Hablando de guarradas con una amiga

Me llamo Lucía, tengo 27 años y desde hace un año soy asidua de esta página, me gusta mucho leer los relatos y me sorprendió mucho los relatos que había de lesbianas, la verdad me gustaba la idea de estar con una mujer, siempre me ha atraído pero sólo en mis fantasías, pero al leer los relatos pasó de ser una fantasía a algo casi obsesivo, pero no encontraba la ocasión y esta ocurrió el verano pasado.

Soy morena, no muy alta, 1,68, y algo rellenita, no tengo un cuerpo escultural, pero tengo unas tetas grandes y hermosas y mi culo también es hermoso, tengo novio, se llama Juan, desde hace 6 años, con el que mantengo relaciones sexuales satisfactorias, pero como les dije antes siempre he fantaseado con tener una relación con una chica, mi novio no lo sabe, y por el momento no se lo voy a contar.

Todo pasó el verano pasado, después de leer varios relatos de lesbianas me entraban ganas de hacer realidad mi fantasía, pero no estaba segura de con quién hacerla realidad.

Mi novio y yo alquilamos un chalet en el campo con otra pareja, Lola y David, Lola es una chica muy guapa, es más alta que yo, rubia, sus tetas no son tan grandes como las mías, pero las tiene muy bien puestas, y su culo es impresionante, después de estar allí unos días se me ocurrió la idea de intentar hacer realidad mi fantasía con Lola.

Un domingo por la mañana Juan y David se fueron de cacería temprano, les gusta mucho este deporte, y Lola y yo nos quedamos en el chalet, nos levantamos sobre las 12 de la mañana, preparamos el desayuno y después de desayunar nos dimos un baño en la piscina, un rato después estábamos las dos tendidas en el césped tomando el sol.

Empezamos a hablar de cosas sin importancia, hasta que poco a poco fui metiendo el tema de la homosexualidad, muy de moda por entonces, pues había noticias de que se iban a legalizar los matrimonios entre homosexuales, tanto de hombres como de mujeres, ella me dijo que le parecía bien, que cada persona es libre de hacer lo que quiera con su vida, yo cada vez le preguntaba cosas más directas, como si ella admitiría una relación con otra chica, se quedó callada y pensé que había ido demasiado lejos pero su respuesta fue afirmativa, me contestó que si a ella le gustara una chica no se lo pensaría dos veces y que le daría igual lo que pensaran los demás.

Yo no sabía cómo reaccionar, mi fantasía se podía hacer realidad y con una chica guapa como Lola, ella me miró y me dijo que por qué le preguntaba eso, que si a mí me gustaban las chicas, me puse colorada y ella empezó a reírse, yo le contesté que tenía una fantasía pero que no estaba muy segura de querer hacerlo.

Lola entonces se incorporó y mirándome a los ojos me dijo: si quieres podemos probar, este comentario me dejó perpleja, no esperaba esa reacción de mi amiga, no sabía qué contestar, pero antes de poder reaccionar Lola se había acercado a mi cara y me estaba besando en la boca, no supe qué hacer, pero al sentir sus labios cálidos tocar los míos me dejé llevar y abrí mi boca para recibir su lengua, experimenté algo nuevo al sentir esa lengua explorar mi boca, juntarse con mi lengua y jugar, entonces Lola se separó de mi un poco y me dijo al oído: estaba esperando este momento desde hace tiempo.

El comentario me dejó aún más indecisa, pero ya había jugado mis cartas y no podía echarme hacia atrás, así que decidí seguir con el juego.

Lola empezó a besarme el cuello, esto me enloquecía, pasaba sus manos por mis pechos, los acariciaba por encima del bikini, mientras su lengua exploraba mi cuello y orejas, yo estaba experimentando algo totalmente nuevo y me dejaba hacer.

Me quitó con mucho cuidado la parte de arriba del bikini y aparecieron mis grandes tetas coronadas por unos grandes pezones oscuros, totalmente excitados por las caricias, su lengua se deslizó hasta ellos y empezó a succionarlos con rapidez, yo me estremecía de placer con esas caricias y Lola se daba cuenta que me gustaba, por lo que no paraba de besar y morder mis pezones, mientras apretaba mis tetas con sus manos, yo no quise quedarme atrás y empecé a acariciar su espalda y bajar mis manos hasta su hermoso culo, lo acaricié por encima de su bikini haciendo que Lola se estremeciera con mis caricias.

Al rato estaba yo totalmente desnuda, mi bikini estaba a un lado y Lola pasaba su lengua de un pezón a otro y sus manos bajaban hasta mi entrepierna buscando mi coño, cuando sentí su mano en mi coño experimenté un calor impresionante que me recorrió todo mi cuerpo, estaba excitadísima y Lola se dio cuenta al ver que mi coño estaba totalmente mojado, empezó a lamer mi cuerpo hasta llegar a mi coño, me separó las piernas y buscó mi preciado trofeo, no lo pensó dos veces y metió su cabeza entre mis piernas, lamiendo por todos lados, yo no podía más, el placer era irresistible, estaba a punto de explotar y tener mi primer orgasmo, pero ella sabía qué hacer, me separó el vello y empezó a lamer mi coño con delicadeza, buscando mi clítoris y jugando con él, dándole pequeños mordiscos e introduciendo su lengua dentro de mi coño, yo no podía más y entre grandes gemidos tuve mi primer orgasmo, mi cuerpo se tensó y Lola siguió lamiendo mientras su boca se llenaba de mis jugos, era lo mejor que me había pasado en mi vida, era fantástico, pero Lola no paró y siguió lamiendo, metía su lengua dentro de mi coño, me besaba el clítoris y mi ano, esto me puso otra vez casi al borde del orgasmo, su lengua recorría todo mi coño hasta llegar a mi ano, se introducía en él y otra vez a mi coño, yo no paraba de gemir y mover mis caderas al ritmo de la lamida que me estaba proporcionando Lola, me apretaba mis tetas con las manos y pellizcaba mis pezones, el placer era inmenso y no quería que acabara nunca, entonces Lola me introdujo un dedo en mi coño y empezó a follarme con él, entraba con facilidad gracias a la humedad producida por mi orgasmo, pronto tenía dos dedos dentro de mi coño, luego tres, me follaba con tres dedos y mis movimientos y gemidos iban en aumento, entonces me saca los dedos del coño y mojados por mis flujos empezó a meterlos en mi ano, sentía un calor increíble por mi cuerpo al introducirme el primer dedo en mi culo, lo movía de forma circular y mi ano se acomodaba a su dedo, entonces metió otro y empezó un movimiento de mete y saca que hizo que llegara mi segundo orgasmo, más intenso que el anterior, entre gemidos de placer y movimientos de pelvis, tensé mi cuerpo y quedé casi exhausta por el placer recibido, pero con ganas de darle el mismo placer a ella.

Me levanté, la tendí en el césped y le quité el bikini, tus tetas aparecieron ante mí, deliciosas, con unos pezones duros por la excitación que tenía, no me lo pensé dos veces y me lancé a devorarlos, los besé, los lamí, los chupé, se estremecía de placer con lo que le estaba haciendo, mis manos apretaban sus pechos y sus pezones, pero quería experimentar lo que se sentía al lamer un coño, abrí sus piernas e introduje mi cabeza entre ellas, el sabor era delicioso, lamí su coño con desesperación, haciendo que Lola gimiera y casi chillara de placer, esto me excitaba aún más y hacía que mi ritmo aumentara, mi lengua se introducía en su coño, en su culo, jugaba con su clítoris e introducía un dedo en su lubricado coño, Lola gemía cada vez mas, estaba a punto del orgasmo así que aumenté el ritmo de mi dedo, lo introducía cada vez más deprisa y ella me acompañaba con movimientos de su cuerpo.

Lola entre gemidos me dijo que le lamiera el culo, y le metiera un dedo, yo no lo dudé y empecé a lamer ese agujero desconocido para mí, pues nunca había lamido uno, pero su sabor me gustaba y sentía los gemidos de placer que le estaba propinando a Lola, esto y mi excitación hizo que lamiera cada vez más y más hasta que su culo se relajó y pude introducirle dos dedos, Lola al sentirlos dentro empezó a gritas: mássss….méteme maaasssssss…..quiero que me rompas el culo….maaaaaasssss…..maaaaaaaasssss, yo al oír esto me excité mucho más y no lo dudé e introduje tres dedos, ella se movía como una loca y no paraba de gritar que le metiera más, le introduje el cuarto dedo e intensifiqué el ritmo de los movimientos de mete y saca de mis dedos en su culo, pronto Lola llegó al orgasmo, dando grandes gritos y tensando su cuerpo.

Yo empecé a lamer su coño bebiendo sus jugos, nunca había probado una cosa tan buena, limpié el coño de Lola y luego la besé para que pudiera deleitar sus jugos tal y como yo lo hacía, quedamos tendidas en el césped durante un rato y luego Lola me dijo que había sido la mejor experiencia de su vida.

Me confesó que no era la primera vez que lo había hecho con una mujer, pero que sí había sido la mejor.

Como comprenderán ese fue el mejor verano de mi vida, y esta experiencia me ha cambiado bastante, ahora disfruto mucho más de las relaciones sexuales, todavía sigo con mi novio, y disfruto mucho con las relaciones sexuales con él, pero me gustan más las que practico con Lola y algunas amigas que tenemos ahora.

Pero esto se los contaré en otro momento, ahora mismo me pongo a escribir la siguiente experiencia que hemos tenido las dos, para mi fue muy fuerte, pero muy placentera al mismo tiempo.

El morbo de follar con mi madre

Todo comenzó aquel día que después de cinco años de no ver a mi madre. Yo me había ido de mi país, en busca de un futuro mejor. Por suerte mis proyectos se cumplieron mejor de lo había pensando. Casi los cinco años en el extranjero, fue suficiente para conseguir un muy buen trabajo y una excelente vida, con bastantes lujos.

Siempre que hablábamos por teléfono con mi madre ella lloraba, diciéndome lo mucho que me extrañaba, y lo que me necesitaba, a mí eso me partía el alma. En este tiempo mi madre se había separado de mi padre, cosa que no me extrañó mucho, porque hacia mucho tiempo que las cosas no andaban bien con ellos. Sabiendo que mi madre no estaba muy bien, no dudé en invitarla. Sin pensarlo, al ofrecerle mi invitación ella dijo que sí. Pero no quería viajar sola, así que lo hizo con una de mis tías. Ella, mi madre, tiene 42 años, mi tía tenía en 35 años, eran y son, unas mujeres muy hermosas. Mi madre siempre fue muy linda. Aunque nunca la había mirado como una mujer sexy. Sabía que lo era, por la forma de ser ella, atrevida y provocativa. Mis amigos siempre me lo decían, cosa que siempre me molestaba. Pero muy dentro de mí sabía lo atractiva y apasionada que ella era. Llego el día. Las fui esperar a aeropuerto. Fue reencuentro muy emotivo. Las dos estaban hermosas, muy sexy, mi tía con pantalón de cuero, ajustado, marcando todas sus curvas, y una remera muy ajustada, delineando muy bien sus pechos, lo cual no paso nada desapercibida entre toda la muchedumbre. Mi madre, siempre fue más clásica, pero aun así, mucho más sexy. Una pollera muy corta, hasta las rodillas, unos tacos muy altos, una camisa, transparente, que dejaba ver sus hermosos pechos, debajo de su corpiño de encaje.

Después de un mes de estar en casa, la estábamos pasando muy bien. Yo me sentía muy a gusto con ellas y al parecer ellas también. Cada uno tenía su habitación. Yo siempre llegaba tarde de mi trabajo y ellas me esperaban, junto a mi novia, para cenar.

