Un sexo inesperado cuando iba en la universidad

Lo que les voy a contar sucedió en mis tiempos de universitaria, cuando más cosas experimenté en mi vida (si hay tiempo contaré poco a poco todo lo que viví en relatos posteriores). En aquellos días yo me fui a estudiar fuera de mi ciudad natal, en donde se quedó a estudiar mi último novio de preparatoria y que, a pesar de la distancia, decidimos seguir con nuestra relación. Gracias a este novio es que viví tantas cosas pues, entre todas sus perversiones, me había empujado a tener relaciones con otros hombres pues eso le excitaba sobremanera. En ese tiempo había un chico de mi grupo enamorado de mí y con él empezaba a jugar un juego peligroso, con la complicidad de mi novio, claro está. Sin embargo, tenía un par de meses en la nueva ciudad y todavía me dejaba llevar por las nuevas experiencias, conociendo nuevos amigos y eso. Con el chico que estaba enamorado de mí hubo algunos toqueteos en ese tiempo pero no me animaba a dar el paso y, por el tiempo que llevaba yo sin sexo y por causa de los cachondeos ligeros que tenía con él, me encontraba en un estado mental muy inestable. Me encontraba cachonda casi todo el tiempo y, al menor inocente roce, me prendía como candela.
Mi novio no ayudaba nada pues cada que hablábamos, me llevaba a tener una charla sexual que, en lugar de calmarme, me dejaba con más ganas. Debido a él, yo me vestía de manera muy coqueta, siempre con minifaldas o vestidos cortos y zapatos de tacón combinados con medias o mallas y blusas con escote. Fue ahí, sobre todo, cuando aprendí que cuando una enseña, los hombres la tratan a una de manera especial y condescendiente y, cuando uno los maltrata o se les rechaza, insisten más.

En eso iba mi vida cuando una tarde, al salir de clases, un par de amigos se organizaron para ir a tomar unas cervezas al departamento de uno de ellos. Yo estaba muy cansada pues me había desvelado, levantado temprano y había salido a correr antes de clases para intentar despertarme, sin embargo, la idea de echarme en un sillón, tomar cerveza y platicar con amigos se me antojó como la mejor idea para terminar mi día, así que decidí participar.
Nos fuimos juntos en un sólo automóvil y pasamos por las cervezas.
Ya en el departamento abrimos las cervezas y nos pusimos a beber y a platicar con la música de fondo que había puesto el que vivía en el departamento. Eramos sólo nosotros tres y eso me pareció lo ideal para mi estado de ánimo.

Todo iba bien, como yo quería, aunque, desde el principio, mis amigos se mostraban bastante cariñosos conmigo. Me abrazaban de vez en cuando y me otorgaban toda su atención. Yo me dejaba consentir pues, tengo que confesarlo, sentía cierto consuelo de recibir ese contacto. “Era inofensivo”, pensaba yo en esos momentos así que les celebraba sus bromas y me dejaba querer.

No habíamos comido nada por lo que las cervezas se nos subieron rápido. Me empecé a sentir un poco mareada y con bastante sueño por lo que les pedí permiso de acostarme un rato en el sillón. Ellos intentaron que permaneciera despierta pero, ante mi insistencia y ante la suya, quedamos en el acuerdo de irnos todos al sillón así ellos me vigilaban que no me durmiera pero me dejarían descansar un poco. Me sentaron en medio de los dos y seguimos tomando, aunque yo sólo sostenía la botella con pereza mientras seguía la plática entre ellos. Yo estaba tan cansada que me acurruqué como “sin querer” sobre el hombro de uno de ellos y él, más listo que nada, se acomodó en el sillón para que recostara un poco la cabeza sobre su pecho, pasando su brazo sobre mí. A pesar de que trataban de disimular, noté que se hacían señas entre ellos dando a entender su sorpresa respecto a mi actitud con ellos. Los dejé creer que no me di cuenta y cerré los ojos mientras escuchaba lo que hablaban. Poco a poco sentí cómo el abrazo que me daba mi amigo se iba ampliando hasta que, finalmente, se armó de valor y alcanzó con mi mano mi cadera. Sus dedos, sutilmente, fueron posándose sobre mi cuerpo hasta que dejaron de moverse. Así estuvimos, ellos platicando y tomando y yo dormitando sobre el pecho de mi amigo. Su respiración era profunda y mi cabeza subía y bajaba al ritmo de sus inspiraciones logrando que terminara dormida. A los poco minutos, me desperté de un sobresalto. Lo cual me pasa cuando estoy muy cansada pero sentí como si hubiera dormido bastante, así que me incorporé rápidamente mientras ellos se reían de mi por haber preguntado si me había dormido mucho rato. Ya despierta y recuperada, pedí mi cerveza y a uno de ellos se le ocurrió, con una mirada juguetona en el rostro, que jugáramos “verdad o reto”. Era la primera vez que jugaba así que me dieron las reglas: se hace una pregunta personal dirigida a cualquiera de los presentes pero, antes, se le pregunta “verdad o reto”, si elige “verdad”, se ve obligada la persona a contestar con honestidad, si dice “reto” se le asigna alguna actividad que debe realizar sin replicar.
