Estrenando el ojete de mi novia

Somos Javi y Elena, nuestros cuerpos son delgados y ambos tenemos el pelo moreno, estamos de buen ver, mi esposa utiliza una talla 85 de pecho y tiene un culo precioso, llevamos muchos años juntos y nos gusta contar nuestras experiencias, esta se produjo hace más de doce años.

Era sábado, por la tarde acudimos a la boda de unos amigos, yo vestía traje negro y camisa verde, Elena que por entonces era mi novia, llevaba un vestido rojo de volantes y zapatos con tacones, estaba preciosa la verdad.

Era ya de noche cuando la discoteca de la boda cerró, la mayoría de los invitados seguimos con la celebración por los bares de la zona de fiesta acabando en otra discoteca.

A las 6 de la mañana nos desalojaron del local, nosotros fuimos hacia casa de los padres de mi novia, Elena caminaba descalza, yo llevaba sus zapatos en una mano y con la otra mano le agarraba de la cintura.

El camino se nos hizo eterno pero por fin llegamos, abrimos la puerta y entramos en el portal, nos sentamos en las escaleras de la entreplanta, allí comenzamos a besarnos, la mano de Elena empezó a rozar mi pene por encima del pantalón, mientras la mía intentaba hacerse un hueco entre sus piernas.

La situación se calentaba por momentos, Elena ya sentía mis dedos dentro de su coño, movió su cuerpo para estar más cómoda y abrió un poco más sus piernas.

Con mi otra mano deslicé los tirantes del vestido y le baje un poco el sujetador, sus tetas salieron a la luz, le empecé a chupar los pezones, mi lengua recorría sus pequeñas tetas.

Ella echaba la cabeza para atrás, las manos apoyadas en el suelo evitaban que su cuerpo cayera, sus piernas ya estaban abiertas del todo, mis dedos no dejaban de masturbarla lentamente y su teta era engullida por mi boca.

– Espera- dijo suavemente.

Se levantó del rellano, bajo un escalón y se puso de pie delante de mí.

Con mis manos levanté su vestido, mi lengua empezó a saborear sus fluidos por encima de su tanga.

Ella sujetó su vestido a la altura de la cintura, mis dedos empezaron a penetrarla lentamente, mi lengua seguía trabajando, la intensidad de los movimientos aumentaban poco a poco.

Agarré con mis dientes su tanga negro, tiré con fuerza y se lo deslicé un poco, con mis manos se lo bajé hasta los pies, ella me ayudó a quitárselo del todo levantando las piernas, lo lancé y quedó tirado en el suelo a un lado del rellano.

Tenía mi lengua metida en el agujero de su chocho, mi saliva se mezclaba con sus líquidos vaginales, ella me agarraba del pelo, me apretaba fuertemente contra sí, sus gemidos eran suaves.

– No pares, sigue, quiero que me folles- decía ella mirando al techo.

Elena estaba tan cachonda que pude meter el tercer dedo en su coño, mi ritmo era fuerte y rápido, ella me ayudaba frotándose el clítoris con intensidad.

Con el dedo índice de mi otra mano inicie las caricias alrededor de su ano, de vez en cuando se lo introducía un poco, hasta donde podía, al principio casi nada, pero la insistencia tuvo su premio, por fin conseguí metérselo hasta el fondo.

Ella se quejó, sin duda le dolía, era la primera vez, su culo era virgen, nunca había sido penetrado por nada, y aunque intenté tener mucho cuidado, sus gemidos dejaron paso a gritos de dolor.

No sé por qué, pero me puse más cachondo todavía, mis manos se follaban a Elena como si no hubiera un mañana, sus fluidos empaparon mi mano y su cuerpo empezaba a estremecerse.

– Me corro, joder, dale, dale, me corro- decía con su voz entrecortada

– Sigue, sigue no pares ahora, eso es – seguía exclamando Elena

No aguantó ni un minuto, había llegado al orgasmo, saque mis dedos totalmente empapados, se los acerqué a la boca, Elena los chupó uno a uno, después los introdujo en mi boca y yo hice lo mismo.

Ahora era mi turno, ella puso sus rodillas en el suelo, me desabrochó el botón y la cremallera del pantalón, mis pantalones cayeron al suelo, me saco la polla del calzoncillo y se la metió en su boca.

Se la comía casi entera, una y otra vez, yo estaba gozando, de repente sonó un portazo y unos pasos caminando por las escaleras, nos asustamos, yo me subí los pantalones y me abrochaba la cremallera como podía mientras bajaba las escaleras corriendo, mi novia, que descendía por delante de mí, se había guardado las tetas y se colocaba los tirantes en sus hombros, salimos del portal y nos escondimos entre los coches, jadeábamos sin parar por la carrera.

Vimos salir a la vecina del primero, tras un par de minutos, volvimos a entrar al portal, nuestro corazón latía intensamente todavía por el susto.

Mientras yo llamaba al ascensor, Elena subió a las escaleras a recoger su tanga, que con las prisas se lo había dejado en el rellano, seguro que la vecina lo había visto.

Nos metimos en el ascensor, pulsamos el número tres, las puertas se cerraron y el ascensor empezó a subir, yo tenía los calzoncillos subidos a medias y el pantalón sujeto solo por la cremallera, así que me la bajé, mi polla no estaba tiesa, el susto me había disminuido la erección, pero ahí estaba Elena, me miro, se rió de la situación, cogió mi pene con la mano, me dio el tanga que tenía en la otra mano y se puso de cuclillas, su lengua empezó a lamer la punta de mi cola.

No tardé nada en empalmarme de nuevo, ella seguía lamiendo mi pene, mientras que con la otra mano apretaba con suavidad mis huevos, las puertas del ascensor se abrieron… para mi sorpresa, Elena extendió su brazo y apretó el botón del 1, las puertas se cerraron y descendimos.

Ella seguía, se metió mi polla en la boca, empezó a mamarla, que bien lo hacía, yo estaba excitadísimo, entre el trabajo que me estaba haciendo y el miedo a que alguien nos pillara cuando se abrían las puertas, la adrenalina estaba por las nubes.

Llegamos al 1 y esta vez fui yo quien pulso el 4, ella estaba centrada en su mamada, metía y sacaba mi polla de su boca, mientras con su mano me acariciaba desde los huevos hasta mi culo.

Se notaba que ella estaba igual de cachonda que yo, seguía con su mamada, el ascensor había llegado a su destino, Elena presiono el número 3 mientras que mi polla seguía metida en su boca.

Llegamos al tercero, llevaba los zapatos de ella en una mano y en la otra su tanga negro, caminamos hasta la puerta, allí me quite mis zapatos para no hacer ruido al entrar, Elena los cogió, abrió la puerta con mucho sigilo, nos metimos dentro y cerró con mucho cuidado para no hacer ruido.

Avanzamos por el largo pasillo, sus padres dormían en la primera habitación, nosotros teníamos que llegar a la del fondo, esa era la de mi novia.

Sin hacer ruido entramos por fin a la habitación, dimos la luz y nos encerramos, dejamos los zapatos en el suelo, Elena se subió a la cama, ella estaba apoyada en sus manos y sus rodillas, se había subido el vestido y dejaba ver su coño y su culo desnudo.

Entendí la invitación, me desnudé, acerqué mi polla a su coño todavía húmedo y empecé a frotar la punta desde su chocho hasta su culo, tras varias pasadas, penetre su vagina, inicie un mete-saca lento, para poco a poco ir subiendo las revoluciones.

Al cabo del rato, con mi polla totalmente empapada, se la saqué, puse la punta contra su ano y presione suavemente.

Mi pene rebotaba una y otra vez, no podía atravesarla, Elena volteó su cabeza hacia atrás para verme, volvió a mirar hacia la pared, con su mano derecha agarró su culo y lo estiro abriéndolo un poco, yo hice lo mismo con mi mano, y volví a probar.

Presioné lentamente varias veces, por fin pude introducirle la punta, Elena dio un pequeño grito de dolor, con delicadeza fui poco a poco empujando, cada vez la tenía más adentro, era la primera vez para los dos, su culo era virgen y yo nunca la había metido por ese agujero.

Conseguí metérsela del todo, nos quedamos varios segundos sin movernos, una sensación grandiosa recorría mi cuerpo, que gustazo, yo no dejaba de mirar como su culo había engullido totalmente mi cola.

Inicie con pequeños movimientos, sentía la presión en mi pene, la excitación iba a mayores, me lleve a la boca el tanga que tenía en la mano y lo mordí, puse mis manos en su cintura y la agarre con fuerza, las penetraciones eran cada vez más fuertes.

Al cabo de un rato, subí mis manos y cogí a Elena por los hombros, ya me la estaba follando por el culo a todo trapo, mis huevos estaban a punto de estallar, cinco seis, siete, no sé cuántas embestidas me dio para darle antes de notar como los chorros de semen salían y se alojaban dentro de su culo, la impresión de gozo fue extrema.

Todavía le di algunas sacudidas más antes de sacar mi polla, me levanté a coger unos pañuelos de la mesilla, con uno limpie el esperma que salía de su culo y con otro limpie mi chorra, Elena se giró, levanto su cuerpo, con su lengua me dio unos lengüetazos en la punta del pene y me beso tiernamente.

Fue una experiencia brutal, increíble, el que lo ha probado lo sabe, y el que no… no sabe lo que se pierde.

Follando a mi hermana una independentista catalana e incestuosa

Os adelanto un poco de la historia del incesto con mi hermana catalana, que me la he follado varias veces ya….

Tengo un culo de goma.

Aunque en realidad no es un culo, sino un coño y no es de goma si no de silicona, me costo casi 150 euros.

Lo he utilizado pocas veces y es que tengo que estar muy caliente para satisfacerme con él porque tengo todo un ritual para utilizarlo, aparte está el hecho de que como tengo una polla más gruesa de lo normal me cuesta un poco meterla y algunas veces me hago daño.

El culo de goma es básicamente el trasero de una mujer visto desde atrás, sin el orificio del ano y con una vagina con los labios muy marcados.

Me hubiese encantado comprarme una muñeca de silicona, las hay preciosas y no son tan caras como uno piensa, sin embargo el miedo a que la mujer de la limpieza (61 años) que visita mi casa cada dos semanas la viese me echa bastante para atrás.

El culo de goma lo tengo escondido en un baúl con candado, en un pequeño cuarto que utilizar como trastero.

Vivo en en pueblo cerca de Badajoz en un piso de 100 metros cuadrados, estoy divorciado desde hace un año, mi afición a la silicona con forma de mujer empezó justo dos meses después de divorciarme.

Y es que en la empresa en la que trabajo, hay 25 mujeres y solo tres hombres en plantilla.

El que no ha tenido una mujer como Jefa, no puede darse una idea del morbazo que puede llegar a darte este hecho.

Mientras estaba casado, mi apetito sexual estaba totalmente cubierto, cada dos días como máximo cumplia con Sonia mi Ex-mujer.

Desde novios le encantaba follar conmigo, y es que la mayoría de los hombres pensamos que el tamaño importa, algo que no voy discutir, sin embargo lo que hace gozar de verdad a una hembra es el grosor de tu polla.

Si la tienes pequeña independientemente de su grueso, se saldrá más veces en según que posiciones y eso es una molestia cuando estás en plena faena, para ellas y para nosotros.

Aunque me gustaba que Sonia me chupase la polla, no lo hacía casi nunca, la excusa que ponía era que se podía hacer daño en la boca, porque tenía que abrirla más de lo normal.

Nuestro divorcio fue por culpa de la directora de mi empresa, con la cual tuve que ir en dos ocasiones a la central en Madrid y quedarme durante dos semanas en un hotel.

No seais mal pensados, nunca me folle a Nuria, una atractiva divorciada de 49 años con dos hijas y no fue por falta de ganas por mi parte, si no porque en ningún momento se dio una ocasión que fuese favorable.

Y es que Sonia era muy celosa, y se pensaba que me la follaba en Madrid, así que sus celos me devolvieron a la soltería.

En mis primeras semanas como divorciado me fui de discotecas para darme cuenta de que en muy pocos años había cambiado ostensiblemente la forma de buscar pareja y que en estos ambientes un tipo con 35 años equivale prácticamente a un hombre de la tercera edad.

Me apunté a varias web de citas online, pero las tres mujeres con las que quede estaban enamoradas del amor, por lo tanto buscaban un príncipe azul, y yo no he sido nunca especialmente romántico.

También pensé en recurrir a la prostitución, pero cuando uno ha ido a un prostíbulo de Madrid o de Barcelona, se espera algo mucho más serio que lo que se ve en una casa de citas de carretera en Extremadura.

Ahora que he mencionado Barcelona, os diré que nací allí y me vine a vivir aquí a Extremadura cuando me case con Sonia.

Allí dejé a mis Padres y a mi hermana, mis padres son de Córdoba y mi hermana al igual que yo nació en Barcelona.

Mi hermana acaba de cumplir 25 años hace muy poco, por cierto, me parece que no os he dicho que me llamo Carles, si igual que Carlos pero con una “E” en vez de una “O”, que es la versión catalana del nombre.

Laia no ha tenido demasiados trabajos, y los pocos que ha tenido no le han durado mucho más de una semana.

Es antisistema y también en independentista, en casa de mis padres estaba prohibido hablar de política, porque Laia siempre acababa insultando y llamando “Fachas” a los que no eran independentistas como ella, caso de mis padres y de mi mismo.

Mi padre estuvo siempre muy bien relacionado con la Policía Autonómica y gracias a ello fue avisado de que mi hermana estaba empezando a ser muy vista en las quemas de banderas francesas y españolas.

Su amigo de la policía le comento que solo era cuestion de tiempo que su hija fuese detenida, de hecho tenían fotografías de mi hermana quemando libros de la Constitución Española y banderas a cara descubierta.

Así que le aconsejaron a mi padre que mi hermana desapareciera por un tiempo de los ambientes secesionistas, mejor aún si abandonaba durante un tiempo por prudencia la comunidad autónoma en la que vivía.

Mis padres lo primero que hicieron fue pensar en mi como es lógico,me hubiera podido negar si estuviese casado, pero no era el caso.

Cuando llegó mi hermana a Extremadura, hacía tiempo que me había masturbado ya pensando en todas y cada una de mis compañeras de trabajo, ese era mi nivel de fogosidad.

Pero cuando estaba especialmente excitado, situaba el culo de goma encima de la mesa, me llenaba la polla de lubricante con base de agua y la metia pensando en Anna, mi compañera de trabajo.

Anna, me recordaba a Bridget Jones en sus tiempos más redondos, en los que había acumulado más peso, su cara y su trasero eran lo que más me atraía de ella.

Su cara era una mezcla de inocencia y picardía, o por lo menos era lo que me hacía sentir a mi.

Y era de esas personas que cada dos por tres tienen un problema con el ordenador, por lo que siendo yo el informático de la empresa, hizo que acabáramos conociéndonos muy bien.

Cuando estaba con ella en su despacho me calentaba sobremanera y cuando llegaba a casa tenía que recurrir al culo de goma, el cual dejaba desbordado de leche.

Cerraba los ojos y pensaba en el culo de Anna, y así empezaba mi mete y saca en la mesa.

No me atrevía a quedar con ella, aunque la notaba receptiva, primero por miedo a una posible negativa y segundo por el famoso refrán:

-“donde tengas la olla, no metas la polla” .

Así que yo vivía feliz en mi conformista e imaginario mundo de sexo hecho de silicona, hasta que apareció mi hermana.

Mi abuelo tenía la teoría, que yo siempre he considerado una verdad absoluta, de que una mujer con muchas tetas, tendrá poco culo y viceversa.

Para ser claros, en una mujer no podías disfrutar nunca a la vez de un poderoso culo y unas pechos generosos, o era una cosa o la otra, por ello el hombre debía renunciar a una cosa o a la otra.

Mi hermana era del grupo en el que la naturaleza le había hecho crecer mas las tetas y con lo delgada que estaba parecía estar operada.

Cuando llego a casa me hice a la idea de que mis sesiones de pajas se habían acabado hasta que no se fuese, y que me tendría que masturbar en mi triste lavabo.

La habitación en la que iba a estar mi hermana, tenía su propio cuarto de baño por lo que no necesitaria salir de su habitación para hacer sus necesidades o ducharse.

Mis padres prácticamente la habían obligado a quitarse las rastas y a vestir un poco mejor, acostumbrado a las pintas que tenía cuando visitaba a mis padres en Navidad, su look ahora era algo más moderado.

Para “celebrar” que había venido esa primera noche fuimos a cenar a uno de los dos únicos restaurantes del pueblo.

En esa toma de contacto, me di cuenta de lo radicalizada que estaba en prácticamente todos los aspectos de sus vida.

Para comer mi hermana pidió una ensalada y yo una tabla de embutidos.

Cuando trajeron los platos, miro el mio indignada y dijo:

Carles, has pensado en lo mucho que sufren los animales para que tu tengas ese plato encima de la mesa.

Laia, soy un hombre y los hombres no podemos hacer más de una cosa a la vez, no tengo posibilidades de pensar y comer a la vez -. Le conteste yo jocosamente.

Parece que consideras gracioso el sufrimiento ajeno, Carles.

Laia, recuerdo que hace dos años te encantaban los Doner Kebab.

Carles, eso es el pasado, ahora soy vegana.

Laia, disfruta de tu comida y respeta que yo no sea vegetariano.

La conversación me puso de muy mala leche, no volvimos a hablar hasta que llegamos a casa.

Le pedí por favor a mi hermana que fuese más comprensiva con los que no piensan como ella, que deseaba mucho que disfrutara de su estancia aquí conmigo, y que la echaba de menos más de lo que ella pensaba.

Me miró con una sincera sonrisa para darme un beso en la mejilla y me deseó buenas noches.

Al otro dia en el trabajo mientras desayunaba con Anna en el comedor de la empresa, salió en la conversación que había venido mi hermana a vivir un tiempo conmigo y que era vegana.

A Anna se alegró y me propuso que fuésemos a su casa a que nos cocinará en plan vegano, ya que durante un tiempo tuvo que hacer una dieta estrictamente vegetariana y había aprendido mucho sobre el tema.

Al final quedamos en que traería la comida a mi casa y cenariamos el viernes por la noche con mi hermana.

Y llegó el viernes, la casa de Anna está a unos 300 metros de la mia, asi que a las 8 de la noche me llamó para que pasase por su casa a recoger la comida.