Tendría que hacer un capitulo aparte, sólo para hablar de ella. Mujer físicamente perfecta. Es y será hermosa, medidas espléndidas. Y lo que más me gustó de ella es su devoción al sexo.

Esa noche, salimos con mi novia, los dos solos. Una noche normal de una pareja. Y al regreso, sexo y más sexo en mi habitación. Ese día los dos estábamos muy excitados, lo pasamos realmente bien. Ella gemía como nunca, que seguramente esos gemidos los había escuchado mi madre o mi tía. Estábamos los dos agotados, mi novia se durmió profundamente. Y fui a buscar desnudo algo de tomar.

Voy hasta la cocina y al regreso, siento unos ruidos. Me paralizo. Y no sabía qué era. O por lo menos no quería imaginar que era. Efectivamente eran susurros de excitación, provenían de la habitación de mi madre. No lo podía creer. Era mi madre, masturbándose me pregunté. Seguía sin querer creerlo. Sigilosamente abrí la puerta de la habitación y vi, a través del espejo, a mi madre masturbándose delicadamente. Mi erección fue instantánea. Se masturbaba entre las sabanas, mi morbo quería ver más. Casi como escuchándome se destapa del todo y veo su mano entre sus piernas, recorriendo dulcemente cada rincón de su vagina, penetrándose tiernamente. Con la otra mano entre su camisón de seda, se acariciaba sus pechos, se los pellizcaba, era grandioso. Era mi madre masturbándose. Mordió el camisón, para no gritar, porque obviamente estaba por llegar a un majestuoso orgasmo. Sentía el perfume de mujer ardiente en la habitación, me estaba volviendo loco. Y vi cómo llegaba a un orgasmo, sus gemidos entre cortados, su repicaron agitada… y con un final que me dejó total paralizado. Entre su cuerpo deseoso y el silencio de la noche, dijo… mi nombre. Paralizado por aquella situación, encendió en mi conciencia los pensamientos más morbosos, quería buscar junto a ella la suma nuestro placer, estaba listo para hacer amado por mi madre.

Lentamente me fui a mi habitación. Mi novia me preguntó qué me pasaba, al verme tan excitado. Me miró, sonrió y me dijo: Mi amor, cómo estas hoy. Hice el amor con mi novia, como nunca, pero pensando únicamente en mi madre.

Pasé toda la noche recordando lo ocurrido. Aunque, traté de olvidar todo pero me fue imposible. Al otro día como todas las mañanas anteriores mi madre se levantó a prepararme el desayuno antes de irme a trabajar. Mi novia seguía durmiendo, había tenido una noche muy apasionada.

Al verla a mi madre, aquella vez, no fue como todas las mañanas. Tenía puesto un vestido largo, con un gran escote en sus pechos. Estaba preciosa. Observé sus pechos, no estaba utilizando nada más que un vestido, y seguramente y diminuta tanga. Sus pezones se marcaban en el vestido. Ella se dio cuenta que algo me pasaba. Y me lo preguntó.

– Qué te pasa mi amor. – Nada, tan sólo te aprecio. Te dije alguna vez que sos hermosa. Le contesté. – Sí muchas veces, me contestó y me volvió a preguntar : ¿Qué te pasa? – La miré a los ojos y obviamente no le pude decir que quería gozar con ella. Después de unos segundos de silencio. Mientras hacía que miraba el diario. Ella se acercó y me dice:

– Amor, no quiero entrometerme en tu vida, pero anoche, veo que la pasaron muy bien con tu novia.

No dije nada tan sólo la miraba.

– No es por mí, mi amor, pero recordá que está también tu tía. – ¿Se escuchó? Pregunté. – Sí y cómo Me contestó. – Sonrío, y le pido perdon, diciéndole que no fue nuestra intención. Ella me acarició muy tiernamente mi cara, diciendo:

– Me encantó escucharlos hacer el amor. – Mi sonrisa se borró de mi cara. Y ella se paró y se fue a su habitación. No podía creer lo que estaba pasando. Me dirigí hacia la habitación donde estaba ella, golpeo y pregunto si podía entrar. A lo que contestó que sí. Entré, y sentí otra vez, ese aroma a mujer excitada, de la noche anterior.

– Me estaba por cambiar me comenta – Por qué dijiste que te gustó, pregunté. – ¿Qué cosa ? me responde.

La miré seriamente.

– Mi amor, no pensé que te había molestado, tan sólo dije que me gusta sentir como los demás disfrutan del buen sexo, y especialmente mi hijo. – Para eso momento yo llenos de deseos hacia ella. Le pregunté:

– Cómo podés decir eso mamá, soy tu hijo. – Se sentó a mi lado. Y no pude evitar mirarle el escote. Ella me dice:

– Soy tu madre, y tú me miras los pechos, ¿qué diferencia hay?.

Cerré los ojos, me tomé la cara con mis manos. Diciendo:

– ¿Qué pasa mamá. ?

Ella me sorprende con otra pregunta:

– ¿Te parezco atractiva?.

Sin pensarlo le digo que es hermosa, siempre me pareció hermosa. Y me sorprende otra vez. – Anoche te vi amor, cómo hacían el amor con tu novia, y me encantó.

Mientras tanto me seguía acariciando pero ahora la pierna. Y le contesto:

– Anoche te vi cómo te masturbabas.

Se detuvo. ¡¡¡Me viste!!! Sorprendida aclamó. Y después de unos segundos me preguntó:

– ¿Qué te pareció? – No lo podía creer mama, estaba muy excitado, me encantó.

Ella sin pensarlo dirigió su mano a mi bulto. El cual era bastante visible . Al tocarme ella, mi madre, me recorrió tu terrible escalofrío. Pero yo no dudé, en dirigir mi manos a sus pechos. Ella me masturbaba sobre el pantalón. Yo acariciaba sus pechos, sobre su vestido. Lentamente corrí los breteles de sus vestido. Y vi sus hermosos pechos, sus pezones erectos… era todo un sueño. Sin pensarlo dirigí mi boca a ellos. Antes de rozarlos con mi boca, ella ya estaba gimiendo. Al tocarlos con mis labios, me abrazó, y se dejó caer sobre la cama. Ahí comenzaría todo. Me acomodé sobre ella. No dejaba de besar sus pechos, morderlos, pellizcarlos… ella ya había buscado mi pene por debajo de mi pantalón. Sus palabras eran: no pares mi amor, seguí, soy toda tuya… como tu novia. Me volvía loco. Me paré. Y me desnudé quedando a la vista con mi pene erecto. De un solo empujón le saqué el vestido. Y sentí una oleada de perfume de mujer excitada. Fui directamente a su boca. Nos besamos como nunca lo había hecho con alguien. Mientras frotaba mi pene, sobre su vagina húmeda, ella movía sus caderas. La miré a los ojos, y dirigí mis manos a su centro de placer. Lentamente le saqué su tanguita. Y llegué a sentir su calor con mis dedos, la penetré con mi dedo.

– ¿Así lo hacías anoche? O mejor- – Ella no dejaba de gemir. La masturbé por unos minutos. Hasta que le saqué mis dedos y los coloqué en su boca. Me los limpió con una buena perra. Y lentamente fui con mi boca, a su centro de pasión. El aroma era penetrante. Pero sin pensarlo, comencé a lamer su vagina. Mi lengua la estaba violando. Y no dejaba de gemir, hasta que llegó a un orgasmo, sentí todos sus jugos en mi boca. Casi rogándome me dice que la penetre. Sin pensarlo, me pongo sobre ella, y tomo mi pene, y le rozo intencionalmente sobre su vagina, hasta que ella misma me lo agarra, y se lo mete brutalmente. Sentí que estaba en las nubes. Ese calor era increíble. Comenzó un movimiento majestuoso, era una princesa mi madre en la cama. Yo la acompañaba. Me rodeó con sus piernas, y brazos. Yo seguía con mis movimientos, hechizado por la pasión de mi madre, abraza muy fuerte y llego a un hermoso orgasmo, el cual me provoca que acelere mis movimientos de penetración, ya son con locura… se siente el golpe de nuestra piel, y nuestros jugos. Me abraza otra vez con mucha fuerza, y yo siento que estoy a punto de estallar… y con fuertes movimientos derramo todo mi néctar dentro de ella, gozo… Dios mío… ¡Qué hermoso!. Caigo rendido sobre su cuerpo desnudo, me suelta y se relaja. Me mira a los ojos. Y me dice: – Sos hermoso mi amor. Antes que yo diga algo, me tapa la boca con sus dedos tiernamente. Me pide que no salga, que me quede, que me quiere sentir. Yo podía creer lo que había pasado. Pero realmente fue estupendo. Nos habíamos olvidado de todo, y de todos, en esos minutos. Hasta que yo comienzo levantarme y me siento al costado de la cama. Y ella se tapa con la sabana. Nos dijimos nada, tan sólo nos soreímos con complicidad, y mis únicas palabras fueron,- No me arrepiento, sos hermosa. Y me dirijo buscar un beso que nos lleve al infinito. Pero en ese momento sentimos un ruido. Obviamente nos habían visto. Era mi tía, o mi novia, o las dos.

En el metro con mi mujer

Somos un matrimonio de 40 años ambos, tenemos tres hijos y veinte años de casados. Nuestra vida como pareja ha sido como la de muchas, con altas y bajas en todos los aspectos. Laura es morena clara, de estatura regular, muy bonita, con un cuerpo perfectamente proporcionado y a pesar de la edad está muy bien cuidada, lo que más llama la atención de ella son sus piernas muy bien torneadas así como sus nalgas que son bien redonditas y bastante paradas y que independientemente de la ropa que use se antoja acariciarlas (por lo menos).

Ella es sumamente femenina, por lo general yo soy quien le escoge su ropa íntima, en lo que ambos siempre estamos de acuerdo, como por ejemplo: ligueros, prendas de encaje, transparentes, pantaletas que dejan al descubierto gran parte de sus nalgas, en fin el tipo de ropa que a cualquier hombre le encantaría ver en una mujer.

Nuestra vida íntima fue bastante normal hasta que queriendo ponerle algo de sal y pimienta empezamos a fantasear en la cama sobre los más diversos temas.

A mí me encanta que se vista de manera provocativa sin llegar a la vulgaridad en ningún momento. Cuando vamos en el coche me gusta subirle la falda hasta más de medio muslo por lo que muchos hombres se han dado un buen taco de ojo.

En algunas ocasiones cuando caminamos, hasta se han atrevido a decirle algún piropo relacionado con su liguero, prenda que muchas veces se delata ya sea por lo entallado del vestido o bien por la transparencia de la tela.

Nuestras fantasías generalmente eran sobre el hecho de que ella hiciera el amor con otro hombre, lo que derivó en cierto momento en que ella pensara que eso lo hacía yo para poder tener una excusa para estar con otras mujeres o bien porque no la amaba. Afortunadamente ambas cosas con el tiempo se fueron borrando, y empezaron a realizarse poco a poco nuestras fantasías.

