¡¡Y CONOCI A NORA!!

Esta es una historia de la vida real y me gustaría compartirla con ustedes!!!

Hace algunos años, mi hermano menor tuvo una novia llamada Ivonne. Ella era maestra de aerobics y estaba buenísssima!!! pero por ahí no va la historia. Resulta que Ivonne tiene una hermana que se llama Nora, misma que me fue presentada previamente por ambos (mi hermano y su novia). El primer día que salimos a tomar un café ella me dijo que tenía novio!!(jaja) a mí no me importó en lo más mínimo y seguimos nuestra plática durante el café, al salir del café puse en mi auto una cinta de Manuel Mijares, la canción empezaba diciendo “Ya te tengo a pesar de que creía que eras una estrella fría, inalcanzable etc..”. Ahí mismo detuve el auto y la miré a los ojos, unos ojos color verde aceitunados grandes y brillantes, ella tiene una cara de angel unos labios carnosos y rojos, mismos de los que me apoderé en ese instante!!

Ella se aferró a mí con un gran abrazo sin dejar de besarme… Acto seguido mi automóvil tomó dirección a un motel (ya conocía el camino). Ella no decía nada, sólo me miraba, se sonreía y me tocaba ligeramente el pene… Qué más señal de aprovación que esa,no creen? Pues una vez que pagué y bajé la cortina del estacionamiento del cuarto, la bajé del auto y la alcé en mis brazos y la conduje hasta el cuarto, ella seguía sin decir nada y seguía aferrada a mi cuello, sin dejar de besarme. Una vez dentro de la habitación, los dos empezamos a desnudarnos, a mirarnos y a tocarnos como si ya nuestros cuerpos se conocieran desde siempre. Ella acariciaba mi pene como si fuera la última vez me acariciaba las bolas y eso me hacía sentir como. Ella ahora se lamió la mano y siguió acariciándome el pene, una y otra vez, arriba y abajo, pero llegó el momento de descubrir sus habilidades orales.

Ella se puso de rodillas frente a mí y para mi sorpresa se tragó todo mi miembro de un solo bocado, no lo podía creer, era algo único sentir como su lengua jugaba con mi pene, como se resbalaba por sus labios carnosos, como a la vez ella se lamía la mano nuevamente y a la par de que me lamía me frotaba el pene en una gran sensación erótica. Así fue durante un largo rato hasta que me hizo explotar ahí mismo, en su boca y bebiéndose todo hasta la última gota y después lamiendo con la punta de su lengua cada parte de mi pene hasta dejarlo perfectamente limpio. Fue hasta entonces que yo la tiré suavemente sobre la cama y la empecé a lamer, sus caderas se levantaron y dejaron ver impúdica y muy húmeda aquella gruta que esperaba a ser explorada hasta lo más profundo.

Mi lengua entraba y salía como un pistón bien engrasado, daba toques rápidos, pero muy certeros a su clítoris y cada vez que yo undía mi lengua en lo profundo de su vagina, ella se tocaba ansiosamente el clítoris recibiendo asi más satisfaccionas. Mientras, ella se fue acomodando de tal manera que terminó por abrazarme la cabeza con sus piernas y así poder tener el control de cada embestida de mi lengua y dirigiéndola alternadamente a su clítoris y a su vagina. Así lo hizo, hasta que me explotó en la boca un río de aquel elixir que salía de su gruta de amor. Sin darme tiempo a pensar en nada más, ella se me montó quedando yo debajo, y comenzó a girar sus caderas a un ritmo que mi pene no tuvo la menor oportunidad de tomar un respiro, nuevamente estaba listo para la acción, en eso ella se quedó quieta y yo levanté la cabeza para ver que pasaba, ella se me acercó y después de un gran y húmedo beso, me sonrió y me dijo: “Concéntrate y dime que sientes?” yo me quedé quieto y fue entonces que apareció la magia! Si, ella estaba controlando sus músculos vaginales y apretaba por dentro de ella mi pene, a los que nunca han sentido esa experiencia dejenme decirles que es la más maravillosa del mundo que grato era tenerla ahí, encima de mí, con mi pene hasta adentro y esa sensación. Pues me creeran que con esas contracciones vaginales me hizo que la llenara de mis jugos? De ahí pasamos al 69 y tardamos un buen rato hasta que nos vinimos juntos y para acabar, la pose del misionero y creanme que esas caderas se meneaban más que una licuadora. Así la llevé a su casa y la dejé despidiéndome de ella con otro enorme beso y ella rosándome el pene de despedida por encima de la ropa. Quedamos de vernos al día siguiente en su casa ya que estaría sola, pero esa es otra historia que ya les contaré o sea que esta historia continuará…

Acerca del autor
Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *