La mujer de mi amigo me pide que le depile el coño

Mi mejor amigo se llama Juan Mateos, nos conocemos desde hace mucho tiempo y hemos llegado a tener una confianza casi absoluta. Se parece mucho a mí, hasta en lo cachondo, pues ambos nos hemos “enganchado” a las páginas de sexo de Internet y comentamos entre los dos lo más interesante, nos enviamos las fotos que más nos han gustado y cosas así.

Sin embargo, Mateos es muy estricto respecto a sus posesiones… con lo que también me refiero a su preciosa mujer Mª Victoria. Ella es una delicia, un poco chapada a la antigua, pero encantadora, algo rellenita pero perfectamente proporcionada. Respecto a su mujer, mi amigo no permite la más ligera insinuación o comentario, lo que, visto le que me ha ocurrido con ella, me puede acarrear más de un problema. Claro que eso sólo si se entera, por lo que los nombres son lógicamente supuestos, ante el peligro de que pueda leer esto que escribo, porque tengo la necesidad de contarlo.

Resulta, que en una de nuestras charlas comentamos Mateos y yo, después de ver una serie bastante amplia de fotos de tías buenas bajadas de Internet, todas ellas con el chochete perfectamente recortadito, que, donde se ponga una mujer con el coño depilado, que se quite lo demás.

Ciertamente esto lo dijimos plenos de convencimiento porque, no sé si a todos los tíos, pero a nosotros dos, nos vuelven locos. Las mujeres deberían ser conscientes de la diferencia que hay de cuando abren sus piernas y nos enseñan la raja envuelta en una mata de pelos, que ocultan lo más caliente de su anatomía, a la visión espléndida de un chochito carnoso, brillante, sin un solo pelo, que parece estar diciendo ¡CÓMEME!. De veras, he tenido la fortuna de probarlo y la diferencia es abismal, en un caso estaba deseando terminar para escupir los pelos de la individua que se me quedaron en la garganta y que en alguna ocasión me han hecho incluso vomitar (¡qué apropiado para un momento así!) y en el otro, la misma tía pero esta vez “afeitadita”, me tuvo que separar la cabeza de entre sus piernas después de media hora y tres orgasmos sin cansarme de su almeja, que pese a conocerla como la palma de mi mano, parecía aquel día una desconocida para mí.

Pues bien, retomando el hilo de la historia, de aquella conversación sobre los chochetes afeitados, surgió otra más pícara con la que pretendí hacerle un favor a mi amigo. Él me había dicho que su mujer era totalmente contraria a afeitarse los bajos fondos y que él nunca se lo propondría, pero yo pretendía darle una alegría, así que una noche que habíamos cenado y nos habíamos tomado algunas copas (no sé si de más), fui poco a poco subiendo el tono de la charla entre los cuatro -mis amigos, mi mujer y yo- hasta llevarla al lugar que yo pretendía. Mi mujer sin saberlo colaboró mejor de lo que yo esperaba ya que estaba totalmente sin avisar de mis intenciones.

El caso es que planteé la idea que ya he dicho de que las partes nobles tanto del hombre como de la mujer debían ser objeto de atentos cuidados, especialmente cuando se trata de mantener la pasión, a lo que mi mujer repuso, un tanto alegre por lo que había bebido, que tanto ella como yo nos afeitábamos periódicamente los genitales, pero que en ambos casos yo era el ejecutor de la depilación tanto de ella como la mía, además matizó casi entrando en detalles que yo tenía un pequeño cortapelos que era magnífico y no irritaba nada, dejando el pubis perfectamente delimitado y recortado, afeitando por completo el resto de los pelos hasta el final de la raja del culo. Ni que decir tiene que aquel día, entre la conversación y las copas todos nos pusimos tan cachondos que a punto estuve de enseñarles la polla entera, porque me obligaron ante la incredulidad de que yo estuviera afeitado a enseñarles algo y me quedé en el pubis y parte de un huevo por el lado de los calzoncillos. Cuando vieron el pubis rapado al 1,5 y perfectamente recortado, y el cuero de los cojones perfectamente afeitado, cambiaron la cara y lo que creían cachondeo, pasó a cachondez. La suerte estaba echada, quería sembrar en Victoria la idea de que aquello era una cosa normal y, conociéndola, no tardaría en llevarlo a cabo, con la consiguiente alegría para Mateos, sobre todo después de lo que había puesto yo en juego. Claro que aquella noche cayó un polvo de antología, con mi mujer, por supuesto.

Después de aquello suponía que pasaría algo, pero lo que no esperaba es que un día Victoria me llamara al móvil para que fuera a verla, con algo de urgencia. Por suerte o por desgracia yo estaba desocupado aquella mañana y sin intuir nada fui a verla en un salto. Tras entrar a su casa y saludarla con un par de besos en las mejillas, le pregunté sin ambages qué pasaba, a lo que, con mucho misterio, cerró la puerta y casi susurrando me dijo que necesitaba que le hiciera un favor.

– Lo que te haga falta, -le dije, no sin cierta preocupación por el tono de la petición.

– Sé que puedo confiar en ti y quiero darle una sorpresa a Mateos por su cumpleaños… -comenzó

Más tranquilo pensé que se trataba de buscarle o recomendarle algún regalo o prepararle una fiesta sorpresa, lo que justificaba en cierto modo el misterio. Pero…

– … así que quisiera que me ayudaras con cierta operación que no me atrevo a hacer, además como tú tienes más experiencia, querría que me ayudaras a depilarme.

Así de sopetón, se me tuvo que quedar una cara que no me atrevo a describir. Estúpidamente, dije:

– ¿Depilarte?, ¿¿¿el qué??? -como si a esas alturas no lo supiera, además el color de mi cara lo revelaba a las claras.

– Mira, Ramiro, sé que puedo confiar en ti y que, conociéndote como te conozco, no te aprovecharás de la situación. Me ha costado mucho decidirme, pero es que me gustaría darle una sorpresa a Mateos y tú sabes lo que le gusta, además me ha dicho Paula que tienes mucha habilidad, ya sabes a lo que me refiero, depilarme el Monte de Venus… ¿lo harás por mí?

Creo que el corazón se me salía por la boca en ese momento, ¿cómo iba a ser capaz de hacer eso con la mujer de mi mejor amigo?, además, con lo buena que estaba ¿cómo iba a mantener la sangre fría para no hacer algo que me costaría muy caro?, pero, con lo que me había dicho y tras el trabajo que le habría costado decidirse a pedírmelo, ¿cómo le iba a decir que no?

Esa fue mi respuesta: – ¿Cómo te voy a decir que no? -dije con voz temblorosa. – Pues vamos, no hay que perder el tiempo. Pero, una cosa: Nadie lo debe saber, ni tu mujer ni mi marido… ¿estamos? – Claro, claro…

Decidida se fue para el dormitorio y, haciendo caso a su indicación, la seguí. Lo tenía todo preparado, hasta se había comprado un pequeño cortapelos parecido al mío (supongo que le habría preguntado a mi mujer), una toalla encima de la cama, un barreño con agua caliente, espuma de afeitar, cuchillas nuevas, crema hidratante…

Mientras miraba todo aquello me di cuenta que ella estaba también muy nerviosa quieta delante mía sin saber qué decir o hacer…

– ¿Vamos?…

Haciendo un esfuerzo por dominar el temblor de mis manos, dije:

– Venga, lo primero es que te desnudes… (como si no lo supiera)

Hubiera bastado que se desnudara de cintura para abajo, pero me hizo caso literalmente y se quedó completamente desnuda, mostrándome un cuerpo precioso, pero prohibido. Me obligué a no mirarla con lujuria, pero era prácticamente imposible, tenía los pechos preciosos, con un tamaño grandote y rollizo, pero firmes y “desafiantes”, la exploración fue detenida por la cándida mirada de sus ojos color miel. No podía mirarla como lo estaba haciendo, se me encendió una luz en el cerebro. Después de haber doblado toda su ropa y dejarla delicadamente encima de una silla, volvía a quedarse mirándome con dulzura… Tenía que tomármelo como algo “profesional”.

– Vale, échate en la toalla…

Se tumbó suavemente y pude ver que había intentado cortarse el pelo ella misma antes de llamarme. Comprendí entonces por qué me llamó. Lo había hecho fatal, dejándose unas calvas que iban a ser difíciles de arreglar.

– Vaya, se ve que lo has intentado… -dije intentando dar un toque de serenidad al ambiente.

– Sí, pero ya ves lo mal que me ha quedado, lo que pasa es que me da más vergüenza ir a cualquier sitio de estética que decírtelo a ti, y no creas que no me da vergüenza estar así…

Esta frase la dijo acompañada de una apertura de las piernas que dejó al descubierto toda su intimidad. Tenía unos labios rosados y perfectos y a mí me iba a dar algo.

De pronto, me entró un arrebato de responsabilidad y le dije que aquello no podía ser, yo no podía estar allí de ese modo con la mujer de mi mejor amigo… todo había sido una equivocación. Pero no contaba con su talante. Era una mujer de las que cuando toma una decisión no hay en el mundo nadie que sea capaz de hacerla desistir y donde había llegado era una vía sin retorno. Así me lo hizo comprender.

– Mira, yo estoy tan nerviosa como tú, pero tómalo de esta forma. No estamos haciendo nada malo, aunque nunca deberán enterarse tu mujer ni mi marido. Además entre nosotros hay confianza, ¿no?, hay cosas más comprometedoras que hemos hecho y de las que hemos hablado y no ha pasado nada, así que manos a la obra que no tenemos todo el día.

Y tal como lo dijo me tomó la mano y la colocó en su vientre, dejándose caer hacia atrás, dándome a entender la única opción que tenía. Sin mediar más palabras, comencé a humedecerle toda la zona púbica y después separé sus piernas con mis manos para hacer lo mismo con el contorno de los labios y las ingles. Descubrí que tenía el sexo bellísimo, bastante hinchado, lo que revelaba la notoria excitación que le provocaba, igual que a mí, la situación, pero sobre todo, lo que consiguió enardecerme hasta un grado casi insostenible fue el aroma que emanaba y que llegó hasta mí nada más separarse mínimamente los labios de su coño.

Seguía sin creer que me estuviera pasando aquello, pero no cabían más discusiones. Así que me dispuse a hacerle un buen trabajo y, ¡qué coño!, disfrutar de él.

Me dediqué a seguir humedeciendo con agua templada toda la zona, por supuesto con la mano desnuda, lo que puede decirse que era acariciarle todo el vientre, con dulzura, y las ingles, rozando levemente los labios de su coño que para entonces estaba entreabierto por culpa un poco de la postura, las caricias, los nervios y sobre todo las dimensiones que estaba tomando su clítoris.

Recorté todo el contorno con el cortapelos para dejar el pelo con el tamaño deseado. Aquello empezaba a arreglarse, tomando forma y quedaba francamente bien. Después recorté con la cuchilla de afeitar, poniendo algo de espuma, rasurando lo que sobraba hasta quedar totalmente liso y definido el triángulo “redondeado” de pelillos que había pensado para ella.

Ahora venía lo difícil. Afeitar completamente los lados del coño, para lo que tenía que proteger las zonas más delicadas, así que con la mano entera tapé los labios del chochete, estirando la piel para poder afeitar la zona hasta la ingle.

Mientras lo hacía le miré a la cara. Todo este tiempo habíamos estado muy callados y tensos y hasta casi me asusté cuando la vi que me miraba con unos ojos de infinita comprensión, tranquilidad… el caso es que aquella mirada con la media sonrisa que la acompañó, me terminó de relajar y pude decirle

– “¿Todo bien?, ¿no te está molestando?”, a lo que ella contestó.

– No lo puedes hacer mejor, cualquiera diría que me estás acariciando y la cosa es que no me disgusta del todo, ¡voy a tener que contratarte!

– “Ni se te ocurra”, le dije y seguí afeitando. Con un lado había acabado y levanté la mano para ver cómo quedaba… Perfecto. No pude evitar contemplar el coño que mi mano había estado tapando y cuya fragancia se habría quedado allí. Mientras miraba el hilillo blanquecino que resbalaba hasta su ojete y que delataba su total excitación, me acerqué la mano a la cara simulando rascarme en la frente (porque ella, semi-incorporada, no dejaba de mirarme) y aspiré el aroma intenso del coño de Mª Victoria. Aquello era un pecado, pero había llegado casi a marearme y a esas alturas por mi cabeza ya pasaba de todo. – Terminé la obra, volviendo a tapar con la mano y rasurando la otra parte hasta que quedó verdaderamente perfecto y apetecible. Para terminar la hice ponerse en cuatro patas, con el culo muy abierto y le afeité todo el perímetro del ojete.

– Ahora, -le dije- te voy a dar con una crema hidratante para que no se te irrite -y, acto seguido, la empecé a acariciar con la mano pringada de crema (y con lujuria, debo reconocerlo) por todas las partes que le había afeitado, comprobando que la excitación de ella, lejos de extinguirse, había aumentado soltando líquido de su interior hasta formar un cerco en la toalla sobre la que se había efectuado toda la operación.

Al pasar poniéndole crema una de las veces por la ingle, con los sentidos ya trastornados, le rocé conscientemente el clítoris, notando un respingo y un audible aunque pequeño gemido de Mª Victoria (mentalmente la llamaba así para olvidar que era la mujer de mi mejor amigo).

Lo volví a pasar una y otra vez y al notar su “colaboración”, sabiendo lo que iba a pasar, le dije:

– Mira, después de esto los dos tenemos un calenturón tremendo. Yo me haré un pajote y tú otro, pero creo que me gustaría ayudarte con lo tuyo. Como, total, nadie se va a enterar, ¿verdad?, yo no puedo resistirme a probarlo…

Mientras le decía aquello y después de que se lo dije, no hacía falta que hablara, su mirada volvía a hacerlo por ella… así que me lancé y suavemente deposité la lengua en la entrada de su agujero, saboreando lentamente el líquido que emanaba. La excitación era tanta que tuve una pequeña eyaculación, un par de sacudidas, sólo lamiendo lentamente su chocho.

Ella se dejaba hacer y, suave pero firmemente, se abandonó a mis manos. Mientras, yo le levantaba las piernas y dejaba aún más al descubierto toda su parte íntima. Estaba completamente abierta y además exponiendo su depilado ojete, al que también comencé a prestar atención.

Las chupadas se hicieron más intensas penetrando con la lengua en sus dos orificios, hasta que cuando vi que comenzaba a estremecerse, me dirigí al clítoris, succionándolo frenéticamente, lo que la hizo terminar casi chillando. No había tardado mucho, pero la excitación del momento y el morbo, lo justificaba.