Muchas veces habíamos comentado lo que ambos veíamos en el metro de la ciudad de México, donde sucedían cualquier cantidad de cosas. Un día ella aceptó ser el motivo de excitación de algunos hombres en el metro. Fue a mediodía cuando el metro se encuentra en horas pico, lo abordamos en la estación Insurgentes con dirección a Pantitlan, Laura llevaba un vestido blanco corto, con una abertura como la que tienen casi todos los vestidos en la parte baja de atrás, sólo que esta abertura era un poco mayor que el promedio, llevaba también zapatillas blancas y toda su ropa interior del mismo color incluyendo el liguero. El vagón no iba demasiado lleno en un principio y ella se colocó delante de un hombre como de unos cincuenta años a una distancia bastante prudente y yo enfrente de ella, ya para la estación Balderas había subido una buena cantidad de gente por lo que ella poco a poco fue quedando cada vez más cerca de aquel hombre y yo por mi parte me acercaba aún más a ella con la intención de que el contacto se produjera lo más pronto posible lo que sucedió antes de llegar a la siguiente estación, ella me indicó con un gesto que sus nalgas ya habían hecho contacto con el hombre que se encontraba detrás de ella. Él se notaba un poco nervioso dado que sabía que ella iba conmigo. Al saber que ya había contacto, me pegué más a Laura con lo que inevitablemente sus nalgas ya empezaban a presionar la herramienta de aquel hombre, en un momento dado, ella abrió lo ojos en una forma que inmediatamente comprendí que su posición en relación con él había empezado a surtir los efectos naturales en cualquier hombre, ella me confirmó que no sólo se le había parado la verga sino que también sentía cómo él mismo la movía como queriéndole dar unos golpesitos en las nalgas, esto me hizo que me calentara muchísimo, para completar el cuadro, el metro se detuvo en Isabel la Católica un buen rato y ahí estábamos, yo súper caliente acariciando discretamente el sexo de mi esposa sobre el vestido y un hombre completamente pegado a sus nalgas indicándole con los movimientos de su verga que lo tenía bien excitado. En eso estábamos cuando el metro reanudó la marcha, entonces empecé a ver que aquel hombre hacía discretos movimientos con su mano derecha más o menos en dirección donde estaban las nalgas de mi esposa, ella abrió nuevamente más los ojos cuando me dijo muy bajo: me está tocando con el dorso de su mano, a lo que sólo respondí con una sonrisa, en esos momentos la tomé de la cintura y discretamente le subí un poco el vestido, creo que en ese momento el hombre entendió que podía continuar sin ningún problema, debido a la abertura del vestido, pronto quedó franca la entrada a las partes íntimas de mi esposa por la parte posterior, en determinados momentos veía al hombre quien estaba súper excitado y como que no dando crédito que yo estuviera permitiendo que le metiera mano a mi esposa, ahora él ya había metido su mano por la abertura del vestido y dado que el fondo que llevaba también estaba abierto de esa parte, lo que encontró de inmediato fueron sus piernas ya directamente sobre su piel ya que había rebasado la parte que cubren las medias, y sólo unos centímetros más arriba su pantaleta que era de nylon con encaje en las orillas, muy probablemente se encontró también con el liguero porque su cara era de ir de sorpresa en sorpresa, después mi esposa me comentó que en esos momentos le estaba agarrando totalmente las nalgas con toda la mano y que efectivamente había notado el liguero metiendo de vez en cuando su mano por el tirante y también en ocasiones por las medias.

Lo que más me gustaba era que mi esposa estaba disfrutando de eso. Nuevamente el metro se volvió a detener ya no sé en qué estación y en ese momento noté que él quitó su mano de las nalgas de mi esposa para concentrarse en colocarle el tremendo bulto que ella sentía aún dentro de su pantalón exactamente en medio de sus nalgas, vi su mano a un lado de la cadera de mi esposa sujetándola y apretándola hacia él para que sintiera absolutamente toda su erección, yo facilité las cosas apretándome contra Laura y ahí estábamos los dos haciendo sentir a mi esposa dos vergas súper dispuestas a satisfacerla en todo lo que ella quisiera.

En esa posición nos fuimos el resto del trayecto y al llegar a la estación Balbuena, que es donde nos teníamos que bajar, le acomodé el vestido a Laura, y viendo él que íbamos a bajar, le dio un buen apretón de nalgas a mi esposa y se bajó en esa misma estación. Una vez fuera de ahí nos abordó y con mucha educación se presentó mencionando que estaba seguro que lo ocurrido no había pasado desapercibido por nosotros, y que era la primera vez que a él le pasaba algo semejante, que éramos una bonita pareja y que si ahí quedaba todo estaba muy bien pero que si más adelante podía contactar con nosotros le daría mucho gusto (claro cómo no iba a darle mucho gusto volver a agarrarle las nalgas a mi esposa y ponerle su verga y tal vez hasta llegársela a coger), me dio su tarjeta y quedamos de comunicarnos en posterior ocasión. Se despidió de mí con un fuerte apretón de manos y de mi esposa con un beso en la mano, que más bien creo hubiera querido dárselo en medio de las nalgas aunque fuera como la tuvo unos momentos antes: sobre su pantaleta.

Mi marido me consiente follar con otro

Hola, me voy a presentar, mi nombre es Cristina y en la actualidad tengo 31 años muy bien conservados, mi aspecto físico es bastante bueno pues tengo un cuerpo que me consta causa atracción en los hombres (y en algunas mujeres), pues siendo bajita (1.53) tengo lo justo de todo (y algo más de pecho), con unas curvas y cintura muy marcadas y además lo acompaña mi cara que sin ser una preciosidad sí es atractiva con dos bonitos ojos azules. Por si esto fuese poco sé arreglarme para sacar todo el partido a mi figura y muchas veces sé que al verme se les van los ojos detrás cuando paseo por la calle (me encanta).

Estoy casada con un buen hombre, que me quiere y me entiende, y lejos de haber bajado nuestras relaciones con el tiempo, hemos encontrado las formulas para que estas vayan a más.

Nuestra evolución fue progresiva y poco a poco fuimos descubriendo que nos gustaba ser un poco exhibicionistas y que además éramos muy morbosos (él mucho más que yo) por lo que acabamos fantaseando con disfrutar con otras personas, y ahí empezó todo. Cada vez que hacíamos el amor mi marido me decía que quería que yo fuese una señora en publico y su putita en privado, cosa que a mí me excitaba , y fue tanta su insistencia que acabé por decirle una noche que me enseñase a ser como él quería, a lo que me preguntó que si estaba dispuesta a hacer todo lo que él quisiese, y le respondí afirmativamente. Después de acabar de hacer el amor me preguntó que si era cierto, y yo todavía excitada le ratifiqué el sí.

Estuve varios días caliente intentando imaginar qué cosas le pasaban por su cabeza, pues sabía (le conozco) que algo planeaba, hasta que un día me dijo que me iba a rasurar, pues íbamos a ir a una tienda de tatuajes, y donde me lo iban a poner no era plan de ir con melena. Me afeitó dejándome un minúsculo triangulo en el pubis, y me indicó que junto a ese triangulito, en una zona baja (muy cerca de mis labios inferiores). Pondríamos un pequeño corazón rojo y una cinta donde escribiríamos cómeme.

Me puse muy cachonda con todo eso, y aunque con algo de reparo (estaba nerviosa excitada, y un poco asustada) fuimos por la tarde al lugar para tatuarme.

Llamamos a la puerta, y salió un chico bastante atractivo y un poco raro de apariencia que nos introdujo en una habitación y nos pidió que esperásemos pues estaba acabando a otro cliente. Pude comprobar que mi esposo había elegido el sitio, el sitio del tatuaje, y la persona idónea para hacerlo, pues sólo de pensar por dónde me tendría que toquetear me estaba calentando, cuando me dijo mi marido- el tatuaje te lo tienen que hacer en dos sesiones, hoy y mañana por la tarde a ultima hora, y mañana vendrás sola.

En eso entro el muchacho me indicó que me tumbase en la camilla dándome una pequeña toalla para cubrirme y me preguntó que si era el mismo tatuaje que le había dicho mi marido, a lo que afirmé.

Os puedo garantizar que estuve intentando no excitarme cada vez que sentía que sus manos se posaban sobre mi sexo para poder trabajar, y que a pesar de ser contactos necesarios y sin ningún animo, no pude evitar el acabar totalmente húmeda e incómoda de pensar que el muchacho seguramente se habría percatado, pero la sesión acabó y quedamos para el día siguiente.

Esa noche hicimos el amor como posesos, y mi marido me decía al oído- mañana irás tu sola, y cuando te pregunte el texto le dices cómeme, posiblemente acabes disfrutando de una buena ración de sexo. Le pregunté que si estaba seguro de lo que estaba diciendo, y me respondió que si queríamos ser liberales y vivir cosas fuertes deberíamos de empezar por algo y ese era un plan que le gustaba.

Al día siguiente fui y terminé mi tatuaje pero no fui capaz de insinuarme, me tapé más que el día anterior con la toalla, y pasé mucha vergüenza, por lo que no ocurrió nada, cosa que decepcionó a mi marido, pues esperaba que le contase algo morboso y no pude.

Durante unos días cuando pensaba en lo sucedido me arrepentía pues hubiese estado bien, y decidí que la próxima oportunidad la aprovecharía… y no tardó mucho en llegar.

Un sábado por la noche decidimos salir a tomar algo y mi marido me dijo que me arreglaría él, pues tenía ganas de verme sexy ya que quería ponerse cachondo viéndome provocar a alguien, lo que me pareció muy divertido. Os garantizo que cuando acabó de arreglarme me pareció excesivo pues parecía una putita, a lo que él respondió que era así como quería que me comportase esa noche, y mirándome en un espejo le pregunté si estaba seguro de lo que estaba diciéndome, que luego se podía arrepentir y que me daba miedo, a lo que me contestó que era un juego entre nosotros, y que estaba totalmente seguro, pero que no diese ningún dato real ni dijese ni hiciese nada que nos pudiese implicar en un futuro, y a pesar de mis muchos nervios, nos fuimos a una discoteca que había en un pueblo algo separado de donde vivimos, y cuando entramos fui la comidilla de los muchos grupos de chavales que allí había. Eso era normal por la pinta que tenía, pues mi marido me hizo maquillarme más de lo normal, y me había elegido una ropa de infarto, pues cogió una minifalda de tablas de color negro con la que prácticamente enseñaba el culo (no me la ponía nunca por lo excesivamente corta que era), y una blusa sintética de color lila que dejaba entrever el canalillo hasta más abajo de mis pechos, realzando todo esto con unos altos tacones de salón.

Reconozco que estaba muy caliente y el juego me atraía pero no podía imaginar que mi maridito me propondría separarse de mí para ver como alguien intentaba ligar conmigo, y me incitaba a buscar a alguien que me gustase como amante ocasional, por lo que le pregunté que hasta dónde quería llegar, y cuál fue mi sorpresa cuando me respondió que hasta verme correrme debajo de alguien. Al escuchar ese comentario al oído sentí que empezaba a humedecerme y después de preguntarle de nuevo si estaba seguro y ver su afirmación le dije que lo intentaría pero sin garantizarle nada, y dije que se sentase en las mesas del fondo, que yo iría después.

Tras un minuto fui al fondo y me puse en la barra para pedir, percatándome de la presencia de un chico de más edad que la mayoría, sobre 35, y no necesité más de una mirada y una sonrisa para que se me acercase como un buitre y empezase a cortejarme.

Podía ver la cara de mi esposo a escasos 5 metros de donde estábamos, y era pura lujuria. Podía notar cómo me estaba excitando más de lo habitual, y podía comprobar cómo cada vez se lanzaba más el chico, hasta atreverse a apoyar la mano en mi muslo y hacerme unas leves caricias. Al cuarto de hora estábamos sentados en una mesa más al fondo y me entregaba a apasionados besos, pero viendo que éramos blanco de muchas miradas y que el chico no se cortaba a la hora de meterme mano, fui al servicio haciéndole un gesto a mi marido para que me siguiese. Ya en la puerta del servicio le dije que debíamos marcharnos pues no podía controlar la situación y mi esposo me comentó que sería buena idea salir y entrar el y proponerle a nuestro amigo una noche de sexo, a lo que aún con miedo acepté.