Las preguntas empezaron inocentemente, así como los retos y, a medida que íbamos agarrando confianza, las preguntas fueron girando más y más en torno al sexo y los retos a cosas más ridículas y humillantes. Así fue que les conté algunas cosas que hice con mi novio y terminé confesándoles que tenía varios meses sin nada de acción. Sus ojos se iluminaban a cada pregunta y a cada respuesta mía. Ninguno de los dos tenía novia y uno de ellos estaba en la misma situación que yo, sin sexo durante meses. Me preguntaron si le sería infiel a mi novio (no se enteraron que ya lo había sido y que fue él mismo el que me empujó a serlo). Fingí que la pregunta me daba vergüenza. Hice un silencio, aguantando la respuesta mientras miraba fijamente la boca de mi botella para, finalmente, levantar la mirada y declarar que sí, mordiéndome el labio después de eso. Mi respuesta los sorprendió, supongo que por que era lo que ellos deseaban escuchar aunque no esperaban oírlo de mi boca. Entonces aprovecharon para soltarme inmediatamente otra pregunta, excitados como perros al ver a su dueño. “¿Lo harías con alguno de nosotros?” Me quedé callada, mirándolos como quien observa una charola de dulces y está meditando su elección.
Por supuesto que yo sabía muy bien lo que estaba ocurriendo. Desde que llegamos al departamento no habían dejado de pretenderme y yo había fingido demencia pues planeaba pasarla bien sin problemas, pero ahora me encontraba en el borde del precipicio. Sabía que mi respuesta daría la vuelta a la velada y eso me hizo sentir poderosa. En ese momento, podía elegir irme a la cama con cualquiera de ellos, es más, con los dos si lo deseaba. Los tenía en la palma de mi mano, babeando de deseo hacia mí. El alcohol se me había subido de nuevo pero ahora, en lugar de darme sueño, me había subido el deseo. Estaba muy cachonda en ese momento así que, sin meditarlo mucho, respondí de golpe “Sí”. Se les dibujó una sonrisa de idiotas a los dos y pusieron cara de incredulidad mezclada con deseo y sorpresa. En ese instante me puse de pie y me dirigí a la cocina al tiempo que les pregunté si querían algo de cenar porque yo tenía mucha hambre. Mi media sonrisa y mi mirada coqueta los dejó sin decir palabras hasta que entendieron que yo ya no estaba con ellos y empezó el escándalo: “¿Con quién?!” “No te vayas!” “No nos dejes así”…Yo ya estaba en la cocina con una gran sonrisa dibujada en mi rostro. Uno de ellos seguía vociferando desde la sala cuando se me acercó el otro. Me sorprendí al verlo pues esperaba que los dos se quedaran lloriqueando en la sala. Yo estaba de pie, dándole la espalda, cuando sentí cómo se me acercó y me giró al tiempo que me daba un beso en la boca. Lo único que atiné a hacer fue a sostenerme de la barra de la cocina mientras sus labios abrían mi boca y empezaba a entrar su lengua. Me tenía agarrada con una mano de la cintura y la otra de la nuca. Cuando alcancé a reaccionar, me sentí encantada. El calor se me subió al rostro y dejé de pensar. Lo tomé con suavidad de la cara y lo besé con pasión. Nuestras lenguas pelearon intercambiando saliva descaradamente. En esos momentos dejé de prestar atención a lo que pasaba a mi alrededor y, cuando terminamos de besarnos, me retiré sorprendida. Ya no se escuchaba nada más que la música en la sala por lo que deduje que el otro chico se había dado cuenta. Me hice la tonta y, en lugar de seguir besándolo o cualquier cosa similar, le pedí que me buscara algo en el refrigerador para preparar la cena. Sacó unos huevos y jamón y eso preparé para los tres. Cuando fuimos al comedor, el otro pobre estaba tristeando aunque se notaba que luchaba por no dar lástimas, sin embargo, se me estrujó el corazón pues, honestamente, él no se merecía sufrir esa noche y yo, sin entender muy bien por qué, dejé el sartén sobre la mesa y fui directo a él y le di un beso franco en la boca. Sin dejar que la sorpresa lo congelara, me respondió el beso y se levantó sin sacar su lengua de mi boca para besarme a su antojo. Cuando sentí que era suficiente y que el beso que me daba igualaba al beso que me dio el otro, lo alejé y lo paré en seco. Era hora de cenar.
