Mi mujer me deja que le rompa el culo

Tras mucha insistencia por mi parte, un día mi mujer aceptó que practicásemos sexo anal pero con condiciones.

Esa noche, yo estaba deseando que llegase el momento, mientras hacíamos el amor, ella sentada sobre mi polla con toda ella dentro de su vagina me dijo: “Amor, vas a cumplir tu sueño pero prométeme que después podré pedirte a cambio lo que yo quiera.”, Ante esa propuesta y excitadísimo como estaba no dudé en decir que sí.

Con cierto tono de misterio y una mirada maliciosa en sus ojos, me dijo “Observa bien el momento…” se levantó sobre sus rodillas, tomó mi polla con la mano y lentamente fue bajando su cuerpo hasta colocar mi glande en el mismísimo ano. Estaba que explotaba de placer, parecía que no llegaba el momento de penetrarla. Me miró a los ojos, me sonrió y lentamente cerró sus ojos al tiempo que se iba sentando sobre mi polla tiesa. El ano no tardó en ceder a la presión de mi glande y pude sentí con nitidez como ese ano tan deseado se abría para abrazar todo mi glande. Mi mujer se mordía los labios y yo a duras penas lograba contener mi corrida. De nuevo se levantó, sacándose de su interior mi glande ante mi desesperación… “¿estás gozando amor?” me preguntaba con cierto aire de maldad, como quien esconde algo… “Sí, claro que sí…” le decía, vuelve a prometerme que harás lo que yo quiera…”Te lo prometo, te lo prometo.” le decía yo deseando volver a meter mi polla en su ano.

De nuevo, con una lentitud exasperante, se sentó sobre mi glande, lo colocó en su ano y otra vez, muy despacio se lo introdujo entero…se la sacó de nuevo y se lo volvió a meter cada vez con más ritmo pero nunca más allá del glande. Yo estaba a punto de estallar y ella lo sabía. “Me lo prometes ¿verdad?” volvió a decir. “Sí, mi amor, haré lo que tú me pidas. Todo.” Entonces, de un solo golpe se sentó sobre mi polla tiesa y esta se introdujo entera en su culo que yo notaba apretado, ella se mordía los labios y decía “Me duele pero aguanto, me duele” al mismo tiempo comenzó un movimiento fuerte con el que literalmente me estaba cabalgando, mi polla entraba y salía entera de su culo abriendo su ano de par en par. Gritaba a cada embestida que ella misma se daba metiendo mi polla hasta los huevos y volviéndola a sacar hasta que me hizo estallar en una corrida tan grande que todo mi semen salió a presión de su ano mojándome los huevos…las sábanas…

“Es hora de pagar mi amor.” Decía, ahora me toca a mi hacer lo que yo quiera. En eso habíamos quedado y yo veía que mi mujer estaba más morbosa que de costumbre.

Me vendó los ojos con un pañuelo y me hizo poner boca abajo. “Te voy a dar un masaje que nunca olvidarás.” Decía. Yo me dejaba hacer, aun no me creía que la había enculado y que ella había gozado con ello.

Comenzó a hacerme un masaje por la espalda, de vez en cuando acariciaba mi ano y mis huevos, esto lo hace a menudo pues me da masajes muchas veces. Seguía poniendo aceite en mi espalda, en mis nalgas, parecía que accidentalmente llegaba el aceite a mi ano en gran cantidad, lo tenía prácticamente inundado.

Ella seguía acariciando mi cuerpo rozándolo con el suyo, sus tetas pasaban por mi espalda y yo volvía a excitarme y mi polla, de nuevo, estaba lista para ser montada. Hizo que le viese el ano, “Mira cómo me lo has dejado” decía, “como a ti te gusta, abierto y chorreando leche.”. Ese vocabulario era impropio de mi mujer pero admito que me excitaba sobremanera oirla hablar como una puta.

Volvió a ponerme boca abajo y puso una almohada en mis caderas, hundió su boca en mis nalgas y comenzó a lamer mi ano con furia y pasión, tenía la boca llena de aceite pero le daba igual. Introducía la punta de la lengua en mi ano y yo me retorcía de gusto. Esto lo hacía muchas veces, la verdad es que ni había pensado en mi promesa ni en lo que se proponía hacer.

Así estaba yo, con mi culo y mis huevos frente a ella, de nuevo los ojos vendados, cuando me dijo “No te muevas, que quiero cobrarte mi favor.” No sabía a qué se refería pero me daba igual, estaba muy excitado.

Escuché algunos ruidos y pronto noté que ella se acercaba, “levanta más las caderas” me dijo, al hacerlo puso más cojines sobre la almohada de forma que yo quedé prácticamente a cuatro patas apoyando la cabeza sobre el colchón y el culo frente a ella.

Noté que se acomodaba tras de mi y de nuevo su lengua pasando por mi ano, con una mano comenzó a masturbarme lentamente mientras introducía su lengua en mi ano. Apoyó un dedo sobre el ano y lo introdujo lentamente, esto también lo hacía muchas veces. De repente soltó mi polla y sentí algo extraño en mi ano, enseguida noté un dedo suyo y otra vez ese extraño tacto “No te puedes mover, ni puedes tocar.” Me ordenó.

De nuevo esa cosa desconocida se apoyó en mi ano, noté una presión grande y traté de retirarme “Quieto! Me lo debes.” Ordenó. Entonces, esa cosa apretó con fuerza la entrada de mi ano a cuya presión no resistió abriéndose de golpe y sitiendo como un dedo descomunal entraba en mi ano. “Tranquilo” me dijo… aquello salió de dentro con alivio por mi parte “Qué es?” le preguntaba yo, “Ya lo sabrás.” Volví a sentir como aquello se volvía apoyar sobre mi ano y este ya no ofrecía resistencia dejándolo entrar unos tres centímetros, reconozco que me empezó a gustar. Fuese lo que fuese estuvo como cinco minutos jugando a entrar y salir y yo comencé a disfrutarlo.

Mi mujer, mientras, volvía a masturbarme y ya estaba excitado entre las caricias de ella en mi polla y esa pieza que entraba poco centímetros en mi ano. “Te gusta amor?” preguntaba ella. “Sí, me gusta ¿Qué es?” le imploraba yo.

Sin responderme, creí que me rompía en dos, de un solo golpe sentí como mi ano y mi esfínter se abrían y algo enorme entraba dentro de mí, yo gritaba “Me duele, me duele ¿Qué es? Sácalo”, intentaba quitarme pero ella me lo impedía “Aguanta, yo he aguantado…”

Aquello salió de mi interior y volvió a entrar. Ya no me dolía tanto, incluso empezó a gustarme. Lentamente sentía que me follaban por el culo, de nuevo pregunté “Qué es?” y ella dijo friamente “Es una polla enorme que te está desvirgando el culo.” Me quedé perplejo, ¿había otro hombre en nuestra cama? ¿me estaba follando un tío? No parecía una polla pues aquello estaba frio. Mi mujer me quitó el pañuelo y me dijo túmbate boca arriba. Puede ver lo que no imaginaba. Mi mujer e había colocado una polla de látex con arneses en la cintura y me estaba follando con eso. “¿Te ha gustado cabronazo? ¿Ya sabes lo que se siente cuando te rompen el culo?” Sin más, se sentó sobre mi polla tiesa y de un solo golpe se la metió en su culo, “Fóllame gritaba, rómpeme el culo cabrón” Mientras cabalgaba sobre mi polla se quitó el vibrador de la cintura dejándolo sobre la cama. Lo cogí y le dije “vamos a follarnos los dos”, con un poco de esfuerzo me lo introduje en mi ano y ella se encargó de moverlo mientras me cabalgaba explotando de nuevo en un orgasmo increíble.

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