Mis hermanos abusan de mi a su antojo

Hola tengo 21 años y tengo dos hermanos menores de 17 y 18 años, los cuales por lo que a continuación sucedió me metieron en situaciones que después terminaron por gustarme.

Yo soy una muchacha con muy buen cuerpo y que gusta de una forma de vestir muy provocativa tanto para andar en casa como para andar por la calle, lo cual fue la razón por la que terminé metiéndome en líos, ya que solía vestir ropas muy sexis en presencia de mis dos hermanos, lo cual yo hacía sin ninguna mala intención debido a que eran mis hermanos y no me preocupaba que me vieran ligera de ropas, llegando en ocasiones a dejarme ver en ropa interior, pero por lo regular dentro de la casa visto con ropa cómoda y ligera ya que donde vivimos el calor es bastante fuerte, por lo que visto falditas cortas y de vuelo con tangas pequeñas, o pantalones de lickra tipo ciclista muy pequeños y de colores claros donde se llega a notar mi ropa interior muy fácilmente, así mis camisetas suelen ser delgadas y con la ausencia de sujetador ya que mis senos aunque son grandes son muy firmes, llegando a traslucir mis pezones. Nunca pensé que estas ropas despertaran el deseo de mis hermanos hacia mí, y el día que pude darme cuenta de esto llegaría mas pronto de lo que me imaginaba.

Como ya les conté, también para andar en la calle no me molestaba ir ligera de ropas y con ropas que evidenciaban mis calientes curvas y pequeña ropa interior, así que un día que me dirigía a un centro comercial abordé un autobús atiborrado de gente, en el cual era muy difícil avanzar dentro de él, por lo que quedé entre un gran numero de gente, donde su mayoría eran hombres, y por mi forma de vestir, que era una falda de algodón muy pequeña, por lo que de inmediato comencé a sentir manos en mi trasero, en repetidas ocasiones volteé a ver quién era el atrevido pero por lo repleto del autobús no sabía quién me metía mano, por lo que para no montar escándalo decidí no prestar atención a los atrevidos avances, pero al ver mi pasividad el manoseador tomó más valor llegando a deslizar sus manos bajo mi falda, yo intenté retirarme pero era del todo imposible, así que me resigné al manoseo del que era presa, pero algo extraño comenzó a sucederme, ya que los atrevidos manoseos comenzaron a ponerme nerviosa, llegando a no parecerme tan incómodos, ya a estas alturas el fulano se había extraído el pene y lo frotaba en la raja de mis nalgas ya que había levantado mi falda y su pene se friccionaba con mis nalgas desnudas ya que mi tanga era muy pequeña y quedaba entre los dos glúteos. En cierto momento sentí que de su miembro salía un liquido caliente y viscoso, por lo que avergonzada bajé de inmediato de el autobús, pero apenas había avanzado un pequeño tramo sentí que me tomaban por el brazo y yo sobresaltada volteé rápidamente, y dándome cuenta que se trataba de mis dos hermanos, con lo cual me sentí mas aliviada de verlos, pero que equivocada estaba, ya que el mayor Raimundo de inmediato me dijo:

– Acabamos de ver como ese tipo en el autobús te magreaba y tu tan contenta.

A lo que yo contesté.

– No estaba contenta, sólo que no quería montar un escándalo, además el tipo en realidad no se propasó tanto conmigo.

A lo que mi segundo Hermano Javier contestó.

– Eso ya lo veremos- Y metió su mano bajo mi falda y la extrajo mostrándome los rastros de semen que el tipo dejara en mis glúteos.

– Entonces ¿qué es esto?- Me dijo el muy guarro.

Ante esta situación ya no supe que decir, y de inmediato mis hermanos me sentenciaron con decirle de esto a mis padres, y yo por temor y por vergüenza de que mis padres se enteraran de esta situación les rogué que no les dijeran nada a nuestros padres, que a cambio yo haría todo lo que me pidieran. A lo que mis hermanos se quedaron pensativos un momento y después aceptaron mi propuesta, pero dijeron que después me dirían que cosas yo realizaría a cambio de su silencio y nos marchamos de el lugar rumbo a la casa.

