EL RETRATO

Quedé con mi marido y mi hijo en vernos dentro del museo, aun no sé por qué no elegí otro día, maldito calor que hace precisamente hoy. Es de los peores días de verano, pero tengo unas tremendas ganas de ver el cuadro otra vez, si supieran exactamente ellos por lo que vengo yo, me obsesionada el maldito retrato. Que calor hace aquí dentro.

Mientras subía unas escaleras que conducían a la sala en la que se encontraba el retrato preferido mío, me encontré a una vecina. Bueno, no le dije a que venía concretamente, solo que había quedado con mi familia aquí, en el museo, algo muy natural, pues era sábado y solíamos hacerlo muy habitualmente.

Tendría tiempo de ver mi cuadro primero y luego recorrería con mi familia todas estas salas más tranquila. Precisamente hoy está lleno de toda esta gente veraneante que me agobia mucho más, debemos estar casi a treinta grados y esta gente me hace sentir aun más calurosa, con este ruido infernal de comentarios e idiomas entremezclados que me hacen encontrarme más incómoda todavía.

Dios mío cuanta gente en la sala, ¿pero como no se me ocurrió venir un día de semana?,

Sigo observando el cuadro todos los días que puedo venir, me sigue obsesionando la belleza que transmite, tiene algo, quien pudo pintar un cuadro así, con estos elementos, el cielo, el mar, la arena y él. Esta ahí delante, mostrándose para todos siendo observado por mil ojos, dominante, como recién salido del agua. La persona que lo pintó, desfiguró con trazos justos su contorno para disimular su perfecto cuerpo y lo más curioso, no le pintó la cabeza, podía ser cualquiera, era como un sueño para cualquier persona que lo observase, es fascinante, me siento identificada con él, sueño con él a menudo y la verdad es que me excita. Es una obsesión que tengo y no dejo de venir a contemplarlo cada vez que entro en el museo.

Miré para todos lados como pidiendo a gritos que se callaran todos, que simplemente observaran el cuadro, que sintieran lo mismo que yo, es posible que tal vez solo yo viera aquello, que tuviera aquella sensación de excitación. Era un cuerpo perfecto, él, contemplándonos a nosotros y sin ver su rostro, solo ahí, esperando tal vez a alguien para completar todo, me hubiera gustado ser yo quien pintara ese cuadro para estar ahí, a su lado.

Volví a recorrer con la vista toda la sala, como buscando el silencio, como gritando que se fueran todos, casi suplicando, cuando lo vi. Estaba en medio de la sala, como si el calor no fuera con él, como si la gente, el ruido, las pisadas, el ir y venir de las gentes no existieran para él, con una carpeta entre sus piernas, con un lápiz en la mano y pintando. Observando mi cuadro, era el único que lo miraba, estaba inmóvil, el resto de la gente se movía, con sus acentos por toda la sala, oía el ruido de los abanicos y revistas para atenuar el calor que hacía. Pero él seguía ahí, no iba el calor con él, solo miraba mi cuadro y volvía la cabeza hacia su carpeta y trazaba algo.

Me quedé mirándolo, lo reconocí al momento, era aquel alumno del año pasado, siempre lo recordaré, tendría como 25 o 26 años, era muy diferente a los demás, increíblemente interesante, con aquel pelo algo largo y suavemente rizado, sus ojos negros y su labios, aún los tengo en mi memoria, siempre me quedaron en la mente, aquellos labios sonrientes y mirando hacia mí.

