lola ya le había bajado la cremallera y palpaba el pene de mi padre por encima del slip. Mi padre se limitaba a asentir a lo que decía Julián debatiéndose entre el miedo a que Julián viera lo que estaba haciendo Lola, y el placer de los tocamientos que estaba recibiendo.

– – De la propia excitación el pene se desembarazó del slip y pasó a las manos de Lola, que empezó a acariciarlo masturbándolo lentamente.

– – – Julián, yooo, yo no he hecho nada, ha sido ella. Uno no es de piedra y,… – No se preocupe Don Matías. Haremos una cosa: Ud. se ocupa de Lola y nosotros despertaremos a Sol y yo me encargaré personalmente de que ella y estos dos reciban el empujoncito necesario para que se vayan conociendo.

– – Dicho ésto, bajó los tirantes del vestido de Lola dejando a la vista un par de tetas enormes y poniéndola de pie, dejó caer el vestido al suelo. Mi padre estaba demasiado borracho y excitado como para darse cuenta de lo que Julián le estaba proponiendo, y además allí estaba Lola vestida exclusivamente con un tanga que enseñaba más de lo que escondía, así que de un tirón le arrancó la prenda y lanzó sus manos sobre su cuerpo magreándolo a placer.

– – Mientras mi padre se divertía, Julián y los dos hermanos se dirigieron a mi dormitorio, abrieron la puerta y viendo que seguía dormida me rodearon. Los hermanos se pusieron en mi cabecero, uno a cada lado, y Julián deslizó delicadamente la sábana que me cubría hasta quitármela completamente. Ante sus ojos se mostraba una chica de 17 añitos en camisón que a duras penas cubría la braguita que me protegía de sus miradas lascivas. Por suerte me encontraba tumbada boca abajo, lo que ocultaba mis pechos, aunque como os estaréis imaginando esa situación no duró mucho. Sin entretenerse lo más mínimo, Julián levantó mi camisón lo justo para que mi trasero quedara completamente al descubierto. Posó su mano sobre él con suavidad, lo cual hizo que yo notara una sensación extraña y cálida a la vez. Eso me mantuvo dormida, pero cuando su mano pasó de posarse sobre mis bragas a deslizarse dentro palpando mi culo, un escalofrío sacudió todo mi cuerpo y dando un bote quedé sentada sobre mi cama. – – Asustada aún, y pese a la penumbra de mi cuarto, contemplé las caras risueñas de mis tres asaltantes.

– – – ¿Qué estáis haciendo aquí?- les pregunté mientras intentaba que mi camisón me tapara todo lo posible – Tu padre nos ha sugerido que te espabilemos un poco, así que …

– – Sin darle tiempo a terminar la frase, y aprovechando el factor sorpresa, le quité de en medio de un empujón y salí corriendo hacia el salón. Pero el espectáculo que apareció ante mí me dejó parada. Lola estaba completamente desnuda tumbada boca arriba en la mesa y con las piernas sobre los hombros de mi padre, que la estaba penetrando ferozmente. – – Sólo reaccioné cuando Julián me atrapó entre sus brazos y arrastrándome me tiró de nuevo sobre mi cama. Intenté levantarme de nuevo pero Raúl y Lorenzo me agarraron cada uno de un brazo reteniéndome en la cama al mismo tiempo que Julián se sentaba sobre mi estómago dejándome inmovilizada.

– – – No sirve de nada que luches, ni que grites, y ya has visto que tu padre no está en condiciones de echarte una mano – ¿Qué queréis hacerme? Por favor no me hagáis daño Raúl y Lorenzo no decían nada, se limitaban a mirarme con ojos lascivos relamiéndose de gusto, y Julián, que estaba disfrutando su dominio sobre mí, me contestó con sorna:

– – – No es “qué queremos hacerte”, es “qué vamos a hacerte”, y en cuanto al daño, va a depender de ti, si te portas bien y colaboras será muy placentero, aunque me decepcionarás porque si te digo la verdad casi prefiero que te resistas. – – No dije ni palabra, estaba anonadada, pero cuando Julián trató de subirme el camisón para sacármelo por los hombros, empecé a chillar como una loca luchando por desembarazarme de la presa a la que me veía sometida.

