Mi prima recién divorciada me entrega su culo

Contaba en esa época con 22 años mi prima tenía por ese entonces unos 32, era casada y tenía tres hijos, recién estaba separada ya que su marido la había engañado y ella no se lo perdonó y lo echó de la casa, como al mes de esto ella llegó a mi casa y entre todo lo que conversamos me confió que sentía muy sola, yo le dije que tratara de volver con su marido, lo cual descartó por completo, como teníamos bastante confianza nos contábamos bastantes cosas me preguntaba por mis conquistas pero yo no daba mayor detalle, en eso estábamos cuando de pronto noté que cruzaba demasiado las piernas, pensé que estaba nerviosa, en uno de esos cruces se me ocurre mirar no sé por qué encontrándome con un fondito blanco apenas visible, sin lugar a dudas eran sus pantaletas, me incomodé y giré la vista rápidamente pero mi prima esbozó una sonrisa casi imperceptible, me sentí muy mal, seguimos conversando y de repente se lleva el vaso de cerveza a los labios muy lentamente, al tiempo que descruza las piernas dejándolas separadas, instintivamente mis ojos se posaron en la separación que dejaron sus piernas y mi sorpresa fue tal, al ver que su calzón estaba metido dentro de sus labios vaginales y no se veía sino una mata negra mezclada con parte de su calzón blanco, mi excitación fue tan grande como mi incomodidad, me sentí mal por excitarme con mi prima y me molesté por haber mirado me levanté rápido al baño y me olvidé por completo que andaba con un traje de baño así que ya se imaginaran que al ponerme de pie, parecía una carpa de campaña, me sonrojé y partí raudo al baño, me sentí humillado, al volver, muuuuy al rato, mi prima se reía en forma sarcástica pero casi imperceptible, y miraba hacia mi pedazo de carne de reojo, bueno dije esto es insólito y me olvidé, al despedirse me dio un beso como si nada hubiese pasado y se fue.

Como siempre me invitaban a almorzar un día fui a casa de mi primita Vero, y conversamos de todos los temas yo me había olvidado de lo que había pasado hace poco pero cuando conversábamos y yo me percaté de su escote y cómo se veía ese delicioso par de senos me vino a la mente lo de la cruzada de piernas y mi erección no se hizo esperar, mi mente ya no veía a esta mujer como mi prima si no como una mujer y qué mujer mientras ella me hablaba de lo mal que se sentía sola y cuanta falta le hacía la compañía de su marido, yo no hacía más que mirar y soñar de reojo con ese par de tetitas, me imaginaba un par de pezones grandes y morenos, mi prima es color canela pelo corto una cintura envidiable para cualquier quinceañera y por supuesto un buen culito, que estaba sostenido por dos buenas piernas, con algo de piel naranja pero casi nada.

En este éxtasis estaba cuando ella me dice fuerte ¡¡¡ primo!!! , me incorpore y le pedí disculpas, en qué piensas primito, me dijo. Ahí se me ocurrió mi venganza dulce por lo del otro día.

– La verdad es que pensaba en una amiga con la cual salgo. – Qué pasa con ella. – Tenemos un problema íntimo que no me atrevo a contarte. – Dale primo si tenemos confianza no me decepciones – Bueno te contaré pero es íntimo así que no te sonrojes eh (por lo que me contaba yo sabía que ella estaba muy caliente y ya no sabía qué hacer). Mira tenemos relaciones con mi pareja pero a ella no le gusta que le dé por detrás y yo quiero probar, el otro día estábamos haciendo el 69 y comencé a meterle el dedo al ano ella como estaba súper mojada ni se dio cuenta cuando le pasaba la lengua pero cuando metí el dedo se enojó y bueno la verdad no sé si estaré mal yo o ella – Ay primito esto sí que es fuerte pensé que era algo más doméstico, uff no sé qué decir espera… – – (antes de que siguiera la corte para contarle más, estaba transpirando), Sin más le dije, el otro día, mientras ella estaba sentada arriba mío, tú sabes que así la penetración es mejor y Uds. se mueven a su antojo, bueno mientras ella subía y bajaba yo le metí el dedo anular despacio y no me dijo nada, cuando ella llegó al orgasmo yo la di vuelta le puse las piernas a la altura del hombro y la penetré estábamos en eso cuando se me ocurrió metérselo por detrás, como yo mientras se lo metía estaba mirando cómo entraba y salía y vi su ano me calenté y lo saqué y se lo puse en la entrada quise presionar y ella se molestó, desde ahí no la he buscado, crees que es mi culpa, tal vez como eres mujer puedas ayudarme. – A todo esto ella estaba sudando mientras yo le contaba al tiempo que prendía un cigarro y movía las manos y piernas de un lado para otro, yo sabía que ya no daba más de lo caliente que estaba.

– Mira primito yo e… Este la ver… la verdad estoy un poco impresionada y sólo te puedo decir que yo nunca lo he hecho por ahí pero creo que en el amor no deberían haber secretos, y tal vez si conversas bien con ella, particularmente a mí me han dado ganas de hacerlo por ahí pero de vergüenza nunca le dije al Pepe, qué hubiera pensado de mí. Así que tal vez conversando se arreglan las cosas.

– Voy a intentarlo Vero te cuento qué pasa luego, y tu dime qué vas a hacer. – – Primo yo te quería decir si…- en eso llegaron sus hijas del colegio y se acabó la conversación así que pasado un tiempo me fui.

Como a la semana la llamé y le dije prima te contaré algo.

– Dime primo qué pasó y cuándo vienes tengo ganas de hablar contigo hoy las niñas no vienen sino hasta la noche. – – Esta semana imposible, pero escucha, hablé con Tana (mi pareja) y le dije que eso era algo normal en una pareja y bueno todo lo que se me ocurrió comenzamos a hacerlo y como el otro día cuando la tenía con las piernas al hombro le puse el glande en la entrada del ano que previamente había lubricado y agrandado un poco y se lo metí muy despacio hasta el tallo mismo y comencé un mete y saca salvaje primita no sabes cómo gozamos y todo te lo debo a ti tengo que agradecértelo, ya te contaré con detalles hoy es casi imposible que vaya para allá porque me juntare con ella le quedo gustando parece pero si puedo alcanzo un beso y cuídate.

– Primo espera yo que…

– Te llamo luego tengo que colgar bye primita.

– Click y colgué, ya estaba lista para la foto así que compré una botella de champagne y me encaminé a casa de mi prima.

Cuando toqué demoró en abrirme, cuando lo hizo vi que se había retocado un poco, sus ojos se iluminaron y se alegró mucho de verme.

– No pensé que vendrías primo qué pasó con tu enamorada. – – Acompañó al papá a una reunión y yo no quise ir así que aproveché y dije le compraré algo a mi dulce prima por el consejo que me dio y que tanto me sirvió (acto seguido le di un gran beso en los labios agarrando cada mejilla con mis manos como de cariño, pero con toda la lujuria y pasión que pude). – – Primo … pero.. qué … qué haces me avergüenzas guau uffff de nada primo. – – Es que estoy contento hace tiempo quería hacerlo por ahí y lo conseguí es tan apretado y caliente y sólo lo conseguí por ti gracias a todos tus consejos. – – De nada primito pero mejor no me cuentes más por favor. – – Por qué, le dije, pensé que teníamos confianza

– Sí pero… no sé es que no sé mejor tomamos un café te prepare algo. – – Para qué si tenemos un rico champagne es mi regalo abrámoslo – al tiempo que lo habría lo movía un poco cuando salió la empapé a ella y a mí. – – Ay primo mi falda y blusa me las mojaste, esta rica mmmm

– Tranquila prima se secan no hay problema, esta rica de verdad eh, la compré para ti.

– Me siento halagada, gracias

– Todavía no le dije al tiempo que le daba de mi copa en sus labios… prima la otra vez me asaltó una duda cuando conversamos en mi casa ( la tomé de las manos y la senté en el sofá). – – Cuál duda loquito. – – Cuando te vi no recuerdo si eran negros o castaños, en el mismo momento le tomé las rodillas y se las levanto poniendo sus pies a la altura del sofá y comienzo a abrirle las piernas descaradamente

– Negro o casta… pero qué…esta…primo… – Mi dedo índice ya estaba metido hasta el fondo en su vagina y mi lengua también lamía y succionaba sus labios vaginales con salvaje pasión.

– Primo noooo…por fa… ayyyyyyyyyyyyy

No había mas conversación, sus manos agarraban con fuerza mi cabeza y la empujaban hacia adentro como queriendo meterla dentro también, mi dedo ya no daba más así que lo cambié por el anular mientras seguía bebiendo sus jugos que salían de su interior estaba empapada le saqué el calzón y seguí sopeándola hasta que me quité los pantalones, me incorporé y le saqué la blusa, mientras me apoderaba de sus senos y pezones y los chupaba como niño, la penetré con toda mi energía todo el pene se clavó derecho y sin problemas en su más que lubricada entrada, mientras bombeaba una y otra vez más chupaba sus tetas ella estaba extasiada sólo gemía una y otra vez sentía cómo la leche caía por mi tallo erecto y empapaba mi pendejos, la levanté del sofá con sus piernas rodeaba mi cintura y mi carne dentro de ella la tomé y me senté en el sofá quedando ella lista para cabalgar comenzó y subía y bajaba, mi glande estaba por estallar estaba rojo fuego, sus ojos estaban blancos, sus gemidos eran aullidos cuando comencé a sentir la leche hirviendo, me paré desenvainé el sable y la puse arriba del sofá con las manos apoyadas en el respaldo, tomé su cintura y le acomodé el culo para que quedara paradito y listo para ser sodomizado, con mi carne al rojo y mojada hasta el nacimiento se lo pasé por el ano le pasé la lengua y metí un dedo y luego otro ella sólo se movía con la cabeza apoyada en el respaldo sólo esperaba nerviosa el momento de la incrustación, saqué mis dedos y tomé el pene y lo dirigí hacia la entrada negra y oscura metí la cabeza y ella se arqueó miró para atrás como pidiendo piedad, eso bastó para llenar mi lujuria, de un sopetón se lo incrusté hasta el fondo un gemido y un ayyyyyyyy prolongado sellaron la desfloración anal de mi prima Vero, lo metí y lo saqué con fuerza una y otra vez, bombeé hasta que mi leche no aguantó más pero yo quería derramarla en su concha adentro así que antes que eyaculara la penetré por la vagina la leche salió de inmediato bañando su interior se la entregué toda, cuando derramé todo mi líquido dentro de ella la volteé y comenzamos a besarnos como enamorados, fue un polvo magnifico.

– Te gustó prima

– Lo anhelaba tanto por qué no te decidiste antes.

– Quería que estuvieras bien caliente, además como somos primos tenía mis dudas. – – Yo también pero con lo que me contaste quedé calentísima.

– Por eso lo hice, dime te gustó por el ano. – – La verdad me encantó pero fuiste un poco bruto, me sentía llena un poco incómoda al principio pero me gustó bastante. – Tu mirada me cautivó para metéterlo de una vez por completo, a ver déjame hacerle cariño – comenzamos a besarnos tiernamente y así fue como le di a mi prima por lado y lado, dejándola saciada por un rato, cuando le besé las manos sentí un sabor especial.

Primita qué hacías antes que llegara yo – al tiempo que le chupaba el dedo anular.

Bueno me dejaste tan caliente que me estaba masturbando pensando en ti ya no aguantaba más, la otra tarde cuando te fuiste también me masturbé pensando en que me hacías una sopita.

Ven amor que te voy a dar de nuevo por el chiquitín – la tomé de nuevo de la cintura y la senté arriba mío le dije tú misma póntelo lo agarró con la mano y se lo clavó en el ano presioné y entró poco a poco se sentó por completo y mi pene desapareció dentro de su orificio sus ojos ya estaban blancos, se movía como desesperada su culito estaba subiendo y bajando mi pedazo de carne sólo era un sable ardiente que llenaba aquel hoyo negro, cuando el orgasmo le llegó se dobló de placer me besó en los labios y me agradeció la saqué de encima y la acosté me acomodé y se lo metí por la concha sus labios vaginales se abrían ante semejante extraño, se tragó todo el nabo, comencé a metérselo ,con las manos tomaba sus pantorrillas y quedaba totalmente expuesta ante mí se lo metía una y otra vez cuando sentí que ella se venía se la hundí hasta el fondo y se lo movía sin sacarlo de un lado a otro, incrustado y sólo lo movía en forma circular, cuando llegó yo estaba listo se lo saqué me paré en el sofá tomé su rostro tierno en mis manos metí mis dedos en su boca se la abrí y le metí la pichula por completo sin preguntar, bastó sólo un par de chupadas y le entregué todo mi semen a sus entrañas no lo saqué hasta que sentí que se atragantaba con tanta leche, fue una tarde llena de sorpresas y orgasmos la pasamos salvaje.

Madura en fin de año

Todo lo que voy a contar a continuación ocurrió en una fiesta de fin de año que fue este año (2000 comienzo 2001). Voy a cambiar un poco los datos pero la historia es la misma.

Resulta que a mi hermana la transfieren a otro país. Vive ahí durante 3 meses y nos cuenta que es increíble y que hay una joda terrible. Entonces con mis demás hermanos decidimos ir a visitarla y pasar año nuevo con ella. Por supuesto que esto incluyó solamente a los hermanos nada de padres. Viajamos al destino y ya la primer noche tuvimos una reunión donde conocimos a todos los amigos de mi hermana. Es decir, eran todas mujeres, muy lindas. Eran todas chicas grandes para mí ya que tengo solo 17. Las edades rondaban los 23 años para arriba. Me sentía en el paraíso. Además me trataban muy bien por el sólo hecho de ser el hermano menor.

