Pajero, o el sutil sabor del semen

Recuerdos de cuando era pequeño y descubría la sexualidad de los mayores

Al ver esta web, me he animado a escribir mis recuerdos de cuando descubrí la sexualidad masculina adulta, cuando era pequeño y no tenía ni idea de nada de esto nada más que de habladurías del colegio.

Bueno…, antes no había la facilidad de internet para ver cuerpos desnudos, así que la primera vez que los veía en alguna foto, algo se me revolvía por dentro (ya fueran desnudos femeninos o masculinos)… Me invadía una mezcla de vergüenza y ganas de ser invisible para poder seguir mirando esas fotos (o que yo tuviera aquellas revistas porno de hace 10 o 20 años). En fin…, que la primera vez que vi un cuerpo desnudo de verdad, de frente y adulto (mi hermano no cuenta porque le veía el culo de vez en cuando de refilón) fue cuando estaba yo viendo una competición deportiva de mi hermano (atletismo) con mi familia y tenía ganas de ir al lavabo. Mi hermano me llevó a los lavabos que estaban en el vestuario, y… cuando iba por allí vi un tío que, o iba a la ducha o volvía… y que estaba completamente desnudo.

Fue la primera vez que vi un cuerpo desnudo, con sus genitales peludos, su gran pene flácido, sus huevos colgando… Seguía mirando de reojo hasta que le perdí de vista. No pasaron muchos meses cuando hice con mi hermano el típico juego de la “comparación” (no sé si será típico… pero lo hicimos). Comparación… de penes. Era una cosa de risa, jeje, porque yo tenía 10 años y mi hermano 15, así que, me ganó de calle. El caso es que, acordamos enseñarnos el pene cuando nos acostamos por la noche, para que nuestros padres no nos molestaran. Era verano, y era fácil quitarse el pijama. Resultado: una penita de pene mío sonrosado y pequeñito y un gran pene flácido peludo con grandes pelotas el de mi hermano. Ya le dije que es que él era mayor… y por eso lo tenía más grande (rápidamente me subí el bóxer del pijama, jaja), y me contestó que si quería verlo crecer, todavía se haría más grande.

Pos vale. “Agarrame la polla”, me dijo, y yo le hice caso. “Y ahora, sube y baja”, me dijo mientras me sujetaba mi mano contra su polla. Subí y bajé por su pene… que empezó a expandirse y endurecerse mientras asomaba el glande por debajo del pellejo. Eso me excitaba verlo y me ponía nervioso. No sabía qué hacer ni cómo reaccionar. Mi hermano me enseñó un poco cómo funcionan los genitales de los hombres (jeje, él ya lo era, o por lo menos tenía genitales de hombre desarrollado) mientras mi mano subía y bajaba por esa polla tiesa como un palo. Unos ruiditos de la habitación de mis padres hicieron que nos fuéramos corriendo a nuestras camas y apagáramos la luz. Mi madre fue al lavabo y no queríamos que oyeran nada. Se acabó aquel espectáculo que me dejó conmocionado (jeje, el niño que ve por primera vez unos cuerpos adultos desnudos se suele poner nervioso, y eso me pasó a mí)

Varios días después, volvió mi hermano a pedir que nos bajáramos los bóxer… pero yo puse mis pegas (no tenía ganas de desnudarme…) a lo cual él me dijo que no había problemas, que se los bajaba él solo. Y volvimos a la clase de “anatomía”, y cómo son las relaciones sexuales, los huevos (los testículos), la leche (la lefa, el semen…. Jeje, cuanta palabrería). El caso es que mi hermano quería que le pajeara hasta que saliera el semen, y yo estaba esperando. Después de unos 10 minutos o un cuarto de hora pajeando, me dijo que estuviera atento a la punta de su capullo que de ahí saldrían unos chorros de leche disparados…….. que es lo que pasó. Jejejee, siendo yo heterosexual en la actualidad, todavía recuerdo aquellos momentos con emoción.

Había mucha diferencia entre el pene de mi hermano y el mío o los penes de mis compañeros de clase, que había visto alguna vez y que eran tan ridículos como el mío. Pero el de mi hermano era peludo, con grandes huevos (es que yo los tenía tan poca cosa…). El caso es que, hablando mi hermano con un amigo y conmigo delante, salió un poco el tema de las pajas… y a mí se me fue un poco la lengua… de modo que se enteró el amigo de mi hermano que yo le había hecho alguna pajilla, jejeje. Este amigo se lo tomó de broma que “a ver cuando le hago una a él”. Yo me reí también….. pero pasados varios días, me pidió discretamente si podría hacerle una paja a él. Yo no decía nada….. estuve así varios segundos…, porque…, me excitaba la idea, pero no quería convertirme en el hazmerreir si se corría la noticia.

