Follando a mi hermana una independentista catalana e incestuosa

Os adelanto un poco de la historia del incesto con mi hermana catalana, que me la he follado varias veces ya….

Tengo un culo de goma.

Aunque en realidad no es un culo, sino un coño y no es de goma si no de silicona, me costo casi 150 euros.

Lo he utilizado pocas veces y es que tengo que estar muy caliente para satisfacerme con él porque tengo todo un ritual para utilizarlo, aparte está el hecho de que como tengo una polla más gruesa de lo normal me cuesta un poco meterla y algunas veces me hago daño.

El culo de goma es básicamente el trasero de una mujer visto desde atrás, sin el orificio del ano y con una vagina con los labios muy marcados.

Me hubiese encantado comprarme una muñeca de silicona, las hay preciosas y no son tan caras como uno piensa, sin embargo el miedo a que la mujer de la limpieza (61 años) que visita mi casa cada dos semanas la viese me echa bastante para atrás.

El culo de goma lo tengo escondido en un baúl con candado, en un pequeño cuarto que utilizar como trastero.

Vivo en en pueblo cerca de Badajoz en un piso de 100 metros cuadrados, estoy divorciado desde hace un año, mi afición a la silicona con forma de mujer empezó justo dos meses después de divorciarme.

Y es que en la empresa en la que trabajo, hay 25 mujeres y solo tres hombres en plantilla.

El que no ha tenido una mujer como Jefa, no puede darse una idea del morbazo que puede llegar a darte este hecho.

Mientras estaba casado, mi apetito sexual estaba totalmente cubierto, cada dos días como máximo cumplia con Sonia mi Ex-mujer.

Desde novios le encantaba follar conmigo, y es que la mayoría de los hombres pensamos que el tamaño importa, algo que no voy discutir, sin embargo lo que hace gozar de verdad a una hembra es el grosor de tu polla.

Si la tienes pequeña independientemente de su grueso, se saldrá más veces en según que posiciones y eso es una molestia cuando estás en plena faena, para ellas y para nosotros.

Aunque me gustaba que Sonia me chupase la polla, no lo hacía casi nunca, la excusa que ponía era que se podía hacer daño en la boca, porque tenía que abrirla más de lo normal.

Nuestro divorcio fue por culpa de la directora de mi empresa, con la cual tuve que ir en dos ocasiones a la central en Madrid y quedarme durante dos semanas en un hotel.

No seais mal pensados, nunca me folle a Nuria, una atractiva divorciada de 49 años con dos hijas y no fue por falta de ganas por mi parte, si no porque en ningún momento se dio una ocasión que fuese favorable.

Y es que Sonia era muy celosa, y se pensaba que me la follaba en Madrid, así que sus celos me devolvieron a la soltería.

En mis primeras semanas como divorciado me fui de discotecas para darme cuenta de que en muy pocos años había cambiado ostensiblemente la forma de buscar pareja y que en estos ambientes un tipo con 35 años equivale prácticamente a un hombre de la tercera edad.

Me apunté a varias web de citas online, pero las tres mujeres con las que quede estaban enamoradas del amor, por lo tanto buscaban un príncipe azul, y yo no he sido nunca especialmente romántico.

También pensé en recurrir a la prostitución, pero cuando uno ha ido a un prostíbulo de Madrid o de Barcelona, se espera algo mucho más serio que lo que se ve en una casa de citas de carretera en Extremadura.

Ahora que he mencionado Barcelona, os diré que nací allí y me vine a vivir aquí a Extremadura cuando me case con Sonia.

Allí dejé a mis Padres y a mi hermana, mis padres son de Córdoba y mi hermana al igual que yo nació en Barcelona.

Mi hermana acaba de cumplir 25 años hace muy poco, por cierto, me parece que no os he dicho que me llamo Carles, si igual que Carlos pero con una “E” en vez de una “O”, que es la versión catalana del nombre.

Laia no ha tenido demasiados trabajos, y los pocos que ha tenido no le han durado mucho más de una semana.

Es antisistema y también en independentista, en casa de mis padres estaba prohibido hablar de política, porque Laia siempre acababa insultando y llamando “Fachas” a los que no eran independentistas como ella, caso de mis padres y de mi mismo.

Mi padre estuvo siempre muy bien relacionado con la Policía Autonómica y gracias a ello fue avisado de que mi hermana estaba empezando a ser muy vista en las quemas de banderas francesas y españolas.

Su amigo de la policía le comento que solo era cuestion de tiempo que su hija fuese detenida, de hecho tenían fotografías de mi hermana quemando libros de la Constitución Española y banderas a cara descubierta.

Así que le aconsejaron a mi padre que mi hermana desapareciera por un tiempo de los ambientes secesionistas, mejor aún si abandonaba durante un tiempo por prudencia la comunidad autónoma en la que vivía.

Mis padres lo primero que hicieron fue pensar en mi como es lógico,me hubiera podido negar si estuviese casado, pero no era el caso.

Cuando llegó mi hermana a Extremadura, hacía tiempo que me había masturbado ya pensando en todas y cada una de mis compañeras de trabajo, ese era mi nivel de fogosidad.

Pero cuando estaba especialmente excitado, situaba el culo de goma encima de la mesa, me llenaba la polla de lubricante con base de agua y la metia pensando en Anna, mi compañera de trabajo.

Anna, me recordaba a Bridget Jones en sus tiempos más redondos, en los que había acumulado más peso, su cara y su trasero eran lo que más me atraía de ella.

Su cara era una mezcla de inocencia y picardía, o por lo menos era lo que me hacía sentir a mi.

Y era de esas personas que cada dos por tres tienen un problema con el ordenador, por lo que siendo yo el informático de la empresa, hizo que acabáramos conociéndonos muy bien.

Cuando estaba con ella en su despacho me calentaba sobremanera y cuando llegaba a casa tenía que recurrir al culo de goma, el cual dejaba desbordado de leche.

Cerraba los ojos y pensaba en el culo de Anna, y así empezaba mi mete y saca en la mesa.

No me atrevía a quedar con ella, aunque la notaba receptiva, primero por miedo a una posible negativa y segundo por el famoso refrán:

-“donde tengas la olla, no metas la polla” .

Así que yo vivía feliz en mi conformista e imaginario mundo de sexo hecho de silicona, hasta que apareció mi hermana.

Mi abuelo tenía la teoría, que yo siempre he considerado una verdad absoluta, de que una mujer con muchas tetas, tendrá poco culo y viceversa.

Para ser claros, en una mujer no podías disfrutar nunca a la vez de un poderoso culo y unas pechos generosos, o era una cosa o la otra, por ello el hombre debía renunciar a una cosa o a la otra.

Mi hermana era del grupo en el que la naturaleza le había hecho crecer mas las tetas y con lo delgada que estaba parecía estar operada.

Cuando llego a casa me hice a la idea de que mis sesiones de pajas se habían acabado hasta que no se fuese, y que me tendría que masturbar en mi triste lavabo.

La habitación en la que iba a estar mi hermana, tenía su propio cuarto de baño por lo que no necesitaria salir de su habitación para hacer sus necesidades o ducharse.

Mis padres prácticamente la habían obligado a quitarse las rastas y a vestir un poco mejor, acostumbrado a las pintas que tenía cuando visitaba a mis padres en Navidad, su look ahora era algo más moderado.

Para “celebrar” que había venido esa primera noche fuimos a cenar a uno de los dos únicos restaurantes del pueblo.

En esa toma de contacto, me di cuenta de lo radicalizada que estaba en prácticamente todos los aspectos de sus vida.

Para comer mi hermana pidió una ensalada y yo una tabla de embutidos.

Cuando trajeron los platos, miro el mio indignada y dijo:

Carles, has pensado en lo mucho que sufren los animales para que tu tengas ese plato encima de la mesa.

Laia, soy un hombre y los hombres no podemos hacer más de una cosa a la vez, no tengo posibilidades de pensar y comer a la vez -. Le conteste yo jocosamente.

Parece que consideras gracioso el sufrimiento ajeno, Carles.

Laia, recuerdo que hace dos años te encantaban los Doner Kebab.

Carles, eso es el pasado, ahora soy vegana.

Laia, disfruta de tu comida y respeta que yo no sea vegetariano.

La conversación me puso de muy mala leche, no volvimos a hablar hasta que llegamos a casa.

Le pedí por favor a mi hermana que fuese más comprensiva con los que no piensan como ella, que deseaba mucho que disfrutara de su estancia aquí conmigo, y que la echaba de menos más de lo que ella pensaba.

Me miró con una sincera sonrisa para darme un beso en la mejilla y me deseó buenas noches.

Al otro dia en el trabajo mientras desayunaba con Anna en el comedor de la empresa, salió en la conversación que había venido mi hermana a vivir un tiempo conmigo y que era vegana.

A Anna se alegró y me propuso que fuésemos a su casa a que nos cocinará en plan vegano, ya que durante un tiempo tuvo que hacer una dieta estrictamente vegetariana y había aprendido mucho sobre el tema.

Al final quedamos en que traería la comida a mi casa y cenariamos el viernes por la noche con mi hermana.

Y llegó el viernes, la casa de Anna está a unos 300 metros de la mia, asi que a las 8 de la noche me llamó para que pasase por su casa a recoger la comida.

Cuando abrió la puerta, me lleve una grata sorpresa viendo lo mucho que se había arreglado para una simple comida casera, ni siquiera en las comidas de empresa la había visto tan atractiva, aunque lo que mas me gusto fue cuando la seguí por el pasillo hasta la cocina.

Se había puesto unos pantalones de licra que le marcaban mucho el trasero, ese culo con el que me habia pajeado imaginandolo más de 100 veces,

Pero la guinda del pastel fue cuando se agacho sin doblar las rodillas par recoger unas bolsas con botellas del suelo de la cocina, tuve una panorámica de sus deseados glúteos que casi me hacen perder los estribos.

Por unos segundos pasó por mi cabeza, abalanzarme sobre ella, romperle los pantalones y follarmela en el suelo de la cocina.

Sin embargo, lo único que tenía era una erección que me tape con una de las bolsas que debíamos llevarnos.

De camino a mi casa, me puse a andar a su lado, ya que si me hubiese puesto detrás, mi polla no hubiese dejado de estar dura, y la verdad es que me dolía bastante porque los pantalones no eran demasiado holgados.

Cuando llegue a casa hice las presentaciones, mi hermana se había puesto una andrajosa camiseta en la que se veía una estelada y en la que se leía en inglés: Nuevo estado en Europa, o algo parecido.

Anna que durante el trayecto entre su casa y la mía se veía muy animada y alegre, había cambiado al ver a mi hermana, y ahora la percibia algo menos risueña.

A pesar de lo muy carnívoro que siempre he sido, debo admitir que la comida estaba muy buena, Anna es una cocinera excelente.

Fue una cena en la que hablamos sobre todo de trabajo, creo que Laia se vio algo desplazada, aunque Anna intentaba que no quedará excluida de la conversación preguntándole sobre su vida.

El conflicto llegó cuando después de los postres, empezamos a beber, Anna había comprado una bebida alcohólica africana llamada Amarula, que entraba muy bien con unos hielos, ya que era como un Baileys muy suave, y era esa suavidad dulzona la que te daba la engañosa sensación de que no se te subía a la cabeza.

Cuando ya llevábamos 2 botellas de Amarula e íbamos para la tercera, se me ocurrio la estupida idea de poner la televisión para buscar algún programa en el cual hiciesen música, tipo MTV.

En eso que Anna me comento que nos habíamos quedado sin hielo, y nos fuimos los dos a buscar hielo a la cocina.

Cuando volvimos, mi hermana había cambiado el canal y estaba viendo el canal internacional de Cataluña.

En el estaba hablando el actual presidente de la comunidad autónoma donde nací, el mismo que tiene un peinado de fregona.

Pusimos el hielo encima de la mesa y le pedí por favor a Laia, que cambiase el canal ya que Anna no entendía el catalán.

Pues debería aprenderlo, es cultura-. soltó mi hermana sin cortarse un pelo.

Anna se lo pensó un poco y nos dijo que estaba cansada, que se volvía a casa, que había sido un placer estar con nosotros.

Anna es una persona que huye siempre que puede de las situaciones conflictivas.

No te preocupes, Anna, ya me voy yo a dormir, parece que los catalanes y su lengua ,te molestamos.

Anna cogió su chaqueta y se preparó para salir de mi casa y contesto a Laia:

Laia, creo que fue vuestro “Muy Honorable” Pujol, el que decía que hasta la tercera generación nacida en Cataluña, no eras catalana, y si mal no recuerdo tus padres son Andaluces, eso ¿En que te convierte?.

Antes de que Laia pudiese contestar, salió por la puerta.

Ahora ya sabía que las dos eran como perros y gatos, nunca se llevarian bien.

Yo le dije que a mi hermana muy enfadado que ya hablariamos, y salí disparado detrás de Anna.

Cuando la encontré 50 metros más adelante, me pidió disculpas y me dijo que no pudo reprimir contestar a mi hermana.

Y pidiéndole que me guardase el secreto, le explique el porque mi hermana estaba aquí conmigo.

Anna me preguntó cuál era mi posición en estos tema.

Anna, creo que a falta de uno, se tendrían que hacer dos referendums, uno para preguntarles a todos los españoles, sobre si deseaban cambiar la constitución para permitir la independencia de las comunidades autónomas y si salía un Si, modificarla y preguntarle a todas las comunidades si se quieren separar o No, eso sería lo más democrático, todo lo demás son ilegalidades y estupideces.
Carles, tienes toda la razón, pero dejemos el tema, no nos lleva a ningún lugar, por cierto ¿Quieres tomar un café o alguna copa más de Amarula?.

De alguna manera, me sentía obligadoa estar con ella, mi hermana se había comportado groseramente con ella, así que asentí y entré en su casa,

Nos sentamos en el sofá y Anna puso la radio, una emisora en la que ponian musica de los 80.

Anna, nunca hubiese dicho que cocinaras tan bien la comida vegana, hoy he disfrutado, pese a ser carnívoro.
Carles, cuando deje de salir con mi novio, tambien deje de fumar, la pequeña depresión o grande según se vea que tuve y el no fumar, me hicieron coger bastante peso y la nutricionista que visite me aconsejo, que cuando estuviese deprimida o estresada optara por comida vegetariana.
Anna, no te imagino deprimida.
Pues lo he estado, Carles.

Estuvimos unos minutos mirándonos y esperando a que el otro hablara o hiciese algo.

Opte por romper el silencio.

Estoy muy bien, aquí en Extremadura, pero para ser sincero, me siento muy solo, no he conectado con nadie aquí.

La pregunta que me hizo Anna, me dejó descolocado, es más tuve que asimilar, porque no creía que me la estuviese haciendo.

Carles, ¿cuánto hace que no follas?.

Me quedé planchado, porque no sabía si era una invitación o una pregunta.

Desde que me divorcie, Anna.

Nunca hubiese pensado que llevases tanto tiempo, Carles.

Y tu cuanto llevas sin hacerlo, Anna.

Más o menos, el mismo tiempo que tú, Carles.

Mientras me miraba a los ojos, sentí su mano en mi entrepierna y enseguida note como me bajaba la cremallera y liberaba mi polla.

Mi polla empezó a crecer, pero debido a lo mucho que habíamos bebido no terminaba de estar a plena potencia.

Anna lo noto y me bajó los pantalones, me miro a los ojos y me pregunto.

Carles, ¿Crees que has conectado conmigo?.

No conteste, y ella bajó la cabeza y comenzó a hacerme la mamada de mi vida y yo me deje hacer.

En cuanto, note la humedad de su boca en mi glande, mi polla empezó a aumentar su tamaño, no dejó ni un solo milímetro de mi pene sin ser lamido y mientras me acariciaba los testículos, cuando terminaba de comerse el tronco de la polla, volvía a la cabeza de mi polla y la chupaba con fuerza.

Se puso cómoda, yo empeze a pensar que dejaría de chuparmela porque ya estaba a tope y le molestaria metersela en la boca, y se sentaria encima de mi o me diría que me pusiese encima de ella y me la follase,

Pero, no, después de 5 minutos estaba a punto de correrme y con la mano hice el ademán de que se quitara que me iba a correr.

Cual fue mi sorpresa cuando ignoró la señal y cuando notó que empezaba a salir semen, empezó a tragarlo sin ningún tipo de problema, cuando pensé que no me quedaba nada dentro pegó un último chupetón, que me hizo salir un poco más, la sensación era como si yo fuese una piscina y me estuviera vaciando y cada gota que se perdía te produjese un placer más fuerte que el anterior.

Se levantó y me miró a los ojos.

¿Crees que todavia estas solo, Carles?.

No me atrevía a contestar después de lo que había pasado, y menos aún no estando sobrio y con los pantalones bajados.

Será mejor que te vayas a casa, esto es un pueblo y si te viesen salir de mi casa sin haberte visto entrar mañana por la mañana , lo minimo que me llamarian las cotorras del barrio es Puta y mis padres viven a 500 metros, Carles.

Me gustaría mucho que te quedaras, pero es lo que hay, mandame un Whatsapp en cuanto te despiertes.

Anonadado por todo lo que había sucedido y cuando me di cuenta estaba en la puerta del pasillo a la calle de la casa de Anna dándonos un buen beso con lengua.

Cuando me acosté en mi cama eran alrededor de las tres de la mañana, me costaba mucho dormirme, no acababa de olvidarme de la extraordinaria mamada de Anna, pero seguía pensando en su culo.

Acabe llegando a la conclusión de que con una paja no tendría suficiente para calmarme y poder dormirme, asi que decidi ir a buscar mi culo de goma.

Salí en calzoncillos por el pasillo, estaba muy empalmado pensando en Anna y en lo que iba a hacer ahora.

Pase por delante de la habitación de mi hermana, que está al lado del cuarto trastero, la puerta de mi hermana estaba abierta de par en par, pero debido a la oscuridad no pude verla.

Entre en el trastero y abrí la caja con la llave del candado, haciendo el menor ruido posible, tuve la precaución de meter el culo de goma en una bolsa del Carrefour, no fuese a ser que mi hermana me pillase en el pasillo con semejante cosa en las manos.

Llegue a mi habitación sin problemas, embadurne de lubricante a mi polla y en la mesa del escritorio puse el culo de Goma, me folle en mi imaginación a Anna y su apetecible culo.

Aunque no tenía mucha leche, debido a que Anna me había ordeñado la la polla antes y se había bebido casi todo mi semen, tenia que limpiar el culo de goma antes de guardarlo.

Con Laia por la casa no me atrevía a dejarlo en algun cajon y correr el riesgo de que lo viese, de pequeña a Laia le gustaba mucho registrar las habitaciones.

Fui al lavabo del pasillo, encendí la luz y haciendo el mínimo ruido limpie el culo de goma, cuando acabe lo metí en la bolsa del Carrefour.

Antes de apagar la luz del lavabo, eche una mirada a la habitación de mi hermana, que con la luz que salía del lavabo se veía en penumbra.

Me pareció ver que se había destapado y que dormía desnuda, pero no lo podría asegurar.

Fui al trastero y guarde en el cajón el culo de goma.

No tarde mucho en dormirme, me levanté a las 3 de la tarde con mucha sed y un principio de dolor de cabeza, que afortunadamente no se parecía en nada a una resaca, asi que comi algo y me tomé un par de aspirinas, por si acaso.

Estaba cansado, aunque no tenia mas sueño, asi que decidi tomarme un Red Bull y ducharme.

No había visto a Laia, me preguntaba qué habría comido este mediodía, mire en su habitación, la puerta de su lavabo estaba cerrada, seguramente se estaba duchando, así que aproveché para ir al del pasillo.

Cerré la puerta con el pestillo y me quite la ropa, aproveche para echar una meada, no me gusta soltar la meadilla mientras me ducho, lo veo anti-higienico.

Mientras me la sacudía, se me empezo a poner morcillona, recordando la boca de Anna y lo bien que me había comido la polla.

Aprovecharía la ducha para masturbarme, asi que con mis alrededor de 16 centímetros me dispuse a entrar en la bañera para ducharme.

La sorpresa fue de campeonato, tanto para mi hermana como para mi, cuando abrí la mampara de la ducha, mientras estaba dándose un baño se había quedado dormida escuchando música en la bañera.

Para imaginarse la situación, mi hermana tan relajada que se había quedado dormida y se despierta con una gruesa polla en plena erección a menos de 15 centímetros de su cara.

Nunca había visto a mi hermana con los ojos tan abiertos, tampoco la había visto nunca mirandome el pene con tanto detenimiento.

Cuando me recupere del susto, intente taparme la polla con las manos, gesto más bien estúpido, ya que no conseguí tapar nada.

Menuda trempera tienes, Carles-. exclamó mi hermana entre sorprendida y sarcástica.

Laia, que haces en este lavabo, tienes uno en tu habitación.

Es que me apetecía un buen baño relajante y mi lavabo solo tiene ducha,Carles.

Pensé en una toalla para taparme la polla, así que cogí la que tenía preparada mi hermana para secarse.

Sabes, hermano mío, que necesitare la toalla para secarme.

Y diciendo esto se levantó de la bañera, fue inevitable que le mirara los pechos a mi hermana, parecía extraño que una chica delgada como ella tuviese tanto pecho y aun mas extraño es que fuese sin operación, los pezones no eran excesivamente grandes y se adivinaban firmes, mojados como estaban se veían muy deseables, tanto como para que cualquier hombre hundiese su cara entre ellos.

Me di cuenta de que llevaba demasiado tiempo mirándole las tetas a mi hermana, en el momento que soltó sin ningún atisbo de vergüenza:

Son de tu agrado, hermanito.

Y se empezo a reir.

Saco una pierna de la bañera y me aparte, en el mismo momento que me alejaba de ella para que pudiese salir, me quito la toalla.

Carles, parece que la trempera no baja, ¿Crees que con agua fría conseguirás algo?.

Comenzó a secarse el pelo con la toalla y a mi se me fueron los ojos al matojo de pelo que tenía entre las piernas, Laia no tenía depilado el coño, aunque tenía un atractivo triángulo, eso sí se percibía muy espeso y revuelto.

Para que no me pillara mirando como hizo, cuando le mire las tetas sin querer, deje de observar, recogí mi ropa y me fui a mi habitación, no sin antes decir que me iba, a lo que contestó mi hermana con un escueto:

Como quieras, hermano.