Después yo me encontraba nerviosa pensando en que pensarían mis hermanos y sabría realmente como se cobraban el silencio.

Al otro día muy temprano me dijeron.

– Como te gusta que cualquier fulano te meta mano, te vamos a cumplir tus deseos, así que vístete con la ropa mas sexi que tengas que vamos a salir a dar un paseo. Yo me puse un pequeño conjunto enterizo de mallones blancos en el cual se notaba una tanga de color un poco mas oscura que mis hermanos me obligaron a poner para que se notara a través de el mallón y me jalaron el mallon de la parte del tiro para que se metiera en mis dos rajitas para que me viera aún mas excitante, y de inmediato nos fuimos al subterráneo donde me obligaron a entrar al vagón más lleno que pasó, quedando yo a merced de los calientes tipos que de inmediato me metieron mano a sus anchas ya que mis hermanos en lugar de enfadarse observaban divertidos como estos tipos manoseaban a su hermana, donde varias manos me tocaron el trasero y mi conchita llegando incluso a lastimarme, después me llevaron a un cine porno donde se acostumbra que las mujeres que quieren jaleo permanezcan paradas en un extremo oscuro del cine, donde varios hombres se arremolinan a su alrededor y le dan caricias mientras se observa la caliente película, por lo que al observar mis ropas y mis curvas de inmediato se arremolinaron varios hombres a mi alrededor, volviendo a meterme mano a su antojo, pero mis hermanos no contentos con lo que le hacían estos tipos a la zorra de su hermana, les dijeron a ciertos fulanos que yo quería más que una simple metida de mano, que si se iban a los baños ella los complacería de otra forma.

Por lo que mis hermanos me sacaron de entre la turba de hombres quienes no permitían que me sacaran de entre ellos, por lo que los jaloneos de los tipos en mi ropa llegaron a romperla a la altura de la costura del trasero quedando buena parte de mis nalgas de fuera, me llevaron a los baños donde fui poseída no solo por los extraños de el cine sino también por mis propios hermanos, quienes me dijeron que siempre habían fantaseado con poseerme de esa forma, que llegaban a hurtar mi ropa intima para masturbarse en ella y después de seca la regresaban a su lugar, disfrutando cuando notaban que yo me la ponía llena de su semen, y que en ocasiones cuando me quedaba dormida mirando la tele con ellos, me levantaban la ropa para observar mi cuerpo, tocar mis senos y mi culo, esto en lugar de enfadarme me puso muy cachonda, cuando por fin nos retiramos de el cine, me di cuenta que ese día lo había disfrutado bastante, que les dije a mis hermanos que de ahora en adelante lo realizaríamos todas las veces que ellos quisieran, que nunca más tendrían que obligarme, de regreso abordamos nuevamente el subte, donde mis hermanos me habían facilitado un sweter para tapar mi mallon roto, pero una vez adentro me lo quité, así los que me metían mano tocaban directamente mi trasero desnudo, mis hermanos miraban como me tocaban el culo de lo mas calientes, al bajar un tipo me tomó de la tanga y la tiro con tal fuerza que se quedó con ella en las manos, regresando yo a casa casi violada, con los mallones rotos y sin tanga, pronto les contaré otras cosas que los pondrán a 100, saludos. Irene.

Conocen a una chica en la discoteca y abusan de ella que le acaba encantando

En mi adolescencia no tuve un grupo de amigos muy calmo que digamos. Éramos un grupito de seis chicos, de los cuales ninguno pasaba los 18 años excepto Oski, que tenía 26, un físico enorme y un carácter dominante. De más está decir quién era el que mandaba. Si bien jamás habíamos hecho nada ilegal, ni Oski nos pedía cosas imposibles de hacer, la mezcla de respeto, admiración y miedo que todos sentíamos por él, a mí me hacía pensar que algún día nos arrastraría a cometer alguna locura.