Cuando abrió la puerta, me lleve una grata sorpresa viendo lo mucho que se había arreglado para una simple comida casera, ni siquiera en las comidas de empresa la había visto tan atractiva, aunque lo que mas me gusto fue cuando la seguí por el pasillo hasta la cocina.

Se había puesto unos pantalones de licra que le marcaban mucho el trasero, ese culo con el que me habia pajeado imaginandolo más de 100 veces,

Pero la guinda del pastel fue cuando se agacho sin doblar las rodillas par recoger unas bolsas con botellas del suelo de la cocina, tuve una panorámica de sus deseados glúteos que casi me hacen perder los estribos.

Por unos segundos pasó por mi cabeza, abalanzarme sobre ella, romperle los pantalones y follarmela en el suelo de la cocina.

Sin embargo, lo único que tenía era una erección que me tape con una de las bolsas que debíamos llevarnos.

De camino a mi casa, me puse a andar a su lado, ya que si me hubiese puesto detrás, mi polla no hubiese dejado de estar dura, y la verdad es que me dolía bastante porque los pantalones no eran demasiado holgados.

Cuando llegue a casa hice las presentaciones, mi hermana se había puesto una andrajosa camiseta en la que se veía una estelada y en la que se leía en inglés: Nuevo estado en Europa, o algo parecido.

Anna que durante el trayecto entre su casa y la mía se veía muy animada y alegre, había cambiado al ver a mi hermana, y ahora la percibia algo menos risueña.

A pesar de lo muy carnívoro que siempre he sido, debo admitir que la comida estaba muy buena, Anna es una cocinera excelente.

Fue una cena en la que hablamos sobre todo de trabajo, creo que Laia se vio algo desplazada, aunque Anna intentaba que no quedará excluida de la conversación preguntándole sobre su vida.

El conflicto llegó cuando después de los postres, empezamos a beber, Anna había comprado una bebida alcohólica africana llamada Amarula, que entraba muy bien con unos hielos, ya que era como un Baileys muy suave, y era esa suavidad dulzona la que te daba la engañosa sensación de que no se te subía a la cabeza.

Cuando ya llevábamos 2 botellas de Amarula e íbamos para la tercera, se me ocurrio la estupida idea de poner la televisión para buscar algún programa en el cual hiciesen música, tipo MTV.

En eso que Anna me comento que nos habíamos quedado sin hielo, y nos fuimos los dos a buscar hielo a la cocina.

Cuando volvimos, mi hermana había cambiado el canal y estaba viendo el canal internacional de Cataluña.

En el estaba hablando el actual presidente de la comunidad autónoma donde nací, el mismo que tiene un peinado de fregona.

Pusimos el hielo encima de la mesa y le pedí por favor a Laia, que cambiase el canal ya que Anna no entendía el catalán.

Pues debería aprenderlo, es cultura-. soltó mi hermana sin cortarse un pelo.

Anna se lo pensó un poco y nos dijo que estaba cansada, que se volvía a casa, que había sido un placer estar con nosotros.

Anna es una persona que huye siempre que puede de las situaciones conflictivas.

No te preocupes, Anna, ya me voy yo a dormir, parece que los catalanes y su lengua ,te molestamos.

Anna cogió su chaqueta y se preparó para salir de mi casa y contesto a Laia:

Laia, creo que fue vuestro “Muy Honorable” Pujol, el que decía que hasta la tercera generación nacida en Cataluña, no eras catalana, y si mal no recuerdo tus padres son Andaluces, eso ¿En que te convierte?.

Antes de que Laia pudiese contestar, salió por la puerta.

Ahora ya sabía que las dos eran como perros y gatos, nunca se llevarian bien.

Yo le dije que a mi hermana muy enfadado que ya hablariamos, y salí disparado detrás de Anna.

Cuando la encontré 50 metros más adelante, me pidió disculpas y me dijo que no pudo reprimir contestar a mi hermana.

Y pidiéndole que me guardase el secreto, le explique el porque mi hermana estaba aquí conmigo.

Anna me preguntó cuál era mi posición en estos tema.

Anna, creo que a falta de uno, se tendrían que hacer dos referendums, uno para preguntarles a todos los españoles, sobre si deseaban cambiar la constitución para permitir la independencia de las comunidades autónomas y si salía un Si, modificarla y preguntarle a todas las comunidades si se quieren separar o No, eso sería lo más democrático, todo lo demás son ilegalidades y estupideces.
Carles, tienes toda la razón, pero dejemos el tema, no nos lleva a ningún lugar, por cierto ¿Quieres tomar un café o alguna copa más de Amarula?.

De alguna manera, me sentía obligadoa estar con ella, mi hermana se había comportado groseramente con ella, así que asentí y entré en su casa,

Nos sentamos en el sofá y Anna puso la radio, una emisora en la que ponian musica de los 80.

Anna, nunca hubiese dicho que cocinaras tan bien la comida vegana, hoy he disfrutado, pese a ser carnívoro.
Carles, cuando deje de salir con mi novio, tambien deje de fumar, la pequeña depresión o grande según se vea que tuve y el no fumar, me hicieron coger bastante peso y la nutricionista que visite me aconsejo, que cuando estuviese deprimida o estresada optara por comida vegetariana.
Anna, no te imagino deprimida.
Pues lo he estado, Carles.

Estuvimos unos minutos mirándonos y esperando a que el otro hablara o hiciese algo.

Opte por romper el silencio.

Estoy muy bien, aquí en Extremadura, pero para ser sincero, me siento muy solo, no he conectado con nadie aquí.

La pregunta que me hizo Anna, me dejó descolocado, es más tuve que asimilar, porque no creía que me la estuviese haciendo.

Carles, ¿cuánto hace que no follas?.

Me quedé planchado, porque no sabía si era una invitación o una pregunta.

Desde que me divorcie, Anna.

Nunca hubiese pensado que llevases tanto tiempo, Carles.

Y tu cuanto llevas sin hacerlo, Anna.

Más o menos, el mismo tiempo que tú, Carles.

Mientras me miraba a los ojos, sentí su mano en mi entrepierna y enseguida note como me bajaba la cremallera y liberaba mi polla.

Mi polla empezó a crecer, pero debido a lo mucho que habíamos bebido no terminaba de estar a plena potencia.

Anna lo noto y me bajó los pantalones, me miro a los ojos y me pregunto.

Carles, ¿Crees que has conectado conmigo?.

No conteste, y ella bajó la cabeza y comenzó a hacerme la mamada de mi vida y yo me deje hacer.

En cuanto, note la humedad de su boca en mi glande, mi polla empezó a aumentar su tamaño, no dejó ni un solo milímetro de mi pene sin ser lamido y mientras me acariciaba los testículos, cuando terminaba de comerse el tronco de la polla, volvía a la cabeza de mi polla y la chupaba con fuerza.

Se puso cómoda, yo empeze a pensar que dejaría de chuparmela porque ya estaba a tope y le molestaria metersela en la boca, y se sentaria encima de mi o me diría que me pusiese encima de ella y me la follase,

Pero, no, después de 5 minutos estaba a punto de correrme y con la mano hice el ademán de que se quitara que me iba a correr.

Cual fue mi sorpresa cuando ignoró la señal y cuando notó que empezaba a salir semen, empezó a tragarlo sin ningún tipo de problema, cuando pensé que no me quedaba nada dentro pegó un último chupetón, que me hizo salir un poco más, la sensación era como si yo fuese una piscina y me estuviera vaciando y cada gota que se perdía te produjese un placer más fuerte que el anterior.

Se levantó y me miró a los ojos.

¿Crees que todavia estas solo, Carles?.

No me atrevía a contestar después de lo que había pasado, y menos aún no estando sobrio y con los pantalones bajados.

Será mejor que te vayas a casa, esto es un pueblo y si te viesen salir de mi casa sin haberte visto entrar mañana por la mañana , lo minimo que me llamarian las cotorras del barrio es Puta y mis padres viven a 500 metros, Carles.

Me gustaría mucho que te quedaras, pero es lo que hay, mandame un Whatsapp en cuanto te despiertes.

Anonadado por todo lo que había sucedido y cuando me di cuenta estaba en la puerta del pasillo a la calle de la casa de Anna dándonos un buen beso con lengua.

Cuando me acosté en mi cama eran alrededor de las tres de la mañana, me costaba mucho dormirme, no acababa de olvidarme de la extraordinaria mamada de Anna, pero seguía pensando en su culo.

Acabe llegando a la conclusión de que con una paja no tendría suficiente para calmarme y poder dormirme, asi que decidi ir a buscar mi culo de goma.

Salí en calzoncillos por el pasillo, estaba muy empalmado pensando en Anna y en lo que iba a hacer ahora.

Pase por delante de la habitación de mi hermana, que está al lado del cuarto trastero, la puerta de mi hermana estaba abierta de par en par, pero debido a la oscuridad no pude verla.

Entre en el trastero y abrí la caja con la llave del candado, haciendo el menor ruido posible, tuve la precaución de meter el culo de goma en una bolsa del Carrefour, no fuese a ser que mi hermana me pillase en el pasillo con semejante cosa en las manos.

Llegue a mi habitación sin problemas, embadurne de lubricante a mi polla y en la mesa del escritorio puse el culo de Goma, me folle en mi imaginación a Anna y su apetecible culo.

Aunque no tenía mucha leche, debido a que Anna me había ordeñado la la polla antes y se había bebido casi todo mi semen, tenia que limpiar el culo de goma antes de guardarlo.

Con Laia por la casa no me atrevía a dejarlo en algun cajon y correr el riesgo de que lo viese, de pequeña a Laia le gustaba mucho registrar las habitaciones.

Fui al lavabo del pasillo, encendí la luz y haciendo el mínimo ruido limpie el culo de goma, cuando acabe lo metí en la bolsa del Carrefour.

Antes de apagar la luz del lavabo, eche una mirada a la habitación de mi hermana, que con la luz que salía del lavabo se veía en penumbra.

Me pareció ver que se había destapado y que dormía desnuda, pero no lo podría asegurar.

Fui al trastero y guarde en el cajón el culo de goma.

No tarde mucho en dormirme, me levanté a las 3 de la tarde con mucha sed y un principio de dolor de cabeza, que afortunadamente no se parecía en nada a una resaca, asi que comi algo y me tomé un par de aspirinas, por si acaso.

Estaba cansado, aunque no tenia mas sueño, asi que decidi tomarme un Red Bull y ducharme.

No había visto a Laia, me preguntaba qué habría comido este mediodía, mire en su habitación, la puerta de su lavabo estaba cerrada, seguramente se estaba duchando, así que aproveché para ir al del pasillo.

Cerré la puerta con el pestillo y me quite la ropa, aproveche para echar una meada, no me gusta soltar la meadilla mientras me ducho, lo veo anti-higienico.

Mientras me la sacudía, se me empezo a poner morcillona, recordando la boca de Anna y lo bien que me había comido la polla.

Aprovecharía la ducha para masturbarme, asi que con mis alrededor de 16 centímetros me dispuse a entrar en la bañera para ducharme.

La sorpresa fue de campeonato, tanto para mi hermana como para mi, cuando abrí la mampara de la ducha, mientras estaba dándose un baño se había quedado dormida escuchando música en la bañera.

Para imaginarse la situación, mi hermana tan relajada que se había quedado dormida y se despierta con una gruesa polla en plena erección a menos de 15 centímetros de su cara.

Nunca había visto a mi hermana con los ojos tan abiertos, tampoco la había visto nunca mirandome el pene con tanto detenimiento.

Cuando me recupere del susto, intente taparme la polla con las manos, gesto más bien estúpido, ya que no conseguí tapar nada.

Menuda trempera tienes, Carles-. exclamó mi hermana entre sorprendida y sarcástica.

Laia, que haces en este lavabo, tienes uno en tu habitación.

Es que me apetecía un buen baño relajante y mi lavabo solo tiene ducha,Carles.

Pensé en una toalla para taparme la polla, así que cogí la que tenía preparada mi hermana para secarse.

Sabes, hermano mío, que necesitare la toalla para secarme.

Y diciendo esto se levantó de la bañera, fue inevitable que le mirara los pechos a mi hermana, parecía extraño que una chica delgada como ella tuviese tanto pecho y aun mas extraño es que fuese sin operación, los pezones no eran excesivamente grandes y se adivinaban firmes, mojados como estaban se veían muy deseables, tanto como para que cualquier hombre hundiese su cara entre ellos.

Me di cuenta de que llevaba demasiado tiempo mirándole las tetas a mi hermana, en el momento que soltó sin ningún atisbo de vergüenza:

Son de tu agrado, hermanito.

Y se empezo a reir.

Saco una pierna de la bañera y me aparte, en el mismo momento que me alejaba de ella para que pudiese salir, me quito la toalla.

Carles, parece que la trempera no baja, ¿Crees que con agua fría conseguirás algo?.

Comenzó a secarse el pelo con la toalla y a mi se me fueron los ojos al matojo de pelo que tenía entre las piernas, Laia no tenía depilado el coño, aunque tenía un atractivo triángulo, eso sí se percibía muy espeso y revuelto.

Para que no me pillara mirando como hizo, cuando le mire las tetas sin querer, deje de observar, recogí mi ropa y me fui a mi habitación, no sin antes decir que me iba, a lo que contestó mi hermana con un escueto:

Como quieras, hermano.

Ya en mi habitación, cuando iba a vestirme con la puerta cerrada, note como me pulsaba la polla, es como si tuvieses el corazón en ella, me daba la sensación de que con cada pulsación mi pene se movia, asi que lo mire para cerciorarme de que era más una imaginación mía que una realidad.

Aunque puestos a ser sinceros, la erección no había bajado ni un ápice, seguía mi polla dura como una piedra y no estaba pensando en Anna.

Sin llamar a la puerta entra mi hermana en mi habitación, su única vestimenta son unas zapatillas de ir por casa.

Se queda al lado de la puerta y dice con todo el descaro del mundo:

Carles, parece que la españolita es una calienta-pollas, me gustaria saber que no te dejo hacer ayer, eso sigue sin bajar.- me dijo señalando mi pene, con una sonrisa de triunfo, como las de nuestra infancia cuando sabía que me iba a ganar a algún juego.

Laia, por favor sal de mi habitación, no es correcto que los dos estemos desnudos, somos hermanos.

Sabes, Carles, en el piso en el que estábamos de Okupas,mis amigas y yolos sábados y los domingos eran días nudistas, solo nos vestiamos para salir a la calle.

Pero esta es mi casa.- Le conteste.

En una familia sana, ir desnudo no debería ser problema, Hermanito ¿Tienes algo que esconder?.

Vete de mi habitación, Laia, Por favor.- le conteste muy enfadado, lo peor de todo es que mientras lo decía notaba la pulsión cada vez más fuerte en mi polla.

Hermanito, te vas a echar a perder con estos cabrones españoles. – Espetó indignada dándose la vuelta.

Deja de insultar y mira tu Dni, en ese momento sabrás a qué país perteneces, Laia.

Mi hermana cerró de un portazo, me la había quitado de encima, pero mi polla no dejaba de estar empalmada, estaba empezando a preocuparme.

De forma repentina, escuche un fuerte golpe en la habitación de mi hermana y un chillido de mi hermana, al momento escuche a Laia pidiendo ayuda.

La puerta estaba cerrada, yo seguía desnudo, pensaba que le habría pegado un golpe a la estantería de los libros y se le habría caído encima.

La sorpresa fue mayúscula cuando vi la estantería y los libros por los suelos, sin embargo, mi hermana no estaba debajo de la estantería, si no encima de la cama.

Y encima de la cama estaba también mi culo de goma y el lubricante, Laia estaba en la misma posición que el culo de goma, la diferencia entre el real y el de mi hermana, es que mi hermana tenia un poco de vello cerca de los labios de la vagina, que tenia el culo un poco más cerrado, y sobre todo que tenía un ano.

Me di cuenta de que cuando cerré el baúl por la noche no le puse el candado y mi hermana descubrió mi secreto.

Venga, hermanito, elige uno de los dos.

Laia, estas loca somos hermanos.

Carles, no diré nada, es más ni siquiera te voy a mirar, piensa que soy tu españolita.

Sabía que me arrepentiría después, pero tenía la polla tan dura y desde hacia tanto rato, que me daba igual.

Así que me acerque a la cama, agarre a mi hermana de las caderas y se la introduje toda dentro de una sola vez.

Ahhhhhh, hermanito, me estas haciendo mucho daño, sacamela, Ahhhhhhh.- exclamó mi hermana quejandose.

Yo iba a empezar a bombear y me asuste, me quede parado, cuando noto en mi polla que mi hermana empieza a reírse y a mover sus caderas hacia delante y atrás.

Era imposible que con el coño tan mojado, le hiciese daño, se estaba cachondeando de mi, asi que la cogi con mas fuerza, y empecé a dar embestidas brutales.

Asi me gusta hermanito, ahora ya no tengo tantas ganas de irme a Barcelona, creo que aquí nos lo pasaremos bien, AHHHHHHHHHHHHHHH.

Cada vez que mi pelvis chocaba con su culo, se escuchaba una palmada, me entró tanto ímpetu que la cogí del pelo de forma algo violenta.

Ella en vez de quejarse, arqueo la espalda para ofrecerme mejor su culo y dejarse coger el pelo y dijo con voz profunda.

Ohhhhhh, si, dejate llevar, hermanito, revienta a tu hermana por dentro con ese trabuco.

Sabía que en dos golpes de cadera más me correria, pero para ser sinceros no quería terminar tan pronto, estaba disfrutando con este polvo como nunca había disfrutado con una mujer, nunca había pensado en el incesto y ahora no quería dejar de cometerlo.

Antes de correrme, saqué mi polla y le di la vuelta a mi hermana, quería ver su cara cuando me corriese dentro de ella.

Hermanito, ahora no podrás pensar en otra mientras me follas, venga dale a tu hermana lo que se merece, Ahhhhhhhhhhh.

La bese en los labios y en el cuello, ella abrió sus piernas, me metí entre ellas, y Laia las levanto y me cogió del culo.

La introduje de golpe como en la vez anterior.

Carles, me gusta tu polla, me siento llena, me siento estrecha, Ayyyyyyyyy.

Le gustaba el sexo duro, cuanto más fuerte bombeaba, mas gemía ella.

Me fije en sus pechos y en cómo se movían cada vez que la embestía era casi hipnótico.

Baje mi cara y bese sus pechos.