– – – ¡PLAAAF! – La bofetada que recibí en la cara me dejó muda y quieta. Noté como mi carrillo enrojecía de dolor y unas lágrimas surcaban mi cara mientras Julián asió de nuevo mi camisón con una mano y con la otra desplegó una de esas navajas automáticas

– – – ¡RAAS, RAAAS, RAAAAAS! – Con sólo tres tirones rajó mi prenda desnudando mi pecho. Yo seguía sin poder moverme, tenía demasiado miedo, mi cara ardía de dolor, estaba completamente a su merced. Julián usó también su navaja para cortar los laterales de mis bragas, y de un tirón se quedó con ellas llevándoselas a la nariz y olfateándolas como un perro. Raúl y Lorenzo se apoderaron de mis pechos, sobándolos, amasándolos, estrujándolos, pellizcando mis pezones. No paraban de chillarme e insultarme, diciéndome que me iban a follar, llamándome puta, ….

– – Julián, mientras, jugaba con mi entrepierna tirando de mi vello púbico y luchaba por introducir su mano entre mis apretados muslos para descubrir mi rajita.

– – – Lo sabía chicos, tenemos un coñito virgen, y todo para nosotros. No te preocupes Sol, ya verás cómo te va a gustar. Y ahora, ya puedes ir abriendo las piernas o de lo contrario me vas a obligar a hacerte daño. – – Yo no podía articular palabra pero seguí apretando mis muslos aprisionando la mano de Julián, pero el puñetazo que recibí en el estómago me hizo perder la respiración dejándome sin fuerzas para seguir luchando.

– – Aprovechando mi situación, mis tres asaltantes se desnudaron. Julián separó mis muslos sin dificultad y colocando su pene a la entrada de mi coño me penetró de un golpe. Al principio el dolor fue inmenso, noté como si una barra de acero caliente se introdujera en mi vagina penetrándome una y otra vez, una y otra vez… – – No podía ni chillar ni pedir auxilio porque Raúl y Lorenzo se turnaban en taparme la boca con sus pollas provocándome arcadas continuas. Me vi obligada a mamársela a Raúl mientras masturbaba manualmente a Lorenzo, para acabar cuanto antes.

– – Julián, entre alaridos y espasmos, se corrió en mi interior inundándome con su semen, y viendo que Raúl estaba a punto del orgasmo intenté sacar su polla de mi boca pero él apretó mi cabeza contra su entrepierna, corriéndose. No tuve más remedio que tragarme su semen, lo que me provocó nuevas arcadas. Sin darme tiempo a reaccionar Julián ocupó el sitio de Raúl y me obligó a limpiar su glande con mi lengua. No había acabado de limpiarle los restos de semen, flujo y sangre cuando noté como de nuevo era violada, esta vez por Lorenzo que se había quedado a medias. Su miembro era más pequeño que el de Julián y, ¡Dios mío! sus continuas embestidas me estaban produciendo placer. No quería aceptar la evidencia, pero empecé a jadear y suspirar cada vez con más vehemencia. Raúl, viendo como sus compañeros me follaban vaginal y bucalmente comenzó a masturbarse magreando mis pechos. Poco tiempo después, me sobrevino un espasmo que electrizó todo mi cuerpo llevándome al orgasmo. Casi al mismo tiempo, Lorenzo y Julián se corrieron en mis dos forzadas entradas, y Raúl desparramó toda su lefa sobre mis tetas. – – – Vamos chicos, vámonos ya..- gritó Lola, que había contemplado el final del espectáculo, ya que mi padre después de follarsela se había quedado completamente dormido. – Hasta la vista Sol,- me dijo Julián – ha sido cojonudo tía, y al final has disfrutado so puta. – Malditos cabrones, largaros de aquí, hijos de puta

– – Se marcharon dejándome exhausta y desvirgada. Bueno, espero que os haya gustado. En la segunda parte os contaré que pasó cuando pocos días después, en el colegio de monjas donde asistía, me hicieron un reconocimiento médico.

Mis hermanos abusan de mi a su antojo

Hola tengo 21 años y tengo dos hermanos menores de 17 y 18 años, los cuales por lo que a continuación sucedió me metieron en situaciones que después terminaron por gustarme.

Yo soy una muchacha con muy buen cuerpo y que gusta de una forma de vestir muy provocativa tanto para andar en casa como para andar por la calle, lo cual fue la razón por la que terminé metiéndome en líos, ya que solía vestir ropas muy sexis en presencia de mis dos hermanos, lo cual yo hacía sin ninguna mala intención debido a que eran mis hermanos y no me preocupaba que me vieran ligera de ropas, llegando en ocasiones a dejarme ver en ropa interior, pero por lo regular dentro de la casa visto con ropa cómoda y ligera ya que donde vivimos el calor es bastante fuerte, por lo que visto falditas cortas y de vuelo con tangas pequeñas, o pantalones de lickra tipo ciclista muy pequeños y de colores claros donde se llega a notar mi ropa interior muy fácilmente, así mis camisetas suelen ser delgadas y con la ausencia de sujetador ya que mis senos aunque son grandes son muy firmes, llegando a traslucir mis pezones. Nunca pensé que estas ropas despertaran el deseo de mis hermanos hacia mí, y el día que pude darme cuenta de esto llegaría mas pronto de lo que me imaginaba.

