Clases de mecanografía que terminan en sexo con madura

Dar clases de mecanografía en los ochenta, primeros de los noventa era algo normal y lógico, toda madre que prestase atención a los cuidados de sus hijos, mas aún cuando estos no quieren terminar sus estudios primarios buscan una posible solución con estas clases en ocasiones domésticas que en realidad no iban a servir para nada con su ausencia lógica de diplomas o reconocimientos oficiales. En cualquier caso mi madre no iba ser menos, y podeis dar por sentado que cuando cumplí los dieciseis años y había dado por finalizada mi vida estudiantil fue ella la que se ocupó de buscarme unas clases particulares a manos de Raquel.

YO ADOLESCENTE

Para situarnos en el tiempo os diré que hablamos de finales de la década de los ochenta, principios de los noventa, España en transición adulta, he terminado mis ocho años de escolaridad de la E.G.B , mi nota media es un seis, me matriculan en un instituto para comenzar a estudiar lo que antes era F.P ( Formación Profesional ) en la modalidad de ” Automoción del automovil “, nada, ni un año, no logré aprobar ni una sola asignatura, con ayuda de mis nuevos compañeros de clase me dediqué a vaguear todo el curso sin dar “un palo al agua”.

Por más que lo intetaron mis padres no consiguieron que volviese a coger un libro, me convertí en un adolescente sin oficio ni beneficio, nada por aquí nada por allá, solo me estimulaba salir los fines de semana con mis amigos e intentar ligar con alguna chica en la discoteca, ni si quiera valía para eso, mi timidez con ellas y mi manera , no sé, ¿ chapado a lo antiguo ?, quizá, me hacían volver todas las noches de “vacío” a casa, mientras mis amigos si que conseguían al menos enrollarse ( morrearse ) con alguna chica espabilada, podeis dar por hecho que nada sexo, solo besos, y si eran con lengua todo un exito.

Una conversación normal y frecuente con esa edad era siempre relacionada al sexo, todos soñabamos con nuestra primera vez, fantaseábamos con amigas, conocidas o incluso alguna famosa de la tele, como no teníamos acceso a internet, ( simplemente no había ), las revistas de pornografía “requisadas” a nuestros padres eran nuestro mayor estímulo sexual externo, era a lo más que podíamos aspirar, y si la revista era nueva sin hojas arrancadas entonces era el “HD” del momento. ( hay que tener alrededor de los cuarenta para entenderlo )

MATRICULADO PARA DAR CLASES DE MECANOGRAFÍA EN CASA DE RAQUEL, GORDA , TETONA Y FEA

Podeis dar por hecho que estas clases son total y completamente en contra de mi voluntad, ni decir tiene que es un intento desesperado por parte de mi madre para tenerme ocupado las tardes y poder abrir una posible puerta laboral en mi futuro.

Es Lunes, agarro el estuche que contenía la “Olivetti lettera 32” y camino junto a mi madre a casa de Raquel, vive a unos diez minutos andando de mi casa, por mas que intento persuadir a mi madre para que desistiese en su intento de convertirme en alumno clandestino de Raquel no consigo convencerla.

Segundos después de tocar el timbre de la puerta….

– Hola María, pasa, este debe de ser Carlos, que grande, es todo un hombretón.

Por lo que se ve Raquel y mi madre ya se conocían, y eso junto a lo de “hombretón” me molestó bastante, y , no es que me molestase que mi madre conociese a Raquel y yo no, pero, al menos me podía haber dicho que era gorda, fea y mayor incluso que ella ( aunque en realidad tenían la misma edad, 38 ) .

Después de las presentaciones y una charla entre las dos adultas Raquel me invitó a que entrase en una estancia contigua al salón donde nos había recibido.

Un salita cuadrada, quizá diez metros cuadrados, una mesa redonda en medio rodeada de cuatro sillas, un sofá pegado a una de las paredes, justo frente un mueble que ocupaba toda la pared y en su mitad el televisor, cuadros y una ventana completaban la estancia.

Mi madre ya se había marchado, me hizo sentar en una de las sillas de la mesa, saqué mi olivetti y me entregó varios folios que ella misma se encargó de colocar en el rodillo de la máquina, se puso a mi lado y colocó mis dedos en el teclado de la forma que ella sabía que era la correcta, al lado de la maquina unos apuntes…….

asdfg ñlkjh

Estas fueron mis primeras letras tecleadas en una máquina, pero la soledad en aquel salón , esa televisión con un culebrón latinoamericano a primera hora de a tarde, y Raquel, si Raquel, esa gorda en bata de casa, con grandes gafas y tomando un café con magdalenas en un rincón del sofá hacían una estampa un poco aburrida y estrambótica para un chico de mi edad, solo el olor a perfume que desprendía esa obesa señora hacía algo más apacible la situación.

Supongo que Raquel se dio cuenta de mi aburrimiento ancestral, y el tercer día de clases decidió realizar lo que se convirtió en una agradable tertulia entre madura y adolescente.

Me dijo que estaba casada, su marido era transportista y pasaba semanas fuera de casa, no tenían hijos, trabajaba por las mañanas en un banco del pueblo, el almuerzo y la cena solía hacerlos en casa de su hermana que vivía en el mismo pueblo, cerca de su casa, se mostró simpática.

RAQUEL, GORDA , TETONA …… Y NO TAN FEA

Todo cambia, la semana siguiente todo comienza a dar giros extraños, para empezar desaparece la bata de Raquel, en su lugar tenemos un vestido de una sola pieza que se queda estancado por encima de sus rodillas, a mitad de sus muslos, su tetas, enormes, luchan por salir de su prisión por el escote “decente” de la prenda, solo un par de botones impiden la fuga, sus gafas , supongo , no lo sé, que puede haber lentillas, o quizá , simplemente ya no le hagan falta.

Raquel que sin lugar a dudas sigue siendo gorda ahora pienso que está “rellenita”, sin sus gafas, ya no es tan fea, y sus tetas que antes daban un aspecto de mujer maternal ahora hacen que me excite solo con pensar en ellas, sí, ahora Raquel me excita.

Por mi parte debo decir que esas clases de mecanografía comienzan a gustarme, y no dudo en hacer cualquier pregunta a Raquel que me atiende gustosa a mis súplicas, pero pregunto, y pregunto y vuelvo a preguntar y además le pido que revise constantemente mi trabajo.

Pero , que pensais, que de repente me he vuelto aplicado y atento a mi trabajo ?, no….vereis, cada vez que le pedía a Raquel que viniese a revisar mi trabajo o hacer una pregunta venía o bien por detrás , entonces pegaba sus tetas a mi espalda y pasaba segundos y segundos allí pegada a mí o bien venía por un costado, se agachaba a ver lo que había escrito y entonces era cuando los 9.81 m/s hacían que sus tetas quisieran estamparse contra el suelo huyendo de su vestido y desabrochando botones sin piedad, junto al olor de su perfume, Raquel ya era musa y diosa central de mis masturbaciones nocturnas en la soledad de mi cama.

Solo con el tiempo , después de muchos años comprendí que realmente lo que Raquel hacía era buscar lo que encontró días después, pero, no adelantemos acontecimientos.

Tres semanas ya de clases, deseando de que el reloj diese las cuatro de la tarde para ir corriendo a dar mis clases, ese día el vestido de Raquel era el más corto y más escotado que le había visto jamás, a estas alturas Raquel y yo teníamos cierta confianza , nos llevamos bien, hemos intercambiado algunas anecdotas , ella sabe que yo no he estado aún con ninguna chica, pero eso se acabaría esa tarde.

RAQUEL SE DESNUDA, QUIERE SEXO, YO QUIERO SEXO, TENEMOS SEXO

Yo no lo sabía, pero Raquel estaba receptiva, ella jugaba con ventaja, sabía que yo me quedaba prendado mirando sus tetas cada vez que se agachaba, esa tarde su vestido no llevaba botones, no había sujetador ( bueno, en realidad nunca lo llevaba ), incluso no llevaba bragas, me percaté enseguida cuando se agachó a coger una revista del cajón mas bajo que había en el mueble, la colocó encima de la mesa, la abrió y en lugar de sentarse apoyó una de sus rodillas en la sillaque había delante de la mesa, justo la que estaba frente a mí, sus pechos practicamente se salían, podía ver el color marrón de sus pezones, levantó su mirada y encontró mis ojos clavados en sus pechos, luego la miré por unos segundos avergonzado de que me pillara mirándole las tetas, me devolvió la mirada y me sonrió.

– Vaya, me parece que mis tetas te gustan más que tu maquina de escribir.

Su comentario puede resultar algo borde, pero, en cualquier caso se levantó, se puso a un lado pero frente a mí, me miró y con un gesto rápido y decidido se quitó el vestido sacándolo por su cabeza, se quedó completamente desnuda. Yo me quedé completamente sin aliento.

Por primera vez en mi vida veo a una mujer desnuda delante de mis ojos ( las revistas no cuentan ), su cuerpo era grande, hermoso, no podía imaginarme tanta belleza escondida dentro de sus vestidos de colores, sus tetas son enormes, pezones grandes, aureolas anchas, de un color marrón de más claro a más oscuro en su zona central, tiene el coño a medio depilar, me explico, tiene vello púbico en poca cantidad y solo una fina franja vertical, su olor a perfume me embriaga aún más en esa situación, al mismo tiempo que me tiemblan las piernas y me pongo nervioso creo que empiezo a cobrar una erección.

Podía salir corriendo en ese instante, lo recuerdo como si hubiese ocurrido ayer mismo, estaba algo asustado, pero sin lugar a ningún tipo de dudas lo que si que estaba era excitado, muy excitado, Raquel se atrevió a preguntar.

– Te gusto mejor así ?

No me cabe duda, evidentemente sí, pero claro yo no tenía capacidad de reaccionar en esos instantes, ni si quiera de hablar, pero Raquel me faciitó el trabajo, se acercó a mí y colocó sus grandes tetas en mi cara.

Abrí mi boca y comencé a succionar sus pechos, sus pezones, primero uno, después el otro, colocaba mi cara entre sus dos pechos y jugaba con ellos abrazandolos con mis manos y hundiendolos en mi cara.

– Si cariño, disfruta, pásalo bien, disfruta de ellos, ven, ven conmigo.

Raquel me dio la mano, me ofreció a levantarme y con un gesto hizo que la siguiese fuera de la salita donde estábamos , andamos unos metros cruzando un pasillo, abrió una de las tres puertas que estaban cerradas y pude ver una gran cama presidiendo la habitación donde entramos, su culo es enorme, grandioso, majestuoso; Desnuda como estaba se sentó en un lado de la cama, yo me quedé de pie, frente a ella, paralizado pero con mi polla muy tiesa, erguida.

– Relájate, no tengas miedo, dejate llevar, hoy vas a follar Carlos.

Pues sí, me dejé llevar, ella echó mano al pantalón de mi chandal, deshizo el nudo que lo mantenía a la cintura y con gran cuidado comenzó a bajar la prenda que quedó a la altura de mis rodilla, mi polla descapullada estaba erecta frente a ella.

– Guau !, vaya lo que tenías escondido, que os dan de comer a los jovenes ?, menudo pollón.

Pude sentir como una gran sensación de humedad y calor abrigaban mi falo, lo tenía dentro de la boca de Raquel, al mismo tiempo separaba su boca del falo pero era para sacar su lengua y lamer el miembro desde mis cojones hasta la punta misma del glande, yo disfrutaba de lo lindo pero la cara de Raquel era aún más satisfactoria.

– Quitate toda la ropa.

Si no me llega a decir eso creo que me hubiese corrido alli mismo en su boca, me relajé un poco mientras me quitaba mis zapatillas de deporte y sacaba mi chandal por los pies, me deshice de la sudadera, … me dejé los calcetines puestos.

– Ven, túmbate encima, despacito.

Raquel estaba ya tumbada en la cama, sus tetas caían por sus costados, sus piernas abiertas, rodillas flexionadas, poco a poco me fui incorporando encima de ella, como era mas bien delgadito se pude decir que practicamente me engullí en sus carnes, pronto sentí como una de sus manos tocaban mi verga, y, en forma de guía encaminó el miembro erecto haciendolo entrar en su coño que parecía una ventosa succionando el falo y abrigándolo hasta tenerlo completamente dentro.

– Ahhhhhhhhh, siiiiiiiiiiiii.

Un sonoro y profundo gemido salió de la boca de Raquel cunado sintió ser penetrada, sus dedos acompañados de sus uñas se clavaron en mis nalgas y acompañaban el balanceo ritmico que propinaba a esa señora en la alcoba marital, me sentía comodo, aguanté con estoicidad las ganas de correrme y comencé a disfrutar de lo lindo del coito con mi concubina.

– Diooooos, que gusto !!!!, fóllame Carlos, fóllame, no te pares

Nunca había besado a ninguna chica en la boca y todavía no había podido besar a Raquel, pero eso se solucionó enseguida, allí tumbado encima de ella y clavándole mi verga una y otra vez planté mi boca encima de la suya, en menos de tres segundos tenía su lengua dentro de mi boca, que placer, nuestras lenguas se acariciaban incesantemente dentro y fuera de nuestras bocas.

Raquel es una mujer efusiva, vigorosa, temperamental, sus jadeos y gemidos posiblemente poddrían ser sonoros fuera del edificio, bueno, al menos algunos metros alrededor.

– Siiiiii, aggggg, ahhhhhh, más, dame más fuerte , aaaaaaayyyyy

Aceleré el ritmo de mis sacudidas, me sentía como un campeón, aguantaba el ritmo de Raquel, disfrutaba del sexo por primera vez y me doy cuenta de que ella se va a correr antes que yo.

– Carloooos, me corrooooo, me corroooooo, no te salgas , no te sagaaaaas, yaaaaa, yaaaa , siiiii, ahhhhhh

Joder, vaya gritos, vaya gemidos, vaya pasión, todo esto provocó que mientras Raquel disfrutaba en forma de gritos, gemidos y jadeos de su orgasmo yo le llenaba su coño con toda la leche que tenía acumulada en mis cojones.

– Me corro Raquel, me corro, ahhhh, no puedo parar , ahhhhhhh.

Extasiado, anodadado, sin aliento me quedé allí tumbado encima de Raquel exprimiendo mi polla dentro de ella para no dejar gota de leche que sacar.

– Te has corrido dentro ?

– Lo siento, no lo he podido evitar

– No importa, la proxima vez veremos haber que podemos hacer

¡ ¿ Próxima vez ? ! , bieeeeeeen!!!!!

– Lo has pasado bien Carlos ?

– Mucho, ¿ y tú ?

– También, hacía tiempo que no disfrutaba.

Con el acto ya terminado y con una sonrisa de oreja a oreja me vestí, terminé mi clase de ese día, Raquel me hizo prometer mi silencio de lo ocurrido a cambio de repetir, y , aunque lo que más me apetciía en esos momentos era salir corriendo a contarselo a mis amigos decidí guardar silencio. Después de ese día repetimos cuatro o cinco días seguidos, más o menos de la misma manera que el primero, pero llegó el jueves, y …

– Carlos, mi marido llega hoy y no se marcha hasta el Lunes a última hora, vamos a dejar las clases hasta el martes, continuaremos nuestras clases “secretas”.

Unos celos terribles se apoderaron de mí, algo incontrolable en mi interior, no podía hacerme a la idea de que Raquel fuese follada por otro hombre que no fuese yo, y ya sé que es su marido y que el intruso con 16 años soy yo, pero en realidad pensaba que Raquel me pertenecía.

Deseando que llegase el martes, pasó algo que, bueno, con el tiempo he aprendido a controlar.

EL MARIDO DE RAQUEL ME HACE SENTIR CELOS, LA CASTIGO.

No eran todavía las cuatro de la tarde de ese martes cuando estaba tocando el timbre de la puerta de Raquel. Me abrió con su ya acostumbrado vestido corto.

– Hola Carlos, que puntual vienes hoy.

– ¿ Te ha follado ?

– ¿ qué ? ¿ cómo ?

– Sí, no te hagas la tonta, tu marido , ¿ te ha follado este fin de semana ?

Mi estado de nervios era patético, no me reconocía ni yo mismo, estaba enfadado y por más que debiese de entender las situación que estaba viviendo los celos se habían hecho dueño de mis actos. Raquel lanzó una sonrisa inquieta y me invitó a que entrase.

– Si Carlos , hemos follado, todos los días.

– Zorra !!!

Raquel iba caminando delante de mí, entrando en la salita donde daba las clases de mecanografía, su vestido era corto, muy corto, como si lo hubiese subido a posta y dejaba entrever sus nalgas desnudas.

– ¿¡ Que haces Carlos !?

Un impulso, no se como ni por qué, pero le propiné un sonoro azote en su culo.

– Por zorra.

Mi vida sexual y mis clases mecanográficas con Raquel pudieron acabar en ese mismo instante.

Raquel apoyó su cuerpo encima de la mesa, no hizo falta levantar mucho su vestido para dejar su culo totalmente desnudo al aire. Volví a azotarla de nuevo.

– Sí Carlos he sido mala, pégame.

Mi estado de adolescente celoso comenzó a pasar a una circunstancia inaudita para mí, empecé a excitarme conforme sacudía una y otra vez el culo de Raquel, su cuerpo estaba apoyado competamente en la mesa, los pies en el suelo y yo detrás azotando su culo, noté como una erección cobraba vida debajo de mi pantalón.

Hoy en día aún me sigo excitando recordando aquel momento, aquel instante, que sin experiencia de ninguna clase me comporté como el más sagaz de los amantes.

Me bajé el pantalón de mi chandal junto a mis calzoncillos, se quedaron atrapados a la altura de mis tobillos, mi verga estaba dura, muy dura, miré su culo y en ese mismo instante hice algo que ni si quiera sabía como debía de hacer, pero en cuaquier caso lubriqué la punta de mi polla con mi propia saliva, después volví a pasarme la punta de mis dedos por mi lengua para después pasarlo por el estrecho agujero del culo de Raquel.

¿ ¡ Qué haces Carlos ! ?., noooooo, noooooo

Mi polla estaba ya enfrentada en su angosto agujero, comencé a apretar intentando meter ese gran bulto por ese pequeño agujero.

– Ahhhhhh, aaaaaaaaah, nooooooo, mi culooooooo

Desde luego que hubiese desistido en mi empeño si Raquel lo hubiese pedido, solo tenía que levantarse, dar un manotazo para atrás, pero ¿ sabeis ?, lejos de impedir aquello Raquel colocó cada una de sus manos en su trasero, una a cada lado, sus dedos cerca de su oscuro agujero, haciendo presión para fuera, faciitando en la medida de lo posible su apertura anal, al mismo tiempo notaba como ejercía presión contra mi polla, su culo quería dejarme entrar.

Su cabeza estaba apoyada en el cristal de la mesa , ladeada su mejilla derecha descansaba en el vidrio, mi polla había conseguido entrar entera dentro de su culo, es cierto que me dolía un poco, pero ya sabeis que dolor y placer van unidos de la mano.

– Carlos, cabroooooón, mi cuuuuulo.

– Calla zorra.

Al principio mis manos rodeaban su cintura y me servía de agarradero para embestir a Raquel desde atrás, por detrás, por su culo, en su culo. Después decidí acercar una de mis manos a su boca, Raquel gritaba y jadeaba sonoramente esbozando alaridos de dolor , de placer intercambiados por insultos e improperios dignos de cual amante pecaminosa abandonada a la exclavitud, a la sumisión de la lujuria, del placer, asía mis dedos y se los introducía enteros en su boca, los lamía, los chupaba y hasta los mordía amortiguando los gritos del dolor, del placer.

Mis embestidas comenzaron a ser bestiales, cada vez que empujaba mi polla hasta dentro mis cojones luchaban en las carnes de su culo queriendo entrar también, no podía aguantar mas, unas ganas irresistibles de correrme me inundaban todo el cuerpo, Raquel se percató de ello, y para no ser menos que yo bajó una de sus manos hasta su sexo y comenzó a frotar su coño con sus dedos. Chorros de leche anegaban el interior del culo de Raquel, todo entre fuertes y sonoros jadeos y gemidos por parte de los dos.

Después de aquello Raquel tuvo una charla conmigo que se alargó al menos por una semana, me explicó como debería de tratar a una mujer, como debería de respetar a una chica de mi edad, como actuar para no asustar a nadie, en fin, la charla que quizá mi padre debiera de haber tenido algún día conmigo y que nunca ocurrió, de todos modos estas charlas iban intercaladas tanto con clases de mecanografía como con autenticos rituales de sexo, un par de semanas después mi padre me consiguó trabajo como peón en un taller mecánico, creo que ellos siempre sospecharon algo aunque nunca me dijeron nada, con mi nuevo trabajo dejé de ver a Raquel, tan solo repetimos en un par de ocasiones en su casa después de salir de mi trabajo hasta que decidió poner fin a lo nuestro.

Cinco o seis meses después de la última vez que había estado con Raquel iba caminando por la calle de la mano de Susana, mi futura esposa años después, de frente venían por la misma acera que nosotros un matrimonio maduro, el calvo y gordo, ella mas que gorda , estaba embarazada, ooooh, era Raquel, hice el intento de parar y saludar cuando nos bajamos de la acera para facilitarles el paso, Raquel se hizo la desentendida y con un gesto cortés junto a su marido agradecieron el detalle, no volví a saber nada más de de ella.

Veinticinco años después de esto mi hijo Alvaro de 15 años debe dar clases particulares para mejorar las asignaturas que ha suspendido en junio, las clases las da una chica joven de veintitantos años que sin encontrar trabajo imparte sus clases en su propia casa, la de sus padres, en la misma habitación donde yo daba mis clases de mecanografía.

Viuda paga la deuda de su hijo con sexo

Lo siento mamá, soy un imbécil. Un imbécil integral, no creí que llegara a esto, de verdad, fue una estupidez…

Héctor lloriqueaba con la cara hundida entre sus manos, sentado en el sofá. Mientras tanto los dos gitanos se reían entre dientes, uno apoyado en el marco de la puerta del salón, gordo y grande, y el otro, fibrado, junto al veinteañero lagrimoso. Marta estaba entre asustada y disgustada, había pillado a aquellos dos registrando la casa mientras su hijo no hacía nada, y al montar en cólera el más gordo había llevado a la mujer al salón a empujones. Ahora su hijo le soltaba todo aquello entre lágrimas.

