Remedios y Dani

Reme, participante de SST, comparte su experiencia de incesto con Dani, su hijo.
Me ha permitido escribirla y publicarla, lo cual agradezco inmensamente.
Historia 100 % real

Desde antes de casarnos mi marido me advirtió que no era hogareño, yo pensé que exageraba y que sí era el caso, con amor y mimos podría hacerle cambiar esa actitud. Claro que me equivoqué, no solo no dejó de ausentarse durante semanas enteras, con el pretexto del trabajo, sino que incluso me enteré que tenía otra mujer y un par de hijos con ella. No quise reclamarle ya que me esperaba su famosa sentencia: “ya te lo había advertido, no te quejes ahora”.

Decidí concentrarme en la crianza de mi hijo y en mi vida propia.
Dani, así se llama mi hijo, siempre fue muy despierto y un pícaro sin remedio. Le gustaba hacerme enojar y continuamente me gastaba bromas aunque todo lo arreglaba abuzándome y pidiéndome perdón con una carita tan dulce que me derretía inmediatamente. Con el tiempo su carácter de pingo se fue atemperando convirtiéndose en una joven alegre y muy popular entre sus amigos y amigas particularmente.

Yo pensaba que poco a poco se iba a alejar de mí, como sucede normalmente, para pasar más tiempo con sus amistades o la novia, pero afortunadamente no sucedió así. Me regalaba con su tiempo y no dejó de acompañarme, aunque ya era un adulto de 19 años, a los paseos vacacionales, “Dani, no quiero imponerte mi presencia” le decía sinceramente, “si deseas vacacionar con tus amigos por mí no hay problema” y él me contestaba: “ni creas que te voy dar la oportunidad de conseguir novio, al primer tío que te mire lo voy a espantar”

Claro que yo era inmensamente feliz con su compañía, íbamos a la casa de la playa o a la cabaña rural y como ya era mayor bebíamos juntos en los bares cercanos e incluso bailábamos en las pistas de esos bares o íbamos a alguna disco donde a veces me hacía que nos mostráramos como pareja de novios para impresionar a los demás parroquianos que no nos conocían. Yo disfrutaba de hacer ese tipo de bromas y siempre pensé que eran exclusivamente una forma de divertirnos, hasta que una noche que regresamos a la cabaña, ya un poco pasados de copas y muy contentos por la velada, me acompañó a mi recamara para beber la última cerveza de la noche, “Remedios”, me dijo de pronto, “me encantas cuando estas feliz”
“Gracias mi amor” le dije enternecida, “me encantas tanto que en este momento te haría el amor” me contestó con esa expresión picara que tanto me encanta.

Me sorprendí tanto que hasta se me cayó la botella de la mano, “¿pero qué dices?” le dije como si no creyera lo que acababa de escuchar, “pues eso” que en este momento me están dando una ganas enormes de hacerte el amor, no lo pienses, dime ¿lo hacemos?” y diciendo y haciendo, se acercó a mí, me rodeó con sus brazos y me agarró de las nalgas fuertemente con sus manos, “anda, es un fantasía que traigo desde hace meses” ni siquiera me dejó contestar, me aprisionó de los labios con su boca y comenzó a magrearme con ansia. En mi mente la sorpresa no dejaba lugar a la reacción, aunque una pequeñísima parte de mi pensaba que la situación era encantadoramente perversa, mis brazos se levantaron casi mecánicamente, lo rodeé por el cuello y le correspondí el beso.

Noté un poco turbada que un sonido extraño invadía mis sentidos, era algo bastante perturbador ya que no sabía de donde provenía ese ruido gutural hasta que luego de unos instantes comprendí que era yo quien lo emitía: estaba jadeando de placer. Si, toda la situación era demasiado fuerte para mi, mi cuerpo temblaba y mi piel se erizaba ante los hechos, iba a tener sexo con mi hijo y en vez de causarme repulsión me estaba provocando el placer más grande de mi vida.

No tardamos mucho en caer a la cama, nos habíamos desvestido en parte mientras magreabamos de pie, y ya en la cama él me arrancó el resto de la ropa y luego me miró durante unos momentos “tienes un cuerpo de ensueño Remedios” yo le sonreí coqueta y lo jalé del cuello para que siguiera besándome, “hazme tuya mi amor, por favor, hazme el amor, hazme tu puta” le dije aun y cuando estaba por dentro muy sorprendida por las palabras que salían de mi boca. Él arqueó su cadera, puso su mano derecha debajo de mis nalgas y las empujo ligeramente hacia arriba para poder penetrarme en esa posición, ¡oh dios! pensaba, y es que después de tanto tiempo sin sexo y el pensar que era mi hijo quien me estaba poseyendo hacían que la penetración fuera gloriosa, las paredes de mi vagina se contraían de manera involuntaria sobre su pene joven, duro, que digo duro, durísimo como una roca.

Pene mío, pensaba en mi deliciosa confusión, verga de mi carne, carne de mi carne, me decía una y otra vez, “soy tu puta” salió de mi boca, “hazme tu puta, hazme tu zorra” empecé a elevar el volumen de mi voz y no me importó, nadie podía escucharnos, “¿te gusta tu madre Dani? ¿Te gusta que tu madre sea tu zorra, tu puta?” le casi gritaba mientras me taladraba una y otra vez y me hacía tener espasmos que recorrían todo mi cuerpo “si, me gusta follarte, me gustas mucho Remedios”

“Dímelo, dímelo” le urgí con verdadera ansia, solo eso me faltaba para llegar a la cumbre, “eres mi puta” susurró, “eres mi zorra, eres mi puta” repitió gritando cuando sentí que de su pene salió la leche espesa y caliente a borbotones, yo a mi vez grité por causa de mi propio orgasmo, grite otra vez al sentir otro inmediatamente, y volví a gritar varias veces más.

Mi hijo y yo lo hacemos constantemente aprovechando que su padre pocas veces está en casa. Debo aclarar que lo nuestro no es enamoramiento, sino puro deseo y por qué no decirlo, inmenso morbo. Hemos hecho muchas otras cosas, pero ya lo dejare para otro texto si es que os agrada este.

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