Recuerdo que pedí un voluntario para la clase de pintura y me extrañó que se levantara él, iba ser un cuadro que tendría que desnudarse y lo hizo él, se levantó sin más, fue el primero, vi como se desvestía delante de todos mis alumnos y de mí, sin pudor y vi su cuerpo por primera vez desnudo, tenía el cuerpo perfecto. Era casi como este maldito cuadro, como no voy recordar a este alumno, pense tal vez que incluso podía ser él. Normalmente suelen ser alguien, más extrovertidos, más raros, pero él no parecía la persona para dicho trabajo, pero tuvo que ser él. Dios que cuerpo, cada vez que miraba aquellos músculos perfectos, sus piernas, sus brazos su cara con aquella sonrisa infernal mirando hacia mí, mientras era pintado por el resto de alumnos, se me venía a la mente el cuadro. Era como si estuviera él allí, me excitaba igual que el cuadro.

No sabía si acercarme a él, pero quería saber lo que pintaba exactamente, observaba como miraba mi cuadro y volvía a trazar algo en su lienzo. Cuando alzó de repente la cabeza y me vio. Me pareció que hasta se hizo un silencio sepulcral momentáneo en la sala, como si todo el mundo supiera que tendrían que parar con sus abanicos y diálogos inteligibles para mí. Quedamos inmovibles durante un rato, con la mirada puesta el uno en el otro, la gente pasaba delante de mí, pero yo solo lo veía a él. Observé como se sonreía y seguía mirando hacia mí, como si ahora el cuadro fuera yo, vi la misma mirada en él, como observando el cuadro.

Por un momento quedé en la duda si solo saludarlo con la mirada. Me acerqué, creo que me puse algo nerviosa mientras lo hacía, pero tenía curiosidad de ver lo que estaba haciendo en aquel papel, quería ver lo que pintaba. Alguna conversación tendría que entablar con él. Cuando llegué a su altura, seguía sentado con su carpeta sobre las piernas y yo ahí delante inmóvil mirando para él, parecía una tonta, como una chica nerviosa con su primera cita.

-¿Hola, cómo estas? ¿Sabes por qué hace tanto calor aquí?, Le pregunte, para entablar algo la conversación y poder observar lo que pintaba.
– Hola, si, han avisado antes que se estropeo el circuito de aire acondicionado, tal vez tengan que cerrar hoy el museo antes. Dijeron que sonaría tres veces el timbre, si no se arregla y en tal caso, tendrían que cerrar el Museo.
– Vaya, quedé con mi marido e hijos aquí, espero que se arregle para entonces.

Tenía una sonrisa fascinante, mientras me hablaba me miraba y sonreía, me observó de nuevo y volvió a trazar algo, me sentía incomoda. Como si estuviera yo ahora delante de él como en clase, como si fuera yo la alumna.

Si supiera él cómo lo había visto yo en clases, que pensamientos tuve yo a partir de aquel día con aquel cuerpo desnudo, perfecto, era como el retrato, siempre lo relacioné a él, desde aquel día. Como si fuera pintado para que yo lo recordase siempre a él, hasta podía ser, no tenía cabeza, pero su cuerpo era igual.

Seguía con sus trazos, casi me desnudaba cada vez que me miraba, era raro, sentía sus ojos en mí, como si estuviera pintándome desnuda, estaba como incomoda, pero me estaba gustando, deje de oír otra vez hasta los ruidos de la gente, era como si estuviera posando para él. Era una situación extraña, me gustaba como levantaba la cabeza, me observaba, fijamente, por todo el cuerpo, sentía algo por mi cuerpo cada vez que lo hacía, quería ver lo que estaba pintando, pero al mismo tiempo no quería moverme.

Notaba el calor de la sala, era infernal cada vez más, pero algo raro y extraño estaba sucediendo en mí, era increíble, sentía como mí cuerpo desnudo a su vista, se estaba excitando.

Si entran mí hijo y mi marido ahora aquí, les diría que fueran ellos solos visitando el resto de las salas, no quería dejar de ser la modelo ahora yo, me gustaba. Estaba ahí delante de alguien, quieta e inmóvil, me sentía yo ahora su alumna, me sentía desnuda, perversa, con su mirada, era algo descarado, vi como miraba mis pechos y yo no hacía nada, me excitaba, volvió su mirada al papel y siguió trazando.