Como ya les conté, también para andar en la calle no me molestaba ir ligera de ropas y con ropas que evidenciaban mis calientes curvas y pequeña ropa interior, así que un día que me dirigía a un centro comercial abordé un autobús atiborrado de gente, en el cual era muy difícil avanzar dentro de él, por lo que quedé entre un gran numero de gente, donde su mayoría eran hombres, y por mi forma de vestir, que era una falda de algodón muy pequeña, por lo que de inmediato comencé a sentir manos en mi trasero, en repetidas ocasiones volteé a ver quién era el atrevido pero por lo repleto del autobús no sabía quién me metía mano, por lo que para no montar escándalo decidí no prestar atención a los atrevidos avances, pero al ver mi pasividad el manoseador tomó más valor llegando a deslizar sus manos bajo mi falda, yo intenté retirarme pero era del todo imposible, así que me resigné al manoseo del que era presa, pero algo extraño comenzó a sucederme, ya que los atrevidos manoseos comenzaron a ponerme nerviosa, llegando a no parecerme tan incómodos, ya a estas alturas el fulano se había extraído el pene y lo frotaba en la raja de mis nalgas ya que había levantado mi falda y su pene se friccionaba con mis nalgas desnudas ya que mi tanga era muy pequeña y quedaba entre los dos glúteos. En cierto momento sentí que de su miembro salía un liquido caliente y viscoso, por lo que avergonzada bajé de inmediato de el autobús, pero apenas había avanzado un pequeño tramo sentí que me tomaban por el brazo y yo sobresaltada volteé rápidamente, y dándome cuenta que se trataba de mis dos hermanos, con lo cual me sentí mas aliviada de verlos, pero que equivocada estaba, ya que el mayor Raimundo de inmediato me dijo:

– Acabamos de ver como ese tipo en el autobús te magreaba y tu tan contenta.

A lo que yo contesté.

– No estaba contenta, sólo que no quería montar un escándalo, además el tipo en realidad no se propasó tanto conmigo.

A lo que mi segundo Hermano Javier contestó.

– Eso ya lo veremos- Y metió su mano bajo mi falda y la extrajo mostrándome los rastros de semen que el tipo dejara en mis glúteos.

– Entonces ¿qué es esto?- Me dijo el muy guarro.

Ante esta situación ya no supe que decir, y de inmediato mis hermanos me sentenciaron con decirle de esto a mis padres, y yo por temor y por vergüenza de que mis padres se enteraran de esta situación les rogué que no les dijeran nada a nuestros padres, que a cambio yo haría todo lo que me pidieran. A lo que mis hermanos se quedaron pensativos un momento y después aceptaron mi propuesta, pero dijeron que después me dirían que cosas yo realizaría a cambio de su silencio y nos marchamos de el lugar rumbo a la casa.

Después yo me encontraba nerviosa pensando en que pensarían mis hermanos y sabría realmente como se cobraban el silencio.

Al otro día muy temprano me dijeron.

– Como te gusta que cualquier fulano te meta mano, te vamos a cumplir tus deseos, así que vístete con la ropa mas sexi que tengas que vamos a salir a dar un paseo. Yo me puse un pequeño conjunto enterizo de mallones blancos en el cual se notaba una tanga de color un poco mas oscura que mis hermanos me obligaron a poner para que se notara a través de el mallón y me jalaron el mallon de la parte del tiro para que se metiera en mis dos rajitas para que me viera aún mas excitante, y de inmediato nos fuimos al subterráneo donde me obligaron a entrar al vagón más lleno que pasó, quedando yo a merced de los calientes tipos que de inmediato me metieron mano a sus anchas ya que mis hermanos en lugar de enfadarse observaban divertidos como estos tipos manoseaban a su hermana, donde varias manos me tocaron el trasero y mi conchita llegando incluso a lastimarme, después me llevaron a un cine porno donde se acostumbra que las mujeres que quieren jaleo permanezcan paradas en un extremo oscuro del cine, donde varios hombres se arremolinan a su alrededor y le dan caricias mientras se observa la caliente película, por lo que al observar mis ropas y mis curvas de inmediato se arremolinaron varios hombres a mi alrededor, volviendo a meterme mano a su antojo, pero mis hermanos no contentos con lo que le hacían estos tipos a la zorra de su hermana, les dijeron a ciertos fulanos que yo quería más que una simple metida de mano, que si se iban a los baños ella los complacería de otra forma.