Al terminar, abrió los preciosos ojos que tanta confusión me causaban ese día y con ternura me dijo que me merecía un premio, por lo bien que lo había hecho todo (remarcando aquel “todo”)

Le dije que no quería penetrarla y que no hacía falta nada más, que me había gustado tanto como a ella y que podíamos dejarlo así, pero ella no quiso y me acarició por encima de los pantalones, soltando poco a poco la ropa hasta dejar mi nabo al descubierto.

Sin decir más nada, comenzó a chupármela muy despacio, tanto como yo lo había hecho con ella y sin dejar de mirarme a la cara. De vez en cuando la sacaba de su boca y la restregaba sobre su lengua, pasando a continuación la mano por todo el humedecido glande.

Al poco se introdujo todo lo que pudo en la boca y me agarró por los cachetes del culo, abriéndolos y cerrándolos al mismo compás que la metía y sacaba de su cavidad bucal. En una de las veces, con la misma suavidad me empezó a acariciar el ojo del culo con la yema de un dedo, y no sé si fue esa inesperada caricia, pero el caso es que noté que iba a explotar y se lo indiqué.

Ella me miró una vez más indicándome que no importaba, por lo que me dejé llevar y terminé soltando cinco chorros de leche blanca y espesa a su boca que seguía mamando con el mismo ritmo hasta que posando una mano en su mejilla le hice saber que debía parar.

Escupió en una servilleta de papel lo que tenía en la boca (no se lo había tragado, y eso me gustó, pues me indicó que lo dejó caer en su boca para que yo no parara de disfrutar la mamada, que ha sido una de las mejores que me han hecho en mi vida y así la recordaré).

Me vestí mientras ella miraba en el espejo cómo había quedado su depilado y precioso coño, mientras me decía que le quedaban ganas de que se la metiera.

– Pero esas ganas te las va a mitigar con creces Mateos cuando llegue después y prefiero que las cosas se queden así, porque esto no ha pasado…

– Sí que ha pasado, Ramiro, aunque nadie lo sepa nunca ni se repita jamás, quiero que sepas que recordaré lo que has hecho como si hubieras sido mi amor de juventud, como se recuerda a un novio de la adolescencia, eres un encanto.

Y me dio un suave beso en los labios.

Una relación monótona acaba follada por un perro labrador

Mi vida con Alicia, mi anterior compañera sentimental, fue bien sexualmente hablando hasta que terminó la universidad y encontró un trabajo. Hasta entonces, practicábamos el sexo en sus diversas formas y posturas tratando de no ser repetitivos, salvo el sexo anal, a lo cual ella siempre se ha negado, pero no me parecía importante, aunque yo sea muy liberal en cuanto al sexo, porque ambos quedábamos totalmente satisfechos. Pero como ya dije, el comienzo de su vida laboral provocó que la frecuencia de nuestras relaciones sexuales disminuyera, su horario era francamente malo y para colmo, nos resultaba difícil coincidir en nuestras vacaciones.

Debo admitir que con el tiempo empecé a masturbarme tres o cuatro veces a la semana. A pesar de mis intentos para convencerla tratando de buscar momentos, situaciones estimulantes, ella aludía con frecuencia al cansancio y naturalmente me tenía que aguantar. Por otro lado ella nunca me quería hablar de sus experiencias sexuales anteriores a mí, ni si tenía alguna fantasía, si salía el tema me decía que si actualmente gozábamos el uno del otro, qué mas daba.

Durante una primavera, en el mes de Abril, ella pudo conseguir tres días de vacaciones, que quiso combinar con un fin de semana para visitar a una vieja amiga común a la que ella le tiene mucho afecto. Brigitte es una mujer francesa que se instaló en nuestro país hace varios años. Ella y su ya difunto marido montaron un negocio de paseos a caballo a las afueras de una pequeña localidad a unos 400 km. No tiene hijos de modo que ella lleva sola el negocio y dado que estaba haciendo unas reformas, Alicia pensó en echarle una mano.

A Alicia siempre le ha hecho ilusión estar en la casa de campo de Brigitte y montar a caballo, pero, quizás pensando egoístamente en mí le insistí en que no fuera y que tratáramos de estar más tiempo juntos, pero ella estaba decidida.

Alicia compró su billete de autobús y tras despedirnos se marchó el martes por la tarde.

La semana pasó muy lenta. Llegó el sábado por la mañana y me encontré sin nada que quisiera hacer, de modo que se me ocurrió un plan. Tuve la idea de conducir hacia la casa de campo hasta la noche y así sorprender a Alicia. Entonces volveríamos juntos el domingo en mi coche. Serían unas cuatro horas de autopista más unos veinte minutos hasta la casa. Mientras más lo pensaba más lo deseaba.

Hice una bolsa y a eso de las cuatro y media de la tarde ya estaba listo para ir a la casa de Brigitte. El viaje no tuvo ningún percance y me lo pasé pensando en la bella Alicia. Realmente me gustaba. Mientras la imaginaba desnuda, su cuerpo caliente presionado sobre mí, pude sentir una buena erección en mis vaqueros.

Yo no me considero muy buen dotado, más o menos por la media, unos 16 cm, pero duro como una flecha. Sé que a muchas mujeres les apetece más un atributo grande y más grueso, pero a Alicia le gusta lo que tengo y lo que ella dice que es más importante, que sé usarlo, y parece que a ella le satisface. Ella se había afeitado su coño hacía dos años porque, según decía, se sentía más limpia así. Y a mí me parecía que quedaba precioso y atractivo de esa manera. Sus pechos eran firmes, no demasiado grandes, pero bonitos, con una enorme aureola que me encantaba y unos pezones pequeños si no estaban erectos.

Mi erección me estaba empezando a doler y me planteé aliviarme pero quería esperar a estar con Alicia. Mis pensamientos retornaron a la carretera y en poco tiempo llegué al desvío hacia la localidad. Llegué de noche a la casa y aparqué el coche en la zona de aparcamientos de visitantes. Sólo había dos luces encendidas. Una en el parking y la otra en el porche de la entrada de la casa, que quedaba algo más lejos. El resto estaba todo oscuro.

Mientras me bajaba del coche pude oler un aroma de pinos proveniente del bosque mezclado con el olor a caballo. Eran las nueve y media de la noche. La brisa era refrescante, aunque ya empezaba a hacer calor. A pesar de la oscuridad, la zona me resultaba familiar al haber estado algunas veces de visita.

Para llegar a la casa tenía que atravesar la zona con los establos, pero al pasar cerca pude ver una nueva construcción que no conocía, con una tenue luz dentro. Suponiendo que alguna de las dos pudiera estar allí, me encaminé a la pequeña construcción. Mientras me acercaba podía comprobar que era una construcción muy reciente, aun no del todo acabada. Abrí la puerta trasera esperando encontrar a alguien y entré en una pequeña zona de almacén. La puerta que comunicaba con la zona principal estaba abierta de modo que seguí, entré y miré alrededor.

La construcción estaba dividida en dos partes y yo me encontraba en la zona central. Pude oír el sonido familiar del agua de duchas caer al fondo. Era obvio dónde me encontraba, eran unas duchas recién construidas, separadas por sexos.

Y alguien estaba duchándose en ese momento. Se me presentó la oportunidad de espiar a quien fuera, que podía ser mi novia, pero podía ser Brigitte. No niego que la curiosidad pudo más y me acerqué silencioso a la esquina pero sólo vi una zona de vestuarios con ropa colgada. Entré en la zona y me acerqué al sonido sigilosamente, estaba nervioso.

Mi corazón se me iba a salir de lo fuerte que latía, me acordaba de mi juventud en el instituto cuando espiábamos a las niñas en los vestuarios de gimnasia, aunque nunca tuve la oportunidad de ver a ninguna de las niñas completamente desnudas.

Mientras me acercaba a las duchas, desde la zona de vestuarios pude ver que Alicia estaba junto a una de ellas pero aparentemente no parecía que se estuviera duchando.

Ella estaba bajo la ducha en el suelo a cuatro patas, a unos diez metros de mí. Su pelo castaño claro estaba mojado y le cubría la cara mientras el agua caliente le caía encima. Pero eso no era todo…

Montado detrás de ella y pegado fuertemente a sus caderas con sus patas había un perro Labrador bombeándola lentamente. El animal la cubría toda la espalda, la cabeza hacia adelante, y con las caderas culeándola rítmicamente. Las tetas de Alicia colgaban haciendo círculos movidas por las embestidas del perro. El agua caía sobre ellos manteniéndolos completamente mojados. Se podían escuchar los gemidos placenteros de Alicia sobre el sonido del agua.

Me llevó dos minutos recuperarme del trance en que estaba sumergido. Mi polla me estaba presionando con dolor en mis pantalones. Tenía que ser muy cauteloso al hacer cualquier movimiento para que el perro no lo advirtiera ya que en su posición miraba hacia mí. Alicia evidentemente tenía la mente en otro mundo con la polla de ese perro incrustada dentro.

Lentamente di un paso hacia atrás, me desabroché la cremallera y me bajé los vaqueros. Metí la mano para evitar la presión en mis boxers y la polla salió libre y orgullosa, lista para pasar a la acción, me empecé a masturbar lentamente, no quise terminar antes de lo previsto, de modo que me volví a asomar a las duchas.

El perro no fallaba ninguna embestida, todo era igual que antes, pero ahora el animal embestía más rápido. Alicia intentó varias veces pasar una mano entre las piernas para darse gusto pero el peso del bicho y sus empujes la hacían perder el equilibrio y tenía que retornar a las cuatro patas. De pronto el perro se arqueó hacia adelante y empezó a culearla con una rapidez increíble. Sus patas traseras se resbalaban con el agua, pero mantenía un ritmo que me pareció alucinante.

“¡Auu!…¡Auu!….¡Oooooohhh!…¡Auu!” Alicia gritaba mientras intentaba alcanzar entre sus piernas.

“¡Oh maldita sea!….¡Auuu!!!…¡Ugh!…¡Ugh!…¡Mierda!…¡noooo!…¡mierdaaaa!!”

Sea lo que sea lo que le estuviera pasando, parecía que Alicia estaba pasando por dificultades. Ante su impotencia por hacer nada para evitar el dolor, golpeaba con la mano sobre el suelo. Su boca estaba abierta en una mueca de dolor. Ella gateó unos metros hacia adelante, llevando consigo al Labrador, pero el perro no se iba. Él mantenía esa velocidad de vértigo que me recordaba el sexo entre conejos, todo el tiempo así, sin parar. Era evidente que Alicia estaba pasándolo mal así que me dispuse a entrar en las duchas para ayudarla. No importa lo embarazoso que pudiera resultarle, no quería que ese bicho la hiciera más daño. Estaban de lado con respecto a mí, y pude verlo todo con claridad. Parecía que el bulto del perro estaba completamente introducido en la vagina de Alicia y ambos estaban pegados, como dos perros.

“¡Oh maldita sea, Chuky, maldita sea! ¡Uuuuughhhh! ¡Mierda!, seguía gritando ella. Pero entonces ella parece que dejó de demostrar dolor, hundió la cabeza en el suelo, subió el culo hacia arriba. Chuky continuó con sus embestidas desesperadas y ahora que Alicia estaba más relajada, empezó un bombeo rápido y corto, sus caderas casi vibrando contra el culo alzado de Alicia. Pude oírla gemir pero ya era evidente que había recobrado el control y de nuevo di un paso hacia atrás a la zona de vestuarios y continué con la observación.

“¡Oh! ¡Oh! ¡Uuuuuugggghhhh!” Alicia volvía a gritar unos segundos después de volverme. Vi que Chuky se mantenía quieto y curvado sobre una mojada y sumisa Alicia. Los ojos del perro congelados mirando a ninguna parte, el cuerpo en total tensión y totalmente apretado contra ella. Entonces empezó un lento movimiento de bombeo y de nuevo se paró. ¡Entonces me di cuenta de que el muy cabrón se estaba corriendo dentro de ella!

Chuky parecía haber terminado pero ambos estaban pegados todavía porque él hacía intentos vanos para desmontarla.

“¡No por favor! ¡Chuky no! ¡Quédate! ¡Chuky no! ¡Quédate! ” le ordenó ella. Por fortuna Chuky fue obediente. Simplemente se mantuvo echado sobre la espalda de Alicia, la boca abierta, lengua fuera, respiración fuerte, con una mirada de satisfacción en sus ojos (¿los hombre tenemos la misma mirada?). Alicia mantenía la respiración entrecortada. “Buen chico, Chucky, eso es” decía ella, “Precioso, quédate, así, así, eso es”.

Chuky dejó caer todo el peso sobre la espalda y se dedicó a lamer su cuello y su pelo. Alicia intentó girarse lentamente sin que el bulto, firmemente sellado a su vagina para mantener la leche dentro, le molestara demasiado. Después de varios intentos, se las arregló para pasar su mano derecha entre las piernas sintiendo la base de la polla de Chuky, y su coño, a continuación se miró la mano, supongo que buscando restos de sangre. Al ver que no le había pasado nada malo, volvió a colocar la mano a su coño y empezó a masturbarse.

Era una vista de lo más erótica. Alicia tocándose el clítoris con Chuky montado y su gran polla incrustada dentro desinflándose lentamente. Las manos y los dedos de Alicia empezaron a moverse cada vez más rápido mientras sus tetas iban y venían en círculos con el ritmo. Tras dos minutos, Alicia estaba cerca del orgasmo. Pero pude ver con sorpresa que Chuky empezó de nuevo un lento bombeo. Los movimientos de Alicia masturbándose debían haber estimulado la polla de Chuky otra vez y estaba respondiendo rápido al estímulo.

“¡Eeeeeyyy Chuky! ¡No, otra vez no!” chilló ella. Pero Alicia estaba demasiado excitada y demasiado cercana al orgasmo para parar. Estoy convencido de que la estimulación de la tremenda polla de Chuky bloqueada en su interior y llenando de nuevo su vagina, el culeo incesante, lo prohibido del acto, todo era demasiado para parar ya. Chuky volvía a las locas y frenéticas acometidas cercano a una nueva corrida mientras Alicia estaba culeándole hacia atrás y tocándose al mismo tiempo. “¡¡Aaahhhhh!!…..¡¡Aaaaaaaah!!” chilló con desesperación porque la primera ola de su orgasmo le explotó encima. Chuky se mantenía pegado mientras ambos se movían en diferentes ritmos en un total frenesí, perdidos en sus propios placeres. “¡Uuuugh!…¡Uuuugh!…¡Ugh!…¡Ugh!…” continuaba Alicia. Su cuerpo estaba en tensión. La respiración entrecortada se escapaba entre los dientes apretados. Ella bajó su ritmo mientras las últimas olas de placer la envolvían, entonces volvió a las cuatro patas para soportar al perro que tenía encima.

