Aquellas vacaciones

Aquel verano habíamos salido de vacaciones con mis padres. Estábamos en un pueblecito de la costa de levante, en un apartamento que alquilamos con tres habitaciones y el salón.
El apartamento era cómodo y estaba cerca de la playa. Las tres habitaciones y la cocina se comunicaban con un salón comedor en el que había una televisión. Nosotros dormíamos en una habitación con cama de matrimonio cuya puerta estaba casi enfrente de la de la cocina y mis padres y nuestros dos hijos en las otras dos que tenían camas separadas.

Por las noches, como hacia bastante calor, dejábamos las puertas abiertas para que hubiera corriente. Así que cuando teníamos ganas de follar teníamos que esperar a que no hubiera nadie en el salón.

Una tarde, caminando por el paseo marítimo, vimos una maquina de monedas que tenían tangas dentro, empezamos a bromear entre Luisa y yo, y le dije que si se la ponía esa noche le compraba unas. Valían 300 pesetas y cuando buscamos las monedas que teníamos solo encontramos cien, entonces yo le pedí a mi padre que me dejara dos monedas de 100. Después de sacar el tanga Luisa se lo enseño para que viera en que habíamos invertido sus monedas.

Durante el resto del paseo no hicimos más que pensar en lo que la haríamos por la noche cuando se las probara.

Cuando llegamos al apartamento, mi madre empezó a preparar la cena mientras mi padre yo y los niños, veíamos la tele. Luisa se cambio de ropa, se puso un camisón que se trasparentaba muy ligeramente y empezó a poner la mesa del comedor para cenar.

Yo le miraba el culo para adivinar si se había puesto el tanga, sobre todo cuando se reclinaba sobre la mesa para poner algún plato. Efectivamente se había puesto el tanga y su camisón a veces se metía provocativamente por la raja de su culo.

En un momento que fue a nuestra habitación, yo fui detrás de ella con el pretexto de coger la cajetilla de tabaco, y cuando estuvimos los dos dentro la apoyé contra la pared morreándola y cogiéndola sus dos rajas. Me dijo que me estuviera quieto, pero noté su calentura. Tenía el coño húmedo. Le pregunté cómo estaba así de salida y me dijo que se sentía casi desnuda poniendo la mesa y eso la había puesto caliente sobre todo por que se daba cuenta que no dejaba de mirarla el culo.

Desde ese momento no hacía más que pensar en cuando acabaríamos de cenar para poder echar un polvazo. Los niños se acostaron enseguida y mi madre también, nosotros estábamos haciendo un poco de tiempo para que se acostara mi padre y poder disfrutar a gusto de una buena corrida. Cuando Luisa veía que no miraba mi padre se subía el camisón para que viera el tanga. ¡¡Era increíble!! Por detrás lo tenía metido por toda la raja de culo, era como si no llevara nada y por delante, por la parte de abajo del chocho se le metía entre los labios de su vagina.

Yo cada vez la tenía más tiesa, así que decidimos ir a la cama y esperar allí a que mi padre se acostara. Pero al entrar a la habitación, ella se agacha para quitar la colcha y dejó sus dos rajas a plena vista. La tiré sobre la cama y empecé a comérselas, tenía el coño totalmente empapado y mi lengua empezó a juguetear con él y a penetrar en su agujero.

Empezó a gemir, y yo le dije que se callara que la iban a oír, me dijo que la daba igual. Estaba salida como una perra en celo. Me tiró sobre la cama y se montó encima de mí, cogió mi polla, retiró la cinta del tanga a un lado y se la inserto hasta el hígado moviéndose como una loca. La luz que entraba del salón iluminaba de nuestras cinturas para abajo, pero su camisón tapaba justo sus dos rajas. Según se estaba moviendo sentí como mi padre se levantaba. La dije que se quitara que nos iba a ver follando pero me dijo que siguiéramos que con el camisón no se la veía nada.

Yo desde mi postura veía parte del salón, vi pasar a mi padre hacia la cocina a coger agua como todas las noches, entonces Luisa paró. La posibilidad de que mi padre viera el culo de mi mujer me la puso aún más tiesa. Entonces empecé a contarle en voz baja el recorrido de mi padre, la dije que cuando saliera mi padre de la cocina la subiría el camisón hasta la cintura. Ella se puso nerviosa, pero aumenté la velocidad de las metidas de mi polla y la cogí sus dos tetas chupándoselas y la subí el camisón. Si en ese momento mi padre llegaba a salir de la cocina vería con la luz que entraba del salón el hermoso culo de Luisa ya que su coño estaba tapado con mi polla.