Recorrimos un poco la ciudad al día siguiente y es ahí donde empezaron los preparativos para la fiesta de fin de año. Nosotros pensábamos que iba a ser algo tranquilo pero mi hermana se descontroló y contrató un Dj y compraron muchas bebidas. Es decir que fiesta iba a haber seguro. Mi hermano tenía onda con una amiga de mi hermana y mi otra hermana (que había ido con nosotros) no tenía ningún acompañante pero después lo encontró en la fiesta. Eso no importa. El tema era que yo no tenía con quién estar ya que cada uno estaba en lo suyo. Empezó la fiesta y la gente iba llegando. Habría 25 personas, la mayoría mujeres. En medio de la fiesta me entero que habían llevado a una chica de mi edad o más chica para mí. Pero la verdad es que cuando la vi no me interesó para nada. Entonces me concentré en la fiesta. Es decir había música y mucho alcohol además de muchas mujeres hermosas. Me dediqué a bailar y a pasarla bien. Bailaba con las amigas de mi hermana y estaba todo bien, hasta que me puse a bailar con Carla que tenía 32 años (vamos a llamarla así). Ella estaba medio tomada al igual que yo y era tanto el calor que estábamos los dos sudados. Nos pusimos a bailar juntos y yo me le insinuaba y ella no mostraba ninguna muestra de rechazo. Fue así que nos pusimos a bailar muy provocativamente a tal punto que un momento me doy vuelta y estaban todos los de la fiesta parados mirando y sacando fotos. A mí no me importó para nada. Yo mientas que bailamos le alcanzaba alguna que otra copa o cerveza simplemente. Yo tomaba la misma cantidad es decir que no la quise emborrachar. En la mitad del baile me dice que estaba medio mareada y que la acompañara a la cocina que quedaba adentro y donde no había nadie. Me llevó de la mano a la cocina donde tomó un vaso de agua. En ese momento me agarro un no sé qué y la abracé esperando algún rechazo. Pero ella no hizo nada, ahí no más me acerqué y le di un beso. Les cuento que he besado y estado con mujeres en mi vida pero como esto no hubo ningún beso parecido. Fue algo muy lindo. Nuestras bocas húmedas empezaron a compartir la misma saliva y así hasta que la temperatura llegó a tal punto que empezamos a tocarnos. Ahí no más ella me dijo NO, vení para acá. Y me llevó al patio que quedaba delante de la casa. Me llevó al garage y ahí no más saltó sobre mí y empezó a besarme. Ella tenía una falda negra y un top blanco. Yo tenía solamente un short de baño y sin remera ya que había estado en la pileta. La apreté contra una pared y nos seguimos besando, se sentía raro pero muy lindo. Le empecé a tocas sus maduras nalgas que se mantenían muy bien porque iba todos los días al gimnasio. Ella se excitaba mucho y gemía como nunca lo había escuchado. Le mordía el cuello y se lo besaba, ella me apretaba y clavaba sus uñas en mi espalda. Todo esto iba acompañado de un movimiento pélvico de parte de los dos que hacía que nuestros miembros se frotaran constantemente. Así subía el nivel de excitación de los dos. No dude en nada y ahí no más le metí la mano por debajo de la falda que llevaba. Ella se excitaba mucho y gemía, cosa que me hacía poner como loco. Cuando llegué a su entrepierna, estaba toda humedad y caliente. En ese momento produjo un grito que me hizo estremecer de la calentura. Yo tenía miembro al máximo no podía más ya me estaba empezando a doler. Nos tiramos al suelo y yo le arremangué el top y empecé a tocar sus senos que no estaban tan mal como yo creía. Tenia sus pezones muy erectos a punto que empecé a lamérselos y ella seguía con sus gemidos y apretándome fuerte. Después empezó ella a tocarme. Me tocaba las nalgas y mi pene que estaba que no podía más. La acosté sobre el suelo y me deslicé desde su boca hasta su entrepierna besándola y lamiéndola. Cosa que la volvía loca ya a mi también. Me metí entre su falda y corrí su hermosa ropa interior y comencé a lamer su hermosa vagina. Ahí no más me dijo que parara, y que la penetrara de inmediato. Entonces me arrodillé y saqué su bombacha, lo que me dejó una vista increíble. Luego de sacarme mi short me monté sobre ella y ella me acomodó el pene para que la penetrara. Ahí no más la introduje y estaba tan caliente ella que la sensación cuando la penetré fue terrible. Ahí no más empezamos a movernos los dos lentamente y así cada vez más fuerte hasta que ella tuvo su primer orgasmo. Pero yo no había podido, y ella no me dejaba seguir ya que me decía que estaba mareada y cansada. Esto hacía que mi calentura se fuera por el techo. Parecía una locomotora, más que nada por lo que tenía entre las piernas que estaba como loco. Me dijo que nos fuéramos de ahí y que volvamos a la fiesta. Volvimos a donde estaba la fiesta, que solamente quedaban los restos y el Dj y había empezado a desarmar y llevarse todo. Entonces cada uno se fue a dormir con su respectiva pareja y yo me quedé con Carla esperando a que se fuera el Dj para cerrar la puerta y pagarle.

Una vez que se fue el Dj quedamos Carla y yo solamente, la tendí porque no se sentía muy bien, estaba media mareada así que le lleva agua y algo de pan. Se acostó en un sillón, ya que era el único lugar porque todos los cuartos estaban ocupados, y yo con ella nos abrazamos e intentamos dormir. Pero era tal mi calentura que no podía dejar de acariciarla y besarla y ella respondía. De repente de un salto se subió encima mío corrió su bombacha, me corrió el pantalón e hizo que la penetrara. Se repitió la historia nuevamente, es decir ella tuvo su merecido orgasmo pero yo no. Yo estaba loco. Días después yo pensé que todo iba a quedar en el olvido pero no fue así. Luego de quedarnos solos en la casa de mi hermana nos besamos , y todo indicaba que íbamos a repetir lo de aquella fiesta, pero esta vez la historia tenía que cambiar.

Luego de besarnos y acariciarnos en uno de los sillones me propuso que nos fuésemos a mi cuarto. Cuando se paró noté en su pijama gris que estaba muy húmeda y cachonda por lo tanto.

Nos fuimos a mi cuarto y luego de sacarle el pijama de inmediato empecé a manosear y a tocar esos pezones que me ponían loco por el tamaño. Ella me sacó la ropa y me besaba todo el cuerpo menos el pene. Cosa que me hubiera encantado. La acosté y le empecé a lamer su vagina que estaba húmeda y riquísima. Así hasta que no aguantó más y me hizo subir sobre ella y que la penetrara. Así fue pero esta vez yo estaba caliente y esto se mezcló con la furia entonces empecé a darle cada vez más duro. La cama estaba que se movía para todos lados y ella gemía de una manera muy silenciosa pero que a uno lo afecta igual. Mientras la estaba penetrando ella tuvo su primer orgasmo y fue algo hermoso porque sentía que mi pene estaba entrando en el infierno. Pero yo continué porque no me iba a quedar así. Seguí penetrándola hasta el punto que me venía y noté que a ella también. Acabamos juntos y fue algo inexplicable. Es como si explotara algo dentro de ti hermoso…

Adolescente se vuelve loca con su propia hermana

Mi nombre es Eva, esta historia ocurrió hace algunos años, y es mi propia historia. Desde que he sido muy joven me he dado cuenta que no soy normal. Siempre me he sentido atraída hacia las maneras de ser, de actuar de los chicos y me identificado con ellos más que con mis compañeras. Cuando fui siendo mayor, me di cuenta que los chicos no me llamaban en absoluto la atención, y no puedo negar que, sobre todo al principio, me pusiera a salir con alguno, pero era más bien por intentar ser como mis amigas y para cubrir el expediente.

En cambio, qué decir de las chicas. Siempre me han gustado. Me metía en el servicio con ellas para verlas mejor, todo su cuerpo, me empapaba de sus desnudos en los vestuarios. Siempre me controlé. No quería que nadie supiera de mis inclinaciones. Así llegué hasta los diecisiete años.

Tengo que decir que la culpa de todo lo que pasó en esta historia es de mi hermana Paloma. Vivíamos en Sevilla junto a mis padres. Cuando yo tenía dieciocho años, ella tenía veinticinco. Os llamará la atención esta diferencia de edad. Se debe a que fui lo que se llama “un despiste”. De todas formas, no somos mas que nosotras dos. Ella era muy distinta a mí. No digo físicamente, pero sí en carácter.

Paloma y yo somos de pelo negro y ojos marrones. Yo soy más alta que ella ahora, pero entonces éramos casi iguales. Eso sí. Yo con diecisiete años era un palo de delgada, y ella a sus veinticinco años, no voy a decir que estuviera gorda, ya que gorda no ha estado nunca, sino que tenía las carnes muy bien puestas. Yo solía vestir con ropa de deporte, pues me ha gustado mucho tener fuerza y estar ágil y he hecho siempre deporte. Ella era en cambio muy coqueta, aunque siempre con elegancia.

Yo siempre he usado una melena que no me cubra el cuello, mientras ella luce siempre una cabellera que ha veces lleva suelta y otras veces con coleta, falda por encima de la rodilla, camisas que desabrocha, zapatos de medio tacón.

La coquetería de Paloma no está tanto en su forma de vestir como en su carácter. Le gusta que la mimen, ser el centro de atención, sentirse admirada. Siempre ha tenido un montón de pretendientes, y siempre ha jugado con ellos, como pretendía jugar conmigo. Yo en cambio soy seria de carácter, y aunque soy la menor, tengo que decir que por el carácter de mi hermana he sentido a menudo que me faltaban los mimos de mi familia.

Como quiera que fuera, como tengo un carácter tímido, no me atreví, en un principio a buscar mi media naranja dentro de mi mismo hemisferio. Mi hermana era muy femenina. Se paseaba frecuentemente en braguitas delante mía. Sólo en braguitas, o en un camisón que siempre se me antojaba trasparente. El cuerpo de mi hermana era totalmente distinto a los que había visto en los vestuarios. Era una mujer hecha y derecha.

Empecé a masturbarme pensando en los senos que se le veían a través del camisón, o cuando al salir de la cama, se ponía una camiseta. En las nalgas contenidas por las siempre inmaculadas y blancas bragas, que temblaban al pasear mi hermana por el pasillo, en los muslos que le asomaban cuando se sentaba a mi lado en el sofá.

El verano de 1995 tuve que quedarme en Sevilla preparando la selectividad, pues me habían cargado en junio. Le hice la puñeta en parte a mi familia, pues mientras yo me quedaba en Sevilla estudiando, con mi padre que tenía que trabajar, mi madre y Paloma se fueron a un apartamento que tenemos en la playa, en Matalascañas, Huelva. Mi padre y yo íbamos a visitarlas los fines de semana.

Me cundían los días estudiando y también le hacía de comer a papá, y le planchaba y lavaba. Por las tardes me iba a hacer footing, y después de correr, cuando estaba en la ducha, me masturbaba, pensando en mi hermana. Me divertía pensar que le provocaba a Paloma el mismo placer que yo me provocaba a mí misma con el dedo.

Cuando mi padre y yo íbamos a la playa, yo era una esponja que absorbía todo lo significaba sexualidad en Paloma. Sus top-less. Sus paseos con una toalla alrededor del cuerpo, las noches con nuestros amigos comunes. Cada gesto, cada movimiento me excitaba.

Un fin de semana coincidimos mi hermana y yo, que iba con mis amigas, en la misma discoteca. Era una discoteca cercana a la playa. Yo la vi a ella y me disponía a saludarla cuando me di cuenta que se le acercaba un chico con el que parecía mantener una relación “especial”. Yo lo conocía. Era Mariano, un amigo suyo de hacía tiempo. Era claro que estaban saliendo.

Mi hermana estaba dando un espectáculo delante de mis amigas. Se besaban a brazo partido y dejaba que Mariano la toqueteara por todas partes. Yo estaba roja de vergüenza… y de celos.

– La muy guarra. Se lo voy a decir a mi madre nada más llegar.- No paraba de repetirme y de decirles a mis amigas. Mis amigas la disculpaban. Pero se que esa noche no pararían de hablar de ello y de reírse de mí, por mi hermana.

En un momento dado salieron de la discoteca. Yo, los seguí. Les dije a mis amigas que iban a pedirme una cerveza a la barra, pero lo cierto es que lo que hice fue seguir disimuladamente a mi hermana y Mariano. Se metieron en el coche de Mariano, pero en lugar de arrancar, vi que seguían besándose.

No debí hacerlo, pero tras estar espiándole un rato, comencé a acercarme, primero deprisa, pero conforme estaba más cerca, me iba parando divisar la cabeza retrepada de Paloma. La cabeza de Mariano no aparecía por ninguna parte. Me interesó lo que sucedía, así que di una pequeña vuelta para acercarme mucho sin que me vieran. Allí estaba. Paloma tenía la camisa abierta y el sujetador desabrochado. Sus pechos desnudos aparecían como manchas claras en la penumbra. Mariano tenía la cabeza entre las piernas. No pude ver si mi hermana se había quitado las bragas o no, pero sí que mi hermana tenía el “eso” de Mariano, que asomaba en la bragueta desabrochada, en la mano.

Esa noche lloré al llegar a casa. No tenía más motivo para llorar que los celos. Paloma me lo notó y me quiso sonsacar, pero no le dije nada.

El caso es que desde ese día, la obsesión por mi hermana fue creciendo. Y en un momento dado de la semana que transcurrió a continuación me propuse hacerla mía. No sabía cómo lo haría, pues yo no tenía experiencia ni nada. Quiso la casualidad que cayera en mis manos unas revistas porno que mi padre había comprado y que dejó debajo del colchón, para que yo no las viera, pero claro, al hacerle la cama, las vi.