Por lo que mis hermanos me sacaron de entre la turba de hombres quienes no permitían que me sacaran de entre ellos, por lo que los jaloneos de los tipos en mi ropa llegaron a romperla a la altura de la costura del trasero quedando buena parte de mis nalgas de fuera, me llevaron a los baños donde fui poseída no solo por los extraños de el cine sino también por mis propios hermanos, quienes me dijeron que siempre habían fantaseado con poseerme de esa forma, que llegaban a hurtar mi ropa intima para masturbarse en ella y después de seca la regresaban a su lugar, disfrutando cuando notaban que yo me la ponía llena de su semen, y que en ocasiones cuando me quedaba dormida mirando la tele con ellos, me levantaban la ropa para observar mi cuerpo, tocar mis senos y mi culo, esto en lugar de enfadarme me puso muy cachonda, cuando por fin nos retiramos de el cine, me di cuenta que ese día lo había disfrutado bastante, que les dije a mis hermanos que de ahora en adelante lo realizaríamos todas las veces que ellos quisieran, que nunca más tendrían que obligarme, de regreso abordamos nuevamente el subte, donde mis hermanos me habían facilitado un sweter para tapar mi mallon roto, pero una vez adentro me lo quité, así los que me metían mano tocaban directamente mi trasero desnudo, mis hermanos miraban como me tocaban el culo de lo mas calientes, al bajar un tipo me tomó de la tanga y la tiro con tal fuerza que se quedó con ella en las manos, regresando yo a casa casi violada, con los mallones rotos y sin tanga, pronto les contaré otras cosas que los pondrán a 100, saludos. Irene.

Conocen a una chica en la discoteca y abusan de ella que le acaba encantando

En mi adolescencia no tuve un grupo de amigos muy calmo que digamos. Éramos un grupito de seis chicos, de los cuales ninguno pasaba los 18 años excepto Oski, que tenía 26, un físico enorme y un carácter dominante. De más está decir quién era el que mandaba. Si bien jamás habíamos hecho nada ilegal, ni Oski nos pedía cosas imposibles de hacer, la mezcla de respeto, admiración y miedo que todos sentíamos por él, a mí me hacía pensar que algún día nos arrastraría a cometer alguna locura.

Y eso ocurrió. Cierta noche fuimos a bailar. Uno de los chicos, Javier, conoció a una deliciosa jovencita. No había llegado a los 18 y su corta remera destacaban tanto sus pechos, que no eran grandes pero si muy sexy, y su vientre blanco, plano y apretado, como toda su cintura. Llevaba una falda larga hasta los tobillos, que se las arreglaba para destacar un culito más que prometedor. Era de estatura baja y su cara era raramente sexy, dominada por una nariz de tabique irregular y unos ojos enormes.

La vi bailar junto a Javier y, si bien yo estaba bailando con una adolescente muy bonita también, no podía quitarle los ojos de encima. Su nombre era Oriana y bailaba con las manos de Javier en la cintura, moviéndose con una sensualidad que le nacía de las mismísimas entrañas.

Al salir del boliche, el único que terminó la noche acompañado fue Javier. Noté cómo Oski dejaba que su mirada se perdiera en la casi etérea figura de Oriana. Javier nos pidió que acompañemos todos juntos a Oriana a su casa, que no vivía lejos, pero que en el camino tenía zonas no muy seguras que atravesar. Estábamos, además de Javier, Oski, Dani y yo.

El que dominó la escena durante la caminata fue Oski, que nos iba relatando a todos algunas de sus hazañas. Al pasar por una obra en construcción que tenía un precario cerramiento de madera, asegurado con un simple candado, Oski nos desafió a que él podía abrir ese candado con un pedazo de alambre. Curiosamente Oriana aceptó el desafío y se dispuso a probar que esa maña de Oski era cierta. Y lo era. Oski encontró un trozo de alambre y en poco tiempo destrabó el candado como con su propia llave.

“Ahora cerralo”, le dijo Oriana.

“No, ahora que está abierto entramos” dijo Oski y con una mirada nos ordenó a Dani y a mí a hacerlo. Javier y Oriana, a su pesar, entraron al quedarse sin compañía para seguir el camino. Pero Oriana insistía constantemente en que nos vayamos. El lugar estaba oscuro, apenas iluminado por las luces de la calle y por una poderosísima luna que gobernaba una noche despejada y cálida.