Ya en mi habitación, cuando iba a vestirme con la puerta cerrada, note como me pulsaba la polla, es como si tuvieses el corazón en ella, me daba la sensación de que con cada pulsación mi pene se movia, asi que lo mire para cerciorarme de que era más una imaginación mía que una realidad.

Aunque puestos a ser sinceros, la erección no había bajado ni un ápice, seguía mi polla dura como una piedra y no estaba pensando en Anna.

Sin llamar a la puerta entra mi hermana en mi habitación, su única vestimenta son unas zapatillas de ir por casa.

Se queda al lado de la puerta y dice con todo el descaro del mundo:

Carles, parece que la españolita es una calienta-pollas, me gustaria saber que no te dejo hacer ayer, eso sigue sin bajar.- me dijo señalando mi pene, con una sonrisa de triunfo, como las de nuestra infancia cuando sabía que me iba a ganar a algún juego.

Laia, por favor sal de mi habitación, no es correcto que los dos estemos desnudos, somos hermanos.

Sabes, Carles, en el piso en el que estábamos de Okupas,mis amigas y yolos sábados y los domingos eran días nudistas, solo nos vestiamos para salir a la calle.

Pero esta es mi casa.- Le conteste.

En una familia sana, ir desnudo no debería ser problema, Hermanito ¿Tienes algo que esconder?.

Vete de mi habitación, Laia, Por favor.- le conteste muy enfadado, lo peor de todo es que mientras lo decía notaba la pulsión cada vez más fuerte en mi polla.

Hermanito, te vas a echar a perder con estos cabrones españoles. – Espetó indignada dándose la vuelta.

Deja de insultar y mira tu Dni, en ese momento sabrás a qué país perteneces, Laia.

Mi hermana cerró de un portazo, me la había quitado de encima, pero mi polla no dejaba de estar empalmada, estaba empezando a preocuparme.

De forma repentina, escuche un fuerte golpe en la habitación de mi hermana y un chillido de mi hermana, al momento escuche a Laia pidiendo ayuda.

La puerta estaba cerrada, yo seguía desnudo, pensaba que le habría pegado un golpe a la estantería de los libros y se le habría caído encima.

La sorpresa fue mayúscula cuando vi la estantería y los libros por los suelos, sin embargo, mi hermana no estaba debajo de la estantería, si no encima de la cama.

Y encima de la cama estaba también mi culo de goma y el lubricante, Laia estaba en la misma posición que el culo de goma, la diferencia entre el real y el de mi hermana, es que mi hermana tenia un poco de vello cerca de los labios de la vagina, que tenia el culo un poco más cerrado, y sobre todo que tenía un ano.

Me di cuenta de que cuando cerré el baúl por la noche no le puse el candado y mi hermana descubrió mi secreto.

Venga, hermanito, elige uno de los dos.

Laia, estas loca somos hermanos.

Carles, no diré nada, es más ni siquiera te voy a mirar, piensa que soy tu españolita.

Sabía que me arrepentiría después, pero tenía la polla tan dura y desde hacia tanto rato, que me daba igual.

Así que me acerque a la cama, agarre a mi hermana de las caderas y se la introduje toda dentro de una sola vez.

Ahhhhhh, hermanito, me estas haciendo mucho daño, sacamela, Ahhhhhhh.- exclamó mi hermana quejandose.

Yo iba a empezar a bombear y me asuste, me quede parado, cuando noto en mi polla que mi hermana empieza a reírse y a mover sus caderas hacia delante y atrás.

Era imposible que con el coño tan mojado, le hiciese daño, se estaba cachondeando de mi, asi que la cogi con mas fuerza, y empecé a dar embestidas brutales.

Asi me gusta hermanito, ahora ya no tengo tantas ganas de irme a Barcelona, creo que aquí nos lo pasaremos bien, AHHHHHHHHHHHHHHH.

Cada vez que mi pelvis chocaba con su culo, se escuchaba una palmada, me entró tanto ímpetu que la cogí del pelo de forma algo violenta.

Ella en vez de quejarse, arqueo la espalda para ofrecerme mejor su culo y dejarse coger el pelo y dijo con voz profunda.

Ohhhhhh, si, dejate llevar, hermanito, revienta a tu hermana por dentro con ese trabuco.

Sabía que en dos golpes de cadera más me correria, pero para ser sinceros no quería terminar tan pronto, estaba disfrutando con este polvo como nunca había disfrutado con una mujer, nunca había pensado en el incesto y ahora no quería dejar de cometerlo.

Antes de correrme, saqué mi polla y le di la vuelta a mi hermana, quería ver su cara cuando me corriese dentro de ella.

Hermanito, ahora no podrás pensar en otra mientras me follas, venga dale a tu hermana lo que se merece, Ahhhhhhhhhhh.

La bese en los labios y en el cuello, ella abrió sus piernas, me metí entre ellas, y Laia las levanto y me cogió del culo.

La introduje de golpe como en la vez anterior.

Carles, me gusta tu polla, me siento llena, me siento estrecha, Ayyyyyyyyy.

Le gustaba el sexo duro, cuanto más fuerte bombeaba, mas gemía ella.

Me fije en sus pechos y en cómo se movían cada vez que la embestía era casi hipnótico.

Baje mi cara y bese sus pechos.

Laia empezó a bufar y a cerrar los ojos, quitó las manos de mi espalda y las bajó hasta mi trasero, después se empezó a acariciar los pezones y me miró a los ojos.

No te asustes, me voy.

A continuación se puso blanca como la leche y cerró los ojos, pensando que era una broma, le di 6 embestidas más y solté toda la leche que mi cuerpo le pudo dar.

Me tumbe a su lado y le pellizque un pezón con fuerza, me comenze a preocupar cuando vi que no reaccionaba, aunque respiraba, tenía el cuerpo laxo, flojo.

Unos 15 segundos más tarde, abrió los ojos, se incorporó como si no hubiese pasado nada, me dio un beso con lengua y me cogió la polla con fuerza.

Hermanito, ¿estás preparado para otro polvo con la hermana que mas quieres?.

Laia, ¿qué coño te ha pasado?.

Carles, cuando tengo un orgasmo lo suficientemente intenso, me produce lo que los franceses llaman “La Petite Mort” (La pequeña Muerte), al principio me asustaba, pero ahora me dejo llevar, porque hasta que te desvaneces es tan potente el placer que no deseas que finalice y ya has visto cómo acaba.

Reconozco que estaba tan agotado que no pude follarme a mi hermana en todo lo que resto de tarde.

Esa misma tarde serían las 6 de la tarde cuando Anna me mandó un Whatsapp par quedar en unas horas y salir de copas al pueblo de al lado.

La llame a escondidas en el lavabo, para decirle que mejor que quedasemos el Domingo, ya que estaba agotado (Esto era verdad) y que debido a lo mucho que había bebido tenía una buena resaca.

Quedamos para salir el domingo por la mañana, para dar una vuelta por los alrededores, sin mi hermana claro está.

Pero esa noche, la noche del sábado la dedicaría a conocer más en “profundidad” a mi hermana.

A las nueve de la noche pedimos unas pizzas, y aunque nos las podíamos haber comido en el mismo cartón de la pizza, le dije a mi hermana que utilizaramos platos y cubiertos.

Esa noche llevaba puesta ropa que había dejado mi Ex-mujer olvidada, un vestido azul a media pierna con los hombros descubiertos, y a petición mía llevaba braguitas, algo que como buena antisistema que se precie no le gustaba demasiado.

Cuando terminamos de comer, le dije que como buena mujer debía lavar los platos y ella se negó.

La cogí del cuello y la lleve a la cocina, y a regañadientes empezó a lavar los platos.

Carles, eres un machista de mierda, tambien los puedes lavar tu, que has comido con ellos.

Calla, guarra independentista y haz algo útil.

Se dio la vuelta para darme una bofetada, pero le pare la mano a tiempo, le cogí el vestido por los hombros y se lo rompi.

No llevaba sujetador, sus dos grandes pechos esperaban ser manoseados con salvajismo.

Le agarre la teta izquierda con las dos manos y empeze a besarla, aunque me apetecía morderla.

Baje mi mano a sus bragas y se las rompí con tanta fuerza que le deje marcas en la piel.

Tenía la polla palpitando otra vez de lo dura que estaba, le meti dos dedos en el coño a mi hermana, me encantaba el tacto casi áspero de su vello púbico, Mi Ex-Mujer siempre estaba bien depiladita.

Tenía el coño muy mojado, la muy viciosa se estaba poniendo muy cachonda con la actuación que habíamos montado.

Yo tenía otros planes, que no había acordado previamente con ella, así que la puse de espaldas y me quite toda la ropa.

La hice agacharse encima del pollete de la cocina, y volví a meter mis dedos en su vagina, aunque esta vez tres.

Mis manos chorreaban de sus flujos, Mi hermana pensaba que me le meteria toda mi polla de golpe cuando noto que apretaba su espalda con una mano contra el pollete de la cocina para que no se moviera.

Con la otra mano, cogí la aceitera y le eche una buena cantidad de aceite en el esfínter de Laia y despues le eche a mi polla.

Y meti un dedo en su culo.

Carles, eso no, soy virgen de ahi y me vas a hacer daño- dijo casi llorando.

Le metí un segundo dedo, y esta vez se estaba intentando liberar, le asustaba que le follase el culo y eso me ponía aun mas cachondo.

Carles, eres un cabron-. esta vez las lágrimas eran reales, estaba aterrada por el hecho de que le iba a reventar el culo.

Moví los tres dedos y los saque, puse mi gruesa polla delante del orificio de su culo, preparado para entrar por donde hasta ahora nadie había entrado antes.

Carles, nooooooooooooooooooo.

Un segundo más tarde, tenía toda mi polla dentro de su coño y la había liberado.

No quería forzar a mi hermana, aunque se lo mereciese, esperaría a que me permitiese encularla alguna vez.

Empujo hacia atrás y se sacó la polla del coño, se sentó en el pollete de la cocina y me beso con lengua con una rabia, que me pareció que me iba a morder.

Notaba las lágrimas que habían corrido por sus mejillas y su sabor salado, me cogio del culo, y se metio la polla en su mojado coño.

Notaba el frío mármol de la cocina cuando pegaba la embestida hacia delante, seguí bombeando durante casi 5 minutos hasta que note que se desvanecía.

Todo su cuerpo se aflojaba, no tardé ni tres segundos en correrme, deje dentro de mi hermana mi polla, hasta que se recuperó.

Esa noche tuvo dos desvanecimientos más, pero esta vez en la cama, y en diferentes posiciones.

Esa misma semana mi hermana me regaló una paja a la cubana, me encanto llenarle su cara y su cuello de lefa calentita.

Después de dos meses he conseguido desvirgar el culo de mi independentista hermana, con su permiso, claro está.

También he conseguido follarme a Anna, por todos sus agujeros, de hecho estoy saliendo a escondidas de mi hermana con ella.

Pero todo eso son otras historias.

La fiesta de navidad se desmadró

Vamos Marianella, ya es hora de regresar.

Junte mis cosas, termine de despedirme de los que aun quedaban en la casa de mi suegra, donde pasamos la noche buena, y tambaleante subí al auto….. había bebido demasiado.

Mientras viajábamos, despacio, porque Rafael también había empinado sus buenas copas, repase la fiesta y sobre todo, lo zarpados que habían estado Rolo y Tito, los primos jóvenes de mi marido. Zarpados ellos y alegre yo, que los seguí en sus chistes y en bailes eróticos e insinuantes….. fue de lo poco alegre y divertido que hubo.

¿Teníamos transmisión de pensamientos ahora?

Che, Marianella, me redivertí con la joda que hicieron con Rolo y Tito, no solamente los recalentastes a ellos, yo también estuve varias veces al palo. Estuvo buenisimo….

….Bueno, yo solo les segui el tren, y la verdad que me agrado hacerlo porque son zarpaditos pero respetuosos, medio que insinuaban paro no iban a fondo….

Te gustaría ir a fondo?

Me gustaria, pero ni creo que se animen, y tampoco creo que te gustaría mucho…..

…. No lo creas, recuerda lo que pienso sobre eso, y que si no has tenido “fiestitas” es porque son anticuada de pensamiento.

…. No lo soy, pero, creo que seria difícil que se diera realmente….

… Eso lo veremos, entonces……

¿??? Que habrá querido insinuar ¿? Seguramente que esta caliente y vamos a tener sexo, y el va a fantasear con que yo gozo con el y terceros. Me encanta que juguemos con las manos y los consola mientras hacemos el amor…..

Llegamos, y mi sorpresa fue excitante al ver a Rolo y Tito, en la puerta del garage.

Evidententemente se habían venido antes a propósito, y esto lo deben haber planeado, aunque, debo dominar mi exitacion, pensando que algo puede suceder y demostrar naturalidad y que no estoy en el estado que estoy…. Que estoy ingenua y no caliente.

Ingenua de que quisiera que pasara lo que mi pensamiento pide, y caliente con que suceda eso que mi marido viene fantaseando y promentiendo, mas aun si es con ese par de bomboncitos.

Baje, haciendome la sorprendida, pero sorprendida fui, cuanto me levantaron entre los tres y mi marido, dandome un beso me dijo….. ha llegado el momento querida.

Lo miré, como queriendo disimular mi facil entrega, pero ya sentia las manos de uno de los chicos en mi entrepierna, y tenia la espalda al descubierto, señal que me desvestian.

No hubo prolegómeno, previa, precalentamiento ni nada de eso que se suele estilar.

Unos bestias, pero, me gusto que fuera asi, para no tener que pensar en nada anticuado.

Ni bien entramos, mejor dicho me entraron, fueron directamente al dormitorio. Cuando alli estabamos, yo estaba prácticamente desnuda, pues me quitaron todo en el camino.

Se que entramos al cuarto, yo puesta boca abajo, recostado el cuello en el hombro de mi Rafael, la cabeza de uno de los chicos inclinada sosteniendome la cintura pero mordisqueando mis pezones, y lo mas enloquecedor era que el otro habia separado mis piernas, una sobre cada hombro y me comia la rajita de una manera fantastica.

Puesta tal como venia en la cama, por los dos primeros, el que me volvia loca siguió con su tarea, lo que me dejo apoyada solo sobre mis brazos y cara.

Ya estaba furiosamente caliente, cuando alguien me tomo la cabeza y me dio el primer chirlo con su verga dura, que pronto en mi boca, supe fácilmente que era la de mi marido, por tamaño, textura y sabor.

Hubo un recambio en poco tiempo, y recibi una puntiaguda y larga polla, a la que mamé con esmero, creyendo sin dudas que era la de Tito, porque habia notado que tenia una larga polla, cuando bailabamos.

Mi marido suplanto al de la parte trasera, justo cuando estaba yo gimiendo mi primer orgasmo.

Pronto vino Rolo a cambiar con Tito, y supe que era el que la tenia mas grande de los tres, y yo no lo habia notado.

Mi Rafa, me puso definitivamente en cuatro, y me la mando guardar.

Pero solo fue para dejarle el lugar a Tito, que me sobo las nalgas, me acaricio todo el cuerpo con sus manos y me hundio su larga y puntiaguda polla. Senti, que por primera vez, estaba siendo cogida por otro que no fuera mi marido, pero era un gusto de ambos.

Asi como estaba, fui girada, y me lami mis jugos en la verga de Tito, y algo inesperadamente agradable sucedió. En ese cambio de posición, fue la polla de Rolo la que me abria la conchita al maximo, y me producia un cosquilleo ardiente de las mil putas maravillas.

Me saque la pija de Tito de la boca, y dije al aire…… ahhhyy me gusta, me gusta…… cosa que Rafa, asintió, diciendo…… metesela a fondo, que esta mujercita se merece que la recojamos a full.

Las embestidas de Rolo, eran energicas, ardientes e impetuosas, lo que sumado al tamaño de su verga, me producian un placer difícilmente explicable.

Tal fue mi exitacion, que pase al ataque.

Lo tumbe en la cama y me lo monte sin miramientos. Prontito su vergota era cabalgada por mi concha abierta.

Me produjo rubor ver como mi marido me exitaba a mas, y me incline sobre su pija dura, para darle una mamada de agradecimiento.

Eso inclinación fue aprovechada por Tito, que se subio a la cama, y arrodillado entre las piernas de Rolo, buscaba mi agujerito trasero.

Debi ayudarlo para que encontrara posición. Y el fue tomado posición de ataque.

Me abrace a Rafael, vibrando, balbuceando, diciendole suciedades, tales como, mira como me cojo a las dos juntas, mira que puta me estás haciendo….. y mas.

Cuando Rolo me metio su pija, fue desvastador….. porque entre el placer, la emocion, mi mareo y calentura, hicieron que comenzara un orgasmo imparable.

Pronto Rolo, abandono la contienda, acabandose con jadeos sonoros. Se fue a la ducha.

Su lugar lo tomo mi Rafael, que me la metio sin dificultades- Se reia gozoso al imprimir el mismo ritmo de perreo que Tito, que no aflojaba en sus ensartadas desde abajo.

Me esmere en acompañar sus movimientos, y con ello logre que se acabara aparatosamente.

Tambien se fue a la ducha.

Aproveche la cama, me tiré en ella, y le pedi a mi marido que me cogiera abrazandome.

Asi lo hizo, y ya no se si yo acababa o no porque no habia parado aun de tener orgasmos.

Cuando los chicos salieron de la ducha, entramos nosotros. Alli debajo de la ducha, nos besamos y nos dijimos cosas que nunca nos habiamos dicho.

Estabamos felices.

Pero no termino alli la cosa.

El me dijo, que aun faltaba algo.

Mas aun? Le dije….

Ve al dormitorio, que uno de ellos te esta espeando, yo ire luego con el refrigerio.

Entre vacilante al dormitorio, y en la penumbra llegue a la cama.

Pronto supe que estaba Tito. Tan solo dijo, sorteamos los turnos y te tengo primero.

Me recosto en la cama, abrio mis piernas arroyando mis rodillas hasta poner mis piernas sobre sus hombros, mi descargo su furia. Me envainó su larga polla en mi abierta y caliente concha, que no paraba de gozar.

Asi le respondi con mis movimientos, y deje que su cuerpo se pegara al mio para sentirlo extallar en mil suspiros. Se fue y en la despedida, beso cada uno de mis pezones.

Tal lo suponia, inmediatamente entro Rolo.

Que tal, dijo….. mientras apoyaba su cuerpo junto al mio.

Me regalo unas caricias gentiles, a las que agradeci, manoseando su pijota, que respondio poniendose durita. No tarde en mejorar su virilidad, dandole una buena mamada, que solo supendi, cuando el dijo, basta…. Porque te quiero coger.

Me bajo una pierna de la cama, para hacerlo desde atrás, mientras yo tenia una rodilla clavada en la cama. Era tal el campo que le dejaba para sus embestidas, que temi que con su ímpetu me hiciera romper el respaldo de la cama.

Se me una mujer caliente, y solo por eso no me sorprendi, que aquello me estuviera produciendo otro orgasmo….. y asi fué. Pense que el tambien llegaría, pero se detuvo como para intentar hacerme la colita. No es buena idea, le dije… porque la tienes muy grande. El no se que fue lo que murmuro, pero no escucho mi sugerencia, y busco mi cuevita. Mamasita…… que locura. Pueden creer que pudo metermela en pocos embiones. Yo no lo podía creer, pero estaba sucediendo, y hasta lamente que el se retirara salpicando su esperma por el piso, rumbo al baño.

Espere a mi marido, quien demoro un poquito pero entro con una bandeja, con dos whisquesitos. Volvimos a reir juntos. Nos abrazamos, besamos, y saboreamos nuestras bebidas entre lamidas.

Le pedi que me cogiera despacito, y asi lo hizo, para placer de ambos.

Lo senti caliente, completo, tan completo como me habian dejado a mi, y se puso a mil, diciendo como me habia cogido, y escuchando que yo le respondía que era un placer.

Cuando lo quise reanimar, me senti floja….. me quede dormida.

Sin lugar a dudas, la mejor navidad de mi vida.

LOS UNIVERSITARIOS Y SU COMIDA CON MI INGREDIENTE SECRETO

Un profesor universitario gay descubre un fetiche entre el semen y la comida. El confiesa algunos actos que ha cometido a escondidas de sus alumnos y profesores y habrá que ponerse en sus zapatos para lograr entender su morbo. Peligro: No apto para mentes débiles, ¡Nivel de perversión alto!

Hola, me presento. Trabajo en una universidad en la Licenciatura en Deporte y Cultura Física. Esto sucedió por primera vez un 11 de diciembre del 2010 y fue el comienzo de un fetiche muy grande que deseo compartir con ustedes. Como ustedes saben, se han hecho muchos estudios en los últimos años investigando las propiedades del semen y en los cuales se han descubierto gran cantidad y variedad de nutrientes buenos para nuestra salud y nuestro bienestar físico y emocional.

EL PRIMER CASO

Es normal que los alumnos que van a egresar de la licenciatura hagan prácticas profesionales antes de salir o durante la carrera en sí. En una ocasión tuve a 11 hermosos estudiantes hombres universitarios a mi cargo, exquisitos y de gran gusto verlos entrenar. Todos ellos rondaban entre los 21 y los 24 años, sólo uno tenía 25 y ya era padre de familia (lo que me encantaba aún más).

A pesar de ser mis alumnos eran como mis amigos, aunque yo más que amigos los veía como carne fresca y sabrosa la cual no podía desperdiciar y a veces salíamos juntos y platicábamos, lejos de una relación alumno-profesor, nada sexual, si no como amigos para crearles confianza.

Un día, cité a mis practicantes, los cuales ya me tenían confianza y aprecio, (soy muy querido en la universidad) para que vinieran a mi casa a revisarles sus informes de prácticas finales, no era la primera vez que les pedía que vinieran, y siempre que iban comían en mi casa, nos llevábamos muy bien. Pero esa vez habría algo de especial en su alimento, algo que esos pendejos disfrutarían sin darse cuenta de lo que se iban a alimentar.

Llegó el día y me puse a preparar la comida con mi objetivo siempre en mente: alimentar a mis queridos alumnos con mi comida y agregarles mi ingrediente especial de macho. Darles su biberón que desde hace mucho tiempo habían dejado de tomar, pero que era bueno para su bienestar físico y emocional, y para que crecieran fuertes mis condenados muchachos.

Había pensado en hacerles una botana sencilla para el partido el cual habíamos quedado de ver después de revisarles sus informes, pero creí que iban a tener mucha hambre pues ese día que terminaban sus prácticas iban a estar muy ocupados y cansados y no habrían comido bien, así que hice un poco de sopa con una receta medio extraña, no sé de qué país provenía, sólo tenía anotados los ingredientes y los pasos para hacerla.

Contenía especias e ingredientes especiales que de igual manera me serviría mejor para camuflar el esperma, unas quesadillas también les haría (esas irían sin nada de lefa) y unos flanes como postre elaborados también con mi exquisito manjar masculino. Empecé haciendo los flanes para el postre, dividí los ingredientes, puse el azúcar, el agua, el crémor tártaro y a la hora de hacer la mezcla de los ingredientes, bajé el cierre de mis vaqueros, me quité el cinturón y comencé a masturbarme encima de la crema, la leche condensada, los huevos y la vainilla.

Tardé unos minutos mientras pensaba en ese postre que comerían mis amados alumnos hasta que eyaculé directamente sobre la mezcla, ¡se veía genial!, fue una gran corrida por la excitación, noté que se me había caído un vello púbico sobre la cubierta de la mezcla así que lo quité con el dedo y después escupí con grandeza sobre la misma. (A veces cuando eyaculo guardo con una cuchara en pequeños frascos de cristal el semen y los meto dentro de un refrigerador para cualquier posible uso posterior. Otras veces suelo echarle a la comida directamente mi semen fresco y reciente).

Saqué un recipiente de cristal que tenía guardado en el refrigerador con la cantidad de 13 corridas recientes en los últimos días (como 16 cucharadas de dulce y aromático semen), abrí la tapa y olí el frasco ¡Era un olor sensacional! ¡Olía a presencia y poder de hombre! Cerré la tapa y lo dejé escondido detrás de un estante en la cocina esperando a que tuviera una temperatura normal y se derritiera un poco su consistencia para poder diluirlo más fácilmente.

Muy contento me puse a hacer la sopa, no era nada difícil esa receta, pero si un poquito laboriosa y más para 11 personas, pero adecuada con el fin de poder disimular el sabor mientras lo que los flanes terminaban de hornearse. Ya cuando el esperma en el recipiente que había guardado en el estante estaba como recién eyaculado, eché todo el frasco lentamente mientras veía mi semen caer en medio de la cazuela de la sopa (13 corridas en una cazuela enorme de sopa para 11 personas), tuve una gran erección, pero traté de comportarme y entonces comencé a mezclar, mezclar y mezclar muchísimas veces, tanto así que terminé con el brazo cansado.

Fue entonces que llegaron en grupo mis adorables y sexys alumnos, algunos muy guapos, de buenas piernas, trasero, brazos y pecho. Estaban para comérselos. Venían de asistir por último día a sus prácticas en una unidad deportiva y del gimnasio. Estaban cansados y hambrientos. Habían pasado 5 horas en ejercicio y no habían tenido la oportunidad de comer bien, además que se habían esperado a venir a mi casa para hacerlo viendo el partido. Conversé un poco y les revisé sus informes, cuando terminé ellos se quedaron a ver el fútbol en la sala dándome la plena oportunidad de terminar y pulir mi pervertido y lujurioso plan.

Tuve la sensación de que debía meterle más, aprovechando también que ya me había puesto caliente, así que me arriesgué, me llevé el recipiente y una cuchara al baño y me masturbé pensando en mis muchachos, cuando salió mi semen lo recogí con la cuchara y lo metí al frasco. Entonces regresé y no había nadie en la cocina, sólo escuchaba los gritos de mis alumnos en la sala emocionados disfrutando del partido, saqué el frasco y con la cuchara agregué el semen que había sacado hace unos momentos con tanta adrenalina, directo a la cazuela de sopa, fue una llena cucharada y media de semen fresco lo que arrojé dentro y volví a mezclar y mezclar.

Luego noté que en el frasco habían quedado como unos mililitros de semen embarrado en el fondo y a los lados del cristal. Corte en flan que ya estaba listo en 11 piezas iguales y proseguí con una cuchara y con cuidado, sin que nadie me observara (cosa que no creía posible, puesto que todos esos cabrones estaban muy entretenidos con el fútbol), para untar los restos de semen embarrado del frasco y ponerlos a cada uno de los flanes que había hecho dándoles como una especie de capa, esparciendo con mucha cautela con una cuchara (casi como cincelando una escultura) el semen por las paredes del flan y por arriba.

Me puse a hacer las quesadillas y probé una cucharada de sopa y un pequeño cuadro de flan que sobró para saber cómo me había quedado. La verdad es que me sorprendí, no sé si por la excitación o mi paladar, pero el semen estaba perfectamente camuflado, tanto de vista como de sabor, y lo mejor es que sabía rico, diferente, un poquito raro, pero muy sabroso.

Salí a la sala y les avisé a los muchachos que la comida ya estaba, unos se fueron a sentar en el comedor viendo en el televisor el fútbol mientras otros se quedaron en la sala igual viendo el partido. Tenía cervezas y refresco, los saqué y los puse para que se sirvieran. Agarré un plato para cada uno y les serví la sopa, ellos se sirvieron refresco y entonces fue cuando el primero de mis alumnos se llevó una cucharada a la boca.

¡Madre mía! ¡Tuve una sensación espléndida en mis genitales! Luego pude ver a otro probando su primera cucharada ¡Ah, que delicia!, y luego al tercero, ¡Dios! y así sucesivamente hasta que los 11 machos probaron su primera cucharada, mi pecho me palpitaba a todo lo que daba.

Les serví sus quesadillas mientras veía como todos esos malditos cabrones sexys estaban comiéndose la sopa de semen con tanto gusto. Uno de ellos mencionó “¡Caramba profe, está buena la sopa, se ve que usted sabe cocinar” !, y otro también dijo mirando su plato “Nunca había probado esta receta, no me es familiar, pero está buena”. Yo emocionado y algo nervioso, con el nivel de éxtasis en alto sólo les respondí con una sonrisa y mirándoles a los ojos: “Muchas gracias, es un placer para mí, lo hago con mucho gusto”.

Así otros comenzaron a decir “Sí prof, está muy rica” e incluso otro que me mató el alma expresó “Me encanta, creo que voy a pedir otro plato más al acabar”, mi verga estaba que explotaba. Aunque si alcancé a ver que a dos o tres que no les gustó mucho debido a la expresión de su mirada y que se le quedaron viendo al plato, quizás por el sabor un poco “raro” ni yo sé cómo puedo definirlo, pero no dijeron nada y siguieron tragándose mi semen los imbéciles.

Después siguieron viendo el partido y yo me senté en una parte del comedor comiendo quesadillas desde un ángulo que me permitía observarlos a todos perfectamente, aunque hambre casi no tenía, me senté fingiendo que veía el futbol mientras repasaba con la mirada a cada uno de mis excitantes alumnos una y otra vez mientras saboreaban y deglutían su sopa mezclada con mi esperma.

Tuve que taparme con el saco que llevaba la erección que se me estaba dando. Observaba con morbo y lujuria como bajaba la cucharada vacía a su plato, como se desaparecía de repente entre la comida, como volvía a subir llena de líquido y sopa y como regresaba entrando directamente a sus bocas escurriendo gotas por sus labios para lo cual se relamían. La gran mayoría ya se había acabado su platillo, su porción de eyaculación, dejando los platos totalmente vacíos.

Fue entonces cuando el alumno que anteriormente había dicho que pediría más lo hizo. “Profesor, me da más, por favor, si no es tanta molestia… y una quesadilla más también, por favor”. Unos voltearon fugazmente y siguieron viendo el partido, yo sumamente gustoso le serví más y lo veía de reojo mientras se lo comía todo.

Por un momento tenía que sensación de que me faltaba algo, pensé que había acabado todo, pero me acordé de los flanes, de ninguna manera iba a permitir que se me olvidara dárselos. ¡Aún había néctar testicular con cuales alimentar a esos pendejos! Cuando todos terminaron les repartí los flanes.
Nuevamente volvieron a comentar “Gracias profe, que amable”, “Es usted muy buena persona profe, por eso lo queremos”, otro interrumpió y dijo “Claro, cuente con nosotros para lo que sea, ahora y después de graduarnos” y entonces otro hizo un chiste “Si es que te logras graduar wey”, así todos rieron y estuvieron echando bromas.

Atentamente observé como comían sus flanes lentamente, no se habían percatado de mi semen en su sopa aunque estuvo casi cerca y esperaba que tampoco se dieran cuenta con los flanes, y dicho y hecho, ninguno hizo un comentario negativo, y esta vez estoy seguro que a todos les encantó puesto que hicieron muecas de delicia mientras lo comían, incluso hasta lo devoraban, verlos saboreando, me daba un paro cardiaco cada vez que se relamían los labios, como lengüeteaban su postre seminal, al igual que en la sopa, hasta relamían la cuchara como malditos perros hambrientos. Pidieron más, pero yo ya no tenía lamentablemente.

Al final del partido mi equipo metió un gol y yo y varios de mis invitamos gritamos “¡GOOOOOOL!” aunque mi grito fue más una mezcla entre la excitación que acababa de fulminar en mí y el partido en sí, siendo más fuerte el primero. Entonces mis alumnos me abrazaron y me dieron unas palmaditas de alegría. Yo había dado uno de los mayores golazos de mi vida en ese entonces, si no es el que el mayor gol: ¡Alimentar con mis eyaculaciones a 11 jóvenes hombres sexys juntos al mismo tiempo, mientras que los malditos cabrones disfrutaban de ello!

Lo que más me encantó fue ver al pobre padre de familia de 25 años comiéndose mis corridas. No sé, pero me da morbo el hecho que de darles semen camuflado a los padres de familia en sus alimentos. Al final del día, todos me dieron las gracias nuevamente y se fueron a sus casas cansados, pero muy contentos. Había sido un día maravilloso para mí. Inolvidable, hasta el más mínimo detalle quedó guardado en mi memoria.

DESPUÉS

6 años después organicé una reunión con ellos con bastante anticipación para recordar los viejos tiempos, ya que por diferentes razones no habíamos podido vernos o salir y de platicar, lamentablemente sólo pudieron venir 5, pero con eso me bastó, ya todos eran grandes, tenían esposa e hijos, sólo uno no, y en la reunión les volví a preparar mi sopa especial, aunque con menos semen, solo con 6 corridas aproximadamente (una para cada uno aproximadamente, 5 guardadas y una reciente) revueltas en su sopa como en los aquellos adorables tiempos y platicábamos de nuestras vidas mientras sus gargantas deglutían mi esperma frente a mí. ¡Una experiencia extraordinaria! ¡Otro GOLAZO! (Autogol para ellos) ¡Que nostalgia!

OTROS CASOS SIMILARES

He seguido haciendo actos similares con otros alumnos y otros hombres (amigos, conocidos, mis cuñados, primos, otros profesores, sobrinos, compañeros, etc.). Sólo se lo doy sólo a hombres, por supuesto, nunca a mujeres, sólo hombres guapos, buenotes, sexys, atractivos. Hombres que han llegado a comer en mi casa o les he llevado un poco de comida en la que he tenido la oportunidad de mezclarles mis jugos sexuales. Suman 83 hombres diferentes hasta la fecha que se han tragado mis ricas eyaculaciones. A veces se repiten los hombres a los cuales alimento con mi leche, por lo que ya perdí la cuenta en total de las veces precisas que cada hombre se ha tragado mis jugos testiculares sin darse cuenta.

A un cuñado que tengo, le he servido mi néctar testicular reciente en su comida, mientras sus hijos y su esposa comían al lado de él, sé que él lo ha disfrutado por los gestos y comentarios expresados. Incluso mi hijo se tragó mi corrida una vez, por desgracia, no era mi intención, había hecho yo un pastel cremoso de kiwi con semen y lo iba a probar yo para asegurarme de que no se notara el sabor y de ser así preparar más y llevárselos a los oficinistas de la facultad.

Pero llegó mi hijo con su esposa y ella lo vio, se lo iba a comer ella, pero dijo que mejor no por la dieta, entonces mi hijo lo agarró y se lo comió frente a mí. Dijo que le había gustado, que quizás le faltaba un poco más de azúcar y entre broma, que estaba perfecto para no dar diabetes con tanto dulce, supongo que le supo algo salado o agrío y por eso hizo tal sugerencia.

Después si modifiqué un poco mi receta y les llevé a los coordinadores y secretarios sus pastelillos con mi lefa camuflada en un día de festejo escolar. También a veces me gusta llevarles chocolate liquido o malteadas en el cuál mezclo varias de mis corridas y los he visto a varios mis amigos del trabajo y alumnos comerse y beberse mis eyaculaciones en sus líquidos o alimentos varias veces mientras lo disfrutan como perras bien portadas. Como debe de ser.

Por ejemplo, en los licuados de otros profesores de deportes que nunca deben faltar para sus entrenamientos en el gimnasio, a veces me encargan que se los prepare ya que también trabajo vendiendo productos energizantes para el ejercicio y utilizo de pretexto cuando están ocupados entrenando u otra cosa para decirles “¿Ya tomaron su malteada? Voy por una, ¿quieren que les prepare una?” a lo que ellos me dicen “Sí, porfa”, y entonces se los preparo mezclando mi delicioso, nutritivo y energizante semen para el cuidado de sus sexys músculos y metabolismo en general. Pero tampoco es diario para que no se vea extraña la situación. He untando también mi semen en sus ensaladas cremosas o a veces en tortas con la cuchara embarrando de esperma el pan, el cual se combina perfecto con la o crema.

En ocasiones por alguna razón los otros docentes, coordinadores u oficinistas generales con los cuales me llevo muy bien también están muy ocupados en sus cubículos revisando proyectos o atendiendo a personas y cuando salgo para comer me piden de favor que les encargue o les traiga algo. Comúnmente llevo un frasco diminuto de cristal conmigo y una pequeña cuchara en mi maleta, por cualquier cosa, lo que me permite entrar en acción en determinadas ocasiones.

En el trabajo siempre agrego semen fresco, nunca llevo el frasco lleno. Me voy al baño, me masturbo, y con la cuchara echo el esperma al recipiente y después voy a echarlo en alguna comida que me hayan encargado. A veces no es posible echarle todo el semen, pero si una parte. Aun así, es disfrutable y menos riesgoso de que se den cuenta. O echando desde el frasco de cristal el semen en el café de la oficina y puedo verlos cuando usan la cafetera a través de la puerta de cristal de mi cubículo. Soy testigo en primera fila de como engullen sus comidas con mi lefa después de haberles observado los huevos y las nalgas al entrenar.

Me gustaría escribir de manera detallada todas las demás anécdotas similares que he hecho, pero ya será en otra ocasión. Algunos si me llegan a comentar que la comida sabe medio extraña, no de mal gusto, “diferente”, aunque rico. Tengo mucho cuidado siempre. Mis últimos años han sido una maravilla desde que descubrí mi mayor fetiche. Afortunadamente esos cursos de gastronomía que curse cuando era adolescente y de joven me han ayudado de mucho. Jamás pensé que me servirían para tanto.

Los mirones se unen a la orgía

Aunque nos pillase un poco lejos de casa, solía ir con mis amigos a un parque bastante grande que había cruzando el río donde ya dejaba de haber ciudad y comenzaba a haber campo y bosque. Éramos cuatro los que nos juntábamos, Ernesto el alto, Raúl el gordo (Aunque en verdad estaba rellenito ná más), Dani el moreno y finalmente yo mismo. Todos nosotros entre los catorce y los quinces y mas vírgenes que el aceite de oliva. Para un grupito de colegas tan inseparables eso del sexo era algo que entre nosotros estaba a la orden el día, tanto que hasta nos pajeábamos todos en grupo, pero cada uno con la suya, que conste.

Tanto tiento juntos y tanta confianza entre nosotros nos permitía estar todo el rato hablando de sexo al no tener que reprimirnos a la hora de hablar de lo primero que se nos pasase por la cabeza, aunque solo fuese una cosa, sexo. Pero últimamente andábamos mas salidos que de costumbre y la razón era por que habíamos descubierto una zona del parque, ese parque al que siempre íbamos, en que las parejas se ponían a follar. Nosotros habíamos estado con la mosca pegada a la oreja desde que Dani nos hubiese contado aquel rumor que había oído de su hermano mayor, pero no había sido hasta varios meses después en que nos atreviésemos a ir a explorar. El sitio en cuestión se encontraba en la zona mas apartada del parque, junto al río, en donde no había ni calzadas, ni columpios, ni zonas ajardinadas, ni nada de nada. Solo árboles y arbustos, pero tantos que se hacía el sitio perfecto para estar relativamente a escondidas. Era un domingo por la mañana algo temprano, así que en seguida dimos con una pareja que se lo montaban de pié contra un árbol. Se veía por la ropa y la edad que habían pasado la noche de juerga y acaban el final de la fiesta con un buen polvo. Nada mas mirarnos los uno a los otros tras un arbusto, estábamos ya todos apretando pantalón por delante. Nos Miramos y nos entró la risa tonta, pero la aguantamos en silencio y volvimos inmediatamente otra vez la vista a la pareja, aquella pareja en la que el chico empotraba a la chica contra el árbol. A medidas que contemplábamos la escena nuestra calentura se incrementaba y de frotarnos el paquete pasábamos a pajearnos dentro del pantalón hasta que ya uno de nosotros era el primero que no aguantaba mas, se la sacaba y se la comenzaba a cascar abiertamente junto a los demás, momento en el que entonces los otros tres le seguía y al final acabábamos encogidos en nuestro escondite, con los pantalones por los tobillos y dándole fuerte a la zambomba hasta que uno por uno íbamos regando el arbusto con nuestro semen. Aquella primera vez no se quedó en la última. Siempre íbamos a ver si teníamos suerte y pillábamos a alguna pareja haciéndolo como buenos voyeur que éramos ya. Para nosotros era muchísimo mejor que las películas pornos con lo que nos enviciamos a aquello, sobre todo las primeras semanas en las que íbamos incluso aunque fuese imposible que hubiese alguna pareja por que hiciese demasiado frío o por que fuese una hora rara.

Andábamos en el parque, jugando al futbol en donde siempre, hasta que nos hartamos y nos juntamos para decidir que otra cosa podíamos hacer por que todavía teníamos otra hora antes de que nos tuviésemos que ir cada uno a su casa. Hacía una semana que no íbamos al picadero del parque por lo que uno de nosotros, Raúl precisamente, fue el que propuso de ir. Ante la posibilidad de ver a una pareja follando y hacernos una buena paja aprobamos la propuesta de inmediato. Los cuatro nos pusimos andando hacia la arboleda del extremo solitario del parque por nuestro propio atajo. A medida que ya nos íbamos adentrábamos en la zona andábamos con cuidado de hacer el menor ruido posible, encorvados para que no fuésemos muy visibles y atentos a nuestro entorno. De no muy lejos vino el ruido masculino de un jadeo de fuerza que se repetía contra mas nos acercábamos. Estábamos hecho un escuadrón de espionaje, andando sigilosamente los cuatro juntos entre los árboles y la maleza hasta que vimos a la pareja tras unos arbustos altos desde donde el espectáculo no solo se veía bien. Yo me coloqué entre Raúl y Dani, sintiendo la mano de este último apoyándoseme en el hombro. No era la típica pareja de veintañeros. Él debía tener unos treinta y algo, pero ella en cambio estaría por los treinta y tenía un cuerpo espectacular, unas tetas gordas con unos pezones grandes que se sacudían estando ella de rodilla mientras se la chupaba al hombre que la llevaba adelante y atrás por la cabeza con bastante energía. Incluso se la podía oír atragantar. Los dos estaban completamente desnudo aunque conservando el calzado siendo la primera pareja que veíamos que se habían desnudados prácticamente del todo. Veíamos perfectamente como el culo del hombre se apretaba y como su polla entraba y salía de la boca de la chica a su voluntad. La polla me apretaba pesada en los calzoncillos y fui yo en esa ocasión el primero en bajarse la cremallera para sacársela. Intentaba sincronizar mi paja a los del movimiento de él cuando uno de nosotros, no se quién, tuvo que pisar una rama, de las gordas, que crujió bien fuerte. La pareja paró de repente y el tío giró la cabeza en nuestra dirección.

-¡¿Quién cojones hay ahí?! – Preguntó, pero no era la primera vez que estaban apunto de pillarnos y nos quedamos quietos en completo silencio, preparados para salir pitando si se acercaba. En cambio el hombre no se movió, ni tan siquiera parecía mosqueado – ¡¿Hola?! ¡Si quieres mirarnos adelante que no nos importa, pero si te apetece apuntarte puedes hacerlo! – Boquiabiertos, nos miramos al escucharlo sin que ninguno se atreviese a decir o hacer nada. Haciendo girar a la chica de espalda a donde el suponía que andábamos escondidos, la hizo poner a cuatro patas y para nosotros comenzó a abrirle el coño con las manos, metiéndole los dedos y ocasionalmente la polla – ¡¿Ves?! ¡Mira que chochete te estás perdiendo! ¡Únetenos y sal a follártelo! – Estaba asustado, y también muy excitado con la provocación e invitación de aquel hombre, y sabía que no era el único por que mis amigos continuaban con cara susto pero tan empalmados como yo.

-*¿Qué hacemos? ¿Vamos?* – Dijo bajito Ernesto a los otro.

-*No se… ¿Os atrevéis?* – Pregunté atacado mirando de vez en cuando a aquel coño que se prestaba a nosotros, algo realmente tentador para un adolescente virgen.

-*Si,… vamos, vamos – Dijo decidido Raúl sin quitar ojo de cómo ahora el tío la penetraba de lado para que los viésemos.

Podía haber sido un trampa del hombre para que saliésemos del escondite para rompernos la cara o cualquier otra cosa por el estilo pero ante la posibilidad de follar por primera vez fuimos saliendo uno por uno tras del arbusto como polillas hacia la luz. El hombre al vernos a los cuatro se extrañó, parando e invitándonos a acercarnos mas cuando se le pasó la sorpresa. La chica también giró la cabeza para vernos sin llegar a decir nada.