Chuky repitió los mismos movimientos cortos y rápidos como la primera vez.

“¡Oooh Chuck! ¡Oooooh Chucky!” dijo Alicia, “¡Ay Mierda!….¡Auuh!…¡Auuu!” Era evidente que el animal la estaba rociando con leche caliente nuevamente dentro de su coño. Chuky terminó su orgasmo con varias embestidas lentas.

“¡Maldito seas Chuky, lo volviste a hacer! ¡Mierda, dueleeeeee!” gritaba Alicia. “¡Quédate Chuky! ¡Nooooo! ¡Quédate!”. Pero Chuky se le anticipó y decidió bajarse. Pasó una de las patas traseras por encima arañándola un poco y se quedó culo con culo. El animal entonces empezó a caminar llevando a Alicia tras de él a cuatro patas, que seguía gritándole que se parase, hasta que el animal lo hizo, porque se me quedó mirando en mi dirección con las orejas alzadas. “¡Mierda!” dije para mí. Dejé de meneármela y me mantuve quieto como una piedra. Alicia estaba acariciando como podía a Chuky, pegados culo con culo, hablándole suave para que se calmara y se quedara quieto y éste pareció distraerse de mí. Aproveché para dar unos pasos hacia atrás y me puse los pantalones con dificultad ante mi erección.

Salí de allí y me dirigí a la casa de Brigitte. Allí la encontré leyendo en el porche y me comentó que Alicia salió a dar una vuelta. Al rato de esperarla, Alicia se sorprendió mucho al verme, hicimos unas pizzas de cenar y nos acostamos. Alicia, curiosamente evitó hacer el amor esa noche indicándome que creía tener una infección vaginal. Entendí perfectamente la excusa y aunque estaba realmente caliente, decidí esperar a que se recuperase. El domingo al mediodía nos fuimos.

Ella estaba contenta durante el viaje de vuelta, intenté durante la conversación que surgiera el tema de Chuky de forma sutil, quería darle la oportunidad de que confesara sus acciones, pero nunca más ha querido mencionarlo. Pasaron unos años más hasta que rompimos, pero nunca me quiso contar lo que hizo. Es una pena, porque podríamos haberle dado un gran giro a nuestra relación sexual, aunque siempre recordaré lo sucedido como una de las experiencias más excitantes que he vivido.

Dos doctoras de guardia en un hospital

Hoy quiero compartir con toda la red una experiencia que me ocurrió no hace mucho, durante una guardia en el Hospital Rosales, mientras hacía mi internado en Cirugía. La noche había sido terrible y la faena ardua. De tal modo que a la una de la mañana estaba tan cansada que ya no podía más y casi me derrumbaba por el sueño. Así que para despabilarme un poco, salí del pabellón donde estaba de turno y me dirigí a la cafetería del hospital por un café. El resto de la madrugada se veía que iba a estar tranquilo. La emergencia estaba casi vacía, salvo por un par de heridos que habían llegado recién y ya eran atendidos por algunos compañeros.

Llegué al cafetín, pedí un café y me senté a paladearlo con toda tranquilidad. Rato después, apareció por la puerta de la cafetería la doctora Osorio. Inconfundible por su alta estatura y porte elegante y majestuoso. Era una residente de primer año de medicina entonces y creo que ni se le cruzaba por la mente llegar a ser neumóloga. Entró a la cafetería y pidió también un café y fue a sentarse a la misma mesa que yo.

-Hola -dijo- ¿qué tal?

-Aquí, tomando un descanso -contesté.

-Sí, ¿verdad?. Estuvo algo pesado el turno.

-Mucho.

Y seguimos tomando café sin decir muchas palabras. La Dra. Osorio era una mujer en verdad soberbia. Era la más alta de todas las residentes, y más que su estatura, destacaba en ella una belleza envidiable. Era blanca, cabello castaño oscuro y ojos café claro. Tenía un cuerpo espléndido y esbelto y un rostro de ángel.

– Oye -dijo sacándome de mis reflexiones- ¿tú te llamas Ángela Margarita, verdad?.

– Sí, ¿por qué?

– Yo me encontré un Manual de Terapéutica con tu nombre y… anduve averiguando de quien se trataba para devolvérselo. Hasta ese momento, recordé que cuando cursaba la rotación de Medicina Interna, durante un seminario dejé olvidado el libro en un asiento del auditorium y que, cuando regresé por él ya no lo encontré. -¿En serio?, no sabe cómo he buscado ese libro. !gracias a Dios que lo encontró usted!

-¿Sabes? -dijo- por las señas que me dieron me imaginé que eras tú.

-¿Cuáles señas?

-Bueno, estatura media, guapa, trigueña, cabello lacio, y…

-¿SÍ?

– Bueno, nalgas grandes y… bonitas…

Se ruborizó al decir aquello, y a decir verdad, yo también. Yo salí con una frase para desenredar el embarazo del momento:

– ¡Qué gracioso!, bueno, pero si ocupa el libro me lo entrega después.

-No -dijo- ya compré uno. Así que hoy mismo te lo puedo entregar.

-¿Lo tiene aquí?

-Sí en la casa de residentes. Si quieres vamos y te lo entrego allá. Asentí. En ese momento yo ya había terminado mi café, pero ella aún tenía la mitad del suyo. Lo tomó en sus manos y nos dirigimos al ala destinada a los médicos residentes. Llegamos y entramos a un cuartito con lo más indispensable: una cama, una silla, un escritorio y un armario. Ella se quitó la gabacha blanca aludiendo demasiado calor y me instó a hacer lo mismo si gustaba. Yo le dije que no sentía calor. -Veamos -dijo hurgando entre las cosas del armario- por aquí tengo tu libro…

Estaba buscándolo a una mano, así que dejó el café sobre el armario y se dedicó a buscarlo con ambas. Revolvió y revolvió como loca el closet sin encontrar el dichoso libro. En un movimiento brusco, el café cayó desde donde lo había colocado por mala suerte, y se desparramó sobre la delgada blusa del traje celeste que llevaba para los turnos. -¡Demonios! -vociferó -permíteme un segundo -me dijo. E inmediatamente se sacó la blusa, dejando semidesnudo su plexo. El líquido había traspasado con facilidad la tela de algodón y había ensuciado su brassier de fino encaje. -¡Vaya! -dijo- ahora voy a tener que lavarlo antes que se le pegue la mancha y sea difícil sacarla después… ¡Y se lo quitó! Se lo sacó sin más ni más, como si en la habitación no hubiese nadie más que ella, como si mi presencia no le incomodase en lo más mínimo. Sus senos blancos quedaron al descubierto, trémulos, desafiantes, macizos, comandados por dos tetillas rosadas erguidas generosamente. En ese momento yo no sentí más que admiración porque la Osorio tenía unas tetas muy hermosas, tal como me gustarían que fueran las mías. Los senos se le veían un poco irritados pues el café aún seguía muy caliente. Para aliviar el ardor momentáneo, echó agua sobre ellos. Al refrescarse, sus pezones comenzaron a tomar una solidez exagerada, como punta de lanza y sus carnes se pusieron más firmes y tensas. Con delicadeza comenzó a lavar la prenda en el lavamanos, y dijo: -Espérame un momento, Margarita. Ya te voy a dar el libro… Al ratito salió con el brassier limpio, lo tendió de un clavo, sacó otra blusa celeste, pero no se la puso, y en lugar de ello se sentó a la par mía en la cama. Siempre he sido una mujer muy liberal pero aquella situación me incomodó poco. Ahí la tenía, con los senos al aire, hembra magnífica. Se acostó en la cama, cubriendo su desnudez echándose la blusa encima sin ponérsela, y dijo:

-¿Sabes?, me arde el pecho por lo caliente que estaba el café…

-Sí, me imagino.

-¡Ay!, si supieras como siento… -recalcó.

-Debe doler bastante.

-Sí…

Se quedó un buen rato así. Yo no decía nada y ella, al parecer estaba a punto de ser vencida por el sueño. Por fin dijo:

-Si quieres quítate tu blusa…

Yo sabía hacia donde nos estaba llevando con su actitud, ¿pero qué podía perder?. Además, acababa de descubrir que aquello no me desagradaba en absoluto y eso sólo significaba una cosa: me estaba gustando. Con poca prisa me saqué la blusa y el sostén y me recosté al par de ella. -¿Sabes una cosa? -dijo.

-¿Qué?

-Me gustan tus senos.

-A mí me gustan los suyos también -dije.

-¿Quieres tocarlos? -preguntó.

-Si me deja…

-Hazlo… Y tomó mis manos llevándolas a posarse sobre sus dos masas pectorales que se estremecieron bajo mis manos que empezaron a jugar con ellos con mucha naturalidad y a estimular sus pezones como si esa no fuera la primera vez que se lo hacía a otra mujer. Rosario tenía los pechos más suaves y dóciles que yo había tocado hasta entonces . Sus carnes se distribuían exquisitamente entre mis dedos causándonos a ambas un enorme placer. Rosario gemía y respiraba profunda y agitadamente, indicio que la excitación crecía cada vez más dentro de su magnífico cuerpo. Aquello me encendió sobremanera y entonces puse en juego mi otra mano también. -Vamos, Margarita -dijo- súbete encima mío.

Abriendo mis piernas, me senté a horcajadas abrazando con mis muslos su pelvis y continué el delicioso masaje pectoral al que la tenía sometida. Ella comenzó a acariciar mis pechos también con sus manos blancas y estilizadas. Fueron pocas fracciones de segundos las que ocupó para lograr que mis pezones se pusieran tan duros como los suyos. En verdad soy una mujer que necesita muy poco para excitarse. Sin embargo, en esa ocasión, con aquella hembra colosal me estaba probando una experiencia diferente.

Ella pasó sus manos delicadas detrás de mi cuello y me atrajo hacia sí y sus labios se fundieron con los míos en un beso apasionado y violento. Casi me ahogaba al deslizar su lengua dentro de mi boca, reconociendo con ella todos sus rincones. Con una de sus manos revolvía mis cabellos mientras con la otra acariciaba mi torso desnudo. Cuando soltó mis labios pude respirar por fin con un hondo y agitado suspiro. Empero, ella no permaneció quieta ni un instante, me volteó y quedé debajo de ella y su boca ávida siguió acosando de besos mi cuello, mis hombros y la parte superior de mi pecho. La excitación había hecho presa de mí desde hacía ratos, pero ahora parecía incontrolable, pues la doctora me encendía cada vez más y más y una sensación ardiente comenzó a socabar mi pecho y mi vientre. No era la primera vez que tenía sexo con una mujer. Por el contrario. Ya entonces había perdido la cuenta de cuantas chicas habían probado junto a mí los deleites del sexo puro y duro. Sin embargo, Consuelo tenía algo distinto, algo especial. Ella estaba casada y ya tenía un hijo, y quizás mi excitación consistía en que nunca lo había hecho con una mujer comprometida… y madre sobre todo. Los pensamientos se arremolinaban en mi cerebro en un torbellino desaforado sin orden, abruptos, locos, mucho más rápido que las sensaciones que experimentaba bajo el influjo y el peso del cuerpo de la mujer sensual que desparramaba sobre mi ardientes caricias y besos frenéticos. En la locura de estar bajo el influjo de aquella hembra formidable, no supe de mí, del momento en que ella nos desnudó por completo, sino hasta que ya tenía sus labios pegados a mi vulva, metiendo lenta y profundamente su lengua dentro de ella. La humedad y el roce me producía una mezcla de cosquillas, escalofríos y estremecimiento indescriptible con palabras. Éramos, como se diría, dos hembras fuera de lo común, haciendo de un lado la modestia. Ella, como ya la he descrito, alta, espigada, bien proporcionada; yo de estatura media, rellena, pero todo bien distribuido. En tanto su lengua literalmente trapeaba toda mi vagina, comenzó a encajar uno de sus dedos en mi ano. ¡Fatal! Yo no sé si ella estaba enterada, pero lo que más me enciende es eso: que me manipulen el culo. Es algo que en un santiamén me pone a mil. Es el máximo placer que puedo sentir de un hombre o de una mujer. Con eso logró llevarme al primer orgasmo “en un dos por tres”. Como entonces comencé a gemir alocadamente (como siempre que voy a “terminar”), ella me tapó la boca introduciendo en ella lo primero que cogió con la mano: la blusa que se había manchado con el café.

Aunque yo ya había alcanzado el orgasmo, Consuelo no paró de lamerme y chuparme la torta, era una hembra pertinaz, resistente en lo que hacía. Ya la mezcla de mis jugos y su saliva bañaban buena parte de sus mejillas y resbalaban entre mi ingle, empapando las sábanas, pero ella continuaba con la succión. Una, dos, tres, cuatro veces más me hizo explotar en oleadas orgásmicas, una tras de otra sin control, estremeciendo por completo mi cuerpo. Por fin se cansó de las chupaderas y distanció su boca de mi sexo. Sin embargo, aún su dedo seguía enterrado en mi culo y fue entonces cuando éste entró en verdadera acción. Originalmente lo había metido hasta la mitad, pero fue deslizándolo, rápida pero suavemente hacia adentro, profundo, por completo, una y otra, y otra vez hasta casi alcanzarme el fondo de mi pelvis. Aquí les confieso que muchas veces antes he hecho el sexo anal. No era la primera vez, es más, hasta perdí la cuenta de docenas de vergas que me han acometido por mi hoyito posterior. Sin embargo, no sé que tenía Consuelo que solamente con un dedo me estaba llevando mucho más allá del placer que me habían proporcionado antes. Lo atribuyo a la excitación del momento, quizás o talvez a la forma en que ella lo dirigía y que sabía exactamente qué puntos tocar dentro de mi recto para hacer que me desmoronara en un mar de deleites. En total me hizo alcanzar el orgasmo 8 veces en un lapso de cinco minutos. ¡Un nuevo récord para mí!. Ella sacó el dedo de mi ano, visiblemente agotada por el esfuerzo y se desplomó en la estrecha cama. Aunque sabía que debía dejarla descansarse unos minutos, la excitación que tenía en mis adentros era tanta que no quería desaprovecharla: después no sería lo mismo. Tiré el trapo que tapaba mi boca y sin decirle nada la volteé boca abajo, le alcé las caderas dejándola en cuatro puntos y me apropié de su vulva, embistiéndola por detrás. Desde el primer contacto, mis mejillas y mi barbilla quedaron llenas de sus secreciones, que en ese momento ya eran abundantes; mi lengua profanó aquella intimidad cavernosa hasta lo más profundo. Mi excitación se multiplicó al millón al darme cuenta que, como mujer que ya había tenido hijos, su vagina era más amplia, y me permitía introducir buena parte de mi rostro por lo menos hasta la entrada y con mi lengua podía explorar mucho más dentro que lo que había hecho con mujer alguna. A todo esto, Consuelo era una gran muñecota blanca poseída por demonios de placer que convulsionaban su esplendoroso cuerpo y lo hacían estremecerse, gemir, y revolver las caderas como una loca, como nunca había visto a nadie disfrutar. Era tanto el placer que su cabeza parecía un péndulo descoordinado, instantes enterrado en las almohadas e instantes alzado y revolviéndose como negándose a creer la inmensa satisfacción que estaba experimentando. – Mete tus dedos, mi amor, mételos! -dijo en un instante que sus gemidos se lo permitieron. – Yo introduje un par de dedos dentro de su vagina, teniendo que disminuir la presión que mi boca ejercía dentro de su vulva.