Reconozco que mientras esperaba en el coche a que saliese mi marido, empezaba a desear que no saliese acompañado, pues tenía miedo de lo que pudiese ocurrir después de esa noche, pero al mismo tiempo quería seguir sintiendo esos labios en mi cuello, y esas manos en mis piernas, y deseaba estar con otro hombre y sentirme plena…

Tras diez eternos minutos salieron los dos, charlando como buenos amigos, y al llegar al coche mi marido me dijo- mira estamos todos de acuerdo y vamos a ir a una casita que tiene en una finca cercana, por favor vete al asiento trasero para que me vaya indicando el camino. Nuestro amigo dijo que podíamos ir los dos detrás pero mi esposo le dijo que mejor no, pues tendríamos después todo el tiempo que deseásemos para jugar…

En aproximadamente 6 o 7 minutos entramos por una valla a una finca con una casa que mas parecía un almacén que otra cosa. No tenía muros interiores y era pequeñita pero sí varias camas y una especie de cocina americana, cacharros desechados de una casa llena… y bastante limpia. A esas altura yo era un manojo de nervios, y para romper el hielo nuestro amigo abrió un mueble y sacando unos vasos nos preguntó si queríamos tomar algo, a lo que accedí, pues quería tranquilizarme. Sin darme tiempo a tomar casi nada, mi marido se pegó a mí por detrás, haciéndome sentir su abultado miembro en mi trasero, y mientras empezaba a acariciarme los pechos me dijo- esta noche vas a disfrutar todo lo que te apetezca- y mirando a nuestro amigo le dijo- ¿has visto qué piernas tan bonitas tiene? son muy suaves- y nuestro amigo sin pensárselo dos veces se acercó y empezó a frotarse por delante mientras me magreaba los senos. Me pareció notar un bulto excesivamente grande entre sus piernas, pero dejé de pensar pues a esas alturas sólo quería sentir y disfrutar de todas las caricias que me hacían. No recuerdo de qué forma, pero sí que entre los dos me acariciaron y desnudaron, dejándome solamente los tacones y el tanguita negro que llevaba, y tras unir dos camas me tumbaron boca arriba situándose uno a cada lado y tocándome y besándome por todas partes.

Estando ya totalmente desinhibida y deseosa, palpé por encima del pantalón el miembro del chico y pude notar que no era de dimensiones normales…

Después de unos momentos se desnudaron y pude observar que el miembro que me había parecido tan grande no era grande era grandísimo… y realmente me asusté, pues imaginé que podía hacerme daño. Mi marido se encargó de decirme obscenidades al oído ( cosa que me excita sobremanera), y cuando quise reaccionar mi amante estaba situado entre mis piernas, y con dulzura y firmeza me las separó más, tumbándose sobre mí, y situando su pene en mi entrada. Mi marido se puso detrás de mi cabeza y cogiéndome las manos, estiró mis brazos como si estuviese atada al cabecero de la cama y me dijo- mírale a los ojos y dile que tienes ganas de sentir como te la mete, dile que quieres que te folle…

Un escalofrió me recorrió todo el cuerpo al escuchar esas palabras, noté como un flujo ardiente me chorreaba por las ingles y tras pensar en mi seguridad ( su tamaño no era normal) le dije- quiero sentir como me la metes, suavemente, hasta llegar al fondo. Nada más escucharme el chico empezó a entrar en mí, no tan suave como hubiese querido (lo comprendo por la excitación que debía tener), pero a pesar del grosor no fue tan doloroso como pensaba que sería y tras varias idas y venidas y algunos comentarios de mi marido tuve mi primer orgasmo, estaba en el paraíso…

Mi amigo por la despreocupación al usar preservativo eyaculó dentro, y al retirarse después de varios espasmos le dejó el sitio a mi esposo que sin ningún miramiento, y loco de sexo me penetró diciéndome lo bien que estaba siendo follada.

Podía sentir cómo me penetraba uno mientras el otro mordisqueaba mis pezones, cómo me levantaban las piernas y me sometían a penetraciones en las más variadas posturas, hasta que tras ponerme boca abajo noté que el chico ponía la punta de su monstruo en la entrada del culo, y muy asustada le dije que no, que eso me iba a doler (lo practicaba habitualmente con mi esposo y me dolía y gustaba, pero era un tamaño más normal), pero sin hacerme ningún caso empezó a achuchar, por lo que solté un fuerte grito de dolor… parecía que me estaba partiendo en dos.

Cuando introdujo la cabeza del glande paró, dejando respirar, y dándome tiempo para intentar relajarme, pero a pesar de mis esfuerzos por colaborar, era forzada la entrada de ese instrumento de placer y sin aguantar mucho empezó un leve movimiento de entrada y salida que me dolía como nunca, hasta que sentí que en cada embestida sus testículos me golpeaban, lo que me indico que estaba totalmente dentro de mí. Poco a poco el dolor se fue transformando en placer, y sin ningún miramiento al escuchar mis gemidos de placer me perforó como un poseso, haciendo que tuviese un orgasmo tras otro y gritase como una loca. Cuando me vio rendida del todo, agarrándome por las caderas giró, dejándome boca arriba, y vi como con una expresión de locura y deseo venía mi marido totalmente erecto, dispuesto a ocupar mi agujero natural, y a pesar de decirle que no, empezó a introducirse, haciéndome gritar otra vez de dolor (nunca pensé que una doble penetración fuese tan dolorosa), y de nuevo cambio el dolor por el placer, sintiendo cómo me llenaban totalmente y me disfrutaban a su entero capricho.

No sé cuántas veces alcancé un orgasmo, ya que uno se juntaba con otro, pero seguro que fueron más de una docena, y cuando se corrieron (los dos lo hicieron dentro) y se relajaron, se separaron de mí, dejando totalmente dolorida e incapaz de hacer nada que no fuese encogerme e intentar taparme con la colcha de una cama.

Cuando pude levantarme para vestirme, no podía andar bien entre el dolor y el tembleque que tenía en las piernas, pero haciendo acopio de toda mi fuerza de voluntad me vestí (ellos estaban vestidos esperándome), y nos fuimos, despidiéndonos de nuestro amigo muy cerca de la discoteca. Cuando llegamos a casa, sin apenas cruzar palabra, me duché y comprobé que estaba con la barriga suelta (más que normal), y que tenía todos mis agujeros doloridos, por lo que a pesar de sus deseos mi maridito se tuvo que enfriar.

Tras una semana de los hechos empezamos a excitarnos pensando en repetir la experiencia, y desde entonces no hemos parado, pues cada cierto tiempo disfruto de alguna experiencia nueva. Pero lo cierto es que no disfruto sólo en la cama, también lo hago mientras mi maridito escoge la ropa, o cuando salimos a comprarla, cuando empezamos a seleccionar un nuevo contacto, cuando entablo las primeras conversaciones telefónicas, los primeros emails,… en fin toda la parafernalia que acompaña a una noche en la que me transformo de señora respetable en su linda putita … con el permiso de mi marido.

En casa de un amigo preparando la merienda

Llegué demasiado temprano por equivocación. Entre nosotros siempre había existido una tracción sexual muy fuerte, pero, ya fuera por su novia, o porque nunca habíamos tenido oportunidad, lo cierto es que nuestros escarceos esporádicos habían sido de lo más inocentes y no habían pasado de besuqueos y toqueteos subidos de tono en el ascensor.

Me abrió la puerta en calzoncillos, e instantáneamente una sonrisa socarrona asomó a sus labios.

-¿No llegas un poco pronto?-me preguntó mientras me miraba de arriba abajo con aprobación.

Supe que había adivinado la desnudez de mis pechos bajo la liviana camiseta veraniega. Se acercó y prácticamente me dio dos besos en la boca en lugar de los de cortesía en la mejilla.

La mera perspectiva de estar a solas en su casa empezó desde ese instante a hacer sus efectos entre mis piernas. Sin embargo, entré con una natural actitud de simple camaradería.

-Qué despiste el mío… pero, bueno, puedo ayudarte con la merienda- comenté mientras me dirigía a la cocina.

-No estaría mal…

Entré con aire resuelto y empecé a abrir los muebles, buscando algún ingrediente que me inspirara alguna receta repostera.

Él que no parecía dispuesto a perder mucho el tiempo, se me acercó por detrás mientras yo alcanzaba el azúcar, pegando su cuerpo contra el mío e intentando abarcar mis abundantes pechos con sus manazas. Al notar el calor y la dureza de su entrepierna, no puede evitar apretar mis nalgas contra su verga.

Sin embargo, y pese al deseo inmediato de que me levantara la falda y me bajara las bragas, me escabullí como si nada hubiera pasado y le pregunté por un molde para tartas, intentando obviar el prominente bulto de sus calzoncillos.

Me señaló un mueble situado a ras de suelo delante de él, por lo que encontré la excusa para arrodillarme de manera exagerada y exhibicionista, separando las piernas y empinando el trasero., con la intención de que contemplara la ridiculez de mi ya húmedo tanga blanco remetido entre mis nalgas e incapaz de tapar mi ojete y mi sexo.

Moví mi culo buscando provocarle y mostrarle cuan rasurado lo llevo y no tardé en sentir el calor de su respiración en mi sexo, sus hoscos dedos apartando la tirita del tanga y su lengua lamiendo mi raja, mientras me separaba las nalgas con las manos.

Me encanta que me chupen en esta posición, con mi ojete cerradito en primer término, no en vano, estoy siempre preparada para ello, pues siempre me lavo el culo metiéndome un dedo enjabonado.

Lamía mi sexo a todo lo largo, y me masturbaba ayudándose con los dedos que me introducía en el coño con brusquedad.

Estaba deseando una buena follada, pero también ansiosa por tener yo mi ración de verga. Parecía que a ese respecto debíamos de estar de acuerdo, porque, dándome una palmada en el culo me dijo,

-Levanta y sígueme.

Le seguí por el pasillo hasta su cama. Y me balancé sobre su polla en cuanto se sentó. Estaba circuncidado y la polla, de buen grosor, estaba coronada por una cabezota que podría decirse incluso, desproporcionada de prominente que era.

Estaba toda reluciente de líquidos que habían empapado los calzoncillos, los lamí con fruición, encantada de tragar lo que parecía ser el anticipo de una buena y espesa corrida.

Al tumbarse él aproveché, sin sacarme su carajo de la boca, para retomar posiciones sobre su cara. Me senté y apunté su boca con el ojo de mi culo, para que volviera a practicarme un beso negro bien a fondo, mientras chupeteaba sus huevos y ensalivaba su nabo enhiesto. Me movía acompasadamente, follándole el miembro con mis labios y mi boca, y resbalado toda mi raja, desde el clítoris inflamado hasta el culo, disfrutando de cómo se hundía su nariz en mi coño, y cómo me metía los dedos por los dos agujeros (sobre todo el dedo gordo por detrás)

Llevábamos un rato comiéndonos, cuando él se deshizo de mí y entró en el baño contiguo a su habitación.

Volvió con un tubo blanco.

-Mira lo que traigo.- Imaginé que se trataba de vaselina para montarme por detrás, lo que me hizo temblar de gusto ante la perspectiva de que me sodomizara, cosa que yo no había previsto. Sabía demasiado de mí como para no querer probar la puerta pequeña.

Me volteó y me espetó que me pusiera a cuatro patas, levantando bien el culo.

