Las bragas de mi madre nos llevan al incesto

Todo empezó por unas bragas que mi madre dejó en el suelo del baño, nunca lo hacía, pero aquella vez con las prisas allí las dejó. Yo tenía diecisiete años y mis hormonas me impulsaban a todo aquello que me parecía pervertido y caliente. Muchas noches veía vídeos porno en Internet y ver aquellas bragas usadas me produjo una gran excitación. Las cogí y las olí.

Así fue como empezó mi obsesión con las mujeres maduras. Mi nombre es Pedro, con dieciocho años andaba detrás de conseguir llevarme una mujer madura a la cama. Mi mente siempre estaba caliente imaginando situaciones en las que pudiera hacer realidad mi sueño. Sólo conseguía calentarme hasta tal punto, que las pajas era algo que tenía que practicar todos los días. Pero todo cambió el día que…

– ¡Hola mamá! – Dije cuando llegué a casa tras salir con los amigos un buen rato.

Era invierno, aquel sábado había salido un poco con los amigos y cuando llegué me encontré con mi madre y nuestra vecina Adela. Adela me daba la espalda, sentada en el sillón y hablando con mi madre. Ella me saludó levemente y me señaló hacia la habitación para que las dejara solas. No pude escuchar lo que hablaban, pero un rato después Adela se marchó y mi madre me llamó para hablarme.

– Pedro, nuestra vecina ha tenido una pelea muy grande con su marido y no se atreve a dormir en su casa, aunque él se haya marchado. – Me agarró la mano y me miró como pidiéndome un favor. – Cambia la ropa de tu cama y recoge la habitación lo mejor posible, ella dormirá en tu cama y tú dormirás conmigo.

– ¡Sí, claro mamá! – Le contesté poniendo cara de aflicción, mientras por dentro sentía la excitación de dormir en la misma cama con mi madre.

No tardé mucho en cambiar la cama y recoger todo. Después fui a la habitación de mi madre y observé su cama, imaginando a los dos allí, bajo la misma sábana. Sólo de pensarlo produjo una gran erección de mi polla.

– Hola hijo. – Dijo Adela cuando entró en casa seguida de mi madre. – Laura, te agradezco profundamente el favor qué me estáis haciendo y os pido perdón por ello… Mañana llegará mi hermana desde el pueblo y se quedará conmigo para ayudarme. Os pido perdón de nuevo…

– No te preocupes mujer. – Mi madre la abrazó en señal de protección. – Mi hijo es fornido y todo un hombretón, él nos protegerá. Ahora es mejor cenar y después te acuestas a descansar.

Las dos se marcharon a mi habitación y yo las observé caminar. La situación era muy tensa en casa de nuestra vecina, pero más tensa era la presión que se producía en mis pantalones al ver aquellos culos que se meneaban caminando por el pasillo. Mi madre tenía cuarenta y tres años y Adela ya había alcanzado los cincuenta, pero ya os dije que las mujeres maduras me volvían loco desde que encontré las bragas de mi madre.

Un rato después, las dos se metieron en la cocina. Las escuchaba hablar mientras cocinaban, así llevaban desde que Adela llegó a casa. Hablaban y hablaban. Nuestra vecina le contaba cosas y mi madre intentaba consolarla y darle ánimos. Mientras comíamos, me fijé en los hermosos ojos de nuestra vecina. De vez en cuando se quitaba las gafas, cuando las lágrimas asomaban levemente en sus ojos. Mi madre la acariciaba y la animaba. Eran impresionantes las dos voluminosas tetas que tenía Adela, casi el doble de las de mi madre. Meter allí la polla debía ser la gloria.

– Si no os importa, me iré a la cama… – Dijo Adela recogiendo sus platos para llevarlos a la cocina.

– ¡Deja eso! – La paró mi madre. – Ve y descansa… Lo necesitas. Mañana verás todo de otra manera.

– ¡Gracias Laura! – Le dio un beso a mi madre. – ¡Gracias Pedro! – Se acercó y aproveché para ver el canalillo de sus tetas mientras me besaba en la cabeza. Desapareció por el pasillo y escuchamos cerrar la puerta de mi habitación.

Tras recoger todo, mi madre y yo nos sentamos en el salón a ver la televisión. Todos los programas eran muy aburridos.

– Pedro, la tele es un aburrimiento… ¡Me voy a dormir! – Aquello me cogió por sorpresa y casi no reacciono a tiempo.

– La verdad es que sí… ¿Te importa si me acuesto yo también?

– ¡Por qué me iba a importar! – Me miró con cara extrañada.

– Oh… no sé… – Quedé como un estúpido con aquella conversación.

– ¡Vamos idiota! – Me dijo dándome un leve golpe en la cabeza. – Voy al servicio, ponte el pijama y acuéstate, ahora voy.

Se marchó al baño y yo me levanté rápidamente para que viera la prominente erección que tenía. Me puse mis calzonas, ese es mi pijama normalmente, y me metí dentro de la cama esperando ver a mi madre. Mi polla estaba totalmente erecta, imaginándomela con una ropa liviana, casi transparente, a través de la cual podría intuir sus maravillosas redondeces… Iba a reventar con aquella excitación.

Cuando entró en la habitación, llevaba aquel caliente pijama de franela, aquellos pantalones que le cubrían hasta los tobillos y aquella especie de chaqueta que no dejaban la más mínima imagen para la imaginación calenturienta de su hijo.

– Hace mucho tiempo que no duermes conmigo… – Sonrió recordando cuando yo era un niño y me abrazaba a ella para dormir cuando tenía miedo. – Ya eres todo un hombrecito y yo llevo sin dormir con un hombre mucho tiempo… – Aquella frase y su sonrisa me parecieron las más sensuales del mundo y mi corazón se aceleró por la excitación. Destapó la cama y se metió dentro. Se tapó y me dio la espalda. – La cama no es demasiado grande, así que por tu brazo bajo mi cuello. – Levantó la cabeza y esperó que pusiera mi brazo. – Pégate a mí y pasa tu otro brazo por mi cintura… – Me esperó y cogió mi mano para apoyarla en su redonda barriga. – ¡Así dormiremos calentitos!

Yo desde luego ya estaba muy caliente. Tenía a mi madre entre mis brazos, pegada a mi cuerpo. Mi polla estaba totalmente erecta y la separaba de su cuerpo para que no notara mi evidente erección. Ella se agitaba buscando una postura cómoda mientras cruzaba los dedos de su mano con los de la mía que descansaban en su barriga. Su pelo me daba en la cara, en la nariz y me hacía cosquillas. Resoplé para intentar apartarlos pero no pude.

– ¿Te molestan mis pelos?

No dijo más. Con las manos cogió todos sus pelos y los pasó por debajo de su cuello. No había mucha luz en la habitación, pero podía ver su cuello desnudo, justo al alcance de mi boca. Deseaba besar y saborear la piel de su cuello. Me aproximé y su olor me invadió. Sólo tenía que acercarme un poco más y darle un suave beso, mi excitación aumentaba y mi respiración más intensa.

– ¡Ah, me haces cosquillas en el cuello con tu respiración! – Me dijo.

– Perdona mamá… – Mi cuerpo vibraba por aquella situación. – Es la primera vez que duermo en una cama con una mujer y no sé como colocarme…

– ¡Espera! – Se giró y quedó boca arriba, entre mis brazos. – ¡¿Así mejor?! ¡Pégate a mí y dame calor! – Si no fuera mi madre, hubiera pensado que me pedía otra cosa.

Entonces la abracé por encima de su cuerpo, aferrándome a ella, pegándome todo lo posible para que mi cuerpo la calentara. Sin pensar, subí mi pierna por encima de las suyas. Mi pene erecto se posó en sus caderas.

– ¡Uf hijo, qué calentito! – Me dijo agitándose y casi ronroneando.

– ¡Es un placer abrazarte, hueles muy bien!

No dijimos más y nos quedamos abrazados y en silencio. Poco después, sentí que mi madre se había dormido, su respiración acompasada, su brazo había caído desde mi mano hasta el colchón. Mi erección no había bajado en todo aquel tiempo, deseando agitarse contra el cuerpo de mi madre. Aquello era insoportable y pensé en levantarme para hacerme una paja, pero quería estar allí, junto a ella, sintiendo su cálido cuerpo.

Mi excitación era insoportable, pero deliciosa. Deslicé mi mano por encima de su cuerpo, suavemente. Sentí los redondos volúmenes de sus pechos y posé mi mano sobre uno. La dejé quieta, sin moverme, casi sin respirar disfruté del contacto de su seno por encima de la tela. Iba a explotar en un salvaje orgasmo. Moví de nuevo mi mano hasta encontrar el filo inferior de su chaqueta. Sutilmente moví los dedos hasta colocarlos por debajo de la tela, ahora tocaba el pantalón de su pijama. La fui desplazando poco a poco, centímetro a centímetro me introducía por debajo de sus ropas. Todos mis sentidos se concentraban en el tacto de mi mano, en su respiración, en sus movimientos y la hermosa cara que tenía mi madre mientras dormía.

Un calambre de excitación recorrió todo mi cuerpo cuando mi mano tocó la suave piel del vientre de mi madre. Lo acaricié despacio mientras subía poco a poco por su cuerpo. Llegué a su ombligo y lo acaricié suavemente. Estaba profundamente dormida y no se movía. Aquello me tenía totalmente erecto, cómo nunca antes lo había estado y su quietud me animó a seguir explorando su cuerpo. Subí un poco más y toqué sus costillas. Un poco más arriba estarían sus hermosas tetas esperándome a que las tocara. Me moví un poco más y las yemas de mis dedos chocaron con las tiernas carnes de sus pechos, no tenía sujetador, mi calentura aumentó.

Ya sólo me quedaba escalar aquellos impresionantes montes de suave piel y alcanzaría las tostadas cimas de sus pezones. Inicié la escalada con igual miedo que excitación ante el posible despertar de mi madre. Mis dedos se abrieron para conquistar aquel sensual monte. Mientras cuatro de ellos la tomaban por un franco, el otro dedo se aproximaba por el lado contrario. ¡La cima sería conquistada en breve! Ya podía sentir su pecho descansando en la palma de mi mano.

Súbitamente mi madre se movió. No tuve tiempo de sacar mi brazo de dentro de su pijama. Se giró y quedó de espaldas a mí, con su redondo y hermoso culo apuntándome. Quedé helado y no pude reaccionar. Su brazo superior lo llevó atrás y asiéndome por mi cintura, me empujó contra ella mientras su culo empujaba contra mí. ¡Casi me corro cuando sentí el roce de su culo!

Mi mano, aún dentro de su pijama, se posaba sobre su barriga. Ella había quedado de lado, dándome la espalda y con su mano en mi cintura tras haberme empujado. Moví mi mano y la desplacé por su suave piel en busca de mi deseado monte. De nuevo mis dedos rodeaban mi objetivo, de nuevo subían por sus laderas hasta alcanzar su cima, sus pezones.

El dedo índice fue el elegido para conquistar aquel pezón. Se aproximó haciendo círculos hasta tocar el erecto pezón. No lo podía ver, pero lo notaba erecto y muy grande ¡quién pudiera mamarlo de nuevo! Sin poder controlarme, de vez en cuando mis caderas aplastaban mi polla contra el culo de mi madre, suavemente, mientras mi dedo no paraba de jugar con aquel pezón.

Su suspiro me detuvo en seco. Quedé con mi polla sobre su culo y mi mano sobre su pecho, no sabía qué pasaría si me descubriera, pero mi excitación era tan grande que no podía retroceder en mi conquista. Tal vez estuviera teniendo un sueño erótico, pues su culo se agitaba levemente, como si disfrutara de tener mi polla erecta contra él.

Entonces pensé en su sexo. ¿Estaría excitado cómo sus pezones? Siempre había escuchado hablar de un coño húmedo por el deseo. ¿Estaría mi madre así con su sueño? Con la misma suavidad con la que subí, abandoné aquel cálido monte y bajé por su cuerpo hasta encontrar la frontera que separaba su pubis de mi lujuriosa mano. Tanteé el filo del pantalón hasta que pude meter mis dedos por debajo. Aquella misión era más difícil y delicada. La prenda dificultaba que los furtivos dedos pudieran entrar, cualquier molestia o agitación podía despertar a mi madre y todo se perdería.

Los cinco comenzaron a moverse bajo el pantalón, poco a poco, con dolor en mi muñeca por la postura forzada que tenía que adoptar. Llegué al último obstáculo que me separaba de su sexo, del deseo que sentía por mi madre. El elástico de sus bragas no opuso resistencia a que los cinco pasaran por debajo. Se movieron sigilosamente en busca del deseado premio, su misión era explorar la entrada del sexo de mi madre, y ellos se lanzaron a conquistarla.

Sólo el tacto me guiaba en aquella lujuriosa noche, mis dedos bajaban poco a poco hasta sentir los pelos que custodiaban la entrada de su cueva. Si bien no la podía ver, parecía que aquella selva era diminuta y me pregunté si tal vez ella se depilaba. Pero la misión debía continuar y me olvidé de la cantidad de pelo, para concentrarme en conquistar su sexo.

Y llegué al límite físico de mi madre, mis dedos no podían avanzar más. Sus muslos estaban uno sobre el otro y escondían su sexo cómo el tesoro que era. Mi dedo corazón intentó explorar el camino, era imposible, aquella selva se perdía entre los muslos infranqueables de mi madre. Estaba tan cerca y tenía que rendirme. Tal vez si empujaba con mis dedos su muslo conseguía que me dejara paso hasta su tesoro… Pero decidí acariciar aquella zona mientras mi polla se agitaba suavemente contra su culo.

Y de nuevo me asusté. Con un movimiento más abrupto que la vez anterior, mi madre giró su cuerpo y quedó de nuevo boca arriba. Me moví asustado e intentando acomodarme a su cuerpo. Mi corazón latía rápidamente, pero mi mano no se apartó de su sexo. Cuando dejó de agitarse, me acomodé a su cuerpo y volví a pegar mi polla contra sus caderas. Mi mano, esos cinco valientes que conquistaban furtivamente el cuerpo de mi madre, no se habían retirado, querían cumplir su misión.

Ahora fue el dedo corazón el elegido para culminar la conquista. Bajó por la selva para comprobar que sus muslo se habían separado lo suficiente para seguir con su camino. Cuando el camino de pelos terminó, mi dedo acarició un gurruño de carne caliente, eso tenía que ser sus labios vaginales. Con suavidad se deslizó para sentir su tacto, para explorar si su maduro sexo estaba mojado cómo tantas veces había escuchado que les pasaba a las mujeres cuando eran excitadas. Recorrió unos centímetros y los dos muslos que unos minutos antes obstaculizaban el conquistar de su sexo, se abrían un poco más para que aquellos conquistadores pudieran entrar.

No sabía lo que hacía, sólo quería tocar a mi madre en sus partes más íntimas sin saber bien qué debía hacer. Mis dedos intentaron que sus labios se separaran, lo había visto en alguna película porno y esa era mi única experiencia. Los movía encima sin conseguir que aquellas carnes se separaran, pero a cambio mi madre parecía gimotear en sueños ¡qué estaría soñando mientras yo la tocaba!

Seguí agitando mis dedos y pude notar como un bulto en el principio de su coño. ¿Sería su clítoris? Aproximé mi dedo y noté que allí sus labios estaban separados. Poco a poco mi dedo índice se colaba entre sus labios y comprobaba que su coño estaba mojado, sin duda ella estaba excitada por su sueño y mis caricias. Continué y dos dedos consiguieron separa los labios y dejar el interior expuesto a mis caricias. Aquella piel era muy suave y estaba mojada. Deslicé un dedo por toda su raja y sentí el calor que brotaba de su vagina. El dedo corazón se lanzaba a explorar el interior caliente y peligroso de mi madre. Empujé un poco y mi dedo empezó a hundirse, poco a poco, cada vez más dedo entraba en ella. Al momento las caderas de mi madre empezaron a agitarse levemente y mi mano se agitó al mismo ritmo haciendo que el dedo la penetrara.

Los leves gemidos que estaba dando y sentir mi dedo hundirse en su vagina, iban hacer correrme. No sé cuánto tiempo duró aquello, pero el cuerpo de mi madre se tensó por un instante y después se giró con violencia, obligándome a sacar mi mano de su caliente sexo. Me iba a correr y su movimiento había liberado mi otro brazo. Me levanté intentando no despertarla y me marché casi corriendo al baño. Salí al pasillo con mi polla fuera de las calzonas que utilizaba como pijama, erecta y a punto de lanzar mi semen. Entré en el baño y encendí la luz, levanté la tapa del inodoro y mientras una mano agitaba mi polla, la otra iba a mi nariz para oler los flujos que mi madre me había regalado. Dos sacudidas fueron suficientes para lanzar los mayores y más fuertes chorros de semen de mi vida. Creí que caerían en el blanco fondo de la taza, pero el primero chocó contra la pared de enfrente mientras olía el coño de mi madre recordando su suave tacto.

Después de limpiarme y limpiar todo el semen que se había desbordado, volví a la habitación de mi madre. Ella estaba dándome la espalda, y en cuando me tumbé, ella se giró y se abrazó a mí, haciendo que yo la abrazara a ella. Su pierna se colocó sobre mí, sobre mi polla que ya había menguado y los dos dormimos toda la noche.

Mis padres me pillan follando con un perro

Les paso a contar, ahora soy fanática de la zoofilia y me encantan los perros e cumplido casi todas las fantasías que me he propuesto, va todas .

todo empezó una tarde cuando fui a hacer una tarea a la casa de un compañero, eran cuatro y yo cinco.

Mientras que ellos veían un video por internet en la netbook, mientras yo hacia las cosas ósea resumiendo, en un momento de silencio, uno dijo no que bueno, mira lo que le esta haciendo ese perro, que afortunado que es se está follando a una alta perra, yo deje todo lo que estaba haciendo y me propuse a ver, en lo cual uno dijo cuidado ahí viene Carla, y les pregunte qué pasaba uno dijo nada, les dije que quería ver lo que estaban mirando y me dijeron que no me iba a gustar, se miraron entre si con sonrisitas picaras y me dijeron, estas segura como exclamando.

Y yo les dije con ímpetu sí. Les confieso que cuando lo vi al video que era de zoofilia me puse cachonda, y en ese momento un amigo yo creo que se dio cuenta, por que me mordí los labios por la excitación y el me pregunto qué me parecía el video, yo le conteste que era horrible y que me parecía asqueroso, y que eran 4 pajeros, en lo cual el insistió y me volvió a preguntar si yo lo aria, y le conteste que están drogados, ni loca lo aria.

Julio que era el mas zarpado me dijo que si me animaba a hacer una orgia que le iba a pasar bien, le dije ni en pedo, el me dijo para carlita no te enojes que era una broma, mientras yo pensaba en mi mente no me durarían ni cinco minutos los cuatro, terminamos la tarea y agarre mis cosas y me fui.

Esa misma tarde volviendo para mi casa, me cruce a un perro vagabundo de color negro, y me vino a la mente ese video de zoofilia que vi en la casa de mis compañeros, y recordé la pregunta que me hicieron, si yo lo aria con un perro, me dije era una idea loca.

Me acosté pensando en ese video, y casi no pude dormir porque me excitaba recordar esas imágenes, donde el perro cogía una chica.

Al otro día me preparaba para ir al cole y mire por la ventana, era el mismo perro negro hurgueteando en la basura, de mi vecino.

Me termine de vestir rápidamente y salí a buscarlo, con la idea loca que me coja toda, lo cual me di cuenta al bajar que ya no estaba mas.

Me fui a la escuela pensando en ese perro, y en ese video, llegue al cole y Carlos me dijo que no comente nada de lo que paso, lo mire y le dije que no iba a decir nada de lo que estaban viendo esa tarde.

Salimos al recreo y nos felicitamos por que nos salió re bien el trabajo que habíamos echo.

Volvía a mi casa con mis compañeros del cole a festejar cuando volvió a aparecer ese perro, el cual Carlos inconsciente mente lo llamo y el perro respondió, Carlos lo acaricio y el perro me miro y se acerco metiendo su osico bajo mi falda lo cual grite y lo eche con la mano, no medí cuenta en ese momento que me había mojado, no se si por el susto o porque estaba re caliente y tenía mi tanga empapada, mientras julio me dijo te quiere coger, lo miré y le dije sos un estúpido, Carlos, Jorge y facundo se rieron.

El perro nos siguió hasta mi casa, y se quedo en la puerta, llegue y vi una nota sobre la mesa, la cual decía que volvemos en cuatro horas hija fuimos a la casa de los tíos, te amamos pórtate bien mamá y papá, no te asustes todo que está bien.

En ese momento Carlos dijo nos va a matar Carla Jorge, sácalo de acá dentro. En ese momento fui a la sala corriendo haber que pasaba y me encontré a Jorge y a Carlos tratando de sacar al perro que se había metido en la casa y facundo a las carcajadas.

Exclame enojada, y les dije que hacen, son locos mis viejos me van a matar si ven a el perro dentro de la casa, y ellos me dijeron, no lo podemos sacar, se nos escapa, en ese momento se acerco hacia donde estaba y aproveché a llamarlo.

El cual respondió, se me acerco y devuelta me olfateo debajo de mis entrepierna y me pegó un lengüetazo en la concha sobre mi tanga, el cual me hizo exclamar unos gemidos fuerte de placer, y yo sin darme cuenta lo deje que siguiera lamiendo mi entrepierna, a subes que yo estaba en otro mundo gozando con la lengua de ese perro hay era tan delicioso que me había olvidado de mis compañeros, el cual cuando me di cuenta, ellos estaban sorprendidos de lo que había pasado.

Jorge, Carlos y facundo estaban perplejos, Carlos reacciono y me dijo como gozaste lo disfrutaste, al cual yo me puse colorada y me quede sin palabras, Jorge dijo y si te dejas coger por el perro total tu cara cuando te lamio la entre pierna y tus gemidos de placer lo dijeron todo, yo les dije, no ni loca, y todos dijeron si me dejaba coger que nadie iba a decir nada que iba a ser un secreto entre los cinco va seis.

Yo les conteste no, que se habían vuelto locos, y en ese momento el perro me volvió metiéndome su osico por debajo de mi falda y pasar la lengua, pero esta vez por mi cola, y me puse re cachonda, y con ganas de que me coja pero no, a lo cual me dije a mi misma que me tenía que sacar ese pensamiento de mi cabeza, y Jorge aprovecho y me dijo ves el perro te tiene ganas de coger carlita, mira ágamos algo, ponerte en cuatro patas si el perro te monta te dejas coger, si el perro no hace nada lo sacamos de tu casa, y que te parece mi idea.

Y yo le dije ni loca que te pensas que soy, les dije son cuatro tarados, y les dije que al perro lo iba a sacar yo a patadas, al cual ellos se rieron y me dijeron que lo intente sacar sola que ninguno me iba a ayudar, el cual les dije en caliente, si no lo saco que me dejaba coger por el perro, pero si lo sacaba me tenían que dar la netbook de Carlos, al cual Carlos contesto ni loco, Jorge y facundo le dijeron dale si sabes que el perro no se deja agarrar, y yo les dije aceptan si o no.

tardaron unos segundos y Carlos dijo bueno esta bien, pero si no lo sacas a el perro te dejas coger por el, al cual dije si les doy mi palabra, en la cual yo estaba mentalizada que lo iba a sacar, y que tendría una netbook nueva. Después de varios intentos frustrados, julio dijo es hora de pagar tu deuda, en la que yo conteste no tengo una oportunidad mas, el dijo bueno sino vas a hacer su perra.

Yo le conteste agrandada como si savia que lo iba a sacar a ese maldito perro, yo les dije si tiene mi palabra, el me contesto bueno este es tu último intento, el perro se acerco a la puerta y me dije esta es mi oportunidad, fui corriendo y me tropecé con la alfombra de la entrada de mi casa, me caí al piso, me quise levantar poniéndome en cuatro patas, y hay estaba ese maldito perro, detrás mío e intentando montarme, pegue un grito, al cual ellos se acercaron corriendo y me dijeron, quédate quietita y no te muevas Carla, yo me asuste y facundo me dijo que no me mueva que me quede así en cuatro patas me quise escapar gateando hasta el living, y el perro me gruño y me quede quieta por miedo a que me muerda, Jorge me dijo yo te ayudo carlita, y el muy guacho me bajo la tanga y le toco el pene al perro y el perro empezó a mover sus caderas, en la que en un par de segundos sentí la puntita de su pija queriendo penetrarme pero no mi conchita, peor mi colita, y en ese momento grite fuerte no me la quiere meter por mi cola, le dije Jorge no sácamelo y el se rio y me dijo quédate quietita porque si te mueves el perro te va a morder, yo asustada le hice caso y el hijo de puta del perro me penetro mi cola con su pija, yo grite y gemía mientras les decía no, no párenlo que me duele, hasta llegue a pensar que disfrutaba el perro hacerme mi colita, en realidad a mi me re gustaba, que me coja mi colita, es más me la desvirgo y no pensé que me iba a gustar tanto, mientras que mis compañero sorprendidos se reían, y me decían, ole, ole, carla, carla, ahora sos su perra, dale duro Roco dale.

Roco le habían puesto al perro y no se por que, de golpe sentí una embestida fuerte que me dolió y mucho, y Carlos dijo mira le metió hasta el nudo yo en ese momento, no savia que era el nudo, porque me venia ósea tenía un orgasmo inexplicable al cual me llegue a mear encima, y Julio dijo que puta que es mira se meo, sentí que la verga del perro se empezaba a hinchar dentro mío, y grite hay me duele, me duele mucho, y en ese momento me di cuenta de lo que era el nudo, y les dije saquen Melo por favor, que esta haciendo mierda mi culo, yo les suplicaba como loca y llorando, sintiendo que se agrandaba dentro mío su pija, y sentí como una bola de tenis dentro mío, en ese mismo momento el perro empezó a eyacular dentro mío, les juro que me quemaba el culo parecía que me echaban leche caliente, la cual se escapaba de mi culito y me chorreaban las nalgas y por todas las piernas.

Bueno volviendo al tema, volví a suplicarles que me lo saquen, y facundo dijo no podemos estas re abotonada mientras se reían, en ese momento sentimos la puerta que se abría mis compañeros se le borro la sonrisa del rostro en un segundo, y yo me dije en mi mente hay no mis padres me van a matar, y en lo cual mis compañeros se quedaron helados, y yo estaba abotonada al perro y encima en la sala, a pocos metros de que me vieran, me puse mal y me puse a llorar, mientras el perro me lamia la espalda como de consuelo, mis padres entraron y dijeron Carla amor donde estas, mamá me vio primera susurrando en vos baja mierda qué carajo, que significa esto Carla, al verme abotonada al perro, mis compañeros agarraron las cosas y se fueron corriendo, y se escucha la vos de mi papá despacio no corran chicos, mientras mi vieja me decía sos una puta, nunca pensé tener una hija tan puta, y nunca se me cruzo en la cabeza encontrarte así, mi mamá grito Diego, Diego, apúrate veni a ver a tu hijita, diego era mi padre, mientras mi madre volvió a gritar veni rapido mira que hija mas puta que tenemos, y lo que hace cuando no estamos, mi padre me vio asombrado y dijo dios mio, está loca que hija de mil puta que sos, como podes hacer eso, mi madre dijo es una puta nuestra hija es re puta y es más le gusta ser cogida por la Berga de un perro, mientras yo lloraba a moco tendido, de pronto sentí que al perro se le deshinchaba la bola y se bajo de mi espalda, lamiendo su pene rojizo, yo me quede en cuatro patas re angustiada y llorando y mi mamá y papá me decían no te muevas de ahí puta si te mueves, dijo mi papá te pego un cachetazo que te arranco la cabeza, yo le dije llorando no papi no me pegues, mientras me decía infinidades de cantidades de insultos, pegándome un chirlo muy fuerte en mis nalgas, sentí que me quemo mi nalga de lo fuerte que me pego, enojado el lo agarro al perro del morro y lo trajo al lado mío, y le dijo dale, dale cógete a esta puta, no le dije no, no papito te juro que no lo hago mas, y el dijo cállate zorra puta, mientras que yo lloraba y le suplicaba, el insistió y lo acomodo al perro otra vez, al cual al hijo de puta del perro le gusto la idea, y me volvió a montar, y me penetro devuelta mi culito, y se me escaparon gemidos y en ese momento en pese a gemir mas fuerte y mi madre dijo mira, mira que puta es si lo disfruta ser follada por ese perro, me das asco carla, y al perro bastaron esta vez un par de segundos y de vuelta tenia a el perro abotonado a mí y yo me volví a mear toda de vuelta de la excitación, mi padre me agarro del pelo como una zorro que era en ese momento, y me dijo te gusta puta no te gusta, lo estas disfrutando no, no, lo mire con mi rostro cansado y lleno de lagrima mientras emitía el ultimo gemido y le dije si papito sí si me encanta, te encanta no, y en ese momento me dijo toma hija de mil puta, me escupió la cara, y se levanto, separo frente a mí, y me dijo mírame, puta que te voy a dar algo, bajo su bragueta y me en peso a mear mi cara, dale abrí la boca trola, y yo la abrí y el me dijo, trágalo, yo le hice caso, mientras el me decia ahora si sos toda una puta hijita.

mi madre fue a la cocina, agarro un vaso grande y espero a que el perro se desmonte, me agarro del pelo y me pego un cachetazo en la cara que me dolió mucho y me dijo párate dale párate puta de mierda, me pare y me temblaban las piernas, y a su ves chorreaban el semen del perro, en ese momento mi mamá puso el vaso en mi culito maltrecho y me dijo ahora putita ase fuerza y que salga toda la leche de tu culito dale dale que esperas, yo asustada le hice caso y casi llene el vaso con el semen del perro, cayendo en sus manos también un poco de semen, me dijo ahora puta tómalo, yo le dije no mamá no ella me pego un cachetazo. y me agarro del pelo y me dijo dale tómalo que miras pelotuda dale dale hija de mil puta o te lo hago tragar, agarre el vaso con miedo y lo empecé a poner en mi boca, no era feo, les confieso que me gusto, y mi mamá me dijo trágalo putita y mejor que no hagas cara de asco , cerré mis ojos y me lo trague y ella me dijo a ver abrí la boca y mostrarme, al ver que no tenia nada de semen me dijo, ahora si puta anda a bañarte y después anda a tu cuarto que estas castigada, y yo me fui subí las escaleras y vi que mi mamá paso el dedo por dentro del vaso y probo un poco del semen del perro que quedaba, y me dije era tan zorra como yo me dije.

Estuve castigada por casi un año sin que me dejen salir era un garrón, a cuando me paso eso yo tenia apenas quince años. Bueno espero que les haya gustado mi desgracia y el repudio de mis padres hacia mi.

Pero esto es solo el comienzo tengo mas solo espero su aceptación.

Fetichistas de grandes tacones

Era una hermosa y joven mujer,.vestida muy audazmente, que caminaba con pasos muy cortos y rápidos, era evidente que estaba apurada y la enorme altura de sus afilados tacones no le permitían correr, ya que esos tacones debían medir a lo menos unas 6″ o tal vez mas, siendo que su pie no era muy grande o al menos así se lo veía.

Como el fanático fetichista de los tacones altísimos que soy, no pude menos que seguirla, ya que era nada menos que la musa inspiradora que había esperado encontrar toda mi vida, y ahora no quería perderla de mi vista por ningún motivo, ella colmaba todos mis sueños por largos años., ella era la culminación de mi espera, y la mujer que yo siempre había buscado.

La pude alcanzar fácilmente y caminado a su lado le dije con toda franqueza, que por favor me perdonara, pero que me era absolutamente imposible no acercarme a conversar con ella, ya que era la única mujer tan perfectamente vestida y caminando con esos tacones tan preciosos que había logrado ver en toda mi vida y que con eso ella cumplía con todos mis sueños.

Ella me dijo con una leve sonrisa algo irónica:

Veo que eres un chico muy audaz y atrevido, pero quiero creer que a su vez eres muy sincero, y que si te has atrevido a abordarme de esta manera es que debes tener algunas buenas razones muy poderosas para ello, así es que me las vas a explicar ahora mismo, o no seguiremos con esta conversación.

Abrumado por su exigencia tan perentoria, le tuve que contar con todo detalle la verdad sobre mi fetichismo, y lo que me había sucedido al verla con esa maravilla de sus tacones, a lo que me contestó que había sospechado algo así desde un comienzo.

Me dijo que me comprendía perfectamente, ya que sabía muy bien todo sobre este tema, pues ella era también una fanática para usar sus tacones así y que lo hacía con un enorme placer a pesar de que no era nada de fácil.

Según su opinión valía la pena el sacrificio, a cambio del éxito y la admiración que causaba la exhibición de ese difícil y tan escaso arte, el que le había costado bastante llegar a dominarlo suficiente como para poder pasear así con esos tacones, los que según me confesó, eran los mas delgados que existían en sus 14 cm. de alto, (5 ½”)

Mientras seguíamos caminando y conversando, la tomé del brazo y la invité a un café que había allí cerca, donde entramos y nos sentamos en la barra, en sendos y altos taburetes metálicos, frente a una enorme ventana que daba hacia la vereda de la calle,

Ella trepó ágilmente en uno de estos taburetes y se puso pierna arriba, enganchando el fino y altísimo tacón del otro pie, en la barra inferior del artefacto metálico.

Con una seductora sonrisa ella me propuso que, ya era el momento de presentarnos y saber quienes éramos, y a continuación me contó que se llamaba Estefanía y que vivía sola en un departamento cercano, porque había quedado sola e independiente, ya que era la única hija de un matrimonio de fabricantes y comerciantes en calzado, que habían perecido en un accidente de aviación hacía cuatro años atrás cuando ella tenía solamente 29 años.

Por mi parte yo le conté que vivía solo igual que ella, que vivía de las rentas de las inversiones que había heredado de mis padres, que estaba en busca de algún trabajo que me ayudara a paliar mi soledad, y que ya había cumplido los 35 años.

Como mientras caminábamos, yo le había contado todos mis anhelos de fetichista de tacones, ahora ella me contó los suyos, que eran los de encontrar a alguien que tuviera gustos y costumbres parecidos a los de ella, para acompañarse mutuamente y platicar la amistad sin tener que esforzarse en solucionar problemas por diferencias de opinión sobre el modo de enfrentar la vida en común.

Estábamos tan enfrascados en nuestra conversación que no nos habíamos dado cuenta que mucha gente se había detenido frente a la ventana de la calle y nos miraba sin mucho disimulo, atraídos sin duda por la excepcional espectáculo de las maravillosas piernas de mi compañera rematadas en sus altísimos y afilados tacones.

Al hacérselo notar, ella sonriendo con picardía me dijo que ya estaba acostumbrada a ser motivo de la curiosidad y que como era bastante exhibicionista, le encantaba que la miraran mucho y que talvez por eso usaba su tacones tan altos, y me propuso que olvidáramos de preocuparnos por eso.

Pero la cosa no quedó así, ya que el propietario del café, en persona, salió de la caja y se nos acercó a conversar, diciéndonos que nos agradecía mucho el interés que estábamos provocando entre sus clientes, ya hasta los curiosos estaban ingresando y pidiendo cafés a raudales.

Nos dijo que estaba deseoso de contratarnos a cualquier precio, para que viniéramos todas las veces que pudiéramos a colocarnos allí, ya que gracias a nuestra presencia se había repletado su local como nunca antes.

Estefanía le agradeció sus propósitos y le ofreció hacerlo así, pero que lo haría solo a cambio del café gratis para los dos y a su grato saludo, ya que le fascinaba que la gente la pudiera admirarla con tranquilidad y sin molestarla, porque eso le encantaba.

Las chicas atendedoras del café que iban bien ligeras de ropa y con enormes plataformas para elevar sus tacones al máximo sin cansarse de tanto trajinar, se le acercaron también y le expresaron su admiración por su gran destreza para caminar con esos vertiginosos tacones y pasearse con ellos tan fácilmente.

Esa destreza les provocaba mucha envidia, porque ellas trataban de hacer lo mismo para atraer a mas clientes lo que les significaría mas generosas propinas, pero que sin la ayuda de sus plataformas les era imposible trajinar todo el día con ese sensual altura,

Ella les agradeció sus elogios y les explicó que podía hacerlo así porque sus padres le habían contratado clases de ballet desde los tres años y que como ellos eran propietarios de una fábrica especializada en calzados de esa clase, le había sido posible entrenarse perfectamente en usar esos tacones de gran altura, sin dificultad mayor.

Después, a mí me contó que a su madre le habían fascinado siempre las tacos altísimos, y que a su padre también, porque en eso el había sido muy parecido a mí, por eso desde tan niña la habían entrenado en ese verdadero arte que es el usar tacones de mucha altura sin gran problema.

Además como calzaba Nº 41, o sea Nº 11 de USA, era capaz de usarlos incluso de mucho mas altura todavía, pero que se bajaba a solo 14 cm. ( 5 ½”) para el trajinar de cada día, ya que con esa altura podía hacerlo sin cansarse mas allá de lo normal.

Yo quedé como loco con sus explicaciones, y juré a mi mismo tratar de a lo menos igualarla alguna vez, pero sabía que eso me sería imposible, ya que es el ballet desde muy pequeño el que permite esa verdadera hazaña de usar tacones tan extraordinariamente altos.

Yo ya estaba perdidamente enamorado de esa maravillosa mujer y sería capaz de cualquier cosa por conseguir que me correspondiera, ya que ella era exactamente la clase de mujer que yo siempre había estado buscando desde que tuve el conocimiento de que era un fetichista irremediablemente consumado por esos tacones de maravilla.

Sin pensarlo más le dije de un sopetón que estaba totalmente seguro de que ella era exactamente la mujer que siempre había estado buscando, para poder unirme a ella por toda mi vida, ya que ella comprendería claramente siempre mis deseos de fetichista empedernido.

Además que yo creía que ella iba a convertirse en una verdadera cómplice de mis anhelos fetichistas, lo que me haría, si ella aceptaba, el mas feliz de los hombres y por esa razón yo también sería capaz de hacerla mas que feliz, si ella seguía siendo como era.

Sonriendo con mucha picardía, me preguntó en tono bromista que como estaba tan seguro de su reacción ante mi proposición, pero de inmediato se puso muy seria, y me dijo que ella también estaba convencida de lo mismo,

y enseguida se me acercó y me besó suavemente en los labios, diciéndome que estaba segura que yo sería para ella el amante perfecto que ella había anhelado desde muy niña, su verdadero, y ahora real, príncipe azul.

Yo estaba tan emocionado con sus palabras de aceptación, que sin importarme la presencia de los demás clientes, la estreché entre mis brazos y la besé con intensa pasión.

Nos costó bastante salir del café, ya que los innumerables mirones estaban aplaudiendo a rabiar y nos pedían: bis, bis.

Pero lo hicimos lo mas rápido que pudimos, ya que sus tan altos tacones no le permitían correr , nos subimos a un taxi que pasaba por ahí indicándole que nos llevar a su departamento, cuya dirección le indicó mi tan amada compañera.

Al momento de llegar entramos y tomamos el ascensor, el que llevó directo su magnífico y único departamento en el 24º piso, el piso mas alto del edificio, allí bajamos, entrando directamente al hall de llegada de ese departamento que era de su exclusiva propiedad, ya que además de ser preciosa, la niña era muy rica, según supe después.

El departamento era enorme y muy lujoso, pero no alcancé a mirarlo con detalle esta vez, ya que ella me tomó de la mano y me llevó a su dormitorio donde me dijo que teníamos que desvestirnos para lo que ponía a mi disposición el baño vecino.

Ella de inmediato se sacó solo el vestido y la faja y se cambió de zapatos subiéndose a unos vertiginosos Oxfords de gamuza negra con delgados tacos de 7″ o sea de 18 cm, 4 cm. más altos aún que sus anteriores.

Nuevamente me tocó admirar su gran destreza en usar esas maravillas de zapatos cerrados, con un taco extremo de tal altura, pero ella los usaba sin ningún problema y caminaba con ellos con gran soltura.

Yo me había colocado otra vez unos tacos de 6,5″ o sea de 17 cm. pero con ellos me costaba bastante caminar y tenía que hacerlo con las rodillas a punto de doblarse, ya que no tuve tiempo de entrenarme lo suficiente, por no ser míos.

Yo no podría jamás caminar así con esa facilidad aunque me entrenara con sus nuevos tacos de 7″ que ella los manejaba tan bien.

Pero ella me desafió a ver si podría usarlos y me puse unas de sus medias y me subí a los famosos Oxfords con 7″ de taco, de los que ella se había sacado para facilitármelos a mi, en prueba.

Con ellos bien atados al pié me paré y lo pude hacer pero con las rodillas un poquito dobladas, al tratar de caminar, pude dar solo unos pocos pasos en dirección a ella, ya que al llegar tropecé, y caí en sus amorosos brazos, ella me consoló de mi humillante fracaso con muchos besos y caricias sin fin, los que terminaron en un apasionado encuentro que volvió a llenarnos de mucha felicidad.

Mas tarde ella me contó que fue su familia, mas que nada, la causa de su acendrado erotismo por los tacos altísimos, ya que sus padres se casaron llevados por la misma común afición a esa clase de tacos, y que por ello se dedicaron con gran entusiasmo a la fabricación de esa clase de calzado.

Con eso en común, tenían una vida muy feliz ya que el gran erotismo que les causaba su afición por esos zapatos, los llevaba a tener una intensísima e incansable vida sexual, lo que los mantuvo siempre muy unidos y felices. Al constatar ella esa armonía tan perfecta por largos años, no pudo menos que tratar de seguir su exitoso ejemplo.

Por lo anterior, ella sabía muy bien las consecuencias de mi fetichismo, por lo que pronto, me sugirió que yo tomara algunas cosas de sus closet y me vistiera como a mi excitaba mas, para que continuáramos mejor todavía con nuestras sesiones amorosas.

Para ello me llevó a la enorme pieza con sus tan bien surtidos closet y allí comparamos nuestras respectivas medidas.

En el busto, ella tenía 90 cm. el que con sus copas del tamaño DD le daban un contorno de 102 cm., Yo tengo de contorno 104 cm.

En la cintura, ella tenía 72 cm. y yo 92 cm. y

En las caderas su contorno era de 96 cm. y las mías eran de 90 cm.

En estatura, la suya eran 169 cm. y la mía era de 178 cm.

En calzado, ambos teníamos el mismo Nº 41

De este modo con la similitud de nuestros cuerpos, nos era posible intercambiar ropa y zapatos sin problema alguno, ya que a mi me bastaba apretarme a fondo la cintura y agregar rellenos en glúteos, caderas y senos, para que sus ropas me quedaran aceptablemente bien.

Abriendo el closet correspondiente, ella me escogió un sólido y firme corset de gamuza negra, con rellenos de silicona para los glúteos, las caderas y los abultados senos de textura casi natural, además tenía 8 tirantes para las medias.

De otro closet sacó un par de preciosas medias de nylon negras con anchas ligas bordadas y refuerzo de Lycra que le daban un intenso brillo.

Y al final escogió para mi, unas maravillosas sandalias negras de cabritilla, con una nube de tirillas muy finas que me las ataban firmemente a mis pies y que tenían un delgadísimo taco de metal plateado de 5 ½” de alto o sea de 14 cm.

Ella misma me ayudó a bañarme en la tina con sales perfumadas y luego a ceñirme el asfixiante corset, el que había que apretarlo a fondo para que me calzara bien en la cintura, y luego, a colocarme las finas medias y las preciosas sandalias.

Luego ella también se cambió, y yo estuve ayudándola en cada paso, se puso casi las mismas cosas que me puso a mí, pero todas de color rojo intenso y calzó unos increíbles zapatos cerrados con cordones modelo Oxford rojos con plataformas internas en forma de cuña tan especialmente hechas que nada se notaban externamente, las que le permitían usar y caminar bien con unos fabulosos y esbeltísimos tacones de metal dorado de 8″ o sea de 20,3 cm.

Se veía muy esbelta, tan altísima y magnífica como una verdadera Diosa del Olimpo, ya que subida en esos tacos su estatura llegaba a casi 1.90 mt., en cambio yo con los míos de 14 cm. apenas llegaba a 1,94 mt.

Cuando terminamos de vestirnos tan sensualmente, ambos estábamos mas que preparados para hacer el amor, ya que durante la sesión de vestirnos no habíamos cesado de darnos apasionados besos y hacernos caricias cada vez mas cálidas.

De modo que con un apasionamiento enorme, dimos feliz término a la sesión de vestirnos, con un entusiasmo tan sensacional, que nos hizo llegar mas fabuloso de los clímax asidos fuertemente como con desesperación, y luego cayendo rendidos y aun acoplados, hasta despertar estrechamente abrazados.

Esa tarde y esa noche hicimos el amor muchas veces, no llevábamos cuenta, pero no pueden haber sido menos de una 10 veces y sin sacarnos nada de esa ropa tan sexy, ni esos maravillosos zapatos tan incitadores para estimular el sexo.

En la mañana tomamos un desayuno muy abundante, ya que teníamos un hambre de lobo, y luego nos sacamos la ropa para poder ducharnos,en la misma ducha volvimos a hacerlo aprovechando la íntima proximidad de nuestros cuerpos, una y otra vez, hasta que ya exhaustos de tanto amor, salimos y nos secamos.

Como teníamos los medios mas que suficientes, planeamos hacer una gira por el mundo en calidad de luna de miel, dejando a nuestros abogados a cargo del negocio por ese momento.

Fueron unos meses maravillosos en los cuales paseamos e hicimos el amor interminablemente.

En uno de estos viajes tomamos un crucero por mar, y en esa ocasión se nos ocurrió que para poder disfrutar de nuestro fetiche todo el tiempo, sin tener que afrontar la curiosidad de de los otros pasajeros, íbamos a simular que éramos dos íntimas amigas en viaje de placer.

Para eso fue imprescindible que yo me transformara en todo instante en una casi perfecta mujer muy imposible de descubrir, para lo cual teníamos que tomar las más cuidadosas precauciones.

Menos mal que tengo una barba débil, que es bien rala, por lo con que solo aplicándome una gruesa base de maquillaje después de un buen afeitado bien cuidadoso, sería suficiente para todo un día.

En el cabello no tendría problema, ya que lo usaba bien largo y tomado en una cola, siendo bastante liso, por lo que era suficiente teñírmelo de ese rubio tan de moda y hacerme un peinado bien apropiado para cada situación, para quedar perfectamente bien preparado.

La transformación tenía que ser lo más perfecta posible, ya que si alguien a bordo se percataba del cambio, no tendríamos sitio alguno donde poder estar o pasear, durante el resto de la travesía y solo podríamos quedarnos encerrados en nuestro camarote hasta el desembarco, so pena de sufrir miradas burlonas de los demás pasajeros y. su posible discriminación.

Ya que todavía había bastante tiempo antes de embarcarnos, pudimos perfeccionar más todavía nuestra preparación, así es que me sometí a un tratamiento radical para extirpar mi barba total y permanentemente.

Esto se hizo en base a quemar con electricidad pelo por pelo mi débil barba, el tratamiento fue muy lento y muy caro, pero valió la pena, ya que quedó perfecto, de tal modo que no me he tenido que afeitar nunca más.

El paso siguiente fue mandar a confeccionar en un sitio muy especial y privado que encontramos en la Web, un juego de calzones de una tela muy transparente pero muy firme, fina y delgada, lo mas diminutos posibles y del color de mi cuerpo.

Estos calzones me tenían que apretar muy ajustados, de tal modo que modelaran al máximo mi cintura y la dejaran lo mas estrecha posible, además tenían unos abultados rellenos de silicona fijos por su interior, que me remodelaban las caderas y los glúteos para darle unas formas mas femeninas.

En este mismo taller se hizo confeccionar un juego de petos de iguales materiales y características que los calzones, el que era posible de ser adherido casi invisiblemente por adelante a mi torso, con un pegamento especial que hacía posible de retirarlo en forma muy sencilla con una crema especial.

El peto tenía las formas de un par de senos de un tamaño bastante grande, pero no tanto como para hacerlo demasiado evidente, estas formas iban rellenas con silicona las que tenían un toque muy natural al tacto.

Con estas prendas tan especiales, podría incluso usar un traje de baño normal, pero no un bikini, y dentro de mis calzones tan ceñidos, era posible disimular muy bien mis testículos, ya que irían metidos en su cavidad natural dentro de mi cuerpo. existente desde la infancia.

En cuanto al pene mismo iría en el mismo lugar pero por fuera de mi cuerpo, por el interior del calzón, metido hacia atrás por el entrepiernas, de tan modo que me era posible orinar sentado en un inodoro, ya que habría en el calzón, un espacio para ello hacia su parte posterior.

Con toda esta parafernalia colocada, restaría hacer todas las preparaciones normales, previas a una salida en público, o sea, maquillarme completamente, y colocarme uñas adheridas y pintadas según la moda.

Posteriormente a esto solo sería necesario vestirme y calzarme los zapatos, según lo que correspondiera a cada ocasión.

Pero siempre que correspondiera y en cada caso particular, tendría que llevar zapatos de cualquier estilo, pero siempre tratando de usar los tacos mas altos que todas las demás mujeres, de tal modo de dar primacía, principalmente a mi fetichismo

Cuando ya todo lo anterior estuvo preparado, nos embarcamos en el crucero para un viaje de 85 días recorriendo el contorno de América del Sur , pasando por el estrecho de Magallanes, haciendo rumbo a Europa y posteriormente, bajando por África, dirigirnos al Oriente, visitando las islas del Ïndico,

llegando a las islas de la Especias, pasando al Japón y a China, para llegar a los EE.UU y retornar a este país.

Durante este largo periplo, pasamos grandes aventuras y disfrutamos de un ininterrumpido amor que se vio bastante complicado por el gran éxito que hubo entre todos los pasajeros gracias a nuestra tan atractiva presencia y a los ardientes deseos de muchos de ellos de conseguir nuestros favores sexuales, cosa que a veces nos fue muy difícil de parar sin provocar problemas.

En nuestra pasada por el Oriente, en Japón supimos de unos ingenieros que habían diseñado una máquina electrónica, una especie de Scanner, que tomaba con absoluta exactitud las formas de un pie humano en tres dimensiones, y las pasaba a una computadora.

La computadora a su vez manejaba otra máquina la cual fabricaba unas hormas para calzado, que eran una copia exacta de los pies de esa persona humana, así esto hacía posible la fabricación unos zapatos que calzaban absolutamente bien al cliente, sin problema ni dolor alguno.

Ambos estuvimos de acuerdo en comprar esa máquina y su patente a cualquier precio, ya que la máquina nos permitiría garantizar que cualquier persona con pies difíciles, tendría un calzado absolutamente cómodo y sin problemas de ninguna especie.

Eso nos crearía una clientela muy selecta que sería capaz de pagar grandes sumas por un calzado de esa clase y a

su vez nos permitiría crear una nueva clase de calzado que pudiera hacer posible llevar zapatos con un tacón bastante mas alto, y prácticamente sin problemas, para las clientes aficionadas a los tacones muy altos, lo que nos convertiría en los reyes de esta clase de calzado.

Compramos la máquina y su patente en una cifra bastante prudente e incluso contratamos a los ingenieros que la diseñaron, para que nos diseñaran nuevos programas apropiados para nuestros designios de calzado con tacones excepcionalmente altos.

Con estas novedades retornamos y procedimos ampliar la fabrica de nuestro antepasados, lo que nos dio gran fama en todo el orbe y nos comenzaron a llegar numerosos pedidos que cumplimos cabalmente, para la delicia de nuestros nuevos clientes lo que aumentó aún más, nuestra ya bien ganada fama.

Intercambio a mi esposa en un balneario

Pues como os iba contado en mi anterior relato ”En el Balneario con Silvia”, el conocer a la parejita de recién Casados, Oscar y Rocío, cambio un poco lo planes de mi amiga Silvia para estar conmigo y follar hasta cansarse, porqué al conocer a Oscar y chico joven y tras ver que eran una pareja muy liberal y con ganas de experimental cosa nuevas y sobre todo sexual con una pareja de maduritos por lo menos yo, eso le atraía a Silvia como me comento en la larga charla que tuvimos en nuestra habitación, porque esa noche solo hicimos un 69 y ya está.

Silvia estaba loca porque se la follara Oscar, y de paso quedarse preñada de él, porque a sus 38 años quería tener otro hijo, pero con un hombre que no le creara problemas y ese era Oscar.

Buenos pues habíamos quedado que yo me levantaría al otro día cuando descansara bastante y que Silvia se fuera a sus saunas y baños especiales por todo el barneario,nos veríamos al medio día en nuestra habitación para bajar a comer, como así lo hicimos.

Note que sobre la 9,30 am Silvia con un Bikini rojo y una toalla tapándole su culo se disponía a irse, me dio un beso en mi polla que por su puesto estaba floja y me dijo” hasta luego viejito que descanses que me yo me voy” yo no dije nada solo me puse mi radio y me puse a oír las tertulia de mi programa favorito, y seguir con mi relax camero jajá.

Pues sobre las 11 am estaba acabándome de duchar cuando llamarón a mi habitación, pensé que sería Silvia que venía a coger algo o seria el servicio de habitaciones por eso a no estar seguro me puse la toalla, y abrí la puerta y cuál fue mi sorpresa era Rocio,que venía vestida con un pijama de esos que le llaman tentaciones preguntando que si estaba Silvia conmigo, porqué su estrenado marido a las 9,45 se había ido de la habitación y no sabía dónde estaba, aunque se lo imaginaba a no ver a Silvia conmigo, solo se le ocurrió decir “ Rafa ,Silvia se está follando a mi maridito jajá” yo le dije que no fuera mal pensada, que a lo mejor estaban cada uno por su lado, a lo que me contesto que ella no era celosa, que por si acaso nosotros podíamos hacer

Lo mismo, tiro de la toalla que me cubría me cogió mi polla que estaba ya morcillona y tirando para dentro donde estaba la cama, me dijo Rafa vente que tengo ganas que me folle un madurito y además tú no me puedes preñar y estoy cansada de follar con condón porque Oscar no quiere que tome pastillas ni quiere que me quede preñada tan pronto y el chocho lo tengo que huele a goma quemada.

Pues se puso de rodilla me cogió la polla y empezó a pasar la lengua por mi capullo y mis huevos con una delicadeza que me estaba volviendo loco, mi polla estaba creciendo por segundos y más viendo a esta muchachita tan joven comiéndome con ese arte mi polla, estaba ya cachondisimo, ella a su vez se estaba acariciando su coñito con su hilera de pelitos que tenía en el centro, cuando ella misma vio que ya la tenía tiesa como un palo se me dio la vuelta y se puso culo en pompa apoyando la manos en la cama y me dice “ anda Rafa métemela que estoy cachondisima y quiero polla a pelo” yo me cogí mi polla y empecé a restregársela de arriba abajo por su rajita, para nada más estuviera mi capullo mojadito empezar a metérsela, con los roces que le estaba dando yo empecé a echar liquido pre seminal lo que hacía que ella a notarlo en su coño chillaba y me decía que por favor métela ya , y así lo hice, estaba estrechito ya que aunque estaba ya cansada de follar con Oscar no había parido y para mi parecía virgen.

Puse mi polla a la entrada y empecé a meterla despacio porque sabía que como no fuera así yo me correría pronto, pero a ella a sentirla empujo hacia mí para que le entrara de golpe como así fue, yo empecé despacio a metérsela y a sacarla despacio para evitar mi corrida, pero lo sorprendente fue que ella a sentir mi embestidas despacio solo me dijo,”joderrrrrrrrrrrr, que me corroooooooooooooo,ay ay que barra mas caliente me quema que caliente ,yaya sigue sigue, lléname de leche” Yo le dije que no se sofocara que iba a ponerle unos buenos cuernos a Oscar, y solo dijo que se joda que vamos a follar nosotros y además vas a presumir que te has follado a una recién casada en su viaje de novios, y así seguimos cambiamos de postura y ella se subió encima mía para montarse encima y volverse a meter la polla yo empecé a tocarle sus pechos que también era hermosos y ella solo gritaba ma,masssssssssssss sigue no pares, hasta que con sus empujones cuando le dije que iba a terminar se quedó sentada yo empecé a soltar leche y ella al sentirla toda caliente se empezó a tener su segundo orgasmo, se echó sobre mi pecho, satisfecha como una gatita en celo, le dije que si quería ducharse que lo hiciera y después buscaríamos a su maridito y a mi viudita folladora, y así lo hicimos cuando termino de ducharse yo fui a su habitación a por un bikini color rosa, un pareo y una crema que me indico, se lo puso y me puse mi bañador y a ver por donde andaba Oscar y Silvia y si estaban juntos como así fue, pero no estaban en el Hotel, preguntamos si había visto salir a Oscar y a Silvia, por discreción no quería decir nada, pero al ver que no estaban en el Hotel, subimos a nuestras habitaciones nos vestimos para salir a dar un paseo, y aprovechar y ver el paisaje, salimos y vimos a un señor mayor apoyado en una baranda de un riachuelo que pasaba por allí. Rocío le pregunto si había visto, salir del Hotel un Seat Toledo color amarillo que era el color del coche de Oscar, el abuelito le contesto que sí que era una pareja y que iba los dos en bañador y le había preguntado que donde podían bañarse a lo natural y él le indico un paraje a unos 5 kilómetros del mismo rio donde estaba que le llamaban” LA LECHOSA” porque allí desde toda la vida se iban a follarse la parejitas.

Cogimos mi coche y nos fuimos a buscarlos ya sabíamos que estaban juntos, Rocío solo decía que el muy cabrón se estaba follado a Silvia si habérselo dicho a ella, yo le dije que no formara un espectáculo, porque nosotros habíamos hecho lo mismo, pero ella decía que lo que le molestaba era que no se lo había dicho.

En fin sobre los 15 minutos de camino dimos con el paraje, llegamos y allí no se veía ningún coche amarillo, nosotros paramos y empezamos a andar buscando la orilla de rio, cuando llevábamos unos 500 metros vimos a final de un camino cortafuegos algo amarillo, y al seguir y acerarnos oíamos una risas y decir” toma, toma guarrila toma polla joven” os acercamos porque ya nos dimos cuenta que era Oscar que tenía a Silvia encima del capot de coche, y la tenía con las piernas en V, dándole fuerte a mi viudita alegre como desde entonces empecé a llamarla, Silvia solo decía que estaba en sus días fértiles y que la preñara que le llenara otra vez su matriz de leche fértil, nosotros que nos escondimos a unos 3 metros de donde estaban ellos, nos estábamos poniendo cachondos perdidos a mí se me estaba poniendo la polla dirá como el tronco del árbol donde estábamos escondidos.

Rocío que estaba a cuatro patas embobada viendo a su maridito follando miraba para atrás me miraba y se sonreía, yo que estaba ya todo empalmado me puse detrás de rodillas le baje el pantaloncito que llevaba y de un solo golpe se la metí, ella al sentir mi polla dentro pego un grito lo suficiente alto para que la otra pareja se diera cuenta de nuestra presencia.

Oscar se asustó un poco y se la saco a Silvia, la cual está que al parecer estaba notando que Oscar le iba a soltar su lechada se cabreo mucho, pero fue solo un momento, cuando Oscar se dio cuenta, solo dijo a su mujercita “Que haces ahí Rociito” y ella contesto “fallándome Rafa lo mismo que tú estás follando a Silvia, so guarro”. Silvia cogió a Oscar y le dijo “Vuelve a metérmela so gilipichi y deja a Rafa follase a tu mujercita que no te la va a preñar, como tú a mí y así entre gritos y suspiros los cuatros no corrimos a la vez.

Después de esto nos juntamos los cuatro y empezamos a tomar unas cervezas y unas patatas fritas que Oscar y Silvia y volvimos los dos coches a Hotel para continuar nuestras folladas.

Clases de mecanografía que terminan en sexo con madura

Dar clases de mecanografía en los ochenta, primeros de los noventa era algo normal y lógico, toda madre que prestase atención a los cuidados de sus hijos, mas aún cuando estos no quieren terminar sus estudios primarios buscan una posible solución con estas clases en ocasiones domésticas que en realidad no iban a servir para nada con su ausencia lógica de diplomas o reconocimientos oficiales. En cualquier caso mi madre no iba ser menos, y podeis dar por sentado que cuando cumplí los dieciseis años y había dado por finalizada mi vida estudiantil fue ella la que se ocupó de buscarme unas clases particulares a manos de Raquel.

YO ADOLESCENTE

Para situarnos en el tiempo os diré que hablamos de finales de la década de los ochenta, principios de los noventa, España en transición adulta, he terminado mis ocho años de escolaridad de la E.G.B , mi nota media es un seis, me matriculan en un instituto para comenzar a estudiar lo que antes era F.P ( Formación Profesional ) en la modalidad de ” Automoción del automovil “, nada, ni un año, no logré aprobar ni una sola asignatura, con ayuda de mis nuevos compañeros de clase me dediqué a vaguear todo el curso sin dar “un palo al agua”.

Por más que lo intetaron mis padres no consiguieron que volviese a coger un libro, me convertí en un adolescente sin oficio ni beneficio, nada por aquí nada por allá, solo me estimulaba salir los fines de semana con mis amigos e intentar ligar con alguna chica en la discoteca, ni si quiera valía para eso, mi timidez con ellas y mi manera , no sé, ¿ chapado a lo antiguo ?, quizá, me hacían volver todas las noches de “vacío” a casa, mientras mis amigos si que conseguían al menos enrollarse ( morrearse ) con alguna chica espabilada, podeis dar por hecho que nada sexo, solo besos, y si eran con lengua todo un exito.

Una conversación normal y frecuente con esa edad era siempre relacionada al sexo, todos soñabamos con nuestra primera vez, fantaseábamos con amigas, conocidas o incluso alguna famosa de la tele, como no teníamos acceso a internet, ( simplemente no había ), las revistas de pornografía “requisadas” a nuestros padres eran nuestro mayor estímulo sexual externo, era a lo más que podíamos aspirar, y si la revista era nueva sin hojas arrancadas entonces era el “HD” del momento. ( hay que tener alrededor de los cuarenta para entenderlo )

MATRICULADO PARA DAR CLASES DE MECANOGRAFÍA EN CASA DE RAQUEL, GORDA , TETONA Y FEA

Podeis dar por hecho que estas clases son total y completamente en contra de mi voluntad, ni decir tiene que es un intento desesperado por parte de mi madre para tenerme ocupado las tardes y poder abrir una posible puerta laboral en mi futuro.

Es Lunes, agarro el estuche que contenía la “Olivetti lettera 32” y camino junto a mi madre a casa de Raquel, vive a unos diez minutos andando de mi casa, por mas que intento persuadir a mi madre para que desistiese en su intento de convertirme en alumno clandestino de Raquel no consigo convencerla.

Segundos después de tocar el timbre de la puerta….

– Hola María, pasa, este debe de ser Carlos, que grande, es todo un hombretón.

Por lo que se ve Raquel y mi madre ya se conocían, y eso junto a lo de “hombretón” me molestó bastante, y , no es que me molestase que mi madre conociese a Raquel y yo no, pero, al menos me podía haber dicho que era gorda, fea y mayor incluso que ella ( aunque en realidad tenían la misma edad, 38 ) .

Después de las presentaciones y una charla entre las dos adultas Raquel me invitó a que entrase en una estancia contigua al salón donde nos había recibido.

Un salita cuadrada, quizá diez metros cuadrados, una mesa redonda en medio rodeada de cuatro sillas, un sofá pegado a una de las paredes, justo frente un mueble que ocupaba toda la pared y en su mitad el televisor, cuadros y una ventana completaban la estancia.

Mi madre ya se había marchado, me hizo sentar en una de las sillas de la mesa, saqué mi olivetti y me entregó varios folios que ella misma se encargó de colocar en el rodillo de la máquina, se puso a mi lado y colocó mis dedos en el teclado de la forma que ella sabía que era la correcta, al lado de la maquina unos apuntes…….

asdfg ñlkjh

Estas fueron mis primeras letras tecleadas en una máquina, pero la soledad en aquel salón , esa televisión con un culebrón latinoamericano a primera hora de a tarde, y Raquel, si Raquel, esa gorda en bata de casa, con grandes gafas y tomando un café con magdalenas en un rincón del sofá hacían una estampa un poco aburrida y estrambótica para un chico de mi edad, solo el olor a perfume que desprendía esa obesa señora hacía algo más apacible la situación.

Supongo que Raquel se dio cuenta de mi aburrimiento ancestral, y el tercer día de clases decidió realizar lo que se convirtió en una agradable tertulia entre madura y adolescente.

Me dijo que estaba casada, su marido era transportista y pasaba semanas fuera de casa, no tenían hijos, trabajaba por las mañanas en un banco del pueblo, el almuerzo y la cena solía hacerlos en casa de su hermana que vivía en el mismo pueblo, cerca de su casa, se mostró simpática.

RAQUEL, GORDA , TETONA …… Y NO TAN FEA

Todo cambia, la semana siguiente todo comienza a dar giros extraños, para empezar desaparece la bata de Raquel, en su lugar tenemos un vestido de una sola pieza que se queda estancado por encima de sus rodillas, a mitad de sus muslos, su tetas, enormes, luchan por salir de su prisión por el escote “decente” de la prenda, solo un par de botones impiden la fuga, sus gafas , supongo , no lo sé, que puede haber lentillas, o quizá , simplemente ya no le hagan falta.

Raquel que sin lugar a dudas sigue siendo gorda ahora pienso que está “rellenita”, sin sus gafas, ya no es tan fea, y sus tetas que antes daban un aspecto de mujer maternal ahora hacen que me excite solo con pensar en ellas, sí, ahora Raquel me excita.

Por mi parte debo decir que esas clases de mecanografía comienzan a gustarme, y no dudo en hacer cualquier pregunta a Raquel que me atiende gustosa a mis súplicas, pero pregunto, y pregunto y vuelvo a preguntar y además le pido que revise constantemente mi trabajo.

Pero , que pensais, que de repente me he vuelto aplicado y atento a mi trabajo ?, no….vereis, cada vez que le pedía a Raquel que viniese a revisar mi trabajo o hacer una pregunta venía o bien por detrás , entonces pegaba sus tetas a mi espalda y pasaba segundos y segundos allí pegada a mí o bien venía por un costado, se agachaba a ver lo que había escrito y entonces era cuando los 9.81 m/s hacían que sus tetas quisieran estamparse contra el suelo huyendo de su vestido y desabrochando botones sin piedad, junto al olor de su perfume, Raquel ya era musa y diosa central de mis masturbaciones nocturnas en la soledad de mi cama.

Solo con el tiempo , después de muchos años comprendí que realmente lo que Raquel hacía era buscar lo que encontró días después, pero, no adelantemos acontecimientos.

Tres semanas ya de clases, deseando de que el reloj diese las cuatro de la tarde para ir corriendo a dar mis clases, ese día el vestido de Raquel era el más corto y más escotado que le había visto jamás, a estas alturas Raquel y yo teníamos cierta confianza , nos llevamos bien, hemos intercambiado algunas anecdotas , ella sabe que yo no he estado aún con ninguna chica, pero eso se acabaría esa tarde.

RAQUEL SE DESNUDA, QUIERE SEXO, YO QUIERO SEXO, TENEMOS SEXO

Yo no lo sabía, pero Raquel estaba receptiva, ella jugaba con ventaja, sabía que yo me quedaba prendado mirando sus tetas cada vez que se agachaba, esa tarde su vestido no llevaba botones, no había sujetador ( bueno, en realidad nunca lo llevaba ), incluso no llevaba bragas, me percaté enseguida cuando se agachó a coger una revista del cajón mas bajo que había en el mueble, la colocó encima de la mesa, la abrió y en lugar de sentarse apoyó una de sus rodillas en la sillaque había delante de la mesa, justo la que estaba frente a mí, sus pechos practicamente se salían, podía ver el color marrón de sus pezones, levantó su mirada y encontró mis ojos clavados en sus pechos, luego la miré por unos segundos avergonzado de que me pillara mirándole las tetas, me devolvió la mirada y me sonrió.

– Vaya, me parece que mis tetas te gustan más que tu maquina de escribir.

Su comentario puede resultar algo borde, pero, en cualquier caso se levantó, se puso a un lado pero frente a mí, me miró y con un gesto rápido y decidido se quitó el vestido sacándolo por su cabeza, se quedó completamente desnuda. Yo me quedé completamente sin aliento.

Por primera vez en mi vida veo a una mujer desnuda delante de mis ojos ( las revistas no cuentan ), su cuerpo era grande, hermoso, no podía imaginarme tanta belleza escondida dentro de sus vestidos de colores, sus tetas son enormes, pezones grandes, aureolas anchas, de un color marrón de más claro a más oscuro en su zona central, tiene el coño a medio depilar, me explico, tiene vello púbico en poca cantidad y solo una fina franja vertical, su olor a perfume me embriaga aún más en esa situación, al mismo tiempo que me tiemblan las piernas y me pongo nervioso creo que empiezo a cobrar una erección.

Podía salir corriendo en ese instante, lo recuerdo como si hubiese ocurrido ayer mismo, estaba algo asustado, pero sin lugar a ningún tipo de dudas lo que si que estaba era excitado, muy excitado, Raquel se atrevió a preguntar.

– Te gusto mejor así ?

No me cabe duda, evidentemente sí, pero claro yo no tenía capacidad de reaccionar en esos instantes, ni si quiera de hablar, pero Raquel me faciitó el trabajo, se acercó a mí y colocó sus grandes tetas en mi cara.

Abrí mi boca y comencé a succionar sus pechos, sus pezones, primero uno, después el otro, colocaba mi cara entre sus dos pechos y jugaba con ellos abrazandolos con mis manos y hundiendolos en mi cara.

– Si cariño, disfruta, pásalo bien, disfruta de ellos, ven, ven conmigo.

Raquel me dio la mano, me ofreció a levantarme y con un gesto hizo que la siguiese fuera de la salita donde estábamos , andamos unos metros cruzando un pasillo, abrió una de las tres puertas que estaban cerradas y pude ver una gran cama presidiendo la habitación donde entramos, su culo es enorme, grandioso, majestuoso; Desnuda como estaba se sentó en un lado de la cama, yo me quedé de pie, frente a ella, paralizado pero con mi polla muy tiesa, erguida.

– Relájate, no tengas miedo, dejate llevar, hoy vas a follar Carlos.