Le dije que la avisaría cuando saliera de la cocina por si quería taparse. Cuando vi que mi padre iba a salir la avisé y en ese momento la muy puta levantó más su culo haciendo que mi polla saliera del coño y dejó para atrás sus dos rajas perfectamente iluminadas por la luz del salón, justo cuando mi padre salía de la cocina, debió alucinar con aquella extraordinaria visión por que disimuladamente volvió a entrar en la cocina como si le hubiera olvidado algo, y observé como miraba desde la puerta.

En su pantalón del pijama apareció un gran bulto. Se había empalmado con mi mujer. Se lo dije a Luisa, eso la debió poner aún más cachonda y empezó a mover el culo para que mi padre se lo viera mejor.

Estábamos al borde de una corrida genial y yo la apreté contra mí y se la metí de un empellón, ¡qué húmedo lo tenía!, -¿sabes?.- me dijo- ahora no me importaría que ésta polla que tengo dentro fuera la de tu padre, me gustaría que me la metiera hasta los sesos.

Le dije que lo tenía muy fácil, que lo único que tenía que hacer era enseñárselo y que yo le estaba viendo cómo se la meneaba mirando su culo. Nada más decirla esto volvió a echar su culo hacia fuera dejando mi polla fuera y empezó a abrirse la raja del culo y del coño con la mano. Mi padre ya no se molestaba en disimular, se había sacado la polla y se la meneaba. Le conté a Luisa cómo estaba y cómo la tenía de tiesa y ella empezó a sobarse más el coño con la mano, metiendo sacando dos dedos.

Mi padre también estaba al borde de la corrida, la calentura le disipó cualquier vergüenza, y se fue acercando despacio hacia la puerta de nuestra habitación sin dejar de menearse la polla.

Mientras yo le preguntaba a Luisa si de verdad le apetecía que se la metiera mi padre. Sí estoy deseándolo, y empezó a llamarle en voz baja. En ese momento mi padre ya estaba en la puerta de la habitación, entonces yo la quité su mano del coño y se lo abrí con la mía dejando su agujero totalmente dispuesto, ante esa visión mi padre entró en la habitación, se acercó a la cama, tenía su cara casi pegando al culo de Luisa, cuando la hice echar el culo más para atrás, en ese momento notó su boca en toda la raja, y empezó a lamerla el culo y el chocho -no – dijo -sólo era una broma, – no por favor. Pero yo la sujeté y mi padre incorporándose cogió su pene con la mano y se lo clavó hasta los cojones, mientras yo se lo mantenía abierto con mi mano. Nunca pensé que me gustaría tanto que se la metiera otra persona. Luisa empezó a moverse como una posesa mientras metía su lengua en mi boca y decía más dentro Ramón, más dentro suegro mío, qué polla tan buena tienes.

Quiero chupártela mientras tu padre me folla, y se colocó mi nabo dentro de la boca, qué mamada, nunca me la había hecho así, con tanto vicio. Mientras ella recorría toda mi polla con la lengua y me la chupaba casi absorbiéndola, mi padre la meneaba cada vez más deprisa sujetándola el culo.

Aquello estaba a punto de convertirse en un escándalo, Luisa cada vez gemía más fuerte y los empellones de la polla de mi padre hacían que la mía le entrara casi hasta la campanilla. Luisa empezó a correrse en el mismo momento que mi polla llenaba toda su boca de leche y la de mi padre la bombeaba dentro del coño.

Se sacó los dos instrumentos de sus agujeros y dándose la vuelta empezó a morrear a mi padre cogiéndole la polla con la mano, luego se la empezó a mamar para lamerle toda la leche que le quedaba después de la corrida, dejándome el coño a mi disposición, se lo lamí lo tenía rezumando.

Las lamidas de su boca hicieron que la picha de mi padre creciera otra vez y me pidió que se la metiera yo por el coño. Qué sensación tan genial meterla en su coño usado automáticamente se me volvió a enderezar y en poco tiempo nos volvimos a correr los tres.

Después de eso mi padre se fue a su cama. A partir de ese día las vacaciones fueron geniales.

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