Tenía ganas de ver lo que pintaba, pero al mismo tiempo estaba disfrutando de lo que estaba pasando en esos momentos, tal vez ni me estaba pintando a mí, pero yo me sentía observada por alguien y me estaba gustando, además ese alguien era él, mi alumno, el cuerpo de mi cuadro.

Tendría que acercarme un poco para ver lo que pintaba, estaba decidida, a lo mejor todo eran imaginaciones mías, tal vez este calor sofocante, me estaba poniendo la mente y el cuerpo trastornado, así que decidí ver lo que estaba haciendo. El no hizo nada por evitarlo, me puse detrás de él y vi.

Era mí cuadro, estaba pintando el retrato, pero alguien estaba mirándolo fijamente, delante de él, era yo. Me tenía puesta delante, observando el cuadro, desnuda, me estaba pintando desnuda. Por un momento quise decirle algo, que lo rompiera, pero no, me gustó. Se notaba perfectamente quien era, estaba de perfil con el pelo corto, mirando hacia la sala, como observándolo a él y desnuda completamente, estaba pintándome en la sala desnuda. Me asombré no sabía exactamente que decir, por un momento quise coger el papel y salir corriendo ¿y si entran mí hijo y marido y lo ven?. Me miró, se sonrío otra vez con aquella mirada infernal y me dijo:

– Vuélvete a poner ahí delante.

Quede inmóvil no sabía que hacer, se juntaba todo, el calor de la sala, la posible llegada de mi marido y mí hijo y para colmo mi excitación iba en aumento. Observé otra vez el retrato, levanté la vista y miré mí cuadro. Me gustaba verme así, pero si me ponía delante, sabría que me estaba desnudando, con la mirada, no sabía que hacer.

Me decidí, y volví a ponerme ahí, delante de él, ahora me sentía desnuda, cuando me miraba, observaba todo mi cuerpo, sus ojos se clavaban en cada parte de él y me seguía excitando más, cada vez me sentía mas caliente. Casi le pregunte si le gustaba así o me ponía de otra forma.

De repente se apagaron las luces, oí como un pequeño revuelo de la gente, pero lo que yo sentí fue un susurro en mí oído y alguien que me había tocado, sentí su mano, era él, se puso justo detrás y me cogió por la cintura. Sentí sus frías manos por encima de mi camisa, dios que extraña sensación, quise apartarlas pero no pude, era un alivio de frescor y excitación de repente, no quería y solo me dijo:

– me gustas-

Dios mío como resonaron esas palabras en mi oído, me gustas, solo dijo eso y fue como una explosión en mi cuerpo, un susurro sencillo, pero explosivo. Pero cuanto tiempo iban estar apagadas las luces, dios, si se encienden ahora y está mi hijo y mi marido aquí, que digo, dios mío, que dure algo más esta oscuridad.

Le dejé con las manos moviéndose sobre mi cuerpo, sentía perfectamente sus dedos sobre mí, me acerqué un poco para atrás, necesitaba notar su cuerpo, se veía las siluetas de la gente, con la luz de emergencia ¿ nos estarán observando?, Seguía sintiendo sus manos sobre mí, moviéndose ahora despacio sobre mi cuerpo. Que extraña sensación me estremecía en ese momento, noté su cuerpo frío, como recién salido del agua, al lado del mío que estaba muerta de calor por el nerviosismo y la excitación.

No decía nada ahora, estabamos callados, solo sentía el placer de sus manos recorriendo mi cuerpo, sentí como puso una mano en mí pecho, por encima de la camisa, no hice nada por impedir que lo hiciera, me estaba gustando y me excitaba locamente, tenía una sensación de placer y morbo, con esta sala llena de gente y él metiéndome mano allí, delante de todo el mundo.