Pues sí, me dejé llevar, ella echó mano al pantalón de mi chandal, deshizo el nudo que lo mantenía a la cintura y con gran cuidado comenzó a bajar la prenda que quedó a la altura de mis rodilla, mi polla descapullada estaba erecta frente a ella.

– Guau !, vaya lo que tenías escondido, que os dan de comer a los jovenes ?, menudo pollón.

Pude sentir como una gran sensación de humedad y calor abrigaban mi falo, lo tenía dentro de la boca de Raquel, al mismo tiempo separaba su boca del falo pero era para sacar su lengua y lamer el miembro desde mis cojones hasta la punta misma del glande, yo disfrutaba de lo lindo pero la cara de Raquel era aún más satisfactoria.

– Quitate toda la ropa.

Si no me llega a decir eso creo que me hubiese corrido alli mismo en su boca, me relajé un poco mientras me quitaba mis zapatillas de deporte y sacaba mi chandal por los pies, me deshice de la sudadera, … me dejé los calcetines puestos.

– Ven, túmbate encima, despacito.

Raquel estaba ya tumbada en la cama, sus tetas caían por sus costados, sus piernas abiertas, rodillas flexionadas, poco a poco me fui incorporando encima de ella, como era mas bien delgadito se pude decir que practicamente me engullí en sus carnes, pronto sentí como una de sus manos tocaban mi verga, y, en forma de guía encaminó el miembro erecto haciendolo entrar en su coño que parecía una ventosa succionando el falo y abrigándolo hasta tenerlo completamente dentro.

– Ahhhhhhhhh, siiiiiiiiiiiii.

Un sonoro y profundo gemido salió de la boca de Raquel cunado sintió ser penetrada, sus dedos acompañados de sus uñas se clavaron en mis nalgas y acompañaban el balanceo ritmico que propinaba a esa señora en la alcoba marital, me sentía comodo, aguanté con estoicidad las ganas de correrme y comencé a disfrutar de lo lindo del coito con mi concubina.

– Diooooos, que gusto !!!!, fóllame Carlos, fóllame, no te pares

Nunca había besado a ninguna chica en la boca y todavía no había podido besar a Raquel, pero eso se solucionó enseguida, allí tumbado encima de ella y clavándole mi verga una y otra vez planté mi boca encima de la suya, en menos de tres segundos tenía su lengua dentro de mi boca, que placer, nuestras lenguas se acariciaban incesantemente dentro y fuera de nuestras bocas.

Raquel es una mujer efusiva, vigorosa, temperamental, sus jadeos y gemidos posiblemente poddrían ser sonoros fuera del edificio, bueno, al menos algunos metros alrededor.

– Siiiiii, aggggg, ahhhhhh, más, dame más fuerte , aaaaaaayyyyy

Aceleré el ritmo de mis sacudidas, me sentía como un campeón, aguantaba el ritmo de Raquel, disfrutaba del sexo por primera vez y me doy cuenta de que ella se va a correr antes que yo.

– Carloooos, me corrooooo, me corroooooo, no te salgas , no te sagaaaaas, yaaaaa, yaaaa , siiiii, ahhhhhh

Joder, vaya gritos, vaya gemidos, vaya pasión, todo esto provocó que mientras Raquel disfrutaba en forma de gritos, gemidos y jadeos de su orgasmo yo le llenaba su coño con toda la leche que tenía acumulada en mis cojones.

– Me corro Raquel, me corro, ahhhh, no puedo parar , ahhhhhhh.

Extasiado, anodadado, sin aliento me quedé allí tumbado encima de Raquel exprimiendo mi polla dentro de ella para no dejar gota de leche que sacar.

– Te has corrido dentro ?

– Lo siento, no lo he podido evitar

– No importa, la proxima vez veremos haber que podemos hacer

¡ ¿ Próxima vez ? ! , bieeeeeeen!!!!!

– Lo has pasado bien Carlos ?

– Mucho, ¿ y tú ?

– También, hacía tiempo que no disfrutaba.

Con el acto ya terminado y con una sonrisa de oreja a oreja me vestí, terminé mi clase de ese día, Raquel me hizo prometer mi silencio de lo ocurrido a cambio de repetir, y , aunque lo que más me apetciía en esos momentos era salir corriendo a contarselo a mis amigos decidí guardar silencio. Después de ese día repetimos cuatro o cinco días seguidos, más o menos de la misma manera que el primero, pero llegó el jueves, y …

– Carlos, mi marido llega hoy y no se marcha hasta el Lunes a última hora, vamos a dejar las clases hasta el martes, continuaremos nuestras clases “secretas”.

Unos celos terribles se apoderaron de mí, algo incontrolable en mi interior, no podía hacerme a la idea de que Raquel fuese follada por otro hombre que no fuese yo, y ya sé que es su marido y que el intruso con 16 años soy yo, pero en realidad pensaba que Raquel me pertenecía.

Deseando que llegase el martes, pasó algo que, bueno, con el tiempo he aprendido a controlar.

EL MARIDO DE RAQUEL ME HACE SENTIR CELOS, LA CASTIGO.

No eran todavía las cuatro de la tarde de ese martes cuando estaba tocando el timbre de la puerta de Raquel. Me abrió con su ya acostumbrado vestido corto.

– Hola Carlos, que puntual vienes hoy.

– ¿ Te ha follado ?

– ¿ qué ? ¿ cómo ?

– Sí, no te hagas la tonta, tu marido , ¿ te ha follado este fin de semana ?

Mi estado de nervios era patético, no me reconocía ni yo mismo, estaba enfadado y por más que debiese de entender las situación que estaba viviendo los celos se habían hecho dueño de mis actos. Raquel lanzó una sonrisa inquieta y me invitó a que entrase.

– Si Carlos , hemos follado, todos los días.

– Zorra !!!

Raquel iba caminando delante de mí, entrando en la salita donde daba las clases de mecanografía, su vestido era corto, muy corto, como si lo hubiese subido a posta y dejaba entrever sus nalgas desnudas.

– ¿¡ Que haces Carlos !?

Un impulso, no se como ni por qué, pero le propiné un sonoro azote en su culo.

– Por zorra.

Mi vida sexual y mis clases mecanográficas con Raquel pudieron acabar en ese mismo instante.

Raquel apoyó su cuerpo encima de la mesa, no hizo falta levantar mucho su vestido para dejar su culo totalmente desnudo al aire. Volví a azotarla de nuevo.

– Sí Carlos he sido mala, pégame.

Mi estado de adolescente celoso comenzó a pasar a una circunstancia inaudita para mí, empecé a excitarme conforme sacudía una y otra vez el culo de Raquel, su cuerpo estaba apoyado competamente en la mesa, los pies en el suelo y yo detrás azotando su culo, noté como una erección cobraba vida debajo de mi pantalón.

Hoy en día aún me sigo excitando recordando aquel momento, aquel instante, que sin experiencia de ninguna clase me comporté como el más sagaz de los amantes.

Me bajé el pantalón de mi chandal junto a mis calzoncillos, se quedaron atrapados a la altura de mis tobillos, mi verga estaba dura, muy dura, miré su culo y en ese mismo instante hice algo que ni si quiera sabía como debía de hacer, pero en cuaquier caso lubriqué la punta de mi polla con mi propia saliva, después volví a pasarme la punta de mis dedos por mi lengua para después pasarlo por el estrecho agujero del culo de Raquel.

¿ ¡ Qué haces Carlos ! ?., noooooo, noooooo

Mi polla estaba ya enfrentada en su angosto agujero, comencé a apretar intentando meter ese gran bulto por ese pequeño agujero.

– Ahhhhhh, aaaaaaaaah, nooooooo, mi culooooooo

Desde luego que hubiese desistido en mi empeño si Raquel lo hubiese pedido, solo tenía que levantarse, dar un manotazo para atrás, pero ¿ sabeis ?, lejos de impedir aquello Raquel colocó cada una de sus manos en su trasero, una a cada lado, sus dedos cerca de su oscuro agujero, haciendo presión para fuera, faciitando en la medida de lo posible su apertura anal, al mismo tiempo notaba como ejercía presión contra mi polla, su culo quería dejarme entrar.

Su cabeza estaba apoyada en el cristal de la mesa , ladeada su mejilla derecha descansaba en el vidrio, mi polla había conseguido entrar entera dentro de su culo, es cierto que me dolía un poco, pero ya sabeis que dolor y placer van unidos de la mano.

– Carlos, cabroooooón, mi cuuuuulo.

– Calla zorra.

Al principio mis manos rodeaban su cintura y me servía de agarradero para embestir a Raquel desde atrás, por detrás, por su culo, en su culo. Después decidí acercar una de mis manos a su boca, Raquel gritaba y jadeaba sonoramente esbozando alaridos de dolor , de placer intercambiados por insultos e improperios dignos de cual amante pecaminosa abandonada a la exclavitud, a la sumisión de la lujuria, del placer, asía mis dedos y se los introducía enteros en su boca, los lamía, los chupaba y hasta los mordía amortiguando los gritos del dolor, del placer.

Mis embestidas comenzaron a ser bestiales, cada vez que empujaba mi polla hasta dentro mis cojones luchaban en las carnes de su culo queriendo entrar también, no podía aguantar mas, unas ganas irresistibles de correrme me inundaban todo el cuerpo, Raquel se percató de ello, y para no ser menos que yo bajó una de sus manos hasta su sexo y comenzó a frotar su coño con sus dedos. Chorros de leche anegaban el interior del culo de Raquel, todo entre fuertes y sonoros jadeos y gemidos por parte de los dos.

Después de aquello Raquel tuvo una charla conmigo que se alargó al menos por una semana, me explicó como debería de tratar a una mujer, como debería de respetar a una chica de mi edad, como actuar para no asustar a nadie, en fin, la charla que quizá mi padre debiera de haber tenido algún día conmigo y que nunca ocurrió, de todos modos estas charlas iban intercaladas tanto con clases de mecanografía como con autenticos rituales de sexo, un par de semanas después mi padre me consiguó trabajo como peón en un taller mecánico, creo que ellos siempre sospecharon algo aunque nunca me dijeron nada, con mi nuevo trabajo dejé de ver a Raquel, tan solo repetimos en un par de ocasiones en su casa después de salir de mi trabajo hasta que decidió poner fin a lo nuestro.

Cinco o seis meses después de la última vez que había estado con Raquel iba caminando por la calle de la mano de Susana, mi futura esposa años después, de frente venían por la misma acera que nosotros un matrimonio maduro, el calvo y gordo, ella mas que gorda , estaba embarazada, ooooh, era Raquel, hice el intento de parar y saludar cuando nos bajamos de la acera para facilitarles el paso, Raquel se hizo la desentendida y con un gesto cortés junto a su marido agradecieron el detalle, no volví a saber nada más de de ella.

Veinticinco años después de esto mi hijo Alvaro de 15 años debe dar clases particulares para mejorar las asignaturas que ha suspendido en junio, las clases las da una chica joven de veintitantos años que sin encontrar trabajo imparte sus clases en su propia casa, la de sus padres, en la misma habitación donde yo daba mis clases de mecanografía.

Bebo la orina de mis compañeras de trabajo y me pillan

Todo comenzó un día en el que mi ex-novia y yo estábamos en plena faena, en un perfecto sesenta y nueve, ella arriba y yo abajo. En un momento dado, motivada por el frío o por lo que fuera, ella estornudó, escapándose le un poco de pis directamente en mi boca. Confundido y sorprendido por la situación yo me lo tragué mientras que ella se ponía roja como un tomate y se levantaba para pedir reiteradas disculpas. Ella estaba más que avergonzada, es una chica muy pudorosa y el hacer un sesenta y nueve ya era mucho para ella, cuánto más lo que acababa de pasar. Como comprenderéis, de lo avergonzada que estaba ya no hubo forma de reanudar lo que estábamos haciendo por más que hablé con ella; y acabó marchándose de mi casa, dejándome con una excitación física y mental tremenda.

Otro tema muy distinto era yo. Aquello había resultado ser una delicia en mis labios, un manjar para mi paladar, el mejor de los elixires para mis papilas gustativas. Nunca hubiese podido imaginar que aquello me pudiese gustar tanto. Cierto es que había oído hablar de la lluvia dorada, pero de ahí a poder saborearla directamente del cuerpo de una mujer había un abismo.

A partir de ese día aquella situación se convirtió en una obsesión para mí. Mi único objetivo era volver a repetir la experiencia, pero no un sorbo, como fue la vez pasada, sino todo el contenido de su vejiga. Día tras día se lo decía a Susana (así se llama mi ex-novia), pero ello en vez de acercarme a mi objetivo me apartaba cada día más. De hecho no volvimos a practicar el sesenta y nueve nunca más. Y nuestra relación se enfriaba al mismo ritmo que yo me calentaba pensando en poder repetir la experiencia. Hasta que llegó el día, dos semanas después, en el que me dijo aquello de: “discrepancias irreconciliables en cuestiones de sexo” y se marchó para no volver más, quedándome yo solo con mis pensamientos y fantasías.

En aquel entonces, al igual que hoy, vivía solo en un piso de alquiler, pequeño, pero suficiente para mí. Tengo un trabajo que me proporciona un sueldo que me permite pagar el alquiler y mantener mis gastos, sobre todo si casi cada día voy a comer a casa de mis padres que viven a quince minutos caminando de mi curro, con lo que no tengo que preocuparme ni de la comida ni de la cena, la cual mi madre me da en un bol de plástico cada día.

Hasta ese día no había tenido ni teléfono en casa, ya que con el móvil me bastaba, pero a las pocas semanas de dejarme Susana ya tenía ordenador y una conexión de fibra óptica de 300 megas instalada y funcionando a todo trapo. El repetir aquella experiencia líquida se había convertido en una obsesión para mí, quería saber más y empecé a navegar por internet con dos únicas palabras en mi mente “lluvia dorada”. Pude encontrar muchas páginas dedicadas al tema, pero pocas gratuitas. Ello no quitó que pasase varias horas al día pegado al ordenador viendo videos y leyendo relatos de mujeres meando sobre hombres. Lo que más me excitaba no era tanto el mear uno sobre el otro, sino el que el hombre pudiese saborearlo y bebérselo.

Eso me había obsesionado, yo quería volver a probarlo, volver a saborear ese elixir, ese líquido destilado saliendo del manantial de una mujer, saciar mi sed y mi lujuria con el “agüita amarilla” de una hermosa hembra.

En el trabajo somos diez personas, nueve mujeres (con edades comprendidas entre los veinte y los cuarenta años, incluida mi jefa) y yo. Es por eso que tenemos dos váteres, uno para ellas y otro para mi, aunque están juntos en el mismo lavabo, puerta con puerta, compartiendo la pica para lavarnos las manos. Como soy yo el único hombre en la empresa, en ocasiones, si está ocupado el de mujeres utilizan, el de hombres.

Mi puesto de trabajo está al lado de la puerta del lavabo, con lo que puedo ver quién entra y sale y el rato que pasa dentro. Mi fantasía ya era obsesión y sólo pensaba en lo que estaban haciendo dentro cada vez que entraban, imaginándome saboreando sus efluvios, incluso en alguna ocasión pensando que era yo el váter sobre el que meaban, pudiendo saciar mi sed, con lo que obtenía una tremenda erección.

El viernes de hace dos semanas, en un momento que estaba muy concentrado en mi trabajo no me fijé que habían entrado dos de mis compañeras en el lavabo, y cuando mi vejiga me reclamó ser vaciada me levanté de mi puesto y fui al lavabo para cambiar el agua al canario, pero al entrar descubrí que ambos estaban ocupados, así que decidí volver a mi puesto y esperar a que salieran para utilizar el mío. Pero en cuanto me dispuse a salir, se abrió la puerta del váter de hombres, saliendo de él una de mis compañeras, concretamente Silvia, la que se sienta en la mesa que está al lado de la mía, también muy cerca del lavabo. Así que sin pensarlo me metí dentro y mientras que con una mano levantaba la tapa del váter, con la otra iba a echar el pestillo de la puerta cuando: ¡Sorpresa! ¡No había tirado de la cadena del váter!

Estaba petrificado, tenía ante mí un váter lleno de líquido amarillo calentito que acababa de dejar mi compañera. Por mi mente pasaron miles de cosas, pero había una que no salía de ella: hincarme de rodillas en el suelo y beberme ese líquido. Como soy hombre sufrí un momentáneo atrofiamiento de mi cerebro, ya que toda mi sangre se acumuló en un único punto de mi cuerpo: mi erecto pene. Sin saber cómo me encontré de rodillas al lado del váter, metiendo la mano en el preciado líquido y bebiendo de ésta. Lo que pude saborear, a pesar de estar un poco aguado, era más de lo que yo podía resistir, era una delicia, un placer para mis sentidos, el mejor líquido que pudiese beber. Yo ya no pensaba más que en acabarme aquél líquido, así que metí las dos manos y haciendo un cuenco las llené y me las llevé a la boca para volver a saborear ese elixir. En esto estaba cuando escuché:

¿Pero qué haces cerdo?

Con la sorpresa no había terminado de cerrar la puerta y la había dejado entreabierta. Era otra compañera, Olga, la encargada de una de las dos secciones, que estaba en el váter de al lado y había terminado sin que me diese cuenta y al salir me había visto en tal posición, bebiendo el pis de Silvia. Con el grito apareció en escena Silvia acompañada de mi jefa: Carla.

(Carla) ¿Qué pasa aquí?

(Olga) Que he pillado a este cerdo bebiendo del váter.

(Silvia) Pues seguro que eso es mío, porque me acabo de dar cuenta de que no había tirado de la cadena.

(C) Vaya, así que tenemos un cerdo sediento entre nosotras. ¿Te gusta lo que estás bebiendo?

Yo no podía contestar, no sabía qué contestar, con el empalma miento que llevaba no tenía riego suficiente en el cerebro para pensar racionalmente y necesitaba un tiempo que no tenía para aclarar mis idear y emitir sonidos coherentes por mi boca, ya que hasta ese momento sólo había podido emitir un único monosílabo: Eeeeeh.

(C) Levántate y contesta.

(O) Viendo esa tienda de campaña en su pantalón, creo que no hace falta que conteste.

Yo me había puesto de pié y como no me había dado tiempo a que se me bajase el empalmamiento, se me marcaba un gran bulto en el pantalón, el cual respondió por mí a su pregunta.

(C) Ya veo que sí te gusta y por el bulto del pantalón parece que bastante.

En ese momento se les cambió la cara a todas, pasando de sorpresa-enfado, a rabia-venganza, y no sé cual de ambas expresiones me preocupaba más.

(C) Silvia, sal y haz un cartel que ponga: “Fuera de servicio” y lo cuelgas en la puerta del lavabo y si alguien te pregunta algo di que se ha roto una tubería y que no se puede utilizar en lo que resta de tarde y vuelves a entrar. ¡Rápido!

Silvia salió y volvió a entrar en menos de un minuto, el cual se me hizo eterno, de pié ante aquellas dos mujeres que me miraban de arriba abajo y compartían entre ellas sonrisas cómplices, mientras que yo me arrepentía cada vez más de haberme arrodillado ante el váter y haber probado de aquél néctar de mujer.

(C) Así que te gusta beber del váter. ¿hace mucho tiempo que lo haces?

(Yo) No, es la primera vez.

(O) ¿Seguro?

(Y) Sí, de verdad, es la primera vez que lo hago.

(C) Pero no es la primera vez que lo pruebas ¿Cierto?

(Y) No, la primera vez fue hace unos tres meses con mi novia.

(O) ¿Y lo has seguido haciendo hasta hoy?

(Y) No, no he vuelto a tener ocasión, ella me dejó dos semanas después.

(S) No me extraña, yo hubiese hecho lo mismo con un depravado como tú.

(O) Me parece que acabamos de encontrar una mina de oro con este chaval. (Ambas son mayores que yo)

(C) Pues sí Olga, y esto hay que explotarlo al máximo. Camilo, me parece que te has metido en un buen problema. En este momento tienes dos opciones. O pides la baja voluntaria sin protestar y no vuelves a aparecer por aquí en tu vida, aun que eso no te garantiza que te pongamos una demanda por acoso sexual, con lo que ello significaría: la cárcel, o aceptas lo que te propongamos sin rechistar.

(Y) ¿En qué consiste…?

(O) Eso da igual, ¿Aceptas o te marchas?

Hacía unos días había leído en el periódico que a un hombre por poner una cámara en el vestuario de mujeres le habían metido en la cárcel y lo mío no pintaba mejor que aquello. No quería ir a la cárcel pero tampoco sabía lo que ellas me propondrían. Lo que estaba claro es que eligiese lo que eligiese iba a tener consecuencias nefastas para mí.

(Y) Vale, acepto ¿De qué se trata?

(C) Sabia decisión.

(O) Para empezar toma este vaso, ya sabes lo que tienes que hacer con él.

(C) Y que no quede ni una gota.

Me estaban ordenando que continuase bebiendo del váter. No salía de mi asombro. Estaba totalmente paralizado con el vaso en la mano, mirándolas a las tres sin saber qué hacer. Estaba claro que Silvia estaba sólo como espectadora y que tanto Carla como Olga eran expertas en mandar y organizar, ya que en cuestión de minutos y sin decir una palabra entre ellas, habían urdido un plan para mí.

(O) ¿A qué esperas?

La voz de Olga me hizo despertar de mi letargo, haciendo que me dirigiese nuevamente al interior del váter para obedecer sus órdenes.

(S) Me parece que mis meados le gustan demasiado, vuelve a estar empalmado.

Silvia tenía razón en parte, no eran sus meados, eran los meados de cualquier mujer, pero en este caso eran los suyos los que provocaban en mí una erección de campeonato. Así que me incliné e introduciendo el vaso en el váter lo llené de ese líquido amarillo y me lo bebí, pudiendo saborear nuevamente el preciado líquido destilado por mi compañera.

(C) Como veo que te encanta y estoy seguro que te has quedado con sed, vas a seguir bebiendo hasta que yo te diga. Silvia, ve a los chinos de aquí al lado, compra un embudo grande y vuelve a entrar, pero trae también una botella vacía de litro y medio que llevo todo el día sin mear.

No podía creer lo que estaba oyendo, mi jefa me iba a ofrecer toda su orina, sus meados, su pipí, su elixir destilado, su “agüita amarilla”… a mí. Aquello superaba todo lo que yo me había imaginado en estos tres meses. Justo cuando terminaba de vaciar el váter aparecía Silvia por la puerta con la botella y el embudo, dándoselos a Carla en cuanto entró. Mi jefa se quitó las braguitas quedándose con la falda puesta, puso el embudo dentro de la botella y se puso en cuclillas ante mí, levantándose levemente la falda para poder ver si se llenaba la botella, ya que al llevar todo el día sin mear podría tener más de litro y medio almacenado.

(C) ¡Espera! Son menos cuarto, Olga, sal y di a todas que ya se pueden marchar a casa, que como es viernes y el lavabo se ha estropeado que se marchen todas, y no hace falta que fichen, que ya lo haré yo por ellas a las seis. En cuanto se marchen cierras la puerta de la calle con llave y vuelves a entrar. Te espero.

Tal y como Olga salió y dio la noticia se oyó un poco de alboroto y los tacones de todas alejándose hacia la puerta de la calle. No habían pasado ni dos minutos y Olga había vuelto a entrar.

(O) Ya se han marchado todas, he cerrado la puerta con llave y he apagado las luces de la entrada.

(C) Muy bien Olga. Me parece que he cambiado de planes y la botella no me va a hacer falta. ¡Estírate en el suelo boca arriba! Y pobre de ti que me toques o que no te bebas todo lo que te voy a dar.