Yo estaba embriagada de lujuria y no podía distinguir si mi mareo era por eso o por el alcohol pero la cena era el pretexto perfecto para tomar aire y enfriarme la cabeza. Había cruzado una línea pero todavía podía parar todo ahí. Sin embargo no lo hice. Al sentarnos a cenar, el que se sentó a mi lado empezó a sobarme el muslo. Yo le llamaba la atención, pidiéndole que cenara y que se estuviera quieto. El otro, en lugar de aminalarse, parecía que le excitaba los atrevimientos de su amigo, celebrándole la acción y tratando de quitarle importancia a mis reclamos. Yo me sentía como niña a quien por fin le pone atención el chico que le gusta y eso lo notaban ellos por lo que, en lugar de parar, mi actitud hizo que mi amigo se me acercara y me empezara a meter mano con descaro, levantándome el vestido y manoseándome las piernas y los senos. Tuve que gritar que parara pero, fue tanta la tensión sexual del momento que, sin terminar medio plato, mi amigo me tomó de la cintura y me puso de pie para besarme. En ese momento sentí que me sobaban el trasero y los senos y mi vestido fue levantado hasta el pecho. Los dos me estaban metiendo mano como poseídos mientras uno me besaba, ignorando mi resistencia y obligándome a darle la cara para seguir metiéndome la lengua mientras el otro me sobaba los senos con mi sostén levantado sobre el pecho. Todo pasaba muy rápido. Yo sólo sentía manos por todo mi cuerpo, intentando hacerme de algún control pero fue inútil. De repente cayeron al suelo los platos de la mesa y, sin saber muy bien cómo, me pusieron con la cara en la mesa, dándoles la espalda y el trasero. Uno de ellos me sostenía de los hombros para mantener mi posición mientras el otro me bajaba las medias y mis pantis a medio muslo. El que me sostenía me acariciaba la espalda y me liberaba el sostén mientras el otro me abría las piernas. Traté de hacer algo pero todo estaba pasando muy rápido y, sin darme cuenta, ya tenía el pene del que me sostenía enfrente de mi rostro para metérmelo por la boca mientras el otro ya me estaba abriendo la vagina con su miembro. Ambos penes me penetraron casi al mismo tiempo, uno vaginalmente y el otro oralmente. No sé, a ciencia cierta, en qué momento perdí el vestido, pero yo me encontraba inclinada, apoyada sobre mis brazos, desnuda de arriba, con mi sostén colgando bajo mis senos, chupando con frenesí el pene del que tenía enfrente mientras el otro me empujaba con fuerza su miembro por detrás. Era la primera vez que le estaba siendo infiel a mi novio sin su consentimiento y también la primera vez que estaba con dos hombres al mismo tiempo. Estaba excitada al máximo, chupando y lamiendo y metiéndome el pene hasta el fondo de mi boca mientras el otro me penetraba con furia, levantándome, incluso, sobre la mesa. Me empujaba con tal fuerza que terminé acostada sobre la mesa y siendo cargada por la cadera. Tuve un orgasmo feroz que no pude disfrutar a mi antojo pues no dejaba de ser penetrada con furia. En un instante se retiró el que tenía atrás y se pasó adelante mientras el que me daba por la boca se fue inmediatamente a sustituir al otro pero, antes de penetrarme, pues yo estaba ya en una posición muy incómoda, me puso de espaldas y me jaló a la orilla, jalando con descuido mis medias y calzones para dejarme desnuda completamente. Me abrió las piernas, al aire y me jaló de la cadera y me la metió de un golpe, abrazando mis muslos abiertos como tijeras frente a él. El otro me buscó la cara y me hizo girarla para meterme sin preguntar su pene de nuevo. En un instante sentí el chorro caliente de semen golpeando mi cara y mis ojos, obligándome a cerrarlos. El otro, mientras me penetraba me pellizcaba con fuerza los pezones de vez en vez. Un dolor delicioso. Después se salió de mi y me bajó las piernas, tomándome de la cabeza para obligarme a bajarme de la mesa e hincarme frente a él. Me agarró la cara y, ciega como estaba por el semen sobre mis ojos que intenté retirar pero sólo conseguí que se me metiera más, sentí entrar en mi boca de nuevo su pene caliente