-Valla tela ¿Erais cuatro? ¿Pero cuantos años tenéis vosotros? – Nos preguntó él. Cada uno dijo su edad, subiéndonos un par de años para parecer mas adultos aunque estaba claro que para el hombre no dejábamos de ser unos púberes aun así – ¿Habéis follado alguna vez?

-Yo casi una vez – Le respondió Raúl intentándose hacer el guay.

-Ya bueno… – Respondió riéndose por la tontería que había dicho este y haciendo luego como si no lo hubiese oído – ¿Quién quiere ser el primero en sentir un coño de verdad? Veamos ¡Tú! Acércate – Dijo señalándome.

Llevándome con él de rodillas al suelo, frente al culo en pompa de la chica, me hizo acercarme mas a ella. Bajé mis pantalones todo lo que pude, con torpeza por el ataque de nervios que estaba padeciendo, y mi polla quedo apuntando tiesa hacia el coño rosado de la mujer. Echándome sobre ella un poco, froté con fuerza mi polla contra su coño, sintiendo como mi capullo se rozaba contra sus labios menores que se encontraban húmedos. Bajando la mano ella, se encargó de que mi polla encontrara el agujero correcto al primer golpe que di. Una oleada de placer salió de allí donde mi polla iba entrando en su vagina, aumentando el goce contra mas la penetraba, algo que no duró mucho por que mi polla no muy grande aún. Mis caderas se pusieron en movimiento, haciendo respirar agitada a la chica con mi novel miembro. Llamando el hombre a mis amigos, lo cuales contemplaban viciosos, lo fue situando uno a cada lado y al cuarto frente a ella. Dani, que era precisamente el que se había puesto delante, se contrajo de gusto al sentir como la mujer chupaba su miembro e iba moviendo la cabeza lentamente. Quedándose con una mano para aguantarse, agarró ahora la polla de Ernesto al que se puso a masturbarlo. El pobre de Raúl nos miraba desamparado mientras se masturbaba viéndonos caminando entre Dani y Ernesto con angustia. Explotando de la excitación, se pegó a Dani y acercando su rabo a la boca de la mujer esta pasó a chupar la de él, turnándose las pollas de ambos. Las caras de mis amigos eran de absoluto placer, como debía ser la mía, mirando atentamente a lo que le hacían como si todavía no nos lo creyésemos. Entre los cuatro formábamos un cuarteto musical de jadeos. Escuchándosele mas alto que a los demás, Ernesto gemía casi tan rápido como iba la mano de la chica sobre su polla.

-¿Te vas a correr ya? – Le preguntó el hombre a Ernesto que asintió sin aliento para hablar – Vente aquí donde tu amigo y hazlo dentro, sin miedo – Le dijo haciéndome a un lado para que Ernesto ocupase mi lugar.

Entre las piernas de ella, volvió a surgir su mano para agarrar la de Ernesto y colocarla bien. Mi amigo la penetró de una sola vez, follándola sin moverse mucho hasta que al minuto le fue entrando una serie de espasmos con los que se estaba corriendo en el coño de aquella mujer. Todos no perdimos ojo del momento, mirando a nuestro colega sufriendo su orgasmo con la cara contraída menos la boca que la tenía abierta. Nos habían hablado ya del condón, de las ETS y demás, pero la tontería de la edad no nos dejaba pensar en nada de eso y ahora que sabía que podía correrme dentro de aquel coño aguardaba ansioso a que Ernesto se apartase para volver con lo que había dejado. Y así lo hice, en cuando mi amigo sacó su polla con un sonido pringoso, aun con algo de semen en la punta, me coloqué tras ella y la penetré sin ayuda. Tal vez por la corrida de Ernesto, o por lo que se había excitado en aquel tiempo, la vagina de la chica estaba mucho mas húmeda, mas resbaladiza, e incluso mas caliente. Bombeando todavía mas rápido que cuando había estado antes, mis caderas comenzaron a hacer ruido al chocar con su culo, ganándome las miradas furtivas de mis amigos. Me había puesto infinitamente mas cachondo con aquella pausa y habiendo regresado con tantas ganas ya sentía que no me quedaba mucho por correrme y al igual que con Ernesto mi respiración iba a toda máquina.

Sin saber por qué exactamente podíamos corrernos dentro sin miedo, si es que tomaba anticonceptiva o qué, yo en aquel preciso momento, a punto de correrme, hubiese continuado aunque me hubiese dicho aquel hombre que la podría dejar embarazada, y en toda mi ignorancia, pasotismo y libido (Que en un chaval de quince en su primera vez es mucha) la penetré tan fuerte como me permitieron las piernas antes de reventar en aquel coño increíble. El alarido que pegué fue monumental, notando como el cuerpo se me calentaba de enorme placer y como la polla se me sacudía contra las paredes de la vagina, sumando a la reciente corrida de mi amigo la mía propia que se estarían mezclando en lo profundo del coño.

-Yo también voy a correrme ya mismo – Dijo Raúl viniendo a mi lado sin dejar de pajearse.

La saqué, toda mojada, y me eché a un lado para dejarle ahora a Raul meterla. Apenas en cinco segundo ya se encontraba penetrándola rápidamente, muy rápidamente, de rodilla con una pierna y apoyado con el pié con la otra. Sus huevos se agitaban como un saco lleno de piedras, haciendo ruido al chocar entre las piernas de la mujer. Mientras que Dani no quitaba ojo de cómo se la chupaban, Ernesto y yo nos paseábamos alrededor todavía empalmados y nos habíamos puesto a masturbarnos otra vez.

-Me… coo…rro,… ya – Jadeo con voz ronca Raúl, desplomándose adelante ya viniéndose aunque sin dejar de moverse hasta que ya le dolía.

-¡Quita, rápido! – Le pidió Dani, rodeando deprisa a la mujer para ponerse detrás en donde hizo un lado a Raúl y la fue a penetrar.

Con solo la punta metida, Dani la embistió hasta empujarla adelante. Repitiendo la operación, volvió a embestir y se puso a contraerse. Sus jadeos se intensificaron primero y fueron bajando después. Al retirarse su polla estaba llena de fluidos de ella pero también de nuestro semen, el cual surgió por su coño y resbaló por entre sus muslos al incorporarse de rodillas. Dani se dejó caer de culo en el suelo en donde fue recuperando el aliento junto a Raúl. El hombre se fue a agacharse frente a su esposa a la que la tomó por la barbilla para que la levantase hacia él y poderla besar. Sus lenguas asomaban entre sus labios, chasqueando sus salivas y en cierto modo eso nos ponía mucho estando junto a ellos como si nada. Ernesto y yo aumentamos nuestras pajas sin dejar de mirarlos. Daniel y Raúl nos miraban desde el suelo, todavía empalmados, y se nos unieron con lo de pajearse poco a poco.

-Estos chavales te han llenado bien ¿Eh? – Le dijo él a ella, refiriéndose a la mezcla de nuestras corridas que no dejaba de salir lentamente por su coño. Ella simplemente la miró sin llegar a responderle.

El hombre la tomó para colocarla tumbada boca arriba en el suelo y después se tumbó encima de ella y se cogió la polla para penetrarla. Era increíble lo obediente que se mostraba la chica que se arqueó hacia arriba al sentir que la penetraban con aquel miembro que era mucho mas grande y mas peludo que los nuestros. Estirando los brazos, la mujer agarró las pollas que tenía mas cerca a cada lado que era la de Raúl y la mía. Nos acercamos, sentándonos de rodillas, para que le fuese mas fácil masturbarnos. Teniéndolo cerca, ella abrió la boca con la lengua afuera en un gesto a Ernesto para que se la metiese en la boca y mi amigo no perdió ocasión, inclinando abajo su polla y hundiéndosela entre sus labios que se la saborearon con gran gusto.

Manteniendo una buena coordinación, Raúl y yo éramos pajeados con fuerza y rapidez. Sabía que si seguía así, sin que pudiese controlar yo el movimiento, me acabaría corriendo mas rápido que antes incluso. Enfrente de mí, al otro lado de la mujer y el hombre que la embestía agarrada por las caderas, Raúl se me adelanto y entre los dedos de la mujer se corrió agitado. Su semen fue cayendo en parte del costado y los pechos. El hombre se quedó mirando como se iba corriendo Raúl sin parar de follar y debió de gustarse aquello por que le sonrió a este satisfecho. Pocos segundos después escuchamos a Ernesto metiendo su polla sin volverla a sacar en la boca de la chica y su cara contraída fue un aviso evidente de que se estaba corriendo, aunque casi al mismo tiempo que él, yo también me puse a correrme sobre la chica sin que ella parase de pajearme hasta el final. Con la cabeza medio ida, sentí a Dani caer de rodillas a mi lado que se había estado pajeando todo el tiempo y ahora se disponía a correrse en donde Raúl y yo lo habíamos hecho. Un salpicazo de semen, bien abundante para ser la segunda corrida, calló entre los pechos de la mujer. Entre los tres habíamos puesto perdida a la chica, que jadeaba mas que nunca como si el sentir su cuerpo salpicado de nuestro semen la hubiese puesto muy cachonda.

-Ah… ¡Ah!… ¡Aaah!… ¡Aaah!… – Iba jadeando cada vez mas alto el hombre que se había puesto a penetrarla tan fuerte que el semen sobre la chica iba resbalando por los costado – Me corrooo… ¡¡Aaaaah!!

A bastante distancia se le tuvo que escuchar al hombre gemir, embistiendo sin ritmo a la chica cuando ya debía estar corriéndose dentro. Permaneció quieto, con la polla aun dentro, durante un rato. Nosotros lo mirábamos atentos aunque ya ninguno conservaba erección alguno, tal vez un poco Raúl. La saco el hombre despacio y se puso en pié. Los demás nos levantamos también y ayudamos a la mujer a levantar también. Llegándole por lo menos hasta pasada la mitad de la cara interior del muslo, un reguero de semen le comenzó a caer al poco de ponerse en pié. El semen del hombro se identificaba claramente del nuestro que era muco menos blanquecino y espeso. Tomando ella su bolso, el cual estaba tirado a un lado de un árbol junto a toda la ropa de ambos, sacó un paquete de pañuelitos por empezar y tomando por lo menos tres se limpió la entrepierna. Luego tomó otro y fue uno por uno limpiándonos servicial nuestras pollas ya flácidas. Cuando acabó, se la limpió al hombre que la beso. Mientras, nosotros nos subimos y cerramos los pantalones, mas calmados y felices que nunca. Estábamos por irnos ya, dejándolos allí a los dos besándose pero al vernos él nos llamó.

-¡Vosotros! Si alguna vez nos volvéis a encontrar y queréis repetir ya sabéis – Nos dijo sin separarse de ella.

Todos asentimos con la cabeza agradecidos antes de continuar alejándonos. En cuando salimos de la arboleda, derechitos a la salida del parque, estallamos a comentar lo ocurrido. Fue una lástima pero jamás volvimos a encontrarnos con aquella pareja y no fue por intentos. Aunque nos vinos bien por que a los días cada uno fue quejándose de escozor en nuestras partes sirviéndonos aquello de escarmiento, se suponía. En…FIN.

Relato editado y publicado por Pedivertido

Aunque nos pillase un poco lejos de casa, solía ir con mis amigos a un parque bastante grande que había cruzando el río donde ya dejaba de haber ciudad y comenzaba a haber campo y bosque. Éramos cuatro los que nos juntábamos, Ernesto el alto, Raúl el gordo (Aunque en verdad estaba rellenito ná más), Dani el moreno y finalmente yo mismo. Todos nosotros entre los catorce y los quinces y mas vírgenes que el aceite de oliva. Para un grupito de colegas tan inseparables eso del sexo era algo que entre nosotros estaba a la orden el día, tanto que hasta nos pajeábamos todos en grupo, pero cada uno con la suya, que conste.

Tanto tiento juntos y tanta confianza entre nosotros nos permitía estar todo el rato hablando de sexo al no tener que reprimirnos a la hora de hablar de lo primero que se nos pasase por la cabeza, aunque solo fuese una cosa, sexo. Pero últimamente andábamos mas salidos que de costumbre y la razón era por que habíamos descubierto una zona del parque, ese parque al que siempre íbamos, en que las parejas se ponían a follar. Nosotros habíamos estado con la mosca pegada a la oreja desde que Dani nos hubiese contado aquel rumor que había oído de su hermano mayor, pero no había sido hasta varios meses después en que nos atreviésemos a ir a explorar. El sitio en cuestión se encontraba en la zona mas apartada del parque, junto al río, en donde no había ni calzadas, ni columpios, ni zonas ajardinadas, ni nada de nada. Solo árboles y arbustos, pero tantos que se hacía el sitio perfecto para estar relativamente a escondidas. Era un domingo por la mañana algo temprano, así que en seguida dimos con una pareja que se lo montaban de pié contra un árbol. Se veía por la ropa y la edad que habían pasado la noche de juerga y acaban el final de la fiesta con un buen polvo. Nada mas mirarnos los uno a los otros tras un arbusto, estábamos ya todos apretando pantalón por delante. Nos Miramos y nos entró la risa tonta, pero la aguantamos en silencio y volvimos inmediatamente otra vez la vista a la pareja, aquella pareja en la que el chico empotraba a la chica contra el árbol. A medidas que contemplábamos la escena nuestra calentura se incrementaba y de frotarnos el paquete pasábamos a pajearnos dentro del pantalón hasta que ya uno de nosotros era el primero que no aguantaba mas, se la sacaba y se la comenzaba a cascar abiertamente junto a los demás, momento en el que entonces los otros tres le seguía y al final acabábamos encogidos en nuestro escondite, con los pantalones por los tobillos y dándole fuerte a la zambomba hasta que uno por uno íbamos regando el arbusto con nuestro semen. Aquella primera vez no se quedó en la última. Siempre íbamos a ver si teníamos suerte y pillábamos a alguna pareja haciéndolo como buenos voyeur que éramos ya. Para nosotros era muchísimo mejor que las películas pornos con lo que nos enviciamos a aquello, sobre todo las primeras semanas en las que íbamos incluso aunque fuese imposible que hubiese alguna pareja por que hiciese demasiado frío o por que fuese una hora rara.

Andábamos en el parque, jugando al futbol en donde siempre, hasta que nos hartamos y nos juntamos para decidir que otra cosa podíamos hacer por que todavía teníamos otra hora antes de que nos tuviésemos que ir cada uno a su casa. Hacía una semana que no íbamos al picadero del parque por lo que uno de nosotros, Raúl precisamente, fue el que propuso de ir. Ante la posibilidad de ver a una pareja follando y hacernos una buena paja aprobamos la propuesta de inmediato. Los cuatro nos pusimos andando hacia la arboleda del extremo solitario del parque por nuestro propio atajo. A medida que ya nos íbamos adentrábamos en la zona andábamos con cuidado de hacer el menor ruido posible, encorvados para que no fuésemos muy visibles y atentos a nuestro entorno. De no muy lejos vino el ruido masculino de un jadeo de fuerza que se repetía contra mas nos acercábamos. Estábamos hecho un escuadrón de espionaje, andando sigilosamente los cuatro juntos entre los árboles y la maleza hasta que vimos a la pareja tras unos arbustos altos desde donde el espectáculo no solo se veía bien. Yo me coloqué entre Raúl y Dani, sintiendo la mano de este último apoyándoseme en el hombro. No era la típica pareja de veintañeros. Él debía tener unos treinta y algo, pero ella en cambio estaría por los treinta y tenía un cuerpo espectacular, unas tetas gordas con unos pezones grandes que se sacudían estando ella de rodilla mientras se la chupaba al hombre que la llevaba adelante y atrás por la cabeza con bastante energía. Incluso se la podía oír atragantar. Los dos estaban completamente desnudo aunque conservando el calzado siendo la primera pareja que veíamos que se habían desnudados prácticamente del todo. Veíamos perfectamente como el culo del hombre se apretaba y como su polla entraba y salía de la boca de la chica a su voluntad. La polla me apretaba pesada en los calzoncillos y fui yo en esa ocasión el primero en bajarse la cremallera para sacársela. Intentaba sincronizar mi paja a los del movimiento de él cuando uno de nosotros, no se quién, tuvo que pisar una rama, de las gordas, que crujió bien fuerte. La pareja paró de repente y el tío giró la cabeza en nuestra dirección.

-¡¿Quién cojones hay ahí?! – Preguntó, pero no era la primera vez que estaban apunto de pillarnos y nos quedamos quietos en completo silencio, preparados para salir pitando si se acercaba. En cambio el hombre no se movió, ni tan siquiera parecía mosqueado – ¡¿Hola?! ¡Si quieres mirarnos adelante que no nos importa, pero si te apetece apuntarte puedes hacerlo! – Boquiabiertos, nos miramos al escucharlo sin que ninguno se atreviese a decir o hacer nada. Haciendo girar a la chica de espalda a donde el suponía que andábamos escondidos, la hizo poner a cuatro patas y para nosotros comenzó a abrirle el coño con las manos, metiéndole los dedos y ocasionalmente la polla – ¡¿Ves?! ¡Mira que chochete te estás perdiendo! ¡Únetenos y sal a follártelo! – Estaba asustado, y también muy excitado con la provocación e invitación de aquel hombre, y sabía que no era el único por que mis amigos continuaban con cara susto pero tan empalmados como yo.

-*¿Qué hacemos? ¿Vamos?* – Dijo bajito Ernesto a los otro.

-*No se… ¿Os atrevéis?* – Pregunté atacado mirando de vez en cuando a aquel coño que se prestaba a nosotros, algo realmente tentador para un adolescente virgen.

-*Si,… vamos, vamos – Dijo decidido Raúl sin quitar ojo de cómo ahora el tío la penetraba de lado para que los viésemos.

Podía haber sido un trampa del hombre para que saliésemos del escondite para rompernos la cara o cualquier otra cosa por el estilo pero ante la posibilidad de follar por primera vez fuimos saliendo uno por uno tras del arbusto como polillas hacia la luz. El hombre al vernos a los cuatro se extrañó, parando e invitándonos a acercarnos mas cuando se le pasó la sorpresa. La chica también giró la cabeza para vernos sin llegar a decir nada.

-Valla tela ¿Erais cuatro? ¿Pero cuantos años tenéis vosotros? – Nos preguntó él. Cada uno dijo su edad, subiéndonos un par de años para parecer mas adultos aunque estaba claro que para el hombre no dejábamos de ser unos púberes aun así – ¿Habéis follado alguna vez?

-Yo casi una vez – Le respondió Raúl intentándose hacer el guay.

-Ya bueno… – Respondió riéndose por la tontería que había dicho este y haciendo luego como si no lo hubiese oído – ¿Quién quiere ser el primero en sentir un coño de verdad? Veamos ¡Tú! Acércate – Dijo señalándome.

Llevándome con él de rodillas al suelo, frente al culo en pompa de la chica, me hizo acercarme más a ella. Bajé mis pantalones todo lo que pude, con torpeza por el ataque de nervios que estaba padeciendo, y mi polla quedó apuntando tiesa hacia el coño rosado de la mujer. Echándome sobre ella un poco, froté con fuerza mi polla contra su coño, sintiendo como mi capullo se rozaba contra sus labios menores que se encontraban húmedos. Bajando la mano ella, se encargó de que mi polla encontrara el agujero correcto al primer golpe que di. Una oleada de placer salió de allí donde mi polla iba entrando en su vagina, aumentando el goce contra mas la penetraba, algo que no duró mucho por que mi polla no era muy grande aún. Mis caderas se pusieron en movimiento, haciendo respirar agitada a la chica con mi novel miembro. Llamando el hombre a mis amigos, lo cuales contemplaban viciosos, lo fue situando uno a cada lado y al cuarto frente a ella. Dani, que era precisamente el que se había puesto delante, se contrajo de gusto al sentir como la mujer chupaba su miembro e iba moviendo la cabeza lentamente. Quedándose con una mano para aguantarse, agarró ahora la polla de Ernesto al que se puso a masturbarlo. El pobre de Raúl nos miraba desamparado mientras se masturbaba viéndonos caminando entre Dani y Ernesto con angustia. Explotando de la excitación, se pegó a Dani y acercando su rabo a la boca de la mujer esta pasó a chupar la de él, turnándose las pollas de ambos. Las caras de mis amigos eran de absoluto placer, como debía ser la mía, mirando atentamente a lo que le hacían como si todavía no nos lo creyésemos. Entre los cuatro formábamos un cuarteto musical de jadeos y escuchándosele mas alto que a los demás a Ernesto que gemía casi tan rápido como iba la mano de la chica sobre su polla.

-¿Te vas a correr ya? – Le preguntó el hombre a Ernesto que asintió sin aliento para hablar – Vente aquí donde tu amigo y hazlo dentro, sin miedo – Le dijo haciéndome a un lado para que Ernesto ocupase mi lugar.

Entre las piernas de ella, volvió a surgir su mano para agarrar la de Ernesto y colocarla bien. Mi amigo la penetró de una sola vez, follándola sin moverse mucho hasta que al minuto le fue entrando una serie de espasmos con los que se estaba corriendo en el coño de aquella mujer. Todos no perdimos ojo del momento, mirando a nuestro colega sufriendo su orgasmo con la cara contraída menos la boca que la tenía abierta. Nos habían hablado ya del condón, de las ETS y demás, pero la tontería de la edad no nos dejaba pensar en nada de eso y ahora que sabía que podía correrme dentro de aquel coño aguardaba ansioso a que Ernesto se apartase para volver con lo que había dejado. Y así lo hice, en cuando mi amigo sacó su polla con un sonido pringoso, aun con algo de semen en la punta, me coloqué tras ella y la penetré sin ayuda. Tal vez por la corrida de Ernesto, o por lo que se había excitado en aquel tiempo, la vagina de la chica estaba mucho mas húmeda, mas resbaladiza, e incluso mas caliente. Bombeando todavía mas rápido que cuando había estado antes, mis caderas comenzaron a hacer ruido al chocar con su culo, ganándome las miradas furtivas de mis amigos. Me había puesto infinitamente mas cachondo con aquella pausa y habiendo regresado con tantas ganas ya sentía que no me quedaba mucho por correrme y al igual que con Ernesto mi respiración iba a toda máquina.