Yo me tumbé en el suelo esperando lo que intuía que iba a pasa: ¡Iba a mear directamente en mi boca! Y no me equivoqué demasiado, pero en vez de hacerlo directamente lo hizo ayudada por el embudo. Así que me puso el embudo en la boca, se volvió a levantar la falda, pudiendo contemplar esta vez un coño completamente depilado, se puso encima de mi boca mostrándome ese maravilloso coño y se agachó hasta quedar en posición.

(C) ¡Traga y que no se llene el embudo! No me gusta parar cuando estoy meando. Como me toque parar te prometo que tus pelotas sufrirán mi ira.

Aquellas palabras penetraron en mi mente como una orden, así que me dispuse a tragar con la mayor rapidez que pudiese. Y no tuve que esperar demasiado, ya que en unos segundos, enfrente de Olga y Silvia, se puso a mear en el embudo. En esa posición no podía ver cómo salía ese líquido destilado del coño de Carla, pero lo que estaba saboreando compensaba con creces cualquier ausencia de visión e incluso los insultos que recibía por parte de las tres.

(S) Cerdo, nunca hubiese podido creer que alguien fuera tan puerco como para beberse los meados de otro.

(O) Pero no ves el paquete que tiene en el pantalón, si encima está disfrutando ¿Pero se puede ser más puerco?

(C) Se está llenando el embudo, bebe más deprisa o se lían a darte de patadas en las pelotas hasta que se te baje el empalmamiento.

(O) Qué pena que no me quede nada, porque me estoy poniendo cachonda y me encantaría darle de beber.

(S) ¡Olga! ¿Tú también?

(O) Pues claro ¿Pensabas a caso que esta es la primera vez? No bonita, no. Esto es algo que de tanto en tanto hemos podido practicar con nuestras respectivas parejas. No olvides que Carla y yo somos amigas desde el instituto y tenemos muchas cosas en común fuera de la oficina, tanto que desde hace más de medio año compartimos piso.

(C) Me parece que este cerdo nos va a servir muy bien a partir de ahora.

Cuando Carla vació su vejiga completamente, hasta la última gota de su destilada esencia, en mi sedienta boca, se limpió con el papel que ya tenía preparado Olga para ella, se levantó poniéndose nuevamente las braguitas y, arreglándose la falda, continuó con sus planes para mí:

(C) Olga, llama ahora mismo a Juani y dile que quiero que vengan mañana por la mañana y que adapten el cuartito de limpieza para este cerdo.

(O) Esto va a ser mucho mejor que con el anterior.

¿Anterior? Por eso supo enseguida qué es lo que tenía que hacer y cómo, esa soltura y falta de vergüenza a la hora de descubrir sus intimidades y ponerse a mear frente a sus subordinados: no era la primera vez que lo hacía.

Mientras que mi mente asimilaba las palabras de Carla y Olga y los acontecimientos sucedidos, mis papilas gustativas se recreaban una y otra vez en saborear aquél manjar, elixir procedente del manantial de esa mujer. Todavía me quedaba el sabor de su “agüita amarilla” y lo estaba disfrutando. Nunca en mi vida me hubiese imaginado que podría hacer realidad de esta manera tan brutal mis fantasías de saborear el néctar destilado por mujer alguna, directamente del manantial.

(C) Levanta cerdo. Como habrás comprobado, no tengo ningún reparo en mearme en tu boca, más bien es algo que tanto a Olga como a mí nos fascina y siempre que hemos tenido oportunidad lo hemos hecho con nuestras respectivas parejas. Incluso llegamos a tener a un cerdo en casa para las dos por un mes, pero un buen día desapareció y no hemos vuelto a saber nada de él. Así que tú le vas a substituir. El lunes llegarás dos horas tarde al trabajo. En cuanto llegues vienes directamente a mi oficina, allí te estaremos esperando Olga, Silvia y yo y tendremos una chala en la que te explicaremos cuáles serán tus nuevas funciones y puesto de trabajo.

(O) Para que se te quite cualquier idea de no venir el lunes a trabajar, te voy a mostrar las fotos que te he estado tomando con el móvil sin que te dieras cuenta, en las que se te ve muy bien la cara y todo lo que has estado haciendo, pero en las que no se nos reconoce a ninguna de nosotras. Así que si no quieres que esto llegue a otras personas, como por ejemplo un juez, más te vale que aparezcas por esa puerta el lunes a las once en punto.

(C) ¿A quedado claro?

(Y) Sí, muy claro. El lunes a las once de la mañana en su despacho.

(O) Y tú Silvia ni una palabra de todo esto a nadie.

(S) La verdad es que después de ver a Carla mearle en la cara a Camilo y cómo le crecía el paquete me he calentado y yo también quisiera probar.

(C) No te preocupes, si aparece el lunes, que aparecerá, tendrás muchas ocasiones para hacerlo y disfrutar con ello tanto como lo hacemos nosotras. Y tú, cerdo, ya puedes largarte.

Cogí mis cosas y me fui para casa intentando asumir lo que había pasado y lo que podía pasar a partir del lunes. Tan sólo por un instante pasó por mi cabeza el hecho de no volver al trabajo, de dejarlo todo y buscarme otro curro, e incluso el gastarme parte de los ahorrillos en irme de vacaciones un mes a algún sitio muy lejano, para no hacer nada y olvidarme de todo, mientras que las cosas se enfriasen, especialmente mi cabeza, la cual estaba en ebullición con tantos acontecimientos seguidos. Pero enseguida comprendí que esa no era una opción, ya que estaba pillado y no tenía otra salida que enfrentarme a la realidad y hacer frente a mi nueva situación en el trabajo, al servicio personal de Carla, Olga y Silvia.

Cuando llegué a casa, con el calentón que llevaba, me hice una paja de campeonato recordando lo que hacía menos de media hora acababa de vivir, saboreando una y otra vez los restos de su orina que quedaban en mis papilas gustativas. Cuando ya me había desahogado y calmado de la excitación, me dediqué a limpiar un poco el piso, cenar, ducharme y ver un rato la tele, o más bien hacer zapping en la tele, porque ver no vi nada que mereciese la pena; tampoco encendí el ordenador, ya que ya había tenido bastante dosis de sexo atípico esa tarde. Así que me fui a dormir bastante temprano.

Esa noche tuve una y otra vez el mismo sueño, aun que como sueño que es no tiene demasiado sentido, pero resumiendo el sueño más o menos iba así: Yo estaba en una habitación muy grande sin ningún mueble salvo una cama, tamaño matrimonio, de esas estilo Luís XVI, con columnas de metal y techo de lona, con cortinas en los laterales, en la que estaba tumbado, desnudo y atado a las cuatro columnas, con las piernas y los brazos abiertos. De repente se abre la puerta que está a los pies de la cama, al lado izquierdo de la misma y aparece una mujer, la cual no reconozco al no distinguir su cara (es un sueño) y dirigiéndose a mí me dice:

Tienes sed, me parece que hoy no te hemos dado ni de comer ni de beber.

Y subiéndose a la cama, desnuda de cintura para abajo, plantó su rasurado coño sobre mi cara y se dispuso a mearme directamente en la boca, pudiendo yo saborear ese néctar de mujer.

Muy bien cariño, veo que tenías mucha sed, no has derramado ni una gota.

Y dicho esto se bajó de la cama y se marchó por donde vino. Inmediatamente salida ésta de la habitación entró otra mujer a la cual tampoco reconocí y siguiendo el mismo patrón que la anterior, se subió a la cama y me plantó su también depilado coño en mi boca, para darme de beber su preciado líquido, obteniendo yo una erección inmediata.

¡Vaya! Parece que el nene tiene hoy ganas de guerra. Pues espero que tengas mucha sed porque hoy he estado todo el día bebiendo mucha agua pensando en ti, así que hazme feliz y bébete todo lo que te dé.

Como comprenderéis me bebí todo, todo, todo. Creo que está de más decir que aquello a pesar de ser un sueño lo estaba disfrutando como si fuese real, como si realmente tuviese encima de mi boca ese peloncete coño dispuesto a darme de beber, ese manantial de “agüita amarilla” destilada especialmente para mí.

Muy bien, ahora que ya hemos saciado tu sed, es hora de saciar tu hambre.

Y con un ligero movimiento puso su culo donde antes tenía su coño, para darme de comer tal y como antes me había dado de beber: con lo destilado por su cuerpo, pero en esta ocasión en forma sólida. Yo abrí bien grande mi boca y me dispuse a alimentarme con lo que aquél cuerpo me ofrecía.

Este sueño se repetía una y otra vez, como si pudiese ver en él el futuro que me esperaba: perder mi libertad y ser alimentado por las deposiciones y orines de bellas mujeres.

Cuando me desperté tenía un empalmamiento tremendo, quizás motivado por todo el líquido que había bebido y acumulado durante la noche (Je, je, je)

Para no aburriros explicándoos mis horas de búsqueda en internet sobre los efectos de la ingesta en grandes cantidades de orina humana, os diré que acabé dándome de alta en un par de páginas de dominación femenina en el que incluían un montón de vídeos de lluvia dorada y scat, algo que duró todo el fin de semana, descansando lo justo para comer, dormir un poco e ir al lavabo.

El lunes llegó y con él el momento de la verdad, el momento de enfrentarme a Carla, a Olga y a Silvia. A las once en punto, dos horas más tarde de la hora habitual de entrada, abrí la puerta y sentí como si todas las miradas se dirigiesen hacia mí, como si todas supiesen lo que había pasado el viernes y lo que iba a pasar ahora. Así que con la mirada fija en el suelo, fui raudo hacia el despacho de mi jefa Carla. Allí me estaban esperando las tres, felices y alegres, como si les encantase la idea de verme aparecer. Y en verdad así era, ya que los planes que habían urdido para mí entre Carla y Olga durante el fin de semana, no era para menos.

(C) Pasa, cierra la puerta y siéntate… El que estés aquí hoy después de lo que ocurrió el viernes, nos da pie a pensar que te encanta que una o varias mujeres te dominen y especialmente que se meen sobre ti. Pues como jefa que soy tengo la obligación de atender a las necesidades de mis empleados y facilitarles en la medida de lo posible su trabajo, dándoles un escenario apto para el mismo, velando por su seguridad y salud.

Como bien sabes hoy entramos en campaña y vamos a estar trabajando a tope, tanto que en ocasiones no vamos a tener ni tiempo para ir al baño a mear, así que desde este momento pasas a ser nuestro nuevo “váter portátil”. A partir de hoy tu puesto de trabajo será la mesa que está al lado del cuarto de la limpieza. En cuanto recibas un mensaje por el ordenado de alguna de nosotras, dejarás lo que estés haciendo y te dirigirás inmediatamente al puesto que se te requiera y metiéndote bajo la mesa beberás lo que cada una de nosotras te ofrezcamos, utilizando un embudo y un tubo, como estos, que todas tenemos en nuestras mesas.

Tranquilo todas ya saben lo que pasó el viernes, a las nueve en punto hemos tenido una reunión las nueve y les hemos explicado todo. Ellas están encantadas y por eso todas tenemos una botella grande de agua sobre la mesa, para que todas podamos utilizarte esta misma mañana.

Algunas están un poco nerviosas por hacerlo en público, por eso hemos adaptado el cuarto de limpieza, instalando un váter muy original para que lo puedan hacer en la intimidad. ¿Queda claro? ¿Alguna pregunta?

(Y) Me parece que no tengo nada que decir, ya lo habéis pensado todo vosotras por mí.

(O) Cierto. Tus responsabilidades habituales seguirán siendo las mismas que hasta ahora, con este añadido de “váter portátil”, con lo que tu sueldo y jornada laboral no variará.

(C) Pues si no tienes ninguna pregunta, síguenos que te enseñaremos tus nuevos puestos de trabajo.

Salimos del despacho y fuimos hasta mi nueva mesa, por el camino pude darme cuenta de que casi todas vestían falda y que realmente todas tenían una botella grande de agua sobre sus mesas y algunas ya estaban casi vacías, con lo que no tardarían en requerir mis servicios. Eso hizo que antes de llegar a mi mesa ya tuviese una erección considerable pensando en estar metido debajo de sus mesas pudiendo absorber sus esencias.

Debo decir que ninguna de ellas fuma y que al ser bastante jóvenes todas ellas están bastante sanas, algo que me tranquilizaba. La mayoría son separadas o divorciadas, salvo dos que están casadas y una que tiene pareja estable, las únicas tres que venían con pantalón y que a demás sus botellas estaban por empezar, lo cual me hizo sospechar que ellas no requerirían de mis servicios.

(O) Este es tu nuevo puesto de trabajo, la mesa es distinta, pero el ordenador es el tuyo.

Y abriendo con llave la puerta del cuarto de limpieza…

(C) ¡Y éste es el nuevo váter! Especialmente hecho para ti y por ti. Para que lo puedas utilizar con aquellas que no quieran o puedan utilizarte debajo de su mesa. ¡Hoy va a ser el mejor lunes de trabajo en mucho tiempo!

El mencionado váter no era otra cosa que la estructura de una silla bastante alta de hierro, en la que se había instalado una tapa de váter transparente y debajo de esta se había instalado un recipiente de plástico transparente con forma de gran ensaladera de la que salía en el centro un tubo de goma también trasparente bastante ancho que llegaba hasta unos veinte o veinticinco centímetros del suelo. El artilugio estaba instalado contra una de las paredes, con lo que se suponía que al meterme debajo e introducirme el tubo en la boca, quedaba totalmente inmóvil, sobre todo si pensamos que en esa posición quedaba como el estrado de toda aquella que lo utilizase conmigo, para que pudiese descansar sus pies sobre mi pecho o barriga y no le quedasen colgando por los lados.

Para ellas iba a ser el mejor lunes en mucho tiempo, pero para mí iba a ser el mejor día de mi vida.

Chica viciosa follando con un vagabundo negro

Maria tiene 24 años de edad; de pelo rubio, ojos verdes y un bello cuerpo voluptuoso. Como ejecutiva trabaja en un bufete de abogados. Es el tipo de mujer que los hombres desean tenerla y también es la envidia de otras mujeres.

La joven ejecutiva antes tuvo varios novios, pero sin embargo ellos siempre rompían su relación amorosa con ella porque no era una chica divertida y algo fría en su aspecto sensual. Esta chica rubia es una total adicta al trabajo. En ese medio día vio su reloj y se dio cuenta que era la hora del almuerzo.

En especial para ella, este era un buen día por su buen humor, la cafetería que normalmente frecuentaba para almorzar estaba sólo a dos cuadras de su trabajo, como era un buen día soleado decidió ir caminando hasta el restaurant.

En su camino, Maria ve a un hombre negro vagabundo pidiendo limosna a la gente. Pero las personas trataban de evitarlo. La chica decide jugar y hacerle un truco sucio al mendigo. A medida que se acerca al vagabundo, siente un olor fétido que la golpea. Este mal olor venía del hombre sin hogar.

“¡Uf! ¡Con razón la gente trata de evitarlo, tal vez yo no debería hacerlo!… ¡Nah, esto será divertido y le voy a dar una lección!”, así pensó Maria. Finalmente se acercó al pordiosero.

“Disculpe señora, ¿podría darme algo de cambio?” el mendigo le pregunto

“¡Sí!”, y ella le dio un billete de $50.

“¡Gracias!” El hombre sin hogar estaba feliz, hasta que se dio cuenta del billete de $50.

“¡Hey mujer! ¡Hey mujer! ¿Cuál es su gran idea de darme este billete falso de cincuenta?”

“¿No es obvio?… ¡Consigue un trabajo de verdad, eres un holgazán!…” Al burlarse del negro, se alejó del vagabundo, meneado su hermoso culo.

“¡Hey mujer!” el hombre sin hogar trata de alcanzarla y le llega a tocar el brazo.

“¡Uf! ¡Aléjese de mí!” Inmediatamente empuja al pordiosero negro, haciéndolo caer.

“¡Te traeré de vuelta para esto!… ¿Escúchame?… ¡Yo soy Frank me pondré en contacto contigo y me la pagaras por burlarte de mí!” El negro la amenazo

“¡Ole!” y Maria le enseño el dedo medio.

“¡Oh-ho, ho, ho! ¡Eso es lo que ella quiere! ¡Pues bien, te prometo que eso es lo que vas a conseguir!” Frank la sigue en secreto a Maria. Él la observa hasta que entra en la cafetería. Él vagabundo no va en la misma acera que ella camina; él va por la acera del frente y luego se esconde en el recodo de la calle. Desde su escondite tiene una vista perfecta de la cafetería. Él tenía la intención de esperarla hasta que vuelva a salir del restaurant. Podía esperar para siempre, si lo que más le sobraba era el tiempo.

Después de que paso media hora aproximadamente, Maria salió de la cafetería y se dirige de nuevo hacia su oficina por el mismo camino por donde vino. Frank corre rápidamente a través de la calle y reanuda su persecución. Tuvo cuidado de no seguirla demasiado cerca. Él la sigue hasta cuando entra en la firma de abogados.

“Esto debe ser el sitio donde esta perra blanca trabaja. Voy a esperarla hasta que salga”. Así pensó Frank estando en la puerta del estudio de abogados, luego se fue a la esquina de la calle para esconderse y esperarla pacientemente hasta que salga de su trabajo.

Llegó la noche y al fin Maria sale de su trabajo. Al verla salir, el negro corre a través de la calle y la sigue prudentemente. Él la sigue hasta la playa de parqueo. Ya la tenía al alcance de sus manos pero sabía que no podía llevársela ahora, aún la tarde estaba clara. Se esconde en unos arbustos del parqueo y fija su atención en el coche rojo de la chica. Él tiene una visión completa de la matrícula del carro. Saca un lapicero y un papel y escribe los números de la placa.

“¡Ahora si te tendre y es hora de conocerte!” él lo dijo en voz alta, después de que ella se fue manejando su coche, el hombre sin hogar se dirigió a la parada de autobús. Frank tenía algo de dinero que le dieron algunas buenas personas.

Es hora de un viaje a la biblioteca. El autobús llega al paradero y él caminando se dirige a la biblioteca. En la biblioteca busca un poco de información con la referencia de la matrícula del carro…

En la pantalla del computador figura que su nombre es Maria , tiene 24 años y vive sola, no hay referencia de familiares. “¡Perfecto!”. Ella no vive muy lejos de su trabajo y sólo tomaría otro autobús para llegar a su calle. Él pensaba feliz mientras caminaba: ¡La tecnología es tan grande!… ¡Esto es demasiado bueno!

Después de que él consigue la información de la chica rubia, se va a conseguir un bocado para comer y luego se dirigió a la parada del autobús. El vehículo llego pronto y se pone a pensar en su plan. Estaba totalmente lleno de energía y su mente estaba llena de pensamientos perversos sobre Maria.

El sol ya se había ido y finalmente caminaba en la calle donde vive Maria: “¡¡Prepárate Maria, esta noche es de sexo!!”

Él se dirige a su calle y pronto estaba en su casa, vio que las luces estaban encendidas y su coche estaba en el parqueo de la entrada. Frank sonríe maliciosamente y comienza con su decente plan.

Son las 20:00; Maria estaba preparándose para salir. Estaba esperando pasar una noche bonita por delante. “¡Genial estoy lista y guapa!, y ahora ¿dónde están mis llaves?”

“Ding-dong.” Suena el timbre de su casa

“¡¿Quién en la tierra puede ser?!”

“Ding-dong. Ding-dong”

“¡Ya voy, ya voy!”

Maria abre la puerta, pero una vez que lo hace, ella sorprendida hace ¡Punch!, tropieza hacia atrás y cae al suelo. Frank se mete dentro de la casa y cierra la puerta. Se acerca a Maria y le da un golpe ligero en el estómago y luego la agarra del pelo largo y rubio y la arrastra hasta el dormitorio.

“¡Vendrás conmigo, perra, ahora ya no me dejaras mí!” Maria gritó intentando soltarse pero no podía. Frank empuja la puerta medio abierta del dormitorio y continúa arrastrándola hasta que llega a los pies de su cama tamaño King.

Él la tiende en el suelo, pero la rubia trata de luchar, como él es más fuerte la domina fácil y la agarra de sus dos brazos con su mano izquierda y con la mano derecha le da otra bofetada cayendo sobre la cama.

Maria estaba desorientada por la bofetada, dando esto que Frank tiene tiempo para quitarse la ropa y luego comienza a desvestirla. Llevaba un sujetador rosa de copa doble D que hace juego con las bragas de encaje, también de color rosa.

“¡OH SÍ!” Frank se expresó admirado. En seguida le quita el sujetador y las bragas. Mira su bello cuerpo desnudo, blanco, rubia, con turgentes tetas grandes y duras con pezones rosados y una vagina recién afeitada, él empieza a lamerse los labios.

Maria se recompone y llega a sus sentidos, ve a este hombre negro desnudo sonriendo maliciosamente.

“¡CHOCOLATE Y VAINILLA MEXCLADOS VA HABER ESTA NOCHE!” Lo dijo riéndose y haciéndosele agua la boca.

Los ojos de Maria se ensanchan con horror. Frank tendría unos 45 años, la edad suficiente como para ser su padre, es alto de 1.90 metros, cabeza grande con melena negra e ensortijada, aparentemente su cara era dura con una nariz ancha y ojos negros penetrantes, cuerpo musculoso, la propia visión de él la disgustó. Ella trataba de levantarse, pero Frank la empuja de nuevo sobre la cama y se pone encima de ella.

“¡NO! ¡NO!” Ella gritó. Ella trata de sacarlo pero era demasiado pesado y ya era demasiado tarde; Frank ya estaba empujando su polla dura negra, gruesa y grande dentro de ella. Ella todavía trataba de sacarla, pero no pudo por la fuerza descomunal del negro y además su olor nauseabundo la golpea y ella pierde su fuerza y voluntad. Maria se siente derrotada. Frank iba a tener su libre camino con ella, ya no importaba si le gustaba o no le gustaba.

El vagabundo violador continúa empujando su polla cada vez más duro y rápido; frota su cara negra entre los pechos de Maria . A tientas empieza a lamer, besar, pellizcar y chupar sus pechos. Él intenta besarla pero ella se resiste, para someterla del todo le da una bofetada más fuerte y la chica rendida abre la boca y permite que el negro le meta su larga lengua y la besa largamente con una pasión descontrolada .

Ella sentía asco al tener la vil lengua roja oscura de este hombre en su boca y su dulce lengua en la boca de él. Frank gimió y gimió mientras continuaba empujando el coño de Maria . No podía creer que en realidad estaba follando a esta hermosa rubia de 24 años.

La chica por el miedo y el dolor que sentía en el interior de su vagina por la invasión masiva de la enorme polla negra que llegaba un poco más de su cuello vaginal, no sentía ningún placer, pero sin embargo muy remotamente en su inconsciente se le prendieron unas luces de deseo escondido que aun ella no se daba cuenta por la violenta violación.

Maria vencida y reducida se pone allí apacible, sin decir una palabra y mientras que esta aturdida siente el esperma que es bombeada en su vagina por la gigante polla negra… se pregunta ¿Cuánto tiempo iba a durar esta terrible experiencia?

Frank después de correrse se baja de ella. Maria estaba tan conmocionada que casi se cae de la cama. Gracias a Dios que ya termino, pensó la joven violada. Pero estaba equivocada.

“La noche todavía es joven,” Frank murmuró para sí mismo. Y se acerca a Maria .

“¡Muy bien, empieza a chupar mí gran polla negra!”

“¿Qué?” Pregunto asustada al ver la inmensa y gruesa polla negra que era imposible que quepa en su boca.

“¡Toma mi polla negra en tu boca y empieza a chuparla! ¡Tú antes ya has aspirado y chupado un chupete Popsicle!, ¿no?”