Antes de alcanzar mi retaguardia, no obstante, me la metió de nuevo en la boca, cosa que yo aproveché para pringársela bien de saliva, aunque él sólo lubricaba sin cesar, y mucho más espeso, por la punta de su glande.

Me la pasó por los labios y me despedí de ella.

Casi instantáneamente, sentí su lengua en mi ojete y su dedo gordo entrando y saliendo alternándose con los lametones. Y extendindo en la entrada de mi culo mis flujos vaginales. Me estaba relajando el esfínter, pero aún seguía muy apretado como para dar cabida a su cabezota. Supuse que me untaría de vaselina muy bien por dentro y fuera del ojal de mi culito.

Sin embargo, noté una presión resbaladiza y caliente en mi culo, que empujaba muy fuerte. Apreté las nalgas contra ella. Sabía que era su polla, y estaba deseando sentirla dentro, embutida en mi recto, percibiéndola latir, tan tensa, tan dura.

Empujó. Parecía que no cedía, y de repente, lo sentí abrirse y cómo su glande se alojaba dentro, como si se lo hubiera tragado mi culo. Pensé que se pararía, esperando a que me relajara con el culo abierto con la intrusa dentro. Pero empujo, no muy rápido, pero firme hasta el fondo. Disfrutando de cada centímetro ganado dentro de mi apretado conducto.

Abrí más las piernas y me empecé a masturbar, para distraer la atención nerviosa de mi culo y soportar mejor la invasión trasera. La metió hasta el fondo, (sus huevos tocaban mi sexo) y sin sacarla, empezó a moverla dentro. Entonces sentí una superficie fría y áspera en la entrada de mi coño empapado, seguida de la penetración de ese mismo instrumento de baja temperatura y grosor nada desdeñable. Era el bote del baño, cuya función no había sido la que yo le había supuesto. Empezó a bombear con ambos instrumentos a la vez: su polla a todo lo largo de mi culo y el bote en mi coño, a mayor velocidad.

Estuvo jodiéndome un buen rato, deleitándose en sacármela del todo de detrás, esperar unos instantes a que se cerrara mi ojete y volverlo a joder a conciencia. Yo no podía dejar de jadear un solo instante con su pollón en mi culo y trabajándome mi sexo simultáneamente. Él parecía satisfecho de haber comprobado que se sentía perfectamente la inserción vaginal en su carajo embutido en mi trasero.

Antes de correrse, me la sacó sin miramientos, de modo que no pude sentir su chorro de esperma caliente goteándome por el ano, mientras volvía a su tamaño. La corrida me la tenía reservada para las tetas, y la cara, tuvo el higiénico detalle, aunque su nabo no presentaba ningún resto escatológico, de no metérmela en la boca.

Nada más correrse siguió estimulándome a mí, que le pedí que me metiera con sus dedos, que sabían a mi sexo, la leche, que ya empezaba a clarear, de su corrida en la boca. Tragándomela y concentrada en mi culo abierto me corrí enseguida.

El apartamento olía tanto a sexo, que tuvimos que abrir las ventanas de par en par para ventilarlo. Después de usar su pila y su cepillo de dientes, estuvimos listos para recibir al resto de los invitados, que no tardaron en llegar.

Joven abusada con el consentimiendo del padre

Hola, me llamo Sol, hace un mes que estoy conectada a Internet y una buena amiga me habló de ésta página de la que me he convertido en asidua visitante.

La historia que os voy a contar es absolutamente real, sólo he cambiado los nombres de las personas que aparecen en ella, y espero que surta efecto en los/las que la leáis, bien porque os excite o bien porque os pueda servir de ayuda si os veis en una experiencia similar.

Antes de nada os diré que ésto me ocurrió hace ya unos años. Ahora lo veo como un episodio de mi vida pero en aquél momento, en fin que queréis que os diga, fue duro, muy duro…

Acababa de salir de la escuela de Magisterio, había conseguido mi título de maestra y en el concurso me destinaron a un pueblecito de Jaén. No lo dudé, no lamentaba en absoluto dejar al sinvergüenza de mi padre.

Quedarse con él hubiera sido un crimen. Desde que murió mi madre me trataba tiránicamente, incluso en algunas ocasiones había tratado de propasarse conmigo. Se ve que no le bastaba con las putas que constantemente visitaban su cama. Quizá por esa presión de mi padre siempre fui una chica bastante estrecha en lo que se refiere a las relaciones con los chicos. Él aprovechaba cualquier circunstancia para acosarme: si me metía en la ducha, allí aparecía él, si me estaba desnudando o vistiendo se las ingeniaba para entrar en mi dormitorio…, y si había bebido era aún peor, no controlaba sus actos y se volvía incluso violento.

Pero antes de relataros lo que me sucedió en aquél pequeño pueblo, dejadme que os cuente algunos episodios que marcaron igualmente mi vida. Recuerdo perfectamente el día que dejé de ser virgen. Ese día cumplía 17 años. Mis atributos de mujer ya eran totalmente patentes, mi pecho se había desarrollado y, la verdad, tenía un cuerpo bastante mono, si acaso con un poco de tripita, lo cual en aquél tiempo también me hacía más tímida. Era un caluroso sábado de primavera y como había estado estudiando para un examen parte de la noche y toda la mañana, me había echado en la cama quedándome profundamente dormida y desconociendo completamente que “había quedado” con los vecinos del bloque para tomar un chocolate con bizcocho por mi cumple. Lo de la invitación había sido idea de mi padre, que como veía que no me relacionaba con chicos y chicas de mi edad había invitado a tres chicos que vivía en el piso de abajo. Dos de ellos eran hermanos, de 17 y 19 años, Raúl y Lorenzo, y el tercero, Julián, era el hijo de la portera, aunque ya ejercía de portero, porque era mayor de edad y su padre estaba ya cansado de que se dedicara todo el día a vaguear. Los tres eran unos golfos pero el peor de todos era Julián, al que le encantaba decirme improperios y colocarse al pie de la escalera mientras yo subía, para contemplar el panorama.

A Julián, mi padre no le invitó porque sí, le invitó porque sabía que vendría con su novia, o mejor dicho con su chica, Lola, una jovencita preciosa con un cuerpo explosivo a la que Julián chuleaba, y que volvía loco a mi padre. A Raúl y Lorenzo los invitó de relleno.

Los chicos vinieron a mi casa y llamaron a la puerta. Mi padre que estaba, como es habitual, medio borracho, les dijo que estaba dormida pero que entraran. No solamente no se había acordado de decirme a mí lo de la fiesta, sino que tampoco se había acordado de preparar el chocolate y los bizcochos, lo que les dijo tratando de disculparse e indicando que quizás sería mejor dejar para otro día la invitación. Mis vecinos viendo la situación en que se encontraba mi padre, decidieron divertirse un poco a su costa:

– No se preocupe Don Matías, pero ya que estamos aquí, una cervecita si nos podía ofrecer ¿eh?

– – Cuando ya llevaban unas cuantas copas, Julián decidió entrar en acción:

– – – Y ¿Cómo es que su hija no sale nunca por las noches?

– Es que es muy tímida, ella necesitaría que unos chicos dispuestos como vosotros la dieran un empujoncito. – Hombre Don Matías, a mí es que ya me pilla con novia y además no creo que la merezca, pero estos dos chicos,…, podría elegir a uno de ellos.

– – Viendo que mi padre ya totalmente borracho, asentía, Julián fue un poco mas lejos, y haciéndole un guiño a Lola, empezó a hablar de las excelencias de Raúl y Lorenzo, que efectivamente eran unos golfos “excelentes”. Lola entendió el guiño a la perfección, y sentándose en el sofá al lado de mi padre, posó su mano justo encima de su miembro. – – – Lo que pasa Don Matías es que estos dos son muy tímidos, verá usted, no han estado en su vida con una mujer, ni siquiera han visto nunca una chica desnuda.-

– – Lola ya le había bajado la cremallera y palpaba el pene de mi padre por encima del slip. Mi padre se limitaba a asentir a lo que decía Julián debatiéndose entre el miedo a que Julián viera lo que estaba haciendo Lola, y el placer de los tocamientos que estaba recibiendo.

– – De la propia excitación el pene se desembarazó del slip y pasó a las manos de Lola, que empezó a acariciarlo masturbándolo lentamente.

– – – Julián, yooo, yo no he hecho nada, ha sido ella. Uno no es de piedra y,… – No se preocupe Don Matías. Haremos una cosa: Ud. se ocupa de Lola y nosotros despertaremos a Sol y yo me encargaré personalmente de que ella y estos dos reciban el empujoncito necesario para que se vayan conociendo.

– – Dicho ésto, bajó los tirantes del vestido de Lola dejando a la vista un par de tetas enormes y poniéndola de pie, dejó caer el vestido al suelo. Mi padre estaba demasiado borracho y excitado como para darse cuenta de lo que Julián le estaba proponiendo, y además allí estaba Lola vestida exclusivamente con un tanga que enseñaba más de lo que escondía, así que de un tirón le arrancó la prenda y lanzó sus manos sobre su cuerpo magreándolo a placer.

– – Mientras mi padre se divertía, Julián y los dos hermanos se dirigieron a mi dormitorio, abrieron la puerta y viendo que seguía dormida me rodearon. Los hermanos se pusieron en mi cabecero, uno a cada lado, y Julián deslizó delicadamente la sábana que me cubría hasta quitármela completamente. Ante sus ojos se mostraba una chica de 17 añitos en camisón que a duras penas cubría la braguita que me protegía de sus miradas lascivas. Por suerte me encontraba tumbada boca abajo, lo que ocultaba mis pechos, aunque como os estaréis imaginando esa situación no duró mucho. Sin entretenerse lo más mínimo, Julián levantó mi camisón lo justo para que mi trasero quedara completamente al descubierto. Posó su mano sobre él con suavidad, lo cual hizo que yo notara una sensación extraña y cálida a la vez. Eso me mantuvo dormida, pero cuando su mano pasó de posarse sobre mis bragas a deslizarse dentro palpando mi culo, un escalofrío sacudió todo mi cuerpo y dando un bote quedé sentada sobre mi cama. – – Asustada aún, y pese a la penumbra de mi cuarto, contemplé las caras risueñas de mis tres asaltantes.

– – – ¿Qué estáis haciendo aquí?- les pregunté mientras intentaba que mi camisón me tapara todo lo posible – Tu padre nos ha sugerido que te espabilemos un poco, así que …

– – Sin darle tiempo a terminar la frase, y aprovechando el factor sorpresa, le quité de en medio de un empujón y salí corriendo hacia el salón. Pero el espectáculo que apareció ante mí me dejó parada. Lola estaba completamente desnuda tumbada boca arriba en la mesa y con las piernas sobre los hombros de mi padre, que la estaba penetrando ferozmente. – – Sólo reaccioné cuando Julián me atrapó entre sus brazos y arrastrándome me tiró de nuevo sobre mi cama. Intenté levantarme de nuevo pero Raúl y Lorenzo me agarraron cada uno de un brazo reteniéndome en la cama al mismo tiempo que Julián se sentaba sobre mi estómago dejándome inmovilizada.

– – – No sirve de nada que luches, ni que grites, y ya has visto que tu padre no está en condiciones de echarte una mano – ¿Qué queréis hacerme? Por favor no me hagáis daño Raúl y Lorenzo no decían nada, se limitaban a mirarme con ojos lascivos relamiéndose de gusto, y Julián, que estaba disfrutando su dominio sobre mí, me contestó con sorna:

– – – No es “qué queremos hacerte”, es “qué vamos a hacerte”, y en cuanto al daño, va a depender de ti, si te portas bien y colaboras será muy placentero, aunque me decepcionarás porque si te digo la verdad casi prefiero que te resistas. – – No dije ni palabra, estaba anonadada, pero cuando Julián trató de subirme el camisón para sacármelo por los hombros, empecé a chillar como una loca luchando por desembarazarme de la presa a la que me veía sometida.