Sin saber por qué exactamente podíamos corrernos dentro sin miedo, si es que tomaba anticonceptiva o qué, yo en aquel preciso momento, a punto de correrme, hubiese continuado aunque me hubiese dicho aquel hombre que la podría dejar embarazada, y en toda mi ignorancia, pasotismo y libido (Que en un chaval de quince en su primera vez es mucha) la penetré tan fuerte como me permitieron las piernas antes de reventar en aquel coño increíble. El alarido que pegué fue monumental, notando como el cuerpo se me calentaba de enorme placer y como la polla se me sacudía contra las paredes de la vagina, sumando a la reciente corrida de mi amigo la mía propia que se estarían mezclando en lo profundo del coño.

-Yo también voy a correrme ya mismo – Dijo Raúl viniendo a mi lado sin dejar de pajearse.

La saqué, toda mojada, y me eché a un lado para dejarle ahora a Raul meterla. Apenas en cinco segundo ya se encontraba penetrándola rápidamente, muy rápidamente, de rodilla con una pierna y apoyado con el pié con la otra. Sus huevos se agitaban como un saco lleno de piedras, haciendo ruido al chocar entre las piernas de la mujer. Mientras que Dani no quitaba ojo de cómo se la chupaban, Ernesto y yo nos paseábamos alrededor todavía empalmados y nos habíamos puesto a masturbarnos otra vez.

-Me… coo…rro,… ya – Jadeo con voz ronca Raúl, desplomándose adelante ya viniéndose aunque sin dejar de moverse hasta que ya le dolía.

-¡Quita, rápido! – Le pidió Dani, rodeando deprisa a la mujer para ponerse detrás en donde hizo un lado a Raúl y la fue a penetrar.

Con solo la punta metida, Dani la embistió hasta empujarla adelante. Repitiendo la operación, volvió a embestir y se puso a contraerse. Sus jadeos se intensificaron primero y fueron bajando después. Al retirarse su polla estaba llena de fluidos de ella pero también de nuestro semen, el cual surgió por su coño y resbaló por entre sus muslos al incorporarse de rodillas. Dani se dejó caer de culo en el suelo en donde fue recuperando el aliento junto a Raúl. El hombre se fue a agacharse frente a su esposa a la que la tomó por la barbilla para que la levantase hacia él y poderla besar. Sus lenguas asomaban entre sus labios, chasqueando sus salivas y en cierto modo eso nos ponía mucho estando junto a ellos como si nada. Ernesto y yo aumentamos nuestras pajas sin dejar de mirarlos. Daniel y Raúl nos miraban desde el suelo, todavía empalmados, y se nos unieron con lo de pajearse poco a poco.

-Estos chavales te han llenado bien ¿Eh? – Le dijo él a ella, refiriéndose a la mezcla de nuestras corridas que no dejaba de salir lentamente por su coño. Ella simplemente la miró sin llegar a responderle.

El hombre la tomó para colocarla tumbada boca arriba en el suelo y después se tumbó encima de ella y se cogió la polla para penetrarla. Era increíble lo obediente que se mostraba la chica que se arqueó hacia arriba al sentir que la penetraban con aquel miembro que era mucho mas grande y mas peludo que los nuestros. Estirando los brazos, la mujer agarró las pollas que tenía mas cerca a cada lado que era la de Raúl y la mía. Nos acercamos, sentándonos de rodillas, para que le fuese mas fácil masturbarnos. Teniéndolo cerca, ella abrió la boca con la lengua afuera en un gesto a Ernesto para que se la metiese en la boca y mi amigo no perdió ocasión, inclinando abajo su polla y hundiéndosela entre sus labios que se la saborearon con gran gusto.

Manteniendo una buena coordinación, Raúl y yo éramos pajeados con fuerza y rapidez. Sabía que si seguía así, sin que pudiese controlar yo el movimiento, me acabaría corriendo mas rápido que antes incluso. Enfrente de mí, al otro lado de la mujer y el hombre que la embestía agarrada por las caderas, Raúl se me adelanto y entre los dedos de la mujer se corrió agitado. Su semen fue cayendo en parte del costado y los pechos. El hombre se quedó mirando como se iba corriendo Raúl sin parar de follar y debió de gustarse aquello por que le sonrió a este satisfecho. Pocos segundos después escuchamos a Ernesto metiendo su polla sin volverla a sacar en la boca de la chica y su cara contraída fue un aviso evidente de que se estaba corriendo, aunque casi al mismo tiempo que él, yo también me puse a correrme sobre la chica sin que ella parase de pajearme hasta el final. Con la cabeza medio ida, sentí a Dani caer de rodillas a mi lado que se había estado pajeando todo el tiempo y ahora se disponía a correrse en donde Raúl y yo lo habíamos hecho. Un salpicazo de semen, bien abundante para ser la segunda corrida, calló entre los pechos de la mujer. Entre los tres habíamos puesto perdida a la chica, que jadeaba mas que nunca como si el sentir su cuerpo salpicado de nuestro semen la hubiese puesto muy cachonda.

-Ah… ¡Ah!… ¡Aaah!… ¡Aaah!… – Iba jadeando cada vez mas alto el hombre que se había puesto a penetrarla tan fuerte que el semen sobre la chica iba resbalando por los costado – Me corrooo… ¡¡Aaaaah!!

A bastante distancia se le tuvo que escuchar al hombre gemir, embistiendo sin ritmo a la chica cuando ya debía estar corriéndose dentro. Permaneció quieto, con la polla aun dentro, durante un rato. Nosotros lo mirábamos atentos aunque ya ninguno conservaba erección alguno, tal vez un poco Raúl. La saco el hombre despacio y se puso en pié. Los demás nos levantamos también y ayudamos a la mujer a levantar también. Llegándole por lo menos hasta pasada la mitad de la cara interior del muslo, un reguero de semen le comenzó a caer al poco de ponerse en pié. El semen del hombro se identificaba claramente del nuestro que era muco menos blanquecino y espeso. Tomando ella su bolso, el cual estaba tirado a un lado de un árbol junto a toda la ropa de ambos, sacó un paquete de pañuelitos por empezar y tomando por lo menos tres se limpió la entrepierna. Luego tomó otro y fue uno por uno limpiándonos servicial nuestras pollas ya flácidas. Cuando acabó, se la limpió al hombre que la beso. Mientras, nosotros nos subimos y cerramos los pantalones, mas calmados y felices que nunca. Estábamos por irnos ya, dejándolos allí a los dos besándose pero al vernos él nos llamó.

-¡Vosotros! Si alguna vez nos volvéis a encontrar y queréis repetir ya sabéis – Nos dijo sin separarse de ella.

Todos asentimos con la cabeza agradecidos antes de continuar alejándonos. En cuando salimos de la arboleda, derechitos a la salida del parque, estallamos a comentar lo ocurrido. Fue una lástima pero jamás volvimos a encontrarnos con aquella pareja y no fue por intentos. Aunque nos vinos bien por que a los días cada uno fue quejándose de escozor en nuestras partes sirviéndonos aquello de escarmiento, se suponía. FIN.

Lactancia muy morbosa

Hace un mes más o menos, acudí junto con una amiga de trabajo a ver a otra compañera nuestra que había sido madre y estaba de baja de maternidad. Habían pasado dos meses desde que diera a luz, y fuimos hacerle la visita de cortesía.

Cuando llegamos, era un viernes por la tarde, estaba sola, pues su marido trabajaba. Nos recibió muy contenta, y tras darle unos obsequios que le llevamos como ropita para el bebé, nos sentamos a charlar en el sofá del comedor.

– Cómo va la nueva vida de mami? – preguntaba Paqui, una mujer de unos 45 años, rubia con el pelo rizada y muy alegre, siempre optimista que era muy amigable y el alma de la fiesta. La verdad es que me llevaba muy bien con ella.

– Pues adaptándome… – comenzaba a explicar Sofía, la risueña madre. Debía tener unos 36 años, era morena con el pelo largo, que llevaba recogido en una cola, y estaba esplendida. Me llamó especialmente la atención su pecho, que había aumentado considerablemente de tamaño, y rápidamente deduje que sería debido a que le habría subido la leche para amamantar a su hijo.

– Y eso? – replicó Paqui señalando un artefacto que Sofía tenía en la mano

– Es un saca leche, procuro ir sacándome porque produzco bastante y así le puede dar mi marido si yo tengo que salir o si estoy muy cansada por la noche. Pero no sé qué pasa que no funciona, creo que se rompió ayer.

– A ver, déjame si yo puedo – dijo Paqui levantándose del sofá y sentándose la lado de Sofía. Comenzó a manipular el aparato saca-leche, intentando ver cómo funcionaba primero y dónde podía estar el fallo, hasta que lo acercó al pecho de Sofía y lo acopló por encima de la camisa – Vamos a probarlo – le dijo.

Entonces reparó en que yo estaba delante, y girandose hacia mí espetó:

– Será mejor que tú salgas un momento al balcón, que necesitamos algo de intimidad aquí – dijo medio riendo

– No hace falta – contestó Sofía, queriendo quitar importancia al asunto – llevo ya tantas semanas dando de mamar a mi hijo en todas partes, que ya me he acostumbrado a llevar los pechos al aire.

Y dicho eso, Sofía de desabrochó dos botones de la camisa, de la cuál brotó un precioso pecho, hinchado y con un pezón bien grande y rosado. Por un lado me supo mal que se pudieran sentir incómodas, pero al mismo tiempo un ligero sentimiento de excitación recorrió mi piel.

Entre las dos acoplaron el saca-leche al pecho de Sofía e intentaron manipularlo para que hiciera su trabajo y comenzara a salir la leche, pero tras varios intentos infructuosos no consiguieron nada. Al retirar el aparato, un pequeño rio de leche salió del pezón de Sofía y se escurrió hacia abajo.

– Cuidado que te manchas – dijo Paqui, mientras llevaba rápidamente un dedo horizontalmente al pecho de Sofía para detener la gota que resbalaba antes de que llegara a la falda y la manchase.

Sofía sacó un pequeño pañuelo y se secó el pecho, mientras que Paqui retiraba el dedo húmedo de su leche y lo miraba curiosa. Para sorpresa de todos, sacó la lengua y relamió su dedo llevandose a la boca los restos de leche de su amiga y saboreandola después.

– Hmmm, pues no sabe mal – se limitó a decir. Sofía y yo, tras un instante de perplejidad comenzamos a reír, conociendo el carácter desenfadado de Paqui. – Qué pasa? Una es curiosa jaja – se unió a nuestras risas.

Con los movimientos de la risa, a Sofía le brotó otro hilo de leche de su pecho.

– Fíjate, te vuelve a chorrear, si es que los tienes llenos – dijo Paqui mirando el hinchado pecho de su amiga – No te duelen?

– Un poco – dijo Sofía que se sorprendió al ver como Paqui tomaba su pecho y en su mano y lo apretaba ligeramente. Más leche brotó de su pecho, está vez con un chorro mucho más abundante. Inconscientemente, ante ese chorro de leche, Paqui se agachó y metió el pecho de su amiga en su boca, como queriendo detener toda la leche que había hecho salir al tocar y apretar el pecho de su amiga. Sofía se quedó inmóvil sin saber qué decir, al igual que yo.

Paqui dio un par de succiones y se separó.

– Hmmmm, quieres que te vaciemos nosotros los pechos un poco? – preguntó con voz traviesa

– Jajaja, estás loca – dijo Sofía

– Dar de mamar es algo natural, no me vengas con remilgos ahora – le contestó Paqui

– Como queráis, pero solo un poco, eh? – aceptó finalmente Sofía

– Ven, ayúdame – me indicó Paqui, mientras me hacia un gesto para que me acercara, al tiempo que Sofía se desabrochaba un poca más la camisa y descubría el otro pecho.

Mientras ella estaba sentada, nosotros nos pusimos de rodillas, uno a cada lado, uno en cada pecho. Lo primero que hice fue introducir aquel gran pezón en mi boca. Aunque había chupado muchos pechos a lo largo de mi vida, nunca había mamado uno, siendo adulto me refiero, con lo que no sabía muy bien qué tenía que hacer, aunque pensé que mi instinto me ayudaría, al fin y al cabo somos mamíferos por naturaleza.

Pero no tuve que esforzarme mucho, al chupar aquel pecho, un reguero de leche comenzó a invadir mi boca. Era una leche líquida, tibia, algo dulzona y no dudé en comenzar a tragármela toda. Empecé a mamar. Cada vez introducía más de aquel pecho en mi boca, mientras oia los chupeteos de Paqui a mi lado. En un momento dado, tomé su pecho con mi mano para apretarlo un poco y para tener algo más de apoyo en la postura que estaba. No sé exactamente cuantos minutos llevábamos, pero yo empezaba a perder el control por instantes y chupaba con bastante lascivia. En algunos momentos que mi boca se llenaba un hilo de leche se escurría por mis labios.

Paré un instante para recobrar el aliento y pude ver como Paqui también se detenía.

– Esta rica, eh? – dijo sonriendo

Miré a Sofía que tenía una cara de vicio impresionante, con los ojos medio cerrados y las mejillas sonrojadas. Al devolver la vista a Paqui, vi que ella también estaba mamando con vicio, relamiendo su pezón, retorciéndolo con la lengua, succionando fuerte le pecho e introduciéndose todo lo que le cabía en su boca. Restos de leche resbalaban por su barbilla. Sin pensármelo, volví al trabajo, y comencé de nuevo a mamar aquel regalo del cielo en forma de pecho.

Finalmente Sofía nos hizo salir de nuestro trance mamador, con unas convulsiones y gemidos que nos pillaron por sorpresa.

– Nena, te has corrido? – preguntó Paqui entre carcajadas y muy sorprendida

– Uf, es que aún no me he recuperado del parto, y no puedo tener relaciones todavía, por lo que estoy muy sensible. Así que si, me habéis hecho llegar – explicó entre sofocos.

– No te creas, yo también me he excitado, es la primera vez que hago esto, estoy mojada y todo – confeso Paqui – y tú, cómo estás? – me preguntó, y posando una mano en mi rodilla para abrirme de piernas

– Pues ya lo ves – dije agachando la mirada para comprobar como de abultado tenía el paquete, pues llevaba empalmado desde hacía rato

– Uf madre mía – dijo Paqui, mirando como se marcaba mi pene tieso en el pantalón – eso tiene que dolerte. Sácatela que vamos a probar ahora otro tipo de leche

Hipnotizado por su comentario, me puse de pie, pero fue la propia Paqui la que apresuradamente comenzó a desabrochar mi cinturón, luego pantalón, bajó la cremallera y bajó con un movimiento algo brusco mi pantalón y boxer a la vez, haciendo que mi polla saliese disparada y botase delante de sus caras. Paqui estaba todavía de rodillas delante de mi, y Sofía seguía sentada en el sofá. Mi polla entiesa quedaba a un par de palmos de sus caras, y ambas tenían su vista fijada en mi pene, examinando su forma y tamaño.

Vaya, menuda polla gastas, no? Desde luego engañas, con lo pasmadito que pareces en la oficina y me sales con este trozo de carne – dijo Paqui con un descaro que hizo reír a Sofía. Paqui, alzó su mano y cogió mi pene, y lo sacudió unas cuantas veces, notando su dureza y apretándolo un poco.

Dicho eso, acercó su boca a mi empalme y recorrió con su lengua toda su largura, para acto seguido, al llegar a la punta y lamerla un poco, introducirse todo mi pene en su boca. Noté la humedad de su boca empapando mi sexo y como quedaba prisionera entre su lengua y músculos bucales, fue una sensación muy agradable. Entonces comenzó una mamada muy placentera, introduciéndose más de la mitad en su boca. Tras unos instantes paró y se la sacó de la boca.

– Tienes una buena polla, durita y gordita, como a mí me gusta. Si hay algo que me fascina de una buena polla es que llene la boca. Ten prueba esto – dijo dirigiendo mi polla hacia Sofía

– No, no puedo, que estoy casada ya lo sabes – replicó

– Que casada, ni que tonterias, dale una chupadita, que esto de aquí no sale, y una oportunidad así no se tiene cada día – dijo muy convencida Paqui, de tal forma que Sofía, simplemente se inclinó un poco hacia mí, y haciendo caso de su amiga, con una mano agarró mi polla y se la introdujo en la boca. Sofía chupaba con más dificultad. Debía tener la boca más pequeña porque no llegaba introducirse la mitad de mi polla en su boca. Succionaba con más ansiedad o nerviosismo, supongo que porque sabía que lo que hacía no estaba bien, chupársela a un compañero de trabajo en el salón de su casa. Pero al mismo tiempo era tan morbosa y excitante la situación que en el fondo le apetecía y no había podido negarse más.

Mientras Sofía me la chupaba, Paqui manoseaba mis huevos con una sonrisa en la boca y alternaba su mirada viendo como su amiga me la mamaba. Tras unos instantes, Sofía se la sacó y le cedió de nuevo el turno a Paqui, que cogiéndome fuertemente por las caderas trató de metérsela entera, y casi lo consigue. Luego siguió chupando más suave y sacándosela ocasionalmente para relamerla con la lengua a lo largo.

Se alternaron un par de veces más, chupando cada una a su estilo hasta que comencé a gemir, pues mi orgasmo estaba próximo.

– Te voy a vaciar los huevos, pero luego me toca a mí que estoy mojadísima, ok? – Dijo preguntándome

– Claro que si – atiné a decir con los ojos en blanco a punto de venirme

Paqui se introdujo de nuevo mi polla en su boca y mamó con fuerza, ritmo e intensidad, estaba claro que iba a por todas, a por el premio de mi orgasmo. Y vaya si lo consiguió. A ese ritmo no tardé en comenzar a eyacular. La avisé, pero ella no paró, y mi leche comenzó a llenar su boca. Chupó hasta que mi orgasmo hubo terminado, y entonces se separó.

– Se ha corrido en tu boca? – preguntó sorprendida Sofía.

Paqui abrió la boca como contestación, mostrándole que toda mi corrida estaba sobre su lengua y en general llenando su boca.

– Qué loca estas – dijo Sofía riendo, pero Paqui volvió a cerrar su boca y con un sonoro chasquido se tragó todo mi semen de una vez

– Hmmm… – dijo Paqui relamiéndose – ya puedo decir que me he tomando la leche de los dos en una sola merienda jajaja

– Te lo has tragado? Serás viciosa! – dijo Sofía entre exclamaciones

– Toda la leche es calcio, y a mí me hace falta reforzar los huesos! – contestó Paqui con sorna y aún tuvo tiempo de volver a relamerme la polla para dejarla limpia.

– Me toca! – dijo poniéndose de pie, subiendo su falda y deslizando sus bragas para finalizar sentándose en el sofá de nuevo. Abriéndome las piernas, mi miró y me invitó a lamerle el sexo con un tentador: enséñame que sabe hacer tu lengua!

Me situé entre sus piernas, y rodeándolas con mis brazos por debajo, comencé a besar la cara interna de sus muslos. Paqui ya jadeaba y se retorcía en el sofá, cuando mi lengua encontró su sexo. Primero lo recorrí de abajo hacia arriba, abriendo los labios exteriores con mi lengua. En una nueva pasada, mi lengua ya rozó los labios interiores y se mojó con su humedad, la cual saboreé. En la tercera pasada, saqué más la lengua y lo relamí completamente, llegando a su clítoris y empapando su sexo con mi saliva.

Tenía el sexo con el vello bastante recortado y arreglado. Era realmente apetitoso y jugoso. Mientras le comía su sexo con voracidad, ella jugaba con mi pelo, ya que sus manos acariciaban nerviosas mi cabeza.

En un momento dado, Sofía que nos miraba desde hacia un rato, debío calentarse bastante. Si realmente llevaba varios meses sin sexo, ver como yo lamía de aquella forma el coño de Paqui y como ella se retorcia de placer debió ponerla bastante caliente. El caso es que en un momento determinado se deslizó desde el sofá y se agachó buscando mi pene que comenzó a manosear. Como no hacia mucho que me había corrido estaba medio morcillón, pero no erecto.

Así estuvimos un rato. Paqui gemia muy excitada, contorsionandose en el sofá, mientras yo estaba disfrutando de aquel suculento sexo femenino cuyo sabor y aroma embriagaba mis sentidos. Trataba de sacar al máximo mi lengua para lograr introducirla en su vagina, como si quisiera penetrarla y luego movía allí dentro mi lengua de forma muy golosa. Alternaba esos movimientos con otros lamiendo todo su sexo y con succiones a su clitoris. Paqui no tardó mucho más en correrse, y con un gran gemido final, se quedó traspuesta en el sofá con una gran sonrisa de placer.

– Dios, que bien lo has hecho, me ha encantado! – me felicitó Paqui, al tiempo que me incorporaba. Realmente me había excitado hacerle sexo oral a Paqui, y entre eso y la paja que me había estado haciendo Sofía mi pene estaba medio erecto de nuevo.

Sofía, que seguía de rodillas a mi lado, miraba mi pene fijamente. De pronto me preguntó:

– Crees que podrías correrte de nuevo?

– Supongo que si, vuelvo a estar algo excitado – respondí

– Es que con mi marido no hacemos mucho sexo oral, porque a él no le gusta demasiado, y ahora que he visto a Paqui como se bebia tu leche me ha dado curiosidad la verdad.

– Pues adelante – le dije

Así fué como Sofía se entregó a una dulce mamada. Sujeto con sus manitas el grueso pene y comenzó a chuparlo y lamerlo, lo cuál era muy placentero. En un momento determinado, me masturbé unos instantes para acelerar el orgasmo, y cuando ya estaba por venir, le devolví el testigo de mi pene para que siguiera la mamada. No tardé en descargarme en su boca, y aunque con dificultades, algo de tos y un poco atragantada por que no esperaba recibir tanto semen en su boca, pudo tragar la mayoría.

– Uf, que raro es el sabor, pero me ha gustado, menudo morbo – comentaba Sofía bastante animada al haber descubierto algo nuevo en su vida sexual

– Claro niña – le decía Paqui – lo que no mata, engorda, y la leche es muy sana y tiene muchas vitaminas! – con lo que todos estallamos de risa ante el desparpajo de Paqui.

Lo bueno fué que Paqui y yo estuvimos tonteando en la oficina durante un tiempo. Especialmente los viernes en el descanso para comer, nos soliamos esconder en algún despacho y los primeros escarceos de sexo oral dieron paso a encuentros sexuales desenfrenados entre carpetas y grapadoras, con el siempre presente morbo de que nos pillara alguien. Y es que ya lo dicen, que los niños siempre traen un pan bajo el brazo. En este caso para mí el pan, fue puro sexo.