– Salimos el otro día y quisimos pillar… Un par de gramos. – Confesaba el chico. – No solemos hacerlos, pero yo qué sé, nos dio por ahí. Luego a los dos días volví, quería un poco más. – Marta no se creía lo que oía. – Mamá, son trescientos euros, dáselos y se irán.

– Eso paya, danos lo nuestro y nos vamos, o si no nos llevamos a este. – El que estaba sentado paso el brazo por encima de los hombros de Héctor.

– Pero no tengo ese dinero en casa, y en la cuenta tampoco, es final de mes y han pasado todos los recibos… – Marta estaba descolocada, solo quería que ese acabase, pero no sabía cómo. Si su difunto esposo siguiera entre ellos, él tendría al chiquillo mejor encarrilado, eran ya cinco años sin un hombre en casa.

– Déjate de escusas, nosotros queremos cobrar y vamos a cobrar. – Cortó el gitano.

– Por favor, dales algo, lo que sea. – Imploró Héctor una vez más a su madre.

– No sé qué hacer, esto es, un atropello, fuera de mi casa. – Marta se levantó.

Por un segundo se impuso en mitad de la situación. Allí de pie, con su metro sesenta, señalando a la puerta, la mujer de cincuenta años, rubia, con una figura curvilínea, muy apetecible, al menos eso pensaron los gitanos.

– Levanta, payo que nos vamos. – El delgado golpeó a Héctor en el hombro y se puso en pie, era más alto que Marta.

– No, por favor, no. – El chico no se movió. – Mamá, dales algo. – El gordo avanzó hacía el sofá.

– Esperad, soy viuda, no tenemos un duro os lo juro, no hagáis esto.

– Ya paya no nos cuentes tus problemas. – Habló el gordo echando mano de Héctor.

– Párate primo, que no sabía yo eso. – El delgado se comía a Marta con los ojos, en especial cuando se levantó. – “Pues” pagarnos de otra manera.

Ella no le entendió de primeras, hasta que el gitano el agarró las tetas por encima de la blusa, el tipo llevaba rato queriendo hacerlo. Marta gasta un buen par de melones, una talla suficiente para que el tipo aquel no abarcase toda la carne.

– ¿¡Qué haces!? – Exclamó ella, asustada y ofendida, pero sin amago de defensa, en parte era la primera vez que le sobaban las tetas en cinco años, ginecólogo aparte.

– Mírala, mucho grita poco hace. – Rio el gitano. – Así nos vas a pagar lo que nos debe tu hijo.

Marta seguía sin defenderse del agarre, mientras el gitano masajeaba sus tetas sobre la ropa. Con cierta gracia, o talento, ella notaba esas caricias robadas a través de la blusa, e incluso, como sus pulgares buscaban los pezones de ella, y trazando círculos sobre los pechos despertaron para endurecerse. Allí bajo la ropa, había unas areolas grandes y oscuras, y en su centro dos botones a juego que se marcaron para gusto del gitano, y de Marta.

– Vamos paya, si “ties” tú más ganas que nosotros. – Dijo el delgado, enmarcando con su agarre las tetas de ella para que las viese el otro que se sonrió y relamió.

– No, eso no es verdad. – Se mintió a sí misma en voz alta.

– Mamá, por favor, eso no, dales alguna joya. – Héctor reprochaba a su madre la reacción del cuerpo, incontrolable en parte, reconfortante para ella.

– No tenemos nada, solo yo traigo dinero a esta casa, holgazán. – Le empezó a abroncar y se sintió mejor. – Solo yo valgo algo en esta casa. Y, ¿qué recibo a cambio? Un hijo tarambana que trae problemas a casa, una soledad que se alarga cinco años y que solo se rompe por este…, gitano mal encarado y sus caricias.

La explosión fue rápida y brutal, como deben de ser. Dejó a Héctor malherido y a los dos gitanos un poco descolocados. Más le sorprendió al delgado, al que amasaba las tetas de Marta, lo que esta hizo a continuación. Atenta ésta a los llorosos ojos de su hijo, y a los depravados del gitano empezó a desabrocharse los botones de la blusa. No paró hasta llegar al último, se libró entonces de las manos del otro, y se libró también de la prenda, arrojándola a un lado.

– ¿Os queréis cobrar conmigo? Adelante, soy lo único de lo que podéis sacar algo. – Así se plantó, en sostén delante de los tres, brazos en jarra y esperando.

En realidad, lo que Marta esperaba era que se cortase, y se echasen para atrás, al fin y al cabo, los dos gitanos no eran sino un par de críos de no más de veinte, como su hijo. Estaba excitada, sí, pero no pensaba en que la cosa llegase más lejos del sobeteo.

– “Pos” vamos entonces. – El gordo tomo la iniciativa por primera vez, se metió las manos en los pantalones de chándal y se sacó la polla. – Ven “pa ca”

De repente a Marta se le había ido de las manos la situación, más aún. El rabo del gordo no parecía nada del otro mundo, emergía de una mata de pelo negro, y estaba blando, aunque el tipo se esforzaba por solucionar eso.

– Que vengas paya. – El otro gitano no decía esta boca es mía, Héctor flipaba y Marta contemplaba una polla después de mucho tiempo.

Con aquello el calor que le había iniciado el otro, y sabe Dios que más terminaron de prenderle fuego. No podía apartar la mirada del miembro flácido con que el otro jugaba. Sin darse cuenta se vio avanzando hacia él, hasta quedar dentro de su alcance, apenas fue un paso y le pareció una inmensidad. Amarró la mano de Marta y la llevó allí donde estaban sus ojos.

– Vamos paya, que no me extraña que se muriera tu marido si le hacías esperar tanto.

Le sujetaba de la muñeca, esperando que ella reaccionase, y al fin lo hizo. Marta cerró su mano entrono a la polla del gitano, estaba caliente y palpitaba, tanto tiempo sin esa sensación. Las manos del gordo dejaron de ocuparse de guiar a Marta para centrase en sus tetas, fue más brusco que el otro, pellizcó y tiró de la blanda carne cuanto pudo. Ella gimoteó un poco por el dolor, y se dejó hacer, le encantaba la atención que recibía, no solo del gordo, también del otro, que miraba emocionado.

Se le acercó el delgado por detrás y se deshizo del sujetador, las mamellas quedaron libres, las tenía algo caídas, pero poco importaba. El gordo se llevó a la boca la derecha, mientras seguía jugando con la izquierda. El delgado empezó a buscar en el culo de Marta, sobándolo por encima del vaquero.

– Mamá. – Gimoteó Héctor y ella recordó que estaba allí.

– Vamos al cuarto, rápido. – Estaba cachonda perdida, no quería ni pensar en su hijo, no fuese a ser que se le pasase el calentón.

No objetaron nada los dos gitanos, y le siguieron medio desnuda, y perdiendo los pantalones, hacía la habitación de matrimonio, que llevaba tiempo sin albergar hombres, y mucho menos con aquella actitud.

Las palabras empezaron a sobrar, pero “puta” y “guarra” se repitieron con constancia en lo que Marta se desnudaba. Al perder toda la ropa y quedarse allí, a puerta cerrada con los dos gitanos, empezó a sentir todo: el latido de su corazón, acelerado; el sudor frío que le acechaba en la nuca, por puros nervios; la humedad volviendo a ella; y el olor que emanaban los dos hombres ya desnudos, también.

No pensaba con claridad, tenía la mente embotada, y se movía por instinto. Ese instinto animal le llevó a arrodillarse, frente a los dos, con un gesto les hizo acercarse. Sin que ellos hablasen hizo aquello que más deseaban, agarró primero la polla del gordo, estaba ya morcillona y se la llevó a la boca. Apenas un par de veces se la había comido a su difunto, pero eso no importaba.

Comenzó chupando, sin mucho oficio, recorriendo como podía aquel rabo que crecía. Se le metía en la boca hasta donde podía, con eso bastaba, la falta de costumbre la compensaba con ganas. Terminó de ponerle duro, como una piedra, una erección que apuntaba al techo, rondaba los veinte centímetros, era la más grande que había visto, teniendo en cuenta que conocía tan solo dos contando aquella. Entonces el delgado, sin pedir permiso tomó a Marta del pelo y le llevó para sí, ella repitió el tratamiento al otro gitano, que calzaba como el gordo.

– Primo buena idea has tenido. – Decía el gordo, mientras se agachaba y empezaba a meter sus manos entre las piernas de Marta.

– Ya ves, menuda puta la paya, no la sabe chupar, pero le pone ganas…

Se rieron, el delgado le forzaba la cabeza a Marta, haciendo que mamase con un ritmo frenético. Marta estaba empezando a notar los dedos del gordo penetrarle, estaba completamente entregada, dejándose hacer cuanto ellos querían. Se sacó de la boca el rabo del gitano y habló:

– Más, folladme, cobraros conmigo ya. – Se levantó, y contempló a los dos gitanos, le vio más defectos que al principio. – Venga hacedme lo que queráis. – Estaba cachonda perdida y necesitaba polla.

El gordo la empujó sobre la cama, ella se abrió de piernas antes de que le dijeran nada. Recibió a su amante sobre sí, sin importarle que allí no había entrado nadie salvo su difunto, que tampoco era muy buen amante. El gordo simplemente se lanzó sobre ella y le monto. Bombeaba sin contenerse, aplastando con su peso a Marta, ella sufría y él ponía mala cara.

– Esta paya “ta” “mu” seca. – Se quejó el gitano. – No hay quien se la folle. – Se levantó de mala gana.

– Déjame a mí primo.

Era el turno del delgado, o eso pensaba Marta, que lamentaba tanto como el gordo que su coño ya no fuese el de una colegiala, aunque que con la poca atención que recibía no era de extrañar. El caso es que el gitano no se lanzó como el otro a follar, en cambio, se acercó a Marta al borde de la cama, se agachó y empezó a comerle todo. El coro de gemidos se le atascó en la garganta, mientras la lengua del joven le entraba y salía y recorría sus labios, y no hacía ascos a la matita de bello que tenía la madura.

– Más, más, más… – Marta no se creía lo que pasaba, dejándose abusar por esos dos gitanos, bajo amenazas a su hijo, con este en el salón, y nada le importaba más que el placer.

Héctor escuchaba los gemidos que llegaban al salón con timidez, y sin poder remediarlo, y para evadirse, buscó la papelina en su bolsillo. Vació el contenido sobre la mesa de café y aspiró. Se le aceleró el pulso casi tanto como a su madre, al borde del clímax. El delgado seguía dando cuenta de su coño como nunca, y cuando tuvo a la mujer a punto, paró, y la ensartó. Prácticamente con un par de embestidas le bastó al gitano para terminar el trabajo, Marta se corrió y entonces aquello si empezó a lubricarse como Dios manda.

Atrás quedaba la incomodidad del primer polvo, ahora la polla de aquel gitano entraba y salía sin problemas. Montaba a Marta como un potro salvaje, le follaba casi con odio, sin siquiera tratarle como a una persona, solo un objeto para su disfrute. Le mordía las tetas y le abofeteaba, le llegó a agarrar el cuello en un amago de asfixia y por dentro la madre, viuda y cincuentona, solo podía pensar “más”. Su deseo fue satisfecho, pues el joven gitano tenía aguante, al menos veinte minutos estuvo manteniendo ese ritmo infernal, hasta que decreció, y en un espasmo se corrió dentro.

La fiesta no había acabado, así fue como con una mirada, Marta, autorizó, aunque no hacía falta, al gordo. Este manejó a la mujer como a un juguete e hizo que se plantase a cuatro patas sobre la cama, se subió en esta y empezó a montar. Recogió el pelo de Marta en su mano izquierda y la embistió desde atrás con fuerza, el sonido de la carne era más fuerte que los gemidos. Después retumbaron aún más los cuerpos, cuando desató una lluvia de azotes sobre las nalgas abultadas y blandas de ella.

De forma similar al primero terminó el gordo, y Marta pudo respirar, se había venido al menos otra vez mientras como una perra recibía polla. Su coño palpitaba, y dos corridas se derramaban por el interior de sus muslos. Los gitanos aun querían más.

– Límpianos paya. – Se acercaron a Marta y esta no tuvo más remedio que dejarles las pollas relucientes de saliva. Saboreó la salazón de los dos gitanos.

Entonces empezó a pesarle la culpa, se dio cuenta de lo que había hecho, de alguna forma se vio a si misma desde fuera y vio la puta que era. Vio a los dos gitanos, y se dio cuenta de que poco o nada le excitaban, solo se había acostado con ellos por la amenaza y por el repentino calentón fruto del enfado. Si bien ahora, en el vientre le ardía un deseo salvaje, quería más y no entendía por qué.

– Ya está, ya está pagada la deuda. – Dijo Marta, sus manos sobre su coño, comprobaban que seguía allí, se hundieron en los fluidos.

– No paya, una puta son cuarenta euros, y una vieja como tu solo treinta. – Dijo el delgado, no paraba de masturbarse. – Así que nos debes… – Contó con los dedos. – Diez más.

– Nueve dirás. – Le corrigió Marta.

– Da igual, ven “pa ca”

Levantó a Marta del pelo, y de pie, rodeándole, colocándose detrás, retomó el coño de Marta. El gordo mientras tanto se vestía.

– Yo marcho primo, que disfrutes. – Se despidió y salió, se descojonó de Héctor en su camino a la puerta.

El hijo, que seguía en casa, que lo había escuchado todo, estaba inmovilizado en el sofá, a punto de meterse otra raya. En la habitación de matrimonio, Marta recibía una follada en una postura desconocida para ella, de pie cogida por la cintura, en abrazo que enmarcaba sus tetas. Se veía ahora en el espejo de pie, con la luz que entraba del pasillo, el gordo había dejado la puerta abierta en lo que se había ido. Los gemidos de Marta inundaban la casa, Héctor se tapaba los oídos, y terminó por salir corriendo.

Los amantes permanecieron a lo suyo, la segunda follada del delgado fue más larga, los dos se empaparon en sudor. Terminaron en el suelo, olvidando la cama, sin perder un segundo en forzar el coño.

– Ya no puedo más, me matas si sigues. – Marta estaba tirada en el suelo, mientras el gitano estallaba sobre su espalda.

– Todavía nos debes ocho, pero ya vendremos otro día. – Se vistió y salió.

– Volved cuando queráis. – Le despidió Marta, de corazón.

Se había despertado de un letargo sexual demasiado largo, y le costó mucho dormirse, en especial con las visitas que fue recibiendo los días posteriores. Al final superaron la docena, pero para ella cuantos más mejor.

Madura en fin de año

Todo lo que voy a contar a continuación ocurrió en una fiesta de fin de año que fue este año (2000 comienzo 2001). Voy a cambiar un poco los datos pero la historia es la misma.

Resulta que a mi hermana la transfieren a otro país. Vive ahí durante 3 meses y nos cuenta que es increíble y que hay una joda terrible. Entonces con mis demás hermanos decidimos ir a visitarla y pasar año nuevo con ella. Por supuesto que esto incluyó solamente a los hermanos nada de padres. Viajamos al destino y ya la primer noche tuvimos una reunión donde conocimos a todos los amigos de mi hermana. Es decir, eran todas mujeres, muy lindas. Eran todas chicas grandes para mí ya que tengo solo 17. Las edades rondaban los 23 años para arriba. Me sentía en el paraíso. Además me trataban muy bien por el sólo hecho de ser el hermano menor.

Recorrimos un poco la ciudad al día siguiente y es ahí donde empezaron los preparativos para la fiesta de fin de año. Nosotros pensábamos que iba a ser algo tranquilo pero mi hermana se descontroló y contrató un Dj y compraron muchas bebidas. Es decir que fiesta iba a haber seguro. Mi hermano tenía onda con una amiga de mi hermana y mi otra hermana (que había ido con nosotros) no tenía ningún acompañante pero después lo encontró en la fiesta. Eso no importa. El tema era que yo no tenía con quién estar ya que cada uno estaba en lo suyo. Empezó la fiesta y la gente iba llegando. Habría 25 personas, la mayoría mujeres. En medio de la fiesta me entero que habían llevado a una chica de mi edad o más chica para mí. Pero la verdad es que cuando la vi no me interesó para nada. Entonces me concentré en la fiesta. Es decir había música y mucho alcohol además de muchas mujeres hermosas. Me dediqué a bailar y a pasarla bien. Bailaba con las amigas de mi hermana y estaba todo bien, hasta que me puse a bailar con Carla que tenía 32 años (vamos a llamarla así). Ella estaba medio tomada al igual que yo y era tanto el calor que estábamos los dos sudados. Nos pusimos a bailar juntos y yo me le insinuaba y ella no mostraba ninguna muestra de rechazo. Fue así que nos pusimos a bailar muy provocativamente a tal punto que un momento me doy vuelta y estaban todos los de la fiesta parados mirando y sacando fotos. A mí no me importó para nada. Yo mientas que bailamos le alcanzaba alguna que otra copa o cerveza simplemente. Yo tomaba la misma cantidad es decir que no la quise emborrachar. En la mitad del baile me dice que estaba medio mareada y que la acompañara a la cocina que quedaba adentro y donde no había nadie. Me llevó de la mano a la cocina donde tomó un vaso de agua. En ese momento me agarro un no sé qué y la abracé esperando algún rechazo. Pero ella no hizo nada, ahí no más me acerqué y le di un beso. Les cuento que he besado y estado con mujeres en mi vida pero como esto no hubo ningún beso parecido. Fue algo muy lindo. Nuestras bocas húmedas empezaron a compartir la misma saliva y así hasta que la temperatura llegó a tal punto que empezamos a tocarnos. Ahí no más ella me dijo NO, vení para acá. Y me llevó al patio que quedaba delante de la casa. Me llevó al garage y ahí no más saltó sobre mí y empezó a besarme. Ella tenía una falda negra y un top blanco. Yo tenía solamente un short de baño y sin remera ya que había estado en la pileta. La apreté contra una pared y nos seguimos besando, se sentía raro pero muy lindo. Le empecé a tocas sus maduras nalgas que se mantenían muy bien porque iba todos los días al gimnasio. Ella se excitaba mucho y gemía como nunca lo había escuchado. Le mordía el cuello y se lo besaba, ella me apretaba y clavaba sus uñas en mi espalda. Todo esto iba acompañado de un movimiento pélvico de parte de los dos que hacía que nuestros miembros se frotaran constantemente. Así subía el nivel de excitación de los dos. No dude en nada y ahí no más le metí la mano por debajo de la falda que llevaba. Ella se excitaba mucho y gemía, cosa que me hacía poner como loco. Cuando llegué a su entrepierna, estaba toda humedad y caliente. En ese momento produjo un grito que me hizo estremecer de la calentura. Yo tenía miembro al máximo no podía más ya me estaba empezando a doler. Nos tiramos al suelo y yo le arremangué el top y empecé a tocar sus senos que no estaban tan mal como yo creía. Tenia sus pezones muy erectos a punto que empecé a lamérselos y ella seguía con sus gemidos y apretándome fuerte. Después empezó ella a tocarme. Me tocaba las nalgas y mi pene que estaba que no podía más. La acosté sobre el suelo y me deslicé desde su boca hasta su entrepierna besándola y lamiéndola. Cosa que la volvía loca ya a mi también. Me metí entre su falda y corrí su hermosa ropa interior y comencé a lamer su hermosa vagina. Ahí no más me dijo que parara, y que la penetrara de inmediato. Entonces me arrodillé y saqué su bombacha, lo que me dejó una vista increíble. Luego de sacarme mi short me monté sobre ella y ella me acomodó el pene para que la penetrara. Ahí no más la introduje y estaba tan caliente ella que la sensación cuando la penetré fue terrible. Ahí no más empezamos a movernos los dos lentamente y así cada vez más fuerte hasta que ella tuvo su primer orgasmo. Pero yo no había podido, y ella no me dejaba seguir ya que me decía que estaba mareada y cansada. Esto hacía que mi calentura se fuera por el techo. Parecía una locomotora, más que nada por lo que tenía entre las piernas que estaba como loco. Me dijo que nos fuéramos de ahí y que volvamos a la fiesta. Volvimos a donde estaba la fiesta, que solamente quedaban los restos y el Dj y había empezado a desarmar y llevarse todo. Entonces cada uno se fue a dormir con su respectiva pareja y yo me quedé con Carla esperando a que se fuera el Dj para cerrar la puerta y pagarle.

Una vez que se fue el Dj quedamos Carla y yo solamente, la tendí porque no se sentía muy bien, estaba media mareada así que le lleva agua y algo de pan. Se acostó en un sillón, ya que era el único lugar porque todos los cuartos estaban ocupados, y yo con ella nos abrazamos e intentamos dormir. Pero era tal mi calentura que no podía dejar de acariciarla y besarla y ella respondía. De repente de un salto se subió encima mío corrió su bombacha, me corrió el pantalón e hizo que la penetrara. Se repitió la historia nuevamente, es decir ella tuvo su merecido orgasmo pero yo no. Yo estaba loco. Días después yo pensé que todo iba a quedar en el olvido pero no fue así. Luego de quedarnos solos en la casa de mi hermana nos besamos , y todo indicaba que íbamos a repetir lo de aquella fiesta, pero esta vez la historia tenía que cambiar.

Luego de besarnos y acariciarnos en uno de los sillones me propuso que nos fuésemos a mi cuarto. Cuando se paró noté en su pijama gris que estaba muy húmeda y cachonda por lo tanto.

Nos fuimos a mi cuarto y luego de sacarle el pijama de inmediato empecé a manosear y a tocar esos pezones que me ponían loco por el tamaño. Ella me sacó la ropa y me besaba todo el cuerpo menos el pene. Cosa que me hubiera encantado. La acosté y le empecé a lamer su vagina que estaba húmeda y riquísima. Así hasta que no aguantó más y me hizo subir sobre ella y que la penetrara. Así fue pero esta vez yo estaba caliente y esto se mezcló con la furia entonces empecé a darle cada vez más duro. La cama estaba que se movía para todos lados y ella gemía de una manera muy silenciosa pero que a uno lo afecta igual. Mientras la estaba penetrando ella tuvo su primer orgasmo y fue algo hermoso porque sentía que mi pene estaba entrando en el infierno. Pero yo continué porque no me iba a quedar así. Seguí penetrándola hasta el punto que me venía y noté que a ella también. Acabamos juntos y fue algo inexplicable. Es como si explotara algo dentro de ti hermoso…

Llego a casa de mi novia mi encuentro a mi suegra medio desnuda en la cama

Pues bien, mi primera experiencia sexual había creado una cierta complicidad entre mi suegra y yo, que, eso sí, no pasaba de furtivas miradas o comentarios en reuniones familiares, que, salvo para nosotros dos, eran absolutamente indescifrables en su auténtico mensaje para el resto de contertulios. Pero, lo que menos sospechaba yo eran las ganas que aún me tenía mi suegra… El día 9 de septiembre de 2000 salí de dudas.

