Fetichistas de grandes tacones

Era una hermosa y joven mujer,.vestida muy audazmente, que caminaba con pasos muy cortos y rápidos, era evidente que estaba apurada y la enorme altura de sus afilados tacones no le permitían correr, ya que esos tacones debían medir a lo menos unas 6″ o tal vez mas, siendo que su pie no era muy grande o al menos así se lo veía.

Como el fanático fetichista de los tacones altísimos que soy, no pude menos que seguirla, ya que era nada menos que la musa inspiradora que había esperado encontrar toda mi vida, y ahora no quería perderla de mi vista por ningún motivo, ella colmaba todos mis sueños por largos años., ella era la culminación de mi espera, y la mujer que yo siempre había buscado.

La pude alcanzar fácilmente y caminado a su lado le dije con toda franqueza, que por favor me perdonara, pero que me era absolutamente imposible no acercarme a conversar con ella, ya que era la única mujer tan perfectamente vestida y caminando con esos tacones tan preciosos que había logrado ver en toda mi vida y que con eso ella cumplía con todos mis sueños.

Ella me dijo con una leve sonrisa algo irónica:

Veo que eres un chico muy audaz y atrevido, pero quiero creer que a su vez eres muy sincero, y que si te has atrevido a abordarme de esta manera es que debes tener algunas buenas razones muy poderosas para ello, así es que me las vas a explicar ahora mismo, o no seguiremos con esta conversación.

Abrumado por su exigencia tan perentoria, le tuve que contar con todo detalle la verdad sobre mi fetichismo, y lo que me había sucedido al verla con esa maravilla de sus tacones, a lo que me contestó que había sospechado algo así desde un comienzo.

Me dijo que me comprendía perfectamente, ya que sabía muy bien todo sobre este tema, pues ella era también una fanática para usar sus tacones así y que lo hacía con un enorme placer a pesar de que no era nada de fácil.

Según su opinión valía la pena el sacrificio, a cambio del éxito y la admiración que causaba la exhibición de ese difícil y tan escaso arte, el que le había costado bastante llegar a dominarlo suficiente como para poder pasear así con esos tacones, los que según me confesó, eran los mas delgados que existían en sus 14 cm. de alto, (5 ½”)

Mientras seguíamos caminando y conversando, la tomé del brazo y la invité a un café que había allí cerca, donde entramos y nos sentamos en la barra, en sendos y altos taburetes metálicos, frente a una enorme ventana que daba hacia la vereda de la calle,

Ella trepó ágilmente en uno de estos taburetes y se puso pierna arriba, enganchando el fino y altísimo tacón del otro pie, en la barra inferior del artefacto metálico.

Con una seductora sonrisa ella me propuso que, ya era el momento de presentarnos y saber quienes éramos, y a continuación me contó que se llamaba Estefanía y que vivía sola en un departamento cercano, porque había quedado sola e independiente, ya que era la única hija de un matrimonio de fabricantes y comerciantes en calzado, que habían perecido en un accidente de aviación hacía cuatro años atrás cuando ella tenía solamente 29 años.

Por mi parte yo le conté que vivía solo igual que ella, que vivía de las rentas de las inversiones que había heredado de mis padres, que estaba en busca de algún trabajo que me ayudara a paliar mi soledad, y que ya había cumplido los 35 años.

Como mientras caminábamos, yo le había contado todos mis anhelos de fetichista de tacones, ahora ella me contó los suyos, que eran los de encontrar a alguien que tuviera gustos y costumbres parecidos a los de ella, para acompañarse mutuamente y platicar la amistad sin tener que esforzarse en solucionar problemas por diferencias de opinión sobre el modo de enfrentar la vida en común.

Estábamos tan enfrascados en nuestra conversación que no nos habíamos dado cuenta que mucha gente se había detenido frente a la ventana de la calle y nos miraba sin mucho disimulo, atraídos sin duda por la excepcional espectáculo de las maravillosas piernas de mi compañera rematadas en sus altísimos y afilados tacones.

Al hacérselo notar, ella sonriendo con picardía me dijo que ya estaba acostumbrada a ser motivo de la curiosidad y que como era bastante exhibicionista, le encantaba que la miraran mucho y que talvez por eso usaba su tacones tan altos, y me propuso que olvidáramos de preocuparnos por eso.