“¡Sí!”, Maria respondió con sinceridad.

“¡Bueno, esto es como un chupete de chocolate, pero sólo este es más grande y es mejor para ti!

Maria puso sus dos manos con las uñas pulidas púrpura en el pene de Frank y no llegaba a rodearlo totalmente.

“¡Espera un momento, lamela, bésala y luego me la chupas!… ¡Si la muerdes tendrás que pagar un alto precio!”,la amenazo.

Maria hace lo que se le dice. Ella pone su boca en su pene y empieza primero a lamerla, luego besa la gigante cabeza en forma de un hongo gigante negro y finalmente la chupa con fervor.

La chica podía sentir el semen negro que baja por su garganta. “¡OHHHH! ¡OH, SÍ!” Frank gimió. “¡Sigue adelante!” Ella siguió chupando en todo su camino, hasta que él de repente se la mete en lo más profundo de su garganta. Ella desesperada por falta de aire estaba tratando de sacarla de su boca abotagada.

Frank finalmente después de correrse con la última gota de su semen viscoso, se pone como un árbitro y pita fuera de su boca. Maria estaba tosiendo con arcadas. El negro aprieta su polla y exprime lo último de su semen en sus manos y le dice a Maria que proceda a lamerlo. Maria sumisamente le obedece.

Maria mientras que lo mira, él sólo le sonríe triunfante y maliciosamente le mira su culo.

“Ok, date la vuelta y arrástrate hasta que te diga que pares”. Él llega a la caja de pañuelos y se limpia las manos.La chica rubia asustada estaba en 4 patas como gateando sobre la alfombra..

“¡Dios mío!, ¿Qué quieres que haga ahora?” Pregunto asustada

De repente, ella ya sabía lo que él estaba planeando, pero antes de que pudiera hacer lo que se imaginaba. Él la agarro por el pelo y la cintura. “¡NO! ¡NO!” Maria gritó.

Las luchas de Maria fueron en vano. Frank inserta su pene en su ajustado ano. Él negro violador comenzó a follar a la joven rubia. Maria comenzó gritar y las lágrimas brotan de sus lindos ojos verdes “¡¡NOOOO!!… ¡¡OOHHHHHHH!!”

Él bombea su culo blanco un buen rato. “¡OH SI!” Dijo alegremente. Jala a Maria de su pelo y empieza agarrar a tientas sus pechos, pellizcando sus pezones. “¡Tienes unos senos hermosos y ricos y son todos míos!” Él le susurra en su oído lamiendo y besando su cuello.

Frank comienza a follarla más y más rápido. En ese momento, Maria ya no podía soportarlo, a pesar de que todo esto estaba mal ella estaba empezando a sentirse bien con la polla en su culo. La chica rubia dejo escapar un gemido y luego otro y otro. Ella comienza a gemir de dolor y placer. “¡OHHHH!…¡¡AGGGHHHAAAGGGG!!….¡¡OOHHH!!”

Finalmente, Frank pensó. “¡Esta gimiendo, lo que significa que ella ésta disfrutando al ser follada por el culo!… ¡Yo podría obligarla a gemir, pero no me gustan gemidos falsos, quiero que la cosa sea real!”

Los dos estaban gimiendo y gimiendo con mucho placer. Frank le dijo “¡Corrámonos juntos!” los senos de Maria rebotan por lo duro que la follaba. “¡Oh, sí, esas tetas son firmes y jugosos!”. Él la bombea más rápido y hace que sus tetas reboten más rápido.

Maria tiene su gran orgasmo. “¡OHHHH…AARRRGGGGGAAAAHHHHGWW!”

La rubia estaba allí tirada en su alfombra; estaba agotada y cubierta en sudor. Frank no había terminado todavía. La agarra por el pelo y la sube en la cama. Se pone a horcajadas sobre ella y le coloca su polla entre sus erectos y lindos pechos.

“¡Ajusta y junta tus tetas en mi polla negra!”, él ordenó. Maria comienza apretar sus tetas juntas. “¡¡OH SÍ!!”, Frank gimió. Y comenzó a follar las tetas de Maria .

“¡Sí, muy bien chica, aprendiste de ésta manera!” “¡Sigue adelante hasta que estalle mi semen por toda tú cara, el cuello y tus tetas!”. “¡OH SI!” Frank estaba ahora satisfecho. Él se baja de Maria . “¡Esto fue genial! ¡Mujer, yo sabía que ibas a ser buena, pero no pensé que fueras tan buena!” Maria superó las expectativas de Frank

¿Por qué me haces esto? Maria preguntó con tristeza. ¿Por qué has hecho esto conmigo?

“¿Por qué? ¿Por qué?”. Frank se ríe. “¿Qué pregunta?”… “¡Es la venganza y te lo dije!”

“¡¿Venganza?!” Maria estaba confundida. ¿Qué diablos le hice a usted?

“Vamos Maria , sé que eres una rubia, pero no una tonta.”

“Pero yo no lo sé y ¿cómo es que sabes mi nombre? Se olvidó de lo que pasó horas antes.

El se levanta y mete la mano en el bolsillo de su pantalón luego saca algo. “Esto no fue al azar, Maria ”. Él le lanza un papel a ella.

Ella lo toma y sus ojos se abren con horror, era el proyecto de ley de los 50 dólares falsos.

“¿Ahora te sonó una campana, Maria ? ¡Tú me insultaste, Maria ! ¡Te dije que iba a llevarle de vuelta! ¡Yo nunca pensé en hacer esto, pero agitaste el dedo medio y tú sabes lo que eso significaba! ¡Pero al menos acabamos los dos satisfechos en nuestras necesidades.! ¡Tú inconcientemente querias sexo y yo quería venganza! ¡Los dos estamos felices!”

¿Cómo me encontraste? Nuevamente le pregunto al negro violador

“¡Te dije que esto no era al azar! … Sé todo sobre ti. Sé que no tienes amigos y tampoco no tienes familia. Tus padres murieron en un accidente y no tienes hermanos o cualquier otro pariente. No tienes amigos porque tú eres una adicta al trabajo completo y soplado. Es como si no existieras en este mundo. Para compensar por ello te metes con los menos afortunados como yo. Tú eres una persona terrible! Das pena y dejas a alguien horrible con tus actos egoístas y sin embargo, eres tan hermosa, sin control y sola. ¿Qué harás para ser algo mejor? … Te lo diré Maria , esto es lo que voy a hacer para ayudarte” “Yo voy a dominar tú mal comportamiento y hacerte mi esposa, mi esclava sexual!”

Los ojos de Maria se agrandaron como platos con horror, ella sabía lo que esto significaba. Iba a ser su esclava sexual y él su amo.

“¡No!” Ella lo dijo en desafío.

“¡Vamos, Maria !. No hay nada malo con el chocolate y la vainilla que se reúnan en una mezcla, es algo placentero y divino. Además, no estaríamos casados; será sólo un montón de muy buen sexo. ¡Vamos, Maria !, Tú sabes que te encantó mi modo de acariciar tus pechos, la forma en que estaba acariciando tus caderas y sé que tú amabas mi polla en tú ano! Tú no gemías hasta entonces. ¡Dime cuántas veces has sido follada de esa forma?

“Una vez, cuando tenía dieciocho años”, ella admitió.

“¡Veamos, por una sola vez con un pene chico y blanco no vale la pena, estoy seguro que no tuviste placer, Tú necesitas un buen polvo con una polla negra como la mia! ¿Entonces qué dices?”

“¡No!, yo voy a pagarte cualquier cantidad y pedirte que te vayas, no tienes que preocuparte por la policía, yo no quiero que mi nombre sea pegado en un escándalo como este.”

“¡Maria , Maria !, ¿crees que todo es acerca de ti?. Voy a tener que arreglar esto a mí manera y veras que buscaras mi polla en todo momento, no podrás vivir sin mi polla negra”

“¡No por favor, acaba de tomar el dinero y vete, me portare mejor, lo prometo!” la chica le dijo asustada

“¡Ok, creo que lo hare, sólo porque te ves tan desesperada. Vendré mañana por la mañana!.” De repente miro el reloj. Era casi la una de la mañana.

“¡Hombre, el tiempo vuela cuando uno se divierte!”. “¡Maria , me temo que el último autobús ya se ha ido. En estas circunstancias, me quedaré aquí para el descanso de la noche y divertirnos a lo grande!”

“¡¿Qué?!” “¡Por favor vete te pido un taxi!”… sabía que no le iba hacer caso a su propuesta

“¡Sí, y creo que es tiempo para otra ronda de sexo!” Él se acercó a ella.

Maria pelea y se suelta de sus manos, pero Frank la agarra del brazo y la abofetea. Maria cae sobre la alfombra. Ella estaba llorando y Frank la jala de su pelo y la vuelca en la cama. Frank va al interruptor y apaga las luces.

Regresa donde Maria esta acostada y toda desnuda, la encuentro llorando en la cama. Él también se mete desnudo en el dulce lecho con Maria y tira de las sabanas sobre ellos. Él comienza a gemir y pronto ella también está gimiendo cada más fuerte y excitada. Frank tiene su manera con Maria durante toda la noche…

Maria se corre incontables veces, como nunca en su vida lo había hecho antes. En esa noche se le despertó toda la lujuria que tenía guardada en lo más profundo de su subconsciente y sentía que le gustaba la polla grande y negra de su violador, inclusive se la chupa sin que él se lo pida, hacen con frecuencia el 69 gozando de una manera erótica y placentera, cuando ella se sienta a horcajadas sobre él, es cuando más disfruta y sus orgamos son multiples e interminables en una lujuria incontenible y cada encuentro sexual lo sellan con besos eternos y apasionados con lengua.

El negro calculo que ella durante la noche se había corrido unas 50 veces aproximadamente.

Al día siguiente era sábado. Maria se despierta y se preguntó si tuvo un sueño en la noche, pero luego se da cuenta de que está desnuda y descubre su ropa tirada sobre la alfombra y también la ropa de otra persona. Frank entra en la habitación usando nada más que su ropa interior. Maria se cubre con la sabana alrededor de sí misma.

“¡No hay necesidad de eso, yo ya he tenido una gran vista de tus mercancías!”

“¿Qué hora es?” Maria le pregunta avergonzada.

“Casi son las diez, ¿por qué me preguntas?, ¿tienes algún plan para ir algun sitio? Maria niega con la cabeza, temerosa y sumisa.

“Bueno, tengo listo el desayuno, pero antes tienes que lavarte”. “¡Vamos a tomar una ducha!” Frank se lo dijo en un tono agradable. Ella de mala gana lo siguió al cuarto de baño pero después los gemidos de placer de Maria se desataron en el cuarto de baño.

En la ducha Frank lo estaba haciendo duro con Maria . Sus manos recorrían desde la espalda a sus nalgas. Le chupaba su coño y ella le chupaba su polla negra. Ellos estaban teniendo el mejor momento sexual de su vida.

El negro no creía estar en la ducha con esta sumisa y magnífica rubia de 24 años de edad, sus manos acariciaban su cuerpo, mientras se besaban apasionadamente sus senos estaban apretados contra su pecho y sus rozados pezones duros punzaban los duros pectorales negros.

Él se detiene y le dice que vaya contra la pared. Maria hace lo que se le ordena. Ella sabía lo que iba suceder y de hecho sucede. Frank sodomiza a Maria de nuevo.

La rubia gritó a la primera que la penetra. “¡OHHH!” … Él golpea su culo y luego la agarra de las caderas. Empieza a empujar más y más rápido y pronto Maria tiene un orgasmo que jamás sentido. “¡¡OOHHHH!! …. ¡¡ARGGGGGHHHHHAGGGGHH!!… ¡¡SIIIII!!”

Después de la ducha Frank se vistió. Después él escogió el vestido que Maria debia llevar. Miró a través de sus cajones y estaba decepcionado de que Maria no guardaba porta ligas, pero al menos tenía algunas bragas de encaje. Él miro y le puso un sujetador en azul medio de media copa haciendo juego con las bragas azules y con zapatos de color azul de talón alto….Se le veía como una majestuosa y preciosa mujer, voluptuosa y sensual en el fondo satisfecha de lo que estaba viviendo y haciendo con el negro vagabundo.

Finalmente se sientan a tomar el desayuno. “Por lo visto, trabajas en un bufete de abogados, eres dueña de esta preciosa casa y conduces un Mercedes rojo, ¿verdad?… Maria asiente. “Lo estás haciendo muy bien para ti misma y en una edad tan joven, ¡te felicitó!.”

“¡Gracias!… ¿Por qué estamos teniendo una conversación normal como si estuviéramos casados o algo así?” Maria rompió con su silencio.

“¡Fácil chica, acabamos de complementarnos sexualmente, a menos que tú quieras que sea de la manera que indicas!.”

“¡No! Tú sólo puedes llevarte el dinero que te daré y listo te vas!”

“¡Bien, bien! Pero al ritmo que vas podrás estar siempre adelante con ganas incontrolables el resto de tú vida”.Maria no dijo nada.

Después del desayuno, Frank se levanta llevando el plato vacío de Maria a la cocina. Le dice a Maria que se quede sentada allí en el comedor hasta que él vuelva. Maria le obedece.

Al volver Frank en su mano tiene un pequeño pedazo de panqueque que no lo comía. Se acerca a Maria y lo hace caer en su escote dentro de sus turgentes pechos.

“¡Vaya, me pondré a buscarlo!”. Mete la mano en el escote de Maria y empieza a sentir y palpar alrededor fingiendo que buscaba el pequeño trozo de panqueque. Maria nunca se sintió tan humillado en su vida, dejando que este hombre la acaricie de esta forma, pero en el fondo le gustaba y sentía placer con sus tocamientos.

“¡Lo tengo!” Él dijo y se lo comió. “¡Cariño, ya puedes salir de la mesa!.”

Cuando Maria sale de la mesa él le dice que se pare. Se acerca a ella y le jala hacia abajo sus bragas. Pone dos dedos en la vagina de haciéndola jadear y gemir. “¡Ohhhh!…¡Por favor, por favor… Dejame!”, ella rogó pero sabía que era inútil.

Frank iba a hacer el recuento del último día como en la ducha. Estaba empezando a excitarse de nuevo. Con su mano derecha busca a tientas su pecho izquierdo. Maria casi se cae pero Frank la agarra de las caderas y él la obliga contra la pared, además estaba por sentir otro orgasmo incontrolable.

El sigue frotando su coño y luego se lleva sus dedos mojados con los jugos vaginales de Maria a su boca negra y los lame.“¡Nunca supe que sabía tan bueno, eres adorable!” Él pone sus dedos de nuevo en el coño y su mano derecha continúa a tientas en su teta izquierda haciendo a Maria gemir más fuerte. “¡¡OOOOOHHHHHHHHHHHH….SIIIIIIIII ARRGGGHHAARR…OOOHHHH!!” La chica se corre con un orgasmo desenfrenado.

Él tira abajo su sujetador y hace que su teta izquierda se salga y empieza a chuparla con ansias desesperadas.

“¡OOOOOOOOOOOOOOOOOHHHHH!” Maria gimió. Ella sabía que Frank era él hombre que la hacía sumisa y débil y le daba un placer que nunca lo había experimentado antes y que permanentemente la ponía en ese estado tan caliente y libidinoso. Maria gritaba y gemia en puro éxtasis sexual.

“¡Bien!” Frank dijo. “¡Tú has tenido otro orgasmo!. Ya he terminado ahora; pagame mi dinero para que yo pueda estar en mi camino, si no quieres que me quede.” Maria se agita y sube sus bragas. Ahora los dos están en el dormitorio. Él mira a su culo meneando y él da una bofetada en las nalgas redondas y sensuales.

Pon el cheque a mi nombre Frank Nelson y pon la cantidad acordada, Maria le entrego el cheque firmado con mucho más de dinero de lo acordado, ella no sabe porque lo hizo sin embargo se sintió satisfecha al hacerlo.

Ella se alegró a medias de que su terrible experiencia casi ya ha terminado. “¡Ok, así se hace, me voy muy feliz, pero te voy a extrañar un mundo, preciosa!”. De repente se siente caliente y le pone sus negras manos sobre sus pechos y luego le da un beso en el cuello y su boca.

“¡Pensé que habías dicho que te ibas si ya te pagué lo que me pediste!” ella le reclamo con algo de desidia y sin mucha firmeza.

“Yo sólo quería darle las gracias por el botín y por el gran placer que me has dado. “¡Gracias nena!” Él la jalo y le busco la boca para besarla apasionadamente y largamente con lengua, ella le correspondió el beso y ahora el beso lo sintió muy agradable y dulce, ambos estaban abrazados.

Una vez que se fue Frank, la chica empezó a llorar, no sabía si era por lo que la había violado violentamente un negro vagabundo y haberla humillando en todo momento o porque ya lo extrañaba y necesitaba de su polla negra, aún estaba confundida.

Ella se quedó en su casa todo el resto del sábado llorando. Cuando por fin se durmió, tiene una pesadilla que Frank la estaba violando de nuevo. Cuando se despierta sola y cansada el domingo en la mañana, decide quedarse en casa, se sentía sola y deprimida más que nunca. Más tarde ese día Maria estaba viendo la televisión, tratando de olvidar su terrible calvario y gran placer sexual y trataba de ponerlo detrás de ella. El teléfono suena.

Maria : ¿Hola?

Frank: Hola Maria , ¿cómo estás?

Maria : ¿Frank? ¡¿Por qué me estás llamando?! Usted dijo que me dejararia en paz!

Frank: Lo haré, pero primero quiero que hagas algo por mí.

Maria : ¡¿Qué ?!

Frank: “¡Un poco de sexo por teléfono!”

Maria : ¡Tú eres un hombre pervertido! ¿Cómo diablos has sacado este número?

Frank: Te dijo que yo sé todo sobre ti, Maria . Ahora hacer esto por una última cosa para mí y te prometo que te voy a dejar sola para siempre.

Maria : ¿Me prometes?

Frank: ¡Sí, sólo has esto o voy a ir a tú casa otra vez!

Maria : ¡No!, si lo haré!

Frank: ¡Buena chica! ¡Ahora imagínate que estoy en tú oficina. Te agarro por las caderas; te pongo sobre el escritorio y levanto tú falda corta y me muestras la tanga rosa que te compré para y luego te lo quitas y me dejas masturbar tu húmedo y sabroso coño! ¡Dime que ya estas caliente!

Maria no quería decir, pero siente que su coño ya se ésta humedeciendo muy rápidamente. Al escuchar su voz tan caliente le traen recuerdos del día de ayer.

Frank: ¡Cuéntame o iré otra vez a tú amorosa casa!

Maria : ¡Sí, sí que me enciendo y estoy excitada!

Frank: ¡Bueno! Ahora una última cosa! Quiero que te quites la ropa y empieza a masturbarte!.

Maria : “¡¿Qué ?!”

Frank: ¡Haz lo que te ordeno, o voy a ir!

Maria : ¡Ok, lo haré!.

Frank: ¡Pon el teléfono en altavoz para que pueda oírte gemir!

Maria se quita la ropa y empieza a apretar y acariciar sus tetas y luego empieza a tocar su vagina. Ella trata de reprimir sus sentimientos de estas emociones sexuales autocomplacientes, pero es en vano. Su coño comienza a ponerse húmedo y más húmedo. Ella comienza a gemir y gemir, tiene un tremendo orgasmo. “¡¡OHHHHHH… AAARGGGHHHAARGGG!!”

Frank: “¡Buen trabajo, Maria , no iba a creer lo que sentiste sin estar contigo, veo que tienes latentes mis calientes recuerdos y eso me satisface, no me equivoque!” ¡Gracias! Y como yo estaba de acuerdo voy a dejarte sola para siempre, te amo cariño. “Adiós Hermosa.”

Maria empieza a llorar. No podía creer que Frank todavía tenía control sobre ella. Más tarde ese día ella toma una siesta. Ella esperaba que le pasara el estrés sexual traumático. Mientras que está durmiendo, tiene otra pesadilla que Frank la viola con más dureza. Se despierta con un susto y se da cuenta de que ésta húmeda y con ganas de follar.

Una hora más tarde estaba viendo la televisión. Una escena de sexo se acercó en la pantalla y la imagen de Frank apareció en su mente y comienza a sentir los impulsos y deseos sexuales. Cambia de canal y se siente mejor. Pero a medida que avanza el día no podía con retirar a Frank de su cabeza y cada vez que aparecía en su recuerdo comenzó a sentir humedad entre sus piernas y sus pezones se ponían duros. Sentía que lo anhelaba, pero no sabía cómo explicar lo que le estaba sucediendo. Entonces decide leer un libro con el fin de aclarar su mente y parece que funcionaba.

Más tarde prepara su cena y continúa leyendo. Dos horas más tarde busco un postre pero no había nada en el refrigerador. Revisa el congelador y encuentra algunas paletas de hielo. Abre uno y comienza a chuparlo. Como ésta chupando el chupete empieza a sentirse excitada. Ella se corre con sus sentidos y grita algo frustrada. Ante esta decepción el resto de la paleta la tira a la basura.

Tiene que haber algo más para comer, dijo. Ve en el congelador, pero no pudo encontrar nada. Ella busca más profundo y encuentra otro Popsicle. Está bien, pensó. Sólo tengo que tener un poco de auto-control!

Ella abre la paleta pero a diferencia de los otros este era de chocolate. Maria ésta fascinada por el Popsicle, le recordaba la polla de Frank y cuanto más pensaba en ello más fuerte sus impulsos se convirtieron en deseos sexuales, pensaba en la gran polla negra que había disfrutado durante casi un día. Trata de controlarse y sofocar la paleta pero se mantuvo lamiendo y chupandola. Pero no pudo contenerse por más tiempo.

Ella corre a su habitación y pone el Popsicle en el tocador, se quita toda su ropa y empieza chupar y lamer la paleta y luego lo inserta en su vagina buen rato y luego en su ano. Después de que los pezones se le ponen duros. Ella gimió y gimió. “¡Sí! ¡Sí! ¡Sí! Ohhhh! ¡Ahhhh! ¡Me estoy corriendoooo!” Ella se quedó allí sintiéndose bien. “¡Oh, Frank, no te detengas, follame duro!” Ella murmuro.

Después que se le paso la calentura y regreso su razonamiento. “¿¡Qué he hecho!?” No podía creer lo que acaba de hacer.

Maria se va al cuarto de baño y toma una ducha. Tenía que purificarse. Tenía que tomar el control. Se pone el jabón alrededor de su cuerpo y comienza a frotarse, pero luego empieza a excitarse con el recuerdo de Frank cuando la follo en ese mismo lugar. Comenzó a masturbarse hasta que obtiene un orgasmo. Después de darse cuenta de lo que había hecho de nuevo se pone a llorar.

Luego de la ducha decide ir temprano a la cama. Mientras dormía tuvo otro sueño sobre Frank que la viola pero esta vez ella quería que lo haga. Gemía y gemía en sus sueños y nombra su nombre en cada momento. Se despierta y se da cuenta de que está mojada de nuevo.

Todo quedó claro para ella. Sabía lo que necesitaba. No podía luchar más contra sus impulsos sexuales. Sabía que nunca sería normal otra vez. Aceptó su nueva realidad. Se levantó temprano y se preparó para ir al trabajo, pero no antes de masturbarse.

En el trabajo todo el día pensaba era Frank. Estuvo fue tentada muchas veces para masturbarse, pero no pudo. No podía dejar que nadie la viera así.

A la hora del almuerzo conduce su carro a la cafetería. No estaba con hambre lo que busca era a Frank, pero él no estaba por allí. Conduce un poco más y se parquea en un área del estacionamiento que estaba muy lejos de los otros coches. Usa este tiempo para masturbarse y jugar con ella misma, ahora recordando a Frank con placer y cariño.