La tarde de aquel inolvidable día me encaminé a casa de mis suegros donde, creía yo, estaban esperándome mi mujer y mis hijos:

– ¡Buenas…! — exclamé al abrir la puerta, como hacemos todos habitualmente, para advertir de nuestra llegada.

– – – ¡Pasa! — oí la voz de mi suegra desde la zona de las habitaciones.

– – Cerré la puerta y, mientras me encaminaba hacia el lugar de donde provenía la voz, comencé a decir:

– – – Pero, ¿todavía no han vuelto?.

– – – No, acaban de telefonear y dicen que el abuelo — así llama mi suegra a su marido cuando habla con su hija o conmigo — todavía tiene cosas que hacer.

– – – Pues yo traía algo de prisa — comencé a decir –. Tenía que ir a …

– – No me salieron más palabras, al empujar la puerta del dormitorio de mis suegros enmudecí. Mi suegra estaba recostada de medio lado en la cama. El albornoz de satén rosa, abierto intencionadamente, dejaba ver sin recato su bien conservado cuerpo: los pechos, aprisionados en un sujetador de encaje con disimulados refuerzos, se erguían turgentes y provocativos; un minúsculo tanga dejaba al descubierto por completo su culo mientras cubría con precisión milimétrica los rizos de su cuidadísimo pubis, todo ello unido a un rostro discretamente maquillado, evidenciaba largos minutos de ensayo para adoptar aquella pose.

– – – No vas a pasar — me sonrió.

– – – Pero,… y esto … — yo no sabía qué decir.

– – – Pues, “esto”, es que, el día que me ayudaste a limpiar me quedé con ganas de repetir,… pero de otra manera — se levantó, y al acercarse a mi noté como inspiraba profundamente y metía barriga para realzar más sus pechos –. Esta vez no estoy sudorosa ni sucia,… pero espero que tú me acabes ensuciando y derritiendo — susurró de forma voluptuosa.

– – Sin dejarme contestar, ya a mi lado, me plantó un lascivo beso y, a la vez que introducía su lengua en mi boca, hacía lo mismo con su mano en mi bragueta.

– – – ¡Vaya! — exclamó — veo que ya estas preparado.

– – – ¡Mujer…! — contesté, aturdido todavía — ¿cómo quieres que esté?.

– – Pero mi suegra ya estaba en el disparadero y no atendía. Con un suave movimiento de hombros echó hacia atrás el albornoz y este se deslizó blandamente hasta sus pies. Se arrodilló sobre él y, sacándome la polla del pantalón, comenzó a realizarme una descomunal mamada.

– – Con tierno primor, se introdujo sucesivamente los huevos en su boca, luego recorrió con su húmeda lengua mi endurecida tranca, más tarde chupó, con inusitada delicadez, el glande y, finalmente, se tragó “todo” hasta el fondo de su garganta,…

– – ¡Dios!, no sé cuántas veces realizó estas maniobras,…

– – – ¡No aguanto más! — recuerdo que atiné a decir.

– – – Pues, no te detengas — articuló entrecortadamente, sin sacarse mi miembro de la boca– . Todavía queda mucha tarde.

– – Entonces, un conocido y delicioso escalofrío recorrió mi columna. Mis nalgas se contrajeron, agarré con ambas manos la cabeza de mi suegra y fui depositando, en ligeras embestidas, una, dos, tres,… hasta cuatro pequeñas descargas de mi tibia leche. Ella, ni se inmutó. Tragó el espeso líquido y levantando su mirada me dijo:

– – – ¡Mmmm!, parece que mi hija te tiene un poco abandonado.

– – – Sí –sonreí, mientras mentía.

– – Desde ese día se de quién heredó su fogosidad mi caliente mujercita.

– – – Bueno, mientras te recuperas, voy a preparar un café.

– – Yo recogí el arrugado albornoz e hice ademán de ayudarle a ponérselo,…

– – – No hace falta — sonrió de nuevo.

– – Al salir de la habitación, mis ojos siguieron el gelatinoso temblequeo de su descarado culo. Cuando regresó, yo la esperaba completamente desnudo sobre la cama de matrimonio.

– – – ¡Vaya hermosura! — me piropeó mientras acercaba la bandeja con el humeante café.

– – Me levanté y la ayudé a posarla en la cercana mesita. Mi suegra seguía con su perpetua sonrisa, así que, me animé, puse una mano sobre su hombro y deslizándola bajé el tirante de su sujetador, tiré de él con más decisión y su teta derecha quedó liberada. Me detuve, bebí, con parsimonia, un sorbo de café y, sin llegar a tragarlo, acerqué mi boca a su pezón y lo bañé cálidamente mientras mi lengua retozaba con él.

– – – ¡Aaah, eres increíble! — susurró mientras inclinaba hacia atrás su cabeza.

– – No esperé más, la tumbé boca abajo en la cama y le pedí que elevara su culo. Aparté con cuidado la tirilla posterior del tanga y comencé a recorrer con mi lengua sus dos agujeros: ora mi lengua se iba a su ano, ora a su coño. Ella gemía de placer y yo notaba que mi virilidad volvía a apoderarse de mi falo. Chupé, mordí, babé, introduje una y otra vez mi lengua en sus jugosas profundidades….

– – – ¡No resisto más! — gritó ella, exhausta.

– – Entendí el mensaje. Rápidamente me arrodillé y separando todo lo que pude sus nalgas introduje mi polla en lo más hondo de su rezumante coño. A continuación, estiré una mano hacia la mesita e introduje mi dedo índice y corazón en la taza de café que ella no había probado. Tras embadurnarlos bien con el tibio líquido, se los embutí poco a poco en su culo.

– – – ¡Me vas a destrozar!

– – – No era eso lo que querías –contesté.

– – Me tumbé como pude sobre ella y, sin dejar el doble mete y saca, hurgué con la mano libre. Aparté la parte delantera del tanga, rebusqué entre la rizosa pelambrera y cuando gritó de nuevo, reconocí su abultado clítoris.

– – – ¡Me matas, … me matas de placer, …! — repetía una y otra vez.

– – Yo sí que estaba a punto de estallar otra vez y, su chorreante y dilatado coño me parecieron mucho menos apetecibles que su apretadito culo. Así que, saqué mis dedos y apuntando mi polla al lugar adecuado introduje de un sólo golpe toda mi dura verga hasta que mis huevos golpearon sus blandas nalgas.

– – – ¡Ah, me haces daño! — gritó sin mucha convicción, tratando de revolverse.

– – – Tranquila, … espera un poco — susurré con firmeza a su oído, mientras, apretando mi vientre contra su culo y recostando todo mi cuerpo sobre su espalda, la inmovilicé.

– – Revolví de nuevo entre sus rizos y, al oír de nuevo un gemido de satisfacción, cejé de presionar y comencé un suave mete y saca que aceleré poco a poco. Aquello sí que era otra cosa, mi pene recibía una suave pero firme presión en toda su longitud. Lástima, pensé, no poder agradecer a mi suegro el nulo uso que había hecho de la entrada posterior de su mujer.

– – – Ponte de rodillas con cuidado –sugerí, y apoyando mis manos a ambos lados de su cuerpo logramos, sin tener que sacarla, que se pusiera a cuatro patas. No pude aguantar más, mi suegra se apoyó sobre su codo izquierdo y alargando la mano derecha comenzó a masturbarse desenfrenadamente entre gemidos. Mientras, yo, desbocado también, no cesaba de empujar mis caderas una y otra vez contra su enorme culazo. Primero explotó ella, y cayó rendida sobre sus pechos, pero esta postura forzó de manera especial la elevación de su culo y la visión de mi pene entrando y saliendo de tan dilatado agujero hicieron que una lujuriosa excitación invadiera todo y cuerpo y estallé en un impresionante orgasmo.

– – – ¡Toma, toma y toma …!– era muy poco original, pero no se me ocurría otra cosa que decir.

– – – Sí, sí, sí, … ¡qué bien lo haces, cabrón! — tampoco era muy imaginativa mi suegra.

– – (…..)

– – Tres horas más tarde, sentados en la mesa de la cocina con toda la familia, tampoco elucubramos nada especial.

– – – Entonces, ¿no os ha importado que nos hayamos retrasado? — preguntó por cuarta vez mi suegro.

– – – No, no, no, … ya te lo hemos dicho mil veces ¿verdad? — dijo mi suegra dirigiéndome una mirada cómplice.

– – – ¡Toma! — y toma, y toma, y toma … pensé para mis adentros, pero tras carraspear contesté absolutamente convencido– Nunca se me hizo tan corta una espera.

SOY CARMEN Y ESTA ES MI HISTORIA DESDE PEQUEÑA

En Mérida Yucatán salir a cantar las tradicionales ramadas desde el primer día de Diciembre hasta el día 11 de Diciembre es una obligación, claro esta que los que salen a cantar son puros niños con sus cajas, una veladora, una imagen de la virgen y un frasquito para el dinero recolectado.
Aquí en este punto empieza mi historia, mi nombre es Carmen actualmente tengo 20 años y esto que les voy a contar sucedió cuando yo tenia tan solo 6 años.
Yo era una niña gorda y un poco más alta que los niños de mi edad, y por eso tenía pocos amigos en la escuela porque me hacían burla, además que mi padre era un alcohólico de primera y me maltrataba mucho, no así mi madre que me adoraba y me protegía demasiado.
Quiero aclarar que nunca fui forzada a nada, es mas no me arrepiento de lo que viví en 1998 en aquel Diciembre que para mi fue una puerta a la magia de la vida.

Dia 1
Yo, Carmen de 6 años salí a cantar sola por las calles de mi colonia porque donde vivía no habían más niños como yo, salí con el permiso de mis padres, solo tenia permiso de ir solo por toda la cuadra sin bajarme a las calles. Canté y recolecte varias monedas y antes de ir para mi casa desobedecí las ordenes de mi madre y me atreví a cruzar la calle para ir a cantar en unas oficinas, ahí cante y salió un hombre como de 26 años y me dio mi dinero por el canto, pero el hombre traía el cierre del pantalón abajo y una especie de dedo colgado saliendo del pantalón, yo lo vi pero no le dije nada y me fui. Mi cabecita no podía entender que era aquello que había visto, cruce la calle de de nuevo y me fui directo a mi casa con la imagen de aquel dedo del hombre saliendo de su pantalón.

Día 2
Muy temprano por la tarde ya había preparado mi cajita para salir a cantar por la noche como el día anterior y claro que volvería a pasar por las oficinas a ver si podía ver de nuevo aquel dedo del hombre, llegue a la oficina cante y salió el hombre de nuevo y mis ojitos estaban fijos en su bragueta, rayos estaba cerrada no pude ver nada.

Día 3
Como el día anterior salí por la noche a cantar y mi ultima parada fue en la oficina, pero esta vez aquel hombre estaba sentado en su escritorio con el teléfono en la mano y me hizo una señal para que yo entrase yo muy confiada entre y me hizo una señal para que no cantara. Y me quede calladita. Cuando colgó el teléfono me dijo: buenas noches princesa ahora si canta. El se repego a su sillón y traía los pantalones de nuevo con el cierre arriba, yo cante pero no despegaba mis ojitos de su entrepierna que se notaba bien abultada. Termine de cantar y me dijo: toma hermosa. Y me dio mi dinero. Me lleva hoy tampoco pude ver nada.

Día 4
Este día estaba decidida a preguntarle por el dedo que se le salió aquel día, así que salí como todas las noches y de último pasé a la oficina esta vez no cante en la calle pues como el día anterior entré a cantar solo abrí la puerta al momento que el salía de otro cuarto y me vio ahí parada, hola princesa me dijo; hola le respondí, ya vine a cantar. Esta bien me dijo pero antes dime como te llamas, me llamo Carmen y usted como se llama yo me llamo Rafael. Cuantos años tienes nena, me pregunto. Yo tengo 6 años le dije y usted? Le pregunte yo tengo 26 años preciosa. Bueno pues carmita ya puedes empezar a cantar. Yo empecé a cantar pero mi nuevo amigo Rafael no se sentó, se quedo de pie y mientras yo cataba mis ojitos solo buscaba la bragueta que para mala suerte la tenia cerrada. Termine de cantar me dio mi dinero y cuando me iba a retirar me pregunto. Carmen ¿Por qué cada vez que cantas no levantas la mirada? Solo me vez los zapatos. ¿Por qué no me vez a la cara? Yo le dije no le veo los zapatos yo le veo el cierre de su pantalón porque la primera vez que vine me pareció que tenias un dedo saliendo de tu pantalón. Rafael quedo mudo. Yo me di la vuelta y le dije nos vemos mañana.

Día 5
Este día llegue a la oficina y entre de nuevo, Rafael estaba sentado en su escritorio y antes de que yo empiece a cantar me dijo: Carmita no se como paso lo de mi cierre pero tu no debiste ver mi pene porque eres muy niña. Yo le dije pene? Que es eso? Yo no vi lo que usted me dice, es mas ni siquiera se de que me habla yo solo se que usted tenia un dedo que le salía del pantalón. Y como se me hizo muy extraño me gustaría verlo de nuevo. Así que cante y me fui a casa.

Día 6
Llegue a la oficina a cantar y Rafael estaba sentado de nuevo, esta vez no hablo, así que solo cante y cuando termine me dijo ven por tu dinero, me acerque y tenia el cierre abierto y su dedo estaba afuera otra vez. Lo vi y le dije esto fue lo que vi el primer día que vine. El me dijo pues esto no es un dedo es un pene y es para que las niñas grandes jueguen y lo acaricien, no para las princesas pequeñas como tu. Y porque nosotras las niñas no podemos jugar con tu cosa? Me dio mi dinero y me fui. Yo estaba muy emocionada por fin pude ver ese dedo que tenia Rafael, me gusto mucho y cada vez que pensaba en lo que había visto, sentía como me recorría unas cosquillitas en el estomago y sentía muy raro en mi conchita. Así que yo quería verlo de nuevo y pensé que le diría a Rafael que me lo enseñara.

Día 7
Llegue muy ansiosa a cantar a la oficina y cante como nunca, Rafael me escucho sentado detrás de su escritorio, termine de cantar y me acerque por mi dinero al momento que el se puso de pie y tenia su dedo de fuera, pero estaba más grande y duro. Al ponerse de pie su cosa se quedo asentada en el escritorio, llena de venas y con una cabeza roja oscura. Rafael le dije que le paso a tu dedo, te golpeaste, te duele. No princesa me dijo, no me duele y no me pegue, esto es un pene no es un dedo como tu lo llamas, porque tu dedo tiene huesos y esto no tiene nada de huesos, solo queda duro cuando las niñas lo ven. Te lo puedo tocar le pregunte? Claro que si tocalo. Estire mi manita y agarre esa cosa dura como piedra, caliente, gorda, ahora puedo decir que estaba hermosa su verga de Rafael. Me dijo ahora te voy a enseñar que no tiene hueso. No te creo le dije porque los huesos son duros y tu tienes tu cosa muy dura. Me agarro mi mano y me guio para que yo suba y baje la mano y cada vez que lo hacia podía ver la vergota que tenia en mi manita de 6 años, la sentía palpitar en mi mano, que caliente estaba, que dura estaba hasta que sentí que se puso mas dura, el me hizo de lado y apunto su verga sobre el escritorio, me dijo no pares princesa sigue sigue, yo sentía que mi corazoncito se me salía del pecho hasta que salió de su verga un liquido blanco con un olor raro para mi, puta madre Rafael saco como 15 ml de leche caliente y automáticamente su cosa quedo suave, pequeña. Y me dijo vez te dije que no tiene huesos. Así que como esto es para niñas grandes no debes de decirle a nadie porque si no me voy a meter en problemas princesa. Yo estaba impactada con lo que viví, jamás cruzo por mi mente contarle a nadie esa verga era mía, una niña de 6 años jugando una verga para niñas grandes. Agarre mi cajita y me salí de la oficina muy contenta. Solo podía pensar en esa cosa que había tocado, sentía como me picaba abajo en mi conchita virgen.

Llegue a casa y me fui directo al baño y sorpresa que me lleve mi pantaletita esta mojada, que había pasado pensé, será que me había orinado. Agarre un papel sanitario y me seque la conchita y al pasar el papel sentí unas cosquillitas muy ricas. Termine en el baño y me fui a la cama y cerraba los ojos y veía aquella cosa que ya sabia que no era un dedo sino un pene y que sacaba leche, así cerré los ojos y me dormí.

Día 8
Llegue a la oficina y la sorpresa que me lleve, Rafael me hizo pasar a la habitación contigua, y me pregunto: Carmen quieres jugar de nuevo con mi pene? Claro que si Rafael, en eso estuve pensando toda la noche y en la escuela por eso vine hoy más temprano a cantar. Rafael se quito toda la ropa y por primera vez vi un hombre totalmente desnudo, con su cosa colgando flácida y unas bolas que también le colgaban y me dijo: Carmen si quieres que quede duro como ayer vas a tener que sacarte toda tu ropa, claro si quieres jugar, si no quieres quiere decir que aun eres una niña pequeña, no una niña grande. Yo rápidamente me saque la ropita y quede desnuda, el se recostó en un sillón y me puso de un lado y mi manita jugaba su verga que rápidamente quedo dura, y pude ver en realidad el tamaño de su verga, grande morena no negra, cabezona y llena de venas a punto de estallar, yo jugando una niña de tan solo 6 años jugándole la verga a un hombre de 26 años, mientras yo jugaba su verga el puso su mano en mi espalda y me acariciaba y sentía una corriente eléctrica que me recorría mi cuerpecito y me daba una especie de comezón en mi conchita. Poco a poco su mano fue llegando a mi culito y con su dedo lo empezó a acariciar y yo sentía que me moría, le decía: don Rafael que bonito siento, el seguía acariciando mi culito y yo le jugaba la verga. De pronto sentí como su dedo llegaba a mi conchita, yo solo pude soltar un gran suspiro y ahí cuando me tocaba mi panochita, que pena me orine no lo podía creer yo me había orinado pero sentí algo muy raro porque sentí como mi cuerpo se estremeció y don Rafael se vino en mi manita llenándomela de leche caliente. El me agarró entre sus brazos y solo de sentir su cuerpo junto al mío me volví a orinar. El me dijo Carmen vístete que ya te deben de estar esperando por tu madre. Yo me vestí como una zombi, así estaba como ida, que era eso que sentí, yo quería sentir más y más.

Día 9
Yo solo pensaba que tenía que ir a la oficina de don Rafael, así que cuando mi mami fue por mí a la escuela, rápidamente hice mis deberes y apenas dieron las 6 de la tarde, tome mi cajita y me fui a cantar, según sabía mi mami, pero en realidad yo iba a aprender a ser una niña grande. Llegue a la oficina y entre y ahí estaba Rafael como todos los días trabajando, me vio y me sonrió el ya sabia que me iba a hacer pero yo lo ignoraba por completo. Entre y me dijo hoy Carmita vas a ser una niña grande, yo entre y enseguida me quite la ropa y quede completamente desnuda y le dije a Rafael que se apurase a quitarse todo porque ya quería jugar, el se desnudo y me dijo ven acércate, el se tumbo en un sillón y me dijo quiero que mi pene lo metas en tu boca como lo hacen las niñas grandes. Yo me acerque y metí su pito en mi boquita solo basto pasar mis labio por su cabeza y esta se empezó a hinchar hasta quedar dura otra vez como una piedra con sus venas a punto de reventar, pero que era esto que rico sentía de tener un pene en mi boca por primera vez, el me giro sin que yo deje de lamerme la verga y me monto sobre de él, quedando en un posición que ahora se que se llama el 69, me dijo mira nada más zorrita si ya estas chorreando y sin dejarme decir nada me paso la lengua en mi cuquita ahhh ahh que delicia, solo de recordarlo siento como me mojo. Don Rafael me chupaba la panocha a sus anchas y yo gritaba de placer siiiiigaaaaa por favor sigaaaa, hasta que sentí como mi cuerpecito se contrajo y no pude evitar orinarme en su boca de Rafael y el me dijo mete mi verga en tu boca Carmita yo obedecí y me dejó toda su leche en mi boca, que rica tan caliente, tan dulzona tan tan espesa, una verdadera delicia, había descubierto una cosa más con don Rafael.