Metemela entera, no tengas cuidado que mi culo ya esta acostumbrado y me encanta

El día no empezó muy bien, mi estado de animo estaba por los suelos y lo peor era que no habia razon ninguna. Por suerte a medida que iban pasando las horas mi humor fue mejorando.

Por la tarde, a eso de las 19:00, mi mujer y yo empezamos a vestirnos y preparar todas las cosas para que nuestro pequeño después de la cena de nochevieja se quedara a dormir con sus abuelos y poder tomarnos una copita tranquilamente.

Mi mujer se habia colocado un vestido vaquero, corto, con el que enseñaba parte de sus muslos y se marcaba su trasero de 32 años a la perfeccion.

Unas copas de vino, las sonrisas y las miradas de mi mujer durante la cena me hicieron presagiar una noche bastante movida. Ya después de las uvas llego la hora de irnos a nuestra casa no sin antes parar a tomar algo en un local que hay cerca de nuestra casa.

Cuando entramos el local estaba repleto de gente, nos acercamos a la barra para tomar dos cubatas. Que suerte, por ser nochevieja se podia fumar y no se porque pero ver fumar a Sandra, mi mujer, me excita, tambien me excita verla bailar, y por lo que se ve alguno de los parroquianos tambien, porque no tardaron en acercarse dos para bailar con ella a lo que esta se nego, a mi no me hubiera importado, si yo no hubiese tenido pareja y veo a una mujer guapa, con media melena, pelo negro, curvas bien marcadas, una abertura en la parte baja de su vestido, que hace que no la quites la mirada intentado adivinar de que color lleva las braguitas, y bailando de esa manera, yo tambien intentaria bailar con ella, primero mantengo distancia, luego llevo mis manos a sus caderas para poder acercarme a ella y rozar su cuerpo, después de unos minutos mi polla ya roza su entrepierna, por encima de la ropa mis manos aprietan su culo con deseo mientras ella me besa, luego hago que me siga y la llevo a un servicio del local que esta apartado del bullicio de la gente y que casi todo el mundo desconoce, nos metemos en el de chicas y nada mas entrar la pongo cara a la pared, la subo el mini vestido para comprobar que no lleva bragas, mientras la beso y muerdo en el cuello me bajo los pantalones, luego los boxers, mi miembro esta a tope, cuando siente el contacto de mi polla en su culo se da la vuelta y se agacha para darme una chupada memorable, de las que no se olvidan, luego vuelve cara a la pared, yo no resisto la tentacion de probar ese culo respingon, mi cuerpo se deja caer y mis manos dibujan la silueta de su cuerpo, mi lengua se adentra en el interior de su culito mientras ella jadea y se acaricia el clítoris, esta muy cachonda. Ya no aguanto mas, quiero follarla el culo, la acerco mi polla hasta estar justo pegado a la entrada de culo, despacio voy acercandome a ella y mi polla cada vez esta mas escondida, se vuelve hacia mi.

-Vamos metela entera, no tengas cuidado que mi culo ya esta acostumbrado y me encanta.

Después de escuchar estas palabras mis embestidas son rapidas y violentas, quiero correrme en el agujero de esta viciosa que el azar a puesto esta noche en mi camino.

Mi leche no se hace esperar y se desliza por mi entrepierna, otra vez se vuelve hacia mi, se agacha y empieza a limpiarme mi polla.

Quizas ese hubiese sido mi deseo si no la tendria, o quizas ese deseo hubiera sido el de ella de no haber estado yo en la barra del pub entretenido con mi copa y sin quitarle ojo,

La verdad es que me estaba poniendo a cien, me encantaba mirarla y de vez en cuando sentir su mirada sobre la mia.

Entre una cosa y otra se nos fueron pasando las horas y e l alcohol se acumulaba en nuestro cuerpo. A las 6:00 de la madrugada decidimos que nos vamos para casa y nada mas arrancar el coche y empezar a sonar la musica del CD que estaba puesto mi mujer sube el sonido del aparato, sale del coche y se pone a bailar. Yo me pregunto que a sido de esa mujer responsable y seria, parece haber desaparecido y que el frio de la noche no la afecta porque el alcohol fluye por todo su moreno cuerpo.

Una vez que llegamos a casa subimos a nuestra habitación. Nos besamos, mi lengua entra en su boca para luego ser yo el que recibo la visita, nos desvestimos mutua y rapidamente, tengo muchas ganas de rozar su cuerpo, de follarla, de hacerla mia, ya han pasado unas cuantas horas desde que empece a sentir el hormigueo y el nerviosismo que me provoca el pensar que en un rato o unas horas me la puedo follar como si fuera una prostituta y hacer con ella lo que desee.

Me encuentro tumbado boca arriba y Sandra ya tiene mi polla completamente introducida en su boca. No se quien esta mas caliente de los dos, el alcohol la a desinhibido completamente, su respiración va acompasada con el sube y baja, mi polla esta mojada por su saliva y su coño por la excitación. Sigo tumbado boca arriba y Sandra se coloca encima de mi, apoyada sobre sus rodillas en la cama de tal manera que su coño queda encima de mi boca. Esto me encanta, con mi lengua empiezo suavemente a lamer su clítoris para después engullir todo lo que me es posible sus labios vaginales que estan super hinchados, lo que antes era respiración fuerte ahora se a convertido gemidos que salen de su boca para ponerme mas cachondo si cabe. Siento sus pechos en mi barriga, mi polla vuelve a sentir el calor de su boca, estamos en perfecto 69 y ahora mi lengua dibuja circulos en la entrada de su culito lo que hace que su vagina se humedezca aun mas por el presagio de lo que se la viene encima.

Cambiamos de postura y ahora la que encuentra boca arriba es ella, con sus brazos se sujeta las piernas, mi vision es inmejorable, su coño y su culo brillantes por mi saliva y sus flujos.

-Vamos cariño, dame por el culo que estoy super cachonda.

-Sii, quieres que te de por culo como a una perra.

-Si venga que no aguanto mas.

Mi verga entro en su cavidad en un suspiro, todo estaba humedecido, su culo abierto, pues la mujer seria y responsable que es Sandra en el dia a dia cambia por completo con un poco de alcohol, en la cama, en el cine, en mi oficina, en donde sea se convierte en mi puta y la encanta que la de por el culo. Mis embestidas eran fuertes, el deseo era muy grande, los pechos de mi mujer se movian, un collar es lo unico que tapaba su cuerpo lo que la hacia mas sensual.

-Mas dame mas, mas fuerte.

Me salgo de ella para con mi boca volver a entretenerme con su ano, abro el cajon de la mesita y saco de el dos consoladores, uno de ellos bastante grande. En la misma postura que anteriormente la vuelvo a penetrar pero esta vez cuando mi polla se desliza por su agujero una enorme polla de latex abre su coño para arrancar de su boca un grito de placer.

-Asi, siiiiii

-Te gusta estar asi de follada, te gusta sentir dos pollas dentro de ti eh?

-Siii, follame, si. Haz lo que quieras conmigo.

Acerco a su boca la otra polla de juguete para que se la introduzca, simule una mamada y se sienta mas follada. A pesar de que mi vision ahora es espectacular mi polla no esta muy dura y erecta, demasiado alcohol, pero eso no impide el que siga dando placer a mi hembra que esta cachonda como una perrilla.

-Asi no pares, aaaah aaaaaaah aaaah

-Estas muy mojada.

-Estoy muy cachonda, me siento muy follada, que bien me follas.

-Eres una putita.

-Siiii, tu puta, hazme lo que quieras.

-No puedo, ahora me gustaria que las pollas de juguete fueran de verdad, verte follando con otros tios y que tendrian las pollas muy grandes para ti.

-Si cariño, a mi tambien, me gustaria que me follarais entre tres.

Estas ultimas palabras me pusieron mas caliente todavía, en ese momento mi mujer estaba deseando follarse a tres tios y me daba la impresión que la daba igual que cualquiera de ellos no fuera yo, la idea me excitaba mucho y tuve que parar y salirme de su culo para volver a lamerla el clitoris mientras continuaba con el mete saca de la polla de latex.

Por un momento me parecio perder la nocion del tiempo, otra vez me encontraba embistiendo a mi mujer, mis manos sujetaban sus pechos.

Aunque estaba encima de ella, sentia que era ella la que me estaba follando a mi, pues en esos momentos hacia lo que la venia en gana y la follaba como ella mandaba. El sudor brillaba en mi pecho pues ya llevabamos casi una hora follando sin parar, me encontraba en la gloria viendo su cara de viciosa llena de satisfacción, tragandose una polla de plastico y los dos pensando que era de verdad, al igual que la que seguia martilleando su coño, de unos hombres desconocidos que habian venido a dar placer a la putita viciosa que conmigo se encontraba.

-Estas a mil, que puta eres.

-Sii, soy muy puta, y a ti te gusta, te gustaria verme follar con otros tios, verdad?

-Si, ver como les comias la pollas, ver como te los follabas.

-Iba hacer que me follaran como ahora, mis tres agujeros, me lo iban hacer mientras tu me mirabas, luego se correrian en mi boca, me llenarian de leche, me la tragaria toda y después te la mamaria a ti.

-Me voy a correr.

-Correte en mi boca, por favor, dame tu leche caliente, siii.

La acerque la polla para acceder a sus deseos y el primer chorro de semen entro directo en su boca, el segundo en sus labios y lo siguiente en su boca otra vez, pues me la engullo como si del mejor manjar se tratara, con una mano me pajeaba mi polla mientras seguia mamandomela, con su otra mano se acariciba el clítoris.

-Ya me viene cariño, me voy a correr, aaah, aaaaaaaah, que gusto, me corro aaaaaaaah.

Mi polla aun se encontraba en su boca, el vaiven ahora era ya muy lento, la viciosa de mi mujer estaba saboreando hasta la ultima gota mientras me miraba y sonreia.

Sobre las doce del mediodia Sandra se desperto, yo ya lo habia hecho dos horas antes y durante todo ese tiempo no deje de pensar en el polvo de la noche anterior, fue un polvo de esos que no se te olvidan en tiempo, asi que cuando mi mujer se desperto mi polla se encontraba en pie de guerra.

Después de desayunar nos metimos en la ducha juntos y al salir ocurrio lo que venia deseando desde que me desperte, volvimos a follar, pero esta vez deje tranquilo su trasero porque con lo de la noche anterior ya tenia suficiente, por suerte para mi solo por el momento.

La chica seria, responsable, esposa y madre ya ha vuelto, ahora solo me queda esperar a que una noche o tal vez una mañana vuelva la puta que lleva dentro para que me permita seguir abriendola el culo mientras me susurra obscenidades.

Mi profesora de piano me adentra al lesbianismo

Hoy sería el día de la dichosa cita con Cristina y estaba más que nerviosa. No era mi primera pero sí era la primera con alguien que me tenía completamente loca. Una parte de mí sabía que era un terrible error seguir este juego con ella y que lo pagaría muy caro pero… ella tenía la fuerza de un imán y me atraía de una manera sobrenatural.

Muy probablemente terminaría con el corazón más roto de lo que ya está; esa pequeña parte del pequeño revolcón con el adonis no se ha ido de mi mente. Y la sensación de celos no había desaparecido, pero después de lo que pasó en el auditorio no quería arruinarlo; estábamos en una nube rosa que nos… que me mantenía flotando. No quería malos tragos antes de un gran día.

Después de tanto pensar, me decidí por un vestido rosa, con algunas decoraciones y sin mangas. Como todos los días, el calor era infernal y los Jeans no parecían una buena opción. Unos zapatos abiertos con tacón no muy alto y algo de maquillaje. Listo. Cristina constantemente me repetía que le gustaba verme al natural. Sigo creyendo que dice las cosas para aminorar el golpe de su ida. Faltaban unos cuantos minutos para la cita cuando sentí mi teléfono vibrar. Era ella.

-Hola.- Dije sin poder contener la sonrisa estúpida.

-¿Lista, pequeña?-

-Más que lista.-

-Estoy abajo.-

-Voy.- Colgué. Se escuchaba feliz, esa era una buena señal.

Agradecía a los cielos porque mis padres no estuvieran aquí para llenarme de un montón de preguntas. Sabían que salía con una “amiga”, omití que la amiga era mi profesora de piano. Mi hermano estaba en práctica de fútbol, así que no tendría que darle explicaciones a nadie. Al abrir la puerta Cristina estaba sobre el capo de su carro aparcado frente a mi casa. Se veía divina. Su cabellera suelta, iba maquillada y se veía más que perfecta. También optó por un vestido y tacones altos. Me acerqué a ella y me recibió con un abrazo.

-Te ves preciosa.- Susurró a mi oído.

-No te quedas atrás. Te ves muy guapa.-

-Es sólo la cara…- Me soltó y abrió la puerta del pasajero para que entrara.

Ahora me di cuenta de lo mucho que le costaba tomarse los cumplidos. Hace unos días le dije que parte de mi progreso se lo debía a su constante motivación. Se limitó a decirme que era parte de su trabajo. Era como si no quisiera aceptar que algo bueno puede salir de ella. Y ahora con su “es sólo la cara”; sí, Cristina podía ser una hija de puta cuando se lo proponía pero habían muchas cosas buenas dentro de ella. Aunque no las pueda ver.

Durante el trayecto hablábamos animadamente de nuestros días. Ella seguía odiando que por culpa de una huelga tenía que trabajar horas extras. Ni siquiera estaba a favor de lo que peleaban pero al ser una minoría tenía que seguir la corriente. Era muy eficiente con su trabajo por lo que la cuestión de papeleo la terminó en cuestión de unos días. Días en los que se aseguró de decirme en dónde estaba y qué estaba haciendo. Parecía que quería quitarme la espina de lo que pasó con su “amiguito”. He de decir que lo disfrutaba y me agradaba que se preocupara de mí en esa forma.

-¿Qué harás cuando seas grande?- Rompió por completo el tema de conversación que teníamos.

-Aún no lo decido. Me queda un par de semestres para averiguarlo.-

-No lo dejes pasar mucho tiempo. ¿Hay algo que particularmente te llame la atención?- Se veía muy interesada.

-Psicología me agrada muchísimo. Puede ser una opción viable.-

-¿Hay una escuela cerca?- Negué.

-Cuatro horas de aquí.-

-¿Con quién vas a vivir?- Comencé a reír.

-Ni siquiera tengo definido si quiero eso, ¿qué te hace creer que ya sé dónde voy a vivir?-

-¿Tienes familia ahí?- Volví a negar. –No me agrada.-

-Es una pena que no dependa de ti.- Volteó a verme, noté cierta furia en su mirada. –Te vas en un mes, ¿qué te preocupa lo que será de mi vida en un año?- Muy a su estilo ignoró el tema subiendo el volumen de la radio. De inmediato lo apagué. -¿Te importa?-

-Sólo quería conversar de algo, Al… y sí, me importa mucho. No te quiero vagando en una enorme ciudad tú sola.-

-Me las voy a arreglar. Siempre lo hago.- La vi sonreír. -¿Qué?-

-Nunca te das por vencida.-

-Nunca.- Me sorprendí mucho cuando Cris me llevó a las afueras de la ciudad y nos desviamos a un camino de terracería. Calculo que habremos avanzado unos dos kilómetros cuando llegamos a una pequeña cabaña.

Ella no decía nada, simplemente me sonrió al aparcar frente al lindo lugar. A pesar de haber pasado aquí toda mi vida no conocía esta parte de la ciudad. Cris bajó del auto y se apresuró a abrirme la puerta; amablemente me tendió su mano para ayudarme a salir. De la mano llegamos a la puerta del lugar. Sin soltarme buscó en un pequeño bolsillo que tenía su vestido y sacó una brillante llave. Abrió y frente a nosotras había una enorme sala perfectamente arreglada, una mesa en el centro, dos cojines a los lados y mucho sushi.

-Creo que mencionaste que te gusta el sushi.- Me sonrió ampliamente.

-Me fascina. Gracias.- Sin pensarlo dos veces me colgué de su cuello y la besé. La sentí tensarse al principio pero después se aferró a mi cintura y profundizo el beso.

-Así que el sushi tiene estos efectos… debería dártelo más seguido.- Sonrió sobre mis labios.

-Gracias.-

-Aún no hemos empezado. Agradéceme al terminar.-

-Pero quiero agradecerte ahora.- Le dio un beso corto. –Gracias.-

-De nada.- Con una inusual sonrisa me invitó a pasar a la casa.

La cena fue mágica, simplemente mágica. Cristina se portó como… como si fuera mi pareja. Estuvo atenta en todo momento, me sirvió, me dio a probar de su comida, de vez en cuando se inclinaba y me robaba un beso. Era como si fuera una Cristina diferente y la odiaba. Odiaba que se portara tan bien porque no quería quererla más y portándose así era imposible.

Apenas y terminamos de comer me eché sobre ella y la besé con toda la pasión que encontré dentro de mí. Ella ni tarda ni perezosa me correspondió; sus manos encontraron un camino debajo de mi vestido con una facilidad increíble. En segundos me tenía gimiendo sobre su boca mientras ella amasaba mis nalgas.

-Eres como una puta fruta prohibida, Al… Lo que te quiero hacer…-

-Hazlo.- Dije con los ojos cerrados.

-No quiero lastimarte.- Respondió dejando pequeños besos sobre mis labios.

-Hazlo, porque necesito odiarte.- Dejó de besarme y abrió los ojos abruptamente.

-Lo siento mucho, Al… pero no puedo alejarme.- Me puse de pie y tomé mi teléfono. Ella me veía confundida.

-Ma, me quedaré en casa de Sam a ver películas. Mañana es sábado así que no hay problemas por la escuela.- Esperé la letanía de mi madre aunque sabía que al final accedería. –Sí, sí la próxima vez te aviso antes. Te veo mañana. Te quiero.- Le envié un mensaje a Sam pidiéndole que me cubriera; me debía un favor. Apagué el teléfono y lo aventé al sillón. –Toda tuya.-

Parecía que alguien hubiera encendido una llama en los ojos de Cristina, sus profundos ojos cambiaron de la preocupación a la lujuria en dos segundos. Sonrió, esa sonrisa que aparece cuando estamos en la cama; se puso de pie y caminó lentamente hacia mí. Se inclinó un poco para poder quitarme el vestido y dejarme sólo en ropa interior.

-Toda mía. Solo mía.- Su forma de verme me hacía sentir deseada, bonita, importante, todo en el aspecto físico pero no en lo emocional. Ella necesitaba saciarse… no quería que la amaran, mucho menos amar.

-¿Eres mía?- Pregunté mientras sus dedos jugaban con las tiras de mi sostén. Dejó su tarea un momento y me vio directo a los ojos.

-Sí, soy tuya.- Quería creerlo, necesitaba creerlo… aunque sea un segundo. –No lo pienses,- me tomó de la cara- siéntelo.- De nuevo atrapó mis labios con fuerza.

Me apretó a ella, sus manos vagaban por todo mi cuerpo, sus labios se comunicaban con los míos, su lengua me enloquecía. Estaba a su merced. Así como ella me quería tener, así como quería estar para ella. Aferrada a su cuello dejaba que las sensaciones que ella me producía se tatuaran por toda mi piel. No sabía cómo era el cielo pero estoy segura de que era algo muy cercana a esto.

-Quiero estar muy dentro de ti…- Escucharla hablándome así me excitaba más; esta mujer tenía una increíble facilidad para manejarse en la cama. Entonces recordé lo que me había dicho. Aprender, crecer y follar. ¿Habrá sufrido?

Tomé su cara, la acerqué a mí y la besé con ternura, lento, suave, sin ninguna prisa. Sus manos dejaron mis hombros y se quedaron colgados a sus costados. Estaba muy tensa. Lentamente bajé mis manos, recorrí sus hombros, sus bíceps, su antebrazo hasta lentamente entrelazar mis dedos con los de ella. Apenas y movía sus labios sobre los míos; intentó meter su lengua en mi boca pero no la dejé.

-No.- Me espanté al escuchar la solemnidad de su voz. Salió de la casa prácticamente corriendo; me quedé con la cabeza agachada y me vi únicamente con ropa interior. Si iba a dormir aquí sería mejor quitarme los zapatos.

Estaba por quitarme la segunda sandalia cuando Cristina entró nuevamente; su expresión era indescifrable, feliz no estaba, era obvio pero algo en ella estaba diferente. De un tirón se quitó el vestido y se puso algo que llevaba en las manos; hasta ahora me percataba de ello. Lo había visto en algunas películas lésbicas… strap-on. Sentí que la garganta se me secaba, tanto por el tamaño de esa cosa como por lo sexy que se veía Cristina con él puesto.

-Boca arriba en el piso.- Dijo con voz autoritaria. Terminé de quitarme el zapato, lentamente me bajé las bragas y me puse en el piso como ella me lo indicó.

Su mirada seguía llena de lujuria pero había algo más que no podía descifrar; se quedó un momento contemplándome. En un ataque de no-sé-qué-demonios llevé mi mano a mi sexo y exploré mis pliegues unos segundos para después jugar con mi clítoris. Cristina me veía atentamente, llevó sus dedos a su boca, los llenó de saliva y los bajó al miembro artificial que colgaba en su entrepierna. El simular la masturbación masculina casi hace que me corra.

Nuestros ojos nunca se apartaron, nos veíamos intensamente esperando a ver quién hacía el primer movimiento. No fue raro que fuera ella. Se arrodilló frente a mí a la vez que yo abrí más las piernas para darle mejor acceso. Volvió a llenar de saliva el miembro antes de acomodarse en mi entrada.

-Te gusta provocarme, ¿cierto?- Colocó la punta del pene dentro de mí y llevó el dedo pulgar de su mano izquierda a mi clítoris para jugar con él. –Contéstame.-

-Sí.- Cerré los ojos un momento. –Me gusta saber que provoco cosas en ti.- Se enterró un poco más en mí y solté un leve gemido.

-No tienes idea de lo mucho que provocas… no la tienes.- Mis manos se fueron a sus piernas para acariciarlas. Su mano libre vagaba por mi abdomen y amagaba con tomar mis senos. Elevé la cadera y el miembro se hundió un poco más.

-Sólo para ti.- La vi a los ojos mientras tomaba entre mis manos su mano. Ese fue su detonador, de pronto tenía sus fuertes brazos a lado de los míos y la extensión de ella muy dentro de mí. -¡Cris!- Me aferré a su espalda.