El ambiente se fue poniendo pesado. Oski le insinuaba cosas a Oriana y ésta que se quería ir. La cosa se puso fea cuando Oski le pidió a Oriana que haga un strip-tease, a lo que Oriana respondió enfurecida, pidiéndole a Javier que la lleve a su casa, pero Oski le ordenó a Javier que se quedara quieto, lo amenazó y enseguida, se paró frente a Oriana y le dijo que comience a desnudarse. Oriana quiso huir, pero Oski la tomó de un brazo. Luego nos pidió a Dani y a mí que la tomemos de los brazos. Él se paró frente a Oriana y le dijo: “así se hace un strip-tease”, tomó su remera con ambas manos y la rasgó dejando las hermosas tetas de la chica a la vista de todos. A pesar de su llanto, el cuerpo de Oriana me excitó sobremanera. Miré su espalda y vi cómo esta terminaba en su fabuloso culo que temblaba bajo la falda. Hacia allí fue mi mano.

Era increíblemente firme y carnoso. Tomé con toda mi mano uno de sus glúteos y lo amasé con deleite, mientras Oski le manoseaba las tetas.

Ahora Oski la tomó de los pelos y la obligó a arrodillarse. Se bajó el cierre de sus pantalones y sacó un enorme instrumento en vías de erección. Yo me apresuré a arrodillarme tras ella y a apoyar mi excitado sexo en su cola, mientras Oski y Dani la obligaban a que se lleve a la boca la pija de Oski.

Miré a un costado y Javier estaba paralizado por lo que veía. Oski lo alentaba a unirse a la fiesta, pero él estaba paralizado.

En medio de forcejeos, amenazas y llantos de Oriana, Oski logró que su pija descanse en la boca de la chica un par de veces. Luego volvió a obligarla a que se ponga de pie y la llevó hasta una pared. La puso de cara contra los ladrillos y levantó su falda, tomó su bombacha y se la sacó de un tirón, rompiéndola. En ese instante pude ver su preciosa cola que tan obsesionado me tenía hasta ese momento. Oski la tomó de las caderas, Oriana quedó apoyada con sus manos contra la pared y así, medio doblada hacia adelante, recibió el embate de Oski en su concha, que tomándola de la cintura se la empezó a coger como un demente. En un momento, los quejidos de dolor de Oriana ya no parecían ser tales y se iban mezclando con jadeos y suspiros.

Dani y yo teníamos unos bultos enormes a esa altura y mirábamos la escena con apetito.

Oski le dijo a Dani que se acueste en el piso. Dani se bajó los pantalones y se acostó con la pija en pie de guerra. Oski obligó a Oriana a que se monte sobre ese aparato, cosa que logró en medio de más forcejeos. Al lograrlo, Dani comenzó a moverse como loco dentro de Oriana. Pero Oski no había terminado su tarea: apuntó su lanza a la preciosísima cola de la chica que respondió a la primer embestida con un grito.

Ver a mis amigos ocupando los agujeros de esa hermosa mujer, me terminó de enloquecer. Saqué mi pija y empecé a masturbarme. Sobre todo porque noté que Oriana seguía insultándolos, pero ya no había mucha resistencia que digamos. Ver a Oski entrando y saliendo de ese tremendo culo era lo máximo. Javier seguía estupefacto, mirando la escena. Luego Oski sacó su pija de la cola de Oriana y se paró frente a su rostro, la tomó de los pelos y empujó su aparato dentro de su boca, donde derramó el final de su faena, a la vez que me ordenaba que me hiciera cargo de la cola de la chica. Yo no necesitaba que me obliguen, me abalancé hacia ese culo soñado al instante. Sólo en películas porno, había visto un culo tan escultural al desnudo y disponible. Acomodé mi pija en la entrada y empecé a hundirla, sintiéndola apretada por aquel monumento. Cuando sentí el roce de la piel de sus cachetes en mis huevos creí que iba a morir de placer. Empecé a sacudirme rogando que aquello no terminara jamás. Pero terminó mientras me hundía en ella por enésima vez y descargaba toda mi leche con un torrente violento. La saqué y acomodé mi ropa. Dani estaba terminando lo suyo. “Llego” gritó. Pero Oriana se zafó y fue a buscar esa pija que se ocupó de su concha mientras Oski y yo le destrozábamos el culo, se la llevó a la boca y se tragó hasta la última gota que le sacó con una paja gloriosa.