Día 10
Ya para que les platico que hice durante el día, solo quería estar en la oficina con Rafael, quería mi juguete nuevo y quería sentir de nuevo sus labios en mi vaginita, creo que estuve húmeda todo el día así que llegada la hora me fui a mi vicio. Llegue y sorpresa había todavía una persona en la oficina, así que solo me miro don Rafael y enseguida me puse a cantar. Antes de que yo termine el ultimo cliente se fue, acto seguido Rafael me guiño el ojo y yo ya sabia que tenia que hacer, me desnude enseguida y rápidamente me fui sobre el cierre de su pantalón para sacar mi juguete, lo tome y sin que me diga nada me lo metí a la boca y empecé a succionar mientras él me jugaba la panocha y mi colita con los dedos, ahhh que rico sentía era una delicia que me tocara mi cola y mi panochita virgen y sin ningún pelito. Mi panochita estaba otra vez mojadita y de ahí agarraba con sus dedos y luego me lo ponía en mi culito hasta que poco a poco me fue introduciendo su dedo en mi ano que estaba apretadito y le dije que me dolía un poco y me dijo tranquila Carmita no te pongas dura para que no te duela, vas a ver que te va a gustar cuando logre meter mi dedo completo y te dejo un poco flojita para meter mi verga en tu culito. Yo me quede sorprendida que me iba a hacer?. Enseguida me puso en cuclillas y me dejo mis nalguitas paraditas y se dedico a chuparme mi conchita yo me orine de nuevo en su boca y me dijo esta panochita ya esta lista para conocer un hombre, pero primero voy a estrenarte este culito hermoso, siiii don Rafael enséñeme a ser una niña grande por favor, agarro mis fluidos que estaban en el camastro y se lo unto en su verga que quedo más brillosa y me apunto exactamente en la entrada de mi ano, ahhh que dolor sentí cada vez que se empujaba hacia mí, y yo lloraba de dolor y me decía tranquila mi niña no te muevas que cuando entre toda te va a encantar. Yo no me movía esperando que don Rafael me penetrase con esa vergota gorda, morena, llena de venas a punto de reventar y con la cabeza brillosa. Hasta que en un momento dado entro la cabeza y yo griteee ahhhh me duele me duele sáquemela por favor, no me dijo espera un momento y se te va a pasar el dolor y así fue en un minuto el dolor fue desapareciendo y empecé a sentir algo extraño, como una comezón muy rica en el culito y el me dijo te voy a meter otro poquito me toco mi vaginita de nuevo para agarrar mis líquidos y se baño la verga y me dijo prepárate que te la voy a meter completa y yo le dije si hágalo por favor , Rafael me tomo de mi pequeña cintura y se empujo todo hasta la base de su verga gruesa ahhhhhhhhhh griteeeeeee de nuevo, tranquila mi niña se te va a pasar cuando te la saque y te la meta, de repente empecé a sentir como me sacaba un poco de aquello que me tenia clavado y me lo metía de nuevo y así empezó a cogerme por el culito, me entraba y salía su verga provocándome un placer indescriptible, que rica cogida me estaba dando por el culo tanto asi que me orine de nuevo sin que me toque la panochita, yo estaba ensartada por el culo, mi culito de 6 años ya no era virgen, don Rafael me había metido la verga completa en mi culito, luego el me levanto sin sacarme su verga y se sentó y yo quede con mis piernitas abiertas sentada en aquel camote que ya fácilmente me entraba y salía del ano, yo estaba alucinada, de pronto sentí como su verga creció dentro de mi culito y me dijo Carmita ahora voy a echarte mi lechita en tu ano, a al momento que me lo dijo me toco mi panochita metiéndome un poquito de su dedito y yo me orine de nuevo al mismo tiempo que me inundaba con su leche, ahhh grite que rico que rico por favor siga siga y el me jugo mi conchita hasta que ya no me salió nada de liquido, ya no era virgen ya me había roto el culito, me saco su verga, me abrazo y me pregunto, te gusto Carmita? Que si me gusto, me había encantado. Y mañana ven temprano que te voy a meter mi verga en tu conchita. Como pude me vestí porque sentía que me temblaban las piernas y me fui a mi casa más que satisfecha.

Día 11
Me dijo don Rafael que fuera temprano, y yo estaba desesperado por ir a jugar mi hermoso juguete, mi descubrimiento, ya era una niña grande. Como pude me escape como a las 5 de la tarde de mi casa con mi cajita con el pretexto de que cantaría mucho para ganar más dinerito, llegue como a las 5:15 de la tarde a la oficina y entre temerosa porque no sabia si había alguien ahí que me impida jugar con mi vergota jijiji. Cuando entre me seguí directo a la habitación de la parte de atrás y ahí estaba don Rafael, me saludo y me dijo no me tardo voy a cerrar la puerta, se fue y no se demoro nada. Yo ya sabia que tenia que hacer y me saque toda la ropa quedando completamente desnuda, Rafael se acerco a mi y me dijo que yo lo desnudara, que rico sentí cuando lo toque, le saque la camisa y luego le desabotone el pantalón y se veía a través de su bóxer su tranca ya empezando a quedar dura como me gustaba, apenas le baje el bóxer me la metí a mi boquita, ya era una mamadora compulsiva, como hasta ahora, me encanta mamar vergas, pero no vergas jóvenes, me fascinan las vergas maduras. Bueno a lo que nos truje, el me puso de pie y me dijo: Carmita, hoy vas a hacer una niña grande, acto seguido me aventó sobre el camastro y empezó a besar todo mi cuerpecito, desde la cabeza hasta los pies, de la nuca al talón y yo sentía que me deshacía por el, me abrió las nalguitas y beso mi culito,

Luego mis tetitas que ya estaban paraditas y yo con una excitación indescriptible, con la piel toda chinita, de mis pechitos bajo a mi barriguita y de ahí a mi vientre, yo esperaba que me lamiera mi vaginita, hasta que paso su lengua en mis labios y ahí me retorcí y expulse mis juguitos a lo cual el se lamio con recelo y me dijo ya estas lista Carmita ahora si te voy a volver niña grande, se monto sobre mi cara y me dijo mámame la verga mi putita, yo desesperada me comí su verga que rica, tan grande, tan caliente, tan palpitante. Ya que estaba bien mojada su verga me dijo abre bien tus piernitas que te la voy a meter, yo bien obediente me abrí al máximo y el se puso de frente mío y me puso la cabezota en mi entradita y me dijo: aguántate Carmita, si dele métamela ya, le dije. De un solo movimiento me introdujo toda la cabeza y yo grite aaahahhahh me duele, espera no te muevas me dijo. Y me la saco, yo me asuste porque tenía un poco de sangre la cabeza, y me dijo no te asustes es normal que pase esto y de nuevo me metió la cabeza yo volví a gritar ahhhhh mmm mmmm que rico sentía ya el dolor fue desapareciendoy cuando mi quejido se volvió más de gozo don Rafael me la metió toda y ahhhh grite y hasta llore ahhh me duele me duele le decía sáquemela sáquemela, no princesa ya esta adentro toda solo falta que te acostumbres y yo me quejaba y el me la sacaba un poco y de nuevo me la metía todo esto muy lento, yo cerraba mis ojitos porque sentía que me partía en dos. Y me la sacaba un poco y de nuevo me la metía y me la sacaba y mis gritos de dolor se fueron ahogando en un aaha ahh aaah ammm mmm mmmm mmhu mmhu mmhhu que rico sentía una verdadera delicia algo que yo no conocía y el me dijo ya eres toda una niña grande Carmita, te gusta lo que te hago? Sí don Rafael me gusta mucho no se detenga por favor y el seguía sacando y metiendo lentamente, y ahora se que lo hizo para cuidarme para no desgarrarme con su verga de 15 cm, cuando de pronto me quede rígida y grite ahhhhhhhhhaaaaaaaayyyy otra vez mis juguitos y el enseguida saco su verga y me sobo la vaginita para vaciarme toda, había salido mis juguitos con sangre, pero ya no me asuste, cuando ya no salía más otra vez me penetro yo ya no sentí dolor mas bien placer que rica verga tenia dentro de mí, ahora lo pienso y me da excitación que siendo una niña tan pequeña y maltratada por mi padre, no por mi madre ya era toda una mujercita. Bueno sigamos.

Cuando me la metió por segunda vez lo hizo un poco más rápido y yo gemía de placer ahhh ahh siga siga, hasta que sentí que otra vez me empezaba a orinar, me quede rígida y al mismo tiempo sentí como su verga se hinchaba dentro de mi y el decía Carmita mi lechita esta a punto de salir, me abrazo y como pudo se puso de pie y quede ensartada en su verga cuando sentí como su lechita me inundaba al mismo tiempo que yo sacaba mis juguitos otra vez, me saco su verga ya flácida y me saco todos mis juguitos revueltos con su leche y me dijo listo princesa ya estas lista, ahora te voy a bañar para que no sospechen nada tus padres, me baño y me pregunto te gusto? Si mucho quiero hacerlo mañana otra vez le dije, pues vente para que lo hagamos. Me vestí, me dio mucha monedas para mi cajita y me fui a mi casa con una sonrisa de oreja a oreja jijijiji.

Esta es mi historia, espero que les alla gustado, yo solo de recordar lo que me pasó a los 6 años me pongo super cachonda, luego les contare como don Rafael y yo desvirgamos a mi prima jejeje.

putilla desde chiquilla

hola soy nancy ” RICASNALGAS ” quiero contarles un relato de mi iniciacion sexual, como perdi mi virginidad con un profesor de la secundaria,a los 14 años, actualmente tengo 23 años, suceso veridico y real de mis inicios, asimismo voy a ir escribiendo relatos de mi vida sexual, espero que les guste

A la edad de 14 años cursaba el segundo grado de la secundaria, mi fisico desde niña ha sido siempre apetecible, especialmente mis nalgas, siempre he estado muy nalgoncita y siempre he sido muy deseada por nalgona, a esa edad ya mi cuerpo empezaba a tener curvas, mis tetas ya eran de considerable tamaño, me encantaba sentirme deseada, me daba cuenta como me miraban con morbo todos los hombres, en la calle me decian tantas cosas obsenas y en la secundaria veia como me deseaban desde mis compañeros hasta mis maestros,

Siempre fui muy popular en la secundaria, hasta entonces era virgen y no tenia novio ni nada, varios jovenes me invitaban a salir con ellos pero nunca aceptaba a mi me atraian mas los hombres maduros, me decia a mi misma que cuando decidiera entregarme a un hombre tenia que ser un hombre maduro con experiencia, fue cuando llego a la secundaria un maestro nuevo que le iba a dar clases a mi grupo, desde que lo vi me gusto mucho mi profesor, un hombre muy atractivo como de 40 años, los primeros dias fantaseaba con el y me propuse a coquetearle, corte la falda del uniforme a medio muslo y le agarre a los costados para que me quedara apretadita y se notaran rico mis nalgas y lucieran mis piernas,

Mi butaca estaba en la fila de adelante frente a su escritorio, en un arrebato de calentura abri las piernas cuando el maestro me estaba mirando, cuidandome que nadie del salon se diera cuenta, yo hacia como que no me daba cuenta de que el me veia con las piernas abiertas, note como se ponia muy nervioso pero no dejaba de verme, durante los dias siguientes hice lo mismo, pienso que el profesor entendio que lo hacia aproposito, hacer eso me calentaba mucho que me masturbaba en mi casa, estaba ansiosa por probar una verga y ver una verga en vivo, pues solo las conocia en peliculasxxx y en revistas, el profesor me veia con deseo pero no me decia nada y decidi llevar el juego a otro nivel y al dia siguiente no me puse pantaletas, iba desnuda bajo mi faldita corta, ese dia el profe se sento en su escritorio como de costumbre esperando que le diera espectaculo como todos los dias, un poco nerviosa abri las piernas enseñandole toda mi rajita desnuda, al terminar la clase me dijo que me esperara que queria platicar conmigo, pense que me iba a reprender o a reportarme en la direccion,

Al quedar solos me dijo que habia revisado mis calificaciones y que andaba muy mal que tenia que ponerme al corriente o me iba a reprobar, me dijo que si yo queria el me podia dar unas clases particulares en su casa para que me pusiera al corriente y no perder el año, yo intui sus verdaderos propositos y le pregunte que si su esposa no se molestaria si me daba clases en su casa y respondio que vivia solo que su familia vivia en otro estado y que cuando a el lo cambiaron de plaza a mi secundaria tuvo que dejar a su familia y venir solo, acepte su “ayuda” y quedo de recojerme en cierto lugar a las 6 pm, antes de ir a la cita me bañe y perfume y depile mis pocos vellitos del pubis, me vesti algo provocativa, llego muy puntual a recojerme en el lugar indicado, al llegar a su casa me pregunto que porque lo provocaba en el salon, que eso era muy peligroso para el, que podia perder su trabajo y hasta podia ir a dar a la carcel si alguien se daba cuenta de lo que pasaba, yo le dije que lo hacia porque me gustaba, me pregunto si ya habia tenido relaciones sexuales y le dije que no pero que estaba ansiosa por perder mi virginidad, me le ofreci descaradamente y le dije que me gustaria que el me desvirgara que le prometia que yo no lo iba a comentar con nadie,

Se levanto y fue a su recamara y regreso con una caja y dijo que era un regalo que habia comprado para mi, abri la caja y era un ajuar de lenceria muy sexy, tanguita de hilo dental de encaje a juego con el sosten, ligueros, medias de red, zapatillas de tacon alto, y un vestido de licra tan cortito que apenas y cubria mis nalgas, me dijo que me pusiera esas prendas y asi lo hice, al verme en el espejo quede impresionada al verme vestida asi, parecia una puta, hasta parecia mas grande de lo que era en realidad ya que era casi una niña, me estuve exhibiendo para el modelandole y moviendo lujuriosamente mis nalgas, le dije que esas prendas no podia aceptarlas que no podia llegar a mi casa con unas prendas tan atrevidas, me dijo que podia dejarlas en su casa y usarlas cuando fuera a visitarlo que me iba a comprar muchas prendas como esas, vi como tenia parada su verga debajo del pantalon y le dije que me la enseñara que tenia muchas ganas de conocer una verga, se desnudo por completo y vi que tenia una verga enorme bien gorda la agarre con mi mano y no podia abarcarla con ella de lo gruesa que era, comence a masturbarlo con mi mano la tenia bien caliente y bien dura, me dijo que se la mamara y me puse de rodillas y le empece a lamer la cabecita y todo el tronco, tambien sus huevos para luego mamarsela de lleno, aunque no sabia como hacerlo me esmeraba en satisfacerlo y el me iba diciendo como se lo hiciera y yo muy obediente, me tumbo en la cama y me quito la tanga, abrio mis piernas y comenzo a comerme la raja, me metia la lengua bien profundo, yo sentia muy rico que crei que me iba a orinar en su boca, me volteo boca abajo abrio mis nalgas y me lamio el ano y con sus dedos masajeaba mi clitoris,

Sentirme atacada por los dos lados hizo que tuviera un orgasmo que hasta me hizo temblar y el lamia y bebia todos los jugos que de mi raja emanaban, se puso un condon y me puso en cuatro patas y me pasaba la punta de su verga por todo el canal de mis nalgas y mi raja, haciendome desearla, que tuve que rogarle que ya me la metiera toda, me la metio lentamente causandome dolor al romperse el himen pero siguio y me empezo a cojer fuertemente, con brutalidad mientras me decia toda clase de cosa sucias, me decia que era una puta muy rica, que desde que me vio tenia ganas de meterme la verga, sus palabras me calentaban tanto que le respondia que era su puta y que mis nalgas eran suyas para que me cojiera siempre que tuviera ganas, se acosto en la cama y me subi ensartandome en su verga y dandome sentones en ella,

El me chupaba las tetas tan fuerte que me dolian, con sus manos abrio mis nalgas y un dedo travieso empezo a dilatarme el ano y metio todo su dedo en mi culito virgen mientras su verga me bombeaba mi raja, nuevamente tuve un orgasmo, me dijo que me la iba a meter por el culo y me dio miedo pero me dijo que me iba a tratar con mucho cariño, me puso en cuatro y me lamio el ano metiendome la lengua en el, me lubrico con vaselina se cambio el condon y me metio la puntita de su verga en mi colita, me dolio mucho y le decia que no me la metiera que me dolia mucho, no me hizo caso y lentamente me la fue metiendo hasta que entro por completo, empezo el mete y saca cada vez mas rapido, haciendome llorar primero de dolor y luego de placer pues poco a poco fue desapareciendo el dolor para dar paso a un placer tan intenso, me culiaba salvajemente la sacaba por completo y la volvia a enterrar y yo mientras con mis dedos enterrados en mi raja, me tenia gritando y gimiendo de gozo, se salio de mi culo dejandomelo todo abierto, se quito el condon y me ordeno que abriera mi boca, al hacerlo eyaculo en mi boca abierta y en toda mi cara, chorros y chorros de leche bañaron mi rostro y yo con mis dedos recojia de mi cara toda la leche llevandola a mi boca y tragarme todo ese rico manjar,

Nos metimos a duchar juntos y nuevamente me cojio, cuando terminamos me dio varios billetes y me dijo que era mi pago por ser su puta, yo no queria aceptarlos ya que yo lo hice por placer no por dinero pero insistio y me los quede, cuando sali de su casa iba bien cojida, me habia desvirgado mi raja y mi culo y yo tan feliz y satisfecha, quedamos de repetirlo en unos dias y asi lo hicimos y me estuvo cojiendo durante dos años hasta que sali de la secundaria, en esos dos años me cojio como quizo, practicamente fui su puta complaciente siempre dispuesta a todo lo que el quisiera hacer con mi cuerpo, el fue quien me pervirtio, incluso en varias ocaciones invitaba a un amigo de el y entre los dos me cojian bien rico, dandome siempre una buena propina, cabe mencionar que pase el año con calificacion de 10, y como ya sabia el camino use la misma tactica para cojerme a otro maestro en la preparatoria, lo mas importante es que abri los ojos y me di cuenta que con mis nalgas puedo lograr lo que me proponga pues desde entonces me he cojido a varios hombres mas en su mayoria maduros,

Hombres que me habian deseado les he ido dando su oportunidad, pues a los hombres maduros les encanta cojerse a una chavita, nalgona, caliente y complaciente, ademas de ser muy esplendidos, he recibido infinidad de regalos desde dinero, joyas, ropa sexy, juguetes sexuales etc. aunque yo nunca les he pedido nada ya que siempre lo he echo por placer y no por dinero, pero a mucho de ellos les gusta darme algun obsequio y yo me siento bien puta al recibir algo por mis favores sexuales, espero que les guste mi relato,

Doña Carmen y mi primera vez

Conocí a Doña Carmen en forma accidental, literalmente hablando. Iba en bicicleta, por las calles de mi barrio, perdí el equilibrio y me caí lastimándome mis piernas y brazos.

Este relato es real y ocurrió hace como 40 años. Yo tenía en ese entonces 15 recién cumplidos y como era época de vacaciones escolares yo deambulaba por todos lados con mi bici. El accidente ocurrió justo enfrente de la casa de Doña Carmen, quien muy generosamente me hizo pasar a su casa para curar mis heridas, pese a mi obstinada oposición.

Recuerdo que trajo agua oxigenada con la que limpio mis heridas con un algodón. Estaba yo sentado en el living de su casa y para curar mis piernas hubo de agacharse. Fue en ese momento que reparé en sus tetas. Eran un par de limones de buen tamaño que se insinuaban a los costados de un escote bastante amplio que permitía hacer volar la imaginación. A esa edad, estaba de moda una actriz de cine llamada Isabel Sarli que tenía una tetas descomunales que todos soñábamos con llevarnos a la boca y que marcaba el ritmo de nuestras apetencias sexuales. Seguramente todavía teníamos en nuestro inconsciente los recuerdos maternales.

Doña Carmen era una señora de unos 55 años, alta y rellena sin llegar a ser gorda. La verdad es que no recuerdo más atributos que sus tetas que me fascinaron desde que las vi. Era viuda desde hacía 5 años y no tenía hijos. Vivía sola en esa casa con una mucama, y no trabajaba porque el marido le había dejado unas cuantas propiedades de las que vivía de rentas. Es decir, tenía un muy buen pasar.

Durante el tiempo que duró la curación me hizo mil preguntas sobre mi vida, mi familia, mis estudios y donde vivía. Mi casa estaba a solo 6 cuadras de allí. Al momento de despedirme y luego de darme un cariñoso beso en la mejilla me invitó a visitarla en cualquier momento.

Solo por probar, volví a la semana siguiente y toqué timbre. Salió su mucama y después de preguntar a su ama, me hizo pasar. Doña Carme me recibió muy contenta y me invitó a tomar el té. Charlamos largo rato y antes de marcharme me hizo prometer que regresaría exactamente en 3 días a la misma hora, y para mi sorpresa me pidió que no comentara con nadie de esa cita. Ni con mi familia.

Los ratones comenzaron a trabajar en mi cabeza y empecé a hacerme ilusiones. Para esa época toda mi experiencia con mujeres había sido un par de encuentros con una prima un año menor que yo que había llegado a casa del interior del país para acompañar a su madre en visitas médicas. Nos quedamos solos un par de veces y aprovechamos para desnudarnos y acariciarnos mutuamente aunque sin que lograra penetrarla porque su mamá le había advertido sobre su virginidad y la posibilidad de quedar preñada. A lo más que pude llegar a que me hiciera unas brutas pajas que derramaba en su incipientes tetas.

Sin dudar un instante, al tercer día estaba yo timbrando. Me recibió Doña Carmen en persona, pues me dijo que la mucama tenía el día libre. Conversamos acerca de mi vida, si tenía novia y de a poco caímos en el tema adonde ella quería llevarme. Luego de preguntarme si yo era discreto y si sabía guardar secretos me dijo que quería invitarme a un juego que me iba a gustar mucho. Jugar al matrimonio, dijo.

Si bien yo esperaba algo de eso, no imaginaba que se trataría dicho juego, pero me dije para mí que no tenía nada que perder, así que acepté y me dejé llevar. Me pidió unos minutos y salió hacia las habitaciones, para regresar luciendo bragas y corpiño negros, debajo de un levantadora del mismo color. Cuando la vi casi me desmayo.

Se reclinó en un sillón que había en el recibidor y me pidió que me sentara enfrente. Mirándome a los ojos abrió muy despacio la levantadora, sacó una teta de su corpiño y la empezó a apretar y sobar, mientras no me quitaba los ojos de los míos. Soltó su otro limón y repitió la caricia, aunque esta vez se dedicó a apretar y pellizcar el pezón. Luego con ambas manos en cada una de sus tetas las apretaba, sobaba e intentaba lamerlas y morder sus pezones. Según avanzaba su tarea, mas seguidos iban escapando sus gemidos de su boca. A todo esto, yo miraba bastante desconcertado pero entusiasmado por el espectáculo que parecía una clase práctica para mí.

Casi de inmediato liberó una de sus manos y deslizándola por debajo de su braga empezó a pasarla por su raya. Yo miraba atentamente y vi, o mejor dicho intuí, que se metía sus dedos en la cueva para sacarlos y volverlos a meter haciéndose una paja, la primera paja femenina que veía. La veterana se cascaba la panocha al tiempo que se satisfacía masajeando una teta. Su cara denotaba que estaba gozando, por la paja que se hacía, pero más por tener un espectador. Siguió por largo rato dándole a la cuca, hasta que sintiéndose próxima a derramar, interrumpió la labor con un profundo suspiro. Debo decir que yo estaba como una moto con mi falo como un ariete que quería escapar de su guarida..