En las revistas aparecían fotos muy claras de cómo una chica tiene que tratar a otra, a parte de algunos relatos que me parecieron algo bestiales. Me empapé de todo aquello, todas las mañanas me veía las revistas y no paraba hasta que no me masturbaba. Mamá me encontró más delgada que de costumbre el fin de semana siguiente. Un buen día, las revistas desaparecieron. Supongo que las compró papá en un mal momento.

Comencé a cambiar de actitud con Paloma. Procuraba quedarme a solas con ella. Un día entré al cuarto de baño mientras ella se duchaba, y me dediqué a hablar con ella y a observarla mientras se enjabonaba. Me pidió que le diera por detrás, y yo la enjaboné. Luego le alargué la toalla. ¡Qué magnífica mata de pelo negro cubría su sexo! Y en medio, se distinguía la hendidura que esconde a su clítoris. Qué lindos pezones, que estaban rugosos por el agua que le había caído y el frío que pasaba mientras le entregaba la toalla lentamente.

Comencé a tomar por sistema la medida de entrar en el baño cuando ella estaba, especialmente si no estaban Papá, que no lo hubiera visto bien. Un día escuché el chorrito de pipí a través de la puerta. Entré. Creía que me echaría una bronca, pero no me dijo nada. No le pareció mal. Comencé a pintarle las uñas de las manos, también la convencí para que se pintara las de los pies. Comencé a ayudarle a depilarse (Yo no me he depilado en mi vida). Indudablemente, le comencé a echar crema bronceadora y protectora donde no llegaba su mano.

Primer intento

Un día, la playa estaba vacía, ya que nos alejamos mucho de la urbanización, por que Paloma quería hacer top less. Me dijo que le echara cremita por todo el cuerpo. Estaba tentadora. De espaldas al sol, me ofrecía un trasero redondo y moreno en parte. Comencé a broncearle las pantorrillas, mientras pensaba si hacer o no hacer lo que estaba pensando. Sus pantorrillas dieron paso a sus muslos. Los amasaba intentando inculcar una presión y un ritmo que le aseguraran a mi hermana que aquello era un reclamo sexual.

Le pedí permiso para darle crema en el trasero. Aceptó. Le dije que le apartaría el bañador para extenderla bien. No me contestó. Comencé a embadurnarle de crema las nalgas y el interior de los muslos. Me sentía excitada y mi respiración se aceleraba. Estaba segura de que si hablaba, Paloma lo notaría, así que pasé a extenderle la crema por la espalda.

Mi mano se escurría por los laterales, deseaba tocarle los senos. Cada vez mis manos iban más hacia abajo. Esperaba que de un momento a otro Paloma diera media vuelta, y me quitara el bote o me cortara el rollo de alguna manera. Pero en lugar de eso, se dio la vuelta, para que le extendiera la crema por la parte delantera.

Comencé por la cara, primero por la frente, luego por la mejilla, la barbilla y alrededor dela boca. Calculaba mentalmente los efectos que le produciría. Luego le di crema en el cuello y en los hombros, el ombligo, y finalmente, las tetas. Mi mano se llenó de crema que extendía sobre todo el pecho de Paloma sin distinción. Luego comencé a rozar sus pezones con la palma de mi mano. Paloma me miró con desaprobación.

-Es…la zona…más sensible – Le dije con la voz entrecortado por la excitación, queriendo explicarle lo que sólo podía explicarse de otra manera bien distinta. Si mi hermana hubiera sido de otra manera, me hubiera quitado la crema y me hubiera mandado a hacer puñetas, pero es una calentona. Le gusta sentirse admirada y deseada, y aunque no dudo que aquello era nuevo para ella y le pilló desprevenida, actuó incitándome.

Pasé a extenderle la crema en las piernas, pero por delante. Evidentemente, ella estaba tumbada con las piernas entreabiertas. Mis manos le acariciaban la parte interior de los muslos, cada vez más cerca del conejito, hasta que la rocé un par de veces con la muñeca. Mis manos incluso se posaron y pude sentir la calidez de su sexo. Comencé a darle con el dedo en la ingle, hasta que conseguí mi objetivo: introducir un dedo a través del bañador. Yo jadeaba de excitación. Ella se levantó de repente y se dirigió al agua. Me quedé compuesta y sin novia.

No tardé en seguirla Había cierto oleaje, y ella se divertía esquivando las olas, a lo cual me sumé yo. Intentaba acercarme a ella, y cuando estaba cerca, abrazarla, pero se chafaba siempre. Yo insistía. Conseguí tocarle un par de veces la suave piel de las nalgas. Hasta que me gritó:

-¡Eva!¡Vale ya! ¡Déjame tranquila de una puta vez!-

Salió del agua, cogió sus cosas y se fue. Me fui detrás de ella, pero dejando pasar el tiempo, quería que si se lo contaba a mis padres, que me recibieran con toda la violencia que requería la situación. Vamos, quería saber nada verles la cara a mis padres si se lo había contado a no.

Mi hermana no le contó nada a mis padres. ¡Qué alivio! Pero en cambio, hubo un cambio radical en su actitud. Se cerraba con llave al entrar en el baño, dejó de darse los paseos que tanto me excitaban. Incluso me hablaba con frases cortas. Estaba enfadada conmigo.

Me di un tiempo en la persecución a la que sometí a Paloma. Seguí masturbándome mientras pensaba en ella, o viceversa. Pero al final del verano, mi mamá y Paloma volvieron de la playa. Era mitad de agosto. Surgió un problema en las tierras que tenemos en Córdoba y mi papá se vio obligado a ir hacia allá dos fines de semana seguidos. Comenzó entonces el acoso a Paloma de nuevo.

Me ponía a ver revistas porno, aquellas que tenía escondidas papá, delante de ella. Me paseaba desnuda para que me viera, e incluso, más de una vez me pilló masturbándome. Vamos, que me puse a masturbarme delante de ella, mientras clavaba mi mirada en sus ojos oscuros. Ella se ruborizaba siempre. Una de las veces coincidió que yo estaba en el baño y ella entró. Comencé a hacerle posturitas. Ella no quería mirarme, pero me miraba. Cuando salí de la bañera, ella se miraba delante del espejo, y al pasar a su lado, le di un achuchón, y restregué mi cuerpo contra su trasero. Cerró la puerta tras de mí. Sentí la ducha. Salió en toalla hacia su cuarto. Si me abalanzaba sobre ella y le quitaba la toalla tras tirarla al suelo ¿Qué haría?

La seguí por el pasillo, encantada de observar el rítmico movimiento de sus caderas, hasta que entró en su cuarto y escuché cerrar el cerrojo. Pensé en ese momento que Paloma nunca sería mía. Me acerqué al baño, desesperada y vi sus braguitas en el suelo del baño.

Cogí sus braguitas y las olí. Olían a sexo… y pude ver una manchita húmeda en la tela que tapaba su almejita. ¡Paloma se excitaba al verme!

La gran lotería me tocó al siguiente fin de semana. El jueves, Paloma, tras una larga conversación telefónica con Mariano, comenzó a llorar. Se encerró en su habitación. Fui a consolarla. Me la encontré sentada en la cama. Llorando.

-¿Qué te pasa, Palomita?- Le decía mientras me sentaba a su lado y le besaba la cabeza, triste yo también de ver a mi hermana tan desangelada.

-Nada, que todos los chicos son iguales. Este cabrón nada más irme de la playa se ha liado con Nuria, y me ha dicho que lo nuestro ha acabado.-

-Pero si estabais tan bien hasta hace unos días. Eso ha sido la zorra esa que se ha metido por medio-

Paloma comenzó a llorar desaforada. Algo había detrás que no me quería decir. Le costó reconocer que no se llevaba bien con Mariano. Había tenido sobre todo, un problema de relaciones sexuales. Lo habían estado haciendo durante el verano. Ella no se había corrido ni una vez. Era incapaz de llegar al orgasmo.

-Pero mujer. ¿A quién se le ocurre ponerse a hacerlo en un coche a la salida de una discoteca?- Paloma se quedó sorprendida de que supiera aquello.- Yo estoy segura de que tú, en condiciones normales te corres como la primera.-

Paloma me miraba desconsolada, pero ya no gimoteaba al menos.- ¿Crees eso realmente? ¿Cómo lo voy a saber yo? ¿Qué más me da ya, si Mariano me ha dejado?-

Yo, esto de los chicos lo he tenido siempre muy claro. Le dije a Paloma.- Mira, tonta, Si ese te hubiera querido, te hubiera llevado a un sitio más romántico. Y no te preocupes, que detrás de ese vendrán más.- Comencé a besarle las sienes y la beberme las lágrimas que le caían por la mejilla. Mientras, mi mano se posó en su muslo. La respuesta negativa no se hizo esperar.

-Déjalo, Eva. Llevas razón, pero tengo que desahogarme. No me agobies- No la agobié.

Al día siguiente, seguía en el mismo plan lloroso por más que mamá se empeñaba en animarla. Mamá no sabía, lógicamente todo el problema. Yo me hice mi plan. Paloma pasaba por un momento malo y yo me tenía que aprovechar. Ese fin de semana era vital para mí.

Pero por poco me lo chafa todo papá, pues al ver la cara de Paloma, se empeñó en que fuéramos todos a la casa de Córdoba. Yo le eché por achaque que tenía que estudiar para la selectividad. Al quedarme yo, por fuerza tenía que quedarse Paloma.

Estuve toda la tarde del viernes con Paloma. Estuvimos como en los viejos tiempos. La depilé las piernas y le afeité el sobaco. También le ayudé a hacerse las tiras. Le ayudé a pintarse las uñas de los pies. Yo pensaba que me iba a comer a un bomboncito la noche siguiente. Nos quedamos viendo la tele. Pusimos la película más erótica que porno de la noche, pero fue suficiente para ver que Paloma se divertía viendo aquellas escenas y no le daba ninguna repugnancia las escenas de lesbianas, aunque, eso sí, se ponía colorada.

Me masturbé pensando en las perrerías que pensaba hacerle a mi hermana la noche siguiente. No podía apartar de mi mente la imagen de la entrepierna de mi hermana, cubierta apenas con las bragas mientras le hacía las tiras. Hasta mi nariz llegaba el aroma de su sexo mezclado con el perfume de la ropa recién lavada.

Por la mañana me percaté de que Paloma no cerró la puerta al meterse al baño. Entré y me ofrecí a enjabonarla. Paloma se dejaba enjabonar todo el cuerpo, y tan sólo me apartó la mano cuando quería adentrarme con la esponja entre las piernas. Luego cogí la manguera y comencé a enchufarle por las zonas donde tenía jabón. Por todas las zonas. No opuso resistencia, hasta que su excitación fue ostensible

-Déjalo ya, Eva.- No quería presionarla, por no echarlo todo a perder. Le ofrecí la toalla, y ella vino a mis brazos a refugiarse de la frescura del ambiente.

Nos preparamos de comer. Nunca he dado tantos besos en la cara a mi hermana como mientras preparamos aquella comida. Luego comimos y le propuse a Paloma la idea de preparar una fiesta para esa noche. Aceptó, así que compramos refrescos y una botella de ginebra. Paloma se reía de que una deportista como yo fuera a beber algún combinado.

También compramos pan de molde para hacernos unos montaditos. La tarde pasó en la cocina. Nos pusimos a preparar los montaditos. Cada vez que podía, como de broma, le pegaba a Paloma un achuchón, que ella me devolvía. Cada vez los achuchones eran más fuertes. Entre achuchón y achuchón nos fuimos bebiendo los primeros combinados. Yo era la que los servía, y no los servía iguales.

Paloma pronto tenía más que un puntillo. Por eso, cuando tras un achuchón que me pegó, yo la agarré por la espalda, noté que la resistencia que ponía era más ficticia que real. Le mordí en el hombro, siempre como de cachondeo, y ella echó el culo para atrás, pero se encontró con mi pelvis. Sólo le dije una cosa: -Vete preparando, que esta noche vamos a tener movida.-

No contestó ni sí ni no, sólo sonrió con malicia. Lo tuve entonces muy claro. Le puse un par de combinados más. Comimos la una sentada frente a la otra. Yo llevaba mi típico pantalón de chándal y una camiseta, debajo de la cual no llevaba nada. Paloma vestía una falda y una camisa de botones, con unas zapatillas. No me gustaba como vestía para esa ocasión, por eso, tras tomarnos los montaditos , le dije que íbamos a bailar, pero que era necesario que cambiara de aspecto.

La llevé de la mano a su dormitorio y le saqué del armario una ropa que mi hermana no se ponía desde hacía diez años. Eran faldas que le quedaban mucho más cortas y suéter que le quedaban súper ceñidos. Después, mientras ella comenzaba a cambiarse, fui al cuarto de mamá y le saqué unos zapatos de verano, de esos que son tres o cuatro tiras cruzadas, con un tacón muy alto.

Al volver a su cuarto, pude verla en ropa interior. Le ordené que se quitara el sostén, ya que no lo necesitaba con el suéter. Luego fui a buscar unas bragas mías, y le ordené que se las pusiera. No quería violentarla, así que salí de la habitación, pero sólo al comprobar que comenzaba a cambiarse las bragas. Yo también me cambié. Me puse una camisa blanca de papá, que me estaba anchísima y unos pantalones del traje, que me estaban igual. El conjunto remataba con unos zapatones. Cuando llegué, Paloma comenzó a reírse al ver mi aspecto estrafalario. Luego me dijo, de broma. -No le da vergüenza, hacer esperar a una dama.-

Puse un disco de Carlos Gardel y nos pusimos a bailar tangos. Imagínense. Ella con esos zapatos de tacón y la falda cortísima. Yo con aquella ropa anchísima. Aquello me sirvió para que con el meneo, Paloma estuviera todavía más mareada, y de paso, para que le perdiera el miedo a mi contacto.