– – – ¡PLAAAF! – La bofetada que recibí en la cara me dejó muda y quieta. Noté como mi carrillo enrojecía de dolor y unas lágrimas surcaban mi cara mientras Julián asió de nuevo mi camisón con una mano y con la otra desplegó una de esas navajas automáticas

– – – ¡RAAS, RAAAS, RAAAAAS! – Con sólo tres tirones rajó mi prenda desnudando mi pecho. Yo seguía sin poder moverme, tenía demasiado miedo, mi cara ardía de dolor, estaba completamente a su merced. Julián usó también su navaja para cortar los laterales de mis bragas, y de un tirón se quedó con ellas llevándoselas a la nariz y olfateándolas como un perro. Raúl y Lorenzo se apoderaron de mis pechos, sobándolos, amasándolos, estrujándolos, pellizcando mis pezones. No paraban de chillarme e insultarme, diciéndome que me iban a follar, llamándome puta, ….

– – Julián, mientras, jugaba con mi entrepierna tirando de mi vello púbico y luchaba por introducir su mano entre mis apretados muslos para descubrir mi rajita.

– – – Lo sabía chicos, tenemos un coñito virgen, y todo para nosotros. No te preocupes Sol, ya verás cómo te va a gustar. Y ahora, ya puedes ir abriendo las piernas o de lo contrario me vas a obligar a hacerte daño. – – Yo no podía articular palabra pero seguí apretando mis muslos aprisionando la mano de Julián, pero el puñetazo que recibí en el estómago me hizo perder la respiración dejándome sin fuerzas para seguir luchando.

– – Aprovechando mi situación, mis tres asaltantes se desnudaron. Julián separó mis muslos sin dificultad y colocando su pene a la entrada de mi coño me penetró de un golpe. Al principio el dolor fue inmenso, noté como si una barra de acero caliente se introdujera en mi vagina penetrándome una y otra vez, una y otra vez… – – No podía ni chillar ni pedir auxilio porque Raúl y Lorenzo se turnaban en taparme la boca con sus pollas provocándome arcadas continuas. Me vi obligada a mamársela a Raúl mientras masturbaba manualmente a Lorenzo, para acabar cuanto antes.

– – Julián, entre alaridos y espasmos, se corrió en mi interior inundándome con su semen, y viendo que Raúl estaba a punto del orgasmo intenté sacar su polla de mi boca pero él apretó mi cabeza contra su entrepierna, corriéndose. No tuve más remedio que tragarme su semen, lo que me provocó nuevas arcadas. Sin darme tiempo a reaccionar Julián ocupó el sitio de Raúl y me obligó a limpiar su glande con mi lengua. No había acabado de limpiarle los restos de semen, flujo y sangre cuando noté como de nuevo era violada, esta vez por Lorenzo que se había quedado a medias. Su miembro era más pequeño que el de Julián y, ¡Dios mío! sus continuas embestidas me estaban produciendo placer. No quería aceptar la evidencia, pero empecé a jadear y suspirar cada vez con más vehemencia. Raúl, viendo como sus compañeros me follaban vaginal y bucalmente comenzó a masturbarse magreando mis pechos. Poco tiempo después, me sobrevino un espasmo que electrizó todo mi cuerpo llevándome al orgasmo. Casi al mismo tiempo, Lorenzo y Julián se corrieron en mis dos forzadas entradas, y Raúl desparramó toda su lefa sobre mis tetas. – – – Vamos chicos, vámonos ya..- gritó Lola, que había contemplado el final del espectáculo, ya que mi padre después de follarsela se había quedado completamente dormido. – Hasta la vista Sol,- me dijo Julián – ha sido cojonudo tía, y al final has disfrutado so puta. – Malditos cabrones, largaros de aquí, hijos de puta

– – Se marcharon dejándome exhausta y desvirgada. Bueno, espero que os haya gustado. En la segunda parte os contaré que pasó cuando pocos días después, en el colegio de monjas donde asistía, me hicieron un reconocimiento médico.

Trío con el vecino y el burro

Siempre he sabido, y no me preguntéis por qué que el sentido del olfato, iba a ser importante para mí, desde pequeña, me encantaba olerlo todo, y me producía sensaciones, que a medida, que fui creciendo, y llegué a la adolescencia,me fueron sedujendo, e incluso, algunos, notaba que me excitaban.

Siendo una adolescente, viví en contacto con animales, y teníamos un burro el cual era muy cariñoso, al que yo adoraba desde niña, yo lo cepillaba, lo limpiaba, y un dia, que lo estaba cepillando, y quitandole, los hiervajos de las partes bajas, empezó a aflorar un bulto de entre sus piernas, yo al prin- cipio, no le di importancia, pero al yo tocarlo, cada, vez aquello crecia mas hasta que empecé a mirar con interés, y a tocarlo…. entonces sí salió vaya si salió, era enorme, sonrosado-rojizo, y yo después de mirar a mi alrededor y cercionarme de que no había nadie, empecé a chuparlo, a masajearlo, y a reflotarlo, por mis enormes e incipientes pechos, y el animal, olía, ohhhh como olía, era a excitación, me gustó, su olor mezclado, con el del establo las algarrobas que allí había, para darle de comer, y….se me ocurrió, co- ger una y empezar a reflotarmela, por mi coñito, y que gusto… luego me la intenté introducir y entró,. … y luego ya os podeis imaginar, me empecé a refrotarme con el pene del burro y….era enorme, un olor….unas sensa ciones, de espasmo, recorrian todo mi cuerpo.

Luego metí un poco la punta en mi sexo.,… y bueno no sé ni cómo describirlo, era para alucinar las sensaciones que sentí, mis pezones eran como dos piedras y….ese olor que me volvía loca, en eso estaba cuando de repente me noté observada, era un vecino mio que debía, llevar rato allí, a juzgar por su expresión, se esta- ba masturbando a mi salud, yo al principio me corté, vaya que me dio ver- guenza, pero luego, al ver que me sonreía, con un guiño, lo invité a parti- cipar desde luego, él no se hizo, de rogar y vino enseguida, despues de cer- cionarse, de que no había nadie a nuestro alrededor.

Se me acercó y empezo, a acariciarme, mis pechos, para, darme seguidamente un beso….ohhhh, que beso, he de decir que era el primero que me daban y.. ya se sabe el primero, pero además, olía, recuerdo que llevaba una colonia que olía especialmente bien, fuerte, varonil, y eso, aún me excitó mas.

yo le cogí la mano y le fui dando, besos, empezando por el meñique, el cual chupé, como había visto en una revista (de mi padre)sin que él lo supiera por supuesto, y deslizándome, hasta el brazo, cuello, y subí, hasta su cara la cual besé minuciosamente, y empecé a jugar con sus labios, por sus espre siones supe que lo que le hacía le estaba gustando, así que seguí, y sabeis me sentí mujer por primera vez,gozaba, porque él no paraba de sobarme por todos, lo sitios a que sus manos alcanzaban, y veía que yo también lo hacia bien, asi que dándole un beso, de tornillo en la boca, cogi su mano y me la llevé hasta mi sexo, con su beso, noté su excitación, y mientras el me toca ba mi coñito,yo me atreví a tocarle su pene, que era grande y gordo, a nues- tro lado, el burro, nos miraba con ternura, o eso me pareció a mí, pero yo en esos, momentos estaba muy ocupada, y….tenia entre mis manos, un pene enorme, que yo estaba deseando manosear, así que estuve tocandolo, acariciandolo, a lo cual, el introdujo, sus dedos, en mi coñito y yo empecé a ver las estrellas, en tres dimensiones, era tal su experiencia y delicadeza, en estos menesteres que no tardé en sentir un espasmo-frio-calor que me sacudió toda y me dejó feliz.

Yo intenté seguir con lo que hacia, y bajé y empecé a introducirme su enorme pene, en la boca, era suave y delicado, y…estaba muy caliente, entonces, el preso de la excitacion,. que le embargaba, me cogió, y con sus manos sujetó, mi cabeza con tal fuerza que yo solo podías succionar su enorme pene, casi me ahogo, y me dijo:

– necesito follarte, me dejas?. – – – si,si lo estoy deseando. – – Así que me echó encima del eno, y muy al lado, del burro, que seguía observandonos, con el rabo tieso, lo cual yo al mirarle aún, me excitó mas, me plantó un beso, y terminó de desnudarse, a lo cual, yo mientra hacía lo mismo, el se levantó y cerró, la puerta del establo, para no ser descubiertos,al girarse, yo estaba completamente desnuda, el se acer- có, me acarició, diciendome lo preciosa que era, me beso, y me tumbó con una delicadeza, que nunca olvidé, empezó a magrearme, mis tetas, mientras me besaba apasionadamente, y olía…. a Hombre, ohhhhh…..mmmmmmm que olor me era imposible parar mis apetencias, y le dije por favor, quiero ser tuya, me abrazó, y empezó a introducirme, su aun más enorme pene, por la escitación y yo empecé a ver el cielo en colores, y cuando la hubo metido toda, empezó a bombearmela, que yo iba cayendo, rendida, una y otra vez,.luego aprendí que eso se llamaban orgasmos, al ser mayor que yo sabía amar de maravilla, y con una potencia…mmmmmm, yo gritaba mas, mas, mas, a lo cual el cada vez profundizaba mas y mas, y yo gozaba y me retorcia de placer.

Luego,entonces, el no pudo, mas y sacándola, se corrió encima de mí, lo cual me hizo ilusión ver ese líquido blanco y viscoso, llamado semen.

Despues de descansar un rato volvimos a follar, yo al sentirme más esperimentada, le propuse, hacerlo los tres, ya que nuestro amigo,se quejaba, y él me propuso, empezar, a chuparsela, al burro, yo accedí, sin saber si me iba a gustar, pero si me gusto, y mientras él, me tenia totalmente doblada, para poder agacharme y chuparsela, entonces el empezó a besarme mis nalgas, a besarme y luego chuparme el culo, y …hasta que noté una presión que me dolías en el culo, era mi amante, que me estaba enculando, era impresionan- te darse la vuelta y ver su cara de placer y lujuría,.al ver semenjante espec taculo, enculandome y yo chupandosela, al burro, entonces el empezó a forzar el ritmo, y el burro, con sus embestidas anales, se lo debí de transmitir mediante mi boca, que se yo, el caso es que empezó, a caer esperma, de semejante pene, os lo podeia imaginar, que tuve que retirarme, porque creí que me ahogaba, al ver eso, mi amante, se me corrió, en el culo.

Estuve por unos momentos rodeada, de esperma, de hombre y de burro, nos besamos y luego el se fue, a lo cual yo despues de lavarme bien, me sentí MUJER por primera vez, una esperiencia, fascinante, para ser la primera vez.

Me volví loca al ver la polla de mi cuñado

Soy una chica de tez blanca y para ser sincera soy muy simpática, tengo diecisiete años y la culpa de que yo relate esta historia es de mi cuñado.