Y eso ocurrió. Cierta noche fuimos a bailar. Uno de los chicos, Javier, conoció a una deliciosa jovencita. No había llegado a los 18 y su corta remera destacaban tanto sus pechos, que no eran grandes pero si muy sexy, y su vientre blanco, plano y apretado, como toda su cintura. Llevaba una falda larga hasta los tobillos, que se las arreglaba para destacar un culito más que prometedor. Era de estatura baja y su cara era raramente sexy, dominada por una nariz de tabique irregular y unos ojos enormes.

La vi bailar junto a Javier y, si bien yo estaba bailando con una adolescente muy bonita también, no podía quitarle los ojos de encima. Su nombre era Oriana y bailaba con las manos de Javier en la cintura, moviéndose con una sensualidad que le nacía de las mismísimas entrañas.

Al salir del boliche, el único que terminó la noche acompañado fue Javier. Noté cómo Oski dejaba que su mirada se perdiera en la casi etérea figura de Oriana. Javier nos pidió que acompañemos todos juntos a Oriana a su casa, que no vivía lejos, pero que en el camino tenía zonas no muy seguras que atravesar. Estábamos, además de Javier, Oski, Dani y yo.

El que dominó la escena durante la caminata fue Oski, que nos iba relatando a todos algunas de sus hazañas. Al pasar por una obra en construcción que tenía un precario cerramiento de madera, asegurado con un simple candado, Oski nos desafió a que él podía abrir ese candado con un pedazo de alambre. Curiosamente Oriana aceptó el desafío y se dispuso a probar que esa maña de Oski era cierta. Y lo era. Oski encontró un trozo de alambre y en poco tiempo destrabó el candado como con su propia llave.

“Ahora cerralo”, le dijo Oriana.

“No, ahora que está abierto entramos” dijo Oski y con una mirada nos ordenó a Dani y a mí a hacerlo. Javier y Oriana, a su pesar, entraron al quedarse sin compañía para seguir el camino. Pero Oriana insistía constantemente en que nos vayamos. El lugar estaba oscuro, apenas iluminado por las luces de la calle y por una poderosísima luna que gobernaba una noche despejada y cálida.

El ambiente se fue poniendo pesado. Oski le insinuaba cosas a Oriana y ésta que se quería ir. La cosa se puso fea cuando Oski le pidió a Oriana que haga un strip-tease, a lo que Oriana respondió enfurecida, pidiéndole a Javier que la lleve a su casa, pero Oski le ordenó a Javier que se quedara quieto, lo amenazó y enseguida, se paró frente a Oriana y le dijo que comience a desnudarse. Oriana quiso huir, pero Oski la tomó de un brazo. Luego nos pidió a Dani y a mí que la tomemos de los brazos. Él se paró frente a Oriana y le dijo: “así se hace un strip-tease”, tomó su remera con ambas manos y la rasgó dejando las hermosas tetas de la chica a la vista de todos. A pesar de su llanto, el cuerpo de Oriana me excitó sobremanera. Miré su espalda y vi cómo esta terminaba en su fabuloso culo que temblaba bajo la falda. Hacia allí fue mi mano.

Era increíblemente firme y carnoso. Tomé con toda mi mano uno de sus glúteos y lo amasé con deleite, mientras Oski le manoseaba las tetas.

Ahora Oski la tomó de los pelos y la obligó a arrodillarse. Se bajó el cierre de sus pantalones y sacó un enorme instrumento en vías de erección. Yo me apresuré a arrodillarme tras ella y a apoyar mi excitado sexo en su cola, mientras Oski y Dani la obligaban a que se lleve a la boca la pija de Oski.

Miré a un costado y Javier estaba paralizado por lo que veía. Oski lo alentaba a unirse a la fiesta, pero él estaba paralizado.