Cuando ya fue hora para que se retire del trabajo, acelera a su casa, pero no antes de comprar una caja de paletas de helado de chocolate.

Después de masturbarse con una paleta viendo la televisión una película erótica. El teléfono sonó y Maria responde rápidamente. Esperaba que fuera su extrañado amante negro, “¡Alo Frank!” Pero no fue así. Era otra persona con un número equivocado.

“¡Eso es, ya no aguanto más sin la polla de Frank!”

Maria sale en busca de él. Pensó para sí “Si no lo puede encontrar a continuación, voy a estar de nuevo en lo mismo, como él me dijo antes de que se vaya”, va a la cafetería, pero ya estaba cerrada. Estaba a punto de darse por vencida cuando oyó gritar. Eran tres adolescentes y un hombre mayor. Los chicos atacaban al hombre, lo golpearon y se ponen a correr en fuga.

Maria impulsada con su nuevo cambio en su bondad hacia arriba, fue a ver si el hombre estaba bien. Sus ojos se abren como platos de alegría. Era Frank, no sabe de dónde saca fuerzas para meterlo de inmediato en su coche y se lo lleva a casa para siempre.

Frank despierta. “¿Dónde estoy?” Él mira hacia arriba y ve a la bella Maria que le sonreía. “¿Maria ? ¿Dónde estoy?”

“¡En mi casa!. Esos muchachos te asaltaron y se llevaron tú billetera, pero me las arreglé para recuperarla pero no había dinero.”

“¡Oh-no!”

¡”Pero lo importante es que estas bien, te salve de que hagan más daño!”, le dice Maria . “¡Tú ahora estas aquí. Pero no vamos a hablar de más. Quiero que tú tengas algo de mí!”. Ella le da a Frank una tanga rosa. El negro vagabundo aún no sale de su asombro y estaba suspirando de felicidad y deseo, luego ve a Maria agacharse y levantar su falda mostrando su redondo y lindo culo desnudo.

“¡Frank, he sido una chica mala en tú ausencia!”. “¡Por favor, dómame por mi mal comportamiento y hazme tu esposa!.” A Frank los ojos se le abrieron aún más y su boca también estaba abierta como un perro en celo.

“¡Por favor, dómame por mi mal comportamiento y hazme tu esposa¡”, ella se lo pidió de nuevo. “¡Voy a ser tú esclava sexual y tú mi amo!”… “¡Te quiero dentro de mí!”…. “¡He tenido sexo una vez, pero no fue tan bueno como contigo!”… “¡Esto es diferente!”…. “Quiero tu gran polla negra profunda dentro mí!… ¡La necesito urgente dentro de mi vagina, el ano, la boca y mis tetas!”… ¡Tú eres el único hombre que me puede penetrar en lo más profundo de mi coño. Por favor, dómame por mi mal comportamiento y hazme tu esposa…yo te deseo y te amo!… ¡La única petición que tengo es que tú aceptes este trabajo de ser mi amo y señor y yo será tú única esclava sexual, pero eso si dueña de tu hermosa polla grande y negra!”.

“¡Claro que puedo hacer este trabajo, tú eres mi perra y esclava desde ahora!”, Frank respondió. “Nunca más te daré bofetadas de nuevo, eres mi amor y mi puta”. Se acerca a ella y se besaron con sus leguas en sus respectivas bocas apasionadamente, se abrazaron con lujuria como si fuera el fin del mundo .

Entre ellos se desvistieron quitándose sus ropas con desesperación y lujuria. Frank a tientas agarraba las tetas de Maria pellizcando sus pezones ya duros. Los gemidos de Maria eran lujuriosos y sensuales. Ella le llevo su cabeza negra entre sus pechos para que se los chupe.

Un segundo después agarra a Maria por sus caderas y la chica caliente envuelve sus piernas alrededor de su cintura. “Vainilla y chocolate van a mezclarse muy bien” Maria le susurro a Frank metiéndole la lengua en su oreja, lo que a él lo hacía más feliz de su gran suerte. Esta belleza blanca de 24 años de edad era suya. Continuaron largamente besándose con lengua.

“¡Amor, chupa mis pezones!” Maria gimió.

Frank abre la puerta del dormitorio con un pie cuando la llevaba cargada en sus brazos y la deposita con amor suavemente en la cama pero sin dejarse de besar apasionadamente.

Todavía no podía creer que esta atractiva y diosa rubia de 24 años de edad realmente ésta dispuesta altamente con su voluptuoso cuerpo para él. Ella es su esclava sexual y él su amo.

Maria se da la vuelta en la cama poniéndose en 4 patas y se da una bofetada en su propio culo y le dice amorosamente con mucho deseo “¡Tómame, soy tuya para siempre…soy tu puta, haz lo que quieras conmigo. Follame duro y profundo con tu hermosa polla negra y grande que es solamente mia, eres mi amor y mi amo!¡ ¡Te he extrañado mucho, he extrañado esta grandiosa polla negra, ya no quiero que te vayas de mí… eres mi amor!”

Frank estaba excitado a lo máximo en la cama con ella y tira de las cubiertas sobre ellos. Ambos comienzan a gemir y gemir como posesos.

Entre jadeos le responde; “¡Yo también te he extrañado mucho, necesitaba tú cuerpo, tu caliente coño, tus lindas tetas, ya no me iré de tú lado, serás la madre de mis hijos, si es que tú lo deseas también!”

Y así Maria comienza su nueva vida como esposa y puta de su amo el hombre sin hogar ….

Con el tiempo ella siguió trabajando en el estudio de abogados y él se quedaba en casa esperándola ansioso para follarla y amarla, Pero cuando salió embarazada después de un año de estar juntos, ella puso su propio despacho de administración y trabajaba independiente, ganando más dinero inclusive, pero siempre estaba a su lado el vago negro que trabajaba haciéndola feliz con el sexo.

Llegaron a tener 2 una pareja de hijos, la niña salió mulata clara muy parecida a su madre y el niño también salió guapo pero un poco más oscuro con el porte del padre y heredo una tremenda verga del padre.

Al final eran felices y el núcleo de su felicidad era el constante buen sexo sin restricciones que practicaban.

Viuda paga la deuda de su hijo con sexo

Lo siento mamá, soy un imbécil. Un imbécil integral, no creí que llegara a esto, de verdad, fue una estupidez…

Héctor lloriqueaba con la cara hundida entre sus manos, sentado en el sofá. Mientras tanto los dos gitanos se reían entre dientes, uno apoyado en el marco de la puerta del salón, gordo y grande, y el otro, fibrado, junto al veinteañero lagrimoso. Marta estaba entre asustada y disgustada, había pillado a aquellos dos registrando la casa mientras su hijo no hacía nada, y al montar en cólera el más gordo había llevado a la mujer al salón a empujones. Ahora su hijo le soltaba todo aquello entre lágrimas.

– Salimos el otro día y quisimos pillar… Un par de gramos. – Confesaba el chico. – No solemos hacerlos, pero yo qué sé, nos dio por ahí. Luego a los dos días volví, quería un poco más. – Marta no se creía lo que oía. – Mamá, son trescientos euros, dáselos y se irán.

– Eso paya, danos lo nuestro y nos vamos, o si no nos llevamos a este. – El que estaba sentado paso el brazo por encima de los hombros de Héctor.

– Pero no tengo ese dinero en casa, y en la cuenta tampoco, es final de mes y han pasado todos los recibos… – Marta estaba descolocada, solo quería que ese acabase, pero no sabía cómo. Si su difunto esposo siguiera entre ellos, él tendría al chiquillo mejor encarrilado, eran ya cinco años sin un hombre en casa.

– Déjate de escusas, nosotros queremos cobrar y vamos a cobrar. – Cortó el gitano.

– Por favor, dales algo, lo que sea. – Imploró Héctor una vez más a su madre.

– No sé qué hacer, esto es, un atropello, fuera de mi casa. – Marta se levantó.

Por un segundo se impuso en mitad de la situación. Allí de pie, con su metro sesenta, señalando a la puerta, la mujer de cincuenta años, rubia, con una figura curvilínea, muy apetecible, al menos eso pensaron los gitanos.

– Levanta, payo que nos vamos. – El delgado golpeó a Héctor en el hombro y se puso en pie, era más alto que Marta.

– No, por favor, no. – El chico no se movió. – Mamá, dales algo. – El gordo avanzó hacía el sofá.

– Esperad, soy viuda, no tenemos un duro os lo juro, no hagáis esto.

– Ya paya no nos cuentes tus problemas. – Habló el gordo echando mano de Héctor.

– Párate primo, que no sabía yo eso. – El delgado se comía a Marta con los ojos, en especial cuando se levantó. – “Pues” pagarnos de otra manera.

Ella no le entendió de primeras, hasta que el gitano el agarró las tetas por encima de la blusa, el tipo llevaba rato queriendo hacerlo. Marta gasta un buen par de melones, una talla suficiente para que el tipo aquel no abarcase toda la carne.

– ¿¡Qué haces!? – Exclamó ella, asustada y ofendida, pero sin amago de defensa, en parte era la primera vez que le sobaban las tetas en cinco años, ginecólogo aparte.

– Mírala, mucho grita poco hace. – Rio el gitano. – Así nos vas a pagar lo que nos debe tu hijo.

Marta seguía sin defenderse del agarre, mientras el gitano masajeaba sus tetas sobre la ropa. Con cierta gracia, o talento, ella notaba esas caricias robadas a través de la blusa, e incluso, como sus pulgares buscaban los pezones de ella, y trazando círculos sobre los pechos despertaron para endurecerse. Allí bajo la ropa, había unas areolas grandes y oscuras, y en su centro dos botones a juego que se marcaron para gusto del gitano, y de Marta.

– Vamos paya, si “ties” tú más ganas que nosotros. – Dijo el delgado, enmarcando con su agarre las tetas de ella para que las viese el otro que se sonrió y relamió.

– No, eso no es verdad. – Se mintió a sí misma en voz alta.

– Mamá, por favor, eso no, dales alguna joya. – Héctor reprochaba a su madre la reacción del cuerpo, incontrolable en parte, reconfortante para ella.

– No tenemos nada, solo yo traigo dinero a esta casa, holgazán. – Le empezó a abroncar y se sintió mejor. – Solo yo valgo algo en esta casa. Y, ¿qué recibo a cambio? Un hijo tarambana que trae problemas a casa, una soledad que se alarga cinco años y que solo se rompe por este…, gitano mal encarado y sus caricias.

La explosión fue rápida y brutal, como deben de ser. Dejó a Héctor malherido y a los dos gitanos un poco descolocados. Más le sorprendió al delgado, al que amasaba las tetas de Marta, lo que esta hizo a continuación. Atenta ésta a los llorosos ojos de su hijo, y a los depravados del gitano empezó a desabrocharse los botones de la blusa. No paró hasta llegar al último, se libró entonces de las manos del otro, y se libró también de la prenda, arrojándola a un lado.

– ¿Os queréis cobrar conmigo? Adelante, soy lo único de lo que podéis sacar algo. – Así se plantó, en sostén delante de los tres, brazos en jarra y esperando.

En realidad, lo que Marta esperaba era que se cortase, y se echasen para atrás, al fin y al cabo, los dos gitanos no eran sino un par de críos de no más de veinte, como su hijo. Estaba excitada, sí, pero no pensaba en que la cosa llegase más lejos del sobeteo.

– “Pos” vamos entonces. – El gordo tomo la iniciativa por primera vez, se metió las manos en los pantalones de chándal y se sacó la polla. – Ven “pa ca”

De repente a Marta se le había ido de las manos la situación, más aún. El rabo del gordo no parecía nada del otro mundo, emergía de una mata de pelo negro, y estaba blando, aunque el tipo se esforzaba por solucionar eso.

– Que vengas paya. – El otro gitano no decía esta boca es mía, Héctor flipaba y Marta contemplaba una polla después de mucho tiempo.

Con aquello el calor que le había iniciado el otro, y sabe Dios que más terminaron de prenderle fuego. No podía apartar la mirada del miembro flácido con que el otro jugaba. Sin darse cuenta se vio avanzando hacia él, hasta quedar dentro de su alcance, apenas fue un paso y le pareció una inmensidad. Amarró la mano de Marta y la llevó allí donde estaban sus ojos.

– Vamos paya, que no me extraña que se muriera tu marido si le hacías esperar tanto.

Le sujetaba de la muñeca, esperando que ella reaccionase, y al fin lo hizo. Marta cerró su mano entrono a la polla del gitano, estaba caliente y palpitaba, tanto tiempo sin esa sensación. Las manos del gordo dejaron de ocuparse de guiar a Marta para centrase en sus tetas, fue más brusco que el otro, pellizcó y tiró de la blanda carne cuanto pudo. Ella gimoteó un poco por el dolor, y se dejó hacer, le encantaba la atención que recibía, no solo del gordo, también del otro, que miraba emocionado.

Se le acercó el delgado por detrás y se deshizo del sujetador, las mamellas quedaron libres, las tenía algo caídas, pero poco importaba. El gordo se llevó a la boca la derecha, mientras seguía jugando con la izquierda. El delgado empezó a buscar en el culo de Marta, sobándolo por encima del vaquero.

– Mamá. – Gimoteó Héctor y ella recordó que estaba allí.

– Vamos al cuarto, rápido. – Estaba cachonda perdida, no quería ni pensar en su hijo, no fuese a ser que se le pasase el calentón.

No objetaron nada los dos gitanos, y le siguieron medio desnuda, y perdiendo los pantalones, hacía la habitación de matrimonio, que llevaba tiempo sin albergar hombres, y mucho menos con aquella actitud.

Las palabras empezaron a sobrar, pero “puta” y “guarra” se repitieron con constancia en lo que Marta se desnudaba. Al perder toda la ropa y quedarse allí, a puerta cerrada con los dos gitanos, empezó a sentir todo: el latido de su corazón, acelerado; el sudor frío que le acechaba en la nuca, por puros nervios; la humedad volviendo a ella; y el olor que emanaban los dos hombres ya desnudos, también.

No pensaba con claridad, tenía la mente embotada, y se movía por instinto. Ese instinto animal le llevó a arrodillarse, frente a los dos, con un gesto les hizo acercarse. Sin que ellos hablasen hizo aquello que más deseaban, agarró primero la polla del gordo, estaba ya morcillona y se la llevó a la boca. Apenas un par de veces se la había comido a su difunto, pero eso no importaba.

Comenzó chupando, sin mucho oficio, recorriendo como podía aquel rabo que crecía. Se le metía en la boca hasta donde podía, con eso bastaba, la falta de costumbre la compensaba con ganas. Terminó de ponerle duro, como una piedra, una erección que apuntaba al techo, rondaba los veinte centímetros, era la más grande que había visto, teniendo en cuenta que conocía tan solo dos contando aquella. Entonces el delgado, sin pedir permiso tomó a Marta del pelo y le llevó para sí, ella repitió el tratamiento al otro gitano, que calzaba como el gordo.

– Primo buena idea has tenido. – Decía el gordo, mientras se agachaba y empezaba a meter sus manos entre las piernas de Marta.

– Ya ves, menuda puta la paya, no la sabe chupar, pero le pone ganas…

Se rieron, el delgado le forzaba la cabeza a Marta, haciendo que mamase con un ritmo frenético. Marta estaba empezando a notar los dedos del gordo penetrarle, estaba completamente entregada, dejándose hacer cuanto ellos querían. Se sacó de la boca el rabo del gitano y habló:

– Más, folladme, cobraros conmigo ya. – Se levantó, y contempló a los dos gitanos, le vio más defectos que al principio. – Venga hacedme lo que queráis. – Estaba cachonda perdida y necesitaba polla.

El gordo la empujó sobre la cama, ella se abrió de piernas antes de que le dijeran nada. Recibió a su amante sobre sí, sin importarle que allí no había entrado nadie salvo su difunto, que tampoco era muy buen amante. El gordo simplemente se lanzó sobre ella y le monto. Bombeaba sin contenerse, aplastando con su peso a Marta, ella sufría y él ponía mala cara.

– Esta paya “ta” “mu” seca. – Se quejó el gitano. – No hay quien se la folle. – Se levantó de mala gana.

– Déjame a mí primo.

Era el turno del delgado, o eso pensaba Marta, que lamentaba tanto como el gordo que su coño ya no fuese el de una colegiala, aunque que con la poca atención que recibía no era de extrañar. El caso es que el gitano no se lanzó como el otro a follar, en cambio, se acercó a Marta al borde de la cama, se agachó y empezó a comerle todo. El coro de gemidos se le atascó en la garganta, mientras la lengua del joven le entraba y salía y recorría sus labios, y no hacía ascos a la matita de bello que tenía la madura.

– Más, más, más… – Marta no se creía lo que pasaba, dejándose abusar por esos dos gitanos, bajo amenazas a su hijo, con este en el salón, y nada le importaba más que el placer.

Héctor escuchaba los gemidos que llegaban al salón con timidez, y sin poder remediarlo, y para evadirse, buscó la papelina en su bolsillo. Vació el contenido sobre la mesa de café y aspiró. Se le aceleró el pulso casi tanto como a su madre, al borde del clímax. El delgado seguía dando cuenta de su coño como nunca, y cuando tuvo a la mujer a punto, paró, y la ensartó. Prácticamente con un par de embestidas le bastó al gitano para terminar el trabajo, Marta se corrió y entonces aquello si empezó a lubricarse como Dios manda.

Atrás quedaba la incomodidad del primer polvo, ahora la polla de aquel gitano entraba y salía sin problemas. Montaba a Marta como un potro salvaje, le follaba casi con odio, sin siquiera tratarle como a una persona, solo un objeto para su disfrute. Le mordía las tetas y le abofeteaba, le llegó a agarrar el cuello en un amago de asfixia y por dentro la madre, viuda y cincuentona, solo podía pensar “más”. Su deseo fue satisfecho, pues el joven gitano tenía aguante, al menos veinte minutos estuvo manteniendo ese ritmo infernal, hasta que decreció, y en un espasmo se corrió dentro.

La fiesta no había acabado, así fue como con una mirada, Marta, autorizó, aunque no hacía falta, al gordo. Este manejó a la mujer como a un juguete e hizo que se plantase a cuatro patas sobre la cama, se subió en esta y empezó a montar. Recogió el pelo de Marta en su mano izquierda y la embistió desde atrás con fuerza, el sonido de la carne era más fuerte que los gemidos. Después retumbaron aún más los cuerpos, cuando desató una lluvia de azotes sobre las nalgas abultadas y blandas de ella.

De forma similar al primero terminó el gordo, y Marta pudo respirar, se había venido al menos otra vez mientras como una perra recibía polla. Su coño palpitaba, y dos corridas se derramaban por el interior de sus muslos. Los gitanos aun querían más.

– Límpianos paya. – Se acercaron a Marta y esta no tuvo más remedio que dejarles las pollas relucientes de saliva. Saboreó la salazón de los dos gitanos.

Entonces empezó a pesarle la culpa, se dio cuenta de lo que había hecho, de alguna forma se vio a si misma desde fuera y vio la puta que era. Vio a los dos gitanos, y se dio cuenta de que poco o nada le excitaban, solo se había acostado con ellos por la amenaza y por el repentino calentón fruto del enfado. Si bien ahora, en el vientre le ardía un deseo salvaje, quería más y no entendía por qué.

– Ya está, ya está pagada la deuda. – Dijo Marta, sus manos sobre su coño, comprobaban que seguía allí, se hundieron en los fluidos.

– No paya, una puta son cuarenta euros, y una vieja como tu solo treinta. – Dijo el delgado, no paraba de masturbarse. – Así que nos debes… – Contó con los dedos. – Diez más.

– Nueve dirás. – Le corrigió Marta.

– Da igual, ven “pa ca”

Levantó a Marta del pelo, y de pie, rodeándole, colocándose detrás, retomó el coño de Marta. El gordo mientras tanto se vestía.

– Yo marcho primo, que disfrutes. – Se despidió y salió, se descojonó de Héctor en su camino a la puerta.

El hijo, que seguía en casa, que lo había escuchado todo, estaba inmovilizado en el sofá, a punto de meterse otra raya. En la habitación de matrimonio, Marta recibía una follada en una postura desconocida para ella, de pie cogida por la cintura, en abrazo que enmarcaba sus tetas. Se veía ahora en el espejo de pie, con la luz que entraba del pasillo, el gordo había dejado la puerta abierta en lo que se había ido. Los gemidos de Marta inundaban la casa, Héctor se tapaba los oídos, y terminó por salir corriendo.

Los amantes permanecieron a lo suyo, la segunda follada del delgado fue más larga, los dos se empaparon en sudor. Terminaron en el suelo, olvidando la cama, sin perder un segundo en forzar el coño.

– Ya no puedo más, me matas si sigues. – Marta estaba tirada en el suelo, mientras el gitano estallaba sobre su espalda.

– Todavía nos debes ocho, pero ya vendremos otro día. – Se vistió y salió.

– Volved cuando queráis. – Le despidió Marta, de corazón.

Se había despertado de un letargo sexual demasiado largo, y le costó mucho dormirse, en especial con las visitas que fue recibiendo los días posteriores. Al final superaron la docena, pero para ella cuantos más mejor.

Mi madre y sus amigos terminan liados

Hace años, cuando yo era pequeño, mis padres tenían la costumbre de quedar los sábados por la tarde con los amigos para jugar a las cartas.

Quedaban todos los sábados y cada sábado las partidas se celebraban en casas distintas, y, aunque eran los hombres los que realmente jugaban, les acompañaban siempre las mujeres y frecuentemente los hijos pequeños, de forma que lo normal es que hubiera unos cinco o seis matrimonios cada sábado.

Los anfitriones preparaban unos aperitivos que se complementaban con lo que cada uno traía, de forma que siempre había bastante comida y bebida, normalmente refrescos para los más pequeños y cervezas para los adultos, reservándose siempre las bebidas alcohólicas para los hombres cuando echaban sus partidas de cartas.

Recuerdo especialmente aquél sábado de verano que tocaba jugar en nuestra casa donde nos reunimos al menos unas diez personas, menos que en otras ocasiones, ya que uno de los varones, asiduo a estas reuniones, no había venido acompañado de su pareja, sino de otro hombre, indicando que su mujer y sus hijos estaban en la casa del pueblo con sus padres, por lo que le acompañaba un amigo.

La velada transcurrió más o menos como siempre. Los hombres hablando de política o de futbol, las mujeres de chismorreos o de vestiditos, y los niños jugando y corriendo por la casa, aunque en más de una ocasión pillé a los dos amigos mirando descaradamente el culo y las tetas de mi madre, así como cuchicheando entre ellos. Sabía que hablaban de ella y me fijé sorprendido como los bultos bajo sus braguetas se hinchaban.

Como siempre, las cartas se dejaban para el final, cuando ya se habían agotado casi todas las viandas y refrescos, y fue entonces, cuando la cosa poco a poco fue cambiando.

Según avanzaba la noche las familias se iban marchando, dejando cada vez menos hombres jugando a las cartas, y, los que quedaban, estaban cada vez más ebrios de consumir tanto alcohol y fumar tanto tabaco, lo que se traducía en más voces, carcajadas y ruidos.

Cuando mi madre despidió en la puerta al último matrimonio, yo subí a mi cuarto para dormir, y, deteniéndome en las escaleras, contemplé desde arriba cómo mi madre entraba en el salón donde todavía mi padre con un par de amigos jugaba a las cartas. Estos eran los dos hombres que habían venido a la fiesta, sin mujer ni hijos ni prisas por volver a casa.