Pero la cosa no quedó así, ya que el propietario del café, en persona, salió de la caja y se nos acercó a conversar, diciéndonos que nos agradecía mucho el interés que estábamos provocando entre sus clientes, ya hasta los curiosos estaban ingresando y pidiendo cafés a raudales.

Nos dijo que estaba deseoso de contratarnos a cualquier precio, para que viniéramos todas las veces que pudiéramos a colocarnos allí, ya que gracias a nuestra presencia se había repletado su local como nunca antes.

Estefanía le agradeció sus propósitos y le ofreció hacerlo así, pero que lo haría solo a cambio del café gratis para los dos y a su grato saludo, ya que le fascinaba que la gente la pudiera admirarla con tranquilidad y sin molestarla, porque eso le encantaba.

Las chicas atendedoras del café que iban bien ligeras de ropa y con enormes plataformas para elevar sus tacones al máximo sin cansarse de tanto trajinar, se le acercaron también y le expresaron su admiración por su gran destreza para caminar con esos vertiginosos tacones y pasearse con ellos tan fácilmente.

Esa destreza les provocaba mucha envidia, porque ellas trataban de hacer lo mismo para atraer a mas clientes lo que les significaría mas generosas propinas, pero que sin la ayuda de sus plataformas les era imposible trajinar todo el día con ese sensual altura,

Ella les agradeció sus elogios y les explicó que podía hacerlo así porque sus padres le habían contratado clases de ballet desde los tres años y que como ellos eran propietarios de una fábrica especializada en calzados de esa clase, le había sido posible entrenarse perfectamente en usar esos tacones de gran altura, sin dificultad mayor.

Después, a mí me contó que a su madre le habían fascinado siempre las tacos altísimos, y que a su padre también, porque en eso el había sido muy parecido a mí, por eso desde tan niña la habían entrenado en ese verdadero arte que es el usar tacones de mucha altura sin gran problema.

Además como calzaba Nº 41, o sea Nº 11 de USA, era capaz de usarlos incluso de mucho mas altura todavía, pero que se bajaba a solo 14 cm. ( 5 ½”) para el trajinar de cada día, ya que con esa altura podía hacerlo sin cansarse mas allá de lo normal.

Yo quedé como loco con sus explicaciones, y juré a mi mismo tratar de a lo menos igualarla alguna vez, pero sabía que eso me sería imposible, ya que es el ballet desde muy pequeño el que permite esa verdadera hazaña de usar tacones tan extraordinariamente altos.

Yo ya estaba perdidamente enamorado de esa maravillosa mujer y sería capaz de cualquier cosa por conseguir que me correspondiera, ya que ella era exactamente la clase de mujer que yo siempre había estado buscando desde que tuve el conocimiento de que era un fetichista irremediablemente consumado por esos tacones de maravilla.

Sin pensarlo más le dije de un sopetón que estaba totalmente seguro de que ella era exactamente la mujer que siempre había estado buscando, para poder unirme a ella por toda mi vida, ya que ella comprendería claramente siempre mis deseos de fetichista empedernido.

Además que yo creía que ella iba a convertirse en una verdadera cómplice de mis anhelos fetichistas, lo que me haría, si ella aceptaba, el mas feliz de los hombres y por esa razón yo también sería capaz de hacerla mas que feliz, si ella seguía siendo como era.

Sonriendo con mucha picardía, me preguntó en tono bromista que como estaba tan seguro de su reacción ante mi proposición, pero de inmediato se puso muy seria, y me dijo que ella también estaba convencida de lo mismo,

y enseguida se me acercó y me besó suavemente en los labios, diciéndome que estaba segura que yo sería para ella el amante perfecto que ella había anhelado desde muy niña, su verdadero, y ahora real, príncipe azul.

Yo estaba tan emocionado con sus palabras de aceptación, que sin importarme la presencia de los demás clientes, la estreché entre mis brazos y la besé con intensa pasión.

Nos costó bastante salir del café, ya que los innumerables mirones estaban aplaudiendo a rabiar y nos pedían: bis, bis.

Pero lo hicimos lo mas rápido que pudimos, ya que sus tan altos tacones no le permitían correr , nos subimos a un taxi que pasaba por ahí indicándole que nos llevar a su departamento, cuya dirección le indicó mi tan amada compañera.