Tras los tangos pusimos un disco muy romántico, de Roberto Carlos, que sabía que le encantaba. Comenzamos a bailar agarradas, con los zapatos de mamá, ella estaba muy alta. Comencé a hablarle.

-Querida mía. Creo que la adoro. No puedo vivir sin Usted.- Ella se reía. SU risa me exasperaba. Me ponía nerviosa.

– ¿Qué le ocurre?. Se ríe de un caballero- Mi cara se acercaba a la suya. De pronto, una de las manos que caballerosamente conservaba en la cintura la agarró de la nuca y acercó la boca suya contra la mía.

– Eso ha estado muy mal, muy mal.- Me dijo tras el primer beso. Pero no opuso ninguna resistencia al segundo beso. Esta vez fue ella la que llevó la voz cantante, introduciendo su lengua en mi boca. Yo quise morderla con mis labios pero se escurrió.

Como antes me había comido los montaditos, ahora empezaba a disfrutar el trabajo del día anterior. Mis manos comenzaron a subirle la falda y a acariciarle el trasero, En efecto, mis bragas le estaban minúsculas a Paloma. Sentí el frío de sus nalgas, que se calentaban rápidamente en mis manos. Tiré de ellas hacia lados opuestos y sentí como las bragas se le iban metiendo entre los cachetes. Ella con sus manos se limitaba a agarrarse por detrás mía.

El suéter señalaba los pezones de Paloma, ahora mejor que nunca. Nuestras bocas no paraban de pelear entre sí, intentando conquistar cada una el territorio de la otra.

La boca de Paloma me sabía a miel. Era un caramelo que tenía que deshacer en mi propia boca. Metí una pierna entre las suyas y se la clavé en el sexo. Sentía la excitación de Paloma en que cada vez se entregaba más. Ahora era yo la que había triunfado en al lucha por su boca. Mi lengua se introducía en cada rinconcito.

-Hoy vas a saber lo que es un orgasmo, putita- Le dije al verla entregada. Ella me escuchaba concentrándose sólo en mis caricias. Notaba mi propia excitación como un peso en el vientre. Le di un tirón al suéter que se desgarró. No nos importó, por lo viejo que era. No conseguí mucho, así que volví a tirar de él, y ahora si asomó uno de sus senos. Rápidamente lo agarré con las manos, presionándolo, y me lo llevé a los labios.

Lamí ese seno varias veces, alrededor de la aureola. De pronto, me metí el pezón en al boca y miré a Paloma a la cara, entornado la vista. Paloma me miraba placenteramente y hasta agradecida. Comencé a sentir crecer la punta del pezón entre mis labios y apretar estos a la vez. Jugué con él como si quisiera arrancárselo de un mordisco, moviendo la cara hacia un lado u otro. Paloma comenzó a susurrar un ronco gemido. Mi otra mano se adentraba por detrás en la zona trasera de su sexo.

Me incorporé. Noté el muslo que había entre las piernas de Paloma un poco húmedo y me acordé que los pantalones eran de Papá, así que rápidamente me los quité, sin quitarme los zapatones. Me costó. Por poco me caigo, pero salieron. Paloma se desabrochó la falda mientras tanto y calló al suelo. Mis braguitas, por delante no le cubrían ni la mitad de la barriga. Se le adivinaban los dos labios del sexo, y pensé que debían de estar acariciándole el clítoris. Se iba a quitar el suéter, pero se lo impedí. Me gustaba verla así, con el suéter roto y un seno al aire.

Comenzamos de nuevo a bailar, pero esta vez más tranquilos. La besaba en el canal del pecho, en los hombros, en el cuello. Paloma me musitaba susurrando palabras de reprobación, que no servían sino para ponernos más calientes a las dos.

Le di un beso cuando pasaron unas cuantas canciones, le dije que fuéramos a su dormitorio. Ella fue delante. Yo veía media espalda desnuda y un culo con los dos cachetes desnudos por lo pequeñas de las bragas. Mantenía el equilibrio como podía con los altos tacones. Me fui desabrochando los botones de la camisa de papá, y me deshice de ella, dejando al descubierto mis pechos pequeños y bien puestos. Paloma se quería quitar los zapatos, pero yo no la dejaba.

Llegamos a su cuarto. Me fui a abrazar a ella, pero cuando estaba próxima a mí, le di un empujón que la hizo caer de golpe sobre la cama. Paloma me miró confusa y sorprendida, pero se podía adivinar su excitación.

-Te voy a hacer una mujer.- le dije, mientras ella se llevaba las manos al pelo, alisándoselo, esperando la próxima jugada. Me coloqué de rodillas frente a ella y tras besarla en la boca y el cuello, volví a disfrutar de la excitación de su pezón. Mientras, de un tirón terminé de romperle la costura del otro tirante y comencé a manosear con fuerza el seno recién descubierto. Paloma me daba besos en la sien mientras repetía mi nombre -Eva, Eva, Evaaaa-

Puse la mano sobre el sexo de Paloma, apenas cubierto por las bragas, y lo encontré empapado. Me acordé entonces de la negativa y la oposición que había encontrado hacía unas semanas, y decidí vengarme. Agarré las bragas por la parte trasera del cuerpo de Paloma, y tiré de ella con fuerza. Sentí como se agitaba su cuerpo y se abrían sus piernas, buscando seguro un poco de sosiego para su almejita.

Comencé entonces a besarle entre los muslos, mientras ella acariciaba tiernamente mi cabeza. Tiré de sus piernas hacia arriba para que se tumbara sobre la cama, y deposité sus piernas sobre mis hombros. Comencé a bajarle las bragas. Las bragas se enrollaban sobre sí mismo al discurrir a lo largo de su muslo.

Se las terminé de bajar, pero se la dejé enganchadas en las pantorrillas. Paloma sólo conservaba en su sitio los zapatos de mamá, y yo tenía puestas mis bragas y los zapatones de papá. Me empeñé en meter la cabeza entre las piernas, que se me abrían sumisas. Allí estaba el tesoro con el que había estado soñando. Pude ver más abajo otro agujero con el que nunca había ni soñado en poseer y que ahora era mío.

Comencé de nuevo a besarle los muslos, mientras mi mano se le acercaba lentamente, hasta llegar a su tesorito. Por otras parte, yo mismo comencé a acariciar mi sexo, metiendo mi mano por debajo de mis bragas. Separé los labios que tapaban su clítoris, y acerqué ambos dedos por cada lado de su botoncito. Cuando estaba así, mi boca se abalanzó sobre él, lamiéndolo con la lengua violentamente. Paloma se retorcía de placer y podía sentir en la palma de mi mano como su almejita soltaba el líquido viscoso con sabor a mar y a miel.

Me recordaba a un osito goloso que le roba la miel a las abejas. Las convulsiones de Paloma eran cada vez más violentas. Empezó a soltar unos alaridos casi exagerados. Tuve miedo de que nos escucharan en toda la casa, pero ya no me podía detener.

Para terminar de follarme a mi hermana, así, tal como estaba la mano, con la palma vuelta hacia su sexo, comencé a introducir lentamente el dedo pulgar. Mi hermana reventó de placer al sentir el dedo pulgar introducirse en su húmeda almejita. Yo seguí moviéndolo esperando prolongarle el orgasmo hasta el fin de sus días, o al menos hasta que me viniera a mí, como así sucedió al poco tiempo. Entonces perdí los papeles y me limité a restregar mi cara contra su sexo y su monte de venus mientras repetía el nombre de mi hermana.

Nos quedamos así un rato, hasta que decidimos ducharnos. Nos duchamos juntas, por supuesto. Le enjaboné de nuevo, mientras ella aguantaba la lluvia bajo su cabeza pacientemente. Había conquistado un agujero de mi hermana, pero aún me quedaba por conquistar el otro. Metí la esponja entre las nalgas de Paloma, mientras nos miramos con mirada cómplice. Le di fuerte entre las nalgas. Mi hermana estaba prácticamente abrazada a mí, y nos besábamos de vez en cuando. Entonces la cogí de la cintura para obligarla a ponerse de espaldas a mí. La cogí de los senos mientras le mordía la oreja, y luego, la puse contra la pared. Yo me puse de rodillas, frente a sus nalgas y hundí mi cara entre ellas.

El agua bajaba por su espalda y lo inundaba todo. Entonces le separé las nalgas para acariciar con mi lengua su agujero. Mi sorpresa fue observar a la puta de mi hermana separarse ella misma las nalgas.

Entonces comencé yo misma a acariciarme de nuevo y a posar la otra mano sobre su sexo. No duramos mucho tiempo así, porque ella se empeñó en acariciarse el clítoris, aunque yo le aparté varias veces la mano violentamente. Así que tuve que quitarme la mano de mi sexo y separarle la nalga que dejó libre. De nuevo le introduje el dedo, primero el corazón, pero luego también el índice. Ella los rozaba con los dedos con que se acariciaba el clítoris. No tardó en ponerse a chillar, esta vez bajo la lluvia. Dejé de lamerle el ano, para lamerle la parte trasera de su almejita. Créanme que a Paloma le fallaron las piernas y fue escurriéndose en mí hasta quedar en cuclillas entre mis piernas.

Nos secamos, comimos y dormimos en su cama. Bueno, dormimos a ratos. Nos tumbamos desnudas en la cama y nos clavamos las piernas en nuestros sexos mientras nos acariciamos. Como yo no me había corrido, y estaba muy excitada, me tumbé encima de ella y comencé a moverme entre sus piernas, rozando mi clítoris contra el suyo, cada vez más rápido hasta que me corrí. Pero la cosa no acabó ahí, ya que volví a masturbarla con mis dedos, un rato más tarde.

El fin de semana pasó. El domingo las dos estábamos avergonzadas. Al pasar la borrachera nos entró la resaca. Pero la resaca no duró mucho. Un día me puse a estudiar de noche en la habitación de Paloma. Paloma se acostó con las bragas ortopédicas de siempre y un camisón de monjita. Mi papá me dijo que era mejor que fuera a estudiar a otro sitio donde no molestara a Paloma. Pero Paloma intervino. -Déjalo, papá, si no me molesta.- No tardaron en dormirse mis papás cuando yo estaba de rodillas junto a la cama de Paloma, “ordeñándole la almejita”.

Desde aquella noche, mi hermana era mía, pero lo teníamos que hacer de espaldas a mis papás. Esperábamos a los fines de semana. Mi hermana se deshizo de los complejos estúpidos y pronto encontró a otro chico con el que se comportaba como una verdadera puta en la cama. Yo, por mi parte, encontré pronto mi media naranja en mi mismo hemisferio.

Paloma se ha casado y tiene un hijo. Me parece que sus relaciones conyugales empiezan a ser aburridas en el plano sexual. De vez en cuando nos miramos como con cierta complicidad. Tal vez sea el momento de visitar a mi hermana un día que no haya nadie en su casa.