Se recompuso casi de inmediato, se acomodó la ropa, me tomó de la mano y me llevó a su dormitorio. Me pidió que me quitara la ropa y me descalzara. Cuando intenté quedarme en calzoncillos, una voz firme me dijo

– Eso también, desnudito totalmente mi amor-

Yo estaba mudo, no podía articular palabras por la emoción y la sorpresa. No hacía más que obedecer sus instrucciones. Estaba de pié, en bolas y con mi ariete apuntando al cielo.

– Tranquilo que lo vamos a pasar muy bien. Ahora tienes que quitarme el corpiño y el calzón. Lentamente por favor-
Ella estaba de espaldas en la cama y yo me puse de rodillas para comenzar mi tarea. Primero liberé sus tetas de la celda que los retenía. Todavía hoy tiemblo cuando me acuerdo la sensación que tuve al verlos cerca y rozarlos con mi mano. En mi fantasía eran las tetas de Isabel Sarli que se ofrecían para mí. Como quedé un tanto alelado, su voz me indicó que procediera con las bragas. Lo hice y ante mi apareció el primer coño que yo veía en mi vida. Este era un verdadero coño y no la rayita de mi prima. Rodeado de una espesa pelambre de rulos cortos, hirsutos y negros como el azabache, se presentó ante mis ojos como el mejor coño de mi vida. ¡Era el primero!

Lo recuerdo muy bien porque me marcó para toda la vida en lo que hace a mi preferencia por las conchas peludas. En un acto de puro instinto me arrojé sobre esa pelambre y empecé a refregar mi cara sobre ella. Luego mis manos comenzaron a jugar con sus pelos acariciándolos. Ya lanzado, busqué con mis manos el triángulo famoso y me encontré con unos labios pardos, gruesos y carnosos, que al separarlos dejaron a la vista una vulva rosada y jugosa.
Cuando ya me disponía a zambullirme sobre esa panocha, una voz me llamó a la realidad
– No, no, no. Ven aquí a mi lado, quiero que me des un beso y me dejes acariciarte un poco.-

Me acosté junto a ella que tomó mi cara con sus manos y llevándola junto a la suya, me dio un beso profundo. Con su lengua abrió mis labios y buscó mi interior haciéndome vibrar. Era también mi primer beso de lengua y no sabía bien como responder. Me dejé llevar por el instinto y respondí como pude con mi lengua en su interior bucal.
Mientras se sucedía ese interminable beso, sus manos bajaron por mi cuerpo hasta donde estaba mi polla para apresarla y menearla. Yo estaba duro como una piedra y al solo tocarme casi me vengo. A esa edad y viviendo mi primer gran experiencia sexual mi capacidad de contención era nula. Doña Carmen, conocedora de estas lides impidió que me corriera apretándome fuertemente la base de mi pene al tiempo que me decía
– No tan rápido mi pequeño, ya hay tiempo para eso. Cálmate un poco que quiero llevarme tu miembro a mi boca y disfrutarlo.-

Sin dejar de apretarme, se lo llevó a la boca y lo engulló de una sola vez. Parecía gozar muchísimo. Me bajó la piel del prepucio y lamió la cabezota en medio de hondos suspiros. Luego de unos minutos de lamer y chupar y viendo que yo ya no aguantaba más porque mi cara denotaba el esfuerzo que hacía aguantando, soltó su mano y metiéndose la verga en la boca recibió una seguidilla de chorros de semen que parecían no acabar. Demás está decir que tragó todo lo que pudo y lo que se derramó, lo recogió con su mano para bebérselo..
¡Menuda situación la mía! Había sido tan intensa la sensación de goce de mi derrame que estaba un tanto mareado y no sabía para donde arrancar, además estaba enojado conmigo mismo por no haber podido retenerme. Carmen me sacó del marasmo con palabras dulces y animosas.
– ¡Bravo mi rey! Me has regalado un polvo como nunca lo había recibido. Eso se llama la fuerza de la juventud. No sabes el gusto que me has dado después de tanto tiempo sin llevar ese néctar a mi boca-

– Señora, ha sido muy lindo y la verdad es que lo gocé mucho, pero si usted no se enoja me gustaría chupar sus tetas que me enloquecen desde el primer día que las vi.-

– Por supuesto que puedes, tómalas y hazme gozar a mi también.-

No sabía cómo ni dónde empezar. Las miraba y me parecía un sueño. Al fin me decidí. Las tomé en mis manos para iniciar una intensa sesión de besos, lamida, chupada y mordiscones, alternando una y otra teta. A cada rato debía parar para tomar aire. Estaba en esa apasionada tarea cuando empecé a escuchar tibios gemidos que poco a poco se hicieron más intensos anunciando el primer orgasmo de Doña Carmen. Yo me asusté un poco porque primero su cuerpo se tensó y me tomó la cabeza con sus manos apretándome contra sus senos, al tiempo que dejó salir de su boca un profundo suspiro de satisfacción.
Cuando noté que Doña Carmen estaba normal, le pregunté
– Está bien señora? Me asusté un poco al verla así.

– Claro que estoy bien, más que bien, requetebién. No sabes lo hermoso que me resultó sentir tu mamada en mis senos. Sentir esa lengua traviesa tuya por mis tetas y tus mordiditas en mis pezones fueron lo más. Fue todo una delicia que te voy a recompensar, pero antes quiero seguir aprovechando de la habilidad y aguante de tu lengua. Puedo?-

– Lo que usted diga señora. Seguramente será algo lindo como todo lo que hemos hecho hasta ahora.-

– Ven, ponte sobre mi cuerpo mirando hacia mis pies. De acuerdo?-

– Pues sí, ya estoy en posición, y ahora qué?

– Ahora vamos a gozar ambos al mismo tiempo. Yo te voy a comer tu pene y tú me vas a comer mi panocha. Cuando digo comer debes entender que tienes que darme gusto con tu lengua en mis labios vaginales y en mi cueva. Tienes toda la libertad para hacer lo que te venga en ganas.-

Puesto sobre ella con mi cara nuevamente frente a esa hermosa concha empecé por chupar sus negros vellos. Los que estaban rodeando su cuca estaban pringados por los jugos que había derramado Doña Carmen. Algunos se enredaron en mis dientes como era de esperar. Ahora tenía su sexo a mi vista pero en posición inversa a la que había tenido previamente. Listo para el ataque me detuve un instante para percibir un olor que tampoco había olido en mi vida. Me llegaba un aroma raro, que pronto descubrí que provenía de su veterana cuca, que lejos de disgustarme operaba en mi como un afrodisíaco que aceleraba mis apetitos carnales.

Con mis manos aparté con suavidad su entrepierna para tener mejor panorama. Era una delicia esa panocha, los labios carnosos de color parduzco que abiertos dejaban ver una cueva rosada y viscosa. Metí mi lengua a trabajar empezando por la paredes de su entrepierna para luego ir hacia el centro del universo sexual y lamer sus labios en movimientos de arriba hacia abajo en repetidas oportunidades que fueron arrancando suspiros y gemidos de mi pareja. En eso estaba cuando por casualidad, con un dedo rocé un pequeño pezón que estaba cubierto por sus labios. Nomás hacerlo, Doña Carmen pegó un brinco y me anunció que había tocado su punto máximo de placer, su clítoris. Me pidió que lo chupara y mordiera suavemente. Así lo hice y Carmen volvió a descargarse con otro orgasmo en mi boca. De su panocha salieron unos jugos que no tuve más remedio que beberlos a su pedido. He de decir que tampoco me disgustaron.

Mientras yo me entretenía con su coño, Doña Carmen que ya tenía mi verga en su boca, succionaba el glande y con su lengua hacía puntillas en la comisura de mi aparato, dándome un goce inenarrable. Con sus manos se aferraba al cipote y me masturbaba con movimientos rápidos. Parecía que recuperaba viejos conocimientos
sobre la materia.

Volviendo a mi tarea, diré que luego del polvo que derramó Doña Carmen en mi boca, yo seguí lamiendo su chocha porque le había tomado el gusto. Mi lengua, curiosa, hurgó los rincones más profundos de su cueva buscando nuevas sensaciones, que por cierto fueron mayores para Doña Carmen pues a cada embestida me respondía con gruñidos de satisfacción. A partir de ese día también me hice adicto a chupar coños.

Estábamos muy entusiasmados cada uno con su juguete, aunque en mi caso sentía una doble excitación. Por un lado comerme el coño de Doña Carmen y por el otro el clímax que me producían la mamada que recibía. Era una carrera para ver quien acababa primero. Además de mi lengua, me ayudaba en la faena con mis labios y hasta con la nariz y mis dedos, eran un festival de toqueteos en la cuca de la señora que ella agradecía mamando con mayor intensidad mi verga.

Eso no podía continuar indefinidamente, así que empecé a sentir sensaciones de correrme y se lo dije. Solo me respondió

– Cuando quieras mi amor, quiero tragar toda tu lechita.
Sentí que mis huevos se comprimían y de mi falo salió otra vez una seguidilla de semen que regó la cavidad bucal de Doña Carmen, quien prevenida no dejó escapar ni una gota. Bebió todo y los restos que quedaron en la punta también fueron absorbidos con una rápida succión.
Nos recostamos uno al lado del otro para recomponer fuerzas. Era risible ver nuestros rostros encharcados con nuestros jugos. Empezamos a besarnos y lamernos recíprocamente nuestras caras para limpiarnos de los pegotes. Parecíamos dos gatos haciéndonos la higiene.
– Como estas?- Me preguntó

– Muy bien, de maravillas. Todo es nuevo para mí y lo que me está enseñando es fabuloso. Esto del sexo es lo máximo.

– Y aun nos restan algunas tareas que en un rato emprenderemos porque quiero que me cojas bien cogida. Necesito sentir tu pene en mi panocha después de tanto tiempo de abstinencia.-

– Eso le iba a preguntar y no me animaba.-

– Ahora vamos a pasar al baño para limpiarnos un poco y de inmediato si tu poronga está dispuesta vamos a darnos otro gusto.-
Pasamos al baño. En ese momento, viéndola en pelotas y de pié, recién pude apreciar la inmensidad de Doña Carmen. Verdaderamente era imponente. Toda una matrona con esas tetas que se sacudían al caminar. Pude apreciar en detalle su culo portentoso, algo caído pero conservando la forma y la consistencia que daría envidia a alguna chavala. Como si eso fuera poco, su terrible panocha peluda que invitaba a comerla nuevamente. Yo estaba en la gloria y deseaba que ese momento no acabara nunca.

Ella se metió a la ducha y me invitó a hacer lo mismo. Todo un espectáculo, ambos en bolas y acariciándonos bajo el agua. Tomó un jabón y me lo pasó por todo el cuerpo. Como es natural se detuvo un buen rato con mi pene y testículos, dándoles una limpieza especial. Cuando acabó me entregó el jabón y mirándome me sugirió que yo hiciera lo mismo con ella. No me hice de rogar y se lo pasé por su cuerpo y piernas. Se abrió de piernas para facilitarme la limpieza de su panocha que estaba pringosa de mi semen. Acabamos, nos secamos y vuelta al lecho para seguir con nuestros juegos. Yo presentía que venía lo mejor.
Y vino lo mejor porque fue una larga sesión en que repetimos los toqueteos y juegos sexuales que nos habíamos regalado previamente. Yo le sobé sus tetas, besé, lamí y mordí sus pezones, volví a meterme dentro de su panocha con mi lengua, besé su vulva, devoré los jugos que Doña Carmen derramaba para mí. Ella, por su parte, me comió a besos de lengua, me pellizcó y mordió mis tetitas, me dio un beso en mi agujero trasero que no esperaba y me trastorno, para luego darse un banquete con mi polla que, gracias a mi juventud, volvía a estar dura como al principio.

Eligió para la ceremonia de la penetración la posición llamada del misionero, según me dijo. Se colocó un cojín debajo de sus caderas para ofrecer mejor panorama, se abrió bien de piernas y me dijo
– Ven, te espero. La quiero toda, todita adentro mío. Apúrate y no me hagas esperar que estoy muy caliente y necesito esa pija-
Yo ya no podía hablar, se me había secado la garganta. Solo atiné a decirle
– Ya voy señora.-

Me acomodé despacio tomándola de la cintura y colocando mis rodillas debajo de sus nalgas, tomé mi verga con una mano y lentamente la fui metiendo en su vulva, que la recibió sin mayores contratiempos porque estaba lubricada al máximo. Fui despacio controlándome. Ella trataba de animarme pidiéndome que se la metiera toda. No le hice caso, estaba en el papel del macho dominante, así que fui hacia mi meta muy despacio. Cuando llegué hasta el final del recorrido, sentí unas piernas que atenazaron mi cintura impidiéndome retirarme. Con un poco de esfuerzo comencé a mover mis caderas haciendo el movimiento que tantas veces había visto en los animales. Fue tremendo. Doña Carmen en éxtasis, deliraba y no me llamaba por mi nombre sino mencionaba a un tal Ramón, pidiéndome que se la enterrara toda sin dejar nada afuera. Seguí y seguí con toda la fuerza de juventud. Sentía que podía controlar mi orgasmo y me dedique a follar con todo ímpetu, para goce y satisfacción de mi amante que además de apretarme con sus piernas, ahora me clavaba sus uñas en mi espalda. Yo firme en mi tarea deslicé mis manos por su culo hasta llegar a su raya y encontrar su agujero. Metí el dedo mayor hasta el fondo y fue en ese momento que Doña Carmen explotó porque me anunció que se derramaba.

– Me vengo mi muchacho, nomás meterme el dedo en mi agujerito y ya no me puedo contener, me vengo amorcito.-
Esas palabras y su rostro convulsionado me excitaron mucho y de tal manera que yo también exploté llenando su cueva con lo que quedaba de mi leche que resultó suficiente para que mi amante la sintiera dentro suyo. A pesar de mi descarga, como sería mi calentura que mi verga todavía se mantenía firme así que seguí con el mete saca ignorando los pedidos a gritos de Doña Carmen para que parara porque ya no podía más. Viendo que cada vez se revolvía más y su mirada se extraviaba, me detuve y quité mi pinga de su chocho que aparecía bien abierto y derramaba mis mocos.

Pasaron varios minutos antes que Doña Carmen recuperara la cordura. Me abrazó muy fuerte y me colmó de besos al tiempo que me agradecía por haberla hecho gozar tanto.
– Quién es Ramón.- Le pregunté curioso.
– Mi difunto marido. Era un diablo para el sexo, lo extraño mucho.-

Miró el reloj de su mesa de noche y se dio cuenta que habían pasado varias horas de mi llegada y se acercaba la hora del regreso de su mucama , así que me llevó nuevamente al baño, me dio una ducha rápida con sus manos, me secó y me pidió que me vistiera para marcharme.

Antes de partir y después de muchos besos en los morros me hizo jurar que lo que había pasado era un secreto entre ambos y nadie debía conocerlo. Si le prometía reserva absoluta volvería a convocarme. Me dio su número de teléfono y me pidió que la llamara cada semana. Así lo hice y por suerte pudimos repetir nuestros juegos, donde con un poco, mas de experiencia disfruté tanto o más que esa primera vez.

la santa iglesia

esta es la triste historia de los abusos de la iglesia en el cuerpo de una mozuela que actualmente es una gran puta

Acudiste nuevamente a la iglesia para encontrarte con el padre confesor, el estaba como esperándote por que le prometiste fervorosamente cumplir con la cita. Con esa mueca libidinosa el padre contaba las horas para escuchar de nuevo los pecados que te atormentaban. Por fin entraste al espacio donde se encontraba el confesionario. Lucias un vestido sencillo, de tela de lino que enmarcaba tu grácil cuerpo de púber, apenas doce años ya para trece el numero de la suerte, que suerte pero para el sacerdote.

En cuanto te miro sus ojos mostraron un brillo lujurioso, anhelante, su aliento entrecortado – haj haj haj- denotaba el impulso contenido desde el día domingo anterior en que le pediste que escuchara nuevamente aquella continuación de la confesión de tus inicios de zoofílica –el amor a tu mascota que él interpreto como el sacrilegio de la entrega que no de cuerpo pero si de espíritu al demonio del contacto intimo con la bestia- que la iglesia castigaba en otros tiempos con la hoguera, pero que en la actualidad es tan común como acariciar un perro o un gato.
Y bien hija mía, dime tus pecados, -espeto el prelado acercándose sospechosamente a tu cuerpecito -casi de niña pero despuntando las primeras redondeces que te hacían sentir culpable por aquello de que los chavos mas grandes que tu, te pedían un beso o pensaban en el favor de una caricia en los huevos- y que en parte motivaba aquel acercamiento a Dios, capullo aun pero con la carga psicológica de ser una futura ramera.

Padre me confieso que estuve acariciando a mi mascota, pero a la hora de darle de comer, me movía insistentemente la cola y como estaba agachada comenzó a lamerme mis cositas y sentí unas cosquillas que no me dejaron dormir, y tuve pesadillas donde soñaba que mi Roky me hacia suya, y era una pesadilla que se fue convirtiendo en un sueño que no he podido apartar de mi. Por eso recurro a usted para que con su intervención, dios y la virgencita me perdonen y me pongo en sus manos padres para que usted me ponga la penitencia.

¡Hija mía! has cometido sacrilegio y pecado mortal, no tanto por el animalito te haya olido tus partecitas, sino porque tu cabeza no puede apartar esos pensamientos pecaminosos del camino correcto de dios. ¡hay de ti! Yo no creo que alcances el perdón a tus pecados, esos pensamientos van mas allá de lo que yo pueda lograr y creo que te estas condenando de por vida.
¡no padre! Usted tiene que ayudarme, es usted la primera persona que sabe de mi pecado y necesito que usted se apiade de mi, debe pedir por mi por que si no lo hace, ya no quiero vivir este infierno, siento que en cualquier momento alguien mas lo va a saber…….Si Dios y el cielo no puede perdonarme y si usted no hace algo, no quiero vivir en esta pesadilla los días que me quedan, entonces ya no quiero vivir ¡ya no!

El sacerdote gozó hasta las últimas lagrimas que tu vertiste y mascullaba quien sabe que cosas en Latín y te abrazo atrayéndote a su regazo. Que dirá la gente que te conoce?, no quisiera saberlo.
Respondiste tu: No padre, usted me debe ayudar, me pongo en sus manos. Hare lo que usted me pida, rezare lo que haya que rezar, lo que usted me pida.
Lo que yo te pida?, pon atención a lo que me estás diciendo.
Si padre lo que usted me pida.

El recinto se quedo en silencio por un momento, el padre te dijo: reza hija mía, reza mucho (que de nada te va a servir porque yo seré tu guía en esta tu aventura de lujuria y concupiscencia pensó para sí), yo me retiro un momento para pedirle a nuestro creador para que te imponga la penitencia que salve tu alma, que te libre del pecado. Acto seguido se alejo del lugar.
A los 10 minutos, regreso para interrumpir tus plegarias que eran de verdadero arrepentimiento y culpa en tu corazón.

Hija mía, estoy compungido, la penitencia es muy larga y dolorosa y no sé si tú quieras avenirte a los designios del señor: el considera que tu mente está perdida porque descubrió los rincones más abyectos de los instintos humanos y que para redimirte tendrás que purgar tus culpas en una serie de flagelaciones y castigos que purifiquen tu alma, la única condición es que no lo sepa nadie más, será como el secreto de confesión y también que no hagas preguntas de por qué o para que. Tu aceptación deberá ser incondicional y sumisa para que seas salva y puedas entrar al reino de los cielos.
¿en verdad padre? En verdad me perdonara?
Siempre y cuando cumplas con lo que el te pida.
Yo me entregare a los castigos y torturas que el me tenga deparado para que mi alma y mi cuerpo sea salvo.
Momento, tu alma si, pero tu cuerpo es el que va a sufrir, tu carne es la que se sacrificara para redimir la culpa de tu alma.

De acuerdo padre así lo hare
Lo que sigue son las escenas más humillantes en la historia del mundo, el apoderamiento del espíritu por el hombre mismo, el arrancar de las entrañas de un cuerpo núbil, los alaridos mas espeluznantes en aras de la culpa, del pecado, del escarnio y la mentira.
El cura que era un padre más o menos joven – de unos treinta y seis años – alto, corpulento pues se daba a la buena comida y bebida y hacia un poco de ejercicio y gimnasia para apagar las llamas de la hoguera que representaban los ayunos de la carne y el tormento de la pasión, bien parecido y quizá por lo mismo tu lo habías elegido para que el fuera tu confesor, en ese sentido existía comunión; te hizo pasar a sus aposentos y te dijo:

es voluntad de mi padre que apagues este fuego que desde hace mucho tiempo me consume y no me deja vivir en paz, eres la elegida por él para que me salves.
Tú asentiste y se dibujo una sonrisa pensando que ya te estabas ganando el perdón que te prometiera. Hare lo que me pida padre.
Ni una palabra de esto a nadie.
No padre, lo guardare como un dulce secreto para siempre.
Ahora contare yo misma mis aventuras.
Me condujo a sus aposentos y yo me deje conducir pensando en el tipo de penitencias que me impondría, pero ni por un momento llegue a sospechar lo que urdía la mente de aquel engendro que dios había puesto en mi camino.

El padre hablo: Aquí en el centro de mi cuerpo, al igual que en el centro del tuyo, tengo un instrumento que me atormenta, que no me deja dormir en paz desde hace tiempo, mas o menos como el que a ti te puso en mi camino. Quiero que apagues aunque sea un poco el fuego que me consume para que sea perdonado yo también.
Aquello era impresionante, le colgaba la verga de entre las piernas ( yo no había visto ni en sueños una así), quizá porque era de raza negroide, pero aquello era escalofriante, contuve la respiración y después comencé a respirar agitadamente, me acerque poco a poco como reflexionando si aquello valía la pena ( y concluí que era además una buena oportunidad de satisfacer mi curiosidad que me aguijoneaba desde aquella noche en que me entregue en sueños a mi mascota).
Quiero que me lo toques.

yo largue mi linda mano, regordeta aun con mis uñas bien recortadas y comencé a acariciar aquella piel del capullo que escondía una cabeza como el fruto de flor amarilla que crece en el patio de mi casa y que es como la cabeza de aquello que veía). Mediría como veinticinco cm y aun estaba dormida, colgaba pues: las bolsas de los testículos llegaban a la mitad. Pensaba: no será que por esto que se decidió a ser sacerdote? Esto es verdaderamente cosa del diablo.