Laia empezó a bufar y a cerrar los ojos, quitó las manos de mi espalda y las bajó hasta mi trasero, después se empezó a acariciar los pezones y me miró a los ojos.

No te asustes, me voy.

A continuación se puso blanca como la leche y cerró los ojos, pensando que era una broma, le di 6 embestidas más y solté toda la leche que mi cuerpo le pudo dar.

Me tumbe a su lado y le pellizque un pezón con fuerza, me comenze a preocupar cuando vi que no reaccionaba, aunque respiraba, tenía el cuerpo laxo, flojo.

Unos 15 segundos más tarde, abrió los ojos, se incorporó como si no hubiese pasado nada, me dio un beso con lengua y me cogió la polla con fuerza.

Hermanito, ¿estás preparado para otro polvo con la hermana que mas quieres?.

Laia, ¿qué coño te ha pasado?.

Carles, cuando tengo un orgasmo lo suficientemente intenso, me produce lo que los franceses llaman “La Petite Mort” (La pequeña Muerte), al principio me asustaba, pero ahora me dejo llevar, porque hasta que te desvaneces es tan potente el placer que no deseas que finalice y ya has visto cómo acaba.

Reconozco que estaba tan agotado que no pude follarme a mi hermana en todo lo que resto de tarde.

Esa misma tarde serían las 6 de la tarde cuando Anna me mandó un Whatsapp par quedar en unas horas y salir de copas al pueblo de al lado.

La llame a escondidas en el lavabo, para decirle que mejor que quedasemos el Domingo, ya que estaba agotado (Esto era verdad) y que debido a lo mucho que había bebido tenía una buena resaca.

Quedamos para salir el domingo por la mañana, para dar una vuelta por los alrededores, sin mi hermana claro está.

Pero esa noche, la noche del sábado la dedicaría a conocer más en “profundidad” a mi hermana.

A las nueve de la noche pedimos unas pizzas, y aunque nos las podíamos haber comido en el mismo cartón de la pizza, le dije a mi hermana que utilizaramos platos y cubiertos.

Esa noche llevaba puesta ropa que había dejado mi Ex-mujer olvidada, un vestido azul a media pierna con los hombros descubiertos, y a petición mía llevaba braguitas, algo que como buena antisistema que se precie no le gustaba demasiado.

Cuando terminamos de comer, le dije que como buena mujer debía lavar los platos y ella se negó.

La cogí del cuello y la lleve a la cocina, y a regañadientes empezó a lavar los platos.

Carles, eres un machista de mierda, tambien los puedes lavar tu, que has comido con ellos.

Calla, guarra independentista y haz algo útil.

Se dio la vuelta para darme una bofetada, pero le pare la mano a tiempo, le cogí el vestido por los hombros y se lo rompi.

No llevaba sujetador, sus dos grandes pechos esperaban ser manoseados con salvajismo.

Le agarre la teta izquierda con las dos manos y empeze a besarla, aunque me apetecía morderla.

Baje mi mano a sus bragas y se las rompí con tanta fuerza que le deje marcas en la piel.

Tenía la polla palpitando otra vez de lo dura que estaba, le meti dos dedos en el coño a mi hermana, me encantaba el tacto casi áspero de su vello púbico, Mi Ex-Mujer siempre estaba bien depiladita.

Tenía el coño muy mojado, la muy viciosa se estaba poniendo muy cachonda con la actuación que habíamos montado.

Yo tenía otros planes, que no había acordado previamente con ella, así que la puse de espaldas y me quite toda la ropa.

La hice agacharse encima del pollete de la cocina, y volví a meter mis dedos en su vagina, aunque esta vez tres.

Mis manos chorreaban de sus flujos, Mi hermana pensaba que me le meteria toda mi polla de golpe cuando noto que apretaba su espalda con una mano contra el pollete de la cocina para que no se moviera.

Con la otra mano, cogí la aceitera y le eche una buena cantidad de aceite en el esfínter de Laia y despues le eche a mi polla.

Y meti un dedo en su culo.

Carles, eso no, soy virgen de ahi y me vas a hacer daño- dijo casi llorando.

Le metí un segundo dedo, y esta vez se estaba intentando liberar, le asustaba que le follase el culo y eso me ponía aun mas cachondo.

Carles, eres un cabron-. esta vez las lágrimas eran reales, estaba aterrada por el hecho de que le iba a reventar el culo.

Moví los tres dedos y los saque, puse mi gruesa polla delante del orificio de su culo, preparado para entrar por donde hasta ahora nadie había entrado antes.

Carles, nooooooooooooooooooo.

Un segundo más tarde, tenía toda mi polla dentro de su coño y la había liberado.

No quería forzar a mi hermana, aunque se lo mereciese, esperaría a que me permitiese encularla alguna vez.

Empujo hacia atrás y se sacó la polla del coño, se sentó en el pollete de la cocina y me beso con lengua con una rabia, que me pareció que me iba a morder.

Notaba las lágrimas que habían corrido por sus mejillas y su sabor salado, me cogio del culo, y se metio la polla en su mojado coño.

Notaba el frío mármol de la cocina cuando pegaba la embestida hacia delante, seguí bombeando durante casi 5 minutos hasta que note que se desvanecía.

Todo su cuerpo se aflojaba, no tardé ni tres segundos en correrme, deje dentro de mi hermana mi polla, hasta que se recuperó.

Esa noche tuvo dos desvanecimientos más, pero esta vez en la cama, y en diferentes posiciones.

Esa misma semana mi hermana me regaló una paja a la cubana, me encanto llenarle su cara y su cuello de lefa calentita.

Después de dos meses he conseguido desvirgar el culo de mi independentista hermana, con su permiso, claro está.

También he conseguido follarme a Anna, por todos sus agujeros, de hecho estoy saliendo a escondidas de mi hermana con ella.

Pero todo eso son otras historias.

Mi profesora de piano me adentra al lesbianismo

Hoy sería el día de la dichosa cita con Cristina y estaba más que nerviosa. No era mi primera pero sí era la primera con alguien que me tenía completamente loca. Una parte de mí sabía que era un terrible error seguir este juego con ella y que lo pagaría muy caro pero… ella tenía la fuerza de un imán y me atraía de una manera sobrenatural.

Muy probablemente terminaría con el corazón más roto de lo que ya está; esa pequeña parte del pequeño revolcón con el adonis no se ha ido de mi mente. Y la sensación de celos no había desaparecido, pero después de lo que pasó en el auditorio no quería arruinarlo; estábamos en una nube rosa que nos… que me mantenía flotando. No quería malos tragos antes de un gran día.

Después de tanto pensar, me decidí por un vestido rosa, con algunas decoraciones y sin mangas. Como todos los días, el calor era infernal y los Jeans no parecían una buena opción. Unos zapatos abiertos con tacón no muy alto y algo de maquillaje. Listo. Cristina constantemente me repetía que le gustaba verme al natural. Sigo creyendo que dice las cosas para aminorar el golpe de su ida. Faltaban unos cuantos minutos para la cita cuando sentí mi teléfono vibrar. Era ella.

-Hola.- Dije sin poder contener la sonrisa estúpida.

-¿Lista, pequeña?-

-Más que lista.-

-Estoy abajo.-

-Voy.- Colgué. Se escuchaba feliz, esa era una buena señal.

Agradecía a los cielos porque mis padres no estuvieran aquí para llenarme de un montón de preguntas. Sabían que salía con una “amiga”, omití que la amiga era mi profesora de piano. Mi hermano estaba en práctica de fútbol, así que no tendría que darle explicaciones a nadie. Al abrir la puerta Cristina estaba sobre el capo de su carro aparcado frente a mi casa. Se veía divina. Su cabellera suelta, iba maquillada y se veía más que perfecta. También optó por un vestido y tacones altos. Me acerqué a ella y me recibió con un abrazo.

-Te ves preciosa.- Susurró a mi oído.

-No te quedas atrás. Te ves muy guapa.-

-Es sólo la cara…- Me soltó y abrió la puerta del pasajero para que entrara.

Ahora me di cuenta de lo mucho que le costaba tomarse los cumplidos. Hace unos días le dije que parte de mi progreso se lo debía a su constante motivación. Se limitó a decirme que era parte de su trabajo. Era como si no quisiera aceptar que algo bueno puede salir de ella. Y ahora con su “es sólo la cara”; sí, Cristina podía ser una hija de puta cuando se lo proponía pero habían muchas cosas buenas dentro de ella. Aunque no las pueda ver.

Durante el trayecto hablábamos animadamente de nuestros días. Ella seguía odiando que por culpa de una huelga tenía que trabajar horas extras. Ni siquiera estaba a favor de lo que peleaban pero al ser una minoría tenía que seguir la corriente. Era muy eficiente con su trabajo por lo que la cuestión de papeleo la terminó en cuestión de unos días. Días en los que se aseguró de decirme en dónde estaba y qué estaba haciendo. Parecía que quería quitarme la espina de lo que pasó con su “amiguito”. He de decir que lo disfrutaba y me agradaba que se preocupara de mí en esa forma.

-¿Qué harás cuando seas grande?- Rompió por completo el tema de conversación que teníamos.

-Aún no lo decido. Me queda un par de semestres para averiguarlo.-

-No lo dejes pasar mucho tiempo. ¿Hay algo que particularmente te llame la atención?- Se veía muy interesada.

-Psicología me agrada muchísimo. Puede ser una opción viable.-

-¿Hay una escuela cerca?- Negué.

-Cuatro horas de aquí.-

-¿Con quién vas a vivir?- Comencé a reír.

-Ni siquiera tengo definido si quiero eso, ¿qué te hace creer que ya sé dónde voy a vivir?-

-¿Tienes familia ahí?- Volví a negar. –No me agrada.-

-Es una pena que no dependa de ti.- Volteó a verme, noté cierta furia en su mirada. –Te vas en un mes, ¿qué te preocupa lo que será de mi vida en un año?- Muy a su estilo ignoró el tema subiendo el volumen de la radio. De inmediato lo apagué. -¿Te importa?-

-Sólo quería conversar de algo, Al… y sí, me importa mucho. No te quiero vagando en una enorme ciudad tú sola.-

-Me las voy a arreglar. Siempre lo hago.- La vi sonreír. -¿Qué?-

-Nunca te das por vencida.-

-Nunca.- Me sorprendí mucho cuando Cris me llevó a las afueras de la ciudad y nos desviamos a un camino de terracería. Calculo que habremos avanzado unos dos kilómetros cuando llegamos a una pequeña cabaña.

Ella no decía nada, simplemente me sonrió al aparcar frente al lindo lugar. A pesar de haber pasado aquí toda mi vida no conocía esta parte de la ciudad. Cris bajó del auto y se apresuró a abrirme la puerta; amablemente me tendió su mano para ayudarme a salir. De la mano llegamos a la puerta del lugar. Sin soltarme buscó en un pequeño bolsillo que tenía su vestido y sacó una brillante llave. Abrió y frente a nosotras había una enorme sala perfectamente arreglada, una mesa en el centro, dos cojines a los lados y mucho sushi.

-Creo que mencionaste que te gusta el sushi.- Me sonrió ampliamente.

-Me fascina. Gracias.- Sin pensarlo dos veces me colgué de su cuello y la besé. La sentí tensarse al principio pero después se aferró a mi cintura y profundizo el beso.

-Así que el sushi tiene estos efectos… debería dártelo más seguido.- Sonrió sobre mis labios.

-Gracias.-

-Aún no hemos empezado. Agradéceme al terminar.-

-Pero quiero agradecerte ahora.- Le dio un beso corto. –Gracias.-

-De nada.- Con una inusual sonrisa me invitó a pasar a la casa.

La cena fue mágica, simplemente mágica. Cristina se portó como… como si fuera mi pareja. Estuvo atenta en todo momento, me sirvió, me dio a probar de su comida, de vez en cuando se inclinaba y me robaba un beso. Era como si fuera una Cristina diferente y la odiaba. Odiaba que se portara tan bien porque no quería quererla más y portándose así era imposible.

Apenas y terminamos de comer me eché sobre ella y la besé con toda la pasión que encontré dentro de mí. Ella ni tarda ni perezosa me correspondió; sus manos encontraron un camino debajo de mi vestido con una facilidad increíble. En segundos me tenía gimiendo sobre su boca mientras ella amasaba mis nalgas.

-Eres como una puta fruta prohibida, Al… Lo que te quiero hacer…-

-Hazlo.- Dije con los ojos cerrados.

-No quiero lastimarte.- Respondió dejando pequeños besos sobre mis labios.

-Hazlo, porque necesito odiarte.- Dejó de besarme y abrió los ojos abruptamente.

-Lo siento mucho, Al… pero no puedo alejarme.- Me puse de pie y tomé mi teléfono. Ella me veía confundida.

-Ma, me quedaré en casa de Sam a ver películas. Mañana es sábado así que no hay problemas por la escuela.- Esperé la letanía de mi madre aunque sabía que al final accedería. –Sí, sí la próxima vez te aviso antes. Te veo mañana. Te quiero.- Le envié un mensaje a Sam pidiéndole que me cubriera; me debía un favor. Apagué el teléfono y lo aventé al sillón. –Toda tuya.-

Parecía que alguien hubiera encendido una llama en los ojos de Cristina, sus profundos ojos cambiaron de la preocupación a la lujuria en dos segundos. Sonrió, esa sonrisa que aparece cuando estamos en la cama; se puso de pie y caminó lentamente hacia mí. Se inclinó un poco para poder quitarme el vestido y dejarme sólo en ropa interior.

-Toda mía. Solo mía.- Su forma de verme me hacía sentir deseada, bonita, importante, todo en el aspecto físico pero no en lo emocional. Ella necesitaba saciarse… no quería que la amaran, mucho menos amar.

-¿Eres mía?- Pregunté mientras sus dedos jugaban con las tiras de mi sostén. Dejó su tarea un momento y me vio directo a los ojos.

-Sí, soy tuya.- Quería creerlo, necesitaba creerlo… aunque sea un segundo. –No lo pienses,- me tomó de la cara- siéntelo.- De nuevo atrapó mis labios con fuerza.

Me apretó a ella, sus manos vagaban por todo mi cuerpo, sus labios se comunicaban con los míos, su lengua me enloquecía. Estaba a su merced. Así como ella me quería tener, así como quería estar para ella. Aferrada a su cuello dejaba que las sensaciones que ella me producía se tatuaran por toda mi piel. No sabía cómo era el cielo pero estoy segura de que era algo muy cercana a esto.

-Quiero estar muy dentro de ti…- Escucharla hablándome así me excitaba más; esta mujer tenía una increíble facilidad para manejarse en la cama. Entonces recordé lo que me había dicho. Aprender, crecer y follar. ¿Habrá sufrido?

Tomé su cara, la acerqué a mí y la besé con ternura, lento, suave, sin ninguna prisa. Sus manos dejaron mis hombros y se quedaron colgados a sus costados. Estaba muy tensa. Lentamente bajé mis manos, recorrí sus hombros, sus bíceps, su antebrazo hasta lentamente entrelazar mis dedos con los de ella. Apenas y movía sus labios sobre los míos; intentó meter su lengua en mi boca pero no la dejé.

-No.- Me espanté al escuchar la solemnidad de su voz. Salió de la casa prácticamente corriendo; me quedé con la cabeza agachada y me vi únicamente con ropa interior. Si iba a dormir aquí sería mejor quitarme los zapatos.

Estaba por quitarme la segunda sandalia cuando Cristina entró nuevamente; su expresión era indescifrable, feliz no estaba, era obvio pero algo en ella estaba diferente. De un tirón se quitó el vestido y se puso algo que llevaba en las manos; hasta ahora me percataba de ello. Lo había visto en algunas películas lésbicas… strap-on. Sentí que la garganta se me secaba, tanto por el tamaño de esa cosa como por lo sexy que se veía Cristina con él puesto.

-Boca arriba en el piso.- Dijo con voz autoritaria. Terminé de quitarme el zapato, lentamente me bajé las bragas y me puse en el piso como ella me lo indicó.

Su mirada seguía llena de lujuria pero había algo más que no podía descifrar; se quedó un momento contemplándome. En un ataque de no-sé-qué-demonios llevé mi mano a mi sexo y exploré mis pliegues unos segundos para después jugar con mi clítoris. Cristina me veía atentamente, llevó sus dedos a su boca, los llenó de saliva y los bajó al miembro artificial que colgaba en su entrepierna. El simular la masturbación masculina casi hace que me corra.

Nuestros ojos nunca se apartaron, nos veíamos intensamente esperando a ver quién hacía el primer movimiento. No fue raro que fuera ella. Se arrodilló frente a mí a la vez que yo abrí más las piernas para darle mejor acceso. Volvió a llenar de saliva el miembro antes de acomodarse en mi entrada.

-Te gusta provocarme, ¿cierto?- Colocó la punta del pene dentro de mí y llevó el dedo pulgar de su mano izquierda a mi clítoris para jugar con él. –Contéstame.-

-Sí.- Cerré los ojos un momento. –Me gusta saber que provoco cosas en ti.- Se enterró un poco más en mí y solté un leve gemido.

-No tienes idea de lo mucho que provocas… no la tienes.- Mis manos se fueron a sus piernas para acariciarlas. Su mano libre vagaba por mi abdomen y amagaba con tomar mis senos. Elevé la cadera y el miembro se hundió un poco más.

-Sólo para ti.- La vi a los ojos mientras tomaba entre mis manos su mano. Ese fue su detonador, de pronto tenía sus fuertes brazos a lado de los míos y la extensión de ella muy dentro de mí. -¡Cris!- Me aferré a su espalda.

Era, por mucho, el intruso más grande que había tenido ahí abajo; dolor. Estaba en una delgada línea entre el dolor y el placer, tenía los ojos cerrados, mis dedos enterrados en la piel de Cristina. Entendió eso y se quedó un momento inmóvil con sus labios vagando por mi cuello. Cuando mi agarre en su espalda se suavizó comenzó a moverse lentamente.

Mis manos tocaban su espalda, sus brazos, se enredaban en su cabello, se aferraban a su cuello, no sabía ni qué hacer conmigo. El cúmulo de sensaciones era algo que nunca había sentido y es que al estar con Cristina cada vez se sentía como la primera. Siempre había algo nuevo, algo diferente, algo que excitara más que la primera vez y eso me volvía loca.