Al momento de llegar entramos y tomamos el ascensor, el que llevó directo su magnífico y único departamento en el 24º piso, el piso mas alto del edificio, allí bajamos, entrando directamente al hall de llegada de ese departamento que era de su exclusiva propiedad, ya que además de ser preciosa, la niña era muy rica, según supe después.

El departamento era enorme y muy lujoso, pero no alcancé a mirarlo con detalle esta vez, ya que ella me tomó de la mano y me llevó a su dormitorio donde me dijo que teníamos que desvestirnos para lo que ponía a mi disposición el baño vecino.

Ella de inmediato se sacó solo el vestido y la faja y se cambió de zapatos subiéndose a unos vertiginosos Oxfords de gamuza negra con delgados tacos de 7″ o sea de 18 cm, 4 cm. más altos aún que sus anteriores.

Nuevamente me tocó admirar su gran destreza en usar esas maravillas de zapatos cerrados, con un taco extremo de tal altura, pero ella los usaba sin ningún problema y caminaba con ellos con gran soltura.

Yo me había colocado otra vez unos tacos de 6,5″ o sea de 17 cm. pero con ellos me costaba bastante caminar y tenía que hacerlo con las rodillas a punto de doblarse, ya que no tuve tiempo de entrenarme lo suficiente, por no ser míos.

Yo no podría jamás caminar así con esa facilidad aunque me entrenara con sus nuevos tacos de 7″ que ella los manejaba tan bien.

Pero ella me desafió a ver si podría usarlos y me puse unas de sus medias y me subí a los famosos Oxfords con 7″ de taco, de los que ella se había sacado para facilitármelos a mi, en prueba.

Con ellos bien atados al pié me paré y lo pude hacer pero con las rodillas un poquito dobladas, al tratar de caminar, pude dar solo unos pocos pasos en dirección a ella, ya que al llegar tropecé, y caí en sus amorosos brazos, ella me consoló de mi humillante fracaso con muchos besos y caricias sin fin, los que terminaron en un apasionado encuentro que volvió a llenarnos de mucha felicidad.

Mas tarde ella me contó que fue su familia, mas que nada, la causa de su acendrado erotismo por los tacos altísimos, ya que sus padres se casaron llevados por la misma común afición a esa clase de tacos, y que por ello se dedicaron con gran entusiasmo a la fabricación de esa clase de calzado.

Con eso en común, tenían una vida muy feliz ya que el gran erotismo que les causaba su afición por esos zapatos, los llevaba a tener una intensísima e incansable vida sexual, lo que los mantuvo siempre muy unidos y felices. Al constatar ella esa armonía tan perfecta por largos años, no pudo menos que tratar de seguir su exitoso ejemplo.

Por lo anterior, ella sabía muy bien las consecuencias de mi fetichismo, por lo que pronto, me sugirió que yo tomara algunas cosas de sus closet y me vistiera como a mi excitaba mas, para que continuáramos mejor todavía con nuestras sesiones amorosas.

Para ello me llevó a la enorme pieza con sus tan bien surtidos closet y allí comparamos nuestras respectivas medidas.

En el busto, ella tenía 90 cm. el que con sus copas del tamaño DD le daban un contorno de 102 cm., Yo tengo de contorno 104 cm.

En la cintura, ella tenía 72 cm. y yo 92 cm. y

En las caderas su contorno era de 96 cm. y las mías eran de 90 cm.

En estatura, la suya eran 169 cm. y la mía era de 178 cm.

En calzado, ambos teníamos el mismo Nº 41

De este modo con la similitud de nuestros cuerpos, nos era posible intercambiar ropa y zapatos sin problema alguno, ya que a mi me bastaba apretarme a fondo la cintura y agregar rellenos en glúteos, caderas y senos, para que sus ropas me quedaran aceptablemente bien.

Abriendo el closet correspondiente, ella me escogió un sólido y firme corset de gamuza negra, con rellenos de silicona para los glúteos, las caderas y los abultados senos de textura casi natural, además tenía 8 tirantes para las medias.

De otro closet sacó un par de preciosas medias de nylon negras con anchas ligas bordadas y refuerzo de Lycra que le daban un intenso brillo.

Y al final escogió para mi, unas maravillosas sandalias negras de cabritilla, con una nube de tirillas muy finas que me las ataban firmemente a mis pies y que tenían un delgadísimo taco de metal plateado de 5 ½” de alto o sea de 14 cm.