Cita en un chat gay

Hola este relato es muy verdadero me llamo Arturo (ficticio) y vivo en hermosillo sonora México tengo 18 años, soy delgado peso 67 Kg. mido 1.82 soy moreno claro no soy guapo pero tampoco soy feo pero bueno esto pasó ya saben que la ociosidad te lleva a hacer cosas que no esperas bueno pues resulta que yo me la pasaba en el mirc y me gustaba mucho entrar a los canales de sexo de todo tipo lo malo es que muchos son en ingles y por lo tanto no es lo mismo que chatear en español así que busqué alguno que fuera en español y pues por como les dije por ociosidad me metí al #gaymexico nomás les digo que no soy gay pero tenía tiempo teniendo curiosidad y pues a mí lo que más me gusta ver hablando de porno era el sexo oral me llama mucho la atención y quería saber qué se sentía cómo sería eso me refiero a hacérselo a un hombre y pues cada vez me metía más tiempo al canal para platicar con gente gay de Hermosillo ya que hay muchos hasta que un día me atreví a citarme con alguien quería que fuera alguien delgado que no fuera gordo o sea que si lo iba a hacer que lo disfrutara pero ya sea por miedo por nervios o lo que sea no fui pero bueno la siguiente vez encontré a alguien de 18 se llamaba Julio y pues la verdad sí quería probar cómo sería y pues hablé con él me cayó bien parecía que cumplía con lo que yo quería y pues nos quedamos de ver en uno de los 3 cines que hay por acá y cuando llegué y lo vi no saben qué nervios sentí era algo totalmente nuevo a él lo habían llevado y lo dejaron ahí y pues estuvimos platicando un rato nos conocimos un poco mejor y le dije que si quería ir a mi carro a dar la vuelta él dijo que sí yo creo que los 2 ya sabíamos qué iba a pasar pero de todas formas estábamos bien nerviosos y bueno él se subió yo también fuimos a dar la vuelta mi carro está polarizado así que no se ve nada fuimos a un lugar famoso por aquí que se llama la Javier que es donde se juntaban los jóvenes pero lo cerraron todavía puedes llegar pero nada más al parque ya estacioné el carro y ya no podía a aguantar más la presión y el nerviosismo y con mi mano derecha le agarré el pene estaba flácido yo lo apretaba él se quedó como que muy pensativo pero se veía que le gustaba y no le molestaba así que seguí tocándole fui sintiendo cómo crecía se ponía bien dura era raro por que lógicamente el único pene que había sentido era el mío así que seguí desde un principio quedamos que nada de besos por que lo que nos movía era la curiosidad así que continué y le dije que si podía abrirle el pantalón él dijo que sí él también empezó a acariciarme mi pene se sentía muy bien yo ya tenía rato que estaba súper duro mi pene es normal de 16 cm algo así el de él se sentía más o menos del mismo tamaño así que ya se la saqué la pude ver era algo totalmente nuevo y muy excitante no me aguanté y me la metí en mi boca quería saber a qué sabía cómo era tiene un sabor muy raro o diferente te queda una sensación muy rara en la boca yo seguí chupando, estaba tan excitado que me corrí en mis pantalones él no paró de tocármela yo seguía chupando la verdad no sabía si así se hace pero parecía que si le gustaba así estuve como 5 minutos y él se corrió yo no paré de chupar y lamer todo lo que salía era súper excitante no podía parar así seguí no se le bajó la erección ni a mi tampoco así que seguí mi idea no era que hubiera penetración pero estaba tan cachondo que me animé le dije que si quería metérmela él me dijo que si yo llevaba vaselina porque sabía que se necesita para que no duela tanto así que me quité mi pantalón y mi ropa interior le dije que me pusiera vaselina en mi ano me puse en la pose más erótica que pude haber puesto me sentía como una puta en ese momento no me importaba nada él me puso con sus dedos se sentía súper bien ya no me importó nada y me senté en su pene lo sentía súper duro y rico en la entrada de mi ano me empecé a poner pesado en y echar mi peso pero a la madre cómo duele así estuve un montón de rato hasta que sentía que iba entrando con dolor pero entraba así estuve poco a poco hasta que la empecé a sentir cada vez más adentro hasta que estaba totalmente adentro y me empecé a mover arriba abajo durante como 8 minutos me sentía súper cachondo y puto me gustaba a él se veía que también le gustaba hasta que sentí un chorro caliente en mi ano todo lo que sentía era algo nuevo totalmente y me gustaba él ya no podía estaba bien cansado yo quería más la tenía súper parada le dije que si me la chupaba me dijo que si nos acomodamos me la empezó a chupar ya me la habían chupado unas putas pero nadie más se sentía riquísimo era delicioso por supuesto no aguanté casi nada hasta que me corrí otra vez wow fue bien rico ya nos vestimos le dije que me gustó él me dijo lo mismo pero íbamos súper callados en el camino a su casa el típico arrepentimiento después del sexo y pues lo dejé y eso fue todo estuvo muy bien pero eso fue todo ese día la segunda vez que tuve una experiencia de este tipo fue una vez que fuimos a un torneo a otra ciudad de Sonora y nos quedamos en un hotel de esa ciudad íbamos a estar 2 noches ahí la primer noche después de tener nuestro juego cada quien se fue a su cuarto eran cuartos de 2 camas y éramos 4 por cuarto o sea que éramos 2 por cama a mí me tocó con Iván que tiene 18 años igual que yo el moreno, delgado y pues sí me sentía medio incomodo por dormir con él sobre todo porque ya lo había observado y pero ni modo ya ese día después de echar mucho desmadre y ya nos propusimos a dormir nos metimos en la cama y ya en la noche sin querer nos habíamos pegado uno a otro yo sentí sus nalgas con mi cadera y yo me empecé a excitar lo rozaba con mi muslo y en eso que se da vuelta con su pene en el lugar en el que estaban sus nalgas yo me sentía súper caliente y también me di vuelta con mis nalgas de frente a su pene después empecé a restregar mis nalgas poco a poco me empecé a sentir otra vez como una prostituta cada vez más fuerte y en eso empecé a sentir cómo crecía su pene y lo empezaba a sentir cada vez más era muy bueno se sentía mejor y en eso que me dice en voz baja ¿te gusta? Yo me asusté pero él me dijo que no pasaba nada que no le molestaba y yo me empecé a mover otra vez y él me preguntó que si me molestaba si me bajaba el short y yo todo caliente le dije que no y me bajó mi short y él también se bajó el suyo y me la empezó a restregar entre mis nalgas yo me sentía súper caliente yo me puse en posición fetal para darle una mejor posición y que él disfrutara y yo también me preguntó que si me la podía meter yo le dije que ahorita no porque nos podían cachar y que no estaba listo pero después de esto me metí bajo las sabanas y se la empecé a chupar me la metía en la boca le lamía su glande desde después de los testículos hasta el glande él jadeaba muy ruidosamente yo tenía miedo de que nos fueran a atrapar así pero me sentía bien cachondo como para parar yo se la seguí chupando hasta que él se corrió me llenó la boca de semen yo me la tragué toda se la seguía lamiendo y le dije que mejor ahí la dejábamos que nos podrían cachar yo no tuve orgasmo pero me sentía bien después de sentirme como un puto y nos dormimos ese día al siguiente tuvimos partidos y llegamos a el hotel durante el día todo estuvo muy normal no nos convenía que nos descubrieran ese día después de los juegos y todo nos dieron la oportunidad de salir a divertirnos y fuimos a bailar a un antro estuvimos bailando con unas muchachas de otra ciudad yo con una y él con la amiga de con quien estaba bailando se los juro que son las mujeres que bailan más sexy que yo haya visto yo pensaba que ese día nos iba a tocar sexo pero ya como a las 12 que nos dicen que ya se van intentamos que se quedaran con nosotros pero no quisieron les dijimos a nuestros compañeros que si querían acompañarnos e irnos al hotel pero por obvias razones no quisieron y pues yo me fui con él al cuarto , yo me empecé a acordar de la noche anterior y me puse bien cachondo ya no aguanté y que le tomo su pene se lo saco del pantalón y lo empecé a masturbar después a chupar él gemía y jadeaba se veía súper caliente le dije que si quería metérmela hoy y me dijo que sí entonces fui por crema para la cara y se la puse en su pene para lubricarlo pero también lo seguía masturbando hasta que se vino me encantó probar su sabor otra vez tragarme todo su semen se puso flácido pero se la seguí chupando y le dije que me fuera poniendo crema en mi ano y él lo hacía me acariciaba todo mi ano y mis nalgas hasta que se puso duro otra vez y le dije métemela , me puse en cuatro apoyado en la cama y me empezó a presionar en mi ano con su pene lo sentía bien duro él estaba como loco de caliente y no esperó nada me la metió toda fue uno de los dolores más fuertes que he sentido siguió el mete saca un rato hasta que volví a sentir su semen dentro de mí me la empecé masturbar él me ayudó mientras él seguía dentro de mí pero sentía cómo se hacía más chico él me la empezó a masturbar hasta que me vine súper delicioso así fue mi segunda experiencia homosexual.

Mi mujer me deja que le rompa el culo

Tras mucha insistencia por mi parte, un día mi mujer aceptó que practicásemos sexo anal pero con condiciones.

Esa noche, yo estaba deseando que llegase el momento, mientras hacíamos el amor, ella sentada sobre mi polla con toda ella dentro de su vagina me dijo: “Amor, vas a cumplir tu sueño pero prométeme que después podré pedirte a cambio lo que yo quiera.”, Ante esa propuesta y excitadísimo como estaba no dudé en decir que sí.

Con cierto tono de misterio y una mirada maliciosa en sus ojos, me dijo “Observa bien el momento…” se levantó sobre sus rodillas, tomó mi polla con la mano y lentamente fue bajando su cuerpo hasta colocar mi glande en el mismísimo ano. Estaba que explotaba de placer, parecía que no llegaba el momento de penetrarla. Me miró a los ojos, me sonrió y lentamente cerró sus ojos al tiempo que se iba sentando sobre mi polla tiesa. El ano no tardó en ceder a la presión de mi glande y pude sentí con nitidez como ese ano tan deseado se abría para abrazar todo mi glande. Mi mujer se mordía los labios y yo a duras penas lograba contener mi corrida. De nuevo se levantó, sacándose de su interior mi glande ante mi desesperación… “¿estás gozando amor?” me preguntaba con cierto aire de maldad, como quien esconde algo… “Sí, claro que sí…” le decía, vuelve a prometerme que harás lo que yo quiera…”Te lo prometo, te lo prometo.” le decía yo deseando volver a meter mi polla en su ano.

De nuevo, con una lentitud exasperante, se sentó sobre mi glande, lo colocó en su ano y otra vez, muy despacio se lo introdujo entero…se la sacó de nuevo y se lo volvió a meter cada vez con más ritmo pero nunca más allá del glande. Yo estaba a punto de estallar y ella lo sabía. “Me lo prometes ¿verdad?” volvió a decir. “Sí, mi amor, haré lo que tú me pidas. Todo.” Entonces, de un solo golpe se sentó sobre mi polla tiesa y esta se introdujo entera en su culo que yo notaba apretado, ella se mordía los labios y decía “Me duele pero aguanto, me duele” al mismo tiempo comenzó un movimiento fuerte con el que literalmente me estaba cabalgando, mi polla entraba y salía entera de su culo abriendo su ano de par en par. Gritaba a cada embestida que ella misma se daba metiendo mi polla hasta los huevos y volviéndola a sacar hasta que me hizo estallar en una corrida tan grande que todo mi semen salió a presión de su ano mojándome los huevos…las sábanas…

“Es hora de pagar mi amor.” Decía, ahora me toca a mi hacer lo que yo quiera. En eso habíamos quedado y yo veía que mi mujer estaba más morbosa que de costumbre.

Me vendó los ojos con un pañuelo y me hizo poner boca abajo. “Te voy a dar un masaje que nunca olvidarás.” Decía. Yo me dejaba hacer, aun no me creía que la había enculado y que ella había gozado con ello.

Comenzó a hacerme un masaje por la espalda, de vez en cuando acariciaba mi ano y mis huevos, esto lo hace a menudo pues me da masajes muchas veces. Seguía poniendo aceite en mi espalda, en mis nalgas, parecía que accidentalmente llegaba el aceite a mi ano en gran cantidad, lo tenía prácticamente inundado.

Ella seguía acariciando mi cuerpo rozándolo con el suyo, sus tetas pasaban por mi espalda y yo volvía a excitarme y mi polla, de nuevo, estaba lista para ser montada. Hizo que le viese el ano, “Mira cómo me lo has dejado” decía, “como a ti te gusta, abierto y chorreando leche.”. Ese vocabulario era impropio de mi mujer pero admito que me excitaba sobremanera oirla hablar como una puta.

Volvió a ponerme boca abajo y puso una almohada en mis caderas, hundió su boca en mis nalgas y comenzó a lamer mi ano con furia y pasión, tenía la boca llena de aceite pero le daba igual. Introducía la punta de la lengua en mi ano y yo me retorcía de gusto. Esto lo hacía muchas veces, la verdad es que ni había pensado en mi promesa ni en lo que se proponía hacer.

Así estaba yo, con mi culo y mis huevos frente a ella, de nuevo los ojos vendados, cuando me dijo “No te muevas, que quiero cobrarte mi favor.” No sabía a qué se refería pero me daba igual, estaba muy excitado.

Escuché algunos ruidos y pronto noté que ella se acercaba, “levanta más las caderas” me dijo, al hacerlo puso más cojines sobre la almohada de forma que yo quedé prácticamente a cuatro patas apoyando la cabeza sobre el colchón y el culo frente a ella.

Noté que se acomodaba tras de mi y de nuevo su lengua pasando por mi ano, con una mano comenzó a masturbarme lentamente mientras introducía su lengua en mi ano. Apoyó un dedo sobre el ano y lo introdujo lentamente, esto también lo hacía muchas veces. De repente soltó mi polla y sentí algo extraño en mi ano, enseguida noté un dedo suyo y otra vez ese extraño tacto “No te puedes mover, ni puedes tocar.” Me ordenó.

De nuevo esa cosa desconocida se apoyó en mi ano, noté una presión grande y traté de retirarme “Quieto! Me lo debes.” Ordenó. Entonces, esa cosa apretó con fuerza la entrada de mi ano a cuya presión no resistió abriéndose de golpe y sitiendo como un dedo descomunal entraba en mi ano. “Tranquilo” me dijo… aquello salió de dentro con alivio por mi parte “Qué es?” le preguntaba yo, “Ya lo sabrás.” Volví a sentir como aquello se volvía apoyar sobre mi ano y este ya no ofrecía resistencia dejándolo entrar unos tres centímetros, reconozco que me empezó a gustar. Fuese lo que fuese estuvo como cinco minutos jugando a entrar y salir y yo comencé a disfrutarlo.

Mi mujer, mientras, volvía a masturbarme y ya estaba excitado entre las caricias de ella en mi polla y esa pieza que entraba poco centímetros en mi ano. “Te gusta amor?” preguntaba ella. “Sí, me gusta ¿Qué es?” le imploraba yo.

Sin responderme, creí que me rompía en dos, de un solo golpe sentí como mi ano y mi esfínter se abrían y algo enorme entraba dentro de mí, yo gritaba “Me duele, me duele ¿Qué es? Sácalo”, intentaba quitarme pero ella me lo impedía “Aguanta, yo he aguantado…”

Aquello salió de mi interior y volvió a entrar. Ya no me dolía tanto, incluso empezó a gustarme. Lentamente sentía que me follaban por el culo, de nuevo pregunté “Qué es?” y ella dijo friamente “Es una polla enorme que te está desvirgando el culo.” Me quedé perplejo, ¿había otro hombre en nuestra cama? ¿me estaba follando un tío? No parecía una polla pues aquello estaba frio. Mi mujer me quitó el pañuelo y me dijo túmbate boca arriba. Puede ver lo que no imaginaba. Mi mujer e había colocado una polla de látex con arneses en la cintura y me estaba follando con eso. “¿Te ha gustado cabronazo? ¿Ya sabes lo que se siente cuando te rompen el culo?” Sin más, se sentó sobre mi polla tiesa y de un solo golpe se la metió en su culo, “Fóllame gritaba, rómpeme el culo cabrón” Mientras cabalgaba sobre mi polla se quitó el vibrador de la cintura dejándolo sobre la cama. Lo cogí y le dije “vamos a follarnos los dos”, con un poco de esfuerzo me lo introduje en mi ano y ella se encargó de moverlo mientras me cabalgaba explotando de nuevo en un orgasmo increíble.