Su ritmo lento poco a poco se fue intensificando, las embestidas eran cada vez más fuertes y más profundas. Su cabeza aun enterrada en mi cuello. Intenté pasar mis piernas por su espalda pero con una mano me lo impidió y me ordenó que las mantuviera abiertas. No lo analicé simplemente obedecí. El calor era intenso, una fina capa de sudor apareció sobre la piel delicada de Cris y su respiración era cada vez más entrecortada. Como pude me incliné un poco para darle un beso en el cabello.

-No.- Segunda negativa de la noche. –Te estoy follando, no estamos haciendo el amor.- Y para probar sus palabras me propinó una estocada descomunal; sentí que me partiría en dos. –Estoy es lo que te puedo dar.- No me veía.

Sólo pude asentir. No tenía opción. No le diría que no ya que la tenía, literalmente, dentro de mí. Sacó el miembro hasta dejar solo la punta dentro de mí, esperó unos segundos antes de perderse de nuevo en mí. Era una sensación delirante y el saber que era ella me mojaba más. Sus pausadas penetraciones fueron acompañadas por mordiscos a mis senos. Ni siquiera se preocupó por quitarme el sujetador. Mordía con fuerza, como si quisiera darme a entender algo.

Cerré los ojos y me dejé llevar, segundos después explotaba en un delicioso orgasmo que se prolongó cuando Cristina me penetró rápidamente unas veces más sin dejar de jugar con mis senos. Aún dentro de mí se incorporó y buscó mis labios, los tomó con fuerza y su lengua inmediatamente buscó la mía. Los besos húmedos se extendieron por varios minutos hasta que la detuve.

-Así se siente ser prostituta.-

-¿De qué hablas?-

-Dar tu cuerpo a cambio de algo…- Pude ver un dejo de tristeza en sus ojos que rápidamente se convirtió en enojo.

-Fui clara contigo desde el principio.-

-Eso lo hace más fácil.- Dije sarcásticamente. De un tirón salió de mí, lo cual hizo que me retorciera un poco; estaba muy sensible.

-Hay ropa cómoda en la cama de la habitación de arriba. Me daré una ducha.- Cristina entró por una pequeña puerta de madera la cual cerró estrepitosamente.

Quería a esa testaruda mujer que entró a ducharse, quería todo de ella pero ella no quería nada más que sexo. Hace un mes mi vida era tranquila, solitaria hasta cierto punto, sin problemas, más que los de la escuela, y una que otra discusión con mis padres. Lo típico. Hasta que la conocí y puso mi mundo de cabeza.

He mentido, he faltado a clases por verla, he hecho cosas que en mi vida imaginé que haría; cosas que creí que haría sólo con la persona correcta pero la persona “correcta” se va en un mes. Caricias de lastima, de compasión, como las que se le dan a los perritos en la calle, eso es lo que he recibido de ella y con rabia me doy cuenta que las acepto. Soy una completa idiota.

Estaba semidesnuda y muy bien follada a las afueras de la ciudad sintiéndome miserable y con la persona más imbécil sobre la tierra. Y una parte de mí me decía que lo merecía por no confiar en mi primer instinto de que era un error. De que saldría lastimada; creo que no imaginé que se sentiría así de horrible.

Nuestro primer encuentro fue tierno, dulce, con el toque lujurioso de Cristina y hasta me dijo que le gustaba y de pronto se transformó en esta mujer distante, incapaz de recibir amor o de darlo. Me tendió una trampa y yo felizmente caí en ella. No lo soporté más y me eché a llorar. ¿Realmente creí que alguien como ella se fijaría en mí? Su lujuria necesitaba un receptáculo y yo estaba a la mano. Yo estaba cerca de ella y se aprovechó de eso. Soy un juguete más, al cual va a olvidar cuando se marche.

Escuché que la puerta del baño se abrió después de varios minutos que pasé llorando y regañándome por ser tan estúpida. Me hice bolita en el piso esperando que Cristina pasara de largo a la habitación y me dejara ahí tirada. No quería estar con ella, tenía suficientes motivos para odiarla y comenzaría a hacerlo. La escuché suspirar fuertemente, segundos después podía sentir la frescura que desprendía su cuerpo a unos centímetros del mío.

-La primera vez que me enamoré fue con él. Había tenido novios antes pero nunca me había sentido tan atraída a alguien como con él. Me hacía sentir bonita, sexy, me hacía sentir única… hasta que entendí de qué iba todo eso. Las atenciones eran por mi cuerpo, por mi imagen… todo en esta vida son las putas apariencias.- Tomó aire. –Me vi en la necesidad de cambiar de ciudad, para dejarlo todo atrás y comenzar de nuevo. Llevaba una vida, monótona, gris, me apegaba a lo que vine a hacer hasta que te vi parada junto al piano.-

-No sigas.- Le supliqué.

-Quiero que lo entiendas. Por favor.- No le dije nada; me quedé callada por unos segundos y lo vio como una señal para que continuara. –Tu cuerpo es tentación, tu cara es divina pero en cuanto comencé a tratarte y vi tu inocencia, vi los motivos por los cuales te mueves, vi como tratas a las demás personas… me vi. Vi lo que solía ser antes de él…-

-Y quisiste desquitarte, lo entiendo.- Se comenzó a reír.

-Caí ante ti, Al. Caí rendida a lo que tú eres… tu inocencia es una arma de doble filo, ¿sabes? Verte masturbándote ha sido de lo más erótico que he visto en mi vida.- Se acercó más a mí y me abrazó. –Me asusta lo que me haces sentir.-

-¿Por qué te portas así conmigo?- Las lágrimas seguía corriendo pero no con tanta intensidad.

-Quiero que me odies.-

-¿Por qué?-

-No tengo nada bueno para ti, Al.-

-Te equivocas…-

-Me conozco, lo voy a terminar arruinando.- Era inútil discutir con ella. Esta pequeña confesión lejos de ayudarme a aclarar el panorama lo hizo más turbio.

-Entonces aléjate de mí.-

-Lo haré, después de esta noche.- Sentí como se me estrujaba el corazón. Con un suave movimiento llevó la mano que me abrazaba a mi estómago y lentamente lo fue bajando a mi vientre, luego a mi monte de venus hasta llegar a mi sexo que aún estaba mojado.

Dos de sus dedos recorrieron los pliegues buscando empaparse; abría mis labios, aruñaba suavemente, amagaba con entrar en mí de nuevo. Las lágrimas y la amargura fueron reemplazadas por los gemidos que no se hicieron esperar. Cristina se pegó aún más a mí; abrí un poco más las piernas para darle más acceso.

-Eres preciosa, Al.- Susurró a mi oído antes de besar mi cuello con fervor. –Me encantas.-

-Cállate, por favor.- Las lágrimas amenazaban con salir de nuevo. No quería escuchar nada de lo que me decía. Nada.

Me concentré en lo que sus dedos me hacían, si sería nuestra última noche juntas lo menos que podía hacer era disfrutarlo. Cerré los ojos y me dejé llevar. La maestría de sus caricias era exquisita, simplemente exquisita. ¿Alguien que me toque como ella? Quizás. ¿Alguien que haga mi corazón latir como lo hace ella? No creo que pueda encontrar en esta vida o en las que sigan.

Y así una vez más me dejé llevar; la disfruté y ella me disfrutó. La mañana nos encontró desnudas en la sala de una pequeña cabaña, iluminando con sus rayos nuestros últimos segundos juntas.

Intercambio a mi esposa en un balneario

Pues como os iba contado en mi anterior relato ”En el Balneario con Silvia”, el conocer a la parejita de recién Casados, Oscar y Rocío, cambio un poco lo planes de mi amiga Silvia para estar conmigo y follar hasta cansarse, porqué al conocer a Oscar y chico joven y tras ver que eran una pareja muy liberal y con ganas de experimental cosa nuevas y sobre todo sexual con una pareja de maduritos por lo menos yo, eso le atraía a Silvia como me comento en la larga charla que tuvimos en nuestra habitación, porque esa noche solo hicimos un 69 y ya está.

Silvia estaba loca porque se la follara Oscar, y de paso quedarse preñada de él, porque a sus 38 años quería tener otro hijo, pero con un hombre que no le creara problemas y ese era Oscar.

Buenos pues habíamos quedado que yo me levantaría al otro día cuando descansara bastante y que Silvia se fuera a sus saunas y baños especiales por todo el barneario,nos veríamos al medio día en nuestra habitación para bajar a comer, como así lo hicimos.

Note que sobre la 9,30 am Silvia con un Bikini rojo y una toalla tapándole su culo se disponía a irse, me dio un beso en mi polla que por su puesto estaba floja y me dijo” hasta luego viejito que descanses que me yo me voy” yo no dije nada solo me puse mi radio y me puse a oír las tertulia de mi programa favorito, y seguir con mi relax camero jajá.

Pues sobre las 11 am estaba acabándome de duchar cuando llamarón a mi habitación, pensé que sería Silvia que venía a coger algo o seria el servicio de habitaciones por eso a no estar seguro me puse la toalla, y abrí la puerta y cuál fue mi sorpresa era Rocio,que venía vestida con un pijama de esos que le llaman tentaciones preguntando que si estaba Silvia conmigo, porqué su estrenado marido a las 9,45 se había ido de la habitación y no sabía dónde estaba, aunque se lo imaginaba a no ver a Silvia conmigo, solo se le ocurrió decir “ Rafa ,Silvia se está follando a mi maridito jajá” yo le dije que no fuera mal pensada, que a lo mejor estaban cada uno por su lado, a lo que me contesto que ella no era celosa, que por si acaso nosotros podíamos hacer

Lo mismo, tiro de la toalla que me cubría me cogió mi polla que estaba ya morcillona y tirando para dentro donde estaba la cama, me dijo Rafa vente que tengo ganas que me folle un madurito y además tú no me puedes preñar y estoy cansada de follar con condón porque Oscar no quiere que tome pastillas ni quiere que me quede preñada tan pronto y el chocho lo tengo que huele a goma quemada.

Pues se puso de rodilla me cogió la polla y empezó a pasar la lengua por mi capullo y mis huevos con una delicadeza que me estaba volviendo loco, mi polla estaba creciendo por segundos y más viendo a esta muchachita tan joven comiéndome con ese arte mi polla, estaba ya cachondisimo, ella a su vez se estaba acariciando su coñito con su hilera de pelitos que tenía en el centro, cuando ella misma vio que ya la tenía tiesa como un palo se me dio la vuelta y se puso culo en pompa apoyando la manos en la cama y me dice “ anda Rafa métemela que estoy cachondisima y quiero polla a pelo” yo me cogí mi polla y empecé a restregársela de arriba abajo por su rajita, para nada más estuviera mi capullo mojadito empezar a metérsela, con los roces que le estaba dando yo empecé a echar liquido pre seminal lo que hacía que ella a notarlo en su coño chillaba y me decía que por favor métela ya , y así lo hice, estaba estrechito ya que aunque estaba ya cansada de follar con Oscar no había parido y para mi parecía virgen.

Puse mi polla a la entrada y empecé a meterla despacio porque sabía que como no fuera así yo me correría pronto, pero a ella a sentirla empujo hacia mí para que le entrara de golpe como así fue, yo empecé despacio a metérsela y a sacarla despacio para evitar mi corrida, pero lo sorprendente fue que ella a sentir mi embestidas despacio solo me dijo,”joderrrrrrrrrrrr, que me corroooooooooooooo,ay ay que barra mas caliente me quema que caliente ,yaya sigue sigue, lléname de leche” Yo le dije que no se sofocara que iba a ponerle unos buenos cuernos a Oscar, y solo dijo que se joda que vamos a follar nosotros y además vas a presumir que te has follado a una recién casada en su viaje de novios, y así seguimos cambiamos de postura y ella se subió encima mía para montarse encima y volverse a meter la polla yo empecé a tocarle sus pechos que también era hermosos y ella solo gritaba ma,masssssssssssss sigue no pares, hasta que con sus empujones cuando le dije que iba a terminar se quedó sentada yo empecé a soltar leche y ella al sentirla toda caliente se empezó a tener su segundo orgasmo, se echó sobre mi pecho, satisfecha como una gatita en celo, le dije que si quería ducharse que lo hiciera y después buscaríamos a su maridito y a mi viudita folladora, y así lo hicimos cuando termino de ducharse yo fui a su habitación a por un bikini color rosa, un pareo y una crema que me indico, se lo puso y me puse mi bañador y a ver por donde andaba Oscar y Silvia y si estaban juntos como así fue, pero no estaban en el Hotel, preguntamos si había visto salir a Oscar y a Silvia, por discreción no quería decir nada, pero al ver que no estaban en el Hotel, subimos a nuestras habitaciones nos vestimos para salir a dar un paseo, y aprovechar y ver el paisaje, salimos y vimos a un señor mayor apoyado en una baranda de un riachuelo que pasaba por allí. Rocío le pregunto si había visto, salir del Hotel un Seat Toledo color amarillo que era el color del coche de Oscar, el abuelito le contesto que sí que era una pareja y que iba los dos en bañador y le había preguntado que donde podían bañarse a lo natural y él le indico un paraje a unos 5 kilómetros del mismo rio donde estaba que le llamaban” LA LECHOSA” porque allí desde toda la vida se iban a follarse la parejitas.

Cogimos mi coche y nos fuimos a buscarlos ya sabíamos que estaban juntos, Rocío solo decía que el muy cabrón se estaba follado a Silvia si habérselo dicho a ella, yo le dije que no formara un espectáculo, porque nosotros habíamos hecho lo mismo, pero ella decía que lo que le molestaba era que no se lo había dicho.

En fin sobre los 15 minutos de camino dimos con el paraje, llegamos y allí no se veía ningún coche amarillo, nosotros paramos y empezamos a andar buscando la orilla de rio, cuando llevábamos unos 500 metros vimos a final de un camino cortafuegos algo amarillo, y al seguir y acerarnos oíamos una risas y decir” toma, toma guarrila toma polla joven” os acercamos porque ya nos dimos cuenta que era Oscar que tenía a Silvia encima del capot de coche, y la tenía con las piernas en V, dándole fuerte a mi viudita alegre como desde entonces empecé a llamarla, Silvia solo decía que estaba en sus días fértiles y que la preñara que le llenara otra vez su matriz de leche fértil, nosotros que nos escondimos a unos 3 metros de donde estaban ellos, nos estábamos poniendo cachondos perdidos a mí se me estaba poniendo la polla dirá como el tronco del árbol donde estábamos escondidos.

Rocío que estaba a cuatro patas embobada viendo a su maridito follando miraba para atrás me miraba y se sonreía, yo que estaba ya todo empalmado me puse detrás de rodillas le baje el pantaloncito que llevaba y de un solo golpe se la metí, ella al sentir mi polla dentro pego un grito lo suficiente alto para que la otra pareja se diera cuenta de nuestra presencia.

Oscar se asustó un poco y se la saco a Silvia, la cual está que al parecer estaba notando que Oscar le iba a soltar su lechada se cabreo mucho, pero fue solo un momento, cuando Oscar se dio cuenta, solo dijo a su mujercita “Que haces ahí Rociito” y ella contesto “fallándome Rafa lo mismo que tú estás follando a Silvia, so guarro”. Silvia cogió a Oscar y le dijo “Vuelve a metérmela so gilipichi y deja a Rafa follase a tu mujercita que no te la va a preñar, como tú a mí y así entre gritos y suspiros los cuatros no corrimos a la vez.

Después de esto nos juntamos los cuatro y empezamos a tomar unas cervezas y unas patatas fritas que Oscar y Silvia y volvimos los dos coches a Hotel para continuar nuestras folladas.

El taxista me folla a la fuerza

Se me había hecho muy tarde, si no me apresuraba no llegaría a tiempo a la escuela; bueno era mi culpa por querer dormir unos minutos más. Cuando desperté tan solo faltaba media hora para el inicio de clases así que me bañe y vestí lo más rápido que pude. Jamás me ha gustado usar uniforme pero admito que siempre me ha sentado bien llevarlo me da una pinta de niña buena pero al mismo tiempo me hace ver sumamente antojable: mi blusa blanca de botones que yo misma me encargo de subírmela hasta el ombligo, mi falda azul marino ajustada a mi cuerpo hace que resalten mucho mis nalgas y que mis muslos luzcan atractivos para cualquiera, mi suéter azul y por ultimo unas zapatillas con tacón bajo.

Mi mamá se había marchado ya y me había dejado el dinero justo para poder irme a la escuela.

Salí a la calle corriendo y estuve como desesperada intentado parar un taxi, pasaban y pasaban pero todos iban ocupados, estuve a punto de rendirme cuando por fin uno se paró, el conductor bajo su ventana y me dijo:

-¿Vas muy lejos?-.

-Pues si un poco, pero por favor se lo suplico ya voy súper tarde a mi escuela-.

Yo había notado que el taxista me había estado examinando con su mirada, había recorrido con sus ojos todo mi cuerpo y puedo atreverme a decir que hasta había sonreído pero no estaba segura.

-Bueno lindura, pues súbete, nos vamos a ir como locos-.

Abrí inmediatamente la puerta y me senté en el lado del copiloto, el señor no paraba de verme, cada movimiento que hacía en especial con mis piernas no apartaba su mirada de ellas.

-Bueno preciosa, me llamo Paco y hoy tengo el gusto de ser tu taxista-.

-¡Muchas gracias señor Paco! No sabe de verdad como se lo agradezco-.

Le di la dirección de mi escuela y nos pusimos en marcha, durante el camino él alternaba su vista entre el camino y mis muslos, eran miradas lascivas de deseo y excitación puras. No quise darle importancia y no le dije nada, además él era mucho más grande y robusto que yo así que no quería que se enojara y decidí dejar que me siguiera viendo.

-Y bueno dime nena ¿Cómo es que te llamas?-.

Esto era lo que me temía, que me hiciera la conversación pero no quise ser grosera así que le respondí.

-Me llamo Jessica-.

-Qué lindo nombre, tanto como tú mi amor-.

-Haha muchas gracias, que lindo eres-.

-Lo único lindo en este taxi eres tu preciosa, tienes una carita y un cuerpo de en sueño-.

-Basta, vas a hacer que me sonroje y será toda tú culpa-.

-¡Jajajajaja! Me encantaría verte rojita, apenada, te debes ver mucho más hermosa-.

El trayecto resulto sumamente incomodo, el señor no paraba de intentar hacerme conversación y sus miradas se volvían más intensas con cada segundo que pasaba hasta tuvo el descaro de sobarse su pene durante un alto mientras veía mis muslos y pensaba que no me daba cuenta.