Oí como alguien dijo, tranquilos, dios pensé que era por nosotros, pero volví oír, ya van encender la luz. Yo no quería, prefería seguir así, él seguía con su mano sobre mí pecho y arrimando su cuerpo, como si estuviera desnudo, como si del cuadro hubiera salido de él. Acerque mi cuerpo hacia él, para que me sintiera y yo pudiera sentirlo a él, me eché hacia atrás más aún, para que pudiera encajar en él, me apreté hacia él, me cogió por la cintura y sentí perfectamente, todo su cuerpo, sus brazos, sus piernas y su miembro pegado a mí. Dios mío que descaro, si encendían ahora las luces que vergüenza.

Me gire hacia él y tuve un impulso, le bese en sus labios, sentí aquella humedad de sus labios, como me devolvía el beso, en la oscuridad sin vernos casi, solo sintiendo sus labios.

Volvió otra vez la luz, me separé de él como un rayo, dios mío si llegan estar aquí ahora mí marido y mí hijo, que vergüenza, estuve por salir de nuevo corriendo, pero no, miré a todos lados, observé como ya no había tanta gente, oí el timbre como sonaba en ese momento, dios mío, tal vez habría que marchar, me dijo que si sonaba tres veces, era para cerrar el museo y sonó la primera ya. Tal vez mi familia ni les dejen entrar ya y me estarán esperando fuera o que aquella vecina que encontré les diga que me vio aquí dentro y esperen tranquilamente.

Ni me había fijado en él, estaba sentado nuevamente y simplemente con su mirada me dijo que estuviera otra vez ahí, delante, para seguir pintándome, así lo hice, con un descaro de miedo, miraba para él, ahora estaba mas excitada que nunca, me sentía desnuda delante de él, veía como sus ojos se volcaban en cada parte de mí cuerpo, mis muslos, mis pechos con mis pezones que se notaban excitados, hasta desabroche un botón de mí camisa, me sentía completamente caliente y excitada, ahora pensaba si se iba otra vez la luz, casi rogaba que fuera así, pero al mismo tiempo, suponía que podían cerrar el museo.

Se levantó de su asiento y se acercó a mí, ahora esto ya era un descaro, dijo que quería que observáramos el cuadro juntos y se puso a mí espalda y delante de toda la gente, se pegó a mí completamente. Me rodeó con una mano por mí cintura y con la otra señalaba el cuadro, el contorno del cuerpo desnudo. Observábamos mientras él me iba acariciando mí cuerpo, notaba su mano por encima de mi blusa, como se acercaba a mí con la cara y oía su respiración sobre mí nuca.

– Sabes que en la clase, cuando estaba desnudo, me fijaba más en ti, cómo me mirabas, que en el resto de la gente- me susurro al oído

No sabía que responder, es como si me pillaran infraganti en algo, se había fijado en mí mirada, como lo había observado, como aquel cuerpo infernal, perfecto se parecía a mi cuadro. Aunque tampoco había mucho que contestar, ya con mi comportamiento en este momento, lo decía todo.

– Siempre recordaré aquella mirada sobre mí, notaba que te gustaba, notaba como observabas cada parte de mi cuerpo, era perversa y excitante- volvió a susurrar en mí oído.

Dios mío, como me estaba poniendo, seguía con aquel descaro, disimulando mientras señalaba el cuadro, para tocar mis partes, iba paseando su mano, por mi contorno, acercando su mano debajo justo de mi pecho y las yemas de sus dedos jugaban por debajo de ellos, mientras yo con cierto disimulo me acercaba mas a él y me apretaba con fuerza, giré la cabeza y casi nuestros labios se rozaron de nuevo, estuve por besarlo de nuevo en esos malditos labios.

Que me estaba pasando, nunca creí que pudiera hacer esto que estoy haciendo, pero tenía tal excitación en mí en ese momento, con el cuadro delante, mi alumno detrás, parecía que me estaba volviendo loca de pasión, el calor era cada vez más asfixiante, pero mi excitación iba en aumento, quería seguir con aquel juego.