Conforme lo comencé a acariciar, aquello se fue poniendo duro y como a desenrollarse, pues estaba inicialmente un poco torcido. Comenzó a levantarse y como a palpitar, tratando de llegar al ombligo, crecía y se engrosaba aun mas. Finalmente tuve que emplear ambas manos y apenas podía asirla, era un fenómeno. Media ya erecta alrededor de los 30 cm y era tan gruesa como la del burrito que mi papa tenía en el rancho. Un verdadero garrote. Yo no podía ni hablar, el lo sabia y me dijo:
no hables, comienza a besarla y luego me la chupas.

Cuando ya llevaba unos minutos de hacerlo, se puso lisa la piel violácea que cubría aquella cabeza, palpitaba verdaderamente, el resto del cuerpo estaba lleno de venas como un bejucal, estaba caliente, aquello estaba muy caliente. Ahora le besaba la cabeza y no podía ni introducírmela en la boca, hasta que me di mis mañas y casi se me desarticula la quijada. Me ahogo, me ahogo! Decía y el ya me había tomado de los cabellos y me bombeaba con aquella serpiente. Vomité el jugo que me había tomado temprano. Me dio unas servilletas y me limpie la boca. Me agarro las manitas y me instruyo de cómo masturbarlo, yo estaba temblando de la emoción, estaba aprendiendo como ser una putita dentro de la iglesia. Reflexione: habrán mas putitas como yo en la iglesia? Si yo lo pensaba seguramente mi respuesta era si.

Me costaba trabajo seguir con aquello porque la mandarria se me escapaba de las manos, de tanto respingo y saliva, se me resbalaba como una anguila, como una mojarra tilapia.
Me aparto bruscamente y se abalanzo hacia mí sobre un sofá amplio, allí sin quitarme el vestido prácticamente me bajo los tirantes y me subió la parte inferior del mismo, así que sin quitármelo, expuso ante sus ojos mis atributos, los pechitos que me venían brotando y que con la emoción resaltaba la areola y el pezón hasta sentir dolor cada vez que me rozaba o besaba, la panochita que solo tenía un pequeño bozo sobre la horquilla de los labios mayores.

Como si él fuera muy diestro, mientras me metió un dedo en la boca que yo comencé a chupar, con la otra mano me toqueteaba los pezones, con la cara metida entre las piernas comenzó a chuparme el clítoris haciendo que me quebrara prácticamente del cuello, colgando la cabeza en el borde del sofá y dejando a su capricho mis pechos y las piernas abiertas que exponían a su lengua mis labios virginales que ya estaba muy hinchados – creo que también los labios de mi boca estaban hinchados pues no soltaban su dedo. No pude soportar mucho tiempo, comencé a sentir un cosquilleo por mi espalda que recorrió todo mi cuerpo: el cuello, mis pechos detrás de mis orejas, mi vientre mis piernas en fin, se dirigía hacia el centro de mi cuerpo, mi pelvis, mi pubis, mi clítoris. Ha!, ha!… un orgasmo, y después otro porque el no se movía de su posición, estaba yo desfalleciente.

Cuando comenzaba a desentumirme, cambio de posición y aprovechando la gran cantidad de lubricante natural que manaba de entre mis labios vaginales – junto con la saliva por el depositada- me penetro bruscamente acomodando los primeros 5 cm de su verga enorme. No entraba mas por el diámetro pero el seguía empujando con el mete saca que finalmente fue relajando mis paredes vaginales. No lo puedo creer, a punto de desfallecer comencé otra vez a sentir la misma descarga que había precedido la penetración y me abandone al dolor- no podía ser mayor al pecado cometido- lo vi sobre mi entregado al loco frenesí como un macho cabrío con una seguidilla que he visto en los perros en brama, escuchando el ruido característica al penetrar su gran verga en mi chochito que ya se había dilatado enormemente de tal suerte que esta se perdía hasta el fondo de mi vagina y no lo podía creer.

Pero así era. Yo lo abrazaba por la espalda y el casi me estrangulaba pues me tenia asida del cuello. Casi no podía respirar y eso enardecía mi cuerpo, mis senos, mis nalgas, mi clítoris, todo, todo, el comenzó a contorsionarse y en sendas sacudidas de su pelvis y su abdomen, sentí inundada la vagina escuchando como un chorro de agua el exceso de semen que escapaba de los bordes de mis labios menores, el casi lloraba, ay, ay, ay, decía me aprietas, me matas. Yo sin saberlo le estaba dando una venida con chuchito, comprimiéndole el pescuezo de la verga rítmica y acompasadamente durante un buen rato, hasta que el rodo del sillón quedando tirado viendo el cielo, con los ojos en blanco y quejándose. Yo me pare sobre su cara conteniendo el esfínter de mi vagina y ya estando a pocos centímetros de su rostro, le vacié el contenido de todos los jugos mesclados dentro de mi vagina (semen, efluvios míos y también algo de mi sangre) como era impresionante la cantidad de semen acumulada quien sabe desde cuanto tiempo atrás.

Con sorpresa para mi en ningún momento sintió asco, sino que comenzó a beberlo y en el clímax de mi entrega y complicidad, yo me incline para besarle la boca y en el límite de lo patológico comenzar a pasarnos el elixir de nuestro primer encuentro -que aun tengo girando alrededor de mi cabeza y se ha vuelto otro sueño circular que me alimenta mientras lo vuelvo a visitar- y después para terminar comencé a verter mi orín sobre su cuerpo para lavar los restos de la leche que todavía quedaba impregnada.

Mis vacaciones con Maria, ella 60 y yo 16 en Granada

Relato una historia real, que me paso cuando tenia 16 años.

En el verano este, fui a la playa de Granada a pasar el mes de Agosto con mis padres. Quede claro, que no me gusta la playa mucho, pero no tenía opción, puesto que había suspendido una asignatura y tendría que recuperarla en Septiembre. En fin, paso a relatar lo que me ocurrió ese verano, que no puedo olvidarlo desde entonces.

El segundo día de estar allí, ya acomodados en el apartamento, y un poco organizados, mis padres se fueron a la playa, y como a mi no me gusta la playa, me fuía a una zona apartada de cañas, a ver que veía interesante. Al cabo del rato, encontré una revista pornográfica escondida entre las cañas, y me adentré para verla, me senté en una toalla que llevaba y comenzé a ojearla. Al cabo de poco, noté que tenía la polla bastante dura, y me quité el bañador y la camiseta, y comenzé a hacerme una paja. Se estaba muy bien así, con el sol dandome en el cuerpo, y me recoste hacia un lado, y con la revista viendola, y con la mano derecha haciendome una buena paja despacito.

En este momento, salio un pajaro de las cañas, por lo que mire hacia arriba, y vi en el edificio que pegaba a esta zona, en el balcón a una señora mayor de unos 60 años, que me estaba mirando, en ese momento, me tape con la toalla y disimulé como pude, e hize como que no habia visto nada, y me puse las gafas de sol y me encendi un cigarro. De esta forma miraba a la señora en el balcón, y senti que estaba mas excitado aun que pajeándome al ver la situación, por lo que me quite la toalla de encima dejando mi polla a la vista, cosa que la señora correspondió agachándose, de tal forma que le veía las piernas abiertas y unas bragas negras, que me llevo mi imaginación a imaginar que era su coño peludo. Ante la situación y la vista, comenzé a hacerme una paja mirándola a ella, y ella me correspondía con una mirada fija y una sonrisa picaresca, así durante unos minutos que me corrí, y ella me correspondió con un gesto de pasar la lengua por sus labios, cosa, que me excito mucho, y di por terminada esta buena paja. Me tumbe en la toalla, tomando el sol sin ropa, y cerré los ojos; así estaría durante unos 20 minutos, en los cuales, creo que incluso dormí, pensando en lo que había pasado.

Escuche moverse las cañas y unos pasos que se acercaban, y me incorporé y me puse la toalla por encima, y me encendí otro cigarro, para que pareciera la cosa normal, cuando ví aparecer a unos 10 metros, a una señora, con gafas de sol, pareo y una pamela grande y un bolso, que se acercaba a unos 15 metros, y se paraba a unos 8 metros de mi. Era es de estatura mediana, pelo castaño rizado, mas bien gordita, y por lo que se dejaba notar en el pareo, con mucho pecho. Saco del bolso una toalla, la extendió en el suelo y se sento encima de ellla.

S – Buenos días!
Y – Buenos días! (En este momento, pensaba en como me iba a levantar, ya que estaba sin nada puesto de ropa)
S – Veo que has encontrado mi sitio secreto, aquí vengo yo a tomar el sol porque no hay nadie.
Y – Señora, si le molesto, me voy, es que he llege ayer para pasar este mes de vacaciones aquí, y he visto el sitio, y me he quedado aquí.
S – Si!! Ya te he visto que estabas aquí (Sonrisa)
Y – Como? (En este momento al ver la sonrisa picaresca de esta mujer, me di cuenta, que era la señora del balcón).
S – Bueno, es mejor que estes aquí, porque me aprobecho de esto, y me puedes dar crema, si no te importa.
Y – Si por supuesto (y cogi el bañador para ponermelo por debajo de la toalla)
S – Muchacho, te he estado viendo antes, ahora te da vergüenza que te vea.
Y – No, no pasa nada, era por usted. (me dirigo a ella con la polla al aire, que estaba un poco flácida).
S – Toma la crema y dame por la espalda.
Y – Vale (comenze a hechar crema por la espalda, y a masajear la espalda para extenderla).
S – Espera que me baje el bañador, que se va a manchar de crema. (Se bajo los tirantes del bañador y vi el volumen de aquellas tetas impresionantes, cosa que me empezó a excitar y a notar que la polla me iba creciendo, e intente darle masajes despacio, para que se bajara el calentón que estaba pilland y no se diera cuenta)
Y – Esta así bien?
S – Si muy bien, me gusta el masaje que me estas dando, me puedes dar un poco por las piernas, que no quiero quemarme. (Asi, le di crema protectora en las piernas)
Y – Bueno, ya esta.
S – Espera, si no te importa, dame tambien por delante (Se dio media vuelta, y al levantarse, se bajo el bañador, quedando sujeto por las tetas, a la altura de los pezones, me quede mirándo a las tetas, cuando se bajo el bañador hasta la cintura, dejando aquellas tetas impresionantes a la vista. Eran enormes, bastante caídas por la edad, y con unas aureolas de color marrón clarito del tamaño de una galleta, la miré a la cara y solto otra sonrisa pícara, y me di cuenta que estaba empalmado totalmente)
Y – Bueno, vamos a ver (verti una cantidad muy grande de crema en la parte del pecho y del estómago, que comenzé a repartir despacito, y poco a poco iba acercandome a las tetas, en las cuales, comenzé un masaje muy despacio, pasando por todas ellas, y me iba dando cuenta, que aquellas aureolas, se estaban convirtiendo en unos pezones de color marrón oscuro impresionantes. Heché otro poco en las piernas, y me coloque entre las piernas y repartí la crema por todas las piernas acercándome poco a poco a las ingles. Hay me di cuenta, que el bañador, tenía una mancha en la zona de la vagina, por lo que me di cuenta que estaba aquella señora muy caliente como yo)
Y – Se te ha manchado el bañador
S – Pues espera que me lo quito, y así no se mancha (En este momento, me quedé que no podía tragar la saliva, mientras que bajaba el bañador hacia abajo y se veía un coño muy peludo negro. Al tener el bañador en la parte de las rodillas me dijo que se lo quitara yo, en lo cual, al abrir las piernas, vi que se abría y se notaba un clítoris bastante grande, y unos labios vaginales de color rosa, a lo cual me coloqué de nuevo en el lateral de ella para repartir la crema que quedaba en la zona del ombligo, la cual comenzé a repartirla hacia las ingles y en culo)
Y – Esta así bien?
S – Si, muy bien, pero reparte bien la crema por toda esa parte, que no quiero quemarme (Ahí me di cuenta que no le importaba lo que hiciera con las manos, y comenzé a tocar el pelo negro de aquel coño, y con la otra mano a tocar las ingles, bajando hasta el culo y subiendo por los labios del coño una y otra vez. Me coloqué tumbado para abajo, para ver aquel coño y aquel culo mientras que lo tocaba, y metí dos dedos de mi mano izquierda en el coño, y con la mano derecha masturbaba aquel clítoris, a lo cual escuchaba una respiración acelerada de aquella mujer, y notaba que cada vez, estaba mas mojado aquel jugoso, grande y precioso coño que tenia a 20 centimetros de mi cara. Saqué los dos dedos y baje, para tocar el ano y la otra mano comenzé a frotar el coño entero, cosa que levantó el pubis y abrió las piernas, y meti uno de mis dedos en el culo, a lo cual, soltó un lemento (ummmmm))
Y – Está así bien?
S – Sigueeeeeee, sigueeee (en ese momento, noté que me cogia la polla con la mano y empezó a pajearme, y se tumbo hacia un lado y me metió la polla dentro de la boca, y empezó a chuparmela de una forma impresionante, a lo cual no dudé en hacer igual, y comenzar a chupar aquel coño abierto delante de mí)
Y – Lo siento, pero me voy a correr (cosa que ya era casi inevitable, puesto que estaba tan caliente con todo aquello, que notaba las pulsaciones de mi polla)
S – Bien, cuando quieras (mientras que aumento los chupetones, escuchandose el sonido de meter y sacar la polla en su boca, y me corrí de una forma brutal, mientras que notaba jugaba con la lengua alrededor de mi glande y veía como la leche se la iba tragando sin dejar ninguna gota, y chupaba y chupaba sin parar, aunque despacio)
Y – Ya, ya he terminado.
S – Lástima, porque me hubiera gustado que me llenaras de leche otro sitio (a lo cual, note que la polla estaba en forma otra vez.
Y – Pues chupa un poco mas con esas ganas, y te lleno lo que quieras (A lo cual comenzó de nuevo a chupar profundamente, y meterse la polla hasta la garganta)
S – Que buena polla que tienes, y que maravilla de juventud, esto de recuperar de esta forma. Ahora quiero que termines lo que te he dicho.
Y – Bien, te voy a llenar este rico coño de leche, pero antes le vamos a hacer que disfrute de gusto un buen rato.
S – Recuerda chico, que tengo dos sitios para llenar, el que tu quieras.
Y – Empezaré por este coño y terminaré en tu culo, te parece bien?
S – Me gusta la idea, pero por dios!!! Fóllame, fóllame ya, que no aguanto mas, méteme la polla hasta los huevos. (cogí con la mano izquierda abrí estos labios del coño, y con la derecha coloqué el glande dentro de aquel coño y me heché sobre ella, sujetándome de aquellas enormes tetas, mientras que notaba como mi polla entraba en aquel humedo y caliente coño)
Y – Te voy a pegar una buena follada, hecha las piernas para arriba. (empezé a meter y sacar la polla en aquel coño, de una forma brutal, mientras que tenía en cada mano una parte de aquellas impresionantes tetas, y me hechaba para adelante, y chupaba los pezones, que estaban como una falange de mi dedo, de grandes y de duros)
S – Ummm, ummmmm, sigue, sigue, fóllame asi, asi, no pares.
Y – Baja una mano y tócate al clítoris tu mientras, y chupate un pezón. (a lo cual comenzó a tocarse el clítoris, y notaba como cada vez que entraba mi polla en aquel coño, topaba con su mano que estaba restregandose el clítoris de una forma rapidísima, y chupaba y mordia uno de sus pezones de la teta que sujetaba con su mano)
S – Saca la polla, y fóllame el culo, que quiero correrme con tu polla en el culo metida, date prisa, que me voy a correr.
Y – Vale, ahora mismo. (Saqué la polla del coño, y heche las piernas para atrás, y le dije que las sujetara con sus manos, y coloqué la polla en el culo, a lo que noté que con tanto flujo, estaba super lubricado, y comenzé a meter poco a poco la polla dentro. Cada centímetro de polla que le iba entrando, soltaba unos gemidos impresionantes)
S – Así, así, así, follate mi culo, méteme la polla entera, fóllatelo.
Y – Dime cuando te vas a correr.
S – Ya, ya, ya me corro!!!!!, ( a lo cual, metí la polla al fondo de un empujón, y empezé a dar empujones en el culo, mientras que notaba las contraciones que tenía, y se pellizcaba los pezones suyos, como si los ordeñara, y mordia sus labios)
Y – Aguanta un poco, que me voy a correr yo tambien, te voy a llenar tu culo de leche, aguanta un poco, ahí vaaa, toma lechecita, tomaaaaaa!
(Pasaron unos minutos tumbado encima de ella con una mano sujetando una de sus tetas)
S – Muchacho que buen polvo que me has hechado, joder, que bien me siento.
Y – Pues imaginate yo, me ha encantado, que buena follada.
S – Te ha gustado de verdad?
Y – Si
S – Y te gustaría repetir?
Y – Claro, por supuesto, estaría follandote a todas horas.
S – Pues vivo ahí, cuando quieras follar, te doy mi numero y me llamas y te digo donde follamos, que este mes que estas aquí, quiero que me folles todas las veces que puedas.
Y – Por mí encantado.

En otro escrito, os contaré que paso durante todo este mes de estas inolvidables vacaciones. Espero que os haya gustado, a mi me gusto mucho, y no puedo olvidar aquel verano desde entonces.
PILLIN

El portero se me folla

Cuando había bajado 3 plantas, me topé en un tramo con el portero, un hombre bastante obeso, calvo y maloliente, un tío que daba asco nada más verlo

—-Capítulo 1—-
Era primavera y mi joven cuerpo estaba lleno de sensaciones hasta ahora desconocidas, algunas veces, notaba como mi rajita necesitaba ser rascada con cierta frecuencia y en aquel entonces, no sabía que aquello era masturbarse, así que yo pasaba muchas horas “ráscandome” todo lo que podía.
Mis padres, trabajaban los dos fuera de casa, mi padre, no llegaba hasta la noche y mi madre, lo hacía por la tarde, aunque algunas veces, llegaba también bastante tarde, casi a la hora de la cena, con lo cual aquella situación era envidiada por mis amigas, al disfrutar de una libertad que ellas no podían.

Una tarde, me llamó mi madre, diciéndome que llegaría bastante tarde, es más, no llegaría a tiempo para cenar. Eso me alegró mucho, todo el día para mí sola, ya que era verano, había sacado buenas notas y me podía permitir gandulear como se me diera la gana, así que me dispuse bajar a la piscina de mi comunidad en un día que iba a ser todo para mí, sin que me regañara nadie, sin oir a nadie, sin que nadie me mandara esta o cual cosa, en fin, un día sin padres, qué más se puede pedir?

Mi bikini era minúsculo, el pequeño tanga amarillo, tapaba mas bien poco y encima al mojarse transparentaba el incipiente vello púbico y el sujetador apena tapaba mis ya hermosas aureolas, con unos pitones que se me ponían al mojarme que era algo exagerado para mi edad y, para colmo me estaba pequeño, pero no importaba, precisamente la “gracia” de aquel bikini, era esa, que me estaba muy pequeño. Muy lasciva era yo para mi edad! Acabé de arreglarme poniéndome un (como no) diminuto pareo y cepillándome profusamente mi larga cabellera castaña y lisa que me daban un aspecto mojigato en contraste con la vuluptuosidad de mi cuerpo de adolescente.

Bajé los escalones andando, pasaba de coger el ascensor, además, había probabilidad de encontrarme saliendo o entrando de su casa con aquel chico que me gustaba horrores y que no me hacía ni caso, pero, cuando había bajado 3 plantas, me topé en un tramo con el portero, un hombre bastante obeso, calvo y maloliente, un tío que daba asco nada más verlo. Siempre vestía casi igual, una camisa que no se sabía si era gris o beige, abierta a la altura del ombligo, porque ya no le cerraba y de los botones de arriba salían unos pelos canosos largos que daba grima nada más verlo, los pantalones le caían y cuando se agachaba asomaba sus calzoncillos que en su día habrían sido blancos. Usaba de esas sandalias horteras de las de viejo de toda la vida y su calva estaba provista de algún poco pelo, canoamarillento. Un tío guarro, descuidado, que ocupaba toda la escalera y al pasar yo, se quedó quieto para que aposta le rozara al bajar.

Antonio (que así se llamaba) apoyó la espalda contra la pared, como queriendo meterse en ella para dejarme paso y yo me puse de espaldas a él para bajar encontrando la mejor manera, ya que peligraba quedarnos encasquillados, tal situación era algo embarazosa. Pasé como mejor pude, de espaldas a él, sin embargo, sentí al pasar un leve roce sobre mi culo redondo y prieto. El me preguntó por mis padres y le dije que llegarían tarde los dos, presumiendo de lo libre que estaba ese día. Al pasar, noté que el cuerpo de Antonio se tensaba y se apretaba contra mi culo y, para mi sorpresa, noté unos dedos gordos y torpes meterse por dentro del tanga, no, sin cierta agilidad. Me quedé sin respiración y llena de extrañeza, como había osado hacer una cosa así aquel tio? Bueno, tenía fama de viejo verde, la verdad que nos miraba mucho a todas las chicas del edificio, pero llegar a eso, nunca me lo imaginé, es más, de haberlo pensado me habrìa dado un asco horroroso. El hombre tenía el dedo en la puerta de mi rajita que ya estaba comenzando a palpiar, le pregunté con un susurro que qué hacía y por toda respuesta encontré que me metía el dedo un poquitín, yo, en vez de quitarme que es lo que mi cabeza me dictaba, abrí mucho las piernas, al tiempo que susurraba que era virgen y podría hacerme daño. Por toda respuesta pasaba el dedo a lo largo y ancho de mi coñito propiciándome un largo y profundo orgasmo conteniendo el jadeo, no sea que alguien me escuchara y podría morirme de la verguenza. Antonio, con la mano que le quedaba libre, y, al ver que yo no me quitaba, me tocaba una teta por fuera del bikini primero y metiendo la mano después, cuando me la pellizcó me caí de culo. Aquello era demasiado, un tío que olía a demonio, asqueroso, de lo peor, me estaba metiendo un dedo en el coño descaradamente al tiempo que me pellizcaba una teta y notaba un bulto cada vez más gordo en mi culo y de pronto, me soltó deseándome un buen día.