Dos parejas viendo una película porno

Era un agosto muy caluroso, en todos los sentidos, el calor, todo el día ligeros de ropa y con el calentón a tope. Mi novia Marta de 19 años y yo 22 años, compartíamos piso y este era nuestro primer verano en el piso que ella compartía con otras amigas suyas, estudiantes igual que ella. Sus amigas se habían ido a veranear con sus padres y sólo de vez en cuando aparecían por el piso, pero casi siempre sólo era por unos días.

Primero lo hacíamos cada noche, varias veces, luego también por la mañana e incluso por la tarde, me excitaba sobremanera correrme en su boca y me aficioné a hacerle una facial cada noche, me encanta ver su carita de muñeca, sus pelos castaño claro, y sus ojos azules salpicados de semen. Verla luego limpiarme a fondo la polla me hacía ponerme a tope de nuevo.

Un día hablando sobre qué podríamos hacer más fuerte, que fuera muy morboso, se le ocurrió a ella una idea muy fuerte, no quiso decirme nada, y tan sólo me dijo que una compañera de piso vendría dentro de pocos días.

La verdad la idea me excitó mucho, y más tratándose de Marisol, una morenaza de tetas hermosas y de pezones siempre erectos, la conocía de años y me había hecho más de una paja imaginándome que me hacía una buena mamada y me corría en su boca.

Al fin llegó el ansiado día de la llegada de Marisol, yo tenía constantemente la polla morcillona de sólo pensar en ella, y debido al calor y como siempre iba vestido con unos boxers y una camiseta de algodón, tal atuendo dejaba ver claramente mi paquete, que con mis 20 largo X 16 contorno, era bastante llamativo. Llamaron a la puerta, el corazón me palpitaba muy deprisa, ya me imaginaba como provocar a Marisol, para intentar ponerla caliente y poder follarmela. Marta abrió la puerta y entonces me llevé una gran desilusión había venido con su novio Juan. Todo estaba perdido pensé, tan sólo después de cenar, una cena regada con bastante vino, en la que el ambiente se caldeaba empecé a recuperar algo de esperanzas. Luego mi novia propuso que pasáramos al salón a ver una buena película porno, la verdad es que íbamos todos un poco bebidos, pero sólo era un pedete lúcido. Marisol no apartaba su mirada de mi descarada erección que los boxers poco podían hacer por ocultarla. Al ir al sofá le pegué como si fuese un accidente mi polla en su culito, tan sólo cubierto por la tela de una falda de vuelo. Un poco más tarde con la excusa de coger el mando de la tele, me ladeé y le pegué el paquete a su mano. Estaba muy salido y sólo pensaba en follármela. Marta sabía de mis ganas de tirarme a Marisol, y yo pensé que esa era su sorpresa para tener una noche muy morbosa, tal vez un intercambio de parejas o algo así.

De pronto Marta llamó a Marisol y ambas se fueron al pasillo, por los gestos deduje que Marisol le estaba contando el incidente del paquete en la mano, ambas se reían a carcajadas, luego siguieron hablando entre risitas. Cuando volvieron seguimos viendo la película, que la verdad era fortísima, yo tenía la polla dura y sin tocarme, Juan también marcaba un buen bulto en sus pantalones de deporte.

Marta dijo: “Vaya pollas se os han puesto” Marisol se la tocó a Juan por encima del pantalón, entonces me di cuenta que Juan estaba masturbando a Marisol ya que tenía su mano bajo su falda.

Asi estuvimos como un cuarto de hora más, entonces Marta se levantó y dijo: “Tengo un plan que proponeros, lo hemos estado hablando Marisol y yo hace un rato, queremos hacer una pequeña orgía, en la que ambos si lo queréis podréis disfrutar de nosotras, pero sólo hay una condición para ello, que ambos tendréis que hacer todo lo que digamos, nosotras tendremos el control de la situación en cada momento, en caso contrario se acabó la fiesta, tenéis que hacernos gozar a tope.”

Juan y yo nos reímos, y al fin veía cerca el ansiado momento de follarme a Marisol. Marta se acercó a mí y me quitó los calzoncillos, mi polla saltó, en total erección, incluso estaba húmeda de líquidos preseminales, Marta me la empezó a lamer, dándole lengüetazos por todo el tronco y jugando con su lengua con mi glande, me estaba haciendo sufrir de placer, cuando se acercó Marisol no me lo podía creer, me agarró la polla y se la metió en la boca, me estaba haciendo una mamada increíble, pero a los pocos minutos paró y me dejó con las ganas. Se fue hacia Juan a chuparle la polla a su vez, que vista ver a Marisol de cuclillas con un culo imponente de honda raja, y mamando una polla, su larga melena le caía por la espalda, y se movía al unísono de los movimientos de la chupada que le estaba haciendo a Juan. Marta se subió encima de mi polla y empezó a cabalgar, mi polla salía y entraba de su coño, de forma casi brutal. Marisol seguía a lo suyo mamándole la polla a su novio, de pronto se levantó y trajo consigo a su novio, y cogiéndole la polla con la mano se la ofreció a Marta que empezó a chupársela con fuerza, incluso se quitó de encima mío para dedicarse en exclusiva a esa nueva polla, Marisol se unió a ella, qué mierda yo ahí sólo y las dos chicas para él.

Marta me dijo que me acercara que quería darme un morreo, nos besamos efusivamente al tiempo que le magreaba las tetas y le tocaba el culo a Marisol, pero me incomodaba sobremanera tener una polla a pocos centímetros de mi cara, y más cuando Marisol cogiéndola con la mano me la ofreció: “Chúpala” Le dije: “Ni hablar. ¿qué te crees que soy maricón o qué?”

Marisol: “Pues si quieres follarme tendrás que hacerlo, Marta y yo lo hemos planeado todo queremos ver un tío compartir una polla con nosotras, nos mucho morbo”

Marta:”Si no lo haces te la tendrás que pelar tu sólo” Accedí a sus peticiones y empecé a chuparla, nunca había hecho una cosa igual, y sólo lo hacía por conseguir a Marisol, nos turnábamos los tres para mamársela.

Marisol:”Avísanos cuando te vayas a correr”

Juan: “No te preocupes por nada os avisaré”

Las muy putas se la chupaban cada vez con mas vicio, pasándole la lengua por el glande en rápidos lengüeteos, y obligándome a mí a hacer lo mismo, a esas alturas ya no me disgustaba, ni tampoco me gustaba en especial, era incluso excitante por el hecho de compartirla con dos chicas maravillosas. He de decir que soy 100\% heterosexual y sólo me gustan la chicas, aquello tan solo era placer, y sexo, y la llave para tener mayor placer un poco más tarde. Marisol empezó a chuparle la polla desde abajo y Marta hacía lo mismo, le pasaban tan sólo la lengua por el costado de la polla mientras yo se la chupaba, cuando de pronto, el muy cabrón, sin avisar se empezó a correr, ante la sorpresa me la saqué rápidamente de la boca, y siguió soltando chorros, nos llenó a los tres las caras de semen, incluso noté como un chorro me mojaba el pelo, Marta y Marisol reían con cara de vicio, me lamían la cara para recoger todo el semen que pudieran. Dejé salir de mi boca todo el semen que pude, pero cuando tuve que tragar todavía noté la presencia de ese liquido viscoso y espeso, no me daba asco ya que Marta y yo nos morreábamos a veces después de correrme en su boca.

Pero iba a tener mi premio, Marisol se me ofreció de forma incondicional, me la follé con furia, para vengarme de lo de la mamada, incluso por el culo incluso por ahí me la follaba a lo bestia, como si estuviera poseído, mi polla entraba y salía de su culo a gran velocidad, se la notaba incomoda, y no es de extrañar ya que mi polla era mucho más gorda que la de su novio, estaba casi desmayada de placer. Cuando estuve por acabar me la saqué y se la acerqué a la boca para que me la chupara.

Me la estaba mamando de maravilla, mi sueño hecho realidad, cuando me pasó la lengua por entre su boca y mi glande no pude aguantar más y me corrí en su boca, se la saqué de la boca y le apunté con la polla a los ojos, y uno de mis chorros la alcanzó de lleno en un ojo, no le dio tiempo ni a cerrar los párpados, los tenía llenos de leche, con la cara llena de leche le hice que me la siguiera chupando. ¡Qué placer! Había esperado ese momento tanto tiempo y ahí tenía a Marisol con la cara llena de leche.

Creía de todos modos que el precio que había tenido que pagar había sido demasiado alto, para conseguir realizar mi fantasía con Marisol, pero cuando Marisol volvió de nuevo por el piso tres semanas más tarde lo hacía sola, había dejado a su novio, los tres mi novia, Marisol y yo formamos un estupendo trío. Llevamos meses así y la verdad es que el placer que da ese tipo de relación me hace pensar que es el estado ideal para disfrutar del sexo a tope.

Con una chica virgen de 22 años

Les contaré sobre la amistad que tengo y sobre nuestros actos de casi todas las noches (5/7).
Siendo amigos, que compartimos nuestros deseos con el otro.
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Antes de que me diera cuenta había trabado una amistad con una mujer unos años mayor que yo; una devota estudiante universitaria; atenta, cariñosa y con una altura de casi 1.50m; aunque para ser pequeña está muy bien proporcionada con unos notables pechos y unas caderas muy firmes.
Quizás fue un azar, pero me había dicho que aun a su edad, no había tenido relaciones, aunque bien, siempre que lo necesitaba se masturbaba cada noche cuando su estrés era demasiado.

Ella tenía a un amigo que la atrapo en sus momentos más débiles, tras ver accidentalmente un poco de Hentai se calentó y él le puso mano encima; ya para la noche regreso a su casa, y al día siguiente me cuenta que estuvo a punto de hacerlo pero su miedo le gano y solo se dejó masturbar. Le había tomado un afecto y siempre le decía que tuviera cuidado; fue así como a los tres días me dice que ya ha sentido un pene en su boca. Ella durante sus tareas empezó a ser tocada por el mismo compañero que ahora, le pidió solo chupársela: ella creo que no pudo con sus instintos y accedió, y no hubo más que ese pene en su virgen boca. Ella empezaba a experimentar con su sexualidad.

Ya para este punto me había convertido en algo similar a un juguete: cada noche le ayudaba a masturbarse, cada noche le calentaba hasta el punto de desear hacerlo.
Me dejo conocer ese lado pervertido que ella tenía, y bueno al final ella era muy atractiva, casi irresistible con esas caderas cubiertas solo por faldas y esos firmes y redondos pechos cubiertos solo por una bruza apretada.
Cada noche usaba unas insinuaciones para calentarla y cuando le miraba y me sonreía apenada sabía que era tiempo de usar las manos en ella.

Lentamente tomaba sus manos y subía por sus brazos hasta llegar a sus hombros: con mis dedos la sujetaba fuerte para sentir si se oponía, cosa que nunca hizo: termine llevando mis dedos a su barbilla para alzarla y hacer que fijara su vista en mí.
Me acerque para besarla y tumbarla en su cama; me deslice por su cuello lentamente y entre lamidas y besos empecé a tocarla mientras tiraba de su falda, malla y ropa interior para desnudarla mientras ella sentía como besaba su cuello y como me deslizaba hacia lo visible de sus pechos.

Ya era costumbre, de nosotros esto: yo le quitaba su ropa y usaba su cuerpo a mi gusto.
Lamia su cuello mientras metía mis manos debajo de su bruza para desabrochar su sostén y sacarlo para dejarla solo con su bruza puesta, miraba sus duros pezones y alzaba su bruza para lamerlos: usando la punta húmeda de mi lengua para lamer la aureola del pezón y chuparla con mis labios mientras me montaba sobre ella para imponer mi imagen. Separaba sus piernas con mis rodillas lo que dejaba a su vagina húmeda y caliente frente de mí, secretando sus jugos por la excitación que tenía.

Me dedique a besar su piel a lamer la sensibilidad de su cuerpo mientras mano derecha sujetaba su seno izquierdo al tenerla recostada; usaba mi mano izquierda para flotar su clítoris, para moverlo en círculos mientras presionaba contra ella, deslizando mi dedo medio entre sus labios húmedos de su vagina. Gemía ya incontrolable, le gustaba que le tocara; mordía su bruza para intentar callar sus gemidos, mordía sus labios al besarla y separarme para escucharla.

Su cuerpo se calentaba más y más; y apenas estábamos comenzando. Acerque su vagina a mí y como aún era virgen introduje mis dedos dentro de ella para penetrarla, lentamente, rascando las paredes de su interior y presionado su clítoris con mis labios al bajarme a chuparlo. Mi lengua sentía como su órgano caliente se prendía al sentir mis dedos y al sentir como la yema de mis dedos le tocaban su himen.
Yo me la comí, usaba mi lengua para consentir su clítoris y usaba mis labios para sujetarlo y tirar de éste para lamerlo dentro de mi boca; baje mis labios a su vagina para penetrarla con mis dedos junto con mi lengua que entraba en ella mientras yo respiraba sobre su clítoris.