Se volvió a ir la luz de nuevo, dios mío, saltamos los dos como un resorte casi el uno sobre el otro, volví a besarlo en su boca, que descaro, la gente, seguía por allí y nosotros besándonos con una pasión desenfrenada, con aquellas luces de emergencia que creo que se veía todo perfectamente. Me soltó y me giro, se puso a mi espalda y noté como su mano se metía entre mi camisa, notaba su mano fría, como entraba por mí sujetador, dios mío, que placer era, esa mano, jugando con él pezón, casi me estallaban del placer que me estaba dando, me arrimaba con mis nalgas hacia atrás para notar su miembro sobre mí, no hacía mas que empujarme y yo buscándolo a él, tocando su miembro, lo notaba perfectamente en toda su dimensión por detrás de mí.

– ¿Sabes que hay una sala ahí mismo vacía?, sin nadie ¿quieres ir?

Claro que conocía esa sala, estaba justo al lado, yo había estado muchas veces allí mirando mientras restauraban algún cuadro. Dios mío y tanto que lo sabía, casi se lo iba decir yo justo en este momento, pero se adelantó.

– Sí, me apetece muchisimo, tengo ganas de seguir, necesito acabar esto que empezamos, le susurré.

Aun estaban las luces apagadas, notaba aquella mano dentro de mí, como la metía entre mis pechos, como pasaba una y otra vez con sus dedos entre mis pezones, mientras noté como la otra mano, en la oscuridad, fue bajando por debajo de mí falda, como sentí aquella mano, retirando con suavidad la goma de mí braga y metiendo sus dedos por mis pelos del coño. Mientras yo paseaba mi mano por su miembro, por encima del pantalón, quería notarlo, saber donde empezaba y donde acababa, parecía no tener fin, dios mío.

Volvió la luz dichosa, nos soltamos como si un calambre nos hubiera dado, menos mal que ya casi no había gente, volví pensar si llegan estar mí hijo y mí marido aquí, si nos llegan ver, que les diría. Volvió a sonar el timbre, dios mío era la segunda vez que sonaba.

Le cogí de la mano y nos encaminamos desesperados hacia la sala contigua, ya ni miraba quien estaba allí, si me veían cogido a él o no, me dio igual por un momento mientras nos desplazábamos hacia la sala contigua.

Entramos casi a empujones los dos en aquella sala, como si la conociéramos perfectamente de antes, como si ya hubiéramos estado en ella, íbamos tan excitados que no cerramos la puerta, estaba repleta de cuadros por los suelos y paredes con una mesa central de madera, seguía agarrada a él desesperadamente, quería follármelo y que él me follara a mí, no soltaba su mano cuando entramos, me gire de nuevo y le di un beso en su boca sintiendo otra vez aquella lengua que me llegaba hasta el fondo, se revolvía dentro de mí, era todo locura ya, volví a tocarle su miembro por encima, estaba enorme, sentía perfectamente las venas de su polla por encima del pantalón, necesitaba meterlo en mí, sentir aquella polla dentro de mí cuerpo.

Me abrazó con fuerza y me puso contra una de las paredes, me abalancé sobre él, subida con mis piernas rodeando su cintura, seguíamos besándonos y apretándonos cada vez más, jugaba con su pelo hermoso y besaba su boca y cuello con una locura fuera de mí, él hacia lo mismo conmigo, me besaba todo, cuello, pechos por encima de mi blusa, estaba empapada completamente por su besos y deseos míos. Note sus frías manos por debajo de mi falda, sosteniéndome en alto, mientras yo me agarraba con mis piernas sobre él, era algo fantástico, sentía sus manos sobre mis nalgas mientras yo me sostenía con mis manos en su cuello y me balanceaba sobre su cuerpo locamente una y otra vez.