Cuando por fin llegamos, el taxímetro marcaba una cantidad sumamente alta y yo no contaba con el dinero suficiente para poder pagarlo.

-Señor Paco, de verdad estoy super apenada pero no me alcanza el dinero para pagarle lo que le debo-.

-Mmmmm eso sí que es grave hermosa, veras, este es mi último pasaje antes de volver a mi departamento y en serio necesito ese dinero-.

-Lo sé y si me espera un poco, entrare a mi escuela para pedir prestado y saldré a pagarle-.

-Ummm lo lamento ricura, pero no puedo arriesgarme ¿Qué tal que ya no sales?-.

-No, de verdad regresare, es más le dejo aquí mi mochila para que me crea-.

-No la verdad no te creo nena, pero podriamos arreglarnos de otra manera ¿Qué te parece?-.

-De… ¿De qué otra manera habla usted?-.

-Bueno, te seré honesto durante el viaje me pusiste súper tiesa la verga ¡Jajaja! ¿Qué tal si me das una chupadita rápida?-.

-¡Esta estúpido! Ni loca hare eso-.

Lo siguiente que sentí fue una fuerte cachetada en mi rostro, me había desorientado y las lágrimas de dolor no se hicieron esperar.

-¡A mí no me vas a insultar estúpida! Tú eres aquí la que sale perdiendo más porque no tienes ni para pagar tu viaje, yo solo te di una opción.

-Pues puede irse muy lejos con sus opciones-.

Después de esas palabras solo sentí tres cachetadas más, el dolor era insoportable y no podía hacer que las lágrimas dejaran de salir, cuando por fin pude enfocar la visión otra vez, el señor Paco me tenía agarrada por el cabello y con mi cabeza pegada al vidrio del carro.

-Pues ahora ya no será una opción, ahora vas a pagarme con tu cuerpo entero y te daré una cojida que jamás olvidaras y si no cooperas ¿Qué crees que te pasara?-.

De la guantera de su auto había sacado una navaja y me empezó a pasear por mi cara.

-Si no cooperas, tu lindo rostro quedara irreconocible ¿Entiendes pendeja?-.

-Si…si está bien ya entendí-.

-Jajajaja perfecto mi amor así me gustas flojita y cooperando, ahora, te informo que ya no entraras hoy a tu escuela, iras conmigo a mi departamento y te daré verga hasta que me canse jajajajaja. Así que pongámonos en marcha para disfrutarte por un buen rato-.

Encendió el carro, le puso el seguro a todas las puertas y empezamos el trayecto a su departamento, no podía parar de llorar ¿En qué me había metido? ¿Cómo había terminado en manos de un taxista pervertido?

El señor Paco irradiaba de felicidad, se le veía en su rostro, tenía una sonrisa de oreja a oreja y no paraba de reirse. Mientras que con una mano iba conduciendo con la otra comenzó a acariciarse su miembro, podía notar claramente como este iba poniéndose duro y levantándose cada vez más y más.

-Creo que no resistiré hasta que lleguemos mamasota, como podrás ver mi verga esta que revienta y necesita ser atendida lo antes posible jejejeje ¿Qué tal si mientras conduzco me vas dando una mamada?

No podía creer como me estaba hablando, había pasado de ser un taxista atento y lindo a un monstruo pervertido y rabo verde. Tenía miedo, estaba paralizada, quería salir de algún modo de ahí pero sabía que no había escapatoria estaba bajo el dominio de este señor.

-Te estas tardando mucho pendeja ¿Acaso necesitas que te corte la cara para que empieces a chupar?-.

Lentamente, sin quererlo realmente, desabroche su pantalón y saque su miembro, era grande, sumamente gordo y con abundantes vellos, ya estaba muy rígido y con las venas salidas. Lo tome con ambas manos porque en una sola no me cabía y poco apoco con todo el asco del mundo empecé a chuparlo, le pasaba mi lengua por su cabeza y me la metía a la boca succionándola.

-¡Uff por dios mami! Pero que boquita tan suave y rica tienes, sigue chupando así perra, me encanta-.

Tome su verga con una mano por el tronco y la acariciaba mientras me metía hasta la mitad en mi boca, toda mi saliva escurría por esa inmensa tranca de carne, poco a poco empecé a tomarle el gusto, me gustaba su sabor, como se sentía su verga dentro de mi boca y empecé a de verdad disfrutar estarme comiendo esa verga tan grande y gorda.

-¡Aaaagh dios mío zorra! Pero que puta eres, no pares te llenare de leche toda tu boca pendeja jajajaja. Por dios mamasota pero que rico chupas, cómemela toda putota.

Sentía que el auto de a poco iba estacionándose pero no me importo y seguí concentrada en mi tarea no paraba de chupar, de saborear, lamer ese tronco de carne tan suculento, quería devorarlo por completo sentirlo todo dentro de mi boca. El señor Paco me alzo de a poco la falda y empezó a manosearme las nalgas, me las apretaba y me daba nalgadas, pasaba sus dedos por en medio de ellas y me acariciaba mi ano.

-Uff Jessica, que buena estas nena, desde que te vi ahí parada fuera de tu casa me imagine dándote verga por todos lados preciosa, me encanta este pinche culote que te cargas, se ve que le entrara toda mi verga sin problemas jejejeje-.

Gluuurp gluuuurp gluuurp eran los sonidos que hacia la verga del señor Paco dentro de mi boca, estaba como loca comiéndomela, no quería parar me encanta tener esa herramienta carnal en mi cavidad bucal, me encantaba su dureza invadiendo entera mi boca. Los manoseos del señor Paco eran constantes y me estaban poniendo súper caliente, mi vagina ya estaba empezando a encharcarse y mi ano empezaba a cosquillear.

-¡Aaaaaagh maldita perra sucia! ¡Me voy putota! Te voy a dar toda tu leche zorra barata y quiero que te tragues hasta la última gota, no desperdicies nada de tu alimento perra-.

Me tomo del cabello y me ensarto su verga entera hasta el fondo de mi garganta, no podía respirar y me estaba ahogando con su pedazo de carne dentro de mí, las lágrimas salieron por mis ojos sin control. Empezó a menear su verga dentro de mi boca como si me la estuviera violando y por cada ves que me la metía yo menos podía respirar.

-¡Me voy putita, ahí te van mis mecos, trágatelos todos pedazo de perra barata! Jajajaja que rica mamada me pegaste puta ahora aquí tienes tu recompensa-.

Sentí como su semen caliente invadía mi boca, chorro tras chorro me inundaron por completo y para poder respirar me los trague todos aunque algunos chorros lograron escapar por la comisura de mis labios. Estaba mareada y cansada, había sido la chupada de verga más larga que había hecho hasta ahora. Me tomo por la cara y me paso su verga por mi rostro limpiándose el semen restante en él.

-Aaaaagh que buena chupada me pegaste nena jejejeje tienes una boca de mamadora profesional-.

-Si…si…bueno me esforcé en hacerlo bien-.

-Jejejeje pues lo lograste perrita, hace mucho que no tiraba tanto semen jejeje y te lo tragaste todo como la puta que eres-.

No sabía en donde estábamos, estaba oscuro y yo estaba totalmente desorientada, solo pude apreciar que había unos cuantos carros más estacionados en ese lugar.

-Bueno putita, pues hemos llegado, estamos en el estacionamiento de donde vivo jejeje recordaras este lugar por siempre, como el lugar en donde te llene de mis mecos espesos tu linda boca de perra ¡Jajajaa! Pero ahorita que subamos a mi casa mi amor, empezara lo bueno en verdad…te gozare de pies a cabeza, cada agujero que tienes será mío en especial el de ese culote tan rico que te cargas pendeja caliente…-.

Con una prostituta fetichista

Increíble experiencia fetichista la que me pasó una vez que estuve por Barcelona por motivos de trabajo. Yo estoy casado y tengo un hijo, y desde hace años siempre he estado con la misma mujer y he sido fiel, pero en este viaje todo se desmadró un poco. Conocí a un chico que estaba también allí de trabajo y nos fuimos a tomar una copa, al principio todo normal, pero según iba pasando la noche el chico no paraba de hablar de sexo y de cosas relacionadas con el fetichismo, así que me empezó a entrar curiosidad y cuando tomé el último cubata ya estaba deseando probar una dominatriz de esas, una mujer que me hiciera alguna de aquellas cosas que tan cachondo me habían puesto.

Cuando salí del bar me puse inmediatamente a buscar prostitutas de lujo en mi móvil, necesitaba saciar mi sed de sexo y tenía que ser con una profesional que me diera mucha caña, tal y como me contaba el amigo durante las copas. Encontre una Scort que ofrecía servicios de masoquismo y la llamé en aquel mismo momento, me dijo que ella no iba a domicilio y que tenía que ir a su dirección, no lo dudé ni un segundo, me dirijo a aquella casa y llamo al timbre, estaba empalmado desde antes de llamarla, pero no sabía porqué justo en aquel momento se me había bajado todo, supongo que el alcohol había dejado de hacer efecto o estaba haciendo más, no se el caso que me puse muy nervioso.
En casa de la prostituta fetichista

Abrió la puerta una bella señora fetichista de unos 45 años, pero con muy buenas curvas, vestida con un corset de cuero negro y semi-desnuda, me invitó a pasar y no me salía ni la voz del cuerpo, que culo tenía tan increible y cómo podía estar tan nervioso con aquella situación. Me dijo que sus tasas eran 400 euros en efectivo y no había descuentos ni rebajas ni nada, que si no estaba de acuerdo que me largara ahora mismo, su voz era como muy imperativa, me ponía cachondo cada vez que me decía algo, estaba deseando que me diera caña y podría haber pagado hasta mil euros sin pensármelo siquiera.

Me llevó a una habitación totalmente llena de artilugio, me ordenó que me desnudara y me pusiera una especie de collar con una cadena y yo accedí sin ningún miedo, la tenía cada vez más dura, y estaba tan cachondo y deseoso que si me rozaba me correría en aquel momento…

La dominatriz empezó a tirar de la cadena que guiaba mi collar y me obligó a ponerme de rodillas, no sabía porqué pero quería hacer todo lo que ella me ordenara, me ponía cachondo y no podía dejar el juego. A continuación se sentó en una silla y abrió sus piernas, se desabrochó la ropa que cubría su coño y tiró de la cadena hacia ella, acercando fuertemente mi cabeza a su velludo coño, con sus manos agarró mi cabeza y apretó mi nariz contra su vagina durante un rato, no podía sostenerme, estaba a punto de correrme y todavía sólo había empezado aquella sesión casera de BDSM que me estaba haciendo olvidar a mi mujer y a mi hijo…me estaba volviendo un fetichista y no había vuelta atrás.

A continuación me alejó de ella con su bota, reconozco que me dolió un poco pero quería seguir… me puso tumbado en el suelo y se sentó sobre mi espalda, comenzó a refregar su coño por todo mi cuerpo agarrándome del pelo como si fuera su caballo, luego empezó a azotar mi culo con una especie de porra policial con pinchos, dolía pero me gustaba todo aquello, cada vez más… me dió la vuelta y mientras rozaba su cálido coño sobre mi verga bien dura me dijo si quería seguir sufriendo o prefería la penetración ya, que aquello había que bajarlo y que yo, inesperadamente también la había puesto muy cachonda, no pude resistir, le dije que me apetecía penetrarla de una vez, me enfundó la polla con un condón y comenzó a follarme ella a mí, subía y bajaba sobre mí a gran velocidad, como nunca antes me habían hecho, creo que no tardé ni cinco minutos en correrme, y la verdad me quedé con muchas ganas de haber seguido aquel juego tan duro hasta el final, pero no me pude aguantar.

Algún día volveré a Barcelona y terminaré la experiencia fetichista estoy seguro…

El morbo de follar con mi madre

Todo comenzó aquel día que después de cinco años de no ver a mi madre. Yo me había ido de mi país, en busca de un futuro mejor. Por suerte mis proyectos se cumplieron mejor de lo había pensando. Casi los cinco años en el extranjero, fue suficiente para conseguir un muy buen trabajo y una excelente vida, con bastantes lujos.

Siempre que hablábamos por teléfono con mi madre ella lloraba, diciéndome lo mucho que me extrañaba, y lo que me necesitaba, a mí eso me partía el alma. En este tiempo mi madre se había separado de mi padre, cosa que no me extrañó mucho, porque hacia mucho tiempo que las cosas no andaban bien con ellos. Sabiendo que mi madre no estaba muy bien, no dudé en invitarla. Sin pensarlo, al ofrecerle mi invitación ella dijo que sí. Pero no quería viajar sola, así que lo hizo con una de mis tías. Ella, mi madre, tiene 42 años, mi tía tenía en 35 años, eran y son, unas mujeres muy hermosas. Mi madre siempre fue muy linda. Aunque nunca la había mirado como una mujer sexy. Sabía que lo era, por la forma de ser ella, atrevida y provocativa. Mis amigos siempre me lo decían, cosa que siempre me molestaba. Pero muy dentro de mí sabía lo atractiva y apasionada que ella era. Llego el día. Las fui esperar a aeropuerto. Fue reencuentro muy emotivo. Las dos estaban hermosas, muy sexy, mi tía con pantalón de cuero, ajustado, marcando todas sus curvas, y una remera muy ajustada, delineando muy bien sus pechos, lo cual no paso nada desapercibida entre toda la muchedumbre. Mi madre, siempre fue más clásica, pero aun así, mucho más sexy. Una pollera muy corta, hasta las rodillas, unos tacos muy altos, una camisa, transparente, que dejaba ver sus hermosos pechos, debajo de su corpiño de encaje.

Después de un mes de estar en casa, la estábamos pasando muy bien. Yo me sentía muy a gusto con ellas y al parecer ellas también. Cada uno tenía su habitación. Yo siempre llegaba tarde de mi trabajo y ellas me esperaban, junto a mi novia, para cenar.

Tendría que hacer un capitulo aparte, sólo para hablar de ella. Mujer físicamente perfecta. Es y será hermosa, medidas espléndidas. Y lo que más me gustó de ella es su devoción al sexo.

Esa noche, salimos con mi novia, los dos solos. Una noche normal de una pareja. Y al regreso, sexo y más sexo en mi habitación. Ese día los dos estábamos muy excitados, lo pasamos realmente bien. Ella gemía como nunca, que seguramente esos gemidos los había escuchado mi madre o mi tía. Estábamos los dos agotados, mi novia se durmió profundamente. Y fui a buscar desnudo algo de tomar.

Voy hasta la cocina y al regreso, siento unos ruidos. Me paralizo. Y no sabía qué era. O por lo menos no quería imaginar que era. Efectivamente eran susurros de excitación, provenían de la habitación de mi madre. No lo podía creer. Era mi madre, masturbándose me pregunté. Seguía sin querer creerlo. Sigilosamente abrí la puerta de la habitación y vi, a través del espejo, a mi madre masturbándose delicadamente. Mi erección fue instantánea. Se masturbaba entre las sabanas, mi morbo quería ver más. Casi como escuchándome se destapa del todo y veo su mano entre sus piernas, recorriendo dulcemente cada rincón de su vagina, penetrándose tiernamente. Con la otra mano entre su camisón de seda, se acariciaba sus pechos, se los pellizcaba, era grandioso. Era mi madre masturbándose. Mordió el camisón, para no gritar, porque obviamente estaba por llegar a un majestuoso orgasmo. Sentía el perfume de mujer ardiente en la habitación, me estaba volviendo loco. Y vi cómo llegaba a un orgasmo, sus gemidos entre cortados, su repicaron agitada… y con un final que me dejó total paralizado. Entre su cuerpo deseoso y el silencio de la noche, dijo… mi nombre. Paralizado por aquella situación, encendió en mi conciencia los pensamientos más morbosos, quería buscar junto a ella la suma nuestro placer, estaba listo para hacer amado por mi madre.

Lentamente me fui a mi habitación. Mi novia me preguntó qué me pasaba, al verme tan excitado. Me miró, sonrió y me dijo: Mi amor, cómo estas hoy. Hice el amor con mi novia, como nunca, pero pensando únicamente en mi madre.

Pasé toda la noche recordando lo ocurrido. Aunque, traté de olvidar todo pero me fue imposible. Al otro día como todas las mañanas anteriores mi madre se levantó a prepararme el desayuno antes de irme a trabajar. Mi novia seguía durmiendo, había tenido una noche muy apasionada.

Al verla a mi madre, aquella vez, no fue como todas las mañanas. Tenía puesto un vestido largo, con un gran escote en sus pechos. Estaba preciosa. Observé sus pechos, no estaba utilizando nada más que un vestido, y seguramente y diminuta tanga. Sus pezones se marcaban en el vestido. Ella se dio cuenta que algo me pasaba. Y me lo preguntó.

– Qué te pasa mi amor. – Nada, tan sólo te aprecio. Te dije alguna vez que sos hermosa. Le contesté. – Sí muchas veces, me contestó y me volvió a preguntar : ¿Qué te pasa? – La miré a los ojos y obviamente no le pude decir que quería gozar con ella. Después de unos segundos de silencio. Mientras hacía que miraba el diario. Ella se acercó y me dice:

– Amor, no quiero entrometerme en tu vida, pero anoche, veo que la pasaron muy bien con tu novia.

No dije nada tan sólo la miraba.

– No es por mí, mi amor, pero recordá que está también tu tía. – ¿Se escuchó? Pregunté. – Sí y cómo Me contestó. – Sonrío, y le pido perdon, diciéndole que no fue nuestra intención. Ella me acarició muy tiernamente mi cara, diciendo:

– Me encantó escucharlos hacer el amor. – Mi sonrisa se borró de mi cara. Y ella se paró y se fue a su habitación. No podía creer lo que estaba pasando. Me dirigí hacia la habitación donde estaba ella, golpeo y pregunto si podía entrar. A lo que contestó que sí. Entré, y sentí otra vez, ese aroma a mujer excitada, de la noche anterior.

– Me estaba por cambiar me comenta – Por qué dijiste que te gustó, pregunté. – ¿Qué cosa ? me responde.

La miré seriamente.

– Mi amor, no pensé que te había molestado, tan sólo dije que me gusta sentir como los demás disfrutan del buen sexo, y especialmente mi hijo. – Para eso momento yo llenos de deseos hacia ella. Le pregunté:

– Cómo podés decir eso mamá, soy tu hijo. – Se sentó a mi lado. Y no pude evitar mirarle el escote. Ella me dice:

– Soy tu madre, y tú me miras los pechos, ¿qué diferencia hay?.