Oski le dijo a Javier “Bueno querido, toda tuya. Después de todo, te la merecés, ya que fuiste vos quién se la levantó”. Oriana se acercó a Javier, se paró delante de él dándole la espalda y comenzó una especie de baile cuya coreografía tenía el atractivo centrado en su cola que se movía sobre el bulto de Javier que empezaba a reaccionar. Nosotros tres nos fuimos. “Dejémoslos solos” fue la orden de Oski.

Caminamos hacia nuestras casas comentando aquella experiencia. Llegamos a una esquina y nos separamos, cada uno en dirección a su casa. Pero yo no pude reprimirme. Y volví sobre mis pasos hacia aquella construcción. Entré sigilosamente, sin hacer ruido, y me escondí tras una pila de ladrillos desde donde podía ver a Javier y a Oriana. Llegué en el momento en que ella se acomodaba en cuatro patas, pero con la cara y el pecho contra el suelo, dejando su delicioso culo, entregado y generoso, hacia arriba. En el preciso momento en que Javier enterraba su pija en la cola de la ronroneante Oriana, yo empezaba a masturbarme.

Infidelidad Castigada

Carlos regresó del viaje antes de lo previsto. Había pasado mucho tiempo fuera y tanto para él como para Laura, su esposa, resultaba insoportable la abstinencia sexual a la que se veían sometidos cuando tenía que realizar viajes tan prolongados.
Venía imaginando la agradable sorpresa que daría a Laura; el apasionado encuentro, los besos, los abrazos, las caricias y la forma desaforada en que harían el amor. Pero algo inesperado ocurrió. Al llegar, muy tarde en la noche, justo frente a su garaje estaba estacionado un auto deportivo; en la casa sólo podía verse la tenue iluminación de la alcoba; las demás luces estaban apagadas. De inmediato su mente lo llevó a desagradables conclusiones: definitivamente el carro era de un hombre, el sitio donde había parqueado no dejaba duda que estaba en su casa, no era una visita social, tanto por la hora, como por la obscuridad de la casa.
A la sensación de excitación y ansiedad por el encuentro, se sumaba ahora la ira y los celos. Entró sigilosamente , se quitó los zapatos para no hacer ruido, subió la escalera empuñando un revólver y se aproximó lentamente a la habitación. La puerta estaba entreabierta, se escuchaba la respiración agitada y los jadeos de un hombre, al igual que reconoció los gemidos de placer de su esposa. Se detuvo antes de entrar. Por la abertura de la puerta pudo ver como un apuesto joven penetraba en forma acompasada y vigorosa la provocativa vulva de Laura. Por la posición en que lo hacían pudo notar que aquel hombre poseía un largo y robusto pene que podía competir ventajosamente con las dimensiones del suyo. Las manos de aquel macho se aferraban a los senos de su esposa, los cuales lucían colorados, fuertes y erguidos con los pezones obscuros y erectos. Ella gemía mientras se aferraba a las sábanas con los puños cerrados. Un momento después, ambos, en medio de suspiros y convulsiones alcanzaron el orgasmo. La visión de aquella escena, a pesar de su ira, lo hizo estremecer de excitación.. Su pene estaba hinchado y húmedo y experimentaba una extraña pero agradable sensación al ver otro hombre fornicando con su esposa.
Sin meditar, siguiendo sus impulsos, irrumpió violentamente en la alcoba, empuñando el revólver con ambas manos, apuntando directamente al intruso, quien asustado se levantó de un brinco mientras su pene aún convulsionando, dejó caer los últimos corros de semen sobre el afeitado y fragante triángulo de la entrepierna de su esposa, quien quedó sentada, atónita y muda ante la sorpresa. Carlos, enfurecido, gritó entonces al hombre: “¿Con que eres muy hábil para hacer gozar a mi esposa? ¡Pues veamos que tan hábil eres para hacerme gozar a mi! Mientras decía ésto, se había desprendido de sus pantalones e interiores, quedando expuesto y a la vista su extraordinario miembro, erguido, carnoso y terminado en una redonda, colorada y ciclópea cabeza. Se acercó al desconocido y colocando sobre la cabeza una de sus manos, lo empujó hacia abajo, mientras con la otra sostenía el arma. Comprendiendo la seña el hombre se arrodilló frente a él, lleno de pánico sin comprender que le asustaba más, si el revólver que apuntaba a su sien o el falo que apuntaba a su boca. Indefenso y sin más alternativa, acogió entre sus labios la cabeza de aquella amenazante verga y ante la advertencia que recibió en ese momento: “Màs vale que lo hagas bien, pues de ello depende tu vida”, comenzó a chupar con esmero aquella cabezota y a medida que Carlos se excitaba más y daba movimiento a sus caderas, aquel pene fue penetrando cada vez más profundamente en su boca, hasta ocupar su garganta, en tanto que realizaba esfuerzos para no ahogarse.