– No, ahí no. -dijo- ¡en mi culo, mételos en mi culo! A diferencia del mío, su ano era más estrecho, más firme, menos “usado”. Por eso me costó un poco hacer que mi dedo índice penetrara hasta el fondo. Pero el estímulo de algo dentro de su recto fue haciendo que el esfínter aflojara poco a poco hasta que pude con menos dificultad, meter otro simultáneamente. ¿para qué voy a explicar con palabras lo que decía o como gemía locamente? Solamente imagínense. Cuantas veces se vino, no sé. Solamente me di cuenta que su vagina manaba caudalosamente un jugo hialino y ralo que prácticamente bañaba sus muslos y mi rostro. Por fin, hasta el cuerpo joven y resistente de Consuelo tiene un límite y por fin cayó, impotente de mantenerse en cuatro, sudorosa y exhausta. Yo tenía un poco más de fuerzas, pero con lo que habíamos tenido bastaba para estar satisfecha. Caí recostada sobre aquella diosa blanca, colosal y ardiente. Mi “médico residente” hasta hace unos momentos y ahora, mi amiga, mi mujer, mi amante. – ¿Sabes una cosa, Margarita? -me dijo

– ¿Qué? -pregunté

– Es mi primera vez.

– ¿En serio? Pues lo hiciste muy bien.

– Sí, Hugo y yo vemos películas XXX con frecuencia y allí he aprendido lo que te hice.

-¿Y desde cuando te gustan las mujeres? -pregunté.

– Bueno… Fíjate que al principio me repugnaban las escenas de sólo mujeres, después me eran indiferentes porque ya me había acostumbrado a verlas, pero luego hasta me gustaron, y la verdad es que nunca había sentido tanto deseo por una hasta que te conocí. Ya me habían contado muchas cosas de ti y de lo que te gusta y por eso me atreví. Las palabras que me dijo me hicieron reflexionar un poco sobre mi “popularidad”, pero sin llegar a la trascendencia de “debo cambiar mi vida un poco, o tengo que moderarme, bla, bla”, porque las siguientes palabras me sacaron de mis pensamientos. – Y ¿sabes? No me arrepiento de haber hecho lo que hice hoy. He quedado completamente satisfecha, como nunca antes en mi vida, ni siquiera con mi esposo.

Eso era algo que he escuchado infinidad de veces y ni siquiera hice un comentario. Ella continuó.

– ¡Lástima que sea la última vez que lo hagamos!

– ¿Por qué? -pregunté sin encontrar alguna causa por lo que no debiéramos seguir esa relación.

– Entiéndeme, soy casada, tengo un hijo. Por el bien de mi matrimonio no debo seguir con esto.

– Está bien, como quieras. -hice una pausa-. Debo regresar a mi servicio. Ya deben extrañarme las enfermeras.

– Ok. Yo también. Nos vestimos, tomé mi libro y salimos a nuestros respectivos lugares. Al volver, me esperaba Diana, la enfermera de la Observación Mujeres evidentemente disgustada. – Por qué se tardó tanto, Dra. Trejos? -dijo en tono sarcástico, a pesar de ser buenas amigas.

– Porque tuve que hacer un “procedimiento de emergencia”, Srta. Alonso- contesté con la misma ironía. Y me dirigí a seguir mis tareas. Diana me cogió por el brazo y me hizo girar el cuerpo hacia ella, mientras me señalaba amenazadoramente con un dedo. – Mira, Margarita. Te conozco muy bien y sé que algo te traes entre manos. Tú me conoces también como soy y ten por seguro que si me estás engañando con un hombre les va a pesar a los dos. Para aplacarla la empujé hacia el cuartito de baño y dentro le besé en los labios unos instantes y le dije en susurro: – No seas tontita. Te juro que no te estoy engañando con ningún hombre.

– Más te vale. -dijo un poco furiosa todavía y se largó. No pude menos que sonreír ante aquel suceso, Ay, no sé porque a veces me gusta complicarme la vida…

Conocen a una chica en la discoteca y abusan de ella que le acaba encantando

En mi adolescencia no tuve un grupo de amigos muy calmo que digamos. Éramos un grupito de seis chicos, de los cuales ninguno pasaba los 18 años excepto Oski, que tenía 26, un físico enorme y un carácter dominante. De más está decir quién era el que mandaba. Si bien jamás habíamos hecho nada ilegal, ni Oski nos pedía cosas imposibles de hacer, la mezcla de respeto, admiración y miedo que todos sentíamos por él, a mí me hacía pensar que algún día nos arrastraría a cometer alguna locura.

Y eso ocurrió. Cierta noche fuimos a bailar. Uno de los chicos, Javier, conoció a una deliciosa jovencita. No había llegado a los 18 y su corta remera destacaban tanto sus pechos, que no eran grandes pero si muy sexy, y su vientre blanco, plano y apretado, como toda su cintura. Llevaba una falda larga hasta los tobillos, que se las arreglaba para destacar un culito más que prometedor. Era de estatura baja y su cara era raramente sexy, dominada por una nariz de tabique irregular y unos ojos enormes.

La vi bailar junto a Javier y, si bien yo estaba bailando con una adolescente muy bonita también, no podía quitarle los ojos de encima. Su nombre era Oriana y bailaba con las manos de Javier en la cintura, moviéndose con una sensualidad que le nacía de las mismísimas entrañas.

Al salir del boliche, el único que terminó la noche acompañado fue Javier. Noté cómo Oski dejaba que su mirada se perdiera en la casi etérea figura de Oriana. Javier nos pidió que acompañemos todos juntos a Oriana a su casa, que no vivía lejos, pero que en el camino tenía zonas no muy seguras que atravesar. Estábamos, además de Javier, Oski, Dani y yo.

El que dominó la escena durante la caminata fue Oski, que nos iba relatando a todos algunas de sus hazañas. Al pasar por una obra en construcción que tenía un precario cerramiento de madera, asegurado con un simple candado, Oski nos desafió a que él podía abrir ese candado con un pedazo de alambre. Curiosamente Oriana aceptó el desafío y se dispuso a probar que esa maña de Oski era cierta. Y lo era. Oski encontró un trozo de alambre y en poco tiempo destrabó el candado como con su propia llave.

“Ahora cerralo”, le dijo Oriana.

“No, ahora que está abierto entramos” dijo Oski y con una mirada nos ordenó a Dani y a mí a hacerlo. Javier y Oriana, a su pesar, entraron al quedarse sin compañía para seguir el camino. Pero Oriana insistía constantemente en que nos vayamos. El lugar estaba oscuro, apenas iluminado por las luces de la calle y por una poderosísima luna que gobernaba una noche despejada y cálida.

El ambiente se fue poniendo pesado. Oski le insinuaba cosas a Oriana y ésta que se quería ir. La cosa se puso fea cuando Oski le pidió a Oriana que haga un strip-tease, a lo que Oriana respondió enfurecida, pidiéndole a Javier que la lleve a su casa, pero Oski le ordenó a Javier que se quedara quieto, lo amenazó y enseguida, se paró frente a Oriana y le dijo que comience a desnudarse. Oriana quiso huir, pero Oski la tomó de un brazo. Luego nos pidió a Dani y a mí que la tomemos de los brazos. Él se paró frente a Oriana y le dijo: “así se hace un strip-tease”, tomó su remera con ambas manos y la rasgó dejando las hermosas tetas de la chica a la vista de todos. A pesar de su llanto, el cuerpo de Oriana me excitó sobremanera. Miré su espalda y vi cómo esta terminaba en su fabuloso culo que temblaba bajo la falda. Hacia allí fue mi mano.

Era increíblemente firme y carnoso. Tomé con toda mi mano uno de sus glúteos y lo amasé con deleite, mientras Oski le manoseaba las tetas.

Ahora Oski la tomó de los pelos y la obligó a arrodillarse. Se bajó el cierre de sus pantalones y sacó un enorme instrumento en vías de erección. Yo me apresuré a arrodillarme tras ella y a apoyar mi excitado sexo en su cola, mientras Oski y Dani la obligaban a que se lleve a la boca la pija de Oski.

Miré a un costado y Javier estaba paralizado por lo que veía. Oski lo alentaba a unirse a la fiesta, pero él estaba paralizado.

En medio de forcejeos, amenazas y llantos de Oriana, Oski logró que su pija descanse en la boca de la chica un par de veces. Luego volvió a obligarla a que se ponga de pie y la llevó hasta una pared. La puso de cara contra los ladrillos y levantó su falda, tomó su bombacha y se la sacó de un tirón, rompiéndola. En ese instante pude ver su preciosa cola que tan obsesionado me tenía hasta ese momento. Oski la tomó de las caderas, Oriana quedó apoyada con sus manos contra la pared y así, medio doblada hacia adelante, recibió el embate de Oski en su concha, que tomándola de la cintura se la empezó a coger como un demente. En un momento, los quejidos de dolor de Oriana ya no parecían ser tales y se iban mezclando con jadeos y suspiros.

Dani y yo teníamos unos bultos enormes a esa altura y mirábamos la escena con apetito.

Oski le dijo a Dani que se acueste en el piso. Dani se bajó los pantalones y se acostó con la pija en pie de guerra. Oski obligó a Oriana a que se monte sobre ese aparato, cosa que logró en medio de más forcejeos. Al lograrlo, Dani comenzó a moverse como loco dentro de Oriana. Pero Oski no había terminado su tarea: apuntó su lanza a la preciosísima cola de la chica que respondió a la primer embestida con un grito.

Ver a mis amigos ocupando los agujeros de esa hermosa mujer, me terminó de enloquecer. Saqué mi pija y empecé a masturbarme. Sobre todo porque noté que Oriana seguía insultándolos, pero ya no había mucha resistencia que digamos. Ver a Oski entrando y saliendo de ese tremendo culo era lo máximo. Javier seguía estupefacto, mirando la escena. Luego Oski sacó su pija de la cola de Oriana y se paró frente a su rostro, la tomó de los pelos y empujó su aparato dentro de su boca, donde derramó el final de su faena, a la vez que me ordenaba que me hiciera cargo de la cola de la chica. Yo no necesitaba que me obliguen, me abalancé hacia ese culo soñado al instante. Sólo en películas porno, había visto un culo tan escultural al desnudo y disponible. Acomodé mi pija en la entrada y empecé a hundirla, sintiéndola apretada por aquel monumento. Cuando sentí el roce de la piel de sus cachetes en mis huevos creí que iba a morir de placer. Empecé a sacudirme rogando que aquello no terminara jamás. Pero terminó mientras me hundía en ella por enésima vez y descargaba toda mi leche con un torrente violento. La saqué y acomodé mi ropa. Dani estaba terminando lo suyo. “Llego” gritó. Pero Oriana se zafó y fue a buscar esa pija que se ocupó de su concha mientras Oski y yo le destrozábamos el culo, se la llevó a la boca y se tragó hasta la última gota que le sacó con una paja gloriosa.

Oski le dijo a Javier “Bueno querido, toda tuya. Después de todo, te la merecés, ya que fuiste vos quién se la levantó”. Oriana se acercó a Javier, se paró delante de él dándole la espalda y comenzó una especie de baile cuya coreografía tenía el atractivo centrado en su cola que se movía sobre el bulto de Javier que empezaba a reaccionar. Nosotros tres nos fuimos. “Dejémoslos solos” fue la orden de Oski.

Caminamos hacia nuestras casas comentando aquella experiencia. Llegamos a una esquina y nos separamos, cada uno en dirección a su casa. Pero yo no pude reprimirme. Y volví sobre mis pasos hacia aquella construcción. Entré sigilosamente, sin hacer ruido, y me escondí tras una pila de ladrillos desde donde podía ver a Javier y a Oriana. Llegué en el momento en que ella se acomodaba en cuatro patas, pero con la cara y el pecho contra el suelo, dejando su delicioso culo, entregado y generoso, hacia arriba. En el preciso momento en que Javier enterraba su pija en la cola de la ronroneante Oriana, yo empezaba a masturbarme.

La morbosa academia gay

CONVOCATORIA PARA EL PROXIMO EXAMEN DE ADMISION

La “Academia de Prostitución Gay” anuncia que están abiertas las inscripciones para su próximo examen de admisión.

Requisitos para postular:

Tener entre 18 y 25 años. Gustar mucho del sexo. Tener un buen físico. Ser muy ambicioso.

Programas ofrecidos: Programa de Activos: Con énfasis en cursos y talleres donde se enseñan las mejores técnicas para follar, dar placer con la verga y dominar sexualmente. Programa de Pasivos: con énfasis en cursos y talleres donde se enseñaran las mejores técnicas para ser follado, dar placer con la boca y el culo y ser sometido sexualmente.

Los estudiantes de ambos programas recibirán cursos sobre tipos de clientes; relaciones entre sexo, dinero y poder; técnicas de control de orgasmos y como promocionar y vender sus cuerpos en el mercado de la prostitución y la pornografía.