Cerré los ojos, me tomé la cara con mis manos. Diciendo:

– ¿Qué pasa mamá. ?

Ella me sorprende con otra pregunta:

– ¿Te parezco atractiva?.

Sin pensarlo le digo que es hermosa, siempre me pareció hermosa. Y me sorprende otra vez. – Anoche te vi amor, cómo hacían el amor con tu novia, y me encantó.

Mientras tanto me seguía acariciando pero ahora la pierna. Y le contesto:

– Anoche te vi cómo te masturbabas.

Se detuvo. ¡¡¡Me viste!!! Sorprendida aclamó. Y después de unos segundos me preguntó:

– ¿Qué te pareció? – No lo podía creer mama, estaba muy excitado, me encantó.

Ella sin pensarlo dirigió su mano a mi bulto. El cual era bastante visible . Al tocarme ella, mi madre, me recorrió tu terrible escalofrío. Pero yo no dudé, en dirigir mi manos a sus pechos. Ella me masturbaba sobre el pantalón. Yo acariciaba sus pechos, sobre su vestido. Lentamente corrí los breteles de sus vestido. Y vi sus hermosos pechos, sus pezones erectos… era todo un sueño. Sin pensarlo dirigí mi boca a ellos. Antes de rozarlos con mi boca, ella ya estaba gimiendo. Al tocarlos con mis labios, me abrazó, y se dejó caer sobre la cama. Ahí comenzaría todo. Me acomodé sobre ella. No dejaba de besar sus pechos, morderlos, pellizcarlos… ella ya había buscado mi pene por debajo de mi pantalón. Sus palabras eran: no pares mi amor, seguí, soy toda tuya… como tu novia. Me volvía loco. Me paré. Y me desnudé quedando a la vista con mi pene erecto. De un solo empujón le saqué el vestido. Y sentí una oleada de perfume de mujer excitada. Fui directamente a su boca. Nos besamos como nunca lo había hecho con alguien. Mientras frotaba mi pene, sobre su vagina húmeda, ella movía sus caderas. La miré a los ojos, y dirigí mis manos a su centro de placer. Lentamente le saqué su tanguita. Y llegué a sentir su calor con mis dedos, la penetré con mi dedo.

– ¿Así lo hacías anoche? O mejor- – Ella no dejaba de gemir. La masturbé por unos minutos. Hasta que le saqué mis dedos y los coloqué en su boca. Me los limpió con una buena perra. Y lentamente fui con mi boca, a su centro de pasión. El aroma era penetrante. Pero sin pensarlo, comencé a lamer su vagina. Mi lengua la estaba violando. Y no dejaba de gemir, hasta que llegó a un orgasmo, sentí todos sus jugos en mi boca. Casi rogándome me dice que la penetre. Sin pensarlo, me pongo sobre ella, y tomo mi pene, y le rozo intencionalmente sobre su vagina, hasta que ella misma me lo agarra, y se lo mete brutalmente. Sentí que estaba en las nubes. Ese calor era increíble. Comenzó un movimiento majestuoso, era una princesa mi madre en la cama. Yo la acompañaba. Me rodeó con sus piernas, y brazos. Yo seguía con mis movimientos, hechizado por la pasión de mi madre, abraza muy fuerte y llego a un hermoso orgasmo, el cual me provoca que acelere mis movimientos de penetración, ya son con locura… se siente el golpe de nuestra piel, y nuestros jugos. Me abraza otra vez con mucha fuerza, y yo siento que estoy a punto de estallar… y con fuertes movimientos derramo todo mi néctar dentro de ella, gozo… Dios mío… ¡Qué hermoso!. Caigo rendido sobre su cuerpo desnudo, me suelta y se relaja. Me mira a los ojos. Y me dice: – Sos hermoso mi amor. Antes que yo diga algo, me tapa la boca con sus dedos tiernamente. Me pide que no salga, que me quede, que me quiere sentir. Yo podía creer lo que había pasado. Pero realmente fue estupendo. Nos habíamos olvidado de todo, y de todos, en esos minutos. Hasta que yo comienzo levantarme y me siento al costado de la cama. Y ella se tapa con la sabana. Nos dijimos nada, tan sólo nos soreímos con complicidad, y mis únicas palabras fueron,- No me arrepiento, sos hermosa. Y me dirijo buscar un beso que nos lleve al infinito. Pero en ese momento sentimos un ruido. Obviamente nos habían visto. Era mi tía, o mi novia, o las dos.

Trío con el vecino y el burro

Siempre he sabido, y no me preguntéis por qué que el sentido del olfato, iba a ser importante para mí, desde pequeña, me encantaba olerlo todo, y me producía sensaciones, que a medida, que fui creciendo, y llegué a la adolescencia,me fueron sedujendo, e incluso, algunos, notaba que me excitaban.

Siendo una adolescente, viví en contacto con animales, y teníamos un burro el cual era muy cariñoso, al que yo adoraba desde niña, yo lo cepillaba, lo limpiaba, y un dia, que lo estaba cepillando, y quitandole, los hiervajos de las partes bajas, empezó a aflorar un bulto de entre sus piernas, yo al prin- cipio, no le di importancia, pero al yo tocarlo, cada, vez aquello crecia mas hasta que empecé a mirar con interés, y a tocarlo…. entonces sí salió vaya si salió, era enorme, sonrosado-rojizo, y yo después de mirar a mi alrededor y cercionarme de que no había nadie, empecé a chuparlo, a masajearlo, y a reflotarlo, por mis enormes e incipientes pechos, y el animal, olía, ohhhh como olía, era a excitación, me gustó, su olor mezclado, con el del establo las algarrobas que allí había, para darle de comer, y….se me ocurrió, co- ger una y empezar a reflotarmela, por mi coñito, y que gusto… luego me la intenté introducir y entró,. … y luego ya os podeis imaginar, me empecé a refrotarme con el pene del burro y….era enorme, un olor….unas sensa ciones, de espasmo, recorrian todo mi cuerpo.

Luego metí un poco la punta en mi sexo.,… y bueno no sé ni cómo describirlo, era para alucinar las sensaciones que sentí, mis pezones eran como dos piedras y….ese olor que me volvía loca, en eso estaba cuando de repente me noté observada, era un vecino mio que debía, llevar rato allí, a juzgar por su expresión, se esta- ba masturbando a mi salud, yo al principio me corté, vaya que me dio ver- guenza, pero luego, al ver que me sonreía, con un guiño, lo invité a parti- cipar desde luego, él no se hizo, de rogar y vino enseguida, despues de cer- cionarse, de que no había nadie a nuestro alrededor.

Se me acercó y empezo, a acariciarme, mis pechos, para, darme seguidamente un beso….ohhhh, que beso, he de decir que era el primero que me daban y.. ya se sabe el primero, pero además, olía, recuerdo que llevaba una colonia que olía especialmente bien, fuerte, varonil, y eso, aún me excitó mas.

yo le cogí la mano y le fui dando, besos, empezando por el meñique, el cual chupé, como había visto en una revista (de mi padre)sin que él lo supiera por supuesto, y deslizándome, hasta el brazo, cuello, y subí, hasta su cara la cual besé minuciosamente, y empecé a jugar con sus labios, por sus espre siones supe que lo que le hacía le estaba gustando, así que seguí, y sabeis me sentí mujer por primera vez,gozaba, porque él no paraba de sobarme por todos, lo sitios a que sus manos alcanzaban, y veía que yo también lo hacia bien, asi que dándole un beso, de tornillo en la boca, cogi su mano y me la llevé hasta mi sexo, con su beso, noté su excitación, y mientras el me toca ba mi coñito,yo me atreví a tocarle su pene, que era grande y gordo, a nues- tro lado, el burro, nos miraba con ternura, o eso me pareció a mí, pero yo en esos, momentos estaba muy ocupada, y….tenia entre mis manos, un pene enorme, que yo estaba deseando manosear, así que estuve tocandolo, acariciandolo, a lo cual, el introdujo, sus dedos, en mi coñito y yo empecé a ver las estrellas, en tres dimensiones, era tal su experiencia y delicadeza, en estos menesteres que no tardé en sentir un espasmo-frio-calor que me sacudió toda y me dejó feliz.

Yo intenté seguir con lo que hacia, y bajé y empecé a introducirme su enorme pene, en la boca, era suave y delicado, y…estaba muy caliente, entonces, el preso de la excitacion,. que le embargaba, me cogió, y con sus manos sujetó, mi cabeza con tal fuerza que yo solo podías succionar su enorme pene, casi me ahogo, y me dijo:

– necesito follarte, me dejas?. – – – si,si lo estoy deseando. – – Así que me echó encima del eno, y muy al lado, del burro, que seguía observandonos, con el rabo tieso, lo cual yo al mirarle aún, me excitó mas, me plantó un beso, y terminó de desnudarse, a lo cual, yo mientra hacía lo mismo, el se levantó y cerró, la puerta del establo, para no ser descubiertos,al girarse, yo estaba completamente desnuda, el se acer- có, me acarició, diciendome lo preciosa que era, me beso, y me tumbó con una delicadeza, que nunca olvidé, empezó a magrearme, mis tetas, mientras me besaba apasionadamente, y olía…. a Hombre, ohhhhh…..mmmmmmm que olor me era imposible parar mis apetencias, y le dije por favor, quiero ser tuya, me abrazó, y empezó a introducirme, su aun más enorme pene, por la escitación y yo empecé a ver el cielo en colores, y cuando la hubo metido toda, empezó a bombearmela, que yo iba cayendo, rendida, una y otra vez,.luego aprendí que eso se llamaban orgasmos, al ser mayor que yo sabía amar de maravilla, y con una potencia…mmmmmm, yo gritaba mas, mas, mas, a lo cual el cada vez profundizaba mas y mas, y yo gozaba y me retorcia de placer.

Luego,entonces, el no pudo, mas y sacándola, se corrió encima de mí, lo cual me hizo ilusión ver ese líquido blanco y viscoso, llamado semen.

Despues de descansar un rato volvimos a follar, yo al sentirme más esperimentada, le propuse, hacerlo los tres, ya que nuestro amigo,se quejaba, y él me propuso, empezar, a chuparsela, al burro, yo accedí, sin saber si me iba a gustar, pero si me gusto, y mientras él, me tenia totalmente doblada, para poder agacharme y chuparsela, entonces el empezó a besarme mis nalgas, a besarme y luego chuparme el culo, y …hasta que noté una presión que me dolías en el culo, era mi amante, que me estaba enculando, era impresionan- te darse la vuelta y ver su cara de placer y lujuría,.al ver semenjante espec taculo, enculandome y yo chupandosela, al burro, entonces el empezó a forzar el ritmo, y el burro, con sus embestidas anales, se lo debí de transmitir mediante mi boca, que se yo, el caso es que empezó, a caer esperma, de semejante pene, os lo podeia imaginar, que tuve que retirarme, porque creí que me ahogaba, al ver eso, mi amante, se me corrió, en el culo.

Estuve por unos momentos rodeada, de esperma, de hombre y de burro, nos besamos y luego el se fue, a lo cual yo despues de lavarme bien, me sentí MUJER por primera vez, una esperiencia, fascinante, para ser la primera vez.

Mi prima recién divorciada me entrega su culo

Contaba en esa época con 22 años mi prima tenía por ese entonces unos 32, era casada y tenía tres hijos, recién estaba separada ya que su marido la había engañado y ella no se lo perdonó y lo echó de la casa, como al mes de esto ella llegó a mi casa y entre todo lo que conversamos me confió que sentía muy sola, yo le dije que tratara de volver con su marido, lo cual descartó por completo, como teníamos bastante confianza nos contábamos bastantes cosas me preguntaba por mis conquistas pero yo no daba mayor detalle, en eso estábamos cuando de pronto noté que cruzaba demasiado las piernas, pensé que estaba nerviosa, en uno de esos cruces se me ocurre mirar no sé por qué encontrándome con un fondito blanco apenas visible, sin lugar a dudas eran sus pantaletas, me incomodé y giré la vista rápidamente pero mi prima esbozó una sonrisa casi imperceptible, me sentí muy mal, seguimos conversando y de repente se lleva el vaso de cerveza a los labios muy lentamente, al tiempo que descruza las piernas dejándolas separadas, instintivamente mis ojos se posaron en la separación que dejaron sus piernas y mi sorpresa fue tal, al ver que su calzón estaba metido dentro de sus labios vaginales y no se veía sino una mata negra mezclada con parte de su calzón blanco, mi excitación fue tan grande como mi incomodidad, me sentí mal por excitarme con mi prima y me molesté por haber mirado me levanté rápido al baño y me olvidé por completo que andaba con un traje de baño así que ya se imaginaran que al ponerme de pie, parecía una carpa de campaña, me sonrojé y partí raudo al baño, me sentí humillado, al volver, muuuuy al rato, mi prima se reía en forma sarcástica pero casi imperceptible, y miraba hacia mi pedazo de carne de reojo, bueno dije esto es insólito y me olvidé, al despedirse me dio un beso como si nada hubiese pasado y se fue.

Como siempre me invitaban a almorzar un día fui a casa de mi primita Vero, y conversamos de todos los temas yo me había olvidado de lo que había pasado hace poco pero cuando conversábamos y yo me percaté de su escote y cómo se veía ese delicioso par de senos me vino a la mente lo de la cruzada de piernas y mi erección no se hizo esperar, mi mente ya no veía a esta mujer como mi prima si no como una mujer y qué mujer mientras ella me hablaba de lo mal que se sentía sola y cuanta falta le hacía la compañía de su marido, yo no hacía más que mirar y soñar de reojo con ese par de tetitas, me imaginaba un par de pezones grandes y morenos, mi prima es color canela pelo corto una cintura envidiable para cualquier quinceañera y por supuesto un buen culito, que estaba sostenido por dos buenas piernas, con algo de piel naranja pero casi nada.

En este éxtasis estaba cuando ella me dice fuerte ¡¡¡ primo!!! , me incorpore y le pedí disculpas, en qué piensas primito, me dijo. Ahí se me ocurrió mi venganza dulce por lo del otro día.

– La verdad es que pensaba en una amiga con la cual salgo. – Qué pasa con ella. – Tenemos un problema íntimo que no me atrevo a contarte. – Dale primo si tenemos confianza no me decepciones – Bueno te contaré pero es íntimo así que no te sonrojes eh (por lo que me contaba yo sabía que ella estaba muy caliente y ya no sabía qué hacer). Mira tenemos relaciones con mi pareja pero a ella no le gusta que le dé por detrás y yo quiero probar, el otro día estábamos haciendo el 69 y comencé a meterle el dedo al ano ella como estaba súper mojada ni se dio cuenta cuando le pasaba la lengua pero cuando metí el dedo se enojó y bueno la verdad no sé si estaré mal yo o ella – Ay primito esto sí que es fuerte pensé que era algo más doméstico, uff no sé qué decir espera… – – (antes de que siguiera la corte para contarle más, estaba transpirando), Sin más le dije, el otro día, mientras ella estaba sentada arriba mío, tú sabes que así la penetración es mejor y Uds. se mueven a su antojo, bueno mientras ella subía y bajaba yo le metí el dedo anular despacio y no me dijo nada, cuando ella llegó al orgasmo yo la di vuelta le puse las piernas a la altura del hombro y la penetré estábamos en eso cuando se me ocurrió metérselo por detrás, como yo mientras se lo metía estaba mirando cómo entraba y salía y vi su ano me calenté y lo saqué y se lo puse en la entrada quise presionar y ella se molestó, desde ahí no la he buscado, crees que es mi culpa, tal vez como eres mujer puedas ayudarme. – A todo esto ella estaba sudando mientras yo le contaba al tiempo que prendía un cigarro y movía las manos y piernas de un lado para otro, yo sabía que ya no daba más de lo caliente que estaba.

– Mira primito yo e… Este la ver… la verdad estoy un poco impresionada y sólo te puedo decir que yo nunca lo he hecho por ahí pero creo que en el amor no deberían haber secretos, y tal vez si conversas bien con ella, particularmente a mí me han dado ganas de hacerlo por ahí pero de vergüenza nunca le dije al Pepe, qué hubiera pensado de mí. Así que tal vez conversando se arreglan las cosas.

– Voy a intentarlo Vero te cuento qué pasa luego, y tu dime qué vas a hacer. – – Primo yo te quería decir si…- en eso llegaron sus hijas del colegio y se acabó la conversación así que pasado un tiempo me fui.

Como a la semana la llamé y le dije prima te contaré algo.

– Dime primo qué pasó y cuándo vienes tengo ganas de hablar contigo hoy las niñas no vienen sino hasta la noche. – – Esta semana imposible, pero escucha, hablé con Tana (mi pareja) y le dije que eso era algo normal en una pareja y bueno todo lo que se me ocurrió comenzamos a hacerlo y como el otro día cuando la tenía con las piernas al hombro le puse el glande en la entrada del ano que previamente había lubricado y agrandado un poco y se lo metí muy despacio hasta el tallo mismo y comencé un mete y saca salvaje primita no sabes cómo gozamos y todo te lo debo a ti tengo que agradecértelo, ya te contaré con detalles hoy es casi imposible que vaya para allá porque me juntare con ella le quedo gustando parece pero si puedo alcanzo un beso y cuídate.

– Primo espera yo que…

– Te llamo luego tengo que colgar bye primita.

– Click y colgué, ya estaba lista para la foto así que compré una botella de champagne y me encaminé a casa de mi prima.

Cuando toqué demoró en abrirme, cuando lo hizo vi que se había retocado un poco, sus ojos se iluminaron y se alegró mucho de verme.

– No pensé que vendrías primo qué pasó con tu enamorada. – – Acompañó al papá a una reunión y yo no quise ir así que aproveché y dije le compraré algo a mi dulce prima por el consejo que me dio y que tanto me sirvió (acto seguido le di un gran beso en los labios agarrando cada mejilla con mis manos como de cariño, pero con toda la lujuria y pasión que pude). – – Primo … pero.. qué … qué haces me avergüenzas guau uffff de nada primo. – – Es que estoy contento hace tiempo quería hacerlo por ahí y lo conseguí es tan apretado y caliente y sólo lo conseguí por ti gracias a todos tus consejos. – – De nada primito pero mejor no me cuentes más por favor. – – Por qué, le dije, pensé que teníamos confianza

– Sí pero… no sé es que no sé mejor tomamos un café te prepare algo. – – Para qué si tenemos un rico champagne es mi regalo abrámoslo – al tiempo que lo habría lo movía un poco cuando salió la empapé a ella y a mí. – – Ay primo mi falda y blusa me las mojaste, esta rica mmmm

– Tranquila prima se secan no hay problema, esta rica de verdad eh, la compré para ti.