y palpitante. Probé el sabor de mi vagina de nuevo para luego sacarlo y tomarme delicadamente de los cabellos de tal manera que mi rostro quedó mirando hacia arriba. Después de un momento, una nueva lluvia de semen calló sobre mí, manchando mi cabello y escurriéndose sobre mi pecho y muslos. Estaba en la gloria. Había tenido uno de los mejores sexos de mi vida y pensé que ahí había acabado así que me dispuse a limpiarme en el baño. Ellos estaban celebrando también y cuando recogí mi ropa para cubrirme el cuerpo mientras me dirigía al baño, se me acercaron de nuevo y los tres entramos al baño. Me ayudaron a limpiarme el semen pero, apenas quedé limpia, me quitaron la ropa y la tiraron de nuevo al piso. “Todavía no terminamos, preciosa” Me llevaron escoltada a cada lado al sillón en donde me hicieron que me sentara y me abrieron las piernas de nuevo. Uno de ellos se hincó y dirigió su boca entre mis muslos para lamer mi vagina. Inmediatamente mi cuerpo respondió a sus caricias orales y el otro empezó a sobarme los senos y a pellizcarme los pezones y a besarme apasionadamente. No tardé mucho en alcanzar el clímax de nuevo, contrayendo todos los músculos de mi cuerpo en un instante y gritando un gemido largo y lánguido. Cuando pude reaccionar, me encontré con uno de ellos sentado a mi lado, el cual, apenas me vio incorporándome sobre el sillón, me jaló hacia él para sentarme sobre su pene que estaba erecto de nuevo. Sentados, dándole mi espalda, empecé a brincar sobre su miembro, penetrándome sola. En eso me llamó mi atención el otro, que ya se había acomodado a nuestro lado. Me cambié de piernas y me senté de nuevo sobre el otro pene. Brincando y gimiendo, con mis tetas rebotando. Empecé a sentir el cansancio pero ellos siguieron intercambiándome un par de veces más hasta que no pude más y me rendí. Entonces se le ocurrió a uno acostarme y se montó sobre mí, metiendo su pene entre mis senos para masturbarse con ellos, apretándolos para aprisionarlo. Un chisguete saltó con fuerza, aunque fue muy transparente y líquido. Al otro le pareció buena idea e hizo lo mismo, pero no pudo eyacular así por lo que me la volvió a meter en mi vagina y me penetró con fuera y rapidez buscando terminar. Yo estaba extenuada pero agradecida ante el mundo por tan buena experiencia por lo que me dejé hacer como más le gustara. Terminó, un tanto frustrado masturbándose solo mientras me estrujaba un seno. Lo hacía con tanta fuerza que creí que se haría daño, pero supuse que él conoce su cuerpo y sus limitaciones, por lo que dejé de preocuparme. Finalmente, después de un rato, logró expulsar un chorrito líquido y unas gotas espesas que se quedaron colgando del pene, las cuales me embarró con su propio pene sobre mis senos.
Todos estábamos sudados a chorros y cansados hasta más no poder.
Por un instante pensé en meterme a bañar y quitarme todo lo que tenía encima pero estaba tan cansada que decidí no hacerlo. Me fui a la cama con el dueño del lugar pues, para la mala suerte del otro, sólo tenía una cama individual y ya no cabía. Él se quedó a dormir en la sala mientras el otro disfrutaría de dormir conmigo como si fuera su chica. Dormimos desnudos.
Al siguiente día me desperté temprano, llena de culpa y de emoción y me metí a bañar para darme a la fuga. Hablamos posteriormente y todo fue de maravilla pues, para todos, había sido claro que había sido una aventura nada más, sin consecuencias para nadie. Yo no quería ninguna relación con ellos y nunca más volvimos a acostarnos los tres juntos aunque hubo un par de ocasiones en que volví a tener relaciones con ellos, pero por separado.
Esta aventura nunca se la conté a mi novio pues le había prometido que sólo tendría sexo con quien él me dijera y cuando él me diera permiso, pero en fin, tal vez por eso, por desobediente, fue que viví uno de los mejores sexos de mi vida. Y sí, si alguien se ofende por lo “puta” que fui, lo siento pero sí lo era en ese tiempo y no me arrepiento de todo lo que hice entonces.

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