Ella misma me ayudó a bañarme en la tina con sales perfumadas y luego a ceñirme el asfixiante corset, el que había que apretarlo a fondo para que me calzara bien en la cintura, y luego, a colocarme las finas medias y las preciosas sandalias.

Luego ella también se cambió, y yo estuve ayudándola en cada paso, se puso casi las mismas cosas que me puso a mí, pero todas de color rojo intenso y calzó unos increíbles zapatos cerrados con cordones modelo Oxford rojos con plataformas internas en forma de cuña tan especialmente hechas que nada se notaban externamente, las que le permitían usar y caminar bien con unos fabulosos y esbeltísimos tacones de metal dorado de 8″ o sea de 20,3 cm.

Se veía muy esbelta, tan altísima y magnífica como una verdadera Diosa del Olimpo, ya que subida en esos tacos su estatura llegaba a casi 1.90 mt., en cambio yo con los míos de 14 cm. apenas llegaba a 1,94 mt.

Cuando terminamos de vestirnos tan sensualmente, ambos estábamos mas que preparados para hacer el amor, ya que durante la sesión de vestirnos no habíamos cesado de darnos apasionados besos y hacernos caricias cada vez mas cálidas.

De modo que con un apasionamiento enorme, dimos feliz término a la sesión de vestirnos, con un entusiasmo tan sensacional, que nos hizo llegar mas fabuloso de los clímax asidos fuertemente como con desesperación, y luego cayendo rendidos y aun acoplados, hasta despertar estrechamente abrazados.

Esa tarde y esa noche hicimos el amor muchas veces, no llevábamos cuenta, pero no pueden haber sido menos de una 10 veces y sin sacarnos nada de esa ropa tan sexy, ni esos maravillosos zapatos tan incitadores para estimular el sexo.

En la mañana tomamos un desayuno muy abundante, ya que teníamos un hambre de lobo, y luego nos sacamos la ropa para poder ducharnos,en la misma ducha volvimos a hacerlo aprovechando la íntima proximidad de nuestros cuerpos, una y otra vez, hasta que ya exhaustos de tanto amor, salimos y nos secamos.

Como teníamos los medios mas que suficientes, planeamos hacer una gira por el mundo en calidad de luna de miel, dejando a nuestros abogados a cargo del negocio por ese momento.

Fueron unos meses maravillosos en los cuales paseamos e hicimos el amor interminablemente.

En uno de estos viajes tomamos un crucero por mar, y en esa ocasión se nos ocurrió que para poder disfrutar de nuestro fetiche todo el tiempo, sin tener que afrontar la curiosidad de de los otros pasajeros, íbamos a simular que éramos dos íntimas amigas en viaje de placer.

Para eso fue imprescindible que yo me transformara en todo instante en una casi perfecta mujer muy imposible de descubrir, para lo cual teníamos que tomar las más cuidadosas precauciones.

Menos mal que tengo una barba débil, que es bien rala, por lo con que solo aplicándome una gruesa base de maquillaje después de un buen afeitado bien cuidadoso, sería suficiente para todo un día.

En el cabello no tendría problema, ya que lo usaba bien largo y tomado en una cola, siendo bastante liso, por lo que era suficiente teñírmelo de ese rubio tan de moda y hacerme un peinado bien apropiado para cada situación, para quedar perfectamente bien preparado.

La transformación tenía que ser lo más perfecta posible, ya que si alguien a bordo se percataba del cambio, no tendríamos sitio alguno donde poder estar o pasear, durante el resto de la travesía y solo podríamos quedarnos encerrados en nuestro camarote hasta el desembarco, so pena de sufrir miradas burlonas de los demás pasajeros y. su posible discriminación.

Ya que todavía había bastante tiempo antes de embarcarnos, pudimos perfeccionar más todavía nuestra preparación, así es que me sometí a un tratamiento radical para extirpar mi barba total y permanentemente.

Esto se hizo en base a quemar con electricidad pelo por pelo mi débil barba, el tratamiento fue muy lento y muy caro, pero valió la pena, ya que quedó perfecto, de tal modo que no me he tenido que afeitar nunca más.

El paso siguiente fue mandar a confeccionar en un sitio muy especial y privado que encontramos en la Web, un juego de calzones de una tela muy transparente pero muy firme, fina y delgada, lo mas diminutos posibles y del color de mi cuerpo.