Era, por mucho, el intruso más grande que había tenido ahí abajo; dolor. Estaba en una delgada línea entre el dolor y el placer, tenía los ojos cerrados, mis dedos enterrados en la piel de Cristina. Entendió eso y se quedó un momento inmóvil con sus labios vagando por mi cuello. Cuando mi agarre en su espalda se suavizó comenzó a moverse lentamente.

Mis manos tocaban su espalda, sus brazos, se enredaban en su cabello, se aferraban a su cuello, no sabía ni qué hacer conmigo. El cúmulo de sensaciones era algo que nunca había sentido y es que al estar con Cristina cada vez se sentía como la primera. Siempre había algo nuevo, algo diferente, algo que excitara más que la primera vez y eso me volvía loca.

Su ritmo lento poco a poco se fue intensificando, las embestidas eran cada vez más fuertes y más profundas. Su cabeza aun enterrada en mi cuello. Intenté pasar mis piernas por su espalda pero con una mano me lo impidió y me ordenó que las mantuviera abiertas. No lo analicé simplemente obedecí. El calor era intenso, una fina capa de sudor apareció sobre la piel delicada de Cris y su respiración era cada vez más entrecortada. Como pude me incliné un poco para darle un beso en el cabello.

-No.- Segunda negativa de la noche. –Te estoy follando, no estamos haciendo el amor.- Y para probar sus palabras me propinó una estocada descomunal; sentí que me partiría en dos. –Estoy es lo que te puedo dar.- No me veía.

Sólo pude asentir. No tenía opción. No le diría que no ya que la tenía, literalmente, dentro de mí. Sacó el miembro hasta dejar solo la punta dentro de mí, esperó unos segundos antes de perderse de nuevo en mí. Era una sensación delirante y el saber que era ella me mojaba más. Sus pausadas penetraciones fueron acompañadas por mordiscos a mis senos. Ni siquiera se preocupó por quitarme el sujetador. Mordía con fuerza, como si quisiera darme a entender algo.

Cerré los ojos y me dejé llevar, segundos después explotaba en un delicioso orgasmo que se prolongó cuando Cristina me penetró rápidamente unas veces más sin dejar de jugar con mis senos. Aún dentro de mí se incorporó y buscó mis labios, los tomó con fuerza y su lengua inmediatamente buscó la mía. Los besos húmedos se extendieron por varios minutos hasta que la detuve.

-Así se siente ser prostituta.-

-¿De qué hablas?-

-Dar tu cuerpo a cambio de algo…- Pude ver un dejo de tristeza en sus ojos que rápidamente se convirtió en enojo.

-Fui clara contigo desde el principio.-

-Eso lo hace más fácil.- Dije sarcásticamente. De un tirón salió de mí, lo cual hizo que me retorciera un poco; estaba muy sensible.

-Hay ropa cómoda en la cama de la habitación de arriba. Me daré una ducha.- Cristina entró por una pequeña puerta de madera la cual cerró estrepitosamente.

Quería a esa testaruda mujer que entró a ducharse, quería todo de ella pero ella no quería nada más que sexo. Hace un mes mi vida era tranquila, solitaria hasta cierto punto, sin problemas, más que los de la escuela, y una que otra discusión con mis padres. Lo típico. Hasta que la conocí y puso mi mundo de cabeza.

He mentido, he faltado a clases por verla, he hecho cosas que en mi vida imaginé que haría; cosas que creí que haría sólo con la persona correcta pero la persona “correcta” se va en un mes. Caricias de lastima, de compasión, como las que se le dan a los perritos en la calle, eso es lo que he recibido de ella y con rabia me doy cuenta que las acepto. Soy una completa idiota.

Estaba semidesnuda y muy bien follada a las afueras de la ciudad sintiéndome miserable y con la persona más imbécil sobre la tierra. Y una parte de mí me decía que lo merecía por no confiar en mi primer instinto de que era un error. De que saldría lastimada; creo que no imaginé que se sentiría así de horrible.

Nuestro primer encuentro fue tierno, dulce, con el toque lujurioso de Cristina y hasta me dijo que le gustaba y de pronto se transformó en esta mujer distante, incapaz de recibir amor o de darlo. Me tendió una trampa y yo felizmente caí en ella. No lo soporté más y me eché a llorar. ¿Realmente creí que alguien como ella se fijaría en mí? Su lujuria necesitaba un receptáculo y yo estaba a la mano. Yo estaba cerca de ella y se aprovechó de eso. Soy un juguete más, al cual va a olvidar cuando se marche.

Escuché que la puerta del baño se abrió después de varios minutos que pasé llorando y regañándome por ser tan estúpida. Me hice bolita en el piso esperando que Cristina pasara de largo a la habitación y me dejara ahí tirada. No quería estar con ella, tenía suficientes motivos para odiarla y comenzaría a hacerlo. La escuché suspirar fuertemente, segundos después podía sentir la frescura que desprendía su cuerpo a unos centímetros del mío.

-La primera vez que me enamoré fue con él. Había tenido novios antes pero nunca me había sentido tan atraída a alguien como con él. Me hacía sentir bonita, sexy, me hacía sentir única… hasta que entendí de qué iba todo eso. Las atenciones eran por mi cuerpo, por mi imagen… todo en esta vida son las putas apariencias.- Tomó aire. –Me vi en la necesidad de cambiar de ciudad, para dejarlo todo atrás y comenzar de nuevo. Llevaba una vida, monótona, gris, me apegaba a lo que vine a hacer hasta que te vi parada junto al piano.-

-No sigas.- Le supliqué.

-Quiero que lo entiendas. Por favor.- No le dije nada; me quedé callada por unos segundos y lo vio como una señal para que continuara. –Tu cuerpo es tentación, tu cara es divina pero en cuanto comencé a tratarte y vi tu inocencia, vi los motivos por los cuales te mueves, vi como tratas a las demás personas… me vi. Vi lo que solía ser antes de él…-

-Y quisiste desquitarte, lo entiendo.- Se comenzó a reír.

-Caí ante ti, Al. Caí rendida a lo que tú eres… tu inocencia es una arma de doble filo, ¿sabes? Verte masturbándote ha sido de lo más erótico que he visto en mi vida.- Se acercó más a mí y me abrazó. –Me asusta lo que me haces sentir.-

-¿Por qué te portas así conmigo?- Las lágrimas seguía corriendo pero no con tanta intensidad.

-Quiero que me odies.-

-¿Por qué?-

-No tengo nada bueno para ti, Al.-

-Te equivocas…-

-Me conozco, lo voy a terminar arruinando.- Era inútil discutir con ella. Esta pequeña confesión lejos de ayudarme a aclarar el panorama lo hizo más turbio.

-Entonces aléjate de mí.-

-Lo haré, después de esta noche.- Sentí como se me estrujaba el corazón. Con un suave movimiento llevó la mano que me abrazaba a mi estómago y lentamente lo fue bajando a mi vientre, luego a mi monte de venus hasta llegar a mi sexo que aún estaba mojado.

Dos de sus dedos recorrieron los pliegues buscando empaparse; abría mis labios, aruñaba suavemente, amagaba con entrar en mí de nuevo. Las lágrimas y la amargura fueron reemplazadas por los gemidos que no se hicieron esperar. Cristina se pegó aún más a mí; abrí un poco más las piernas para darle más acceso.

-Eres preciosa, Al.- Susurró a mi oído antes de besar mi cuello con fervor. –Me encantas.-

-Cállate, por favor.- Las lágrimas amenazaban con salir de nuevo. No quería escuchar nada de lo que me decía. Nada.

Me concentré en lo que sus dedos me hacían, si sería nuestra última noche juntas lo menos que podía hacer era disfrutarlo. Cerré los ojos y me dejé llevar. La maestría de sus caricias era exquisita, simplemente exquisita. ¿Alguien que me toque como ella? Quizás. ¿Alguien que haga mi corazón latir como lo hace ella? No creo que pueda encontrar en esta vida o en las que sigan.

Y así una vez más me dejé llevar; la disfruté y ella me disfrutó. La mañana nos encontró desnudas en la sala de una pequeña cabaña, iluminando con sus rayos nuestros últimos segundos juntas.

Primera experiencia anal de una universitaria

Os voy a contar la historia de la desvirgación anal a una chica universitaria veinteañera.

Como cada mañana cogí el coche y de forma automática me dispuse a ir al trabajo, sin prestar mucha atención a lo que hacía. Somnoliento arranque y me puse en camino. Poco a poco me iba despejando, avanzando sin prestar mucha atención a lo que hacía. En una de las rotondas por las que pasaba con lentitud, de repente un coche me envistió y choco con el mío. Una vez pude rehacerme del susto inicial, Salí del coche de muy mal humor, mire los daños que me había causado. La verdad es que no eran muchos, había sido más el ruido que las nueces, en fin que se le va hacer. Miré en dirección al otro coche y me dirigí hacia él para que me diera sus datos. La chica que lo conducía era muy joven tendría unos veintitantos, era una chica muy atractiva, estaba muy nerviosa, apenas podía hablar con un poco de coherencia. Al verla tan nerviosa intenté tranquilizarla diciendo que no había sido nada y que dando parte al seguro asunto resuelto. Pero esto lejos de tranquilizarla la puso aun más nerviosa, provocando su llanto. Me quedé un poco desconcertado ante su reacción. Cuando se rehízo un poco me explico que no había pagado el seguro por un despiste y que en ese momento no tenía asegurado su coche. Le dije que aparcáramos y tomando un café le encontraríamos una solución y que estuviera tranquila. Cuando nos dirigíamos a la cafetería más cercana pude observar mejor a la chica. La verdad es que era un autentico bombón, con la minifalda y esa camiseta ajustada que llevaba dejaba poco margen a la imaginación. Recreando mi mirada pude contemplar el cuerpo fantástico y lleno de curvas que tenia la chica. Un culo macizo y rotundo, así como unos pechos de lo más voluminosos y voluptuosos, una melena castaña enmarcada en un rostro de los que provocan lujuria con solo mirarlo.

Bueno que se le va hacer, pensé, podía haber sido mucho peor, si hubiera sido un niñato o una de esas personas que nunca tienen la culpa de nada. Entre sorbos de café quede con ella en que daría el parte sin contrario y que pondría que me había encontrado así el coche, pero eso sí, que dejara de llorar y me invitara al café. Una sonrisa apareció en su rostro y me agradeció muchísimo como me había portado con ella. Así que me dispuse a despedirme de la chica y a seguir mi camino. Me levanté y me encontré un poco mareado. Leonor que así se llamaba la chica, me dijo que así no podía ir al trabajo que nos acercáramos a su piso hasta que se me pasara un poco el mareo. Porque no, pensé, por que llegará un poco tarde al trabajo no iba a pasar nada así que acepte su invitación. Cuando llegamos a su piso que estaba al lado de donde habíamos tenido el percance pude comprobar que era el típico piso de estudiante. Se lo comente y explico que estaba en lo cierto que ya le quedaba muy poquito para acabar administración y gestión de empresas. La chica era un encanto y muy divertida. No puede evitar mirarla con deseo cuando ella no se daba cuenta. No me hice ninguna ilusión pues con mis 41 años aunque me conservaba muy bien jugábamos en dos ligas distintas.

Así que después de un rato divertido con la chica le agradecí el té que me había tomado y me dispuse a marcharme. Le había caído muy bien a Leonor y me dijo que si pasaba algo si me tomaba el día que hacía tiempo que no se reía tanto y le venía muy bien. Me conto que había cortado con su novio hacia poco que desde entonces andaba algo deprimida, que me invitaba a comer si me quedaba y que era una excelente cocinera. Yo la verdad es que no tenía problemas por tomarme el día libre, desde que me divorcie tenía que dar muy pocas explicaciones cosa que agradecía infinitamente así que acepte su invitación. La comida fue muy agradable y risueña, en los cafés se fue acercando a mí y no pude resistir y la bese. Al ver que no oponía ninguna resistencia me fui creciendo en la intensidad de mi beso, mientras mis manos se deslizaban a sus pechos acariciándolos con suavidad. ¡Qué hermosura de pechos! Los pezones se pusieron erectos nada mas rozarlos, y entre suaves gemidos, mi mano fue descendiendo lentamente. Ella comenzó a acariciarme el pene por encima del pantalón, aumentando así me erección. Por medio de las caricias pudo comprobar la dimensión de mi polla que es bastante generosa, cosa que agradezco infinitamente a la naturaleza. Mi mano se coló por debajo de su falda y subió lentamente hasta su tanga, estaba muy mojado así que lo retiré para un lado y comencé a jugar con su clítoris, sus jadeos iban en aumento así como su deseo. Abrió la cremallera de mi pantalón y dejo escapar mi polla. La miro con deseo, pasando la lengua por sus labios, cogí su cabeza y la dirigí hacia mi polla. Se la trago de un golpe y comenzó a chuparla con autentico vicio, mientras yo le metía los dedos en su mojado coño, frotando con fuerza su punto g y su clítoris a la vez. Con mi mano agarre su pelo y le metí la polla profundamente en su garganta, esto lejos de no gustarle, la encendió aun más. Mientras dirigía su cabeza con fuerza en un sube y baja interminable, con mi otra mano me follaba su coño y su culo a la vez de forma salvaje, utilizando todos los trucos que sabía que eran muchos. Comenzamos a desnudarnos y me pidió que continuáramos en su cama. Ya en se cama ella se subió a mi polla y se la clavo muy lentamente. Disfrutaba de cada centímetro de polla que le metía. Quiero que te pongas muy puta, le dije. Soy tu puta, tu zorrita, Me contesto mientras movía sus caderas en circulo, clavándose todo lo que podía de mis 19 cm de ancho pene. La cogí de las caderas y comencé a follármela con fuerza, ella comenzó a jadear y gozar. Me tienes llena cabrón, rómpeme el coño, soy tu puta, a cada frase que decía me iba poniendo más cachondo y morboso. Le hice que se masturbara el clítoris mientras me la follaba, a los pocos segundos arranque su primer orgasmo, sus gritos y jadeos aumentaron, apenas podía hablar. Seguí follándomela así, no la dejé rehacerse de su orgasmo. Amasando sus tetas y estirando sus pezones, azotando con palmadas su culo. Ella encadenó uno orgasmo tras otro, mi polla ardía avisándome que no podía aguantar infinitamente.

Morboso perdido le pedí que se la metiera en el culo de una forma muy autoritaria, esto pareció desconcertarla un poco pero lo hizo. Puso la punta de mi polla en su culo, estaba muy mojada de los jugos de su coño y muy lentamente se fui abriendo su ano. Cuando mi glande entró sentí como su flexible ano se ajustaba a él y poco apoco fue metiéndola. Cada centímetro de polla que le introducía era una deliciosa tortura para mi, cosa que ella, pareció excitarla cada vez más. Así que cuando la tenía a medias, de un golpe, se la introdujo parando cuando tuvo toda la polla ajustada en su culo. Yo comencé acariciar su clítoris y le pedí que ella también lo hiciera y metiera sus dedos en su coño. Comenzó follándose su coño de forma frenética, metiendo dos dedos mientras mi polla disfrutaba de su culo. la excitación fue subiendo otra vez pero mucho más salvaje, comenzó a bombearme la polla con su culo, al principio muy lentamente, pero su ritmo subía muy rápidamente. Yo le decía que me encantaba abrirle el culo y ella apenas podía responder entre jadeos y gemidos. Cuando comenzó a tener un orgasmo bestial y descontrolado, me deje llevar, corriéndome copiosamente en su culo. A cada golpe de ardiente semen que introducía en su culo, su respuesta era un aumento de sus gritos y jadeos , apretando aun más mi polla con su culo. Extenuados nos recuperamos en la cama, ella me confesó que era virgen por el culo y que jamás hubiera pensado que se podía disfrutar tanto. Desde entonces somos amigos con derechos, con muchos derechos.

En mi luna de miel el mirón me puso más cachonda

-“Que feo aun llueve cariño… no creo que podamos salir por ahora “, le sugerí a mi esposo.

-“Ya casi escampa… ya se acaba y podremos ir a la playa..”, me respondió Carlos con deseos de salir del hotel y pasar el rato de la tarde en las hermosas y espectaculares playas de San Andrés.

Nos encontrábamos con Carlos celebrando nuestra luna de miel desde hace tres días. El con 27 años de edad y yo con 23 años de edad, hacíamos nuestro sueño realidad y finalmente nos casamos y nos jurábamos amor eterno.

Carlos es de complexión mediana, cuerpo grueso por varios años antes de ejercicio, 1.65 m de estatura, ojos cafés, piel canela y calvo. Desde que lo conocí me fascino. Luego durante el tiempo que estuvimos en la Universidad tuvimos una relación difícil pero gracias a nuestros deseos de continuar con lo que nos habíamos prometidos, pudimos conservar nuestra relación. Ahora finalmente, desde hace 3 días, éramos esposos y teníamos muchos planes para el futuro.

-sintiéndome su esposa y con las ganas de compartir todo me dieron ganas de jugar un poco con Carlos ya que no podíamos aun salir y me atreví a decirle “Mi vida por que no mas bien esperamos a que deje de llover y mas bien me consientes….”, siendo sugestiva en mi hablar y mis movimientos soltándome el brassier de mi bikini y dejando mis tiernas y pequeñas tetas solo para sus ojos.

A pesar de que habíamos hecho el amor las pasadas tres noches quería romper con la rutina de tener sexo solo en la cama. Estábamos en la habitación del hotel en frente de las hermosas playas de esta paradisiaco lugar y eran las 11:30 am. Afuera una ligera lluvia echaba a perder los planes de bañarnos en la playa así que tuve la idea de hacerlo con Carlos de nuevo.

Los pasados tres días habían sido similares. Nos levantábamos tarde en la mañana, almorzábamos en el restaurante del hotel, luego en la tarde paseábamos por la Isla o salíamos a centros cercanos y en la noche cenábamos, caminábamos por la playa y luego regresábamos al hotel para pasar las siguientes horas abrazados en la cama con nuestros cuerpos desnudos haciendo el amor hasta ahí muy recatados algo de sexo oral y el arriba y luego yo abajo y así nada mas.

Estábamos recién casados y finalmente tendríamos la oportunidad de organizar nuestras vidas como lo habíamos deseado desde el principio. Y claro, nuestros cuerpos no tendrían ninguna limitante y nos entregaríamos el uno al otro.

No te que ha Carlos le había gustado que intentara excitarlo mas cuando nunca de novios había intentado salirme de mi papel de Novia tierna e inocente, por eso me quise aventurar a ver que podía yo generar en él, -“Ven cariño… ayúdame con la tanga…”, le pedí a Carlos acercándome al balcón de la suite sin darme cuenta pues iba de espalda cuando escuche que me decía –“Estas loca?”, me dijo Carlos al ver que me acercaba al balcón con mi torso desnudo exponiendo mis diminutos senos y luciendo esa delicada tanga de mi bikini, la verdad sentí un cosquilleo y me di cuenta que su reacción me excito más a mi a pesar de ver que él mas que reprocharme lo que quería era ver si era capaz de asomarme desnuda al balcón.

Nuestra suite era en los pisos elevados del Hotel y éste daba con vista hacia la playa, por lo cual pensé que no era fácil que alguien nos viera o de pasar no nos podría reconocer fácilmente, y su acción fue para mi como una orden ha acercarme al balcón y asomarme, di unos pasos cortos primero contoneándome en búsqueda de su deseo y al llegar a la baranda brevemente me asome y al ver turistas en la playa me alcanzo a dar miedo de que me vieran y muy disimuladamente me voltee hacia él para quedar de espaldas, en el balcón había una pequeña silla.

Con voz sensual hice mi petición -“Mi vida… bájame la tanga y regálame esa verga”, le pedí a mi esposo doblando mis rodillas sobre la silla y quedando en cuatro, posición que le gustaría a Carlos porque desde ahí podría ver mi colita y mi cosita que lo volvía loco; yo sabia que allí ya estaba él salido y muy excitado porque jamás me había escuchado pedirle algo así y menos referirme a su miembro como verga.

En las pasadas tres noches la rutina del sexo también había sido la misma. Carlos me preparaba acariciándome y tocándome, luego me desnudaba, jugaba con mi clítoris un rato y cuando yo ya estaba lubricada me penetraba y no me cambiaba de posición hasta que en lo profundo de mi vagina no reposara la primera carga de su esperma.

Durante el tiempo que fuimos novios, Carlos fascinado por mi trasero, siempre me lo acariciaba y hasta en algunas ocasiones me daba besitos en mi ano, pero jamás se atrevía a darme la vuelta o pedirme que lo dejará penetrarme por allí y no se cansaba de repetirme que mi colita era única.

Cuando estaba en la Universidad me di cuenta que mi cuerpo atraía miradas; Mi juvenil cuerpo reflejaba la dedicación a la gimnasia la cual practique cuando niña y después deje, Luego en la universidad complementaba mis estudios dedicando tiempo al gimnasio donde hacia ejercicios cardiovasculares y trataba de mantenerme en forma. Mis 1.63 m de estatura contrastaban con mi busto pequeño y mi colita redonda y paradita que atraían la atención de mis amigos y compañeros de estudio. A pesar de que mis senos eran muy pequeños, mi trasero era por supuesto de su interés y me molestaba mucho que miraran mi culo como un objeto sexual. Luego de terminar mis estudios, hace dos meses empecé a trabajar en una firma y allí mi jefe y el dueño de la compañía ya me acosaban pensando estúpidamente que algún día me llevarían a la cama. Era muy obvio su interés por tener mi trasero solo para sus vergas.

Mi fidelidad con Carlos seguía vigente y no estaba dispuesta a engañarlo y mucho menos ahora que estábamos casados, pues desde que lo conocí solo había estado con él, fue el primero y ahora sería el único. Voltee a mirar y vi como él se bajaba su pantaloneta dejando su verga lista.

Mis palabras generaban un efecto erótico y yo estaba suelta usando fraseos que jamás me había escucho pronunciar, –“Anoche te viniste muy rápido corazón… por eso quiero que me des duro Carlos.. quiero sentirte, quiero ver tu verga bien adentro de mi, dámela toda!!..”, le dije a mi esposo terminándome de acomodar sobre la silla; En ese instante llena de placer y deseo por ser penetrada y con la verga de Carlos acercándose a mi vagina por la espalda tuve una sensación que en medio de mi excitación me produjo una ansiedad y temor que nunca había sentido en mi vida, pues al volver la mirada hacia el frente me percate que en el balcón de la suite de al lado había un hombre joven que nos miraba, y que al ver que lo descubrí espiándonos se escondió entre la columna que separaba su balcón del nuestro.

Aun no se que paso, o porque no reaccione y le conté a Carlos lo que acababa de descubrir, pero estaba tan excitada y en mi mente solo estaba mi deseo de que Carlos me metiera su verga y me hiciera suya allí mismo, hicieron que por el contrario anhelara que nuestro mirón volviera a asomarse; -“Wow….. Todo los de tu oficina debe estar envidiándome en este momento, cuantos quisieran poder meter su lengüita en cualquiera de tus agujeritos ricos”, dijo Carlos al bajarme la tanga y dejar expuesta mi vagina, mis nalgas y mi ano solo para sus ojos y con su verga casi lista para penetrarme, nuestro mirón volvió a asomarse con miedo y deseo de gravar en su mente lo que ni el podía creer que estaba viendo, y por un instante mientras mi esposo me lamia mi vagina y mi ano oportunidad que no iba a perder, se cruzaron nuestras miradas y nos quedamos viendo por un instante a los ojos, instante en que tuve que emitir un gemido que me hizo convulsionar y temblar las piernas del placer que sentía, por un lado mi marido dándome placer y por el otro mi fiel testigo del placer que sentía y hacia que por primera vez pensara el en deseo de que me vieran desnuda sintiendo placer y comportándome como un guarra para los dos. -“..Y ese jefe tuyo daría cualquier cosa por tenerte así…”, agrego Carlos empezando a lamerme la vulva y jugar con mi clítoris, sin pensar en lo que estaba pasando a su lado.

Mientras la lluvia cesaba y el sol aparecía resplandeciente sobre la playa, disfrute al sentir como la verga de Carlos me penetraba, mi mirón no perdía detalle de cada horcajada, y como dando por cierto que al yo permitirle verme sintiendo placer, le daba permiso para que él también sintiera placer, mi mirón se saco su verga y comenzó a frotársela sin quitarme la mirada y se asomaba y se escondía para que Carlos no lo descubriera y se acabara nuestro juego de morbo y deseo, cuando Carlos acelero las penetraciones supe que ya estaría en el momento de llenarme con su leche, yo gemía con mas fuerza para que mi cómplice entendiera que ya estamos por llegar, “ siii… dame mas duro dame tu leche, quiero que me des tu leche” le decía yo a mi esposo pero mirando a los ojos a mi mirón a tal punto que este también termino y de manera descarada apunto su eyaculación hacia donde estábamos, no alcanzo a llegar obviamente, pero en mi propino que me sobresaltara como un acto reflejo, acto que disimule con mi orgasmo que se adelanto por el placer de lo que acababa de pasar, haciendo que Carlos también llegara, nuestro acto duro por casi media hora y me dio dos deliciosos orgasmos, sin que la sensación de placer se me quitara al ver el vidrio del balcón nuestro manchado por el semen de nuestro mirón aunque yo haya sido la única que lo disfruto.

En medio de nuestro placer y por la efervescencia del momento mi esposo mascullo con cierto recelo –“Yeymy amor… me vas a dejar esta noche ser el primero en disfrutar esta belleza?”, me pregunto Carlos retirándome su verga de mi vagina y pasando sus dedos por el hoyo de mi ano muy sutil mente. Y al ver que mi reacción no fue de rechazo sino de un leve espasmo continuo con mas valor -“tu Sabes bebe, cuantos hombres desearían tenerte así en esta posición, desnuda, con esos hermosos labios vaginales brotando de tu cuerpo como una deliciosa fruta lista para ser comida y ese sensacional trasero escondiendo tu mas preciado tesoro?… Sabes cuantos hombres desearían penetrar esta hermosura..?”, volvió a preguntarme Carlos mientras sus dedos acariciaban el hoyito de mi culo.

Durante los años de noviazgo Carlos siempre me acaricio el trasero como insinuando querer tener sexo anal pero nunca tome la decisión de permitir que su verga entrara dentro de mi culo; siempre me parecía muy doloroso que su verga entrara en mi estrecho ano solo para calmar el deseo sexual que le generaba ver mi parado y moldeado trasero. Me parecía una locura dejar que él me hundiera su verga en mi culo solo para saciar los celos que le causaba ver como los compañeros de mi oficina, mi jefe y mis amigos miraban mi trasero como un delicioso fruto prohibido y fetiche de placer, por eso el quería tener ese placer, inclusive se que mas de una vez alardeo en que ya lo había conquistado, y como era mi Novio y estábamos comprometidos jamás le hice saber que ya lo sabia.

-“No cariño…se que me miran deseando mi trasero, pero no.. no estoy lista para eso mi vida tenme paciencia y será tuyo”, le respondí mientras me ponía de pie, me colocaba mi brassier de nuevo, me acomodaba la tanga, me colocaba un pantalón corto de lycra que se moldeaba a mis piernas y con mi sombrero de sol, salíamos a la playa a disfrutar del resto del día.

Las bragas de mi madre nos llevan al incesto

Todo empezó por unas bragas que mi madre dejó en el suelo del baño, nunca lo hacía, pero aquella vez con las prisas allí las dejó. Yo tenía diecisiete años y mis hormonas me impulsaban a todo aquello que me parecía pervertido y caliente. Muchas noches veía vídeos porno en Internet y ver aquellas bragas usadas me produjo una gran excitación. Las cogí y las olí.

Así fue como empezó mi obsesión con las mujeres maduras. Mi nombre es Pedro, con dieciocho años andaba detrás de conseguir llevarme una mujer madura a la cama. Mi mente siempre estaba caliente imaginando situaciones en las que pudiera hacer realidad mi sueño. Sólo conseguía calentarme hasta tal punto, que las pajas era algo que tenía que practicar todos los días. Pero todo cambió el día que…

– ¡Hola mamá! – Dije cuando llegué a casa tras salir con los amigos un buen rato.

Era invierno, aquel sábado había salido un poco con los amigos y cuando llegué me encontré con mi madre y nuestra vecina Adela. Adela me daba la espalda, sentada en el sillón y hablando con mi madre. Ella me saludó levemente y me señaló hacia la habitación para que las dejara solas. No pude escuchar lo que hablaban, pero un rato después Adela se marchó y mi madre me llamó para hablarme.

– Pedro, nuestra vecina ha tenido una pelea muy grande con su marido y no se atreve a dormir en su casa, aunque él se haya marchado. – Me agarró la mano y me miró como pidiéndome un favor. – Cambia la ropa de tu cama y recoge la habitación lo mejor posible, ella dormirá en tu cama y tú dormirás conmigo.

– ¡Sí, claro mamá! – Le contesté poniendo cara de aflicción, mientras por dentro sentía la excitación de dormir en la misma cama con mi madre.

No tardé mucho en cambiar la cama y recoger todo. Después fui a la habitación de mi madre y observé su cama, imaginando a los dos allí, bajo la misma sábana. Sólo de pensarlo produjo una gran erección de mi polla.

– Hola hijo. – Dijo Adela cuando entró en casa seguida de mi madre. – Laura, te agradezco profundamente el favor qué me estáis haciendo y os pido perdón por ello… Mañana llegará mi hermana desde el pueblo y se quedará conmigo para ayudarme. Os pido perdón de nuevo…

– No te preocupes mujer. – Mi madre la abrazó en señal de protección. – Mi hijo es fornido y todo un hombretón, él nos protegerá. Ahora es mejor cenar y después te acuestas a descansar.

Las dos se marcharon a mi habitación y yo las observé caminar. La situación era muy tensa en casa de nuestra vecina, pero más tensa era la presión que se producía en mis pantalones al ver aquellos culos que se meneaban caminando por el pasillo. Mi madre tenía cuarenta y tres años y Adela ya había alcanzado los cincuenta, pero ya os dije que las mujeres maduras me volvían loco desde que encontré las bragas de mi madre.

Un rato después, las dos se metieron en la cocina. Las escuchaba hablar mientras cocinaban, así llevaban desde que Adela llegó a casa. Hablaban y hablaban. Nuestra vecina le contaba cosas y mi madre intentaba consolarla y darle ánimos. Mientras comíamos, me fijé en los hermosos ojos de nuestra vecina. De vez en cuando se quitaba las gafas, cuando las lágrimas asomaban levemente en sus ojos. Mi madre la acariciaba y la animaba. Eran impresionantes las dos voluminosas tetas que tenía Adela, casi el doble de las de mi madre. Meter allí la polla debía ser la gloria.

– Si no os importa, me iré a la cama… – Dijo Adela recogiendo sus platos para llevarlos a la cocina.

– ¡Deja eso! – La paró mi madre. – Ve y descansa… Lo necesitas. Mañana verás todo de otra manera.

– ¡Gracias Laura! – Le dio un beso a mi madre. – ¡Gracias Pedro! – Se acercó y aproveché para ver el canalillo de sus tetas mientras me besaba en la cabeza. Desapareció por el pasillo y escuchamos cerrar la puerta de mi habitación.

Tras recoger todo, mi madre y yo nos sentamos en el salón a ver la televisión. Todos los programas eran muy aburridos.

– Pedro, la tele es un aburrimiento… ¡Me voy a dormir! – Aquello me cogió por sorpresa y casi no reacciono a tiempo.

– La verdad es que sí… ¿Te importa si me acuesto yo también?

– ¡Por qué me iba a importar! – Me miró con cara extrañada.

– Oh… no sé… – Quedé como un estúpido con aquella conversación.

– ¡Vamos idiota! – Me dijo dándome un leve golpe en la cabeza. – Voy al servicio, ponte el pijama y acuéstate, ahora voy.

Se marchó al baño y yo me levanté rápidamente para que viera la prominente erección que tenía. Me puse mis calzonas, ese es mi pijama normalmente, y me metí dentro de la cama esperando ver a mi madre. Mi polla estaba totalmente erecta, imaginándomela con una ropa liviana, casi transparente, a través de la cual podría intuir sus maravillosas redondeces… Iba a reventar con aquella excitación.

Cuando entró en la habitación, llevaba aquel caliente pijama de franela, aquellos pantalones que le cubrían hasta los tobillos y aquella especie de chaqueta que no dejaban la más mínima imagen para la imaginación calenturienta de su hijo.

– Hace mucho tiempo que no duermes conmigo… – Sonrió recordando cuando yo era un niño y me abrazaba a ella para dormir cuando tenía miedo. – Ya eres todo un hombrecito y yo llevo sin dormir con un hombre mucho tiempo… – Aquella frase y su sonrisa me parecieron las más sensuales del mundo y mi corazón se aceleró por la excitación. Destapó la cama y se metió dentro. Se tapó y me dio la espalda. – La cama no es demasiado grande, así que por tu brazo bajo mi cuello. – Levantó la cabeza y esperó que pusiera mi brazo. – Pégate a mí y pasa tu otro brazo por mi cintura… – Me esperó y cogió mi mano para apoyarla en su redonda barriga. – ¡Así dormiremos calentitos!

Yo desde luego ya estaba muy caliente. Tenía a mi madre entre mis brazos, pegada a mi cuerpo. Mi polla estaba totalmente erecta y la separaba de su cuerpo para que no notara mi evidente erección. Ella se agitaba buscando una postura cómoda mientras cruzaba los dedos de su mano con los de la mía que descansaban en su barriga. Su pelo me daba en la cara, en la nariz y me hacía cosquillas. Resoplé para intentar apartarlos pero no pude.

– ¿Te molestan mis pelos?

No dijo más. Con las manos cogió todos sus pelos y los pasó por debajo de su cuello. No había mucha luz en la habitación, pero podía ver su cuello desnudo, justo al alcance de mi boca. Deseaba besar y saborear la piel de su cuello. Me aproximé y su olor me invadió. Sólo tenía que acercarme un poco más y darle un suave beso, mi excitación aumentaba y mi respiración más intensa.

– ¡Ah, me haces cosquillas en el cuello con tu respiración! – Me dijo.

– Perdona mamá… – Mi cuerpo vibraba por aquella situación. – Es la primera vez que duermo en una cama con una mujer y no sé como colocarme…

– ¡Espera! – Se giró y quedó boca arriba, entre mis brazos. – ¡¿Así mejor?! ¡Pégate a mí y dame calor! – Si no fuera mi madre, hubiera pensado que me pedía otra cosa.

Entonces la abracé por encima de su cuerpo, aferrándome a ella, pegándome todo lo posible para que mi cuerpo la calentara. Sin pensar, subí mi pierna por encima de las suyas. Mi pene erecto se posó en sus caderas.

– ¡Uf hijo, qué calentito! – Me dijo agitándose y casi ronroneando.

– ¡Es un placer abrazarte, hueles muy bien!

No dijimos más y nos quedamos abrazados y en silencio. Poco después, sentí que mi madre se había dormido, su respiración acompasada, su brazo había caído desde mi mano hasta el colchón. Mi erección no había bajado en todo aquel tiempo, deseando agitarse contra el cuerpo de mi madre. Aquello era insoportable y pensé en levantarme para hacerme una paja, pero quería estar allí, junto a ella, sintiendo su cálido cuerpo.

Mi excitación era insoportable, pero deliciosa. Deslicé mi mano por encima de su cuerpo, suavemente. Sentí los redondos volúmenes de sus pechos y posé mi mano sobre uno. La dejé quieta, sin moverme, casi sin respirar disfruté del contacto de su seno por encima de la tela. Iba a explotar en un salvaje orgasmo. Moví de nuevo mi mano hasta encontrar el filo inferior de su chaqueta. Sutilmente moví los dedos hasta colocarlos por debajo de la tela, ahora tocaba el pantalón de su pijama. La fui desplazando poco a poco, centímetro a centímetro me introducía por debajo de sus ropas. Todos mis sentidos se concentraban en el tacto de mi mano, en su respiración, en sus movimientos y la hermosa cara que tenía mi madre mientras dormía.

Un calambre de excitación recorrió todo mi cuerpo cuando mi mano tocó la suave piel del vientre de mi madre. Lo acaricié despacio mientras subía poco a poco por su cuerpo. Llegué a su ombligo y lo acaricié suavemente. Estaba profundamente dormida y no se movía. Aquello me tenía totalmente erecto, cómo nunca antes lo había estado y su quietud me animó a seguir explorando su cuerpo. Subí un poco más y toqué sus costillas. Un poco más arriba estarían sus hermosas tetas esperándome a que las tocara. Me moví un poco más y las yemas de mis dedos chocaron con las tiernas carnes de sus pechos, no tenía sujetador, mi calentura aumentó.

Ya sólo me quedaba escalar aquellos impresionantes montes de suave piel y alcanzaría las tostadas cimas de sus pezones. Inicié la escalada con igual miedo que excitación ante el posible despertar de mi madre. Mis dedos se abrieron para conquistar aquel sensual monte. Mientras cuatro de ellos la tomaban por un franco, el otro dedo se aproximaba por el lado contrario. ¡La cima sería conquistada en breve! Ya podía sentir su pecho descansando en la palma de mi mano.

Súbitamente mi madre se movió. No tuve tiempo de sacar mi brazo de dentro de su pijama. Se giró y quedó de espaldas a mí, con su redondo y hermoso culo apuntándome. Quedé helado y no pude reaccionar. Su brazo superior lo llevó atrás y asiéndome por mi cintura, me empujó contra ella mientras su culo empujaba contra mí. ¡Casi me corro cuando sentí el roce de su culo!

Mi mano, aún dentro de su pijama, se posaba sobre su barriga. Ella había quedado de lado, dándome la espalda y con su mano en mi cintura tras haberme empujado. Moví mi mano y la desplacé por su suave piel en busca de mi deseado monte. De nuevo mis dedos rodeaban mi objetivo, de nuevo subían por sus laderas hasta alcanzar su cima, sus pezones.

El dedo índice fue el elegido para conquistar aquel pezón. Se aproximó haciendo círculos hasta tocar el erecto pezón. No lo podía ver, pero lo notaba erecto y muy grande ¡quién pudiera mamarlo de nuevo! Sin poder controlarme, de vez en cuando mis caderas aplastaban mi polla contra el culo de mi madre, suavemente, mientras mi dedo no paraba de jugar con aquel pezón.

Su suspiro me detuvo en seco. Quedé con mi polla sobre su culo y mi mano sobre su pecho, no sabía qué pasaría si me descubriera, pero mi excitación era tan grande que no podía retroceder en mi conquista. Tal vez estuviera teniendo un sueño erótico, pues su culo se agitaba levemente, como si disfrutara de tener mi polla erecta contra él.

Entonces pensé en su sexo. ¿Estaría excitado cómo sus pezones? Siempre había escuchado hablar de un coño húmedo por el deseo. ¿Estaría mi madre así con su sueño? Con la misma suavidad con la que subí, abandoné aquel cálido monte y bajé por su cuerpo hasta encontrar la frontera que separaba su pubis de mi lujuriosa mano. Tanteé el filo del pantalón hasta que pude meter mis dedos por debajo. Aquella misión era más difícil y delicada. La prenda dificultaba que los furtivos dedos pudieran entrar, cualquier molestia o agitación podía despertar a mi madre y todo se perdería.

Los cinco comenzaron a moverse bajo el pantalón, poco a poco, con dolor en mi muñeca por la postura forzada que tenía que adoptar. Llegué al último obstáculo que me separaba de su sexo, del deseo que sentía por mi madre. El elástico de sus bragas no opuso resistencia a que los cinco pasaran por debajo. Se movieron sigilosamente en busca del deseado premio, su misión era explorar la entrada del sexo de mi madre, y ellos se lanzaron a conquistarla.

Sólo el tacto me guiaba en aquella lujuriosa noche, mis dedos bajaban poco a poco hasta sentir los pelos que custodiaban la entrada de su cueva. Si bien no la podía ver, parecía que aquella selva era diminuta y me pregunté si tal vez ella se depilaba. Pero la misión debía continuar y me olvidé de la cantidad de pelo, para concentrarme en conquistar su sexo.

Y llegué al límite físico de mi madre, mis dedos no podían avanzar más. Sus muslos estaban uno sobre el otro y escondían su sexo cómo el tesoro que era. Mi dedo corazón intentó explorar el camino, era imposible, aquella selva se perdía entre los muslos infranqueables de mi madre. Estaba tan cerca y tenía que rendirme. Tal vez si empujaba con mis dedos su muslo conseguía que me dejara paso hasta su tesoro… Pero decidí acariciar aquella zona mientras mi polla se agitaba suavemente contra su culo.

Y de nuevo me asusté. Con un movimiento más abrupto que la vez anterior, mi madre giró su cuerpo y quedó de nuevo boca arriba. Me moví asustado e intentando acomodarme a su cuerpo. Mi corazón latía rápidamente, pero mi mano no se apartó de su sexo. Cuando dejó de agitarse, me acomodé a su cuerpo y volví a pegar mi polla contra sus caderas. Mi mano, esos cinco valientes que conquistaban furtivamente el cuerpo de mi madre, no se habían retirado, querían cumplir su misión.

Ahora fue el dedo corazón el elegido para culminar la conquista. Bajó por la selva para comprobar que sus muslo se habían separado lo suficiente para seguir con su camino. Cuando el camino de pelos terminó, mi dedo acarició un gurruño de carne caliente, eso tenía que ser sus labios vaginales. Con suavidad se deslizó para sentir su tacto, para explorar si su maduro sexo estaba mojado cómo tantas veces había escuchado que les pasaba a las mujeres cuando eran excitadas. Recorrió unos centímetros y los dos muslos que unos minutos antes obstaculizaban el conquistar de su sexo, se abrían un poco más para que aquellos conquistadores pudieran entrar.

No sabía lo que hacía, sólo quería tocar a mi madre en sus partes más íntimas sin saber bien qué debía hacer. Mis dedos intentaron que sus labios se separaran, lo había visto en alguna película porno y esa era mi única experiencia. Los movía encima sin conseguir que aquellas carnes se separaran, pero a cambio mi madre parecía gimotear en sueños ¡qué estaría soñando mientras yo la tocaba!

Seguí agitando mis dedos y pude notar como un bulto en el principio de su coño. ¿Sería su clítoris? Aproximé mi dedo y noté que allí sus labios estaban separados. Poco a poco mi dedo índice se colaba entre sus labios y comprobaba que su coño estaba mojado, sin duda ella estaba excitada por su sueño y mis caricias. Continué y dos dedos consiguieron separa los labios y dejar el interior expuesto a mis caricias. Aquella piel era muy suave y estaba mojada. Deslicé un dedo por toda su raja y sentí el calor que brotaba de su vagina. El dedo corazón se lanzaba a explorar el interior caliente y peligroso de mi madre. Empujé un poco y mi dedo empezó a hundirse, poco a poco, cada vez más dedo entraba en ella. Al momento las caderas de mi madre empezaron a agitarse levemente y mi mano se agitó al mismo ritmo haciendo que el dedo la penetrara.

Los leves gemidos que estaba dando y sentir mi dedo hundirse en su vagina, iban hacer correrme. No sé cuánto tiempo duró aquello, pero el cuerpo de mi madre se tensó por un instante y después se giró con violencia, obligándome a sacar mi mano de su caliente sexo. Me iba a correr y su movimiento había liberado mi otro brazo. Me levanté intentando no despertarla y me marché casi corriendo al baño. Salí al pasillo con mi polla fuera de las calzonas que utilizaba como pijama, erecta y a punto de lanzar mi semen. Entré en el baño y encendí la luz, levanté la tapa del inodoro y mientras una mano agitaba mi polla, la otra iba a mi nariz para oler los flujos que mi madre me había regalado. Dos sacudidas fueron suficientes para lanzar los mayores y más fuertes chorros de semen de mi vida. Creí que caerían en el blanco fondo de la taza, pero el primero chocó contra la pared de enfrente mientras olía el coño de mi madre recordando su suave tacto.

Después de limpiarme y limpiar todo el semen que se había desbordado, volví a la habitación de mi madre. Ella estaba dándome la espalda, y en cuando me tumbé, ella se giró y se abrazó a mí, haciendo que yo la abrazara a ella. Su pierna se colocó sobre mí, sobre mi polla que ya había menguado y los dos dormimos toda la noche.