En medio de forcejeos, amenazas y llantos de Oriana, Oski logró que su pija descanse en la boca de la chica un par de veces. Luego volvió a obligarla a que se ponga de pie y la llevó hasta una pared. La puso de cara contra los ladrillos y levantó su falda, tomó su bombacha y se la sacó de un tirón, rompiéndola. En ese instante pude ver su preciosa cola que tan obsesionado me tenía hasta ese momento. Oski la tomó de las caderas, Oriana quedó apoyada con sus manos contra la pared y así, medio doblada hacia adelante, recibió el embate de Oski en su concha, que tomándola de la cintura se la empezó a coger como un demente. En un momento, los quejidos de dolor de Oriana ya no parecían ser tales y se iban mezclando con jadeos y suspiros.

Dani y yo teníamos unos bultos enormes a esa altura y mirábamos la escena con apetito.

Oski le dijo a Dani que se acueste en el piso. Dani se bajó los pantalones y se acostó con la pija en pie de guerra. Oski obligó a Oriana a que se monte sobre ese aparato, cosa que logró en medio de más forcejeos. Al lograrlo, Dani comenzó a moverse como loco dentro de Oriana. Pero Oski no había terminado su tarea: apuntó su lanza a la preciosísima cola de la chica que respondió a la primer embestida con un grito.

Ver a mis amigos ocupando los agujeros de esa hermosa mujer, me terminó de enloquecer. Saqué mi pija y empecé a masturbarme. Sobre todo porque noté que Oriana seguía insultándolos, pero ya no había mucha resistencia que digamos. Ver a Oski entrando y saliendo de ese tremendo culo era lo máximo. Javier seguía estupefacto, mirando la escena. Luego Oski sacó su pija de la cola de Oriana y se paró frente a su rostro, la tomó de los pelos y empujó su aparato dentro de su boca, donde derramó el final de su faena, a la vez que me ordenaba que me hiciera cargo de la cola de la chica. Yo no necesitaba que me obliguen, me abalancé hacia ese culo soñado al instante. Sólo en películas porno, había visto un culo tan escultural al desnudo y disponible. Acomodé mi pija en la entrada y empecé a hundirla, sintiéndola apretada por aquel monumento. Cuando sentí el roce de la piel de sus cachetes en mis huevos creí que iba a morir de placer. Empecé a sacudirme rogando que aquello no terminara jamás. Pero terminó mientras me hundía en ella por enésima vez y descargaba toda mi leche con un torrente violento. La saqué y acomodé mi ropa. Dani estaba terminando lo suyo. “Llego” gritó. Pero Oriana se zafó y fue a buscar esa pija que se ocupó de su concha mientras Oski y yo le destrozábamos el culo, se la llevó a la boca y se tragó hasta la última gota que le sacó con una paja gloriosa.

Oski le dijo a Javier “Bueno querido, toda tuya. Después de todo, te la merecés, ya que fuiste vos quién se la levantó”. Oriana se acercó a Javier, se paró delante de él dándole la espalda y comenzó una especie de baile cuya coreografía tenía el atractivo centrado en su cola que se movía sobre el bulto de Javier que empezaba a reaccionar. Nosotros tres nos fuimos. “Dejémoslos solos” fue la orden de Oski.

Caminamos hacia nuestras casas comentando aquella experiencia. Llegamos a una esquina y nos separamos, cada uno en dirección a su casa. Pero yo no pude reprimirme. Y volví sobre mis pasos hacia aquella construcción. Entré sigilosamente, sin hacer ruido, y me escondí tras una pila de ladrillos desde donde podía ver a Javier y a Oriana. Llegué en el momento en que ella se acomodaba en cuatro patas, pero con la cara y el pecho contra el suelo, dejando su delicioso culo, entregado y generoso, hacia arriba. En el preciso momento en que Javier enterraba su pija en la cola de la ronroneante Oriana, yo empezaba a masturbarme.