Sentía como sus sabores llenaban mi boca mientras más duro lo hacía, y por sus gemidos no resistí el darle todo, movía mis dedos dentro de ella mientras me tomaba sus jugos, incluso cuando me pedía detenerme no lo hacía, hasta que siento que se termina sobre mi rostro. Ahí fue cuando le di un aire para respirar mientras solo me dedicaba a limpiarla con mi lengua. Ya no tenía fuerzas, había terminado y se había mojado demasiado.
Así eran nuestras noches; hasta que un día tuvo que regresar a casa de ese amigo para una tarea: resulto que ella me dijo que ya no haría nada con él, que se controlaría. Y así fue, ahora fue su amigo el que le puso mano contra sus deseos y llevándola a casi ser violada por su amigo que quería el resto del dulce.

Yo sé lo había dicho: eres como un dulce, nadie puede solo probarte una vez y no querer repetir.
Terminaron peleados y con la amistad rota, algo que el chico sufrió. Aunque por ella…
Bueno digamos que durante una semana, estuvimos jugando a ver cuánta de mí pasión podía aguantar. No estaba triste y no estaba para nada estresada, si no esperaba las noches para que le ayudara a dormir.
La Virgen de 22 años, seguían siendo la devota estudiante que no fallaba, pero al llegar a casa, caía víctima de sus deseos. Le dije que hacerlo durante una semana terminaría siendo adictivo (incluso ahora).
Podía verla y besarla, podía verla sentada jugando sus videojuegos y me acercaba para tocarla, ya no le molestaba mientras fuera yo. Le gustaba que le besara y que le diera ese placer.

Fue hasta la segunda semana de estar haciéndolo sin parar, mañana y noche que en la tarde de un domingo me confeso que yo siempre terminaba calentándola, le preguntaba sí lo haría conmigo, y me dijo que sí; se notaba tan apenada que bueno, no evite besarla; me conto antes de empezar sobre uno de sus fetiches: ser atada con sus manos en la espalda.

Era extraño, pero viendo como ya estaba de caliente, porque le tendría que decir no.
Me incline sobre ella y ahí mismo frente a su consola empecé a tocar sus pechos mientras besaba su cuello, mirando como empezaba a perder su juego; acariciaba sus pechos sobre su ropa, sabía dónde estaban sus pezones y no fe fue difícil empezar a tocarlos sobre su ropa. Para cuando perdió el juego dejo su control a un lado y se dejó tocar, abriendo ligeramente sus muslos para que mi mano izquierda entrar bajo de su faldita para acariciar su ya húmeda vagina.

Le preguntaba cosas para avergonzarla como: esperabas hacerlo, mira lo mojada que te pusiste y apenas te he tocado, pareces estar en celo estas semanas. Esa última me la respondió al decirme: sí, tú me pones así, solo contigo entro en celo. Solo conmigo entraba en celo, un celo que le impulsaba a tener cada vez que me sentía besarla.

Le quite la bruza y deje su sostén sosteniendo sus senos mientras sus mallas y su calzón húmedo se los quite dejándola solo con su faldita. La puse contra el suelo y empecé a besarla mientras introducía mis dedos en su vagina caliente y le masturbaba, gemí gustosa al sujetarme mientras chupaba y acariciaba sus pechos. Le hice esto hasta hacerla terminar; cuando no podía seguir la puse en cuatro y deje su pecho restado contra el suelo mientras le alzaba su trasero para mí.

Toda su entrepierna estaba mojada, con fluidos hasta las rodillas, cuando me acerque y abrí los labios de su vagina miré como le salía el calor de su cuerpo. La virgen me entregaba su cuerpo, mi lengua entro en su vagina para ser la primera en adentrarse y en hacerla gemir sin parar. Cuando intento levantarse tome sus brazos y tire de ellos para llevarlos a su espalda y con el cargador de su teléfono amarre sus muñecas a su espalda.
– No es como si quisieras que me detuviera – le dije cuando me miraba tímida de reojo, yo mordía sus suaves y grandes nalgas mientras me acercaba a los labios de su vagina para comérmelos; flotaba su clítoris con mis dedos y junto a mi lengua dos dedos entraban en su apretada vagina para moverse dentro de ella, con mi lengua mojaba mis dedos que tocaban el himen, junto con mi lengua al lamer su virginidad. Así le trate hasta hacer que terminara nuevamente.

Ella me pedía no parar, que se sentía muy bien, estar así, cuando termino parecía seducida por el placer así que la tumbe sobre su espalda, y la tome de la cintura para acomodarla. Me quite mi pantalón y bóxer para sentarla sobre mis piernas, con sus manos en su espalda me miraba tímida al sentir la punta caliente de mi pene contra los labios vaginales que se abrían al introducir solo la cabeza.
– Ahora te haré mía – le dije al inclinarla sobre mí e insertar lentamente mí pene hasta que desapareció dentro de ella. Le abrace con fuerza para pegar su pecho al mío mientras besaba y chupaba su cuello.
Solo gemía, ya su vagina estaba tan húmeda que no se opuso a mí pene al entrar, y empecé a moverme para penetrarla mientras acariciaba su espalda y nalgas mientras me movía, acariciando su ano con un dedo al pasar por éste y apretando sus nalgas al levantarme con ella encima y penetrarla al suspenderla. Era virgen sí, lo era. Pero me besaba como si eso fuera lo correcto, gemía feliz al llevarla a su cama y embestir su útero con fuerza y velocidad.

– Terminaré dentro – le dije al poner su espalda contra la cama y tener sus piernas abrazando mi cintura; yo besaba su cuello y al decirlo le mire a los ojos sonriente al sentir como eso hacía que se apretara más – no es como si no quisieras eso, ¿verdad?, ¿lo quieres dentro? – le decía con malicia al lamer su cuello y besar sus orejas; ella no podía hablar claramente y le tomo un tiempo poder responderme
– S-sí, hazlo adentro. Quiero sentirlo dentro de mí – me respondió al embestirla en el ángulo perfecto para que mi semen se fuera lo más profundo de su vientre. Nos besamos uniendo nuestras lenguas dentro de su boca y en lo que me abrazaba con sus piernas con fuerza para no dejarme ir
Termine dentro de ella, dejando en lo más profundo de su vagina, dentro de su útero. Ella se corrió al sentir mi semen y termino agotada y casi sin fuerzas, solo me incline y la desate para que se recostara mejor y viera como extraía mi pene erecto de su interior y lo flotaba contra su clítoris.

Me sonrió y me acerque diciéndole: límpialo; ella me miro con pena y con un tono de lujuria en su lengua al lamer la punta de mi pene y seguido empezar a limpiarlo con su lengua para luego estar chupándome el semen que aun tenia dentro y dejarlo libre de sus jugos y de mi semen que en su vagina ahora le calentaba.
Le puse su pijama cuando se quedó dormida al estar chupándome y la arrope para irme de su casa, para dejarla descansar y regresar otro día.
Desde ese día siempre que me invita a su casa, a hacer tarea o ayudarla, siempre termina con su vientre lleno de mi semen. Solo espera no quedar embarazada ya que cuenta sus días seguros para que pueda dejarme terminar dentro de ella tanto como pueda, dejándome en su casa hasta que llega para desde que regresa de su casa poder hacerlo. E incluso, si terminara embarazada, no creo que importe mucho ya que ha dormido feliz durante varios días.

Tome a la virgen de los 22 años, para mí solo, para explorar su virginidad y tomar su libido para mí; solo resta cumplirle el deseo de hacerlo anal, que ya me ha confesado. Y sí, ella disfruta mucho de que termine dentro. Aunque sus días seguros se terminan, y tendré que usar el condón: aun así, me queda una noche más, donde ella se entregue a mí, siempre que quiere hacerlo.
– Lame bien el pene que te dejara embarazada – le digo cuando me la chupa, y ella solo se sonroja diciendo que en su momento me pedirá hacerlo, que hasta entonces solo en días seguros.

No somos novios, solo amigos que comparten del sexo apasionado (constantemente.)
Aunque muchas veces se pone afectuosa. Es muy linda y adorable, y se convierte en otra al hacerlo.
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Y decía que nunca lo haría con alguien menor que ella jeje
Mi lujuria crece siempre que ella me dice que quiere que le haga el amor. Y no me falta la imaginación para llevarla al placer. Y en un punto dejamos de pensar en las horas que lo hacemos y nos perdemos en pura pasión sin limite.

Espero les haya gustado.

Llego a casa de mi novia mi encuentro a mi suegra medio desnuda en la cama

Pues bien, mi primera experiencia sexual había creado una cierta complicidad entre mi suegra y yo, que, eso sí, no pasaba de furtivas miradas o comentarios en reuniones familiares, que, salvo para nosotros dos, eran absolutamente indescifrables en su auténtico mensaje para el resto de contertulios. Pero, lo que menos sospechaba yo eran las ganas que aún me tenía mi suegra… El día 9 de septiembre de 2000 salí de dudas.

La tarde de aquel inolvidable día me encaminé a casa de mis suegros donde, creía yo, estaban esperándome mi mujer y mis hijos:

– ¡Buenas…! — exclamé al abrir la puerta, como hacemos todos habitualmente, para advertir de nuestra llegada.

– – – ¡Pasa! — oí la voz de mi suegra desde la zona de las habitaciones.

– – Cerré la puerta y, mientras me encaminaba hacia el lugar de donde provenía la voz, comencé a decir:

– – – Pero, ¿todavía no han vuelto?.

– – – No, acaban de telefonear y dicen que el abuelo — así llama mi suegra a su marido cuando habla con su hija o conmigo — todavía tiene cosas que hacer.

– – – Pues yo traía algo de prisa — comencé a decir –. Tenía que ir a …

– – No me salieron más palabras, al empujar la puerta del dormitorio de mis suegros enmudecí. Mi suegra estaba recostada de medio lado en la cama. El albornoz de satén rosa, abierto intencionadamente, dejaba ver sin recato su bien conservado cuerpo: los pechos, aprisionados en un sujetador de encaje con disimulados refuerzos, se erguían turgentes y provocativos; un minúsculo tanga dejaba al descubierto por completo su culo mientras cubría con precisión milimétrica los rizos de su cuidadísimo pubis, todo ello unido a un rostro discretamente maquillado, evidenciaba largos minutos de ensayo para adoptar aquella pose.

– – – No vas a pasar — me sonrió.

– – – Pero,… y esto … — yo no sabía qué decir.

– – – Pues, “esto”, es que, el día que me ayudaste a limpiar me quedé con ganas de repetir,… pero de otra manera — se levantó, y al acercarse a mi noté como inspiraba profundamente y metía barriga para realzar más sus pechos –. Esta vez no estoy sudorosa ni sucia,… pero espero que tú me acabes ensuciando y derritiendo — susurró de forma voluptuosa.

– – Sin dejarme contestar, ya a mi lado, me plantó un lascivo beso y, a la vez que introducía su lengua en mi boca, hacía lo mismo con su mano en mi bragueta.

– – – ¡Vaya! — exclamó — veo que ya estas preparado.

– – – ¡Mujer…! — contesté, aturdido todavía — ¿cómo quieres que esté?.

– – Pero mi suegra ya estaba en el disparadero y no atendía. Con un suave movimiento de hombros echó hacia atrás el albornoz y este se deslizó blandamente hasta sus pies. Se arrodilló sobre él y, sacándome la polla del pantalón, comenzó a realizarme una descomunal mamada.

– – Con tierno primor, se introdujo sucesivamente los huevos en su boca, luego recorrió con su húmeda lengua mi endurecida tranca, más tarde chupó, con inusitada delicadez, el glande y, finalmente, se tragó “todo” hasta el fondo de su garganta,…

– – ¡Dios!, no sé cuántas veces realizó estas maniobras,…

– – – ¡No aguanto más! — recuerdo que atiné a decir.

– – – Pues, no te detengas — articuló entrecortadamente, sin sacarse mi miembro de la boca– . Todavía queda mucha tarde.

– – Entonces, un conocido y delicioso escalofrío recorrió mi columna. Mis nalgas se contrajeron, agarré con ambas manos la cabeza de mi suegra y fui depositando, en ligeras embestidas, una, dos, tres,… hasta cuatro pequeñas descargas de mi tibia leche. Ella, ni se inmutó. Tragó el espeso líquido y levantando su mirada me dijo:

– – – ¡Mmmm!, parece que mi hija te tiene un poco abandonado.

– – – Sí –sonreí, mientras mentía.

– – Desde ese día se de quién heredó su fogosidad mi caliente mujercita.

– – – Bueno, mientras te recuperas, voy a preparar un café.

– – Yo recogí el arrugado albornoz e hice ademán de ayudarle a ponérselo,…

– – – No hace falta — sonrió de nuevo.

– – Al salir de la habitación, mis ojos siguieron el gelatinoso temblequeo de su descarado culo. Cuando regresó, yo la esperaba completamente desnudo sobre la cama de matrimonio.

– – – ¡Vaya hermosura! — me piropeó mientras acercaba la bandeja con el humeante café.

– – Me levanté y la ayudé a posarla en la cercana mesita. Mi suegra seguía con su perpetua sonrisa, así que, me animé, puse una mano sobre su hombro y deslizándola bajé el tirante de su sujetador, tiré de él con más decisión y su teta derecha quedó liberada. Me detuve, bebí, con parsimonia, un sorbo de café y, sin llegar a tragarlo, acerqué mi boca a su pezón y lo bañé cálidamente mientras mi lengua retozaba con él.

– – – ¡Aaah, eres increíble! — susurró mientras inclinaba hacia atrás su cabeza.

– – No esperé más, la tumbé boca abajo en la cama y le pedí que elevara su culo. Aparté con cuidado la tirilla posterior del tanga y comencé a recorrer con mi lengua sus dos agujeros: ora mi lengua se iba a su ano, ora a su coño. Ella gemía de placer y yo notaba que mi virilidad volvía a apoderarse de mi falo. Chupé, mordí, babé, introduje una y otra vez mi lengua en sus jugosas profundidades….