Estos calzones me tenían que apretar muy ajustados, de tal modo que modelaran al máximo mi cintura y la dejaran lo mas estrecha posible, además tenían unos abultados rellenos de silicona fijos por su interior, que me remodelaban las caderas y los glúteos para darle unas formas mas femeninas.

En este mismo taller se hizo confeccionar un juego de petos de iguales materiales y características que los calzones, el que era posible de ser adherido casi invisiblemente por adelante a mi torso, con un pegamento especial que hacía posible de retirarlo en forma muy sencilla con una crema especial.

El peto tenía las formas de un par de senos de un tamaño bastante grande, pero no tanto como para hacerlo demasiado evidente, estas formas iban rellenas con silicona las que tenían un toque muy natural al tacto.

Con estas prendas tan especiales, podría incluso usar un traje de baño normal, pero no un bikini, y dentro de mis calzones tan ceñidos, era posible disimular muy bien mis testículos, ya que irían metidos en su cavidad natural dentro de mi cuerpo. existente desde la infancia.

En cuanto al pene mismo iría en el mismo lugar pero por fuera de mi cuerpo, por el interior del calzón, metido hacia atrás por el entrepiernas, de tan modo que me era posible orinar sentado en un inodoro, ya que habría en el calzón, un espacio para ello hacia su parte posterior.

Con toda esta parafernalia colocada, restaría hacer todas las preparaciones normales, previas a una salida en público, o sea, maquillarme completamente, y colocarme uñas adheridas y pintadas según la moda.

Posteriormente a esto solo sería necesario vestirme y calzarme los zapatos, según lo que correspondiera a cada ocasión.

Pero siempre que correspondiera y en cada caso particular, tendría que llevar zapatos de cualquier estilo, pero siempre tratando de usar los tacos mas altos que todas las demás mujeres, de tal modo de dar primacía, principalmente a mi fetichismo

Cuando ya todo lo anterior estuvo preparado, nos embarcamos en el crucero para un viaje de 85 días recorriendo el contorno de América del Sur , pasando por el estrecho de Magallanes, haciendo rumbo a Europa y posteriormente, bajando por África, dirigirnos al Oriente, visitando las islas del Ïndico,

llegando a las islas de la Especias, pasando al Japón y a China, para llegar a los EE.UU y retornar a este país.

Durante este largo periplo, pasamos grandes aventuras y disfrutamos de un ininterrumpido amor que se vio bastante complicado por el gran éxito que hubo entre todos los pasajeros gracias a nuestra tan atractiva presencia y a los ardientes deseos de muchos de ellos de conseguir nuestros favores sexuales, cosa que a veces nos fue muy difícil de parar sin provocar problemas.

En nuestra pasada por el Oriente, en Japón supimos de unos ingenieros que habían diseñado una máquina electrónica, una especie de Scanner, que tomaba con absoluta exactitud las formas de un pie humano en tres dimensiones, y las pasaba a una computadora.

La computadora a su vez manejaba otra máquina la cual fabricaba unas hormas para calzado, que eran una copia exacta de los pies de esa persona humana, así esto hacía posible la fabricación unos zapatos que calzaban absolutamente bien al cliente, sin problema ni dolor alguno.

Ambos estuvimos de acuerdo en comprar esa máquina y su patente a cualquier precio, ya que la máquina nos permitiría garantizar que cualquier persona con pies difíciles, tendría un calzado absolutamente cómodo y sin problemas de ninguna especie.

Eso nos crearía una clientela muy selecta que sería capaz de pagar grandes sumas por un calzado de esa clase y a

su vez nos permitiría crear una nueva clase de calzado que pudiera hacer posible llevar zapatos con un tacón bastante mas alto, y prácticamente sin problemas, para las clientes aficionadas a los tacones muy altos, lo que nos convertiría en los reyes de esta clase de calzado.

Compramos la máquina y su patente en una cifra bastante prudente e incluso contratamos a los ingenieros que la diseñaron, para que nos diseñaran nuevos programas apropiados para nuestros designios de calzado con tacones excepcionalmente altos.

Con estas novedades retornamos y procedimos ampliar la fabrica de nuestro antepasados, lo que nos dio gran fama en todo el orbe y nos comenzaron a llegar numerosos pedidos que cumplimos cabalmente, para la delicia de nuestros nuevos clientes lo que aumentó aún más, nuestra ya bien ganada fama.

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