Me fuí a la piscina llena de angustia, de miedo y sobre todo una cachondez para mí entonces desconocida, teniendo que meterme en el agua varias veces para meterme el dedo, recordando cada movimiento que me hacía Antonio para imitarlo y tratar de buscar aquel gustillo, que, sin embargo, me daba más al recordarlo que con lo que me estaba haciendo yo misma.

Ya no podía más, iba a subir a mi casa a masturbarme tranquilamente, aquello era demasiado, hacía un calor de muerte y eso hacía que me calentara más, así que mejor en casita, con el aire acondicionado y tranquila. Allí estaría a mi libre albedrío. Mi pensamiento era subir en el ascensor, aunque nunca lo hacía, porque así llegaría antes porque me faltaba tiempo, pero, justo cuando se cerraba, una mano volvió a abrirlo, era Antonio que me miraba con sus ojos ahuevados y con cara de salido. Nada más andar el ascensor, lo paró y se avalanzó contra mí apoyándome contra una de las paredes, me metió la lengua en la boca y habría vomitado si no hubiese sentido otra vez aquellos ágiles dedos trasteandome mi conejito palpitante, en vez de eso, jadeaba en su boca como una puta cualquiera y me entregaba a aquella sucia caricia que a mí me sabía a gloria. Sin soltarme pulsó el botón del último piso, que era la portería para ello tenía que introducir una llave, lo que hizo con la mano que le quedaba libre despegando entonces su boca de la mía.

Estaba babeando, jadeando y rojo de la tensión, no todos los días un tipo así tiene una chica así de ofrecida. Dió al botón y subimos, yo sabía que quería estar a solas conmigo, yo me decía dile que no quieres, pero no abría la boca, me quedé en silencio, tan solo mordiéndome el labio inferior del gusto que sentía con el leve roce de aquel dedo gordo tan magnífico, desde luego, no era igual que cuando me lo hacía yo, tan torpe que era aún. Volvió a besarme y toquetearme las tetas, el tío sudaba como un pollo y gemía como un cerdo, intentando ponerme la polla entre las piernas, pero no podía, ya que la barriga le caía casi hasta las piernas. Llegamos a la última planta, la que nadie tenía acceso, a rastras me sacó de la cabina del ascensor, todo muy nervioso e inquieto, se sacó la polla y me llevó hasta allí con la mano. Era una polla gorda, apenas morcillona, no se le llegaba a poner del todo dura, con unos huevos muy gordos que le caían que a mí se me figuraba los de un burro, tocarlo era asqueroso, pero me daba tanto gusto con la mano que seguí, obedeciendo y le toqué y nada más notar el tacto de mi pequeña mano, tuve entre ellas una polla inmensa y gorda y me aterré. Yo ya no estaba excitada, tenía miedo y quería irme pero no me lo permitió, me dijo que ahora no podía que estaba por venir lo mejor, que no tuviera miedo, que iba a acariciarme como nunca me lo habían hecho y así era, porque a mí nadie me había acariciado antes.

Sin soltarme abrió la puerta de su casa y entramos mientras seguía besándome con una lengua llena de babas repugnante. Tenía que tragar mucha saliva de aquel tío que yo trataba sin éxito de escupir, pero como me daba más se me acumulaba en mi boca, aquello no me gustaba, estaba llena de contradiciones, que me tocara el coño me gustaba, tocarle la polla y que me besara, no, pero continué haciendo ambas cosas apretando además mucho las piernas para sentirle un poco más. Fuimos al sofá, la casa estaba muy desordenada, llena de ropa sucia por el suelo y olía a pocilga pero a mí me daba igual, yo estaba en la gloria y casi desnuda casi sin darme cuenta, porque me había desatado el sujetador y bajado el tanga hasta las rodillas casi sin darme cuenta, probablemente lo vendría haciendo ya por el camino a casa, el caso es que yo ni lo noté. Mis piernas apretujaban su dedo que yo quería sentir no sabía de que manera, pero aquello me estaba sabiendo a poco, me daba tanta verguenza estar con el portero así que me puse a llorar, me daban náuseas su boca y su polla, y antes de pensarlo, me ví tumbada en el sofá con las piernas abiertas sin el tanga ya, entregada, ofrecida, muy puta, muy salida, del sujetador abierto, salían mis grandes tetas cuyos pezones Antonio mamaba con ganas, sin dejar que me enfriara. Se bajó del todo los pantalones y los calzoncillos, me daba tanto asco que volví la cara para no mirar, pero el tío me cogió por la cabeza obligándome a mamarle la polla.

Lo que sentí cuando me la enchufó no puedo ni relatarlo, casi me atraganta, esa polla olía a pis un montón, me daban arcadas pero me obligó a mamársela y, dado que el muy cerdo, no dejaba de tocarme el coñito, seguí , todo menos que parara, lo que ocurría era que a mi entender el muy cabrón estaba llegando demasiado lejos. Con una mano traté de apartarle de mi cara, pero fué imposible, aquella mole humana se había hecho con mi cara y mi boca. Para que le succionara mejor, me cogía la mano para levantarle la gran barriga y aún bajo esta quedaba un buen trozo de polla gruesa y asquerosa que yo me tenía que meter porque no paraba de decirme, entera… “métetela entera en la boca, anda preciosa, que yo te estoy haciendo muy feliz, hazme tú también a mí, cariño” yo no quería, intentaba apartarle, pero era imposible, en vez de apartarse, se ponía mas cachondo mi portero. Se me corrió en la boca, yo ya no podía más y sobre su barriga lo escupí como pude de tanta repugnancia que me entró, creí que se enfadaría, pero lejos de eso, me puso la cara sobre lo que escupí y me obligó a lamerlo, lo hice entre sollozos y me obligó otra vez a meterme la polla en mi boca que además de a pis, sabía a semen asqueroso. Lamí sin dejar de lloriquear, y, al poco noté que se le ponía dura de nuevo. Mientras yo hacía eso, el tío se quitó la camisa y debajo llevaba una de esas camisetas de aro que llevan los viejos ya amarillenta del uso que no se quitó. El olor a sudor ya era insoportable y yo ya no podía más, eso me superaba y para mí había sido suficiente, por lo visto, para él, no.

Tiró de mis piernas y me las subío a la altura de sus hombros, volvió a subirse la barriga para que yo por mi coño notara su glande rozarme. Al sentirlo, no pude más y me hice pipi sobre él. El tío gemía como un cerdo y seguía frotándome y frotándome, me daba asco, pero me corría una y otra vez sobre aquella meada y gorda polla, se retiró un poco y apuntando hacia mí me propinó una meada él tambien que, lejos de asquearme, me dio mucho gustirrinín que me diera sobre mi vulva caliente. Todo eso era demasiado, yo no podía imaginarme que el sexo fuera tan guarro y tan raro, pero allí estaba con las piernas bien abiertas para un tío que no se follarían ni las putas, ofrecida y abandonada, yo me desconocía.

“Vas a follar conmigo, mi pequeña… vas a ver como Antonio, te mete esta polla dentro de tu ser y sentirás el mayor de los placeres que tendrás en tu vida” Me tensé del miedo “follar, no, por favor, que yo no lo he hecho nunca! Sigamos con las caricias, lo que quieras, pero no me metas la polla, que me va a doler, por favor, no” El contesto: “precisamente voy a follarte porque no lo has hecho nunca y ahora vas a saber lo que es consolarse de veras, o crees que no te veo como inutilmente lo intentas con el dedito en tu habitacion? Te veo por la azotea del bloque de enfrente cada día y, créeme, he soñado con este momento cada tarde”

Me puse a gimotear pero él hizo caso omiso, volvió a acariciarme con el glande y volví a sentirme mojada hasta las rodillas del gusto, ya no sabía si me orinaba o me corría pero un dolor de pronto paralizó aquel frenesí. Antonio estaba tumbado sobre mí, su barriga me presionaba y pesaba como un mueble, su polla estaba dentro y era precisamente lo que me hacía daño. El estaba quieto y susurró que me tranquilizara, que aquello pasaba pronto, y , así fué, lentamente, comenzó un metesaca que, aunque al principio era algo molesto, luego me hizo perder el norte. Su polla entraba y salía cada vez más rápido y fuerte, sus huevos hacían ruido contra mi culo en cada embestida que se me hacía insostenible, jamás había sentido tanto gusto en mi cuerpo. Toda yo temblaba, gemía y abría más las piernas, quería sentirla toda, quería más, yo misma me sorprendí pidiendo eso, más.
Seguía el bombeo atroz, aquel hombre estaba lleno de potencia, me daba mucho gusto y sentía vértigo del placer, y , cuando me sobrevino uno de los miles de orgasmos que me hizo sentir, noté su polla que palpitaba siguiendo a continuación un mar de leche que inundaba mi cuerpecito delgado.

Se tiró encima mía como un plomo, aún jadeoso y con los ojos en blanco, babeaba y tenía la boca entreabierta, me lamió toda pero yo lejos de darme asco ya, estaba siendo suya del todo.
Me sacó la polla, bajó mi cabeza y yo la acabé de limpiar. “Ya no hace falta que me lave, me la has dejado muy limpita ya, anda, ponte esa ropilla que llevas y vete antes que nadie te vea que bajas de aquí, y ya sabes, cuando quieras, ven a verme”

Me puse el tanga rápidamente, estaba llena de leche que me caía piernas abajo cada vez que me movía, llena de babas del muy cerdo y olía casi tan mal como él, claro, si había retozado como una zorra entre sus brazos, como iba a estar? pues como él echa una guarra. Sentí mucha verguenza, asco de mi misma, como pude perder mi virginidad con un gordo de 60 años que no se lavaba? me había vuelto loca o que? Abrí la puerta de mi casa y llorando abrí la ducha donde me pasé horas, pero ya era tarde para mí, me había convertido en una adolescente con una experiencia muy fuerte y, aquello sin duda traería sus consecuencias

—-Capítulo 2—-
En la soledad de mi habitación, recordaba el revolcón con Antonio. Realmente era repugnante tener aquel oso encima de mí, sudoroso, partiéndome en dos trozos de aquella manera tan brutal, pero mi rajita de tan solo recordarlo, se mojaba por momentos, qué me estaba pasando? A mí aquello no me gustaba, me repetía a mí misma, no estaba bien y no se debería repetir, pero cuando me ponía mi nuevo tanga diminuto, no podía dejar de pensar en la tarde en la que perdí el virgo en manos de aquel obseso hará ya para 3 semanas.
Desde entonces, me volví más solitaria, aprovechando cada momento para masturbarme, me metía toda clase de objetos para consolarme y acallar mi sed de ser follada, cualquier cosa antes que aquello, algo tendría que servirme, no? pero no, nada me dejaba tan satisfecha como aquella cosota grandota que invadia mi intimidad mas absoluta.

Desde aquel día, no había vuelto a bajar a la piscina por no encontrarme con Antonio el portero al que evitaba. Trataba de salir a la calle cuando él no estuviera de servicio para no encontrármelo, pero hoy bajaría a la piscina a darme un chapuzón y el portero, como si no estuviera, pero estaba, en su habitáculo de portero, poniendo el correo en los buzones, distraido. Intenté pasar sin que me viera, aunque inconscientemente, deseaba que lo hiciera. Quizas por ello, ese día no me puse el pareo, solo llevaba mi tanguita, pero estaba tan caliente esos días que habría ido desnuda. En mi mente calenturienta, me imaginaba sin ropa por las calles y todos los desconocidos se me follaban sin piedad, ese estado había propiciado Antonio en mí.

“Espera” oí tras de mí, era su voz ronca y aguardentosa, no había duda, que querría? que verguenza sentí al notarme húmeda con sólo hablarme! me paré en seco y tan pegado a mí que podía sentir su polla en estado de erección absoluto, metió con descaro un dedo por el tanga. “Uhmmm, te siento húmeda, pequeña, es porque echas de menos a tu portero amigo? Te veo cada tarde meterte cosas en este agujerito e incluso has llorado de deseo, vente luego arriba, a mi casa, anda, que vamos a jugar. Ya sabes que yo juego fuerte” Le regalé un chorreón de líquido viscoso en su mano, me lo dió a lamer y cerrando los ojos de caliente, lo chupé. Me soltó y corriendo me fuí a la piscina.

No pude dejar de pensar en el episodio anterior sin que me mojara toda, sencillamente o me estaba volviendo loca o era una viciosa asquerosa, demasiado para mi edad, no imaginé que la vida estaba llena de aquellas cosas, no me apetecía nada ir con mis amigas, hablar de chicos e ir a las discotecas, a mí lo que me apetecía en realidad, si me oía a mí misma, era revolcarme con el portero y follar con él a todas horas, aquello me había gustado de veras, aunque no quisiera reconocerlo.
Mi madre intuyó que algo ocurría, yo no podía comer, estaba muy nerviosa, deseando salir corriendo a casa de Antonio, yo ya no podía màs.
“mami, voy a tomar el postre con las chicas”(refiriéndome a mis amigas) “Bien, hija, pero antes come, si no, no te vas” así que como pude engullí el puré de verdura y un poco de pescado, para que mi madre me dejara libre por fín.

Vestida con un leve vestidito de tirantes y gran escote de alegres estampados y unas sandalitas cómodas. Debajo, llevaba un tanga blanco y como no necesitaba sujetador, nunca lo usaba. A través del telefonillo interior avisé a Antonio que subía para que me viniera a buscar al ascensor, ya que para subir a la portería necesitaba de una llave. Le esperé en la planta baja nerviosa y, en cuanto se abrió la puerta y me metí en él, comenzó a besuquearme con aquella lengua gorda y viscosa con la que jugueteaba con mi propia lengua sin ningun tipo de pudor. Le ofrecí mi conchita con las piernas bien abiertas, él se tuvo que agachar un poco, por el tamaño de su barriga para con la polla poder resfregarme y, aún con el pantalón puesto, podía sentira vigorosa moverse encima de mí.

Me cogió en brazos, yo con mis piernas le rodeaba su gran cintura buscando aquel contacto tan ansiado y no parábamos de jugar con nuestras lenguas. De esa guisa entramos en su casa. Nada más entrar, me llevó al dormitorio. la cama estaba desecha, las sábanas amarillentas pero a mí nada me importaba, se me había ido la cabeza con la calentura. Antonio tiró de mi vestido hacia abajo, y, me echó a un lado el tanga, descubriendo una conchita hinchada de ganas de ser saciada y no se hizo esperar, noté su lengua gorda y babosa abrirse paso entre las paredes de mi coño, yo me retorcía del placer y gemía despavorida, estaba al borde de correrme cuando de pronto paró. Busqué con mis propias manos aquella polla que tanto ansiaba y no podía ni abrir la cremallera de su pantalón, él mismo me tuvo que ayudar. Respiraba entrecortadamente, estaba rojo y me sonreía “vaya, la nena hoy no dice no, verdad? la nena quiere que su amiguito le de su regalito” decía esto tocándose la polla de forma vulgar. Por fín la ví, tiesa, desafiante, toda para mí y sin dilación me la metí en la boca y mamé de forma golosa. Los dedos del hombre buscaban mi coñito hambriento y yo me abrí aún más si cabe, de piernas.
Esa era yo, una adolescente llena de vida y esta la tenía ante mí. Eso y no otra cosa era lo que yo quería, estaba salida perdida, para aquel tío yo no era una niña, como mis padres aún me veían, él me trataba como una mujer y me daba lo que sólo una mujer puede recibir.

Se tumbó en la cama y me hizo ponerle mi coñito en la boca, de esta forma yo podría comerle la polla cuanto me diese la gana. Me encantaba sentir aquel bocado tan magnífico dentro de mi pequeña boquita. El me decía que se la mojara entera, pero como no me cabía en la boca, tenía que hacer filigranas para poder ensalivarla por todo lo largo y ancho. Mientras mi coño lo tenía abierto completamente con las manos y su lengua me entraba y salía como si me estuviera follando. Yo estaba por las nubes y me corrí en su boca varias veces, pero cuando noté que su polla comenzaba a palpitar, Antonio me levantó de encima suyo y me colocó a mí bocarriba, abriéndome bien las piernas que yo a mi vez levantaba para facilitar más el contacto.
Llevantó su barriga que puso encima de la mía y la noté, noté su polla caliente y babosa de mi boca, la notaba resfregarme en la puerta de mi conchita y aquel contacto me hacía vibrar de emoción y gusto. Lloré, estaba avergonzada de lo que estaba haciendo, pero a la vez me estaba corriendo viva, los orgasmos se me escapaban uno tras otro de mi joven y aún inexperto coño. Antonio tenía los ojos en blanco, la boca entreabierta y pensé que iba a desmayarse, de pronto… de pronto todo me daba vueltas, los ojos se me voltearon y me sentí morir, por fin! por fin me la había metido! pero que gusto sentía al tener aquel trozo de carne que me llenaba entera y me llegaba hasta la cintura! No quería que ese momento se acabara jamás y grité…”OH, QUE GANAS QUE TENIA” Entonces comenzó el vaivén y ya me quedé prácticamente traspuesta. El no paraba de follarme, yo como ida entre jadeos susurraba, “más, más, dame más, por favor, más, no pares, no pares, dame más” y notaba que su polla iba y venía mas duro y fuerte. Nunca soñé que esa sensación existiera, eso era lo que iba buscando, follar como es debido, y, aún fué mucho mejor que la primera vez, que me pareció mucho más suave en relacíon a aquellos empujones infernales.

Pudo pasar más de una hora o un día entero, yo perdí la noción del tiempo y me quedé vacía cuando de pronto me la sacó. Me puse a llorar, no quería que me la sacara aún, Antonio como adivinando mis pensamientos me dijo “tranquila, aún no hemos empezado siquiera, que yo esta tarde no trabajo y podemos jugar cuanto quieras” Me dió media vuelta y me puso a cuatro patas en el borde de la cama. Mis tetas colgaban como campanas y, él desde atrás me las pellizcaba muy fuerte, casi haciéndome daño. Se situó tras de mí , de pié en el suelo y de pronto volví a notar su polla en la puerta de mi raja llena de flujos vaginales. Me agarré a la almohada que olía a rancio de no lavarla, pero para mí era como una balsa en un río revuelto, ya que si no me agarraba me caía con aquellos vaivenes que muy pronto volví a sentir. Cuando me metió la polla de nuevo, me sentí plena, así es como debía estar, cuando me la sacaba estaba vacía, y yo no quería estar vacía , queria que me llenara con aquel tronco maravilloso que saciaba todas mis ansias.

Me folló durante un buen rato, al tiempo que un dedo ensalivado se abría paso en mi culo. Hice ademán de quitarme, pero él me atrajo más hacia sí. “No te dolerá, tranquilita, porque hoy te irás de aquí hecha una mujer” Su promesa me hizo sentir mas cachonda y le entregué otro orgasmo más, el diez mil, por lo menos, yo había perdido ya la cuenta. Me sacó la polla de mi coño y noté el glande en mi culito, al tiempo que sus dedos ágiles, me abrian el coño y me seguían masturbando sin parar. Su polla grande se abrió paso de un sólo golpe en mi culo. Grité, me dolió muchísimo y lloraba de dolor, aunque mi coño salvajemente masturbado mitigaba gran parte de la tortura.
“Mejor así, nena, toda de golpe, porque ahora ya no te va a doler nada, ahora será un placer maravilloso” y así fué. Primero despacito, suave, movía su polla con sabios movimientos, luego mas aprisa. Sus dedos seguían masturbando mi coñito travieso y mi culo se moría de gusto con los apretones de su polla con movimientos cada vez más rápidos salvajes.
En una embestida brutal, sentí que el viejo me llenaba el culo de leche, me bombeaba como si me taladrase entre jadeos, tembloroso, me pellizcaba las tetas y el coño intermitentemente y me corrí casi a la vez con él.

Me sacó la polla del culo y caí de bruces contra la cama, cansada y dolorida, pero feliz, saciada y plena, pero él no acabó ahí, me metió la polla en la boca y pude comprobar que aún la tenía dura como el acero. Se tumbó en la cama y me obligó a sentarme encima de aquel falo inmenso siendo yo ahora la que le follaría. Estaba cansada, me sentía una muñeca rota, quería descansar y se lo dije “Tú has venido a ser satisfecha y no te irás sin saber con quien juegas, ya te dije, que apuesto fuerte” Sin saber por qué aquellas palabras me pusieron cachondísima y moví el culo buscando mi propio placer, buscando aquella polla que me entraba toda y casi podía sentir que me saldría por la boca.
Le cabalgué durante un buen rato y cuando estuve a punto de correrme otra vez, me sentí llena de leche de nuevo, esta vez en mi rajita. Caí sobre él que no paraba de besarme y de decirme “eres una diosa, maravillosa… nena… que rica estás” y de esta manera me quedé dulcemente dormida entre los brazos de mi portero.

—-Capítulo 3—-
Adiós mamá.
Despido a mi madre con esa voz aflautá de que me dotó la naturaleza y espero aún conservar durante unos pocos años más. Como si fuera una muchacha inocente y primerizamente vírgen, pero no se llegan a inmaginar mis papás las últimas experiencias que he tenido con ese hombre tan gordo, feo y desagradable que se ocupa del servicio de portería del edificio. Mamá me dice adiós con el gesto y esa encantadora sonrisa que he heredado de ella y que igualmente le muestro despidiéndola. Si supiera que en menos de lo que un semáforo se pone en verde esos conocidos labios van a estar masturbando una polla, y es más, no la polla de un príncipe azul o uno de los esbeltos, educados y simpáticos compañeros de clase que en ocasiones ha tenido la ocasión de “admirar” mi mamaíta cuando por una u otra cosa se ha cruzado con alguno de ellos.

Sino la polla del maldito portero, ese asqueroso Antonio que no rinde honor a tan clásico nombre que han hostentado desde profetas de la salvación, reyes, príncipes, científicos, actores, cantantes famosos… pero no, el Antonio con que me trato es un hombre pasados ya de trozo los 50 y a punto de sobrepasar la sucia, fea y maloliente línea de los 60.
Sin dudarlo un momento y aún con el pijama puesto salgo de casa y me acerco al ascensor. Antonio me ha dado una copia de la llave necesaria para activar en el ascensor el acceso a su piso, para que así cuando lo desee yo, sin necesidad de llamarle ni pedirle nada, y aún con la opción de darle una dulce y adolescente sorpresa, hacerle una visita.