En medio del asombro, el susto y la sorpresa, Laura excitada por la escena, en forma inconsciente se dedicó a acariciar se palpitante clítoris, el cual por la erección que había logrado parecía un diminuto pene. Esto aumentó el placer de Carlos, precipitándolo más rápidamente al clímax. Cuando sintió que no aguantaba más, tomó por la nuca al muchacho y apretó la cabeza contra su pubis, mientras los chorros de semen inundaban la garganta de aquel condenado, quien con los ajos llorosos y muy abiertos en actitud de angustia, hacía lo posible por tragar todo el espeso líquido que le atragantaba al punto de dejarlo sin respiración. La presión no cesó hasta cuando aquel pene exhausto y exprimido, quedó flácido y reducido a la mitad del tamaño que hubiera tenido que acoger en sus labios.
A pesar de la angustia, la sorpresa y el susto, tanto Laura como su amante estaban disfrutando la situación, al igual que el engañado marido. El muchacho por su parte, calladamente se sorprendió a sí mismo disfrutando un acto que jamás había imaginado realizar y que seguramente en otras circunstancias se hubiera negado a practicar. Tan placentero y excitante le había resultado mamar el pene de otro hombre, que el suyo presentaba como resultado una inusitada y extraordinaria erección, lo cual notó Carlos, quien al punto le dijo: “¿Ah!, con que lo disfrutaste?, pues aunque lo hiciste bien y me hiciste gozar, todavía no has terminado. Manejas bien tu boca. Veamos ahora cómo manejas ese instrumento.” Colocándose ahora de rodillas, recargando sus codos sobre la cama, presentó al joven su trasero, el cual lucía un obscuro orificio que palpitaba con la excitación. “Más vale que lo hagas suave y que me hagas gozar”, le advirtió. El improvisado amante bisexual se acercó por detrás y para evitar mutuos dolores, decidió lubricar previamente aquel agujero estrecho. Acercó entonces su boca, acarició con la lengua el arrugado hoyuelo, bañó copiosamente con su saliva la zona a trabajar y se abrió paso paciente y delicadamente con la punta de su lengua en el interior del ansioso músculo, arrancando gemidos de placer a su dueño. Luego acercó su impresionante miembro, colocó la punta contra la entrada de la cerrada caverna y empujó suavemente hasta lograr introducir la cabeza del pene. En ese momento el músculo se contrajo y Carlos se quejó. Entonces detuvo el impulso, retiró el miembro y recomenzó la penetración, repitiendo varias veces la misma operación, introduciendo poco a poco, cada vez más profundamente aquel fabuloso falo, hasta cuando sus testículos no le impidieron continuar. La excitación de Carlos iba en aumento a cada envestida y viendo a su esposa que contemplaba con asombro y placer lo que ocurría, la acercó, le colocó las piernas sobre sus hombros y se dedicó a sorber de su vulva los restos de semen que hubiera dejado el muchacho que ahora penetrara su trasero con tanta habilidad, los cuales escurrían tibios desde el interior de aquella vagina que no había cesado de vibrar con las caricias que en forma permanente había prodigado Laura en su hinchada perla.
Todos gemían de placer en medio de sus entrecortadas respiraciones. Cuando el zodomizado marido sintió que se acercaba el momento final, a juzgar por el aumento de ritmo de las envestidas de su improvisado amante, con un golpe de culo lo empujó de tal forma que lo dejó sentado en el piso y se abalanzó de cabeza sobre su pene en el preciso instante en que eyaculaba. Con deleite saboreó hasta la última gota del agridulce manjar, al tiempo que la mujer, con tres de sus dedos, penetraba rabiosamente su vagina, logrando un nuevo orgasmo que la hacía estremecer de gusto.
Los tres quedaron tendidos por algunos minutos, exhaustos, pero con expresión de satisfacción en sus rostros.
Laura, ya tranquila, sorprendida, agradada y satisfecha por la actitud de su marido, se levantó a agradecerle con un beso que disfrutó doblemente al reconocer y degustar el sabor de su amante que muchas otras veces había disfrutado como ahora lo había hecho Carlos.