Proyección a Futuro. Todos los graduados saldrán con un puesto de trabajo asegurado en Burdeles o Agencias de países del primer mundo, pues como parte de la “XXX” Adult Network Inc., una poderosa corporación internacional dedicada al negocio del entretenimiento para adultos, la Academia de Prostitución Gay se encuentra en una posición privilegiada para ofrecer a sus alumnos todas las visas y permisos necesarios para trabajar en los mercados más competitivos.

Duración de los estudios Tres meses a tiempo completo (internado).

Los interesados pueden escribir a la Academia solicitando un folleto con información detallada.

Primer Capitulo -¡Muévanse cabrones! – gritó el Doberman. ¡Los quiero a todos en pelotas en menos de un minuto!

Quinientos hombres se desvestían metiendo atolondradamente su ropa y sus pertenencias en el saco de yute que le habían dado a cada uno. Miguel nunca había visto a tantos hombres desnudos juntos. Habían llegado, como él, de todos los rincones de América latina para someterse al examen de ingreso de la ‘Academia de Prostitución Gay’. Algunos habían viajado hasta quince días desde países y ciudades lejanos para poder llegar a tiempo. Muy pocos habían tenido la posibilidad de darse un baño o afeitarse antes de presentarse temprano esa mañana. Miguel no pudo evitar inhalar profundamente y sentirse embriagado. Olía a hombre, a animal, a una mezcla de sudor, con semen, con esmegma, con orina. Olía a sexo. A sexo de hombre.

Un argentino rubio y de ojos celestes se bajaba los pantalones. ¡Ese culo está como para reventarlo!, pensó Miguel. Un cubano parecidísimo a Ricky Martin que se sacaba los zapatos a su lado, le sonrió como si le hubiese leído el pensamiento. ¡Y esa boca está como para que me dé la mamada del siglo!, se dijo Miguel mientras le devolvía la sonrisa. Un poco más allá un indio boliviano se rascaba las pelotas. ¡Qué tales cojones! ¡Parecen de toro! Miguel sintió que la verga se le ponía dura. No era el único. La visión de tanta verga y tanto culo había puesto cachondos a la mayoría. Un mulato puertorriqueño se la sobaba descaradamente. ¡Joder! ¿Esa verga es de hombre o de caballo?, se preguntó asombrado Miguel.

¡Apúrense, carajo! Volvió a gritar el Doberman-. ¡No parecen putos sino señoritas!

Miguel terminó de meter su ropa en el saco y le hizo un nudo. Miró a su alrededor. ¡Qué tal manada de machos espléndidos! Se dijo a sí mismo. ¡Mercancía de primera para el negocio del sexo!.

Pronto todos estuvieron completamente desnudos. Todos menos el Doberman y sus asistentes. El Doberman vestía completamente de cuero negro. Llevaba la casaca abierta mostrando el musculoso pecho cubierto de vello y los pantalones ajustado marcando un descomunal paquete. Los asistentes solo llevaban unos pequeños taparrabos triangulares que casi no les podían cubrirlos cojones y las enormes vergas.

¡Activos a la izquierda y pasivos a la derecha! – gritó el Doberman. Los postulantes se desplazaron desordenadamente por todo el recinto. Miguel se abrió paso por entre los cuerpos desnudos moviéndose hacia la izquierda.

Había un gran nerviosismo en el ambiente. Todos, sabían que el cupo era sólo para cincuenta activos y cincuenta pasivos y se observaban unos a otros tratando de medir sus posibilidades. Algunos hacían ejercicios para marcar mejor los músculos de sus cuerpos.

El Doberman iba de postulante en postulante. Huele como un animal, pensó Miguel cuando se le acercó. Sintió que sus, manos le jalaban los hombros hacia atrás. Uno de los asistentes le dibujó el número 34 sobre el pecho con un marcador de tinta indeleble. Otro de los asistentes se llevó el saco de yute con sus pertenencias. ¡El siguiente!- gritó el Doberman.

Dos cuerpos enormes se plantaron ante él. Eran dos hermanos gemelos, idénticos como dos gotas de agua. Tenían unas musculaturas espectaculares. Los pectorales, bíceps, tríceps, abdominales, glúteos, muslos y pantorrillas se les marcaban de manera formidable con cada uno de los movimientos que hacían. Tenían las espaldas muy anchas y las caderas estrechas. Las piernas parecían columnas capaces de sostener edificios enteros. Miguel calculó que debían medir alrededor de un metro noventa. El vello que les cubría las piernas y el pecho era tan negro y abundante que el Doberman tuvo que dibujarles los números en las espaldas. Tenían la piel trigueña y los ojos verdes. La expresión de los rostros era tosca, incluso agresiva. Hablaban con un fuerte acento caribeño entre ellos y mientras lo hacían se tocaban y acariciaban el uno al otro con la mayor naturalidad.

Tenían un par de vergas espectaculares, enormes, idénticas. Aun estando flácidas se veían inmensas, largas, gruesas, con unas cabezas brillantes y poderosas. Los cojones también colgaban de manera descomunal, creando un conjunto que era todo un alarde de poder y de belleza. Y además en partida doble.

Miguel estaba hipnotizado con la imagen. No les podía sacar los ojos de encima. Los gemelos se percataron de la de la manera en que estaban siendo observados y comenzaron a mirar a Miguel ellos también. Uno le dijo algo al oído al otro. Miguel notó que le miraban el culo. Se sintió incomodo y buscó instintivamente algo con qué cubrirse. No lo encontró. Decidió alejarse de ellos. Caminó hacia el fondo del salón. Los gemelos seguían mirándole el culo.

¡Número 34! – gritó un asistente desde la puerta. A Miguel se le heló la sangre. Era su turno. Se arregló el cabello y se humedeció los labios con la lengua. ¡Numero 34! – volvieron a llamarlo. ¡Voy! – contestó.

Salió corriendo. El asistente lo guió por un largo pasadizo que desembocó en un enorme hall. En una de las paredes, enmarcada por una imponente estructura, había una gran puerta de acero. Miguel sintió escalofríos. Sabía que al otro lado de esa puerta estaba reunido el jurado que lo evaluaría.

Espera acá- le dijo el asistente mientras desaparecía por una puerta lateral.

Miguel dio una nerviosa mirada alrededor. En dos de las paredes había inscripciones hechas en relieve sobre el concreto. Una decía: “Juventud + Belleza + Profesionalismo + Técnica = ÉXITO”. Y la otra “La prostitución es un trabajo no un delito”.

Vamos. Te están esperando – le oyó decir al asistente.

A Miguel se le hizo un nudo en el estómago. Respiró hondo y vio cómo se abrían las dos hojas de la imponente puerta.

El espacio que apareció ante él estaba completamente oscuro. Mientras avanzaba, guiado por el asistente, Miguel sintió como sus pies se hundían en una suave alfombra. Alguien chasqueó los dedos de una mano y un reflector se encendió. El cuerpo de Miguel se iluminó con la potente luz. El asistente se retiró dejándolo completamente solo. Miguel hizo un esfuerzo por tratar de ver algo pero no pudo, el reflector lo cegaba completamente

Abre más las piernas y cruza los brazos tras la espalda – le escuchó decir a una voz grave, Miguel hizo lo que le ordenaban.

Levanta un poco más el mentón. Queremos ver bien tu cara.

Era la misma voz. Una voz que parecía acostumbrada a dar ordenes y a ser obedecida inmediatamente.

Miguel levantó el mentón como le ordenaban. Siguieron unos minutos en completo silencio. Miguel sintió que varios pares de ojos evaluaban cuidadosamente cada uno de sus atributos.

¡Medidas! – ordenó la misma voz.

Inmediatamente dos asistentes corrieron hacia Miguel. Llevaban una cinta para medir.

Estatura: “Un metro con ochenta centímetros”. – dijo uno de los asistentes. Espaldas: “Sesenta centímetros” – dijo el primero. Brazos: ‘Treinta y siete centímetros”. Muslos: “Cincuenta y seis”.

Miguel escuchó como alguien ingresaba sus datos en una computadora. Le sorprendió que no dejasen un solo lugar de su cuerpo sin medir: el pecho, el cuello, las caderas, las palmas de las manos, la longitud de los dedos, los tobillos, los empeines, las orejas… De pronto sintió que uno de los asistentes le ponía la mano entre las piernas cogiéndole los cojones.

Tamaño de los testículos: “B-1” – dijo el asistente.

Luego los frotó por un par de segundos y agregó:

Textura: “A-3”.

Inmediatamente después el otro asistente le cogió la verga y lo comenzó a masturbar. A Miguel se le paró casi instantáneamente.

Capacidad de reacción del pene al estímulo táctil: “A-3” dijo el asistente.

Luego le presionó la verga con la mano.

Grado de dureza: “A – 4”.

El primer asistente le puso un dedo en el glande y empujó hacia abajo. La verga de Miguel volvió a levantarse.

Angulo de erección: “A- 3” – dijo el otro asistente. Miguel vio como colocaban un extremo de la cinta en la base de su verga y medían cuidadosamente el largo que tenía hasta la cabeza del glande.

Longitud de pene: “Dieciséis centímetros y medio”.

De pronto Miguel sintió que se hacía un silencio absoluto en la sala. Los dos asistentes Quedaron paralizados, mirándose el uno al otro sin saber qué hacer. La tensión se podría haber cortado con un cuchillo.

¡No califica! – dijo de manera autoritaria la voz grave con acento alemán. ¿Có… cómo? ¿Por qué? – tartamudeó Miguel.

Se requiere un mínimo de dieciocho centímetros de longitud de pene para ser aceptado en el Programa de Activos – dijo otra de las voces del jurado.

Miguel estaba completamente aturdido ¡Tenía que haber un error! ¡No podía ser que fuese rechazado sólo por el tamaño de su verga!.

Que pase el próximo- dijo una tercera voz.

Los dos asistentes lo empujaron hacia la puerta. Miguel vio cómo todo se oscurecía nuevamente a su alrededor.

¡Un momento! – dijo la voz con acento alemán.

Inmediatamente los asistentes se detuvieron.

Colóquenlo nuevamente bajo el reflector.

Los asistentes retrocedieron y colocaron a Miguel nuevamente en el centro de la sala. Su cuerpo se volvió a iluminar. Miguel oyó que los miembros del jurado susurraban entre ellos. Parecía que estaban discutiendo. Pasaron varios segundos que a Miguel le parecieron una eternidad.

Date la vuelta- dijo la voz con acento alemán. ¿La vuelta? – dudó Miguel. Sí. Muéstranos el culo.

Lentamente Miguel se dio la vuelta mostrando el culo. Se levantó un murmullo de admiración. Miguel escuchó el sonido de un cuerpo que se levantaba arrastrando una silla. Yo mismo lo voy a medir.- dijo la misma voz. ¡Es Sven! ¡Viene para acá! – le dijo uno de los asistentes al otro. Ambos se retiraron atemorizados.

Miguel pudo sentir como esa presencia imponente se desplazaba hacia él. Pudo sentir el respeto que infundía en los demás. Pudo sentir la seguridad con la que caminaba. Pudo sentir su olor. El olor que emanaba de esa piel. Sven en el campo de visión de Miguel y el reflector lo iluminó a él también. Por un segundo se miraron fijamente el uno al otro. Miguel se quedó sin habla. Lo que tenía delante era un hombre extremadamente apuesto y elegante. Un hombre de tal distinción como sólo los había visto en el cine o la televisión. Uno de esos hombres que aparecían piloteando sus propios yates, aviones o automóviles deportivos. Uno de esos hombres que se bronceaban en las más hermosas playas del Caribe, cenaban en los restaurantes más exclusivos y jugaban golf en los lugares más exóticos del plantea. Debía tener unos treinta y cinco años y una estatura de un metro ochenta y seis. Era esbelto y se movía pausadamente, con los lentos y elegantes movimientos de un felino. Llevaba un traje finísimo, un diseño exclusivo hecho especialmente para calzar perfectamente en su bien proporcionado cuerpo. Miguel observó la corbata de seda, el reloj de platino, los zapatos, el cinturón, la camisa y calculó que hubiese necesitado de su salario de tres años en el almacén donde había trabajado hasta hace poco para poder comprar lo que ese hombre llevaba puesto. Era rubio; y bajo esas doradas cejas unos penetrantes ojos azules, fríos como el acero, lo miraban fijamente. Miguel no pudo resistir la fuerza de esa mirada y bajó los ojos. Al hacerlo pudo notar que la mano derecha de Sven estaba cubierta por un guante de cuero negro. Sven caminó lentamente alrededor de Miguel, como una fiera cercando a su presa. De pronto Miguel sintió que las enormes manos de Sven se posaban sobre sus nalgas. Se le aflojaron las piernas y un escalofrío le subió por la columna. Sven deslizó las manos suavemente siguiendo las prominentes curvas de su culo y Miguel pudo sentir, simultáneamente, la tersura de la palma de la mano izquierda y la aspereza del guante negro con el que se cubría la mano derecha.

No calificas para el programa de activos – le susurro Sven al oído. Pero dadas las excepcionales características de este culo, el jurado de “La Academia” estaría dispuesto a considerarte para el programa de los pasivos. ¿Aceptas?.

Miguel no supo que decir. Nunca se había imaginado como un puto pasivo. Más aún, nunca nadie se lo había follado. ¿Y si no le gustaba? Pero tampoco tenía muchas alternativas. Ya no le quedaba dinero, se había gastado todos sus ahorros en viajar hasta la Academia. Sólo le quedaban dos alternativas. Aceptar postular al programa de pasivos o salir a mendigar por las calles de la cuidad.

Acepto – dijo. Bien – dijo sonriendo Sven.

Miguel sintió que la mano izquierda de Sven dejaba de acariciarle el culo y se posaba sobre sus labios.

Abre la boca – le dijo.

Miguel lo hizo y sintió como Sven introducía un par de sus dedos y le revisaba las muelas y los dientes. Al verse examinado como si fuese un animal se puso muy cachondo. La verga se le volvió a parar. Sven lo notó y sonrió. Miguel le lamió los dedos.

Estado de la cavidad bucal: “A-1” – dijo Sven.

Alguien volvió a teclear en la computadora.

Sven sacó los dedos de la boca de Miguel y los frotó en su mentón y en sus mejillas para limpiarlos de saliva. A Miguel la verga, se le puso aún más dura. Sven le volvió, a poner la mano en el culo y la deslizó hasta la misma raja. Buscó con uno de sus dedos hasta que encontró el orificio. Presionó un poco tratando de penetrarlo.

Grado de estrechez del orificio anal: “A- 1” – dijo nuevamente.

Empujó el dedo un poco más adentro. Miguel dio un respingo. La verga le saltó como un resorte. Sven volvió a sonreír.