Infidelidad Castigada

Carlos regresó del viaje antes de lo previsto. Había pasado mucho tiempo fuera y tanto para él como para Laura, su esposa, resultaba insoportable la abstinencia sexual a la que se veían sometidos cuando tenía que realizar viajes tan prolongados.
Venía imaginando la agradable sorpresa que daría a Laura; el apasionado encuentro, los besos, los abrazos, las caricias y la forma desaforada en que harían el amor. Pero algo inesperado ocurrió. Al llegar, muy tarde en la noche, justo frente a su garaje estaba estacionado un auto deportivo; en la casa sólo podía verse la tenue iluminación de la alcoba; las demás luces estaban apagadas. De inmediato su mente lo llevó a desagradables conclusiones: definitivamente el carro era de un hombre, el sitio donde había parqueado no dejaba duda que estaba en su casa, no era una visita social, tanto por la hora, como por la obscuridad de la casa.
A la sensación de excitación y ansiedad por el encuentro, se sumaba ahora la ira y los celos. Entró sigilosamente , se quitó los zapatos para no hacer ruido, subió la escalera empuñando un revólver y se aproximó lentamente a la habitación. La puerta estaba entreabierta, se escuchaba la respiración agitada y los jadeos de un hombre, al igual que reconoció los gemidos de placer de su esposa. Se detuvo antes de entrar. Por la abertura de la puerta pudo ver como un apuesto joven penetraba en forma acompasada y vigorosa la provocativa vulva de Laura. Por la posición en que lo hacían pudo notar que aquel hombre poseía un largo y robusto pene que podía competir ventajosamente con las dimensiones del suyo. Las manos de aquel macho se aferraban a los senos de su esposa, los cuales lucían colorados, fuertes y erguidos con los pezones obscuros y erectos. Ella gemía mientras se aferraba a las sábanas con los puños cerrados. Un momento después, ambos, en medio de suspiros y convulsiones alcanzaron el orgasmo. La visión de aquella escena, a pesar de su ira, lo hizo estremecer de excitación.. Su pene estaba hinchado y húmedo y experimentaba una extraña pero agradable sensación al ver otro hombre fornicando con su esposa.
Sin meditar, siguiendo sus impulsos, irrumpió violentamente en la alcoba, empuñando el revólver con ambas manos, apuntando directamente al intruso, quien asustado se levantó de un brinco mientras su pene aún convulsionando, dejó caer los últimos corros de semen sobre el afeitado y fragante triángulo de la entrepierna de su esposa, quien quedó sentada, atónita y muda ante la sorpresa. Carlos, enfurecido, gritó entonces al hombre: “¿Con que eres muy hábil para hacer gozar a mi esposa? ¡Pues veamos que tan hábil eres para hacerme gozar a mi! Mientras decía ésto, se había desprendido de sus pantalones e interiores, quedando expuesto y a la vista su extraordinario miembro, erguido, carnoso y terminado en una redonda, colorada y ciclópea cabeza. Se acercó al desconocido y colocando sobre la cabeza una de sus manos, lo empujó hacia abajo, mientras con la otra sostenía el arma. Comprendiendo la seña el hombre se arrodilló frente a él, lleno de pánico sin comprender que le asustaba más, si el revólver que apuntaba a su sien o el falo que apuntaba a su boca. Indefenso y sin más alternativa, acogió entre sus labios la cabeza de aquella amenazante verga y ante la advertencia que recibió en ese momento: “Màs vale que lo hagas bien, pues de ello depende tu vida”, comenzó a chupar con esmero aquella cabezota y a medida que Carlos se excitaba más y daba movimiento a sus caderas, aquel pene fue penetrando cada vez más profundamente en su boca, hasta ocupar su garganta, en tanto que realizaba esfuerzos para no ahogarse.
En medio del asombro, el susto y la sorpresa, Laura excitada por la escena, en forma inconsciente se dedicó a acariciar se palpitante clítoris, el cual por la erección que había logrado parecía un diminuto pene. Esto aumentó el placer de Carlos, precipitándolo más rápidamente al clímax. Cuando sintió que no aguantaba más, tomó por la nuca al muchacho y apretó la cabeza contra su pubis, mientras los chorros de semen inundaban la garganta de aquel condenado, quien con los ajos llorosos y muy abiertos en actitud de angustia, hacía lo posible por tragar todo el espeso líquido que le atragantaba al punto de dejarlo sin respiración. La presión no cesó hasta cuando aquel pene exhausto y exprimido, quedó flácido y reducido a la mitad del tamaño que hubiera tenido que acoger en sus labios.