Mi madre se despidió de todos ellos, indicando que ya estaba cansada y que también se iba a la cama.

Se acercó a los dos amigos para despedirse y les dio un par de castos besos en las mejillas a cada uno, aprovechando éstos para, sonriendo bobaliconamente, mirar descaradamente las tetas de mi madre que se asomaban por el escote de su vestido, así como tocarla disimuladamente el culo y la cintura.

Al girarse hacia mi padre y darles la espalda, las miradas de los dos amigos se clavaron lujuriosamente en las piernas y en el culo de mi madre. Miradas que debieron pasar desapercibidas a mi madre, pero no a mí, eliminando de un plumazo todo vestigio de cansancio o sueño.

Un ligero beso de mi madre a mi padre en la boca fue respondido por este, metiendo su cabeza por el escote del vestido de ella, y besuqueándola y lamiéndola las tetas, mientras la sujetaba con las dos manos las nalgas por debajo de la falda para que no escapara.

Cuando ella, forcejeando durante casi medio minuto, logró soltarse, tenía la cara colorada de vergüenza, no como mi padre que miraba triunfante a los dos hombres, como retándoles, pero sin decir ni una sola palabra:

¡Esta hembra es mía y gozo con ella cuando quiero, donde quiero y cómo quiero! ¡Jodeos, gilipollas!

Mi madre le recriminó en voz baja:

No bebas más, por favor. Estás borracho.

Pero mi padre la respondió gritando, levantándola la falda por detrás, y enseñando a los dos hombres el culo macizo y respingón de ella apenas cubierto por unas braguitas blancas que se metían entre los dos cachetes:

¡Enséñanos el culo, culo gordo! ¡Que vean lo que me follo todas las noches!

Tirando de su falda hacia abajo, se la logró bajar y se alejó deprisa de mi padre, saliendo casi a la carrera del salón, mostrando el rostro aún más encarnado.

Carcajeándose, siguieron su culo con la mirada, mientras mi padre, borracho, la gritaba, balbuceando:

¡Corre, culo gordo, corre! ¡Que ya te daré yo cuando suba una buena ración de rabo en ese culazo que tienes!

Al borde del llanto, mi madre, subiendo rápido por las escaleras, me alcanzó en el rellano y, poniendo su mano en mi hombro, me empujó suavemente y me dijo con dulzura:

¡Venga, hijo, a la cama, que ya es tarde!

Subí delante de ella, sin olvidar las miradas que la echaron y cómo mi padre la humilló en público.

¡Odiaba a mi padre cuando bebía y cómo se portaba con mi madre!

Entró mi madre conmigo en mi dormitorio y me ayudó a quitarme la ropa que llevaba y ponerme el pijama, luego metiéndome en la cama, me tapó con dulzura y me dio en la frente un suave beso de buenas noches.

Cerró lentamente la puerta a sus espaldas y la escuché encaminarse a su dormitorio, cerrando la puerta una vez hubo entrado.

Todavía recordaba las miradas que le echaron los dos hombres, impidiéndome conciliar el sueño, así que, después de llevar casi media hora en la cama sin poder dormirme, me levanté y, descalzo, salí en silencio de mi dormitorio, cerrando con cuidado la puerta. El único ruido que se escuchaba venía de abajo, de las voces que daba mi padre y los dos hombres.

Descendí sigilosamente por las escaleras hasta que pude ver a mi padre jugando todavía con los dos hombres a las cartas. Aunque dado el estado de embriaguez que tenían, más que jugar, bebían y balbuceaban, más que hablaban, en voz alta.

En cuclillas, amparado en la oscuridad, los observé con detenimiento. Poco a poco se fueron apagando hasta que mi padre, de pronto, se quedó dormido en el mismo asiento donde estaba sentado. Le escuché roncar ruidosamente, y, sorprendentemente, los dos amigos parecía que, en ese momento, estaban totalmente sobrios, ya que se dirigieron uno a otro miradas cómplices, sin intercambiar ni una sola palabra, y, al asentir con la cabeza uno de ellos, el otro se quitó en un momento los zapatos y se levantó de su asiento sin hacer el más mínimo ruido.

Pasó frente a mi padre, mirándole fijamente, pero éste ni se inmutó, continuó durmiendo profundamente. A continuación el hombre salió del salón y se dirigió hacia las escaleras, motivando que yo, sorprendido y sin querer que me viera, me moviera de donde estaba, deprisa pero en silencio, y subiera por las escaleras, camino de mi dormitorio.

Cuando iba a abrir la puerta para entrar, atisbe la frente del hombre, subiendo las escaleras y llegando al piso donde yo estaba. Temiendo que pudiera hacer algún ruido que delatara mi presencia, abandoné la idea de entrar en mi dormitorio y caminé deprisa, dejando a un lado la puerta del dormitorio de mis padres.

Me precipité a la terraza, donde, agazapado, esperé que desapareciera el hombre. No sabía qué hacía allí arriba, en el piso superior de nuestra vivienda, ya que, si lo que buscaba era el baño, había uno en el piso de abajo, próximo a donde jugaban a las cartas. Quizá deseaba tomar el aire fresco, ya que dentro de la casa hacía demasiado calor, y saldría a la terraza, pillándome allí mismo.

Pero no entro ni en el baño ni salió a la terraza, sino que ¡le escuché abrir la puerta del dormitorio de mis padres! Sorprendido, miré por la ventana al interior del dormitorio, y allí, iluminado por la potente luz de la luna llena que entraba por la ventana, observé al hombre, dentro del dormitorio, cerrando sin hacer ruido la puerta.

Seguí su mirada hasta la cama de mis padres, y sobre ella, mi madre, tumbada dando de espalda a la puerta, sobre la cama, con las piernas dobladas hacia delante y cubierta solamente por unas finas braguitas. Parecía que dormía profundamente.

Mi mirada se dirigió nuevamente al intruso y vi como acababa de quitarse el pantalón, quedándose completamente desnudo. Dejando tiradas todas sus ropas en el suelo, se acercó sin hacer ruido a la cama. Entonces fue cuando observé su gigantesco cipote, tieso y erguido, que, violando las leyes de la gravedad, apuntaba al techo.

¡No me lo podía creer! ¡Estaba impresionado, impresionado y muy excitado sexualmente! Pero ¿qué iba a hacer? Por un instante pensé inocentemente que se había equivocado, que estaba muy cansado y borracho, que solamente quería dormir, no sabiendo que allí dormía mi madre, o quizá solamente quería dormir en la primera cama que encontrase, pero sin molestarla, sin molestar a nadie, solo descansar, pero enseguida salí de mi error.

Lentamente se tumbó en la cama, deslizándose hacia donde reposaba mi madre. Colocó su mano derecha abierta sobre una de las nalgas de ella, y, al no causar ninguna reacción en mi madre, la empezó suavemente a sobar, dirigiendo su mano a las braguitas de ella, que agarró y movió hacia un lado hasta que descansaron sobre uno de los cachetes.

Se acercó más a ella y tanteó con sus dedos entre las piernas de mi madre, y, al encontrar su objetivo, hacia allí dirigió su rígido cipote, intentando metérselo entre las piernas, pero, al estar tan juntas, no lo consiguió, por lo que la empujó suavemente por las nalgas, a pesar de que mi madre, sumida en un profundo sueño, emitió algo parecido a una leve queja, hasta que poco a poco consiguió tumbarla bocabajo sobre una abultada almohada que colocó previamente en la cama a la altura de la pelvis de ella.

Tumbada bocabajo sobre la cama, con el culo en pompa, el hombre agarró con sus manos los laterales de las braguitas de ella y tiró despacio, hasta que, deslizándolas por sus redondas nalgas y por sus torneadas piernas, poco a poco se las quitó del todo.

Dejando caer las braguitas al suelo, la separó lo suficiente las piernas, para colocarse de rodillas entre ellas y, tanteando con su miembro erecto, encontró, ahora sí, el acceso deseado, y la fue metiendo poco a poco su cipote hasta el fondo, hasta que sus cojones chocaron con la vulva de ella, y, una vez dentro, se lo fue sacando poco a poco, deteniéndose poco antes de sacárselo del todo, y empujando, fue, otra vez metiéndoselo hasta el fondo, y así una y otra vez, lentamente al principio pero cada vez más rápido, hasta que mi madre fue poco a poco despertándose, y, sorprendida, empezó a gemir, a jadear y gemir de placer.

Sujeta por las nalgas y sin voltear la cabeza, mi madre se dejó hacer, dejó que se la follaran a placer, disfrutando y dejando disfrutar, aumentando cada vez más el volumen de sus gemidos, de sus jadeos y de sus ahora chillidos, al ritmo de las embestidas a las que el hombre la sometía, acompañando siempre el tam-tam de los cojones del tipo al chocar con la vulva de mi madre.

Dándose cuenta que podía despertar a su hijo que, en teoría dormía en la habitación contigua, intentó aminorar sus sonidos, sin conseguirlo la mayoría de las veces, hasta que de pronto, las arremetidas cesaron, y el hombre, gruñendo, descargó dentro de ella todo su esperma.

Permanecieron varios segundos sin moverse, disfrutando del polvo que habían echado, hasta que el hombre la desmontó y se levantó tranquilamente de la cama y recogiendo del suelo las braguitas de ella y su propia ropa, salió del dormitorio, cerrando la puerta a sus espaldas y dejando a mi madre, satisfecha e inmóvil, tumbada bocabajo sobre la cama y con el culo en pompa.

Observé cómo el hombre, después de vestirse y guardarse las braguitas en el bolsillo, bajaba ufano por las escaleras, y volví mi atención al dormitorio donde habían echado un buen polvo a mi madre.

Ella, después de estar unos minutos tumbada bocabajo sobre la cama, se volteó perezosamente, quedándose completamente desnuda y despatarrada, tumbada bocarriba sobre la cama, y con los brazos extendidos hacia la cabecera del lecho.

No había pasado ni un minuto cuando la puerta del dormitorio se abrió nuevamente y el otro hombre entró en la habitación, pero ahora venía totalmente desnudo y con un impresionante empalme de caballo. Se acercó a la cama donde estaba mi madre, y ella, inmóvil, giró levemente la cabeza para mirar quién se acercaba, pero antes de que pudiera verlo con nitidez, éste se tumbó entre las piernas abiertas de ella, y, sujetando con su mano derecha su verga inhiesta, se la metió poco a poco hasta que entró en su totalidad.

Escuché jadear nuevamente a mi madre al ser otra vez penetrada, pero no hizo absolutamente nada por impedirlo, sino todo lo contrario, levantó sus piernas y las enroscó en la cintura del hombre, haciendo que la penetración fuera todavía más profunda si cabe.

Apoyándose en sus fuertes brazos, el hombre contempló como las tetas de mi madre se bamboleaban descontroladas en cada una de sus embestidas.

Les escuché, tanto a ella como él, resoplar, jadear y gemir, mientras follaban, así como el repiqueteo de los genitales del hombre al colisionar una y otra vez con el perineo de mi progenitora.

Dudé en ese momento que mi madre no se diera cuenta que no era precisamente su marido el que se la estaba nuevamente follando, pero posiblemente el rostro del hombre permaneciera en la sombra, impidiendo ser reconocido.

Como no lograba finalizar, se tumbó sobre ella, lamiéndola y sobándola las tetas, hasta que, tras varios movimientos enérgicos, el hombre alcanzó su clímax, y disfrutó, sobre mi madre, de su bestial orgasmo.

Tras poco más de un minuto, se incorporó y´, sin decir ni una sola palabra, salió de la habitación, dejando a mi madre recién follada.

Escuché dos o tres minutos después un portazo en la puerta de la calle y supuse bien que los dos hombres se habían marchado.

Fue entonces cuando mi madre, se levantó de la cama y se metió en el baño, cerrando la puerta tras sí.

Escuchando cómo salía el agua de la ducha, bajé al piso de abajo, y encontré a mi padre, que acababa de despertarse por el portazo y, levantándose a duras penas de su asiento, se dirigió bamboleante, sin advertir en ningún momento mi existencia, por las escaleras al piso de arriba.

Logró llegar con riesgo de precipitarse escaleras abajo, y, entrando en su dormitorio, se tiró encima de la cama donde hacía unos minutos se habían tirado dos tíos a su mujer, quedándose al momento profundamente dormido.

Mi madre, saliendo del baño, apenas cubierta con una toalla, se la quitó al aproximarse a la cama, descubriendo su hermoso cuerpo desnudo, reluciente por la luz de la luna, y allí mismo, ante el cornudo de su marido, cogió del armario unas bragas y una camiseta, poniéndoselas, para tumbarse, a continuación, también en la cama, pero tan lejos como pudo de su ebrio esposo.

Aguanté varios minutos sin moverme, solo observando hasta que escuché la respiración profunda también de mi madre y, con la seguridad de que dormía, salí despacio y sin hacer ruido de la terraza y me fui a mi cama a dormir.

Dudé siempre si mi madre se dejó follar por alguien que no era su esposo o si pensaba que era mi padre el que se la estaba tirando.

Eso fue todo lo que recuerdo que sucediera esa noche, pero fueron más, muchas más, las reuniones que tuvieron mis padres las noches de los sábados con sus amigos, y que yo, poco a poco, os iré contando.

El taxista me folla a la fuerza

Se me había hecho muy tarde, si no me apresuraba no llegaría a tiempo a la escuela; bueno era mi culpa por querer dormir unos minutos más. Cuando desperté tan solo faltaba media hora para el inicio de clases así que me bañe y vestí lo más rápido que pude. Jamás me ha gustado usar uniforme pero admito que siempre me ha sentado bien llevarlo me da una pinta de niña buena pero al mismo tiempo me hace ver sumamente antojable: mi blusa blanca de botones que yo misma me encargo de subírmela hasta el ombligo, mi falda azul marino ajustada a mi cuerpo hace que resalten mucho mis nalgas y que mis muslos luzcan atractivos para cualquiera, mi suéter azul y por ultimo unas zapatillas con tacón bajo.

Mi mamá se había marchado ya y me había dejado el dinero justo para poder irme a la escuela.

Salí a la calle corriendo y estuve como desesperada intentado parar un taxi, pasaban y pasaban pero todos iban ocupados, estuve a punto de rendirme cuando por fin uno se paró, el conductor bajo su ventana y me dijo:

-¿Vas muy lejos?-.

-Pues si un poco, pero por favor se lo suplico ya voy súper tarde a mi escuela-.

Yo había notado que el taxista me había estado examinando con su mirada, había recorrido con sus ojos todo mi cuerpo y puedo atreverme a decir que hasta había sonreído pero no estaba segura.

-Bueno lindura, pues súbete, nos vamos a ir como locos-.

Abrí inmediatamente la puerta y me senté en el lado del copiloto, el señor no paraba de verme, cada movimiento que hacía en especial con mis piernas no apartaba su mirada de ellas.

-Bueno preciosa, me llamo Paco y hoy tengo el gusto de ser tu taxista-.

-¡Muchas gracias señor Paco! No sabe de verdad como se lo agradezco-.

Le di la dirección de mi escuela y nos pusimos en marcha, durante el camino él alternaba su vista entre el camino y mis muslos, eran miradas lascivas de deseo y excitación puras. No quise darle importancia y no le dije nada, además él era mucho más grande y robusto que yo así que no quería que se enojara y decidí dejar que me siguiera viendo.

-Y bueno dime nena ¿Cómo es que te llamas?-.

Esto era lo que me temía, que me hiciera la conversación pero no quise ser grosera así que le respondí.

-Me llamo Jessica-.

-Qué lindo nombre, tanto como tú mi amor-.

-Haha muchas gracias, que lindo eres-.

-Lo único lindo en este taxi eres tu preciosa, tienes una carita y un cuerpo de en sueño-.

-Basta, vas a hacer que me sonroje y será toda tú culpa-.

-¡Jajajajaja! Me encantaría verte rojita, apenada, te debes ver mucho más hermosa-.

El trayecto resulto sumamente incomodo, el señor no paraba de intentar hacerme conversación y sus miradas se volvían más intensas con cada segundo que pasaba hasta tuvo el descaro de sobarse su pene durante un alto mientras veía mis muslos y pensaba que no me daba cuenta.

Cuando por fin llegamos, el taxímetro marcaba una cantidad sumamente alta y yo no contaba con el dinero suficiente para poder pagarlo.

-Señor Paco, de verdad estoy super apenada pero no me alcanza el dinero para pagarle lo que le debo-.

-Mmmmm eso sí que es grave hermosa, veras, este es mi último pasaje antes de volver a mi departamento y en serio necesito ese dinero-.

-Lo sé y si me espera un poco, entrare a mi escuela para pedir prestado y saldré a pagarle-.

-Ummm lo lamento ricura, pero no puedo arriesgarme ¿Qué tal que ya no sales?-.

-No, de verdad regresare, es más le dejo aquí mi mochila para que me crea-.

-No la verdad no te creo nena, pero podriamos arreglarnos de otra manera ¿Qué te parece?-.

-De… ¿De qué otra manera habla usted?-.

-Bueno, te seré honesto durante el viaje me pusiste súper tiesa la verga ¡Jajaja! ¿Qué tal si me das una chupadita rápida?-.

-¡Esta estúpido! Ni loca hare eso-.

Lo siguiente que sentí fue una fuerte cachetada en mi rostro, me había desorientado y las lágrimas de dolor no se hicieron esperar.

-¡A mí no me vas a insultar estúpida! Tú eres aquí la que sale perdiendo más porque no tienes ni para pagar tu viaje, yo solo te di una opción.

-Pues puede irse muy lejos con sus opciones-.

Después de esas palabras solo sentí tres cachetadas más, el dolor era insoportable y no podía hacer que las lágrimas dejaran de salir, cuando por fin pude enfocar la visión otra vez, el señor Paco me tenía agarrada por el cabello y con mi cabeza pegada al vidrio del carro.

-Pues ahora ya no será una opción, ahora vas a pagarme con tu cuerpo entero y te daré una cojida que jamás olvidaras y si no cooperas ¿Qué crees que te pasara?-.

De la guantera de su auto había sacado una navaja y me empezó a pasear por mi cara.

-Si no cooperas, tu lindo rostro quedara irreconocible ¿Entiendes pendeja?-.

-Si…si está bien ya entendí-.

-Jajajaja perfecto mi amor así me gustas flojita y cooperando, ahora, te informo que ya no entraras hoy a tu escuela, iras conmigo a mi departamento y te daré verga hasta que me canse jajajajaja. Así que pongámonos en marcha para disfrutarte por un buen rato-.

Encendió el carro, le puso el seguro a todas las puertas y empezamos el trayecto a su departamento, no podía parar de llorar ¿En qué me había metido? ¿Cómo había terminado en manos de un taxista pervertido?

El señor Paco irradiaba de felicidad, se le veía en su rostro, tenía una sonrisa de oreja a oreja y no paraba de reirse. Mientras que con una mano iba conduciendo con la otra comenzó a acariciarse su miembro, podía notar claramente como este iba poniéndose duro y levantándose cada vez más y más.

-Creo que no resistiré hasta que lleguemos mamasota, como podrás ver mi verga esta que revienta y necesita ser atendida lo antes posible jejejeje ¿Qué tal si mientras conduzco me vas dando una mamada?

No podía creer como me estaba hablando, había pasado de ser un taxista atento y lindo a un monstruo pervertido y rabo verde. Tenía miedo, estaba paralizada, quería salir de algún modo de ahí pero sabía que no había escapatoria estaba bajo el dominio de este señor.

-Te estas tardando mucho pendeja ¿Acaso necesitas que te corte la cara para que empieces a chupar?-.

Lentamente, sin quererlo realmente, desabroche su pantalón y saque su miembro, era grande, sumamente gordo y con abundantes vellos, ya estaba muy rígido y con las venas salidas. Lo tome con ambas manos porque en una sola no me cabía y poco apoco con todo el asco del mundo empecé a chuparlo, le pasaba mi lengua por su cabeza y me la metía a la boca succionándola.

-¡Uff por dios mami! Pero que boquita tan suave y rica tienes, sigue chupando así perra, me encanta-.

Tome su verga con una mano por el tronco y la acariciaba mientras me metía hasta la mitad en mi boca, toda mi saliva escurría por esa inmensa tranca de carne, poco a poco empecé a tomarle el gusto, me gustaba su sabor, como se sentía su verga dentro de mi boca y empecé a de verdad disfrutar estarme comiendo esa verga tan grande y gorda.

-¡Aaaagh dios mío zorra! Pero que puta eres, no pares te llenare de leche toda tu boca pendeja jajajaja. Por dios mamasota pero que rico chupas, cómemela toda putota.

Sentía que el auto de a poco iba estacionándose pero no me importo y seguí concentrada en mi tarea no paraba de chupar, de saborear, lamer ese tronco de carne tan suculento, quería devorarlo por completo sentirlo todo dentro de mi boca. El señor Paco me alzo de a poco la falda y empezó a manosearme las nalgas, me las apretaba y me daba nalgadas, pasaba sus dedos por en medio de ellas y me acariciaba mi ano.

-Uff Jessica, que buena estas nena, desde que te vi ahí parada fuera de tu casa me imagine dándote verga por todos lados preciosa, me encanta este pinche culote que te cargas, se ve que le entrara toda mi verga sin problemas jejejeje-.

Gluuurp gluuuurp gluuurp eran los sonidos que hacia la verga del señor Paco dentro de mi boca, estaba como loca comiéndomela, no quería parar me encanta tener esa herramienta carnal en mi cavidad bucal, me encantaba su dureza invadiendo entera mi boca. Los manoseos del señor Paco eran constantes y me estaban poniendo súper caliente, mi vagina ya estaba empezando a encharcarse y mi ano empezaba a cosquillear.

-¡Aaaaaagh maldita perra sucia! ¡Me voy putota! Te voy a dar toda tu leche zorra barata y quiero que te tragues hasta la última gota, no desperdicies nada de tu alimento perra-.

Me tomo del cabello y me ensarto su verga entera hasta el fondo de mi garganta, no podía respirar y me estaba ahogando con su pedazo de carne dentro de mí, las lágrimas salieron por mis ojos sin control. Empezó a menear su verga dentro de mi boca como si me la estuviera violando y por cada ves que me la metía yo menos podía respirar.

-¡Me voy putita, ahí te van mis mecos, trágatelos todos pedazo de perra barata! Jajajaja que rica mamada me pegaste puta ahora aquí tienes tu recompensa-.

Sentí como su semen caliente invadía mi boca, chorro tras chorro me inundaron por completo y para poder respirar me los trague todos aunque algunos chorros lograron escapar por la comisura de mis labios. Estaba mareada y cansada, había sido la chupada de verga más larga que había hecho hasta ahora. Me tomo por la cara y me paso su verga por mi rostro limpiándose el semen restante en él.

-Aaaaagh que buena chupada me pegaste nena jejejeje tienes una boca de mamadora profesional-.

-Si…si…bueno me esforcé en hacerlo bien-.

-Jejejeje pues lo lograste perrita, hace mucho que no tiraba tanto semen jejeje y te lo tragaste todo como la puta que eres-.

No sabía en donde estábamos, estaba oscuro y yo estaba totalmente desorientada, solo pude apreciar que había unos cuantos carros más estacionados en ese lugar.

-Bueno putita, pues hemos llegado, estamos en el estacionamiento de donde vivo jejeje recordaras este lugar por siempre, como el lugar en donde te llene de mis mecos espesos tu linda boca de perra ¡Jajajaa! Pero ahorita que subamos a mi casa mi amor, empezara lo bueno en verdad…te gozare de pies a cabeza, cada agujero que tienes será mío en especial el de ese culote tan rico que te cargas pendeja caliente…-.