Al rato, le hice prometer que no dijera nada a nadie y…. entonces se lo podría hacer. Me dijo que al día siguiente que fuera por su casa…. Yo, mitad me gustaba hacer eso, y mitad no tenía ganas de exponerme tanto… pero al día siguiente, me fui a su casa y ahí estaba él, el amigo de mi hermano, solo en su casa (su familia no estaba en casa en ese momento). Me preguntó que no habría problema y que no diría nada: “¿Empezamos?”. “Vale”, contesté. Estaba medio desnudo (de cintura para arriba), y entonces se quitó los shorts…., y luego me miró y se bajó los bóxer enseñando un buen pene también bien desarrollado. Estaba flácido pero era anchote. Me dijo si sabía cómo hacer una paja……….. y le respondí que sí, creo que sí. Le agarré la polla y bajé el pellejo para ver el glande…., que empezó a hincharse. Empecé con el sube y baja hasta que salió todo el glande, brillante, hinchado. Tras un rato pajeandole, me dijo que si no me importaba que le diera un chupetón al glande, para pajearlo mejor… Yo, como estaba bastante excitadillo…, me lo pensé unos segundos y sin decir nada, le pegué un lametón. Luego, seguí con la paja… y paré y me metí todo el glande en la boca. Le mojé bien el capullo con mi lengua mientras seguía pajeando. Por supuesto que todo esto le pareció perfecto al amigo de mi hermano. “¿Quieres leche?”, me dijo entonces. “¿Ya?”, respondí, pensando que iba a correrse ya. “No, todavía no me voy a correr, pero te pregunto si quieres leche, si ya la has probado la de tu hermano”. Respondí: “No, no la he probado. ¿A qué sabe?”, contesté sin negarme a ello, aunque no me atrajese la idea por aquello de no excederme. “No sé”, contestó, “pero parece que debe estar rico”.

En ese momento se oyó la cerradura de la puerta de su casa, y yo me asusté. “No te preocupes, que no son mis padres sino mi hermano”. Yo respondí: “nos van a pillar….!!!”. Se puso los shorts sin los bóxer y fue a la puerta a ver a su hermano… Vinieron los dos al salón y allí estaba yo. Este hermano suyo era un año más pequeño (14 años tenía, y 15 el amigo de mi hermano. Les voy a poner un nombre ficticio porque si no, me voy a hacer un lío: el amigo de mi hermano, de 15 años, se llamaba “Luis”, y su hermano de 14, que ahora estaba entrando en su casa, “Javier”). De primeras, Luis (el amigo de mi hermano, jeje) me dijo delante de Javier que el “secreto” no iba a salir de aquella habitación. Su hermano era sagrado y no diría nada a nadie. Javier preguntaba “¿quéeeee?, ¿de qué habláis?”… y es que Luis no quería perderse aquella paja que le estaba haciendo por nada del mundo, y se lo iba a contar a su hermano Javier para que aquello pudiera continuar. Yo estaba intranquilo y Luis me lo notaba. Dijo Luis a su hermano: “es que….. se ofreció a…” y se señalaba el bulto hinchado que tenía bajo el bóxer, “… pero es un secreto que no debes decir a nadie”. Y Javier, riéndose decía: “jajaja, ¿y yo qué?”. Luis me tranquilizaba diciendo que de ahí no saldría nada… y que por qué no le pajeaba también a su hermano. Yo hice un gesto de hastío… pero en el fondo me gustaba, siempre que aquello quedase en secreto. “Vaaale”, dije, y entonces Luis se bajó los shorts y sacó su polla que mantenía en una media erección. Javier empezó a reírse y a quitarse la ropa como su hermano. En un momento estaban los dos en pelotas, uno con la polla tiesa y el otro con la polla creciendo a marchas forzadas. Aunque Javier tuviese un año menos que su hermano, en la polla no se notaba porque también era gorda, peluda y con grandes huevos.

Empecé de nuevo el zis zas como una zambomba… con los dos hermanitos recostados en el sofá y yo pajeando a ambos con sus pollas enhiestas y duras como palos. Ya que estábamos así en confianza, empecé a chupar primero la polla de Javier (el nuevo), que dio un suspiro de satisfacción, como que no se lo esperaba… y tras un rato, chupé la polla de Luis, como había estado haciendo antes de que Javier entrase en escena. Tras un rato, Luis no podía más y me avisó que iba a echar la leche, para que me la bebiera. Como estaba excitadillo… pues no me negué y empecé a chuparle la punta como las tías de las fotos porno, jajaja. Empezó a eyacular Luis y me entraba en la boca y me salía un poco por los labios. Saboreé el semen de Luis y….. tampoco sabía a gran cosa. No estaba muy dulce… Más bien estaba solo…, pero no me dio asco. Tras la corrida de Luis, me quedé solo con la polla de Javier mientras Luis se sentaba en un sofá. Con Javier, la paja fue frenética, chupando y pajeando al mismo tiempo….. y éste no me avisó cuando empezó a correrse brutalmente. Zas, un chorro en mi cara y mi ropa, que hizo que yo reaccionase y me metiese su polla en mi boca para que siguiera corriéndose dentro (y así no me manchaba más). Me lo tragué todo ya con la experiencia de la primera corrida de Luis y le limpie la polla a Javier con lametones.

“¿Te ha gustado?”, me dijo Luis, refiriéndose tanto a la experiencia pajera como al semen que me habían dado. “Sí”, respondí, “¿y a vosotros?”. “Perfecto, pajeas muy bien”, me dijeron ambos.

Durante varios meses, no me negué a las proposiciones que me hacían los hermanitos Luis y Javier, y en aquel año me entretuve pajeándoles y bebiendo su leche unas cuantas veces. Ahora ya han pasado muchos años desde entonces (más de diez), ya nos hemos hecho mayores (sobre todo yo) y aquellas experiencias infantiles (por mi parte) han quedado como un recuerdo excitante de cómo descubrí la sexualidad masculina de primera mano y a qué sabía el semen, que no es cosa que todos los hombres sepan.

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