A pesar de la angustia, la sorpresa y el susto, tanto Laura como su amante estaban disfrutando la situación, al igual que el engañado marido. El muchacho por su parte, calladamente se sorprendió a sí mismo disfrutando un acto que jamás había imaginado realizar y que seguramente en otras circunstancias se hubiera negado a practicar. Tan placentero y excitante le había resultado mamar el pene de otro hombre, que el suyo presentaba como resultado una inusitada y extraordinaria erección, lo cual notó Carlos, quien al punto le dijo: “¿Ah!, con que lo disfrutaste?, pues aunque lo hiciste bien y me hiciste gozar, todavía no has terminado. Manejas bien tu boca. Veamos ahora cómo manejas ese instrumento.” Colocándose ahora de rodillas, recargando sus codos sobre la cama, presentó al joven su trasero, el cual lucía un obscuro orificio que palpitaba con la excitación. “Más vale que lo hagas suave y que me hagas gozar”, le advirtió. El improvisado amante bisexual se acercó por detrás y para evitar mutuos dolores, decidió lubricar previamente aquel agujero estrecho. Acercó entonces su boca, acarició con la lengua el arrugado hoyuelo, bañó copiosamente con su saliva la zona a trabajar y se abrió paso paciente y delicadamente con la punta de su lengua en el interior del ansioso músculo, arrancando gemidos de placer a su dueño. Luego acercó su impresionante miembro, colocó la punta contra la entrada de la cerrada caverna y empujó suavemente hasta lograr introducir la cabeza del pene. En ese momento el músculo se contrajo y Carlos se quejó. Entonces detuvo el impulso, retiró el miembro y recomenzó la penetración, repitiendo varias veces la misma operación, introduciendo poco a poco, cada vez más profundamente aquel fabuloso falo, hasta cuando sus testículos no le impidieron continuar. La excitación de Carlos iba en aumento a cada envestida y viendo a su esposa que contemplaba con asombro y placer lo que ocurría, la acercó, le colocó las piernas sobre sus hombros y se dedicó a sorber de su vulva los restos de semen que hubiera dejado el muchacho que ahora penetrara su trasero con tanta habilidad, los cuales escurrían tibios desde el interior de aquella vagina que no había cesado de vibrar con las caricias que en forma permanente había prodigado Laura en su hinchada perla.
Todos gemían de placer en medio de sus entrecortadas respiraciones. Cuando el zodomizado marido sintió que se acercaba el momento final, a juzgar por el aumento de ritmo de las envestidas de su improvisado amante, con un golpe de culo lo empujó de tal forma que lo dejó sentado en el piso y se abalanzó de cabeza sobre su pene en el preciso instante en que eyaculaba. Con deleite saboreó hasta la última gota del agridulce manjar, al tiempo que la mujer, con tres de sus dedos, penetraba rabiosamente su vagina, logrando un nuevo orgasmo que la hacía estremecer de gusto.
Los tres quedaron tendidos por algunos minutos, exhaustos, pero con expresión de satisfacción en sus rostros.
Laura, ya tranquila, sorprendida, agradada y satisfecha por la actitud de su marido, se levantó a agradecerle con un beso que disfrutó doblemente al reconocer y degustar el sabor de su amante que muchas otras veces había disfrutado como ahora lo había hecho Carlos.