Mi hermana de 24 años se casó con una ricura de hombre de su misma edad, el mismo que se quedó viviendo por casi cuatro años a mis trece años el ya me gustaba mucho y siempre me sentaba en sus piernas y podía sentir su polla haciendo presión en mis nalgas y a esa edad me mojaba y se me calentaba mi conchita, pasó cuatro años y mi cuñado salió de nuestro hogar y se fue a vivir a otro lugar fuera de nuestra ciudad, salí de vacaciones de mi colegio y mis padres me preguntaron que a donde deseaba pasar mis vacaciones y sin tapujos dije “donde mi ñaña” y la lujuria era tan grande que solo de pensar lo que podía suceder mojé mis pantys.

Una semana después de salir de mi colegio, viajé donde mi hermana, donde me recibió de una manera grandiosa y donde mi cuñado me dio un beso casi en la boca y me mojó mucho los labios, pasaron dos día y eran las once de la noche y llegué a escuchar unos gemidos que venían del cuarto de mi hermana y creo que como cosa del destino no habían cerrado bien la puerta del cuarto y me quedé anonadada de ver aquel mástil divino de mi cuñado que entraba y salía del túnel vaginal de mi hermanita, una polla de 22cm de largo como por 11/4 de ancho y brillaba de una manera que me quedé hipnotizada de ver cual hermoso miembro que la naturaleza le había dado a mi cuñadito, cuando vi que ya habían acabado aunque hasta ese entonces no sabía cuando se acababa, me retiré de allí quedando inquieta de ver tanta ricura sexual, esa noche no dormí y si lo hice fue pensando en ese momento que había vivido.

Al día siguiente mi hermana se fue a una reunión de amigas donde se demoraría casi todo el día.

Mi cuñado ese día llegó mas temprano de lo acostumbrado, y valla que me encanto que lo aya hecho, después de comer se fue al cuarto donde se quedó dormido (aparentemente), yo como buscando la oportunidad, entré a su cuarto según yo a hacerle bromas y donde por accidente me pegué con el respaldar de la cama y del dolor no pude contenerme y caí sobre su lecho y mis senos quedaron sobre su cara y mi cuñado sin disimular me dio un mordisco que perdí los estribos y lo besé en la boca, el me cogió de la cintura y me puso a horcajadas sobre él y me dijo que me iba acordar de él por siempre, me besó desde el cuello hasta los dedos de los pies, pero donde mas le agradó besarme fue en mi virgen flor sexual, donde me deleitó con su lengua y donde por primera ves sentía una sensación de verdad exquisita, él me pidió que le pagara de la misma forma en donde torpemente le mordisqueaba el precioso glande, después de largo rato de estar así el me pidió que me pusiera boca a bajo pero acostada, abrió mis piernas y se fue acomodando poco a poco hasta que su polla quedó justo en medio de mis labios vaginales, el me dijo que me iba a doler un poco pero que después gozaría, fue así que su polla empezó abriéndose camino, desgarrando mi carne y causando un dolor inaguantable, donde le pedí de favor que me sacara su herramienta pero no haciendo caso y mas bien de capricho lo hizo aún mas fuerte donde las lagrimas se me salían, hasta que por fin entró por completo y comenzó a embestirme con osadía y lujuria que me vine con un fuerte orgasmo mezclado de fluidos y sangre, después comencé a disfrutar de ese banquete sexual que mi cuñado me estaba dando por mi conchita sin experiencia, luego de un gran momento mi cuñado empezó a retorcerse como lo había visto con mi hermana y después se sacó su polla y me la metió de un solo zarpazo por mi culito donde me desgarró completamente y sin darme oportunidad a escaparme me lleno mi orificio mas pequeño con su majestuosa polla donde después de varias embestidas se corrió como rio dentro de mí que su leche caliente se derramó fuera de mi culo y me baño con ella por completo.

Esa experiencia nunca olvidaré.

Sexo oral con un juego que se complica

Una amiga de mi mujer celebraba el cumpleaños de su marido y nos invitó junto con un grupo de amigos a su departamento. La reunión que empezó a todo trapo después decayó y alguien propuso entonces hacer algo para que fuera más divertida. Se barajaron varias posibilidades hasta que una de las damas presentes tiró el nombre del juego erótico “Verdad/Consecuencia”.

Este consiste en hacerle una pregunta a uno de los participantes, luego de haberlo hecho optar por verdad o consecuencia. Si responde “verdad” quiere decir que lo que le diga el que pregunta es cierto y no tiene derecho a quejarse. Si dice “consecuencia” tiene que demostrar lo que afirma su interlocutor. Es como si se tratara de una prenda. Las preguntas pueden ser bastante delicadas por estar vinculadas a temas sexuales. El que pregunta tiene la sartén por el mango.

Así fue como la primera de las participantes que dijo “consecuencia” tuvo que exhibir sus tetas (por cierto las tenía muy bien proporcionadas) porque le habían dicho que sus pezones eran asimétricos.

Uno de los caballeros tuvo que mostrar su miembro para que el resto observara que no tenía ningún lunar en él. Los que optaron por decir “verdad” tuvieron que soportar, ante la sonrisa del resto, que les dijeran que eran eyaculadores precoces, impotentes, anorgásmicas, lesbianas, gays, etc.

El clima iba en aumento y cada vez se preguntaban cosas más grosas. Una de las damas tuvo que masturbar a su marido, otra mostrar su cola y un hombre sus testículos.

Cuando le llegó el turno a Nora, mi mujer, que hasta ahora había disfrutado del juego viendo las afirmaciones que le hacían a los otros o las prendas que les tocaban a sus vecinos de ubicación, dijo “consecuencia” y fue su error fatal o no, según el cristal con qué se mire.

El tipo que preguntaba, que era un zafado le dijo que -con los ojos vendados- era capaz de reconocer, entre otras que se pusiera en la boca, a la pija de su marido. Cuando escuché esto me negué rotundamente a que realizara la tarea y propuse suspender el jueguito porque me parecía que mi mujer no tenía por qué soportar esa humillación.

Sorprendido escuché que ella dijo que como había aceptado las reglas previas no tenía por qué retirarse y que realizaría la prenda. Me acerqué y le dije al oído si estaba loca y me contestó que no me preocupara que iba a saber cómo manejar la situación.

Yo sabía que a Nora le gustaba mucho chuparla y que era toda una experta pero no pensé jamás que se atreviera a realizárselo a otros hombres y sobre todo en público. Era lo que más frecuentemente hacíamos cuando teníamos sexo. A veces me la chupaba nada más hasta hacerme acabar y gozaba con ello y a poco de comenzar ya se humedecía y llegaba al orgasmo. Me acordé que cuando eran novios en el viejo cine de Flores, luego de las consabidas caricias que nos propiciábamos habitualmente en esos lugares, me la empezó a chupar ante la atónita mirada de una pareja vecina y no paró hasta hacerme acabar.

Entonces recapacité y pensé que no estaría mal que lo hiciera con otros, porque a veces había fantaseado con ello y le dí mi consentimiento con la mirada.

Se prepararon entonces tres de los presentes -que fueron elegidos por la dueña de casa sin que ella, que había sido llevada a otra habitación supiera de quien se trataba. Uno era un tipo joven, de alrededor de 30 años, que tenía un miembro bastante bien proporcionado, que despertó la envidia del resto de los hombres que no podíamos creer lo que estábamos viendo. No era muy larga pero tenía un grosor increible. Las mujeres no pudieron evitar un ¡oh! de sorpresa al verle semejante pija. Los otros dos, de aproximadamente 50 años, la tenían de medidas normales al igual que yo.

Cuando mi mujer ingresó con los ojos vendados la sentaron en el apoya brazos del sillón y los hombres, con las pijas en sus manos, masajeándolas para que adquirieran dimensiones, se colocaron alrededor. El sorteo que se hizo luego de elegirlos, determinó que yo ocupara el tercer lugar.

El primero era uno de los de cincuenta y Nora se la chupó por un instante sin que se le parara del todo y dijo que no era la mía. Con el segundo, el joven de 30, se entretuvo más tiempo (la muy pícara se dio cuenta lo que tenía entre manos, mejor dicho en la boca, y supongo que por las dimensiones se dio cuenta que yo no era, pero se la chupó por un buen rato ante la mirada molesta de su joven esposa y los celos que me estaban atacando por la situación). También respondió negativamente. A mí me la chupó un poco menos que al anterior y expresó tener dudas. Pidió continuar con el otro, con el que tuvo dudas también. Así que le propusieron seguir chupándolas (a esas dos) para desempatar.

Le hicieron una seña al último para que se la volviera a poner y como a esta altura yo notaba que estaba excitada y suponía humedecida, le realizó un trabajo especial. Empezó de a poquito, sosteniéndole el miembro entre las manos y recorriéndolo íntegramente con su lengua húmeda. Siguió lamiéndolo un rato lentamente hacia arriba hasta llegar al glande, metiendo la lengua en el agujerito de la punta y luego volviendo nuevamente a la base hasta llegar a sus testículos velludos.

El resto de los presentes observaba los movimientos y estaban atónitos y excitándose con lo que acontecía. Nora siguió con su tarea como si nada, acentuando sus movimientos. Chupaba y bombeaba como si fuera la última vez en su vida. El pobre hombre (o afortunado) estaba tan fuera de sí que no pudo contenerse y se corrió, parte en la boca de ella y parte en la cara, cuando mi mujer se la sacó rápidamente al sentir los primeros chorros de semen en su interior.

Ahí terminó todo. La dueña de casa paró el juego. Mi mujer se sacó la venda que le cubría los ojos ante un cerrado aplauso de todos y mi mirada complaciente.

Al verme junto a ella y al tipo que recién se había corrido dijo: Estuve cerca ¿no?, ante las sonrisas de los presentes, salvo de la esposa de este último que la miraba con odio.

La fiesta continuó. Bebieron y tomaron por un rato más sin hacer ninguna mención al juego realizado.

Esa noche cuando llegamos a casa cogimos como los dioses echándonos un polvo sensacional.

Llego a casa y me encuentro a mi mujer desnuda con un amigo

Cuando entré al dormitorio, mi esposa y Phil veían la película porno, pero de inmediato noté que la minifalda de Lori, mi esposa, estaba levantada al nivel de su pubis al punto que pude ver que no tenía panty y admiré su recién afeitada vulva. Su blusa estaba entreabierta, la mitad de ella fuera de la falda. Se podía notar la verga parada de Phil, empujando su pantalón en forma de carpa.

Como si no hubiera notado me senté al borde de la cama, a la derecha de mi esposa, le ofrecí el vino y luego empecé a acariciarle el muslo derecho. Poco después Phil acariciaba su muslo izquierdo, noté que su mano subía más y más hacia la chucha. Repentinamente Lori me abrazó, me empezó a besar y se reclinó en la cama. Terminé de abrir su blusa, su brazier estaba ya suelto y empecé a besar sus erectos pezones, algo que le fascina. Pronto mi esposa empezó a jadear y gemir y su cuerpo empezó a ondular, .” Uuuyy qué rico, sigue siiiigueee, qué riiico”, jadeaba. Yo sabía que eso no era porque yo le chupaba los pezones, miré hacia abajo y vi sus piernas sobre los hombros de Phil que estaba arrodillado a los pies de cama y chupándole la chucha lujuriosamente…

“No puedo más” susurraba mi esposa, entre jadeos “Phil, quiero chuparte, métemelo en la boca”. Phil se levantó y se quitó los pantalones colocándose al lado de la cama para que mi mujer lo mamara. Entonces Lori, dirigiéndose a mí dijo “Chúpame la chucha” y luego empezó a mamar la inmensa verga de Phil que apenas le entraba en la boca. Yo, inmediatamente me arrodillé al borde de la cama y empecé a chuparle la chucha, el clítoris, mientras le metía la yema del pulgar izquierdo al agujero del culo. Yo sabía que eso le fascinaba aunque fueron muy contadas las veces que me había dejado hacerlo.