Miraba de vez en cuando para la puerta, solo rogaba que no entrara nadie en ese momento, seguía oyendo algún murmullo de la gente que pasaba, creo que ahora hasta mi hijo andaba por allí, parecía su voz gritando por la sala, dios mío que no entre, que no suene el timbre de nuevo, que no cierren el museo, era un mar de confusiones y de placer en ese momento, solo quería disfrutar de algo que había soñado mil veces, follar con el misterioso hombre de mi cuadro, era él y ahora lo tenía para mí.

Girábamos por la sala enganchados el uno al otro, tropezábamos con todo en medio de tanto deseo, con los cuadros del suelo y golpeábamos los de las paredes, era una locura, ahora tenia una mano de él debajo de mis nalgas y la otra pasándomela por mis pechos, me había desabrochado la camisa y metía su mano por dentro de ella, tocándome mis pechos mientras yo me inclinaba hacia atrás sujetándome con mis manos a su cuello, era un baile de orgía en medio de una sala de cuadros, no lo quería soltar disfrutaba de sus besos y caricias me estaba empapando todo mi sujetador con su lengua, los pezones casi reventaban hacia fuera, me mordisqueaba en ellos, con una habilidad sorprendente me lo sacó, el sujetador, casi me lo arrancó diría yo, noté como quedaban al aire mis pechos. Me volvía loca de placer viendo como él se puso a mamar en ellos, era fascinante, mientras me levantaba y girábamos por toda la sala.

Me bajó de sus brazos, estabamos en el centro de la sala, junto a la mesa central, me dio la vuelta y me puse con los brazos apoyados sobre la mesa, me quitó mis bragas y parte de mí blusa, me empezó a tocar desde atrás, dando besos por mi espalda y cuello, sintiendo esa lengua maravillosa recorriendo desde mí nuca bajando despacio por la columna, haciendo un recorrido de placer que no podía imaginar yo, mientras con una mano pasaba por mi pechos sueltos al aire en esa posición y con la otra me metía la mano en mi sexo, jugando con mis pelos, era una sensación bestial, de locura, yo mismo meneaba mi cuerpo hacia él, para sentir su polla apoyada en mis nalgas. Sentía aquel bulto detrás de mí mientras disfrutaba de todos aquellos placeres juntos que me daba él.

Seguía observando la dichosa puerta, en la posición que estaba en ese momento se veía perfectamente pasar a gente, poca ya, cada vez menos debía haber dentro, tal vez ya cerraran el museo y no dejaban pasar a nadie y mi hijo y marido estarían fuera esperándome, pero yo quería seguir, necesitaba acabar esto que empecé, sabía que me arrepentiría toda la vida si no lo hacía, miraba atentamente, entre sudores, nerviosismo y placer, creí oír la voz otra vez de mi hijo llamándome por la sala, rogaba a dios que si era él, no entrara, no quería que me encontrara así y al mismo tiempo yo no quería parar, necesitaba acabar este momento de locura y placer como fuera.

Miré hacia mí espalda y vi como se bajaba los pantalones, quería ver aquello que había visto una vez, delante de mí en clases siendo él mi alumno, pero ahora quería sentirlo en toda su grandeza, quería tenerlo dentro de mí, notar esa sensación de penetración, que había soñado antes con él y ahora por fin podría ser. Lo observe por un momento, dios que polla tenía, era enorme, grande, enfilando hacia mí, la meneaba con su mano mientras yo le observaba, miré por un momento para su cara, vi como se sonreía hacia mí, me giré un poco y le di un beso en sus labios, sabía lo que iba a pasar, me iba a penetrar desde atrás, lo estaba deseando, lo estabamos deseando los dos.