Cuando llego a su puerta la llamo y sé que él sabe que soy yo pues practicamente nadie tiene acceso a esa puerta excepto el presidente de la comunidad, y este lo último que hará es dignarse a hacerle una visita. Nada más abrir me le lanzo a los brazos y lo morreo. Su lengua gorda y rasposa y su mal olor han terminado por agradarme porque es precisamente ese mal olor el que activa en mi cerebro mis receptores sexuales, que han aprendido a que poco después de sentir ese hediondo estímulo, mis partes sexuales van a sentir otro bastante más placentero estímulo, no desde el punto de vista ético de la tal que nos enseñan en la escuela, sino todo lo contrario. Sexo, perversión, suciedad, polla gorda, morena y sucia que se mete en mi primerizo chocho dando de si mis paredes vaginales para albergar a ese falo gordo y duro cual si fuera de un verdadero fauno.
< qué pasa perra, vienes a buscar a tu longaniza ¿quieres que te folle? - sí va, vamos a la cama. < no...hoy vamos a hacer otra cosa. Manolo me toma de la mano y nos movemos hacia el lavabo. ¿Qué diablos querrá? Me saca y se saca toda la ropa y sin esperar a que me pida nada me arrodillo ante él y le como la polla. Una grande polla que me duele tragar al máximo lo que puedo pero es eso mismo lo que quiero sentir, como le cuesta de entrar aún cuando él empuja y tomándome de la nuca me hace sufrir. < hoy te voy a enseñar una cosa nueva. Sacándome su polla de la boca le inquiero a qué se refiere. - a qué... cabrón. Con rudeza me toma de la mano y me levanta, me mete en la ducha y da el agua que de inmediato cae sobre mi. - aaaaaaaaaaah, está fría!!!!!! Trato de salir de la gélida cascada pero él me pega una leche que dejándome petrificada por su reacción me hace insensible a esa helada agua que me cae encima. - pero qué... < tranquila, espérate que ahora se calentará. Aunque le cueste sin duda el agua se termina calentando y eso lo agradece mi tensa piel que se empezaba a cuartear por la violenta sensación. Cuando ha adquirido una temperatura adecuada yo misma me regalo bajo su influjo para de alguna manera hacerme olvidar la violenta sensación pasada. Manolo también se mete en la ducha y me ordena que me agache. - sí claro, cielo, ahora te la como. Estoy mirando fijamente su polla a 10 centímetros de mis labios pensando en alguna inspiración original con que amenizar esta mamada cuando de esta empieza a salir un chorro de orín que me da en toda la cara. - eeeeeeh, uhmmmmppmps. Trato de apartarme y levantarme pero otra Leche me indica que esa no es la vía a seguir. -PLAS- - ¿Pero qué haces!!! < ¡estate quieta! - pero pero. < estate quieta... no quiero lamentarlo. El ardiente miedo que sube desde mis pies hasta llegando a mi cabeza me indica que lo mejor será obedecer a sus órdenes. - vale, haré lo que me digas. < arrodíllate. Me pongo de rodillas ya esperando lo que está por venir, pero no tengo remedio. Antonio pesa como 3 veces lo que peso yo y oponerme a cualquiera que sea de sus propósitos es más que absurdo y peligroso. Se me empieza a mear en la cara, yo cierro los ojos y siento como ese caliente líquido impregna todo mi rostro como el agua de la ducha que pasa a mezclárse con él. < así me gusta pequeña, como si fuera un helado de nata, está rico verdad... Yo no tengo intención a responderle nada, lo que me está haciendo es asqueroso y puede estar seguro que nunca más va a recibir la visita de su tierna vecinita que tantos recreos le ha propiciado. Entre ellos permitirle ser mi primer hombre, algo que aunque pueda parecer una estupidez, todas las hembras le damos un gran valor. No va a tirarse el resto de la tarde meando, esto es algo que se acaba, por lo que paciente espero que se le termine el suministro de orín. Pero de pronto me da un fuerte pellizco el moflete. < abre la boca. - no. Niego ladeándola sin abrirla. Me pellizca de nuevo el moflete pero esta vez con mucha más fuerza, seguro que me quedará la marca unos días. - Aaaaaaaaaaaaaaaah. Junto al mismo grito dejo la boca abierta dando paso al orín a que me llene la boca. Es por supuesto asqueroso y no sé como le puede haber dado a mi querido Antonio por hacerme una cosa así, pero de esta se va a acordar, voy a complicarle la vida mientras siga viviendo en este edificio y puede estar seguro que mi maligna mente le devolverá con alevosía este mal "trago". Afortunadamente el orín no da para mucho más y en unos pocos chorros más dejo de sentir esa tibia fuente duchar mi cara. Cuando ha terminado me levanto y con el teléfono de la ducha aún soltando agua caliente me aclaro tanto la cara como todo mi cuerpo. Antonio se acerca a mi y extrañamente pretende besarme. - no. Pero me toma con rudeza la mano y temiéndome otra de sus represalias le termino concediendo en beso. Nos besamos cariñosamente bajo el agua que aún cae encima de nosotros y yo tengo verdaderas dudas de qué diablos está pasando y si me atreveré a hacer nunca más el amor con él, después de lo que me ha hecho. Antonio, peró, parece convenzidísimo de ello pues su comportamiento no dista en absoluto del que tiene habitualmente y me ha hecha tanto amar los embistes de su polla. Cierra el grifo de la ducha y ambos nos secamos un poco con un par de toallas. No parece haber perdido su mandatoria encima de mi y cuando me ve lista me vuelve a tomar de la mano y nos vamos a la habitación. Me tumba en la cama y. - ¿qué pretendes hacer? < follarte. - ¡después de mearte en mi cara! ni hablar! ahí te pudras. Le respondo furiosa, trato de levantarme pero un inesperado empujón vuelve a tenderme ante él, en medio de la cama. - ¿qué pretendes hacer, violarme? < nadie te va a violar pequeña, vamos a follar. Se estira encima de mi y me besa. En el fondo no estoy tan histérica como parece intento dar a parecer y sin mucho a temer asimilo su beso con la misma boca abierta con que suelo hacerlo. Al cabo de unos momentos e intentando yo, olvidar tan penosa experiencia le pregunto. - ¿por qué lo has hecho? Antonio se me separa y se sienta a mi lado. < no temas, ya lo verás.... Me toma del rostro y acercándose a mi con el mismo cariño con el que lo haría un príncipe azul después de salvar de las garras del dragón a su amada me vuelve a dar un beso. Yo me pierdo en él porque aunque temblando de la asquerosa experiencia de la ducha, Antonio fue el 1er hombre en besarme y no conozco de momento a nadie que lo haga mejor. Su beso va haciendo progresiones como es habitual hasta que empieza a bajar por mi cuello, empieza a sorber mis pezones. Yo no ceso de preguntarle. - pero por qué, por qué.. uhmmm. Él no me da respuesta alguna y prosigue su camino duchando con su lengua esa piel que hace un rato estaba impregnando con su repugnante orín. Termina sorbiéndome la almeja. Cuando me oigo a mi misma gemir, doy por olvidada la cabronada de la ducha, voy a hacer el amor con Antonio por mucho que me pese. Le tomo la cabeza para apretarla contra mi vagina, le hace falta un buen rato para elevar mi excitación al grado habitual pero termina consiguiéndolo hasta que llega el momento que me incorporo, le tomo la verga y meto en mi boca ese miembro maldito que hace apenas media hora se me estaba meando. Ni yo misma doy crédito al habitual sabor de su polla que siento en mi boca cuando ni hace un rato la estaba maldiciento y prometiendo que nunca más iba a ser adorada. Al mismo hombre a que bajo su tortura a los pies de la ducha prometía odio eterno y nunca más dirijirle la palabra, pero ahora le estoy comiendo la polla con la misma pasión que lo hice el primer día, la primera polla de mi vida. Cuando me veo satisfecha me incorporo de nuevo y con una angelical y receptiva actitud me tiendo ante él. - házmelo. Él se me sube encima y mientras me apunta el pene en la vagina nos besamos con pasión. Me es difícil precisarlo con lo desequilibrado que tengo el humor después de las vivencias pasadas pero da la sensación que nunca había estado tan mojada, porque su polla entra practicamente de golpe y sin ninguna sensación dolorosa. Me entrego a su follar, mis gemidos rompen practicamente los cristales de las ventanas pues nunca, ni la 1era vez, habían sido tan fuertes las sensaciones. Ahora mismo no hay esa habitual mezcla de placer y dolor sino que todo es exclusivamente placer. Toda su polla al entrar y salir de dentro de mi no hace más que maravillas. Si pudiera me escaparía de casa y me vendría a vivir con este hombre, pero mis papás terminarían descubriendo que su hija perdida vive en el mismo edificio, por lo que de momento tendré que contentarme con hacerle eventuales visitas. Hasta que cumpla los dieciocho, entonces haré lo que me salga de las narices. ----Capítulo 4---- Paloma sale del ascensor y nadie sabría viéndola de qué piso procede. Si de la planta baja procediendo de la calle o quien sabe de qué piso. La cruda verdad es que procede del ático, el apartado que pertenece al portero y al cual sólo él tiene acceso ¿pero como habrá obtenido Paloma la llave para subir a ese piso? que es tan sólo poseída por el mismo portero y eventualmente por algún administrador de la comunidad que no es por supuesto esta mozuela. Nadie lo sabría aventurar con seguridad de saber la certeza de que la muchacha procede de dicho ático y mucho menos aventurar la actividad sexual que ha mantenido la moza precisamente en estas últimas dos horas, en que tras abandonar su madre su domicilio para irse al trabajo, la mozuela se ha dirigido con la llave pertinente al ático para tener un contacto sexual con ese gordo, sucio, viejo y maloliente portero con el cual por cierto ya ha mantenido bastantes más de una docena de encuentros sexuales. Paloma fue desflorada casi por sorpresa hace unas semanas después de un inevitable encuentro con el portero en un tramo de las escaleras en que él le aplicó un sibilino estímulo sexual en su entrepierna, que rato después la invito a visitar al portero a su propio piso, haciendo por primera vez el amor con el ideológico "padre" del príncipe azul con que siempre había soñado. A menudo había tenido la muchacha sueños sobre cómo sería su primer amor, como un joven guerrero a lomos de un blanco corcel. Heredero de un gran reino y amado y adorado por todas las mozuelas de la villa, y con un padre rey y posesor de todo lo que el horizonte puede abarcar con la mirara y de lo cual una día sería reina. Y alguna similitud con su sueño ha tenido su muestra real: el príncipe azul no era este en concreto sino su ideológico padre (el rey/el portero de la comunidad) las pertenencias que heredaría con la boda no serían los horizontes que desde la almena pudiese divisar con la mirada, sino absolutamente nada, simplemente saberse amada por quien se ocupa de mantener la escalera limpia, las luces funcionando, en fin, algo diferente a la labor de impartir justicia entre sus súbditos y paz y libertad a su reino. Y no fue amada Paloma en una blanca y real alcoba sino que fue primeramente sobada a medio tramo de las escaleras y después follada en el sucio y maloliente piso del portero. Pero a quien le importa todo esto, los sueños siempre quedan en sueños y Paloma se ve realmente satisfecha después de haber follado durante dos horas con su pseudo-príncipe. De nuevo regresa a su casa la muchacha y después de follar tanto rato quizá puede hacer algo de provecho como estudiar u hablar con una amiga por teléfono. Una cosa es segura y es que el portero tiene el resto de la tarde libre quien sabe a qué despreciables y malolientes ocupaciones dedicarla. Antonio, el portero, se ve satisfecho por supuesto de haber establecido relación amatoria con la chica del tercero. Por lo general tienden a calentarle los cojones las diferentes muchachas de la comunidad y por fin ha podido follarse una. Un deseo utópico sería follárselas todas, una por cada día de la semana, y haber sido de todas ellas su primer amante. El primer amante de Paloma del tercero, el primer de Lucía del cuarto, el primer del Jazmín del quinto, o el primer de Johana del segundo. Pero Lucía es incluso quizá un poco demasiado pequeña para ser amada; aún no llega ni a los diez años. Para Jazmín, sería una gran aventura pero no sería por supuesto la primera de la bella universitaria que acumula amantes en sus recuerdos como acumula muescas en la empuñadura del revolver un viejo pistolero del lejano oeste. Pero sí quizá podría serlo para Johana, la muchacha del segundo que tendrá aproximadamente la edad de Paloma, quizá uno o dos menos. Y que tiene un similar espíritu explorador de la vida como lo tiene su vecina que por cierto podría mantener durante toda su vida. Johana vive en el segundo y mantiene cierta amistad con sus vecinas al igual que todas ellas, entre ellas. Pero no sabe por supuesto que su vecina del tercero ha sido follada varias veces por el portero de su misma residencia. No tiene este portero para Johana el carácter repulsivo que lo tenía en su día para Paloma y que fue cambiado, después de haber sido amada por él, a un lado opuesto de su escala de valores personales. De tenerlo como una sucia boñiga de heces que se ocupa del orden de la escalera, a tenerlo como su amante secreto, aquel que la inició en el arte del amor aún de una manera un poco sucia, hubiéndosele meado encima unas cuantas veces ya. Pero hubiendo conocido con ello unos que quizá hubieran permanecido desconocidos placeres para el resto de su vida como hubieran sido estes cuya aplicación, como su inicial seducción, fue aplicada a la fuerza. A Johana tanto le da, el portero. Es el señor que se encarga de la escalera y apenas se detuvo nunca a valorar su nivel como hombre como de tantos hombres que rodean su vida; padres, profesores, familiares, tenderos. Aún no ha llegado Johana a esa edad en que empiezas a catalogar a cada hombre según su belleza y de momento sólo adora la muchacha a sus ídolos musicales. Pero para Antonio, el portero, eso es diferente. Johana es una tierna muchacha seguro tan virgen como lo fue en su día Paloma y ve el hombre que realmente habría una posibilidad de poseerla. Amar una muchacha es como domar un caballo; cuando has domado uno ya le tienes pillado el ritmo al proceso y más o menos ya tienes unas señas para domar al siguiente que no se te hace tan difícil. Amar a Johana sería para Antonio como domar a un segundo caballo. Con la experiencia de Paloma ha conocido este con cercanía los sentires de las muchachas, sus maneras de pensar, de moverse, de desear cosas, de obtenerlas. Y Johana es una casi igual de joven moza que por supuesto guarda grandes parecidos internos y externos con su vecina del tercero. Hay varias posibilidades, piensa Antonio, de seducir a Johana y poder rasgar con ella otra muesca en su revolver. Después de la follada con Paloma el portero se toma un descanso y con un té ante él empieza a debatir las posibilidades conquistatorias de "la del segundo" Ahora mismo esta se encuentra sola, su madre con la que vive sola, se ha ido a trabajar para volver como es común al tarde a la hora en que llega la mayoría de vecinos también regresando del trabajo. Podría hacerle una visita, una seductora visita a Johana. Decidido a ello y después de su descanso, Antonio toma un par de cosas de un cajón y resuelto se dirige al piso de Johana. Al poco de llamar al timbre aparece esta ante su puerta. - hola señor Antonio, mi madre no está en casa, dígame. < hola guapa, estoy localizando las diferentes goteras que tiene el edificio para arreglarlas. ¿Podría entrar un momento para hacer una revisión? - no tenemos ninguna gotera, que yo sepa. < no bueno, no es exactamente localizar las goteras sino localizar la posibilidad de que estas surjan. Déjame echar una ojeada. - sí claro, pase. Cede paso la muchacha apartándose a un lado y da paso al portero de su comunidad. Antonio se dirige a donde está situado el balcón con la vecina siguiéndolo. Cuando llega a este, mira al techo como aquel que intenta localizar una inexistente gotera y se saca una correa y una pelota de goma del bolsillo. Johana observa con atención los manejos del portero y por supuesto que no comprende en absoluto el uso a que irán destinados esa correa y esa pelota. Eso serán cosas de grandes, piensa la muchacha, por lo que no le da importancia. A lo que sí da la pertinente importancia es a cuando el portero salta sobre ella y sin darle ni un segundo a reaccionar le introduce la pelota en la boca e inmediatamente la amordaza con la correa atada alrededor de su cabeza, enmudeciéndola hasta que le crea pertinente. Johana intenta fugarse del asalto pero los fuertes brazos del portero, acostumbrados a barrer la escalera a diario, sujetan fuertemente sus débiles brazos impidiéndole oponer toda resistencia a ese amordazamiento que le dará, como tendrá ocasión de comprobar después, el poder de hacerle lo que quiera durante el resto de la tarde. La muchacha intenta aún oponer cierta resistencia pero subyugada a una fuerza superior es arrastrada hasta su misma habitación y cerrada la puerta después de introducirse ambos. Johana mueve la cabeza de un lado a otro violentamente e intenta emitir algún sonido, pero la pelota en la boca impide toda emisión de socorro e incluso pedir, preguntar, por qué se le está haciendo eso. < ¡Mantente quieta! Clama Antonio con ira. Tal clamor consigue cierto resultado y Johana abandona todo intento de fuga. Mirándole a los ojos casi llorando la muchacha inquiere al portero qué demonios se supone que está haciendo. < tranquila, no pasará nada. Susurra este. Es más que utópico tratar de calmar a nadie en esta situación pero para la joven vecina no queda otra opción que, aceptar la invitación del portero a sentarse en su cama. Una vez sentados Antonio toma a la muchacha de un costado y la mira a los ojos. < no te preocupes, no va a pasar nada malo. Ella sin embargo vuelve a mover la cabeza de un lado a otro con violencia y trata sin éxito de emitir algún sonido. < tranquila... tranquila... Clama de nuevo el portero ayudando ahora su petición abrazando con pausa a la chica. Este la abraza y le acaricia la cabeza con calma con lo que consigue detener la histeria de esta. < no pasará nada... Vuelve a decirle mirándole los ojos. Esta vez Johana no tiene la violenta reacción de antes pero se sigue sintiendo a "saltar y morder" El portero se acerca a su rostro y con pausa empieza a dedicarle varios besos. -muac- -muac- -muac- -muac- Johana cierra los ojos no dando crédito a lo que está sucediendo. Está siendo víctima de una violación, de una de esas violaciones que son anunciadas por la televisión. Ahora ella y por quien menos se lo esperaba, el portero de su comunidad, está siendo víctima de un forzamiento sexual porque se supone que de eso se tratará, dentro de un rato terminará siendo follada por el macho terminando con ello su infancia de una forma brutal. Johana vuelve a ladear la cabeza de un lado a otro pidiendo clemencia, comunicando en gestos: ¡vete, déjame, váyase! Su provisional amante determina que hará falta un poco más de convencimiento para que la muchacha acepte la situación. Apartándose de nuevo pero sin retirar la mano de su hombro Antonio vuelve a hablar a su vecina con toda la suavidad que puede. < Johana, cielo, no va a pasar nada, no te follaré ni violaré ni nada de eso. Sólo nos daremos besos, como amigos. Abogando a lo prometido Antonio se vuelve a acercar al rostro de la muchacha y reinicia su pausado besuqueo. < no va a pasar nada -muac- nada -muac- nada -muac- sólo nos querremos. Las irresolubles ansias de huida de la chica parecen haber cesado totalmente. Visto está que no hay ninguna posibilidad y lo único que puede plantearse es vivirlo de la mejor manera. Por lo que haciéndose a la inevitable situación Johana cierra los ojos y siente los besos que se desplazan alrededor de su rostro. Las manos de su pretendiente tampoco han quedado quietas y ahora acarician con ternura su cintura. La muchacha siente unos cálidos besos que se desplazan alrededor de su rostro y unas tiernas manos que le acarician la cintura, por un momento le gustaría tener libre la boca para poder asumir esos besos pero no descubre ninguna forma de decirlo amordazada como está. El besuqueo de su adorador prosigue con una perturbadora calidez, así como las diferentes caricias que siente alrededor de su cuerpo ninguna de ellas aplicada con rudeza ni vulgaridad sino precisamente como siempre había soñado que se lo haría su verdadero amor. Cuando el rostro del portero desciende a besarle el cuello Johana no puede hacer más que dejar que su cuerpo haga la que le pide la naturaleza y abrazándolo por su ancha espalda da por fin permiso a su secuestrador para darle el cariño como lo considere oportuno. El rostro del portero va besando el cuello de la muchacha a la vez que desciende, desabotonando varios de ellos de la camisa y dando los primeros signos de que más abajo hay un par de tiernos bultos coronados por unos rosados y primerizos pezones. El portero libera los pechitos de su pequeño sosten y empieza a sorberlos consiguiendo que la muchacha no cierre los ojos por miedo o temor, sino para sentir más intensos esos primeros besos de hombre que están recibiendo sus pechos. La mano derecha de la muchacha peca de revelar la dignidad que toda hembra está acostumbrada a ocultar y tomando la cabeza del varón la acaricia agradeciéndole el gracioso trato que le está dedicando. Sintiendo la caricia de la mano de la muchacha en su cabeza Antonio se da cuenta que la tiene en el bote. Se incorpora y desamorzadando la moza y lanzando la pelota de goma que a la fuerza le introdujo, al suelo, da por fin un primer beso a la chica con total consentimiento de esta. Johana tiene dificultades para abrazar el ancho tronco de su portero pero aún así lo hace lo mejor que puede con el poco cariño que hasta el momento ha aprendido a dar. La relación de ambos vecinos toma las habituales etapas que les suele tomar a una pareja de enamorados; primero se desnudan, él le come el sexo, ella hace lo mismo un rato después hasta que en un arrebato de pasión y valentía él le introduce el miembro en el orificio vaginal por muy virgen que sea este. Cuando al cabo de ese rato de adoraciones y caricias el pene se le introduce, sabe ella que el esperado momento por fin ha llegado, por fin ha conocido de quien se trataba el príncipe azul en que tanto soñó.... y tan cerca que lo tenía........... tan cerca............ La cintura del portero salta encabritada encima de las abiertas piernas de la muchacha. - aaaaaah aaaaaah aaaaaah aaaaaah aaaaaah aaaaaah. Es tan grande, y dura, y le ha hecho tanto daño al entrar, pero ahora le gustaría tenerla para siempre más dentro de si. La muchacha espera no tener que compartir a su amante con nadie.. y quien querría coger con este hombre viejo, sucio, gordo y maloliente...