Contoneando desnuda su formidable cuerpo, se dirigió hacia el bar, en medio de la devoradora mirada de sus dos hombres. Destapó una botella de licor, sirvió tres copas y coqueta y seductoramente les ofreció para que bebieran, brindando por el creativo y delicioso castigo que a su esposo se le había ocurrido imponer a su amante. Y acercándose a cada uno, tomó un sorbo de licor que depositó en sus bocas a través de un beso. Esta acción, unida al roce de sus cuerpos y la maravillosa vista que sus curvas les ofrecía, encendió renovadamente el deseo de aquellos machos, lo cual ella descubría disimuladamente por el tamaño y rigidez que adquirían sus penes. Carlos, entonces, con voz enérgica, matizada con una maliciosa sonrisa le dijo: “No deberías estar tan tranquila. Tú aún no recibes tu merecido”. Se levantó y la arrojó sobre la cama, se sentó sobre ella, acomodó su miembro en medio de los senos, los cuales aplastó hacia el centro con sus manos, envolviendo con la rosada carne el falo que a cada momento aumentaba de tamaño y consistencia. Ella, siguiéndole la cuerda, empezó a sollozar y a pedir clemencia. Carlos entonces dijo al muchacho: “A ver si eres capaz de taparle la boca”. Sin pensarlo dos veces él se arrodilló junto a su cabeza e introdujo su verga en la boca de ella, quien inmediatamente empezó a succionar con avidez, dejando notar el placer que le producía ser acosada simultáneamente por dos machos. Carlos entonces le dijo: “Es un castigo. No se supone que lo disfrutes”. Se retiró y retiró al otro hombre, se acostó boca arriba sobre la cama e indicó a su esposa que se sentara sobre el enhiesto mástil, lo cual ella obedeció sin chistar dejando caer todo el peso de su cuerpo, de un solo golpe, hizo desaparecer toda la extensión del miembro dentro de su vientre. Carlos la abrazó por el cuello y la atrajo hacia sí, estrechando los senos de ella contra su pecho y dejando el fabuloso culo de su esposa a la vista del amante a quien ordenó: “Haz con ella ahora lo mismo que hiciste conmigo”. Esta vez sin embargo, aquel hombre no se preocupó por suavisar la entrada de su descomunal miembro, a lo cual sólo ayudó la gota de lubricante natural que asomaba como una lágrima en la cabeza de su pene. Sin contemplaciones, a sabiendas que el dolor era algo que su amante disfrutaba, de un solo golpe de pelvis sobre el ojo del culo que parecía mirarlo desafiante, hizo penetrar hasta el último milímetro de su descomunal barra de carne.
Laura, tras un grito de dolor, empezó a jadear y mover rítmicamente sus caderas, logrando que en forma coordinada aquellos dos falos entraran y salieran acompasados de sus contiguos orificios. La excitación de ella era mayúscula y la de ellos no era menor, reforzada por la presión que cada miembro ejercía sobre el otro a través de la piel que separaba los dos conductos y por el golpe repetido de los testículos del uno contra el otro. Cuando el amante sintió que estaba a punto de explotar y para obedecer la orden de su verdugo, safó rápidamente su pene del guante que lo cobijaba y parándose en frente de ella la penetró en la boca. Ella engulló el miembro y luego de unos vigorosos chupones él explotó tan copiosamente que ella no logró tragar todo el fluido, escurriendo por la comisura de sus labios parte de la secreción. Una vez que el amante se retiró exhausto, el marido la atrajo nuevamente hacia sí y con dedicación lamió el semen que había escapado de sus labios y con su lengua saboreó lo que aún quedaba dentro de la boca de ella, mientras espasmódicamente descargaba con fuerza el contenido de sus testículos dentro de la ardiente vagina de ella. Como a pesar de la excitación la mujer no alcanzaba aún el clímax, su esposo le ordenó sentarse sobre la cara de su amante que yacía a su lado, para que éste con su lengua terminara el trabajo. Ella no se hizo esperar, al momento había colocado los inflamados labios de su vulva sobre la boca de su amante, quien con avidez lamió el hirviente surco de extremo a extremo, chupó el erecto clítoris, penetró con su lengua las profundidades de la vagina y saboreó glotonamente los efluvios vaginales mezclados con el cálido semen que acabara de depositar el otro hombre. Ella, gimoteando temblorosa, con violentas contracciones dejó caer sobre la boca de su amante todos sus jugos y los de su marido, hasta desplomarse exhausta, boca abajo sobre la cama, con sus dos orificios desjetados, doloridos y satisfechos.
Ahora seguirían siendo la feliz pareja que todo lo compartían, compartiendo desde entonces hasta sus amantes.