Me abrí un poco de piernas, mientras él seguía ahora con una mano tocándome un pecho y yo algo inclinada con un brazo apoyado en la mesa, esperando que entrara aquello, yo misma cogí con una mano, aquella polla, que sensación más rara, todo su cuerpo siempre parecía frío, mojado, como si del mar hubiera salido, me daba frescor en mi cuerpo dentro de mis calores en ese momento, yo era todo sudor y placer mientras él con sus manos tan frías pero placenteras recorría mi cuerpo, hasta la polla tenía la sensación al tacto de tibia, pero de una grandeza enorme y suave, noté en mi mano la perfección de sus polla, con sus venas, su glande fuera y el tamaño, la estuve disfrutando un rato antes de que me la metiera en mi sexo, quería disfrutar de esa sensación, no lo veía a el ahora, pero yo tocaba aquel miembro que pronto iba ser mío y sentía sus gemidos por mi espalda mientras yo se la iba frotando con mis manos suavemente. Le estaba gustando, así que esperé un poco antes de que me penetrara, mientras sus manos seguían tocándome mis pechos y su lengua confundida con sus gemidos seguían dándome besos por toda la espalda.

Ahora ya estaba lista para sentir aquello, yo misma le ayude a meterla dentro, empece a notar como me penetraba, como su glande iba abriendo las paredes de mi sexo, como iba llegando poco a poco hasta el fondo de él. Cómo explicar aquellos instantes del recorrido de su polla por todo mi sexo, yo empujando hacia atrás para no perder nada de aquella polla, que no quedara nada fuera, empujaba con mis nalgas hacia atrás una y otra vez, como si no tuviera fin, mientras él al mismo tiempo movía su cuerpo hacia dentro de mí, éramos dos locos llenos de pasión y morbo en ese momento, ¿como podíamos estar haciendo esto, en una sala tan cerca de la gente?, Desde mi posición hasta veía al fondo a lo lejos, en la otra sala, el cuadro maldito, como si él hubiera salido de allí para follarme, era el único cuadro que mi vista alcanzaba a ver justo enfrente, entre sudores y placer que sentía ahora.

No sé el tiempo que estuvimos así, era un placer inmenso, trataba de no gritar de tanto placer que sentía, me mordía los labios, me dolían incluso, para que la gente no oyera todo lo que allí pasaba, seguía una y otra vez con esos movimientos alocados y placenteros, no hacía más que estirarme en la mesa y abrirme aún más las piernas, para que pudiera una y otra vez con sus empujones meterla en el fondo de mi sexo. No quería que se corriera así, quería tenerlo frente a mí, ver su cara y él que viera la mía en el momento justo de nuestras corridas, de nuestros orgasmos.

Me giré sobre la mesa para poder ver como me entraba, quería verla entera, necesitaba ver toda esa polla delante de mí, ver que era lo que me estaba dando tan placer dentro. Era enorme, con su glande desnudo y su piel lisa y suave, preparado para entrar otra vez en mi, me abrí de piernas para que pudiera penetrarme perfectamente, mientras, yo, lo observaría como entraba. Me manoseaba con sus manos los pechos y se tumbó un momento encima mía para besarlos con una especie de cariño y pasión que no había sentido nunca antes, me beso primero un pezón, sentí su lengua en medio de sus labios, seguía sintiendo su cuerpo extrañamente frío y me reconfortaba al mismo tiempo esa frialdad que tenia él con la diferencia de mi cuerpo que era todo sudores y excitación.

Me levanté un poco hacia él, lo bese de nuevo y ya estaba preparada para ver y sentir aquello, quería verlo, como entraba en mí, ahora estaba sentada al borde de la mesa con las piernas abiertas y con los brazos recostados hacia atrás, empezó a penetrarme, otra vez, muy despacio, sentí como ese enorme glande entraba dentro de mí, dios mío que polla tenía, estaba casi la mitad y ya casi parecía que me llegaba al fondo, seguía mirando para ella, era un placer inmenso, ni me movía, quería que fuera él que siguiera metiendo todo aquel miembro sin mis movimientos. Era algo bestial, cuando llegó al fondo recorriendo todas las paredes de mi sexo, creí que me moría de placer, ahora yo empecé a moverme con movimientos lentos hacia él con mi coño, una y otra vez, los dos juntos, el ahí delante con su polla, entrando y saliendo sin parar, quería sentir su corrida en mí, quería ver su cara cuando empezara, quería disfrutar de ese momento los dos juntos, sentir su orgasmo junto al mío.