– Me siento halagada, gracias

– Todavía no le dije al tiempo que le daba de mi copa en sus labios… prima la otra vez me asaltó una duda cuando conversamos en mi casa ( la tomé de las manos y la senté en el sofá). – – Cuál duda loquito. – – Cuando te vi no recuerdo si eran negros o castaños, en el mismo momento le tomé las rodillas y se las levanto poniendo sus pies a la altura del sofá y comienzo a abrirle las piernas descaradamente

– Negro o casta… pero qué…esta…primo… – Mi dedo índice ya estaba metido hasta el fondo en su vagina y mi lengua también lamía y succionaba sus labios vaginales con salvaje pasión.

– Primo noooo…por fa… ayyyyyyyyyyyyy

No había mas conversación, sus manos agarraban con fuerza mi cabeza y la empujaban hacia adentro como queriendo meterla dentro también, mi dedo ya no daba más así que lo cambié por el anular mientras seguía bebiendo sus jugos que salían de su interior estaba empapada le saqué el calzón y seguí sopeándola hasta que me quité los pantalones, me incorporé y le saqué la blusa, mientras me apoderaba de sus senos y pezones y los chupaba como niño, la penetré con toda mi energía todo el pene se clavó derecho y sin problemas en su más que lubricada entrada, mientras bombeaba una y otra vez más chupaba sus tetas ella estaba extasiada sólo gemía una y otra vez sentía cómo la leche caía por mi tallo erecto y empapaba mi pendejos, la levanté del sofá con sus piernas rodeaba mi cintura y mi carne dentro de ella la tomé y me senté en el sofá quedando ella lista para cabalgar comenzó y subía y bajaba, mi glande estaba por estallar estaba rojo fuego, sus ojos estaban blancos, sus gemidos eran aullidos cuando comencé a sentir la leche hirviendo, me paré desenvainé el sable y la puse arriba del sofá con las manos apoyadas en el respaldo, tomé su cintura y le acomodé el culo para que quedara paradito y listo para ser sodomizado, con mi carne al rojo y mojada hasta el nacimiento se lo pasé por el ano le pasé la lengua y metí un dedo y luego otro ella sólo se movía con la cabeza apoyada en el respaldo sólo esperaba nerviosa el momento de la incrustación, saqué mis dedos y tomé el pene y lo dirigí hacia la entrada negra y oscura metí la cabeza y ella se arqueó miró para atrás como pidiendo piedad, eso bastó para llenar mi lujuria, de un sopetón se lo incrusté hasta el fondo un gemido y un ayyyyyyyy prolongado sellaron la desfloración anal de mi prima Vero, lo metí y lo saqué con fuerza una y otra vez, bombeé hasta que mi leche no aguantó más pero yo quería derramarla en su concha adentro así que antes que eyaculara la penetré por la vagina la leche salió de inmediato bañando su interior se la entregué toda, cuando derramé todo mi líquido dentro de ella la volteé y comenzamos a besarnos como enamorados, fue un polvo magnifico.

– Te gustó prima

– Lo anhelaba tanto por qué no te decidiste antes.

– Quería que estuvieras bien caliente, además como somos primos tenía mis dudas. – – Yo también pero con lo que me contaste quedé calentísima.

– Por eso lo hice, dime te gustó por el ano. – – La verdad me encantó pero fuiste un poco bruto, me sentía llena un poco incómoda al principio pero me gustó bastante. – Tu mirada me cautivó para metéterlo de una vez por completo, a ver déjame hacerle cariño – comenzamos a besarnos tiernamente y así fue como le di a mi prima por lado y lado, dejándola saciada por un rato, cuando le besé las manos sentí un sabor especial.

Primita qué hacías antes que llegara yo – al tiempo que le chupaba el dedo anular.

Bueno me dejaste tan caliente que me estaba masturbando pensando en ti ya no aguantaba más, la otra tarde cuando te fuiste también me masturbé pensando en que me hacías una sopita.

Ven amor que te voy a dar de nuevo por el chiquitín – la tomé de nuevo de la cintura y la senté arriba mío le dije tú misma póntelo lo agarró con la mano y se lo clavó en el ano presioné y entró poco a poco se sentó por completo y mi pene desapareció dentro de su orificio sus ojos ya estaban blancos, se movía como desesperada su culito estaba subiendo y bajando mi pedazo de carne sólo era un sable ardiente que llenaba aquel hoyo negro, cuando el orgasmo le llegó se dobló de placer me besó en los labios y me agradeció la saqué de encima y la acosté me acomodé y se lo metí por la concha sus labios vaginales se abrían ante semejante extraño, se tragó todo el nabo, comencé a metérselo ,con las manos tomaba sus pantorrillas y quedaba totalmente expuesta ante mí se lo metía una y otra vez cuando sentí que ella se venía se la hundí hasta el fondo y se lo movía sin sacarlo de un lado a otro, incrustado y sólo lo movía en forma circular, cuando llegó yo estaba listo se lo saqué me paré en el sofá tomé su rostro tierno en mis manos metí mis dedos en su boca se la abrí y le metí la pichula por completo sin preguntar, bastó sólo un par de chupadas y le entregué todo mi semen a sus entrañas no lo saqué hasta que sentí que se atragantaba con tanta leche, fue una tarde llena de sorpresas y orgasmos la pasamos salvaje.

Adolescente se vuelve loca con su propia hermana

Mi nombre es Eva, esta historia ocurrió hace algunos años, y es mi propia historia. Desde que he sido muy joven me he dado cuenta que no soy normal. Siempre me he sentido atraída hacia las maneras de ser, de actuar de los chicos y me identificado con ellos más que con mis compañeras. Cuando fui siendo mayor, me di cuenta que los chicos no me llamaban en absoluto la atención, y no puedo negar que, sobre todo al principio, me pusiera a salir con alguno, pero era más bien por intentar ser como mis amigas y para cubrir el expediente.

En cambio, qué decir de las chicas. Siempre me han gustado. Me metía en el servicio con ellas para verlas mejor, todo su cuerpo, me empapaba de sus desnudos en los vestuarios. Siempre me controlé. No quería que nadie supiera de mis inclinaciones. Así llegué hasta los diecisiete años.

Tengo que decir que la culpa de todo lo que pasó en esta historia es de mi hermana Paloma. Vivíamos en Sevilla junto a mis padres. Cuando yo tenía dieciocho años, ella tenía veinticinco. Os llamará la atención esta diferencia de edad. Se debe a que fui lo que se llama “un despiste”. De todas formas, no somos mas que nosotras dos. Ella era muy distinta a mí. No digo físicamente, pero sí en carácter.

Paloma y yo somos de pelo negro y ojos marrones. Yo soy más alta que ella ahora, pero entonces éramos casi iguales. Eso sí. Yo con diecisiete años era un palo de delgada, y ella a sus veinticinco años, no voy a decir que estuviera gorda, ya que gorda no ha estado nunca, sino que tenía las carnes muy bien puestas. Yo solía vestir con ropa de deporte, pues me ha gustado mucho tener fuerza y estar ágil y he hecho siempre deporte. Ella era en cambio muy coqueta, aunque siempre con elegancia.

Yo siempre he usado una melena que no me cubra el cuello, mientras ella luce siempre una cabellera que ha veces lleva suelta y otras veces con coleta, falda por encima de la rodilla, camisas que desabrocha, zapatos de medio tacón.

La coquetería de Paloma no está tanto en su forma de vestir como en su carácter. Le gusta que la mimen, ser el centro de atención, sentirse admirada. Siempre ha tenido un montón de pretendientes, y siempre ha jugado con ellos, como pretendía jugar conmigo. Yo en cambio soy seria de carácter, y aunque soy la menor, tengo que decir que por el carácter de mi hermana he sentido a menudo que me faltaban los mimos de mi familia.

Como quiera que fuera, como tengo un carácter tímido, no me atreví, en un principio a buscar mi media naranja dentro de mi mismo hemisferio. Mi hermana era muy femenina. Se paseaba frecuentemente en braguitas delante mía. Sólo en braguitas, o en un camisón que siempre se me antojaba trasparente. El cuerpo de mi hermana era totalmente distinto a los que había visto en los vestuarios. Era una mujer hecha y derecha.

Empecé a masturbarme pensando en los senos que se le veían a través del camisón, o cuando al salir de la cama, se ponía una camiseta. En las nalgas contenidas por las siempre inmaculadas y blancas bragas, que temblaban al pasear mi hermana por el pasillo, en los muslos que le asomaban cuando se sentaba a mi lado en el sofá.

El verano de 1995 tuve que quedarme en Sevilla preparando la selectividad, pues me habían cargado en junio. Le hice la puñeta en parte a mi familia, pues mientras yo me quedaba en Sevilla estudiando, con mi padre que tenía que trabajar, mi madre y Paloma se fueron a un apartamento que tenemos en la playa, en Matalascañas, Huelva. Mi padre y yo íbamos a visitarlas los fines de semana.

Me cundían los días estudiando y también le hacía de comer a papá, y le planchaba y lavaba. Por las tardes me iba a hacer footing, y después de correr, cuando estaba en la ducha, me masturbaba, pensando en mi hermana. Me divertía pensar que le provocaba a Paloma el mismo placer que yo me provocaba a mí misma con el dedo.

Cuando mi padre y yo íbamos a la playa, yo era una esponja que absorbía todo lo significaba sexualidad en Paloma. Sus top-less. Sus paseos con una toalla alrededor del cuerpo, las noches con nuestros amigos comunes. Cada gesto, cada movimiento me excitaba.

Un fin de semana coincidimos mi hermana y yo, que iba con mis amigas, en la misma discoteca. Era una discoteca cercana a la playa. Yo la vi a ella y me disponía a saludarla cuando me di cuenta que se le acercaba un chico con el que parecía mantener una relación “especial”. Yo lo conocía. Era Mariano, un amigo suyo de hacía tiempo. Era claro que estaban saliendo.

Mi hermana estaba dando un espectáculo delante de mis amigas. Se besaban a brazo partido y dejaba que Mariano la toqueteara por todas partes. Yo estaba roja de vergüenza… y de celos.

– La muy guarra. Se lo voy a decir a mi madre nada más llegar.- No paraba de repetirme y de decirles a mis amigas. Mis amigas la disculpaban. Pero se que esa noche no pararían de hablar de ello y de reírse de mí, por mi hermana.

En un momento dado salieron de la discoteca. Yo, los seguí. Les dije a mis amigas que iban a pedirme una cerveza a la barra, pero lo cierto es que lo que hice fue seguir disimuladamente a mi hermana y Mariano. Se metieron en el coche de Mariano, pero en lugar de arrancar, vi que seguían besándose.

No debí hacerlo, pero tras estar espiándole un rato, comencé a acercarme, primero deprisa, pero conforme estaba más cerca, me iba parando divisar la cabeza retrepada de Paloma. La cabeza de Mariano no aparecía por ninguna parte. Me interesó lo que sucedía, así que di una pequeña vuelta para acercarme mucho sin que me vieran. Allí estaba. Paloma tenía la camisa abierta y el sujetador desabrochado. Sus pechos desnudos aparecían como manchas claras en la penumbra. Mariano tenía la cabeza entre las piernas. No pude ver si mi hermana se había quitado las bragas o no, pero sí que mi hermana tenía el “eso” de Mariano, que asomaba en la bragueta desabrochada, en la mano.

Esa noche lloré al llegar a casa. No tenía más motivo para llorar que los celos. Paloma me lo notó y me quiso sonsacar, pero no le dije nada.

El caso es que desde ese día, la obsesión por mi hermana fue creciendo. Y en un momento dado de la semana que transcurrió a continuación me propuse hacerla mía. No sabía cómo lo haría, pues yo no tenía experiencia ni nada. Quiso la casualidad que cayera en mis manos unas revistas porno que mi padre había comprado y que dejó debajo del colchón, para que yo no las viera, pero claro, al hacerle la cama, las vi.

En las revistas aparecían fotos muy claras de cómo una chica tiene que tratar a otra, a parte de algunos relatos que me parecieron algo bestiales. Me empapé de todo aquello, todas las mañanas me veía las revistas y no paraba hasta que no me masturbaba. Mamá me encontró más delgada que de costumbre el fin de semana siguiente. Un buen día, las revistas desaparecieron. Supongo que las compró papá en un mal momento.

Comencé a cambiar de actitud con Paloma. Procuraba quedarme a solas con ella. Un día entré al cuarto de baño mientras ella se duchaba, y me dediqué a hablar con ella y a observarla mientras se enjabonaba. Me pidió que le diera por detrás, y yo la enjaboné. Luego le alargué la toalla. ¡Qué magnífica mata de pelo negro cubría su sexo! Y en medio, se distinguía la hendidura que esconde a su clítoris. Qué lindos pezones, que estaban rugosos por el agua que le había caído y el frío que pasaba mientras le entregaba la toalla lentamente.

Comencé a tomar por sistema la medida de entrar en el baño cuando ella estaba, especialmente si no estaban Papá, que no lo hubiera visto bien. Un día escuché el chorrito de pipí a través de la puerta. Entré. Creía que me echaría una bronca, pero no me dijo nada. No le pareció mal. Comencé a pintarle las uñas de las manos, también la convencí para que se pintara las de los pies. Comencé a ayudarle a depilarse (Yo no me he depilado en mi vida). Indudablemente, le comencé a echar crema bronceadora y protectora donde no llegaba su mano.

Primer intento

Un día, la playa estaba vacía, ya que nos alejamos mucho de la urbanización, por que Paloma quería hacer top less. Me dijo que le echara cremita por todo el cuerpo. Estaba tentadora. De espaldas al sol, me ofrecía un trasero redondo y moreno en parte. Comencé a broncearle las pantorrillas, mientras pensaba si hacer o no hacer lo que estaba pensando. Sus pantorrillas dieron paso a sus muslos. Los amasaba intentando inculcar una presión y un ritmo que le aseguraran a mi hermana que aquello era un reclamo sexual.

Le pedí permiso para darle crema en el trasero. Aceptó. Le dije que le apartaría el bañador para extenderla bien. No me contestó. Comencé a embadurnarle de crema las nalgas y el interior de los muslos. Me sentía excitada y mi respiración se aceleraba. Estaba segura de que si hablaba, Paloma lo notaría, así que pasé a extenderle la crema por la espalda.

Mi mano se escurría por los laterales, deseaba tocarle los senos. Cada vez mis manos iban más hacia abajo. Esperaba que de un momento a otro Paloma diera media vuelta, y me quitara el bote o me cortara el rollo de alguna manera. Pero en lugar de eso, se dio la vuelta, para que le extendiera la crema por la parte delantera.

Comencé por la cara, primero por la frente, luego por la mejilla, la barbilla y alrededor dela boca. Calculaba mentalmente los efectos que le produciría. Luego le di crema en el cuello y en los hombros, el ombligo, y finalmente, las tetas. Mi mano se llenó de crema que extendía sobre todo el pecho de Paloma sin distinción. Luego comencé a rozar sus pezones con la palma de mi mano. Paloma me miró con desaprobación.

-Es…la zona…más sensible – Le dije con la voz entrecortado por la excitación, queriendo explicarle lo que sólo podía explicarse de otra manera bien distinta. Si mi hermana hubiera sido de otra manera, me hubiera quitado la crema y me hubiera mandado a hacer puñetas, pero es una calentona. Le gusta sentirse admirada y deseada, y aunque no dudo que aquello era nuevo para ella y le pilló desprevenida, actuó incitándome.

Pasé a extenderle la crema en las piernas, pero por delante. Evidentemente, ella estaba tumbada con las piernas entreabiertas. Mis manos le acariciaban la parte interior de los muslos, cada vez más cerca del conejito, hasta que la rocé un par de veces con la muñeca. Mis manos incluso se posaron y pude sentir la calidez de su sexo. Comencé a darle con el dedo en la ingle, hasta que conseguí mi objetivo: introducir un dedo a través del bañador. Yo jadeaba de excitación. Ella se levantó de repente y se dirigió al agua. Me quedé compuesta y sin novia.

No tardé en seguirla Había cierto oleaje, y ella se divertía esquivando las olas, a lo cual me sumé yo. Intentaba acercarme a ella, y cuando estaba cerca, abrazarla, pero se chafaba siempre. Yo insistía. Conseguí tocarle un par de veces la suave piel de las nalgas. Hasta que me gritó:

-¡Eva!¡Vale ya! ¡Déjame tranquila de una puta vez!-

Salió del agua, cogió sus cosas y se fue. Me fui detrás de ella, pero dejando pasar el tiempo, quería que si se lo contaba a mis padres, que me recibieran con toda la violencia que requería la situación. Vamos, quería saber nada verles la cara a mis padres si se lo había contado a no.

Mi hermana no le contó nada a mis padres. ¡Qué alivio! Pero en cambio, hubo un cambio radical en su actitud. Se cerraba con llave al entrar en el baño, dejó de darse los paseos que tanto me excitaban. Incluso me hablaba con frases cortas. Estaba enfadada conmigo.

Me di un tiempo en la persecución a la que sometí a Paloma. Seguí masturbándome mientras pensaba en ella, o viceversa. Pero al final del verano, mi mamá y Paloma volvieron de la playa. Era mitad de agosto. Surgió un problema en las tierras que tenemos en Córdoba y mi papá se vio obligado a ir hacia allá dos fines de semana seguidos. Comenzó entonces el acoso a Paloma de nuevo.

Me ponía a ver revistas porno, aquellas que tenía escondidas papá, delante de ella. Me paseaba desnuda para que me viera, e incluso, más de una vez me pilló masturbándome. Vamos, que me puse a masturbarme delante de ella, mientras clavaba mi mirada en sus ojos oscuros. Ella se ruborizaba siempre. Una de las veces coincidió que yo estaba en el baño y ella entró. Comencé a hacerle posturitas. Ella no quería mirarme, pero me miraba. Cuando salí de la bañera, ella se miraba delante del espejo, y al pasar a su lado, le di un achuchón, y restregué mi cuerpo contra su trasero. Cerró la puerta tras de mí. Sentí la ducha. Salió en toalla hacia su cuarto. Si me abalanzaba sobre ella y le quitaba la toalla tras tirarla al suelo ¿Qué haría?