Capacidad de reacción del pene ante estímulo anal: “A-1”.

Sven metió el dedo un poco más. Miguel sintió que todas las venas y arterias de su cuerpo bombeaban sangre hacia su verga. Sven se la rodeó con la mano enguantada y la presionó ligeramente.

Grado de dureza del pene ante el estímulo anal: “A-1”. Volvió a decir Sven.

Los asistentes lanzaron un silbido de admiración.

¡Silencio! – rugió Sven.

Se hizo un silencio absoluto. Sven le puso el dedo índice de la mano enguantada sobre el glande. Miguel sintió la textura del cuero y la presión del dedo de Sven empujándole la verga hacia abajo y, al mismo tiempo, el dedo que tenía metido en el orificio del culo girando a ciento ochenta grados. De pronto Sven retiró los dos dedos al mismo tiempo y la verga de Miguel saltó, estrellándose durísima contra su propio vientre.

Angulo de erección del pene ante el estímulo anal: “A-1”. Dijo Sven.

La verga de Miguel estaba goteando líquido preseminal. Sven chasqueó los dedos e inmediatamente un asistente se acercó con una pequeña toalla. Le limpió cuidadosamente el glande.

Has dado una buena Prueba de Presencia – dijo Sven. Vamos a ver ahora como te va con la Entrevista Personal.

Miguel respiró hondo y trató de relajarse. Sven volvió a caminar alrededor suyo recorriéndolo con la mirada.

Ahora quiero que te imagines que eres un puto que está trabajando en un burdel de una gran ciudad – le dijo. Quiero que tu manera de caminar y tus movimientos le digan a todos esos potenciales clientes que están examinando la mercancía, que eres un puto pasivo y que estas hambriento por tener una verga en el culo.

Miguel se quedó paralizado. Nunca antes había hecho eso.

¡Muévete! ¡Quiero ver como te vendes!.

Lentamente Miguel comenzó a caminar. El reflector lo siguió.

Así no convences a nadie – le dijo Sven. Tú tienes que ser el primero en sentir que necesitas un macho que te folle. Solo cuando tú lo sientas vas a lograr que tus clientes también lo sientan. Se le acercó nuevamente y le metió la mano en la raja del culo. Tienes que poner toda tu concentración aquí, le dijo. ¡Vamos demuéstrame que eres una perra!.

De pronto Miguel notó que la mirada de Sven estaba cargada de deseo. Lo turbó el sentirse deseado por un hombre tan apuesto y poderoso. Pero al mismo tiempo se dio cuenta que al ser deseado de esa manera él también adquiría algo de poder sobre Sven.

Le gustó esa sensación y quiso provocarlo aún más. Quiso que Sven no pudiese resistir la tentación de montárselo en ese mismo instante y lugar. Comenzó a caminar lentamente dejando que sus nalgas se moviesen rítmica y provocativamente. Se acarició el vientre con una y el culo con la otra. Miró a Sven directamente a los ojos y se pasó la lengua por los labios. Se le acercó un poco más y esta vez fue Miguel quien caminó alrededor de Sven. Pudo sentir su respiración entrecortada y el gran control que estaba ejerciendo sobre su cuerpo para no saltarle encima como un macho en celo. Miguel sonrió. Estaba disfrutando con el poder que empezaba a sentir. Se llevó un dedo a la boca y lo introdujo en ella, lo humedeció con la lengua y luego se acarició las tetillas con él. Sven frotó con nerviosismo la palma de su mano izquierda sobre el puño enguantado de su mano derecha. Miguel cerró los ojos y trató de imaginar como se sentiría la verga de Sven rompiéndole el culo. Se inclinó y se buscó el orificio con el dedo todavía húmedo de saliva. Poco a poco lo comenzó a meter. Le gustó lo que sintió. Se metió otro dedo. Le dolió pero no le importó pues más placer le daba el saber que Sven lo miraba ardiendo de deseo. Miguel también estaba ardiendo de deseo. Nunca antes se había sentido así. Necesitaba desesperadamente sentir la verga de Sven rompiéndole el culo. Se metió un tercer dedo y lanzó un grito de dolor. Se imaginó que sus dedos eran la verga de Sven. Empezó a moverlos rítmicamente y se sintió como una perra de verdad. Comenzó a gemir. Aceleró los movimientos y sus gritos de dolor se mezclaron con sus gemidos de placer. Estaba desesperado por saber cómo se sentiría al ser follado por una verga de verdad. Trató de meterse un cuarto dedo.

¡Basta! – bramó Sven.

Estaba cubierto de sudor y respiraba agitadamente. Sacó un pañuelo de su bolsillo y se lo pasó por el rostro. Miguel se sacó lentamente la mano del culo y enderezó el cuerpo. Escuchó el sonido de los otros miembros del jurado acomodándose en sus asientos. Sven respiró hondamente.

Es suficiente – dijo ya más calmado.

Miguel sintió que algunos de los asistentes se llevaban las manos a los paquetes tratando de acomodar sus erecciones. Sven lo miró directamente a los ojos. Había recuperado el control y su mirada, fría y calculadora, era el reflejo del poder que volvía a emanar de todo su cuerpo. Miguel trató de sostenerle la mirada pero no pudo. Bajó los ojos con sumisión pero inmediatamente sintió que la mano enguantada de Sven lo cogía del mentón y le levantaba la cabeza obligando a mirarlo nuevamente a los ojos.

¡El numero 34 ha sido aceptado!- dijo en voz alta Sven. ¡A partir de este momento es un alumno más de la Academia de Prostitución Gay!.

Miguel escuchó murmullos de aprobación alrededor suyo.

¡Prepárenlo para la Fiesta del Bautizo! – ordenó Sven.

Miguel sintió que varios brazos lo levantaban en vilo y lo sacaban de la habitación. Mientras lo guiaban hacia los camerinos se preguntó cómo sería la Fiesta de Bautizo. ¿Habría sexo? Si serás huevón, se contestó a sí mismo. Claro que tiene que haber sexo, acabas de ser aceptado en una Academia para putos donde absolutamente todo tiene que ver con el sexo. Entró a los camerinos. Allí se empezaban a reunir los afortunados que ya habían sido aceptados. Algunos se duchaban. Otros se afeitaban. Otros simplemente conversaban relajadamente. De pronto Miguel palideció. Acababa de notar el descomunal tamaño que tenían muchas de las vergas de los muchachos que lo rodeaban. ¿Y si alguno de ellos intentaba follarselo en la Fiesta de Bautizo?. Miguel recordó el dolor que había sentido solo por tener tres dedos metidos en el culo. Esas vergazas podrían partirme en dos, pensó.

Una hora más tarde Miguel y todos los demás muchachos estaban reunidos en el “Salón de las Orgías”. De pronto se elevó un murmullo general. Miguel volteó a ver lo que sucedía. Era Sven que entraba seguido por el Doberman y un séquito de varios hombres también jóvenes y bien parecidos. Eran los profesores de la Academia. Les abrieron paso respetuosamente. El grupo cruzó el salón y subió a un estrado que dominaba todo el recinto. Sven volteó hacia la manada de hombres desnudos, que los observaban desde abajo. Hizo un gesto con el brazo y se hizo un silencio general. Cien pares de ojos se clavaron en él. Sven chasqueó los dedos de su mano izquierda y la intensidad de las luces disminuyó hasta convertirse en una semipenumbra.

¡Que comience la Fiesta del Bautizo! – gritó el Doberman.

En un primer momento se hizo un silencio cargado de tensión. Sólo se escuchaba la respiración agitada de cien hombres inmóviles. Luego, una música muy suave comenzó a sonar por los altoparlantes. El ambiente se relajó y algunos de los muchachos se movieron en sus sitios. Lentamente los cuerpos empezaron a buscarse entre sí. Estiraban las manos, se palpaban, se susurraban palabras al oído. Tímidamente al principio; con mayor atrevimiento pasaban los segundos. De pronto Miguel vio que un muchacho de Costa Rica se ponía de rodillas y enterraba su cara en una verga chilena. Unos débiles gemidos empezaron a llegar desde varios lugares del recinto. Unos metros más allá, un muchacho peruano se tendió en el piso cuan largo era, levantó el culo y lo comenzó a mover provocativamente invitando a que se lo follen. El dominicano que estaba a su lado lo cubrió inmediatamente. Ambos cuerpos se acoplaron y empezaron a moverse rítmicamente.

La mayoría de los muchachos del Programa de Activos se comenzó a desplazar por el salón en busca de los pasivos que más le gustaban. A Miguel le comenzaron a sudar las manos.

– ¿ Por qué tan nervioso? – le susurro al oído una voz con acento uruguayo.

Miguel volteó y se encontró con un muchacho blanco, muy guapo y de cuerpo fibroso y esbelto.

Es que nunca antes me han follado – le confesó Miguel mordiéndose el labio.

El uruguayo lo cogió suavemente por la cintura y lo atrajo hacia sí besándolo dulcemente en los labios.

No te preocupes – le dijo. Todo va a salir bien.

Miguel le miró la verga. Felizmente no medía más de veinte centímetros. El uruguayo lo volvió a besar pero esta vez metiéndole la lengua en la boca y explorando cada uno de sus rincones. A Miguel le gustó su sabor. Las manos del uruguayo bajaron un poco y le acariciaron las nalgas.

Tienes el mejor culo que he visto en mi vida- le susurró al oído.

Miguel dejó que sus manos gozasen acariciándole las nalgas. La verga del uruguayo se puso como un fierro al rojo vivo. Su respiración se aceleró. Está listo para follarme, pensó Miguel. Es mejor que lo hagamos de una vez. Suavemente se fue deslizando hasta el suelo. Se colocó en cuatro patas como había visto que hacían la mayoría de los pasivos de su alrededor.

Así no – le dijo el uruguayo -. Así follan los animales. Yo quiero follar como los seres humanos, cara a cara.

Lo ayudó a girar y a recostarse sobre su espalda. Miguel le sonrió. Dos hoyuelos de le dibujaron en las mejillas.

Qué bonito eres – le dijo el uruguayo. Pareces un ángel.

Se volvieron a besar. A su lado un mestizo mexicano se estaba follando a un blanquito venezolano. Habían colocado una vasija con crema lubricante cerca de ellos. El uruguayo estiró el brazo y sacó un poco. Se untó la verga con ella. Luego, suavemente, le levantó las piernas a Miguel y las puso sobre sus hombros. Miguel sintió que la cabeza de la verga del uruguayo buscaba el orificio de su culo.

Relájate le dijo volviéndolo a besar. Piensa que lo voy a hacer con mucho cariño.

Miguel cerró los ojos y trató de relajarse. El uruguayo empujó un poco su verga y la cabeza se enterró un par de centímetros en el ano de Miguel.

Avísame si te duele – le dijo.

Miguel asintió con la cabeza. Había sentido un pequeño dolor pero era soportable. Con sumo cuidado el uruguayo metió su verga un centímetro más.

Vamos a dejarla un momento así para que te vayas acostumbrando poco a poco- le dijo.

Miguel le sonrió con agradecimiento. Cerró los ojos y el uruguayo se inclinó sobre él para besarlo. De pronto Miguel sintió que el uruguayo salía disparado por los aires. Abrió los ojos y vio que caía sobre el mexicano y el venezolano que estaban follando al lado, convirtiendo sus cuerpos en una masa amorfa de brazos, piernas y torsos. Escuchó gritos de dolor y el crujido de algunos huesos. Un pie enorme pateó la vasija con crema lubricante que salió volando y cayó sobre los tres magullados cuerpos. Dos inmensas sombras cubrieron el cuerpo de Miguel. Eran los gemelos caribeños. El uruguayo se incorporó dispuesto a devolver el ataque pero al ver el tamaño de los gemelos y la actitud amenazadora con que lo miraban retrocedió asustado.

Miguel sintió que las manazas de uno de los gemelos lo levantaban en vilo y le daban la vuelta. El otro le abrió las piernas y le alzó las caderas. De pronto había quedado nuevamente en cuatro patas, apoyado sobre las manos y las rodillas; con el culo en el aire. Uno de los gemelos le metió la nariz en el culo y aspiró profundamente. El otro gemelo también metió la cara. Unas manos enormes le separaron las nalgas y una lengua húmeda y caliente le lamió la raja del culo de abajo hacia arriba. El otro gemelo se inclinó y también le metió la lengua. Las mejillas de los dos gemelos presionaron con fuerza entre las nalgas de Miguel raspándolas con la aspereza de las barbas que les comenzaban a crecer nuevamente. Por un momento Miguel sintió como las dos lenguas buscaban abrirse paso simultáneamente hasta el orificio de su culo. El roce de las ásperas mejillas de los gemelos se hizo aún más tosco. Miguel sintió un violento forcejeo. Uno de los gemelos había puesto la palma de su mano sobre la cara de su hermano y la apartaba con fuerza para poder gozar él solo del culo de Miguel. El otro gemelo le dio un empujón y le gritó algo que parecía ser un insulto. El primer gemelo le dio una bofetada. Su hermano le contestó con una patada que lo hizo trastabillar. En menos de un segundo los dos gemelos se estaban trenzando a golpes. Miguel quedó atrapado entre sus piernas. Estaba aterrado. Se cubrió el rostro tratando de protegerse. Uno de los gemelos encajó un puñetazo en medio de la cara de su hermano. El otro reaccionó dándole un rodillazo en los genitales que lo dobló en dos.

Los muchachos que los rodeaban se apartaron haciendo un circulo alrededor de ellos. Las otras parejas dejaron de follar y se acercaron a ver qué estaba sucediendo. En un momento todos los presentes se habían agrupado alrededor de ellos. Varios asistentes se acercaron con la intención de separarlos.

¡No los separen! – gritó una voz autoritaria.

Los asistentes quedaron paralizados. Era Sven.

Es normal que dos machos se peleen por una hembra – agregó mirando directamente a Miguel.

Miguel supo lo que decía Sven era cierto. Los dos hermanos estaban peleando como animales para decidir cuál de los dos se lo follaría primero. Sintió que la verga se le ponía durísima. De pronto uno de los gemelos saltó como un tigre sobre el otro y le metió un cabezazo en el pecho. Los dos rodaron por el piso. Uno de ellos tenía un ojo morado y al otro le sangraba la nariz. El del ojo morado logró encaramarse sobre su hermano dándole un golpe salvaje en el rostro. Le rompió el labio. Miguel sintió que varias gotas de sangre le salpicaban en el torso y en la cara. El gemelo que recibió el golpe cayó al suelo inconsciente. Al ver que había ganado la pelea, su hermano levantó los poderosos brazos en señal de triunfo y lanzó un aullido salvaje. Miguel se estremeció. No parecía un ser humano sino una bestia.