Su pubis afeitado y su clítoris más y más turgente se sentían deliciosos. Mi esposa empezó a mover las caderas en forma circular y luego hacia adelante y atrás, culeando contra mi pulgar hasta que éste quedó enterrado en su bello y apretado culo.

“Qué deliiiicia”, gemía mi mujer mientras jadeaba retorciéndose de gozo.” ooohhhh, qué deliiiicia ,Phil ,Phil, por favor,… házmelo, tú sabes lo que quiero y me gusta… hazlo, por favor, no puedo maaaas, voy a gritar.” Entonces Phil dijo algo sorpresivo, “dile a tu marido lo que te gusta”. “noooo, solo házmelo,yaaa, haaazlo” “díselo, dile a tu marido lo que te gusta” insistió Phil, “no te lo haré si no lo dices”

Y entonces mi esposa reveló un gran secreto,..” Phil por favor, pleeeese, métemelo en el culo, siiiiiii, plese, meeetemelo, lo deseeeeo” Phil se colocó en la espalda de mi esposa que estaba sobre su lado izquierdo mientras yo le seguía chupando la chucha y sorprendiéndome cada vez más de lo que estaba pasando.

Phil se acostó detrás de mi esposa pero no se movió, Lori le pasó su pierna derecha sobre la espalda y lo empujó hacia ella mientras empezó a empujar su cadera contra Phil,

Pude contemplar un verdadero close-up de la inmensa verga de Phil abriendo el apretado culo de mi esposa, ella jadeaba y gemía, una mezcla de dolor placer hasta que el inmenso glande sobrepasó los músculos de su hasta ahora, supuestamente virginal ano. Luego sentí su alivio y placer,”oooh, qué deliiicia, qué riiico que es” murmuraba jadeando. Phil no se movía, fue ella la que suavemente empezó a culear contra esa inmensa verga hasta que poco a poco fue desapareciendo en su delicioso culo. Lori gemía y jadeaba de placer, casi gritaba lascivamente de deleite, ‘cómo me gusta en el culo..siiiiiiigueee, húndemela tooooda. ”

Phil empezó a culearla también, me retiré y me senté en un sillón a contemplar ese bello cuadro erótico, la inmensa verga de Phil fue poco a poco desapareciendo en el dilatado agujero del culo de mi esposa…

Me di cuenta que esa no era la primera vez que Phil se cogía a mi esposa. Se entendían demasiado bien para que así fuera. Mis sentimientos eran una mezcla de celos y deseo, de arechurra. Mi puta y bella esposa culeando con mi amigo, lujuriosamente y sin inhibiciones era un espectáculo demasiado voluptuoso.

Entonces mi mujer dijo: “cómo me gustaría que….”y se calló. Phil dijo” dile a tu marido lo que te gustaría, díselo todo, de una vez .” “Es demasiado” añadió mi mujer. ” No” insistió Phil”, es ahora o nunca, te vas a sentir mejor”… Finalmente mi mujer lo soltó “quiero que Dany venga para que, con Phil, me llenen por delante , y por atrás,” luego me rogó, “por favor llama a Dany, dile que estoy tirando con Phil y quiero que él venga para que me cojan entre los dos” y luego añadió y me dijo, “sé que te gusta verme gozar, y me vas a ver coger sin límites cuando Phil y Dany me llenen por la chucha y el culo al mismo tiempo, estoy súper arecha de sólo imaginar culeado con tus amigos mientras nos ves”. Yo estaba choqueado, pero cada vez mas arecho, llamé a Dany que no demoró nada en llegar. Ver a mi arrecha esposa ondularse apasionadamente entre el doble abrazo de Phil y Dany fue algo indescriptible.

Culearon con lujuria sin limites, les tomé fotos y los grabé, mi mujer jadeaba, gemía, casi gritaba voluptuosamente. “qué deliiiicia, cómo me guuusta, qué riiiiiico, deliiiiicia, oooooh, Phil, siiiiiii.lléname , despacio, siiiii, asiii,… Dany estoy tan arecha Dany, suave, deja que yo te apriete, qué riiiiico” y luego dirigiéndose a mí “¿te gusta?, te gusta ver cómo me tiran y me hacen gozar tus amigos, qué riiiico que es…”

Fue increíble, los tres culearon por horas, mi mujer se portó como la puta ideal. “qué culo maravilloso” decía Phil dirigiéndose a mí, ” qué putas ni qué putas, tu esposa esta es la mejor hembra que me he cogido, ”

Mientras tanto yo los grababa, admiraba ese momento erótico, me pajeaba. Mi esposa, contorneándose, moviendo esas maravillosas caderas, ese maravilloso culo, en forma circular y luego culeando hacia atrás, hacia Dany y hacia adelante a Phil era un espectáculo que jamás pensé presenciar. Mi esposa era la puta más arecha que yo podía imaginar.

Luego de varias horas, Dany y Phil finalmente se fueron, contra los deseos de mi esposa que quería seguir tirando. Pero ambos tenían a sus propias esposas esperándolos.

Mi esposa despidió a mis amigos, desnuda, en la puerta de la casa. Estaba tan arecha que no le importaba que algún vecino la viera. Los besó con pasión mientras frotaba su desnuda cadera contra los aún erectos penes de Phil y Dany. Putísima, pero deseable y deliciosa,

Finalmente terminó la erótica despedida en la puerta abierta, nos fuimos a la cama. Mi esposa, ella y yo, estábamos arechísimos. Mi bella y puta mujer estaba bañada con el semen de Dany y Phil. La abracé, estaba resbalosa, pero su arechurra la puso a moverse ,contornear sus bellas caderas, restregando sus tetas contra mí. Acabé casi enseguida, pero luego empecé a chupar su bella y afeitada chucha, luego su culo que aún chorreaba el semen de Phil y Dany.

La amo.

Segundo Episodio

Luego de esa maratón de sexo dormimos abrazados. Desperté al sentir su cuerpo apretado contra el mío. Mi esposa estaba muy cariñosa, algo que no había ocurrido por años. Me empezó a hablar suavemente, me dijo que sentía un gran alivio al haber podido mostrarme su relación con Phil y Dany. Me dijo que el sentimiento de culpa la había torturado por mucho tiempo y eso hacia que no se me entregara sexualmente con la pasión de los primeros años de matrimonio. Me contó que todo empezó hacia años durante un viaje que hice. Dany la había invitado, junto con su amiga Luci y su amante a comer y que luego fueron a su casa a tomar vino y bailar. Luci y su amante empezaron a besarse con pasión y a desnudarse. Mi esposa y Dany se dejaron arrastrar por el espectáculo erótico y todos terminaron en una orgía en la que todos se mezclaron desenfrenadamente. Mi esposa me contó que fue la primera vez que gozó sintiendo dos vergas dentro de ella. También tuvo sexo con Luci, descubrió que tenía una fuerte inclinación bisexual, confirmando mis sospechas. Esa noche empezó su desenfreno sexual. Siguió visitando diariamente a Dany, y fue ella que le pidió que incorporara a un amigo en sus encuentros porque tener dos penes enterrados en su lascivo cuerpo se volvió una obsesión de deseo. Así fue que Phil se incorporó a sus frecuentes encuentros lujuriosos. Nunca hubo ninguna emoción entre ellos aparte de la pura arechura que fue creciendo con el tiempo.

Seguimos conversando por horas, para sorpresa mía, su historia, lejos de enojarme, sólo aumentaba mi pasión por ella. Y ella al ver mi reacción me contó más y más detalles que en cierta manera, confirmaron mis sospechas. Por lo menos 2 veces por semana, generalmente a medio día se reunían con Phil en el departamento de Dany y los 3 culeaban por horas. Algunas veces se reunía allí con Luci y otras amigas bisexuales. Con las mujeres sí desarrolló lazos de amor, me confesó que amaba a su amiga Maria, a quien encontraba bella y compartían horas de cariño, caricias interminables y besos apasionados. Me dijo que quería que un día las viera juntas amándose… Confirmando nuevamente mis sospechas, mi esposa me confesó que también mantenía una relación amorosa y sexual con nuestra mucama, una bella muchacha, a quien una vez que llegaba a la casa de improviso vi salir de nuestro dormitorio, terminando de abrocharse su uniforme de trabajo. La excusa era que mi mujer le estaba tomando medidas para hacerle nuevos uniformes, pero lo curioso era que mi esposa estaba en cama supuestamente ‘descansando’, totalmente desnuda, porque hacía mucho calor.

Lori dijo que se sentía aliviada de haberme contado sobre su relación con Eva, nuestra mucama, porque muchas veces que yo estaba en la casa, tanto Eva como ella anhelaban poder acostarse juntas, pero sólo podían intercambiar miradas de pasión y de deseo. Yo había notado ese brillo en los ojos de Eva. Por mi parte le confesé que yo también había sido seducido por la apariencia sexualmente atractiva de Eva. Mi esposa estuvo feliz al saberlo, inmediatamente fue a buscar a Eva, la trajo al dormitorio y le dijo, “el señor sabe todo lo nuestro”, noté un gesto de temor en Eva, pero luego mi esposa añadió, mientras abrazaba y acariciaba a Eva, “ven, acuéstate con nosotros. Los ojos de Eva brillaron de deseo. Mi esposa la ayudó a desnudarse, acarciándola, lamiendo sus pechos, metiéndole los dedos en los oídos. Se acostaron, se besaron con ternura mientras frotaban sus cuerpos uno contra el otro con movimientos ondulantes, gimiendo suavemente. Fue extraordinariamente erótico ver a esas dos bellas mujeres acaramelarse entre ellas. Había algo más que puro deseo sexual, había ternura, apego. Pero a medida que progresaban en sus caricias y cuando empezaron a tocarse la vulva, el clítoris, y suavemente explorarse el ano mutuamente, pude ver lujuria y pasión. Sus besos se hicieron más profundos, sus gemidos y murmullos hablaban de la profunda pasión que se sentían. Mi esposa le dijo: “ve a traerlos”. Eva se levantó y desnuda salió de la habitación, volvió rápidamente con una caja de la que sacaron dildos de todo tipo. Ambas se insertaron un doble dildo en sus vaginas y se abrazaron mientras se culeaban con movimientos circulares y de vaivén. Sus gemidos de placer lo decían todo. “Cómo me guuusta, qué riiico.” susurraba Eva, “me encanta saber que el señor ya lo sabe, así podemos estar juntos cada vez que tengamos deseo…qué riiico”. Mientras se seguían frotando y culeando con su doble dildo enterrado en sus chuchas, tomaron ambas vibradores que insertaron una a la otra en el agujero del culo, suavemente y gimiendo de lujuria.

Era inevitable, yo estaba cada vez más y más arecho, empecé a masturbarme lentamente. Entonces Eva murmuró dirigiéndose a mi esposa: “quisiera que el señor me lo meta en el culo, ¿le da permiso?… Mi mujer respondió, “por supuesto, él ya sabe también de mi relación con Phil y Dany, es justo que pueda disfrutar de tu bello culito”. Casi no lo podía creer, me acerqué a Eva por detrás con mi verga erecta como nunca. Mi esposa retiró el vibrador que tenía metido en el ano de Eva, tomó mi pene con la mano y suavemente la fue metiendo al delicioso y apretado culito de Eva que se retorcía de placer mientras gemía: “qué deliiiiicia, estoy tan feliz de ser culeada por los dos”. A lo que mi esposa agregó:” y yo estoy feliz de poder gozarte junto a mi esposo, bella Eva”.