La seguí por el pasillo, encantada de observar el rítmico movimiento de sus caderas, hasta que entró en su cuarto y escuché cerrar el cerrojo. Pensé en ese momento que Paloma nunca sería mía. Me acerqué al baño, desesperada y vi sus braguitas en el suelo del baño.

Cogí sus braguitas y las olí. Olían a sexo… y pude ver una manchita húmeda en la tela que tapaba su almejita. ¡Paloma se excitaba al verme!

La gran lotería me tocó al siguiente fin de semana. El jueves, Paloma, tras una larga conversación telefónica con Mariano, comenzó a llorar. Se encerró en su habitación. Fui a consolarla. Me la encontré sentada en la cama. Llorando.

-¿Qué te pasa, Palomita?- Le decía mientras me sentaba a su lado y le besaba la cabeza, triste yo también de ver a mi hermana tan desangelada.

-Nada, que todos los chicos son iguales. Este cabrón nada más irme de la playa se ha liado con Nuria, y me ha dicho que lo nuestro ha acabado.-

-Pero si estabais tan bien hasta hace unos días. Eso ha sido la zorra esa que se ha metido por medio-

Paloma comenzó a llorar desaforada. Algo había detrás que no me quería decir. Le costó reconocer que no se llevaba bien con Mariano. Había tenido sobre todo, un problema de relaciones sexuales. Lo habían estado haciendo durante el verano. Ella no se había corrido ni una vez. Era incapaz de llegar al orgasmo.

-Pero mujer. ¿A quién se le ocurre ponerse a hacerlo en un coche a la salida de una discoteca?- Paloma se quedó sorprendida de que supiera aquello.- Yo estoy segura de que tú, en condiciones normales te corres como la primera.-

Paloma me miraba desconsolada, pero ya no gimoteaba al menos.- ¿Crees eso realmente? ¿Cómo lo voy a saber yo? ¿Qué más me da ya, si Mariano me ha dejado?-

Yo, esto de los chicos lo he tenido siempre muy claro. Le dije a Paloma.- Mira, tonta, Si ese te hubiera querido, te hubiera llevado a un sitio más romántico. Y no te preocupes, que detrás de ese vendrán más.- Comencé a besarle las sienes y la beberme las lágrimas que le caían por la mejilla. Mientras, mi mano se posó en su muslo. La respuesta negativa no se hizo esperar.

-Déjalo, Eva. Llevas razón, pero tengo que desahogarme. No me agobies- No la agobié.

Al día siguiente, seguía en el mismo plan lloroso por más que mamá se empeñaba en animarla. Mamá no sabía, lógicamente todo el problema. Yo me hice mi plan. Paloma pasaba por un momento malo y yo me tenía que aprovechar. Ese fin de semana era vital para mí.

Pero por poco me lo chafa todo papá, pues al ver la cara de Paloma, se empeñó en que fuéramos todos a la casa de Córdoba. Yo le eché por achaque que tenía que estudiar para la selectividad. Al quedarme yo, por fuerza tenía que quedarse Paloma.

Estuve toda la tarde del viernes con Paloma. Estuvimos como en los viejos tiempos. La depilé las piernas y le afeité el sobaco. También le ayudé a hacerse las tiras. Le ayudé a pintarse las uñas de los pies. Yo pensaba que me iba a comer a un bomboncito la noche siguiente. Nos quedamos viendo la tele. Pusimos la película más erótica que porno de la noche, pero fue suficiente para ver que Paloma se divertía viendo aquellas escenas y no le daba ninguna repugnancia las escenas de lesbianas, aunque, eso sí, se ponía colorada.

Me masturbé pensando en las perrerías que pensaba hacerle a mi hermana la noche siguiente. No podía apartar de mi mente la imagen de la entrepierna de mi hermana, cubierta apenas con las bragas mientras le hacía las tiras. Hasta mi nariz llegaba el aroma de su sexo mezclado con el perfume de la ropa recién lavada.

Por la mañana me percaté de que Paloma no cerró la puerta al meterse al baño. Entré y me ofrecí a enjabonarla. Paloma se dejaba enjabonar todo el cuerpo, y tan sólo me apartó la mano cuando quería adentrarme con la esponja entre las piernas. Luego cogí la manguera y comencé a enchufarle por las zonas donde tenía jabón. Por todas las zonas. No opuso resistencia, hasta que su excitación fue ostensible

-Déjalo ya, Eva.- No quería presionarla, por no echarlo todo a perder. Le ofrecí la toalla, y ella vino a mis brazos a refugiarse de la frescura del ambiente.

Nos preparamos de comer. Nunca he dado tantos besos en la cara a mi hermana como mientras preparamos aquella comida. Luego comimos y le propuse a Paloma la idea de preparar una fiesta para esa noche. Aceptó, así que compramos refrescos y una botella de ginebra. Paloma se reía de que una deportista como yo fuera a beber algún combinado.

También compramos pan de molde para hacernos unos montaditos. La tarde pasó en la cocina. Nos pusimos a preparar los montaditos. Cada vez que podía, como de broma, le pegaba a Paloma un achuchón, que ella me devolvía. Cada vez los achuchones eran más fuertes. Entre achuchón y achuchón nos fuimos bebiendo los primeros combinados. Yo era la que los servía, y no los servía iguales.

Paloma pronto tenía más que un puntillo. Por eso, cuando tras un achuchón que me pegó, yo la agarré por la espalda, noté que la resistencia que ponía era más ficticia que real. Le mordí en el hombro, siempre como de cachondeo, y ella echó el culo para atrás, pero se encontró con mi pelvis. Sólo le dije una cosa: -Vete preparando, que esta noche vamos a tener movida.-

No contestó ni sí ni no, sólo sonrió con malicia. Lo tuve entonces muy claro. Le puse un par de combinados más. Comimos la una sentada frente a la otra. Yo llevaba mi típico pantalón de chándal y una camiseta, debajo de la cual no llevaba nada. Paloma vestía una falda y una camisa de botones, con unas zapatillas. No me gustaba como vestía para esa ocasión, por eso, tras tomarnos los montaditos , le dije que íbamos a bailar, pero que era necesario que cambiara de aspecto.

La llevé de la mano a su dormitorio y le saqué del armario una ropa que mi hermana no se ponía desde hacía diez años. Eran faldas que le quedaban mucho más cortas y suéter que le quedaban súper ceñidos. Después, mientras ella comenzaba a cambiarse, fui al cuarto de mamá y le saqué unos zapatos de verano, de esos que son tres o cuatro tiras cruzadas, con un tacón muy alto.

Al volver a su cuarto, pude verla en ropa interior. Le ordené que se quitara el sostén, ya que no lo necesitaba con el suéter. Luego fui a buscar unas bragas mías, y le ordené que se las pusiera. No quería violentarla, así que salí de la habitación, pero sólo al comprobar que comenzaba a cambiarse las bragas. Yo también me cambié. Me puse una camisa blanca de papá, que me estaba anchísima y unos pantalones del traje, que me estaban igual. El conjunto remataba con unos zapatones. Cuando llegué, Paloma comenzó a reírse al ver mi aspecto estrafalario. Luego me dijo, de broma. -No le da vergüenza, hacer esperar a una dama.-

Puse un disco de Carlos Gardel y nos pusimos a bailar tangos. Imagínense. Ella con esos zapatos de tacón y la falda cortísima. Yo con aquella ropa anchísima. Aquello me sirvió para que con el meneo, Paloma estuviera todavía más mareada, y de paso, para que le perdiera el miedo a mi contacto.

Tras los tangos pusimos un disco muy romántico, de Roberto Carlos, que sabía que le encantaba. Comenzamos a bailar agarradas, con los zapatos de mamá, ella estaba muy alta. Comencé a hablarle.

-Querida mía. Creo que la adoro. No puedo vivir sin Usted.- Ella se reía. SU risa me exasperaba. Me ponía nerviosa.

– ¿Qué le ocurre?. Se ríe de un caballero- Mi cara se acercaba a la suya. De pronto, una de las manos que caballerosamente conservaba en la cintura la agarró de la nuca y acercó la boca suya contra la mía.

– Eso ha estado muy mal, muy mal.- Me dijo tras el primer beso. Pero no opuso ninguna resistencia al segundo beso. Esta vez fue ella la que llevó la voz cantante, introduciendo su lengua en mi boca. Yo quise morderla con mis labios pero se escurrió.

Como antes me había comido los montaditos, ahora empezaba a disfrutar el trabajo del día anterior. Mis manos comenzaron a subirle la falda y a acariciarle el trasero, En efecto, mis bragas le estaban minúsculas a Paloma. Sentí el frío de sus nalgas, que se calentaban rápidamente en mis manos. Tiré de ellas hacia lados opuestos y sentí como las bragas se le iban metiendo entre los cachetes. Ella con sus manos se limitaba a agarrarse por detrás mía.

El suéter señalaba los pezones de Paloma, ahora mejor que nunca. Nuestras bocas no paraban de pelear entre sí, intentando conquistar cada una el territorio de la otra.

La boca de Paloma me sabía a miel. Era un caramelo que tenía que deshacer en mi propia boca. Metí una pierna entre las suyas y se la clavé en el sexo. Sentía la excitación de Paloma en que cada vez se entregaba más. Ahora era yo la que había triunfado en al lucha por su boca. Mi lengua se introducía en cada rinconcito.

-Hoy vas a saber lo que es un orgasmo, putita- Le dije al verla entregada. Ella me escuchaba concentrándose sólo en mis caricias. Notaba mi propia excitación como un peso en el vientre. Le di un tirón al suéter que se desgarró. No nos importó, por lo viejo que era. No conseguí mucho, así que volví a tirar de él, y ahora si asomó uno de sus senos. Rápidamente lo agarré con las manos, presionándolo, y me lo llevé a los labios.

Lamí ese seno varias veces, alrededor de la aureola. De pronto, me metí el pezón en al boca y miré a Paloma a la cara, entornado la vista. Paloma me miraba placenteramente y hasta agradecida. Comencé a sentir crecer la punta del pezón entre mis labios y apretar estos a la vez. Jugué con él como si quisiera arrancárselo de un mordisco, moviendo la cara hacia un lado u otro. Paloma comenzó a susurrar un ronco gemido. Mi otra mano se adentraba por detrás en la zona trasera de su sexo.

Me incorporé. Noté el muslo que había entre las piernas de Paloma un poco húmedo y me acordé que los pantalones eran de Papá, así que rápidamente me los quité, sin quitarme los zapatones. Me costó. Por poco me caigo, pero salieron. Paloma se desabrochó la falda mientras tanto y calló al suelo. Mis braguitas, por delante no le cubrían ni la mitad de la barriga. Se le adivinaban los dos labios del sexo, y pensé que debían de estar acariciándole el clítoris. Se iba a quitar el suéter, pero se lo impedí. Me gustaba verla así, con el suéter roto y un seno al aire.

Comenzamos de nuevo a bailar, pero esta vez más tranquilos. La besaba en el canal del pecho, en los hombros, en el cuello. Paloma me musitaba susurrando palabras de reprobación, que no servían sino para ponernos más calientes a las dos.

Le di un beso cuando pasaron unas cuantas canciones, le dije que fuéramos a su dormitorio. Ella fue delante. Yo veía media espalda desnuda y un culo con los dos cachetes desnudos por lo pequeñas de las bragas. Mantenía el equilibrio como podía con los altos tacones. Me fui desabrochando los botones de la camisa de papá, y me deshice de ella, dejando al descubierto mis pechos pequeños y bien puestos. Paloma se quería quitar los zapatos, pero yo no la dejaba.

Llegamos a su cuarto. Me fui a abrazar a ella, pero cuando estaba próxima a mí, le di un empujón que la hizo caer de golpe sobre la cama. Paloma me miró confusa y sorprendida, pero se podía adivinar su excitación.

-Te voy a hacer una mujer.- le dije, mientras ella se llevaba las manos al pelo, alisándoselo, esperando la próxima jugada. Me coloqué de rodillas frente a ella y tras besarla en la boca y el cuello, volví a disfrutar de la excitación de su pezón. Mientras, de un tirón terminé de romperle la costura del otro tirante y comencé a manosear con fuerza el seno recién descubierto. Paloma me daba besos en la sien mientras repetía mi nombre -Eva, Eva, Evaaaa-

Puse la mano sobre el sexo de Paloma, apenas cubierto por las bragas, y lo encontré empapado. Me acordé entonces de la negativa y la oposición que había encontrado hacía unas semanas, y decidí vengarme. Agarré las bragas por la parte trasera del cuerpo de Paloma, y tiré de ella con fuerza. Sentí como se agitaba su cuerpo y se abrían sus piernas, buscando seguro un poco de sosiego para su almejita.

Comencé entonces a besarle entre los muslos, mientras ella acariciaba tiernamente mi cabeza. Tiré de sus piernas hacia arriba para que se tumbara sobre la cama, y deposité sus piernas sobre mis hombros. Comencé a bajarle las bragas. Las bragas se enrollaban sobre sí mismo al discurrir a lo largo de su muslo.

Se las terminé de bajar, pero se la dejé enganchadas en las pantorrillas. Paloma sólo conservaba en su sitio los zapatos de mamá, y yo tenía puestas mis bragas y los zapatones de papá. Me empeñé en meter la cabeza entre las piernas, que se me abrían sumisas. Allí estaba el tesoro con el que había estado soñando. Pude ver más abajo otro agujero con el que nunca había ni soñado en poseer y que ahora era mío.

Comencé de nuevo a besarle los muslos, mientras mi mano se le acercaba lentamente, hasta llegar a su tesorito. Por otras parte, yo mismo comencé a acariciar mi sexo, metiendo mi mano por debajo de mis bragas. Separé los labios que tapaban su clítoris, y acerqué ambos dedos por cada lado de su botoncito. Cuando estaba así, mi boca se abalanzó sobre él, lamiéndolo con la lengua violentamente. Paloma se retorcía de placer y podía sentir en la palma de mi mano como su almejita soltaba el líquido viscoso con sabor a mar y a miel.

Me recordaba a un osito goloso que le roba la miel a las abejas. Las convulsiones de Paloma eran cada vez más violentas. Empezó a soltar unos alaridos casi exagerados. Tuve miedo de que nos escucharan en toda la casa, pero ya no me podía detener.

Para terminar de follarme a mi hermana, así, tal como estaba la mano, con la palma vuelta hacia su sexo, comencé a introducir lentamente el dedo pulgar. Mi hermana reventó de placer al sentir el dedo pulgar introducirse en su húmeda almejita. Yo seguí moviéndolo esperando prolongarle el orgasmo hasta el fin de sus días, o al menos hasta que me viniera a mí, como así sucedió al poco tiempo. Entonces perdí los papeles y me limité a restregar mi cara contra su sexo y su monte de venus mientras repetía el nombre de mi hermana.

Nos quedamos así un rato, hasta que decidimos ducharnos. Nos duchamos juntas, por supuesto. Le enjaboné de nuevo, mientras ella aguantaba la lluvia bajo su cabeza pacientemente. Había conquistado un agujero de mi hermana, pero aún me quedaba por conquistar el otro. Metí la esponja entre las nalgas de Paloma, mientras nos miramos con mirada cómplice. Le di fuerte entre las nalgas. Mi hermana estaba prácticamente abrazada a mí, y nos besábamos de vez en cuando. Entonces la cogí de la cintura para obligarla a ponerse de espaldas a mí. La cogí de los senos mientras le mordía la oreja, y luego, la puse contra la pared. Yo me puse de rodillas, frente a sus nalgas y hundí mi cara entre ellas.

El agua bajaba por su espalda y lo inundaba todo. Entonces le separé las nalgas para acariciar con mi lengua su agujero. Mi sorpresa fue observar a la puta de mi hermana separarse ella misma las nalgas.

Entonces comencé yo misma a acariciarme de nuevo y a posar la otra mano sobre su sexo. No duramos mucho tiempo así, porque ella se empeñó en acariciarse el clítoris, aunque yo le aparté varias veces la mano violentamente. Así que tuve que quitarme la mano de mi sexo y separarle la nalga que dejó libre. De nuevo le introduje el dedo, primero el corazón, pero luego también el índice. Ella los rozaba con los dedos con que se acariciaba el clítoris. No tardó en ponerse a chillar, esta vez bajo la lluvia. Dejé de lamerle el ano, para lamerle la parte trasera de su almejita. Créanme que a Paloma le fallaron las piernas y fue escurriéndose en mí hasta quedar en cuclillas entre mis piernas.

Nos secamos, comimos y dormimos en su cama. Bueno, dormimos a ratos. Nos tumbamos desnudas en la cama y nos clavamos las piernas en nuestros sexos mientras nos acariciamos. Como yo no me había corrido, y estaba muy excitada, me tumbé encima de ella y comencé a moverme entre sus piernas, rozando mi clítoris contra el suyo, cada vez más rápido hasta que me corrí. Pero la cosa no acabó ahí, ya que volví a masturbarla con mis dedos, un rato más tarde.

El fin de semana pasó. El domingo las dos estábamos avergonzadas. Al pasar la borrachera nos entró la resaca. Pero la resaca no duró mucho. Un día me puse a estudiar de noche en la habitación de Paloma. Paloma se acostó con las bragas ortopédicas de siempre y un camisón de monjita. Mi papá me dijo que era mejor que fuera a estudiar a otro sitio donde no molestara a Paloma. Pero Paloma intervino. -Déjalo, papá, si no me molesta.- No tardaron en dormirse mis papás cuando yo estaba de rodillas junto a la cama de Paloma, “ordeñándole la almejita”.

Desde aquella noche, mi hermana era mía, pero lo teníamos que hacer de espaldas a mis papás. Esperábamos a los fines de semana. Mi hermana se deshizo de los complejos estúpidos y pronto encontró a otro chico con el que se comportaba como una verdadera puta en la cama. Yo, por mi parte, encontré pronto mi media naranja en mi mismo hemisferio.

Paloma se ha casado y tiene un hijo. Me parece que sus relaciones conyugales empiezan a ser aburridas en el plano sexual. De vez en cuando nos miramos como con cierta complicidad. Tal vez sea el momento de visitar a mi hermana un día que no haya nadie en su casa.