Contoneando desnuda su formidable cuerpo, se dirigió hacia el bar, en medio de la devoradora mirada de sus dos hombres. Destapó una botella de licor, sirvió tres copas y coqueta y seductoramente les ofreció para que bebieran, brindando por el creativo y delicioso castigo que a su esposo se le había ocurrido imponer a su amante. Y acercándose a cada uno, tomó un sorbo de licor que depositó en sus bocas a través de un beso. Esta acción, unida al roce de sus cuerpos y la maravillosa vista que sus curvas les ofrecía, encendió renovadamente el deseo de aquellos machos, lo cual ella descubría disimuladamente por el tamaño y rigidez que adquirían sus penes. Carlos, entonces, con voz enérgica, matizada con una maliciosa sonrisa le dijo: “No deberías estar tan tranquila. Tú aún no recibes tu merecido”. Se levantó y la arrojó sobre la cama, se sentó sobre ella, acomodó su miembro en medio de los senos, los cuales aplastó hacia el centro con sus manos, envolviendo con la rosada carne el falo que a cada momento aumentaba de tamaño y consistencia. Ella, siguiéndole la cuerda, empezó a sollozar y a pedir clemencia. Carlos entonces dijo al muchacho: “A ver si eres capaz de taparle la boca”. Sin pensarlo dos veces él se arrodilló junto a su cabeza e introdujo su verga en la boca de ella, quien inmediatamente empezó a succionar con avidez, dejando notar el placer que le producía ser acosada simultáneamente por dos machos. Carlos entonces le dijo: “Es un castigo. No se supone que lo disfrutes”. Se retiró y retiró al otro hombre, se acostó boca arriba sobre la cama e indicó a su esposa que se sentara sobre el enhiesto mástil, lo cual ella obedeció sin chistar dejando caer todo el peso de su cuerpo, de un solo golpe, hizo desaparecer toda la extensión del miembro dentro de su vientre. Carlos la abrazó por el cuello y la atrajo hacia sí, estrechando los senos de ella contra su pecho y dejando el fabuloso culo de su esposa a la vista del amante a quien ordenó: “Haz con ella ahora lo mismo que hiciste conmigo”. Esta vez sin embargo, aquel hombre no se preocupó por suavisar la entrada de su descomunal miembro, a lo cual sólo ayudó la gota de lubricante natural que asomaba como una lágrima en la cabeza de su pene. Sin contemplaciones, a sabiendas que el dolor era algo que su amante disfrutaba, de un solo golpe de pelvis sobre el ojo del culo que parecía mirarlo desafiante, hizo penetrar hasta el último milímetro de su descomunal barra de carne.
Laura, tras un grito de dolor, empezó a jadear y mover rítmicamente sus caderas, logrando que en forma coordinada aquellos dos falos entraran y salieran acompasados de sus contiguos orificios. La excitación de ella era mayúscula y la de ellos no era menor, reforzada por la presión que cada miembro ejercía sobre el otro a través de la piel que separaba los dos conductos y por el golpe repetido de los testículos del uno contra el otro. Cuando el amante sintió que estaba a punto de explotar y para obedecer la orden de su verdugo, safó rápidamente su pene del guante que lo cobijaba y parándose en frente de ella la penetró en la boca. Ella engulló el miembro y luego de unos vigorosos chupones él explotó tan copiosamente que ella no logró tragar todo el fluido, escurriendo por la comisura de sus labios parte de la secreción. Una vez que el amante se retiró exhausto, el marido la atrajo nuevamente hacia sí y con dedicación lamió el semen que había escapado de sus labios y con su lengua saboreó lo que aún quedaba dentro de la boca de ella, mientras espasmódicamente descargaba con fuerza el contenido de sus testículos dentro de la ardiente vagina de ella. Como a pesar de la excitación la mujer no alcanzaba aún el clímax, su esposo le ordenó sentarse sobre la cara de su amante que yacía a su lado, para que éste con su lengua terminara el trabajo. Ella no se hizo esperar, al momento había colocado los inflamados labios de su vulva sobre la boca de su amante, quien con avidez lamió el hirviente surco de extremo a extremo, chupó el erecto clítoris, penetró con su lengua las profundidades de la vagina y saboreó glotonamente los efluvios vaginales mezclados con el cálido semen que acabara de depositar el otro hombre. Ella, gimoteando temblorosa, con violentas contracciones dejó caer sobre la boca de su amante todos sus jugos y los de su marido, hasta desplomarse exhausta, boca abajo sobre la cama, con sus dos orificios desjetados, doloridos y satisfechos.
Ahora seguirían siendo la feliz pareja que todo lo compartían, compartiendo desde entonces hasta sus amantes.