– – – ¡No resisto más! — gritó ella, exhausta.

– – Entendí el mensaje. Rápidamente me arrodillé y separando todo lo que pude sus nalgas introduje mi polla en lo más hondo de su rezumante coño. A continuación, estiré una mano hacia la mesita e introduje mi dedo índice y corazón en la taza de café que ella no había probado. Tras embadurnarlos bien con el tibio líquido, se los embutí poco a poco en su culo.

– – – ¡Me vas a destrozar!

– – – No era eso lo que querías –contesté.

– – Me tumbé como pude sobre ella y, sin dejar el doble mete y saca, hurgué con la mano libre. Aparté la parte delantera del tanga, rebusqué entre la rizosa pelambrera y cuando gritó de nuevo, reconocí su abultado clítoris.

– – – ¡Me matas, … me matas de placer, …! — repetía una y otra vez.

– – Yo sí que estaba a punto de estallar otra vez y, su chorreante y dilatado coño me parecieron mucho menos apetecibles que su apretadito culo. Así que, saqué mis dedos y apuntando mi polla al lugar adecuado introduje de un sólo golpe toda mi dura verga hasta que mis huevos golpearon sus blandas nalgas.

– – – ¡Ah, me haces daño! — gritó sin mucha convicción, tratando de revolverse.

– – – Tranquila, … espera un poco — susurré con firmeza a su oído, mientras, apretando mi vientre contra su culo y recostando todo mi cuerpo sobre su espalda, la inmovilicé.

– – Revolví de nuevo entre sus rizos y, al oír de nuevo un gemido de satisfacción, cejé de presionar y comencé un suave mete y saca que aceleré poco a poco. Aquello sí que era otra cosa, mi pene recibía una suave pero firme presión en toda su longitud. Lástima, pensé, no poder agradecer a mi suegro el nulo uso que había hecho de la entrada posterior de su mujer.

– – – Ponte de rodillas con cuidado –sugerí, y apoyando mis manos a ambos lados de su cuerpo logramos, sin tener que sacarla, que se pusiera a cuatro patas. No pude aguantar más, mi suegra se apoyó sobre su codo izquierdo y alargando la mano derecha comenzó a masturbarse desenfrenadamente entre gemidos. Mientras, yo, desbocado también, no cesaba de empujar mis caderas una y otra vez contra su enorme culazo. Primero explotó ella, y cayó rendida sobre sus pechos, pero esta postura forzó de manera especial la elevación de su culo y la visión de mi pene entrando y saliendo de tan dilatado agujero hicieron que una lujuriosa excitación invadiera todo y cuerpo y estallé en un impresionante orgasmo.

– – – ¡Toma, toma y toma …!– era muy poco original, pero no se me ocurría otra cosa que decir.

– – – Sí, sí, sí, … ¡qué bien lo haces, cabrón! — tampoco era muy imaginativa mi suegra.

– – (…..)

– – Tres horas más tarde, sentados en la mesa de la cocina con toda la familia, tampoco elucubramos nada especial.

– – – Entonces, ¿no os ha importado que nos hayamos retrasado? — preguntó por cuarta vez mi suegro.

– – – No, no, no, … ya te lo hemos dicho mil veces ¿verdad? — dijo mi suegra dirigiéndome una mirada cómplice.

– – – ¡Toma! — y toma, y toma, y toma … pensé para mis adentros, pero tras carraspear contesté absolutamente convencido– Nunca se me hizo tan corta una espera.

Me lié con mi cuñada

Esta historia sucedió hace un par de meses, sólo la sabemos dos personas, por supuesto una de ellas soy yo y la otra la conoceréis dentro de un ratito. Bien ante todo me presento para mantener mi anonimato me llamare José, tengo 25 años, yo llevaba por aquel entonces 1 año largo con mi novia la llamare Mari, una rubia de un metro setenta muy buena todo hay que decirlo, unas tetas bonitas firmes, de esas que gustan ver y tocar, unos labios de esos que te besan y te derriten bueno os podéis hacer una idea, bien mi novia que aún lo es, es de dinero su familia tiene dinero y posee una casa muy grande aquí en la ciudad donde vivimos, pues a los seis o siete meses de estar con ella me presentó a su familia, gente encantadora y una hermana que tiene tres años más que mi novia 26, iba pasando el tiempo y cada día hacia más amistad con su hermana pongamos que se llama Beatriz, ella tiene novio formal lleva más de 5 años con él pero en fin no me desviaré del asunto que vengo a tratar hoy.

La confianza con Beatriz se iba haciendo mayor, pero solo era amistad, nunca pensé que pudiera llegar a algo con ella porque tampoco lo había imaginado, el caso es que un día entre unos amigos la pandilla, alquilamos una casa en un pueblo muy conocido aquí en mi tierra, una casa grande para pasar un puente, y la primera noche estaba con mi novia en la habitación muy caliente tanto yo como ella, y en la habitación de al lado estaba mi cuñada con su novio haciendo el amor, lo sé porque las paredes eran muy finas y se escuchaba todo, Mari mi novia se cortó un poco al escuchar a su hermana gimiendo de gusto puesto que su novio le estaba dando caña de la buena, esto me puso, a mí, a 100 entonces me puse a pensar como follaría mi cuñada, que todo hay que decirlo estaba buenísima, más que mi novia, pero mi novia se empezó a poner cachonda y acabamos follando también, el caso es que al día siguiente mi cuñada estaba en la casa haciendo el desayuno y yo me levanté temprano, muy temprano para ducharme pero al verla en la cocina con una camisa de esas de hombre que se ponen las mujeres mi polla empezó a ponerse cachonda, sus piernas al desnudo y podía divisar sus braguitas negras cuando ella se aupaba a coger algo, me senté en la escalera a observarla, hasta que se dio cuenta y me dijo que por qué la miraba y le dije que estaba muy sexy, y a ella eso no pareció gustarle mucho, y se fue a su habitación, yo me fui al lavabo, porque tenía la verga como la de un caballo de grande y gorda me la había puesto a 100 y en la ducha me hice un pajote para aliviar mi calentura, bien pasaron las horas y llegó la noche.

Entonces salimos de fiesta por el pueblo, empezamos a beber y yo la cogí doblá es decir que me emborraché, entonces decidieron llevarme a la casa mi novia, que no soportaba ni sopota verme borracho se enfadó y se negó a acompañarme, entonces Beatriz dijo que estaba algo cansada y que no le importaba llevarme puesto que éramos cuñados y su novio tenía mucha confianza en ella y en mi puesto que nos conocemos desde hace mucho tiempo, al llegar a la casa Bea me metió en la cama y se fue a su habitación, pero dejó la puerta entreabierta, yo me levanté porque la borrachera no era para tanto y me asomé a su puerta entonces la vi como se desnudaba, la tenía en frente de mi en braguitas y sujetador negro qué delicia de mujer, aunque no me lo podía creer la borrachera me desapareció del tirón, me acerqué a ella sin pensarlo porque tenía que follármela como fuera y me puse justo detrás de ella, entonces le acaricié por la espalda y Bea no se movió es más parecía que le iba el rollo mis manos se acercaron a sus tetas firmes y grandes como nunca las había visto y ella empezó a rozar su culito con mi paquete, entonces me dijo esto que vamos a hacer no se repetirá nunca más, y yo le dije que sí, que lo que ella dijera, entonces agarró mi polla y me dijo esto que te voy a hacer no te lo hará mi hermana en su vida, agarró la verga y se la empezó a comer como una loba, mmmm aún lo recuerdo y comparo con mi novia y llevaba la razón, estaba comiéndose mi polla, entonces me llevó a la cama y se puso en posición de 69, colocó su coño en mi cara y me dijo cómetelo hasta que te hartes, y eso hice comerme ese espléndido coño, una vez empapado de su flujo se puso encima mía y se la metió entera hasta dentro estábamos follado como locos, hasta que ella notó no sé cómo que yo ya no aguataba más y que me iba a correr, entonces se la sacó y se la volvió a comer entera, entonces le dije que me corro , y se la puso en sus tetas y allí me corrí, una de las mejoras corridas de mi vida, ella se rió y me dijo cuñao cómo follas y me echó de su habitación al día siguiente quise comentarle lo bien que lo pasé pero ella me dijo que no quería saber nada y que aquello pasó y pasó, todavía no lo sabe nadie pero esta aventura la comparto con todos vosotros espero que os haya gustado al menos una décima parte de lo que me gustó a mí.

Mi madre me pilla con sus zapatos

Mi familia esta compuesta por cinco miembros. Mi padre es médico cardiólogo y tiene 55 años. Mi madre, siete años menor, trabaja como abogado en un bufette en nuestra ciudad. Mi hermana de 20 y mi hermano de 23 completan el “nido”.

Todo comenzó en el puente del Pilar, el doce de octubre, que este año coincidió en jueves. Mis dos hermanos se largaron de acampada, aprovechando los último días buenos antes de la época de lluvias. Mi padre llevaba toda la semana en un congreso en Lyon y no regresaría hasta el domingo a la tarde. Yo estaba indeciso entre irme unos días con unos amigos a una casa rural o quedarme con mi madre, ya que no me gustaba la idea de dejarla sola todos esos días, aunque ella me insistió en que no le importaba lo más mínimo, que quería descansar. En fin, al final decidí quedarme ya que lo de la casa rural se fue al traste. No me importó mucho, pues el puente no se presentaba tan aburrido, con dos fiestas en sendos pisos el miércoles y el viernes. Así de paso acompañaría a mi madre para que no estuviese tan sola.

El miércoles había quedado a once de la noche para la fiesta. Mi madre también se estaba preparando para salir a cenar con unos amigos. A las diez me dijo que se iba. Me vino a dar un beso de despedida

-Estás guapísima mamá -le dije-.

La verdad es que mi madre se conserva bastante bien para la edad que tiene. Pero lo que le hace más atractiva es que se cuida mucho. Viste muy elegante, con faldas rectas hasta la rodilla, y botas o zapatos de tacón a la última moda. Ella es morena, con el pelo liso peinado al estilo de Ana Rosa Quintana, delgada y más bien alta.

-Gracias cielo. Pásalo bien en la fiesta y no bebas mucho.

-Vale. Chao.

Al cabo de unos minutos me di cuenta de lo silenciosa que estaba la casa. Esto me excitó y decidí masturbarme con una de la múltiples películas porno que tengo grabadas del plus, antes de salir de marcha.

Puse la película y comencé con el meneo. La película era americana. En una de las escena una chica le acariciaba con el tacón de su zapato el coño de otro chica. Me puse a cien. Paré la película. Se me había ocurrido algo muy sucio. Me fui a la habitación de mis padres. Abrí el armario empotrado y busqué unos de los zapatos de mi madre que tanto me gustaban. Eran unas sandalias de charol rosa fucsia desnudas en el talón y con un tacón negro recto bastante alto. Me las llevé al salón. Me desnudé por completo, puse la película otra vez. Me puse los zapatos. La sola visión de mis pies con los zapatos me hizo recuperar la erección que había perdido al parar la película. Me imaginaba poder follarme a una chica únicamente vestida con esos zapatos. Me saqué uno y me metí el tacón en la boca. Lo chupé. Estaba a punto de estallar. El olor a cuero me excitaba mucho. Abrí las piernas y empecé a acariciarme la entrada del ano con el tacón. Al cabo de un minuto no pude más y eyaculé como un bestia, salpicándome todo el torso y uno de los zapatos con mi semen. Era la primera vez que lo hacía y me dejó totalmente extasiado.

Me duché y me vestí para la fiesta.

La mañana siguiente estaba totalmente cabezón. Bebí bastante y fumé como un carretero. Me desperté a eso de las doce y media. Mi madre no estaba. Me duché, desayuné algo, me tomé dos aspirinas y un Almax y me puse a ver la tele tirado en el sillón, dispuesto a no mover ni un músculo hasta la hora de la comida.

A las dos llegó mi madre de hacer footing con una amiga. Me dijo que no había hecho nada de comer y que me vistiera que nos íbamos a almorzar a un restaurante que está cerca de casa. Me puse rápidamente unos vaqueros y una camisa, ya que sabía que mi madre se iba a poner toda elegante y no quería destacar demasiado con mi chándal de los domingos cosecha del 92.

En efecto, mi madre estaba radiante. Vestía un jersey sin mangas y con cuello de cisne de color violeta, que hacían destacar sus aún aceptables y no muy grandes pechos. Por abajo llevaba y falda recta de color violeta con pequeñas florecitas blancas. La fina tela de la falda dejaba entrever que llevaba un tanga por debajo. Completaba la vestimenta unas medias negras y unas babuchas negras de tacón alto. Estaba elegantísima y muy sexy.

Cuando llegamos al restaurante el camarero nos dijo que teníamos que esperar un poco, ya que tenían que prepararnos la mesa, y nos sugirió que lo hiciésemos tomando un aperitivo. Mi madre me miró con cara de interrogante y yo asentí. Nos pusimos en la barra, yo de pie y ella sentada en una banqueta. Los hombres que pasaban se quedaban mirando pasmados en la dirección de las piernas que mi madre mantenía cruzadas haciendo verdaderos equilibrios. Aprovechando que mi madre miraba hacia la calle yo también clavé mis ojos en sus piernas y zapatos. Me di cuenta de que me estaba empalmando. Me quedé totalmente pasmado mirando sus muslos cruzados, sus delgados tobillos y sus zapatos. Mi madre se dio cuenta y me dio un cachete en la nuca.

¿Qué haces? -me dijo mi madre-.

Na, na na nada… mamá -le contesté yo, aún con el susto en el cuerpo-.

Nos pusimos a comer y al cabo de unos minutos ya me había olvidado de lo sucedido en la barra.