Me recosté un poco hacia atrás, quería sentir toda la inmensidad de su polla y en esa posición veía de nuevo el cuadro al fondo. Observé de nuevo hacia la puerta, solo pedía un momento más de placer, me mordía los labios intensamente, casi debía estar sangrando por ellos, gritaba en mi interior de placer, no quería que me oyeran. Que nadie entrara ahora aquí, rogaba, volví a oír la voz de mi hijo, me pareció que gritaba, que estaba llamándome, dios mío, pedía que no fuera él o que no entrara aquí, vi como se iba la luz justo en ese momento de nuevo, solo se veía alguna silueta al fondo, tal vez fuera mí hijo gritando, pero yo necesitaba acabar esto como fuera, solo necesitaba un poco más de tiempo.

Sentía aquella polla tan dentro de mí, que me di cuenta perfectamente cuando se iba a correr, lo noté en su cara, lo sentí dentro incluso antes de que empezara, se paró bruscamente, antes de hacerlo, quede inmóvil y él también, sabía que a mí también me iba pasar algo, de repente sentí aquello, nunca creí que pudiera existir tanto placer, como podía hacer eso. Se paró un momento y noté sus primeras gotas de calor dentro de mí fue algo, algo que siguió después bestial. Lentamente fue introduciendo su polla hasta el fondo, sentí aquella sensación de calor que me llenó un momento y luego con una lentitud pasmosa iba retirando su polla hacia atrás, dejando salir aquel fuego de leche sobre las paredes de mi coño, era enorme y cuando casi cuando la tenía fuera con parte de su glande a la vista, volvía otra vez despacio a introducir todo aquello en mí, empujando su corrida hacia el fondo de mi coño, sentía su corrida hirviendo subiendo por mis venas, como si fuera recorriendo todo mi cuerpo hacia arriba, luego volvía hacer lo mismo, iba retirando su polla hacia atrás regando otra vez todo mi coño de aquel liquido ardiendo que me estremecía y volvía para dentro para que llegara por todo mi cuerpo, llegando hasta mi cerebro, era una explosión de placer tan inmensa que casi perdí el conocimiento, mis venas eran recorridas por aquella maravilla de corrida caliente, una y otra vez, mientras yo sentía el mayor orgasmo de mi vida.

No sé el tiempo que estaba durando aquello, dejé de notar sus movimientos, pero no su calor interno, quería quedarme así toda la vida. Seguí así un buen rato, había cerrado los ojos para soñar aquel momento, sentía hasta como una brisa del mar y la arena en mí espalda, como si me hubiera introducido en el cuadro, los abrí de nuevo y seguía ahí, mirándome con una sonrisa infernal, como su corrida infernal me cegara, me levanté un momento hacía él y simplemente le di un beso en sus labios. Me tumbé hacia atrás recostada, quería disfrutar de este momento, relajarme, estuve un buen rato así hasta que de nuevo abrí los ojos y miré al fondo de la sala, solo quería observar de nuevo para mí cuadro, se habían encendido de nuevo las luces y oí de nuevo el timbre, ya me daba igual, todo había acabado. Cuando al fondo de la sala vi la silueta de mí hijo, estaba ahí, con los ojos clavados en mí, en la puerta, gritando, gritaba desesperadamente otra vez y al fondo detrás de él reconocí perfectamente a mí marido, tapaba con su cuerpo el cuadro. Quedé con la vista clavada en mi hijo, él también estaba con su vista clavada en mí y con la cara desencajada y gritándome una y otra vez.

! Mama, mama, que van cerrar el museo!.

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