El gemelo volteó a ver a Miguel. Le clavó la mirada y con la respiración todavía agitada por la pelea empezó a avanzar hacia él. Conforme lo hacía la verga se le iba endureciendo, cuanto más se acercaba más le crecía. Todo el grupo seguía atentamente cada uno de sus movimientos. El silencio era absoluto. El gemelo siguió avanzando hasta que estuvo a pocos centímetros de Miguel. Miguel pudo ver con toda claridad como unas venas hinchadas le surcaban la verga haciéndola latir como si fuese un animal vivo. Era una de las vergas más grandes que había visto en su vida y sabía que cuando se la metiera lo iba a partir en dos de dolor. Pero eso ya no le importaba. El gemelo se había ganado el privilegio de ser el primero en romperle el culo y eso lo había puesto muy cachondo. Miguel quería entregarse a él. Quería hacerle saber que aceptaba ser su premio por la fiereza con que había peleado. ¡Quería darle placer! Se incorporó lentamente y sin dejar de caminar en cuatro patas se volteó ofreciéndole el culo.

El gemelo sonrió. Se acercó aun más, le separó las nalgas con las dos manos y escupió directamente sobre su orificio. Miguel sintió que la saliva le resbalaba por la raja, le humedecía los testículos y caía al piso. El gemelo le lanzó otro escupitazo. Miguel sabía que lo estaba haciendo para lubricarlo. Sintió que la verga se le ponía tan dura que por un momento le pareció que la iba a dar. El gemelo colocó la cabeza de su verga directamente sobre el orificio del culo de Miguel. Lo cogió de las caderas con ambas manos. Miguel respiró hondo. El gemelo tomó impulso y con un solo movimiento arremetió salvajemente enterrándole de golpe sus veintisiete centímetros de verga. Su grito de placer se confundió con el alarido de dolor de Miguel. Por unos instantes el dolor fue tan fuerte que Miguel perdió completamente la percepción de cualquier otra cosa que no fuese esa verga que lo perforaba como un taladro. La vista se le nubló, los oídos se le taparon, el olfato se le obstruyó y lo único que pudo sentir fue ese dolor que lo atravesaba como una locomotora pasándole por encima.

Fue por eso que no notó que su aullido había despertado al gemelo que estaba inconsciente. Miraba la escena desde el piso, en posición fetal, con la verga completamente encogida entre las piernas, aceptando su derrota. Al notar que su hermano había recobrado el conocimiento, el gemelo que se estaba follando a Miguel detuvo sus embestidas.

Acércate – le dijo.

Su hermano lo ignoró y siguió tendido en el suelo. El gemelo que estaba follando a Miguel le volvió a hablar suavizando el tono de su voz.

Ven a follártelo conmigo.

Su hermano lo siguió ignorando. El gemelo ganador insistió. Su voz se hizo más cariñosa.

Por favor – le dijo.

Le hizo un gesto para que se acercara. Lentamente el gemelo caído se incorporó. Su hermano le sonrió para animarlo. El gemelo perdedor caminó hacia ellos. Miguel sintió que el gemelo que se lo estaba follando lo cogía violentamente del pelo y le levantaba la cabeza y poniéndola a la altura de la verga de su hermano.

¡Mámasela! – le ordenó.

Miguel abrió la boca. El otro gemelo avanzó un paso y se la metió. Como todavía estaba flácida pudo tragársela casi completa, pero a los pocos segundos le creció y Miguel sintió que se ahogaba. Tuvo que sacar más de la mitad para tomar aire. El gemelo ganador comenzó a arremeter contra su culo nuevamente. Miguel sintió las dos enormes vergas de los hermanos follándoselo al mismo tiempo. El dolor lo atravesaba pero la sensación de estar siendo usado de esa manera lo puso cachondísimo. Comenzó a mover el culo y la boca tratando de darles la mayor cantidad de placer posible.

¿Quién crees que se vendrá primero? – preguntó Sven.

De pronto Miguel se dio cuenta que nadie se había movido de su sitio desde que comenzó la pelea entre los gemelos.

Yo creo que la perra – le contestó el Doberman.

Todos los nuevos estudiantes, los asistentes y los profesores habían estado allí, observándolos sin perder detalle durante todos esos minutos.

Yo creo que el gemelo que le está dando por la boca – dijo uno de los profesores.

La mayoría de los muchachos mostraban unas descomunales erecciones y algunos se masturbaban descaradamente.

No -, dijo Sven. Yo creo que el que le está dando por el culo.

A los asistentes también se les habían armado las vergas formándoles unos enormes paquetes que sus minúsculos taparrabos trataban inútilmente de contener.

¿Apostamos?- preguntó Sven.

¡Apostemos! – le contestaron los otros dos.

Los dos gemelos aceleraron sus embestidas. Miguel se comenzó a mover frenéticamente. Sabía que se iba a venir en cualquier momento. Los dos gemelos le enterraban las vergas sin misericordia. El gemelo que se lo follaba por la boca lo cogió de las orejas y arremetió con más fuerza. Miguel trataba de tornar aire desesperadamente entre embestida y embestida. El otro gemelo lo cogió de la cintura y le enterró la verga hasta la base misma de los cojones. El dolor hizo que los ojos de Miguel se llenasen de lagrimas.

Vamos perra – dijo el Doberman -. ¡Vente de una vez!

Los tres cuerpos se movían frenéticamente, completamente cubiertos de sudor.

¡Vamos gemelo! ¡Llénale la boca de leche! – gritó el profesor.

Miguel sintió que sus cojones se preparaban para eyacular cuando escuchó un grito animal y sintió que le llenaban el culo con chorro tras chorro de semen. El otro gemelo también lanzó un alarido que remeció la sala y le llenó la boca con un liquido espeso y salado que no paraba de salir. Miguel lo tragaba tan rápido como le era posible pero la enorme verga disparaba más y más rápido. Retiró la boca y los chorros de leche del gemelo se estrellaron contra su rostro cubriéndolo casi por completo. Miguel sintió que un estremecimiento le subía por las piernas y de pronto él también eyaculó disparando varios chorros de leche blanca y espesa.

¡ Gané! – le escuchó decir a Sven.

¡ Perra de mierda ! – dijo el Doberman.

Los dos gemelos colapsaron sobre la espalda de Miguel. Luego, poco a poco, se incorporaron dejándolo tendido en el suelo. Se abrazaron y caminaron hacia una de las esquinas del salón. Se sentaron juntos, apoyándose en la pared. Se hablaban con cariño, se acariciaban, se lamían las heridas el uno al otro. Se besaron en los labios, con ternura al principio, con verdadera pasión después. Se habían olvidado de Miguel, del uruguayo, de Sven y de todos los demás.

Miguel estaba casi inconsciente, con un dolor que le atravesaba el cuerpo de lado a lado. Yacía sobre un charco de su propio semen. El grupo que se había formado alrededor suyo se estaba disolviendo. Intentó levantarse pero sintió que unos brazos muy fuertes lo empujaban nuevamente contra el suelo. Un negro panameño con un cuerpo muy musculoso lo cubrió.

Es mi turno – le dijo mientras le buscaba el orificio del culo con una verga dura y caliente.

Miguel trató de resistirse pero no pudo. El negro era más fuerte y a él ya no le quedaban fuerzas. Volteó y notó que se había formado una larga cola tras él. Estaban esperando para follarselo.

Se lo follaron durante horas. Miguel nunca supo cuántos fueron porque el dolor le hizo perder el conocimiento varias veces. Pero por la cantidad de esperma que le quedó saliendo del orificio culo cubriéndole las nalgas, los testículos, los muslos, la espalda y formando un enorme charco bajo su cuerpo, sabía que habían sido muchos.

Algunos se lo follaron con ternura, otros a lo bestia. Algunos con torpeza, otros con gran maestría. Algunos le susurraban largas frases, otros sólo emitían gemidos. La variedad de vergas que lo penetraron esa noche fue enorme; vergas de todos los tamaños, formas y colores. Vergas que lo único que tenían en común era el haber experimentado el enorme placer que el culo de Miguel les proporcionó.

Mientras lo muchachos se divertían, Sven y el resto de los profesores se paseaban por el salón observando sus juegos sexuales. En ningún momento trataron de tocarlo o de intimidar con ellos. Simplemente se limitaron a comentar, casual y despreocupadamente, las habilidades sexuales o características físicas de sus nuevos estudiantes.

Lo que los nuevos alumnos de la “Academia de Prostitución Gay” todavía no sabían, es que para Sven y para el resto de profesores, la verdadera diversión, recién comenzaría al día siguiente.

Me puso cachonda la verga de mi perro Rocki

Tengo 17 años morena alta delgada .bonito cuerpo y siempre he sido bastante caliente , sobre todo con relatos mas que con películas de vídeo..vivo con mis papas y mis dos hermanos menores de yo una mujer de 14 y un chico de 9 hace como 1 año nos regalaron un perrito de 2 meses al cual bautizamos como rocky .. raza policial..eso fue hace 1 años mas o menos ahora esta bastante grande y jugetón. La otra vez le trajeron una hembra de si especie para cruza.y la verdad yo observaba desde mi cuarto como a rocky le colgaba un enorme mazo de color rojizo y puntiagudo ..hasta que logro montarse a la perra y a la cual mantuvo pegada a el por largo rato eso me dejo bastante caliente y termine haciéndome una paja en el baño.paso el tiempo y quede sola en casa mis padres en el trabajo y mis hermanos en el colegio . comencé a leer un relato erótico . la verdad estaba bastante caliente con la lectura..(ademas estaba con mi regla )

y cuando me llega me éxito mas de la cuenta son como 3 días que ando a mil hasta que se normaliza mi organismo y a los pies de la cama estaba echado rocky .. al verlo paso una idea loca por mi cabeza y la verdad eso me calentó mucho que ni siquiera lo pensé ..me acerque a rocky y le comencé a acariciar el lomo el respondió lamiéndome las mano.. me dirigi al baño y me saque la ropa que traía en ese momento que era un pantalón deportivo (buzo) Y poleron me puse una falda amplia

sin nada debajo. y arriba solo una bluza cortita como andaba con mi regla tenia la tohalla higienica empapada en sangre sin darme cuenta rocky me habia seguido al baño al lanzar la tohalla al basurero el perro trataba de rasguñar el tarro y parec que el olor lo habia exitado asi que la saque y se la pase por las narices . eso lo volvio como loco se paseaba de un lado para otro exitadisimo..deje eso en el basuero y me lo lleve ala pieza . antes cerre con llave todo por si alguien veniame tumbe en la cama y separe las piernas rocky estsba atras de la cama al sentir el olor de un brinco se subio arriba me asusto un poco y junte las piernas y doble las rodillas .. el metio su ocico y senti su lenga larga rugosa y mojada como me langueteaba por todos lado.. me tendi boca abajo y separe las piernas

sentia como su lengua larga me recorria entera por mi conchita y mi ajugero del culo me enloquecia eso duro bastante .. luego me gire y con mi mano tome aquel pedazo de carne roja y jugosa me tendi suabe a su ladole comense a pasar la lengua tenia un extraño saborsin darme cuenta lo tenia todoe n mi boca lo chupaba de arriba hacia abajo estsba calientisimaya no daba mas sin pensarlo mas me puse arrodillada en el suelo (como orando) apoyada en la parte de atras de la cama como a lo perrito .. rocky trataba de montarme estaba empapada..me tumbe mas y sentí el rose de su enorme pene casie n mi culo ,, trate de guiarlo con la mano pero no podía ..así que me levante –me recosté en el suelo arriba de dos almohadones . quedando con la parte de mi concha bien levantado .. fue cuando Rocky se paro encima mio –y yo de apoco comenze a acomodarme hasta quedar debajo de el y de su gran picha la cual tiraba chorritos de semen estaba bastante caliente .. asi que lo tome con mi mano y lo guie hasta mi conchita que de un golpe me la metió casi la mitas .. lance un gritito entre dolor y placer ..luego trate de separarlo de mi pero no podia mi vagina estaba llena de aquel pene tieso y húmedo ..quería gritar de placer el seguia con su mete y saca ..la verdad estaba gozando mucho– hasta que senti su descarga fuerte dentro de mi ,, luego se tendio a los pies separe mis piernas y vi como se me corrían por los muslos gran cantidad de semen mezclado con mis jugos vaginales y sangre de mi regla..

me levante como pude y me dirigui al baño .. me duche y ordene la verdad que desde ahora vez que quedo sola con rocky .. lo hacemos .. y la verdad gozo mucho.. me fascina sentir su enorme pene dentro mio..como se va inflando ..y luego me lanza toneladas de semen .. hasta quedar exausta..

Cunnilingus Multiorgásmica

Vi como se iba sin decir nada, tan sólo bajó la cabeza y empezó a andar. Yo estaba sentada en la hierba húmeda que me hacía tener un frío escalofriante que me subía por las piernas. Y se fue, sin decir nada. Lo llamé, pero ni siquiera se giró, ni levantó la mano…nada de nada. En casa todo eran llantos. Sus fotografías me hacían daño y por la ventana me entraba un olor a fracaso inaguantable. Cogí el ambientador y fumigué toda la habitación. No había bastante. Aquel olor se había impregnado en mi ropa, me desnudé y la puse a la lavadora. Desnuda estaba mejor. El agua mojaba mi cara haciéndome sentir un poquito más tranquila. Tenía ganas de hacer daño. Tenía ganas de ponerme caliente y follarme a cualquiera que pasase por la calle…sólo para hacer daño. Llamaron a la puerta. Me puse una bata y la abrió. Era él…
-que haces aquí?
-lo siento
Entró de una forma que no me lo esperaba. El ruido de la puerta al cerrarse se mezcló con el beso que me disparó. Me rodeó con sus brazos y nos empezamos a besuquear. Al estar desnuda le notaba como cada vez se ponía más caliente.. él iba bajando la mano hasta que llegó al culo. Paró de besarme y me miró sonriente y a la vez con cara de extraño.
-si, voy desnuda
esto le excitó. Su lengua empezó a bajar por el cuello llegando al ombligo. Me empujó hasta la pared y no podía hacer nada más que cogerlo por los cabellos y hacerle notar el placer que me estaba dando.
-esto se para que me perdones…perdóname.. – lamía- perdóname..- volvía a lamer- te quiero tanto.
se levantó y me llevó a la cama. No me había dado tiempo ni de acomodarme cuando él ya me comía la entrepierna con las mismas ansias como quienes no han comido en tres días. Yo estaba cómo despistada..hacía un momento estaba llorando por que el mismo chico que me estaba dando el mayor placer que me habían dado nunca…
sus manos me presionaban los muslos haciéndome notar un escalofrío de deseo que seguramente él notaba con la lengua. Sus dedos se adentraron por el agujero de mi coño, sin problemas, ayudados por lo mojado que estaban aquellas paredes. Me miró. Con los dedos todavía entrando y saliendo se limpió los labios con la manga y me besó. Yo lo iba desnudando y hacía el intento de bajar hacia su polla pero él no me dejó
-hoy seras la reina
reí y lo besé. Cada vez me gustaba más lo que me hacía y quería que entrara, muy adentro y que a la hora de sacarla la deseara, que en aquellos momentos entre sacarla y meterla tuviera unas ganas locas de volver a entrar. Aquel juego me estaba volviendo loca, quería más, quería hacer aquello que nadie todavía había pensado hacer pero estaba tan sumergida en aquel placer que no podía pensar. Mis manos cogían la sábana que sufría y luchaba para no desgarrarse. Estaba apunto de correrme en su boca y yo quería acabar con él dentro de mi, pero no me dio tiempo. Sus lamidas me penetraban las paredes del coño y succionaban y acariciaban mi clítoris, salían y entraban, me mordía, me volvía a lamer…el abecedario me volvía loca y no me dio tiempo. Aquello parecía un festival . Los orgasmos venían y desaparecían y las lamidas seguían, las sábanas se mojaban pero las lamidas seguían y yo loca de placer sumergida en un orgasmo inacabable, gritaba y gemía. Mis gritos resonaban y las lamidas seguían. Entonces, agotada, le hice parar, mis piernas y mi cuerpo temblaba después de aquella enorme felicidad. Él cansado, se tumbó a mi lado y con los labios relucientes y mojados me mimó…. aunque ahora mismo vuelvo a estar sola ya que en realidad no volvimos pasé uno de los mejores momentos sexuales de mi vida, me encanta que me laman.

Yo Analuci R. cogida por mi primo

Todo esto sucedio un dia que fuimos al rancho, el dia era algo fastidioso y le dije a mi primo que vayamos a caminar, como el igual estaba aburrido acepto, fuimos a caminar a los alrededores el camino el de terraceria y no pasan automoviles ahi, cuando estabamos caminando mi primo saco un condon y me lo enseño yo les dire que es ese tiempo tenia 15 años y me gano la curiosidad de ver el condon y lo saque del empaque, cuando lonsaque mi primo lo agarro y lo inflo un poco y comenzo a untarmelo en las nalgas jugando, el me dijo que su verga llenaba ese condon y yo no le crei y le dije que se lo ponga, tarde mas en decirlo y ya habia sacado su verga era grande y gruesa me dijo que le ponga el condon yo andaba caliente y se lo puse el me empezo a pasar su verga en mis nalgas y en mi vagina yo traia pantalon y se sentia rico, me quite la blusa y mi primo me hizo mamarsela se sentia rico tener esa verga en mi boca lo saboreaba lo masturbe y el me bajo el pantalon yo traia una tanguita con orillas verde neon y la telita blanca con azul el la hizo a un lado y poco a poco me la iba metiendo, primero solo la cabezita y ya luego toda ahi empezo el mete saca, yo solo me agarre de un arbol y me la iba metiendo el me decia -oh prima que rico culito tienes muevelo mas- yo amaba que me hablara asi y me movia mas en un momento el me volteo y me abrazo, pense que ya habia terminado pero nooo, me cargo y me la metio de nuevo, que rico se sentia tener toda su verga dentro de mi vagina yo sentia que me iba a estallar cabalgaba esa verga tan bien mientras mi primo me lamia las tetas de un momento a otro mi primo se quito el condon y me bajo me hizo arrodillarme y mamarsela ahora estaba mas rica esa verga la chupaba entera y lo masturbaba mientras el me agarraba el cabello y me hacia mamarla mas rapido yo solo le mamaba la verga y sus huevos tan ricoos mmmmmm y grandes mmmm solo recordarlos me calientan, cuando mi primo me saco mi primo su verga de mi boca se masturbo un momento frente a mi y se vino en mi cara, imaginense todo su semen en mi cara y en mi boca llego hasta mis tetas no podria creerlo luego de eso se la mame un momento mas, pero tenia que quitarme la leche de mi primo de mi cara por que teniamos que ir al rancho y ahi estaba tooodaaa mi familia, el me quito la tanga y me la paso en la cara para limpiarme ya que me quito todo la tanga quedo mojadita con semen yo me la puse, que rico sentir mi tanga asi mi vaginita y mi culo tenian todo el semen de mi primo ya ñuego me cambie y fuimos al rancho de nuevo yo lave mi cara por que el semen que quedo se endurecio y quedo dura mi cara, ya luego me sente a su lado y le jugaba la verga y el mi vagina debajo de la mesa mientras estabamos ahi.
Espero que le haya gustado este relato… Yo me llamo Analuci Romero
Tengo 18 actualmente y soy una putita de mi primo espero que califiquen bien mi relato si no baja de 9 les paso whatsapp para el siguiente

El día que me coji a mi mama

Empiezo diciendo que esto sucedió cuando yo tenía 15 años, soy hijo único, mi madre y mi padre tenían 45 y 48 años respectivamente. lo que les voy a contar sucedió el día que fui Chambelan de mi prima. Mis padres se había divertido mucho en la fiesta y tomaron más de la cuenta, entonces yo tuve que manejar de regreso a casa aunque tenia poca experiencia en eso, mi papá se recostó en el asiento trasero y mi mamá en el copiloto me costó mucho trabajo subirla y ahí empezó mi inolvidable aventura, fue una delicia subir a mi mamá por que le rose sus tetotas al subirla y aprovechando la borrachera que traía le arribaba mi verga en ese gran culo que se cargaba, en ese momento me quede con las ganas de tocarla mas pero ya camino a casa mi mama se quedo bien dormida y con las patas abiertas y como traía una falda corta se le miraba su tanga yo me sobaba la verga pensando en como era la panocha de mi mama, muchas veces me la había jalado imaginando que me cojia a mi mamá y hoy la tenia a mi merced, por lo menos para tocarsela y mirarla, empeze acariciandole su pierna y la fui subiendo hasta llegar a su tanga tanga blanca,se la sentia mojada y eso me éxito mas, mi papá hizo ruido y voltee a verlo eso me puso nervioso y me dio temor que descubriera mi atrevimiento pero no paso nada y ahora subi mi mano y le empezó a tocar las tetas, unas tetas tan grandes como melones por que mi madre es un poco llenita, solo pude acariciarlas por encima pero bastó para que se me pusiera más dura, cuando me di cuenta ya estaba frente a la casa, pensé que hacer… y primero baje a papa y solo lo deje en la sala ya que pesaba mucho y estaba perdidamente borracho, regrese por mamá y todavía estaba dormida la intente despertar pero estaba igual que mi papa así que me aproveche y la ayude a salir del carro pero tocándole su culote y sus chichotas, le pegaba mi verga y ella pensaba que era mi papa por que susurrando me dijo cojeme como puta flaco,(así le decía de cariño) y eso me puso más cachando, era la oportunidad de cojer ya que nunca había cojido, solo me la chaqueteaba, la metí a la casa y con mucho trabajo la subí por la escalera y ala mitad me ofreció sus labios pensando que era mi papa, la bese apasionadanamente y ella correspondió igual, la recoste en la cama boca arriba con sus rodillas colgando, ella dijo ya mamamela, sin perder tiempo me metí debajo de su falda y solo haciendo de lado la tanga empeze a lámer su panocha, el olor de sus pelos a orina, sentirla mojada y gimiendo, me éxito muchisimo, mi verga estallaba de lo dura que estaba le levanta la falda y al quitarle la tanga vi esa maravillosa mata de pelos que le cubrían la panocha y al levantarle las pierna descubrí que le llegaban hasta el culo, senti que me venia de solo mirarla, ella preciono mi cabeza entre sus piernas y yo mamaba como desesperado después le abri su blusa y empese a mamar esas chichotas grandisimas le mordía el peson dulcemente y me decía mas flaco más, yo no pronunciaba palabra alguna pero quería decirle eres una puta mamá y ahora mamamela, y sin decirle nada le puse la verga en la boca, empezó a besarla a tocarla hasta que se la hundió en la boca fue genial sentir como se la trago toda, después se puso boca abajo y quedaron sus nalgotas apuntando a mi, le habri el culo y lo tenia lleno de pelos lo Fruncia como invitándome a probarlo y sin pensarlo se lo empese a mamar, era delicioso meter mi lengua en su cola ella solo gemia, (mi mamá era una gran puta) en su inconcicia decía ya cogeme el culo y le puse el pitó justo en la entrada de su cola ella empezó a empujar el culo diciendo cojeme el culo ya cogelo, le llene el culo de saliva y se lo fui metiendo poco a poco mientras ella se quejaba de placer y movía sus nalgotas haciendo que mis huevos se estrellaron en su cola, era increíble ver como se tragaba toda mi verga su culote entraba y salia, se retorcia y yo le acaricianba sus nalgotas después de eso la puse otra ves boca arriba y me coloque frente a ella y levante sus piernotas hasta mis hombros y mi verga se empezó a perder dentro de la panocha peluda de mi mama, ella movía su culo rítmicamente y yo mete y saca, me decía palabrotas que creía que mi mamá nunca diria y a cada frase como meteme el Chile o ese camote es mio me exitaba más y más, yo arremetia con más ganas el culo y panocha de mi mama y ella no paraba de gemir y pedir pito, se metía los dedos en la boca, yo me recoste encima de ella y mamaba sus tetotas, la besaba como desesperado mientras mi verga se la cojia, retorcia como puta, me decía dame toda tu leche, llévame el culo de leche, hasta que en un largo y ruidoso gemido me mojo la verga y llego al órgasmo desvaneciendose y yo descargue toda la leche dentro de mi mamá, nunca pensé que cojerme ami mamá fuera tan rico. Después me apresure a vestirla y me fui, al otro día se despertaron con una cruda espantosa y aunque mi mamá no dijo nada creo que algo sospecha pero no mencionó nada. Esto fue real y hoy día tengo 25 años y ya estoy casado pero aun masturbo pensando en el día que me cojia a mi mamá.

nos pasaban de mano en mano

tengo 22 años, una celulitis y pancita de cuarentona; fruto de las revolcadas por cualquier sabana sin ser egoísta y dando todo para el disfrute de los que me cogían. desde niña tuve un cuerpo donde había de donde agarrase sin llegar a ser gorda. a los 13 tenia lomo de veinteañera y empece a ayudar una peluquera de excelente físico archiamiga de mama. fue la que me desvirgo y después de cogerme varias veces por todos lados me dijo que manejando horarios y situaciones en la forma correcta me alquilaría para aumentar sus ahorros.la primer cita era una olla de nervios. eso la va excitar-dijo helen mi dueña, dándome consejos y detalles para pasarlo bien ambos. llovía a cantaros y el vejete bajo de su auto corriendo hacia la peluquería que era unisex y dado el clima estaba vacía. paso detrás del biombo, yo estaba con remera corta sin sostén y una minifalda al limite.date vuelta-
ordeno helen. obedecí mirando por el espejo. ayyy mamita. dijo el viejo.mira el caramelito que te vas a comer, te gusta?. el tipo saco la plata y yo con una gabardina hasta por encima del cuello fuimos al hotel.dentro de la pieza se mostró mas ansioso que yo; me quito la gabardina me abrazo y se prendió de mi boca de forma suave pero muy intensa. me desnudo llevando mi mano a su verga; no la podía sacar del pantalón por tener un tamaño mas que regular. me tiro en la cama y empezó a chupar a gusto todo el cuerpo sin dejar el manoseo, no era tan bueno como helen pero su pasión me transportaba y bien o mal el primer macho que me tocaba. parecía no querer perderse nada de mi entre manos y lengua recorrió todo, todo mi cuerpo. me bajo la cabeza llevando mi boca a su pija. la chupe lo mejor que pude ahogándome con ella, después fue el turno de sus bolas que desaparecieron en la boca. me tumbo y mirándome a los ojos dijo. por dios esto no es real, no esta pasando, cogerme una diosa así; me penetro a pija pelada y busco mi cara con su lengua. le mordí el hombro y gimotee. así nenita divina así, haceme gozar. y yo hijo de puta que- conteste mientras el se prendía de mis tetas endurecidas. se percato de mi estado y me hizo hacer dos cosas que me harían ganar un cachetazo de helen por hacerle perder dinero ya que había pagado por mi por un servicio simple.entro en mi culo en seco haciéndome gritar entre el placer y el dolor por lo rápido y seco ya que los consoladores de mi dueña eran mas grande el remate final fue su leche en mi boca y chupeteo de jetas interminable. vamos gorda-dijo casi con desprecio. íbamos bajo lluvia de regreso y en cada semáforo chupeteo de lengua, manejaba despacio con una mano en mi concha.basta-dije. basta nada- retruco. entonces cogeme de vuelta-suplique. otro hotel, manoseos porque en realidad no eran caricias. penetración sin acabar pero yo si lo hago gusto en su boca diciendo. chupa viejo podrido y maricón, tomame los flujos degenerado coge puta, gritaba mas de caliente que de ofendida.tuve otros encuentros todos bien programados gozando las diferentes pijas sin poder separarlo del oficio.te esperan dos a la vez dijo un día, voy con vos por las dudas sonrió, pero los conozco no son malos. empezó la fiesta con helen de testigo, mis manos en sus pijas, mi lengua un ratito en cada boca y sus dedos en concha y culo a mas no poder.estaba recostada al respaldo de la cama con una pija en la boca y otra en la concha cuando irrumpió helen desnuda,saco la pija de mi concha para chuparla, compartí putita manoseada por cualquiera. ahí tenes vieja rompe concha solloce.pasamos de mano en mano escuchando sus comentarios, hacele el orto a esta,te la cambio; esta chupa bien la verga,nos besaban sin importarles que habíamos tenido la verga y el culo del otro en la boca. nos acabaron en la cara para que nos lamiéramos entre nosotras y el remate final fue la bañadera; yo sentada y los tres a mi alrededor empapándome en mi debut con lluvia dorada.